COVID-19, terrazas y espacio público

La pandemia del nuevo coronavirus, COVID-19, ha implantado en España una fiebre «terracista» a la que nos hemos lanzado con un ansia propia del apocalipsis. Primero fue la ley antitabaco. No era el fin del mundo, pero se apostó por que en los bares se pudiera seguir fumando, montando terrazas y veladores en las aceras. Con el COVID-19, el paso previo se convirtió en obligación y las terrazas medraron hasta el infinito. Frente al derecho al trabajo y al ocio sin trabas apareció el derecho a transitar sin obstáculos y el derecho a descansar sin ruidos. Y surgió la polémica: ¿Es legitima la apropiación administrativa del espacio público para cederlo a usos comerciales privados? ¿»Qui pro quo»? Quién gana y quién pierde y a qué precio. ¿Hay mesura y equilibrio en las políticas administrativas de un solo sentido?

Terraza y velador en un parque de Madrid. (Foto: E. Fidel, 2021)

El espacio público

Para empezar es importante saber qué entendemos por espacio público. Sociólogos, urbanistas, filósofos, arquitectos y políticos llevan tiempo enfrentando posturas e ideologías sin llegar a un consenso que unifique los puntos de vista. 

Si se asume que el espacio público debe albergar y fomentar el desarrollo de las relaciones sociales, en la medida en que la vida pública cumple funciones diferentes, los espacios públicos deben adaptarse a estas funciones, lo que justifica la intervención y regulación de las instituciones para garantizar el buen funcionamiento de la sociedad. En la actualidad son los espacios privados los que definen la organización de la ciudad. Por eso, el espacio público es lo que queda una vez se han definido los usos del suelo en vivienda, comercio, administración e industria, etc. (Ver: Carrión M., Fernando. El espacio público es una relación, no un espacio. Cidur, 2020.)  El espacio público es un elemento fundamental del orden urbano que se relaciona directamente con el espacio privado, ya que define la manera como los habitantes hacen uso de los recursos sociales y cómo se relacionan entre ellos. La tendencia a la subordinación de lo público a lo privado, con el predominio de lo privado como interés general,  altera el sentido colectivo de lo público como espacio de todos y genera tensiones. (Ver: Ramírez Kuri, Patricia. Espacio público, ¿espacio de todos?
Reflexiones desde la ciudad de México
. Revista Mexicana de Sociología 77, núm. 1 -2015)

De forma paralela, el espacio público se puede entender  como aquel espacio vacío  de circulación o consumo (descampados, espacios sin urbanizar, solares sin construir…), sin identidad y sin referentes culturales, susceptible de transformarse, por ejemplo, imitando modelos tradicionales, siguiendo patrones históricos y organizándolo desde la intervención del poder público con una perspectiva de seguridad y control. Es decir facilitando la intervención de las fuerzas del orden en el caso de que se produzca alguna alteración de las funciones legitimadas desde las instituciones políticas. Las  administraciones defienden este concepto de intervenir con la creación de diseños diáfanos y visibles desde cualquier ángulo ya que se entiende prioritario eliminar las presencias conflictivas y restaurar el orden y el control social. (Ver: Ardura Urquiaga, Álvaro. Madrid, espacio público confiscado. La privatización y resignificación del espacio público en los procesos de transformación material de las plazas del centro de Madrid. Universidad Politécnica de Madrid UPM.)

A esta visión se puede añadir una tesis de conflicto que sostiene que en el espacio público se generan luchas entre sectores sociales que se enfrentan por la apropiación del espacio. De esta manera unos desplazan a los otros en función de la legitimidad sociopolítica que se atribuya a los sectores en litigio. (Ver: VV.AA. El espacio público en conflicto: coordenadas conceptuales y tensiones ideológicas. Universitat de Barcelona y Universidad de Valparaiso. 2015)

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Terraza situada en la calzada en una calle de Madrid. (Foto: E.R.E, 2021)

Privatización del espacio público

En enero de 2011 el Congreso de los Diputados aprobaba la Ley Antitabaco que prohibía fumar en lugares abiertos al público. Unos meses después los ayuntamientos de las ciudades de toda España elaboraron ordenanzas que facilitaban los trámites para colocar terrazas y veladores en calles y plazas,  y la solicitud de permisos se disparó.

