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Archive for the ‘Spain’ Category

Edificio en la calle de Canillas número 75. Era una vivienda obrera de la primera o segunda década del siglo XX. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2007)

Edificio en la calle de Canillas número 75, en la Prosperidad. Era una vivienda obrera de la primera o principios de la segunda década del siglo XX. El revoco de las dos últimas alturas, seguramente anunciaba la desaparición del ladrillo visto y de sus aparejos, que caracterizó la entrada en el nuevo periodo arquitectónico de la mitad del siglo. Dada la fecha de construcción del edificio, la desaparición de estos elementos neomudéjares típicos podría deberse también a intervenciones posteriores, en los años 80, que eliminarían o cubrirían con revoco los resaltes de ladrillo originales. La construcción se derribó entre septiembre y noviembre de 2018. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2007)

La desaparición del barrio primitivo de la Prosperidad

La calle de Canillas era un camino, igual que López de Hoyos fue el camino de Hortaleza. Ambos caminos, conducían del centro de Madrid a los pueblos de Canillas y Hortaleza. La periferia de Madrid se componía en origen de pequeños pueblos que la abastecían esencialmente de bienes de consumo agropecuarios. A lo largo de estos caminos principales fueron apareciendo de manera espontánea nuevos caseríos, que acabaron por convertirse en barrios de la gran urbe.

De la primitiva barriada de la Prosperidad, nacida en 1862, ya no queda nada. Todavía permanece alguna construcción que podría datar de finales del siglo XIX, en las calles de Pérez Ayuso, 5; Canillas, 75; Anastasio Aroca, 20; Santa Hortensia, 12; Antonio Zapata, 7 López de Hoyos 113; López de Hoyos, 143 -que no es una corrala, aunque se la conoce como tal-. Las fechas de construcción de estos edificios es dudosa, si bien, por su tipología se evidencia que son centenarios.

Solar en la calle de Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 2018)

Solar en la calle de Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 15/11/2018)

Derribo del edificio de la calle de Canillas número 75

El edificio de la calle de Canillas número 75 era a todas luces popular y más que centenario. Y representativo del estilo, de la sociedad y de la época en que se levantó.

Su derribo evidencia el cambio de los tiempos. El cambio de mentalidades. Evidencia también el desprecio por la memoria de los barrios y de la ciudad. Con su desaparición se esfuma parte de la historia visual del barrio:  la mas accesible y comprensible, que muestra la arquitectura “in situ” y permite entender y hacer inferencias del pasado al presente.

En el lugar del solar que ya ocupa el desaparecido bloque se edificará un nuevo edificio, con semejantes intenciones mercantiles que el anterior. El promotor venderá al precio más rentable; como, sin duda,  haría el primer constructor. La nueva casa será como todas las nuevas casas del barrio. Un nuevo bloque, que formará parte del barrio, sin que casi nadie se de cuenta de la substitución. Así, con este disimulo, se producen los cambios.

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Solar en Canillas número 75, la Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo Escobar, 15/11/2018)

La Prosperidad, al no ser un barrio nuevo, se renueva a la fuerza. Tristemente, a costa de perder su identidad. Cada día quedan menos edificios que recuerden su pasado de más de 150 años de barrio. Por desgracia, el ritmo y el estilo edificatorio evidencian la pérdida absoluta de cualquier característica particular. El Edificio en la calle de Canillas número 75 es la última pérdida. Indefectiblemente,  cada vez quedarán menos construcciones antiguas y nadie se acordará de ellas.

Referencias.-

Barrio de la Prosperidad,  Madrid (Wikipedia)

Recuerdos del barrio de la Prosperidad/  Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Blog-Urban Idade, 2011)

Mercado de abastos de la Prosperidad/ 
Mercado de Abastos de la Prosperidad (Blog Urban Idade, 2015)

La Prosperidad/ (Studio La Cube Blog Urban Idade, 2018)

La Prosperidad 1862-2012. Un libro sobre la historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid” Madrid es periferia, 2012 (Blog de Elvira Navarro, 2012)

Rojo Escobar, F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012.
Temporae Ediciones/ Madrid, 2012.

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FÁBRICA ESPONA San Juan de las Abadesas c.1900

Fábrica Espona (San Juan de las Abadesas, c.1900).

Durante los siglos XIX y XX la industria textil española creó un conjunto de pequeñas unidades urbanísticas ligadas a la fábrica que permitían que los obreros pudieran vivir cerca de su lugar de trabajo. Estas colonias, propiedad de las empresas, estaban dotadas de infraestructuras como alojamientos, iglesia, escuelas, economato, parque y otros espacios comunes. Hace más de dos décadas que cerraron las últimas fábricas. De las colonias cada vez va quedando menos. Hacemos un repaso de su historia.

Colonias industriales

Las colonias industriales españolas son herederas conceptuales de las británicas del siglo XIX en cuanto a su carácter utilitario para el funcionamiento de la fábrica, pero estaban muy alejadas a nivel humano de aquellos primitivos modelos filantrópicos.
En España, la totalidad de las colonias industriales se crearon en Cataluña, ya que aunque existieron muchas fábricas de tejidos en otras zonas del país como Extremadura o Salamanca, etc., ninguna desarrolló el modelo en su totalidad.

