“Lagasca 99”, orígenes del alquiler más caro de Madrid

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Promoción Lagasca 99. (Foto: Grupo LAR)

«Lagasca 99″, una promoción de viviendas exclusivas para multimillonarios, situada entre las calles de Juan Bravo, Maldonado y Lagasca en pleno barrio de Salamanca de Madrid, ofertaba en 2017 al mercado internacional 44 propiedades que comenzaron a entregarse a partir de diciembre de 2018.

Según una información publicada por el diario El País, más de la mitad de los compradores de la promoción «Lagasca 99», procede de América, entre mexicanos, estadounidenses, venezolanos y colombianos. Hay un propietario procedente de Perú y también algunos españoles. Lo sorprendente de esta internacional nómina, es que buena parte de estos supermillonarios están vinculados a capitales opacos o sospechosos de serlo, que por la compra de las propiedades ven favorecidos sus intereses financieros. La otra mitad de las viviendas pertenecen a empresas, la mayor parte empresas pantalla , de cuyos propietarios nada se sabe. (Ver Anatomía de Lagasca 99: ricos latinoamericanos, sociedades opacas y el alquiler más caro de Madrid. El País, 22 de octubre de 2021)

Pero antes de que este edificio albergase el apartamento de alquiler más caro de Madrid, hubo otra construcción que languideció abandonada durante años a la espera de que se produjera el pelotazo.

Antiguo edificio de oficinas

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Lagasca con Maldonado. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Para quien haya pasado por delante de este edificio alguna vez antes de su demolición es posible que lo recuerde. No por su especial factura o por su destacable belleza, pues más bien, si por algo destacaba era por su aspecto anodino: una típica construcción de oficinas y apartamentos de finales de los años setenta de siglo pasado. Llamaba la atención al viandante precisamente porque el bloque, que ocupaba media manzana, se encontraba cerrado y vacío desde hacía lustros, presagiando un inminente derribo.

En 2011 el edificio comenzó a demolerse por métodos mecánicos y con gran sigilo.

Lagasca con Maldonado, 2010.
El bloque tenía entrada por las calles Juan Bravo, Lagasca y Maldonado, en el corazón del conocido y cotizado barrio de Salamanca. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Lo curioso del caso es que el derribo respondía en su momento a un pomposo proyecto de viviendas exclusivas para millonarios de los que acostumbran a tener propiedades repartidas por las capitales del mundo en las que la inversión inmobiliaria constituye un buen negocio.

Según contaban en 2011 algunos medios especializados en cuestiones inmobiliarias, el edificio que se levantase albergaría los pisos más caros y lujosos de Madrid. Entendiendo por lujo todo aquello que a un millonario se le pueda antojar, por muy extravagante que resulte, sabiendo que, por definición, los millonarios son todos antojadizos y exigentes.

Imágenes de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011.
Imagen de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Historia del proyecto

La historia de este proyecto de lujo asiático es la que sigue: En 2007 la inmobiliaria Eurosazor compró por 131 millones de euros los dos edificios contiguos y gemelos, conocidos como Juan Bravo 3B y 3C. Primero compró a Repsol en 2007 el número 3B por 65 millones (un total de 8.300 metros cuadrados de superficie y 90 plazas de aparcamiento). Ese mismo año, pero algo después, adquirió a Mutua Madrileña el número 3C, por 66 millones de euros.

El proyecto se encargó al estudio del arquitecto Rafael de La Hoz, autor de la sede de Telefónica en Las Tablas (Madrid), pero la «crisis del ladrillo» hizo que todo quedara suspendido hasta 2010, fecha en la que se retomó y se hicieron efectivas las gestiones de derribo y los permisos correspondientes. Para ello Eurosazor había constituido en diciembre de 2006 la sociedad Inmobiliaria Juan Bravo 3 (con el 50% del capital) para gestionar el proyecto. El inmueble cursó la apertura de expediente para el cambio de uso y demolición en Gerencia de urbanismo de Madrid con fecha de 27 de julio de 2011.
En los números 3B y 3C de Juan Bravo, se construirán 60 pisos inspirados, al menos en cuanto a su componente de exclusividad, en el complejo londinense One Hyde Park, y en la torre Chateau Libertador, de Buenos Aires. Para la comercialización de la multimillonaria promoción, que funcionará en régimen de propiedad de condominio, la empresa Gilmar Consulting Inmobiliario también participa en la sociedad. Según el proyecto original, las viviendas, muchas de las cuales ya estaban vendidas en 2011, tendrían de dos a cuatro dormitorios y una superficie mínima de 150 metros cuadrados útiles y zona de servicio, y se venderían a partir de 2,5 millones de euros. Es decir, a más de 16.000 euros el m2. La superficie total del proyecto sería de 19.400 m2. (Ver Expansión, 08/06/2011)

Viviendas de la promoción Lagasca 99, según el primer proyecto de Rafael de la Hoz.
Infografía de las viviendas de la promoción Lagasca 99, según el primer proyecto de Rafael de la Hoz

Paralización de las obras y nuevo proyecto, aún más ambicioso en 2015

Las obras de Juan Bravo Plaza (Juan Bravo 3), aunque arrancaron a finales de 2011, se detuvieron a mediados de 2012.
Eurosazor Activos SL (Inmobiliaria Juan Bravo 3) de la familia Ortiz, solicitó el concurso voluntario de acreedores el 6 de mayo de 2013 ante el Juzgado Mercantil número 5 de Madrid. (Ver El Mundo, 27/05/2013)
La construcción del proyecto se retomó en 2015 por Lar España y Pimco, aunque con numerosas variaciones. El nuevo edificio, con una superficie de 26.203 metros cuadrados construidos y rediseñado por Rafael de la Hoz, ahora albergaría 44 viviendas, 16 menos que las planeadas por Eurosazor. Distribuidas en ocho plantas y cinco diferentes tipologías y con una superficie que oscilaba entre los 330 y los 700 metros cuadrados, el precio medio de estas viviendas ascendería a 4,8 millones de euros. (Ver Expansión, 06/04/2017)

Según Colliers International Spain, la empresa que llevaba a cabo la comercialización del proyecto, «la promoción ha suscitado un amplio interés tanto a nivel nacional como internacional debido a sus especiales características». Hasta la fecha, más de la mitad de los propietarios de las viviendas son clientes internacionales, fundamentalmente estadounidenses, venezolanos, mexicanos y colombianos.

En 2017, esta promoción de lujo ya se había convertido en el proyecto más caro de Madrid tras vender un piso de 700 metros cuadrados por la friolera de 14 millones de euros. (Ver Libre Mercado, 15/04/2017)

Promoción Lagasca 99
Promoción Lagasca 99. Infografía del segundo proyecto con vista de la fachada de la calle Lagasca (Imagen: Lagasca 99)
Complejo de viviendas
Estado de construcción del complejo de viviendas «Lagasca 99». desde Juan Bravo con Claudio Coello, en septiembre de 2017. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017).