La ocupación del espacio público colectivo para usos privados genera conflictos entre los ciudadanos. Desde hace algo más de dos lustros, la proliferación de las terrazas y veladores instalados en las calles generan un debate y un conflicto de intereses en el que participan agentes públicos políticos, económicos privados y los vecinos, enfrentados por la preservación del espacio común frente a su uso comercial.

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Plaza de Santa Ana (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Plaza de Santa Ana: un caso paradigmático

Un ejemplo interesante lo podemos ver en la evolución de la plaza de Santa Ana de Madrid en pleno centro del barrio de Huertas, un caso paradigmático de suelo urbano público cedido a la explotación comercial privada.
La plaza se diseñó entre 1810 y 1812 durante el reinado de José Bonaparte en el lugar que ocupaba el convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Ana. A mediados de los años cuarenta del siglo XX, aunque ya se había perdido vegetación debido a una reforma, la mayor parte de su espacio seguía ajardinado con árboles y arbustos. Es decir, era un pequeño parque con bastante vegetación.

Pero a lo largo de la década de los 60, especialmente debido a la construcción del aparcamiento subterráneo, fue perdiendo todas las plantas del centro y los árboles más vetustos, de manera que se empezó a dibujar una explanada vacía cada vez mayor. Hasta 1989 mantuvo ese aspecto, conservando todavía los bancos típicos de cualquier parque. Precisamente en aquella época era muy popular el mercadillo al aire libre de artesanía que se montaba los fines de semana aprovechando el espacio abierto en el interior de plaza. Ese año, con las calles aledañas propiedad de los coches más que de los peatones, fue el último del mercadillo. El Ayuntamiento tenía planes para Santa Ana. Lo prohibió alegando la falta de autorización municipal. Ese mismo año se iniciaron unas obras en la plaza cuyo objetivo principal consistió en eliminar los bancos para sentarse y en colocar alrededor de los parterres elementos perimetrales con pinchos.

En 2001, finalmente, se amplió el aparcamiento haciendo desaparecer casi por completo la vegetación. Un parque sin apenas plantas y sin bancos, pero ya repleto de terrazas y de turistas. Las terrazas de los bares del entorno de la plaza ocupan un espacio público del que se ha desalojado, fundamentalmente, a los vecinos del barrio que hacían uso de él, y que se ha creado a través de la colaboración entre la intervención urbanística y la intervención política desde el Ayuntamiento. Donde antes cualquiera podía sentarse en un banco bajo un árbol, ahora lo debe hacer en la silla de una terraza bajo una sombrilla, pagando.
(Ver: Plaza de Santa Ana. Blog Historias matritenses y blog teosiesta)

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Evolución de la plaza de Santa Ana. A lo largo de algo más de medio siglo ha pasado de parque público con alguna terraza a un conjunto de terrazas cerradas donde el parque ha desaparecido. (Imágenes: NoMeCalles)

Crisis del COVID-19. El ejemplo de Madrid

Con la llegada de la crisis del Covid-19, que mermó la actividad económica y de manera especialmente ostensible la del del sector hostelero, los ayuntamientos atendieron sus demandas permitiendo la colonización de aceras y espacios públicos para la colocación de terrazas. Esta medida provisional, en el caso de Madrid,  planteaba en mayo de 2020 que «bares y restaurantes podrían extenderse a lo largo de la fachada del edificio en el que se situasen y de los colindantes», medida ampliable hasta el 31 de diciembre de 2021.

