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Archive for the ‘Prensa’ Category

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Barrio Municipal de Viseu (Foto: Bandia Rivero, 2012)

En la ciudad de Viseu, situada en la Beira Alta,  en la parte central del norte de Portugal, se encuentra un pequeño barrio conocido como el barrio municipal o barrio da cadeia, por haber estado la cárcel cerca. Es una colonia de casitas bajas que fue construida en la época salazarisa del Estado Novo, cuando la poblacion campesina depauperada y hambrienta acudía a las ciudades para buscar mejores condiciones de vida. La escasez de vivienda obligó al Estado portugués a planificar la construcción de polígonos o barridas de casas baratas o sociales para acoger a los continuos contingentes de inmigración y así eliminar los núcleos de infravivienda que se levantaban espontáneamente en la ciudad.

Este barrio social de Viseu se construyó en 1948. Se planificó como un conjunto de 104 casas terreras adosadas, con plantas de dimensiones diversas y un pequeño jardín en la parte delantera y patio trasero. La tipología arquitectónica, de reminiscencias regionalistas, recogía la esencia de la vivienda rural de las Beiras portuguesas, destacando por su sobriedad y por su aspecto rural. Con el tiempo muchas de las vivienda perdieron su lustre por la falta de mantenimiento y algunas quedaron vacías, al fallecer de los inquilinos y no volverse a alquilar.

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Barrio Municipal o “bairro da cadeia”, construido en 1948.

Desde hace más de veinte años que que circulaba por el barrio la intención de la Câmara Municipal (Ayuntamiento) -propietaria del barrio- de demoler las casas. La certeza llegó en 2000 cuando la Câmara  anunció formalmente su proyecto de demoler el barrio para construir cuatro edificios de realojo de tres o cuatro alturas, dedicando el resto del terreno para la  promoción privada. Su decisión se argumentó aduciendo la falta de fondos municipales para acometer las mejoras necesarias y las rehabilitaciones obligadas que garantizasen el buen estado de los edificios.

Asociaciones en defensa del Barrio Municipal

Como consecuencia de este anuncio, en 2001 se constituyó la Associação de Moradores do Bairro Municipal (Asociación de Habitantes del Barrio Municipal) con el objetivo de aunar esfuerzos para impedir la desaparición del barrio, argumentando su valor histórico, cultural y social para la ciudad de Viseu y defendiendo su rehabilitación. El Bairro da Cadeia constituye un ejemplo singular de las construcciones del Estado Novo portugués cuyo derribo acabaría con parte de la memoria histórica de la ciudad.

En la actualidad la mayor actividad la desarrolla el  Movimento pelo Bairro Municipal de Viseu (Movimiento por el Barrio Municipal de Viseu), que hace hincapié en este aspecto de la memoria afectiva de la ciudad que  condiciona a “partes de vida de las personas y de la ciudad que esas personas habitan y que debían de ser consideradas parte inalienables del propio patrimonio construido y humano de la ciudad”.

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Bairro da Cadeia, un ejemplo singular de las construcciones del Estado Novo portugués cuyo derribo acabaría con parte de la memoria histórica de la ciudad.

Es incomprensible -dicen desde el Movimientoque se proceda a la demolición de una parte del tejido histórico de la ciudad, uno de los raros testimonios dignos de ese nombre del siglo XX, interesante incluso en su concepto de concebir la intervención estatal en las formas de habitar de las clases sociales más humildes, que vistos desde la perpectiva de la democracia nunca deberían considerarse negativas a tal punto de intentar borrar la historia por negar el pasado“.

Desde el Movimiento por el Barrio Municipal de Viseu, tal como expresan en su manifiesto expuesto ante la Câmara Municipal  afirman no entender que se promueva el desarraigo de los habitantes del barrio obligándolos a “reintegrarse” en apartamentos de realojo nuevos, que se sumarán a los numerosos ya existentes -que no encuentran comprador- y a los que se construirán según el proyecto municipal, los cuales nada aportan a la vida urbana de Viseu y sí a la descaracterización de la ciudad.

La ejecución del  Proyecto

El Ayuntamiento, como medidas de presión para acelerar el desalojo de las viviendas, se ha servido del acoso y hostigamiento continuados. Como práctica repetida, todas las viviendas vacías han visto cómo les era retirada la techumbre para así acelerar su deterioro y dar aspecto de ruina al barrio, condicionando a los vecinos a aceptar los realojos como un mal menor. Ya en 1989, el propio Ayuntamiento decidió establecer una escombrera en el barrio, que acabó creando una montaña de desperdicios, dando una sensación alarmante de degradación.
Durante sus 65 años de vida las viviendas del Barrio Municipal, a pesar de ser el Ayuntamiento su titular, apenas han recibido algún tipo de aportación pública para su conservación, lo cual explica el mal estado que presentan algunas viviendas. Con la excepción de la substitución en la década de los 80 de los forjados, muy deteriorados, de algunas casas.

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Como práctica repetida, todas las viviendas vacías han visto cómo les era retirada la techumbre para así acelerar su deterioro y dar aspecto de ruina al barrio, condicionando a los vecinos a aceptar los realojos como un mal menor. (Foto: A. J., 2012)

Según el técnico de Patrimonio de IGESPAR  David Ferreira, en un informe que fue entregado a la Câmara Municipal de Viseu (Ayuntamiento) por la ahora ex-Asociación de Vecinos del Barrio Municipal (Associação de Moradores do Bairro Municipal), “se trata de un crimen contra el patrimonio arquitectónico al destruir un barrio que constituye un conjunto ejemplar de un modelo urbanístico que hizo escuela, que moldeó el paisaje urbano portugués y que resulta imprescindible para la comprensión de una época y de una sociedad, toda vez que se trata de una tipología de barrio social que no abunda en la región“.

Video: “O Bairro” (parte 1ª) , de Raquel Castro.

Curiósamente, en la actuación del Câmara Municipal de Viseu (Ayuntamiento de Viseu) se contempla la conservación de once viviendas para “perpetuar la memoria del barrio”, reconociendo así su valor arquitectónico y social, aunque sin aceptar que la desaparición del resto del conjunto borra por completo el testimonio, sepultando el espiritu del lugar.
Para substituir el barrio, se van a levantar cuatro edificios con un total de 56 apartamentos. De momento ya se han demolido diez casas y en 2012 se inició la construcción de uno de los edificios de pisos.

Video: “O Bairro” (parte 2ª) , de Raquel Castro.

