Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Industria’

I Festival de Cine y Arquitectura de Avilés

Entre los días 16 y el 20 de Julio de este año se va a celebrar la pimera edición del Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés que se llevará a cabo en el Centro Niemeyer.

En el certamen, cuya organización corre a cargo de  la productora Dímelo a Mí, se proyectarán películas de ficción y documentales centradas en cuestiones urbanas y arquitectura.

Ojoconico.org se encarga de la programación de la sección de Arquitecturas Filmadas que se exhibirán desde el miércoles 17 hasta el sábado 20 a las 19.30 en el cine del Centro Niemeyer. Las proyecciones irán precedidas de una conferencia y después  habrá un debate sobre las cuestiones presentadas por el documental. Para ello,  se pretende contar con la presencia varios de los realizadores de los documentales. El acceso a las películas de esta sección será abierto y gratuito.
Además de todas las proyecciones, durante los días del festival también habrá actuaciones y conciertos (ver programación).

Referencias.-

Desarrollo urbano de Avilés (en Urban Idade)
Arquitectura y cine en Argentina: Le Corbusier y Salamone (en Urban Idade)

Read Full Post »

Portada segunda edicion 01-12-2012.-piccolajpg

Acaba de salir a la calle la segunda edición de La Prosperidad 1862-2012.
El libro ha tenido una acogida extraordinaria y ha agotado las existencias de la primera edición en el almacén de Temporae-La Librería en algo menos de dos meses, lo cual me satisface enormemente como autor del mismo. Espero que esta segunda edición siga los mismos derroteros.
A pesar de que la campaña de promoción no fue muy intensa, si han sido numerosos los medios ( El País, en una bonita columna de Rafael Fraguas, la revista PLACET, en un artículo de Alfonso Espinosa, la Gaceta Local, en su edición de Madrid Norte, la publicación histórica Madrid Histórico,  el semanario gratuito Gente-Norte, un elegante reportaje en Tele Madrid, etc.) que se han hecho eco de la publicación del libro. Incluso hubo algunos a los que no pude atender por problemas de incompatibilidad de fechas y horarios, muy a mi pesar. Mi agradecimiento a todos ellos por su interés.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos aquellos que se han fijado en el libro. Quienes lo han comprado; aquellos que acudieron a las presentaciones y se acercaron a conocerme y a darme sus opiniones y consejos; aquellos que quisieron que les dedicase el libro y me felicitaron. Hubo quien dijo que le emocionó su lectura, por las evocaciones que le sugirió. Hubo quien echó en falta más cosas y más casas, y mi respuesta fue: “Manda el espacio, manda la editorial y no cabe todo”. Y es verdad.  También manda el tiempo, que casi siempre es escaso.

Gente Digital-La Prosperidad-01

Gente Digital. Mención al libro La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

También he de agradecer a los distribuidores por su labor, algunos soberanamente implicados por ser un libro de su barrio. Han sido muchos los vecinos de la Prosperidad que con su publicación se han reencontrado con su barrio, lo cual rinde al autor la emoción de haber ejercido de artífice en la recuperación de su memoria en quienes, siendo parte de su historia, habían perdido el hilo conductor que a él les unía.
Como hacer capítulo de aquellos a los que debo agradecimiento por La Prosperidad 1862-2012 sería repetir lo que ya figura en el apartado de “agradecimientos” del libro, prefiero reproducirlo textualmente:
Han sido muchas las personas que han ayudado a que este trabajo saliera adelante. Desde el anonimato y con el interés de que el proyecto fructificase se sumaron a lo largo de 2012 vecinos de la Prosperidad y algún amigo amante de la historia de Madrid que aportó su valioso consejo y diverso material gráfico. No sería justo dejar de citar algunos nombres: Miguel Rodríguez, Ricardo Márquez, Carlos Moreno García, Benito Aguero, Enós Pastrana, Isabel Blas, Isabel Gea, Julia Alonso, Liliane Salvetat, María Jesús Martínez, Paco Montesinos, Rafael Blasco. Para todos ellos mi agradecimiento. Gracias también a la gerencia de Ballesol Principe de Vergara, a María Jesús de Temporae, y a Elvira Navarro, escritora y también bloguera, por su generosidad y por tan excelente prefacio. Gracias también a aquellos que mostraron su disposición hacia el libro y que, por falta de espacio, no han visto su participación reflejada en el. Si he dejado de nombrar a alguien, le ruego me perdone tan inexcusable olvido”.

DN-Tele Madrid_Kike

Imagen del reportaje de Luis Azanza / José Dávila en el espacio Madrid Oculto del Diario de la Noche de Tele Madrid, el 4 de octubre de 2012.

Como resumen del libro, mejor que una disección pacata e insignificante encaminada a no desvelar su contenido, bien puede valer una somera entrevista que me hizo Enrique Villalba el 20 de septiembre de 2012, mucho más fructífera y reveladora, en Madrid Diario.  Aunque Enrique también me hizo algunas fotos en el lugar donde tuvo lugar la entrevista, en la Plaza de la Prosperidad, no las publico aquí por la poca justicia que me hacen. A continuación, la entrevista tal y como se publicó en Madrid Diario:

Enrique F. Rojo (Madrid, 1964) es técnico de televisión, bloguero y escritor.
Su primer libro, editado por Temporae, es ‘La Prosperidad. 1862-2012‘, un recorrido en imágenes de este barrio de Chamartín, que cumple 150 años.

¿Porqué escribió este libro?
Es mi barrio. Me he criado aquí y he visto su evolución constante y paulatina. Uno va perdiendo la memoria de cómo han sido las cosas. No eres consciente de los cambios hasta que recapacitas y te das cuenta de cómo ha cambiado la fisonomía del sitio donde has vivido.

Prosperidad hace no mucho era casi todo campo.
Fue una de las primeras periferias de Madrid. Cuando la ciudad comenzaba a agrandarse con el ensanche de Castro, en 1862 comienza a gestarse el germen del barrio. Es cuando comienzan a venderse las primeras parcelas y a construirse las primeras casas bajas.

¿Cómo fue creciendo el barrio?
Cuando el barrio se crea, surge en torno al camino de Hortaleza -actual López de Hoyos-. El barrio se gestó sin ningún tipo de ordenación. Era todo lo contrario a los barrios planificados del ensanche de entonces. Los inmigrantes se fueron estableciendo en función de las parcelas que adquirían, construyendo de forma anárquica y sobre suelo rural. Se puede comprobar en un trazado urbano de calles estrechas y casas bajas. Era un pueblo. Algunas calles eran apenas caminos que hacían las veces de ramal de la vía principal, como la calle Canillas, que llevaba al pueblo del mismo nombre. La plaza de Prosperidad era un descampado que quedó libre y que no se ocupó, hasta que quedó como plaza. Era el lugar que servía de mercado al aire libre hasta que a mediados de los 50 se construyó el mercado municipal de Prosperidad. En 1973 se amplía la línea 4 de Metro y el barrio adquiere otra dinámica.

Gente Digital-La Prosperidad-02

Gente Digital. Reportaje del libro “La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

Abundaban los tejares…
Por el barrio pasaba un desagüe, con acueducto incluido, del arroyo Abroñigal que se conocía como el ‘canalillo’. Aprovechando el agua, se establecieron muchos tejares que daban servicio a la construcción del barrio y a las casas del ensanche.

¿Quién vivía en Prosperidad en esa época?
Casi todos eran peones de la construcción, trabajadores no especializados y gente de servicio que iban a trabajar al barrio de Salamanca y el ensanche. Luego se fueron creando villas de veraneo para la gente del barrio de Salamanca, para huir del calor de la concentración de la ciudad. La gente iba en el tranvía a trabajar al centro, aunque, al parecer, no funcionaba muy bien.

¿Cómo vivió el barrio la Guerra Civil?
No he querido entrar en ese tema. Se estableció una checa en una esquina de López de Hoyos. Los pequeños episodios generaron tensiones. En ese momento, la Prosperidad era un barrio de peones y tenía una tradición más de izquierdas. Todavía hay vestigios de la guerra. En el colegio Luis Bello, por ejemplo, hay un refugio antiaéreo y se llegaron a plantear pasadizos hasta la calle Pradillo.

Abundaban los centros de beneficencia…
El suelo era barato y había mucha necesidad. Daban servicio a vecinos del barrio y otros vecinos. Hay que entender que la gente vivía hacinada y sufría muchos problemas y enfermedades, como la tuberculosis. Había otras instituciones, favorecidas por la aristocracia. Por ejemplo, la viuda de Canalejas cedió un hotelito que usaba de casa de vacaciones para hacer un centro femenino. También la Asociación de Amigos de la Enseñanza, que daba servicio a niños y a adultos; y el centro de artistas y escritores, que mantuvo a intelectuales sin recursos como Ciro Bayo.

¿Qué ocurrió en el desarrollismo?
En esa época, todo lo que olía a naftalina se lo cargaban. La Prosperidad perdió ese aspecto de ser un pueblo encajado en una ciudad. El ánimo renovador y la especulación eliminó las viejas construcciones por otras modernas que hoy se consideran nefastas. No obstante, todavía quedan elementos diferenciadores como las casas bajas de neomudéjar y las colonias, que son como islas en plena ciudad.

En el libro afirma que el vecindario se aburguesó.
Está motivado porque todas las construcciones que se hacen nuevas desde los años 60 pretenden tener un mayor estatus. Las casas comenzaron a ser de más categoría. Atrajeron a otro tipo de perfil social, aburguesando el barrio. A cambio, empujó a los antiguos habitantes, que en muchos casos, con el dinero de la expropiación no se podían permitir comprar una casa en la zona. Este proceso se nota sobre todo en los límites del barrio: Clara del Rey, Santa Hortensia, Príncipe de Vergara y Ramón y Cajal.

¿Los vecinos siguen considerando la Prosperidad un pueblo?
Sospecho que cada vez menos. Las generaciones más antiguas desaparecen y los herederos olvidan o emigran. A cambio, se ha incorporado nueva población que ha asumido que es un barrio más, a pesar de que tuvo un pasado con personalidad propia. 
(Enrique Villalba , 20-09-2012 )

Gaceta Local-octubre 2012-2

Página de La Gaceta Local que recoge la publicación del libro “La Prosperidad. 1862-2012.”

Referencias.-

La Prosperidad 1862-2012 Facebook

Temporae Editorial Facebook

La Prosperidad / Temporae Blog

La Prosperidad 1862-2012″, historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid/ Entrada Blog sobre el libro

Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Madrid)/ Blog Urban Idade

Read Full Post »

Este antiguo comercio coruñés, La Proveedora Gallega de Chocolates y Caramelos Juan Vázquez Pereiro, estaba en la Estrecha de San Andrés. Se instaló en este lugar en 1906 y sus chocolates, elaborados a brazo de manera artesanal,  recibieron importantes reconocimientos internacionales, como la medalla de oro en la Esposizione Riunite del Lavoro, celebrada en Milán en 1921. El Ministerio de Fomento ya le había reconocido en 1910 el derecho de la empresa a la protección de su marca.

Los Chocolates  Juan Vázquez Pereiro se fabricaron hasta  1990 en un edificio, anejo al mismo local donde se vendían y que se demolió por su mal estado de conservación.

En 2008, el Ayuntamiento de A Coruña, que obliga a derribar o a rehabilitar los edificios que se encuentren en situación de abandono, abrió un expediente a la casa que albergaba a La Proveedora Gallega. Durante todo este tiempo la fábrica de chocolate ha continuado en funcionamiento, aunque solo el frente de la tienda ha estado visible, pués el resto de la fachada se cubrió con una gigante malla verde hasta el cierre definitivo del local. Todavía conservaban en él  las viejas maquinas de los tiempos más modernos, que al parar la producción quedaron arrinconadas como piezas de museo.

Según las ordenanzas municipales del Ayuntamiento de A Coruña, cuando un edificio se encuentra en ruina económica y su recuperación supera en un porcentaje el valor catastral del inmueble hay que derribarlo. El caso de la fábrica de chocolates sugiere, por tanto, mayores perspectivas de derribo que de rehabilitación y consolidación de su estructura.  Su antigüedad y el escaso mantenimiento son las causas principales. Sin olvidar el componente especulativo, muy condicionante en la ciudad de A Coruña, cuyo suelo urbano y especialmente el del casco antiguo, están sometidos a una fuerte presión. Después del anuncio del expediente y la posterior orden de desalojo para acometer las obras, la fábrica de chocolates echó el candado, temporalmente -se dijo-, hasta que el nuevo edificio estuviese listo. Pero lo cierto es que, al ritmo de la intervención actual, las obras pueden demorarse años, y no parece que los propietarios estén dispuestos a continuar con un negocio que ya se mostraba lánguido en los últimos tiempos. Es una pena, pero al menos nos quedan las fotos de este histórico, atractivo  y pintoresco lugar.

Portada del disco “Fábrica de Chocolate” de 1999, del grupo coruñés Elephant Band. La foto está tomada delante de la fábrica de chocolates Vázquez Pereiro. Si nos fijamos, el rótulo de la tienda ha sido modificado en la foto para ajustarse a los propósitos del autor de la “carpeta”.

Interior de la fábrica de chocolates Vázquez Pereiro en 2008, en sus últimos años de funcionamiento.

Tarjeta publicitaria de “La Proveedora Gallega” en los años 20 del siglo pasado.

Anuncio de prensa de la fábrica de chocolates, de 1935.

Anuncio de prensa de la fábrica de chocolates, de 1937, publicado en ABC.

Read Full Post »

Jacob August Riis nacido en Dinamarca en 1849 y emigrado a Estados Unidos con 21 años,  fue pionero de la fotografía y está considerado como un precursor de las técnicas modernas.  La fotografía que encabeza esta entrada, oficialmente ” 59 Mulberry Street“, pero más conocida como “nido de rateros“,  la logró Riis al hacer posar ante la cámara a vecinos y habituales de este  suburbio  de Nueva York, popular por ser lugar frecuentado por vagos, maleantes y gentes de mal vivir.

En realidad la intención de Riis, como fotoperiodista, fue buscar una imagen sensacionalista que alertase a la sociedad americana de las injusticias laborales y sociales que pedían reformas urgentes. Esta fotografía apareció en el libro de Riis, de 1890, “How the other half lives” (Cómo vive la otra mitad), en el que la intensidad documental de su fotoperiodismo se unía a la conseguida técnica de reproducción de las imágenes de “trama de medios tonos”.  Probablemente la foto debió de colorearla a mano algún ayudante de Riis con la intención de conseguir un impacto mayor entre los lectores. En la actualidad la foto se expone en el Museo de la ciudad de Nueva York.

Read Full Post »

En un reciente viaje  a Finlandia  una de las cosas que observé y que me sorprendió grátamente fue lo implantado que está el sistema de reciclaje de envases.
En Finlandia, un país que es la mitad de España en tamaño, con menos de seis millones de habitantes , se reciclan los envases de manera sistemática y eficiente.

Todo se envasa

Una tendencia desmedida, irracional e interesada  a envasar todos los productos que antes se vendían de manera individual o a granel,  usando contenedores de varios usos,  ahora se empaquetan en envases de usar y tirar. Además, el aumento del consumo de agua embotellada, refrescos, zumos y cervezas,  envasados en botellas o latas,  hacen que más de  la mitad de las bolsas amarillas de nuestras basuras contengan envases de bebidas.

Actualmente el consumo de plásticos y metales (aluminio, latón) para la fabricación de envases es el doble que hace veinte años, en una carrera ascendente iniciada a principio de los años 80. Esto nos hace cada vez más dependientes de las importaciones de materias primas de otros países y provoca un gran gasto económico y energético absurdo, además de perjudicar  al medio ambiente de una forma exagerada. Además, los españoles  depositamos erróneamente o por falta de sensibilidad,  en casi una cuarta parte,  los residuos que mandamos a  los contenedores de reciclaje amarillos, donde sólo se deben depositar los envases de plástico, latas y ‘briks’.

Envases de agua mineral de 33 cl  y  500 ml.  La producción española de agua mineral embotellada supera los 5.600 millones de litros al año.  El mercado español del agua mineral está controlado por 10 grandes grupos. A la cabeza está Danone que explota las  marcas Font Vella y Lanjarón, con una quinta parte del negocio. A continuación, con un 10%, figuran San Benedetto con Fuente Primavera, Fuencisla y Font Natura,  y el Grupo Leche Pascual  con aguas Pascual Nature, Bezoya y Cardó. Otros grupos importantes son  Vichy Catalán  con agua Vichy Catalán, Malavella, Mondariz, Font d’Oro, Font del Regás, Les Crues y Fuente Estrella; siguen  Nestlé Waters  con Aquarel y Nestlé Pure Life, y los grupos Dann, Solán de Cabras y el grupo Fuensanta. (Foto: E. Fidel Rojo, 2012)

Frente a la situación actual, de despilfarro irracional y abuso inconsecuente de recursos, y conocido el éxito de los sistemas implantados en otros países (Dinamarca, Canadá, Estonia, Noruega, Finlandia , Alemania y Suecia)  y en algunas regiones de España, el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) o Sistema de Retorno de Envases, se presenta como la única alternativa.

Los países escandinavos tienen cifras de recuperación entre el 80 y el 95%. En Alemania se ha alcanzado el 98.5% de éxito. Así lo plantea la organización RETORNA, que desarrolla una campaña destinada a sensibilizar e informar tanto a la sociedad como a las administraciones públicas.

En España se llevan al vertedero o a la incineración más de 30 millones de envases de bebidas cada día. (VER VIDEO)

España no recicla

Los españoles generamos por persona  al año 547 kilos de basura de los que solo se reciclan 82 kilos (15 %).  Más de la mitad acaba en los vertederos, normalmente incinerados. Según los datos de Eurostat, la oficina estadística comunitaria, España está por debajo de la media de la Unión Europea en cuanto a reciclaje de basuras pese a que genera más que el promedio del conjunto.

De los 27 estados miembros,  el europeo medio genera 513 kilos de basura al año, contando los desperdicios de los hogares, las empresas pequeñas y las dependencias públicas. La inmensa mayoría de esos residuos recibe algún tipo de tratamiento, pero en el 40% de los casos acaba en un vertedero. En España ese dato se eleva hasta el 52%. Muy por debajo queda lo que se recicla.

En España se venden diariamente 51 millones de envases de bebidas de un solo uso:  latas, botellas de plástico y vidrio y briks. Sólo un tercio se recicla; el resto termina en vertederos, incineradoras y ensuciando  los espacios públicos (parques, playas, etc).

Lata de cerveza finlandesa. En la parte superior del envase se lee en finés y en sueco Pantti / Pant 0,15 €) : “Depósito 0,15 €” (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

Filosofía del método: un sistema lógico

Depósito significa que cada envase posee un precio, un incentivo para que ese envase vuelva a la cadena de producción para su reciclado y que el precio del envase añadido al producto no se considere como un impuesto sino como un adelanto.
Devolución significa que esa cantidad que el consumidor ha adelantado se le reembolsará en su totalidad cuando el envase se entregue de nuevo a un comercio a través de los dispositivos de recuperación que se instalen.
Retorno significa que el envase vuelve a la cadena de producción, como una materia prima en condiciones de convertirse en un nuevo producto, cerrándose el ciclo y eliminando la basura.

El Sistema de Retorno es un sistema de gestión de residuos, de envases en este caso, que asocia un valor a cada envase para que éste sea devuelto por el consumidor para su reciclaje.

Supermercado en la población de Petäjävesi (Jyväskylä, Finlandia). Todos los centros de distribución alimentaria y bebidas disponen de máquinas receptoras de envases cuyo reembolso se proporciona en el establecimiento (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

 

El sistema funciona así

Los productores (embotelladores, importadores o distribuidores) pagan el depósito al operador del sistema por cada envase que ponen a circular en el mercado.

Lo comercios (hiper y supermercados, tiendas medianas y pequeñas, gasolineras, etc.) compran los productos y sus envases a los productores. Pagan el precio del producto más un depósito por cada envase. Luego cobran a los consumidores el depósito por el envase cuando estos lo compran. El importe del depósito se devuelve cuando el cliente retorna el envase al comercio a través de las máquinas  de reciclaje.

Los consumidores compran el producto envasado y pagan el depósito por cada envase al comercio. Cuando han consumido el producto, si entregan el envase vacío en cualquier comercio, se les devuelve íntegramente el depósito pagado. Si el consumidor no quiere devolver el envase, la cantidad queda en el circuito y ayuda a financiar el sistema.

El operador del sistema devuelve a los comercios lo que estos han pagado a los consumidores según recibe los datos de devoluciones. Realiza la compensación entre los agentes que intervienen en ciclo. Además se encarga de gestionar la logística de los envases, la correcta recuperación de los materiales y controlar el flujo económico entre los diferentes agentes que intervienen.

La Administración Pública se encarga de controlar la transparencia de las estadísticas y datos de la gestión del operador y audita las cuentas de todo el sistema. De esta forma se maximiza la eficacia –recogida de casi el 100% de los envases- y la eficiencia –máximo reciclado al menor coste- del sistema.

¿Y en España?

En España, de momento, la aplicación del SDDR se limita a  casos puntuales en puntos fijos o mediante unidades móviles en algunas Comunidades, sin que se haya desarrollado una verdadera implantación del sistema. Parece que todavía resulta más rentable fabricar nuevos envases que reciclar los ya existentes para convertirlos en materia prima y reiniciar el proceso. Por lo tanto el futuro del reciclaje en España continúa siendo todavía una asignatura pendiente.

