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Posts Tagged ‘La Guindalera’

Pintor Moreno Carbonero 30_2014_Google Maps

Edificio derribado, calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (© Google Maps, 2014)

Parece que el verano es una buena época para derribar edificios en Madrid. Esta afirmación  se repite cada año por estas fechas.  La acción demoledora prefiere que haya pocos testigos y por eso prefiere el verano para actuar.
En esta ocasión la piqueta se ha encargado de derribar un grupo de construcciones populares de los barrios de La Guindalera y de la Prosperidad.

Aunque no eran  importantes arquitectónicamente y por ello no poseían protección alguna, si tenían el valor de ser ejemplos representativos del pasado de ambos barrios y de las tipologías propias de una época. Algo especialmente notable si pensamos en la desaparición acelerada de los elementos arquitectónicos que sufre el antiguo tejido urbano de las primitivas periferias.

Pintor Moreno Carbonero, 30

Edificio derribado, calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo; 2008)

Edificio en La Guindalera

El edificio de La Guindalera tenía dos alturas con planta baja y contaba con un jardín delantero y patio posterior. Su construcción, sobre un solar de 465 con una superficie de 523 m² se puede circunscribir a las primeras décadas del pasado siglo XX. Era una construcción calificada para uso industrial, aunque su tipología cercana al estilo regionalista sugiere más que fuera una vivienda unifamiliar modificada en su uso a posteriori. Junto a esta casa, con el número 32, se encontraba otra, de finales del siglo XIX y derribada en 2006, representativa de las humildes construcciones terreras autoconstruidas que conformaron el barrio en sus orígenes.

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Solar en la calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015

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Solar en la calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Hotelito en la Prosperidad

La casa de la Prosperidad era uno de los escasos ejemplos que van quedando en el barrio de “hotelitos” anteriores a los años 50 del siglo XX, originariamente aislados de las diferentes colonias que constituyeron la Ciudad Jardín. Se encontraba en Mantuano nº 20 y se derribó durante el mes de agosto. Construido en 1924, contaba con dos plantas de 121   y 120  respectivamente, construidas en un solar de 208   que permitía la existencia de un pequeño patio anterior y otro posterior de mayor tamaño.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la renovación del parque residencial de los barrios de las antiguas periferias madrileñas es imparable y está modificando de manera irreversible sus características fisonomías. Apenas quedan ejemplos que nos recuerden su pasado y nos acerquen a sus orígenes.

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“Hotelito” de la calle Mantuano, 20 derribado en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

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“Solar de la calle Mantuano, 20 en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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“Solar de la calle Mantuano, 20 en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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El “canalillo” a su paso por la Guindalera, en su linde con la Prosperidad, en 1904.

El “canalillo del sur”, la acequia del este de Madrid  fue, con el “canalillo del norte”, una de las Acequias de Riego que el Canal de Isabel II construyó en 1868 para aprovechar las aguas sobrantes del abastecimiento a la capital.

Agua potable en Madrid

Hasta el siglo XVII, Madrid se abastecía de agua con pozos y con el río Manzanares y arroyos como el Meaques, el Cantarranas o el Abroñigal. Cuando Felipe II instaló la Corte en la Villa en 1561 la ciudad no llegaba a las 15.000 almas. Un siglo después eran más de 48.000, y la demanda de agua obligaba a constantes búsquedas de reservas. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica de ladrillo o piedra soterrados.

Deposito Canal

Depósito elevado del Canal de Isabel II, inaugurado en 1912.

Todavía en 1850 Madrid se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes con que contaba la ciudad, especialmente en verano, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes y definitivas.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77 fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 664 reales fontaneros, más de 25.000 litros en esta medida de la época. El real fontanero equivalía a 2.280 litros por minuto.

Canal de Isabel II

A pesar de que desde el siglo XVIII se realizaron numerosos proyectos para abastecer de agua a Madrid, no fue hasta 1851 cuando se presentó en las Cortes un proyecto para traer las aguas del río Lozoya.

La ejecución de este proyecto, que costó ciento veintisiete millones de reales, supuso la construcción del embalse del Pontón de la Oliva y la canalización del agua hasta el depósito soterrado del antiguo Campo de los Guardias. Lamentablemente, las características de la roca donde se emplazó la presa hicieron que las filtraciones fueran constantes y evidenciaron la inutilidad de la construcción.

Sin embargo, el 24 de junio de 1858 fue inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne, en las instalaciones del primer depósito, asistieron la reina Isabel II, el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba el semanario El Museo Universal, el pueblo de Madrid, que se mostró entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), compartiendo con alegría la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya.
En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros.

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Presa del Pontón de la Oliva. Foto incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford, publicado en 1858,  (BNE).

Acequia de riego del Este

Satisfechas las necesidades de consumo de agua de la población, que se situaron muy por debajo de las expectativas, los ingenieros del Canal calcularon que el agua sobrante, que se vertía al arroyo Cantarranas y desde ahí al Manzanares, podía utilizarse para regar aportando beneficios a la empresa.

Para aprovechar esta agua y posibilitar el riego de las numerosas huertas que había en los aledaños de los Ensanches y las Rondas, se inició en 1868 la construcción de la acequia de riego del Canal de Isabel II o “canalillo” a cargo del ingeniero Juan de Ribera Piferrer, artífice del primer depósito.

La acequia del Este tenía algo más de 16 kilómetros de longitud. Arrancaba desde un depósito repartidor para dividirse en dos ramales, el del Norte de 5 kilómetros de largo y el del Este de 10 kilómetros. Este ramal, construido en ladrillo revestido para limitar la erosión, contaba con tres saltos que salvaban los desniveles más importantes del recorrido y evitaban las grandes pendientes que pudiesen dar velocidad al agua aumentando la erosión del canal.