La demolición del barrio, afirma el diputado del Bloque de Izquierda de Viseu  Carlos Vieira e Castro, es un crimen social que pretende destruir cerca de cien viviendas sociales para construir 56, en un periodo negro en la vida de Portugal debido a la crisis internacional, en el que la solicitud de viviendas sociales a los Ayuntamientos se ha duplicado en los últimos años. El resto del terreno se dejará en manos de la especulación privada.
Según palabras del presidente de la Câmara Municipal (alcalde) Fernando de Carvalho Ruas :”No podemos permitirnos el lujo de tener en el centro de la ciudad un barrio de casitas bajas para medeia docena de personas que ocupan una zona noble” (…) “No podemos permitir que una de las mejores zonas de Viseu esté ocupada por estas casitas sociales solo porque hay unas personas que literalmente no se quieren mudar a un piso”. Sus palabras lo dicen todo.

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Barrio Municipal o “bairro da cadeia”, construido en 1948.
(Foto: A. J., 2012)

 

Para el diputado Carlos Vieira , en oposición  al aprobado plan del Ayuntamiento, este debería privilegiar la rehabilitación frente a las nuevas construcciones, ahorrando así en recursos, en un país en el que la industria de la construcción solo dedica un 5% a la rehabilitación, frente al 33% de la media europea. La rehabilitación supondría salvaguardar el conjunto arquitectónico, dignificando las viviendas y manteniendo su uso  social, con la actualización de los alquileres, estudiando los casos, en especial el de la población de edad avanzada, más sensible a los vaivenes económicos.

Aunque algunos vecinos aceptan el realojo a un apartamento como un mal menor, mejorando en calidad de vida en relación a las casas que el Ayuntamiento  dejó deteriorar, hay otros que no están dispuestos a abandonar -a cambio de una supuesta mayor calidad de vida- las casas en las que viven desde hace décadas, con jardín, patio trasero, con arbolado en las aceras en donde pasear o donde sentarse a hablar con los vecinos, en un espacio de sociabilidad y relación comunitaria, dificilmente posible en los bloque de pisos. Lamentablemente, la suerte está echada.

Video: Fragmentos de vidas , de Inês Silva

Referencias.-

Moradores e associação tentam travar demolição em curso de bairro de Viseu (Publico, 24/06/2013)

Bairro Municipal de Viseu: a demolição de um património arquitectónico e social
Carlos Vieira e Castro
Jornal Via Rapida (Novembro 13, 2012)

Solidariedade Papel das Autarquias no Apoio às Famílias
Municipio de Viseu

Fragmentos de vidas
Inês Silva  (Video You Tube)

O Bairro
Raquel Castro (Video You Tube)

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Presencia de una ausencia, de Pablo Serrano. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

PRESENTACIÓN EN EL CENTRO CULTURAL “NICOLÁS SALMERÓN” DE MADRID

Con motivo de la inauguración en el Centro Cultural Nicolás Salmerón de Madrid de una exposición antológica de los últimos treinta años de carrera del escultor Pablo Serrano, en la tarde-noche del lunes 25 de febrero de 1985 se realizó en el patio del Centro, sobre una pieza donada por el artista,  el acto simbólico de la “quema del objeto”. (ABC, 26/02/1985)
Mientras de fondo sonaba el “Aleluya” de Haendel, en el interior de la obra, denominada por su autor “de la presencia de una ausencia“, se quemaba un cubo de cartón que al consumirse descubría la presencia simbólica del objeto quemado en el espacio vacio surgido.

En esta obra el centro, el interior, cobra protagonismo. Una forma, un objeto destinado a ser destruido. La construcción del vacío que se genera a consecuencia de la destrucción de ese objeto mediante el fuego. La quema como acto conceptual. La destrucción produce un nuevo objeto artístico. La quema (destrucción) conduce al vacío (construcción). Lo que permanece, para Serrano, es la presencia de una ausencia.

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Presencia de una ausencia, de Pablo Serrano. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

El espíritu (…) también en esta materia  pertenece  a cada individuo; él es tiempo ilimitado. Tenemos consciencia de los espacios. Creemos en tiempo y espacio limitado. Nos hacemos, nos continuamos (tiempo y espacio ilimitado). Realizamos otro objeto extendiendo al infinito las características de él. Tomamos un cuerpo de materia si hacemos desaparecer el primer objeto y nos quedamos otro espacio / PRESENCIA DE UNA AUSENCIA /”. (Pablo Serrano)

Esta “quema del objeto nocturna” ya la realizó Serrano en 1980 en la exposición antológica celebrada en la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, y en la plaza de España de Alcañiz (Teruel) en 1981, donde la obra, similar a la madrileña, se acabó por situar frente a la fachada del Hospital de Alcañiz, en la calle del doctor Joaquín Repollés .

OBSESIÓN ARTÍSTICA DE SERRANO

Lo curioso de esta obra, como una constante en la carrera de Serrano -también hay otra pieza similar en Andorra (Teruel)-, y a la que dedicó una investigación casi obsesiva, es el escaso interés que parece que ha despertado entre sus propietarios. La o las piezas en cuestión fueron donadas por Serrano a los ayuntamientos que ahora las poseen y, por lo general sirvieron para representar el mencionado rito de destrucción-creación a través del fuego. “Tomar el fuego o darse al fuego, destruir o consumirse; tal es el giro psicológico que transforma todos los valores. Por el fuego todo cambia. El fuego es interno o externo; el externo es mecánico, corruptor y destructor; el interno es espermático, engendrador, madurador” -decía Serrano.

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Ayuntamiento de Madrid. Jardines del Centro Municipal de Mayores “Nicolás Salmerón”. Inaugurados el 17 de Febrero de 1995 por el Excmo. Alcalde de Madrid D. José Mª Álvarez del Manzano López del Hierro“. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

DESINTERÉS DE LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS

Las esculturas como la de Madrid o Alcañiz fueron ubicadas en espacios acordes al carácter de la obra y con el tiempo se trasladaron a otros lugares. Ahora se encuentran  en medio de zonas de paso, sin interés o medio escondidas. En el caso de la que se situó en Madrid, en el patio del Centro Cultural Nicolás Salmerón, en 1995 se reubicó en una especie de parque fuera del recinto original. Este parque, cerrado con una verja y con aspecto de un jardín privado, fue inaugurado el 17 de febrero de 1995 por el entonces alcalde Jose Mª Álvarez del Manzano, con el fin de servir de zona verde para las personas que acudían al Centro de MayoresNicolás Salmerón”. Durante 13 años sólo se utilizó para algún campeonato de petanca y, desde 2008, aproximadamente, hasta mediados de 2012 sólo se abría por el personal de Parques y Jardines para su mantenimiento, escaso por otra parte.