En Finlandia, origen del asunto de esta entrada del blog, la antención principal del sistema, muy arraigado, se aplica especialmente a los envases plásticos y a las latas de aluminio. A parte queda el vidrio. A modo de ejemplo, las latas de cerveza de 33 cl., que todos conocemos,  tienen un incremento en tienda, sin contemplar los impuestos exclusivos e importantes al alcohol por motivos de salud pública, de 15 céntimos de Euro, que se recuperan entregando los envases en los puntos de recepción. Las botellas plásticas de Coca-Cola o similares cotizan a 40 céntimos de Euro, que ya fueron aplicados al adquirir el brebaje y que, simplemente por el montante, invitan a ejercer el responsable acto de la devolución del envase para su reciclaje.

En Canadá el sistema de recuperación de envases de bebidas (SDDR) funciona desde 1998. Las primeras provincias que se incorporaron al programa fueron Alberta, Saskatchewan, Manitoba, y más recientemente British Columbia. También se ha añadido al proyecto Ontario y Quebec.

Conocidos los datos y sabiendo las incontestables ventajas y beneficios medioambientales y económicos que reporta el reciclaje de envases , habría también que disponer de datos de cuáles son las empresas que se oponen en España a este sistema y qué intereses prevalecen para que este tipo de actuaciones se ignoren o se prorroguen con el beneplácito de las administraciones.
Es evidente que reciclar o recircular la basura para nuevos usos o se sostiene subvencionada por el Estado o ha de ser por fuerza rentable si no hay ayudas. Fundamentalmente porque son siempre empresas privadas las que se dedican a esta actividad.

Existen estudios que avalan la viabilidad de este tipo de iniciativas, que además de los aspectos contemplados generarían puestos de trabajo y reactivarían sectores económicos ahora poco productivos. En cualquier caso, sería interesante conocer los pros y los contras del sistema, ya que donde se crea empleo hay un sector donde puede desaparecer y que seguramente se podría readaptar. Y los números no siempre cuadran. En cualquier caso, quedémonos con el dato: los españoles generamos por persona  al año 547 kilos de basura de los que solo reciclamos un 15 %. Consigamos llegar como primer objetivo al 50%. Así ganaríamos todos.

Referencias.-

A devolver el casco en la tienda (El País, 19/09/2013)

Retorna.org

“El 70% de los residuos que se producen en España se entierran sin más”. (Público.es. 18/11/2013)

Read Full Post »


La Fábrica de Lápices Hispania de Ferrol, a  la que ya nos hemos referido varias veces,  se verá reducida  a 4.000 toneladas de escombros y otros residuos. Según la empresa encargada del derribo, esta puede ser la magnitud del desecho que genere la vieja industria. Su propio desecho.

Fachada principal de la fábrica de lápices Hispania de Ferrol (Foto: Enrique F. Rojo, 2009)

Comenzó la demolición talando la alta chimenea del complejo. La segunda, ya que la primera se demolió hace años porque amenazaba ruina inminente.

Para retirar la cubierta de uralita medio deshecha que aún se mantenía,  se encargó el trabajo a una empresa especializada en estos peligrosos  oficios, que también se hará cargo de su depósito y tratamiento, habida cuenta de que se trata de un material que contiene amianto y que es potencialmente cancerígeno, según dicen los tratados técnicos en la materia.

El operativo del derribo implica cortar las calles que rodean  la antigua Hispania. Sin embargo, los encargados de la obra dicen que  se hará de modo que  los cortes no se noten, incluso durante el momento en que se ejecute el derribo.

Estado de la fábrica de lápices antes de las obras de derribo de la fachada y después de haber abatido la chimenea. (Foto: Angel Manso, 2012 La Voz de Galicia)

Oposición ciudadana

Por su parte, los colectivos ciudadanos que  se oponen al derribo justifican su postura  apuntando al valor patrimonial y arquitectónico de la fábrica.  Por ello,  la Comisión Cidadá pola Recuperación de Ferrol Vello, con la participación de  doce profesores de la Escuela de Arquitectura de A Coruña y otros tantos de la Facultad de Económicas de Santiago y del catedrático de Historia Económica Xoán Carmonael, los alumnos del  IES de Canido, y un comunicado del Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago en el que los 32 profesores doctores que lo integran expresan, por unanimidad, su más profunda repulsa por el derribo y aseguran que con su destrucción se pierde el ejemplo más destacable de la arquitectura industrial racionalista de Ferrol, se manifiestan en la calle mostrando su desacuerdo públicamente.

Más de cien personas se congregaron ante la vieja fábrica de lápices Hispania para tratar de frenar la demolición del complejo,  propiedad de la promotora Jerpu S.A, que quiere construir dos edificios con medio centenar de viviendas.

La convocatoria ha contado con el respaldo de la delegación ferrolana del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), que se opone al derribo de un complejo que consideran un ejemplo de la «arquitectura industrial racionalista», «exemplo máis destacable da arquitectura industrial racionalista de Ferrol», según el departamento de Historia da Arte de la Universidade de Santiago de Compostela.

Además, la Comisión Cidadá pola Recuperación de Ferrol Vello  ha presentado un recurso de alzada para intentar anular el acuerdo municipal que permite la demolición del edificio, y así salvaguardar las partes más representativas de la vieja fábrica.

Manifestación ante la  fábrica de lápices Hispania contra su demolición (Foto: Angel Manso, 2012 La Voz de Galicia)

Recurso del COAG de Ferrol

El COAG ha  presentado  un recurso contencioso administrativo contra la licencia de demolición otorgada por el municipio, y que fue aprobada en pleno a finales de diciembre con los votos del gobierno local.  Según el COAG de Ferrol, la catalogación resultante de la fábrica,  al ser declarada  Bien de Interés Cultural (BIC) en febrero del 2011 por la Xunta de Galicia,  impediría que se realizase ningún derribo, a pesar de las licencias preceptivas.

De prosperar los recursos, algo improbable dados los intereses económicos en juego, el resultado sería paradójico, pues se avalaría la protección de  una construcción inexistente por derribo improcedente.

También hay quien entiende como un bien el derribo. Gran parte de los vecinos que padecen las consecuencias del abandono del complejo muestran su satisfacción por la decisión municipal. Lo mismo ocurre con los comerciantes del entorno, para quienes el derribo supone una oportunidad de mejorar sus negocios.

La fábrica de lápices desde uno de sus laterales.  (Foto: Copyright  by romarintyp on Flickr, 2009)

El derribo en los medios

Así recogieron diversos periódicos la noticia del derribo de la Fábrica de lápices de Ferrol Vello:
El País, en su edición del 23 de enero de 2012 decía, textualmente, “Ladrillo a ladrillo, la enorme chimenea de la vieja fábrica de lápices de Ferrol encoge unos metros cada día. Los operarios empezaron a desmontarla a mano el pasado miércoles aupados por una grúa a 35 metros de altura. A la chimenea le seguirá un desvencijado tejado de uralita, cuajado de amianto, que habrán de retirar con todas las precauciones exigidas para manipular un material cancerígeno que ya se ha cobrado muchas vidas entre los trabajadores del naval de la ría. El resto de la fábrica caerá al paso de la maquinaria pesada y las palas excavadoras.

La promotora Jerpu, SA, propietaria del recinto, ha iniciado el derribo del complejo fabril más emblemático de Ferrol Vello para construir dos edificios con medio centenar de viviendas en un solar privilegiado de 3.500 metros cuadrados con vistas al puerto interior. Tirar abajo la fábrica les costará unos 300.000 euros.

El permiso de demolición se aprobó por silencio administrativo. Así lo reflejó una sentencia del juzgado contencioso administrativo de Ferrol fechada el 27 de octubre de 2010. Ni los tribunales ni la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta y el Ayuntamiento de Ferrol, en manos del PP, han puesto trabas al derribo de Hispania, que sí cuestionan los tres grupos de izquierdas (PSOE, IU y BNG) y el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG). Hace cinco días, congregaron a unas 30 personas ante la fábrica tras la pancarta “No al derribo, no a la especulación”. Reclaman que se proteja el inmueble, o parte de él, como ejemplo de la arquitectura industrial y que se recicle como centro sociocultural.

La fábrica, que llegó a producir cerca de 36.000 lápices al día, llevaba prácticamente tres décadas abandonada, colonizada por la basura, la maleza y las ratas. Su inminente desaparición apenas ha abierto brecha en el barrio de Ferrol Vello, catalogado en 2011 como Bien de Interés Cultural (BIC), que pierde uno de sus inmuebles más representativos. Un grupo de vecinos se opone al derribo pero la mayoría parece columpiarse entre la indiferencia y el deseo de ver renacer una barriada que, estéticamente, se quedó atrapada en la posguerra.

Hispania fue la apuesta empresarial de Alberto Fernández Martín, que vio en los lápices su pasaporte al éxito. Fundó la compañía en 1934 y se mudó a la fábrica de Ferrol Vello ocho años después. Superado el bache de la Guerra Civil, la compañía pronto dio beneficios y ganó mucho dinero en los 50 fabricando los lápices Johan Sindel y bolígrafos Bic. La empresa echó el cierre en 1986, incapaz de competir con Asia, y desde entonces la ruina ha campado a sus anchas por el edificio.

La demolición se autorizó en pleno ordinario el 29 de diciembre con los votos de PP e Independientes por Ferrol y el rechazo de PSOE, IU y BNG. Un día antes, la Comisión de Urbanismo valoró las sentencias y escritos que “instaban al Ayuntamiento a autorizar el derribo” y rechazó las alegaciones a la modificación puntual del PXOM para la parcela. “La sentencia judicial no contempla la posibilidad de exigirle al propietario que conserve una parte de la fábrica”, explicó Guillermo Evia, responsable de Urbanismo.

El TSXG (Tribunal Superior de Justicia de Galicia) ya había multado al anterior gobierno socialista por retrasos en la ejecución de las sentencias que daban la razón a la constructora. Jerpu presentó el proyecto de demolición en 1996 y ha batallado en los tribunales durante 15 años para recabar permisos y sortear las trabas administrativas al derribo. La promotora tiene a su favor los mandatos judiciales y el visto bueno de la Xunta y del Gobierno local, que non han visto en la fábrica nada especial que la salve de ser demolida.

El 5 de enero, en un último intento por detener la actuación, Izquierda Unida presentó un recurso de alzada contra la autorización de Patrimonio que en noviembre había levantado el último freno a un derribo que había descartado en febrero con un informe desfavorable. “Agotaremos todas las vías legales para impedir un atropello sin remedio contra el patrimonio histórico y la memoria de la ciudad”, asegura Yolanda Díaz, coordinadora de IU en Galicia y edil en Ferrol. Díaz acusó al Ejecutivo popular de actuar como “una brigada de demolición al servicio de los intereses inmobiliarios” y le reprocha a la Xunta que en ocho meses cambiase de parecer sobre la fábrica. El BNG también ha criticado que el gobierno de José Manuel Rey se apresure a dar luz verde al desmontaje sin esperar a que la redacción del Plan Especial para Ferrol Vello estudie otras alternativas para este espacio.

Otro colectivo muy beligerante contra el derribo han sido los arquitectos de la delegación ferrolana del COAG capitaneados por Miguel Reimúndez, exedil de Vivienda de Ferrol con el bipartito PSOE-IU del 2007. Opina que la rehabilitación de Hispania “es una oportunidad en la trama de la ciudad” y que debería salvaguardarse al menos la estructura de la chimenea y la zona de oficinas. Los últimos en terciar en la polémica han sido los técnicos del comité internacional del patrimonio industrial que pretenden elevar a la Unesco una petición para detener la demolición.

No parece probable que la vieja Hispania pueda escaparse al derribo que la ronda desde hace años. Casi ‘in extremis’, IU mantendrá este jueves una reunión en Santiago con el director general de Patrimonio, José Manuel Rey Pichel. La formación ha pedido a la promotora que aparque temporalmente la demolición para “no causar daños irreparables a una construcción de indudable valor histórico”.  (El País,  edición del 23 de enero de 2012)

El 19 de enero de 2012 El Correo Gallego publicaba: “Decapitada por el afán inmobiliario, yace en el suelo la chimenea de la antigua fábrica de lápices de Ferrol. La ciudad perdió ayer uno de sus símbolos, con el inicio del derribo de estas instalaciones. El antiguo sueño de la arquitectura industrial, una fábrica que entre 1934 y mediados de los 50 producía 36.000 lápices al día, perece ante una promoción inmobiliaria. Donde antes se alzaba La Hispania, en un futuro posiblemente despuntarán las viviendas construidas por la promotora Jerpu.

SCALAE, el 30 de enero de 2012, publicaba en su web que “la fachada y la chimenea eran dos de los elementos más importantes por los que el COAG había solicitado la conservación del edificio, y precisamente por ahí fue por donde comenzó la demolición. En un documento firmado por doce profesores de la Escuela de Arquitectura de A Coruña y de la escuela de Económicas de Santiago de Compostela, se critica la ‘mirada impasible de las instituciones’ ante la demolición del edificio. En el documento se reclama la conservación de la fachada, la zona de oficinas y la chimenea, tan sólo una parte de toda la parcela, y que supondría ‘un respeto al patrimonio histórico sin perjuicio para la iniciativa privada’.
La vieja fábrica de Hispania, se incluye en el Bien de Interés Cultural de Ferrol Vello desde febrero del 2011 por la Xunta de Galicia, lo que en principio impide que se realice ningún derribo aunque se cuente con las licencias preceptivas, ocupa un solar de unos 3.500 metros cuadrados en la zona alta del puerto exterior con vistas a la ría ferrolana.

La Voz de Galicia
, el 27 de enero de 2012, haciéndose eco de las protestas ciudadanas publicaba lo siguiente:
Ante una fachada que perdió hace días los símbolos que la caracterizaban, más de un centenar de ferrolanos reclamaron la paralización de la demolición de la Fábrica de Lápices, iniciada la pasada semana. De su interior llegaron a salir más de 180.000 lapiceros diarios. Ayer, el reparto de los últimos lápices y plumines rescatados de un quiosco de la ciudad naval abría una concentración que reclamaba la pervivencia del «exemplo máis destacable da arquitectura industrial racionalista de Ferrol», según el departamento de Historia da Arte de la Universidade de Santiago de Compostela.

Los 32 doctores que integran su consello emitieron un comunicado en el que muestran «a súa máis profunda repulsa polo derribo da antiga Fábrica de Lápices Hispania», situada en el barrio de Ferrol Vello, considerado bien de interés cultural. Otras dos docenas de profesores de la facultad coruñesa de Arquitectura y de la compostelana de Económicas hicieron lo propio con un manifiesto en el que piden a la Dirección Xeral de Patrimonio la «inmediata paralización de la demolición» de un edificio construido en la década de los años treinta y que funcionó durante más de cuatro decenios.

Emblema del Ferrol industrial, los propietarios acometen el derribo tras un cuarto de siglo de litigios y una densa maraña legal, que acabó con sentencias firmes que lo avalan por silencio administrativo. Pero la Comisión Cidadá pola Recuperación de Ferrol Vello, convocante de la movilización, lucha in extremis por su salvación. «Hoxe non somos moita xente, pero imos ser máis. Imos loitar polo que nos dá singularidade e historia», aseguró anoche Alexandre Carrodeguas, uno de sus portavoces. Porque con el sello Hispania y Johann Sindel se recordaban ayer los lápices que se mojaban con saliva antes de escribir y los que «daban cor a aquela triste época da ditadura». A quienes se niegan ahora a conservar la fachada y la chimenea -que ya ha sido anulada- los manifestantes los invitaron a escribir «co lapis da ignorancia» miles de veces «Nunca volverei destruír o patrimonio arquitectónico de Ferrol».

La propietaria de la fábrica, la sociedad Jerpu, planea construir en el solar una promoción inmobiliaria pendiente de una modificación puntual del plan general de urbanismo. Después de 25 años de espera, ahora se niega a aguardar más y tras varias condenas a corporaciones anteriores por la dilación en la concesión de la licencia, el gobierno ferrolano, con mayoría absoluta del PP, ha decidido otorgar la licencia de demolición para dar cumplimiento a los fallos judiciales emitidos.

Por su parte, el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia aprobó presentar un recurso contencioso-administrativo contra la concesión de esta licencia municipal y el fiscal de Patrimonio del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, Antonio Roma, ha abierto diligencias tras la denuncia de la Comisión Cidadá.” (La Voz de Galicia, el 27 de enero de 2012)

Por último, se reproduce el artículo de opinión publicado en el Diario de Ferrol el 22 de enero de 2012, que firmaba el catedrático de historia del arte de la Universidad de Santiago Alfredo Vigo Trasancos:
Fue en enero de 2008 cuando, a petición del Consello da Cultura Galega, tuve la oportunidad de realizar un informe sobre la pertinencia de declarar el barrio de Ferrol Vello Bien de Interés Cultural, con el fin de dar respuesta a una solicitud que hacía a la institución gallega la Dirección Xeral do Patrimonio de la Xunta de Galicia.
Obviamente se me hizo la consulta por mi condición de experto en Historia de la Arquitectura y particularmente por mi trayectoria de investigador sobre el tema del urbanismo ferrolano, que vengo estudiando desde hace ya bastantes años.

Y por esa razón, argumentando el interés histórico que tenía el barrio, indicaba en mi informe que Ferrol Vello merecía ser declarado BIC por ser el origen mismo de la ciudad de Ferrol, un conjunto urbano de arraigo medieval de configuración espontánea y orgánica y, además, por ser el contrapunto necesario al impecable y ordenado barrio de la Magdalena que así hacía valer en toda su expresión la calidad urbanística de la cultura ilustrada.
En otras palabras, quería subrayar que Ferrol Vello y la Magdalena formaban, en su llamativo contraste urbano, un binomio necesario, imprescindible para aclarar el desarrollo y las circunstancias históricas de la ciudad de Ferrol.

Era consciente, no obstante, de que no quedaba en el barrio viejo ninguna construcción medieval que le diese un rango monumental destacable; pero al conservar su traza viaria antigua, su parcelario del Medievo, el valor pintoresco de sus inmuebles en donde se apreciaban tipos arquitectónicos que iban de la vivienda popular marinera con solana de madera y voladizos, a casas decimonónicas con galerías y balcón y aún a construcciones que se movían entre el más estricto racionalismo y el más elegante diseño “art déco”, había motivos más que suficientes para conservarlo.

Ahora bien, en mi informe destacaba no sólo la conveniencia de proteger el barrio histórico, sino de delimitar muy bien todos sus espacios de respeto pues había en su entorno lugares y edificios muy destacables: el viejo muelle y dársena de Curuxeiras origen del puerto civil dieciochesco, la fuente de la Fama con su nueva tipología en obelisco, la iglesia de San Francisco con la capilla de Orden Tercera, Capitanía y los jardines de Herrera, el Parque Municipal… y mencionaba también entre ellos la Fábrica de Lápices “Hispania”, lógicamente por el interés de su tipología industrial, el valor de su arquitectura “déco” y por ser obra, además, del mejor momento profesional del arquitecto municipal Nemesio López, que luego fue por otros derroteros menos valiosos.

En fin, que en parte gracias a estos argumentos y no sin cierta polémica mediática y problemas administrativos, pudo conseguirse en el año 2011 que la Xunta de Galicia declarase con buen criterio BIC, con la categoría de conjunto histórico, el barrio de Ferrol Vello.
Se señalaba además en el texto de la declaración que se reproduce en el DOGA nº 43 del 10 de febrero de ese año, que la consideración de BIC se hacía, entre otras muchas cosas, por formar el viejo barrio medieval “una curiosa amalgama de edificios” entre los que destacaba algún que otro de “diseño art déco”; y más adelante, a la hora de delimitar el perímetro del conjunto, señala asimismo el texto que en el tramo 4-5 debe seguirse el “linde norte de la Fábrica de Lápices Hispania, dejando ésta dentro del entorno de protección”; de ahí mi sorpresa y perplejidad al enterarme por la prensa que se ha comenzado a derribar el citado edificio con todos los permisos necesarios.

A decir verdad no parece tener sentido que después de tantos esfuerzos argumentativos en favor de la protección, ahora se mire hacia otro lado y se convierta el documento oficial en simple papel mojado. Soy consciente de que la Fábrica de Lápices no está en buen estado, que convive en un entorno de ruina preocupante que afecta a la práctica totalidad del barrio, incluso se puede entender en la realidad actual que acaso no merezca todo el edificio el mismo grado de interés y protección, pero todo esto se puede mejorar en un contexto social que se interese por la rehabilitación integradora que es, precisamente, el que propugna en principio toda sociedad civilizada que se identifica en sus declaraciones de BIC, siempre planteadas para proteger o un conjunto de interés o un edificio destacable.

Por esta misma razón, podríamos derribar en cualquier momento lo que resta del Teatro Renacimiento en el barrio de la Magdalena, porque se encuentra igualmente en un lastimoso estado y en el borde de otro conjunto histórico.

En fin, que creo que debiera considerarse el comportamiento destructivo y que debiéramos de ver en la Fábrica de Lápices un edificio de interés y conservable, siquiera en sus elementos más singulares entre los que están, obviamente, la chimenea y el volumen principal de su fachada.

Que una ciudad como Ferrol que fue un emporio industrial destacado conserve algún referente de este tipo me parece importante; que los ciudadanos apoyen públicamente el valor que tiene su legado histórico revela también su nivel y su educación hacia estos temas, que las autoridades municipales se impliquen en esta política de respeto es algo que también considero fundamental; es más, la propia Xunta debiera de actuar con un comportamiento ejemplar haciendo valer lo expresado en su Diario Oficial aunque esté por hacer o aprobar el necesario plan especial de protección del barrio que resulta imprescindible para iniciar su recuperación. Incluso diría que es de valorar y de tener en cuenta en una empresa constructora que promueva lo nuevo sin por ello proceder a arrasar en su integridad un edificio que sale mencionado en los informes previos de protección, en algunos libros de arquitectura histórica ferrolana y en el texto mismo de declaración de BIC del propio Diario Oficial de Galicia. Es la diferencia que existe entre un comportamiento que aspira a construir desde el respeto al patrimonio y aquel otro que, en cambio, mantiene una actitud más voraz y especulativa.