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Sección del plano de  González e Iribas, de 1906.  Se aprecia el sinuoso recorrido del sector oriental del “canalillo” o “acequia de riego del Este”.

Contaba con 10 puentes de paso elevado para el tránsito de peatones, animales y vehículos, 12 tajeas o puentes de menor importancia a modo de acueductos, 10 alcantarillas y 9 sumideros para soterrar el paso de las aguas. Estaba flanqueado por acacias, álamos, moreras, castaños de Indias y negrillos para evitar la evaporación y había caminos en cada sentido con una valla de alambre para evitar accidentes.

Atravesaba la actual AZCA, recorría las inmediaciones del antiguo Hipódromo de la Castellana (hoy ocupado por los Nuevos Ministerios), la Colonia Parque Residencia, Altos del Hipódromo (Residencia de Estudiantes); cruzaba la calle de López de Hoyos, recorría la Guindalera y desembocaba en el arroyo Abroñigal después de pasar por el barrio de la Prosperidad donde se aprovechaba para la elaboración de tejas y ladrillos en los numerosos alfares y tejares que allí había.
En 1961 se decidió su cierre, hasta desaparecer por completo en los años setenta del siglo XX.

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El “canalillo” a su paso por la glorieta de López de Hoyos en 1959. En 1961 desapareció por completo. (Foto: Fondo Santos Yubero, ARCM)

(Adaptación del artículo publicado en el nº 243 la Revista Plácet, Febrero de 2014)

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Postal de 1900 donde se ve el aspecto original del Madrid Moderno con uno de los torreones de la esquina en la calle Castelar en primer término.

Actualmente la primitiva barriada de Madrid Moderno casi no existe. Desde la década de los setenta la fuerte presión especulativa y la ausencia de protección sobre la singularidad del barrio no ha dejado de propiciar su lenta demolición para construir impersonales bloques de viviendas y, en el mejor de los casos su transformación, añadiendo nuevas alturas o modificando totalmente su estructura interior. Sólo en contados casos se ha rehabilitado  con buen criterio. Hoy día hay tres viviendas que se encuentran es estado de abandono, deteriorándose y amenazando ruina inminente.

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Villa Sara , en la calle Roma nº 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 23/12/2013)

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Villa Sara , en la calle Roma nº 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 23/12/2013)

Villa Sara , en la calle Roma nº 30, pertenece a la 3ª fase de viviendas del Madrid Moderno, de estilo modernistas, proyectado seguramente, ya que participaron varios arquitectos, por Valentín Roca Carbonell entre 1905 y 1906. La vivienda se modificó a mediados del siglo pasado, eliminando el mirador central que se sustituyó por un balcón corrido, añadiendo por encima de la cornisa unas ridículas mansardas neoclásicas. En 2012 perdió los balcones que se encontraban mal y descuidadamente apuntalados , ha sido okupada, ha sufrido un incendio y la cubierta se encuentra en pésimo estado. No se observa intervención alguna para su consolidación. Tampoco parece que haya intención de hacerla.

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Calle Roma nº 14 La casa presenta un estado de abandono total. (Foto: Enrique F. Rojo, 23/12/2013)

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Calle Roma nº 14 La casa presenta un estado de abandono total. (Foto: Enrique F. Rojo, 23/12/2013)

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Calle Roma nº 14 y nº 12 Las casas presentan un estado de abandono total. (Foto: Enrique F. Rojo, 23/12/2013)

Calle Roma nº 14 y nº 12. Las dos casas presentan un estado de abandono total. También forman parte de la 3ª fase de viviendas del Madrid Moderno. La primera conserva los elementos modernistas con toques orientalistas originales. No así la casa contigua que perdió su carácter cuando enfoscaron la fachada en un gris anodino y eliminaron el mirador haciendo un balcón y por debajo una especie de soportal. Esta casa estaba pendiente de derribo para construir un edificio de dos alturas más ático aprovechando el máximo de edificabilidad permitido por el Ayuntamiento.  Proyecto detenido posiblemente por la crisis. Luego, todo se andará.

Referencias.-

El “Madrid Moderno” (Blog urban Idade)

Rojo F. Enrique
Madrid Moderno, vestigio urbano del siglo XIX. Lo que queda de una barriada económica del Extrarradio
La Ilustración de Madrid nº 15. Primavera 2010 (PDF en SCRIBD)

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De formación contemporánea y origen similar a la Prosperidad, el barrio de la Guindalera, en el distrito de Salamanca,  fue creciendo de manera irregular ocupándose sus solares por modestas casitas obreras y por hotelitos más ostentosos para veraneos y fines de semana. De estas primeras construcciones del siglo XIX nada queda. Si se mantienen, en cambio,  grupos de viviendas de pisos que se construyeron en las vías principales del barrio, las calles Cartagena y Pilar de Zaragoza, donde se pueden ver ejemplos de la arquitectura del inicio del siglo XX con esgrafiado en fachada.

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Grupo de casas terreras en la Guindalera, lindando con la Prosperidad  junto al “Canalillo” o canal de riego del este, en 1904.

