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Archive for the ‘Spain’ Category

Fontanería Urban IdadeBB

Mi abuelo tenía un negocio viejo en el que vendía llaves, grifos, racors, codos, empalmes y tuberías de todo tipo desde mucho antes del siglo XXI. También vendía gutapercha, enchufes e interruptores y cables de cobre ; y pez y minio en botes negros, y para sellar las tuberías de plomo estopa de cáñamo enrollable. Y más cosas. Todo un negocio viejo, rentable antes del siglo XXI.

En el número 46 de la calle del Ventisco de la capital se estableció en 1927 mi abuelo, el fundador del negocio. Lo llamó Urban Idade porque le gustó el regusto arcaico del nombre y porque le pareció que le daba empaque un letrero que sonaba a latín.

En España, en el siglo pasado -tal vez hoy también- se vivía muy atento a la imagen que sugería el siempre contundente cartelón de un comercio, cuyos matices aseguraban calidad y buen servicio. En realidad, Urban Idade nunca fue una empresa pionera; siempre fue un pequeño comercio familiar con poca proyección.

La fontanería se llamó Urban Idade, en castellano, aunque sonara a latín. Un nombre imposible para una fontanería que pretendía ser universal en una ciudad como la nuestra, que siendo la capital, era como un pueblo grande sin pretensiones. Por eso, el tiempo impuso la razón del idioma o el idioma impuso su razón en el tiempo y el viejo negocio imposible de fontanería de mi abuelo tuvo que reconvertirse en blog universal sobre  las redes urbanas, algo parecido a la fontanería; y también dificil de leer: URBAN IDADE.

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Fuente de agua potable, avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

De cuando en Madrid el agua se distribuía por viajes y traidas, y de las fuentes públicas brotaba el agua por varios caños sin parar porque era la única agua a la que tenían acceso la mayor parte de los habitantes, las fuentes de agua potable repartidas por todo lugar han sido una de las regalías más aclamadas por los madrileños. Pero como todo cambia y, en general mejora, aunque las fuentes siguen siendo necesarias, han dejado de ser imprescindibles. Todavía quedan unas cuantas superviviente; alguna casi histórica.

Una fuente de 1940

Al menos desde 1940 la fuente pública de la avenida de Alfonso XIII surte de agua al ciudadano sediento de Madrid. No sabemos si la fecha que aparece en su frente responde a su fábrica primera o se trata de la adaptación a una fuente primitiva, ya que este modelo de surtidores existía en Madrid desde el último tercio del siglo XIX.
Durante más de tres cuartos de siglo, la fuente mantuvo su aspecto limpio. A pesar de las huellas del tiempo, inevitables.
Del caño antiguo de hierro con chorro continuo se pasó al grifo de latón de cierre automático que, en los últimos tiempos se sustituyó por otro cromado también automático, más moderno, aunque, tal vez más apropiado para surtidores domésticos o baños públicos, y no para esta fuente añeja.

Madrid sin fuentes de agua potable

Hay que recordar que en Madrid las políticas municipales de los últimos diez años eliminaron más de la mitad de las fuentes públicas que había. En los ochenta del siglo XX Madrid contaba con 4.000 fuentes públicas, en 2012, cuando sólo quedaban 1.843, todavía se seguían eliminando, algunas de gran valor histórico. De éstas, solo funcionaban dos tercios, unas 1.200, el resto estaban inservibles o se habían cegado.

FUENTE TIPO

El tipo de fuente de la foto, antaño era muy común en Madrid. En realidad, el modelo proviene de un diseño del último tercio del siglo XIX. La fuente de la foto está completa, tal como se conservaba en los años 40-50 del siglo XX. Si nos fijamos en el centro, de donde sale el caño se ve una cabeza de león, característica de estas fuentes públicas.

Recuperación de la fuente de Alfonso XIII

En 2015-17 el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperar o arreglar algunas fuentes de las que todavía se conservaban en la ciudad, y en el caso de la de Alfonso XIII limpió y restauró el armazón de hierro y el vaso de granito, de manera que su aspecto quedo bastante renovado.

Pero la alegría duró poco…

Pero la alegría duró poco… En efecto. Lo que el tiempo no había logrado degradar con su inexorable paso lo ha conseguido en pocos segundos la inconsecuente acción de un aprendiz de grafitero. Sin duda, alguien con escasa cultura y nula capacidad artística.
Se diría que el pintor o pintora de brocha gorda autor del desatino se encontraba expectante desde hace 78 años esperando el momento en que se renovase la fuente para pintarrajearla de mala manera con el color más chillón que pudo encontrar.

