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Archive for the ‘Aburguesamiento’ Category

Panaderia San Blas 1-01

Antigua tahona de San Blas nº 1. (Foto: CCIM, 1982)

Las panaderías y las lecherías abastecieron a la sociedad madrileña de tan nobles básicos productos. La escasez del pan o la subida de su precio originaba a menudo motines y revoluciones ciudadanas, acompañadas de caídas de ministros y de gobiernos, por lo que siempre fue un asunto presente en las agendas de la política de las instituciones.
En tiempos de Carlos III, el conocido motín de “Esquilache” tuvo su origen en el aumento del precio de los alimentos y en especial del pan.
En el Fuero Viejo” de Madrid , un conjunto de normas escritas para administrar la vida local de la villa medieval de Madrid, concedidas en 1202 por el rey Alfonso VIII de Castilla, ya se establecieron normas relativas al peso de las piezas de pan que vendían los panaderos.

Las panaderías

Desde el siglo XIII fueron numerosas las disposiciones que regulaban al gremio de panaderos en las ordenanzas municipales de la villa de Madrid, especialmente en lo referido al peso, al tamaño y al precio de los panes.
En cuanto a la comercialización de la harina, desde el siglo XVI el Real Pósito de la Villa de Madrid, administraba en régimen de monopolio el suministro del cereal evitando el desabastecimiento e intentando regular los precios. Dejó de prestar servicio a finales del siglo XIX.

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Panadería. (Foto: CCIM, 1982)

Durante el siglo XIX las fluctuaciones del precio del pan en Madrid fueron constantes y la intervención del ayuntamiento y del gobierno no conseguía solucionar el problema del desabastecimiento. A consecuencia de estas crisis eran habituales los desórdenes sociales reclamando pan barato.
En 1802, como consecuencia del alto precio del pan se produjo una revuelta en el Rastro, en la que se incendiaron los puestos dedicados a su venta. Esta misma causa motivó en 1854 un motín de los vecinos de Lavapiés.
Ante la escasez de cereal, panaderos, tahoneros y corredores de grano especulaban, defraudando en el peso y en la calidad del producto. En esta época, además, las nuevas ordenanzas municipales, imbuidas en las corrientes librecambistas, permitieron la libertad de comercio, fabricación y venta del pan sin tasas, lo que no hizo, sino, agravar el problema.

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Panadería en la calle del Olmo nº 5. (Foto: CCIM, 1982)

En los primeros años del siglo XX, para intentar abaratar el precio del pan, hubo intentos de de municipalizar su fabricación de manera que las tahonas municipales ajustasen los precios, evitando el abuso de los tahoneros particulares.

En 1914 se produjo en Madrid la llamada “cuestión del pan”. La subida del pan en el verano de ese año  provocó una sonada protesta  de las clases populares que tomó la forma de revueltas callejeras. En el barrio de la Prosperidad, por ejemplo,  algunas tahonas de la calle de López de Hoyos fueron asaltadas por grupos de mujeres y chiquillos , que de paso aprovecharon el momento y marcharon a la plaza exigiendo la rebaja de los precios de patatas y verduras.
Al mismo tiempo, junto con las disposiciones que regulaban la elaboración y venta del pan, se perfilaba la figura de los oficios relacionados con su fabricación, distinguiéndose tres grupos:
1. Tahonero, industrial con fábrica propia dedicado a elaborar pan diariamente, en uno o varios despachos. Muchos de estos vinieron de Francia durante los siglos XVII al XIX y se instalaron en los barrios de Madrid, dedicándose a la elaboración de panes “de boca” o de lujo, de harina e trigo, que con el tiempo sustituyeron al pan de centeno y terminaron por ser aceptados por la sociedad madrileña.
En el siglo XIX también hubo muchos propietarios “indianos” que invirtieron el dinero ganado de la emigración en el negocio, y también gallegos, llegados a Madrid para trabajar, que aprendido el oficio acabaron por tener tahonas en propiedad.
2. Panadero, persona que vende el pan en puestos callejeros o despachos, empleados de tahona.
3. Hornero, tahonero especializado en panes de lujo, que no cocía pan a diario. Muchos suministraban a la Casa Real.

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Panadería, en la calle de la Fe nº 8. (Foto: CCIM, 1982)

En el siglo XVII el pan se vendía en Madrid por piezas, con unos pesos estipulados que podían ser “roscas“, “panecillos“, “alcachofas“, “francesillas“, etc., y eran distribuidas todas las mañanas por los propios tahoneros en los puestos callejeros, establecidos en cajones, situados principalmente en la Puerta del Sol y sus aledaños.
En ese periodo se fundó la Casa de la Panadería para regular el negocio. El edificio forma parte del conjunto de la Plaza Mayor de Madrid. En un principio, sus bajos albergaban la tahona principal de la Villa y el despacho de pan, y desde 1732 se establecieron los despachos del Peso Real y del Fiel Contraste.

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Antigua tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. Edificio del siglo XVIII en el que hubo una importante tahona que surtía de pan al barrrio de Lavapiés y que se mantuvo hasta los años ochenta del siglo XX. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Tipología panadería

Las panaderías de las que quedan registros descriptivos y gráficos eran todas de finales del siglo XIX y del primer cuarto del XX. Tipológicamente respondían a un patrón probablemente importado de Francia e Inglaterra, que variaba en la calidad de sus elementos ornamentales dependiendo de la localización de los establecimientos.
Como norma general de higiene y limpieza en el interior de las panaderías se estableció  el empleo de pintura al óleo en los techos y parte superior de las paredes, dejándose para el resto el azulejo y la baldosa para el suelo.

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Tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: CCIM, 1982)

El local era de forma regular con un mostrador y un pesebrón siempre de mármol. Las paredes podían tener alguna franja de color pintada o bien esmaltada en el azulejo, formando lacerías o temas florales típicos del Modernismo. Sobre el pesebrón podía haber un espejo y era habitual encontrar un reloj con caja de madera, que podía ser de péndulo, en alguna de las paredes.
El pavimento, por lo general de baldosa hidráulica, presentaba el típico dibujo geométrico de lacería o temas florales con color variado y fondo claro , muy habitual en las construcciones del siglo XIX.

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Panadería. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

En el exterior eran habituales las puertas de madera con cristales, con portalones o postigos también de madera. En la parte superior, encima de la puerta, se colocaba el rótulo pintado, bien sobre madera o sobre cristal, con una denominación genérica como “tahona“, “panadería” o “fábrica de pan“, y raras veces acompañada con alguna identificación propia tipo “Espiga de oro“. Habitualmente no había escaparate. (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

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Lecheria. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

Las lecherías

Aunque en la actualidad la leche se considera un alimento de primera necesidad, no sería hasta el primer o segundo cuarto del siglo XIX que la sociedad madrileña y española en general lo incluyese en su dieta diaria.
En el siglo XVI se inician en España las alusiones legislativas a la venta de leche y productos lácteos, que se resuelven ya en 1616, determinando el lugar donde deben ser vendidos.

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Lecheria. Fachada y pórtico. (Foto: CCIM, 1982)

En Madrid su venta se realizaba en las vaquerías, donde podía haber un número determinado de animales estabulados, o bien se surtían de leche que llegaba de pueblos cercanos. A veces también se vendía leche de cabra o de oveja.
Los animales procedían normalmente del norte de España, o se importaban de Holanda o Suiza. Las condiciones de mantenimiento de estos animales no contaban con ninguna garantía de salubridad, dependiendo de cada establecimiento, por lo que la higiene de la extracción y la calidad de la leche que se vendía directamente al consumidor era siempre una cuestión de azar.
Es probable que el negocio de las vaquerías comenzara en Madrid en el siglo XIX con la llegada de un conjunto de inmigrados procedentes del norte de España o de la antigua Castilla la Vieja, que instalaron el negocio y que siendo rentable se multiplicó por gran número de barrios.

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Lecheria de la calle de Buenavista nº 36. (Foto: CCIM, 1982)

Además de la vaquería, propiamente dicha, existía la lechería, donde exclusivamente se vendía el producto y algunos derivados lácteos como yogures, distribuidos por una central lechera, como Danone o Clesa.
A partir de 1965 las vaquerías desaparecen, pues se prohibe la venta de leche fresca no higienizada. Se mantienen las lecherías, que lentamente pierden sentido con la aparición de los comercios de alimentación general o los supermercados que les hacen una competencia incontestable.

