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Plano de la Ciudad Lineal. (Foto: Archivo C.M.U)

Plano de la Ciudad Lineal. (Foto: Archivo C.M.U)

La Ciudad Lineal de Arturo Soria

La Ciudad Lineal fue el proyecto del promotor y urbanista Arturo Soria. Por medio de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.), cuyo objeto era la compraventa de terrenos, la construcción de casas de diferentes tipologías, precios y calidades, de desarrolló una ciudad lineal vertebrada por un tranvía de circunvalación que ponía en comunicación la nueva ciudad con los pueblos próximos y con la capital. Llegó a alcanzar cinco kilómetros en terrenos del extrarradio, con casas para todas las clases sociales, como respuesta “antiespeculativa” ante la falta de vivienda. En palabras del propio Soria, había que evitar la “ambición desenfrenada de los dueños de los solares” que dificultaban construir en los límites de Madrid.

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Plano general de la primera barriada de la Ciudad Lineal en 1901. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 103, 16/6/1901, Hemeroteca BNE)

En 1911 vivían en la Ciudad Lineal cerca de 4.000 personas y había más de 700 casas, con tranvías que facilitaban la movilidad. Muchos vecinos fueron conocidos empresarios y aristócratas y también personajes célebres de la época, como el tenor Miguel Fleta o las actrices y cupletistas “la Chelito” y Raquel Meller.
En 1914 llegó la crisis con la suspensión de pagos de la C.M U. A pesar de la recuperación de la empresa, la filosofía original cambió con los nuevos gestores. Los acontecimientos políticos y sociales que marcaron el siglo XX y el descontrol urbanístico de los años sesenta y setenta acabaron por difuminar lo que restaba del utópico proyecto. Paradójicamente, el fin de la barriada estuvo marcado por esa misma “ambición desenfrenada” que tanto criticó Soria.

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Hotel Virma en 1917, recién construido. Fachadas principal este y lateral sur. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 669, 30/6/1917, Hemeroteca BNE)

Construcción de la villa en 1916-17

El hotel Virma o Villa Virma fue mandado a construir por la familia Gutiérrez de Terán a mediados de 1917 en un solar compuesto por cuatro lotes, con un total de 1.600 , en la manzana número 71 de la Ciudad Lineal, con fachadas a la calle de Arturo Soria y a la de la Prensa. La principal se encontraba en Arturo Soria, de la que tomó la numeración, el 66.

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Subdivisión de la manzana 74  entre las calles Joaquín Arroyo, Piquer y Arturo Soria, en tres  y cada una de estas en lotes, cuyo precio variaba desde las 1.500 hasta las 5.000 pesetas. Contrario a la planificación ortogonal, Soria proponía una ciudad lineal, en donde una calle principal –susceptible de extenderse sin límite, en función de las necesidades- sirviese de eje de comunicación y entorno a la cual unas pocas calles paralelas y otras perpendiculares enlazasen las viviendas con ésta. La ciudad lineal debía estar fuera del contorno urbano, ya que el suelo era mucho más barato. Las viviendas serían unifamiliares, con su porción de jardín, y las tipologías dependerían del precio de las mismas. En las palabras de Soria, se trataba de “ruralizar la vida urbana y de urbanizar el campo”. (Fuente: Revista Ciudad Lineal, Hemeroteca BNE)

La casa se construyó en una zona elevada de la finca muy próxima al cerramiento que limitaba con la calle de la Prensa. Los muros de las fachadas se hicieron en la planta baja de piedra de granito de Colmenar Viejo, con retundido en las juntas de cal; y el resto, resaltes, guardapolvos y líneas de imposta, realizados en cemento, estaban enfoscados y pintados a la cal. La cubierta era de madera y teja plana, con detalles de carpintería pintados en blanco en los aleros y cornisas.

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Hotel Virma en 1917, recién construido. Fachadas principal este y lateral norte. (Fuente. Revista Ciudad Lineal nº 669, 30/6/1917, Hemeroteca BNE)

Estilo antiguo-español

Se accedía a la vivienda por medio de cuatro escalones que daban a  un zaguán en la fachada lateral que miraba a la calle principal  Arturo Soria y que iba a dar a un amplio recibidor o hall con chimenea, solado con tarima de madera y techos de viga de madera descubierta de estilo antiguo-español.

El comedor estaba en la planta baja y llevaba igualmente las vigas del techo al descubierto. Tenía otra chimenea de estilo renacimiento español y dos grandes ventanas que desde el jardín dejaban ver la calle principal. Al fondo se abría una puerta que conducía a un porche cubierto con una estrecha escalera de servicio que comunicaba la cocina con la planta principal y con el sótano donde estaban la despensa y la carbonera. Una breve escalinata exterior permitía salir al arbolado jardín.

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Villa Virma, fachada este, c. 1920. (Foto: Archivo C.M.U)

Desde el hall, una escalera con barandilla de madera barnizada estilo español conducía a la planta principal, donde estaban los dormitorios con paredes lisas al temple,  puertas con recuadros pequeños de cristal y carpintería de madera barnizada al natural muy del estilo inglés moderno de 1917. En esta planta había también un cuarto de baño con pila de hierro esmaltado, grifos de agua fría y caliente; y, junto a éste, otro cuarto con retrete inodoro de lujo y lavamanos. El dormitorio principal tenía salida a una amplia terraza cuyo forjado y los pilares que lo sujetaban formaban un porche sobre la gran ventana del gabinete. Del principal partía una escalera que subía a los cuartos de los criados que se encontraban en la bajocubierta.

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Anuncio del sorteo de una casa de 5.000 duros (25.000 pesetas) entre los subscriptores de la revista Ciudad Lineal. El edificio es de una tipología bastante parecida al hotel Virma. (Imagen: Revista Ciudad Lineal nº 103, 16/ 6/ 1901, Hemeroteca BNE)

También hubo una casa de servicio aneja con sala, dormitorio y cocina situada encima de las caballerizas. El cerramiento de la finca se realizó con un muro de media altura de mampostería  en ladrillo y granito  sobre el que se apoyaba un original enrejado de espino natural sujeto en una serie de pilastras  situadas en los ángulos el terreno y a otras dos en la calle de la Prensa que recibían la puerta doble de entrada fabricada en madera.

Hotel Virma en 2008, en estado de abandono. Fachada lateral sur en la calle de la prensa nº 3.