Creo que hay soluciones para que se encuentren los dos intereses y que se deben poner los medios para lograr un resultado aceptable. Todos queremos la regeneración de Ferrol Vello y de todo su entorno, pero eso no se puede conseguir de ningún modo con el primario argumento de la demolición por ser doloroso a la vez que irreversible”. (Alfredo Vigo Trasancos, en Diario de Ferrol 22/01/2012)

Read Full Post »

El desarrollo urbano de Avilés representa un caso paradigmático en la evolución histórica de las ciudades españolas periféricas  cuyo mayor crecimiento estuvo unido a los procesos de industrialización del desarrollismo de los años 50 del siglo XX.

En el siglo XIX se construyó en la ría de Avilés la dársena de San Juan de Nieva que permitio la creación de  industrias ligadas al carbón como la fundición de Arnao, o explotaciones como la  Real Compañía Asturiana de Minas en Castrillón, cuya producción se transportaba a través del puerto de Avilés.

El complejo industrial de Avilés se consolidó en los años cincuenta del siglo XX con la instalación en ambas márgenes de la ría homónima de grandes plantas productivas, como la siderúrgica de Ensidesa (1951), que más tarde se llamaría CSI, Aceralia y hoy en día ArcelorMittal, o las pertenecientes a Cristalería Española (1952), a la Empresa Nacional de Aluminio (1958), posteriormente llamada Inespal y más tarde Alcoa, a Asturiana de Zinc (1959), o a la reconvertida Real Compañía Asturiana de Minas, en Arnao, absorbida con el tiempo por la anterior y ambas asentadas en Castrillón. A éstas se le añadieron muy pocas más hasta los últimos años de los ochenta, período en el que, a la crisis de las grandes plantas productivas, le sucedió una notable diversificación del sector industrial, aunque no tan amplia como era de esperar.

 

Puerto de Avilés, en 1920. (Foto Ayto. Avilés)

Puerto de Avilés, en 1960. (Foto Ayto. Avilés)

La Villa y el Ensanche

La zona más antigua de Avilés -La Villa– se encuentra en una ligera elevación junto a las marismas que se generaban en los márgenes de la ría, lo que permitía su protección frente a la subida de la marea.

Desde época medieval estuvo rodeada por una muralla que se derribó en el siglo XIX. Sin embargo, la existencia de la muralla no impidió el desarrollo de diversos núcleos anejos al centro primitivo, como los arrabales de Rivero y Galiana, desarrollados hacia el suroeste en el siglo XVIII, y el arrabal de marineros y pescadores de Sabugo al norte, frente a la ría, del siglo XIX.
La primera expansión urbana de la era moderna se desarrolló entre los años 1818 y 1894, con el derribo de la citada muralla medieval, que databa del siglo XIII de trazado circular y con un perímetro de 670 metros.
En 1826 se construyó un camino de ronda sobre las marismas, que ya habían sido desecadas, entre la antigua Villa y la ría. A partir de 1868 se acometió el saneamiento y urbanización de las marismas que rodeaban el núcleo urbano.

Puerto de Avilés, en 1970. (Foto Ayto. Avilés)

Mujer con una niña en Avilés en el año 1953.

Después de la demolición de la muralla y la posterior desecación de las marismas, se trazaron nuevas calles que rodeaban el casco primitivo y se produjo una importante expansión de la trama urbana que ocuparía los espacios libres entre El Sabugo y la primitiva ciudad -la Villa-, vinculados al construirse sobre las marismas de Las Aceñas  la Plaza Nueva (actualmente de los Hermanos Orbón) y el parque del Muelle. También se construirían el parque del Retiro, sobre las marismas de Las Meanas, la plaza del Pescado (en la actualidad de Santiago López) y la calle de la Cámara, que uniría la plaza del Ayuntamiento con el barrio de El Sabugo.
Entre 1895 y 1898 se elaboró un Plan de Ensanche con el objetivo de ordenar el crecimiento urbano de la ciudad. Solo se ejecutó la fase que afectaba al sur, que se llevó a cabo con la expropiación de algunos terrenos que permitieron la apertura de las dos nuevas calles de Llano Ponte y Palacio Valdés, y la prolongación de la del Muelle. La expansión hacia el norte no se iniciará hasta 1943, con la construcción del Poblado de Pescadores, continuada más adelante con la construcción de las viviendas para empleados de Cristalería Española.


Puerto de Avilés, en 1980. (Foto Ayto. Avilés)

Periodo del desarrollismo industrial

Sin embargo, la mayor transformación urbanística de Avilés se iniciaría en 1950 con la creación de ENSIDESA.

En una década la población pasó de 21.300 habitantes en 1950 a cerca de 49.000 en 1960, con el consiguiente problema de alojamiento.
La falta de previsión fue total, generándose un caos que obligó a una acelerada improvisación por parte de las autoridades estatales y de la propia ENSIDESA.
Entre 1954 y 1965 el Plan Sindical de la Vivienda levantó los poblados obreros de Francisco Franco o la Texera, José Antonio, La Carriona y La Pedrisca. A través de la iniciativa de cooperativas se construyeron los poblados de San José Artesano, Portuarios y El Pozón. También los promotores privados participaron con la construcción de los barrios obreros de Versalles y la zona de Domingo López, en Villalegre.

Vista aérea de Avilés en 1957.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea de Avilés en 1961.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

A pesar de que los nuevos barrios paliaban la carencia de alojamiento para la población obrera inmigrante, la nula planificación se tradujo en la ausencia de dotaciones y equipamientos urbanos, educativos, sanitarios, deportivos y culturales. Esta situación solo se fue resolviendo con el paso de los años y de manera lenta y parcial. Además, esta situación se agudizaría debido a la mala calidad de los materiales de construcción utilizados y a la desconexión entre los diferentes núcleos con el centro urbano de Avilés a causa de la escasa red de comunicaciones.

En 1975, pasados veinte años del asentamiento de ENSIDESA (actual Aceralia), los efectos de la industria siderúrgica eran ya más que notables en la fisonomía de Avilés y en el entorno de su ría.
Se había generado un nuevo espacio urbano, transformando el viejo casco de la ciudad, agregándose poblados obreros en la periferia y consolidándose los núcleos ya existentes (Villalegre, Miranda, Salinas y Piedras Blancas).

Nuevos barrios obreros y  renovación del caserío antiguo

Como queda dicho, la proliferación de poblados obreros en la periferia rural de Avilés que acogieron los contingentes de población que llegaba a la villa atraida por las expectativas de trabajo fue muy intensa y rápida. Hasta 1970 la población obrera que se estableció en Avilés se fue ubicando en los poblados periféricos que a tal efecto se levantaron. A partir de esa fecha la ocupación se fue orientando hacia el centro urbano, ocupando solares vacíos y edificando viviendas de nueva planta tras el derribo de las antiguas edificaciones ya existentes. Este proceso de densificación del centro histórico, se vio favorecido por las políticas locales de urbanismo que impulsaron las actuaciones privadas de acusado carácter especulativo y propiciaron la desaparición de parte del caserío histórico representativo de Avilés.

Vista de la periferia sur de Avilés en 1972, en la que se sitúan la mayor parte de los poblados obreros creados en la etapa industrial. En primer término (A) el poblado de Las Vegas, detrás el barrio de Villalegre (B), a su izquierda el de La Luz (C), y más al fondo los poblados de La Texera, de 83 bloques 1954-59 (E) y de Versalles (F). En el centro, la colonia Arintero (D).

Barrio de La Luz

El poblado de La Luz, comenzado a construir por iniciativa privada a finales de los 50, y comprado por el Estado al término de su construcción en 1962, consta de 2.056 viviendas que se distribuyeron en régimen de alquiler entre los obreros de ENSIDESA con mayor número de hijos.

Entre 1950 y 1959 una gran masa obrera acudió a estos lares encandilada por el trabajo abundante y seguro que la construcción de ENSIDESA ofrecía.Obreros que, ante la falta de viviendas, se instalaban en barracones adyacentes al lugar de trabajo cuyos espacios compartían alternativamente según, incluso, los turnos laborales. Condiciones duras éstas, difíciles, conocidas por el nombre de “los años calientes”. Cuando un obrero dejaba su hueco en el barracón para acudir al trabajo, otro lo ocupaba para descansar no dejando apenas tiempo ni para la ventilación ni, siquiera, para que el calor humano se enfriara.”
En este contexto socio-económico tenemos, pues, que situar el nacimiento del Barrio de La Luz. A diferencia de los barrios de Villalegre, La Carriona o Llaranes que surgieron a partir de núcleos urbanos o rurales ya existentes, el de La Luz arranca de la nada, es totalmente nuevo, no procede de un asentamiento anterior. Su nacimiento tiene sólo que ver con unas circunstancias que le son características y propias, como las antes apuntadas, o que responden en lo general al aumento de la densidad de población, a la paternidad de los “laboratorios sociales” de ENSIDESA y al asentamiento con claros tintes de segregación laboral de un tipo o clase de mano obrera, no cualificada. ENSIDESA tiene en su haber la mancha de haber tratado a sus trabajadores de manera harto clasificatoria y diferenciada, según se tratase de directivos, técnicos o peones del humo. A nuestro Barrio de La Luz le cupieron los honores últimos.” (Texto: Parroquia de La Luz. Ver referencias al final del artículo)

Barrio de la Luz, 1994. Al fondo La Texera, Versalles y el centro urbano de Avilés. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Barrio de la Luz, 2010. (Foto: Fernando Saiz)

El barrio de La Luz debe entenderse, por tanto, como un proyecto privado netamente especulativo cuyo resultado final nada tuvo que ver con lo inicialmente proyectado y ofertado.
Los modelos urbanísticos para los nuevos barrios obreros estaban definidos en la España de los 50 a través del Instituto Nacional de la Vivienda y de la Obra Sindical del Hogar. Se proponía el bloque exento de doble crujía, liberando el suelo circundante para uso dotacional y viales, siguiendo la inspiración de la ciudad-jardín y del Funcionalismo.

Los orígenes del barrio de La Luz pueden establecerse a partir de las intenciones de un constructor que adquirió unos terrenos para edificar en ellos. Dado que el barrio de Llaranes no podía albergar a todos los trabajadores de la Empresa, dicho contratista, llamado Domingo López Alonso, vecino de León, proyecta construir otro barrio al que denomina “Nuevo Avilés” y al que diseña como un nuevo modelo de villa.
Del primer proyecto de 5.000 viviendas a construir en la ladera Noroeste del Monte de La Luz, sólo se construyen 2.056 que agrupadas en 95 bloques constituyen hoy la configuración del Barrio de La Luz.

Barrio de La Luz, maqueta del proyecto (1958) y las casas en la actualidad, que nada tienen que ver con lo proyectado.

Barrios de Versalles, Los Canapés y Texera en 2000.

ENSIDESA sacó de sus “laboratorios sociales” la idea de construir los barrios en diferentes lugares de Avilés. Realizó una segregación social del espacio urbano. De este modo colocó en Llaranes y La Luz a los obreros, mientras que a los técnicos, peritos e ingenieros los situaba en edificios tales como La Estrella, en el Pozón, y La Residencia de Ingenieros, en la subida de San Cristóbal.”
“Existían cuatro categorías de traba-trabajadores en la Empresa:

1ª – La formada por los directores, técnicos, ingenieros..
2ª – La formada por técnicos de grado medio, como jefes de taller,administrativos,
analistas…
3ª-Obreros cualificados (Oficiales de 1ª y 2ª)
4ª – Personal obrero sin cualificar, como oficiales de 3ª y peones. “
(Web Parroquia de San Pablo de la Luz)

Dos instantáneas de la vida cotidiana en el barrio de La Luz en 1967. (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

Al tiempo que se producía esta densificación en el centro, emergían dos zonas contiguas, que se configuraban como nuevas zonas residenciales: Las Meanas-Quirinal, y Carbayedo Nuevo.
La crisis de la siderurgia de los setenta del siglo XX, que supuso la pérdida de más de 12.000 puestos de trabajo, se vio compensada con el crecimiento del sector terciario, que permitió que pasados veinte años se mantuviera en la ciudad la misma población que al comienzo de la crisis. (85.000 h.)

Poblado de Llaranes

Al amparo de la construcción de ENSIDESA se desencadenó un intenso proceso inmigratorio que supero ampliamente la capacidad de Avilés para acoger a tan amplio volumen de personas.
Debido a la necesidad urgente de viviendas se fueron diseñando en las proximidades de las fábricas diferentes modelos de grupos residenciales para dar alojo a los trabajadores, a través bien de promociones oficiales o privadas. En algunos casos los asentamientos eran tan espontáneos que daban lugar a fenómenos de chabolismo e infravivienda.

Dos  imágenes del poblado de Llaranes. La foto superior muestra las últimas fases de construcción, con la iglesia al fondo todavía sin terminar. La foto inferior, coloreada, muestra el conjunto completamente acabado (1953-1957). (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

El primer ejemplo de barrio obrero lo constituye el poblado de Llaranes, en las cercanías de Ensidesa, que se comenzó a construir en 1953 y se concluyó en 1957. Se trata de un conjunto de 1.103 viviendas en un diseño que comprende espacios verdes, deportivos, iglesia, plaza mayor, mercado y servicios varios.

Ensidesa encargó a los arquitectos J. M. Cárdenas Rodríguez y F. Goicoechea Agustí, en 1951, la construcción del poblado central de Llaranes concebido como un pueblo independiente, con escuelas, mercado, estadio deportivo, piscinas, parques, local para espectáculos, hogar sindical y Plaza Mayor.
Cárdenas y Goicoechea firmaron conjuntamente el proyecto en su totalidad. Sin embargo, cabe destacar que la iglesia es obra de Cárdenas mientras que el “colegio de niños” y el parque infantil fueron obra de Goicoechea. El “colegio de niñas”, la Plaza Mayor y el economato entrarían en el grupo de proyectos compartidos.
El proyecto del Mercado, conocido popularmente como El Economato, data de 1956, pero sería el último de los edificios singulares en terminarse. No se inauguraría hasta 1962. Con anterioridad fueron habilitados para ese uso los bajos de la Plaza Mayor, cuyo destino inicial, nunca del todo logrado, fue su uso para el comercio privado.
Se proyectaron diferentes tipos de vivienda dentro de una homogeneidad de conjunto. Los bloques “A” tienen tres plantas y doce viviendas. Los bloques tipo “C” y “D” son los más abundantes en el poblado. Constan de ocho o dieciséis viviendas dispuestas en forma de “U” y pareadas dejando un jardín en medio. Menos abundantes y con sus jardines son las viviendas tipo “H” o de “capataces”. Se trata de viviendas ligeramente mayores que el resto de las del poblado, en bloques de cuatro, dos bajos y dos pisos, y con una fisonomía que les daba un cierto aire de “chalés”.
El aspecto nórdico que le conferían los tejados de pizarra fue fruto de la casualidad. En la idea inicial las cubiertas estaban proyectadas en teja árabe de color rojo. Una oportunidad que surgió para Ensidesa provocó el cambio.

Vista de la plaza desde lo alto de la iglesia (años 50).

El poblado se inauguró el 18 de julio de 1956. En 1959, año en que se termina casi por completo el poblado de Llaranes, finaliza la fase de construcción de Ensidesa.
El responsable de Asuntos Sociales de Ensidesa, en su despacho de la Plaza Mayor, ejerció siempre unas funciones de “alcalde” sobre Llaranes que siempre tendieron a considerar los poblados como una entidad autónoma. Un alcalde, además, con casi todas las prerrogativas de tal, ya que contaba con su propia Guardería Jurada, que era la máxima responsable del orden en los poblados. Orden que se establecía de acuerdo a criterios propios y por normas que el mismo Departamento dictaba.

Llaranes disponía en esa época de 1324 viviendas y estaba totalmente urbanizado: calles, alcantarillado, iluminación, etc… y con todos los elementos de una vida independiente. El servicio público se hallaba concentrado en la Plaza Mayor, centro del mismo, conteniendo estafetas de Correos y Telégrafos, Central telefónica, Farmacia y una sucursal bancaria. Poseía otros locales que se usaban como economato provisional y que serían ocupados, al menos eso era lo previsto, por distintas ramas del comercio.

El proceso de “privatización” de las viviendas fue complejo. La primera venta efectiva se realizó el 10 de agosto de 1990. A finales de 1993 se había realizado el grueso de la operación.
Además de las viviendas, la Empresa tuvo que transferir al ayuntamiento de Avilés las infraestructuras y suelo común. La cesión se firmó el 29 de marzo de 1995. La red eléctrica se cedió a Hidroeléctrica del Cantábrico y los inquilinos tuvieron que hacerse cargo de los pagos a partir de 1998.”
(De la página web Llaranes C.F.)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1959. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1968. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Futuro urbano Avilés

Avilés se encuentra actualmente en un proceso de renovación urbana que pretende la transformación de los espacios degradados por la industria en las áreas circundantes a la ría. Esta estrategia se plantea como una fórmula que dinamice la ciudad y la proyecte hacia el exterior,  de cara a un realce de su imagen como polo de atracción turística y que mejore la calidad de vida y el bienestar de sus vecinos.
Como ejemplo más visible de este proceso se encuentra el  Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, una referencia mundial, ahora inmerso en una grave crisis motivada por circunstancias políticas e intereses particulares.
La recuperación urbanística y ambiental que se está produciendo en Avilés está renovando los desajustes producidos por la industrialización de los años 50 y la reconversión industrial de los 90 que mermó el empleo y la población, en una urbe gravemente contaminada.
En el proceso de ajuste han surgido nuevos e importantes espacios liberados de su antiguo uso industrial, cuya ubicación al borde de la Ría y en colindancia con el casco urbano demandan un decidido esfuerzo planificador para transformar la ciudad y crear un foco dinamizador de la economía y la cultura”. (Proyecto Isla de la Innovación)

Animación que muestra la construcción del Centro Niemeyer en el Puerto de Avilés (inaugurado el 26 de marzo de 2011), ubicado próximo al centro de la ciudad, sobre la margen derecha de la ría, a 500 metros de la plaza de España y del Ayuntamiento.

Referencias.-

Fernández García, Felipe y Quirós Linares, Francisco
Atlas aéreo de Asturias
Los paisajes del siglo XX

Editorial Prensa Asturiana, S. A.
Oviedo, 2001
VV.AA.
Asturias a través de sus Concejos
Editorial Prensa Asturiana S.A.
Oviedo, 1998

Informe Barrios Vulnerables de Avilés (2001)
Ministerio de Fomento, 2001 (Documento PDF)

Benito Del Pozo, Paz
Discursos, propuestas y acciones sobre la ciudad posindustrial
Universidad de León, 2004 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industrialización y crecimiento urbano en Avilés
Universidad de Oviedo. Dpto. de Historia Contemporánea
ERÍA. Revista Geográfica, nº 1, pp. 151-178. Oviedo, 1980 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industria y espacio urbano en Avilés
Ed. Silverio Cañada
Gijón, 1982

Guía para entender el urbanismo de Avilés
El Revistín nº Especial (Documento PDF)

Barrio de la Luz (Documento PDF)

Poblado de Llaranes (en Wikipedia)

Barrio de la Luz (enWikipwedia)

Blog Recuerdos de llaranes

Proyecto La Isla de la Innovación: Master Plan (Documento PDF)

Web Centro Niemeyer

Todo sobre Oscar Niemeyer  (El País, 2011)

Read Full Post »

 

Mis recuerdos

Creo que no tengo mucha memoria, porque a pesar de llevar viviendo en el mismo barrio desde la infancia, me falta la capacidad para recordar con exactitud cómo era cuando empecé a conocerlo. No llego a saber qué edificios y lugares había por los alrededores antes de que la voracidad especulativa acabase con su vieja y abigarrada estampa. Lo que si me parece recordar, cuando camino por sus calles estrechas, es haberlas visto salpicadas de casitas antiguas de una planta que se alternaban con edificios de pisos, también antiguos. Luego me queda la sensación de que desde mediados o finales de los setenta los derribos y las nuevas construcciones eran una escena cotidiana. Sin embargo, cuando veo fotos del barrio de esas fechas, soy incapaz de recordar los edificios que ya no existen o los antiguos espacios que fueron transformados o eliminados.

Viejo edificio en la Calle de Antoio Zapata nº 7. Un auténtico “superviviente”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Haciendo memoria

Quiero hacer memoria del viejo barrio de la Prosperidad. Y en este recorrido nostálgico voy a utilizar recuerdos ajenos de lectores  del Blog, de memoria más ágil que la mía, que han ido dejando en algunas entradas.   Ángel y Carlos, que además me ha enviado unas fotos,  emocionan con sus poéticas evocaciones. Muchas de las imágenes que ilustran estos recuerdos fueron  publicadas también en diferentes posts, y otras las he tomado en préstamo a Isabel Gea, vecina del barrio durante un  tiempo, que retrató algunos edificios que formaron parte del entorno de la Prospe  y que han ido desapareciendo poco a poco.

