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Archive for the ‘Cines’ Category

Cine Callao (1935)

Construido en 1935, el cine Callao de Ferrol fue un moderno cinematógrafo, polivalente, que podía albergar representaciones teatrales y espectáculos diversos. Constaba de sótano, plantas baja y primera dedicadas a cine, y terraza que se utilizaba para proyecciones y para bailes y festivales al aire libre cuando el inestable verano ferrolano lo permitía.

Cine Callao

Cine Callao de Ferrol, alzado. El cine tenía capacidad para 1.000 espectadores repartidos en “21 filas de 24 butacas cada una, 13 palcos, anfiteatro y grada”.

Ferrol-Cine CallaoEl Cine Callao de Ferrol, edificio de gran singularidad, especialmente dentro de la producción del arquitecto municipal Rodolfo Ucha Piñeiro, posiblemente se inspirase en los diseños racionalistas del madrileño Luis Gutiérrez Soto, que ya había proyectado varios cines en la capital española (Callao, Europa y Barceló).

Su aspecto, de deliberado carácter Art Déco, constituyó uno de los edificios más efectistas de la ciudad cumpliendo su función de servir de reclamo para el espectáculo que siempre albergaban sus paredes. Para ello, la torre-faro a modo de alminar o minarete, destacaba en el skyline y llamaba al pagano disfrute del séptimo arte. Este reclamo simbolizaba también la torre del faro que proyecta una luz, en este caso la del proyector, que abría la ciudad al resto del mundo con sus películas, las cuales transladaban el mundo en imágenes a los espectadores.

El Cine Callao representó -en palabras del profesor  de historia del arte Bernardo Castelo Álvarez – “el emblema más genuino del cosmopolitismo de Ferrol del momento, al integrarse dentro de la corriente general de construcción de grandes cinematógrafos que, tanto en España como en los restantes paises europeos y, muy especialmente, en Norteamérica se erigían en las ciudades para acoger, pero también para simbolizar, al gran espectáculo popular contemporáneo que era el cine“.

Por desgracia, el edificio fue víctima de la ambición especulativa y del interés inmobiliario, alimentado por la ignorancia y por el desdén hacia la historia mostrado por las autoridades locales, que no solo nada hicieron por impedir su demolición, sino que más bien lo facilitaron. Se derribó en 1976 para construir oficinas y una sucursal bancaria, en un edificio de dudoso gusto, infame aunque muy de su época, que rompió por completo con la armonía de la calle y de la ciudad.

Cine Callao Ferrol_Mano alzada

Cine Callao, dibujo a mano alzada de Rodolfo Ucha Piñeiro (1935).

Planos planta cine callao-1935

Planos planta del Cine Callao de Ferrol (1935).

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Plaza de Callao_Ferrol_Google Maps

Plaza de Callao, en Ferrol. Este edificio ocupa el lugar donde estuvo el cine Callao, derribado en 1976. (Foto: Google Maps©2017 Google)

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Antiguo Cine Moderno en López de Hoyos

Antiguo Salón Moderno, luego cine López de Hoyos. Cuando cerró se convirtió en un salón de bodas y banquetes. Hoy es un gimnasio. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

El antiguo Salón Moderno, López de Hoyos nº 71, se inauguró en 1924 a partir de un proyecto de 1921 del arquitecto Luis Mosteiro Canas. Contaba con 9 filas de 26 butacas de preferencia y 22 filas de 28 butacas de general, separadas por barandas de fundición, además de 5 palcos.

En 1933 el precio de la primera sesión, a las cuatro y media, era de 50 céntimos, y de una peseta las sesiones vespertina y de noche. Además de la función de cinematógrafo, el Salón Moderno también se utilizaba para la celebración de actos públicos de asociaciones vecinales y benéficas, y como sala de baile, especialmente en Carnavales. Como el baile de máscaras que tuvo lugar el 17 de febrero de 1934, con orquesta desde las 10 de la noche hasta la madrugada, al precio de 2 pesetas los caballeros. Las señoras entraban gratis.

 

Maderas Parrondo

Maderas y carbones Parrondo (c. 1920).

En el solar que ocupa el edificio hubo anteriormente un almacén de maderas y carbones construido seguramente a finales del siglo XIX o inicios del XX, y que debió de surtir de material a las nuevas construcciones de la incipiente barriada de la Prosperidad y de leña y carbón a los vecinos que ya habitaban el suburbio. Casualmente, se encontraba justo en frente de la recién construida residencia religiosa del Sagrado Corazón y de Villa Casilda, primera vivienda de un conjunto de hotelitos que se agruparon creando una singular y elegante manzana, cuyo vestigio es precisamente esta casa, la única que no se ha derribado.

En torno a 1953 el cine Moderno desaparece y un año después abre con el nuevo nombre de cine López de Hoyos, con un total de 1291 localidades, funcionando como cine de barrio de sesión continua desde las 5 de la tarde.

 

General Zabala 1920

Villa Casilda”, construido entre 1893 y 1894.

En 1987, debido a la grave crisis que afectó a las salas de exhibiciones cinematográficas en toda España, el cine causó baja en el Registro de Empresas Cinematográficas, aunque hacía ya algunos años que había cerrado y el local se encontraba sin actividad.

Hasta 1990, aproximadamente, no volvió a utilizarse el recinto, esta vez como salón de bodas y bautizos por parte del grupo Lady Ana. Se realizarían obras de reforma para adaptar el cine a su nuevo uso, eliminando mobiliario, suelos y tabicados ya inservibles. Se mantuvieron algunos elementos, como la fachada, marquesina y la escalera principal de mármol, protegidos por ley dada la singularidad y el interés del edificio.

 

Cine López de Hoyos, 2007

Antiguo Salón Moderno, luego cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine a finales de los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones y bautizos. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva propuesta ligada a las nuevas modas sociales. Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007

En 2001, tras el cierre del salón de bodas, se realizó una nueva reforma para convertir el antiguo cine en un mega-gimnasio de la cadena Holiday Gym, actividad que todavía se sigue realizando.

Como curiosidad, el salón de bodas cerró el local de López de Hoyos 71, aunque mantuvo otro más pequeño en la calle Mantuano nº 4, que también acabaría cerrando. En ambos locales se puede ver grabada en la fachada un gran logotipo de la empresa en elegante y artificiosa tipografía con las letras L y A encerradas en una especie de escudo, lo que a veces causa entre aquellos que desconocen la historia del edificio cierta perplejidad.

Cerillas como recordatorio de una boda en Lady Ana, c. 1993.

Cerillas como  recordatorio de una boda  en Lady Ana, c. 1993.

Referencias.-

F. Rojo, Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ed.
Madrid, 2012

VV.AA.
Arquitectura de Madrid
Fundación COAM
Madrid, 2003

Una manzana singular de la Prosperidad
(Blog Urban Idade)

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Tienes fotos antiguas de Chamartín

Seguimos insistiendo desde este BLOG en la idea de no dejar escapar las imágenes de nuestra memoria. No queremos perder el recuerdo del pasado, y las fotografías que retienen el testimonio de lo vivido son el mejor instrumento para no olvidar. Se trata de algo que va más allá de la nostalgia. Y buscamos a sus protagonistas.

Si tienes fotografías de CHAMARTÍN  y/o  de Chamartín de la Rosa y quieres colaborar en un proyecto editorial para recuperar su memoria visual y humana, evocando el pasado del distrito, ponte en contacto con el BLOG.
Tu participación aparecerá reflejada en los pies de foto y en los agradecimientos del libro.

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Cine Morasol cerrado. (Foto: Enrique F. Rojo, 14 de mayo de 2013)

Hace unas tres semanas que el cine Morasol, situado en la calle Pradillo, 6 de la Prosperidad, no abre. Era el último cine del barrio y de sus alrededores que permanecía en activo. Se inauguró en el año 1964, cuando todavía acudir al cine el fin de semana era una de los entretenimientos más populares en todo el país. En la programación de sus primeros años se proyectaron películas como El circo,con Cantinflas; El Vampiro de Düsseldorf, de Fritz Lang; diferentes títulos de la saga del Zorro; El joven Winston, de Richard Attenborough ; etc.

Plantas del cine Morasol

Planta de cine Morasol. (Plano: Web Estudio López-Izquierdo)

En la Prosperidad el Morasol convivía con los cines López de Hoyos (antes salón Moderno), el Cinestudio Covadonga y el Royal, todos ellos en la calle López de Hoyos. En la misma calle, bastante más arriba se encontraba el cine Ciudad Lineal. Cerca de la Guindalera, pero también competidores del cine Morasol, se encontraban el Bahía, el Mónaco y el modernísimo Marvi, los tres en la calle Cartagena.

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Antiguo cine Marvi, en los años sesenta del siglo XX.

Hacia Chamartín, en la calle General Mola (Príncipe de Vergara) estaban los cines Roma y el Juan de Austria.
En su momento, la apertura del cine Marvi, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. Este cine, abierto en 1958, fue durante los 60 el más moderno de la zona. También tenía programas dobles y al estar a mitad de camino entre el barrio de Salamanca y los de la Guindalera y la Prosperidad, competía con el Oraa y con el Silvela, a la vez que con el Lopez de Hoyos, con el Covadonga y con el Morasol.
El Marvi desapareció en 1980 y comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008 que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”.

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Antiguo cine López de Hoyos. Cuando cerró se convirtió en una salón de bodas y banquetes. Hoy es un gimnasio. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

La década de los ochenta del siglo pasado fue nefasta para los cines, especialmente para las grandes salas que eran incapaces de completar su aforo, a pesar de estrenar las producciones más atractivas del mercado. Muchas salas se reconvirtieron en minicines y aguantaron hasta donde pudieron. Los cines grandes de los barrios se transformaron en bingos y en salones de bodas y banquetes y , ya en la década de los noventa, algunos mutaron en gimnasios, como el Roma o el López de Hoyos. De los cines pequeños que no continuaron su actividad la mayoría se transformaron en supermercados de grandes cadenas o en franquicias de ropa.

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Antiguo cine Royal. Tras su cierre se convirtió en un bingo. Ahora puede que se transforme en un supermercado. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

En 2006 una reforma del Ayuntamiento por la que las salas podían cambiar su uso urbanístico, con las salvedades de que los edificios que gozasen de protección urbanística tendrían que asegurar la conservación de sus elementos arquitectónicos y culturales, y que los nuevos usos del inmueble tendrían que ser compatibles con la integridad de palcos, tramoyas y escenarios, posibilitó el cierre de muchas salas que aún funcionaban.
Este cambio en la legislación unido al hecho de que la mayoría de los cines pertenecían a unas pocas sociedades, produjo que estas cerrasen las salas casi de forma conjunta con la intención de sacar partido a las plusvalías que generaba la recalificación.

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Antiguo cine Juan de Austria. Después de convertirse en un supermercado, el local se encuentra cerrado. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

El cine Morasol también sufrió la crisis de los ochenta y en febrero de 1980, cuando exhibía el Secreto del Toisón de Oro y Una Tarde en la ópera, de los hermanos Marx,  en sesión continua al precio de cinco duros, el mismo mes que en el cine Gran Vía se estrenaba Mad Max, echó el cierre.
En 1982 volvió a abrir, esta vez no como cine sino como sala de conciertos, aunque mantuvo su nombre (Sala Morasol). Sin embargo, a pesar de convertirse en un referente de la “movida”, junto con la sala “Marquee” y la sala “Rock-Ola”, los antiguos cine Bahía y Mónaco, las numerosas denuncias de los vecinos y las continuas molestias que el público que acudía al local generaba en el barrio durante las madrugadas, obligó a su cierre en junio de 1984. (La sala Morasol llegó a ser una de las más conocidas y frecuentadas por la gente joven madrileña, y fue lugar de conciertos de los grupos más famosos del panorama musical español de los ochenta. La Morasol, como se la conocía, carecía de licencia de instalación, apertura y funcionamiento, además de superar ampliamente, según los técnicos municipales, el nivel de decibelios permitidos, lo que originaba la transmisión de vibraciones y ruidos molestos a los vecinos-.El País, 9 de junio de 1984).

Morasol

Interior del cine Morasol, en la calle Pradillo. (Foto: Web Estudio López-Izquierdo)

Sala cine Morasol

Sala principal del cine Morasol. (Foto: Web Estudio López-Izquierdo)

Pero, como el Ave Fénix, en 1997 el Morasol resurgió de sus propias cenizas y abrió de nuevo como cine multisalas, ligado a la sociedad Exhibidores Unidos del empresario valenciano  Bautista Soler, propietaria también del Juan de Austria y que llegó a tener 40 salas de cine en Madrid capital.
EJuan de Austria cerró en 2007 al amparo de la reforma del Ayuntamiento de Madrid, y transformó el antiguo cine en un Open Cor, ahora también cerrado y en una sala de ensayo de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
El cine Morasol, aguantaba como multicine de seis salas, hasta hace unas tres semanas. Pero, desde entonces no ha vuelto a abrir. Y parece que esta vez va a a ser el adiós definitivo del último cine del barrio de la Prosperidad.

ACTUALIZACIÓN 2016: el 27 DE OCTUBRE DE 2016, el antiguo cine Morasol volvía a abrir, con mínimas reformas, rebautizado como Cines Conde Duque Auditorio.

Referencias.-

El crepúsculo de las salas (El País, 2013)

Sin grandes cines en las calles de Madrid (Revista Profesiones, 2007)

Salas de cine: Morasol (Estudio de arquitectura López-Izquierdo)

“The end para el cine de barrio“. Cine Marvi. (El País, 23/03/2012))

Los cines Renoir de Cuatro Caminos echan el cierre (El País 30/09/2013)

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Teatro Renacimiento_1930

El cine Renacimiento -“Rena“- de Ferrol, o lo que queda de él, fue una obra temprana del arquitecto Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón, muy ornamentada y de estilo ecléctico, con elementos modernistas, cierto Monumentalismo afrancesado, motivos renacentistas y toques mudéjares.
Este cine, que nacio como teatro, se construyó en el solar dejado en la calle del Sol del barrio de la Magdalena por el Circo Ferrolano o Teatro Romea, cerrado en 1915 y que fue muy popular mientras existió. Al clausurarse, por venta, se derruyó con el propósito de edificar un nuevo teatro, mayor y más lujoso, que pudiese competir con el Teatro Jofre, el principal de Ferrol.

Teatro Renacimiento_planta y alzado_1919

Teatro Renacimiento, planta y alzado (1919).

La licencia de construcción del nuevo edificio se otorgó en junio de 1917, después de que el Ayuntamiento de la ciudad rechazara el primer proyecto por no adecuarse a las Ordenanzas Municipales. Iniciadas las obras, pronto se añadieron nuevos inconvenientes que fueron retrasándola. Desde la dificultad para obtener hierro para las armaduras de la cubierta a causa de la Primera Guerra Mundial, hasta las denuncias interpuestas por los intereses contrarios a la apertura del nuevo teatro por parte del Santo Hospital de la Caridad -con sede en el edificio ocupado por el actual Centro Torrente Ballester– que pedían su prohibición. El Hospital presionó al Ayuntamiento de Ferrol para impedir la construcción del edificio ya que buena parte de los fondos de su institución provenían de los ingresos en taquilla del Teatro Jofre, único teatro hasta el momento con aforo notable y del que poseía parte. Finalmente, tras la venta del Jofre en 1919 a la empresa Fraga de Vigo, el Renacimiento pudo reanudar sus obras e inaugurarse un año después.