Referencias.-

Peinado, Fernando; Blanco, Patricia R; Grasso, Daniele
Anatomía de Lagasca 99: ricos latinoamericanos, sociedades opacas y el alquiler más caro de Madrid. (El País, 22 de octubre de 2021

Colegio «Ateneo Politécnico» de Madrid (1927-1977)

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«Ateneo Politécnico», colegio de barrio

El «Ateneo Politécnico» era un colegio de barrio. Estaba en el barrio madrileño de la Prosperidad. Se fundó en 1927 y su responsable fue Juan Marciano Barbero Matos, profesor de Geografía e Historia de Enseñanza Media de Instituto Nacional. El Ateneo  ocupaba la manzana de las calles Suero de Quiñones,  Luis Vives, Vinaroz y  Pechuán.

Pasado medio siglo el proyecto de su escuela se convirtió en quimera y la ilusión quedó enterrada. En 1977, su desalojo y derribo supuso el final de un símbolo para la Prosperidad. Su nombre todavía resuena en el barrio.

El colegio, que abrió en 1927 en un bajo de la actual plaza del Sagrado Corazón (entonces Plaza Moret),  se instaló en 1931 en una antigua finca de finales del siglo XIX  «Villa Elena», que perteneció a los Duques de Sevilla, con amplio terreno y un hotelito de ladrillo y estilo neomudéjar situado en un extremo, de dos alturas, semisótano, mirador, numerosos balcones y una buhardilla en el remate de las cubiertas. También había añadidas algunas construcciones  auxiliares y posteriormente, en la década de los sesenta, se construyó un módulo nuevo en forma de ele y tres alturas cuyo diseño era estrictamente escolar con entrada por la calle de Vinaroz 11.

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Fachada posterior de «Villa Elena» , hotel en que se estableció el Colegio Ateneo Politécnico en 1931. Había Sección masculina, con entrada por Suero de Quiñones, 14 ; y Sección femenina, con entrada por Suero de Quiñones, 8. A la derecha, la «casa grande» de la plaza Moret, actual plaza del Sagrado Corazón de Jesús. (Foto cedida por J.M. Beneyto, c. 1976)

Juan Marciano Barbero Matos, el fundador

Juan Marciano Barbero Matos  nacido en Medina del Campo en el año 1897 era licenciado en Filosofía y Letras y fue profesor de Geografía e Historia de instituto, puesto del que solicitó excedencia. Fue excedente voluntario desde 1946 hasta, al menos, 1956.

Hasta 1927 trabajó de Oficial de Correos en Valladolid, fecha en la que abrió el colegio del barrio de la Prosperidad. Con el tiempo también fue profesor del Colegio de Huérfanos de Correos y catedrático de Geografía e Historia del Instituto Lope de Vega de Madrid. En ese mismo 1927 ingresó en la Sociedad Geográfica Nacional.

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Situación del Colegio Ateneo Politécnico montado sobre una imagen aérea actual. (Mapa, Google Maps, 2020)

Su caracter aperturista, favorable a la innovación o a la transigencia ideológica, política, religiosa, tal como define el diccionario de la RAE al aperturismo, motivó que después de la sublevación militar de 1936 fuera sancionado por el nuevo gobierno, impidiéndole impartir su magisterio en ningún centro público. Tal separación se hacía cuando las autoridades recelaban de la posible influencia ideológica que el maestro pudiera ejercer sobre los alumnos o bien a causa de su metodología educativa. La inhabilitación podia ser parcial, temporal o total. Para el profesor Juan Marciano Barbero Matos la sanción, según se desprende de su trayectoria, parece que fue temporal, a pesar de haberse significado a favor de las clases populares. Es probable que por causa de esta separación obligada J. Marciano Barbero se dedicara con especial empeño a su escuela.

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Ateneo Politécnico, en 1976. (Foto cedida por J.M. Beneyto)

En una nota publicada en agosto de 1936, ya iniciada la guerra civil, J. Marciano Barbero Matos dirigía una carta al director general de Primera Enseñanza, en la que le decía que tras la sorpresa de la sedición militar ofrecía el colegio para instalar en él una guardería infantil para hijos de milicianos, de la que él se haría cargo para que pudieran desde ese momento inscribirse los niños hijos de milicianos de uno y otro sexo. ( Ver El Liberal, 6 de agosto de 1936. Pág. 14)

Cancha del Estudiantes

El Colegio «Ateneo Politécnico» contaba a finales de los años 40 con dos canchas de baloncesto con dimensiones profesionales reglamentarias. En el periodo de 1948-49 el colegio prestó sus instalaciones  a un equipo de  Segunda Regional de Madrid de la Federación Castellana para que entrenase y jugara sus partidos locales. El equipo, procedente del Instituto «Ramiro de Maeztu«, a falta de un campo reglamentario para jugar la liga se inscribió con el nombre de «Estudiantes» y allí jugó su primera temporada con ese nombre. (VER  Segunda Regional de Madrid. 4º.)

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Alumnos en el patio del Ateneo Politécnico en 1967. (Foto cedida por Francisco Montesinos)

«Ateneo Politécnico», centro cultural

A partir de 1970 el colegio ya no tenía una actividad regular y cerró en septiembre de 1974, reconvirtiéndose en un centro cultural, dirigido por uno de los hijos de Marciano, Alejandro Barbero, de 54 años, que acogía las actividades programadas por la Asociación cultural «Centro Cultural Nuevo Ateneo» creada exprofeso ante la ausencia de oferta cultural en la Prosperidad.

En el local había una guardería a cargo de tres psicólogas y una puericultora. Además de la biblioteca y de la hemeroteca, también se crearon la galería de arte «El Saco», dos laboratorios de fotografía y un estudio de pintura, así como la adaptación de las canchas de baloncesto existentes para el desarrollo de otras actividades deportivas.  En el colegio también ensayaban grupos de teatro y bandas de música. Además, se crearon un centro de minusválidos y otro de ancianos, inexistentes hasta el momento en el barrio.

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Acta Fundacional del «Centro Cultural Nuevo Ateneo», cuyas actividades se realizaron en el colegio Ateneo Politécnico hasta su desalojo en 1977. (Documento cedido por J.M. Beneyto)
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«4º Encuentro Internacional de Teatro de Grupos», organizado por los grupos que ensayaban en el Ateneo, en la plaza de la Prosperidad (Foto cedida por J.M. Beneyto, c. 1976)

En 1976 moría Marciano Barbero a los 79 años de edad. En ese momento, el centro ya pertenecía a los herederos, a los hijos del matrimonio fundador Marciano  y su mujer Laura Rodríguez, también maestra, profesora del Ateneo e impulsora del proyecto.

A pesar de que el colegio había sido declarado de interés social en 1957, lo que obligaba a seguir impartiendo enseñanza durante treinta años, al menos hasta 1988, en 1975 los hijos de los dueños acordaron su venta y posterior derribo. Todos menos uno: Alejandro Barbero.

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Plaza de la Prosperidad. Entrevista a los vecinos con motivo de las manifestaciones contra el derribo del Ateneo. (Foto cedida por J.M. Beneyto, c. 1976)

Venta del «Ateneo Politécnico»

Alejandro Barbero,  había emprendido acciones legales ante los tribunales contra la postura de sus hermanos de vender y demoler el colegio sin su consentimiento y falsificando su firma. En un intento de acercar posturas, planteó en última instancia retirar las denuncias, a cambio de que  la inmobiliaria Fedeloz que se hizo con la propiedad se comprometiera a construir sobre el solar raso un complejo cultural para el barrio de la Prosperidad y, a su vez, que el Ayuntamiento se ofreciera a comprar el complejo nuevo que pedía.