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En esta fuente, para estar completa se echa de menos una cabeza de león en el frente del caño que iba atornillada con dos vástagos por detrás. A medida que se abandonaron y se condenaron las fuentes públicas, los rateros fueron robando los elementos decorativos y más adelante los grifos. Hasta que también las autoridades municipales eliminaron las propias fuentes. Al expolio delincuencial hubo que añadir el institucional, que llegó a ser incluso el más flagrante. Después de la restauración, la sorpresa la da un aprendiz de grafitero insensato, tal vez un imbecil, que pinta de amarillo la recién arreglada fuente. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

La desafortunada pintada pretende llamar la atención de forma ridícula con las siglas YKS (Ya de la Kro Soir-ce) pertenecientes a una firma reconocida del arte urbano -grafiti- parisino. Parece evidente que tanto la actitud como la ejecución de las pintadas son el producto infantiloide de un aprendiz de grafitero insensato y sin talento.

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El amarillo trabajo de un imbecil en la fuente arreglada de la avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Aunque este asunto de las pintadas en elementos urbanos con valor histórico pueda parecer anecdótico no es la primera vez que lo trato en el blog.

Otro caso en la Casa de Campo

Hace diez años, hablando del Puente de la Culebra de la Casa de Campo, referí un caso similar. Este puente del  siglo XVIII que salva el otrora grande Meaques, pero hoy uno de los cada vez más minúsculos arroyos que discurren por la Casa de Campo de Madrid, se restauró en 2007, asentando y limpiando ladrillo y piedra. En 2008 ya había pintadas en los pretiles, tanto en el exterior como en el interior. Entonces comente: “La mano inquieta del autor o autores -autora o autoras-,  debe de responder a un cerebro privilegiado“, pués dejaba una impronta que ni el paso del tiempo dejó. A falta de una manera peor de desperdiciar el tiempo, el espray del artista nos regalaba con su creación en el recién restaurado puente. “Habría que felicitarle” -pensé-. “A él y a sus progenitores, por tan hermosa dádiva a la humanidad“. Otro grafitero insensato. O grafitera, perdón…
Hoy sigo pensando lo mismo.

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Ejemplo ficticio de anuncio que utiliza el término “experiencia” en la nueva acepción publicitaria, copiada en los medios de prensa, que en el idioma español no acaba de entenderse por los hablantes.

Hace tiempo que llevo leyendo y escuchando, especialmente en publicidad, la llamada a vivir o sentir la “EXPERIENCIA” de lo que sea objeto de anunciar o comprar. “Una nueva experiencia de café“, “…la mejor experiencia de hoteles todo incluido…“, “Vive la experiencia de los nuevos smartphones xxx“, “La mejor experiencia de usuario solo para nuestros socios…“; “Si la cobertura 3G es buena, la mochila -acerca de las Mochilinks de teleperiodismo- permite experiencias extremas de directo…” (Blogthinkbig.com)
Reconozco que me ha costado dar sentido al término “experiencia” , que es sustantivo en español. El verbo “experimentar” utilizado en oraciones en nuestra lengua en un contexto que nada tiene que ver con el significado que recoge el diccionario de la RAE, para un profano en entornos de mercadotecnia, estudios de dirección de empresa o publicidad como yo, acaba produciendo un prurito incansable y cierta asiedad que requiere cura inmediata.
En español “EXPERIENCIA” se refiere a lo conocido o vivido, que puede ser durante un periodo prolongado y que aporta un conocimiento y una habilidad. De la experiencia deriva el experto. Nada parecido con lo que escuchamos: “Vive la EXPERIENCIA de Radio 3” o “la EXPERIENCIA de alojarse en nuestros hoteles…“, por ejemplo.
En el idioma inglés “EXPERIENCE” se parece a “experiencia” en español, compartiendo significados sinónimos como “situación”, “conocimiento” o “percepción”. Pero en esa lengua también adquiere otros matices que nada tienen en común con el español en expresiones como “ customer experience” o “dining experience“, en las que “EXPERIENCE” se refiere a la “SATISFACCIÓN” del cliente o al “PLACER” gastronómico.
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Este es el valor que miméticamente han tomado ciertas expresiones de ciertos entornos con gran capacidad de difusión -en especial la prensa-. Como su difusión está resultando sencilla, este nuevo significado prestado se está popularizando. Pero choca con el valor real del sustantivo.
Por eso, yo no llego a entender bien la razón de que se empiece a atender más al valor prestado de pocos años acá que al verdadero significado que tiene la palabra. Se da especialmente en círculos de allegados a los entornos profesionales referidos, que se afanan en convertir las nuevas razones en universales de la lengua.