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Teatro Renacimiento de Ferrol. (Foto: M. Vilariño, 1993)

La planta del local no ocupaba en la totalidad del solar sobre el que se construyó. Por imposición de las Ordenanzas Municipales hubo de dejar entre los límites de la construcción y los extremos del solar, unos patios cerrados con verjas de hierro junto a la fachada principal, que permitían la fácil evacuación de la sala en caso de incendio.Tuvo un carácter híbrido entre teatro y sala de variedades, con una planta alargada y estrecha que no era adecuada para la disposición de palcos, de los que solo disponía seis, tres a cada lado de la embocadura, en favor del patio de butacas en la planta baja y del “gallinero” -general- de pequeño tamaño, situado a una altura sobre el vestíbulo. En total, había cabida para 790 espectadores, casi los mismos que en el Jofre.

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Detalle de la fachada principal del “Rena (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

El teatro poseía una ancha fachada revestida con revoco y azulejería. Y en su interior, un largo vestibulo  decorado también con azulejos sevillanos tricolores (blanco, azul y amarillo) de motivos imperiales, que permitía el acceso a la planta de general y daba paso a la sala. Esta contaba con tres puertas y tres pilastras doradas con capiteles rematados con motivos vegetales, tanto en esta pared como en la opuesta, adornadas con cortinas de terciopelo rojo, que escondían las puertas. Las butacas, tapizadas también en terciopelo rojo, acentuaban la elegancia del teatro. En el techo, pintado de azul y ligeramente abovedado, destacaba un lucernario de vidrio traslúcido rodeado por una amplia moldura circular, que permitía la iluminación cenital, a la vez que la eléctrica.

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Folleto de mano del teatro “Rena” en 1961.

Plan Especial de Protección del barrio de la Magdalena

Según el Plan Especial de Protección y Rehabilitación (Pepri) de Ferrol para el barrio de la Magdalena, iniciado en 2002 y aprobado por la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia en 2007, la Administración se compromete a salvaguardar el espacio arquitectónico e histórico-artístico de la zona, así como la recuperación del uso residencial del casco histórico. Este Plan establece también las características generales arquitectónicas de las nuevas intervenciones que se realicen, las estrategias necesarias para fijar población, así como el mantenimiento de la actividad comercial y su reactivación económica. El Pepri fija las intervenciones idóneas en el barrio, para su mejor conservación y puesta en valor, la organización de  aparcamientos, la accesibilidad, preservación del medio ambiente o el reglamento del tráfico. En su catálogo de edificios protegidos se registran 700 inmuebles y el teatro “Rena” es uno de ellos.

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Fachada principal en la calle del Sol,  en la actualidad (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

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Fachada principal en la calle del Sol,  en la actualidad  (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

Por esta razón, el edificio, que hasta entonces se encontraba completamente desprotegido, y  había sufrido varios incendios sospechosos tras su clausura, -el último en 1991, que lo dejó completamente en ruinas, a excepción de las fachadas que todavía se mantienen en pie- goza ahora de la máxima protección y por lo tanto debe ser rehabilitado.

Ante este Plan, la promotora Muiños Arias, S. L., propietaria del edificio y del solar, que pretendía demoler las fachadas del “Rena” y construir un edificio de tres plantas con veinte viviendas, interpuso en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Ferrol un doble recurso contra el Ayuntamiento y contra la Xunta de Galicia (Patrimonio), por entender que el antiguo cine no se encontraba dentro de la zona centro protegida, pues en el planeamiento original se señalaba la calle del Sol como límite norte perimetral del área protegida, pero no estaba claro si era en ambos alzados o lados de la calle, o solo la acera sur.

Teatro Rena_02_2007

Teatro “Rena”, 2007 (Foto: La Voz de Galicia)

Por su parte, la Dirección Xeral de Patrimonio ya había rechazado en marzo del 2007 la petición del promotor indicando que solo se puedían realizar obras en el interior del teatro siempre que se mantuviese la estructura y los volúmenes del edificio.  (La Voz de Galicia, 22/06/2010)

Finalmente, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Ferrol  declaró en una sentencia de 2010 que el Renacimiento se encuentra dentro del perímetro de protección de la Magdalena y que  al ser un edifico protegido, dentro del conjunto histórico del barrio, declarado por Decreto 28/1984 e igualmente incorporado al Plan General de Ferrol, no es susceptible de ser demolido para edificar en su solar. (La Voz de Galicia, 24/09/2010)

Referencias.-

Castelo Álvarez, Bernardo
Ferrol: Morfología urbana y arquitectura civil, 1900-1940
Universidade da Coruña
A Coruña, 2000

Sánchez García, Jesús Ángel
Fernández Fernández, Carlos M.
Teatro Jofre de Ferrol a través de la documentación
del Hostpital de la Caridad (PDF)
Anuario Brigantino

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El pasado viernes 23 de Marzo publicó El País un breve reportaje firmado por Patricia Gosálvez sobre el “Cine Marvi”, un antiguo cine de barrio que está en venta. Para quien no lo haya conocido, poco o nada representará la historia de este local. En realidad un cine más, o menos, de los muchos que ofrecían en los barrios de Madrid sus programas dobles de reestrenos en sesión contínua.

La apertura en 1958 del cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban la calle de López de Hoyos, el “Lopez de Hoyos” ,  el “Covadonga” y el “Royal”, más adelante.  También estuvo el cine “Mónaco” en la calle de Padre Xifré. La novedad estuvo en que este cine fue el más moderno de su época en la Guindalera y la Prosperidad. Tenía programas dobles a diez pesetas y competia con el “Oraa”, con el “Silvela” y con los citados  “Lopez de Hoyos”“Covadonga” . El “Marvi”, proyectado por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini, se mantuvo como cine hasta 1980. Luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008 que cerró definitivamente. En los bajos del cine “Marvi” estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro” que después se llamaría “Carnaval”.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi, en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-, cuando seguía funcionando como bingo “sala América”  y su bajo como sala de baile “Carnaval”.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las viejas salas de cine han ido muriendo poco a poco. Comenzaron a languidecer en los ochenta y acabaron por reciclarse en bingos o discotecas. Los cines que mejor suerte tuvieron pudieron continuar su actividad transformados en locales multisalas, que era la moda en los noventa. Ya en los últimos años del siglo XXI, algunos de los multicines comenzaron también a tener problemas y cerraron. La presión de las grandes productoras norteamericanas, la falta de confianza en el cine nacional, los videoclubes, “internet” (las descargas “alegales” o “ilegales”, según quien) y, en definitiva, la falta de público, consiguieron que las salas acabasen por tirar la toalla. La reconversión de estos grandes locales se presentó en el cambio de uso, en forma de mega-tiendas dedicadas a la moda, supermercados, gimnasios o almacenes multimedia. Para entonces las salas más antiguas ubicadas en los barrios de ciudades y pueblos mostraban sus fachadas fantasmales deshechas por el paso del tiempo y el abandono.

El cine “Marvi, con una pantalla de las grandes, de 220 metros cuadrados nada menos, llegó a contar en su época de esplendor con dos chicas en la taquilla, 18 acomodadores que atendían las 1.360 butacas repartidas entre platea y anfiteatro, y cuatro personas dedicadas a la cabina de proyección. En la actualidad el edificio está vacío y cerrado a cal y canto a la espera de que algún promotor inmobiliario lo adquiera con fines especulativos, lo que de momento parece difícil. (Arriba, planta del patio de butacas. Abajo, vista del anfiteatro del cine).

 Página del diario ABC con un texto publicitario sobre la inauguración del Cine “Marvi” y las empresas que participaron en sus instalaciones, publicado el 10 de Diciembre de 1958. Se hace mención a sus propietarios y promotores, los hermanos Mariano, Vitorino y Sotero Arranz, dueños de Estructuras Metálicas Arranz Hermanos.

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Mis recuerdos

Creo que no tengo mucha memoria, porque a pesar de llevar viviendo en el mismo barrio desde la infancia, me falta la capacidad para recordar con exactitud cómo era cuando empecé a conocerlo. No llego a saber qué edificios y lugares había por los alrededores antes de que la voracidad especulativa acabase con su vieja y abigarrada estampa. Lo que si me parece recordar, cuando camino por sus calles estrechas, es haberlas visto salpicadas de casitas antiguas de una planta que se alternaban con edificios de pisos, también antiguos. Luego me queda la sensación de que desde mediados o finales de los setenta los derribos y las nuevas construcciones eran una escena cotidiana. Sin embargo, cuando veo fotos del barrio de esas fechas, soy incapaz de recordar los edificios que ya no existen o los antiguos espacios que fueron transformados o eliminados.

Viejo edificio en la Calle de Antoio Zapata nº 7. Un auténtico “superviviente”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Haciendo memoria

Quiero hacer memoria del viejo barrio de la Prosperidad. Y en este recorrido nostálgico voy a utilizar recuerdos ajenos de lectores  del Blog, de memoria más ágil que la mía, que han ido dejando en algunas entradas.   Ángel y Carlos, que además me ha enviado unas fotos,  emocionan con sus poéticas evocaciones. Muchas de las imágenes que ilustran estos recuerdos fueron  publicadas también en diferentes posts, y otras las he tomado en préstamo a Isabel Gea, vecina del barrio durante un  tiempo, que retrató algunos edificios que formaron parte del entorno de la Prospe  y que han ido desapareciendo poco a poco.

Edificio de 1927 en la calle de Canillas nº 7 y detalle de la fachada. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Mis recuerdos del barrio de la Prosperidad comienzan con la calle de López de Hoyos, calle larga y en algún tramo sinuosa y estrecha. Esta calle nace junto al Paseo de la Castellana, en unión con la calle Pinar, muy cerca de la Residencia de Estudiantes y del Museo de Ciencias Naturales.  Antiguamente fue el camino que conducía al pequeño pueblo de Hortaleza y en 1905  cambió su nombre por el del preceptor de Miguel de Cervantes que ahora lleva. López de Hoyos  es para mí una calle evocadora, aunque de recuerdos vagos, dado mi carácter olvidadizo. Desde muy pequeño he vivido en las proximidades de la calle General Mola (Príncipe de Vergara) cuando todavía acababa en Francisco Silvela, muy cerca de la glorieta de López de Hoyos. Esta rotonda, que hasta 1980 se llamó de Ruiz de Alda, por el aviador famoso del Plus Ultra, marcaba la frontera de una zona que espacialmente ya no me pertenecía, pues yo vivía más arriba, junto al parque de Berlín (1967). Sin embargo, cruzando por López de Hoyos, junto a los descampados de la futura prolongación de General Mola se llegaba al entramado de calles estrechas de la Prosperidad, al norte del eje principal, que era más mi territorio, pues al otro lado de la calle también comenzaba a desorientarme. López de Hoyos era y es la calle más comercial del barrio y ahí se encontraban el mercado, los comercios más importantes y, por supuesto,  los cines. Curiósamente, en los últimos años, parte del comercio ha abandonado la vieja calle comercial y se ha mudado a la calle Suero de Quiñones, mucho más modesta en dimensiones pero que le quiere tomar el relevo en actividad comercial y trasiego de gente.

Cine López de Hoyos-2007Antiguo Cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine en los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones, bautizos y celebraciones del género. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva dedicación ligada a las nuevas modas sociales.  Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo,2007)

Los cines del barrio

En la zona de López de Hoyos los cines mas populares eran el “López de Hoyos”, con ofertas de 2,50 ptas. los jueves y el Covadonga” a 2,00 ptas. Algunos cahavales se divertían poniendo monedas de 5 y de 10 céntimos en los railes del tranvía y otros hacían lo mismo pero con cables de cobre de las obras, para después vender lo que quedaba al chamarilero de la calle Gabriel Lobo. Luego se iban al cine Covadonga los jueves por 2 “pelas” con cincuenta, sesión doble con derecho a Nodo. Todo ello a la altura del nº 60 de López de Hoyos y la vía del “Tranca” nº 40, apelativo del tranvía en la Prosperidad,  -Quevedo a Ciudad Jardín-. Vendiendo papel en el chamarilero de Luís Vives también se podían sacar unas pesetas. (Ruper y Tinín).

Cine RoyalAntiguo Cine Royal, en la calle de López de Hoyos de Madrid. En los años 80 del siglo XX cesó en su actividad para convertirse en una sala de bingo y en discoteca. En la actualidad, en 2011 y desde 2006, se encuentra clausurado por orden municipal. (Foto: Enrique F. Rojo)

Más adelante, la apertura del  cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. La novedad. Este cine fue en los 60 el  más “moderno”  de la Guindalera y la Prosperidad.  Tenía programas dobles y  competia con el “Oraa”, con el “Silvela“,  con el “Lopez de Hoyos” y con el “Covadonga” (Ángel Alda). El cine, construido por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini en 1958, se mantuvo hasta 1980 y luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008  que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”. Luego hubo otros cines por la zona como el resucitado “Morasol”, en Pradillo, y el “Royal”, en López de Hoyos, actualmente cerrado y abandonado.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi cuando ya no lo era , en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Cine Covadonga (1951). El 1 de marzo de 1991, el cine Covadonga, situado en el 161 de la calle de López de Hoyos, quedaba prácticamente destruido a causa de un extraño incendio, cuyo origen no pudo ser precisado en su momento por los bomberos del Ayuntamiento. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Un poco de historia

Para entender y contextualizar mejor este album nostálgico será bueno hacerlo con el apoyo de un poco de historia.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX algunas fincas y huertas en la Prosperidad y en la Guindalera cercanas al arroyo Abroñigal, se estaban parcelando para la venta, aprovechando que la continua llegada de gentes del campo a la capital en busca de trabajo generaban una importante demanda de terrenos para construir . Las viviendas que se iban levantando, normalmente a cargo de  maestros de obra o autoconstruidas por sus propietarios, solían ser de una sola planta, de aspecto semirrural y factura tosca a base de materiales económicos. Disponían, a modo de ejemplo, de cocina, sala, gabinete y dos dormitorios. Ocupaban parcelas rectangulares, con pequeño jardín a la entrada y patio trasero. En otros casos la fachada estaba en línea de calle o camino y el jardín o huerta se situaba en las traseras de la casa. Su estilo era muy sobrio, con fachadas de ladrillo y revoco y sin concesiones artísticas, y normalmente se trataba de casas aisladas o pareadas.

Colonia Mahou-1985Vivienda de la colonia Mahou en 1985. La colonia, surgida en 1928, estaba en el sector suroriental de la Prosperidad, zona del “canalillo”, también conocida como Sector 20  y estaba compuesta por  106 casas de una sola altura y factura sencilla y económica, destinadas a ser adquiridas por jornaleros y obreros de escaso nivel de ingresos. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) las propiedades fueron expropiadas y derribadas entre los años 70 y 80.

