Arquitecturas perdidas (II): Cine Europa y Gasolinera Porto Pi

Cine Europa años 40.

Cine Europa en los años 40 del siglo XX.

El Cine Europa , de Madrid

El Cine Europa (1928 ) es una de las obras pioneras del racionalismo madrileño de Luís Gutiérrez Soto. Es anterior al Cine Barceló (1930) y su fachada apuntaba algún rasgo de Art Déco y una fuerte influencia de las formas del expresionismo alemán de Erich Mendelsohn de las que se empapó Gutiérrez Soto en un viaje que realizó a Alemania en 1925, y en el que conoció algunos edificios del arquitecto alemán.

 

Cine Europa años 40

«El cine Europa no existe ya como cine. Después de años de abandono, en 1995 sufrió una insólita transformación y se ha convertido en centro comercial de Saneamientos Pereda. Se ha conservado en buena parte el aspecto exterior y el interior, de manera que aún podemos acercarnos y entrar en él, para encontrarnos con el gran espacio de la sala de proyecciones y de sus dos entresuelos. La imagen que ofrece el interior es de una incongruencia surrealista: donde antes se sentaban los espectadores hoy se acumulan los elementos de fontanería y saneamiento apilados en estantes, que los compradores recorren con sus carritos.

Se ha añadido un ascensor que sube desde el patio de butacas y los vestíbulos han desaparecido como tales, aunque una cafetería ocupa una parte de la planta, diferente a la que existía en el proyecto original.

Se trata de un caso asombroso de cumplimiento y traición a las medidas de protegen los edificios de gran calidad. Este cuenta con protección integral, nivel 1, y es probable que las exigencias de conservación se hayan cumplido de manera escrupulosa, pero el espíritu del edificio ha sido profundamente traicionado.

La volumetría exterior mantiene el impulso expresionista que Gutiérrez Soto tomó de Mendelsohn, y la fachada conserva forma y materiales constructivos, pero una demencial carpintería dorada destruye el efecto del conjunto con su brillo chillón.

Algo similar sucede con el rótulo que identifica a la empresa: está hecho en una larga banda horizontal que, bien tratada, podría subrayar la composición de la fachada, pero su ostentosa falta de interés demuestra que el edificio sigue en pie por obligación legal, no por respeto a la obra. « (El Mundo: LA MIRADA DEL ARQUITECTOEnrique Domínguez Uceta , 19 de Junio de 1999-)

Cines,Cine Europa (3) -Calle Bravo Murillo-2007Cine Europa (1) -Calle Bravo Murillo-2007

El Cine Europa en la actualidad (2007)

Cine Europa (2) -Calle Bravo Murillo-2007

Estación de Servicio Petroleos Porto Pí

La Estación de Servicio «Petroleos Porto Pí» (actual Estación e Servicio Gesa, S.L.), de Casto Fernández-Shaw Iturralde, constituye para muchos autores una de las tres obras que marcan la entrada a la arquitectura moderna española. Las otras dos son «El Rincón de Goya» (1926), de Fernando García Mercadal y la Casa del Marqués de Villora, de Rafael Bergamín Gutiérrez.
Los escasos elementos que conformaban la obra, una torre-altavoz, a modo de faro acústico, de evocaciones navales y una leve marquesina protectora, de reminiscencias aeronaúticas, a modo de ala de avión, constituyeron en la época una imagen futurista aplicada al futurista automovilismo madrileño de los años 20 y 30 del siglo XX. En los años 70 del mismo siglo la gasolinera quedó operativa y estéticamente desfasada a los ojos de sus propietarios que debían de tener una más amplia visión de futuro para la instalación. Su denostada demolición obligó a ser restituida a su estado original, más o menos.