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Detalle del cierre del parque en 2011.

Así, la escultura ha permanecido olvidada, en medio del parque, abandonada y, por periodos,  devorada por la maleza. En la actualidad el parque se abre en el horario en que se mantiene abierto el Centro de Mayores. Parte del ajardinamiento se ha desmantelado y se mantiene un vallado de obra junto a material de albañilería en estado de abandono total. Ya sea por ser poco conocido y quizá también por su ubicación en umbría, este espacio verde con obra de arte incluida a penas tiene visitantes. Solamente lo frecuentan los gatos, que han hecho del lugar un refugio, y algunos perros  con sus dueños.

NOTA (05/ 11/ 2017): Durante los meses de verano de 2017 la obra de Pablo Serrano ha sido retirada de su emplazamiento.

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Libro de Ediciones La Librería-Temporae, titulado Madrid a pie de calle , que reúne cerca de 200 imágenes del archivo particular de uno de los reporteros gráficos más destacados de su generación: Manuel Urech. Fotoperiodista del desaparecido diario Madrid  durante treinta años (además de haber trabajado para ABC, la agencia EFE o la revista Semana), Urech fue captando el bullir de la urbe en sus innumerables incursiones periodísticas, dejándonos una crónica visual que conjuga el espíritu de un reportero y la mirada del artista. La mayor parte de las 200 fotografías del libro son de los años 1945 y 1955. Una mínima muestra del legado del fotógrafo ve ahora la luz en este libro cuyo autor es Miguel Ángel Urech Ribera, uno de sus hijos y custodio del archivo durante los últimos 27 años.

Madrid a pie de calle, un libro de fotografías de Madrid. Imágenes en blanco y negro del Madrid de las décadas de 1940-1960. Un Madrid rural, todavía a medio hacer y todavía medio deshecho, donde se adivinan leves aires de modernidad y se intuye que la urbe se esfuerza por crecer y superarse, mirando de reojo a Europa como horizonte.
El tiempo pasa y la foto recoge el instante y detiene el tiempo para que podamos ser testigos de cómo se vivía y de cómo éramos.

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Conductor con su impecable taxi fotografiado por Manuel Urech, hacia 1945.-Urech

En el libro Madrid a pie de calle, editado conjuntamente por Ediciones La Librería y Temporae, en el tiempo detenido de las fotos de Urech vemos escenas de contenido claramente periodístico y algunas más personales, también más íntimas, todas tomando el pulso a la ciudad con sabiduría y gusto estético. Aparecen escenas cotidianas: barriadas miserables habitadas por gentes con pocos medios, sin agua y sin luz en sus casas; rebaños de ovejas, carros tirados por burros o mulos, un calesero despistado que guía su vehículo en pleno paseo de Recoletos entre coches; vendedores ambulantes que acuden a la capital para ofrecer su modesto género: botijos, sombreros, sandías, limones, galletas, verduras. Pero también hallamos tranvías eléctricos, un moderno y espacioso Metro, automóviles utilitarios último modelo, carreras de motos en el Retiro, aviones a reacción, grandes avenidas y un colosal campo de foot-ball con gran explanada para parking, situado en la más representativa de las avenidas de la capital. Como se ve, en el terreno del transporte, aún convivían sin mucha dificultad la tracción animal con la mecánica, de manera que el olor a los vapores del heno y la gasolina ya procesada se mezclaban en algunos puntos de la ciudad y se convertían en una sensación más de la vida cotidiana.

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Estación de servicio Petróleos Porto Pi, en la calle Alberto Aguilera con Vallehermoso, diseñada en 1927 por Casto Fernández Shaw.-Urech

Hay una foto que nos muestra una mujer subida en una novedosa Lambretta, esa motocicleta “scooter” que todavía levanta pasiones hoy en día, y algo más atrás se ve a un joven con un paquete en una de sus manos que mira como asombrado -entre sorpresa y espanto-, no se sabe muy bien si a la mujer –por mujer o por motorista- o al fotógrafo, es decir a Urech, o a lo mejor a ambos. A la derecha de la foto, tomada en la calle Maldonado, ya repleta de edificios de modernas viviendas, hay unas casetas de madera –que podrían ser de obras- y unos carros también de madera –que podrían ser de mudanzas- ; entre lo rural y lo urbano. En algún lugar leí a Juan José Millás decir que la Vespa, la hermana mayor de la Lambretta, era una moto con aspiraciones burguesas, la moto que la gente se compraba para salir de la clase social en la que había caído. Poseía dos ruedas pero aspiraba a cuatro, por lo que representaba excelentemente a un país con vocación de clase media.

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¿Sorpresa o envidia? El joven mira y la mujer posa con gozo montada en una Lambretta. La foto está tomada en la calle Maldonado, en 1955.-Urech

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La plaza de Callao desde Preciados en 1957. En el centro de la foto, junto al Palacio de la Prensa, el cine Actualidades que ocupaba los bajos del hotel Nueva York, derribado a principios de 1960.-Urech

Madrid fue en esas dos décadas de los 40-60 del siglo XX, como lo ha sido hasta no hace muchos años –en un paréntesis causado por la “pertinaz crisis”-, una ciudad de obras incesantes, donde se derribaban edificios y se construían otros más grandes y más altos, donde se abrían calles nuevas y desaparecían otras más pequeñas; donde las autoridades se inventaban nuevos barrios en lugares aislados, construidos por inmobiliarias que con el tiempo se hacían poderosas. También fue ciudad milagrera, con sus misas al aire libre, sus romerías y sus procesiones de peineta, mantilla y rosario entre las manos y sus penitentes rogando por sus mandas en plena calle. Fue ciudad de militares, con mucho uniforme y mucho desfile. Tampoco han cambiado mucho las cosas desde que Urech hiciera esas fotografías. En el plano social, quiero decir.

Pero Madrid también se divertía y Urech  nos lo muestra en sus instantáneas. Los madrileños iban a los toros y al circo. Acudían en masa a ver jugar a su equipo de foot-ball. En verano se bañaban en las piscinas de moda, y en el Manzanares. Y también iban al teatro y al cine, al contrario que ahora que nos basta para estar entretenidos con la televisión, las tablets y los smartphones.