Edificio de 1927 en la calle de Canillas nº 7 y detalle de la fachada. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Mis recuerdos del barrio de la Prosperidad comienzan con la calle de López de Hoyos, calle larga y en algún tramo sinuosa y estrecha. Esta calle nace junto al Paseo de la Castellana, en unión con la calle Pinar, muy cerca de la Residencia de Estudiantes y del Museo de Ciencias Naturales.  Antiguamente fue el camino que conducía al pequeño pueblo de Hortaleza y en 1905  cambió su nombre por el del preceptor de Miguel de Cervantes que ahora lleva. López de Hoyos  es para mí una calle evocadora, aunque de recuerdos vagos, dado mi carácter olvidadizo. Desde muy pequeño he vivido en las proximidades de la calle General Mola (Príncipe de Vergara) cuando todavía acababa en Francisco Silvela, muy cerca de la glorieta de López de Hoyos. Esta rotonda, que hasta 1980 se llamó de Ruiz de Alda, por el aviador famoso del Plus Ultra, marcaba la frontera de una zona que espacialmente ya no me pertenecía, pues yo vivía más arriba, junto al parque de Berlín (1967). Sin embargo, cruzando por López de Hoyos, junto a los descampados de la futura prolongación de General Mola se llegaba al entramado de calles estrechas de la Prosperidad, al norte del eje principal, que era más mi territorio, pues al otro lado de la calle también comenzaba a desorientarme. López de Hoyos era y es la calle más comercial del barrio y ahí se encontraban el mercado, los comercios más importantes y, por supuesto,  los cines. Curiósamente, en los últimos años, parte del comercio ha abandonado la vieja calle comercial y se ha mudado a la calle Suero de Quiñones, mucho más modesta en dimensiones pero que le quiere tomar el relevo en actividad comercial y trasiego de gente.

Cine López de Hoyos-2007Antiguo Cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine en los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones, bautizos y celebraciones del género. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva dedicación ligada a las nuevas modas sociales.  Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo,2007)

Los cines del barrio

En la zona de López de Hoyos los cines mas populares eran el “López de Hoyos”, con ofertas de 2,50 ptas. los jueves y el Covadonga” a 2,00 ptas. Algunos cahavales se divertían poniendo monedas de 5 y de 10 céntimos en los railes del tranvía y otros hacían lo mismo pero con cables de cobre de las obras, para después vender lo que quedaba al chamarilero de la calle Gabriel Lobo. Luego se iban al cine Covadonga los jueves por 2 “pelas” con cincuenta, sesión doble con derecho a Nodo. Todo ello a la altura del nº 60 de López de Hoyos y la vía del “Tranca” nº 40, apelativo del tranvía en la Prosperidad,  -Quevedo a Ciudad Jardín-. Vendiendo papel en el chamarilero de Luís Vives también se podían sacar unas pesetas. (Ruper y Tinín).

Cine RoyalAntiguo Cine Royal, en la calle de López de Hoyos de Madrid. En los años 80 del siglo XX cesó en su actividad para convertirse en una sala de bingo y en discoteca. En la actualidad, en 2011 y desde 2006, se encuentra clausurado por orden municipal. (Foto: Enrique F. Rojo)

Más adelante, la apertura del  cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. La novedad. Este cine fue en los 60 el  más “moderno”  de la Guindalera y la Prosperidad.  Tenía programas dobles y  competia con el “Oraa”, con el “Silvela“,  con el “Lopez de Hoyos” y con el “Covadonga” (Ángel Alda). El cine, construido por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini en 1958, se mantuvo hasta 1980 y luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008  que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”. Luego hubo otros cines por la zona como el resucitado “Morasol”, en Pradillo, y el “Royal”, en López de Hoyos, actualmente cerrado y abandonado.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi cuando ya no lo era , en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Cine Covadonga (1951). El 1 de marzo de 1991, el cine Covadonga, situado en el 161 de la calle de López de Hoyos, quedaba prácticamente destruido a causa de un extraño incendio, cuyo origen no pudo ser precisado en su momento por los bomberos del Ayuntamiento. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Un poco de historia

Para entender y contextualizar mejor este album nostálgico será bueno hacerlo con el apoyo de un poco de historia.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX algunas fincas y huertas en la Prosperidad y en la Guindalera cercanas al arroyo Abroñigal, se estaban parcelando para la venta, aprovechando que la continua llegada de gentes del campo a la capital en busca de trabajo generaban una importante demanda de terrenos para construir . Las viviendas que se iban levantando, normalmente a cargo de  maestros de obra o autoconstruidas por sus propietarios, solían ser de una sola planta, de aspecto semirrural y factura tosca a base de materiales económicos. Disponían, a modo de ejemplo, de cocina, sala, gabinete y dos dormitorios. Ocupaban parcelas rectangulares, con pequeño jardín a la entrada y patio trasero. En otros casos la fachada estaba en línea de calle o camino y el jardín o huerta se situaba en las traseras de la casa. Su estilo era muy sobrio, con fachadas de ladrillo y revoco y sin concesiones artísticas, y normalmente se trataba de casas aisladas o pareadas.

Colonia Mahou-1985Vivienda de la colonia Mahou en 1985. La colonia, surgida en 1928, estaba en el sector suroriental de la Prosperidad, zona del “canalillo”, también conocida como Sector 20  y estaba compuesta por  106 casas de una sola altura y factura sencilla y económica, destinadas a ser adquiridas por jornaleros y obreros de escaso nivel de ingresos. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) las propiedades fueron expropiadas y derribadas entre los años 70 y 80.

El periodista y político del siglo XIX  Angel Fernández de los Ríos en su obra de 1876Guía de Madrid, se refiería al arrabal de la Prosperidad como un escaso conjunto de 19 casas nacido en 1868 en torno al antiguo camino de Hortaleza y que se había desarrollado en los últimos años en medio del más deplorable desorden de rasantes y alineaciones.  En 1888 reunía 166 edificios, 3/4 partes de ellos casas terrenas, con un elevado número de corrales o patios de vecindad en condiciones de salubridad deficientes (Díez de Baldeón, 1985.).

El 5 de enero de 1890 el periódico El Día publicaba una nota que da idea de la situación socioeconómica del barrio: “Ayer, en el barrio de la Prosperidad, fueron repartidas ante el donante, Sr. marqués de Sierra Bullones, 50 chalecos de Bayona, 50 mantones y 150 mantas; socorriéndose con estos objetos a 27 familias de la Guindalera, 14 del barrio del Carmen y unas 50 de la Prosperidad. Además envió, con destino al hospital allí establecido por los señores Soto y Avilés, garbanzos, judías, arroz, tocino y una cesta con botellas de vino generoso”.

Nota en la que se detallan los gastos de asistencia a enfermos por el Hospital Provisional de Prosperidad, situado en la calle Cartagena, de 31 de Diciembre de 1889 a 30 de Enero de 1890 en que se cerró.

La imprenta del hospicio de la calle Fuencarral editó en 1890 una Memoria escrita por Alberto Aguilera y Velasco, Gobernador civil de Madrid,  en la que daba cuenta de los “socorros y donativos realizados durante la epidemia de gripe de 1889-90”, haciendo referencia al mencionado hospital:  “Durante la epidemia -dice la Memoria- se proporcionó alimento á 62.000 pobres, realizando esta piadosa distribución por su propia mano, las caritativas señoras que componen la Junta del Sagrado Corazón de Jesús. Aparte de esto inauguráronse, merced á la iniciativa particular, hospitales provisionales en los barrios extremos de Madrid, donde la población proletaria alcanza mayores cifras de existencia, siendo el primero en instalarse el de la Prosperidad, debido a la activísima gestión de los conocidos industriales Sres. Soto y Aviles, quienes no descansaron hasta ver realizada su caritativa empresa, poniendo en su realización la suma de inteligencia, de constancia y de desinterés que tan abundantemente les caracteriza. Su generosa iniciativa obtuvo bien pronto el poderoso concurso de los Sres. Montero Ríos, Cánovas del Castillo, Ducazcal, Rodríguez (D. Manuel) y Marqués de Sierra Bullones, alcanzando entre todos y con los espontáneos é inteligentes servicios de los médicos Sres. Massip y Rodríguez (D. Carlos) instalar una enfermería modelo, en la que encontraron gratuita y celosa asistencia todos los enfermos pobres del barrio de la Prosperidad, quienes seguramente recordarán siempre el gran beneficio que deben á la diligente caridad de sus conciudadanos”.

Edificio de viviendas en la calle de García Luna, 11. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En la Memoria de 1914 para el Ayuntamiento de Madrid sobre la vivienda insalubre, César Chicote incluía a la Prosperidad entre los barrios “muy insalubres”, al alcanzar algo más de un 33 por mil de mortalidad, valor equivalente a la media de la ciudad en 1900, cuando para 1914 esta era ya de 24’5, con tendencia a seguir disminuyendo. La tuberculosis era la principal causa de decesos en la población y su propagación se debía a la densidad y especialmente al hacinamiento por falta de espacio, relacionado en general con las casas de corredor y las de patio. Además, hay que tener en cuenta que este tipo de casas solo solía disponer de una fuente para todos los vecinos y de un retrete por planta. En la Prosperidad se apuntaba el dato de mortalidad a causa de la tuberculosis de 2’79 por mil, algo por encima del 1’97 por mil de media del distrito de Buenavista -al que pertenecía la Prosperidad-, pero bastante por debajo del 4’58 por mil de la Arganzuela o del 4’97 por mil del barrio de Calatrava en la Latina. Estos datos intermedios, probáblemente fueran resultado de la escasa profusión de las casas de corredor -normalmente producto de motivaciones especulativas y que en estas zonas periféricas casi no se justificaban, ya que el precio de los terrenos y de las propias viviendas estaba por debajo de la media de la ciudad- y también de la abundancia de casas bajas con patio o jardín que en cierto modo impedían el hacinamiento.

Sergio Tomé Fernández explica  en un trabajo sobre el barrio de la Prosperidad, que en las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente pervivían, a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil, distribuidos una parte de forma dispersa por las calles del barrio, y otra parte agrupada a lo largo de López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano.

Edificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3.  (Foto:  Carlos Viñas), en Flikr-2011)

Detalle del mismo dificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Con el tiempo,  antes del fin de siglo XIX fue llegando el agua corriente a la Prosperidad (1894) y el transporte urbano (1893),coincidiendo con la apertura de la calle Cartagena que  la unía con el barrio de La Guindalera y que se convirtió en una calle de carácter algo más señorial y elegante que López de Hoyos. De 2.087 habitantes y 394 edificios que se contaban en 1900, se saltó a 502 construcciones y algunas industrias en 1905.

Plano de  Facundo Cañada López, de 1900. Se distingue el trazado viario del barrio, con López de Hoyos como eje este-oeste, y el caserío abigarrado en contraste con la existencia de villas con patio y jardín. En la zona nororiental, junto a los nuevos trazados, se  observa una especie de parque público con bastante arbolado, junto a las calles Nierember y Gil y Baus, que en el plano se rotula como Nuevo Parque y su límite norte lo marcaba latodavía  inconclusa calle de Pradillo,  junto al Asilo de Santamarca. Aneja a este  parque se situaban las cocheras del tranvía que hacía el recorrido Diego de León-Guindalera-Prosperidad (en las actuales calles Sánchez Pacheco y Javier Ferrero), que no tardó en cerrarse.

Barriada de casas bajas, corralas y alfares

En la importante cartografía de 1900 realizada por Facundo Cañada López, se puede acotar fácilmente el perímetro del asentamiento original del barrio y su trama, compuesta por siete calles paralelas y doce transversales a López de Hoyos, con simetría entre ambos lados de la vía principal. Por encima de García Luna, que era la última calle delineada paralela a López de Hoyos  hacia el norte, aparecen en el mapa tres calles más semiparalelas y cuatro más perpendiculares  que en el futuro acabarían por integrarse en las ya existentes Marcenado, Eugenio Salazar, Mantuano y Vinaroz. Había notables diferencias de tipología en las construcciones, dándose grupos de  casas exentas con jardín, villas y quintas como Villa Clara, Villa Aurora, Villa Rosa, Villa Carmen, Villa Castelo, Villa Manrique, Villa Merecedes, Quinta Concepción,etc.  en la parte más cercana al Ensanche (entre Cartagena y Francisco Silvela) y en el extremo norte del barrio (por encima de la calle Luis Vives), junto con casas de corredor abiertas a uno o dos patios en las calles interiores, con mayor aprovechamiento del espacio.

Edificio de 1926 situado en la calle de López de Hoyos. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Lopez de Hoyos-139-2007En cuanto a los patios de vecindad y casas de corredor, todavía ejemplos vivos, en López de Hoyos, el edificio del nº 139 –quizá el más notable y mejor conservado- . También existen otros de tipología similar, aunque más  modestos, en las calles Luis Cabrera, Santa Hortensia, Luis Vives y Vinaroz. Esta foto corresponde a la casa de corredor de López de Hoyos 139, antiguamente llamada por los vecinos la “casa grande”, que se rehabilitó en 1992. Su estructura actual “resulta del ensanchamiento de un primer edificio, construido en 1883. Éste constaba solo de planta baja y estaba compuesto de dos o tres viviendas en hileras, entre las cuales una era ocupada por el propietario. En etapas ulteriores, se ensanchó horizontalmente el edificio existente, se le añadieron dos plantas, y se construyeron otros tres cuerpos de edificio, de dos plantas, divididas en doce viviendas cada una, alrededor del patio”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Todavía hay quien recuerda como hasta finales de  los sesenta, todavía había alguna familia que iba a pasar parte del verano a casa de una tía o abuela que vivía en Prosperidad. Estas casas, tan apropiadas para el veraneo, eran frescas y cómodas como casas de campo, pues tenían jardín y patio con pozo. Según parece, había bastantes de ese estilo en el barrio, que se alternaban con otras de pisos con corredor, cuyo patio interior  daba acceso a las viviendas bajas.

De aquellas casas bajas y de las corralas ya no queda prácticamente ni rastro. Algunos de los pocos testimonios de casitas bajas con jardín a la entrada y patio que todavía quedan en pie se pueden ver todavía en la calle Luís Cabrera nº14 , en la calle Juan Bautista de Toledo nº16, en la calle de Zabaleta nº31, en la calle Padre Jesús  Ordóñez  nº8, en la calle de Vinaroz  nº40,  en la calle de Mantuano nº20, a lo largo de la calle de Anastasio Aroca donde hay un conjunto amplio bien conservado, o en Malcampo nº 20 donde, a modo de “ciudadela” en un solar de algo más de 400 se disponen en dos hileras con pasillo central 14 casitas que no llegan a los 30 de superficie.

En la calle Malcampo,  aunque ya en estado de ruina por el abandono, se encontraba hasta 2007 una casa baja con patio y jardin que  fue derribada  para construir un bloque de viviendas.  Tanto la promotora, Jaycar CB, como el constructor, Arquion C. S.L., registrados en Galicia, edificaron en 2009 el nuevo bloque,  sin que hasta la fecha, según parece,  se hayan puesto a la venta  las viviendas, por propia iniciativa del  promotor -como se puede leer en el cartel de licitación de la obra-. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

ACTUALIZACIÓN 2016: Trás la declaración de Concurso de Acreedores en 2010, nada más terminada su construcción, la empresa propietaria del inmueble lo cerró por no poder obtener la cédula de habitabilidad. Desde entonces, numerosas viviendas se forzaron y han sido “ocupadas” sistemáticamente. En algunos casos por miembros de bandas juveniles peligrosas dedicadas a la delincuencia y a la extorsión que también utilizaban las viviendas para lucrarse por medio de su alquiler. Aunque la ocupación se ha denunciado y el edificio se ha desalojado, actualmente (2016) continúa la ocupación en algunas viviendas.

Vivienda unifamiliar en la calle Mantuano nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

NOTA 2016: La vivienda de la calle de Mantuano nº 20 fue derribada durante el mes de agosto de 2015.Construida en 1924, contaba con dos plantas de 121 m² y 120m² respectivamente, levantadas en un solar de 208 m² que permitía la existencia de un pequeño patio anterior y otro posterior de mayor tamaño.

Vivienda unifamiliar en la calle de Vinaroz nº 40. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Esta casa de Vinaroz, 40 (antes 48), pertenecía a la Cooperativa española de casas baratas “Pablo Iglesias” y poseía una placa en su fachada cuya historia nos cuenta Victoria San Jose, su propietaria: “Yo nací en esa casa en el año 1945 y desde que recuerdo, en la fachada, había una plancha de madera a la altura del primer piso que ponía “Villa Mari”. Mis abuelos y mis padres vivían allí desde el año 1939. Antes habían vivido en Mantuano y antes en Malcampo y en Lopez de Hoyos. Mi abuelo era el jefe de telégrafos de la Prosperidad. Mi hermana y yo pedíamos a mi abuela que quitase la plancha, porque al ser de madera estaba vieja y despintada, pero ella siempre decía que la placa de madera se quedaba donde estaba y además se ponía muy nerviosa y no quería ni hablar del asunto.  En el año 1983 murió mi abuela y un día de mucha lluvia, una vecina le dijo a mi padre que la placa se estaba cayendo y que debajo se veía a “un tío con barbas”. Mi padre se subió en una escalera, quitó la madera y debajo apareció la placa de bronce que recuerda textualmentee “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”.  En ese momento entendimos por que mi abuela no quería que, en tiempos de Franco, se pudiese ver a Pablo Iglesias en nuestra fachada, por mucho que a nosotros nos hubiera gustado. Como curiosidad  diré que bajo la palabra “construído” se puede ver el agujero de un tiro de bala…….”

Placa CECBPI_ Vinaroz 40

Placa de bronce que estuvo situada en la fachada de la casa de Vinaroz, 40, que recuerda textualmente: “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”. Esta cooperativa la fundó UGT en 1926.

Santa Hortensia 12-1-2007Casa de corredor del barrio de Prosperidad, en Santa Hortensia nº 12. Foto de la fachada principal. La casa de vecinos de finales del siglo XIX, adoptaba a menudo la forma de una casa de corredor o corrala. Es un edificio, donde la viviendas, generalmente pequeñas y oscuras, dan a un patio central; se circula en las plantas – en el caso de que haya – por corredores que dan la vuelta al patio . Son viviendas de alquiler, destinadas a las clases populares. Al contrario de la casa baja, ésta es un modelo arquitectural común a los barrios populares del casco y los arrabales de la periferia, como el barrio de la Prosperidad. En este sentido, su aparición es una manifestación de la creciente integración del extrarradio al mercado inmobiliario de la ciudad.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Patio Interior de la casa de corredor en Santa Hortensia nº 12. (Foto: Charlotte Vorms, 2001)

Por su parte, los edificios de más categoría  situaron su fachada en la vía principal de López de Hoyos, con alternancia en el uso de ladrillo visto en estilo neomudejar y modelos más preciosistas con acabados de reboco y cierto alarde decorativo en cornisas y balcones a base de molduras. Excepcionalmente, hay ejemplos de edificios con cierta pretensión en calles interiores, como es el de la foto que se incluye en el texto, en la calle de Malcampo nº 9. También tuvo gran presencia la autoconstrucción debida en parte a los maestros de obras y albañiles, que se repartía especialmente por las calles interiores. El asilo de Cartagena de las Hermanitas de los Pobres, el de Santamarca o el colegio de Santa Matilde, del primer tercio del siglo XX, se fueron situando en los alrrededores  producto de generosas donaciones de píos caudales aristocráticos, y dotaron al barrio de ciertos recursos de beneficencia. Finalmente, es de destacar el gran número de alfares y te tejares que se encontraban repartidos por todo el suburbio.

Santa Matilde-L-Hoyos 166-2007

Parroquia de Santa Matilde, en López de Hoyos. El edificio es del último tercio del siglo XIX. (Foto: Enrique F. Rojo)

Calle Mantuano-C.C. Nicolas Salmeron-07

Centro Cultural  “Nicolás Salmerón”

En 1933,  durante la Segunda República, se añadían a la oferta educativa las Escuelas Nicolás Salmerón.  El sistema pedagógico utilizado en el centro era especialmente vanguardista en la época y su nivel tan alto que llegó a ser conocido como el Coloso de Chamartín. También es de este periodo el Colegio Isidro Almazán, actual C.P. Luís Bello, en la calle de Luís cabrera nº 66, y el C.E.I.P. Padre Poveda, en la calle Luís Larrainza.  Acabada la guerra civil y trás un periodo incierto, se convirtió en la Escuela de Mandos “José Antonio”. En su azotea se cantaba a diario, a las 9 de la mañana, el “Cara al sol”, himno que daba comienzo a la jornada académica. Con la llegada de la Democracia el local pasó a ser una delegación del INEF (Instituto Nacional de Educación Física) y más adelante quedó abandonado y fue ocupado por diferentes grupos con ambiciones más o menos culturales y artísticas. Pedro Almodovar rodó en su interior y alrrededores su primer largometraje “Pepi, Luci, Bum…” A partir de 1979, la Corporación municipal democrática, salida de las urnas, se hizo cargo del edificio y decidió rehabilitarlo. En su reconstrucción se gastaron más de 160 millones de pesetas (un millón de Euros) y en la actualidad es Colegio público del Ayuntamiento y uno de los Centros Culturales más importantes de la capital.

La primera transformación del viejo arrabal

En la  posguerra  la ingente inmigración a Madrid hizo que la población del barrio creciese vertiginósamente y ello se nota en el aumento de construcciones y en su tipología, adaptada a las condiciones socioeconómicas de los recien llegados. En 1955,  la urbanización al norte de López de Hoyos llega ya al antiguo parque de la terminal del tranvía y la finca del conde de Polentinos, entre Sánchez Pacheco y Pradillo, en un proceso basado en la agregación de parcelaciones particulares, que origina  calles estrechas -8 metros o menos-, diferencia en el tamaño de las manzanas, gran cantidad de parcelas diseminadas de tamaños muy diversos,  y ausencia de espacios libres de carácter público,  provocando la pérdida de continuidad de las calles y cierta anarquía en su trazado.