Tipología lechería

La lechería era normalmente de pequeñas dimensiones. Solo aquellos locales que fueron vaquerías disponían de una trastienda de gran tamaño, pués conservaban el espacio de los primitivos establos .
Tenían un mostrador de mármol y muchas contaban también con una mesa, igualmente de mármol, junto a una pared, con sillas, recuerdo del tiempo en que siendo vaquería se podía consumir la leche en el local.
Las paredes estaban dispuestas a semejanza de las de las panaderías, con baldosas blancas en su totalidad o hasta media pared, luego rematadas con pintura al óleo, generalmente de color azul. Algunas veces los techos tenían molduras con motivos florales o geométricos. Excepcionalmente desarrollaban temas relacionados con el neoplateresco madrileño: medallones con bustos en perfil, mezclados con guirnaldas o lacerías pintadas.

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Lechería, Cascorro 17. Esta lechería tradicional en la zona de el Rastro constituye un ejemplo del modelo establecimiento de este tipo del Madrid tradicional de inicios del siglo XX, con con molduras,  guirnaldas y lacerías decorando las paredes. (Foto: CCIM, 1982)

En alguna de las paredes, detrás del mostrador era habitual que se colocara un gran espejo con marco de madera, con motivos diversos, que servía de elemento decorativo, ampliando el espacio, y como sistema de control de la clientela mientras el vendedor se daba la vuelta para elegir el producto solicitado. También era característico de las lecherías un pequeño lavabo, seguramente de la época de las vaquerías.
El acceso al local, cuya fachada podía recubrirse de marmol, se reducía a una puerta de madera acristalada, preferentemente de color verde.
Normalmente carecían de escaparates y el rótulo que anunciaba el local se podía pintar en madera o en cristal. Cuando la portada era de mármol las letras eran de latón dorado.
Algunas lecherías dilataron su existencia ampliando el negocio de los lácteos con el despacho de pan, en la época de las barras llamadas “pistolas“, que se fue extinguiendo a lo largo de la década de los setenta del siglo XX hasta desaparecer.
(Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

NOTA: De los negocios dedicados a panadería, despacho de pan o lechería que habían iniciado su actividad a principios del siglo XX  o incluso antes, ninguno cruzó  la frontera del siglo XXI.

A continuación sigue una escueta lista  de negocios que funcionaban en 1982. Ninguno de ellos existe en la actualidad. Aunque las lecherias  desaparecieron mucho antes, por razones evidentes ya mencionadas en el texto anterior, muchas tahonas se mantuvieron activas, vendiendo el pan a panaderías de barrios y también despachando directamente. La moda de los panes congelados y de las franquicias panaderas acabaron con el vetusto negocio. Curiosamente, en 2020, el negocio del pan tradicional, no sólo recupera las viejas fórmulas sino que ha generado una moda de consumo. Es posible que estemos en el renacimiento del arte panadero y de los establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de pan. Ahora, eso sí, mucho más sofisticados y también mucho más caro.   (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

Carlos Arniches 19 DERRIBADO
Buenavista 36,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Blas 1, REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Fé 8,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Arganzuela 21,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Olmo 5,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Mira el sol 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Rodas 1 DERRIBADO
Cañizares 3,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Carlos 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Ave María 41,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cascorro 17,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cardenal Silíceo 3 DERRIBADO

Referencias.-

Establecimientos tradicionales madrileños (Cuaderno III)
Edición Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rojo F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ediciones
Madrid, 2012 (5ª edición, 2019)

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Casa García-Mastral -1968-01

Casa García-Mastral en Raimundo Fernández Villaverde nº 67 (1968). Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro de igual factura. La simetría de la fachada original mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos cada uno para acceso y escaparates.

En torno a 1920 el matrimonio García-Mastral, Pascuala y Enrique, ella procedente de Longares, en Zaragoza, y él de Madrid, después de haber adquirido una modesta parcela en los terrenos denominados de “García Montero” en el término municipal de Chamartín de la Rosa, junto a la Ronda del ensanche, y casi enfrente del hipódromo de la Castellana, comenzó la construcción de la casa, que hasta su derribo, sería su casa familiar.

Plano Facundo Cañada 1902 sección Ronda de Ensanche copia

Sección del plano de Facundo Cañada de 1902. Se observa el tramo de la ronda del Ensanche o paseo de Ronda a la altura del hipódromo de la Castellana. En amarillo se muestra el lugar donde en 1925 se construyó la casa García-Mastral.

Construcción de la casa

Pudo ser una soleada mañana de junio de 1925. Enrique había sido joyero y emigró a Ginebra para trabajar como electricista en obras de edificios. Ahí aprendió el oficio de maestro albañil y, por su inquietud, su futuro oficio de relojero. Aquella mañana se encontró con su cuadrilla, algunos emigrantes, recién llegados como él y colegas de la construcción.

El terreno estaba situado al final de la calle de Modesto Lafuente, rodeado de quintas, como Villa Covadonga, algún tejar y huertas, como la de la tía Juliana, que aprovechaban el paso de la acequia del este para fabricar ladrillos y regar. Casi enfrente se encontraba el taller de precisión de artillería (derribado en 2017) y más lejos, hacia Cuatro Caminos, el hospital de jornaleros, el Grupo Escolar Cervantes y la Iglesia de Nª Señora de los Ángeles, en la calle de Bravo Murillo.

Plano parcelario 1947

Sección del plano parcelario de 1947 del Ayuntamiento de Madrid. La casa García-Mastral pasó de tener el número 15 de Raimundo Fernández Villaverde al 57 y más adelante, según se urbanizaba a ambos lados de la calle, el número 67. En color azul el “canalillo, flanqueado por filas de árboles.

Enrique levantó con su cuadrilla un edificio de 20 metros de fachada mirando a la Ronda (a la altura de la actual Raimundo Fernández Villaverde nº65), con casi seis metros de fondo. El estilo de la casa era neomudéjar bastante sobrio, muy de moda a principios del siglo XX especialmente en construcciones religiosas, escolares y muy habitual en las viviendas populares madrileñas.

La casa se hizo de ladrillo visto recocho, comprado en alguno de los tejares de la zona. Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro, todas iguales. La simetría de la fachada mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos para acceso y escaparate.

Foto aérea 1967

Foto aérea de 1967 de la zona de Raimundo Fdez Villaverde. (Foto: NomeCalles, CAM)

Junto a la fachada oeste pasaba, haciendo una curva, la acequia de riego del este, conocida como el “canalillo“, que siguiendo esa dirección se abastecía de las aguas sobrantes del Canal de Isabel II. Tenía algo más de un metro de ancho y metro y medio de profundidad, y con el tiempo se fue soterrando hasta hacerlo desaparecer por completo en la década de los sesenta del siglo XX, quedando normalmente por encima un camino que seguía su recorrido y delataba su presencia.

Enrique García, alquiló parte del edificio y los locales, reservando  el primer piso para residir con su famila, que para entonces en 1927 se componía, además de él, de su mujer Pascuala y de su primera hija Encarna. Años más tarde nacería Gloria.

Padres Gloria y Encarna-1932

Pascuala Mastral y Enrique García de la Serna con su hija Encarna de cinco años paseando por el paseo de Ronda en los alrededores de su casa en el invierno de 1932.

Transformación del barrio

En noviembre de 1917 se había aprobado la nueva denominación del tramo del paseo de Ronda que iba desde el paseo de la Castellana hasta la glorieta de Cuatro Caminos, por lo que la casa, que estaba ya en Raimundo Fernández Villaverde, tuvo diferentes numeraciones según se iba urbanizando la calle a ambos lados: 15, 57 y 67.

En la década de los 30 del siglo XX casi enfrente de la casa de los García-Mastral se construía la colonia de casas de la Cooperativa de la Asociación  General de Ayudantes y Auxiliares de los Cuerpos de Ingenieros Civiles y Arquitectos del Estado, conocida como Colonia Maudes, por encontrarse junto al camino que conducía al caserío de Maudes en Chamartín de la Rosa.

Seguramente Enrique conoció a Manuel Cerrada y a los hermanos Borrella, miembros de la Cooperativa que construyó la colonia, que por aquella época andaban de arriba abajo liados con las obras. También pudo haber conocido a Fernando Sánchez Viloria y al doctor Álvaro Bobillo,  todos  miembros de la Sociedad Cooperativa constructora, y este último durante un tiempo médico del barrio.

