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Duque de Pastrana_05 2016

Escombros de las antiguas construcciones de 1930 situadas en la plaza del Duque de Pastrana nº 7. (Foto: Enrique F. Rojo, 2016)

Como suelo recordar en el blog casi todos los años por estas fechas, “el verano es un buen momento para los derribos“.
Y es que, en efecto, las constructoras aprovechan las vacaciones para derribar con cierto sigilo y sin que haya muchos testigos. Supongo que por aquello del “qué dirán” de la opinión pública ciudadana. Derribar supone destrucción y este acto por lo general resulta antipático, cuando no sospechoso de ser una insensible maniobra especulativa.

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Derribo las antiguas casas de 1930 situadas en la plaza del Duque de Pastrana nº 7. (Foto: Enrique F. Rojo, 2016)

Un derribo más

Hoy voy a hablar de la demolición de unas casas de poca entidad que se situaban en el número 7 de la plaza del Duque de Pastrana en el distrito de Chamartín.
A pesar de no estar protegidas por su poca “visibilidad” o escaso valor arquitectónico, formaban parte de un conjunto cuya particular fisonomía da a la plaza y entorno su pintoresco aspecto rural, en medio del torbellino urbano a pocos metros de la plaza de Castilla. Al menos hasta ahora, ya que poco a poco se van eliminando las viejas construcciones en favor de edificios vanguardistas de gran lujo que diluyen su recordado aspecto primitivo.

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Lo que queda de las antiguas construcciones de 1930 situadas en la plaza del Duque de Pastrana nº 7. (Foto: Enrique F. Rojo, 2016)

Casas de 1930 en la plaza del pueblo

Los edificios estaban edificados en una parcela de 600 m² y sumaban 825 m² construidos. Según la Dirección General del Catastro, su fecha de construcción fue 1930, aunque es posible que fuera algo antes. En la actualidad, las casas constaban de planta baja y primer piso y estaban dedicadas a la actividad comercial: panadería-repostería, papelería-librería y bar-restaurante. Desde, al menos 2013, se negociaba el abandono de los locales.
La plaza del Duque de Pastrana, cuando se construyeron las casas, era plaza de la Constitución y pertenecían al pueblo de Chamartín de la Rosa. Antes hubo otras casas en el mismo lugar, seguramente toscas casas de pueblo que se sustituyeron por éstas, tampoco excelentes, ahora demolidas.

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Pueblo de Chamartín de la Rosa. Plaza de la Constitución, c. 1930.

El pueblo de Chamartín de la Rosa

El pueblo de Chamartín de la Rosa en 1848, un siglo antes de convertirse en distrito de Madrid, contaba con treinta casas distribuidas entre la actual plaza del Duque de Pastrana y las actuales calles de Platerias y Dolores Sánchez Carrascosa. También se encontraba la Iglesia de San Miguel, de estilo irreconocible, dadas las innumerables intervenciones que ha sufrido a lo largo de su historia y que cambiaron su fisonomía original.
En este periodo el pueblo de Chamartín estaba regido por el Ayuntamiento situado en la plaza cuyo alcalde disfrutaba del cargo durante varios años. Su fisonomía correspondía a la de un caserío rural dedicado más a la agricultura que a la ganadería y escasamente a la industria. Estaba constituido por casas bajas encaladas con cubierta de teja que albergaban a unas trescientas personas. No disponía ni de hospital ni de escuela. Tampoco había alumbrado en las calles ni tenía fuente pública, obteniendo el agua del arroyo próximo de “la alcubilla”.

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Actual plaza del duque de Pastrana, mediado el siglo XX. En color rojo las casas demolidas. (Nomecalles/CM)

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Plaza del duque de Pastrana, en el último tercio del siglo XX. A la derecha las casas demolidas. (Foto: Santos Yubero/ARCM)


Alegato final

A pesar de ser de unas casas de poca entidad, como se ha dicho, la desaparición de estas edificaciones de vieja factura rural, asociadas al primitivo caserío del pueblo de Chamartín de la Rosa, no hacen sino abundar en los efectos nefastos de la imparable maquinaria urbanizadora que destroza los cada vez más escasos elementos que dan cohesión e identidad a los espacios urbanos de nuestra ciudad.