Casa en la calle Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Casa en Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

En 1949 se creo el mercado de abastos de Prosperidad con el fin de dar servicio a la cada vez mayor población del barrio, lo que estimuló la apertura de pequeños comercios de todo tipo en su entorno y a lo largo de la calle López de Hoyos, complementando así el conjunto de bienes ofertados. Por su parte, la pequeña industria y los talleres se concentraron primordialmente en la zona nororiental  limitado por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. Con el paso del tiempo esta zona industrial se va poblando y se especializa en en sectores como el farmaceútico, con cierta tradición en la Prosperidad, artes gráficas, medios audiovisuales y tecnologías de vanguardia. También proliferaron los talleres mecánicos, que encontraron un rentable espacio de negocio con la llegada de nuevos pobladores con un nivel adquisitivo elevado que podían poseer más de un vehículo por familia.
Como expone  Sergio Tomé Fernández,  en la década de 1970 se abriría el periodo de  transformación del antiguo suburbio de una manera especialmente intensa. La apertura de la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara), la inauguración  en 1972 de la línea 4 de metro (Diego de León- Alfonso XIII),  y  la creación de la M-30,  supusieron un aumento formidable de la accesibilidad del barrio y su acercamiento al centro de Madrid, cada vez más próximo debido al propio crecimiento urbano de la capital hacia las antiguas periferias. También habría que incluir la apertura del tramo de la línea 9 de metro (Pavones-Herrera Oria) en diciembre de 1983, con estaciones en Avenida de América, Cruz del Rayo y Concha Espina, recorriendo bajo tierra el trazado de la prolongación de General Mola.

Lopez de Hoyos-110-112-2007López de Hoyos 110-112. Los dos edificios son construcciones de la primera época. En los años 60-70,  en la misma acera y algo más abajo,  antes de llegar a la actual calle de Príncipe de Vergara y lindando con una fábrica de cristal, se encontraba el Cuartel de la policía “Pilar de Zaragoza”. Y tambíén muy cerca, Casa Vara, esquina a Gabriel Lobo, lugar donde se reunían los “grises” (Titín). (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las nuevas construcciones en la Avenida de América, al sur y en Príncipe de Vergara, al oeste, delimitan el viejo caserío de  la Prosperidad y ejercen su influencia al atraer nueva población a la zona, con un perfil socioeconómico también nuevo. Se produce, en especial a partir de mediados los 80,  una revalorización del suelo que se traduce en la veloz ocupación de los solares vacíos y en el derribo de gran parte de las construcciones antiguas, levantándose  nuevos edificios que, aunque corrigen los problemas de alineación, superan en altura las viviendas originales, provocando cierta sensación de ahogo en las estrechas calles del barrio.  En este periodo las demoliciones se ejecutan casi contemporáneamente por todas partes, empezndo por los talleres o pequeñas fábricas y continuando por las casas bajas con patio o jardín, cuyo derribo permitía aumentar notablemente la intensidad del uso del suelo y, por consiguiente la densidad residencial.

Calle Matilde Díez nº 30, en la Prosperidad. “Dado el raquitismo de la mayor parte de los solares, fue habitual demoler inmuebles contigüos para fundir sus fincas, lo cual dio lugar a una concentración catastral espontánea. Paralelamente, y a fin de dar mayor altura a las construcciones de nueva planta, se rectificó la alineación de más de una docena de calles. En algunos casos, la importancia de las operaciones urbanísticas desarrolladas permitió ensanchar tramos o ejes completos, que jerarquizan el viario y el espacio, pero en muchas otras arterias las casas antiguas quedan como martillos salientes, por oposición a los edificios nuevos retranqueados. Ese perfil irregular de los frentes de manzana, y las rupturas de escala provocadas por la irrupción de volúmenes edificatorios desmesurados, forman desde entonces parte de las señas de identidad del barrio”. (Sergio Tomé Fernández, en Vivienda y clase: la Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual, 2003/ Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Dos viviendas en la calle Luís Cabrera nº 14-16. Estas modestas casitas tienen un pequeño jardín delante y un patio trasero. Las nuevas edificaciones se alinearon al nivel de las tapias. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)  NOTA, 2018: A finales de 2017 se derribó el número 16. Después del verano de 2018  se derribó del número 14, la casita de “gresite” azul. (Ver Urban Idade “Soynard, la Prosperidad Studio La Cube)

 

Otro ejemplo, en la calle Juan Bautista de Toledo, 16. En este caso sin jardín delantero ni trasero. Esta casa, junto con la contigua que es más moderna se encuentran muy desalineadas con respecto a los edificios más modernos. El retranqueado y achaflanado obligatorio para una nueva construcción hacen que resulte un solar exiguo. Es posible que este sea el motivo por el que todavía no se hayan derribado ambas casas. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En  cuanto a la dinámica demográfica, 1971 la Prosperidad rondaba los 36.000 habitantes. En 1978 eran ya  38.500, y en 1983 la cifra bajó a 37.900. Este leve descenso pudo deberse al notable descenso de la natalidad, que afectaba a todo el estado español en general, y también a la disminución de la llegada de nuevos vecinos. A pesar de que seguía aumentando la capacidad de alojamiento gracias a los nuevos edificios que se levantaban, muchos de ellos permanecían vacíos y no se compensaban  las pérdidas poblacionales producto de los decesos de una población envejecida y  por la salida del barrio de las generaciones jóvenes que buscaban alojamiento en las nuevas periferias, más económicas.

Dos fotos, de 1999 la casa y 1990 los gatos de la derecha, que se corresponde a una casa terrera en la calle Antonio Zapata (Prosperidad). Las casas de este tipo, que se corresponde con las más antiguas, fueron las primeras en derribarse.

“Elitización” o aburguesamiento del barrio

Por otra parte, el deterioro del parque inmobiliario y el envejecimiento de la población originaria propició a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX el desarrollo de un proceso de “regeneración” que se tradujo en un encarecimiento generalizado, perceptible tanto en el ámbito inmobiliario como en el del consumo asociado a la “bolsa de la compra”.  Pero también la elitización del barrio, con su perverso poder de segregación de clase,  se hizo presente  a través de la presión inmobiliaria, primero de forma selectiva a favor de los espacios que limitaban el barrio (Clara del Rey, Alfonso XIII, Príncipe de Vergara y avenida de América), después ya más uniformemente hasta cobrar cierta homogeneidad en el precio del suelo y de la vivienda. Así que, por una parte los promotores -empresas o particulares ligados a la propiedad-  hacían lo posible por especular derribando viejas casas y construyendo nuevas viviendas por lo general de cierto lujo, que atraían al barrio a una población joven de clase media con importantes recursos económicos; y por otra parte, las construcciones antiguas  una vez vacías por deceso de sus propietarios o antiguos inquilinos se alquilaban, muchas veces en mal estado de conservación, a familias de inmigarntes extranjeros, por lo general procedentes de República Dominicana y en menor medida de Ecuador, China, Marruecos y Rumanía, a precios altos no acordes al tamaño y a  la categoría de los inmuebles. De manera que el barrio pasa en poco tiempo a alojar a los vecinos de toda la vida, a los nuevos que ocupan las viviendas más recientes y que poseen un nivel adquisitivo superior, y a los inmigrantes, que se movían en niveles de renta inferiores, por debajo de la media.

Edificio, ya desaparecido, en el núm. 86 de López de Hoyos, cuyo bajo albergaba una persianería. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Calle de Luís Vives c/v a General Zabala. En la actualidad la casa no existe.(Foto: Isabel Gea, 1994)

 

Recuerdo 1: “El Ultramarinos del señor Glicerio” (por Ángel Alda)
“De niño mi madre me mandaba bajar al ultramarinos del señor Glicerio, en Francisco Silvela 108, la “casa de cartón”. Chaquetiila y camisa blanca, corbata de color indefinible, mandil de rayas grisáceas. Libreta para apuntar la deuda de cada vecino. Se pagaba a final de mes o cuando se podía. Balanzas, guillotina para el bacalao, papel de estraza. Aceite por cuartillos, azúcar por libras, onzas de chocolate. Medidas de otros tiempos. Sacos de legumbres, lentejas que había que revisar por la noche sobre el hule de la mesa para eliminar piedras y otros seres invitados, antes de ponerlas en remojo.
Embutidos colgados de largas perchas. Botes apilados y alineados con todo tipo de caramelos a granel. Cajas abiertas con arenques. Latas redondas y grandes de escabeche.
Los supermercados llegaron mas tarde. El primero que conocí se llamaba Hungaria, en la esquina de Bejar con Francisco Silvela. Decían que el dueño era Puskas. Aquello fue la revolución. Comercios en los que tú mismo te servías.
Allí empezó la ruina del comercio tradicional. Del ultramarino, pero también de la carnicería de barrio, de la frutería. Cayeron una detrás de otra la frutería de la señora Aurelia, la lechería del padre de mi amigo Gonzalo, la casquería- quien sabe hoy día que era una casquería-. La carnicería de los gordos Panizo de la Avenida de América.
Hoy las calles del centro y de muchos barrios se llenan de tiendas de chinos. Parece que solo el aguante de los orientales, el trabajo en familia y las muchas horas de apertura permite el sostenimiento de las tiendas de barrio. Todo el espacio se puebla de tiendas franquiciadas, de establecimientos de hostelería, parece que son los únicos que se salvan del cambio en los paisajes urbanos.
Por si acaso el proceso no fuese lo suficientemente agresivo, las autoridades lo alientan mas si cabe mediante procesos de liberación de horarios, así lo llaman, liberación, que paradoja.
Aquello que distinguía los centros urbanos de las áreas residenciales metropolitanas: la existencia del pequeño comercio, hoy está en trance de extinción. Parece como si el fenómeno de los mall, de los hiper, de las grandes agrupaciones comerciales ejerciese un poder de atracción magnético y succionador de las viejas estructuras comerciales urbanas. Desaparecen los cines tanto como los ultramarinos. Y ya nuestra memoria no da para recordar los nombres de tantas

desapariciones”. (Angel de Olavide)

paso-elevado-prolongacion-gm_ppv_small

Foto del Paso elevado de la calle de López de Hoyos. Este paso superior, que cruza Príncipe de Vergara y López de Hoyos, a la altura de la Glorieta del mismo nombre, fue construido en 1969 por Dragados y Construcciones, S.A. El “scalextric” parte de la Avenida de América, a lo largo de las calles Francisco Silvela y Joaquín Costa, hasta prácticamente el cruce con el final de la calle Velázquez. El acceso a la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara) , que alcanza el cruce con la calle de López de Hoyos no se concluyó hasta que no se hubo abierto ésta, en fecha posterior a la construcción del paso elevado. La apertura de la prolongación supuso el derribo del edificio de viviendas que hacía esquina con la nueva vía, si bien la nueva vía no le afectaba en su trazado, y de su anejo medianero, que eran los números 106 y 108, respectivamente, de la calle Francisco Silvela. Este último, el 106, se debió de tirar hacia principios de los noventa. En su solar se edificó una torre de oficinas siguiendo la nueva alineación. Ángel, que vivió en una de esas casas, cuenta que “la casa del 106 era practicamente igual que el actual 104, con la diferencia que el 104 fue vendida a sus inquilinos en los años 50 y pudo recibir mantenimiento mientras que la del 106 se mantuvo en alquiler y estaba ya muy deteriorada hasta su derribo. Son viviendas, salvo las que tienen el patio de luces exteriores y los pisos mas altos, muy oscuras y de unos 40 metros cuadrados. Popularmente se las llamaba casas de cartón”. Isabel Gea recuerda que de las dos casas gemelas, en la que sobrevivió, o sea, la de la derecha -el 104- vivía José del Corral.

paso-elevado-prolongacion-gm_ppv_02small

El mismo paso elevado de la calle de López de Hoyos. En la imagen se pueden ver los dos edificios que fueron derribados y el que aún se conserva. De los tres edificios, el 108 de Francisco Silvela fue el último en edificarse y el primero en derribarse. Como la prolongación de Príncipe de Vergara arranca a finales de los 60, el edificio debió de existir unos 25 años antes de que lo tiraran. El orden de construcción fue 106, 104 y 108. Y el de derribo 108 y 106.

Vieja casa en prosperidad  (2007)

Vivienda de principios del siglo XX en la Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Colonia Ibarrondo-Vaquería-2007Antigua “Granja Castilla”, vaquería situada en la calle López de Hoyos, en un punto donde el antiguo camino de Hortaleza hacía un giro brusco hacia el norte. Esta Granja se encontraba próxima a los solares ocupados por la Colonia Ibarrondo, compueta por huertas y melonares pertenecientes a los condes e Villapadierna. Fueron vendidos a los señores de Ibarrondo y Lezcano, quienes a su vez los vendieron ya parcelados. En el área se establecieron campesinos inmigrantes en Madrid, que montaron talleres, vaquerías y merenderos junto a sus viviendas, lo que hizo conocida a la zona como lugar de esparcimiento para los madrileños que frecuentaban la zona durante los fines de semana. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30), fue destruida gran parte de la colonia y en la actualidad sólo se mantienen en pie esta antigua vaquería en la calle de López de Hoyos, que es utilizada por sus propietarios como taller de arte, y alguna casa más muy cerca ya de la citada M-30. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Desaparición del tejido industrial

El vaciado industrial consecuencia de la progresiva desaparición del tejido industrial y la renovación posterior del uso de estos nuevos espacios urbanos, está generando la transformación física y social del barrio, lo que también afecta a las relaciones sociales, entre vecinos, por cuanto atraen a nuevos residentes con carácterísticas socioeconómicas diferentes.  En realidad, se trata de una tendencia  generalizada en Madrid, que expulsa  la industria del interior de la ciudad hacia la periferia y el extrarradio en áreas diseñadas exclusivamente para desarrollar la actividad fabril o industrial –polígonos industriales-, al tiempo que  dificulta la permanencia de aquellas industrias que por sus características encajaban bien en zonas que admitían usos distintos al estríctamente industrial. En el caso de esta mínima zona industrial de la Prosperidad, las empresas han convivido sin conflicto con las áreas residenciales, fundamentalmente por el tipo de actividad no invasiva que venían desarrollando. En cualquier caso, motivado por condicionantes especulativos, la norma viene siendo desde los últimos veinte años la de liberar suelo, muy rentable económicamente, modificando su uso de industrial a residencial. (Ver Desindustrialización y transformación urbana).

Entre las empresas o talleres que constituían la malla industrial dispersa de la Prosperidad  hasta el último tercio del siglo XX se encontraban los Laboratorios Galján-Productos farmaceúticos Nacionales S.A. en López de Hoyos 69, junto al antiguo cine López de Hoyos (1920), que fue  derribado en 1968 y que dejó un solar de 609 m2., en el que se construyó un edificio de viviendas; Orfebrería y cubiertos S.A., en Luís Vives, 11. Se derribó en 1981 dejando un solar de 533 m2. dedicado a viviendas.  En García Luna, 12, se encontraba Manufacturas médicas, S.A., derribado en 1982, dejando un solar de 347 m2. para viviendas. En en Vinaroz nº 16 estaba Productos Químicos y farmaceúticos

Abelló (1925), derribado en 1976 se levantaron sobre un solar de 8.188 m2,  330 viviendas que ocupan un total de 35.0226 m2.

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Entre las  industrias desaparecidas o trasladadas en tiempos más recientes, que también han liberado suelo para construir viviendas, se encuentran las ubicadas en la referida zona nororiental, limitada por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. En la calle López de Hoyos 153, en 1994 por traslado de la fábrica de lácteos Danone a Tres Cantos, se derribó el edificio que ocupaba para la construcción de viviendas. Almacén de Tabacalera Española, situado en Sánchez Pacheco 3, derribado en los años 90 y con el solar sin uso hasta el momento. En 2004, Laboratorios Normon, Nieremberg nº 10, deja sus instalaciones por traslado a una nueva sede en Tres Cantos. Se esta procediendo a su transformación en viviendas. Timbrados y Papeles, S.L., en la calle Sánchez Pacheco, derribado el edificio en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Microelectrónica Española, calle Pradillo nº 36, abandona su sede y tras su venta se procede a la demolición en septiembre de 2011, presumiblemente para edificar viviendas de lujo. También el diario El Mundo, en la calle Pradillo, bandonó su antigua sede por traslado y hasta el momento el edificio se encuentra vacío. Además de estas empresas, se pueden encontrar algunos edificios más en los que la actividad es escasa o nula y presumíblemente acaben por derribarse con el consiguiente cambio de calificación de los solares resultantes.

Antigua fábrica de lácteos Danone en la calle de López de Hoyos 153. El edificio se derribó en el año 1994 dejando su lugar a un edificio de viviendas.

 

Calle Lopez Hoyos 1975

Calle de López de Hoyos en 1975, con las aceras estrechas y sin arboles. A la derecha, casas bajas con patio desalineadas que estrechan la calzada. Se ven los autobuses azules de la epoca, de las líneas 9 y 73. A la izquierda, al fondo de la imagen, la fabrica de DANONE. A continuacion, aunque no se ve, estaba el cine Covadonga, muy popular en la época. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1975)

Timbrados y Papeles, S.L., derribado en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Estaba situado en la calle Sánchez Pacheco, junto al edificio del los antiguos Laboratorios Davur, 1958. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Microelectrónica Española, calle Pradillo 36, derribado en septiembre de 2011. (Foto: Enrique F. Rojo )

Etapa final en la transformación del barrio

Sobrepasada ya la primera década del siglo XXI el barrio de la  Prosperidad parece estar en la fase final de su transformación, comenzada a mediados de los 70. “En las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente perviven, según recuento efectuado a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil. La distribución física de esos elementos heredados es dispersa, puesto que solamente forman conjunto en la calle López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano. Hay agrupaciones secundarias en ejes inmediatos a aquella vía, General Zabala y Malcampo, así como una representación significativa en las calles Luis Cabrera, Juan Bautista de Toledo y Mantuano”. (Sergio Tomé Fernández. Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual).

La acción destructiva  ejercida sobre ellos seguía siendo intensa durante el primer lustro del siglo XXI, si bien la crisis de la construcción y la subsiguiente crisis económica ha ralentizado el proceso hasta casi paralizarlo. En los últimos años se asiste a ejemplos de  derribos con preservación de fachadas, como es el caso actual del edificio en López de Hoyos con vuelta a Juan Bautista de Toledo cuya fase de ejecución se encuentra de momento detenida, habiéndose procedido solo al derribo y al apuntalamiento de los muros de fachada; el edificio de Luís Cabrera 26, al que se le ha añadido una altura; o la reconversión en lofts del edificio de Quintiliano 6 con vuelta a Luís Cabrera. Este tipo de iniciativa tuvo un antecedente en antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres en Cartagena con vuelta a López de Hoyos, cuyas ruinas se recuperaron para levantar un centro residencial de la tercera edad de alto nivel, actualmente en funcionamiento.

Patio Interior viviendas en Luís Vives 13. (Foto: Charlotte Vorms, 2000)

Edificio de la calle Luís Vives nº 13. Fachada y patio interior. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

En los últimos años se asiste a la ejecución de derribos con preservación de fachadas, como es el caso de este edificio enla calle Luís Cabrera nº 26, al que se le ha añadido un piso. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

 

Ricardo y su mujer Alita eran los responsables el de la ferretería LACAZETTE, que estaba en el edificio situado en López de Hoyos 112, esquina con Juan Bautista de Toledo 1, muy conocida en el barrio de la Prosperidad. Conchita Rueda, hija de ambos, aunque ya no vive en Madrid  recuerda el comercio de sus padres y su antiguo barrio. Este edificio “está situado en la calle de López de Hoyos esquina a Juan Bautista de Toledo. Fue construido hacia 1920 y era conocido por Lacazette, nombre que se correspondía con la ferretería que allí estaba desde tiempo inmemorial”. (Foto: Isabel Gea, 1984)

“Lacazette cerró y el edificio estuvo abandonado unos años hasta que fue restaurado en 1987 siendo ocupado por un salón de juegos recreativos llamado Metropolitano”. (Isabel Gea, 1987).

Lopez de Hoyos-89-2-2007Una vez cerrado el negocio de juegos recreativos y de azar, el edificio permaneció cerrado y en estado de abandono durante muchos años. Debió de ser en 2006 cuando colgaron un cartelón vertical que caía por la esquina. Todo hacía presagiar una restauración que nunca llegó. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

El edificio se vació por dentro en 2010 y dejaron solo las fachadas, que se encuentran apuntaladas. De momento, en octubre de 2011,  no han hecho nada más, ni se ha colocado ningún cartel que anuncie el proyecto que hay para el edificio, aunque imagino que harán viviendas lujosas para economías desahogadas, que es lo habitual. El barrio se ha ido transformando poco a poco, aunque sigue manteniendo el mismo aire de siempre, tal vez algo alicaido. El mercado de Prosperidad, por ejemplo, a la espera de su remodelación está semivacío, con muy pocos puestos abiertos y muy pocos clientes. A pesar de existir un proyecto para remodelarlo, parece que la crisis económica está retrasando su ejecución. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

NOTA 2016: El Mercado de Prosperidad se remodeló a lo largo de 2015 y en la actualidad la planta baja alberga algunos de los clásicos puestos de alimentación junto a negocios de restauración y la plante superior está ocupada por un supermercado. Respecto al edicicio de LÓPEZ DE HOYOS 112, a comienzos de 2016 se iniciaron las obras de construcción de un edificio de viviendas mediante su reforma integral mantieniendo solo la fachada. En el interior de las fachadas y por encima de la altura original del edificio se ha integrado un bloque que albergará 11 viviendas -incluyendo áticos y dúplex de uno a tres dormitorios, y 14 plazas de garaje y trasteros. La consultora Aguirre Newman, ejerce de promotora delegada, encargada no sólo de la comercialización del proyecto sino también de su definición.
El precio de las viviendas -con superficies que van de los 72 hasta los 153 metros cuadrados oscila entre 319.00 y 660.000 euros (sin incluir la plaza de garaje), lo que hace que el metro cuadrado construido ronde los 3.500 euros. Ibercaja financiará hasta el 90% y el restante 10% se irá aportando gradualmente desde el momento de la reserva hasta la entrega de las llaves.