Sin embargo el  proceso de derribo del Ateneo Politécnico  fue avalado por los tribunales que decidieron la procedencia de la demolición. (El País, 4 de marzo de 1977)

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Recogida de firmas contra el derribo del Ateneo Politécnico en la plaza de la Prosperidad. (Foto cedida por J.M. Beneyto, c. 1976)

Protestas populares

A lo largo de 1976 la Asociación de Vecinos de Chamartín se manifestó en  la plaza de la Prosperidad (plaza del mercado) reclamando la continuidad del Ateneo Politécnico. Consideraban que era la única oferta cultural del barrio y que ante la falta de alternativas no era légitimo privar a los vecinos del único espacio que cumplía esas funciones. Las protestas fueron continuas y se completaron con la recogida de firmas y un encierro en el colegio, al que siguió una huelga de hambre contra la especulacón y el derribo del Ateneo.
La prensa se hizo eco del problema y tituló :»VECINOS DE CHAMARTIN, CONTRA LA DEMOLICIÓN DEL POLITÉCNICO» (ABC. Viernes 18 DE Noviembre de 1976. Pag. 29.)

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Pintada en una tapia de la Prosperidad contra el derribo del Ateneo. «El Ateneo nunca morirá. ¡Jamás! Viva el Ateneo». (Foto cedida por J.M. Beneyto, c. 1976)

Desalojo y derribo

El 13 de  noviembre de 1976  Alejandro Barbero se enfrentó a las las excavadoras para evitar que destruyeran una parte de los archivos, ficheros y material docente acumulados en el centro desde 1927. Operarios de la empresa encargada de la demolción, derribos Aurelio Prudencio,  ayudaron a Barbero a rescatar la cuarta parte de los 20.000 kilos de material didáctico que permanecía en el sótano del  Ateneo Politécnico. Láminas, mapas, cuadros sinópticos y genealógicos, fueron recogidos y depositados en el jardín del colegio mientras las obras de demolición quedaban interrumpidas.

El desalojo fue violento. A las 4.30 del 15 de enero de 1977, trece coches de la Policía Armada y algunos más de la Policía Municipal desplegaron a sus números que actuaron contundentemente contra los más de quinientos vecinos que se manifestaban para impedir el desalojo del colegio.

Mientras tanto, otros efectivos accedieron al local y desalojaron a las 150 personas que permanecian en el interior en huelga de hambre. El director Alejandro Barbero fue detenido y acusado de insultar a la autoridad y de incitar a la violencia. (Diario 16, 17 de enero de 1977)

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Plaza del Colegio Ateneo politécnico, situada en la confluencia de las calles García Luna con Vinaroz, a escasos metros de donde estuvo el colegio. (Foto: Enrique F. Rojo, 2019 )
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Plaza del Ateneo Politécnico. Monolito en recuerdo del fundador del colegio, J. Marciano Barbero Matos. La plaza se encuentra en una manzana próxima al emplazamiento original del colegio. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Referencias.-

J. Marciano Barbero Matos
Análisis Gramatical. Biblioteca del Ateneo Politécnico. Madrid, 1931.

J. Marciano Barbero Matos
Gramatica española Síntesis.  Madrid, 1939

El director del Ateneo Politécnico salvó su archivo de la demolición (El País, 4 mar 1977)

(1948-49) EN CAMPO PRESTADO (Movistarestudiantes.com/1948-1960/)

Barrio de la Prosperidad (Madrid), en Wikipedia.

Rojo Escobar, Enrique F.

La Prosperidad, 1862-2012

Temporae Ediciones

Madrid, 2012

«La Constructora Benéfica» en Madrid

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La primera actuación de La Constructora Benéfica en 1883. Barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad. Se construyeron  38 casas para 58 familias. En la calle de Granada se edificaron 4, y en la del Pacífico 6. En total 68 viviendas dadas en amortización para que los inquilinos pudieran ser propietarios. (GRABADO: Comba, La Ilustración Española y Americana, 1883)

El llamado «problema social»,  que pensadores y políticos de finales del siglo XIX, en el periodo de la Restauración, intentaron atajar por medio de la beneficencia y de la caridad cristiana, tuvo una de sus expresiones  más llamativas en la construcción de casas para pobres, una de las necesidades más acuciantes en el Madrid paupérrimo de la época.

La Constructora Benéfica, primeros pasos

La idea de crear la sociedad benéfica orientada a proporcionar a los trabajadores con escasos medios económicos viviendas higiénicas, cómodas y económicas, y además con la idea de inculcar en estas clases hábitos de orden y aseo, virtudes que, por su comportamiento y costumbres,  no se les reconocían, partió de Concepción Arenal y de la Condesa de Espoz y Mina, y el motivo  fue el de hacer efectivos dos importantes legados. Uno de 30.000 pts. que la Condesa de Krasinscky, de nacionalidad austriaca, entregó en 1874 al embajador de España en Paris Salustiano Olózaga para que se destinasen a beneficio de los trabajadores españoles. El otro de 7.425 pts.  donados por Gertrudis Gómez de Avellaneda. A estas dos cantidades se sumaban 13.478,30 pts. importe de una suscripción hecha en París por iniciativa de Salustiano Olózaga. Encargado de su ejecución José Olózaga, hermano del embajador, y con la cooperación de su inspiradora Concepción Arenal se fundó esta asociación en Madrid el 28 de abril de 1875 en una reunión celebrada en el Ayuntamiento bajo la presidencia del Conde de Toreno, alcalde por aquel entonces de la capital.

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La primera actuación de La Constructora Benéfica en 1883. Barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad  se construyeron  38 casas para 58 familias compuestas por viviendas colectivas de tres plantas, dos a cada lado de la calle, con cuatro viviendas por planta. Las viviendas unifamiliares, un total de 22, constaban de entrada, cocina, dos habitaciones y retrete en el exterior junto al patio. En la foto se ven dos viviendas unifamiliares proyectadas por Ricardo Marcos Bauzá en 1875. Se derribaron en los inicios el siglo XXI. (FOTO: Paloma Barreiro Pereira, «Casas Baratas», 1991)

«La primera actuación de La Constructora Benéfica fue en 1883, en el barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad»

Socios fundadores y socios numerarios

La Constructora Benefica fue el primer ensayo serio que existió en España para resolver la cuestión de las viviendas baratas con el fin de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores manuales, la mayoría empobrecidos a pesar de tener trabajo.

Además de Concepción Arenal, hubo otros muchos  defensores de la filosofía de la beneficencia como Andrés Borrego y Francisco Méndez Álvaro, artífices de sociedades benefactoras que el propio Estado se encargó de canalizar a través de la Ley de Beneficencia de 1849, que encargaba  su organización a las Juntas Municipales.

La sociedad caritativa La Constructora Benéfica había sido creada principalmente gracias al impulso de Concepción Arenal, pero en su sesión fundacional participaron un  total de 32 personas, entre otras, el citado alcalde de Madrid conde de Toreno, el marqués de Santa Cruz, los marqueses de Urquijo, el marqués de Retortillo, el duque de Fernán Núñez y el conde de Guaquí. Igualmente, participaron con donativos la condesa de Krasinski, la condesa de Espoz y Mina, la marquesa de la Coquilla y Gertrudis  Gómez de Avellaneda; políticos como Moyano, Castelar y Sagasta; la Casa Real y numerosos profesionales liberales; así como el Ayuntamiento de Madrid, la Diputación Provincial y la Compañía de Ferrocarril del Mediodía, además de los anteriormente citados el entonces embajador en la capital francesa Salustiano de Olózaga José de Olózaga.