Casa García-Mastral-1968 -02

Casa García-Mastral en Raimundo Fdez. Villaverde, 67. La calle tenía dos calzadas dobles para cada sentido separadas por un ancho paseo con dos filas de árboles en los laterales. En la foto se ven circulando dos taxis Seat 1500, y aparcados junto a la casa un Renault Gordini 600, una furgoneta Ebro-Fadisa de 1966 y un Citroën 2 cv. de 1963. El edificio de pisos más próximo es el actual número 61 de la calle.

La zona iba adquiriendo poco a poco un aspecto muy distinto al que había conocido la familia cuando llegó. Además de los hotelitos de la colonia Maudes que se comenzaron a levantar en 1931, en 1933 se derribaba el hipódromo de la Castellana para iniciar la construcción de los Nuevos Ministerios. También se edificó en 1940 el Colegio Patrocinio de San José, en el nº 59 de la calle y al que se accedía a través de un portón junto a la casa García-Mastral.

Construcción de AZCA 1973

Construcción de AZCA 1973. (Foto: Blog Historias Matritenses)

AZCA y el final del antiguo barrio

El conjunto AZCA  (Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo -paseo de la Castellana-), surgió en los planes de ordenación del ensanche de Madrid de 1946. Antes hubo otros, que fueron modificándose hasta que en 1954 la Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid convocó un concurso  cuyo proyecto ganador, inspirado en los anteriores,  originó el Plan Parcial de 1957, definitivamente aprobado en 1964 y ejecutado al final de esa década.

AZCA se planteó como una supermanzana en el ensanche norte de la Castellana destinada a albergar viviendas en altura, viales subterráneos para la circulación de vehículos, enlace ferroviario, paseos peatonales, edificios comerciales y de oficinas y hasta un Teatro de la Ópera que nunca llegó a construirse.
Para poder desarrollar el proyecto se creó una Asociación Mixta de Compensación, controlada por el Ministerio de la Vivienda, que intervino en la negociación de las expropiaciones.

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Página publicitaria interior del diario ABC publicado el domingo 16 de noviembre de 1969 anunciando la inauguración del nuevo “centro comercial de El Corte Inglés de Generalísimo”, en Raimundo Fernández Villaverde núm. 79. (ABC, 16/11/1969)

Los propietarios de la zona, obligados a vender, poco a poco fueron cediendo y el suelo liberado quedó en manos de importantes promotoras de la construcción, entidades financieras y grandes propietarios del sector servicios.
A finales de 1968 se inició la urbanización de la supermanzana, así como el comienzo de la edificación del primer solar del conjunto, perteneciente a El Corte Inglés, al lado de la casa de la familia García-Mastral. Ese mismo año, el colegio Patrocinio de San José abandonó sus instalaciones y con la idemnización construyó otro centro.

Afectada por la influencia en la zona del Plan de Ordenación Urbana, la colonia Maudes se comenzó a demoler en 1976 y desapareció totalmente en 1978. Su solar lo ocupó un conjunto de modernos y lujosos edificios de viviendas denominados Géminis I y II.

Precisamente durante esta década de los setenta se concluyeron definitivamente las negociaciones con las últimas propiedades que todavía no habían eceptado los términos de las expropiaciones y aún mantenían litigios con el Ministerio de la vivienda.

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Casa Garcia-Mastral, 1968. (Foto: Blog Historias Matritenses)

Fue el caso de la familia García-Mastral que en 1973 aceptó los términos del Ministerio y entregó su casa. Es probable que la derribaran ese mismo año, o en 1974. En su lugar se construyó una de las torres más emblemáticas de Madrid, no solo por la complejidad del proyecto, sino por el suceso que significó su final: la torre Windsor.

En la actualidad, tras la demolición de la torre Windsor debido al incendio que sufrió, se levantó una nueva torre, la torre Titania, ligada al complejo comercial de El Corte Inglés, que ocupa el mismo número 65 de la calle, el antiguo 67 de la casa García-Mastral.

Calle Raimundo Fernandez con Orense_colegio Patrocinio San José 1968

Calle Raimundo Fernandez con Orense. Al fondo se ve la colonia Maudes y en el centro de la foto el colegio Patrocinio San José. (Foto, circa 1968)

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Raimundo Fdez. Villaverde a la altura del edificiotorre Titania, que ocupa el lugar donde estuvo latorre Windsor” y con anterioridad la casa García-Mastral. (Foto:  © Google Maps, 2013)

Referencias.-

Colegio Patrocinio de San José (Blog Historias Matritenses, 2011)

Hospital de jornaleros San Francisco de Paula (Blog Urban Idade, 2016)

AZCA (Wikipedia)

Torre Windsor (Wikipedia)

Colonia Maudes de Ayudantes de Ingeniería (Blog Historias Matritenses, 2008)

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Ensanches
Fundación COAM
Madrid, 2003

Rojo Escobar, Enrique
Rodríguez Zapata, Carlos
Chamartín. Album de fotos
Temporae Ediciones
Madrid, 2015

Hemeroteca ABC

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Plano de la Ciudad Lineal. (Foto: Archivo C.M.U)

Plano de la Ciudad Lineal. (Foto: Archivo C.M.U)

La Ciudad Lineal de Arturo Soria

La Ciudad Lineal fue el proyecto del promotor y urbanista Arturo Soria. Por medio de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.), cuyo objeto era la compraventa de terrenos, la construcción de casas de diferentes tipologías, precios y calidades, de desarrolló una ciudad lineal vertebrada por un tranvía de circunvalación que ponía en comunicación la nueva ciudad con los pueblos próximos y con la capital. Llegó a alcanzar cinco kilómetros en terrenos del extrarradio, con casas para todas las clases sociales, como respuesta “antiespeculativa” ante la falta de vivienda. En palabras del propio Soria, había que evitar la “ambición desenfrenada de los dueños de los solares” que dificultaban construir en los límites de Madrid.

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Plano general de la primera barriada de la Ciudad Lineal en 1901. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 103, 16/6/1901, Hemeroteca BNE)

En 1911 vivían en la Ciudad Lineal cerca de 4.000 personas y había más de 700 casas, con tranvías que facilitaban la movilidad. Muchos vecinos fueron conocidos empresarios y aristócratas y también personajes célebres de la época, como el tenor Miguel Fleta o las actrices y cupletistas “la Chelito” y Raquel Meller.
En 1914 llegó la crisis con la suspensión de pagos de la C.M U. A pesar de la recuperación de la empresa, la filosofía original cambió con los nuevos gestores. Los acontecimientos políticos y sociales que marcaron el siglo XX y el descontrol urbanístico de los años sesenta y setenta acabaron por difuminar lo que restaba del utópico proyecto. Paradójicamente, el fin de la barriada estuvo marcado por esa misma “ambición desenfrenada” que tanto criticó Soria.

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Hotel Virma en 1917, recién construido. Fachadas principal este y lateral sur. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 669, 30/6/1917, Hemeroteca BNE)

Construcción de la villa en 1916-17

El hotel Virma o Villa Virma fue mandado a construir por la familia Gutiérrez de Terán a mediados de 1917 en un solar compuesto por cuatro lotes, con un total de 1.600 , en la manzana número 71 de la Ciudad Lineal, con fachadas a la calle de Arturo Soria y a la de la Prensa. La principal se encontraba en Arturo Soria, de la que tomó la numeración, el 66.

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Subdivisión de la manzana 74  entre las calles Joaquín Arroyo, Piquer y Arturo Soria, en tres  y cada una de estas en lotes, cuyo precio variaba desde las 1.500 hasta las 5.000 pesetas. Contrario a la planificación ortogonal, Soria proponía una ciudad lineal, en donde una calle principal –susceptible de extenderse sin límite, en función de las necesidades- sirviese de eje de comunicación y entorno a la cual unas pocas calles paralelas y otras perpendiculares enlazasen las viviendas con ésta. La ciudad lineal debía estar fuera del contorno urbano, ya que el suelo era mucho más barato. Las viviendas serían unifamiliares, con su porción de jardín, y las tipologías dependerían del precio de las mismas. En las palabras de Soria, se trataba de “ruralizar la vida urbana y de urbanizar el campo”. (Fuente: Revista Ciudad Lineal, Hemeroteca BNE)

La casa se construyó en una zona elevada de la finca muy próxima al cerramiento que limitaba con la calle de la Prensa. Los muros de las fachadas se hicieron en la planta baja de piedra de granito de Colmenar Viejo, con retundido en las juntas de cal; y el resto, resaltes, guardapolvos y líneas de imposta, realizados en cemento, estaban enfoscados y pintados a la cal. La cubierta era de madera y teja plana, con detalles de carpintería pintados en blanco en los aleros y cornisas.