Las viviendas obreras y las de recreo que se construyeron entre los últimos años del XIX y los primeros años del siglo XX, y que constituían lo más representativo del barrio primitivo, se han demolido casi en su totalidad a lo largo de los últimos 30-40 años de manera sistemática. En 1888 la Guindalera contaba con 762 habitantes y estaban ya adjudicadas las calles de Ardemans, Béjar, Cartagena, Francisco Mejía, Eraso, Pilar de Zaragoza, Agustín Duran, Francisco Santos y Martínez Izquierdo. Estas calle han sido el núcleo principal en el que se encontraban los edificios más representativos de arquitectura popular que conformaba el barrio original. Se puede decir que las pocas muestras que aún quedan están en serio peligro de sobrevivir al no contar con ningún tipo de protección que las ampare. Aunque, a decir verdad, de existir,  nada garantizaría que no fueran víctimas de la piqueta, pues el ansia especulativa y el desprecio por los “documentos” históricos que ofrece la arquitectura queda más que manifiesta en algunas desafortunadas intervenciones ejecutadas por el Ayuntamiento de Madrid.

A continuación dejo una pequeña muestra de imágenes de edificios que ya sucumbieron al poder de la piqueta, otros que puede que no tarden mucho en hacerlo y algunos que mantienen buena salud, de momento.

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Calle Eraso. Viviendas obreras antes y después del derribo. (Foto: Enrique F. Rojo)

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Fachada con decoración esgrafiada del edificio situado en el nº 16 de la calle de María Teresa. Estado de ruina y abandono en que se encontraba en 2007. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

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Detalle de la fachada con decoración esgrafiada del edificio situado en el nº 16 de la calle de María Teresa en 2007. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

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Este hotelito, muy descuidado, se encontraba en la calle Pilar de Zaragoza nº 43. Se derribó en 2012. (Foto Google Maps, 2010)

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Solar del hotelito de la calle Pilar de Zaragoza nº 43 después del derribo, en 2012. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

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Solar del hotelito de la calle Pilar de Zaragoza nº 43 después del derribo, en 2012. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

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Hotelito de finales del siglo XIX situado en la calle Martinez Izquierdo nº 21 tal como estaba en 2008. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

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El hotelito de  Martinez Izquierdo nº 21 en 2013. (Foto: Enrique F. Rojo, 2013)

LA GUINDALERA

Ejemplo de hotelito de finales del siglo XIX situado en la calle Martinez Izquierdo en perfecto estado de conservación. (Foto: Enrique F. Rojo, 2013)

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En este solar de la calle Pintor Moreno Carbonero se encontraba una construcción de dos plantas de las que dio origen a la Guindalera. En 2007, cuando se comenzó a levantar una nueva edificación, hacía ya algunos años que había sido demolido. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

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Frente de un hotelito unifamiliar de principios del siglo XX en la calle Pintor Moreno Carbonero, en 2007. En la actualidad la edificación se mantiene en un aceptable estado de conservación. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

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Hotelito en Pintor Moreno Carbonero de finales del XIX o principios del XX en perfecto estado de conservación, y ejemplo casi único de una construcción de este tipo de las muchas que poblaron la Guindalera. (Foto: Google Maps, 2010)

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Cine Morasol cerrado. (Foto: Enrique F. Rojo, 14 de mayo de 2013)

Hace unas tres semanas que el cine Morasol, situado en la calle Pradillo, 6 de la Prosperidad, no abre. Era el último cine del barrio y de sus alrededores que permanecía en activo. Se inauguró en el año 1964, cuando todavía acudir al cine el fin de semana era una de los entretenimientos más populares en todo el país. En la programación de sus primeros años se proyectaron películas como El circo,con Cantinflas; El Vampiro de Düsseldorf, de Fritz Lang; diferentes títulos de la saga del Zorro; El joven Winston, de Richard Attenborough ; etc.

Plantas del cine Morasol

Planta de cine Morasol. (Plano: Web Estudio López-Izquierdo)

En la Prosperidad el Morasol convivía con los cines López de Hoyos (antes salón Moderno), el Cinestudio Covadonga y el Royal, todos ellos en la calle López de Hoyos. En la misma calle, bastante más arriba se encontraba el cine Ciudad Lineal. Cerca de la Guindalera, pero también competidores del cine Morasol, se encontraban el Bahía, el Mónaco y el modernísimo Marvi, los tres en la calle Cartagena.

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Antiguo cine Marvi, en los años sesenta del siglo XX.

Hacia Chamartín, en la calle General Mola (Príncipe de Vergara) estaban los cines Roma y el Juan de Austria.
En su momento, la apertura del cine Marvi, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. Este cine, abierto en 1958, fue durante los 60 el más moderno de la zona. También tenía programas dobles y al estar a mitad de camino entre el barrio de Salamanca y los de la Guindalera y la Prosperidad, competía con el Oraa y con el Silvela, a la vez que con el Lopez de Hoyos, con el Covadonga y con el Morasol.
El Marvi desapareció en 1980 y comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008 que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”.

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Antiguo cine López de Hoyos. Cuando cerró se convirtió en una salón de bodas y banquetes. Hoy es un gimnasio. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

La década de los ochenta del siglo pasado fue nefasta para los cines, especialmente para las grandes salas que eran incapaces de completar su aforo, a pesar de estrenar las producciones más atractivas del mercado. Muchas salas se reconvirtieron en minicines y aguantaron hasta donde pudieron. Los cines grandes de los barrios se transformaron en bingos y en salones de bodas y banquetes y , ya en la década de los noventa, algunos mutaron en gimnasios, como el Roma o el López de Hoyos. De los cines pequeños que no continuaron su actividad la mayoría se transformaron en supermercados de grandes cadenas o en franquicias de ropa.

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Antiguo cine Royal. Tras su cierre se convirtió en un bingo. Ahora puede que se transforme en un supermercado. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

En 2006 una reforma del Ayuntamiento por la que las salas podían cambiar su uso urbanístico, con las salvedades de que los edificios que gozasen de protección urbanística tendrían que asegurar la conservación de sus elementos arquitectónicos y culturales, y que los nuevos usos del inmueble tendrían que ser compatibles con la integridad de palcos, tramoyas y escenarios, posibilitó el cierre de muchas salas que aún funcionaban.
Este cambio en la legislación unido al hecho de que la mayoría de los cines pertenecían a unas pocas sociedades, produjo que estas cerrasen las salas casi de forma conjunta con la intención de sacar partido a las plusvalías que generaba la recalificación.