Sin duda se trata de un falso amigo. De esos que no merece la pena tener porque en verdad son falsarios y disfrutan mintiendo. El problema está en que si quienes  lo presentan a través de los grandes medios de difusión, perseveran por su afán irracional de significarse, finalmente lo harán -irracionalmente- popular. Y lo popular, que es lo perteneciente o relativo al pueblo,  acaba siempre por imponerse, aunque sea contrario al sentido de la razón, la razón de la lengua en este caso.

Es posible que dentro de unos años cuando salgamos de un cine, si aún existen, y alguien nos pregunte: “¿qué tal la experiencia?”, contestemos “muy agradable” y nunca se sabrá si nos referíamos a las butacas, a la climatización, al bar,  a los baños, a la película o a otra cosa.

 

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La luz de los fluorescentes

“En la casa de mi amiga todas las habitaciones tenían tubos fluorescentes y había mucha luz; pero la luz era triste. En el salón había una vitrina iluminada, con escopetas de cartuchos y de perdigones y también había un Winchester americano, como el de las películas de indios y vaqueros de John Wayne, que disparaba balas de verdad;  y al lado, la televisión, grande, siempre encendida a todo volumen; había muchos muebles diferentes en el salón, y en toda la casa. Y, a veces, había mucha gente y un perro hiperactivo medio tonto que no sabía cazar y no paraba de ladrar; y una abuela achacosa que se quejaba mucho a la que no dejaban de reñir. Pero, aunque había mucha luz y mucha gente y mucho ruido, la casa era triste. Y la gente también era triste”. (E.R.E. memorias apócrifas)

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En la casa de mi amiga sólo me calmaba la quietud de la cocina que iluminaban unos fluorescentes, mezclando su claridad tenue con los rayos de sol que se colaban por el patio de luces. En la nevera siempre había tetrabricks de vino tinto del malo y yo me aficioné a su sabor fresquito. Así que un día, “reflexionando” las rodillas delante del fregadero en la iluminada cocina, mirando al techo, me di cuenta de que me gustaban mucho las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes con ventanas por las que entra el sol tenuemente.” (E.R.E. memorias apócrifas)

Me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…

“Creo que me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…  Me parece una luz rigurosa para el trabajo minucioso. Una cascada lumínica, una “bañera” de claridad para poder ver el detalle que acompaña el conjunto del entorno donde encontrar los utensilios e ingredientes necesarios para la tarea diaria. Cuando esa luz se integra con otras luces matizadoras más cálidas como la luz del sol, u otras artificiales que reproducen su naturaleza, el conjunto es armónico y genera sensación de paz. Y facilita el trabajo…” (E.R.E. memorias apócrifas)
Después de leer esta, aparente, urgente reflexión he despertado de la siesta de media tarde. Todo el texto escrito ha podido ser una lectura difusa o una fantasía o una ensoñación, o un anhelo, que se define como deseo vehemente, siempre con “h” intercalada, consonante escurridiza.

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 Cocina industrial iluminada con fluorescentes. Cuando la luz es abundante y de calidad el ambiente es armónico. Cuando la calidad de la luz y su cantidad es pobre la salud puede quedar afectada.

Mala luz: desorientación, falta concentración…mala leche

En casa de mi amiga no sabían que la luz artificial mala, de mala calidad -igual que el colesterol malo- influye negativamente en la salud. También en el rendimiento intelectual; y que cuando es insuficiente y la calidad es mala, muy mala, puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, inapetencia sexual, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, y mala leche…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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Taller de coches iluminado con tubos fluorescentes.