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Colonia Espona. Se trata de una construcción de estilo regionalista que se sitúa en las proximidades del centro urbano de San Juan de las Abadesas, en Gerona. El conjunto lo forman la fábrica (la construcción más antigua, 1902), los alojamientos de los obreros (1940) y la casa tardía del director (1964). (Foto: Google, 2013)

COLONIA ESTAMARIU C.1915

Colonia Estamariu, en Ripoll, c. 1915. El conjunto industrial estaba formado por cuatro fábricas, viviendas para los obreros y un gran canal de 4.500 m.

COLONIA ESTAMARIU GOOGLE 2015

Colonia Estamariu (Foto:GOOGLE 2015)

Las colonias son núcleos de población productivos situados siempre en zonas rurales o semirurales, y aunque fueron en su mayoría textiles, también las hubo dedicadas a la extracción de minerales o a la fabricación de papel, metalúrgicas o electroquímicas. Las textiles, creadas en la segunda mitad del siglo XIX, constituyen uno de los fenómenos más definitorios del proceso de industrialización de Cataluña y, por ende , de España, tanto por el modelo social y empresarial que desarrollaron, como por el singular diseño del paisaje que han definido en las cuencas de los ríos Ter y Llobregat, y más concretamente en las comarcas del Ripollés, Berguedá, y el Bages. La acción de las colonias en estos espacios rurales generó industrialización y urbanización“. (Ver Wikipedia)​

Colonia Recolons, c. 1920. Antigua colonia situada en Ribes de Freser a finales del siglo XIX.

Colonia Recolons, c. 1920. Antigua colonia situada en Ribes de Freser a finales del siglo XIX.

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Colonia Llaudet, formada por la fábrica (en la imagen), la casa del director, las viviendas de los trabajadores, la iglesia, el café y la sala de baile. Se encuentra en San Juan de las Abadesas. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

COLONIA LLAUDET C.1920

Colonia Llaudet, c. 1920.

Colonia Llaudet, viviendas deshabitadas. (Foto: Google, 2009)

Colonia Llaudet, viviendas deshabitadas. (Foto: Google, 2009)

Colonias en Cataluña y sus características

Las colonias se situaban junto a un río porque la industria buscaba la energía hidráulica para mover la maquinaria y se desplazaba a las cuencas en zonas rurales. Los industriales encontraron en la fuerza del agua una fórmula para reducir los costes de produción respecto a las fábricas textiles que funcionaban con vapor alimentadas con carbón -escaso y caro- del entorno industrial de Barcelona, Sabadell, Tarrasa, etcétera.

Las colonias textiles comparten unas características, que son las siguientes: a) están situadas en la margen de un río para aprovechar la energía hidraúlica (aunque también tenían máquinas de vapor alimentadas por carbón); b) disponen de una esclusa y de un canal para desviar el agua con la fuerza suficiente para mover una turbina; c) constituyen pequeñas poblaciones formadas por la fábrica, los alojamientos y otras instalaciones o espacios comunes. (Ver Wikipedia)

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Colonia Santa María, junto al río Ter, de 1890. Viviendas del conjunto, ya deshabitadas. Eran tres bloques de tres plantas cada uno, pensadas para 78 familias. (Foto: Consorci Ter, 2012)

Como queda dicho, las colonias textiles se concentraban en Cataluña, en las cuencas de los ríos Ter y Llobregat. En el periodo de 1871-1885 se fundaron algunas de las colonias industriales más importantes: Viladomiu Vell (1871), L’Ametlla de Merola (1874), colonia Burés (1874), La Barriada del Puig de la futura colonia Sedó (1875), colonia Borrás (1875), Viladomiu Nou (1880), cal Pons (1880) en el río Llobregat; la colonia Palà de Torroella (1877) en el Cardener; colonia Matabosch (1875), colonia Còdol Dret (1872), colonia Baurier (1878), colonia Vila-seca (1880), La Mambla d’Orís (1881) y Estamariu (1892), Espona (1902), en el Ter; colonia Recolons (1870), Sorribes (1888) y L’Herand (1891), en el río Freser.

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Antigua Colonia industrial Molinou, dedicada inicialmente al sector textil y posteriormente a la industria papelera, en el municipio de Campdevanol, en el Ripollés. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Colonias: Paternalismo industrial