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Bañistas en el rio Manzanares junto al puente de los Franceses en 1946.-Urech

En las elegantes fotos de Manuel Urech nos encontramos con arquitecturas arrinconadas unas, y otras desaparecidas, que nos hacen pensar en el poco valor que le damos los madrileños a las construcciones que flanquean las calles de nuestra ciudad ; viejas modas en el vestir, estéticas trasnochadas coronadas con peinados imposibles y complementos casi olvidados; cándidos hábitos de ocio ajenos al actual consumismo desmedido como única manera de llenar el tiempo libre; antiguos trastos de uso cotidiano, ahora piezas de museo o de coleccionista. Poses de tosco exhibicionismo popular y altivas miradas de la burguesía más respetable.

Para muchos se trataría de fotografías que contienen historias que nos resultan más o menos familiares por haberlas escuchado o leído. A otros muchos les hará recordar. Para todos éstas imágenes, como narraciones, pasarán a ocupar un lugar en nuestra memoria, como si de lejanas evocaciones se tratara.

 

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El Elefante Pizarro en el Parque del antiguo Buen Retiro. (Grabado: La Ilustración Española y Americana, 1873).

Hubo en España un elefante que se hizo famoso en el último tercio del siglo XIX por sus lances con toros bravos de lidia de los que solía salir bien parado. Aunque vivía en Madrid -llegó en 1863-, su domador lo trasladaba a las plazas de todo el país para que el público pudiese admirar su habilidad y valor frente a los toros.

Atrapado por una argolla a una de sus patas, “Pizarro” o “Pizarrín“, como se le conocía, alargaba la cadena que le ataba a una estaca clavada en medio de la plaza y repelía como podía los embistes instintivos de la desconcertada res. Famoso fue su combate en 1865, en la antigua plaza de la Puerta de Alcalá contra cinco toros bravos. Este espectáculo se incluía en las tardes de toros a modo de “entremés”, a la vez que servía de reclamo para atraer a un mayor número de espectadores. El gusto por esta “atracción”, suponía un dudoso atavismo que  fue desapareciendo entre las aficiones populares, aunque lentamente, ya que hubo más “Pizarros”.

La anécdota de “Pizarro”

Se cuenta de este elefante una anécdota, que según quién lo haga y dónde se lea, puede aparecer como un hecho curioso y divertido, sin mayor importancia,  o al revés, como un suceso relevante y  grave, que dentro de su dramatismo pudo acabar aún peor. También se dice que, tal vez,  solo se trate de una leyenda y que, en realidad,  nunca ocurrió.

El caso es que el pobre “Pizarro” -según se cuenta- escapó de su triste reclusión una noche y, no sabiendo muy bien dónde ir, se dedicó a destrozar todo cuanto le estorbaba en su camino, para finalizar su evasión frustrada en una tahona en las cercanías de la calle Alcalá.

La anécdota, muy popular y con múltiples referencias en la prensa de la época y en internet, cuenta, sin embargo, con múltiples variaciones que sitúan el punto de partida de la fuga del elefante en sitios diferentes, variando lo que fue ocurriendo durante el periplo, así como la fecha y el momento del día, o la noche, en que esta sucedió. Así, nos encontramos con quien sitúa el inicio de la aventura en la Casa de Fieras del Retiro, alguno habla del coso de Las Ventas, en vez del de  la Puerta de  Alcalá que sería más adecuado, o bien en los jardines de los Campos Elíseos de Madrid.

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“Boletín de Loterías y Toros”, página 4 (5/9/1865)

El diario democrático La Discusión, el jueves  6 de abril de 1865,  publicaba: “Anteanoche martes 5 de abril á las diez y media de la noche se alarmó el pacífico vecindario que habita en las afueras de la puerta de Alcalá de esta corte. Fué el caso, que el corpulento y feroz elefante , encerrado en la plaza de toros de los Campos Elíseos, incomodado de que sus amos le abandonaran por las noches, rompió las cadenas que le tenían sujeto y, no contento con esta hazaña, se salió de la plaza, rompiendo las vallas, puertas y cerrojos, sin que nada ofreciera resistencia a sus colmillos y trompa“.
Con el ejercicio -añade la crónica- se le despertó el apetito y después de dar unos cuantos paseos por los jardines, rompiendo árboles, faroles y causar algunos destrozos en las plantaciones, con una destreza admirable, emprendió a trompadas con la puerta de salida (…)” -incluyendo la caseta del guarda y al guarda mismo que salió volando por los aires-. “Derribó la puerta de salida y “Pizarrito” ya se encuentra dando feroces rugidos en medio de la carreta de Aragón”.
Despiertan los vecinos, se asustan, se alarman, se echan a la calle y, armados de palos, pistolas y escopetas, tratan de dar alcance al elefante; pero este huye, se mete en la tela, embiste a tres carretas, las destroza, maltrata a algunos bueyes y se dirige a la tahona de San José al olor del pan…”  (La Discusión,6 de abril de 1865)

Esta misma noticia, en iguales términos y publicada el mismo día, aparecía en La Correspondencia de España (6/4/1865 pág 3),  La Época  (6/4/1865 pág 3),  La España  (6/4/1865 pág 4), y  La Esperanza  (6/4/1865 pág 3).

Sin embargo, resulta curioso el relato de  La Ilustración de Madrid  de 28 de febrero de 1871,  en el que se dice que el 4 de octubre de 1863, el Ayuntamiento de Madrid ofrecía asilo al cansado elefante  para que, después de recorrer toda España, pasara allí sus últimos años de vida. Es en esta información donde las fechas y los lugares no “encajan”. Vemos que el episodio de la escapada es posterior y se produce en otro lugar, aunque próximo. Además, sigue publicitándose su participación en  espectáculos taurinos en 1869, cuando se supone que ya no “trabajaba”; y todavía en 1970 realizaba exhibiciones en las plazas de toros, como refleja una nota publicada en el Boletín de Loterías y Toros del 3 de enero de 1870. Probablemente la fecha que aparece en La Ilustración de Madrid esté mal por causa de una errata del periódico, o bien que por la calidad de la copia no se lea bien,  y el año que “Pizarro” se retiró pudiera haber sido entre 1870-1971, coincidiendo con la fecha de la publicación del artículo.

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Cartel de 1869 en que se ve como el elefante seguía en “activo”. Se lee que todavía iba al trabajo.