Hotel Virma en 2008, en estado de abandono. Fachada lateral sur en la calle de la prensa nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008))

Derribo del hotel Virma

La propiedad cambió de dueños a finales de los años 20. Los nuevos propietarios  fueron la familia del abogado Juan Antonio Isasi San Pedro, que le pusieron el nombre a la villa, por las hijas del matrimonio, Virginia y Maruja. Trás la muerte de los padres, la propiedad se fue dividiendo. Primero se vendió una parte, la más occidental, en la década de los 80. En la década siguiente se vendió la zona del jardín más proxima a  Arturo Soria. En ambos casos se construyeron sendos edificios de viviendas de cuatro y tres alturas respectivamente. Al no existir ningun tipo de protección para los edificios singulares que componían el proyecto de la Ciudad Lineal, éstos se han derribado sistemáticamente desde la década de los 60 del siglo XX. Tan solo se conservan unas pocas casas restauradas y algunos cerramientos perimetrales de antiguas fincas que en la actualidad albergan modernas promociones de viviendas. La parcela en la que se encontraba el hotel Virma, se enajenó en esta última década y la casa se derribó en 2018, siguiendo el destino habitual de las casas primitivas de la Ciudad Lineal.

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Calle de la Prensa nº 3. Barrio de Costillares, también llamado Pinar de Chamartín, distrito de Ciudad Lineal, Madrid. Solar en el que se encontraba Villa Virma. (Foto: Google Maps, 2018)

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Calle de la Prensa nº 3. Barrio de Costillares, distrito de Ciudad Lineal, Madrid. Antiguo solar de Villa Virma, actualmente en construcción. (Foto: Enrique F. Rojo, junio 2019)

Referencias.-

Sánchez Fernández, David Miguel
Un paseo por la Ciudad Lineal
Ediciones La Librería
Madrid, 2010

Revista Ciudad Lineal
Hemeroteca BNE

Ciudad Lineal de Arturo Soria
Urban Idade (Blog)

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Fábrica de tabacos de Madrid desde la calle de Embajadores, c. 1908.

Fábrica de tabacos de Madrid desde la calle de Embajadores, c. 1908. (Foto: Archivos de la Comunidad de Madrid)

Antigua Fábrica de aguardientes y naipes

Está situada en la calle de Embajadores c/v a Provisiones y Miguel Servet. Un edificio de grandes dimensiones y extraordinaria factura, olvidado y relegado a la ruina desde hace mucho tiempo, seguramente por su extraordinario tamaño que dificultaba adaptarlo a un nuevo uso.
Durante el reinado de Carlos III se decidió situar este tipo de establecimientos “estancos”, controlados por la Corona, en el sureste de Madrid. En 1780 se había ideado establecer la Real Fábrica de aguardientes y naipes en los terrenos delimitados por la calle del “Amor de Dios Baxa”, actual Provisiones; “Camino que baja del Portillo de Embajadores”, actual Embajadores; y “Barranco o arroyo del Abapies”, actual Miguel Servet, en unos terrenos ocupados por casa y huerta de la Congregación de Clérigos Seglares de San Cayetano.
La Real Hacienda los adquirió en 1781, comenzando en 1790 la construcción del edificio para fábrica de aguardientes, barajas, papel sellado y depósito de efectos plomizos, que concluyó en 1792, durante el reinado de Carlos IV. La elaboración de tabacos vendría más adelante.

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El edificio en el que se halla esta antigua fábrica lo mandó construir la Real Hacienda el año de 1790 para fábrica de aguardientes, barajas, papel sellado y depósito de efectos plomizos.

Manuel de la Ballina López de Castro

A pesar de no figurar en la documentación existente de manera expresa el nombre del reponsable del proyecto, la figura del arquitecto Manuel de la Ballina López de Castro (1750-1818) que tasó los terrenos y firmó el plan de sitio de ubicación de la fábrica , evidencian su íntima vinculación con la Fábrica. Es posible que su figura quedase eclipsada por otras más precursoras como Sabatini o Juan de Villanueva y más adelante por otros como Juan Pedro Arnal, Antonio López Aguado, Isidro González Velázquez o Silvestre Pérez, quedando a la sombra por no ser el elegido de los reyes Carlos III, que prefirió a Villanueva, o por José Bonaparte, que eligió a Silvestre Pérez.
En todo caso, Manuel de la Ballina siempre se mantuvo activo ostentando cargos para la Corona: fue “Medidor de obras del Real Palacio Nuevo”, nombrado por Carlos III en 1767; y Sabatini le habilitó como aparejador principal en 1777. En 1807 Villanueva le nombró aparejador primero y teniente director.

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Plan del sitio en el que iban a ejecutar las Reales Fábricas de aguardiente y naipes, firmadas por Manuel de la Ballina, 1781.

En 1780, cuando se decide la ejecución de la Fábrica de aguardiente y naipes, el encargado de ejecutar el proyecto es Manuel de la Ballina, que se encuentra con un solar trapezoidal irregular.
La idea de construir dos establecimientos distintos -naipes y aguardiente- manteniendo una unidad fabril, vinculando dependencias y servicios, se resolvió con una disposición neoclásica rectangular, típica de la Ilustración, dividida en dos cuadrados en los que se abren dos patios, más uno central, más amplio, que sirve de nexo representativo. Como ejemplo de este tipo de soluciones arquitectónicas de la época pensemos, por ejemplo, en el Cuartel del Conde Duque de Madrid, de similar factura.

La Fábrica de tabacos

La Fábrica de aguardientes y naipes entró en funcionamiento por poco tiempo, ya que con la ocupación francesa fue cambiando de uso. José Bonaparte liberalizó el monopolio de naipes y el complejo acabó por dedicarse a la fábrica de cigarros y rapé.
Pascual madoz en su “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar“, cita la actividad de la Fábrica en 1809: “800 operarias trabajando; elaboración de cigarrillos comunes de Virginia, mistos, y cigarrillos de papel”. También hubo “taller de picado”, “taller de habanos peninsulares”, “taller de embotado”, “taller de tusas”, etc.

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Plano de la planta baja de la Fabrica de tabacos, 1792.