Alejadas de los rasgos de filantropía que empaparon las primeras colonias europeas de finales del siglo XIX en Europa, en las colonias de España se ejerció un paternalismo industrial como remedio a la conflictividad laboral y a las demandas obreras que se extendían en las zonas industriales a finales del siglo XIX e inicios del XX. “El patrón o “amo” era presentado como un benefactor y protector de sus obreros, que velaba por su bienestar. El obrero, por su parte, debía mostrar obediencia, respeto e incluso devoción a su patrón. En las colonias industriales este paternalismo se fundamentaba en el derecho de la propiedad y en el dominio sobre todos los bienes del patrón (la fábrica, las viviendas y todos los edificios y servicios), y se convertía en la práctica en una especie de feudalismo industrial.​ A cambio de la limitación de los derechos de las personas, la falta de libertad, el cierre dentro de las murallas y el control social y moral, el obrero obtenía como compensación la seguridad de mantener el trabajo, una vivienda y mejores condiciones que en las demás industrias, e incluso escuela para los niños y actividades de ocio como el coro parroquial, teatro amateur, asociaciones de carácter católico o algún deporte de equipo. Por su parte, los industriales de las colonias obtenían beneficios económicos, paz social, protagonismo industrial y poder, no solo en las colonias sino en los municipios y en las comarcas en las que estaban establecidos“. (Ver Wikipedia)

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Antigua colonia textil “Hilaturas Noguera” (1890). El conjunto posee el edificio fabril, las viviendas obreras, y varios almacenes. También un canal que lleva las aguas a las esclusas para que funcionaran las turbinas. En la actualidad el complejo funciona como vivero. (Foto: Google, 2013)

Desaparición de las colonias textiles

Finalmente, “el sistema de las colonias industriales entró en decadencia en la década de 1960. El aumento del nivel de vida, el deseo de acceder a una vivienda propia, un mayor acceso a la educación y los nuevos estilos de vida hicieron tambalearse el mundo plácido y seguro de las colonias. En Cataluña, además, coincidió con la primera crisis de la hilatura, que se agudizó a partir de 1978. En las décadas de 1980 y 1990 cerraron la mayor parte de las fábricas de las colonias. En algunos casos, tras un concurso de acreedores, los ya extrabajadores pudieron adquirir los pisos donde vivían. En otros, los habitantes abandonaron la colonia y ésta quedó desierta. Las naves industriales han sido posteriormente ocupadas por otras industrias de menores proporciones, o bien han quedado vacías“. (Ver Wikipedia)

Referencias.-

Llista de colònies tèxtils de Catalunya (Vikipèdia)

150 AÑOS DE COLONIAS INSDUSTRIALES (PDF)

150 anys de colònies industrials
L’Erol (Revista)
Núm.: 86-87

Colonia industrial(Wikipedia)

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Fontanería Urban IdadeBB

Mi abuelo tenía un negocio viejo en el que vendía llaves, grifos, racors, codos, empalmes y tuberías de todo tipo desde mucho antes del siglo XXI. También vendía gutapercha, enchufes e interruptores y cables de cobre ; y pez y minio en botes negros, y para sellar las tuberías de plomo estopa de cáñamo enrollable. Y más cosas. Todo un negocio viejo, rentable antes del siglo XXI.

En el número 46 de la calle del Ventisco de la capital se estableció en 1927 mi abuelo, el fundador del negocio. Lo llamó Urban Idade porque le gustó el regusto arcaico del nombre y porque le pareció que le daba empaque un letrero que sonaba a latín.

En España, en el siglo pasado -tal vez hoy también- se vivía muy atento a la imagen que sugería el siempre contundente cartelón de un comercio, cuyos matices aseguraban calidad y buen servicio. En realidad, Urban Idade nunca fue una empresa pionera; siempre fue un pequeño comercio familiar con poca proyección.

La fontanería se llamó Urban Idade, en castellano, aunque sonara a latín. Un nombre imposible para una fontanería que pretendía ser universal en una ciudad como la nuestra, que siendo la capital, era como un pueblo grande sin pretensiones. Por eso, el tiempo impuso la razón del idioma o el idioma impuso su razón en el tiempo y el viejo negocio imposible de fontanería de mi abuelo tuvo que reconvertirse en blog universal sobre  las redes urbanas, algo parecido a la fontanería; y también dificil de leer: URBAN IDADE.

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Fuente de agua potable, avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

De cuando en Madrid el agua se distribuía por viajes y traidas, y de las fuentes públicas brotaba el agua por varios caños sin parar porque era la única agua a la que tenían acceso la mayor parte de los habitantes, las fuentes de agua potable repartidas por todo lugar han sido una de las regalías más aclamadas por los madrileños. Pero como todo cambia y, en general mejora, aunque las fuentes siguen siendo necesarias, han dejado de ser imprescindibles. Todavía quedan unas cuantas superviviente; alguna casi histórica.

Una fuente de 1940

Al menos desde 1940 la fuente pública de la avenida de Alfonso XIII surte de agua al ciudadano sediento de Madrid. No sabemos si la fecha que aparece en su frente responde a su fábrica primera o se trata de la adaptación a una fuente primitiva, ya que este modelo de surtidores existía en Madrid desde el último tercio del siglo XIX.
Durante más de tres cuartos de siglo, la fuente mantuvo su aspecto limpio. A pesar de las huellas del tiempo, inevitables.
Del caño antiguo de hierro con chorro continuo se pasó al grifo de latón de cierre automático que, en los últimos tiempos se sustituyó por otro cromado también automático, más moderno, aunque, tal vez más apropiado para surtidores domésticos o baños públicos, y no para esta fuente añeja.