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Antiguo cine Juan de Austria. Después de convertirse en un supermercado, el local se encuentra cerrado. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

El cine Morasol también sufrió la crisis de los ochenta y en febrero de 1980, cuando exhibía el Secreto del Toisón de Oro y Una Tarde en la ópera, de los hermanos Marx,  en sesión continua al precio de cinco duros, el mismo mes que en el cine Gran Vía se estrenaba Mad Max, echó el cierre.
En 1982 volvió a abrir, esta vez no como cine sino como sala de conciertos, aunque mantuvo su nombre (Sala Morasol). Sin embargo, a pesar de convertirse en un referente de la “movida”, junto con la sala “Marquee” y la sala “Rock-Ola”, los antiguos cine Bahía y Mónaco, las numerosas denuncias de los vecinos y las continuas molestias que el público que acudía al local generaba en el barrio durante las madrugadas, obligó a su cierre en junio de 1984. (La sala Morasol llegó a ser una de las más conocidas y frecuentadas por la gente joven madrileña, y fue lugar de conciertos de los grupos más famosos del panorama musical español de los ochenta. La Morasol, como se la conocía, carecía de licencia de instalación, apertura y funcionamiento, además de superar ampliamente, según los técnicos municipales, el nivel de decibelios permitidos, lo que originaba la transmisión de vibraciones y ruidos molestos a los vecinos-.El País, 9 de junio de 1984).

Morasol

Interior del cine Morasol, en la calle Pradillo. (Foto: Web Estudio López-Izquierdo)

Sala cine Morasol

Sala principal del cine Morasol. (Foto: Web Estudio López-Izquierdo)

Pero, como el Ave Fénix, en 1997 el Morasol resurgió de sus propias cenizas y abrió de nuevo como cine multisalas, ligado a la sociedad Exhibidores Unidos del empresario valenciano  Bautista Soler, propietaria también del Juan de Austria y que llegó a tener 40 salas de cine en Madrid capital.
EJuan de Austria cerró en 2007 al amparo de la reforma del Ayuntamiento de Madrid, y transformó el antiguo cine en un Open Cor, ahora también cerrado y en una sala de ensayo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
El cine Morasol, aguantaba como multicine de seis salas, hasta hace unas tres semanas. Pero, desde entonces no ha vuelto a abrir. Y parece que esta vez va a a ser el adiós definitivo del último cine del barrio de la Prosperidad.

ACTUALIZACIÓN 2016: el 27 DE OCTUBRE DE 2016, el antiguo cine Morasol volvía a abrir, con mínimas reformas, rebautizado como Cines Conde Duque Auditorio.

Referencias.-

El crepúsculo de las salas (El País, 2013)

Sin grandes cines en las calles de Madrid (Revista Profesiones, 2007)

Salas de cine: Morasol (Estudio de arquitectura López-Izquierdo)

“The end para el cine de barrio“. Cine Marvi. (El País, 23/03/2012))

Los cines Renoir de Cuatro Caminos echan el cierre (El País 30/09/2013)

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El pasado viernes 23 de Marzo publicó El País un breve reportaje firmado por Patricia Gosálvez sobre el “Cine Marvi”, un antiguo cine de barrio que está en venta. Para quien no lo haya conocido, poco o nada representará la historia de este local. En realidad un cine más, o menos, de los muchos que ofrecían en los barrios de Madrid sus programas dobles de reestrenos en sesión contínua.

La apertura en 1958 del cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban la calle de López de Hoyos, el “Lopez de Hoyos” ,  el “Covadonga” y el “Royal”, más adelante.  También estuvo el cine “Mónaco” en la calle de Padre Xifré. La novedad estuvo en que este cine fue el más moderno de su época en la Guindalera y la Prosperidad. Tenía programas dobles a diez pesetas y competia con el “Oraa”, con el “Silvela” y con los citados  “Lopez de Hoyos”“Covadonga” . El “Marvi”, proyectado por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini, se mantuvo como cine hasta 1980. Luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008 que cerró definitivamente. En los bajos del cine “Marvi” estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro” que después se llamaría “Carnaval”.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi, en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-, cuando seguía funcionando como bingo “sala América”  y su bajo como sala de baile “Carnaval”.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las viejas salas de cine han ido muriendo poco a poco. Comenzaron a languidecer en los ochenta y acabaron por reciclarse en bingos o discotecas. Los cines que mejor suerte tuvieron pudieron continuar su actividad transformados en locales multisalas, que era la moda en los noventa. Ya en los últimos años del siglo XXI, algunos de los multicines comenzaron también a tener problemas y cerraron. La presión de las grandes productoras norteamericanas, la falta de confianza en el cine nacional, los videoclubes, “internet” (las descargas “alegales” o “ilegales”, según quien) y, en definitiva, la falta de público, consiguieron que las salas acabasen por tirar la toalla. La reconversión de estos grandes locales se presentó en el cambio de uso, en forma de mega-tiendas dedicadas a la moda, supermercados, gimnasios o almacenes multimedia. Para entonces las salas más antiguas ubicadas en los barrios de ciudades y pueblos mostraban sus fachadas fantasmales deshechas por el paso del tiempo y el abandono.