Frente a Lacazette estaba el Cine “López de Hoyos” y más abajo estaba “El Arca de Noe”, allí había de todo. Una curiosidad: como los tranvias circulaban pegados a las aceras, para permitir la fácil subida y bajada de viajeros, los vehiculos aparcaban en el centro de la calle. Entonces la calle López de Hoyos tenía tres carriles; despues la ensancharon (León Sanz). Frente al Cine Lopez de Hoyos,  se encontraba la la taberna Casa Emilio , también habia un cuartelillo de la Guardia Civil en la calle Cardenal Siliceo. En esa zona, a lo largo de la calle, estaban también Almacenes Arias, el Cine “Covadonga”, Bar “La Estecha”, “Pasteleria Mauro”, “Cafeteria Dos Pasos”, “Drogueria Hidalgo”…, algunos de los negocios que ya no existen (Chi). Algo más abajo, hacia Alfonso XIII y en la acera del mercado,  había una camiseria “Pintado”, más abajo todavía una papelería y librería, luego “La Ostrería”, y luego en un esquinazo, en un local con poca fachada no se si habilitaron una biblioteca pública. En los años 58 al 66 la acera de los pares era un lio, al estar las casas nuevas retranqueadas para ensanchar la calle, y las viejas más salientes. A lo que había que sumar el inteso tráfico, primero de tranvias, autobuses, coches y camiones. Luego quitaron los tranvias, y asfaltaron la calle con brea, dejando debajo los railes tranviarios, que todavía continúan ahí (León).

Conjunto de viviendas en la calle Constancia 44, más tarde 52, en la Prosperidad  (Dibujo: Carlos Moreno).

Recuerdo 2: Mi casa en “la Prospe” (por Carlos Moreno)

De niño viví en la Prosperidad, en la calle Constancia 44, más tarde 52, concretamente en lo que mucho tiempo después supe que se trataba de una “ciudadela”, las 4 viviendas que fueron de los obreros de una antigua tejera, más la que debió de ser la del capataz, todas ellas agrupadas en torno a un patio central. La del capataz la única con un váter propio, las demás con uno comunal, una especie de caseta con una puerta de madera y una ventana para ventilación, y en el suelo, una taza turca. Viviendas asimismo muy humildes, pero un pequeño progreso respecto a mi antigua casa en la Guindalera: al menos teníamos agua dentro de casa”.

La primera vivienda, la que aparece señalada como principal, era más grande que las otras y tenía un WC propio, por lo que deduzco que en su día debió ser la del dueño del taller o bien la del capataz. Las otras eran todas diminutas, más o menos de igual tamaño. En el centro del patio interior había una tapa de alcantarilla (“el pozo”) y una rejilla de sumidero. Mi casa sería la 2, justo la de la esquina superior izquierda. En el edificio de dos plantas de la imagen anterior coloreada vivía el que durante muchos años fue mi mejor amigo, y compañero en el colegio“Isidro Almazán”, actual “Luís Bello”, cuyo nombre era Juan Carlos, pero no recuerdo el apellido. Era hijo único y vivía con sus dos padres y su abuelo, que era quien regentaba una carpintería instalada en la planta baja, donde también trabajaba el hermano de éste. El padre de Juan Carlos trabajaba en el Parque Móvil de los Ministerios, no sé si como mecánico, y la madre se dedicaba exclusivamente a tareas domésticas. Su nivel de vida era ligeramente más alto que el nuestro.

Croquis aproximado de lo que era la ciudadela, posiblemente del taller alfarero” (Dibujo: Carlos Moreno).

En el número 44 (creo recordar que en algún momento hubo un cambio de numeración en la calle) había 5 viviendas. En la principal vivía una señora de cierta edad con dos hijos varones adultos pero jóvenes. En la vivienda 1 vivía un matrimonio con sus hijos: el padre, albañil de Ávila (tenía un hermano en la Policía Armada), su mujer, extemeña; una hija llamada Guadalupe; un hijo llamado Demetrio, ella adolescente y él joven; también una abuela, siempre vestida de negro y con unos pendientes negros y redondos, similares a los que se pueden ver en las fotos de La Pasionaria, de hecho su rostro no se parecía al de ella, pero sí su aspecto general.

En la vivienda 3 vivía un matrimonio muy anciano: la señora Juana, muy obesa y también con moño, como la abuela anterior; y su marido, el señor Rafael, antiguo carpintero ebanista que aún conservaba algunas herramientas en aquel lugar oscuro. Recuerdo que siempre llevaba pantalones de pana sujetos con una correa de cuero, o bien un peto. Y ambos siempre con alpargatas o zapatillas.

En la vivienda 4 vivía otro matrimonio, pero de nivel económico mayor que los anteriores. Él se llamaba Eusebio y era tranviario, hasta que se jubiló. Su mujer era una señora de pelo blanco y aspecto muy agradable cuyo nombre no recuerdo. Tenían hijos ya independientes.

Aquí se me puede ver a mí en el patio interior de la ciudadela. En el suelo se ve el registro de la alcantarilla. Al fondo a la derecha aparece el servicio con dos ventanucos. El de la izquierda es el comunal, y el de la derecha pertenece a la casa principal. Al otro lado de la tapia, el taller alfarero. A la derecha de la imagen se entrevé el pasillo que permitía la salida al patio exterior y a la calle.

Aquí se nos puede ver a mi madre y a mí, posiblemente por la parte alta del barrio, hacia la calle Canillas.

Y por último estaba la vivienda 2, que era en la que vivía mi familia, mi padre, mi madre, mis dos hermanos y yo. Verdaderamente muy poco espacio para tanta gente. En el dormitorio más cercano a la puerta de entrada dormía mi hermana, ya adulta. En el segundo dormitorio había una cama grande y otra plegable. En la grande mis padres, y en la plegable mi hermano y yo, todavía niños. La habitación de mi hermana poseía una ventana que daba al patio, la otra tenía otra que daba al solar de la parte trasera, donde se podían ver grandes tinajas enteras y fragmentos de ellas, así como algunas tejas apiladas, pero no recuerdo que hubiera actividad alguna, simplemente cuando el taller alfarero cesó su actividad allí debió de quedar todo aquel material. Al mismo solar daba la ventana, tan pequeña como la anterior, de la cocina, que contaba con un fregadero de piedra (“la pila”) y una cocina de carbón. En el comedor había una mesa, unas cuantas sillas y un aparador. En una repisa, una radio. Con el tiempo compramos nuestro primer televisor, un Vanguard que vendía un vendedor a domicilio, ofreciendo toda clase de facilidades de pago en cómodas letras. Recuerdo que eso fue en el año 64, porque se podía ver a Franco con aquello de “25 años de paz”.

Aquí debía yo tener como 7 años, por el traje de primera comunión. La imagen está tomada en el mismo pasillo de antes, pero no desde fuera sino desde dentro de él. Lo que se ve al fondo es la vivienda 3, la del matrimonio mayor. En todas las fotos se puede ver cómo los vecinos intentábamos darle un poco de alegría a aquellas tristes casas con muchas plantas con flores, en el suelo y en las ventanas.

En el suelo, justo debajo de la mesa del comedor, había una trampilla que se podía levantar. Para mí fue durante mucho tiempo un lugar misterioso e inquietante. Las pocas veces que ví a mi padre abrirla y descender por una escalera de madera, apenas me atrevía a mirar. Pasados los años, ya con más edad, me atreví a descender para ver qué había: muchos trastos y un banco de zapatero, una ocupación ocasional de mi padre nada más terminar la Guerra Civil, no estaban los tiempos como para comprar zapatos. Recuerdo que por las noches sentíamos ruidos como de rascar: eran las ratas, que también andaban de vez en cuando por el patio, salidas de la alcantarilla. Todas las ventanas del conjunto tenían alambreras, y los repechos cubiertos por una chapa de zinc. Cuando la carga de la parte inferior de la pared externa se desprendía o agrietaba, era mi propio padre quien preparaba cemento y lo aplicaba con una llana para repararla, bajo mi atenta mirada. Él trabajaba en la fábrica de relojes J.G. Girod, en la calle Porvenir, creo que perteneciente a La Guindalera. Recuerdo que durante mucho tiempo mi madre acudía a esa fábrica a llevarle la comida con una tartera, acompañándola yo en alguna ocasión. Y también recuerdo a mi padre ataviado en época de frío con un chaquetón de cuero oscuro que pesaba una tonelada. En el horno de aquella cocina de carbón era donde mi madre asaba boniatos.

Esta otra foto vendrá a ser más o menos de la misma época. Está tomada justo delante de la puerta de mi casa, en Constancia 44. A mis pies se puede ver la sombra que proyectaban tanto el edificio donde vivía mi amigo Juan Carlos como la verja que cerraba el patio exterior respecto a la calle. En la acera de enfrente se pueden ver otros edificios. Era muy típico que la gente saliera a las aceras con sus sillas y conversara con los vecinos. En el extremo de esa misma acera, hacia la izquierda de la imagen, haciendo esquina con Juan Bautista de Toledo, existía una taberna, a la que recuerdo que en cierta ocasión llegó un equipo de cine: la película decían que se titulaba “El otro árbol de Guernica”. También se puede ver la sombra de uno de los árboles de la calle, que daban unas flores que los críos decíamos (y poníamos en práctica) que se podían comer: las llamábamos “pan y quesillo”. También había algunos algarrobos, con aquellas extrañas cosas oscuras colgando, dentro de las cuales había unas pequeñas semillas negras y algo pringoso parecido al cabello de ángel.

El conjunto lo completaba un servicio comunal, para todos los vecinos salvo para la casa principal, que contaba con el suyo propio. En alguna de las fotos se pueden ver los dos ventanucos juntos. Tenía una taza turca, un pequeño lavamanos una cisterna con cadena y una puerta de madera pintada de gris. Entre este WC y la vivienda 4 había una pequeña tapia, a cuyo otro lado estaba el taller alfarero que no sé si era el mismo de la parte posterior.

Calle de Constancia, barrio de Prosperidad (antiguo distrito de Buenavista), 1914.

Recuerdo 3: Sobre el “canalillo” (por León Sanz)

En principio el ramal del Este del Canal de Isabel II, terminaba justo antes de cruzar la calle de López de Hoyos, después de cruzar la calle Azcona y Marqés de Monteagudo. Antes de su final tenía varios rebosaderos, tres o cuatro, por los que salía el agua cuando llevaba mucho caudal o cuando había poco consumo. Estos rebosaderos consistian en un rebaje de la pared del lado Este, podían ser unos diez o doce centimetros,lo que permitía salir el agua en dirección al Arroyo Abroñigal, que discurría a un nivel inferior, y era aprovechada para regar las huertas que había en las inmediaciones.
Arturo Soria batalló con el Canal de Isabel II para conseguir que se prolongase el Canal hasta las inmediaciones de la parte de atrás de la fabrica de Pan de Viena “La Luna”. Al final lo consiguió la CMU, y además logró aumentar el caudal que tenía contratado con el Canal, que servía para suministrar agua a la Ciudad Lineal, a través de la casa de máquinas.

A la altura del Parral, es decir en la Gindalera antes de cruzar la Avenida de América tenía una sección en forma de trapecio. Podía tener unos 90 centimetros la base superior y 75 la inferior, la altura podía ser de unos 40 centimetros.
Para controlar la velocidad había unas pequeñas presas de madera móviles, que se subían o bajaban por un torniquete, según el caudal. En esta zona las paredes estaban recubiertas de cemento liso, y era frecuente ver unos insectos que se conocían como aclara-aguas o patinadores que se delizaban sobre la superficie del agua.
Este tramo solía estar vallado con alambres de espino. (León Sanz)

Plaza Sagrado Corazón de Jesús 1

plaza-sag_corazon-de-jesus_maravillas_1979_03Plaza Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid (La Prosperidad) -Antigua Plaza Moret-. tres imágenes del mismo edificio: foto antigua, del primer tercio del siglo XX; imagen actual de la casa; y captura de la película MARAVILLAS (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980).  Detrás del muro habría un hotelito con patio y jardín. Y enfrente, un edificio de tres alturas más bajo, que podemos ver en la fotografía de abajo.  El descampado ya no existe, pués fue ocupado por la actual Junta de Distrito de Chamartín. La zona más verde, en el centro, es actualmente un parquecito con zona infantil y terrazas para los bares de la zona.

“Este edificio se encontraba en la calle de Gabriel Lobo nº 42, cuando esta cruzaba en diagonal la calle del Príncipe de Vergara. Con su derribo desapareció el último tramo de Gabriel Lobo”. (Isabel Gea Ortigas, 1981)

En el espacio libre dejado por el bloque derribado rápidamente se comenzó a construir. En su solar se levantó la nueva Junta Municipal de Chamartín y el Centro Sociocultural Juvenil “Luís Gonzaga”. En frente, uno de los edificios que se proyectaron ocuparía el número 133 de Príncipe de Vergara. Recuerdo que  cuando el bloque se encontraba ya en su fase final, con todos los pisos construidos, una mañana de tormenta que seguía a una noche de vientos furiosos y abundante lluvia, la grua de la obra se desplomó sobre la calle matando a una persona. El País lo contaba así: “De todos los accidentes que el viento provocó en la ciudad, el más importante sin duda fue el que tuvo como escenario la calle del Príncipe cle Vergara. En el número 133 de la citada calle, cerca de su cruce con la calle de López de Hoyos, se está construyendo un edificio de viviendas de lujo denominado Pronor- 2. Poco antes del mediodía, una de las grúas utilizadas en la construcción, de aproximadamente treinta metros de altura, se desplomó por acción del viento y fue a caer sobre la calzada, hasta apoyarse en el edificio situado al otro lado, en el número 130, donde tiene su sede una entidad aseguradora. En su caída aplastó un coche que estaba estacionado y otro que circulaba por la calle. En el interior del segundo de los vehículos citados se encontraba Carlos Villacastín Ayuso, de 33 años, padre de cinco, hijos e ingeniero de Profesión, quien resultó muerto en el acto. Era cuñado del vicerrector de la Universidad Complutense, Salvador Rivas. Los bomberos, que acudieron al lugar dotados con una potente grúa, tardaron algo más de una hora en conseguir retirar el armazón de la grúa desplomada para rescatar el cadáver de Carlos Villacastín.”. (El País, 31/12/1981)

“Calle López de Hoyos, en el número 35, semiesquina a la glorieta de igual nombre había una casa de viviendas en cuyo local de la derecha, estaba el restaurante Vara, muy conocido entre los vecinos de “la Prospe”. El edificio se hallaba por debajo de la cota de la calzada por lo que había que bajar unos pocos escalones para acceder a él. El edificio fue derribado en noviembre de 1990″. (Texto y foto: Isabel Gea Ortigas, 1984).

En esta fotografía de la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos) en 1945 se puede ver el mismo edificio de la foto de arriba (el primero por la derecha). En esta época los niños jugaban al fútbol en el campo de las monjas, la antigua prolongación de General Mola, en “la Guinda”, en el “Campo de Los Alemanes”, que estaba enfrente del Club Santiago y era muy concurrido por clase trabajadora, pues en la parte sur del campo existían una serie de casas corrales,  que se construyeron ilegalmente al terminar la guerra civil. Los moradores de estas casas tenían animales, cerdos, gallinas para la subsistencia y realizaban la matanza del cerdo… (Titín). También eran motivo de juego los baños  en el “canalillo” del Canal de Isabel II. “El canalillo del Sur, después conocido como del Este, tenía 12.930 metros e iba desde Nuevos Ministerios hacía la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos), Barrio de la Guindalera y por último a la Prosperidad, a la altura del barrio de Ibarrondo, para desaguar en el arroyo Abroñigal” (Ver Artículo de Ricardo en  H. M).  Las verbenas se celebraban en Francisco Silvela y  se organizaban por la Virgen del Pilar con carreras de ciclismo hasta Joaquín Costa.  Los viajes para ir al centro de Madrid se hacían en el tranvía 40 hasta Ciudad Jardín. El 17 de Febrero de 1.962 fue el último día de circulación del tranvía 40 Quevedo (Cardenal Cisneros)-Ciudad Jardín (Alfonso XIII esquina a Av. Aster). (Titín)

glorieta-de-lopez-de-hoyos_2008_smallTramo final del Paso elevado, sobre la Glorieta de López de Hoyos. Algunos edificios como el que hace esquina en la foto, el cercano Sanatorio de San Francisco de Asís, o el modesto edificio de viviendas de la foto de abajo, en los aledaños de Principe de Vergara y de la Glorieta, datan de los años veinte y son, por tanto, supervivientes en la actual configuración de la zona, iniciada en los años cincuenta. (FOTO: E. Fidel, 2008)

Recuerdo 4: “Juegos de un niño de barrio del Madrid de 1955 a 1965” (por Ángel de Olavide)

“Éramos los primeros niños con una dieta razonable, pocos años hace que ha desaparecido la cartilla de racionamiento. Nos daban leche en los colegios. Leche que mandaban los americanos. Recuerdo unas botellitas con la boca ancha cubierta con aluminio. El Vitacal, un sucedáneo de chocolate que contenía calcio, que permitía el escatológico lema aquel de “chaval toma vitacal que el culo te huele mal” formaba parte de la dieta callejera de entonces; era junto con los caramelos Saci, el paloluz y los polos de agua las chuches de entonces. También fuimos los primeros niños que tomábamos yogures de la marca Danone por supuesto. Y hasta jamón de york. Pero en cuanto a juegos me temo que éramos absolutamente dependientes de la creatividad de las escuchimizadas generaciones anteriores”.

“Los niños del barrio de la Prosperidad de aquellos años era difícil que fuesen propietarios de una bici. Si acaso un triciclo. Canicas, peonzas, camiones o coches de lata.

Si nuestros padres o hermanos mayores jugaban al pídola, nosotros lo hacíamos al dola. El dola era posiblemente el juego deportivo mas practicado en aquellos años. Un chico hacía de burro y por encima de su cuerpo doblado saltaban los demás practicando toda suerte de golpes siguiendo las instrucciones de la “madre”. El lique, la taba, el doble lique, la culada, etc. Eran golpes con el pie en el trasero del burro o caídas sobre el cuerpo del pobre burro. Según se alargaba el juego el salto sobre el burro había que practicarlo desde mas lejos lo que provocaba que de salto en salto cada vez hubiera mas burros que saltadores. Había algunas variantes. A veces los burros se fijaban sobre la pared y el ejercicio consistía en acumularse saltadores uno encima del otro. Otras veces el salto había que practicarlo sobre un grupo de burros mas o menos largo. Recuerdo algún pareado con el que se acompañaba el juego. A la una anda la mula, a las dos anda el reloj, a las cuatro salto, a las cinco brinco…y así.

Si el dola era un juego practicado en exclusiva por los varones, tengan ustedes en cuenta que los colegios de entonces no eran mixtos, existía un juego que se practicaba por niños y niñas. Era el juego del pañuelo. Los equipos se formaban por jefes de fila que elegían por turno, previamente definido por el viejo procedimiento de echar pasos, aquello de oro, plata, monta y cabe. En el centro un niño mantenía un pañuelo en el brazo extendido. Desde cada uno de los lados y a una distancia de unos veinte metros mas o menos, saltaban los competidores de turno. El asunto consistía en arrebatar el pañuelo y llevárselo a tu campo sin que el adversario pudiera tocarte. No solo era cuestión de velocidad. También de la picardía de amagar y provocar que el contrario entrara en tu campo sin que tu hubieras tomado el pañuelo, cosa que descalificaba.

El “tú la ligas” era una versión de los antiguos juegos de alcance y contacto. La cosa consistía en evitar que nadie te tocase antes de llegar a tu refugio. Si eras alcanzado te convertías en cazador. No tiene mucho que explicar. Creo que en versiones mas o menos brutas sigue siendo practicado por niños de todos los países y todas las edades.

Los cromos. Creo que fuimos la primera generación en coleccionar cromos. De futbolistas, de ciclistas, poco mas. Pero no solo la cosa consistía en coleccionar las estampas. También en ganarlas por el procedimiento de levantarlas con el vuelo de la mano y ser capaces de darlos la vuelta. El golpe de la mano en el suelo, la concavidad que eras capaz de formar, el efecto que lograbas determinaba que fueses capaz de mejorar tu colección o de perderla. Por supuesto que existía el intercambio de cromos, en los patios de los colegios, en la calle, en cualquier sitio y lugar. Era como jugar a la bolsa, un bahamontes podía costar tres timoneres, un puskas cuatro Vavás.

La peonza. Echarlas a rodar. Recogerlas con la mano. Pintarlas de colores. Caparlas. Mojar la cuerda. Enhebrar la cuerda en las monedas de real para formar el tope. ¿O tengo que dar mas detalles?

Las chapas. Complejo juego que consistía en montar circuitos en la arena o en el pavimento, con sus cunetas de tierra o señales de tiza, sus puertos, curvas y rectas de meta. Había que prepararse las chapas. Tenían que ser planas, bien pulidas en el granito de los alcorques. En el fondo se colocaban recortadas fotos de los ciclistas del momento o banderas nacionales. Luego una tapa de cristal bien troquelada y un fino cerco de masilla para sellarlas. Por supuesto que tenías que tener habilidades digitales- de las de antes de los ordenadores por supuesto- y capacidades de lograr efectos para superar las curvas mejor que tus competidores. O sea, que tenías que reunir las facultades de un ingeniero de caminos, canales y puertos mas las de hábil diseñador y un eficaz juego de muñecas y de dedos. Era el juego rey del bulevar de General Mola, hoy Príncipe de Vergara. Una versión menos común consistía en simular partidos de futbol. En ese caso las chapas llevaban fotos de futbolistas.