Madrid sin fuentes de agua potable

Hay que recordar que en Madrid las políticas municipales de los últimos diez años eliminaron más de la mitad de las fuentes públicas que había. En los ochenta del siglo XX Madrid contaba con 4.000 fuentes públicas, en 2012, cuando sólo quedaban 1.843, todavía se seguían eliminando, algunas de gran valor histórico. De éstas, solo funcionaban dos tercios, unas 1.200, el resto estaban inservibles o se habían cegado.

FUENTE TIPO

El tipo de fuente de la foto, antaño era muy común en Madrid. En realidad, el modelo proviene de un diseño del último tercio del siglo XIX. La fuente de la foto está completa, tal como se conservaba en los años 40-50 del siglo XX. Si nos fijamos en el centro, de donde sale el caño se ve una cabeza de león, característica de estas fuentes públicas.

Recuperación de la fuente de Alfonso XIII

En 2015-17 el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperar o arreglar algunas fuentes de las que todavía se conservaban en la ciudad, y en el caso de la de Alfonso XIII limpió y restauró el armazón de hierro y el vaso de granito, de manera que su aspecto quedo bastante renovado.

Pero la alegría duró poco…

Pero la alegría duró poco… En efecto. Lo que el tiempo no había logrado degradar con su inexorable paso lo ha conseguido en pocos segundos la inconsecuente acción de un aprendiz de grafitero. Sin duda, alguien con escasa cultura y nula capacidad artística.
Se diría que el pintor o pintora de brocha gorda autor del desatino se encontraba expectante desde hace 78 años esperando el momento en que se renovase la fuente para pintarrajearla de mala manera con el color más chillón que pudo encontrar.

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En esta fuente, para estar completa se echa de menos una cabeza de león en el frente del caño que iba atornillada con dos vástagos por detrás. A medida que se abandonaron y se condenaron las fuentes públicas, los rateros fueron robando los elementos decorativos y más adelante los grifos. Hasta que también las autoridades municipales eliminaron las propias fuentes. Al expolio delincuencial hubo que añadir el institucional, que llegó a ser incluso el más flagrante. Después de la restauración, la sorpresa la da un aprendiz de grafitero insensato, tal vez un imbecil, que pinta de amarillo la recién arreglada fuente. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

La desafortunada pintada pretende llamar la atención de forma ridícula con las siglas YKS (Ya de la Kro Soir-ce) pertenecientes a una firma reconocida del arte urbano -grafiti- parisino. Parece evidente que tanto la actitud como la ejecución de las pintadas son el producto infantiloide de un aprendiz de grafitero insensato y sin talento.

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El amarillo trabajo de un imbecil en la fuente arreglada de la avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Aunque este asunto de las pintadas en elementos urbanos con valor histórico pueda parecer anecdótico no es la primera vez que lo trato en el blog.

Otro caso en la Casa de Campo

Hace diez años, hablando del Puente de la Culebra de la Casa de Campo, referí un caso similar. Este puente del  siglo XVIII que salva el otrora grande Meaques, pero hoy uno de los cada vez más minúsculos arroyos que discurren por la Casa de Campo de Madrid, se restauró en 2007, asentando y limpiando ladrillo y piedra. En 2008 ya había pintadas en los pretiles, tanto en el exterior como en el interior. Entonces comente: “La mano inquieta del autor o autores -autora o autoras-,  debe de responder a un cerebro privilegiado“, pués dejaba una impronta que ni el paso del tiempo dejó. A falta de una manera peor de desperdiciar el tiempo, el espray del artista nos regalaba con su creación en el recién restaurado puente. “Habría que felicitarle” -pensé-. “A él y a sus progenitores, por tan hermosa dádiva a la humanidad“. Otro grafitero insensato. O grafitera, perdón…
Hoy sigo pensando lo mismo.

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Ejemplo ficticio de anuncio que utiliza el término “experiencia” en la nueva acepción publicitaria, copiada en los medios de prensa, que en el idioma español no acaba de entenderse por los hablantes.