El cine “Marvi, con una pantalla de las grandes, de 220 metros cuadrados nada menos, llegó a contar en su época de esplendor con dos chicas en la taquilla, 18 acomodadores que atendían las 1.360 butacas repartidas entre platea y anfiteatro, y cuatro personas dedicadas a la cabina de proyección. En la actualidad el edificio está vacío y cerrado a cal y canto a la espera de que algún promotor inmobiliario lo adquiera con fines especulativos, lo que de momento parece difícil. (Arriba, planta del patio de butacas. Abajo, vista del anfiteatro del cine).

 Página del diario ABC con un texto publicitario sobre la inauguración del Cine “Marvi” y las empresas que participaron en sus instalaciones, publicado el 10 de Diciembre de 1958. Se hace mención a sus propietarios y promotores, los hermanos Mariano, Vitorino y Sotero Arranz, dueños de Estructuras Metálicas Arranz Hermanos.

NOTA: En agosto de 2017 se acabó de derribar el edificio del antiguo cine Marvi. (VER: “Adiós a cine Marvi”   http://cinesdemadrid.blogspot.com.es/2017/08/adios-al-cine-marvi.html?m=1)

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Antonio H. me ha enviado este cartel para que le de difusión. Se trata de una iniciativa interesante para recoger fotos de la Guindalera con la ayuda de los vecinos. Espero que la idea sea un éxito y que haya buena participación. Con todo el material se hará una exposición. Es una manera más de hacer memoria.

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Casa en la calle Martínez Izquierdo número 21, en el barrio de La Guindalera. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

Dice Wikipedia que el neomudéjar es un “estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la Península Ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX.”  (Ver Wikipedia)
Su influencia deriva del estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe.

La arquitectura popular de Madrid, en especial la desarrollada en los suburbios previos al Ensanche de Castro (S.XIX), fue principalmente de ladrillo visto en estilo neomudejar. El ladrillo era el mejor material para una población mayoritariamente inmigrante de escasa capacidad económica que no podía permitirse excesos en la vivienda. La moda del neomudéjar madrileño se desarrollaría  en la ultima decada del siglo XIX hasta final de los años 20 del siglo XX, ya con pocas realizaciones. En esta arquitectura popular en la que el ladrillo era el protagonista, las diferentes fábricas y aparejos dieron importancia al relieve (rehundido o resaltado) como un elemento principal tanto a nivel técnico como estético . Los esquemas compositivos se repetirían con no demasiadas variaciones, dependiendo de la dimensión de la obra y de los residentes a quienes  se destinaba, probablemente porque los autores se copiaban unos a otros y la decoración dependia del presupuesto. Esto debió de ser así ya que la mayor parte de las construcciones las ejecutaron maestros de obra o los propios moradores, lo cual no resta interés a los trabajos ni a la capacidad imaginativa de sus autores.

Así pués, el ladrillo, un material barato y duradero, tiñó de color rojizo el paisaje semi-urbano de la periferia madrileña de inicios del siglo XX. El amplio espacio al que  llegaban sin parar inmigrantes de toda España para asentarse y buscar trabajo,  se llenó de tejares para atender  la necesidad de material con que levantar nuevas casas y poco a poco los suburbios  fueron ganando habitantes e importancia.

En cualquier caso, en los ejemplos de edificaciones de la época que todavía sobreviven -que van siendo cada vez menos- se pueden observar  algunos elementos comunes como el arranque o primer nivel que acostumbra a carecer de ornamentación y se separa de los niveles consecutivos con un  friso horizontal de ladrillo con juegos geometricos. Los  vanos y huecos se cubren con guardapolvos de inspiración neomudéjar que suelen ser de tipo geométrico (rombos, aspas, etc.).

Edificio en la calle Juan de la Hoz, 23 en la Guindalera. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

El friso superior suele estar también decorado con motivos geométricos y aparejo de ladrillos escalonados con modillones volados a sardinel bajo las cornisas. Se utilizan diferentes aparejos ornamentales para el remate del edificio entre cornisa de cincha y alero que conjugan los resaltados y los rehundidos, así como en entrepaños y antepechos de los huecos.

Edificio calle Cardenal Belluga, 13, en la Guindalera. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

También se puede encontrar un repertorio variado en líneas horizontales en cornisas de cincha y de remate, guardapolvos, líneas de imposta y elementos de enlace entre huecos en hiladas y sardineles, aunque también aparece algún ejemplo de resaltes horizontales en esquinas curvas de fachada. En lineas verticales la ornamentación se encuentra en laterales de fachadas y huecos en hiladas consecutivas. En algunos casos, cuando el edificio tiene mayor altura, los entrepaños se han decorado con pilastras en relieve de ladrillo que realzan su verticalidad.

Finalmente, hay que destacar también el empleo de cuidada forja de motivos naturalistas en ventanas y balcones, cuando los hay.

Casa en la calle de Benigno Soto núm. 5,  en Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

Vaquería en calle de López de Hoyos c/v calle Padre Claret,  en el barrio de Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

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Antecedentes del Ensanche

En 1857 Madrid tenía algo más de 280.000 habitantes. Desde que en 1625 Felipe IV mandara levantar la tapia que rodeaba la ciudad para fiscalizar la entrada de bienes de consumo, el número de habitantes crecía sin parar y la escasez de viviendas constituía un problema cada vez mayor.
El tránsito hacia la ciudad industrial que Madrid aspiraba a ser requería de mano de obra abundante, lo que se correspondía con la llegada de fuertes remesas de inmigrantes que tenían dificultad para encontrar un lugar donde vivir.