El periodista y político del siglo XIX  Angel Fernández de los Ríos en su obra de 1876Guía de Madrid, se refiería al arrabal de la Prosperidad como un escaso conjunto de 19 casas nacido en 1868 en torno al antiguo camino de Hortaleza y que se había desarrollado en los últimos años en medio del más deplorable desorden de rasantes y alineaciones.  En 1888 reunía 166 edificios, 3/4 partes de ellos casas terrenas, con un elevado número de corrales o patios de vecindad en condiciones de salubridad deficientes (Díez de Baldeón, 1985.).

El 5 de enero de 1890 el periódico El Día publicaba una nota que da idea de la situación socioeconómica del barrio: “Ayer, en el barrio de la Prosperidad, fueron repartidas ante el donante, Sr. marqués de Sierra Bullones, 50 chalecos de Bayona, 50 mantones y 150 mantas; socorriéndose con estos objetos a 27 familias de la Guindalera, 14 del barrio del Carmen y unas 50 de la Prosperidad. Además envió, con destino al hospital allí establecido por los señores Soto y Avilés, garbanzos, judías, arroz, tocino y una cesta con botellas de vino generoso”.

Nota en la que se detallan los gastos de asistencia a enfermos por el Hospital Provisional de Prosperidad, situado en la calle Cartagena, de 31 de Diciembre de 1889 a 30 de Enero de 1890 en que se cerró.

La imprenta del hospicio de la calle Fuencarral editó en 1890 una Memoria escrita por Alberto Aguilera y Velasco, Gobernador civil de Madrid,  en la que daba cuenta de los “socorros y donativos realizados durante la epidemia de gripe de 1889-90”, haciendo referencia al mencionado hospital:  “Durante la epidemia -dice la Memoria- se proporcionó alimento á 62.000 pobres, realizando esta piadosa distribución por su propia mano, las caritativas señoras que componen la Junta del Sagrado Corazón de Jesús. Aparte de esto inauguráronse, merced á la iniciativa particular, hospitales provisionales en los barrios extremos de Madrid, donde la población proletaria alcanza mayores cifras de existencia, siendo el primero en instalarse el de la Prosperidad, debido a la activísima gestión de los conocidos industriales Sres. Soto y Aviles, quienes no descansaron hasta ver realizada su caritativa empresa, poniendo en su realización la suma de inteligencia, de constancia y de desinterés que tan abundantemente les caracteriza. Su generosa iniciativa obtuvo bien pronto el poderoso concurso de los Sres. Montero Ríos, Cánovas del Castillo, Ducazcal, Rodríguez (D. Manuel) y Marqués de Sierra Bullones, alcanzando entre todos y con los espontáneos é inteligentes servicios de los médicos Sres. Massip y Rodríguez (D. Carlos) instalar una enfermería modelo, en la que encontraron gratuita y celosa asistencia todos los enfermos pobres del barrio de la Prosperidad, quienes seguramente recordarán siempre el gran beneficio que deben á la diligente caridad de sus conciudadanos”.

Edificio de viviendas en la calle de García Luna, 11. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En la Memoria de 1914 para el Ayuntamiento de Madrid sobre la vivienda insalubre, César Chicote incluía a la Prosperidad entre los barrios “muy insalubres”, al alcanzar algo más de un 33 por mil de mortalidad, valor equivalente a la media de la ciudad en 1900, cuando para 1914 esta era ya de 24’5, con tendencia a seguir disminuyendo. La tuberculosis era la principal causa de decesos en la población y su propagación se debía a la densidad y especialmente al hacinamiento por falta de espacio, relacionado en general con las casas de corredor y las de patio. Además, hay que tener en cuenta que este tipo de casas solo solía disponer de una fuente para todos los vecinos y de un retrete por planta. En la Prosperidad se apuntaba el dato de mortalidad a causa de la tuberculosis de 2’79 por mil, algo por encima del 1’97 por mil de media del distrito de Buenavista -al que pertenecía la Prosperidad-, pero bastante por debajo del 4’58 por mil de la Arganzuela o del 4’97 por mil del barrio de Calatrava en la Latina. Estos datos intermedios, probáblemente fueran resultado de la escasa profusión de las casas de corredor -normalmente producto de motivaciones especulativas y que en estas zonas periféricas casi no se justificaban, ya que el precio de los terrenos y de las propias viviendas estaba por debajo de la media de la ciudad- y también de la abundancia de casas bajas con patio o jardín que en cierto modo impedían el hacinamiento.

Sergio Tomé Fernández explica  en un trabajo sobre el barrio de la Prosperidad, que en las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente pervivían, a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil, distribuidos una parte de forma dispersa por las calles del barrio, y otra parte agrupada a lo largo de López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano.

Edificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3.  (Foto:  Carlos Viñas), en Flikr-2011)

Detalle del mismo dificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Con el tiempo,  antes del fin de siglo XIX fue llegando el agua corriente a la Prosperidad (1894) y el transporte urbano (1893),coincidiendo con la apertura de la calle Cartagena que  la unía con el barrio de La Guindalera y que se convirtió en una calle de carácter algo más señorial y elegante que López de Hoyos. De 2.087 habitantes y 394 edificios que se contaban en 1900, se saltó a 502 construcciones y algunas industrias en 1905.

Plano de  Facundo Cañada López, de 1900. Se distingue el trazado viario del barrio, con López de Hoyos como eje este-oeste, y el caserío abigarrado en contraste con la existencia de villas con patio y jardín. En la zona nororiental, junto a los nuevos trazados, se  observa una especie de parque público con bastante arbolado, junto a las calles Nierember y Gil y Baus, que en el plano se rotula como Nuevo Parque y su límite norte lo marcaba latodavía  inconclusa calle de Pradillo,  junto al Asilo de Santamarca. Aneja a este  parque se situaban las cocheras del tranvía que hacía el recorrido Diego de León-Guindalera-Prosperidad (en las actuales calles Sánchez Pacheco y Javier Ferrero), que no tardó en cerrarse.

Barriada de casas bajas, corralas y alfares

En la importante cartografía de 1900 realizada por Facundo Cañada López, se puede acotar fácilmente el perímetro del asentamiento original del barrio y su trama, compuesta por siete calles paralelas y doce transversales a López de Hoyos, con simetría entre ambos lados de la vía principal. Por encima de García Luna, que era la última calle delineada paralela a López de Hoyos  hacia el norte, aparecen en el mapa tres calles más semiparalelas y cuatro más perpendiculares  que en el futuro acabarían por integrarse en las ya existentes Marcenado, Eugenio Salazar, Mantuano y Vinaroz. Había notables diferencias de tipología en las construcciones, dándose grupos de  casas exentas con jardín, villas y quintas como Villa Clara, Villa Aurora, Villa Rosa, Villa Carmen, Villa Castelo, Villa Manrique, Villa Merecedes, Quinta Concepción,etc.  en la parte más cercana al Ensanche (entre Cartagena y Francisco Silvela) y en el extremo norte del barrio (por encima de la calle Luis Vives), junto con casas de corredor abiertas a uno o dos patios en las calles interiores, con mayor aprovechamiento del espacio.

Edificio de 1926 situado en la calle de López de Hoyos. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Lopez de Hoyos-139-2007En cuanto a los patios de vecindad y casas de corredor, todavía ejemplos vivos, en López de Hoyos, el edificio del nº 139 –quizá el más notable y mejor conservado- . También existen otros de tipología similar, aunque más  modestos, en las calles Luis Cabrera, Santa Hortensia, Luis Vives y Vinaroz. Esta foto corresponde a la casa de corredor de López de Hoyos 139, antiguamente llamada por los vecinos la “casa grande”, que se rehabilitó en 1992. Su estructura actual “resulta del ensanchamiento de un primer edificio, construido en 1883. Éste constaba solo de planta baja y estaba compuesto de dos o tres viviendas en hileras, entre las cuales una era ocupada por el propietario. En etapas ulteriores, se ensanchó horizontalmente el edificio existente, se le añadieron dos plantas, y se construyeron otros tres cuerpos de edificio, de dos plantas, divididas en doce viviendas cada una, alrededor del patio”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Todavía hay quien recuerda como hasta finales de  los sesenta, todavía había alguna familia que iba a pasar parte del verano a casa de una tía o abuela que vivía en Prosperidad. Estas casas, tan apropiadas para el veraneo, eran frescas y cómodas como casas de campo, pues tenían jardín y patio con pozo. Según parece, había bastantes de ese estilo en el barrio, que se alternaban con otras de pisos con corredor, cuyo patio interior  daba acceso a las viviendas bajas.

De aquellas casas bajas y de las corralas ya no queda prácticamente ni rastro. Algunos de los pocos testimonios de casitas bajas con jardín a la entrada y patio que todavía quedan en pie se pueden ver todavía en la calle Luís Cabrera nº14 , en la calle Juan Bautista de Toledo nº16, en la calle de Zabaleta nº31, en la calle Padre Jesús  Ordóñez  nº8, en la calle de Vinaroz  nº40,  en la calle de Mantuano nº20, a lo largo de la calle de Anastasio Aroca donde hay un conjunto amplio bien conservado, o en Malcampo nº 20 donde, a modo de “ciudadela” en un solar de algo más de 400 se disponen en dos hileras con pasillo central 14 casitas que no llegan a los 30 de superficie.

En la calle Malcampo,  aunque ya en estado de ruina por el abandono, se encontraba hasta 2007 una casa baja con patio y jardin que  fue derribada  para construir un bloque de viviendas.  Tanto la promotora, Jaycar CB, como el constructor, Arquion C. S.L., registrados en Galicia, edificaron en 2009 el nuevo bloque,  sin que hasta la fecha, según parece,  se hayan puesto a la venta  las viviendas, por propia iniciativa del  promotor -como se puede leer en el cartel de licitación de la obra-. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

ACTUALIZACIÓN 2016: Trás la declaración de Concurso de Acreedores en 2010, nada más terminada su construcción, la empresa propietaria del inmueble lo cerró por no poder obtener la cédula de habitabilidad. Desde entonces, numerosas viviendas se forzaron y han sido “ocupadas” sistemáticamente. En algunos casos por miembros de bandas juveniles peligrosas dedicadas a la delincuencia y a la extorsión que también utilizaban las viviendas para lucrarse por medio de su alquiler. Aunque la ocupación se ha denunciado y el edificio se ha desalojado, actualmente (2016) continúa la ocupación en algunas viviendas.

Vivienda unifamiliar en la calle Mantuano nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

NOTA 2016: La vivienda de la calle de Mantuano nº 20 fue derribada durante el mes de agosto de 2015.Construida en 1924, contaba con dos plantas de 121 m² y 120m² respectivamente, levantadas en un solar de 208 m² que permitía la existencia de un pequeño patio anterior y otro posterior de mayor tamaño.

Vivienda unifamiliar en la calle de Vinaroz nº 40. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Esta casa de Vinaroz, 40 (antes 48), pertenecía a la Cooperativa española de casas baratas “Pablo Iglesias” y poseía una placa en su fachada cuya historia nos cuenta Victoria San Jose, su propietaria: “Yo nací en esa casa en el año 1945 y desde que recuerdo, en la fachada, había una plancha de madera a la altura del primer piso que ponía “Villa Mari”. Mis abuelos y mis padres vivían allí desde el año 1939. Antes habían vivido en Mantuano y antes en Malcampo y en Lopez de Hoyos. Mi abuelo era el jefe de telégrafos de la Prosperidad. Mi hermana y yo pedíamos a mi abuela que quitase la plancha, porque al ser de madera estaba vieja y despintada, pero ella siempre decía que la placa de madera se quedaba donde estaba y además se ponía muy nerviosa y no quería ni hablar del asunto.  En el año 1983 murió mi abuela y un día de mucha lluvia, una vecina le dijo a mi padre que la placa se estaba cayendo y que debajo se veía a “un tío con barbas”. Mi padre se subió en una escalera, quitó la madera y debajo apareció la placa de bronce que recuerda textualmentee “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”.  En ese momento entendimos por que mi abuela no quería que, en tiempos de Franco, se pudiese ver a Pablo Iglesias en nuestra fachada, por mucho que a nosotros nos hubiera gustado. Como curiosidad  diré que bajo la palabra “construído” se puede ver el agujero de un tiro de bala…….”

Placa CECBPI_ Vinaroz 40

Placa de bronce que estuvo situada en la fachada de la casa de Vinaroz, 40, que recuerda textualmente: “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”. Esta cooperativa la fundó UGT en 1926.

Santa Hortensia 12-1-2007Casa de corredor del barrio de Prosperidad, en Santa Hortensia nº 12. Foto de la fachada principal. La casa de vecinos de finales del siglo XIX, adoptaba a menudo la forma de una casa de corredor o corrala. Es un edificio, donde la viviendas, generalmente pequeñas y oscuras, dan a un patio central; se circula en las plantas – en el caso de que haya – por corredores que dan la vuelta al patio . Son viviendas de alquiler, destinadas a las clases populares. Al contrario de la casa baja, ésta es un modelo arquitectural común a los barrios populares del casco y los arrabales de la periferia, como el barrio de la Prosperidad. En este sentido, su aparición es una manifestación de la creciente integración del extrarradio al mercado inmobiliario de la ciudad.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Patio Interior de la casa de corredor en Santa Hortensia nº 12. (Foto: Charlotte Vorms, 2001)

Por su parte, los edificios de más categoría  situaron su fachada en la vía principal de López de Hoyos, con alternancia en el uso de ladrillo visto en estilo neomudejar y modelos más preciosistas con acabados de reboco y cierto alarde decorativo en cornisas y balcones a base de molduras. Excepcionalmente, hay ejemplos de edificios con cierta pretensión en calles interiores, como es el de la foto que se incluye en el texto, en la calle de Malcampo nº 9. También tuvo gran presencia la autoconstrucción debida en parte a los maestros de obras y albañiles, que se repartía especialmente por las calles interiores. El asilo de Cartagena de las Hermanitas de los Pobres, el de Santamarca o el colegio de Santa Matilde, del primer tercio del siglo XX, se fueron situando en los alrrededores  producto de generosas donaciones de píos caudales aristocráticos, y dotaron al barrio de ciertos recursos de beneficencia. Finalmente, es de destacar el gran número de alfares y te tejares que se encontraban repartidos por todo el suburbio.