Es evidente que no se puede luchar contra los gigantes aspados. No son reales. Ni real -ni práctica-es la lucha contra el llamado progreso, fantástico e idealizado. Pero tambiém es un hecho fehaciente la despersonalización  que esta ansia demoledora de la historia conduce a nuestras ciudades, uniformándolas, dándoles el mismo aspecto anodino. Haciéndolas iguales, estén donde estén. Modernas, pero todas iguales.

Creo que existe una escasa sensibilidad institucional y privada para preservar la memoria y para que no olvidemos las construcciones históricas fundamentales -nuestro pasado urbano o rural-, algo esencial  para conservar la identidad del espacio urbano al que pertenecemos y que nos pertenece.

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Casas demolidas en la plaza del duque de Pastrana 7. (Foto: Google Maps, 2016)

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Casas demolidas en la plaza del duque de Pastrana 7. (Foto: Google Maps, 2016)

Referencias.-

Rodríguez Zapata, Carlos
Rojo Escobar, Enrique F.
Chamartín. Álbum de fotos
Ediciones Temporae
Madrid, 2015

Lasso de la Vega Zamora, Miguel
Quintas de Recreo (Libro I)
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 2006

Baldeón García de, Alicia
López Marsa, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 1985

Crónica urgente de la presentación del libro Chamartín. Albúm de fotos
Blog Urban Idades (21/05/2015)

Palacete derribado en la castellana (Blog Urban Idade, 14/07/2010)

Derribo en el distrito de Tetuán (Blog Urban Idade, 27/07/2010)

Derribos en La Guindalera y la Prosperidad (Blog Urban Idade, 03/09/2015)

Derribo escuela gratuita de Ntra. Sra. del Recuerdo (Blog Urban Idade, 12/09/2012)

Adiós a los Estudios Buñuel (Blog Urban Idade, 14/12/2015)

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ELGATONEGROSMALL2015

(Foto: © Enrique F. Rojo, 2015)

Gatos de Madrdid

De los oriundos de Madrid muchos se han referido como gatos y así ha quedado el término como uno de sus gentilicios más festivos.

Aunque dice una leyenda local que en la conquista de Madrid, en tiempo del Rey Alonso VI de León, fue la habilidad gatuna de un soldado que trepó la muralla  la que dio por llamar así a los madrileños, podría valer cualquier otro argumento para dar por justificado el mote.

Gatos noctámbulos

Por ejemplo, el gusto de los habitantes de la villa por recorrer de noche sus calles. Hábito que aún hoy se conserva y legitima el apelativo. Ya se sabe que la noche es el territorio del género felino o, mejor, de la especie felina,así no hay duda,  especialmente en Madrid, capital del reino, donde a pesar de pacata y monacal, la vida licenciosa y libertina se ejercía tras el ocaso con fruición, atrayendo a gentes de todas partes.

Esta tesis inventada podría valer, con muchas licencias, para acreditar etimológicamente el origen gatuno de los madrileños de antaño que, enmascarados en la oscuridad de la noche serían gatos negros; más gatos aún, pués sabemos que de noche todos los gatos son pardos.

El gato Negro …

El Gato Negro de la calle de Bravo Murillo, número 164, vende uniformes, chandals y polos de colegio. No en vano se encuentra a pocos metros del C.E.I.P. Jaime Vera, extraordinaria muestra de arquitectura escolar debida a Antonio Flórez Urdapilleta, arquitecto vinculado a las construcciones escolares desde los años 20 hasta la Guerra Civil  que dirigió el Departamento de Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública de la II República Española donde ejecutó múltiples trabajos en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid como los grupos escolares Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, Concepción Arenal, Pérez Galdós y Pardo Bazán.

… el colegio  y la Residencia …

De los edificios proyectados por Antonio Flórez se conservan los ya citados grupos escolares y los Pabellones Gemelos y el Pabellón de Laboratorios o Transatlántico (1913) , de la Residencia de Estudiantes, en la calle Pinar, en la llamada por Juan Ramón JiménezColina de los Chopos“.