Hasta el momento las soluciones aportadas para paliar el problema de la vivienda se limitaban a la sustitución de las casas bajas con patio por otras en altura y distribuciones más reducidas; a la apertura de nuevas calles; y a la parcelación de los espacios aún libres para levantar nuevos edificios.
El interés principal se centraba en dar respuesta rápida a la escasez de vivienda en lugar de atender y mejorar las condiciones del alojamiento y su salubridad, que en las casas ocupadas por obreros era bastante penosa, para luego dar solución a la demanda. De hecho el índice de mortalidad entre los pobladores de estos barrios era enorme y el aumento de población en la capital solo era posible debido a los grandes contingentes humanos que a ella acudían.

“En el plano de Facundo Cañada se observa Madrid como era en el año 1900. En él se incluye el extrarradio, más allá del Ensanche. Se ven consolidados barrios como el de Olavide-Chamberí o el de Peñuelas-Arganzuela, el sector más occidental del barrio de Salamanca, la zona en torno a la calle de Santa Engracia, y al norte del eje de Alberto Aguilera-Sagasta, el barrio de Argüelles y zonas de la Glorieta de Atocha.
Ya en el exterior de las Rondas se aprecia la formación ya afianzada de barriadas populares como Tetuán de las Victorias al norte, Prosperidad, La Guindalera y Madrid Moderno, al noreste; y los inicios del Puente de Vallecas, al sureste; y el Paseo de Extremadura, y la calle Antonio López, al otro lado del río Manzanares, en el suroeste.”
(Guía del Urbanismo de Madrid/ S. XX. Madrid, 2004)

Plano de Madrid de 1831, de la Society for the Diffusion of Useful Knowledge (Gran Bretaña). En este plano llaman la atención una serie de edificios, dibujados al pie de la hoja,  considerados como principales en la Villa de Madrid. Las construcciones destacadas por los autores  son la Puerta de Alcalá, la Iglesia de San Norberto (Convento de los Mostenses), la Real Casa de Correos, el Palacio Real, el Palacio de Buena Vista, el Monasterio de El Escorial (a 20 millas de Madrid), el Palacio del duque de Berwick (Palacio de Liria), el Convento de la Visitación (Salesas Reales) , Real Palacio del Consejo de Castilla (Palacio del duque de Uceda o de los Consejos), Real Casa de Aduanas y la Puerta de San Vicente (en realidad el dibujo no es de esta Puerta sino de la de Alcalá -ver comentarios-). Resulta llamativo que algunas de estas obras ya no existan -como la citada Puerta, desmontada y perdida, o el convento de los Mostenses, cuyo solar ocupó luego el Mercado del mismo nombre, con el tiempo también desaparecido-, cuando tuvieron una importancia notable y fueron representativas de la arquitectura de la ciudad.


El Proyecto de Ensanche de Castro

En este contexto, el 19 de julio de 1860 se aprobaba el Anteproyecto del Ensanche de Madrid, firmado por Carlos María de Castro, que proponía un aumento del espacio urbano en 2.294  hectáreas (ha) por el norte y el noroeste, partiendo de la Puerta del Sol y desarrollándose hacia el norte con las Rondas como límite. Perímetro que en la actualidad coincide con el paseo de Reina Victoria y las calles Raimundo Fernández Villaverde, Joaquín Costa, Francisco Silvela y Doctor Esquerdo.
Esta ampliación del espacio urbanizable permitiría, según el Anteproyecto, un incremento de hasta 150.000 habitantes con un estándar de 40m2/ habitante, en lugar de los 26,7m2/h. con los que hasta el momento se contaba.

Plano de Guillermo Martorell, 1873. Arriba a la izquierda se pueden ver las primeras edificaciones del barrio de Salamanca, en el Ensanche Este.

Castro ensanchaba Madrid dentro de una concepción que la ordenaba racionalmente, estableciendo tres zonas de expansión en cuadrículas ortogonales y calles jerarquizadas por anchura, que se dividieron en Ensanche Norte (Chamberí), Ensanche Este (Salamanca y Retiro) y  Ensanche Sur (Arganzuela).

Es indudable que el elemento esencial que inspiró la idea del Ensanche fue la escasez de vivienda, no solo por su escaso número sino también por su carestía y la imposibilidad de los obreros de acceder a ella. Curiosamente, ya por el siglo XVIII Jovellanos proponía la construcción de viviendas fuera de los límites del núcleo urbano como una solución al mismo problema.
Pero sería en 1842, con la promulgación de la Ley del inquilinato, con un claro espíritu liberal económico, que permitía la libertad absoluta en el precio de los arrendamientos urbanos, cuando, al dispararse el precio de las viviendas, comenzaron los proyectos que sugerían un ensanche de la ciudad más allá de sus límites. Los propietarios se valieron de esta Ley del Inquilinato para, aprovechando la escasez de suelo, cobrar por las viviendas precios descomunales que las hicieron inaccesibles a las exiguas economías de los inmigrantes en busca de trabajo

La “ejecución” del proyecto

A pesar de la necesidad acuciante de generar nueva vivienda, la puesta en marcha del Ensanche se retrasó y su desarrollo fue lento, prolongándose entre las décadas de 1860 y 1930. Además, los intereses especulativos, el desorden y la anarquía que alargaron el  periodo de tiempo durante el que se ejecutó, disiparon las directrices originales y modificaron muchos de los propósitos definidos en el Plan Castro.
Así, en 1864 Cánovas del Castillo suprimía por Real Decreto cerca de un tercio de los espacios verdes reflejados en el Plan Castro para dedicarlos a calle particular. Y en 1892, se modificaban las Ordenanzas Municipales para fijar las alturas máximas que permitirían 20 m. de altura (cinco pisos y ático) en las calles de más de 20m. de ancho, y 19m. de altura en las calles de entre 15 y 20 m. de ancho, permitiendo una ocupación del 85% de la manzana.