Hace tiempo que llevo leyendo y escuchando, especialmente en publicidad, la llamada a vivir o sentir la “EXPERIENCIA” de lo que sea objeto de anunciar o comprar. “Una nueva experiencia de café“, “…la mejor experiencia de hoteles todo incluido…“, “Vive la experiencia de los nuevos smartphones xxx“, “La mejor experiencia de usuario solo para nuestros socios…“; “Si la cobertura 3G es buena, la mochila -acerca de las Mochilinks de teleperiodismo- permite experiencias extremas de directo…” (Blogthinkbig.com)
Reconozco que me ha costado dar sentido al término “experiencia” , que es sustantivo en español. El verbo “experimentar” utilizado en oraciones en nuestra lengua en un contexto que nada tiene que ver con el significado que recoge el diccionario de la RAE, para un profano en entornos de mercadotecnia, estudios de dirección de empresa o publicidad como yo, acaba produciendo un prurito incansable y cierta asiedad que requiere cura inmediata.
En español “EXPERIENCIA” se refiere a lo conocido o vivido, que puede ser durante un periodo prolongado y que aporta un conocimiento y una habilidad. De la experiencia deriva el experto. Nada parecido con lo que escuchamos: “Vive la EXPERIENCIA de Radio 3” o “la EXPERIENCIA de alojarse en nuestros hoteles…“, por ejemplo.
En el idioma inglés “EXPERIENCE” se parece a “experiencia” en español, compartiendo significados sinónimos como “situación”, “conocimiento” o “percepción”. Pero en esa lengua también adquiere otros matices que nada tienen en común con el español en expresiones como “ customer experience” o “dining experience“, en las que “EXPERIENCE” se refiere a la “SATISFACCIÓN” del cliente o al “PLACER” gastronómico.
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Este es el valor que miméticamente han tomado ciertas expresiones de ciertos entornos con gran capacidad de difusión -en especial la prensa-. Como su difusión está resultando sencilla, este nuevo significado prestado se está popularizando. Pero choca con el valor real del sustantivo.
Por eso, yo no llego a entender bien la razón de que se empiece a atender más al valor prestado de pocos años acá que al verdadero significado que tiene la palabra. Se da especialmente en círculos de allegados a los entornos profesionales referidos, que se afanan en convertir las nuevas razones en universales de la lengua.

Sin duda se trata de un falso amigo. De esos que no merece la pena tener porque en verdad son falsarios y disfrutan mintiendo. El problema está en que si quienes  lo presentan a través de los grandes medios de difusión, perseveran por su afán irracional de significarse, finalmente lo harán -irracionalmente- popular. Y lo popular, que es lo perteneciente o relativo al pueblo,  acaba siempre por imponerse, aunque sea contrario al sentido de la razón, la razón de la lengua en este caso.

Es posible que dentro de unos años cuando salgamos de un cine, si aún existen, y alguien nos pregunte: “¿qué tal la experiencia?”, contestemos “muy agradable” y nunca se sabrá si nos referíamos a las butacas, a la climatización, al bar,  a los baños, a la película o a otra cosa.

 

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La luz de los fluorescentes

“En la casa de mi amiga todas las habitaciones tenían tubos fluorescentes y había mucha luz; pero la luz era triste. En el salón había una vitrina iluminada, con escopetas de cartuchos y de perdigones y también había un Winchester americano, como el de las películas de indios y vaqueros de John Wayne, que disparaba balas de verdad;  y al lado, la televisión, grande, siempre encendida a todo volumen; había muchos muebles diferentes en el salón, y en toda la casa. Y, a veces, había mucha gente y un perro hiperactivo medio tonto que no sabía cazar y no paraba de ladrar; y una abuela manchega bonachona y achacosa que se quejaba mucho a la que no dejaban de reñir. Pero, aunque había mucha luz y mucha gente y mucho ruido, la casa era triste. Y la gente también era triste”. (E.R.E. memorias apócrifas)

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En la casa de mi amiga sólo me calmaba la quietud de la cocina que iluminaban unos fluorescentes, mezclando su claridad tenue con los rayos de sol que se colaban por el patio de luces. En la nevera siempre había tetrabricks de vino tinto del malo y yo me aficioné a su sabor fresquito. Así que un día, reflexionando delante del fregadero en la iluminada cocina, mirando al techo, me di cuenta de que me gustaban mucho las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes con ventanas por las que entra el sol tenuemente.” (E.R.E. memorias apócrifas)

Me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…

“Creo que me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…  Me parece una luz rigurosa para el trabajo minucioso. Una cascada lumínica, una “bañera” de claridad para poder ver el detalle que acompaña el conjunto del entorno donde encontrar los utensilios e ingredientes necesarios para la tarea diaria. Cuando esa luz se integra con otras luces matizadoras más cálidas como la luz del sol, u otras artificiales que reproducen su naturaleza, el conjunto es armónico y genera sensación de paz. Y facilita el trabajo…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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 Cocina industrial iluminada con fluorescentes. Cuando la luz es abundante y de calidad el ambiente es armónico. Cuando la calidad de la luz y su cantidad es pobre la salud puede quedar afectada.

Mala luz: desorientación, falta concentración…mala leche

En casa de mi amiga no sabían que la luz artificial mala, de mala calidad -igual que el colesterol malo- influye negativamente en la salud. También en el rendimiento intelectual; y que cuando es insuficiente y la calidad es mala, muy mala, puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, inapetencia sexual, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, y mala leche…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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Taller de coches iluminado con tubos fluorescentes.

Alguna vez he visto…

Alguna vez he visto como se trabajaba en algún taller de chapistería y pintura, en cocinas de restaurantes, en talleres de mármol, operando solamente con luz de tubos fluorescentes y he pensado: “¡cuánta pobreza!”; “cuánta mala leche lumínica se respira”. He pensado en los trabajadores por las condiciones infra-lumínicas en las que trabajan: “qué pena de luz”; “cuánta tristeza”, me he dicho. Además de ser fluorescente, la luz en aquellos lugares era poca y la atmósfera de los locales muy triste. La calidad de la luz y su cantidad nos afectan a niveles neurológicos y fisiológicos y, sobre todo, causan desánimo y tristeza. Falta de motivación y mala leche.