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C.E.I.P. Jaime Vera, extraordinaria muestra de arquitectura escolar debida a Antonio Flórez Urdapilleta.   (Foto: © Enrique F. Rojo, 2008)

El Gato Negro, mantelería, jerséis, sábanas de algodón …

En la calle de Bravo Murillo, número 164, trás el escaparate de amplia vitrina y chillones marcos amarillos se ofrece interesante género de ese que a menudo no sabemos dónde encontrar. A parte de los chandals de algodón, tactel y, quién sabe si todavía quedan muestras de aquellos de aspuma azul con rayas laterales blancas que se disolvían con el calor y/o el rozamiento, encontramos pijamas 100 % algodón, mantelería fina, jerseis o “jarsei” que dicen alguno/as (los mismo/as que confunden  Majadahonda con “majalonda“, refiriéndose a la primera, aunque ambas existan) y ricas sábanas de apretado algodón, también cien por cien. He dicho apretado algodón.

Las sábanas de algodón cien por cien en su modalidad apretada, densa o compacta constituyen un placer excelso e indiscutible. Eso creo yo.

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El Gato Negro, Bravo Murillo, número 164, con calle Ávila. (Foto: © Enrique F. Rojo, 2007)

Telas de algodón

Para todos aquellos que hayan tenido el infortunio relativo de dormir en una cama de un hospital público o la suerte indiscutible de hacerlo en un hotel de más de tres estrellas, la pregunta es la misma: ¿dónde venderán esas sábanas tan acogedoras? Seguramente es un truco de ambas instituciones para que no te vayas y el secreto forme parte de la conspiración. Porque te necesitan.

Pués bien, con toda probabilidad en el Gato Negro las tendrán. Igual que tienen camisas de hombre, ropa de mujer, vestuario laboral, excelentes monos de trabajo azules  y …, en fin,  muchas sorpresas dignas de un noctámbulo gato negro.

El Gato Negro, con sus telas de algodón, se encuentra en los bajos de un bonito edificio de elaborados aparejos de ladrillo de hace más de un siglo (c. 1900). Sin saber a qué fecha se remonta el origen del establecimiento, si parece que debió de llegar al viejo inmueble cuando todavía no aparentaba vejez alguna. Más de medio siglo, seguramente mucho más.

Otros Gatos Negros

En Madrid hay por lo menos dos Gatos Negros más. En Alcalá 39, una administración de lotería que con su nombre conjura retóricamente la falta de suerte con la fortuna en una divertida paradoja; y un histórico almacén de lanas nacido en Valencia que llegó a Madrid, a la calle de la Paz, en 1915, para establecerse definitivamente en la calle de la Sal, Plaza Mayor,  en 1919. Según cuentan, de este comercio, bastante grande en su origen, apenas queda una cuarta parte. El resto se ha vendido y se ha convertido en una tienda de bisutería y en una panadería belga.

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El Puente de la Culebra se encuentra en la zona conocida como El Zarzón, en el extremo suroccidental de la Casa de Campo, próximo a la confluencia del camino de Prado Rodajos, al sur y de la carretera de El Zarzón, al oeste. A sus pies se halla el Estanque Chico, formado por las aguas represadas del arroyo de Meaques. Se proyectó en 1782, en época de Carlos III, por Francisco Sabatini.
(Wikipedia)

El Puente constituye la muestra más singular y representativa de los pasos que salvan los arroyos de la Casa de Campo. Muy próximo a la entrada del Arroyo Meaques en la posesión, fue construido en piedra de sillería con antepechos, siguiendo un diseño ornamental materializado en los sinuosos pretiles que la han valido su nombre. Combina el ladrillo rojo, presente en sus arcos, con el granito, que domina su parte superior, a partir del saliente instalado sobre la línea de imposta. Sus pretiles están ardonados con diez pináculos de piedra.
Después de una restauración, siete de sus pináculos que habían desaparecido, se han sustituido por copias.

Puentes históricos en la Casa de Campo sobre el arroyo Meaques.