En junio de ese año, el 40% de las terrazas de Madrid inspeccionadas la primera semana tras el confinamiento fueron multadas por ocupar más espacio en las aceras del que tenían autorizado, lo que da una idea del furor con que se asumieron las medidas. A finales de primavera de 2020, el Ayuntamiento autorizó a los locales para que pudieran ampliar las terrazas en aceras (incluyendo «orejas») o instalarlas en las plazas de aparcamiento, sin apenas pagar impuestos por ello, en espacios ya que pagan los vecinos a traves del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER) para residentes.
El 28 de diciembre de 2021, el Ayuntamiento de Madrid publicaba la resolución de la Comisión de terrazas mediante la cual se prolongaba temporalmente la vigencia de las autorizaciones de terrazas otorgadas en disposiciones precedentes hasta el 31 de enero de 2022.

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Velador situado en la acera de una calle de Madrid. (Foto: E. Fidel, 2021)

Informe de la Comunidad de Madrid

Es llamativo el informe Accesibilidad universal en las terrazas de Madrid encargado por CERMI de la Comunidad de Madrid en 2018, antes de las medidas debidas al COVID. El trabajo analiza la disposición de las terrazas y su ocupación de la vía pública de la ciudad de Madrid. Este informe se realiza dada la preocupación generada en torno a la extensa ocupación de la vía pública por parte de terrazas y veladores en creciente aumento, ocupación que -según explicita el informe-  se estaba realizando de forma arbitraria y, en muchas ocasiones, sin  garantizar la accesibilidad universal para peatones, entendiendo esta como un requisito indispensable garante del uso y disfrute para el peatón que transita por el espacio público, a margen de sus capacidades o de la forma de deambular por la ciudad. En sus conclusiones, el estudio destaca que de las 1.066 terrazas visitadas, el 56% presentaban dificultades de accesibilidad y 22% de las terrazas estaban adosadas a la fachada interrumpiendo el paso de los peatones.

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Terraza situada en la calzada en una calle de Madrid. (Foto: E. Fidel, 2021)

Informe del Ayuntamiento de Madrid

Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid también encargó en 2015 un  informe denominado  Estudio de evaluación de los efectos de la ordenanza de terrazas en el espacio público, que llamaba la atención acerca del incumplimiento habitual de los negocios de restauración de la normativa. Desde los desatinos estéticos, la construcción de terrazas estables ilegalmente, el uso abusivo del espacio, la obstaculización del tránsito peatonal o la contaminación acústica. La justificación de que esta práctica proliferase ha sido la dificultad de inspección por falta de personal.

La nueva normativa que ha facilitado la expansión de las terrazas no ha corregido los abusos que ya se daban. Tampoco parece que, hasta ahora, se estén solucionando los conflictos vecinales, a pesar de que se contemplen las denominadas «zonas tensionadas» o «zonas saturadas» , en las que no se podrá ocupar más de un 30% de espacio público, dejando libres plazas de aparcamiento y reduciendo el número de sillas y mesas en la calle. En cualquier caso, queda por ver si  la nueva ordenanza de terrazas cuya tramitación se desarrolla durante 2022 es eficiente para desaturar la invasión del espacio común y para mejorar la convivencia entre los ciudadanos.

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Terraza situada en la calzada en una calle de Madrid. (Foto: E.R.E, 2021)

Referencias.-

Di Masso Tarditti, Andrés; Berroeta, Héctor ; Vidal Moranta, Tomeu. El espacio público en conflicto: coordenadas conceptuales y tensiones ideológicas. Universitat de Barcelona y Universidad de Valparaiso. 2015

Berezi Elorrieta Sanz et alt. La guerra de las terrazas: privatización del espacio público por el turismo en Sevilla y Barcelona. Cuadernos de Turismo, nº 47, (2021); pp. 229-259. eISSN: 1989-4635. Universidad de Murcia. DOI: https://doi.org/10.6018/turismo.474091

Ayuntamiento de Madrid. Medidas de apoyo a las terrazas durante la crisis COVID-19.