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Hotel Virma en 1917, recién construido. Fachadas principal este y lateral norte. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 669, 30/6/1917, Hemeroteca BNE)

Estilo antiguo-español

Se accedía a la vivienda por medio de cuatro escalones que daban a  un zaguán en la fachada lateral que miraba a la calle principal  Arturo Soria y que iba a dar a un amplio recibidor o hall con chimenea, solado con tarima de madera y techos de viga de madera descubierta de estilo antiguo-español.

El comedor estaba en la planta baja y llevaba igualmente las vigas del techo al descubierto. Tenía otra chimenea de estilo renacimiento español y dos grandes ventanas que desde el jardín dejaban ver la calle principal. Al fondo se abría una puerta que conducía a un porche cubierto con una estrecha escalera de servicio que comunicaba la cocina con la planta principal y con el sótano donde estaban la despensa y la carbonera. Una breve escalinata exterior permitía salir al arbolado jardín.

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Villa Virma, fachada este, c. 1920. (Foto: Archivo C.M.U)

Desde el hall, una escalera con barandilla de madera barnizada estilo español conducía a la planta principal, donde estaban los dormitorios con paredes lisas al temple,  puertas con recuadros pequeños de cristal y carpintería de madera barnizada al natural muy del estilo inglés moderno de 1917. En esta planta había también un cuarto de baño con pila de hierro esmaltado, grifos de agua fría y caliente; y, junto a éste, otro cuarto con retrete inodoro de lujo y lavamanos. El dormitorio principal tenía salida a una amplia terraza cuyo forjado y los pilares que lo sujetaban formaban un porche sobre la gran ventana del gabinete. Del principal partía una escalera que subía a los cuartos de los criados que se encontraban en la bajocubierta.

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Anuncio del sorteo de una casa de 5.000 duros (25.000 pesetas) entre los subscriptores de la revista Ciudad Lineal. El edificio es de una tipología bastante parecida al hotel Virma. (Imagen: Revista Ciudad Lineal nº 103, 16/ 6/ 1901, Hemeroteca BNE)

También hubo una casa de servicio aneja con sala, dormitorio y cocina situada encima de las caballerizas. El cerramiento de la finca se realizó con un muro de media altura de mampostería  en ladrillo y granito  sobre el que se apoyaba un original enrejado de espino natural sujeto en una serie de pilastras  situadas en los ángulos el terreno y a otras dos en la calle de la Prensa que recibían la puerta doble de entrada fabricada en madera.

Hotel Virma en 2008, en estado de abandono. Fachada lateral sur en la calle de la prensa nº 3.

Hotel Virma en 2008, en estado de abandono. Fachada lateral sur en la calle de la prensa nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008))

Derribo del hotel Virma

La propiedad cambió de dueños a finales de los años 20. Los nuevos propietarios  fueron la familia del abogado Juan Antonio Isasi San Pedro, que le pusieron el nombre a la villa, por las hijas del matrimonio, Virginia y Maruja. Trás la muerte de los padres, la propiedad se fue dividiendo. Primero se vendió una parte, la más occidental, en la década de los 80. En la década siguiente se vendió la zona del jardín más proxima a  Arturo Soria. En ambos casos se construyeron sendos edificios de viviendas de cuatro y tres alturas respectivamente. Al no existir ningun tipo de protección para los edificios singulares que componían el proyecto de la Ciudad Lineal, éstos se han derribado sistemáticamente desde la década de los 60 del siglo XX. Tan solo se conservan unas pocas casas restauradas y algunos cerramientos perimetrales de antiguas fincas que en la actualidad albergan modernas promociones de viviendas. La parcela en la que se encontraba el hotel Virma, se enajenó en esta última década y la casa se derribó en 2018, siguiendo el destino habitual de las casas primitivas de la Ciudad Lineal.

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Calle de la Prensa nº 3. Barrio de Costillares, también llamado Pinar de Chamartín, distrito de Ciudad Lineal, Madrid. Solar en el que se encontraba Villa Virma. (Foto: Google Maps, 2018)

CALLE DE LA PRENSA 3-JUNIO 2019

Calle de la Prensa nº 3. Barrio de Costillares, distrito de Ciudad Lineal, Madrid. Antiguo solar de Villa Virma, actualmente en construcción. (Foto: Enrique F. Rojo, junio 2019)

Referencias.-

Sánchez Fernández, David Miguel
Un paseo por la Ciudad Lineal
Ediciones La Librería
Madrid, 2010

Revista Ciudad Lineal
Hemeroteca BNE

Ciudad Lineal de Arturo Soria
Urban Idade (Blog)

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Paseo de la Habana, 198_012019

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Paseo de la Habana, 198

El noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, edificio de 1929 protegido y derribado parcialmente el 20 de junio de 2017 por negligencias administrativas ,”resurge de sus cenizas” completamente nuevo. Al menos es lo que se ve desde el portón de acceso a la finca del Paseo de la Habana, 198. En origen, había una doble puerta de forja que en los últimos tiempos se cegó a la vista colocando una cortina de material plástico verde que impedía ver el edificio y los jardines. Y lo que en su interior se hacía con las máquinas: excavadoras y piquetas.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019) Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019
Después de la demolición parcial del convento y de su paralización administrativa, los escombros quedaron amontonados. Cuando se llegó a un acuerdo entre las administraciones (Ayuntamiento de Madrid y Comunidad Autónoma) se recogieron los restos y se dejaron las fachadas afectadas del edificio a la intemperie, sin las cubiertas que lo protegían. El resultado fue el riesgo de ruina total.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019) Infografía Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Invierno de 2019

Ha pasado el húmedo otoño de 2018 y ahora, en este seco invierno de 2019, los paneles que se han colocado en las áreas que permitían atisbar la propiedad desde la calle, nos anuncian a modo de icono el futuro del conjunto.
No hay datos. No hay nombres. No hay cifras. Hasta ahora todo parece ser extraoficial. Aunque su exposición evidencia que se trata del proyecto de la propiedad. Aunque sea solamente una infografía y no exista en este momento más información pública, podemos pensar que el proyecto existe y que tiene el visto bueno de las administraciones.
Infografía Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)  Patios del antiguo noviciado en la Infografía del proyecto “Paseo de la Habana, 198” .(Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Lo que se puede ver en la infografía del proyecto expuesto en el Paseo de la Habana 198, revela que la intervención en el nuevo edificio supone la adaptación de los restos a un nuevo edificio que mantiene parte de las fachadas añadiendo algún nuevo elemento. Tanto la planta como la altura se mantiene idéntica a la la del edificio original.

Respecto a los jardines todavía no hay noticias oficiales que den por cerrado un acuerdo del Ayuntamiento de Madrid con la propiedad. Los propietarios pretendían construir en toda la superficie posible y el Ayuntamiento, atendiendo a las peticiones de los vecinos y de  diferentes colectivos ciudadanos estableció entre las prioridades del futuro de la finca el mantenimiento del espacio verde ajardinado anejo al convento.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Google Maps, 2016)

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Google Maps, 2016)

Respetar los jardines en beneficio del bien común ciudadano podría costarle al Ayuntamiento 40 millones de euros que irían a parar a los bolsillos de los dueños de la propiedad.

Estos desmanes o desórdenes económicos que comunmente se repiten responden al desatino constante que las diferentes administraciones municipales dejan en herencia en forma de resoluciones o acuerdos pactados informalmente, luego formalizados y casi nunca fiscalizados por los equipos municipales que se incorporan en las nuevas legislaturas.

De momento, el espacio del noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón y su entorno no desaparece.

Damas Apostólicas del Sagrado Corazón (Foto: Carlos R. Z, 2015)

Damas Apostólicas del Sagrado Corazón (Foto: Carlos R. Z, 2015)

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Edificio en la calle de Canillas número 75. Era una vivienda obrera de la primera o segunda década del siglo XX. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2007)

Edificio en la calle de Canillas número 75, en la Prosperidad. Era una vivienda obrera de la primera o principios de la segunda década del siglo XX. El revoco de las dos últimas alturas, seguramente anunciaba la desaparición del ladrillo visto y de sus aparejos, que caracterizó la entrada en el nuevo periodo arquitectónico de la mitad del siglo. Dada la fecha de construcción del edificio, la desaparición de estos elementos neomudéjares típicos podría deberse también a intervenciones posteriores, en los años 80, que eliminarían o cubrirían con revoco los resaltes de ladrillo originales. La construcción se derribó entre septiembre y noviembre de 2018. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2007)

La desaparición del barrio primitivo de la Prosperidad

La calle de Canillas era un camino, igual que López de Hoyos fue el camino de Hortaleza. Ambos caminos, conducían del centro de Madrid a los pueblos de Canillas y Hortaleza. La periferia de Madrid se componía en origen de pequeños pueblos que la abastecían esencialmente de bienes de consumo agropecuarios. A lo largo de estos caminos principales fueron apareciendo de manera espontánea nuevos caseríos, que acabaron por convertirse en barrios de la gran urbe.