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Restaurante popular de la costa mediterránea iluminado con fríos tubos fluorescentes.

…y no me gusta la luz de los fluorescentes…

Me he dado cuenta de que solo me gusta la luz de los fluorescentes en la cocina de casa. Pero no en la cocina de los restaurantes, porque por lo poco que he visto puede ser escasa, como el espacio mínimo en el que se trabaja, como escaso el aire que se respira.

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Bar castizo de Madrid iluminado por fluorescentes.

… en un bar o en un restaurante, por ejemplo

Alguna vez he estado en un bar iluminado con tubos fluorescente y me ha disgustado. Luz demasiado blanca, anodina, insustancial y fastidiosa.
No me gusta la luz de los tubos fluorescentes en los bares. Menos aún en los restaurantes. Me parece la luz ideal para estropear cualquier momento que aspire a ser agradable. Vilipendia un buen filete o una buena ensalada. O un buen postre. Es desconcertante para el ocio. Es una luz que no motiva; es aburrida y triste. En un restaurante, el fluorescente resulta ofensivo para el comensal que quiera disfrutar del acto íntimo y feliz de comer con gozo y sin dispersión en un ambiente relajado.

La luz blanca del fluorescente asusta a los posibles parroquianos de cualquier templo del yantar. Vale para echar la partida de cartas o de dominó. Hasta para sorber el chupito rápido te conduce por sus efluvios alcohólicos a cualquier edén . Sólo los desprevenidos se engañan ante esta luz. El fluorescente es todo un despropósito… ¡Nunca más tubos fluorescentes en el comedor de un restaurante!

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Antiguo bar del amigo de mi amiga, ya desmantelado. Los fluorescentes del techo no se ven, pero ahí estaban.

El bar del amigo de mi amiga

Un amigo de mi amiga tenía un bar y se empecinaba en mantener las luces fluorescentes blancas en el techo. Por baratura, principalmente. Era un bar de pueblo. Según Wikipedia, un pueblo de  13.110 hab. en 2017. Así que un pueblo grande.
El bar era sencillo, de unos 70 m2, con una barra simple, las paredes tapizadas a media altura con listones semicirculares de pino machimbrados con un barniz oscuro y envejecido o avejentado por los años; el resto estaba pintado en un ocre agradable y poco más. El suelo era de terrazo rojizo gastado y las sillas y las mesas eran también de pino barnizado. El bar era normal y casi acogedor. Pero la luz clara de los fluorescentes blanquecinos nunca me gustó. Tampoco en la cocina, que era muy pequeña.

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Este local se parece mucho al antiguo bar del amigo de mi amiga. A lo mejor es el mismo después de una reforma importante, con otra iluminación; casi seguro.

Creo que las tapas que ponía el amigo de mi amiga, con todo su esfuerzo por agradar, se desvanecían a diario en la nada a causa de la anodina luz del bar. Aunque le hablé del tema,  no me entendió y tampoco me atendió. Como no soy su amigo, solo soy el amigo de su amiga, no quise insistir. Al final, el bar tuvo que cerrar porque no tenía clientes. Los que tenía eran viejos parroquianos de chateo barato que bebían mucho, veían poco y nada sabían de luces. Y el amigo de mi amiga se fue al paro.
Ahora trabaja de camarero en un bar-restaurante muy cerca de su antiguo negocio. El dueño es un empresario avisado, más que “prudente, discreto o sagaz”,  que se ha adaptado, antes que tarde, a las modas que vienen o que ya están. Tiene un local cómodo para la clientela, que despacha todo lo que ahora se busca en un bar moderno y está mucho mejor iluminado que los clásicos del pueblo, sin luz blanca. Han desaparecido los fluorescentes. Los ha cambiado por modernos LEDs de tonos cálidos. Sin duda, se ha dejado asesorar.

Conclusión

Mi amiga hace tiempo que vive en una casa con tubos fluorescentes solo en la cocina, y los quiere quitar. En un arresto de modernización, en las demás habitaciones de su casa ha sustituido las antiguas bombillas y ahora todo lo ilumina la tecnología LED.
A mí, los fluorescentes siguen gustándome y disgustándome en la medida ya declarada. La mayoría vamos diciendo adiós, sin conmiseración, al neón de los fríos fluorescentes en el conjunto de los espacios públicos. Y también en las cocinas. El sentir popular se vuelca a favor de las nuevas tecnologías de la luz. En este asunto hay que ser popular o popularista, que es lo mismo, y mirar a lo práctico. Viva la revolución lumínica. ¡Viva el led! O lo que venga…, que la luz va a toda velocidad.

Referencias.-

Luminaria fluorescente (Wikipedia)

Efectos de la luz artificial sobre la salud (WEB Green Facts)

Iluminación fluorescente y salud (Informe Greenpeace)

Textos Urban Idade (E.R.E. Memorias apócrifas 2007-2018 )

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URBAN IDADE, las edades urbanas que definen el presente de nuestras ciudades. La ciudad como centro de atención. Sus lugares; la historia urbana y los espacios actuales. Historia, sociología, política y sentido común. Ahora en Facebook: URBAN IDADE.