En cualquier caso, la figura del elefante, objeto de admiración para unos pocos y motivo de diversión para el público en general,  que acudía al espectáculo seudotaurino de la lucha entre las dos bestias, acabó trascendiendo lo meramente popular y se convirtió en un elemento de chanza e ironía jocosa para lalgunos articulistas de la prensa como La Guirnalda, El Liberal, El Periódico para todos, La Ilustración Ibérica, Madrid Cómico, y muchos más. El Pais, por ejemplo, bromeaba en 1898, recogiendo la anécdota de la tahona, que ya comenzaba a desvirtuarse, diciendo: “El elefante Pizarro, encadenado en el Retiro tuvo un día hambre y, rompiendo las cadenas conquistó a trompadas en una tahona el pan que necesitaba. Moraleja: Los elefantes son más sesudos que los obreros hambrientos”. (El Pais, 22/2/1898, pág. 2)

Por su parte, mucho después, en 1913, cuenta el cronista Carlos Cambronero en La España Moderna, cómo en la primavera de 1865 la empresa que explotaba el parque de diversión denominado  Campos Elíseos llevó un elefante que dominaba algunas habilidades, entre ellas la lucha con otras bestias. Así, se le puso en la plaza de toros a medirse con dos toros bravos, los cuales lo acosaron , sin que este hiciese otra cosa que defenderse, por lo que la lid quedó en empate. El elefante, procedente de Ceilán, también dominaba el castizo arte del descorche de botellas de vino con la posterior ingesta del líquido contenido. Cuentan que en cierta ocasión, no se sabe cómo, el paquidermo se desató de las cadenas que lo sujetaban y paseando libremente por el jardín acertó a pasar delante de la fonda del recinto a la que entró.

Viendo a su disposición tantas botellas de vino expuestas para la clientela, se hizo dueño da las mismas y comenzó a ejercitar su aplaudida habilidad. Tal exceso de botellas de distintos brebajes descorchó y bebió, que el abuso le causó gran desconcierto y malestar -una buena trompa-, y perdiendo su habitual mansedumbre, el animal se dedicó a destrozar cuanto se le puso delante, acabando con la verja de la puerta de entrada, tras lo cual salió a la carretera de Alcalá, y ante el griterío de sorpresa y temor del vecindario, se cobijó en una tahona, llamada de San José aprovechando para ingerir con ansia cuanto panecillo estuvo al alcance de su probóscide, sin que el estupefacto panadero pudiera hacer nada para evitarlo. Finalmente pudo de ser sosegado por el domador, quien logró sujetarlo y llevarlo de vuelta al parque. (Basado en el texto de Carlos Cambronero. La España Moderna, Nº 296, Octubre 1913. Pág. 34 y sig.)

Parece que en este texto pueden caber algunas dudas en cuanto a su absoluta verosimilitud. Aunque lo probable es que el episodio de la huida responda al suceso tan como se inició,  el asunto del vino y del descorche de botellas puede ser más un recurso cómico del autor que quiso parangonar la escapada del gigante con las aventuras etílicas de algunos vecinos de la Villa.

No queda nada claro si el animal finalmente se sosegó al ver a su domador y regresó en calma a su encierro; si se enfrentó a los guardias hasta quedar exhausto; si hubo necesidad de drogarlo para reducir su fuerza; o si volvió él solo -sabida es la memoria del elefante para recordar el camino de vuelta a casa-, una vez calmó su hambre y su sed. En cualquier caso, la situación, más que de broma debió de ser tremenda.

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El gusto por esta “atracción” fue desapareciendo entre las aficiones populares, aunque lentamente, ya que hubo más “Pizarros”… Cartel del espectáculo de lucha entre el elefante “Nerón” y el toro “Sombrerito” , 1898. .

La muerte del elefante “Pizarro”

El 8 de julio de 1873,  la Ilustración Española y Americana publicaba: “Ha fallecido, la semana pasada, el monstruoso paquidermo que, desde hace algunos años, vegetaba tristemente en el jardín zoológico del Parque de Madrid. “Pizarro”, que tenía 58 años, era oriundo de Ceylan y viajó por diferentes naciones de América, atravesó el Atlántico y vino a parar a Francia y a España, siempre conducido por su hábil domador y propietario el norteamericano Mr. Eduardo Miller.”

Narra la crónica el episodio de la huida y su asalto a la tahona, del que sin abundar en detalles, dice que una vez saciado su apetito se dirigió de vuelta al recinto como si nada hubiera pasado.

Finalmente  -añade el cronista-“comprole el ayuntamiento de esta capital para el jardín zoológico del Parque de Madrid, y allí ha permanecido pocos años, encadenado, consumiéndose lentamente, siendo objeto de terror para los niños y de curiosidad para los forasteros”. Y acaba el artículo con una exhortación al Gabinete de Historia Natural (creado en 1776) para que se hiciese cargo de la conservación naturalizada del animal, aún entendiendo la dificultad por no haber medios para costearlo. (Ilustración española y americana, 8 de julio de 1873. Págs. 3 y 4)

Curiósamente el periódico Caras y Caretas de Buenos Aires, en 1914 en un artículo sobre el miedo cerval que los elefantes sienten por los ratones, hacía una breve alusión a “Pizarro”, asegurando que la causa de su muerte se debió a que un ratón le entró por la trompa atáscándosela…”. En fin, una leyenda más. ( Caras y Caretas, 17/1/1914. Pág. 18)

El caso es que sus huesos parece que se dejaron en el interior de uno de los estanques del Parque del Retiro dispuestos a macerarse para luego pasar al Gabinete de Historia Natural. Así lo aseguraba el Diario Oficial de Avisos de Madrid, si bien no añadía mayor información,  ni dejaba constancia de que los restos hubieran sido finalmente entregados al citado Gabinete de Historia.   (Diario Oficial de Avisos de Madrid el 17/7/1873 , pág. 4)

José Fernández Bremón, aseguraba un año después en el El Imparcial, en 1874,  que los huesos estaban enterrados en el Parque: “Hoy la osamenta de Pizarro yace bajo tierra. No se ha escrito su necrológica; la voz pública murmura sobre las causas de su muerte. Se habla de asesinato. Yo no acuso a nadie. Los sabios venideros que escarben el Retiro, cuando tropiecen con los huesos de Pizarro asegurarán que tal vez se criaban elefantes en Madrid en el periodo oscuro de la república española.” (El Imparcial, 8/6/1874. Página 4, Hemeroteca BNE)
Es más, el diario El Globo, el 10 de junio de 1875, acerca de la instalación en Madrid de la Protectora de Animales, menciona también que los huesos de Pizarro se encontraban enterrados en el Parque de la Villa. (El Globo, 10 de junio de 1875, Hemeroteca BNE).

Queda por conocer si en algún momento fueron desenterrados y  destinados a ser conservados.

Los elefantes del Museo de Ciencias Naturales

Actualmente en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, heredero del Gabinete de Historia Natural, hay dos elefantes naturalizados. Se trata de un elefante indio (Elephas indicus), que se colocaron en una peana el esqueleto y, en otra, el ejemplar naturalizado con la piel; y de un elefante africano (Loxodonta Africana), actualmente en el vestíbulo de entrada al museo. Del esqueleto y de la piel de “Pizarro” nada se sabe. Salvo lo ya contado más arriba.