Entre 1829 y 1838 llegó a tener cerca de 3.000 operarios, la mayoría mujeres. En aquel periodo las condiciones de trabajo, en especial las higiénicas, principalmente por la escasez de agua, eran bastante penosas. Además, la introducción de la mecanización motivó la paulatina supresión de puestos de trabajo, con las consiguientes huelgas. A ello se añadió la consecución de diferentes incendios como el de 1868, que devastaron el edificio e hicieron languidecer la producción.

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Plano de la planta de desvanes de la Fábrica de tabacos, 1792.

Reformas. La nueva Fábrica

En 1887 se adjudicó el monopolio de fabricación y venta de tabaco a la Compañía Arrendataria de Tabacos. A partir de ese momento se sucedieron diferentes proyectos de reforma que modificaron el proyecto original de Ballina. En 1891 se modificaron las dos torres garitas, en origen de aspecto afro-oriental, bajo un proyecto del ingeniero Lorenzo Lapuyades. Pero la mayor y más importante modificación, dirigida por el arquitecto Amós Salvador Carreras y el ingeniero José Ortuño, supuso, en 1903, la sustitución de la planta de buhardillas por un nuevo nivel con cubierta a dos aguas y en el patio trasero se construyó un pequeño pabellón para generadores. Los patios pequeños se acristalaron.

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Reforma de la buhardilla de la Fábrica de tabacos a cargo de Amós Salvador en 1903.

Según consta en la Memoria del proyecto firmado por Amós Salvador Carreras, el 26 de junio de 1903, las obras necesarias para la construcción de la nueva planta implicaban desmontar la cubierta, eliminar las armaduras y derribar y desescombrar los muros de carga y traviesas entramadas, así como el derribo de algunos elementos de acceso. Una vez realizados estos trabajos, se construirían nuevos muros e cinco metros de altura y 75 centímetros de espesor comprendiendo por completo las tres naves que dan a las calles de Provisiones, Miguel Servet y Embajadores, a lo largo de las líneas de fachada. Los muros se construirían en fábrica de ladrillo ordinario, revestidos por ambos paramentos, revocados y pintados al exterior y blanqueados al interior. Sobre estos muros se construirían las formas de armadura y forjados con bovedillas de ladrillo. Las cubiertas serían de teja árabe.

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Ampliación de la fachada de la Real Fábrica a cargo de Amós Salvador Carreras, en 1903.

De este modo, la Fábrica reconvertida distribuyó el almacén general en los sótanos; el batido y preparación de rama en los flancos de la primera planta y en los patios acristalados; los despachos en la fachada de la calle de Embajadores, así como las oficinas y la zona noble; el oreo del tabáco en las márgenes peor orientadas; y en la tercera planta añadida, diáfana, los grandes talleres de elaboración, que mandaban el producto elaborado al sotano mediante rampas.

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Fábrica de tabacos. Patio lateral cubierto en 1982.

En 1908 , a cargo del ingeniero Manuel Pardo Pérez se procedió al cerramiento de la fábrica mediante una tapia, por la calle de Miguel Servet y la glorieta de Embajadores. En 1919 se realizaron obras de consolidación, reparación e higienización. En 1960 se construyó un pequeño almacén el el patio posterior.
Por Decreto de 3 de Febrero de 1945, se concedía la administración del Monopolio de tabacos a Tabacalera S.A. El tabaco se traía de Cuba, Filipinas e Indonesia y acababa liado y empaquetado con el nombre de Bisontes, Celtas o Tres Carabelas. El edificio es declarado Bien de Interés Cultural en 1977. En 1980, la Fábrica todavía funcionaba a pleno rendimiento, con una plantilla de más de 500 personas.
Se desocupó definitivamente en el año 2000 tras la privatización en 1999 de Tabacalera/Altadis y quedó abandonado durante casi una década.

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Fábrica de tabacos. Patio central en 1982.

Presente de la Fábrica

La Antigua Fábrica de Tabacos de la calle Embajadores trás su cese en 2000, la adquirió el Estado y quedó cerrada. En 2004 se anunciaba que para 2008 el Ministerio de Cultura pretendía convertir el edificio en sede de los Museos de Artes Decorativas y de Reproducciones Artística. Sin embargo, en noviembre de 2007 se decidía la creación del Centro Nacional de las Artes Visuales, abandonando el anterior proyecto.
Desde entonces el edificio recobra su estado de abandono y la parte que ya se había reacondicionado se utiliza ocasionalmente, a través del alquiler de las salas, como espacio para exposiciones.

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Fábrica de Tabacos. Fachada principal, 1982.

El Ministerio entrega en 2010 a Colectivos de Lavapiés los espacios habilitados de la Fábrica para dar una respuesta provisional a la demanda social de espacios culturales en el barrio. Las asociaciones que tomaron parte del proyecto informaban desde diferentes webs y blogs de su vieja lucha pidiendo al Ayuntamiento de Madrid y al Ministerio de Cultura que el edificio albergase iniciativas sociales y culturales para los vecinos de Lavapiés. Estos grupos se constituyeron como Red de Colectivos de Lavapiés, autogestionados por medio de asambleas, grupos de trabajo y la elaboración de actividades coordinadas, con una aportación presupuestaria de la que se ocupaba el propio Ministerio a través de la Secretaría General de Bellas Artes  cuya cuantía era en 2010 de 18.000 euros.

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Fábrica de Tabacos. Fachada principal. (Foto: Carlos Viñas, 2014)

A finales de 2011, aún con el Gobierno del PSOE, se renueva el acuerdo por dos años prorrogables con el Centro Social Autogestionado La Tabacalera de Lavapiés (CSA), que administra parte del edificio.
En septiembre de 2012 los colectivos del Centro repiensan el proyecto para corregir algunos problemas de seguridad, drogas y de críticas vecinales por la falta de apertura a todo el barrio.
Ese mismo año se renueva el acuerdo con el antiguo Ministerio que ahora es Secretaría de Estado de Cultura, modificándose el sistema de gestión y con el propósito de dar un nuevo impulso a las actividades culturales del Centro.

En febrero de 2018 el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes firmó un preacuerdo con la Fundación Fontanals-Cisneros para abrir en la segunda planta del complejo de 28.000 metros cuadrados un espacio destinado a la Colección de Arte Contemporáneo de las Américas propiedad de Ella Fontanals-Cisneros, compuesta por unas 700 piezas. Fontanals-Cisneros donaría parte de su colección para la creación del centro, dedicado especialmente al arte latinoamericano, compartiendo espacio en el mismo edificio con el actual CSA La Tabacalera y con una especie de extensión del Museo Nacional Reina Sofía, que situaría allí una residencia de artistas y participando en la programación del espacio, especialmente dedicado al vídeoarte. (Ver El País, 18/03/2018)
Para ello el Ministerio tenía prevista una inversión inicial de 4,7 millones de euros entre 2018 y 2021.