De la primitiva barriada de la Prosperidad, nacida en 1862, ya no queda nada. Todavía permanece alguna construcción que podría datar de finales del siglo XIX, en las calles de Pérez Ayuso, 5; Canillas, 75; Anastasio Aroca, 20; Santa Hortensia, 12; Antonio Zapata, 7 López de Hoyos 113; López de Hoyos, 143 -que no es una corrala, aunque se la conoce como tal-. Las fechas de construcción de estos edificios es dudosa, si bien, por su tipología se evidencia que son centenarios.

Solar en la calle de Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2018)

Solar en la calle de Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 15/11/2018)

Derribo del edificio de la calle de Canillas número 75

El edificio de la calle de Canillas número 75 era a todas luces popular y más que centenario. Y representativo del estilo, de la sociedad y de la época en que se levantó.

Su derribo evidencia el cambio de los tiempos. El cambio de mentalidades. Evidencia también el desprecio por la memoria de los barrios y de la ciudad. Con su desaparición se esfuma parte de la historia visual del barrio:  la mas accesible y comprensible, que muestra la arquitectura “in situ” y permite entender y hacer inferencias del pasado al presente.

En el lugar del solar que ya ocupa el desaparecido bloque se edificará un nuevo edificio, con semejantes intenciones mercantiles que el anterior. El promotor venderá al precio más rentable; como, sin duda,  haría el primer constructor. La nueva casa será como todas las nuevas casas del barrio. Un nuevo bloque, que formará parte del barrio, sin que casi nadie se de cuenta de la substitución. Así, con este disimulo, se producen los cambios.

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Solar en Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 15/11/2018)

La Prosperidad, al no ser un barrio nuevo, se renueva a la fuerza. Tristemente, a costa de perder su identidad. Cada día quedan menos edificios que recuerden su pasado de más de 150 años de barrio. Por desgracia, el ritmo y el estilo edificatorio evidencian la pérdida absoluta de cualquier característica particular. El Edificio en la calle de Canillas número 75 es la última pérdida. Indefectiblemente,  cada vez quedarán menos construcciones antiguas y nadie se acordará de ellas.

Referencias.-

Barrio de la Prosperidad,  Madrid (Wikipedia)

Recuerdos del barrio de la Prosperidad/  Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Blog-Urban Idade, 2011)

Mercado de abastos de la Prosperidad/ 
Mercado de Abastos de la Prosperidad (Blog Urban Idade, 2015)

La Prosperidad/ (Studio La Cube Blog Urban Idade, 2018)

La Prosperidad 1862-2012. Un libro sobre la historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid” Madrid es periferia, 2012 (Blog de Elvira Navarro, 2012)

Rojo Escobar, F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012.
Temporae Ediciones/ Madrid, 2012.

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Caño Roto 1956

Caño Roto en  1956, recién construido. Se pueden ver los bloques en altura, las torres y las viviendas unifamiliares adosadas de dos plantas con patio trasero.

Pasado más de medio siglo, Caño Roto sigue siendo el referente de la vivienda social madrileña. Marcó una ruptura entre la tradición “regionalista”, con la que todavía convivía y se acercó a la “vanguardia” , eludiendo el “racionalismo” disimuladamente -teniendo en cuenta el momento socio-político de España-. Gracias a los gestores, a la política optimista y sobre todo la inspiración de -los jóvenes arquitectos-  José Luis Iñiguez de Onzoño y Antonio Vázquez de Castro ,”podría afirmarse que Caño Roto es, todavía (en arquitectura reseñable), el santo y seña de Carabanchel“:  si no has estado en Caño Roto no conoces Carabanchel. (Ver Arquitectura de Madrid. Fundación C.O.A.M, 2014)

Poblado Dirigido de “Caño Roto”

Arquitectos: José Luis Iñiguez de Onzoño y Antonio Vázquez de Castro

Conjunto de viviendas perteneciente al plan de “Poblados Dirigidos” de la Comisaría de Ordenación Urbana de Madrid y el Instituto de la Vivienda. La urbanización de los terrenos , los proyectos y su realización técnica, los materiales y la financiación corrieron a cargo de las instituciones oficiales. Los particulares a los que se destinaban las viviendas se debían hacer cargo del pago de los solares, los honorarios de los técnicos del proyecto, parte de algunos materiales y de la mano de obra. Como característica, este tipo de Poblados permitía sustituir el pago de alguno de estos conceptos por medio de la aportación del trabajo en las obras de las construcciones técnicamente más sencillas, de manera que los futuros moradores participaran en la construcción de sus casas.

Caño Roto 1956

Caño Roto 1956 (Foto: Joaquín del Palacio “Kindel”)

Con este sistema se construyeron también los poblados de Fuencarral, Canillas, Entrevías y Orcasitas.
Para levantar el Poblado Dirigido de Caño Roto se eligieron unos terrenos en las proximidades del Hospital Militar de Carabanchel. Se trataba de una antigua escombrera situada junto al Poblado de Absorción de los Cármenes. Se definieron 1.606 viviendas en distintas tipologías, 1.004 colectivas y 602 unifamiliares, resueltas en unos casos en forma de vivienda unifamiliar con patio en la parte trasera, y en otros en grupos de bloques de cuatro y seis plantas. Posteriormente, el núcleo se amplió con la construcción de 301 viviendas de mayor calidad y un colegio de gran capacidad.

Caño Roto 1956

Caño Roto 1956 (Foto: Joaquín del Palacio “Kindel”)

DECRETO LEY DE 1954

Entre 1956 y 1960 se desarrolló en España el Plan Nacional de la Vivienda, que junto con otros planes locales o sectoriales, como el Plan Sindical de la Vivienda o los Planes de Urgencia Local, dio lugar a un amplio conjunto de intervenciones del Estado que fomentaron la construcción de viviendas, cuya escasez en las grandes ciudades era uno de los principales problemas sociales del momento.
El Decreto-Ley de 14 de mayo de 1954 ordenaba las intervenciones puntuales urgentes y confiaba al Instituto Nacional de la Vivienda la puesta en marcha de un plan de viviendas sociales (para “clases económicamente débiles” y “familias atraidas por las grandes concentraciones urbanas”) que liberase las zonas suburbanas de las capitales industriales del creciente número de infraviviendas.

Caño Roto 1956_00

Caño Roto, 1956, en construcción. (Foto: Cristóbal Portillo)

El proyecto excepcional de “Caño Roto”

Aunque hubo intervenciones en toda España, la aplicación de los Poblados dirigidos fue principal en Madrid junto con la ejecución de los poblados de absorción.
En 1957 en Madrid se habían construido 5.000 viviendas de “tipo social” en ocho poblados situados en Fuencarral, Canillas, Zofío, San Fermín, Villaverde, Carabanchel y Caño Roto. Los poblados dirigidos posibilitaron a los recién llegados el acceso a una casa autoconstruida que no fuera la chabola habitual. El objetivo era canalizarlos hacia polígonos concretos que previamente se habían liberado de infraviviendas y chabolas por medio de realojos en los poblados de absorción, y que ya estaban dotados de los servicios necesarios, organización técnica y administrativa, para hacer efectiva la ejecución de las obras y su adjudicación conforme a la ley. Es el caso de los ya citados poblados de Canillas, Orcasitas y Caño Roto.

Caño Roto 1956

Caño Roto, 1956. Fachada de vivienda adosada unifamiliar. (Foto: Cristóbal Portillo)

El poblado de Caño Roto, como otros Poblados Dirigidos, se estructuró a partir de la combinación de agrupaciones de edificios de vivienda colectiva (torres de seis plantas y bloques de cuatro a seis alturas). Este modelo, ajustado a las leyes de Renta Limitada, que permitían la autoconstrucción y la presencia de empresas constructoras con más medios, respondía a la necesidad de ofertar viviendas asequibles a las variadas posibilidades económicas de los adjudicatarios.

Planta general del poblado de Caño Roto.