Las canicas y el guá. Todo consistía en meter la bola en un agujero- el guá- y desde allí poder tocar otras bolas y volver al guá. Había bolas de barro, de cristal y de acero. En el juego se ganaban o se perdían bolas. No recuerdo el valor de cada bola, creo que las de acero valían tres veces mas que las de barro. A ver si algún colega de aquella generación se acuerda.

El clavo. En épocas de lluvias se jugaba sobre el suelo húmedo a clavar sobre espacios previamente dibujados un clavo, destornillador o lima sobre el suelo. El juego consistía en ir ocupando cuadros. El juego tenia sus peligros y aun recuerdo como a un niño de la Colonia del Pilar le sacaron un ojo un aciago día. Mucho mas peligroso que todos los juegos de armas virtuales actuales.

Creo que algún niño jugaba al aro. Pero aquello de los aros nos parecía cosa de niños un tanto cursis. Puede que viese por entonces algún yo-yo y por supuesto diábolos. También se practicaban malabares con las pelotas de goma que te regalaban en Segarra al comprar zapatos. Parece que perroflautas han existido en todas las épocas. El circo no goes to the town. Esto de los circos ambulantes era mas bien cosa de los pueblos o de las ciudades pequeñas. A Madrid solo llegaban compañías como el Circo Ruso o el Americano y te tenían que llevar al circo. No recuerdo cabalgatas circenses por el barrio. Si acaso algún grupo de gitanos con la cabra y la trompeta. Deplorable espectáculo.

La taba. También se jugaba a la taba. No soy capaz de recordar como se llamaban las cuatro posturas del juego ni la jerarquía que tenían. Si creo que a la taba jugaban los niños mas golfos. Los que sin duda años mas tarde dedicarían buena parte de sus ingresos a los dados y a las cartas.

Policías y ladrones. El rey de la montaña. Juegos que aprovechaban la topografía urbana de aquellos años. Solares gigantescos sobre lo que después sería la prolongación de General Mola desde Francisco Silvela hasta la actual Plaza de Cataluña. Vaquerías abandonadas. Refugios antiaéreos de la guerra civil todavía sin clausurar. Los diversos juegos del escondite.

Y por supuesto los juegos náuticos. Por aquel barrio pasaba en superficie el famoso Canalillo. Y la “manga riega que aquí no llega”. No creo que necesite dar muchas explicaciones. O si?

Una curiosidad de aquel barrio y de aquellos años. Por los años 53, 54 y 55 llegaron los americanos de EEUU a Madrid. Una de las casas que se levantaron entonces, justo en la esquina de Príncipe de Vergara, antes Mola, con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a personal de la base de Torrejón. Debía de ser antes de que esas personas se mudasen al Encinar de los Reyes donde construyeron una especie de réplica de los típicos barrios de chalets americanos con sus jardincillos sin cerramientos. El caso es que con la proverbial simpatía de los sobrinos del Tío Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al béisbol. Regalaban camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal herramienta entre nuestras manos. Picher y cacher eran palabras normales en nuestro diario acontecer. Creo que durante unos meses jugabamos mas al beisbol que al futbol.” (Blog de Angel Alda, El Angel de Olavide)

Alumnos del colegio del padre Amalio, de nombre “Virgen de Madrid”, en la calle de Eugenio Salazar, casi llegando a López de Hoyos. La foto está tomada desde la terraza, mirando al este, en 1964. (Foto: Benito Aguero de Pablos)

Edificio en la calle Anastasio Aroca nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Recuerdo 5: Un paseo por “la Prospe” (por Moncho Alpuente)
Una iglesia y un mercado pugnan por dar a esta plaza entidad de plaza mayor, centro neurálgico de un barrio que siempre ha sabido afrontar con buen humor su irónica denominación, que los vecinos abrevian por la vía de lo castizo hasta dejarla en Prospe, La Prospe, con las dos pes explotando en los labios como truenos. Esta paradoja nominal acució el ingenio y fomentó la rebeldía ante el Ayuntamiento, y el diccionario de la Academia del niño prosperitano Juan José Millás, que buscó en las páginas del grueso libro la definición correspondiente al barrio en el que moraba y, al no ver por ninguna parte el bienestar y el curso venturoso de las cosas que figuraban como sinónimos de Prosperidad, aprendió a desconfiar de las promesas de los adultos y de sus presuntos conocimientos.
La Prosperidad pillaba cerca del barrio, lo circundaba en los chalés de El Viso y de la Ciudad Jardín, en los últimos bloques del barrio de Salamanca y en las últimas villas y quintas de Chamartín. La Prospe nacía como barrio mestizo en la frontera de la ciudad, sobre los terrenos de un polígono industrial cuya mejor industria sería, con el tiempo, aprovechar el terreno para edificar nuevos edificios de viviendas”.

“Esta plaza mayor de la Prosperidad parece más antigua de lo que es, de puro desgastada por el uso abusivo que hacen de ella las palomas, los niños y los jubilados que enhebran su eterna partida de naipes, ajenos al trasiego de las amas de casa que vuelven de la plaza cargadas de bolsas de plástico.

Los niños que crecieron en “La Prospe”, y con la Prospe, en los años sesenta y setenta, fueron exploradores y pioneros de los innúmeros descampados de la zona, territorio híbrido entre el campo que huía y la ciudad invasora que prosperaba para cegar sus campos de juegos con cal y canto, hormigón y ladrillo. El Gran Wyoming, guía nativo criado en La Prosperidad, recuerda los felices días del Ateneo Politécnico, una academia privada reconvertida en centro de actividades culturales, lúdicas y festivas por voluntad de su propietario, cuyo edificio cobijó actuaciones musicales de grupos de casa, locales de ensayo y una popular guardería. La oposición de dos de los hijos del mecenas generó a mediados de los setenta una batalla legal y campal que terminó como suelen terminar las buenas acciones cuando hay por me dio terrenos para especular”.

“Tras el desalojo policial del politécnico, los ocupantes que aún no habían estrenado la “ka” hicieron lo propio con los locales de la antigua Escuela de Mandos José Antonio, de la calle de Mantuano, desmantelada tras la muerte del supremo y superlativo mandatario del régimen (F. Franco). El nuevo centro cultural se convirtió, más que mediados los años setenta, en un vivero de actividades en el que germinaron los más desmandados talentos musicales de lo que empezaba a llamarse, “movida madrileña”.
Después del “movimiento”, la “movida”, el edificio que había albergado a los candidatos a profesores de Educación Física y Formación del Espíritu Nacional, terror de aulas y patios colegiales, se transformó en un nuevo ateneo artístico y libertario, sin exclusiones, donde convivieron durante un tiempo un gimnasio de artes marciales y una sala de exposiciones,El Saco, en la que jóvenes creadores y diseñadores expusieron sin rubor sus obras primerizas, esculturas con materiales reciclados entre el dada y el arte povera, el pop art y el agit prop (agitación y propaganda). Uno de los animadores de aquellos momentos iniciales e iniciáticos fue Fernando Márquez, El Zurdo, con sus fanzines y su primer grupo,Kaka de Luxe, en el que militaban Alaska y Carlos Berlanga. También pararon por allí Los Zombis de Bernardo Bonnezzi, y los obreros especializados del Aviador Dro, y Servando Carballar, que tenía las oficinas de su sello discográfico independiente unas calles más allá, en pleno corazón de La Prospe.

Recorte del diario ABC de 12/11/1976, acerca del derribo del “Ateneo Politécnico”.

 

Antes de que abriera sus puertas el Rock-Ola, santuario de la ”movida” en la cercana calle de Padre Xifré, junto a las Torres Blancas, en los mismos locales habían figurado otras discotecas de moda, como el primitivo Nica’s, donde hizo sus pinitos como cantante pop Camilo Sesto, al frente de Los Botines, antes de soltarse la melena como baladista meloso. La proximidad de estos antros de modernidad debió suscitar las inquietudes musicales de los jóvenes prosperitanos que se plasmaron a mediados de los años setenta con La Romántica Banda Local y más tarde con “Paracelso”, el grupo de Wyoming (Chechu Monzón) y Reverendo (Ángel Muñoz), ganadores de uno de los primeros concursos de rock organizados por un Ayuntamiento que parecía dispuesto a firmar una tregua con las nuevas hornadas provocadoras e irritantes que eclosionaban por doquier. Otro de los grupos criados en La Prospe fue Los Güevos Duros embrión también de nuevas formaciones de barriada.
La gran vía de Prosperidad es la avenida de López de Hoyos, dedicada al catedrático, presbítero y cronista don Juan López de Hoyos, que fue maestro de Cervantes y autor de la Declaración de armas de Madrid. Entre las calles que cruzan esta arteria principal, la de Eugenio Salazar destaca por su acogedora infraestructura de bares entrañables y disco-bares más ruidosos, pero no menos hospitalarios, entre los que sobrevive El Garage Hermético, dedicado a la memoria gráfica del dibujante Moebius. Algunos nativos recuerdan también bares con menos pretensiones, como Casa Leo o El Chopo que les acogieron en momentos difíciles, cuando tenían dificultades para sufragar a escote las cañas consumidas y habían de rebuscar en sus fláccidos bolsillos.
Como un transatlántico varado en el asfalto, el nuevo Auditorio Nacional de Madrid ocupa una vasta extensión en el confín de “La Prospe”, dando un barniz clásico a las inquietudes musicales de los jóvenes creadores locales. En este solar hurtado a las excursiones infantiles vio el niño Wyoming pernoctar grandes rebaños de ovejas que animaban las noches de los vecinos con sus musicales balidos.
De vez en cuando, la sufrida plaza mayor de La Prosperidad ha de soportar sobre su maltratado pavimento las botas militares de un rebaño, más bien camada, de furibundos ultraderechistas convocados por el capo Ynestrillas cuando sale de presidio, pero los prosperitanos, de insumisa estirpe, ignoran las provocaciones de estos espurios discípulos de aquellos mandos de la Escuela de Mandos “José Antonio”, sobre cuya sede edificaron en su día un efímero emporio lúdico, cultural y libertario.”
Moncho Alpuente El País-1998.

Calle Suero Quiñones1976

Calle Suero de Quiñones en 1976. Se celebraban en la calle los primeros Carnavales de la “Transición” tras su prohibición en la Dictadura. Los edificios que se ven al fondo están en la calle López de Hoyos. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1976)

Referencias.-

Avenida de América de Madrid

Concesión Tranvía Prosperidad Guindalera  1905
Documento PDF (Memoria de Madrid)

Díez de Baldeón, Alicia
López Marsá, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid, 1985

Fernández de los Ríos, A.
Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero.
Edición facsímil de la original de 1876.
Ediciones La Librería. Madrid, 2002.

Pardo Abad, Carlos J.
Vaciado industrial y nuevo paisaje urbano en Madrid.
Ediciones La Librería Madrid, 2004

Tomé Fernández, Sergio
Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual.
Departamento de Geografía. Universidad de Oviedo
Scripta Nova REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona, 2003

Chicote, César
La vivienda insalubre en Madrid (Memoria)
Imprenta Municipal
Madrid, 1914

Charlotte Vorms
La urbanización marginal del extrarradio de Madrid: una respuesta espontánea al problema de la vivienda.
El caso de La Prosperidad (1860-1930)

Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales.
Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146

La Prosperidad 1862-2012/ Facebook  fimages

En busca de la prosperidad” (El País, 03/01/2005)

Blog El Ángel de Olavide

Blog Historias Matritenses

Densidad solidaria  (Rafael Fraguas De Pablo. El País, 28/09/2012)

“La Prospe” cumple 150 años  (ABC, 26/01/201)

“La Prospe” vista desde la azotea de Enrique F. Rojo (Gente Digital, Septiembre, 2012)

“La Prosperidad se aburguesó desde los años 60” (Madrid Diario, 20/09/2012)

Read Full Post »

Hace unos días estuve con mi hija de seis años en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN). Hacía mucho tiempo que no pasaba por alli. Cuando era pequeño, desde finales de los sesenta en adelante,  iba con mi padre al menos una vez al año.  También fui un par de veces con el colegio, que estaba muy cerca  -bajábamos andando-. Luego, ya siendo mayor,  iba solo. Es decir que para mí este museo, que ha formado parte de mi infancia, ha estado siempre muy presente. Y aunque luego mi devenir académico y  profesional, es decir lo que me ha ido dando de comer, se haya encaminado hacia asuntos bien distintos, menos “naturales”,  mis  intereses siguen siendo los mismos que hacían que en la infancia me atrajese tanto este lugar.

El Museo de Ciencias Naturales de aquella época que recuerdo, y que ya empieza a parecerme lejana, es el de un espacio gigantesco y misterioso repleto de vitrinas en las que se exponían cientos de animales disecados, esqueletos reconstruidos, réptiles y anfibios decolorados conservados en formol dentro de frascos de cristal, colecciones de mariposas e insectos de todos los tamaños atravesados con alfileres, fósiles y  minerales guardados en cajas con divisiones para cada pieza, láminas con grabados de plantas y muchas más cosas que voy recordando a raiz de esta última visita y de las fotos de la época. Aquello era un auténtico maremágnum de  Botánica, Mineralogía y Zoología hasta el punto de abrumar, más aún ante los ojos de un niño.

Los hermanos Benedito acertaban a dar movimiento y vida a sus aves y mamíferos naturalizados; los disponían, en un entorno admirablemente reproducido del natural dentro de la vitrina y, a menudo,  en grupos con un sentido singular del comportamiento biológico y a la vez de la composición en obras de arte. Se ayudaban para ello con fotografías tomadas en la naturaleza. (MNCN)

Algunas de las vitrinas de madera y cristal de gran tamaño contenían  reproducciones de  los ecosistemas en los que vivían los animales disecados y naturalizados en este nuevo medio artificial y casi artístico. La “dermoplastia”  fue la técnica más avanzada  utilizada por los taxidermistas de este periodo del siglo XX.  Modelaban al animal en escayola en alguna postura natural y luego le adherian la piel y  le añadían  los ojos. Los detalles finales conseguían que la escena a representar resultase lo más real posible. De ahí que estas reproducciones y las técnicas de disecado y taxidermia se puedan considerar un arte.

Una vitrina de cristal con animales naturalizados recreando una escena en la Naturaleza. Detrás el elefante malayo que fue regalado a Carlos III y se naturalizó entre los años 1777-78.

El mismo elefante asiático de la foto anterior. Este animal llegó a Madrid en 1773, regalo del gobernador de Filipinas al rey Carlos III. Embarcado vivo desde Manila, viajó por mar hasta Cádiz. De allí a pie hasta el Real Sitio de San Ildefonso pasando en su itinerario por Córdoba, Valdepeñas, Ocaña, Aranjuez, Carabanchel  y  Aravaca, a razón de tres leguas castellanas por jornada que sumaron 42 días de viaje. De San Ildefonso lo trasladaron a El Escorial y de allí a Aranjuez, donde  llegó a primeros de  noviembre. En aquel lugar tuvo su residencia definitiva en la “Casa de Vacas”, en un corral para él acondicionado. Seguramente por lo inapropiado de los cuidados, el clima y la alimentación, el elefante murió el 17 de noviembre de 1777. Y queriendo Carlos III que se le disacase, se solicitó al naturalista  Juan Bautista Bru que dispusiera lo necesario para emprender el trabajo de disección y conservación del animal cuanto antes. Entre el 21 de noviembre de 1777 y el 28 de febrero de 1778, Bru trabajó con los restos del animal que dejó listos para su exposición en el Real Gabinete de Historia Natural, que había sido inaugurado en 1776. El coste total de la desecación del elefante asiático ascendió a   14.137 reales con 20 maravedís.

(FUENTE: Sánchez Espinosa, Gabriel. Un episodio en la percepción cultural dieciochesca de lo exótico: La llegada del elefante a Madrid en 1773. Goya 295-296 (2003), págs. 269-286.)

De los recuerdos del museo, tal vez los tres más importantes hayan sido los troncos de árbol fosilizados que se encontraban dentro del edificio, junto al despacho de billetes; el esqueleto del diplodocus, de color negro -era una reproducción en escayola y pintada del original encontrado en Wyoming  y regalado en 1913 al museo-, enorme y tremendo, dominando gran parte del espacio; y el elefante africano, también magnífico y sobre todo mucho más sorprendente que aterrador, especialmente  por lo que tenía de real, de elefante vivo.

Ahora que he regresado al museo con mi hija, después de tanto tiempo, he vuelto a ver el elefante africano y lo he recordado, aunque la imagen que tenía de él ya empezaba a distorsionarse. Lo hacía mucho más grande. Y también más vivo.  Tampoco recordaba donde estaba situado. En realidad el museo ha cambiado tanto con la reforma de 1985, que por muy familiar que fuese  resulta complicado reconocer la disposición original.  El caso es que después del tiempo pasado un prurito por conocer la historia del elefante que tantas veces ví siendo niño me lleva a elaborar esta nostálgica entrada en el blog. Y ahora voy a contar algunas cosas acerca del Museo y del elefante africano.

Fotografía del Palacio de la Industria y de las Artes, publicada el 22 de mayo de 1887 en el número XIX de la Ilustración Española y americana, en un reportaje sobre la Exposición Nacional de Bellas Artes.

azulejos-mncn_small1 (2)

MNCN, azulejos cerámicos a la entrada del museo (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

El edifico y el Museo

Empezaremos por el Museo y por el proyecto del edificio. El edificio se inició en 1881 a cargo del arquitecto Fernando de la Torriente para albergar la  Exposición Nacional de Bellas Artes que tendría lugar en 1887.  Su fallecimiento en 1886 dejó a cargo de las obras a su colaborador Emilio Boix Merino, que las concluyó en la fecha concertada.
No obstante, su constructor, Federico Villalba, cedió desde el inicio de los trabajos los derechos de la empresa a la
Sociedad Anónima Internacional de Construcción y Contratas Públicas de Braine le Comte, de Bélgica, razón por la que algunos materiales, como apoyos, cúpula y cubiertas, fueron traidos de aquel país.

El edificio, nacido como Palacio de la Industria y las Artes,  tiene estructura de hierro, con columnas de fundición, pisos de viguetas metálicas y armaduras de cubierta de sistema Polonceau. Los cerramientos y paramentos de fachada son de ladrillo, con interesantes juegos geométricos en las líneas horizontales de imposta y especialmente en las cornisas. También estaba ornamentado con cerámicas, hoy casi desaparecidas.

Palacio de la Industria de las Artes, 1887. (MNCN y ETSII)

El 21 de mayo de 1887 fue inaugurada la primera Exposición Nacional de Bellas Artes por la reina regente, Maria Cristina. En esta fecha las ventanas fueron cegadas en parte, para evitar que la iluminación cenital dañara las pinturas expuestas. La última Exposición Nacional de Bellas Artes se celebró en 1899. A partir de 1903 el edificio pasó por una etapa de abandono hasta los traslados de la sección de Entomología del Museo (1906) y en 1907 de la Escuela de Ingenieros Industriales. El entonces director del Museo, Ignacio Bolívar y Urrutia, consiguió del Ministerio de Instrucción Pública la concesión de un nuevo local para las colecciones del Museo, que se amontonaban en los locales del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales.

Las obras de adaptación para el Museo de Ciencias Naturales se realizaron entre 1909 y 1910, que fue instalado en la fachada norte, el a la izquierda de la fachada principal y el ala derecha de la posterior. Durante un tiempo coexistieron con el Museo y la Escuela de Ingenieros otros organismos: El Museo del Traje, el Cuartel de la Guardia Civil y el Instituto Torres Quevedo. (MNCN, El museo)

“Luís Benedito aplicó las novedosas técnicas de taxidermia aprendidas en Alemania que consistían en el uso de jabones arsenicales, entre otros productos, para impedir que las pieles se apolillasen; la naturalización de los animales siguiendo un proceso denominado Dermoplastia, basad en la elaboración de una escultura del animal a tamaño natural, en pasta de turba y escayola sobre la que se adhería más tarde la piel humedecida sujetándola firmemente con alfileres.- Uso ojos de cristal de gran calidad que ofrecían a las piezas mayor realismo y rigor científico.
También  estudió la producción artística de los principales escultores, especialmente de los animalistas. Dotó a sus obras de una gran carga realista en los movimientos y especialmente en las anatomías. Captó en ellas las proporciones exactas, posturas reales y movimientos de los propios animales vivos, producto igualmente del estudio directo de los animales en el campo.
Aunque fundamentalmente hay que destacar la capacidad de dotarles de la expresión propia de cada especie e incluso de cada individuo”.(MNCN)


Alzados del Palacio de la Industria y las Artes, de Fernado de la Torriente y Emilio Boix (1887).