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(Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Próspero Soynard fue en 1862 el primero en dividir en parcelas las tierras rústicas de su propiedad en el primitivo camino que llevaba al pueblo de Hortaleza, cerca de Madrid. Soynard era “propietario” de profesión y especulaba con sus casas y terrenos.  El éxito de su actividad mercantil  llenó de pequeñas construcciones el lugar y con el tiempo, el conjunto se convirtió en un nuevo barrio de la capital que, por gracia de sus moradores, acabó llamándose la Prosperidad.

Desde entonces, el barrio ha evolucionado al ritmo marcado por la dinámica demográfica y la necesidad de vivienda; por las políticas administrativas y por la oferta de los promotores privados, en relación a las tipologías y calidades,  que han definido su fisonomía actual.

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Rehabilitación de un solar en espacio expositivo, diseño de mobiliario a escala urbana. Madrid Design Festival. Studio La Cube, Julen Ussía y Javier Montoro, que desarrollan piezas y acciones en vivo en el espacio. Dialogando sobre cómo los materiales y medio influyen en los procesos de producción. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

La renovación del parque residencial ha manifestado un cambio constante desde la década de los sesenta del siglo XX. En la actualidad el derribo de las escasas construcciones que aún existen anteriores a 1940-50 es habitual y son muy pocos los ejemplos de edificios que recuerden los origenes y las peculiaridades de este barrio madrileño.

Un ejemplo de construcción primitiva se encuentra en la calle Luis Cabrera número 16. Hasta hace unos pocos meses había dos viviendas, los números 14 y 16. La que ocupaba el número 16 de la calle se derribó a finales de 2017.

Luis Cabrera 14-16_Google Maps 2017

Dos contrucciones primitivas de la Prosperidad de principios del siglo XX. Se encontraban en la calle Luis Cabrera número 14 y 16. Hasta hace unos pocos meses había dos viviendas. La que ocupaba el número 16 de la calle se derribó a finales de 20017. (Foto: Google Maps, 2017)   NOTA, Noviembre 2018: la casita azul se derribó entre agosto y septiembre de 2018; como siempre con ciertos atisbos de nocturnidad y alevosía, habituales en este tipo de operaciones que, aunque legales, temen siempre por lo impropio del acto aniquilador.

Luis Cabrera 14-16_KKR_2018

Casas de la calle Luis Cabrera número 14 y 16.  El número 16 de la calle se derribó a finales de 2017. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)   NOTA, Noviembre 2018: la casita azul se derribó entre agosto y septiembre de 2018; como siempre con ciertos atisbos de nocturnidad y alevosía, habituales en este tipo de operaciones que, aunque legales, temen siempre por lo impropio del acto aniquilador.

Con motivo del Madrid Design Festival COLECT. LA COSA  se ha acondicionado el solar  de 120 m2 que ocupaba la vivienda de la calle Luis Cabrera 16, donde -tras el derribo- “las fronteras entre lo público y lo privado se disipan” para crear una exposición denominada Sonyard .

En la exposición Soynard, una piedra y todo por la ventana, los miembros del colectivo presentan tres piezas en forma de bancos, reminiscentes de la vivienda que en su día acogió exposiciones, como de la historia del barrio que habitó.

Soynard una piedra 2018

“Soynard, una piedra y todo por la ventana”. Studio La Cube, 2018. Luis Cabrera 16. La Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

“Lo perdido, lo que permanece y lo que fue, corresponden a cada uno de los bancos que figuran en el espacio. Tierra, paja y escombro, pala, rastrillo y azada son materiales y herramientas empleados para la producción de las piezas que se antojan más propias de un jornalero que de un constructor. Las geometrías de estas piezas, así como su dimensiones que oscilan entre lo urbano y lo doméstico, adquieren un carácter primitivo y monolítico en un espacio de raza rural inmerso en un contexto metropolitano”.

NOTA, Noviembre 2018: las dos casas de la calle Luis Cabrera número 14 y 16 se derribaron en los últimos 12 meses .  El número 16 de la calle se derribó a finales de 2017.   La casita azul,  el  número 14 de la calle, se derribó entre agosto y septiembre de 2018; como siempre con ciertos atisbos de nocturnidad y alevosía, habituales en este tipo de operaciones que, aunque legales, temen siempre por lo impropio del acto aniquilador. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Colectivo LA COSA
Studio La Cube
Julen Ussia
Javier Montoro

Luis Cabrera 16
Soynard, una piedra y todo por la ventana
17-18 / 24-25 de Febrero 2018
Resto de los días bajo cita previa.