Santa Matilde-L-Hoyos 166-2007

Parroquia de Santa Matilde, en López de Hoyos. El edificio es del último tercio del siglo XIX. (Foto: Enrique F. Rojo)

Calle Mantuano-C.C. Nicolas Salmeron-07

Centro Cultural  “Nicolás Salmerón”

En 1933,  durante la Segunda República, se añadían a la oferta educativa las Escuelas Nicolás Salmerón.  El sistema pedagógico utilizado en el centro era especialmente vanguardista en la época y su nivel tan alto que llegó a ser conocido como el Coloso de Chamartín. También es de este periodo el Colegio Isidro Almazán, actual C.P. Luís Bello, en la calle de Luís cabrera nº 66, y el C.E.I.P. Padre Poveda, en la calle Luís Larrainza.  Acabada la guerra civil y trás un periodo incierto, se convirtió en la Escuela de Mandos “José Antonio”. En su azotea se cantaba a diario, a las 9 de la mañana, el “Cara al sol”, himno que daba comienzo a la jornada académica. Con la llegada de la Democracia el local pasó a ser una delegación del INEF (Instituto Nacional de Educación Física) y más adelante quedó abandonado y fue ocupado por diferentes grupos con ambiciones más o menos culturales y artísticas. Pedro Almodovar rodó en su interior y alrrededores su primer largometraje “Pepi, Luci, Bum…” A partir de 1979, la Corporación municipal democrática, salida de las urnas, se hizo cargo del edificio y decidió rehabilitarlo. En su reconstrucción se gastaron más de 160 millones de pesetas (un millón de Euros) y en la actualidad es Colegio público del Ayuntamiento y uno de los Centros Culturales más importantes de la capital.

La primera transformación del viejo arrabal

En la  posguerra  la ingente inmigración a Madrid hizo que la población del barrio creciese vertiginósamente y ello se nota en el aumento de construcciones y en su tipología, adaptada a las condiciones socioeconómicas de los recien llegados. En 1955,  la urbanización al norte de López de Hoyos llega ya al antiguo parque de la terminal del tranvía y la finca del conde de Polentinos, entre Sánchez Pacheco y Pradillo, en un proceso basado en la agregación de parcelaciones particulares, que origina  calles estrechas -8 metros o menos-, diferencia en el tamaño de las manzanas, gran cantidad de parcelas diseminadas de tamaños muy diversos,  y ausencia de espacios libres de carácter público,  provocando la pérdida de continuidad de las calles y cierta anarquía en su trazado.

Casa en la calle Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Casa en Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

En 1949 se creo el mercado de abastos de Prosperidad con el fin de dar servicio a la cada vez mayor población del barrio, lo que estimuló la apertura de pequeños comercios de todo tipo en su entorno y a lo largo de la calle López de Hoyos, complementando así el conjunto de bienes ofertados. Por su parte, la pequeña industria y los talleres se concentraron primordialmente en la zona nororiental  limitado por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. Con el paso del tiempo esta zona industrial se va poblando y se especializa en en sectores como el farmaceútico, con cierta tradición en la Prosperidad, artes gráficas, medios audiovisuales y tecnologías de vanguardia. También proliferaron los talleres mecánicos, que encontraron un rentable espacio de negocio con la llegada de nuevos pobladores con un nivel adquisitivo elevado que podían poseer más de un vehículo por familia.
Como expone  Sergio Tomé Fernández,  en la década de 1970 se abriría el periodo de  transformación del antiguo suburbio de una manera especialmente intensa. La apertura de la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara), la inauguración  en 1972 de la línea 4 de metro (Diego de León- Alfonso XIII),  y  la creación de la M-30,  supusieron un aumento formidable de la accesibilidad del barrio y su acercamiento al centro de Madrid, cada vez más próximo debido al propio crecimiento urbano de la capital hacia las antiguas periferias. También habría que incluir la apertura del tramo de la línea 9 de metro (Pavones-Herrera Oria) en diciembre de 1983, con estaciones en Avenida de América, Cruz del Rayo y Concha Espina, recorriendo bajo tierra el trazado de la prolongación de General Mola.

Lopez de Hoyos-110-112-2007López de Hoyos 110-112. Los dos edificios son construcciones de la primera época. En los años 60-70,  en la misma acera y algo más abajo,  antes de llegar a la actual calle de Príncipe de Vergara y lindando con una fábrica de cristal, se encontraba el Cuartel de la policía “Pilar de Zaragoza”. Y tambíén muy cerca, Casa Vara, esquina a Gabriel Lobo, lugar donde se reunían los “grises” (Titín). (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las nuevas construcciones en la Avenida de América, al sur y en Príncipe de Vergara, al oeste, delimitan el viejo caserío de  la Prosperidad y ejercen su influencia al atraer nueva población a la zona, con un perfil socioeconómico también nuevo. Se produce, en especial a partir de mediados los 80,  una revalorización del suelo que se traduce en la veloz ocupación de los solares vacíos y en el derribo de gran parte de las construcciones antiguas, levantándose  nuevos edificios que, aunque corrigen los problemas de alineación, superan en altura las viviendas originales, provocando cierta sensación de ahogo en las estrechas calles del barrio.  En este periodo las demoliciones se ejecutan casi contemporáneamente por todas partes, empezndo por los talleres o pequeñas fábricas y continuando por las casas bajas con patio o jardín, cuyo derribo permitía aumentar notablemente la intensidad del uso del suelo y, por consiguiente la densidad residencial.

Calle Matilde Díez nº 30, en la Prosperidad. “Dado el raquitismo de la mayor parte de los solares, fue habitual demoler inmuebles contigüos para fundir sus fincas, lo cual dio lugar a una concentración catastral espontánea. Paralelamente, y a fin de dar mayor altura a las construcciones de nueva planta, se rectificó la alineación de más de una docena de calles. En algunos casos, la importancia de las operaciones urbanísticas desarrolladas permitió ensanchar tramos o ejes completos, que jerarquizan el viario y el espacio, pero en muchas otras arterias las casas antiguas quedan como martillos salientes, por oposición a los edificios nuevos retranqueados. Ese perfil irregular de los frentes de manzana, y las rupturas de escala provocadas por la irrupción de volúmenes edificatorios desmesurados, forman desde entonces parte de las señas de identidad del barrio”. (Sergio Tomé Fernández, en Vivienda y clase: la Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual, 2003/ Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Dos viviendas en la calle Luís Cabrera nº 14. Estas modestas casitas tienen un pequeño jardín delante y un patio trasero. Las nuevas edificaciones se alinearon al nivel de las tapias. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Otro ejemplo, en la calle Juan Bautista de Toledo, 16. En este caso sin jardín delantero ni trasero. Esta casa, junto con la contigua que es más moderna se encuentran muy desalineadas con respecto a los edificios más modernos. El retranqueado y achaflanado obligatorio para una nueva construcción hacen que resulte un solar exiguo. Es posible que este sea el motivo por el que todavía no se hayan derribado ambas casas. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En  cuanto a la dinámica demográfica, 1971 la Prosperidad rondaba los 36.000 habitantes. En 1978 eran ya  38.500, y en 1983 la cifra bajó a 37.900. Este leve descenso pudo deberse al notable descenso de la natalidad, que afectaba a todo el estado español en general, y también a la disminución de la llegada de nuevos vecinos. A pesar de que seguía aumentando la capacidad de alojamiento gracias a los nuevos edificios que se levantaban, muchos de ellos permanecían vacíos y no se compensaban  las pérdidas poblacionales producto de los decesos de una población envejecida y  por la salida del barrio de las generaciones jóvenes que buscaban alojamiento en las nuevas periferias, más económicas.

Dos fotos, de 1999 la casa y 1990 los gatos de la derecha, que se corresponde a una casa terrera en la calle Antonio Zapata (Prosperidad). Las casas de este tipo, que se corresponde con las más antiguas, fueron las primeras en derribarse.

“Elitización” o aburguesamiento del barrio

Por otra parte, el deterioro del parque inmobiliario y el envejecimiento de la población originaria propició a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX el desarrollo de un proceso de “regeneración” que se tradujo en un encarecimiento generalizado, perceptible tanto en el ámbito inmobiliario como en el del consumo asociado a la “bolsa de la compra”.  Pero también la elitización del barrio, con su perverso poder de segregación de clase,  se hizo presente  a través de la presión inmobiliaria, primero de forma selectiva a favor de los espacios que limitaban el barrio (Clara del Rey, Alfonso XIII, Príncipe de Vergara y avenida de América), después ya más uniformemente hasta cobrar cierta homogeneidad en el precio del suelo y de la vivienda. Así que, por una parte los promotores -empresas o particulares ligados a la propiedad-  hacían lo posible por especular derribando viejas casas y construyendo nuevas viviendas por lo general de cierto lujo, que atraían al barrio a una población joven de clase media con importantes recursos económicos; y por otra parte, las construcciones antiguas  una vez vacías por deceso de sus propietarios o antiguos inquilinos se alquilaban, muchas veces en mal estado de conservación, a familias de inmigarntes extranjeros, por lo general procedentes de República Dominicana y en menor medida de Ecuador, China, Marruecos y Rumanía, a precios altos no acordes al tamaño y a  la categoría de los inmuebles. De manera que el barrio pasa en poco tiempo a alojar a los vecinos de toda la vida, a los nuevos que ocupan las viviendas más recientes y que poseen un nivel adquisitivo superior, y a los inmigrantes, que se movían en niveles de renta inferiores, por debajo de la media.

Edificio, ya desaparecido, en el núm. 86 de López de Hoyos, cuyo bajo albergaba una persianería. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Calle de Luís Vives c/v a General Zabala. En la actualidad la casa no existe.(Foto: Isabel Gea, 1994)

 

Recuerdo 1: “El Ultramarinos del señor Glicerio” (por Ángel Alda)
“De niño mi madre me mandaba bajar al ultramarinos del señor Glicerio, en Francisco Silvela 108, la “casa de cartón”. Chaquetiila y camisa blanca, corbata de color indefinible, mandil de rayas grisáceas. Libreta para apuntar la deuda de cada vecino. Se pagaba a final de mes o cuando se podía. Balanzas, guillotina para el bacalao, papel de estraza. Aceite por cuartillos, azúcar por libras, onzas de chocolate. Medidas de otros tiempos. Sacos de legumbres, lentejas que había que revisar por la noche sobre el hule de la mesa para eliminar piedras y otros seres invitados, antes de ponerlas en remojo.
Embutidos colgados de largas perchas. Botes apilados y alineados con todo tipo de caramelos a granel. Cajas abiertas con arenques. Latas redondas y grandes de escabeche.
Los supermercados llegaron mas tarde. El primero que conocí se llamaba Hungaria, en la esquina de Bejar con Francisco Silvela. Decían que el dueño era Puskas. Aquello fue la revolución. Comercios en los que tú mismo te servías.
Allí empezó la ruina del comercio tradicional. Del ultramarino, pero también de la carnicería de barrio, de la frutería. Cayeron una detrás de otra la frutería de la señora Aurelia, la lechería del padre de mi amigo Gonzalo, la casquería- quien sabe hoy día que era una casquería-. La carnicería de los gordos Panizo de la Avenida de América.
Hoy las calles del centro y de muchos barrios se llenan de tiendas de chinos. Parece que solo el aguante de los orientales, el trabajo en familia y las muchas horas de apertura permite el sostenimiento de las tiendas de barrio. Todo el espacio se puebla de tiendas franquiciadas, de establecimientos de hostelería, parece que son los únicos que se salvan del cambio en los paisajes urbanos.
Por si acaso el proceso no fuese lo suficientemente agresivo, las autoridades lo alientan mas si cabe mediante procesos de liberación de horarios, así lo llaman, liberación, que paradoja.
Aquello que distinguía los centros urbanos de las áreas residenciales metropolitanas: la existencia del pequeño comercio, hoy está en trance de extinción. Parece como si el fenómeno de los mall, de los hiper, de las grandes agrupaciones comerciales ejerciese un poder de atracción magnético y succionador de las viejas estructuras comerciales urbanas. Desaparecen los cines tanto como los ultramarinos. Y ya nuestra memoria no da para recordar los nombres de tantas

desapariciones”. (Angel de Olavide)

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Foto del Paso elevado de la calle de López de Hoyos. Este paso superior, que cruza Príncipe de Vergara y López de Hoyos, a la altura de la Glorieta del mismo nombre, fue construido en 1969 por Dragados y Construcciones, S.A. El “scalextric” parte de la Avenida de América, a lo largo de las calles Francisco Silvela y Joaquín Costa, hasta prácticamente el cruce con el final de la calle Velázquez. El acceso a la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara) , que alcanza el cruce con la calle de López de Hoyos no se concluyó hasta que no se hubo abierto ésta, en fecha posterior a la construcción del paso elevado. La apertura de la prolongación supuso el derribo del edificio de viviendas que hacía esquina con la nueva vía, si bien la nueva vía no le afectaba en su trazado, y de su anejo medianero, que eran los números 106 y 108, respectivamente, de la calle Francisco Silvela. Este último, el 106, se debió de tirar hacia principios de los noventa. En su solar se edificó una torre de oficinas siguiendo la nueva alineación. Ángel, que vivió en una de esas casas, cuenta que “la casa del 106 era practicamente igual que el actual 104, con la diferencia que el 104 fue vendida a sus inquilinos en los años 50 y pudo recibir mantenimiento mientras que la del 106 se mantuvo en alquiler y estaba ya muy deteriorada hasta su derribo. Son viviendas, salvo las que tienen el patio de luces exteriores y los pisos mas altos, muy oscuras y de unos 40 metros cuadrados. Popularmente se las llamaba casas de cartón”. Isabel Gea recuerda que de las dos casas gemelas, en la que sobrevivió, o sea, la de la derecha -el 104- vivía José del Corral.

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El mismo paso elevado de la calle de López de Hoyos. En la imagen se pueden ver los dos edificios que fueron derribados y el que aún se conserva. De los tres edificios, el 108 de Francisco Silvela fue el último en edificarse y el primero en derribarse. Como la prolongación de Príncipe de Vergara arranca a finales de los 60, el edificio debió de existir unos 25 años antes de que lo tiraran. El orden de construcción fue 106, 104 y 108. Y el de derribo 108 y 106.

Vieja casa en prosperidad  (2007)

Vivienda de principios del siglo XX en la Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Colonia Ibarrondo-Vaquería-2007Antigua “Granja Castilla”, vaquería situada en la calle López de Hoyos, en un punto donde el antiguo camino de Hortaleza hacía un giro brusco hacia el norte. Esta Granja se encontraba próxima a los solares ocupados por la Colonia Ibarrondo, compueta por huertas y melonares pertenecientes a los condes e Villapadierna. Fueron vendidos a los señores de Ibarrondo y Lezcano, quienes a su vez los vendieron ya parcelados. En el área se establecieron campesinos inmigrantes en Madrid, que montaron talleres, vaquerías y merenderos junto a sus viviendas, lo que hizo conocida a la zona como lugar de esparcimiento para los madrileños que frecuentaban la zona durante los fines de semana. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30), fue destruida gran parte de la colonia y en la actualidad sólo se mantienen en pie esta antigua vaquería en la calle de López de Hoyos, que es utilizada por sus propietarios como taller de arte, y alguna casa más muy cerca ya de la citada M-30. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Desaparición del tejido industrial

El vaciado industrial consecuencia de la progresiva desaparición del tejido industrial y la renovación posterior del uso de estos nuevos espacios urbanos, está generando la transformación física y social del barrio, lo que también afecta a las relaciones sociales, entre vecinos, por cuanto atraen a nuevos residentes con carácterísticas socioeconómicas diferentes.  En realidad, se trata de una tendencia  generalizada en Madrid, que expulsa  la industria del interior de la ciudad hacia la periferia y el extrarradio en áreas diseñadas exclusivamente para desarrollar la actividad fabril o industrial –polígonos industriales-, al tiempo que  dificulta la permanencia de aquellas industrias que por sus características encajaban bien en zonas que admitían usos distintos al estríctamente industrial. En el caso de esta mínima zona industrial de la Prosperidad, las empresas han convivido sin conflicto con las áreas residenciales, fundamentalmente por el tipo de actividad no invasiva que venían desarrollando. En cualquier caso, motivado por condicionantes especulativos, la norma viene siendo desde los últimos veinte años la de liberar suelo, muy rentable económicamente, modificando su uso de industrial a residencial. (Ver Desindustrialización y transformación urbana).