Mercadillo

Mercadillo en La Tabacalera.

Para la CSA La Tabacalera este proyecto supone la amenaza al espacio cultural más grande del barrio de Lavapiés de convertirse en una víctima más de la turistificación que sufren los barrios de la almendra central,  y “rompe con la naturaleza viva de La Tabacalera“, contribuyendo  “a la gentrificación del barrio“.
De momento, el proyecto sigue adelante. Solo falta que se firme el acuerdo definitivo de donación que estipule las condiciones y concrete las obras cedidas. La historia continúa. (Ver El País, 21/06/ 2018)

Referencias.-

Urrutia Núñez, Ángel
Establecimientos tradicionales madrileños. Cuaderno III
Edición Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rodríguez Ibáñez, Margarita
La Cultura Localizada como respuesta social a la Red: El caso de la Fábrica de la Tabacalera en Madrid.
Revista Electrónica de Patrimonio Histórico nº 14, junio 2014

Acerca de la Fábrica de Tabacos de Lavapiés (Blog Urban Idade, 2010)

Dosier CSA-La Tabacalera (PDF)

Tabacalera (Wikipedia)

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Paseo de la Habana, 198_012019

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Paseo de la Habana, 198

El noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, edificio de 1929 protegido y derribado parcialmente el 20 de junio de 2017 por negligencias administrativas ,”resurge de sus cenizas” completamente nuevo. Al menos es lo que se ve desde el portón de acceso a la finca del Paseo de la Habana, 198. En origen, había una doble puerta de forja que en los últimos tiempos se cegó a la vista colocando una cortina de material plástico verde que impedía ver el edificio y los jardines. Y lo que en su interior se hacía con las máquinas: excavadoras y piquetas.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019) Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019
Después de la demolición parcial del convento y de su paralización administrativa, los escombros quedaron amontonados. Cuando se llegó a un acuerdo entre las administraciones (Ayuntamiento de Madrid y Comunidad Autónoma) se recogieron los restos y se dejaron las fachadas afectadas del edificio a la intemperie, sin las cubiertas que lo protegían. El resultado fue el riesgo de ruina total.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019) Infografía Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Invierno de 2019

Ha pasado el húmedo otoño de 2018 y ahora, en este seco invierno de 2019, los paneles que se han colocado en las áreas que permitían atisbar la propiedad desde la calle, nos anuncian a modo de icono el futuro del conjunto.
No hay datos. No hay nombres. No hay cifras. Hasta ahora todo parece ser extraoficial. Aunque su exposición evidencia que se trata del proyecto de la propiedad. Aunque sea solamente una infografía y no exista en este momento más información pública, podemos pensar que el proyecto existe y que tiene el visto bueno de las administraciones.
Infografía Paseo de la Habana, 198. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)  Patios del antiguo noviciado en la Infografía del proyecto “Paseo de la Habana, 198” .(Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Lo que se puede ver en la infografía del proyecto expuesto en el Paseo de la Habana 198, revela que la intervención en el nuevo edificio supone la adaptación de los restos a un nuevo edificio que mantiene parte de las fachadas añadiendo algún nuevo elemento. Tanto la planta como la altura se mantiene idéntica a la la del edificio original.

Respecto a los jardines todavía no hay noticias oficiales que den por cerrado un acuerdo del Ayuntamiento de Madrid con la propiedad. Los propietarios pretendían construir en toda la superficie posible y el Ayuntamiento, atendiendo a las peticiones de los vecinos y de  diferentes colectivos ciudadanos estableció entre las prioridades del futuro de la finca el mantenimiento del espacio verde ajardinado anejo al convento.

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Google Maps, 2016)

Paseo de la Habana, 198. (Foto: Google Maps, 2016)

Respetar los jardines en beneficio del bien común ciudadano podría costarle al Ayuntamiento 40 millones de euros que irían a parar a los bolsillos de los dueños de la propiedad.

Estos desmanes o desórdenes económicos que comunmente se repiten responden al desatino constante que las diferentes administraciones municipales dejan en herencia en forma de resoluciones o acuerdos pactados informalmente, luego formalizados y casi nunca fiscalizados por los equipos municipales que se incorporan en las nuevas legislaturas.

De momento, el espacio del noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón y su entorno no desaparece.

Damas Apostólicas del Sagrado Corazón (Foto: Carlos R. Z, 2015)

Damas Apostólicas del Sagrado Corazón (Foto: Carlos R. Z, 2015)

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Fontanería Urban IdadeBB

Mi abuelo tenía un negocio viejo en el que vendía llaves, grifos, racors, codos, empalmes y tuberías de todo tipo desde mucho antes del siglo XXI. También vendía gutapercha, enchufes e interruptores y cables de cobre ; y pez y minio en botes negros, y para sellar las tuberías de plomo estopa de cáñamo enrollable. Y más cosas. Todo un negocio viejo, rentable antes del siglo XXI.

En el número 46 de la calle del Ventisco de la capital se estableció en 1927 mi abuelo, el fundador del negocio. Lo llamó Urban Idade porque le gustó el regusto arcaico del nombre y porque le pareció que le daba empaque un letrero que sonaba a latín.

En España, en el siglo pasado -tal vez hoy también- se vivía muy atento a la imagen que sugería el siempre contundente cartelón de un comercio, cuyos matices aseguraban calidad y buen servicio. En realidad, Urban Idade nunca fue una empresa pionera; siempre fue un pequeño comercio familiar con poca proyección.

La fontanería se llamó Urban Idade, en castellano, aunque sonara a latín. Un nombre imposible para una fontanería que pretendía ser universal en una ciudad como la nuestra, que siendo la capital, era como un pueblo grande sin pretensiones. Por eso, el tiempo impuso la razón del idioma o el idioma impuso su razón en el tiempo y el viejo negocio imposible de fontanería de mi abuelo tuvo que reconvertirse en blog universal sobre  las redes urbanas, algo parecido a la fontanería; y también dificil de leer: URBAN IDADE.