Referencias.-

Blog Urban Idade, “Recuerdos del barrio de la Prosperidad”
Facebook “La Prosperidad”

Colectivo La Cosa. SOYNARD, 2018

Rojo Escobar, Enrique F.
La Prosperidad. 1862-2012
Temporae, Ed.
Madrid, 2012-13-14

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Hace tres años que de derribó la antigua corrala de la calle de Fernández de la Hoz 63 de Madrid, situada muy cerca del Paseo de la Castellana. En 2007 el  Instituto de Vivienda de la Comunidad de Madrid (Ivima) subastó esta corrala del barrio de Chamberí, el único edificio de renta libre que poseía. Era una herencia del Instituto Nacional de la Vivienda. Hasta el momento de su total desalojo todavía había vecinos -parece que irregulares-  que habitaban en él y que pagaban la exigua “renta de 1 €” por una vivienda de hasta 100 metros cuadrados. En ese momento el edificio todavía conservaba dos locales comerciales abiertos en sus bajos, entre ellos una farmacia cuya titular era Esmeralda Moreno Blanco.
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Corrala de Fernández de la Hoz. Mural pintado por José Luis Tirado en 1987 que representa un gigante avanzando de forma inquietante entre la construcción con el ánimo aparente de derribarla. Tal vez una premonición. (Foto: Enrique F. Rojo, 2006)

Los últimos propietarios del edificio, la inversora inmobiliaria de INDITEX/ Pontegadea la había vendido en 2015 a la promotora catalana Uniq, especializada en la promoción de viviendas de lujo, que junto al fondo inmobiliario británico UK & European Investments se han encargado del derribo y ejecutan la nueva construcción.  La inversión de UK & European Investments que  levanta las viviendas  ronda los 20 millones de euros.

Una corrala atípica por anacrónica

El edificio derribado era una construcción, con toda probabilidad de los años 20-30 del siglo XX, por lo que su típica tipología madrileña resultaba algo anacrónica, dado que en esa época la casa de corredor ya estaba en desuso y era raro que se hicieran edificios de esas características, salvo por cuestiones de mera rentabilidad. A pesar de esa lacrada característica, el edificio tenía un valor histórico especial -no cuantificable en euros- , siempre por debajo de su valor especulativo, que ha sido el que ha primado en su venta.

Podríamos decir que el bloque seguramente nació por motivos especulativos y que su último destino ha sido el mismo: morir por la presión del capital.

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La antigua corrala de Fernández de la Hoz, 63

El edificio estaba situado en la Plaza de San Juan de La Cruz, 4 –en el número 63 de la calle Fernández de la Hoz–, junto a los Nuevos Ministerios y la calle de Ríos Rosas y albergará  viviendas de alto nivel y de precio, exageradamente desorbitado, solo al alcance de economías poderosas. La venta se ha realizado con suma discreción.

El edificio derribado contaba con algo más de 1.000 metros cuadrados y una edificabilidad cinco veces mayor, de casi 5.600 metros. Según detalla la constructora, la promoción, el edificio, de nueva construcción, ofrecerá una amplia tipología de 41 viviendas  de 1, 2, 3 ó 4 dormitorios y áticos. Además de la  comodidad de disponer de aparcamiento y trasteros, la finca ofrece unas zonas comunes con gimnasio y piscina en la 8ª planta, que disfruta de unas vistas privilegiadas. Los pisos, de entre 55 y casi 400 metros cuadrados, costarán entre medio millón de euros y 2,5 millones, en el caso de los áticos. La entrega de las viviendas está prevista para la primavera de 2018.

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4. El el número 63 de la calle Fernández de la Hoz lo ocupa ya una nueva construcción. (Foto: Google Maps, 2017)

Referencias.-

Corrala de Fernández de la Hoz (I)   2007 (Blog Urban Idade, 2007)

Corrala de Fernández de la Hoz (II)  2015 (Blog Urban Idade, 2015)

La corrala de Fernández de la Hoz 63 tiene los días contados
(Blog Urban Idade, 2015)

De corrala en ruinas a pisos de lujo de hasta 2,5 millones en pleno corazón de Madrid (El Confidencial, 15/ 5/ 2017)

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Canido, Estrella, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Canido, Estrela, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Canido, barrio de Ferrol, A Coruña. Número 51 de la calle Estrela, esquina con Miramar. En 2015 el edificio de la foto de arriba ya se había abandonado. Seguramente una expropiación pagada a un precio razonable.

Pasadas las primeras expropiaciones, el barrio de Canido se fue abandonando hasta el momento actual. La invasión de las Meninas al barrio de Canido en Ferrol empezó en 2008 y parece imparable. Liderada por el pintor Eduardo Hermida, esta manifestación multicolor clama contra el abandono urbanístico del barrio. Desde el primer esbozo en sus olvidadas fachadas, cada año las paredes abandonadas de Canido se tornan lienzos efímeros para artistas y soñadores.

Canido, Estrella, 51.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2017)

Canido, Estrella, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017)

Las paredes olvidadas de la casa de la calle Estrela 51 de Ferrol, en Canido, cobraron color con las Meninas que con ingenuidad las adornaron. Arte y voluntad efimera. Lo más probable es que estos dibujos alegres desaparezcan en los próximos meses, cuando derriben el edificio. Y será cuestión de minutos.

En su lugar crecerán en altura desleal con el entorno bloques de viviendas anodinas y aburridas. El barrio se uniformiza y la esencia se pierde.

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