Los socios se dividían en fundadores y numerarios. Los estatutos establecían los modelos de vivienda y el tipo de financiación, alternándose la construcción unifamiliar con la colectiva. Los estatutos de La Constructora fijaban entre sus objetivos el de construir viviendas unifamiliares para su venta o alquiler, viviendas colectivas solo en alquiler y adquirir casas “dedicadas al alojamiento de la clase pobre, a fin de transformarlas en habitaciones cómodas, higiénicas y económicas para su simple arriendo”. También se establecían las condiciones de alquiler y los plazos para conseguir la propiedad de la vivienda: ocho, doce, dieciséis o veinte años.

«La sociedad caritativa La Constructora Benéfica había sido creada principalmente gracias al impulso de Concepción Arenal»

La Constructora Benéfica, sus obras

La primera promoción de La Constructora Benéfica se realizó en el barrio de Pacífico, en la calle de la Caridad, muy cerca de la estación ferroviaria del Mediodía, para aproximar la vivienda al lugar de trabajo de los destinatarios de las casas, que se empleaban en los talleres de la Compañía del Ferrocarril del Mediodía.

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La primera actuación de La Constructora Benéfica en 1883. Barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad se construyeron  38 casas para 58 familias compuestas por viviendas colectivas de tres plantas, dos a cada lado de la calle, con cuatro viviendas por planta. Las viviendas unifamiliares, un total de 22, constaban de entrada, cocina, dos habitaciones y retrete en el exterior junto al patio. En la foto se ven una vivienda unifamiliar proyectada por Ricardo Marcos Bauzá en 1875. Todas  las casas a excepción de ésta y una contigua se derribaron entre mediados del siglo XX y los inicios del XXI.(FOTO: Enrique F. Rojo, 2019)

La primera promoción: las casas de Pacífico

En las casas del barrio de Pacífico se contemplaron dos modelos constructivos, uno de viviendas unifamiliares y otro de pisos colectivos. En una primera fase se edificaron cuatro casas de vivienda colectiva de tres plantas, dos a cada lado de la calle, con cuatro viviendas por planta, lo que hacía un total de 48 viviendas. La estructura era idéntica en todas y constaban de entrada, cocina, dos habitaciones y retrete de uso común en el exterior junto al patio. En las fases posteriores se construyeron 22 viviendas unifamiliares a doble altura, haciendo un total de 26 las edificaciones y de 70 las viviendas.

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La primera actuación de La Constructora Benéfica en 1883. Barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad  se construyeron  38 casas para 58 familias compuestas por viviendas colectivas de tres plantas, dos a cada lado de la calle, con cuatro viviendas por planta. Las viviendas unifamiliares, un total de 22, constaban de entrada, cocina, dos habitaciones y retrete en el exterior junto al patio. En la foto se ven dos viviendas unifamiliares proyectadas por Ricardo Marcos Bauzá en 1875. La mayor parte de las casas se derribaron entre mediados del siglo XX y los inicios del XXI. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2019)

«La segunda actuación de La Constructora Benéfica se realizó en 1883 en el barrio de Bellas Vistas, en Cuatro Caminos»

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La primera actuación de La Constructora Benéfica en 1883. Barrio del Pacífico, en la calle particular de la Caridad.( Foto, circa 1900)

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Plano general de las viviendas para trabajadores edificadas por la Asociación de Caridad La Constructora Benéfica en las calles de la Caridad, Pacífico y Granada en 1883. En la calle particular de la Caridad se construyeron 38 casas para 58 familias compuestas por viviendas colectivas de tres plantas, dos a cada lado de la calle, con cuatro viviendas por planta. Las viviendas unifamiliares, un total de 22, constaban de entrada, cocina, dos habitaciones y retrete en el exterior junto al patio. La mayor parte de las casas se derribaron entre mediados del siglo XX y los inicios del XIX.

Cuatro Caminos, Bellas Vistas y  Puerta de Toledo

La segunda actuación de La Constructora Benéfica se realizó en 1883 en el barrio de Bellas Vistas, en Cuatro Caminos, en la manzana formada por las calles de Pedro Barreda, Carlos Rubio, Tenerife y Almansa, en la que se abrió una calle que se llamó de la Constructora Benéfica (hoy Garellano) y que se juntaba con el camino de Leñeros que avanzaba hacia el oeste. En este entorno, en la actual calle de Avelino Montero Ríos, continuación de Alvarado y parte del antiguo camino de Leñeros, se construyeron 18 viviendas unifamiliares a doble altura y patio trasero, amortizables a veinte años para posibilitar que los inquilinos pudieran adquirirlas.

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Planta del grupo de viviendas unifamiliares adosadas en Cuatro Caminos, en la calle de La Costructora Benéfica, actual calle de Avelino Montero Ríos. La promoción constaba de18 viviendas unifamiliares a doble altura y patio trasero.

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En la actual calle de Avelino Montero Ríos, continuación de Alvarado y parte del antiguo camino de Leñeros, se construyeron 18 viviendas unifamiliares a doble altura y patio trasero. La calle se llamó inicialmente de la Constructora Benéfica. Aspecto de las casas en 1925.

En estos terrenos, que aún estaban desocupados, se empezaron a construir en 1918 a cargo del arquitecto Ignacio Aldama, un total de 34  casas con entrada por la calle de La Constructora Benéfica de tipología unifamiliar y de dos plantas, con su jardincillo en el interior.  Estas casas se dieron unicamente en alquiler entre 25 y 30 ptas. mensuales, con la condición de que, cuando fuera necesario pudieran concederse en amortización por el número de años que se estimara conveniente. Pero como estas casas acabaron siendo demasiado caras para las clases más modestas, se probó también con la edificación en el número 33 de la mencionada calle (hoy Garellano) de una casa de vecindad con 8 viviendas.

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Planta, alzado y sección de vivienda de dos plantas con cuatro dormitorios, saón comedor, cocina, ropero, retrete y patio, firmado por Ignacio Aldama en 1917 para La Constructora Benéfica.

Es importante destacar el hecho de que mientras que las casas del barrio de Pacifico fueron muy solicitadas y estuvieron ocupadas constantemente, en el de Bellas Vistas (Cuatro Caminos)  hubo dificultades de alquiler y muchos inquilinos las abandonaban enseguida,  debido al alto precio de las mensualidades, lo que obligó a la Sociedad a publicitarlas en  periodicos, carteles y anuncios y también a estudiar un nuevo sistema de alquiler y a ampliar los plazos de amortización a 25, 30 y 35 años para
aquellos inquilinos que prefirieran pagar alquiler y amortización.
Durante diez años la Constructora sufrió una paralización en sus edificaciones, centrando sus actividades en la búsqueda de nuevos terrenos, a pesar de contar todavía con suelo para construir en Bellas Vistas .

El 9 de diciembre de 1920 se inauguró en la calle de Tenerife un grupo de 16 casas realizado con fondos de la testamentaría de la marquesa de la Coquilla.