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Dos interesantes imágenes de la estación Porto Pí, en los años 40 o 50

porto-pi_1958.jpg

Estación de Servicio Porto P� en 1929

La Estación de Servicio Porto Pí en 1929

Estación de Servicio Porto P� en 1978

En lo que quedó la Estación de Servicio Porto Pí allá por 1979, después de su parcial demolición

Este es el aspecto actual (2007) , una vez que los autores del desaguisado fueron obligados a reconstruir la gasolinera

 

 

Referencias.-

VV.AA
Arquitectura de Madrid: Ensanches (Tomo2)
Fundación COAM
Madrid, 2003

CINE EUROPA, en el Blog Cines de Madrid

18 opiniones en “Arquitecturas perdidas (II): Cine Europa y Gasolinera Porto Pi”

  1. Estoy tratando de acordarme de la cantidad de cines desaparecidos de Madrid: Covadonga, Lopez de Hoyos, Marvi, Colón, Principe Alfonso(?), Peñalver, Mola. Alcalá, Becerra, Bilbao….Y estos solamente son unos pocos delimitados a unos pocos barrios y que frecuentaba ya des niño. Si se hiciera la lista de todo Madrid estoy seguro que podriamos llegar a los 50 o 100. El Barceló, por cierto que parecido al Europa es . El Proyecciones tambien del mismo estilo, no se que pensar de la última reforma, aunque por lo menos ha quedado como cine.
    La marquesina de la ES de Vallehermoso y Alberto Aguilera. Es uno de esos edificios admirados por los profesionales mas que por el público general.
    Que buena idea rescatar estas historias….

  2. Lamentable esa hipócrita «observancia» de la letra de la ley sin importar el espíritu en la adaptación de tan hermoso cine a su nuevo destino. Y me entran escalofríos sólo al pensar en el parejo destino que correrá el Avenida y, tras él, mi idolatrado Palacio de la Música cuando, si el azar no lo remedia, nos los transformen en grandes superficies.
    Hablando de la famosa gasolinera de Alberto Aguilera, yo he lamentado también, en fechas más recientes, la desaparición de la heladería en la acera opuesta de la calle (al lado de la otra gasolinera, también antigua), decorada desde siempre con esas «estalactitas» de hielo que le daban un aspecto tan particular. Pasé hace algún tiempo y todo había desaparecido, transformado en una anodina -creo recordar- tienda de modas.

  3. Ya recuerdo la heladería: «Helados americanos» figuraba escrito en la fachada. Muchas veces pasé por ahí y un día, hace más de diez (quizá más) años, no pude evitar la tentación de tomarme un heladito y entré. «Helados Royne». A partir de entonce asocié la marca con su supuesta procedencia americana, aunque creo que son valencianos a alicantinos. Me llevé una gran decepción. El comercio era grande, pero tan inhóspito como los témpanos de hielo que colgaban a la entrada. Una señora antipática atendía cansinamente a los clientes y ofrecía una reducida carta de helados. No había polos. En realidad yo había entrado para tomarme un polo de hielo. No había… Gran desilusión. No volví más.
    Lo del polo me viene porque en la puerta de Serrano del Ramiro de Maeztu había desde los primeros 70 un puesto de helados Royne que tenía «polos» de «palo», de «pela». Un polo de hielo, una pela. De la infancia me viene esa fijación. Que tontería.

  4. A propósito de la entrada al Ramiro, yo recuerdo, de cuando estudié allí entre los años 1965-1967, que en la entrada, pero ya dentro del recinto, pegado a la iglesia, había un puesto de chucherías en el que me gastaba las perras que mis padres me daban en pastillas de leche de burra. ¡Lo que daría por saborear una de nuevo!

  5. mis recuerdos gastronomicos del Ramiro, bachillerato nocturno años 65-67-68, que casualidad, son los de los bocadillos de chorizo de la cantina y de los cafes con leche servidos desde unas enormes cafeteras de aluminio con asa. Tambien de la señora que regentaba la cantina, que era una verdadera madre para todos y cuyo nombre no consigo recordar aunque lo intento.

    1. Hola: esa señora, que tu dices, se llamaba Petra. Y digo se llamaba, porque el paso del tiempo no nos perdona. Yo estudié en el Ramiro, desde 1967 hasta 1972.