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Fuente de agua potable, avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

De cuando en Madrid el agua se distribuía por viajes y traidas, y de las fuentes públicas brotaba el agua por varios caños sin parar porque era la única agua a la que tenían acceso la mayor parte de los habitantes, las fuentes de agua potable repartidas por todo lugar han sido una de las regalías más aclamadas por los madrileños. Pero como todo cambia y, en general mejora, aunque las fuentes siguen siendo necesarias, han dejado de ser imprescindibles. Todavía quedan unas cuantas superviviente; alguna casi histórica.

Una fuente de 1940

Al menos desde 1940 la fuente pública de la avenida de Alfonso XIII surte de agua al ciudadano sediento de Madrid. No sabemos si la fecha que aparece en su frente responde a su fábrica primera o se trata de la adaptación a una fuente primitiva, ya que este modelo de surtidores existía en Madrid desde el último tercio del siglo XIX.
Durante más de tres cuartos de siglo, la fuente mantuvo su aspecto limpio. A pesar de las huellas del tiempo, inevitables.
Del caño antiguo de hierro con chorro continuo se pasó al grifo de latón de cierre automático que, en los últimos tiempos se sustituyó por otro cromado también automático, más moderno, aunque, tal vez más apropiado para surtidores domésticos o baños públicos, y no para esta fuente añeja.

Madrid sin fuentes de agua potable

Hay que recordar que en Madrid las políticas municipales de los últimos diez años eliminaron más de la mitad de las fuentes públicas que había. En los ochenta del siglo XX Madrid contaba con 4.000 fuentes públicas, en 2012, cuando sólo quedaban 1.843, todavía se seguían eliminando, algunas de gran valor histórico. De éstas, solo funcionaban dos tercios, unas 1.200, el resto estaban inservibles o se habían cegado.

FUENTE TIPO

El tipo de fuente de la foto, antaño era muy común en Madrid. En realidad, el modelo proviene de un diseño del último tercio del siglo XIX. La fuente de la foto está completa, tal como se conservaba en los años 40-50 del siglo XX. Si nos fijamos en el centro, de donde sale el caño se ve una cabeza de león, característica de estas fuentes públicas.

Recuperación de la fuente de Alfonso XIII

En 2015-17 el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperar o arreglar algunas fuentes de las que todavía se conservaban en la ciudad, y en el caso de la de Alfonso XIII limpió y restauró el armazón de hierro y el vaso de granito, de manera que su aspecto quedo bastante renovado.

Pero la alegría duró poco…

Pero la alegría duró poco… En efecto. Lo que el tiempo no había logrado degradar con su inexorable paso lo ha conseguido en pocos segundos la inconsecuente acción de un aprendiz de grafitero. Sin duda, alguien con escasa cultura y nula capacidad artística.
Se diría que el pintor o pintora de brocha gorda autor del desatino se encontraba expectante desde hace 78 años esperando el momento en que se renovase la fuente para pintarrajearla de mala manera con el color más chillón que pudo encontrar.

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En esta fuente, para estar completa se echa de menos una cabeza de león en el frente del caño que iba atornillada con dos vástagos por detrás. A medida que se abandonaron y se condenaron las fuentes públicas, los rateros fueron robando los elementos decorativos y más adelante los grifos. Hasta que también las autoridades municipales eliminaron las propias fuentes. Al expolio delincuencial hubo que añadir el institucional, que llegó a ser incluso el más flagrante. Después de la restauración, la sorpresa la da un aprendiz de grafitero insensato, tal vez un imbecil, que pinta de amarillo la recién arreglada fuente. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

La desafortunada pintada pretende llamar la atención de forma ridícula con las siglas YKS (Ya de la Kro Soir-ce) pertenecientes a una firma reconocida del arte urbano -grafiti- parisino. Parece evidente que tanto la actitud como la ejecución de las pintadas son el producto infantiloide de un aprendiz de grafitero insensato y sin talento.

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El amarillo trabajo de un imbecil en la fuente arreglada de la avenida de Alfonso XIII. (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Aunque este asunto de las pintadas en elementos urbanos con valor histórico pueda parecer anecdótico no es la primera vez que lo trato en el blog.

Otro caso en la Casa de Campo

Hace diez años, hablando del Puente de la Culebra de la Casa de Campo, referí un caso similar. Este puente del  siglo XVIII que salva el otrora grande Meaques, pero hoy uno de los cada vez más minúsculos arroyos que discurren por la Casa de Campo de Madrid, se restauró en 2007, asentando y limpiando ladrillo y piedra. En 2008 ya había pintadas en los pretiles, tanto en el exterior como en el interior. Entonces comente: “La mano inquieta del autor o autores -autora o autoras-,  debe de responder a un cerebro privilegiado“, pués dejaba una impronta que ni el paso del tiempo dejó. A falta de una manera peor de desperdiciar el tiempo, el espray del artista nos regalaba con su creación en el recién restaurado puente. “Habría que felicitarle” -pensé-. “A él y a sus progenitores, por tan hermosa dádiva a la humanidad“. Otro grafitero insensato. O grafitera, perdón…
Hoy sigo pensando lo mismo.

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Casa Pajuelo, Atocha 95 (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

Casa Pajuelo, Atocha 95 (Foto: Enrique F. Rojo, 2018)

“Pequeñeces importantes” (III)

“Pequeñeces importantes”. Según la RAE, pequeñeces son : “cosas de poco momento y de leve importancia“, pero si llegan a ser importantes son : “convenientes o interesantes, o de mucha entidad o consecuencia“.

Casa Pajuelo

Subiendo por Atocha hacia el barrio de las Letras hay un comercio abierto en 1946 especializado en productos apícolas: la miel y sus derivados. Es Casa Pajuelo (Atocha, 95) donde venden todo tipo de mieles en sus variedades de acacia, espliego, tomillo, brezo, cantueso y azahar, entre otras. Venden también caramelos, legumbres, semillas  y artículos para la matanza: tripa natural o artificial  para embuchar chorizos y todo tipo de embutido, cordeles para atarlos y sazonadores como salchichonal, chorizol o butifarrol.

Casa Pajuelo Interior

Casa Pajuelo (Atocha, 95), interior de la tienda (Foto: , 2015)

Butifarrol

Preparado de “Matanza” para elaborar butifarra de la casa RUCA de Granada que se puede encontrar en Casa Pajuelo.