Sin embargo, la oferta de vivienda barata en este área fue escasa y como ha quedado dicho, la propensión al lucro por parte de propietarios y promotores fue elevado. Esta circunstancia propició que se crease un crecimiento paralelo de la construcción de viviendas tanto en el Ensanche como en zonas del extrarradio, principalmente en el norte y el este.

Kiosko de música en la calle Marqués de Urquijo, en Argüelles en 1930.

El proyecto de Ensanche para Madrid afectaba a un espacio limitado por la antigua cerca del casco histórico y el perímetro descrito por las actuales calles de Princesa, Isaac Peral, Reina Victoria, Raimundo Fernández Villaverde, Joaquín Costa, Francisco Silvela, Doctor Esquerdo, Pedro Bosh, Planetario, río Manzanares, Cuesta de San Vicente y Plaza de España. La longitud del nuevo contorno urbano, que en realidad era un foso o camino de ronda, sumaba unos diecinueve kilómetros, con una anchura de 50 m., lo que incrementaba la superficie de la ciudad en 1.494 ha, que sumados a las 800 ha. de intramuros completaban un total de 2.294 ha para el área de Madrid.

En 1875 la expansión del Ensanche hacía destacar el núcleo de Chamberí, cuyo desarrollo era previo al Plan y que además lo hizo de acuerdo a una planificación anterior, Argüelles y, en menor medida, el barrio de Salamanca. Más al sur, destacaba el sector de Peñuelas, constituido del mismo modo que Chamberí, en un arrabal importante cuyo desarrollo se produjo en torno a los ejes de las avenidas construidas en época de Carlos III.
Ya en 1916, el Ensanche ha alcanzado un grado alto de consolidación en algunas zonas como Chamberí, Almagro y Argüelles, y medianamente consolidado en Salamanca y muy poco en la zona de Vallehermoso-Gaztambide y Sur de la calle de Alcalá. Y para 1935 puede decirse que el proceso de consolidación del Ensanche estaba prácticamente terminado.

Grabado que muestra la construcción de las primeras casas del barrio de Salamanca en el sector más occidental, en la calle de Caudio Coello, sobre el año 1872.

El arrabal de Chamberí

El espacio que ocupaba Chamberí en 1850 era el de un conjunto de tierra que se extendia hacia el Norte de Madrid y que tendía a albergar al crecimiento natural que necesitaba superar la vieja cerca. Se trataba, por tanto, de un arrabal compuesto por jornaleros inmigrantes cuyos sueldos no les permitían vivir en el centro de la ciudad y elegían este entorno para habitar, (lugar que en la actualidad ocupan la Plaza de Olavide y alrededores). Puede hablarse, por tanto, de que Chamberí conformaba ya un ensanche de Madrid antes de que el Plan de Castro se pusiese en marcha.

A pesar de que Castro se vió obligado por el Ministerio de Fomento a trazar una retícula ortogonal sobre las áreas ya construidas y consolidadas del barrio, el creciente arraigo de la población no permitió que se produjese un derribo de las zonas ocupadas para rehacer el barrio como si fuese un territorio virgen, tal como ocurrió en el barrio de Salamanca, de nueva formación. Esto no significó, sin embargo, que la burguesía no hiciese acto de presencia y se mudará a esta parte del ensanche, generándose áreas diferenciadas que confirmaron la necesidad de segregación de clase que reclamaba la burguesía adinerada. Durante el desarrollo del Plan, Chamberí crecería toda velocidad, pasando de 5.000 habitantes en 1860 a más de 25.000 en 1880, de los cuales la población nacida en la capital apenas llegaba al 40%.

Plaza de Olavide, en el barrio de Chamberí,  en 1880. Entre 1860 y 1880 el crecimiento de la zona en la que se encontraba el primitivo arrabal de Chamberí había sido notable, pués no solo se experimentó un importante crecimiento del número de sus habitantes, sino que también la trama de calles y sus edificaciones era bastante superior. En este proceso, el aspecto  rural y marginal de los asentamientos originales era ya el de un barrio más de Madrid.

Ya mediado el último tercio del siglo XIX, podían distinguirse en Chamberí tres áreas bien diferenciadas. La primera correspondía al núcleo en torno al barrio de Trafalgar constituido por antiguas casas del arrabal, junto con el barrio de Almagro occidental y parte del de Arapiles, conformado por jornaleros, artesanos e inmigrantes recien llegados a la capital y expulsados del centro que ya no era capaz de acoger  a más personas.

Una segunda zona, al oeste y al norte, en las zonas actuales de Vallehermoso, y Rios Rosas, cerca ya de los límites del muro, amplia, llena de descampados en los que abundaban los tejares y con varios cementerios en los alrededores (donde entre 1851 y 1856 se construyó el primer depósito del canal de Isabel II). Finalmente, una tercera zona más señorial al este y lindando con la Castellana, la de Almagro, compuesta por una clase social pudiente de funcionarios, abogados, militares y algún comerciante que construiría palacetes, amplios edificios de viviendas y lujosos hoteles unifamiliares. (Ver Payol Trigueros, Rubén. Jornaleros e inmigrantes en el ensanche norte de Madrid)

La construcción de locales para el ocio, una de las demandas de la población que iba acudiendo a las nuevas viviendas del Ensanche, dio origen a edificios como el Frontón Beti-Jai, construido en 1893 en la calle Marqués de Riscal, en la zona de Almagro, extremo este del barrio de Chamberí.