Planta general del poblado de Caño Roto. (Plano publicado en El Poblado Dirigido de Caño Roto: Dialéctica entre morfología urbana y tipología edificatoria, pág. 219)

Desde el punto de vista técnico el poblado de Caño Roto presentaba un conjunto de características complicadas. El contorno era bastante irregular, con desniveles muy acusados, que dificultaban las alineaciones y creaban zonas de tánsito difícil. Estas condiciones, sumadas al objetivo del programa residencial del proyecto, obligaron a los arquitectos a elaborar un estudiado diseño que suponía un amplio abanico de tipologías que se adaptasen al espacio en una cuidada disposición.
Los diferentes modelos que conforman el poblado se organizaron siguiendo los ejes cardinales para que todos pudieran gozar de unas óptimas condiciones de ventilación e iluminación. Asimismo, se situaron de forma que no se estorbasen unos a otros, evitando que bloques y torres impidieran el adecuado soleamiento de las casas bajas“. (pág. 156/ Calvo del Olmo, José Manuel; “El Poblado Dirigido de Caño Roto: Dialéctica entre morfología urbana y tipología edificatoria”. Tesis Doctoral, E.T.S. Arquitectura, 2014).

Caño Roto 1956

Caño Roto, 1956. En el Poblado Dirigido hay un total de 174 unidades de tipo unifamiliar agrupadas en 13 hileras de entre 4 y 26 viviendas cada una.

Caño Roto 2010

Caño Roto, 2010. Viviendas adosadas unifamiliares. En la mayoría de las casas el ladrillo visto se ha revestido con un enfoscado en cemento pintado posteriormente o bien con una “monocapa” de color. (Foto: Elvira Navarro, 2010)

Por el empeño de los arquitectos de que la disposición de los edificios fuera la ideal, casi todas las construcciones de mayor altura se encuentran en la línea exterior de las manzanas, frente a las calles de mayor tránsito, permitiendo que las viviendas de menor densidad y los espacios comunes ocupen las zonas menos expuestas, facilitando el uso de los espacios públicos y de los estríctamente peatonales, sin que interfieran los edificios más altos sobre los más bajos .

Caño Roto caja de escaleras exterior

“Caño Roto”,  escaleras exteriores de los bloques de cinco plantas, en 1956. En la actualidad la totalidad de los edificios han cerrado las cajas de las escaleras, de modo que resulta dificil imaginarlas como se concibieron; tal y como se ven en la foto. (Ver más ejemplos enUna corrala de película“, Urban Idade)

Las unidades residenciales de Caño Roto se componen de seis tipos de viviendas distintas: a) dos agrupaciones de casas bajas, en hilera y pareadas; b) bloques lineales de cuatro plantas y otros de seis con acceso en galería, algunas viviendas dúplex ; c) torres de seis plantas; d) edificio de entre cinco y seis pisos con tres viviendas por planta dispuestas en torno a un núcleo de comunicación central, correspondiente a las viviendas de la última etapa“. (pág. 221/ Calvo del Olmo, José Manuel; “El Poblado Dirigido de Caño Roto: Dialéctica entre morfología urbana y tipología edificatoria”. Tesis Doctoral, E.T.S. Arquitectura, 2014).

Niños jugando en parque de juegos en el Poblado Dirigido de Orcasitas en piezas de madera diseñadas por el escultos vanguardista Ángel Ferant.

Niños jugando en parque de juegos en el Poblado Dirigido de Orcasitas en piezas de madera diseñadas por el escultor vanguardista Ángel Ferrant. (Foto: Antonio Vázquez de Castro, c. 1957)

Niños jugando en parque de juegos en el Poblado Dirigido de Orcasitas en piezas de madera diseñadas por el escultos vanguardista Ángel Ferant. (Foto: Antonio Vázquez de Castro, c. 1957)

Niños jugando en un parque de juegos en el Poblado Dirigido de Orcasitas. (Foto: Antonio Vázquez de Castro, c. 1957)

Elementos de juego en un parque en el Poblado Dirigido de Orcasitas en piezas de madera diseñadas por el escultos vanguardista Ángel Ferant.

Elementos de juego en un parque en el Poblado Dirigido de Orcasitas en piezas de madera diseñadas por el escultor vanguardista Ángel Ferrant. (Foto: Antonio Vázquez de Castro, c. 1957)

Dice la escritora Elvira Navarro que “por estos lares en verano se sacan las sillas a la calle y se toma el fresco: aquí se cumple literalmente eso de que Madrid no es más que la suma de un montón de pueblos. Casi todos manchegos, extremeños y andaluces”. En la foto Enrique F. Rojo, autor del blog y Elvira Navarro en “Caño Roto“, en una calle peatonal de viviendas unifamiliares.  (Foto: Claudio Álvarez, El País, 2011)

Referencias.-

Vaz, Celine
Una década de planes: planificación y programación de la vivvienda en los años cincuenta

VV.AA.
La vivienda protegida. Historia de una necesidad
Ministerio de la Vivienda
Madrid, 2009

Tuñón, Emilio
Caño Roto. Primera Fase, 1957-1969

VV.AA.
Un siglo de vivienda social. 1903-2003 Tomo II (Carlos Sambricio Ed.)
Editorial Nerea
Madrid, 2003

Caño Roto
Revista Arquitectura
Número 8/ 1956   (Págs. 02-17)

Calvo del Olmo, José Manuel
El Poblado Dirigido de Caño Roto: Dialéctica entre morfología urbana y tipología edificatoria. Tesis (Doctoral), E.T.S. Arquitectura (UPM). (2014)/ En PDF.

Caño Roto y el Nuevo Carabanchel (Madrid es periferia, Blog de Elvira Navarro)

También en Urban Idade

Poblado de Chabolas “Jaime el Conquistador”-1957 (Madrid)

“Poblados A-B, de Fuencarral” (Madrid)

“Una corrala de película”

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Viviendas del Cabanyal en Valencia (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Bloque de viviendas del Cabanyal de los años 50 del siglo XX. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

El Cabañal (Cabanyal), de Valencia, es un barrio viejo que resiste. A pesar de que históricamente ha sido un “escollo” para conseguir un acceso rápido a la playa, las políticas municipales no han tenido tiempo ni empuje para eliminar el popular caserío. Todavía mantiene su fisonomía de casitas bajas y fachadas singulares, pero su estado de conservación es mediocre y, por áreas, está bastante deteriorado. La foto de arriba sirve de ejemplo: muestra una zona en la que los derribos del último plan de demoliciones han dejado desamparado un bloque de viviendas de los años 50 del siglo XX que ya ocupó en su momento el lugar de antiguas casas de pescadores. Los edificios de los alrededores conservan su origen rústico mediterráneo y muestran también cierta desolación.

Cabanyal

Viviendas del Cabanyal en Valencia (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

El Cabañal ha resistido y después de que se derogaran los proyectos de demolición hay nueva vida y el barrio vive su renacimiento en forma de rehabilitaciones con nuevos propietarios, muchos advenedizos, que de manera mayoritaria destinan el uso renovado de las construcciones al ocio y al turismo.

Ahora, el peligro está presente con los proyectos especulativos que parece que surgen sin pausa bajo las piedras del barrio demolido; si bien diferentes a los de la anterior etapa de derribos,   pero con la temible sombra de la elitización o “gentrificación” en las zonas no derribadas, algo que el actual plan del Ayuntamiento de Valencia afirma que pretende evitar trabajando para que la zona siga siendo un “barrio normal“, ajeno al hambre voraz de los que buscan lucrarse urgentemente con el ladrillo nuevo o con sus restos.

Referencias.-

El Cabanyal de Valencia (Blog Urban Idade, 28/01/2010)

Cabañal-Cañamelar  (WIKIPEDIA )

Tras la especulación en El Cabanyal, los zombis. (David García, Yorokobu, 2014)

Se acabó la destrucción: empieza la rehabilitación del Cabanyal
(La Vanguardia Comunidad Valenciana, 6/4/2017)

El Cabanyal, un barrio en auge (El País, 6/ 4/2017)

Ballester Monzó, Eduardo Javier
La sombra de la gentrificación en el barrio del Cabanyal.
Amenazas y oportunidades.

Escuela Técnica Superior de Arquitectura
Universitat Politècnica de València
Valencia, septiembre de 2016

 

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Lewis Mamford libro
En 1938 la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje de ocho páginas titulado Metropolis. Lewis Mumdford´s book scraps today’s city, plans a new and saner U.S.
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e trata de un resumen comentado del libro del sociólogo y urbanista  Lewis Mumford The Culture of Cities, “La cultura de las ciudades, publicado por vez primera por la editorial Harcourt el 14 de abril de 1938, donde el autor repasa la evolución de la ciudad.