¿De cuánto tiempo contamos para que este tipo de negocios deje de formar parte del paisaje madrileño? Es la pregunta que angustia a los propietarios, a los comprometidos clientes y también a los observadores, escritores, escribidores blogueros, periodistas entusiastas, historiadores y a toda la ralea de pensadores urbanos que sufren viendo el panorama.
Desconocemos el futuro, pero lo auguramos funesto. Si alguien tiene el remedio, que lo diga.

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Lewis Mamford libro
En 1938 la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje de ocho páginas titulado Metropolis. Lewis Mumdford´s book scraps today’s city, plans a new and saner U.S.
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e trata de un resumen comentado del libro del sociólogo y urbanista  Lewis Mumford The Culture of Cities, “La cultura de las ciudades, publicado por vez primera por la editorial Harcourt el 14 de abril de 1938, donde el autor repasa la evolución de la ciudad.

LEWIS MUMFORDMr

Lewis Mumford

Lewis Mumford (1895-1990)

En 1938 Lewis Mumford era un intelectual norteamericano que rozaba la cincuentena. Sus reflexiones filosóficas ligadas a la sociologia y al urbanismo le habían granjeado una posición de prestigio en el Olimpo internacional de los pensadores. Como crítico de arquitectura y urbanismo ya había escrito numerosos libros y artículos; La historia de las utopías, de 1922 y Sticks and Stones, de 1924 le dieron fama inmediata en la generación coetánea de los arquitectos europeos revolucionarios (Gropius, Mendelsohn, etc).

La cultura de las ciudades (1938)

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Revista LIFE. Número del 23 de mayo de 1938 donde se publico el reportaje “Metropolis” sobre Mumford.

El libro de Mumford, La cultura de las ciudades, analiza los orígenes de la ciudad y la civilización moderna indicando lo que consideraba errores y proponiendo alternativas. Este planteamiento lo retomaría, mucho más desarrollado, en su obra posterior, de 1961,  La ciudad y la historia. En este otro libro, considerado su trabajo más importante, se expone desde una interpretación global el origen y la naturaleza histórica de la ciudad, explicando los procesos urbanos y el desarrollo de la urbanización.
Mumford no aceptaba que el destino de la ciudad fuera el caos urbano que se vivía, la expansión descontrolada de los suburbios y la desintegración social, sino -según esboza en el libro- que éste se debía a un orden (debía ser objeto de un orden…)  que integrase las instalaciones (construcciones) técnicas -arquitectónicas e industriales- con las necesidades biológicas y las normas sociales.

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El precio de la densidad en la construcción: hacinamiento y suciedad; a pesar de la buena voluntad de los moradores que hacían la colada, como se ve en la foto. La altísima densidad de las viviendas a principios del siglo XX generó importantes problemas de salud pública. Nueva York, 1900. (Foto: Archivo Shorpy)

En el primer tercio del siglo XX en Norteamérica había una necesidad urgente acumulada de construir casas baratas para alojar a las corrientes migratorias que acudían sin parar a las ciudades. Esta necesidad se resolvió con la participación de los inversores privados y de la administración pública a través de programas de subvenciones, en una combinación que supuso, hasta 1938 -fecha de la publicación del artículo de LIFE– el mayor “boom” urbanístico conocido.

Naerden

Plano antiguo de la ciudad fortificada de Naarden, en Holanda. “Nadie gana a los holandeses en la construcción de ciudades“, afirmaba Lewis Mumford. Esta urbe del siglo XVI representa para Mumford el paradigma de la ciudad ordenada con zonas verdes, en contraposición con el abigarramiento caótico de la ciudad industrial moderna de principios del XX.

En el año 1938 en Estados Unidos la Metropolitan Life Insurance invertía 35 millones de dolares para la construcción de casas baratas para alojar a 50.000 personas en Bronx y en New York City. Ese mismo año la U.S. Housing Administration aportaba 255 millones de dólares para subvencionar los realojos. Suma que se añadía a las desorbitadas partidas que formaban parte de los presupuestos para realojar a los más de diez millones de personas que vivían en infraviviendas en los suburbios.
El auge inmobiliario que cambió el aspecto de las ciudades al inicio del siglo XX modicó la arquitectura pero también la base social. El auge del pasado dejó como herencia el horror urbano del presente.

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1938, la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje titulado “Metropolis”, sobre el libro del sociólogo y urbanista Lewis Mumdford La cultura de las ciudades. La imagen muestra una página del reportaje. Mumford califica las realizaciones urbanísticas  históricas  y las fotos de arriba ilustran ejemplos de lo que éste consideraba como malas (BAD) prácticas.  Arriba del todo: viviendas unifamiliares del barrio periférico de Jamaica en Long Island en Nueva York, en 1938. Para el autor, se trata de polígonos residenciales que derrochan recursos excesivos en viales de comunicación y que carecen de espacios de esparcimiento. En medio: un barrio de Inglaterra, Preston, una ciudad situada en el condado de Lancashire en Manchester, dedicada a la manufactura de textil del algodón. La estructura urbana monótona se alineaba con el objeto del trabajo obrero que eran las fábricas colindantes. Era tanta la opresión,  que como broma se decía en la época: “Drink is the quickest way of getting out of Manchester“. La foto de abajo: Manhattan, Nueva York. Decía Mumford en el libro, que a pesar del fragor de la actividad y de las luces nocturnas de Manhattan que dibujaban una imagen esplendorosa, la urbe alojaba a una población que habitaba a duras penas, en condiciones de salubridad y bienestar deplorables, comparables a las de las zonas rurales más depauperadas de EE.UU. (Foto: LIFE, 1938)

La evolución de la ciudad

Para Mumford la evolución de la ciudad del siglo XVI (Amberes, como modelo…) y de la ciudad racionalista posterior, derivó en los siguientes siglos en la urbe industrializada rodeada de suburbios en los siglos XIX y XX, siempre escasa de alojamientos, con barrios hacinados, mal construidos y con pésimos servicios. La superciudad (megalópolis)  dejaba de lado a las periferias superpobladas.

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Grabado antiguo de la Plaza Mayor o Plaza del Mercado (Grote Markt) de Amberes, Bélgica.

Dice Mumford en el libro, que el esporádico resplandor de las celebraciones en la plaza del mercado de Amberes en el siglo XVI había degenerado en la deslumbrante metralleta de ocio y espectáculo de Broadway en Manhattan; y  los suburbios del siglo XIX se habían sustituido simplemente por suburbios del siglo XX.