El elefante indio, procedente de Malasia,  llegó a Madrid en 1773, regalo del gobernador de Filipinas al rey Carlos III. Embarcado vivo desde Manila, viajó por mar hasta Cádiz. De allí a pie hasta el Real Sitio de San Ildefonso pasando en su itinerario por Córdoba, Valdepeñas, Ocaña, Aranjuez, Carabanchel y Aravaca, a razón de tres leguas castellanas por jornada que sumaron 42 días de viaje. De San Ildefonso lo trasladaron a El Escorial y de allí a Aranjuez, donde llegó a primeros de noviembre. En aquel lugar tuvo su residencia definitiva en la “Casa de Vacas”, en un corral para él acondicionado. Seguramente por lo inapropiado de los cuidados, el clima y la alimentación, el elefante murió el 17 de noviembre de 1777.

Elefante indio (“Elephas indicus”), actualmente en el MNCN.

Y queriendo Carlos III que se le disacase, se solicitó al naturalista Juan Bautista Bru que dispusiera lo necesario para emprender el trabajo de disección y conservación del animal cuanto antes. Entre el 21 de noviembre de 1777 y el 28 de febrero de 1778, Bru trabajó con los restos del animal que dejó listos para su exposición en el Real Gabinete de Historia Natural, que había sido inaugurado en 1776. El coste total de la desecación del elefante asiático ascendió a 14.137 reales con 20 maravedís. (FUENTE: Sánchez Espinosa, Gabriel. Un episodio en la percepción cultural dieciochesca de lo exótico: La llegada del elefante a Madrid en 1773. Goya 295-296, 2003. Páginas. 269-286.)

En cuanto al elefante africano (Loxodonta Africana),  fue donado por Jacobo Stuart y Falcó, duque de Berwick y de Alba, padre de la actual duquesa y patrono del Museo en sus inicios, trás una expedición a África. El animal fue abatido en Stern Jack, Nilo Blanco, Sudán, el 22 de marzo de 1913.
En realidad, al elefante, una vez muerto, le arrancaron los colmillos, que pasaron a engrosar la colección particular de trofeos del duque, y se le quitó la piel que luego se donó al Museo de Ciencias Naturales.
Previamente, los guías y ojeadores del safari clavaron sus lanzas en el animal muerto, que según se cuenta es la costumbre de estas gentes y el cuero del elefante quedó agujereado y rasgado en numerosas zonas.
Así, la piel mal cortada y en piezas fue enfardada y embarcó para España con destino al Museo. Ahí permanecieron los más de 600 kilos de la piel del paquidermo, arrinconados en los sótanos del edificio. El fardo se desenvolvió el 5 de noviembre de 1923 y nadie quiso o supo hacer nada con él. Por aquella época Luis Benedito era el  Escultor Taxidermista del Museo y a él se le encargó la tarea de darle forma de elefante al fardo de piel reseca y cuarteada con el que se encontró.

El elefante africano en la entrada del MNCN de Madrid fotografiado en 2011 . (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Benedito construyó un armazón de 3.450 kg utilizando madera, malla metálica, escayola, el trozo de cráneo del elefante y unos ojos de cristal. A continuación, modelada en escayola a tamaño natural la figura del elefante, se recubriría por completo con la piel ya curtida y preparada para ser encolada, ajustando cuidadósamente cada pieza, pliegues y arrugas, y sujetándola con alfileres ( 77.000) hasta que la cola secara por completo.
En abril de 1928, la figura quedó lista para que la piel se colocase. Después solo haría falta que las colas y resinas endureciesen, dar algunos retoques finales y ya sería posible su traslado al Museo para su exposición. En la primavera de 1932 el elefante africano hacía su último viaje por el Paseo de Recoletos y por la Castellana con destino a los Altos del Hipódromo ante la atónita mirada de los transeuntes, esta vez ya como el elefante que había sido. El coste total de la naturalización fue de 9.834 pesetas. (Más datos en el artículo “El elefante del Museo de Ciencias Naturales“, en Urban Idade)

Referencias.-

La Discusión,  (6/4/ 1865) en la Hemeroteca BNE

La Ilustración de Madrid  (28/2/1871), en la Biblioteca Virtual de Madrid

Campos Elíseos de Madrid
  (Urban Idade)

Luchas de toros con otros animales
Francisco López Izquierdo
ABC Hemeroteca (22/05/1962)

El elefante del Museo de Ciencias Naturales (Urban Idade)

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  “La Prosperidad 1862-2012” es un libro que traza un excepcional recorrido por la desconocida historia de este barrio. En sus páginas, los textos se acompañan de cerca de doscientas fotografías y documentos que ilustran el pasado y el presente de la Prosperidad, recuperando su memoria visual y apelando por la conservación de su particular idiosincrasia.

Hasta 1863 el aspecto que mostraba la futura barriada de la Prosperidad era la de un conjunto de baldíos y tierras de secano, atravesadas por un viejo camino de herradura y salpicadas por tejares, casas de labor y algún ventorro. Más allá de los límites de Madrid existía una periferia rural constituida por pequeños suburbios surgidos de manera espontánea. Uno de estos núcleos fue la Prosperidad.

Mediado el siglo XIX, Madrid aspiraba a ser una ciudad industrial de éxito, y para ello necesitaba mano de obra abundante. En 1862, aprovechando la coyuntura, un grupo de terratenientes comenzó a parcelar y a vender con afán especulativo sus propiedades rústicas al otro lado del paseo de Ronda, límite oriental del nuevo Madrid. Estas tierras, adyacentes al viejo camino de Hortaleza, adquiridas por gentes del interior de la Península, fueron el origen de la Prosperidad, un suburbio obrero surgido en la periferia, a la sombra del Ensanche de Castro, que con el tiempo acabaría convirtiéndose en un singular barrio de Madrid.

“La Prosperidad 1862-2012” se ha publicado por la editorial Temporae  y se encuentra  en Kioscos y librerías de la capital  y a través de la web de La Librería.

Más información sobre el libro y los eventuales actos a él relacionados, actualizados y con detalles exclusivos,  en Facebook: “La Prosperidad. 1862-2012

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Jacob August Riis nacido en Dinamarca en 1849 y emigrado a Estados Unidos con 21 años,  fue pionero de la fotografía y está considerado como un precursor de las técnicas modernas.  La fotografía que encabeza esta entrada, oficialmente ” 59 Mulberry Street“, pero más conocida como “nido de rateros“,  la logró Riis al hacer posar ante la cámara a vecinos y habituales de este  suburbio  de Nueva York, popular por ser lugar frecuentado por vagos, maleantes y gentes de mal vivir.