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La segunda actuación de La Constructora Benéfica se realizó en 1883 en el barrio de Bellas Vistas, en Cuatro Caminos, en la manzana formada por las calles de Pedro Barreda, Carlos Rubio, Tenerife y Almansa, en la que se abrió una calle que se llamó de la Constructora Benéfica. (Sección del plano de Álvaro González Iribas, 1906)

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Viviendas en Bellas Vistas (Cuatro Caminos) construidas por La Constructora Benéfica en el camino de Leñeros en 1898. La mayor parte de estas viviendas han desaparecido.

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Vivienda situada en la zona mas occidental de la actual calle de Leñeros en Bellas Vistas (Cuatro Caminos) construidas por La Constructora Benéfica en 1898. La mayor parte de estas viviendas han desaparecido. (FOTO: ©Google Maps, 2020)

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Vivienda en la calle de Tenerife con Santa Juliana , firmada por  A. Calvo en 1886. Pertenece a la segunda actuación de La Constructora Benéfica  realizadas a partir de 1883 en el barrio de Bellas Vistas, en Cuatro Caminos, en la manzana formada por las calles de Pedro Barreda, Carlos Rubio, Tenerife y Almansa. (FOTO: Paloma Barreiro Pereira, «Casas Baratas», 1991)

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Viviendas unifamiliares de La Constructora Benéfica en la calle Tenerife con Julian Zugazagoitia, edificadas en 1886 por el arquitecto Arturo Calvo Tomelén..  (FOTO: ©Google Maps, 2020)

En 1889 La Constructora Benéfica había construido ya 86 viviendas de las que 26 habían pasado a ser propiedad de sus inquilinos. Tras un periodo de inactividad, de 1893 a 1897, se construye una casa colectiva para alquilar con 13 viviendas en la calle de la Solana (hoy desaparecida), esquina a la del Águila, cerca de la Puerta de Toledo.

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En la actual calle de Avelino Montero Ríos, continuación de Alvarado y parte del antiguo camino de Leñeros, se construyeron 18 viviendas unifamiliares a doble altura y patio trasero, amortizables a veinte años para posibilitar que los inquilinos pudieran adquirirlas. La promoción se completaría con otras tantas viviendas en la misma calle. Hasta 2010 las aceras de la calle conservaron el losado de granito original de la época de las casas. El Ayuntamiento de Madrid lo eliminó para sustituirlo por los adoquines habituales. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

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Calle Tenerife (Cuatro Caminos). Vivienda colectiva de 1919,  formada por un bloque de tres alturas, patios interiores, con 50 viviendas en régimen de alquiler y dos escuelas. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

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Vivienda colectiva en la calle Tenerife (Cuatro Caminos), 1919. Entre las calles de Carlos Rubio y Tenerife se acometió con el legado Coquilla el mayor proyecto de vivienda colectiva formado por un bloque de tres alturas, patios interiores, con 50 viviendas en régimen de alquiler y dos escuelas. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

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En sus terrenos de Bellas Vistas, La Constructora Benéfica decidió construir en el año 1918 veintidos  viviendas unifamiliares de tipología similar a las actuaciones anteriores, y una casa de vecindad para ocho viviendas. En 1919, en la parte norte de esos terrenos, entre las calles de Carlos Rubio y Tenerife se acometió con el legado de la marquesa de la Coquilla el mayor proyecto de vivienda colectiva formado por un bloque de tres alturas, patios interiores, con 50 viviendas en régimen de alquiler y dos escuelas. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

«Entre 1907 y 1925, La Constructora adquirió unos terrenos en La Guindalera, en la esquina formada por la calle de Cartagena y el Camino de Canillas, en la confluencia con la actual Avenida de América«

Colonia de La Guindalera

Entre 1907 y 1925, La Constructora adquirió unos terrenos en La Guindalera, en la esquina formada por la calle de Cartagena y el Camino de Canillas, en la confluencia con la actual Avenida de América. Se construyó una colonia de  26 viviendas unifamiliares en torno a las desaparecidas calles de los Gremios y de la Consolación. De esta promoción no queda ningún vestigio.

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La Constructora Benéfica construyó entre 1907 y 1925 una colonia de 26 viviendas unifamiliares en torno a las desaparecidas calles de los Gremios y de la Consolación. De esta promoción no queda ningún vestigio. (PLANO: González Iribas, 1910)

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Parcelario de la tercera intervención de La Constructora Benéfica entre los barrios de la Prosperidad y La Guindalera, junto al camino de Canillas. Estas casas se fueron derribando a lo largo del siglo XX.

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Grupo de casas adosadas en la calle los Gremios, junto a la calle Cartagena,en el límite de La Guindalera con la Prosperidad (Foto, circa 1925)

Trayectoria de La Constructora Benéfica

La labor de La Constructora Benéfica se mantuvo con éxito hasta el primer cuarto del siglo XX gracias al mecenazgo y a las ayudas del Estado que participó a través de la ley de 9 de enero de 1877, de exención de impuestos y contribuciones para las asociaciones benéficas.

Paradójicamente, La Constructora Benéfica también se aprovecharía en los inicios de las ventajas de las leyes de Casas Baratas a partir de 1911 que aunque llegaron a subvencionar hasta un 25% del presupuesto total de diferentes actuaciones, acabaron por minar el objetivo de la sociedad al verse obligada a competir con promotores que manejaban presupuestos mayores y que orientaban su oferta a las emergentes clases medias con presupuestos  superiores. De esta manera, las  leyes de Casas Baratas colaboraron para que la compañía con el tiempo perdiera su razón de ser y acabara practicamente por cesar su actividad. Del mismo modo, cuando fue necesario recurrir al crédito, hubo bancos que les ofrecieron  préstamos a bajo interés, que a la larga consumieron los fondos, siempre escasos de la sociedad.

Al menos hasta 1990  la Constructora Benéfica seguía dada de alta como sociedad mercantil con sede social en la calle de Trafalgar nº l, I º Izda. de Madrid.  Aunque en 1903 se dió por extinguida la Sociedad, en 1904 se retomó la actividad.  Hasta 1972 siguieron construyendo viviendas baratas para obreros. Pero a partir de esa fecha no se realizó ninguna construcción, ni se adquirieron nuevos terrenos por falta de recursos economicos, limitándose tan solo a vender los pisos levantados en periodos anteriores.

Referencias.-

de San Antonio Gómez, Carlos
La Constructora Benéfica
Un siglo de vivienda social 1903-2003.  Tomo I (págs. 58-61).
VV. AA.
Carlos Sambricio (ED.)

Valenzuela Rubio, Manuel
Las sociedades constructoras benéficas, una respuesta paternalista al problema de la vivienda obrera. Su incidencia en la configuración de la periferia madrileña (1875-1921)
Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Tomo XX
C.S.I.C Madrid ,1983

Barreiro pereira, Paloma
Casas Baratas. La vivienda social en Madrid 1900-1939
COAM, Madrid, 1991

Cabeza Sánchez-Albornos, Sonsoles
La Constructora Benéfica 1875-1904
Madrid en la sociedad del siglo XIX Vol. I
Consejería de Cultura. CAM
Madrid, 1986

«Chalets» Adosados del siglo XIX en el barrio de Tetuán (Blog Urban Idade, 2008)

Panaderías y lecherías del viejo Madrid

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Antigua tahona de San Blas nº 1. (Foto: CCIM, 1982)

Las panaderías y las lecherías abastecieron a la sociedad madrileña de tan nobles básicos productos. La escasez del pan o la subida de su precio originaba a menudo motines y revoluciones ciudadanas, acompañadas de caídas de ministros y de gobiernos, por lo que siempre fue un asunto presente en las agendas de la política de las instituciones.
En tiempos de Carlos III, el conocido motín de «Esquilache» tuvo su origen en el aumento del precio de los alimentos y en especial del pan.
En el «Fuero Viejo» de Madrid , un conjunto de normas escritas para administrar la vida local de la villa medieval de Madrid, concedidas en 1202 por el rey Alfonso VIII de Castilla, ya se establecieron normas relativas al peso de las piezas de pan que vendían los panaderos.