Alguna vez he visto…

Alguna vez he visto como se trabajaba en algún taller de chapistería y pintura, en cocinas de restaurantes, en talleres de mármol, operando solamente con luz de tubos fluorescentes y he pensado: “¡cuánta pobreza!”; “cuánta mala leche se respira”. He pensado en los trabajadores por las condiciones infra-lumínicas en las que trabajan: “qué pena de luz”; “cuánta tristeza”, he pensado después. Además de ser fluorescente, la luz en aquellos lugares era poca y la atmósfera de los locales muy triste. La calidad de la luz y su cantidad nos afectan a niveles neurológicos y fisiológicos y, sobre todo, causan desánimo y tristeza. Y mala leche.

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Restaurante polpular de la costa mediterránea iluminado con tubos fluorescentes.

No me gusta la luz de los fluorescentes…

Me he dado cuenta de que solo me gusta la luz de los fluorescentes en la cocina de casa. Pero no en la cocina de los restaurantes, porque por lo que he visto puede ser escasa, como el espacio mínimo en el que se trabaja.

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Bar de Madrid iluminado por fluorescentes.

… en un bar o en un restaurante, por ejemplo

Alguna vez he estado en un bar iluminado con tubos fluorescente y me ha disgustado. Luz demasiado blanca, anodina, insustancial, fastidiosa.
No me gusta la luz de los tubos fluorescentes en los bares. Menos aún en los restaurantes. Me parece la luz ideal para estropear cualquier momento que aspire a ser agradable. Vilipendia un buen filete o una buena ensalada. O un buen postre. Es desconcertante para el ocio. Es luz que demotiva, aburrida y triste. En un restaurante, el fluorescente resulta ofensivo para el comensal que quiera disfrutar del acto íntimo de comer con gozo y sin interrupción en un ambiente relajado, desmereciendo la calidad de lo ingerido y hasta la de su digestión siguiente.

La luz blanca del fluorescente asusta a la parroquia. Vale para echar la partida de cartas o de dominó. Hasta para sorber el chupito mágico que te conduce por sus efluvios alcohólicos a cualquier parque temático idílico. Sólo los desprevenidos se engañan ante esta luz. El fluorescente está fuera de razón, de sentido y  de toda conveniencia. Es todo un despropósito.

Al margen de la partida y de los chupitos. ¡Nunca más los  fluorescentes en el comedor de un restaurante!

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Antiguo bar del amigo de mi amiga, ya desmantelado. Los fluorescentes del techo no se ven.

El bar del amigo de mi amiga

Un amigo de mi amiga tenía un bar y se empecinaba en mantener las luces fluorescentes blancas en el techo. Por baratura, principalmente. Era un bar de pueblo. Según Wikipedia, un pueblo de  13.110 hab. (2017). Así que un pueblo grande.
El bar era sencillo, de unos 70 m2, con una barra simple, las paredes tapizadas a media altura con listones de pino machimbrados con un barniz claro envejecido o avejentado por los años; el resto estaba pintado en un ocre agradable y poco más. El suelo era de terrazo rojizo gastado y las sillas y las mesas eran también de pino barnizado. El bar era normal y casi acogedor. Pero la luz clara de los fluorescentes blanquecinos nunca me gustó. Tampoco en la cocina, que era muy pequeña.

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Este local se parece mucho al nuevo lugar de trabajo del amigo de mi amiga. A lo mejor es el mismo.

Creo que las tapas que ponía el amigo  de mi amiga, con todo su esfuerzo por agradar se diluían a diario en la nada a causa de la anodina luz del bar. Aunque le hablé del tema,  no me entendió y tampoco me atendió. Como no soy su amigo, solo soy el amigo de su amiga, no quise insistir. Al final, el bar tuvo que cerrar porque no tenía clientes. Los que tenía eran viejos parroquianos de chateo barato que bebían mucho y veían poco, y tampoco sabían nada de luces. Y el amigo de mi amiga se fue al paro.
Ahora trabaja de camarero en un bar-restaurante muy cerca de su antiguo negocio. El dueño es un empresario avisado, -más que “prudente, discreto o sagaz”- que se ha adaptado, antes que tarde, a las modas que vienen y ya están. Tiene un local cómodo para la clientela, que despacha todo lo que ahora se busca en un bar moderno y está mucho mejor iluminado que los clásicos del pueblo, sin luz blanca. Han desaparecido los fluorescentes. Los ha cambiado por modernos LEDs.