Entre las empresas o talleres que constituían la malla industrial dispersa de la Prosperidad  hasta el último tercio del siglo XX se encontraban los Laboratorios Galján-Productos farmaceúticos Nacionales S.A. en López de Hoyos 69, junto al antiguo cine López de Hoyos (1920), que fue  derribado en 1968 y que dejó un solar de 609 m2., en el que se construyó un edificio de viviendas; Orfebrería y cubiertos S.A., en Luís Vives, 11. Se derribó en 1981 dejando un solar de 533 m2. dedicado a viviendas.  En García Luna, 12, se encontraba Manufacturas médicas, S.A., derribado en 1982, dejando un solar de 347 m2. para viviendas. En en Vinaroz nº 16 estaba Productos Químicos y farmaceúticos

Abelló (1925), derribado en 1976 se levantaron sobre un solar de 8.188 m2,  330 viviendas que ocupan un total de 35.0226 m2.

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Entre las  industrias desaparecidas o trasladadas en tiempos más recientes, que también han liberado suelo para construir viviendas, se encuentran las ubicadas en la referida zona nororiental, limitada por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. En la calle López de Hoyos 153, en 1994 por traslado de la fábrica de lácteos Danone a Tres Cantos, se derribó el edificio que ocupaba para la construcción de viviendas. Almacén de Tabacalera Española, situado en Sánchez Pacheco 3, derribado en los años 90 y con el solar sin uso hasta el momento. En 2004, Laboratorios Normon, Nieremberg nº 10, deja sus instalaciones por traslado a una nueva sede en Tres Cantos. Se esta procediendo a su transformación en viviendas. Timbrados y Papeles, S.L., en la calle Sánchez Pacheco, derribado el edificio en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Microelectrónica Española, calle Pradillo nº 36, abandona su sede y tras su venta se procede a la demolición en septiembre de 2011, presumiblemente para edificar viviendas de lujo. También el diario El Mundo, en la calle Pradillo, bandonó su antigua sede por traslado y hasta el momento el edificio se encuentra vacío. Además de estas empresas, se pueden encontrar algunos edificios más en los que la actividad es escasa o nula y presumíblemente acaben por derribarse con el consiguiente cambio de calificación de los solares resultantes.

Antigua fábrica de lácteos Danone en la calle de López de Hoyos 153. El edificio se derribó en el año 1994 dejando su lugar a un edificio de viviendas.

 

Calle Lopez Hoyos 1975

Calle de López de Hoyos en 1975, con las aceras estrechas y sin arboles. A la derecha, casas bajas con patio desalineadas que estrechan la calzada. Se ven los autobuses azules de la epoca, de las líneas 9 y 73. A la izquierda, al fondo de la imagen, la fabrica de DANONE. A continuacion, aunque no se ve, estaba el cine Covadonga, muy popular en la época. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1975)

Timbrados y Papeles, S.L., derribado en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Estaba situado en la calle Sánchez Pacheco, junto al edificio del los antiguos Laboratorios Davur, 1958. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Microelectrónica Española, calle Pradillo 36, derribado en septiembre de 2011. (Foto: Enrique F. Rojo )

Etapa final en la transformación del barrio

Sobrepasada ya la primera década del siglo XXI el barrio de la  Prosperidad parece estar en la fase final de su transformación, comenzada a mediados de los 70. “En las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente perviven, según recuento efectuado a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil. La distribución física de esos elementos heredados es dispersa, puesto que solamente forman conjunto en la calle López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano. Hay agrupaciones secundarias en ejes inmediatos a aquella vía, General Zabala y Malcampo, así como una representación significativa en las calles Luis Cabrera, Juan Bautista de Toledo y Mantuano”. (Sergio Tomé Fernández. Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual).

La acción destructiva  ejercida sobre ellos seguía siendo intensa durante el primer lustro del siglo XXI, si bien la crisis de la construcción y la subsiguiente crisis económica ha ralentizado el proceso hasta casi paralizarlo. En los últimos años se asiste a ejemplos de  derribos con preservación de fachadas, como es el caso actual del edificio en López de Hoyos con vuelta a Juan Bautista de Toledo cuya fase de ejecución se encuentra de momento detenida, habiéndose procedido solo al derribo y al apuntalamiento de los muros de fachada; el edificio de Luís Cabrera 26, al que se le ha añadido una altura; o la reconversión en lofts del edificio de Quintiliano 6 con vuelta a Luís Cabrera. Este tipo de iniciativa tuvo un antecedente en antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres en Cartagena con vuelta a López de Hoyos, cuyas ruinas se recuperaron para levantar un centro residencial de la tercera edad de alto nivel, actualmente en funcionamiento.

Patio Interior viviendas en Luís Vives 13. (Foto: Charlotte Vorms, 2000)

Edificio de la calle Luís Vives nº 13. Fachada y patio interior. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

En los últimos años se asiste a la ejecución de derribos con preservación de fachadas, como es el caso de este edificio enla calle Luís Cabrera nº 26, al que se le ha añadido un piso. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)


Ricardo y su mujer Alita eran los responsables el de la ferretería LACAZETTE, que estaba en el edificio situado en López de Hoyos 112, esquina con Juan Bautista de Toledo 1, muy conocida en el barrio de la Prosperidad. Conchita Rueda, hija de ambos, aunque ya no vive en Madrid  recuerda el comercio de sus padres y su antiguo barrio. Este edificio “está situado en la calle de López de Hoyos esquina a Juan Bautista de Toledo. Fue construido hacia 1920 y era conocido por Lacazette, nombre que se correspondía con la ferretería que allí estaba desde tiempo inmemorial”. (Foto: Isabel Gea, 1984)

“Lacazette cerró y el edificio estuvo abandonado unos años hasta que fue restaurado en 1987 siendo ocupado por un salón de juegos recreativos llamado Metropolitano”. (Isabel Gea, 1987).

Lopez de Hoyos-89-2-2007Una vez cerrado el negocio de juegos recreativos y de azar, el edificio permaneció cerrado y en estado de abandono durante muchos años. Debió de ser en 2006 cuando colgaron un cartelón vertical que caía por la esquina. Todo hacía presagiar una restauración que nunca llegó. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

El edificio se vació por dentro en 2010 y dejaron solo las fachadas, que se encuentran apuntaladas. De momento, en octubre de 2011,  no han hecho nada más, ni se ha colocado ningún cartel que anuncie el proyecto que hay para el edificio, aunque imagino que harán viviendas lujosas para economías desahogadas, que es lo habitual. El barrio se ha ido transformando poco a poco, aunque sigue manteniendo el mismo aire de siempre, tal vez algo alicaido. El mercado de Prosperidad, por ejemplo, a la espera de su remodelación está semivacío, con muy pocos puestos abiertos y muy pocos clientes. A pesar de existir un proyecto para remodelarlo, parece que la crisis económica está retrasando su ejecución. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

NOTA 2016: El Mercado de Prosperidad se remodeló a lo largo de 2015 y en la actualidad la planta baja alberga algunos de los clásicos puestos de alimentación junto a negocios de restauración y la plante superior está ocupada por un supermercado. Respecto al edicicio de LÓPEZ DE HOYOS 112, a comienzos de 2016 se iniciaron las obras de construcción de un edificio de viviendas mediante su reforma integral mantieniendo solo la fachada. En el interior de las fachadas y por encima de la altura original del edificio se ha integrado un bloque que albergará 11 viviendas -incluyendo áticos y dúplex de uno a tres dormitorios, y 14 plazas de garaje y trasteros. La consultora Aguirre Newman, ejerce de promotora delegada, encargada no sólo de la comercialización del proyecto sino también de su definición.
El precio de las viviendas -con superficies que van de los 72 hasta los 153 metros cuadrados oscila entre 319.00 y 660.000 euros (sin incluir la plaza de garaje), lo que hace que el metro cuadrado construido ronde los 3.500 euros. Ibercaja financiará hasta el 90% y el restante 10% se irá aportando gradualmente desde el momento de la reserva hasta la entrega de las llaves.

Frente a Lacazette estaba el Cine “López de Hoyos” y más abajo estaba “El Arca de Noe”, allí había de todo. Una curiosidad: como los tranvias circulaban pegados a las aceras, para permitir la fácil subida y bajada de viajeros, los vehiculos aparcaban en el centro de la calle. Entonces la calle López de Hoyos tenía tres carriles; despues la ensancharon (León Sanz). Frente al Cine Lopez de Hoyos,  se encontraba la la taberna Casa Emilio , también habia un cuartelillo de la Guardia Civil en la calle Cardenal Siliceo. En esa zona, a lo largo de la calle, estaban también Almacenes Arias, el Cine “Covadonga”, Bar “La Estecha”, “Pasteleria Mauro”, “Cafeteria Dos Pasos”, “Drogueria Hidalgo”…, algunos de los negocios que ya no existen (Chi). Algo más abajo, hacia Alfonso XIII y en la acera del mercado,  había una camiseria “Pintado”, más abajo todavía una papelería y librería, luego “La Ostrería”, y luego en un esquinazo, en un local con poca fachada no se si habilitaron una biblioteca pública. En los años 58 al 66 la acera de los pares era un lio, al estar las casas nuevas retranqueadas para ensanchar la calle, y las viejas más salientes. A lo que había que sumar el inteso tráfico, primero de tranvias, autobuses, coches y camiones. Luego quitaron los tranvias, y asfaltaron la calle con brea, dejando debajo los railes tranviarios, que todavía continúan ahí (León).

Conjunto de viviendas en la calle Constancia 44, más tarde 52, en la Prosperidad  (Dibujo: Carlos Moreno).

Recuerdo 2: Mi casa en “la Prospe” (por Carlos Moreno)

De niño viví en la Prosperidad, en la calle Constancia 44, más tarde 52, concretamente en lo que mucho tiempo después supe que se trataba de una “ciudadela”, las 4 viviendas que fueron de los obreros de una antigua tejera, más la que debió de ser la del capataz, todas ellas agrupadas en torno a un patio central. La del capataz la única con un váter propio, las demás con uno comunal, una especie de caseta con una puerta de madera y una ventana para ventilación, y en el suelo, una taza turca. Viviendas asimismo muy humildes, pero un pequeño progreso respecto a mi antigua casa en la Guindalera: al menos teníamos agua dentro de casa”.

La primera vivienda, la que aparece señalada como principal, era más grande que las otras y tenía un WC propio, por lo que deduzco que en su día debió ser la del dueño del taller o bien la del capataz. Las otras eran todas diminutas, más o menos de igual tamaño. En el centro del patio interior había una tapa de alcantarilla (“el pozo”) y una rejilla de sumidero. Mi casa sería la 2, justo la de la esquina superior izquierda. En el edificio de dos plantas de la imagen anterior coloreada vivía el que durante muchos años fue mi mejor amigo, y compañero en el colegio“Isidro Almazán”, actual “Luís Bello”, cuyo nombre era Juan Carlos, pero no recuerdo el apellido. Era hijo único y vivía con sus dos padres y su abuelo, que era quien regentaba una carpintería instalada en la planta baja, donde también trabajaba el hermano de éste. El padre de Juan Carlos trabajaba en el Parque Móvil de los Ministerios, no sé si como mecánico, y la madre se dedicaba exclusivamente a tareas domésticas. Su nivel de vida era ligeramente más alto que el nuestro.

Croquis aproximado de lo que era la ciudadela, posiblemente del taller alfarero” (Dibujo: Carlos Moreno).

En el número 44 (creo recordar que en algún momento hubo un cambio de numeración en la calle) había 5 viviendas. En la principal vivía una señora de cierta edad con dos hijos varones adultos pero jóvenes. En la vivienda 1 vivía un matrimonio con sus hijos: el padre, albañil de Ávila (tenía un hermano en la Policía Armada), su mujer, extemeña; una hija llamada Guadalupe; un hijo llamado Demetrio, ella adolescente y él joven; también una abuela, siempre vestida de negro y con unos pendientes negros y redondos, similares a los que se pueden ver en las fotos de La Pasionaria, de hecho su rostro no se parecía al de ella, pero sí su aspecto general.

En la vivienda 3 vivía un matrimonio muy anciano: la señora Juana, muy obesa y también con moño, como la abuela anterior; y su marido, el señor Rafael, antiguo carpintero ebanista que aún conservaba algunas herramientas en aquel lugar oscuro. Recuerdo que siempre llevaba pantalones de pana sujetos con una correa de cuero, o bien un peto. Y ambos siempre con alpargatas o zapatillas.

En la vivienda 4 vivía otro matrimonio, pero de nivel económico mayor que los anteriores. Él se llamaba Eusebio y era tranviario, hasta que se jubiló. Su mujer era una señora de pelo blanco y aspecto muy agradable cuyo nombre no recuerdo. Tenían hijos ya independientes.

Aquí se me puede ver a mí en el patio interior de la ciudadela. En el suelo se ve el registro de la alcantarilla. Al fondo a la derecha aparece el servicio con dos ventanucos. El de la izquierda es el comunal, y el de la derecha pertenece a la casa principal. Al otro lado de la tapia, el taller alfarero. A la derecha de la imagen se entrevé el pasillo que permitía la salida al patio exterior y a la calle.

Aquí se nos puede ver a mi madre y a mí, posiblemente por la parte alta del barrio, hacia la calle Canillas.

Y por último estaba la vivienda 2, que era en la que vivía mi familia, mi padre, mi madre, mis dos hermanos y yo. Verdaderamente muy poco espacio para tanta gente. En el dormitorio más cercano a la puerta de entrada dormía mi hermana, ya adulta. En el segundo dormitorio había una cama grande y otra plegable. En la grande mis padres, y en la plegable mi hermano y yo, todavía niños. La habitación de mi hermana poseía una ventana que daba al patio, la otra tenía otra que daba al solar de la parte trasera, donde se podían ver grandes tinajas enteras y fragmentos de ellas, así como algunas tejas apiladas, pero no recuerdo que hubiera actividad alguna, simplemente cuando el taller alfarero cesó su actividad allí debió de quedar todo aquel material. Al mismo solar daba la ventana, tan pequeña como la anterior, de la cocina, que contaba con un fregadero de piedra (“la pila”) y una cocina de carbón. En el comedor había una mesa, unas cuantas sillas y un aparador. En una repisa, una radio. Con el tiempo compramos nuestro primer televisor, un Vanguard que vendía un vendedor a domicilio, ofreciendo toda clase de facilidades de pago en cómodas letras. Recuerdo que eso fue en el año 64, porque se podía ver a Franco con aquello de “25 años de paz”.