Son varios los arroyos tributarios del Río Manzanares los que surcan la Casa de campo. Aunque actualmente su caudal es muy reducido, antes canalizaban un mayor volumen de agua. A lo largo de la historia sufrieron diversas canalizaciones y aprovechamientos para usos agrícolas y ganaderos, para abastecer fuentes, etcétera.
En los dos principales, el Meaques y el Antequina, han perdurado hasta nuestros días algunos de sus puentes. En el siglo XIX se nos hablaba de seis de ellos en el primero de los arroyos: Puente de la Culebra, del Álamo negro, del Batán, de Siete Hermanas, de la Agachadiza y de los Neveros, éste último hoy desaparecido.
El arroyo Meaques discurre por la zona de la propiedad tradicionalmente más transformada y transitada por el hombre. En cambio, el arroyo de Antequina, en el extremo opuesto, sólo cuenta con el pequeño pontoncillo de “el Suizo“, y con un puente importante denominado de “las Garrapatas”, realizado en ladrillo y mampostería, que coincidía con el paso de una ruta principal como era el Camino Viejo de Castilla.
(Texto: Ayuntamiento de Madrid. Area de Medio Ambiente. Departamento de Parques y Jardines).

Dos imágenes del Puente de la Culebra. La primera es de julio de 2007 y la segunda de julio de 2008. La única diferencia apreciable entre ambas, son las pintadas del antepecho, tanto en el exterior como en el interior. La mano inquieta del autor o autores , que debe de responder a un cerebro privilegiado, ha dejado una impronta que ni el paso del tiempo dejó. A falta de una manera peor de desperdiciar el tiempo, el espray del artista nos regala con su creación en el recién restaurado puente. Habrá que felicitarle. A él y a sus progenitores, por tan hermosa dádiva a la humanidad.

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El Puente de la Culebra se encuentra en la zona conocida como El Zarzón, en el extremo suroccidental de la Casa de Campo, próximo a la confluencia del camino de Prado Rodajos, al sur y de la carretera de El Zarzón, al oeste. A sus pies se halla el Estanque Chico, formado por las aguas represadas del arroyo de Meaques. Se proyectó en 1782, en época de Carlos III, por Francisco Sabatini.
(Wikipedia)

El Puente constituye la muestra más singular y representativa de los pasos que salvan los arroyos de la Casa de Campo. Muy próximo a la entrada del Arroyo Meaques en la posesión, fue construido en piedra de sillería con antepechos, siguiendo un diseño ornamental materializado en los sinuosos pretiles que la han valido su nombre. Combina el ladrillo rojo, presente en sus arcos, con el granito, que domina su parte superior, a partir del saliente instalado sobre la línea de imposta. Sus pretiles están ardonados con diez pináculos de piedra.
Después de una restauración, siete de sus pináculos que habían desaparecido, se han sustituido por copias.

Puentes históricos en la Casa de Campo sobre el arroyo Meaques.


Son varios los arroyos tributarios del Río Manzanares los que surcan la Casa de campo. Aunque actualmente su caudal es muy reducido, antes canalizaban un mayor volumen de agua. A lo largo de la historia sufrieron diversas canalizaciones y aprovechamientos para usos agrícolas y ganaderos, para abastecer fuentes, etcétera.
En los dos principales, el Meaques y el Antequina, han perdurado hasta nuestros días algunos de sus puentes. En el siglo XIX se nos hablaba de seis de ellos en el primero de los arroyos: Puente de la Culebra, del Álamo negro, del Batán, de Siete Hermanas, de la Agachadiza y de los Neveros, éste último hoy desaparecido.
El arroyo Meaques discurre por la zona de la propiedad tradicionalmente más transformada y transitada por el hombre. En cambio, el arroyo de Antequina, en el extremo opuesto, sólo cuenta con el pequeño pontoncillo de “el Suizo“, y con un puente importante denominado de “las Garrapatas”, realizado en ladrillo y mampostería, que coincidía con el paso de una ruta principal como era el Camino Viejo de Castilla.
(Texto: Ayuntamiento de Madrid. Area de Medio Ambiente. Departamento de Parques y Jardines).

Dos imágenes del Puente de la Culebra. La primera es de julio de 2007 y la segunda de julio de 2008. La única diferencia apreciable entre ambas, son las pintadas del antepecho, tanto en el exterior como en el interior. La mano inquieta del autor o autores , que debe de responder a un cerebro privilegiado, ha dejado una impronta que ni el paso del tiempo dejó. A falta de una manera peor de desperdiciar el tiempo, el espray del artista nos regala con su creación en el recién restaurado puente. Habrá que felicitarle. A él y a sus progenitores, por tan hermosa dádiva a la humanidad.

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