Conclusión

Mi amiga hace tiempo que vive en una casa con tubos fluorescentes solo en la cocina, y los quiere quitar. En un arresto de modernización, en el resto de su casa han sustituido las antiguas bombillas y ahora todo lo ilumina la tecnología LED”.
A mí, los fluorescentes siguen gustándome y disgustándome en la medida ya declarada. La mayoría de nosotros despide sin conmiseración al neón de los fríos fluorescentes en el conjunto de los espacios públicos. Y también en las cocinas. El sentir popular se vuelca a favor de las nuevas tecnologías de la luz. En este asunto hay que ser popular o popularista, que es lo mismo en términos comerciales, y mirar a lo práctico. Viva la revolución lumínica. ¡Viva el led! O lo que venga…

Referencias.-

Luminaria fluorescente (Wikipedia)

Efectos de la luz artificial sobre la salud (WEB Green Facts)

Iluminación fluorescente y salud (Informe Greenpeace)

Textos Urban Idade (E.R.E. Memorias apócrifas 2007-2018 )

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URBAN IDADE, las edades urbanas que definen el presente de nuestras ciudades. La ciudad como centro de atención. Sus lugares; la historia urbana y los espacios actuales. Historia, sociología, política y sentido común. Ahora en Facebook: URBAN IDADE.

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Luis cabrera 16 Soynard

(Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Próspero Soynard fue en 1862 el primero en dividir en parcelas las tierras rústicas de su propiedad en el primitivo camino que llevaba al pueblo de Hortaleza, cerca de Madrid. Soynard era “propietario” de profesión y especulaba con sus casas y terrenos.  El éxito de su actividad mercantil  llenó de pequeñas construcciones el lugar y con el tiempo, el conjunto se convirtió en un nuevo barrio de la capital que, por gracia de sus moradores, acabó llamándose la Prosperidad.

Desde entonces, el barrio ha evolucionado al ritmo marcado por la dinámica demográfica y la necesidad de vivienda; por las políticas administrativas y por la oferta de los promotores privados, en relación a las tipologías y calidades,  que han definido su fisonomía actual.

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Rehabilitación de un solar en espacio expositivo, diseño de mobiliario a escala urbana. Madrid Design Festival. Studio La Cube, Julen Ussía y Javier Montoro, que desarrollan piezas y acciones en vivo en el espacio. Dialogando sobre cómo los materiales y medio influyen en los procesos de producción. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

La renovación del parque residencial ha manifestado un cambio constante desde la década de los sesenta del siglo XX. En la actualidad el derribo de las escasas construcciones que aún existen anteriores a 1940-50 es habitual y son muy pocos los ejemplos de edificios que recuerden los origenes y las peculiaridades de este barrio madrileño.

Un ejemplo de construcción primitiva se encuentra en la calle Luis Cabrera número 16. Hasta hace unos pocos meses había dos viviendas, los números 14 y 16. La que ocupaba el número 16 de la calle se derribó a finales de 2017.

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Dos contrucciones primitivas de la Prosperidad de principios del siglo XX. Se encontraban en la calle Luis Cabrera número 14 y 16. Hasta hace unos pocos meses había dos viviendas. La que ocupaba el número 16 de la calle se derribó a finales de 20017. (Foto: Google Maps, 2017)

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Casas de la calle Luis Cabrera número 14 y 16.  El número 16 de la calle se derribó a finales de 2017. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Con motivo del Madrid Design Festival COLECT. LA COSA  se ha acondicionado el solar  de 120 m2 que ocupaba la vivienda de la calle Luis Cabrera 16, donde -tras el derribo- “las fronteras entre lo público y lo privado se disipan” para crear una exposición denominada Sonyard .

En la exposición Soynard, una piedra y todo por la ventana, los miembros del colectivo presentan tres piezas en forma de bancos, reminiscentes de la vivienda que en su día acogió exposiciones, como de la historia del barrio que habitó.

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“Soynard, una piedra y todo por la ventana”. Studio La Cube, 2018. Luis Cabrera 16. La Prosperidad. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

“Lo perdido, lo que permanece y lo que fue, corresponden a cada uno de los bancos que figuran en el espacio. Tierra, paja y escombro, pala, rastrillo y azada son materiales y herramientas empleados para la producción de las piezas que se antojan más propias de un jornalero que de un constructor. Las geometrías de estas piezas, así como su dimensiones que oscilan entre lo urbano y lo doméstico, adquieren un carácter primitivo y monolítico en un espacio de raza rural inmerso en un contexto metropolitano”.