El día en que una terraza se comió tu plaza. El Salto.  Pablo Rivas, Hemeroteca Diagonal, 22 de junio de 2015)

El Supremo declara ilegal la expulsión de los artesanos de Santa Ana. (José Manuel Romero. El País, 30 de enero de 1996)

15.000 mesas y 40.000 sillas: así se han multiplicado las terrazas en Madrid. (Borja Andrino,Patricia R., Mariano Blanco, Zafradaniele Grasso. El País, 27 de diciembre de 2021)

Salazar, Octavio. Espacio público y paz social. Revista de Paz y Conflictos, núm. 3, 2010, pp. 23-43
Universidad de Granada

“Lagasca 99”, orígenes del alquiler más caro de Madrid

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Promoción Lagasca 99. (Foto: Grupo LAR)

«Lagasca 99″, una promoción de viviendas exclusivas para multimillonarios, situada entre las calles de Juan Bravo, Maldonado y Lagasca en pleno barrio de Salamanca de Madrid, ofertaba en 2017 al mercado internacional 44 propiedades que comenzaron a entregarse a partir de diciembre de 2018.

Según una información publicada por el diario El País, más de la mitad de los compradores de la promoción «Lagasca 99», procede de América, entre mexicanos, estadounidenses, venezolanos y colombianos. Hay un propietario procedente de Perú y también algunos españoles. Lo sorprendente de esta internacional nómina, es que buena parte de estos supermillonarios están vinculados a capitales opacos o sospechosos de serlo, que por la compra de las propiedades ven favorecidos sus intereses financieros. La otra mitad de las viviendas pertenecen a empresas, la mayor parte empresas pantalla , de cuyos propietarios nada se sabe. (Ver Anatomía de Lagasca 99: ricos latinoamericanos, sociedades opacas y el alquiler más caro de Madrid. El País, 22 de octubre de 2021)

Pero antes de que este edificio albergase el apartamento de alquiler más caro de Madrid, hubo otra construcción que languideció abandonada durante años a la espera de que se produjera el pelotazo.

Antiguo edificio de oficinas

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Lagasca con Maldonado. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Para quien haya pasado por delante de este edificio alguna vez antes de su demolición es posible que lo recuerde. No por su especial factura o por su destacable belleza, pues más bien, si por algo destacaba era por su aspecto anodino: una típica construcción de oficinas y apartamentos de finales de los años setenta de siglo pasado. Llamaba la atención al viandante precisamente porque el bloque, que ocupaba media manzana, se encontraba cerrado y vacío desde hacía lustros, presagiando un inminente derribo.

En 2011 el edificio comenzó a demolerse por métodos mecánicos y con gran sigilo.

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El bloque tenía entrada por las calles Juan Bravo, Lagasca y Maldonado, en el corazón del conocido y cotizado barrio de Salamanca. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Lo curioso del caso es que el derribo respondía en su momento a un pomposo proyecto de viviendas exclusivas para millonarios de los que acostumbran a tener propiedades repartidas por las capitales del mundo en las que la inversión inmobiliaria constituye un buen negocio.

Según contaban en 2011 algunos medios especializados en cuestiones inmobiliarias, el edificio que se levantase albergaría los pisos más caros y lujosos de Madrid. Entendiendo por lujo todo aquello que a un millonario se le pueda antojar, por muy extravagante que resulte, sabiendo que, por definición, los millonarios son todos antojadizos y exigentes.

Imágenes de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011.
Imagen de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Historia del proyecto

La historia de este proyecto de lujo asiático es la que sigue: En 2007 la inmobiliaria Eurosazor compró por 131 millones de euros los dos edificios contiguos y gemelos, conocidos como Juan Bravo 3B y 3C. Primero compró a Repsol en 2007 el número 3B por 65 millones (un total de 8.300 metros cuadrados de superficie y 90 plazas de aparcamiento). Ese mismo año, pero algo después, adquirió a Mutua Madrileña el número 3C, por 66 millones de euros.