En realidad la intención de Riis, como fotoperiodista, fue buscar una imagen sensacionalista que alertase a la sociedad americana de las injusticias laborales y sociales que pedían reformas urgentes. Esta fotografía apareció en el libro de Riis, de 1890, “How the other half lives” (Cómo vive la otra mitad), en el que la intensidad documental de su fotoperiodismo se unía a la conseguida técnica de reproducción de las imágenes de “trama de medios tonos”.  Probablemente la foto debió de colorearla a mano algún ayudante de Riis con la intención de conseguir un impacto mayor entre los lectores. En la actualidad la foto se expone en el Museo de la ciudad de Nueva York.

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Obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Hasta principios del siglo XVII, Madrid, a pesar del rio Manzanares, siempre de escasas aguas,  y de algún que otro arroyuelo, se bastaba para abastecer de agua potable a su población.  Cuando Felipe II decidió instalar la Corte en la Villa y convertirla en capital del reino en 1561, la ciudad  no llegaba a las 15.000 almas.  Traspasado el siglo XVII ya eran más de 48.000, y la creciente demanda de agua obligaba a realizar constantes búsquedas de reservas. Por aquel entonces, el sistema habitual de abastecimiento era la excavación de pozos para acceder a las aguas freáticas del subsuelo y la utilización de los manantiales cercanos. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica (de ladrillo o piedra) soterrados.

En 1850 Madrid todavía se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes de agua con que contaba la ciudad, especialmente durante el estío, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77  fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 663,50 “reales fontaneros” de dotación, medida de la época que equivaldría a 2.151 m³. El “real fontanero” equivalía a 3.245 litros en 24 horas, es decir 135 litros a la hora o cien cubas diarias aproximadamente.

Aunque hubo diferentes proyectos para abastecer de agua a Madrid desde mediados del siglo XVIII, no sería hasta 1848 cuando se aprobase un proyecto provisional de abastecimiento con aguas del río Lozoya. Finalmente, en 1851, Bravo Murillo presentó en las Cortes el proyecto de los ingenieros de caminos Juan Rafo y Juan de Ribera para la traída de las aguas a Madrid del río Lozoya. (Ver: Canal de Isabel II en Wikipedia)

Presa del Pontón de la Oliva durante su construcción en 1853.

Preparativos

La elección del lugar para construir la presa y el trazado de la conducción de las aguas estaba condicionada por la distancia y el caudal a transportar. Teniendo en cuenta que era necesario mantener un mínimo de pendiente para que el agua llegase desde el embalse a Madrid hubo que proceder a la nivelación geodésica entre ambos puntos. El lugar elegido en el Pontón de la Oliva pareció lo suficientemente elevado para realizar las conducciones con éxito. Los ingenieros Juan Rafo y Juan Rivera pudieron constatar que entre el Pontón de la Oliva y la Puerta de santa Bárbara, donde se ubicaría la estación de recepción de las aguas, había una diferencia de nivel de 95 pies (26,46 metros). Según publicaba El Museo Universal, después de hechos los estudios, la cuenca del Lozoya, por su proximidad a Madrid y por su capacidad,  hacía del Pontón la ubicación más conveniente.

El presupuesto del Gobierno para la construcción del canal marcaba como mínimo la conducción de 10 reales fontaneros de agua (0,38 m³/sg.), y en vista de la posibilidad de aumentarlo hasta 60 reales fontaneros (2,25 m³/sg.) se supeditaron las dimensiones del canal a dicho volumen. (El Museo Universal, 30/06/1858, págs. 91-92)

Presupuestos y financiación

En relación a la financiación, los presupuestos realizados por los ingenieros calculaban un desembolso de entre sesenta u ochenta millones de reales para la conducción y distribución del agua. Veinticinco serían para la distribución; siete y medio para los acueductos; ocho para la construcción de las minas y la presa; dos y medio para el depósito en Madrid; y el resto para indemnizaciones, imprevistos, y gastos de administración y dirección de las obras.
Para hacer frente a la inversión del Canal de Isabel II se optó por el método de suscripción pública, que se rentabilizaría en forma de dividendos o bien en cuotas de consumo de agua según el capital aportado.
Para romper la desconfianza la Reina Isabel II hizo una primera aportación suscribiendo cuatro millones de reales, a los que hubo de sumar casi dos más de los restantes miembros de la familia real. El Gobierno aportó dos más y el Ayuntamiento dieciséis.

El 13 de septiembre 1851, hablando de la traida de aguas a Madrid, Mesonero Romanos se quejaba en La Ilustración de la falta de suscriptores al proyecto, lo que impedía incrementar el capital para acometer la obra. Desde que esta suscripción se abrió al público, las aportaciones mencionadas, más otras 103 de grandes capitalistas, aristócratas e inversores anónimos, transcurrido un mes, no habían aumentado en más de un millón de reales los ya conseguidos de treinta y cuatro. (La Ilustración nº 35. Madrid, 1851)

Inicio de las obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Inicio de las obras

Durante el último trimestre de 1851 se fueron ultimando los estudios sobre el trazado de las conducciones, mientras se realizaban las obras previas para preparar los caminos para el acarreo, acopio de materiales y la construcción de los edificios que servirían de alojamiento para los obreros. Hasta febrero de 1852 no comenzarían las primeras excavaciones.

Caserna presidio del Ponton de la Oliva. Había mil quinientos presidiarios trabajando en la obra. (Foto: Charles Clifford, 1853. Fondo BNE)

“El mayor contingente de operarios estaba constituido por mil quinientos presidiarios. Lucio del Valle, uno de los cinco ingenieros de las secciones y que en 1855 se haría cargo de la dirección de las obras, ya había utilizado reclusos en el tajo de la carretera de Cabrillas, desde donde fueron trasladados al Pontón de la Oliva”.
“Tras obtener la autorización del Gobierno para la utilización de los reclusos, el presidio se dividió en cuatro especialidades: taller de herrería, para trabajos relacionados con las herramientas y accesorios de hierro; taller de carpintería, para los utensilios fabricados con madera; taller de espartería y cestería, para la elaboración de espuertas, cuerdas, cestos de mimbre, aguaderas…; taller de guarnicionería y albardería, para la realización y reparación de arreos y atalajes para el material de transporte”. (Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Ayuntamiento de Madrid, 2005. Págs. 106-108)

“Las herramientas y utensilios empleados en la construcción del canal eran los mismos que servían tradicionalmente a canteros, albañiles, zapadores o peones: legonas de pala y gancho, zapapicos de cantera, martillo, , fijas, palaustres, martinillas, macetas y trinchantes de cantero, zaranda de hierro, serretones, cadenas de compuerta, maromas de esparto, madejas de tomiza y de filete, tiros y apretadores de cáñamo, ovillos y madejas de bramante, albardas, cinchas, ataharres, yugo, frontales, serones, esportones, cubierta de albarda, aguaderas, criba de esparto, espuertas hoceras y terreras, cabo de pleita, barriles, atalaje completo para carros, sarrieta y cerraduras, etc.” ( Texto: Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Grabado: Arte de albañilería. Juan de Villanueva. Edición  Pedro Zengotita Vengoa. Madrid 1866.)