Colectivo LA COSA
Studio La Cube
Julen Ussia
Javier Montoro

Luis Cabrera 16
Soynard, una piedra y todo por la ventana
17-18 / 24-25 de Febrero 2018
Resto de los días bajo cita previa.

Referencias.-

Blog Urban Idade, “Recuerdos del barrio de la Prosperidad”
Facebook “La Prosperidad”

Colectivo La Cosa. SOYNARD, 2018

Rojo Escobar, Enrique F.
La Prosperidad. 1862-2012
Temporae, Ed.
Madrid, 2012-13-14

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Hace tres años que de derribó la antigua corrala de la calle de Fernández de la Hoz 63 de Madrid, situada muy cerca del Paseo de la Castellana. En 2007 el  Instituto de Vivienda de la Comunidad de Madrid (Ivima) subastó esta corrala del barrio de Chamberí, el único edificio de renta libre que poseía. Era una herencia del Instituto Nacional de la Vivienda. Hasta el momento de su total desalojo todavía había vecinos -parece que irregulares-  que habitaban en él y que pagaban la exigua “renta de 1 €” por una vivienda de hasta 100 metros cuadrados. En ese momento el edificio todavía conservaba dos locales comerciales abiertos en sus bajos, entre ellos una farmacia cuya titular era Esmeralda Moreno Blanco.
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Corrala de Fernández de la Hoz. Mural pintado por José Luis Tirado en 1987 que representa un gigante avanzando de forma inquietante entre la construcción con el ánimo aparente de derribarla. Tal vez una premonición. (Foto: Enrique F. Rojo, 2006)

Los últimos propietarios del edificio, la inversora inmobiliaria de INDITEX/ Pontegadea la había vendido en 2015 a la promotora catalana Uniq, especializada en la promoción de viviendas de lujo, que junto al fondo inmobiliario británico UK & European Investments se han encargado del derribo y ejecutan la nueva construcción.  La inversión de UK & European Investments que  levanta las viviendas  ronda los 20 millones de euros.

Una corrala atípica por anacrónica

El edificio derribado era una construcción, con toda probabilidad de los años 20-30 del siglo XX, por lo que su típica tipología madrileña resultaba algo anacrónica, dado que en esa época la casa de corredor ya estaba en desuso y era raro que se hicieran edificios de esas características, salvo por cuestiones de mera rentabilidad. A pesar de esa lacrada característica, el edificio tenía un valor histórico especial -no cuantificable en euros- , siempre por debajo de su valor especulativo, que ha sido el que ha primado en su venta.

Podríamos decir que el bloque seguramente nació por motivos especulativos y que su último destino ha sido el mismo: morir por la presión del capital.

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La antigua corrala de Fernández de la Hoz, 63

El edificio estaba situado en la Plaza de San Juan de La Cruz, 4 –en el número 63 de la calle Fernández de la Hoz–, junto a los Nuevos Ministerios y la calle de Ríos Rosas y albergará  viviendas de alto nivel y de precio, exageradamente desorbitado, solo al alcance de economías poderosas. La venta se ha realizado con suma discreción.

El edificio derribado contaba con algo más de 1.000 metros cuadrados y una edificabilidad cinco veces mayor, de casi 5.600 metros. Según detalla la constructora, la promoción, el edificio, de nueva construcción, ofrecerá una amplia tipología de 41 viviendas  de 1, 2, 3 ó 4 dormitorios y áticos. Además de la  comodidad de disponer de aparcamiento y trasteros, la finca ofrece unas zonas comunes con gimnasio y piscina en la 8ª planta, que disfruta de unas vistas privilegiadas. Los pisos, de entre 55 y casi 400 metros cuadrados, costarán entre medio millón de euros y 2,5 millones, en el caso de los áticos. La entrega de las viviendas está prevista para la primavera de 2018.

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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Plaza de San Juan de La Cruz, 4. El el número 63 de la calle Fernández de la Hoz lo ocupa ya una nueva construcción. (Foto: Google Maps, 2017)

Referencias.-

Corrala de Fernández de la Hoz (I)   2007 (Blog Urban Idade, 2007)

Corrala de Fernández de la Hoz (II)  2015 (Blog Urban Idade, 2015)

La corrala de Fernández de la Hoz 63 tiene los días contados
(Blog Urban Idade, 2015)

De corrala en ruinas a pisos de lujo de hasta 2,5 millones en pleno corazón de Madrid (El Confidencial, 15/ 5/ 2017)

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Canido, Estrella, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Canido, Estrela, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Canido, barrio de Ferrol, A Coruña. Número 51 de la calle Estrela, esquina con Miramar. En 2015 el edificio de la foto de arriba ya se había abandonado. Seguramente una expropiación pagada a un precio razonable.