Aquí debía yo tener como 7 años, por el traje de primera comunión. La imagen está tomada en el mismo pasillo de antes, pero no desde fuera sino desde dentro de él. Lo que se ve al fondo es la vivienda 3, la del matrimonio mayor. En todas las fotos se puede ver cómo los vecinos intentábamos darle un poco de alegría a aquellas tristes casas con muchas plantas con flores, en el suelo y en las ventanas.

En el suelo, justo debajo de la mesa del comedor, había una trampilla que se podía levantar. Para mí fue durante mucho tiempo un lugar misterioso e inquietante. Las pocas veces que ví a mi padre abrirla y descender por una escalera de madera, apenas me atrevía a mirar. Pasados los años, ya con más edad, me atreví a descender para ver qué había: muchos trastos y un banco de zapatero, una ocupación ocasional de mi padre nada más terminar la Guerra Civil, no estaban los tiempos como para comprar zapatos. Recuerdo que por las noches sentíamos ruidos como de rascar: eran las ratas, que también andaban de vez en cuando por el patio, salidas de la alcantarilla. Todas las ventanas del conjunto tenían alambreras, y los repechos cubiertos por una chapa de zinc. Cuando la carga de la parte inferior de la pared externa se desprendía o agrietaba, era mi propio padre quien preparaba cemento y lo aplicaba con una llana para repararla, bajo mi atenta mirada. Él trabajaba en la fábrica de relojes J.G. Girod, en la calle Porvenir, creo que perteneciente a La Guindalera. Recuerdo que durante mucho tiempo mi madre acudía a esa fábrica a llevarle la comida con una tartera, acompañándola yo en alguna ocasión. Y también recuerdo a mi padre ataviado en época de frío con un chaquetón de cuero oscuro que pesaba una tonelada. En el horno de aquella cocina de carbón era donde mi madre asaba boniatos.

Esta otra foto vendrá a ser más o menos de la misma época. Está tomada justo delante de la puerta de mi casa, en Constancia 44. A mis pies se puede ver la sombra que proyectaban tanto el edificio donde vivía mi amigo Juan Carlos como la verja que cerraba el patio exterior respecto a la calle. En la acera de enfrente se pueden ver otros edificios. Era muy típico que la gente saliera a las aceras con sus sillas y conversara con los vecinos. En el extremo de esa misma acera, hacia la izquierda de la imagen, haciendo esquina con Juan Bautista de Toledo, existía una taberna, a la que recuerdo que en cierta ocasión llegó un equipo de cine: la película decían que se titulaba “El otro árbol de Guernica”. También se puede ver la sombra de uno de los árboles de la calle, que daban unas flores que los críos decíamos (y poníamos en práctica) que se podían comer: las llamábamos “pan y quesillo”. También había algunos algarrobos, con aquellas extrañas cosas oscuras colgando, dentro de las cuales había unas pequeñas semillas negras y algo pringoso parecido al cabello de ángel.

El conjunto lo completaba un servicio comunal, para todos los vecinos salvo para la casa principal, que contaba con el suyo propio. En alguna de las fotos se pueden ver los dos ventanucos juntos. Tenía una taza turca, un pequeño lavamanos una cisterna con cadena y una puerta de madera pintada de gris. Entre este WC y la vivienda 4 había una pequeña tapia, a cuyo otro lado estaba el taller alfarero que no sé si era el mismo de la parte posterior.

Calle de Constancia, barrio de Prosperidad (antiguo distrito de Buenavista), 1914.

Recuerdo 3: Sobre el “canalillo” (por León Sanz)

En principio el ramal del Este del Canal de Isabel II, terminaba justo antes de cruzar la calle de López de Hoyos, después de cruzar la calle Azcona y Marqés de Monteagudo. Antes de su final tenía varios rebosaderos, tres o cuatro, por los que salía el agua cuando llevaba mucho caudal o cuando había poco consumo. Estos rebosaderos consistian en un rebaje de la pared del lado Este, podían ser unos diez o doce centimetros,lo que permitía salir el agua en dirección al Arroyo Abroñigal, que discurría a un nivel inferior, y era aprovechada para regar las huertas que había en las inmediaciones.
Arturo Soria batalló con el Canal de Isabel II para conseguir que se prolongase el Canal hasta las inmediaciones de la parte de atrás de la fabrica de Pan de Viena “La Luna”. Al final lo consiguió la CMU, y además logró aumentar el caudal que tenía contratado con el Canal, que servía para suministrar agua a la Ciudad Lineal, a través de la casa de máquinas.

A la altura del Parral, es decir en la Gindalera antes de cruzar la Avenida de América tenía una sección en forma de trapecio. Podía tener unos 90 centimetros la base superior y 75 la inferior, la altura podía ser de unos 40 centimetros.
Para controlar la velocidad había unas pequeñas presas de madera móviles, que se subían o bajaban por un torniquete, según el caudal. En esta zona las paredes estaban recubiertas de cemento liso, y era frecuente ver unos insectos que se conocían como aclara-aguas o patinadores que se delizaban sobre la superficie del agua.
Este tramo solía estar vallado con alambres de espino. (León Sanz)

Plaza Sagrado Corazón de Jesús 1

plaza-sag_corazon-de-jesus_maravillas_1979_03Plaza Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid (La Prosperidad) -Antigua Plaza Moret-. tres imágenes del mismo edificio: foto antigua, del primer tercio del siglo XX; imagen actual de la casa; y captura de la película MARAVILLAS (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980).  Detrás del muro habría un hotelito con patio y jardín. Y enfrente, un edificio de tres alturas más bajo, que podemos ver en la fotografía de abajo.  El descampado ya no existe, pués fue ocupado por la actual Junta de Distrito de Chamartín. La zona más verde, en el centro, es actualmente un parquecito con zona infantil y terrazas para los bares de la zona.

“Este edificio se encontraba en la calle de Gabriel Lobo nº 42, cuando esta cruzaba en diagonal la calle del Príncipe de Vergara. Con su derribo desapareció el último tramo de Gabriel Lobo”. (Isabel Gea Ortigas, 1981)

En el espacio libre dejado por el bloque derribado rápidamente se comenzó a construir. En su solar se levantó la nueva Junta Municipal de Chamartín y el Centro Sociocultural Juvenil “Luís Gonzaga”. En frente, uno de los edificios que se proyectaron ocuparía el número 133 de Príncipe de Vergara. Recuerdo que  cuando el bloque se encontraba ya en su fase final, con todos los pisos construidos, una mañana de tormenta que seguía a una noche de vientos furiosos y abundante lluvia, la grua de la obra se desplomó sobre la calle matando a una persona. El País lo contaba así: “De todos los accidentes que el viento provocó en la ciudad, el más importante sin duda fue el que tuvo como escenario la calle del Príncipe cle Vergara. En el número 133 de la citada calle, cerca de su cruce con la calle de López de Hoyos, se está construyendo un edificio de viviendas de lujo denominado Pronor- 2. Poco antes del mediodía, una de las grúas utilizadas en la construcción, de aproximadamente treinta metros de altura, se desplomó por acción del viento y fue a caer sobre la calzada, hasta apoyarse en el edificio situado al otro lado, en el número 130, donde tiene su sede una entidad aseguradora. En su caída aplastó un coche que estaba estacionado y otro que circulaba por la calle. En el interior del segundo de los vehículos citados se encontraba Carlos Villacastín Ayuso, de 33 años, padre de cinco, hijos e ingeniero de Profesión, quien resultó muerto en el acto. Era cuñado del vicerrector de la Universidad Complutense, Salvador Rivas. Los bomberos, que acudieron al lugar dotados con una potente grúa, tardaron algo más de una hora en conseguir retirar el armazón de la grúa desplomada para rescatar el cadáver de Carlos Villacastín.”. (El País, 31/12/1981)

“Calle López de Hoyos, en el número 35, semiesquina a la glorieta de igual nombre había una casa de viviendas en cuyo local de la derecha, estaba el restaurante Vara, muy conocido entre los vecinos de “la Prospe”. El edificio se hallaba por debajo de la cota de la calzada por lo que había que bajar unos pocos escalones para acceder a él. El edificio fue derribado en noviembre de 1990″. (Texto y foto: Isabel Gea Ortigas, 1984).

En esta fotografía de la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos) en 1945 se puede ver el mismo edificio de la foto de arriba (el primero por la derecha). En esta época los niños jugaban al fútbol en el campo de las monjas, la antigua prolongación de General Mola, en “la Guinda”, en el “Campo de Los Alemanes”, que estaba enfrente del Club Santiago y era muy concurrido por clase trabajadora, pues en la parte sur del campo existían una serie de casas corrales,  que se construyeron ilegalmente al terminar la guerra civil. Los moradores de estas casas tenían animales, cerdos, gallinas para la subsistencia y realizaban la matanza del cerdo… (Titín). También eran motivo de juego los baños  en el “canalillo” del Canal de Isabel II. “El canalillo del Sur, después conocido como del Este, tenía 12.930 metros e iba desde Nuevos Ministerios hacía la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos), Barrio de la Guindalera y por último a la Prosperidad, a la altura del barrio de Ibarrondo, para desaguar en el arroyo Abroñigal” (Ver Artículo de Ricardo en  H. M).  Las verbenas se celebraban en Francisco Silvela y  se organizaban por la Virgen del Pilar con carreras de ciclismo hasta Joaquín Costa.  Los viajes para ir al centro de Madrid se hacían en el tranvía 40 hasta Ciudad Jardín. El 17 de Febrero de 1.962 fue el último día de circulación del tranvía 40 Quevedo (Cardenal Cisneros)-Ciudad Jardín (Alfonso XIII esquina a Av. Aster). (Titín)

glorieta-de-lopez-de-hoyos_2008_smallTramo final del Paso elevado, sobre la Glorieta de López de Hoyos. Algunos edificios como el que hace esquina en la foto, el cercano Sanatorio de San Francisco de Asís, o el modesto edificio de viviendas de la foto de abajo, en los aledaños de Principe de Vergara y de la Glorieta, datan de los años veinte y son, por tanto, supervivientes en la actual configuración de la zona, iniciada en los años cincuenta. (FOTO: E. Fidel, 2008)

Recuerdo 4: “Juegos de un niño de barrio del Madrid de 1955 a 1965” (por Ángel de Olavide)

“Éramos los primeros niños con una dieta razonable, pocos años hace que ha desaparecido la cartilla de racionamiento. Nos daban leche en los colegios. Leche que mandaban los americanos. Recuerdo unas botellitas con la boca ancha cubierta con aluminio. El Vitacal, un sucedáneo de chocolate que contenía calcio, que permitía el escatológico lema aquel de “chaval toma vitacal que el culo te huele mal” formaba parte de la dieta callejera de entonces; era junto con los caramelos Saci, el paloluz y los polos de agua las chuches de entonces. También fuimos los primeros niños que tomábamos yogures de la marca Danone por supuesto. Y hasta jamón de york. Pero en cuanto a juegos me temo que éramos absolutamente dependientes de la creatividad de las escuchimizadas generaciones anteriores”.

“Los niños del barrio de la Prosperidad de aquellos años era difícil que fuesen propietarios de una bici. Si acaso un triciclo. Canicas, peonzas, camiones o coches de lata.

Si nuestros padres o hermanos mayores jugaban al pídola, nosotros lo hacíamos al dola. El dola era posiblemente el juego deportivo mas practicado en aquellos años. Un chico hacía de burro y por encima de su cuerpo doblado saltaban los demás practicando toda suerte de golpes siguiendo las instrucciones de la “madre”. El lique, la taba, el doble lique, la culada, etc. Eran golpes con el pie en el trasero del burro o caídas sobre el cuerpo del pobre burro. Según se alargaba el juego el salto sobre el burro había que practicarlo desde mas lejos lo que provocaba que de salto en salto cada vez hubiera mas burros que saltadores. Había algunas variantes. A veces los burros se fijaban sobre la pared y el ejercicio consistía en acumularse saltadores uno encima del otro. Otras veces el salto había que practicarlo sobre un grupo de burros mas o menos largo. Recuerdo algún pareado con el que se acompañaba el juego. A la una anda la mula, a las dos anda el reloj, a las cuatro salto, a las cinco brinco…y así.

Si el dola era un juego practicado en exclusiva por los varones, tengan ustedes en cuenta que los colegios de entonces no eran mixtos, existía un juego que se practicaba por niños y niñas. Era el juego del pañuelo. Los equipos se formaban por jefes de fila que elegían por turno, previamente definido por el viejo procedimiento de echar pasos, aquello de oro, plata, monta y cabe. En el centro un niño mantenía un pañuelo en el brazo extendido. Desde cada uno de los lados y a una distancia de unos veinte metros mas o menos, saltaban los competidores de turno. El asunto consistía en arrebatar el pañuelo y llevárselo a tu campo sin que el adversario pudiera tocarte. No solo era cuestión de velocidad. También de la picardía de amagar y provocar que el contrario entrara en tu campo sin que tu hubieras tomado el pañuelo, cosa que descalificaba.

El “tú la ligas” era una versión de los antiguos juegos de alcance y contacto. La cosa consistía en evitar que nadie te tocase antes de llegar a tu refugio. Si eras alcanzado te convertías en cazador. No tiene mucho que explicar. Creo que en versiones mas o menos brutas sigue siendo practicado por niños de todos los países y todas las edades.

Los cromos. Creo que fuimos la primera generación en coleccionar cromos. De futbolistas, de ciclistas, poco mas. Pero no solo la cosa consistía en coleccionar las estampas. También en ganarlas por el procedimiento de levantarlas con el vuelo de la mano y ser capaces de darlos la vuelta. El golpe de la mano en el suelo, la concavidad que eras capaz de formar, el efecto que lograbas determinaba que fueses capaz de mejorar tu colección o de perderla. Por supuesto que existía el intercambio de cromos, en los patios de los colegios, en la calle, en cualquier sitio y lugar. Era como jugar a la bolsa, un bahamontes podía costar tres timoneres, un puskas cuatro Vavás.

La peonza. Echarlas a rodar. Recogerlas con la mano. Pintarlas de colores. Caparlas. Mojar la cuerda. Enhebrar la cuerda en las monedas de real para formar el tope. ¿O tengo que dar mas detalles?

Las chapas. Complejo juego que consistía en montar circuitos en la arena o en el pavimento, con sus cunetas de tierra o señales de tiza, sus puertos, curvas y rectas de meta. Había que prepararse las chapas. Tenían que ser planas, bien pulidas en el granito de los alcorques. En el fondo se colocaban recortadas fotos de los ciclistas del momento o banderas nacionales. Luego una tapa de cristal bien troquelada y un fino cerco de masilla para sellarlas. Por supuesto que tenías que tener habilidades digitales- de las de antes de los ordenadores por supuesto- y capacidades de lograr efectos para superar las curvas mejor que tus competidores. O sea, que tenías que reunir las facultades de un ingeniero de caminos, canales y puertos mas las de hábil diseñador y un eficaz juego de muñecas y de dedos. Era el juego rey del bulevar de General Mola, hoy Príncipe de Vergara. Una versión menos común consistía en simular partidos de futbol. En ese caso las chapas llevaban fotos de futbolistas.