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Lewis Mumford

Lewis Mumford (1895-1990)

En 1938 Lewis Mumford era un intelectual norteamericano que rozaba la cincuentena. Sus reflexiones filosóficas ligadas a la sociologia y al urbanismo le habían granjeado una posición de prestigio en el Olimpo internacional de los pensadores. Como crítico de arquitectura y urbanismo ya había escrito numerosos libros y artículos; La historia de las utopías, de 1922 y Sticks and Stones, de 1924 le dieron fama inmediata en la generación coetánea de los arquitectos europeos revolucionarios (Gropius, Mendelsohn, etc).

La cultura de las ciudades (1938)

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Revista LIFE. Número del 23 de mayo de 1938 donde se publico el reportaje “Metropolis” sobre Mumford.

El libro de Mumford, La cultura de las ciudades, analiza los orígenes de la ciudad y la civilización moderna indicando lo que consideraba errores y proponiendo alternativas. Este planteamiento lo retomaría, mucho más desarrollado, en su obra posterior, de 1961,  La ciudad y la historia. En este otro libro, considerado su trabajo más importante, se expone desde una interpretación global el origen y la naturaleza histórica de la ciudad, explicando los procesos urbanos y el desarrollo de la urbanización.
Mumford no aceptaba que el destino de la ciudad fuera el caos urbano que se vivía, la expansión descontrolada de los suburbios y la desintegración social, sino -según esboza en el libro- que éste se debía a un orden (debía ser objeto de un orden…)  que integrase las instalaciones (construcciones) técnicas -arquitectónicas e industriales- con las necesidades biológicas y las normas sociales.

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El precio de la densidad en la construcción: hacinamiento y suciedad; a pesar de la buena voluntad de los moradores que hacían la colada, como se ve en la foto. La altísima densidad de las viviendas a principios del siglo XX generó importantes problemas de salud pública. Nueva York, 1900. (Foto: Archivo Shorpy)

En el primer tercio del siglo XX en Norteamérica había una necesidad urgente acumulada de construir casas baratas para alojar a las corrientes migratorias que acudían sin parar a las ciudades. Esta necesidad se resolvió con la participación de los inversores privados y de la administración pública a través de programas de subvenciones, en una combinación que supuso, hasta 1938 -fecha de la publicación del artículo de LIFE– el mayor “boom” urbanístico conocido.

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Plano antiguo de la ciudad fortificada de Naarden, en Holanda. “Nadie gana a los holandeses en la construcción de ciudades“, afirmaba Lewis Mumford. Esta urbe del siglo XVI representa para Mumford el paradigma de la ciudad ordenada con zonas verdes, en contraposición con el abigarramiento caótico de la ciudad industrial moderna de principios del XX.

En el año 1938 en Estados Unidos la Metropolitan Life Insurance invertía 35 millones de dolares para la construcción de casas baratas para alojar a 50.000 personas en Bronx y en New York City. Ese mismo año la U.S. Housing Administration aportaba 255 millones de dólares para subvencionar los realojos. Suma que se añadía a las desorbitadas partidas que formaban parte de los presupuestos para realojar a los más de diez millones de personas que vivían en infraviviendas en los suburbios.
El auge inmobiliario que cambió el aspecto de las ciudades al inicio del siglo XX modicó la arquitectura pero también la base social. El auge del pasado dejó como herencia el horror urbano del presente.

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1938, la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje titulado “Metropolis”, sobre el libro del sociólogo y urbanista Lewis Mumdford La cultura de las ciudades. La imagen muestra una página del reportaje. Mumford califica las realizaciones urbanísticas  históricas  y las fotos de arriba ilustran ejemplos de lo que éste consideraba como malas (BAD) prácticas.  Arriba del todo: viviendas unifamiliares del barrio periférico de Jamaica en Long Island en Nueva York, en 1938. Para el autor, se trata de polígonos residenciales que derrochan recursos excesivos en viales de comunicación y que carecen de espacios de esparcimiento. En medio: un barrio de Inglaterra, Preston, una ciudad situada en el condado de Lancashire en Manchester, dedicada a la manufactura de textil del algodón. La estructura urbana monótona se alineaba con el objeto del trabajo obrero que eran las fábricas colindantes. Era tanta la opresión,  que como broma se decía en la época: “Drink is the quickest way of getting out of Manchester“. La foto de abajo: Manhattan, Nueva York. Decía Mumford en el libro, que a pesar del fragor de la actividad y de las luces nocturnas de Manhattan que dibujaban una imagen esplendorosa, la urbe alojaba a una población que habitaba a duras penas, en condiciones de salubridad y bienestar deplorables, comparables a las de las zonas rurales más depauperadas de EE.UU. (Foto: LIFE, 1938)

La evolución de la ciudad

Para Mumford la evolución de la ciudad del siglo XVI (Amberes, como modelo…) y de la ciudad racionalista posterior, derivó en los siguientes siglos en la urbe industrializada rodeada de suburbios en los siglos XIX y XX, siempre escasa de alojamientos, con barrios hacinados, mal construidos y con pésimos servicios. La superciudad (megalópolis)  dejaba de lado a las periferias superpobladas.

Amberes Plaza

Grabado antiguo de la Plaza Mayor o Plaza del Mercado (Grote Markt) de Amberes, Bélgica.

Dice Mumford en el libro, que el esporádico resplandor de las celebraciones en la plaza del mercado de Amberes en el siglo XVI había degenerado en la deslumbrante metralleta de ocio y espectáculo de Broadway en Manhattan; y  los suburbios del siglo XIX se habían sustituido simplemente por suburbios del siglo XX.

Manhattan 1933 small

Vista aérea oblicua de la isla de Manhattan (Nueva York) en 1933. (Foto: Archivo Shorpy)

Lewis Mumford pone de ejemplo en su libro Metropolis el crecimento incontrolado de la isla de Manhattan en Nueva York que desde 1910 inició un ascenso enorme que se detuvo y descendió a partir de la década de los años 30 del siglo XX, en parte porque la población se disgregó ocupando nuevas zonas del extrarradio y también por los controles de inmigración y de natalidad que redujeron la tendencia.

1927 aerial photo centred on Spode's pottery factory, Stoke

Foto aérea de la fábrica de cerámicas Spode en Stoke-on-Trent (Inglaterra), en 1927. Los hornos de la factoría se alternaban con las viviendas de los obreros, conviviendo con los residuos de la combustión que contaminaban el ambiente. Se trata de una forma de urbanización deficiente e insalubre habitual en el ciudades industriales de finales del siglo XIX y principios  del XX. Para Mumford es un ejemplo de lo que se debe considerar una mala planificación.

New Hall Lane Mill Complex, Preston

Otro ejemplo de diseño deficiente de la ciudad. Complejos textiles de New Hall Lane en Preston (Inglaterra). Fábricas y depósitos de gas junto con los grupos interminables de casas obreras. Solamente fabricas y casas, sin espacios para solazarse y distancias infinitas para acceder a los servicios.

En Manhattan, el aumento en la construcción de rascacielos incrementó la densidad poblacional, los problemas de tráfico y la sobrevaloración de las viviendas. La mayor y más atractiva oferta se producía en las nuevas periferias. Estos modelos podían ser del todo inadecuados, hasta de lo más interesante, como las PWA Harlem Houses, que ejemplizaron cómo hacer un tipo de viviendas, que sin estar en el campo, gozaban de los beneficios del entorno rural.

Radburn N J 1928.jpg

Radburn, New Jersey (EE.UU.), 1928. Un ejemplo interesante de planificación urbana eficiente. En plena expansión de la cultura del automovil, en esta pequeña urbe se proyecta la separación radical del espacio peatonal respecto al rodado, agrupando al primero en un tranquilo conjunto de callejones en los que se encuentran las manzanas de viviendas, formando una unidad completa con parque, piscina y escuela, y con zona verde en torno a los bloques.

Concluye Mumford su libro afirmando que las ciudades históricamente propiciadas por el feudalismo, las monarquías y el capitalismo se han concebido, no como espacios para vivir de acuerdo a planes racionales, sino como recursos temporales. La culminación de esta tendencia es la metrópolis sobredimensionada , la superciudad, que ha de acabar muriendo por cansancio o demolida por su insalubridad y liberada del hacinamiento.