  6. La Señora se llamaba Petra; más tarde ocupó el Sr. Pedro, en otro emplazamiento, sus funciones de mito cantinero, celebrado por el QTR (lc). Y, por cierto, haablando de uno de los arquitectos que dio fisonomía a la zona del Ramiro, Manuel Fisac, hay que lamentar la salvaje demolición de su Pagoda, uno de los edificios más maravillosos de mi niñez; y en loa alrededores, la casa Arvesú, de de la Sota,

  7. En efecto, Gonzalo, en relación a lo que comentas de Miguel Fisac y de Alejandro de la Sota, todo el entorno del Ramiro de Maeztu es arquitectónicamente un edén. Fisac es el autor de la Iglesia del Espíritu Santo, levantada sobre las ruinas de la biblioteca y salón de actos de la Residencia de Estudiantes, de Carlos Arniches Moltó y Martín Domínguez, autores del Instituto Escuela y del Pabellón de Párvulos del Instituto (con la participación del ingeniero Eduardo Torroja en el diseño de las marquesinas voladas en los jardines), hoy Instituto y Colegio «Ramiro de Maeztu». Ambos repetirían en su interesante trabajo del hipódromo de la Zarzuela. También son de Fisac el edificio Vega (1966), EL EDIFICIO CIMDOC del CSIC (1961) en la calle Joaquín Costa 22 y el Instituto de Química Orgánica (1964), en la calle Juan de la Cierva, frente al «Antonio Magariños» en la calle Doctor Arce. También el Centro de Investigaciones Biollógicas del CSIC, en la calle Velázquez (1951). Alejandro de la Sota construyó la casa del Sr. Arvesú, en la calle Doctor Arce, casi esquina con Velázquez, que se demolió en los años 90, y también el gimnasio del Colegio Maravillas (1961), muy cercano al Ramiro de Maeztu, en la calle Joaquín Costa, (mítica la «enemistad» entro los alumnos de ambos centros que se dirimía en vísperas de las vacaciones de Navidad, en la Plaza de los delfines con la Demencia y demás inventos colegiales…). Los arquitectos Rafael Bergamín y Luís Blanco-Soler construyeron la Colonia Parque Residencia (1931), en las traseras del RAMIRO de MAEZTU, la antigua casa Vega, conocida como casa del barco, hoy una embajada, en la calle de Joaquín Costa, junto a la Plaza de los delfines y las antiguas Oficinas del promotor inmobiliario de la zona Gregorio Iturbe. También Rafael Bergamín es el autor de la Colonia El Viso (1935), en las proximidades de la calle Serrano. En el mismo entorno escolar, Antonio Flórez Urdapilleta fue el artífice de la Residencia de Estudiantes de la «Colina de los Chopos», junto al antiguo Internado del Ramiro y del «Hispano-Marroquí». Luís Gutiérrez Soto es el autor de dos los edificios que modelan la Plaza de la República Argentina: el «Maite Comodore» y, al otro lado, el edificio «Richmond». Gustavo Fernández Balbuena contribuyó a la nobilización de la zona con en sendas viviendas construidas en los últimos años 20, en la misma calle Serrano, en los números 99-101 y 134-136 y también en la calle Pinar, cerca de la Residencia. En la zona escolar del Ramiro se encuentran numerosos edificios de la antigua Junta de Ampliación de Estudios, hoy CSIC : El Instituto Nacional de Física y Química «Fundación Rockefeller», edificio paradigmático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de los arquitectos Manuel Sánchez Arcas y Luís Lacasa.
    En la calle Oquendo número 6, entre Velázquez y Serrano, en frente del Ramiro de Maeztu, hay una vivienda (1930) realizada por el arquitecto Luís Martínez-Feduchi, autor del emblemático Cine Capitol de la Gran Vía.
    La lista se podría ampliar. Lo que digo, un auténtico paraiso de la arquitectura en unos cuantos metros cuadrados…..

  8. No puedo más que ratificar lo que con tanta competencia y exactitud aporta Enrique. Y lamentar más aún, con Gonzalo, la salvajada hecha con la Pagoda.

  9. Supongo que ya nadie se acuerda del «pipero» años 57-58. Vendia las «chuches»a la puerta y luego en la garita que hicieron a la entrada, a la izquierda. Cuando murió, el cura Granda, alguno lo recordará, alto, pelirrojo, voz tonante y alma de «la Congregación, organizó una misa por asu alma.

  10. En la calle Libertad nº 24, donde hoy se encuentra un edificio abandonado y con restos en su fachada de unos viejos rótulos de unos estudios de grabación discográfica. En los años ´40 , se encontraban los Estudios de Cine Augustus Films, donde se rodaron películas. Este dato supongo que no será conocido por muchos madrileños que pasen por esa calle.