Las canicas y el guá. Todo consistía en meter la bola en un agujero- el guá- y desde allí poder tocar otras bolas y volver al guá. Había bolas de barro, de cristal y de acero. En el juego se ganaban o se perdían bolas. No recuerdo el valor de cada bola, creo que las de acero valían tres veces mas que las de barro. A ver si algún colega de aquella generación se acuerda.

El clavo. En épocas de lluvias se jugaba sobre el suelo húmedo a clavar sobre espacios previamente dibujados un clavo, destornillador o lima sobre el suelo. El juego consistía en ir ocupando cuadros. El juego tenia sus peligros y aun recuerdo como a un niño de la Colonia del Pilar le sacaron un ojo un aciago día. Mucho mas peligroso que todos los juegos de armas virtuales actuales.

Creo que algún niño jugaba al aro. Pero aquello de los aros nos parecía cosa de niños un tanto cursis. Puede que viese por entonces algún yo-yo y por supuesto diábolos. También se practicaban malabares con las pelotas de goma que te regalaban en Segarra al comprar zapatos. Parece que perroflautas han existido en todas las épocas. El circo no goes to the town. Esto de los circos ambulantes era mas bien cosa de los pueblos o de las ciudades pequeñas. A Madrid solo llegaban compañías como el Circo Ruso o el Americano y te tenían que llevar al circo. No recuerdo cabalgatas circenses por el barrio. Si acaso algún grupo de gitanos con la cabra y la trompeta. Deplorable espectáculo.

La taba. También se jugaba a la taba. No soy capaz de recordar como se llamaban las cuatro posturas del juego ni la jerarquía que tenían. Si creo que a la taba jugaban los niños mas golfos. Los que sin duda años mas tarde dedicarían buena parte de sus ingresos a los dados y a las cartas.

Policías y ladrones. El rey de la montaña. Juegos que aprovechaban la topografía urbana de aquellos años. Solares gigantescos sobre lo que después sería la prolongación de General Mola desde Francisco Silvela hasta la actual Plaza de Cataluña. Vaquerías abandonadas. Refugios antiaéreos de la guerra civil todavía sin clausurar. Los diversos juegos del escondite.

Y por supuesto los juegos náuticos. Por aquel barrio pasaba en superficie el famoso Canalillo. Y la “manga riega que aquí no llega”. No creo que necesite dar muchas explicaciones. O si?

Una curiosidad de aquel barrio y de aquellos años. Por los años 53, 54 y 55 llegaron los americanos de EEUU a Madrid. Una de las casas que se levantaron entonces, justo en la esquina de Príncipe de Vergara, antes Mola, con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a personal de la base de Torrejón. Debía de ser antes de que esas personas se mudasen al Encinar de los Reyes donde construyeron una especie de réplica de los típicos barrios de chalets americanos con sus jardincillos sin cerramientos. El caso es que con la proverbial simpatía de los sobrinos del Tío Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al béisbol. Regalaban camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal herramienta entre nuestras manos. Picher y cacher eran palabras normales en nuestro diario acontecer. Creo que durante unos meses jugabamos mas al beisbol que al futbol.” (Blog de Angel Alda, El Angel de Olavide)

Alumnos del colegio del padre Amalio, de nombre “Virgen de Madrid”, en la calle de Eugenio Salazar, casi llegando a López de Hoyos. La foto está tomada desde la terraza, mirando al este, en 1964. (Foto: Benito Aguero de Pablos)

Edificio en la calle Anastasio Aroca nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Recuerdo 5: Un paseo por “la Prospe” (por Moncho Alpuente)
Una iglesia y un mercado pugnan por dar a esta plaza entidad de plaza mayor, centro neurálgico de un barrio que siempre ha sabido afrontar con buen humor su irónica denominación, que los vecinos abrevian por la vía de lo castizo hasta dejarla en Prospe, La Prospe, con las dos pes explotando en los labios como truenos. Esta paradoja nominal acució el ingenio y fomentó la rebeldía ante el Ayuntamiento, y el diccionario de la Academia del niño prosperitano Juan José Millás, que buscó en las páginas del grueso libro la definición correspondiente al barrio en el que moraba y, al no ver por ninguna parte el bienestar y el curso venturoso de las cosas que figuraban como sinónimos de Prosperidad, aprendió a desconfiar de las promesas de los adultos y de sus presuntos conocimientos.
La Prosperidad pillaba cerca del barrio, lo circundaba en los chalés de El Viso y de la Ciudad Jardín, en los últimos bloques del barrio de Salamanca y en las últimas villas y quintas de Chamartín. La Prospe nacía como barrio mestizo en la frontera de la ciudad, sobre los terrenos de un polígono industrial cuya mejor industria sería, con el tiempo, aprovechar el terreno para edificar nuevos edificios de viviendas”.

“Esta plaza mayor de la Prosperidad parece más antigua de lo que es, de puro desgastada por el uso abusivo que hacen de ella las palomas, los niños y los jubilados que enhebran su eterna partida de naipes, ajenos al trasiego de las amas de casa que vuelven de la plaza cargadas de bolsas de plástico.

Los niños que crecieron en “La Prospe”, y con la Prospe, en los años sesenta y setenta, fueron exploradores y pioneros de los innúmeros descampados de la zona, territorio híbrido entre el campo que huía y la ciudad invasora que prosperaba para cegar sus campos de juegos con cal y canto, hormigón y ladrillo. El Gran Wyoming, guía nativo criado en La Prosperidad, recuerda los felices días del Ateneo Politécnico, una academia privada reconvertida en centro de actividades culturales, lúdicas y festivas por voluntad de su propietario, cuyo edificio cobijó actuaciones musicales de grupos de casa, locales de ensayo y una popular guardería. La oposición de dos de los hijos del mecenas generó a mediados de los setenta una batalla legal y campal que terminó como suelen terminar las buenas acciones cuando hay por me dio terrenos para especular”.

“Tras el desalojo policial del politécnico, los ocupantes que aún no habían estrenado la “ka” hicieron lo propio con los locales de la antigua Escuela de Mandos José Antonio, de la calle de Mantuano, desmantelada tras la muerte del supremo y superlativo mandatario del régimen (F. Franco). El nuevo centro cultural se convirtió, más que mediados los años setenta, en un vivero de actividades en el que germinaron los más desmandados talentos musicales de lo que empezaba a llamarse, “movida madrileña”.
Después del “movimiento”, la “movida”, el edificio que había albergado a los candidatos a profesores de Educación Física y Formación del Espíritu Nacional, terror de aulas y patios colegiales, se transformó en un nuevo ateneo artístico y libertario, sin exclusiones, donde convivieron durante un tiempo un gimnasio de artes marciales y una sala de exposiciones,El Saco, en la que jóvenes creadores y diseñadores expusieron sin rubor sus obras primerizas, esculturas con materiales reciclados entre el dada y el arte povera, el pop art y el agit prop (agitación y propaganda). Uno de los animadores de aquellos momentos iniciales e iniciáticos fue Fernando Márquez, El Zurdo, con sus fanzines y su primer grupo,Kaka de Luxe, en el que militaban Alaska y Carlos Berlanga. También pararon por allí Los Zombis de Bernardo Bonnezzi, y los obreros especializados del Aviador Dro, y Servando Carballar, que tenía las oficinas de su sello discográfico independiente unas calles más allá, en pleno corazón de La Prospe.

Recorte del diario ABC de 12/11/1976, acerca del derribo del “Ateneo Politécnico”.


Antes de que abriera sus puertas el Rock-Ola, santuario de la ”movida” en la cercana calle de Padre Xifré, junto a las Torres Blancas, en los mismos locales habían figurado otras discotecas de moda, como el primitivo Nica’s, donde hizo sus pinitos como cantante pop Camilo Sesto, al frente de Los Botines, antes de soltarse la melena como baladista meloso. La proximidad de estos antros de modernidad debió suscitar las inquietudes musicales de los jóvenes prosperitanos que se plasmaron a mediados de los años setenta con La Romántica Banda Local y más tarde con “Paracelso”, el grupo de Wyoming (Chechu Monzón) y Reverendo (Ángel Muñoz), ganadores de uno de los primeros concursos de rock organizados por un Ayuntamiento que parecía dispuesto a firmar una tregua con las nuevas hornadas provocadoras e irritantes que eclosionaban por doquier. Otro de los grupos criados en La Prospe fue Los Güevos Duros embrión también de nuevas formaciones de barriada.
La gran vía de Prosperidad es la avenida de López de Hoyos, dedicada al catedrático, presbítero y cronista don Juan López de Hoyos, que fue maestro de Cervantes y autor de la Declaración de armas de Madrid. Entre las calles que cruzan esta arteria principal, la de Eugenio Salazar destaca por su acogedora infraestructura de bares entrañables y disco-bares más ruidosos, pero no menos hospitalarios, entre los que sobrevive El Garage Hermético, dedicado a la memoria gráfica del dibujante Moebius. Algunos nativos recuerdan también bares con menos pretensiones, como Casa Leo o El Chopo que les acogieron en momentos difíciles, cuando tenían dificultades para sufragar a escote las cañas consumidas y habían de rebuscar en sus fláccidos bolsillos.
Como un transatlántico varado en el asfalto, el nuevo Auditorio Nacional de Madrid ocupa una vasta extensión en el confín de “La Prospe”, dando un barniz clásico a las inquietudes musicales de los jóvenes creadores locales. En este solar hurtado a las excursiones infantiles vio el niño Wyoming pernoctar grandes rebaños de ovejas que animaban las noches de los vecinos con sus musicales balidos.
De vez en cuando, la sufrida plaza mayor de La Prosperidad ha de soportar sobre su maltratado pavimento las botas militares de un rebaño, más bien camada, de furibundos ultraderechistas convocados por el capo Ynestrillas cuando sale de presidio, pero los prosperitanos, de insumisa estirpe, ignoran las provocaciones de estos espurios discípulos de aquellos mandos de la Escuela de Mandos “José Antonio”, sobre cuya sede edificaron en su día un efímero emporio lúdico, cultural y libertario.”
Moncho Alpuente El País-1998.

Calle Suero Quiñones1976

Calle Suero de Quiñones en 1976. Se celebraban en la calle los primeros Carnavales de la “Transición” tras su prohibición en la Dictadura. Los edificios que se ven al fondo están en la calle López de Hoyos. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1976)

Referencias.-

Avenida de América de Madrid

Concesión Tranvía Prosperidad Guindalera  1905
Documento PDF (Memoria de Madrid)

Díez de Baldeón, Alicia
López Marsá, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid, 1985

Fernández de los Ríos, A.
Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero.
Edición facsímil de la original de 1876.
Ediciones La Librería. Madrid, 2002.

Pardo Abad, Carlos J.
Vaciado industrial y nuevo paisaje urbano en Madrid.
Ediciones La Librería Madrid, 2004

Tomé Fernández, Sergio
Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual.
Departamento de Geografía. Universidad de Oviedo
Scripta Nova REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona, 2003

Chicote, César
La vivienda insalubre en Madrid (Memoria)
Imprenta Municipal
Madrid, 1914

Charlotte Vorms
La urbanización marginal del extrarradio de Madrid: una respuesta espontánea al problema de la vivienda.
El caso de La Prosperidad (1860-1930)

Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales.
Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146

La Prosperidad 1862-2012/ Facebook  fimages

En busca de la prosperidad” (El País, 03/01/2005)

Blog El Ángel de Olavide

Blog Historias Matritenses

Densidad solidaria  (Rafael Fraguas De Pablo. El País, 28/09/2012)

“La Prospe” cumple 150 años  (ABC, 26/01/201)

“La Prospe” vista desde la azotea de Enrique F. Rojo (Gente Digital, Septiembre, 2012)

“La Prosperidad se aburguesó desde los años 60” (Madrid Diario, 20/09/2012)

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                                                  (Foto: Badafoto, en Flickr, 2007)

Esta estampa veraniega pertenece a un interesante edificio de la localidad coruñesa de Ortigueira. La construcción data de 1930. Su autor fue Antonio Tenreiro Rodriguez. El edificio, sencillo de planta y de soluciones racionalistas a la vienesa, con parientes cercanos en otros edificios del mismo género, consta de bajo y dos plantas. Fue cine. El cinema Fojo, pero como ha ido aconteciendo en todos los cinematógrafos locales con poca clientela en toda España, el cambio de actividad ha sido una de las soluciones más amables. Peor suerte han sufrido otros cines, reconvertido su espacio, trás el derribo, en suculentos negocios de moda -bingos, tiendas de ropa, gimnasios, supermercados, megaalmacenes todo-a-un-euro o similares, etc.- o en apartamentos de corte moderno, pequeñitos pero muy resultones. Actualmente este antiguo cine está dedicado a comercio de muebles de cocina y a la venta de electrodomésticos. Esperemos que les vaya muy bien. El edificio, que se encuentra atrapado en una estrechísima calle, fue construido sin apenas prejuicios de estilo en un intento de superar el entorno con predominio de lo ecléctico. Esto se aprecia en la utilizacón de materiales como el hormigón y el ladrillo enfoscado, sin ningún tipo de complejo, así como en la articulación severa de los volúmenes y las geometrías, desvinculados por completo con la arquitectura del lugar.

Foto: Jorge Dragón, en Flickr (2009)

A pesar de cierta horizontalidad en el diseño, rota con la torre esquinera que luce el reclamo publicitario, a modo de remate de carácter , Antonio Tenreiro,  polémico y clásico, al tiempo, hace desaparecer las galerías, omnipresentes hasta el momento en la arquitectura ortegana, lo que no desmerece en el intento seguro de integrar la construcción en el entorno de la urbe. Especialmente importante este último apunte, si apreciamos el carácter naútico-marinero del edificio, que realmente lo hace pertenecer ipso facto al paisaje circundante, a pesar de su especial impronta moderna e iconoclasta, que puede despistar.  Los actuales tonos azules y el blanco que engalana el antiguo cine ayudan a entender esta moderna  -ahora vieja- arquitectura de Tenreiro Rodríguez, consecuente e innovador en su tierra. Es de desear que no se pierda, algo que en otra de sus obras ya no tiene remedio. Me estoy refiriendo a la finca El Grajal, en San Pedro de Nós, a la entrada de A Coruña, obra de Antonio Tenreiro y de su socio  Peregrín Estellés, cuya ruina es ya irrecuperable.(Ver Arquitectura civil de la comarca de Ortegal)

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Fotomontaje realizado por el fotógrafo Diego González Ragel en 1931 con la maqueta del proyecto presentado por E. Paramés y J. Rodríguez Cano al concurso del edificio Carrión. Finalmente el proyecto ganador sería el de los arquitéctos Luis Feduchi y Vicente Eced.

En medio del calor de agosto he encontrado esta foto de la Gran Vía de Madrid. Se puede ver el último tramo de esta avenida, acabada en el año 1932, donde se difumina en la futura continuidad con la calle Princesa, en la Plaza de EspañaAl fondo se intuye la citada  Plaza de España, con el espacio dejado por el Cuartel de San Gil y por algunas edificaciones más que se fueron derribando para definir la calle principal.