Referencias.-

Lewis Mumford (Wikipedia)

Lewis Mumford and the Ecological Region: The Politics of Planning
Escrito por Mark Luccarelli

The Culture of Cities
Escrito por Lewis Mumford

Lewis Mumford, el último humanista (El Diario,21/05/2015)

A Brief Biography of Lewis Mumford (1895-1990)/ Eugene Halton

Lewis Mumford: “La ciudad en la historia” (“Urbanismo, Territorio y Paisaje”, Blog de José Fariña)

Hanley Canal Quarter Masterplan, Stoke-on-Trent (ERZ Proyects)

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La luz de los fluorescentes

“En la casa de mi amiga todas las habitaciones tenían tubos fluorescentes y había mucha luz; pero la luz era triste. En el salón había una vitrina iluminada, con escopetas de cartuchos y de perdigones y también había un Winchester americano, como el de las películas de indios y vaqueros de John Wayne, que disparaba balas de verdad;  y al lado, la televisión, grande, siempre encendida a todo volumen; había muchos muebles diferentes en el salón, y en toda la casa. Y, a veces, había mucha gente y un perro hiperactivo medio tonto que no sabía cazar y no paraba de ladrar; y una abuela manchega bonachona y achacosa que se quejaba mucho a la que no dejaban de reñir. Pero, aunque había mucha luz y mucha gente y mucho ruido, la casa era triste. Y la gente también era triste”. (E.R.E. memorias apócrifas)

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En la casa de mi amiga sólo me calmaba la quietud de la cocina que iluminaban unos fluorescentes, mezclando su claridad tenue con los rayos de sol que se colaban por el patio de luces. En la nevera siempre había tetrabricks de vino tinto del malo y yo me aficioné a su sabor fresquito. Así que un día, reflexionando delante del fregadero en la iluminada cocina, mirando al techo, me di cuenta de que me gustaban mucho las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes con ventanas por las que entra el sol tenuemente.” (E.R.E. memorias apócrifas)

Me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…

“Creo que me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…  Me parece una luz rigurosa para el trabajo minucioso. Una cascada lumínica, una “bañera” de claridad para poder ver el detalle que acompaña el conjunto del entorno donde encontrar los utensilios e ingredientes necesarios para la tarea diaria. Cuando esa luz se integra con otras luces matizadoras más cálidas como la luz del sol, u otras artificiales que reproducen su naturaleza, el conjunto es armónico y genera sensación de paz. Y facilita el trabajo…” (E.R.E. memorias apócrifas)

Cocina restaurante tubos

 Cocina industrial iluminada con fluorescentes. Cuando la luz es abundante y de calidad el ambiente es armónico. Cuando la calidad de la luz y su cantidad es pobre la salud puede quedar afectada.

Mala luz: desorientación, falta concentración…mala leche

En casa de mi amiga no sabían que la luz artificial mala, de mala calidad -igual que el colesterol malo- influye negativamente en la salud. También en el rendimiento intelectual; y que cuando es insuficiente y la calidad es mala, muy mala, puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, inapetencia sexual, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, y mala leche…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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Taller de coches iluminado con tubos fluorescentes.

Alguna vez he visto…

Alguna vez he visto como se trabajaba en algún taller de chapistería y pintura, en cocinas de restaurantes, en talleres de mármol, operando solamente con luz de tubos fluorescentes y he pensado: “¡cuánta pobreza!”; “cuánta mala leche lumínica se respira”. He pensado en los trabajadores por las condiciones infra-lumínicas en las que trabajan: “qué pena de luz”; “cuánta tristeza”, me he dicho. Además de ser fluorescente, la luz en aquellos lugares era poca y la atmósfera de los locales muy triste. La calidad de la luz y su cantidad nos afectan a niveles neurológicos y fisiológicos y, sobre todo, causan desánimo y tristeza. Falta de motivación y mala leche.

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Restaurante popular de la costa mediterránea iluminado con fríos tubos fluorescentes.

…y no me gusta la luz de los fluorescentes…

Me he dado cuenta de que solo me gusta la luz de los fluorescentes en la cocina de casa. Pero no en la cocina de los restaurantes, porque por lo poco que he visto puede ser escasa, como el espacio mínimo en el que se trabaja, como escaso el aire que se respira.

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Bar castizo de Madrid iluminado por fluorescentes.

… en un bar o en un restaurante, por ejemplo

Alguna vez he estado en un bar iluminado con tubos fluorescente y me ha disgustado. Luz demasiado blanca, anodina, insustancial y fastidiosa.
No me gusta la luz de los tubos fluorescentes en los bares. Menos aún en los restaurantes. Me parece la luz ideal para estropear cualquier momento que aspire a ser agradable. Vilipendia un buen filete o una buena ensalada. O un buen postre. Es desconcertante para el ocio. Es una luz que no motiva; es aburrida y triste. En un restaurante, el fluorescente resulta ofensivo para el comensal que quiera disfrutar del acto íntimo y feliz de comer con gozo y sin dispersión en un ambiente relajado.

La luz blanca del fluorescente asusta a los posibles parroquianos de cualquier templo del yantar. Vale para echar la partida de cartas o de dominó. Hasta para sorber el chupito rápido te conduce por sus efluvios alcohólicos a cualquier edén . Sólo los desprevenidos se engañan ante esta luz. El fluorescente es todo un despropósito… ¡Nunca más tubos fluorescentes en el comedor de un restaurante!

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Antiguo bar del amigo de mi amiga, ya desmantelado. Los fluorescentes del techo no se ven, pero ahí estaban.

El bar del amigo de mi amiga

Un amigo de mi amiga tenía un bar y se empecinaba en mantener las luces fluorescentes blancas en el techo. Por baratura, principalmente. Era un bar de pueblo. Según Wikipedia, un pueblo de  13.110 hab. en 2017. Así que un pueblo grande.
El bar era sencillo, de unos 70 m2, con una barra simple, las paredes tapizadas a media altura con listones semicirculares de pino machimbrados con un barniz oscuro y envejecido o avejentado por los años; el resto estaba pintado en un ocre agradable y poco más. El suelo era de terrazo rojizo gastado y las sillas y las mesas eran también de pino barnizado. El bar era normal y casi acogedor. Pero la luz clara de los fluorescentes blanquecinos nunca me gustó. Tampoco en la cocina, que era muy pequeña.

Restaurante nuevo luz leds

Este local se parece mucho al antiguo bar del amigo de mi amiga. A lo mejor es el mismo después de una reforma importante, con otra iluminación; casi seguro.

Creo que las tapas que ponía el amigo de mi amiga, con todo su esfuerzo por agradar, se desvanecían a diario en la nada a causa de la anodina luz del bar. Aunque le hablé del tema,  no me entendió y tampoco me atendió. Como no soy su amigo, solo soy el amigo de su amiga, no quise insistir. Al final, el bar tuvo que cerrar porque no tenía clientes. Los que tenía eran viejos parroquianos de chateo barato que bebían mucho, veían poco y nada sabían de luces. Y el amigo de mi amiga se fue al paro.
Ahora trabaja de camarero en un bar-restaurante muy cerca de su antiguo negocio. El dueño es un empresario avisado, más que “prudente, discreto o sagaz”,  que se ha adaptado, antes que tarde, a las modas que vienen o que ya están. Tiene un local cómodo para la clientela, que despacha todo lo que ahora se busca en un bar moderno y está mucho mejor iluminado que los clásicos del pueblo, sin luz blanca. Han desaparecido los fluorescentes. Los ha cambiado por modernos LEDs de tonos cálidos. Sin duda, se ha dejado asesorar.

Conclusión

Mi amiga hace tiempo que vive en una casa con tubos fluorescentes solo en la cocina, y los quiere quitar. En un arresto de modernización, en las demás habitaciones de su casa ha sustituido las antiguas bombillas y ahora todo lo ilumina la tecnología LED.
A mí, los fluorescentes siguen gustándome y disgustándome en la medida ya declarada. La mayoría vamos diciendo adiós, sin conmiseración, al neón de los fríos fluorescentes en el conjunto de los espacios públicos. Y también en las cocinas. El sentir popular se vuelca a favor de las nuevas tecnologías de la luz. En este asunto hay que ser popular o popularista, que es lo mismo, y mirar a lo práctico. Viva la revolución lumínica. ¡Viva el led! O lo que venga…, que la luz va a toda velocidad.

Referencias.-

Luminaria fluorescente (Wikipedia)

Efectos de la luz artificial sobre la salud (WEB Green Facts)

Iluminación fluorescente y salud (Informe Greenpeace)

Textos Urban Idade (E.R.E. Memorias apócrifas 2007-2018 )

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