Las panaderías

Desde el siglo XIII fueron numerosas las disposiciones que regulaban al gremio de panaderos en las ordenanzas municipales de la villa de Madrid, especialmente en lo referido al peso, al tamaño y al precio de los panes.
En cuanto a la comercialización de la harina, desde el siglo XVI el Real Pósito de la Villa de Madrid, administraba en régimen de monopolio el suministro del cereal evitando el desabastecimiento e intentando regular los precios. Dejó de prestar servicio a finales del siglo XIX.

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Panadería. (Foto: CCIM, 1982)

Durante el siglo XIX las fluctuaciones del precio del pan en Madrid fueron constantes y la intervención del ayuntamiento y del gobierno no conseguía solucionar el problema del desabastecimiento. A consecuencia de estas crisis eran habituales los desórdenes sociales reclamando pan barato.
En 1802, como consecuencia del alto precio del pan se produjo una revuelta en el Rastro, en la que se incendiaron los puestos dedicados a su venta. Esta misma causa motivó en 1854 un motín de los vecinos de Lavapiés.
Ante la escasez de cereal, panaderos, tahoneros y corredores de grano especulaban, defraudando en el peso y en la calidad del producto. En esta época, además, las nuevas ordenanzas municipales, imbuidas en las corrientes librecambistas, permitieron la libertad de comercio, fabricación y venta del pan sin tasas, lo que no hizo, sino, agravar el problema.

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Panadería en la calle del Olmo nº 5. (Foto: CCIM, 1982)

En los primeros años del siglo XX, para intentar abaratar el precio del pan, hubo intentos de de municipalizar su fabricación de manera que las tahonas municipales ajustasen los precios, evitando el abuso de los tahoneros particulares.

En 1914 se produjo en Madrid la llamada «cuestión del pan». La subida del pan en el verano de ese año  provocó una sonada protesta  de las clases populares que tomó la forma de revueltas callejeras. En el barrio de la Prosperidad, por ejemplo,  algunas tahonas de la calle de López de Hoyos fueron asaltadas por grupos de mujeres y chiquillos , que de paso aprovecharon el momento y marcharon a la plaza exigiendo la rebaja de los precios de patatas y verduras.
Al mismo tiempo, junto con las disposiciones que regulaban la elaboración y venta del pan, se perfilaba la figura de los oficios relacionados con su fabricación, distinguiéndose tres grupos:
1. Tahonero, industrial con fábrica propia dedicado a elaborar pan diariamente, en uno o varios despachos. Muchos de estos vinieron de Francia durante los siglos XVII al XIX y se instalaron en los barrios de Madrid, dedicándose a la elaboración de panes «de boca» o de lujo, de harina e trigo, que con el tiempo sustituyeron al pan de centeno y terminaron por ser aceptados por la sociedad madrileña.
En el siglo XIX también hubo muchos propietarios «indianos» que invirtieron el dinero ganado de la emigración en el negocio, y también gallegos, llegados a Madrid para trabajar, que aprendido el oficio acabaron por tener tahonas en propiedad.
2. Panadero, persona que vende el pan en puestos callejeros o despachos, empleados de tahona.
3. Hornero, tahonero especializado en panes de lujo, que no cocía pan a diario. Muchos suministraban a la Casa Real.

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Panadería, en la calle de la Fe nº 8. (Foto: CCIM, 1982)

En el siglo XVII el pan se vendía en Madrid por piezas, con unos pesos estipulados que podían ser «roscas«, «panecillos«, «alcachofas«, «francesillas«, etc., y eran distribuidas todas las mañanas por los propios tahoneros en los puestos callejeros, establecidos en cajones, situados principalmente en la Puerta del Sol y sus aledaños.
En ese periodo se fundó la Casa de la Panadería para regular el negocio. El edificio forma parte del conjunto de la Plaza Mayor de Madrid. En un principio, sus bajos albergaban la tahona principal de la Villa y el despacho de pan, y desde 1732 se establecieron los despachos del Peso Real y del Fiel Contraste.

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Antigua tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. Edificio del siglo XVIII en el que hubo una importante tahona que surtía de pan al barrrio de Lavapiés y que se mantuvo hasta los años ochenta del siglo XX. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Tipología panadería

Las panaderías de las que quedan registros descriptivos y gráficos eran todas de finales del siglo XIX y del primer cuarto del XX. Tipológicamente respondían a un patrón probablemente importado de Francia e Inglaterra, que variaba en la calidad de sus elementos ornamentales dependiendo de la localización de los establecimientos.
Como norma general de higiene y limpieza en el interior de las panaderías se estableció  el empleo de pintura al óleo en los techos y parte superior de las paredes, dejándose para el resto el azulejo y la baldosa para el suelo.

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Tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: CCIM, 1982)

El local era de forma regular con un mostrador y un pesebrón siempre de mármol. Las paredes podían tener alguna franja de color pintada o bien esmaltada en el azulejo, formando lacerías o temas florales típicos del Modernismo. Sobre el pesebrón podía haber un espejo y era habitual encontrar un reloj con caja de madera, que podía ser de péndulo, en alguna de las paredes.
El pavimento, por lo general de baldosa hidráulica, presentaba el típico dibujo geométrico de lacería o temas florales con color variado y fondo claro , muy habitual en las construcciones del siglo XIX.

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Panadería. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

En el exterior eran habituales las puertas de madera con cristales, con portalones o postigos también de madera. En la parte superior, encima de la puerta, se colocaba el rótulo pintado, bien sobre madera o sobre cristal, con una denominación genérica como «tahona«, «panadería» o «fábrica de pan«, y raras veces acompañada con alguna identificación propia tipo «Espiga de oro«. Habitualmente no había escaparate. (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

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Lecheria. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

Las lecherías

Aunque en la actualidad la leche se considera un alimento de primera necesidad, no sería hasta el primer o segundo cuarto del siglo XIX que la sociedad madrileña y española en general lo incluyese en su dieta diaria.
En el siglo XVI se inician en España las alusiones legislativas a la venta de leche y productos lácteos, que se resuelven ya en 1616, determinando el lugar donde deben ser vendidos.

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Lecheria. Fachada y pórtico. (Foto: CCIM, 1982)

En Madrid su venta se realizaba en las vaquerías, donde podía haber un número determinado de animales estabulados, o bien se surtían de leche que llegaba de pueblos cercanos. A veces también se vendía leche de cabra o de oveja.
Los animales procedían normalmente del norte de España, o se importaban de Holanda o Suiza. Las condiciones de mantenimiento de estos animales no contaban con ninguna garantía de salubridad, dependiendo de cada establecimiento, por lo que la higiene de la extracción y la calidad de la leche que se vendía directamente al consumidor era siempre una cuestión de azar.
Es probable que el negocio de las vaquerías comenzara en Madrid en el siglo XIX con la llegada de un conjunto de inmigrados procedentes del norte de España o de la antigua Castilla la Vieja, que instalaron el negocio y que siendo rentable se multiplicó por gran número de barrios.