En primer plano destacan tres edificios, tres cines. Estos tres cines son el Palacio de la Prensa, que se encuentra frente a  la plaza de Callao, el cine Callao, en plena plaza, y el edificio Carrión que alberga al cine Capitol, construido en un difícil solar con un exquisito vértice enfrentado a la gran avenida. En realidad se trata de un fotomontaje realizado por el fotógrafo Diego González Ragel en 1931 con la maqueta del proyecto presentado por E. Paramés y J. Rodríguez Cano al concurso del edificio Carrión.

Esta foto es la original de González Ragel antes de elaborar el montaje. Se puede ver el solar donde se construiría el edificio Carrión (1931).

Palacio de la Prensa, 1932.Palacio de la Prensa.

La construcción del tercer tramo de la Gran Vía contemplaba un edificio que mirara a la plaza de Callao. Este edificio quedaría entre el segundo y tercer tramo de la nueva avenida madrileña e iba a ser un cine. El edificio fue diseñado por el arquitecto Pedro Muguruza Otaño para ser la sede social de la Asociación de la Prensa de Madrid y se inauguró en 1929. Su construcción, cuya primera piedra fue colocada por el rey Alfonso XIII , se inició el día 11 de julio de 1925. Tres años y medio más tarde, el día 2 de enero de 1929, se inauguraba con la proyección de la película El destino de la carne.

Se concibió  como un edificio multifuncional que albergase un café concierto (actualmente discoteca) , un cinematógrafo, viviendas de alquiler y oficinas. Su coste fue de ocho millones de pesetas.  Con un aforo de 1.840 localidades, funcionó en ocasiones como teatro con un pequeño escenario. En 1941, el arquitecto Enrique López-Izquierdo reformó de nuevo el edificio y en el año 1991 se hizo una nueva reforma para su conversión en cine multisalas. Desde el año 2010 varias plantas del edificio albergan la sede del Partido Socialista de Madrid”. (Ver Wikipedia).  El edificio se articula mediante un complejo sistema de escaleras que permite el acceso a las diferentes áreas. El Palacio de la Prensa fue el primer edificio de la Gran Vía en utilizar el ladrillo visto en su fachada y su aspecto nos recuerda a la arquitectura norteamericana de los años veinte. Destacan la torre con un gran arco semicircular y las columnas superiores definiendo grandes huecos.

Fotografía de la Plaza de Callao, tomada en febrero de 2010, donde vemos los tres edificios. Si nos fijamos, a la izquierda del palacio de la prensa se adivina un solar frente a una medianera impregnada de aislante. Ahí estaban unos edificios de oficinas que pertenecieron al Banco Atlántico. Anteriormente hubo un edificio, que apreciamos en la fotografía que encabeza este artículo, que fue hotel y albergó al Cine Actualidades , que podría haber sido el cuarto cine que dejara ver la foto, y que se demolió en los años sesenta para levantar la mole de hormigón y cristal  que ahora también se ha echado abajo. “Los edificios ubicados en la calle de Gran Vía 48 y de Tudescos 3, en su día propiedad del Banco Atlántico y en la actualidad de R & A Palace Gestión S. L, albergarán en un futuro próximo 150 viviendas, trás la decisión de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid, que permitió en 2007   la demolición del conjunto y la posterior edificación.”(Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Hotel Nueva York-Cine Actualidades_Gran Vía_Arquitecto M. Muñoz Casajús

La plaza de Callao desde Preciados en 1957. En el centro de la foto, junto al Palacio de la Prensa, el cine Actualidades que ocupaba los bajos del hotel Nueva York, derribado a principios de 1960. (Foto: Urech/ Ed. Temporae)

Hotel Nueva York-Cine Actualidades_Gran Vía_Arquitecto M. Muñoz Casajús

El desaparecido edificio que albergó al Hotel Nueva York y al Cine Actualidades en la Gran Vía, junto al Palacio de la Prensa, del arquitecto M. Muñoz Casajús.

Banco Atlántico bn

Edificio del Banco Atlántico levantado sobre el solar del Cine Actualidades tras su derribo en 1960. Este  sería derribado en 2011.

Cine Callao.

El edificio está  ubicado en la Plaza de Callao. Primera obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, que  construye en el año 1926 y donde estableció su primer estudio como arquitecto.  Se encuentra junto al edificio Carrión separado del mismo por la calle Jacometrezo. El edificio se inauguró como cine el 11 de diciembre de 1926 con la proyección de la película: Luis Candelas o el bandido de Madrid.“El edificio posee tendencias academicistas con cierto regusto neobarroco español, y en su decoración interior sugerencias vienesas y art decó. Inicialmente poseía un aforo para mil quinientas personas. Su terraza se diseño para proyectar sesiones cinematográficas al aire libre. El sótano del edificio se pensó para alojar un café o cabaret. Con el tiempo, el local se adaptó para albergar a la antigua discoteca “Xenón”, muy de moda en los años 90″. El torreón esquinero servía de faro para anunciar el cine. “El 13 de junio de 1929 se proyectó en este cine la que hasta hace poco tiempo fue primera película sonora  hablada  y que se estrenaba en España, The jazz singer”.   (Ver Wikipedia)

Final del segundo tramo de la Gran Vía de Madrid en los años 30. Vemos el cine Callao y el edificio Carrión en el centro.

Al respecto de este asunto de El cantante de Jazz, recientemente se daba a conocer por diversos medios de prensa que la primera película que utilizo un sistema de reproducción de audio grabado fue una prueba hablada en español realizada por Concha Piquer en los Estados Unidos en el año 1923. Según se afirma, “una cinta encontrada en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos prueba que Concha Piquer protagonizó la primera película sonora en español en 1923, cuatro años antes de que Alan Crosland rodara “El cantante de jazz“, considerada por los historiadores como la primera obra cinematográfica hablada“. (Ver El País, 03/ 11/ 2010).  De haberse sabido en su momento, esta proyección hubiera sido un magno acontecimiento que hubiera ayudado al país con consecuencias inimaginables. Nada menos que una revolución en lengua española del todavía incipiente medio audiovisual que era el cine en el mundo, proyectada en un moderno edificio, sito en una moderna avenida, de lo que quería ser una importante capital en un estado que se esforzaba por hacerse notar en el ámbito internacional. Madrid habría hecho historia por tan simple hecho. Ahora es demasiado tarde. Sería menester conocer el nombre de quien escondió la película. Justa sed de venganza.

Edificio Carrión/ Capitol.

Encargado por Enrique Carrión, marqués de Melín,  en 1931, es uno de los  edificios más interesantes  construidos en el  Madrid de la década de los 30. Se levantó sobre un solar con dos fachadas en esquina y dos laterales ciegos, al comienzo del tercer tramo de la Gran Vía, entonces llamada Avenida de Eduardo Dato.
El edificio se debe a los arquitectos Luis Feduchi Ruizy Vicente Eced Eced, ganadores del concurso convocado por el marqués, en el que también participaron , entre otros, Gutiérrez Soto, Zabala y Garay, Cárdenas y Muguruza. El proyecto, audaz y vanguardista, acorde a la juventud de sus autores, se construyó entre 1931 y 1933 como un complejo multifuncional de dieciséis plantas. En su interior se dispuso un hotel residencia por apartamentos (los primeros estudios de alquiler de Madrid), una sala de fiestas, un restaurante, un bar americano, cafeterías, e incluso una fábrica de Selz, además del cine Capitol, con capacidad para 1900 personas.

Proyecto presentado en 1931 al concurso del edificio Carrión por los arquitectos Juan Zabala y Eduardo Garay. El proyecto ganador sería el presentado por Feduchi y Eced.


Proyecto presentado en 1931 al concurso del edificio Carrión por Luís Gutiérrez Soto. “Manuel de Cárdenas propuso un rascacielos espigado y neoyorquino, Pedro Muguruza un elegante chaflán de ladrillo. Los otros proyectos miraron hacia Alemania donde triunfaba la Bauhaus y el expresionismo de Mendelsohn: todos tienen forma de barco. Su proa se lanza contra la plaza creando una potente perspectiva de la Gran Vía. Gutiérrez Soto presentó un transatlántico potente pero algo confuso, lleno de banderitas y luminosos.”. (Ver El País 23/03/2011)

El edificio se distinguió sobre todo por la utilización de multitud de innovaciones tecnológicas como las cuatro vigas de hormigón tipo Vierendell, la refrigeración central, o la utilización de telas ignífugas. También es de destacar su excelente decoración interior, la cual, realizada por Feduchi fue galardonada por el Ayuntamiento de Madrid en 1933. Es de estilo art déco con elementos expresionistas, y avances en la vanguardia racionalista. Utiliza materiales como mármol y granito y la decoración y fabricación de los muebles corrieron a cargo de la firma Rolaco-Mac.

El luminoso de neón de la marca Schweppes situado en las plantas superiores es uno de los símbolos de la Gran Vía y de la ciudad y ha aparecido en numerosas películas, como El día de la Bestia, dirigida por Álex de la Iglesia. En 2007, dirigida por el arquitecto Rafael de la Hoz, se terminó una total rehabilitación que eliminó todos los anuncios publicitarios de su fachada, conservándose sólo el de Schweppes y uno más moderno de la compañía de telefonía móvil Vodafone en la azotea”. (Ver Wikipedia)

Imagen de la Gran Vía en los 40. (Foto: Revista LIFE)

Referencias.-

El edificio Carrión en “madridhistórico.com

La Gran Vía

La rehabilitación concluida en 2007 (EL PAIS)

Imágenes Palacio de la Prensa (Wiki Commons)

El Madrid de los perdedores (El País)

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(Foto By crlsblnc Carlos Blanco, Flickr-2009)

Hablando un día con mi amigo Martín éste me dijo: “Me gusta cruzar las calles de mi ciudad con la seguridad de que ningún coche vaya a pasarme por encima.  Siempre busco los semáforos para pasar al otro lado de la calle. Cruzo por los pasos de cebra siguiendo un ritual metódico de la infancia. Primero miro a la izquierda y luego a la derecha. Cuando los semáforos tienen una cajita con un botón, lo pulso y espero pacientemente  a que la luz intermitente que ilumina el letrero que dice “espere verde” cese y se encienda el muñequito verde que anda. Siempre lo hago así, porque me gusta cruzar las calles con seguridad, metódicamente, como aprendí de pequeño“.

Esta seguridad con la que Martín declaró su necesidad de que no le atropellasen siguiendo un método tan trivial, me pareció común a cualquier mortal que se encuentre en el trance de cruzar una vía llena de coches. Miramos y si no vienen coches, cruzamos, lo normal.

Luego, pensando en los pasos que se construyen ad hoc para realizar este acto simple de cruzar una calle, me he dado cuenta de que seguir las sensatas normas de mi amigo Martín no es tan fácil. Lo digo porque en estos días he observado un caso que me ha dado que pensar.

Es verdad que muchas veces lo que entendemos que debería ser normal no lo es, o así nos lo parece. Esto, llevado al terreno de lo más pedestre, lo podemos aplicar a las cosas cotidianas. Sin ir más lejos, al caso de Martín y a su método para cruzar las calles.

Cuando los responsables de urbanizar las ciudades preveen,  planifican y llevan a cabo los proyectos, todos suponemos que han prevalecido criterios técnicos de solvencia y sensatez provada. Debería ser así. Pero, a veces, surgen dudas.

Calle de la reina Victoria y el Hotel Metropolitano. (FOTO: Enrique F Rojo, 2010)

Llevado al terreno de lo cotidiano, como digo, resulta que en estos días de paseos post-vacacionales,  al cruzar la Avenida de Reina Victoria a la altura de donde estuvo el Cine Metropolitano que ahora es un hotel, descubro que en el lugar en el que debería  haber un paso de peatones señalizado no hay nada. Unos metros más atrás, haciendo una diagonal de escaso ángulo, la Avenida dirige el trafico en dirección a la Glorieta de Cuatro Caminos y facilita el cruce de los peatones por medio de un paso de cebra señalizado con las rallitas al uso y con una señal vertical. A continuación, un bulevar permite el acceso al otro sentido del tráfico de la Avenida en dirección a la Ciudad Universitaria y ahí un rebaje en la acera nos dirige hacia el segundo cruce, que es al que me refiero.

Calle de la reina Victoria y el Hotel Metropolitano. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

Así lo comprobé cuando me ví en la situación. Frente al hotel -antiguo Cine Metropolitano, como ya dije-, a pesar de estar ambas aceras intencionadamente rebajadas para el cruce y protegidas con bolardos, no se podía pasar al otro lado. En efecto, el paso señalizado con un semáforo se encontraba más allá, en la esquina de la Avenida con la Glorieta, a unos 100 metros, centímetro arriba, centímetro abajo, insisto.

FOTO: Google Maps, 2009

Es verdad que ante la puerta de un hotel pinta muy mal un paso de peatones, pues dónde iba a apearse la selecta clientela si no en ese lugar. Situar justo ahí un paso de peatones no era, por lo tanto buen idea. Así que el cambio de planes por quien en origen lo situó ahí  debió de parecer obligado. Los clientes se apearían en la puerta de su hotel, a pesar de no figurar ninguna indicación de vado reservado para ese uso, y los peatones a dar paseitos subiendo la calle para luego bajarla.

FOTO: Google Maps, 2009

Gozoso el peatón que ya ha realizado la primera parte de su proeza cruzando media avenida  y se lanza a terminar el trabajo. Sorpresivamente se encuentra con que el paso seguro lo tiene a unos 100 metros, centímetro arriba, centímetro abajo.

Calle de la reina Victoria y el Hotel Metropolitano. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

 Huelga decir que todo el mundo cruza por el paso natural, es decir, por donde el sentido práctico así lo sugiere,  aunque “legalmente” no se pueda. Así crucé yo también. Tengo la duda de si mi amigo Martín, tan metódico en su comportamiento ciudadano, lo haría frente al hotel como la mayoría o cincunnavegaría afablemente los 200 metros que lo desviarían de su itinerario.

Anotación, octubre de 2015:
He comprobado que el Ayuntamiento de Madrid ha corregido el desatino del paso de peatones fantasma que obligaba a andar hasta la glorieta y a desandar si tu camino iba en la dirección contraria. Entiendo que todo se debería a un malentendido o a un desencuentro corregido. Felicidades, en-hora-buena.
La foto de google maps, de mayo de 2015, que tomo como préstamo, acredita cómo se han colocado semáforos para regular el pasao de peatones.

Semáforo Hotel Metropolitano GM2015 copia

Calle de la Reina Victoria con el Hotel Metropolitano al fondo. Ahora se ve el semáforo que regula el paso de peatones. (FOTO: Google Maps, 2015)

Referencias.-

Acerca del Cine Metropolitano:

El Titanic se hunde en Cuatro Caminos (El País, 2003)

El Cine Metropolitano (Rosa Montero, 2003. En El Universal)

Cines del barrio de Tetuán (Blog Historias Matritenses)

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