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Archive for 4 agosto 2007

mercado-plaza-olavide-01.jpg

La noticia del derribo del Mercado de San Antón en el barrio de Chueca de Madrid el pasado Julio me trajo de nuevo a la mente el triste derribo del Mercado de Olavide sucedido en 1974.

Buscando algún libro ilustrativo acerca de las arquitecturas perdidas” encontré un bien intencionado, aunque escaso, trabajo de Antonio Arean Fernández, José Angel Vaquero Gómez y Juan casariego Córdoba (arquitectos que también colaboraron juntos en el diseño de las viviendas construidas en 1995-96 de la nueva Avenida de Asturias de Madrid, en el remodelado barrio deLa Ventilla), titulado precísamente Madrid. Arquitecturas Perdidas, que hace un repaso escueto de las obras arquitectónicas “desgraciadas” o desaparecidas en el periodo de 1927-1986. Muchas de las reseñas contenidas en el libro ya tuvieron cabida en este blog. No obstante, he descubierto interesantísimos datos y obras que evocan un tiempo pasado, relativamente cercano, de cuya presencia directa o indirectamente todavía podemos ser testigos a través de las obras que permanecen en pié. Eso si, mientras las normativas urbanísticas municipales y la feroz ansia especulativa de los poderosos lobbies de la construcción lo permitan.

Juan Casariego Córdoba, José Ángel Vaquero y Antonio Arean Fernández llaman la atención sobre la vulnerabilidad del patrimonio moderno madrileño. Edificios de calidad artística y técnica -la fábrica Monky, el frontón Recoletos, el mencionado mercado de Olavide, las oficinas Seat de la Castellana, los cines París-Madrid y Actualidades, el café Negresco, el Zahara, las piscinas de la Isla-, de los que hoy sólo quedan planos, fotografías o hipócritas fachadas que albergan cadenas comerciales que han arrasado con su interior con su ridícula estética.

momento_derribo-san-anton.jpgMomento de la demolición del Mercado de San Antón del barrio de Chueca de Madrid, en Julio de 2007. Este mercado, como otros muchos de Madrid, desaparece para dar paso a otro tipo de  modelo basado en en la mediana superficie (a pesar de llamarse “super”) y en los puestos con productos exclusivos, frente a los tradicionales despachos de géneros diversos que conocemos.

 

Construido en 1934-35  en hierro y hormigón, su estructura se levantó sobre una planta octogonal de generosas  proporciones.  La fotografía corresponde al día de su inauguración. (FOTO de la web “Historia de Madrid“)

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mercado-plaza-olavide-02.jpgEn la serie de  fotos se ve la secuencia de la voladura controlada del Mercado de Olavide en 1974. Su desaparición dió lugar a un paso subterraneo, un aparcamiento y a una plaza desabrida, desnuda y sin ninguna seña de identidad que la haga valedera de su título de plaza como lugar de encuentro.

De todo ésto, habida cuenta de que “estoy en posesión” del “libro“,  seguiré hablando es otros artículos.

P.D.
A propósito de un comentario de El Angel de Olavide que me advertía de la existencia de varios artículos en prensa relacionados con el Mercado de Olavide, incluyo las reseñas en el apartado final de Referencias. Se trata de un artículo de Luís Carandel, El Mercado de Olavide y la alcaldada , publicado en la revista Triunfo en 1974. Los otros dos, de 1994, de Moncho Alpuente uno, La venganza fascista, y otro de Enrique de Aguinaga, Plaza de Olavide, y que constituye la respuesta al anterior. Añado además dos artículos de 1996, de los mismos autores y la misma dinámica polemista, referidas al antiguo Mercado de la Plaza de San Ildefonso.

Mercado de San IldefonsoAntiguo Mercado de San Ildefonso

Referencias.-

El día que dinamitaron el mercado (en el blog “La Plaza de Olavide”)

Triunfo Digital
Luís Carandell
El Mercado de Olavide y la alcaldada
1974

El País
Moncho Alpuente
La venganza fascista
1994

El País
Enrique de Aguinaga
Plaza de Olavide
1994

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Hacer equilibrios en la cuerda floja es lo que saben hacer muy bien los dos jóvenes de la foto. No son trapecistas y su trabajo no se desarrolla bajo la carpa de circo. Son obreros de la construcción, de esos que encabezan las listas de siniestralidad laboral en España. Estos dos equilibristas se “jugaban el tipo” en Pola de Somiedo, en Asturias bajo el justiciero sol de Agosto. Seguramente, no sufrirán ningún percance y acabarán el edificio en el que trabajan y no se sumarán a los más de 8.600 accidentados de la construcción que, en lo que va de 2007, suma ya el principado de Asturias. A lo mejor no utilizan el material de protección porque no quieren; quizás no lo tengan. Tal vez lo pidieran y les contestaran: “No subas si no quieres. Ya subirá otro… Y mañana no vengas…”. Es un suponer.
Cada mañana, miles de obreros como los de la foto se exponen a peligros como éstos sin la más mínima medida de seguridad que evite un accidente. Algunos de ellos ya no vuelven más al “tajo” porque se accidentan y mueren.

Lo peor de esta situación es que al final, cuando unos falten, llegarán otros que harán su trabajo subidos al tejado haciendo equilibrios como si fueran trapecistas sin red.

Es la realidad de un inestable sector que ostenta el vergonzoso record de siniestralidad laboral en España y en el que la seguridad laboral de los trabajadores está siempre en la cuerda floja por partida doble.

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