  11. Nací y me crié alrededor de los Helados Americanos de Alberto Aguilera 11. De hecho mi padre Máximo, instaló esa fábrica como frigorista, siendo la fábrica pionera de los «Polos». inicialmente de agua y sabores (Hielo con sabor) de naranja, fresa, limón y menta en el origen, añadiendose con el tiempo como aportación española, la chufa, es decir horchata helada. En sus primeros tioempo fué la alegría de infinidad de niños como yo, que esperabamos ansioso salir del «cole» o ir al parque del retiro para acercarnos al carrito de los polos.
    Era un primor ver a aquellos carritos llevados por sus diligentes vendedores a los lugares estratégicos de Madrid con su carga de ilusión helada, conservada perfectamente en tanques metálicos bañados en un solución de hielo y sal que mantenía unos -15 º C sin necesidad de maquinaria y duraba horas y se recargaba facilmente si era preciso en la canícula madrileña. (Y nos creemos «Modernos» con nuestras neveritas de coche)
    Y si primorosos eran los vendedores ambulanters qué decir de aquellas señoritas, acicaladas como enfermeras, de punta en blanco como garantía de limpieza, llenando los moldes, sacando los polos y envolviendolos en sus fundas individuales con la misma limpieza que las máquinas modernas, de lo que doy fé por las horas pasadas allí, fascinado por esa labor, sin que las manos tocaran los polos,
    Para mayora atracción, el equipo frigorifico que producis el milagro de congelar aquellos «polos», un equipo compresor de amoniaco FRICK 3″ x 3″, estaba instalado de forma que e veía marchando por el escaparate de cristal, pintado de azul, com símbolo del «frio» que producía, una vez elminado el color de fábrica. «rojo fuego», que no se consideró adecuado, con lo cual coincido».

    Para mayor ambientación alguien decidió instalar en la entrada y el techo del salón estalactitas y estalagmitas imitando a nieve y heilo, que a mi gusto resultaban excesivas y algo barrocas.

    Ylas dependientas, eran encantadoras, simpáticas y conscientes de que eran pioneras en algo.

    Con el tiempo, el merchandising, etc, la gente hemos pasado a consumir esos productos, pero de otra forma, y al paso del tiempo, la fábrica tuvo que dejar de serlo y convertirse en una establecimiento más de venta de helados producidos por la familia, bajo la marca ROYNE, en sus fábricas ndustriales y quizás, para poder subsistir mejor, deberían de haber transformado ese local en una heladería de degustación, en lugar de un local con reminiscencias de otros tiempos, lo que aceleró su envejecimiento y lo sacó del contexto moderno: O Renovarse o morir.
    Lo que en su día fué algo lumnoso, positivo, innovador, quedó anticuado y pasó desapercibido, hasta causar dolor y frustración a sus propietarios reflejado en ese comentario de ENRIQUE.
    En principio, debo de decir que SÍ, los helados eran Americanos, pues no solo el equipo lo era, si no lo ingredientes iniciales, pues ello fué lo que llevó a los fundadores a denorminar la empresa: «Helados Americanos».

  12. Muy interesantes las fotos y todos los comentarios sobre la gasolinera y la tienda de Helados Americanos. Mientras que se pueden encontrar fotos de la gasolinera (y sigue ahí aunque reconstruida) no he podido localizar fotos de la fachada de la tienda de Helados Americanos que era un lugar de referencia en ese barrio. A ver si alguien puede encontrar fotos y compartirlas porque me trae dulces recuerdos de la infancia.

  13. Hoy me han pasado un enlace a esta entrada del blog a propósito de la gasolinera Porto Pi. Me he leído todo, textos y comentarios, con avidez y satisfacción. Pero, personalmente, lo que más me ha gustado es tanto comentario sobre el Ramiro y su entorno. Hace la friolera de 52 años que termine el bachillerato allí. ¡Qué recuerdos! El parvulario, donde empecé, la cantina, el pipero ( y el que había en la Castellana, que también se entraba por allí, junto al Museo de Ciencias Naturales, la iglesia, el temido padre Granda. Y el entrañable Magariños. ¿qué tiempos!

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