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Vista aérea oblicua de la isla de Manhattan (Nueva York) en 1933. (Foto: Archivo Shorpy)

Lewis Mumford pone de ejemplo en su libro Metropolis el crecimento incontrolado de la isla de Manhattan en Nueva York que desde 1910 inició un ascenso enorme que se detuvo y descendió a partir de la década de los años 30 del siglo XX, en parte porque la población se disgregó ocupando nuevas zonas del extrarradio y también por los controles de inmigración y de natalidad que redujeron la tendencia.

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Foto aérea de la fábrica de cerámicas Spode en Stoke-on-Trent (Inglaterra), en 1927. Los hornos de la factoría se alternaban con las viviendas de los obreros, conviviendo con los residuos de la combustión que contaminaban el ambiente. Se trata de una forma de urbanización deficiente e insalubre habitual en el ciudades industriales de finales del siglo XIX y principios  del XX. Para Mumford es un ejemplo de lo que se debe considerar una mala planificación.

New Hall Lane Mill Complex, Preston

Otro ejemplo de diseño deficiente de la ciudad. Complejos textiles de New Hall Lane en Preston (Inglaterra). Fábricas y depósitos de gas junto con los grupos interminables de casas obreras. Solamente fabricas y casas, sin espacios para solazarse y distancias infinitas para acceder a los servicios.

En Manhattan, el aumento en la construcción de rascacielos incrementó la densidad poblacional, los problemas de tráfico y la sobrevaloración de las viviendas. La mayor y más atractiva oferta se producía en las nuevas periferias. Estos modelos podían ser del todo inadecuados, hasta de lo más interesante, como las PWA Harlem Houses, que ejemplizaron cómo hacer un tipo de viviendas, que sin estar en el campo, gozaban de los beneficios del entorno rural.

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Radburn, New Jersey (EE.UU.), 1928. Un ejemplo interesante de planificación urbana eficiente. En plena expansión de la cultura del automovil, en esta pequeña urbe se proyecta la separación radical del espacio peatonal respecto al rodado, agrupando al primero en un tranquilo conjunto de callejones en los que se encuentran las manzanas de viviendas, formando una unidad completa con parque, piscina y escuela, y con zona verde en torno a los bloques.

Concluye Mumford su libro afirmando que las ciudades históricamente propiciadas por el feudalismo, las monarquías y el capitalismo se han concebido, no como espacios para vivir de acuerdo a planes racionales, sino como recursos temporales. La culminación de esta tendencia es la metrópolis sobredimensionada , la superciudad, que ha de acabar muriendo por cansancio o demolida por su insalubridad y liberada del hacinamiento.

Referencias.-

Lewis Mumford (Wikipedia)

Lewis Mumford and the Ecological Region: The Politics of Planning
Escrito por Mark Luccarelli

The Culture of Cities
Escrito por Lewis Mumford

Lewis Mumford, el último humanista (El Diario,21/05/2015)

A Brief Biography of Lewis Mumford (1895-1990)/ Eugene Halton

Lewis Mumford: “La ciudad en la historia” (“Urbanismo, Territorio y Paisaje”, Blog de José Fariña)

Hanley Canal Quarter Masterplan, Stoke-on-Trent (ERZ Proyects)

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Casa Vega 2018-small

Casa Vegana, calle de Toledo 57. (Foto Enrique F. Rojo, 2018)

“Pequeñeces importantes” (II)

Según la RAE, pequeñeces son : “cosas de poco momento y de leve importancia“, pero llegan a ser importantes si son : “convenientes o interesantes, o de mucha entidad o consecuencia“.

Casa Vega, cordelería

En 1860 Mariano de la Vega abrió un negocio de venta de cencerros, aperos de labranza y productos de jalmería, Casa Vega, en la calle de Toledo 57 (Madrid). Ahora sus herederos venden todo tipo de cordelería ( algodón, cáñamo, lino, sisal, nylon, cuero y yute), botas de vino, correas, látigos -guarnicionería en general-, collares, campanas, cascabeles, mochilas de caza, bastones, zurrones.., y alpargatas.

La alpargata desde hace más o menos una década es el producto estrella en los veranos de la cordelería. Un calzado humilde y de origen rural que cada verano se pone de moda con su multicolor variedad. Frescas, cómodas, combinables tanto de día como de noche; planas o de tacón, se adaptan cada temporada a lo que marquen las tendencias…

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Casa Vega, tarjeta publicitaria.

Referencias.-

La peculiar tienda donde se encuentra todo tipo de artículos para ganaderos, agricultores y pastores (ABC, 16/07/2017)

Cordelerías (Blog Urban Idade, 2008)

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La luz de los fluorescentes

“En la casa de mi amiga todas las habitaciones tenían tubos fluorescentes y había mucha luz; pero la luz era triste. En el salón había una vitrina iluminada, con escopetas de cartuchos y de perdigones y también había un Winchester americano, como el de las películas de indios y vaqueros de John Wayne, que disparaba balas de verdad;  y al lado, la televisión, grande, siempre encendida a todo volumen; había muchos muebles diferentes en el salón, y en toda la casa. Y, a veces, había mucha gente y un perro hiperactivo medio tonto que no sabía cazar y no paraba de ladrar; y una abuela manchega bonachona y achacosa que se quejaba mucho a la que no dejaban de reñir. Pero, aunque había mucha luz y mucha gente y mucho ruido, la casa era triste. Y la gente también era triste”. (E.R.E. memorias apócrifas)

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En la casa de mi amiga sólo me calmaba la quietud de la cocina que iluminaban unos fluorescentes, mezclando su claridad tenue con los rayos de sol que se colaban por el patio de luces. En la nevera siempre había tetrabricks de vino tinto del malo y yo me aficioné a su sabor fresquito. Así que un día, reflexionando delante del fregadero en la iluminada cocina, mirando al techo, me di cuenta de que me gustaban mucho las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes con ventanas por las que entra el sol tenuemente.” (E.R.E. memorias apócrifas)

Me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…

“Creo que me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…  Me parece una luz rigurosa para el trabajo minucioso. Una cascada lumínica, una “bañera” de claridad para poder ver el detalle que acompaña el conjunto del entorno donde encontrar los utensilios e ingredientes necesarios para la tarea diaria. Cuando esa luz se integra con otras luces matizadoras más cálidas como la luz del sol, u otras artificiales que reproducen su naturaleza, el conjunto es armónico y genera sensación de paz. Y facilita el trabajo…” (E.R.E. memorias apócrifas)

Cocina restaurante tubos

 Cocina industrial iluminada con fluorescentes. Cuando la luz es abundante y de calidad el ambiente es armónico. Cuando la calidad de la luz y su cantidad es pobre la salud puede quedar afectada.