El elefante africano

En principio, el elefante (Loxodonta Africana) que se encuentra en el vestíbulo, justo a la entrada del museo,  fue donado por Jacobo Stuart y Falcó, duque de Berwick y de Alba, padre de la actual duquesa y patrono del Museo,  trás una expedición africana.  El animal fue abatido en  Stern Jack, Nilo Blanco, Sudán, el 22 de marzo de 1913.
En realidad, al elefante, una vez muerto, le arrancaron  los colmillos, que pasaron a engrosar la colección particular de trofeos del duque, y se le quitó la piel que luego se donó  al Museo de Ciencias Naturales. Previamente, los guías y ojeadores del safari clavaron sus lanzas en el animal muerto, que según se cuenta es la costumbre de estas gentes y el cuero del elefante quedó agujereado y rasgado en numerosas zonas.
Así, la piel mal cortada y en piezas fue enfardada y embarcó para España con destino al Museo. Ahí permanecieron los más de 600 kilos de la piel del paquidermo, arrinconados en los sótanos del edificio. El fardo se desenvolvió el 5 de noviembre de 1923 y nadie quiso o supo hacer  nada con él.  Por aquella época Luis Benedito acababa de tomar posesión de su cargo como Escultor Taxidermista del Museo y a él se le encargó la tarea de darle forma de elefante al fardo de piel reseca y cuarteada con el que se encontró. Benedito acababa de llegar de Alemania en donde se encontraba becado por la Junta para Ampliación de Estudios para ampliar conocimientos y aprender la nueva técnica de “dermoplastia” con el afamado especialista del Instituto de Zoología de la Universidad de Leipzig, Herman H. Ter Meer.

Benedito  construyó un armazón de 3.450 Kg utilizando madera, malla  metálica, escayola , un trozo de cráneo del elefante y ojos de cristal. Finalmete recubriría todo con la piel ya curtida y encolada que fue ajustando cuidadosamente, sujetándola con 77.000 alfileres hasta que la cola secase.

Así que  Luís Benedito se puso manos a la obra y puesto que en el museo no había espacio para acometer la empresa,  comenzó por trasladarse al Jardín Botánico con la  piel y con un nutrido equipo de ayudantes. Se cuenta que en algún momento fueron necesarios diez hombres para transportar la  pesada piel, que extendida medía 37 m2,  y se hizo preciso solicitar un medio de transporte adecuado a la carga.

Una vez en el Jardín Botánico se construyó una piscina de fábrica de ladrillo de 7,35 m2 (2.26 x 3.28) para curtir y flexibilizar la piel con sal (1.104 kg) y alumbre (600 kg). Durante este proceso, que duró dos meses,  se estaba levantando en el Jardín una segunda planta sobre la estufa fría principal. El montaje del elefante se iba a realizar en esta nueva dependencia, pero las propias obras y su retraso, acabaron por dificultar las labores de curtido que necesitaban mucho espacio para los 37 m2 que ocupaba la piel extendida en su secado.

El duque de Alba tenía gran interés en ver finalizada la obra para la cual había cedido la piel del elefante y Benedito se encontró con que a parte de ésta no disponía de referencia alguna acerca del animal. Es decir, desconocía su estructura, tamaño, morfología. Ni tan siquiera disponía el museo de un esqueleto de elefante entre sus fondos. Y es que Benedito no había visto un elefante en su vida. Como toda ayuda unas fotos del animal abatido en la cacería africana, la medida de los colmillos y un trozo de cráneo del animal proporcionados por el duque.  También se tuvo que documentar detalladamente para averiguar las proporciones del elefante y consultar a su maestro Ter Meer, que le envío unos dibujos del esqueleto de un elefante africano hembra procedentes del Instituto Groloph de Leizpig, los modelos reducidos de una pelvis y un cráneo del mismo instituto científico, el libro Scalking Big Game with Camera de Marius Monpwell, o las numerosas  fotografías de escasa calidad procedentes de recortes de periódico extranjeros que Benedito fue coleccionando y que aún se conservan en el museo.

Traslado del elefante africano “naturalizado” desde el Real Jardín Botánico hasta el Museo de Ciencias Naturales por el Paseo de la Castellana, en 1932. La estructura de madera con ruedas fue arrastrada por un camión. Esa misma estructura sigue portando al gigante y se puede ver junto con este en el Museo.

Cuando por fin acabaron las obras del Jardín Botánico, los trabajos de Benedito se agilizaron y se comenzó a diseñar la estructura que debía soportar la masa desde el interior,  elaborando una maqueta a escala del aspecto final deseado.  Esta maqueta  le  sirvió a Benedito de modelo para guiarse en la consecución  del diseño definitivo, tantas veces ensayado con patrones articulados de cartón a tamaño natural y bocetos escultóricos de diferentes dimensiones en bronce, piedra, barro, cerámica y terracota, o en la talla de la cabeza, trabajada independientemente.

Una vez llegado a algunas conclusiones consideradas válidas, Benedito  construyó un armazón de 3.450 kg utilizando madera, malla metálica, escayola, el trozo de cráneo del elefante y unos ojos de cristal. A continuación,  modelada en escayola a tamaño natural la figura del elefante, se recubriría por completo con la piel ya curtida y preparada para ser encolada,  ajustando cuidadósamente cada pieza, pliegues y arrugas,  y  sujetándola con  alfileres  ( 77.000) hasta que la cola secara por completo.

Por fin, en  abril de 1928, la figura quedó lista para que la piel se colocase. Después solo haría falta que las colas y resinas endureciesen, dar algunos retoques  finales y ya sería posible  su traslado al Museo  para su exposición. En la primavera de 1932 el elefante africano hacía su último viaje por el Paseo de Recoletos y por la Castellana con destino a los Altos del Hipódromo ante la atónita mirada de los transeuntes, esta vez ya como el elefante que había sido.  El coste total de la naturalización fue de 9.834 pesetas. (Ver VIDEO naturalización y montaje)

El elefante africano en la entrada del MNCN de Madrid fotografiado en 2011 y virado en sepia, desde un de los corredores de la planta primera del museo.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

“Este fue el mayor de los elefantes disecados que se conocían hasta la fecha. Pero a pesar del increíble resultado final y de la perfección de la obra acabada, se cometió un pequeño gran error… Inspirado en los órganos genitales del caballo, el taxidermista ignoró que los de los elefantes son internos y no quedan a la vista. Desde entonces, con esta tara de renacimiento, su elefante ha venido presidiendo cuantas muestras y exposiciones se han realizado allí, por ajenas que fueran a él y a su singular singladura, logrando finalmente haber dado muerte a su misma muerte”. (Ver Loxodonta AfricanaRicardo S. Lampreave -2010)

Referencias.-

S. Lampreave, Ricardo (2010)
Loxodonta Africana

Velasco Pérez, M. Carmen (2007)
Un elefante pasea por Madrid.
Historia de una naturalización
.

Página web del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN)

Museo de Ciencias Naturales de Madrid (Hemeroteca ABC, 8 de marzo de 1967) PDF

Sánchez Espinosa, Gabriel
Un episodio en la percepción cultural dieciochesca de lo exótico: La llegada del elefante a Madrid en 1773.
Goya 295-296 (2003), págs. 269-286.

Colapso, por falta de espacio en el MNCN” (El Mundo, 2007)

Exposición Nacional de Bellas Artes (La Ilustración Española y Americana, nº XIX, año 1887) PDF

Video Naturalización, montaje y traslado del elefante africano
(MNCN, CSIC, 2016) VIDEO MP4

Read Full Post »

Antecedentes del Ensanche

En 1857 Madrid tenía algo más de 280.000 habitantes. Desde que en 1625 Felipe IV mandara levantar la tapia que rodeaba la ciudad para fiscalizar la entrada de bienes de consumo, el número de habitantes crecía sin parar y la escasez de viviendas constituía un problema cada vez mayor.
El tránsito hacia la ciudad industrial que Madrid aspiraba a ser requería de mano de obra abundante, lo que se correspondía con la llegada de fuertes remesas de inmigrantes que tenían dificultad para encontrar un lugar donde vivir.

Hasta el momento las soluciones aportadas para paliar el problema de la vivienda se limitaban a la sustitución de las casas bajas con patio por otras en altura y distribuciones más reducidas; a la apertura de nuevas calles; y a la parcelación de los espacios aún libres para levantar nuevos edificios.
El interés principal se centraba en dar respuesta rápida a la escasez de vivienda en lugar de atender y mejorar las condiciones del alojamiento y su salubridad, que en las casas ocupadas por obreros era bastante penosa, para luego dar solución a la demanda. De hecho el índice de mortalidad entre los pobladores de estos barrios era enorme y el aumento de población en la capital solo era posible debido a los grandes contingentes humanos que a ella acudían.

“En el plano de Facundo Cañada se observa Madrid como era en el año 1900. En él se incluye el extrarradio, más allá del Ensanche. Se ven consolidados barrios como el de Olavide-Chamberí o el de Peñuelas-Arganzuela, el sector más occidental del barrio de Salamanca, la zona en torno a la calle de Santa Engracia, y al norte del eje de Alberto Aguilera-Sagasta, el barrio de Argüelles y zonas de la Glorieta de Atocha.
Ya en el exterior de las Rondas se aprecia la formación ya afianzada de barriadas populares como Tetuán de las Victorias al norte, Prosperidad, La Guindalera y Madrid Moderno, al noreste; y los inicios del Puente de Vallecas, al sureste; y el Paseo de Extremadura, y la calle Antonio López, al otro lado del río Manzanares, en el suroeste.”
(Guía del Urbanismo de Madrid/ S. XX. Madrid, 2004)

Plano de Madrid de 1831, de la Society for the Diffusion of Useful Knowledge (Gran Bretaña). En este plano llaman la atención una serie de edificios, dibujados al pie de la hoja,  considerados como principales en la Villa de Madrid. Las construcciones destacadas por los autores  son la Puerta de Alcalá, la Iglesia de San Norberto (Convento de los Mostenses), la Real Casa de Correos, el Palacio Real, el Palacio de Buena Vista, el Monasterio de El Escorial (a 20 millas de Madrid), el Palacio del duque de Berwick (Palacio de Liria), el Convento de la Visitación (Salesas Reales) , Real Palacio del Consejo de Castilla (Palacio del duque de Uceda o de los Consejos), Real Casa de Aduanas y la Puerta de San Vicente (en realidad el dibujo no es de esta Puerta sino de la de Alcalá -ver comentarios-). Resulta llamativo que algunas de estas obras ya no existan -como la citada Puerta, desmontada y perdida, o el convento de los Mostenses, cuyo solar ocupó luego el Mercado del mismo nombre, con el tiempo también desaparecido-, cuando tuvieron una importancia notable y fueron representativas de la arquitectura de la ciudad.


El Proyecto de Ensanche de Castro

En este contexto, el 19 de julio de 1860 se aprobaba el Anteproyecto del Ensanche de Madrid, firmado por Carlos María de Castro, que proponía un aumento del espacio urbano en 2.294  hectáreas (ha) por el norte y el noroeste, partiendo de la Puerta del Sol y desarrollándose hacia el norte con las Rondas como límite. Perímetro que en la actualidad coincide con el paseo de Reina Victoria y las calles Raimundo Fernández Villaverde, Joaquín Costa, Francisco Silvela y Doctor Esquerdo.
Esta ampliación del espacio urbanizable permitiría, según el Anteproyecto, un incremento de hasta 150.000 habitantes con un estándar de 40m2/ habitante, en lugar de los 26,7m2/h. con los que hasta el momento se contaba.

Plano de Guillermo Martorell, 1873. Arriba a la izquierda se pueden ver las primeras edificaciones del barrio de Salamanca, en el Ensanche Este.

Castro ensanchaba Madrid dentro de una concepción que la ordenaba racionalmente, estableciendo tres zonas de expansión en cuadrículas ortogonales y calles jerarquizadas por anchura, que se dividieron en Ensanche Norte (Chamberí), Ensanche Este (Salamanca y Retiro) y  Ensanche Sur (Arganzuela).

Es indudable que el elemento esencial que inspiró la idea del Ensanche fue la escasez de vivienda, no solo por su escaso número sino también por su carestía y la imposibilidad de los obreros de acceder a ella. Curiosamente, ya por el siglo XVIII Jovellanos proponía la construcción de viviendas fuera de los límites del núcleo urbano como una solución al mismo problema.
Pero sería en 1842, con la promulgación de la Ley del inquilinato, con un claro espíritu liberal económico, que permitía la libertad absoluta en el precio de los arrendamientos urbanos, cuando, al dispararse el precio de las viviendas, comenzaron los proyectos que sugerían un ensanche de la ciudad más allá de sus límites. Los propietarios se valieron de esta Ley del Inquilinato para, aprovechando la escasez de suelo, cobrar por las viviendas precios descomunales que las hicieron inaccesibles a las exiguas economías de los inmigrantes en busca de trabajo

La “ejecución” del proyecto

A pesar de la necesidad acuciante de generar nueva vivienda, la puesta en marcha del Ensanche se retrasó y su desarrollo fue lento, prolongándose entre las décadas de 1860 y 1930. Además, los intereses especulativos, el desorden y la anarquía que alargaron el  periodo de tiempo durante el que se ejecutó, disiparon las directrices originales y modificaron muchos de los propósitos definidos en el Plan Castro.
Así, en 1864 Cánovas del Castillo suprimía por Real Decreto cerca de un tercio de los espacios verdes reflejados en el Plan Castro para dedicarlos a calle particular. Y en 1892, se modificaban las Ordenanzas Municipales para fijar las alturas máximas que permitirían 20 m. de altura (cinco pisos y ático) en las calles de más de 20m. de ancho, y 19m. de altura en las calles de entre 15 y 20 m. de ancho, permitiendo una ocupación del 85% de la manzana.

Sin embargo, la oferta de vivienda barata en este área fue escasa y como ha quedado dicho, la propensión al lucro por parte de propietarios y promotores fue elevado. Esta circunstancia propició que se crease un crecimiento paralelo de la construcción de viviendas tanto en el Ensanche como en zonas del extrarradio, principalmente en el norte y el este.

Kiosko de música en la calle Marqués de Urquijo, en Argüelles en 1930.

El proyecto de Ensanche para Madrid afectaba a un espacio limitado por la antigua cerca del casco histórico y el perímetro descrito por las actuales calles de Princesa, Isaac Peral, Reina Victoria, Raimundo Fernández Villaverde, Joaquín Costa, Francisco Silvela, Doctor Esquerdo, Pedro Bosh, Planetario, río Manzanares, Cuesta de San Vicente y Plaza de España. La longitud del nuevo contorno urbano, que en realidad era un foso o camino de ronda, sumaba unos diecinueve kilómetros, con una anchura de 50 m., lo que incrementaba la superficie de la ciudad en 1.494 ha, que sumados a las 800 ha. de intramuros completaban un total de 2.294 ha para el área de Madrid.

En 1875 la expansión del Ensanche hacía destacar el núcleo de Chamberí, cuyo desarrollo era previo al Plan y que además lo hizo de acuerdo a una planificación anterior, Argüelles y, en menor medida, el barrio de Salamanca. Más al sur, destacaba el sector de Peñuelas, constituido del mismo modo que Chamberí, en un arrabal importante cuyo desarrollo se produjo en torno a los ejes de las avenidas construidas en época de Carlos III.
Ya en 1916, el Ensanche ha alcanzado un grado alto de consolidación en algunas zonas como Chamberí, Almagro y Argüelles, y medianamente consolidado en Salamanca y muy poco en la zona de Vallehermoso-Gaztambide y Sur de la calle de Alcalá. Y para 1935 puede decirse que el proceso de consolidación del Ensanche estaba prácticamente terminado.

Grabado que muestra la construcción de las primeras casas del barrio de Salamanca en el sector más occidental, en la calle de Caudio Coello, sobre el año 1872.

El arrabal de Chamberí

El espacio que ocupaba Chamberí en 1850 era el de un conjunto de tierra que se extendia hacia el Norte de Madrid y que tendía a albergar al crecimiento natural que necesitaba superar la vieja cerca. Se trataba, por tanto, de un arrabal compuesto por jornaleros inmigrantes cuyos sueldos no les permitían vivir en el centro de la ciudad y elegían este entorno para habitar, (lugar que en la actualidad ocupan la Plaza de Olavide y alrededores). Puede hablarse, por tanto, de que Chamberí conformaba ya un ensanche de Madrid antes de que el Plan de Castro se pusiese en marcha.

A pesar de que Castro se vió obligado por el Ministerio de Fomento a trazar una retícula ortogonal sobre las áreas ya construidas y consolidadas del barrio, el creciente arraigo de la población no permitió que se produjese un derribo de las zonas ocupadas para rehacer el barrio como si fuese un territorio virgen, tal como ocurrió en el barrio de Salamanca, de nueva formación. Esto no significó, sin embargo, que la burguesía no hiciese acto de presencia y se mudará a esta parte del ensanche, generándose áreas diferenciadas que confirmaron la necesidad de segregación de clase que reclamaba la burguesía adinerada. Durante el desarrollo del Plan, Chamberí crecería toda velocidad, pasando de 5.000 habitantes en 1860 a más de 25.000 en 1880, de los cuales la población nacida en la capital apenas llegaba al 40%.

Plaza de Olavide, en el barrio de Chamberí,  en 1880. Entre 1860 y 1880 el crecimiento de la zona en la que se encontraba el primitivo arrabal de Chamberí había sido notable, pués no solo se experimentó un importante crecimiento del número de sus habitantes, sino que también la trama de calles y sus edificaciones era bastante superior. En este proceso, el aspecto  rural y marginal de los asentamientos originales era ya el de un barrio más de Madrid.

Ya mediado el último tercio del siglo XIX, podían distinguirse en Chamberí tres áreas bien diferenciadas. La primera correspondía al núcleo en torno al barrio de Trafalgar constituido por antiguas casas del arrabal, junto con el barrio de Almagro occidental y parte del de Arapiles, conformado por jornaleros, artesanos e inmigrantes recien llegados a la capital y expulsados del centro que ya no era capaz de acoger  a más personas.

Una segunda zona, al oeste y al norte, en las zonas actuales de Vallehermoso, y Rios Rosas, cerca ya de los límites del muro, amplia, llena de descampados en los que abundaban los tejares y con varios cementerios en los alrededores (donde entre 1851 y 1856 se construyó el primer depósito del canal de Isabel II). Finalmente, una tercera zona más señorial al este y lindando con la Castellana, la de Almagro, compuesta por una clase social pudiente de funcionarios, abogados, militares y algún comerciante que construiría palacetes, amplios edificios de viviendas y lujosos hoteles unifamiliares. (Ver Payol Trigueros, Rubén. Jornaleros e inmigrantes en el ensanche norte de Madrid)

La construcción de locales para el ocio, una de las demandas de la población que iba acudiendo a las nuevas viviendas del Ensanche, dio origen a edificios como el Frontón Beti-Jai, construido en 1893 en la calle Marqués de Riscal, en la zona de Almagro, extremo este del barrio de Chamberí.

Más allá del Ensanche

Paralelamente a la construcción del Ensanche comenzaron a surgir fuera del perímetro del foso pequeños núcleos de población que fueron el germen de futuros barrios. Sus habitantes, llegados del interior de las provincias limítrofes, en busca de trabajo, optaban por este suelo rústico, alejado del núcleo urbano debido a su precio, más bajo y a la posibilidad de construir sin demasiados problemas. Además, estas periferias contaban con la ventaja de estar comunicadas con Madrid a través de caminos que unían el centro urbano con núcleos rurales próximos o que se dirigían a otras capitales.

Se constituye, por tanto,  una dualidad en el crecimiento de Madrid, que prevalecerá durante todo el proceso de desarrollo urbano que va de 1860 a 1960. Por una parte la ciudad planificada, continua y sistemática del Ensanche y, por otro, la espontánea, irregular y fragmentada del extrarradio, que crecía junto a  caminos principales: Tetuán de las Victorias al norte (Camino de Francia), Prosperidad (Camino de Hortaleza), La Guindalera y Madrid Moderno (Camino de Alcalá), al noreste; y los inicios del Puente de Vallecas (Camino de Vallecas), al sureste; y el Paseo de Extremadura, y la calle Antonio López, al otro lado del río Manzanares, en el suroeste.
Más adelante, a estas parcelaciones periféricas habría que añadir otras marginales surgidas en las décadas de posguerra, principalmente caracterizadas por el chabolismo y la vivienda mínima autoconstruida, y también los polígonos de promoción pública, al principio, y privada que dotaron de vivienda social al Madrid entre los años 50 y 70.

Por lo que respecta a estas periferias, paralelas al Ensanche, su desarrollo aunque en evolución continua, puede decirse que culminó en torno a 1915, momento a partir del cual se inició un paulatino proceso de urbanización y mejora, consistente en dotar a las barriadas de las infraestructuras necesarias en orden a su habitabilidad y salubridad. “Madrid contaba en 1750 con 160.000 habitantes y ocupaba una superficie de 220 ha, que suponía una densidad de 750 h/ ha. En 1850 eran ya 280.000 habitantes que ocupaban 360 ha, con una densidad de unos 900 h/ ha. ” (Ver Borja Carballo, Rubén Pallol y Fernando Vicente. El Ensanche de Madrid. Historia de una capital)

Plano de Madrid de 1902.

Referencias.-

VV.AA.
Guía del Urbanismo de Madrid/ S. XX
Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 2004

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Introducción
Fundación COAM
Madrid, 2003

Borja Carballo, Rubén Pallol y Fernando Vicente
El Ensanche de Madrid. Historia de una capital
Editorial Complutense
Madrid, 2008

Pablo Garda Colmenares Transformaciones urbanísticas industriales

Mercedes Tatjer La vivienda obrera en España de los siglos   XIX y XX.

José María Cano Carlos María de Castro

Alicia Díez de Baldeón García
El nacimiento de un barrio burgués: Argüelles en el siglo XIX

Ensanche de Madrid (Wikipedia)

Carlos María de Castro (Wikipedia)

Arquitectura y Espacio Urbano en Madrid PDF
Ciclo de conferencias
COAM, 2008

Rubén Payol Trigueros
Jornaleros e inmigrantes en el ensanche norte de Madrid
Universidad Complutense de Madrid PDF

Rafael Huertas
Vivir y morir en Madrid PDF

Cesar Chicote
La vivienda insalubre en Madrid PDF
Memoria
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 1914

Read Full Post »

Older Posts »