Pasadas las primeras expropiaciones, el barrio de Canido se fue abandonando hasta el momento actual. La invasión de las Meninas al barrio de Canido en Ferrol empezó en 2008 y parece imparable. Liderada por el pintor Eduardo Hermida, esta manifestación multicolor clama contra el abandono urbanístico del barrio. Desde el primer esbozo en sus olvidadas fachadas, cada año las paredes abandonadas de Canido se tornan lienzos efímeros para artistas y soñadores.

Canido, Estrella, 51.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2017)

Canido, Estrella, 51. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017)

Las paredes olvidadas de la casa de la calle Estrela 51 de Ferrol, en Canido, cobraron color con las Meninas que con ingenuidad las adornaron. Arte y voluntad efimera. Lo más probable es que estos dibujos alegres desaparezcan en los próximos meses, cuando derriben el edificio. Y será cuestión de minutos.

En su lugar crecerán en altura desleal con el entorno bloques de viviendas anodinas y aburridas. El barrio se uniformiza y la esencia se pierde.

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La invasión de las Meninas al barrio de Canido en Ferrol (A Coruña) empezó en 2008 como protesta pictórica contra una pintada. Liderada por el pintor Eduardo Hermida,  esta manifestación clama contra el abandono urbanístico del barrio. Desde entonces, cada año las fachadas abandonadas de Canido se tornan lienzos efímeros para artistas y soñadores.

Meninas en la calle de Alonso López, 2 de Canido, en Ferrol

Meninas en la calle de Alonso López, 2 de Canido, en Ferrol. (Foto: Enrique F. Rojo 2015-17)

Meninas sobre fachada terrera en la calle de Alonso López, 2 de Canido, en Ferrol. La casa albergó una antigua tahona y luego una tortillería, de renombre en los alrededores gracias al boca en boca. Después vino el abandono del barrio y la tortillería cerró hasta la actualidad, que la habitan meninas y meninos, uno pintor de aire velazqueño, con perro como mascota, y otros de perfil griego algo picassianos. Los dibujos son de Blanca Vila, Carmela Martín, y uno anónimo que muestra la figura de una hierática menina cocinera de armas tomar con sus utensilios en las manos dispuesta a elaborar una rica tortilla de patatas a la moda del lugar.

Menina en Canido, Ferrol.

Menina en Canido, Ferrol. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017)

Menina de tirabuzones azules en Canido. Fantasía de Chus Iglesias firmada en 2017. El muro decorado esconde un solar perdido en el olvido en el que antes existió una casa que ocupaba el número 36 de una calle ignota. La portezuela roja da paso al terreno, solo accesible para personal enano de estatura. Pensado, a buen seguro, para que las meninas, bajas por definición, accedan sin pestañear ni despeinarse y dediquen su ocio a sembrar patatas, berzas y nabizas.

Referencias.-

Las Meninas se mudan a Canido  (El País, Ferrol, 21/ 09 /2008)

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El Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y la Fundación Arquitectura COAM, en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid, celebrará la XIV Semana de la Arquitectura del 29 de septiembre al 8 de octubre. En esta ocasión París será la ciudad invitada, con la participación de la Embajada de Francia en España, el Institut Français y l’Alliance Française.

Durante la  XIV Semana de la Arquitectura Madrid acogerá :

Exposiciones, destacando ’10 años Premio COAM. Arquitectura reciente de Madrid’, que recoge los 154 proyectos galardonados por los prestigiosos Premios COAM durante una década, de los cuales 17 han sido premios principales.
Actos y conferencias, que versarán sobre la profesión de los arquitectos, los desafíos de las grandes ciudades o el urbanismo táctico y las políticas urbanas.
Visitas e itinerarios a más de 40 edificios de reconocido valor arquitectónico e histórico. Este año, como novedad, se incluyen itinerarios familiares.
Actividades infantiles y mercado de diseño de arquitectos (Pop Arq Store).
(Ver programa)

Referencias.-

XIV Semana de la Arquitectura (COAM)

XIV Semana de la Arquitectura: cerca de cuarenta edificios «desvelarán» sus secretos al público (ABC, 19/09/2017)

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