Más allá del Ensanche

Paralelamente a la construcción del Ensanche comenzaron a surgir fuera del perímetro del foso pequeños núcleos de población que fueron el germen de futuros barrios. Sus habitantes, llegados del interior de las provincias limítrofes, en busca de trabajo, optaban por este suelo rústico, alejado del núcleo urbano debido a su precio, más bajo y a la posibilidad de construir sin demasiados problemas. Además, estas periferias contaban con la ventaja de estar comunicadas con Madrid a través de caminos que unían el centro urbano con núcleos rurales próximos o que se dirigían a otras capitales.

Se constituye, por tanto,  una dualidad en el crecimiento de Madrid, que prevalecerá durante todo el proceso de desarrollo urbano que va de 1860 a 1960. Por una parte la ciudad planificada, continua y sistemática del Ensanche y, por otro, la espontánea, irregular y fragmentada del extrarradio, que crecía junto a  caminos principales: Tetuán de las Victorias al norte (Camino de Francia), Prosperidad (Camino de Hortaleza), La Guindalera y Madrid Moderno (Camino de Alcalá), al noreste; y los inicios del Puente de Vallecas (Camino de Vallecas), al sureste; y el Paseo de Extremadura, y la calle Antonio López, al otro lado del río Manzanares, en el suroeste.
Más adelante, a estas parcelaciones periféricas habría que añadir otras marginales surgidas en las décadas de posguerra, principalmente caracterizadas por el chabolismo y la vivienda mínima autoconstruida, y también los polígonos de promoción pública, al principio, y privada que dotaron de vivienda social al Madrid entre los años 50 y 70.

Por lo que respecta a estas periferias, paralelas al Ensanche, su desarrollo aunque en evolución continua, puede decirse que culminó en torno a 1915, momento a partir del cual se inició un paulatino proceso de urbanización y mejora, consistente en dotar a las barriadas de las infraestructuras necesarias en orden a su habitabilidad y salubridad. “Madrid contaba en 1750 con 160.000 habitantes y ocupaba una superficie de 220 ha, que suponía una densidad de 750 h/ ha. En 1850 eran ya 280.000 habitantes que ocupaban 360 ha, con una densidad de unos 900 h/ ha. ” (Ver Borja Carballo, Rubén Pallol y Fernando Vicente. El Ensanche de Madrid. Historia de una capital)

Plano de Madrid de 1902.

Referencias.-

VV.AA.
Guía del Urbanismo de Madrid/ S. XX
Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 2004

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Introducción
Fundación COAM
Madrid, 2003

Borja Carballo, Rubén Pallol y Fernando Vicente
El Ensanche de Madrid. Historia de una capital
Editorial Complutense
Madrid, 2008

Pablo Garda Colmenares Transformaciones urbanísticas industriales

Mercedes Tatjer La vivienda obrera en España de los siglos   XIX y XX.

José María Cano Carlos María de Castro

Alicia Díez de Baldeón García
El nacimiento de un barrio burgués: Argüelles en el siglo XIX

Ensanche de Madrid (Wikipedia)

Carlos María de Castro (Wikipedia)

Arquitectura y Espacio Urbano en Madrid PDF
Ciclo de conferencias
COAM, 2008

Rubén Payol Trigueros
Jornaleros e inmigrantes en el ensanche norte de Madrid
Universidad Complutense de Madrid PDF

Rafael Huertas
Vivir y morir en Madrid PDF

Cesar Chicote
La vivienda insalubre en Madrid PDF
Memoria
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 1914

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Vencejos dejándose caer desde el cielo de Madrid hasta mi ventana. A lo lejos la bandada dispone cómo ha de distribuirse por la ciudad. Casi en primer plano un vencejo planea y sorprende en su vuelo veloz al objetivo de la cámara…

Hace dos años por estas fechas escribí unas notas hablando de los vencejos, que ya iban llegando a la ciudad. Siempre anuncian su llegada dejando oir sus grititos agudos en el cielo. Y cuando descubrimos su presencia, ahí los vemos volando velocísimos, surcando las alturas en indescriptibles piruetas que desafían con su técnica perfecta las leyes de la física. A corta distancia, si alcanzamos a verlos, destaca entre su pardo negruzco plumaje una tímida marca blanca en la garganta, que les llega hasta el diminuto pico y aún lo sobrepasa. Sus patas son también mínimas, dotadas de grandes garras de las que se prenden cuando llegan de las alturas hasta sus cobijos en paredes verticales, fachadas de edificios o salientes de cualquier naturaleza, para poner, para atender a las puestas y para criar a la estirpe. El resto del tiempo lo pasan volando. Comen volando, duermen volando, copulan volando. Solo la crianza supone una breve pausa en su breve existencia. Pura fantasía para cualquier existencialista romántico.

Llegan todos los años, y al verlos pienso siempre en el sol de la primavera, en el éxtasis de los sentidos que estimula esta estación, preámbulo del verano, de las vacaciones, del relajo necesario para seguir adelante…  “Ataráxia vital, sensación imprescindible, cambio de aires, diástole que el corazón agradece y al verbo dilata como en una inspiración profunda, motor para la pluma  que se oxigena y revive en el momento pasado y lo escribe en  presente “. (Ernesto H.  Bernal, Panamá)

Madrid es una ciudad fácil para los vencejos. Edificios altos, innumerables oquedades repartidas por doquier, tiempo exquisito para estos infatigables voladores y comida, mucha comida. Los vencejos que ya podemos ver en la ciudad se alimentan de todos esos bichos que tanto nos molestan en cuanto el calor comienza a hacerse presente. O sea, insectos de todo tipo: moscas, mosquitos, mariposas, escarabajos, etcétera.

Ya están de vuelta estas aves migratorias que tanto estiman nuestro clima soleado y sosegado. En estos últimos tiempos más soleado que sosegado. Es igual, siguen viniendo. Bienvenidos sean.

El año que viene, si me acuerdo, volveré a hablar de los vencejos.

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