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Lecheria de la calle de Buenavista nº 36. (Foto: CCIM, 1982)

Además de la vaquería, propiamente dicha, existía la lechería, donde exclusivamente se vendía el producto y algunos derivados lácteos como yogures, distribuidos por una central lechera, como Danone o Clesa.
A partir de 1965 las vaquerías desaparecen, pues se prohibe la venta de leche fresca no higienizada. Se mantienen las lecherías, que lentamente pierden sentido con la aparición de los comercios de alimentación general o los supermercados que les hacen una competencia incontestable.

Tipología lechería

La lechería era normalmente de pequeñas dimensiones. Solo aquellos locales que fueron vaquerías disponían de una trastienda de gran tamaño, pués conservaban el espacio de los primitivos establos .
Tenían un mostrador de mármol y muchas contaban también con una mesa, igualmente de mármol, junto a una pared, con sillas, recuerdo del tiempo en que siendo vaquería se podía consumir la leche en el local.
Las paredes estaban dispuestas a semejanza de las de las panaderías, con baldosas blancas en su totalidad o hasta media pared, luego rematadas con pintura al óleo, generalmente de color azul. Algunas veces los techos tenían molduras con motivos florales o geométricos. Excepcionalmente desarrollaban temas relacionados con el neoplateresco madrileño: medallones con bustos en perfil, mezclados con guirnaldas o lacerías pintadas.

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Lechería, Cascorro 17. Esta lechería tradicional en la zona de el Rastro constituye un ejemplo del modelo establecimiento de este tipo del Madrid tradicional de inicios del siglo XX, con con molduras,  guirnaldas y lacerías decorando las paredes. (Foto: CCIM, 1982)

En alguna de las paredes, detrás del mostrador era habitual que se colocara un gran espejo con marco de madera, con motivos diversos, que servía de elemento decorativo, ampliando el espacio, y como sistema de control de la clientela mientras el vendedor se daba la vuelta para elegir el producto solicitado. También era característico de las lecherías un pequeño lavabo, seguramente de la época de las vaquerías.
El acceso al local, cuya fachada podía recubrirse de marmol, se reducía a una puerta de madera acristalada, preferentemente de color verde.
Normalmente carecían de escaparates y el rótulo que anunciaba el local se podía pintar en madera o en cristal. Cuando la portada era de mármol las letras eran de latón dorado.
Algunas lecherías dilataron su existencia ampliando el negocio de los lácteos con el despacho de pan, en la época de las barras llamadas «pistolas«, que se fue extinguiendo a lo largo de la década de los setenta del siglo XX hasta desaparecer.
(Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

NOTA: De los negocios dedicados a panadería, despacho de pan o lechería que habían iniciado su actividad a principios del siglo XX  o incluso antes, ninguno cruzó  la frontera del siglo XXI.

A continuación sigue una escueta lista  de negocios que funcionaban en 1982. Ninguno de ellos existe en la actualidad. Aunque las lecherias  desaparecieron mucho antes, por razones evidentes ya mencionadas en el texto anterior, muchas tahonas se mantuvieron activas, vendiendo el pan a panaderías de barrios y también despachando directamente. La moda de los panes congelados y de las franquicias panaderas acabaron con el vetusto negocio. Curiosamente, en 2020, el negocio del pan tradicional, no sólo recupera las viejas fórmulas sino que ha generado una moda de consumo. Es posible que estemos en el renacimiento del arte panadero y de los establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de pan. Ahora, eso sí, mucho más sofisticados y también mucho más caro.   (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

Carlos Arniches 19 DERRIBADO
Buenavista 36,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Blas 1, REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Fé 8,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Arganzuela 21,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Olmo 5,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Mira el sol 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Rodas 1 DERRIBADO
Cañizares 3,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Carlos 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Ave María 41,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cascorro 17,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cardenal Silíceo 3 DERRIBADO

Referencias.-

Establecimientos tradicionales madrileños (Cuaderno III)
Edición Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rojo F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ediciones
Madrid, 2012 (5ª edición, 2019)

«Casa García-Mastral», calle de Raimundo Fdez. Villaverde nº 67 (Madrid, 1925)

En torno a 1920 el matrimonio García-Mastral, Pascuala y Enrique, ella procedente de Longares, en Zaragoza, y él de Madrid, después de haber adquirido una modesta parcela en los terrenos denominados de «García Montero» en el término municipal de Chamartín de la Rosa, junto a la Ronda del ensanche, y casi enfrente del hipódromo de la Castellana, comenzó la construcción de la casa, que hasta su derribo, sería su casa familiar.

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Casa García-Mastral en Raimundo Fernández Villaverde nº 67 (1968). Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro de igual factura. La simetría de la fachada original mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos cada uno para acceso y escaparates.

En torno a 1920 el matrimonio García-Mastral, Pascuala y Enrique, ella procedente de Longares, en Zaragoza, y él de Madrid, después de haber adquirido una modesta parcela en los terrenos denominados de «García Montero» en el término municipal de Chamartín de la Rosa, junto a la Ronda del ensanche, y casi enfrente del hipódromo de la Castellana, comenzó la construcción de la casa, que hasta su derribo, sería su casa familiar.

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Sección del plano de Facundo Cañada de 1902. Se observa el tramo de la ronda del Ensanche o paseo de Ronda a la altura del hipódromo de la Castellana. En amarillo se muestra el lugar donde en 1925 se construyó la casa García-Mastral.

Construcción de la casa

Pudo ser una soleada mañana de junio de 1925. Enrique había sido joyero y emigró a Ginebra para trabajar como electricista en obras de edificios. Ahí aprendió el oficio de maestro albañil y, por su inquietud, su futuro oficio de relojero. Aquella mañana se encontró con su cuadrilla, algunos emigrantes, recién llegados como él y colegas de la construcción.

El terreno estaba situado al final de la calle de Modesto Lafuente, rodeado de quintas, como Villa Covadonga, algún tejar y huertas, como la de la tía Juliana, que aprovechaban el paso de la acequia del este para fabricar ladrillos y regar. Casi enfrente se encontraba el taller de precisión de artillería (derribado en 2017) y más lejos, hacia Cuatro Caminos, el hospital de jornaleros, el Grupo Escolar Cervantes y la Iglesia de Nª Señora de los Ángeles, en la calle de Bravo Murillo.

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Sección del plano parcelario de 1947 del Ayuntamiento de Madrid. La casa García-Mastral pasó de tener el número 15 de Raimundo Fernández Villaverde al 57 y más adelante, según se urbanizaba a ambos lados de la calle, el número 67. En color azul el «canalillo, flanqueado por filas de árboles.

Enrique levantó con su cuadrilla un edificio de 20 metros de fachada mirando a la Ronda (a la altura de la actual Raimundo Fernández Villaverde nº65), con casi 12 metros de fondo. El estilo de la casa era neomudéjar bastante sobrio, muy de moda a principios del siglo XX especialmente en construcciones religiosas, escolares y muy habitual en las viviendas populares madrileñas.