Mala luz: desorientación, falta concentración…mala leche

En casa de mi amiga no sabían que la luz artificial mala, de mala calidad -igual que el colesterol malo- influye negativamente en la salud. También en el rendimiento intelectual; y que cuando es insuficiente y la calidad es mala, muy mala, puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, inapetencia sexual, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, y mala leche…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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Taller de coches iluminado con tubos fluorescentes.

Alguna vez he visto…

Alguna vez he visto como se trabajaba en algún taller de chapistería y pintura, en cocinas de restaurantes, en talleres de mármol, operando solamente con luz de tubos fluorescentes y he pensado: “¡cuánta pobreza!”; “cuánta mala leche lumínica se respira”. He pensado en los trabajadores por las condiciones infra-lumínicas en las que trabajan: “qué pena de luz”; “cuánta tristeza”, me he dicho. Además de ser fluorescente, la luz en aquellos lugares era poca y la atmósfera de los locales muy triste. La calidad de la luz y su cantidad nos afectan a niveles neurológicos y fisiológicos y, sobre todo, causan desánimo y tristeza. Falta de motivación y mala leche.

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Restaurante popular de la costa mediterránea iluminado con fríos tubos fluorescentes.

…y no me gusta la luz de los fluorescentes…

Me he dado cuenta de que solo me gusta la luz de los fluorescentes en la cocina de casa. Pero no en la cocina de los restaurantes, porque por lo poco que he visto puede ser escasa, como el espacio mínimo en el que se trabaja, como escaso el aire que se respira.

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Bar castizo de Madrid iluminado por fluorescentes.

… en un bar o en un restaurante, por ejemplo

Alguna vez he estado en un bar iluminado con tubos fluorescente y me ha disgustado. Luz demasiado blanca, anodina, insustancial y fastidiosa.
No me gusta la luz de los tubos fluorescentes en los bares. Menos aún en los restaurantes. Me parece la luz ideal para estropear cualquier momento que aspire a ser agradable. Vilipendia un buen filete o una buena ensalada. O un buen postre. Es desconcertante para el ocio. Es una luz que no motiva; es aburrida y triste. En un restaurante, el fluorescente resulta ofensivo para el comensal que quiera disfrutar del acto íntimo y feliz de comer con gozo y sin dispersión en un ambiente relajado.

La luz blanca del fluorescente asusta a los posibles parroquianos de cualquier templo del yantar. Vale para echar la partida de cartas o de dominó. Hasta para sorber el chupito rápido te conduce por sus efluvios alcohólicos a cualquier edén . Sólo los desprevenidos se engañan ante esta luz. El fluorescente es todo un despropósito… ¡Nunca más tubos fluorescentes en el comedor de un restaurante!

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Antiguo bar del amigo de mi amiga, ya desmantelado. Los fluorescentes del techo no se ven, pero ahí estaban.

El bar del amigo de mi amiga

Un amigo de mi amiga tenía un bar y se empecinaba en mantener las luces fluorescentes blancas en el techo. Por baratura, principalmente. Era un bar de pueblo. Según Wikipedia, un pueblo de  13.110 hab. en 2017. Así que un pueblo grande.
El bar era sencillo, de unos 70 m2, con una barra simple, las paredes tapizadas a media altura con listones semicirculares de pino machimbrados con un barniz oscuro y envejecido o avejentado por los años; el resto estaba pintado en un ocre agradable y poco más. El suelo era de terrazo rojizo gastado y las sillas y las mesas eran también de pino barnizado. El bar era normal y casi acogedor. Pero la luz clara de los fluorescentes blanquecinos nunca me gustó. Tampoco en la cocina, que era muy pequeña.

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Este local se parece mucho al antiguo bar del amigo de mi amiga. A lo mejor es el mismo después de una reforma importante, con otra iluminación; casi seguro.

Creo que las tapas que ponía el amigo de mi amiga, con todo su esfuerzo por agradar, se desvanecían a diario en la nada a causa de la anodina luz del bar. Aunque le hablé del tema,  no me entendió y tampoco me atendió. Como no soy su amigo, solo soy el amigo de su amiga, no quise insistir. Al final, el bar tuvo que cerrar porque no tenía clientes. Los que tenía eran viejos parroquianos de chateo barato que bebían mucho, veían poco y nada sabían de luces. Y el amigo de mi amiga se fue al paro.
Ahora trabaja de camarero en un bar-restaurante muy cerca de su antiguo negocio. El dueño es un empresario avisado, más que “prudente, discreto o sagaz”,  que se ha adaptado, antes que tarde, a las modas que vienen o que ya están. Tiene un local cómodo para la clientela, que despacha todo lo que ahora se busca en un bar moderno y está mucho mejor iluminado que los clásicos del pueblo, sin luz blanca. Han desaparecido los fluorescentes. Los ha cambiado por modernos LEDs de tonos cálidos. Sin duda, se ha dejado asesorar.

Conclusión

Mi amiga hace tiempo que vive en una casa con tubos fluorescentes solo en la cocina, y los quiere quitar. En un arresto de modernización, en las demás habitaciones de su casa ha sustituido las antiguas bombillas y ahora todo lo ilumina la tecnología LED.
A mí, los fluorescentes siguen gustándome y disgustándome en la medida ya declarada. La mayoría vamos diciendo adiós, sin conmiseración, al neón de los fríos fluorescentes en el conjunto de los espacios públicos. Y también en las cocinas. El sentir popular se vuelca a favor de las nuevas tecnologías de la luz. En este asunto hay que ser popular o popularista, que es lo mismo, y mirar a lo práctico. Viva la revolución lumínica. ¡Viva el led! O lo que venga…, que la luz va a toda velocidad.

Referencias.-

Luminaria fluorescente (Wikipedia)

Efectos de la luz artificial sobre la salud (WEB Green Facts)

Iluminación fluorescente y salud (Informe Greenpeace)

Textos Urban Idade (E.R.E. Memorias apócrifas 2007-2018 )

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