El proyecto se encargó al estudio del arquitecto Rafael de La Hoz, autor de la sede de Telefónica en Las Tablas (Madrid), pero la «crisis del ladrillo» hizo que todo quedara suspendido hasta 2010, fecha en la que se retomó y se hicieron efectivas las gestiones de derribo y los permisos correspondientes. Para ello Eurosazor había constituido en diciembre de 2006 la sociedad Inmobiliaria Juan Bravo 3 (con el 50% del capital) para gestionar el proyecto. El inmueble cursó la apertura de expediente para el cambio de uso y demolición en Gerencia de urbanismo de Madrid con fecha de 27 de julio de 2011.
En los números 3B y 3C de Juan Bravo, se construirán 60 pisos inspirados, al menos en cuanto a su componente de exclusividad, en el complejo londinense One Hyde Park, y en la torre Chateau Libertador, de Buenos Aires. Para la comercialización de la multimillonaria promoción, que funcionará en régimen de propiedad de condominio, la empresa Gilmar Consulting Inmobiliario también participa en la sociedad. Según el proyecto original, las viviendas, muchas de las cuales ya estaban vendidas en 2011, tendrían de dos a cuatro dormitorios y una superficie mínima de 150 metros cuadrados útiles y zona de servicio, y se venderían a partir de 2,5 millones de euros. Es decir, a más de 16.000 euros el m2. La superficie total del proyecto sería de 19.400 m2. (Ver Expansión, 08/06/2011)

Viviendas de la promoción Lagasca 99, según el primer proyecto de Rafael de la Hoz.
Infografía de las viviendas de la promoción Lagasca 99, según el primer proyecto de Rafael de la Hoz

Paralización de las obras y nuevo proyecto, aún más ambicioso en 2015

Las obras de Juan Bravo Plaza (Juan Bravo 3), aunque arrancaron a finales de 2011, se detuvieron a mediados de 2012.
Eurosazor Activos SL (Inmobiliaria Juan Bravo 3) de la familia Ortiz, solicitó el concurso voluntario de acreedores el 6 de mayo de 2013 ante el Juzgado Mercantil número 5 de Madrid. (Ver El Mundo, 27/05/2013)
La construcción del proyecto se retomó en 2015 por Lar España y Pimco, aunque con numerosas variaciones. El nuevo edificio, con una superficie de 26.203 metros cuadrados construidos y rediseñado por Rafael de la Hoz, ahora albergaría 44 viviendas, 16 menos que las planeadas por Eurosazor. Distribuidas en ocho plantas y cinco diferentes tipologías y con una superficie que oscilaba entre los 330 y los 700 metros cuadrados, el precio medio de estas viviendas ascendería a 4,8 millones de euros. (Ver Expansión, 06/04/2017)

Según Colliers International Spain, la empresa que llevaba a cabo la comercialización del proyecto, «la promoción ha suscitado un amplio interés tanto a nivel nacional como internacional debido a sus especiales características». Hasta la fecha, más de la mitad de los propietarios de las viviendas son clientes internacionales, fundamentalmente estadounidenses, venezolanos, mexicanos y colombianos.

En 2017, esta promoción de lujo ya se había convertido en el proyecto más caro de Madrid tras vender un piso de 700 metros cuadrados por la friolera de 14 millones de euros. (Ver Libre Mercado, 15/04/2017)

Promoción Lagasca 99
Promoción Lagasca 99. Infografía del segundo proyecto con vista de la fachada de la calle Lagasca (Imagen: Lagasca 99)

Complejo de viviendas
Estado de construcción del complejo de viviendas «Lagasca 99». desde Juan Bravo con Claudio Coello, en septiembre de 2017. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017).

Referencias.-

Peinado, Fernando; Blanco, Patricia R; Grasso, Daniele
Anatomía de Lagasca 99: ricos latinoamericanos, sociedades opacas y el alquiler más caro de Madrid. (El País, 22 de octubre de 2021