La casa se hizo de ladrillo visto recocho, comprado en alguno de los tejares de la zona. Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro, todas iguales. La simetría de la fachada mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos para acceso y escaparate.

Foto aérea 1967
Foto aérea de 1967 de la zona de Raimundo Fdez Villaverde. (Foto: NomeCalles, CAM)

Junto a la fachada oeste pasaba, haciendo una curva, la acequia de riego del este, conocida como el «canalillo«, que siguiendo esa dirección se abastecía de las aguas sobrantes del Canal de Isabel II. Tenía algo más de un metro de ancho y metro y medio de profundidad, y con el tiempo se fue soterrando hasta hacerlo desaparecer por completo en la década de los sesenta del siglo XX, quedando normalmente por encima un camino que seguía su recorrido y delataba su presencia.

Enrique García, alquiló parte del edificio y los locales, reservando  el primer piso para residir con su famila, que para entonces en 1927 se componía, además de él, de su mujer Pascuala y de su primera hija Encarna. Años más tarde nacería Gloria.

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Pascuala Mastral y Enrique García de la Serna con su hija Encarna de cinco años paseando por el paseo de Ronda en los alrededores de su casa en el invierno de 1932.

Transformación del barrio

En noviembre de 1917 se había aprobado la nueva denominación del tramo del paseo de Ronda que iba desde el paseo de la Castellana hasta la glorieta de Cuatro Caminos, por lo que la casa, que estaba ya en Raimundo Fernández Villaverde, tuvo diferentes numeraciones según se iba urbanizando la calle a ambos lados: 15, 57 y 67.

En la década de los 30 del siglo XX casi enfrente de la casa de los García-Mastral se construía la colonia de casas de la Cooperativa de la Asociación  General de Ayudantes y Auxiliares de los Cuerpos de Ingenieros Civiles y Arquitectos del Estado, conocida como Colonia Maudes, por encontrarse junto al camino que conducía al caserío de Maudes en Chamartín de la Rosa.

Seguramente Enrique conoció a Manuel Cerrada y a los hermanos Borrella, miembros de la Cooperativa que construyó la colonia, que por aquella época andaban de arriba abajo liados con las obras. También pudo haber conocido a Fernando Sánchez Viloria y al doctor Álvaro Bobillo,  todos  miembros de la Sociedad Cooperativa constructora, y este último durante un tiempo médico del barrio. Todos tuvieron una calle con su nombre, hasta que se derribó la colonia y se rehizo el callejero.

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Casa García-Mastral en Raimundo Fdez. Villaverde, 67. La calle tenía dos calzadas dobles para cada sentido separadas por un ancho paseo con dos filas de árboles en los laterales. En la foto se ven circulando dos taxis Seat 1500, y aparcados junto a la casa un Renault Gordini 600, una furgoneta Ebro-Fadisa de 1966 y un Citroën 2 cv. de 1963. El edificio de pisos más próximo es el actual número 61 de la calle.

La zona iba adquiriendo poco a poco un aspecto muy distinto al que había conocido la familia cuando llegó. Además de los hotelitos de la colonia Maudes que se comenzaron a levantar en 1931, en 1933 se derribaba el hipódromo de la Castellana para iniciar la construcción de los Nuevos Ministerios. También se edificó en 1940 el Colegio Patrocinio de San José, en el nº 59 de la calle y al que se accedía a través de un portón junto a la casa García-Mastral.

Construcción de AZCA 1973
Construcción de AZCA 1973. (Foto: Blog Historias Matritenses)

AZCA y el final del antiguo barrio

El conjunto AZCA  (Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo -paseo de la Castellana-), surgió en los planes de ordenación del ensanche de Madrid de 1946. Antes hubo otros proyectos, que fueron modificándose hasta que en 1954 la Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid convocó un concurso  cuyo proyecto ganador, inspirado en los anteriores,  originó el Plan Parcial de 1957, definitivamente aprobado en 1964 y ejecutado al final de esa década.

AZCA se planteó como una supermanzana en el ensanche norte de la Castellana destinada a albergar viviendas en altura, viales subterráneos para la circulación de vehículos, enlace ferroviario, paseos peatonales, edificios comerciales y de oficinas y hasta un Teatro de la Ópera que nunca llegó a construirse.
Para poder desarrollar el proyecto se creó una Asociación Mixta de Compensación, controlada por el Ministerio de la Vivienda, que intervino en la negociación de las expropiaciones.

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Página publicitaria interior del diario ABC publicado el domingo 16 de noviembre de 1969 anunciando la inauguración del nuevo «centro comercial de El Corte Inglés de Generalísimo», en Raimundo Fernández Villaverde núm. 79. (ABC, 16/11/1969)

Los propietarios de la zona, obligados a vender, poco a poco fueron cediendo y el suelo liberado quedó en manos de importantes promotoras de la construcción, entidades financieras y grandes propietarios del sector servicios.
A finales de 1968 se inició la urbanización de la supermanzana, así como el comienzo de la edificación del primer solar del conjunto, perteneciente a El Corte Inglés, al lado de la casa de la familia García-Mastral. Ese mismo año, el colegio Patrocinio de San José abandonó sus instalaciones y con la indemnización construyó otro centro en las afueras.

Afectada por la influencia en la zona del Plan de Ordenación Urbana, la colonia Maudes se comenzó a demoler en 1976 y desapareció totalmente en 1978. Su solar lo ocupó un conjunto de modernos y lujosos edificios de viviendas denominados Géminis I y Géminis II.

Precisamente durante esta década de los setenta se concluyeron definitivamente las negociaciones con las últimas propiedades que todavía no habían eceptado los términos de las expropiaciones y aún mantenían litigios con el Ministerio de la Vivienda.

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Casa Garcia-Mastral, 1968. (Foto: Blog Historias Matritenses)

Fue el caso de la familia García-Mastral que en 1973 aceptó los términos del Ministerio y entregó su casa. Es probable que la derribaran ese mismo año, o en 1974. En su lugar se construyó una de las torres más emblemáticas de Madrid, no solo por la complejidad del proyecto, sino por el suceso que significó su final:  la torre Windsor.

En la actualidad, tras la demolición de la torre Windsor debido al incendio que sufrió, se levantó una nueva torre, la torre Titania, ligada al complejo comercial de El Corte Inglés, que ocupa el mismo número 65 de la calle, el antiguo 67 de la casa García-Mastral.

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Calle Raimundo Fernandez con Orense. Al fondo se ve la colonia Maudes y en el centro de la foto el colegio Patrocinio San José. (Foto, circa 1968)

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Raimundo Fdez. Villaverde a la altura del edificio «torre Titania«, que ocupa el lugar donde estuvo la «torre Windsor» y con anterioridad la casa García-Mastral. (Foto:  © Google Maps, 2013)

Referencias.-

Colegio Patrocinio de San José (Blog Historias Matritenses, 2011)

Hospital de jornaleros San Francisco de Paula (Blog Urban Idade, 2016)

AZCA (Wikipedia)

Torre Windsor (Wikipedia)

Colonia Maudes de Ayudantes de Ingeniería (Blog Historias Matritenses, 2008)

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Ensanches
Fundación COAM
Madrid, 2003

Rojo Escobar, Enrique
Rodríguez Zapata, Carlos
Chamartín. Album de fotos
Temporae Ediciones
Madrid, 2015

Hemeroteca ABC