Colocación de la primera piedra

“El 11 del mes corriente a las tres y media de la tarde S. M. El Rey, en representación de nuestra querida Reina, salió de su Real Palacio con dirección del Pontón de la Oliva, acompañado de varios señores ministros y altos personajes de su real servidumbre. Pocos días antes el camino de Madrid a Torrelaguna, que dista de la corte nueve leguas, se hallaba en tan mal estado que no podía pasarse sin peligro del carruaje por muchos parajes. Y el de Torrelaguna al Pontón de la Oliva, que se halla a dos leguas cortas de distancia de esta última villa, no era transitable en coche más que en un reducido espacio, y esto con bastante incomodidad.
Pués bien, merced a la actividad de los Directores e Ingenieros de la obra del canal de Isabel II, S. M. El Rey pudo correr las once leguas en menos de cinco horas, y solo tuvo que apearse medio cuarto de hora antes de llegar al Pontón de la Oliva“.

Al llegar S. M., una música militar tocó la marcha real y se oyeron al mismo tiempo disparos de barrenos para arrancar piedra que imitaban perfectamente el ruido de los cañonazos.
Se procedió en seguida al acto solemne de la colocación de la primera piedra de donde han de derivarse las aguas del canal de Isabel II“.
El acta original de la ceremonia comenzaba así: “En el Pontón de la Oliva, distrito municipal de Uceda, partido judicial de Tamajón, provincia de Guadalajara, en nombre de S. M. La Reina de España Doña Isabel II, S. M. El Rey, su augusto Esposo, colocó la primera piedra de la presa, de donde ha de derivarse el canal que debe abastecer de aguas potables y de riego a Madrid y sus cercanías…”  (La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Acto de colocación de la primera piedra en el Pontón de la Oliva. Once leguas (70 kilómetros) separaban el Palacio Real de Madrid del Pontón de la Oliva en tierras de Torrelaguna. Por un despejado y bien dispuesto camino, el rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, las recorría el 11 de agosto de 1851 para asistir a la colocación de la primera piedra de las obras del futuro Canal de Isabel II que llevaría el agua corriente a la capital. Como exigía el protocolo para tan histórico acto, el presidente del Consejo de Ministros, Bravo Murillo, entrego al rey un cofre, a modo de cápsula del tiempo, en el que se introdujeron un ejemplar de la Constitución y varias monedas de oro, plata y cobre, que después este enterró en el lugar elegido.  “Allí, donde pocos días antes no se veían más que rocas escarpadas en un terreno árido, donde había reinado un profundo silencio, a no escucharse la crriente del río, se veía ese día un lugar de placer, porque por una parte la munificencia de S. M. El Rey había dispuesto que a sus expensas se pusiesen cómodas y vistosas tiendas de campaña, y por otra un gentío inmenso quitaba de todo punto a aquel sitio el triste y severo aspecto que antes presentaba”(La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Filtraciones

Sin embargo, las características del emplazamiento, que inicialmente se valoraron como idóneas, acabaron por mostrarse incompatibles para su función de retener el agua de la presa debido a continuas filtraciones.
Ya en 1855, con las obras prácticamente acabadas, para intentar poner remedio a este grave imprevisto, el consejo de administración del Canal decidió nombrar al ingeniero Lucio del Valle responsable de la dirección técnica de las obras.

Puesto manos a la obra, del Valle acometió una serie de intervenciones encaminadas a obstruir los orificios de entrada y las grietas del vaso de la presa por donde escapaba el agua. Se emplearon miles de sacos de arcilla depositados en la base, que quedarían mezclados con guijarros, arena y cantos rodados arrastrados por el propio rio. Aunque en un primer momento las pérdidas disminuyeron, el remedio se reveló insuficiente.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Como se había observado que las filtraciones se producían por diferentes puntos del suelo de la presa y que la salida del agua siempre se presentaba en la misma zona, a la derecha del cauce del río, la siguiente idea de Lucio del Valle fue intentar obstruir la salida del agua. Para acometer esta tarea  fue necesario desaguar la presa con la construcción de una zanja, primero, y de una mina de desagüe más grande, después. A través de galerías realizadas partiendo de las estrechas grietas que se encontraron, los obreros accedieron a taponar con mortero hidráulico todas las fisuras que detectaban. Así hasta toparse con un enorme agujero por el que se perdía una gran masa de agua. Se intentó taponar y se consiguió en parte, aunque el resultado acabó finalmente en fracaso, pues las filtraciones continuaban y el agua siempre acababa por encontrar una salida.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Polémicas

La polémica surgió entonces de la mano del ingeniero de minas y geólogo  Casiano de Prado, el cual desde el principio de la obra, en un informe elaborado en 1851 a petición de Bravo Murillo, criticó el emplazamiento de la presa.  Casiano de Prado informaba de las características del terreno sobre el que se iba a construir el embalse describiéndolo como formado de “calizas cavernosas atravesadas por conductos irregulares” que podrían dar lugar a filtraciones abundantes. Más adelante también criticaría el procedimiento utilizado para evitarlas.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Casiano de Prado como estudioso de la geología madrileña era conocedor del lugar y sabía de la existencia de numerosas cavidades cavernosas en los alrededores. De hecho, en 1864 en su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid recogería la presencia en el lugar de una importante cueva que se dio en llamar del  “Reguerillo” o del “Requesillo”,  y que en la actualidad está considerada como el ejemplo más notable de fenómenos kársticos en la Comunidad de Madrid. Por tanto, parece lógico pensar que en 1851, cuando hace el informe sobre el terreno, ya tuviera noticía de la misma.

Lamentablemente el proyecto, que había costado ciento veintisiete millones de reales en lugar de los ochentamil previstos, estaba ya acabado y el problema de la inutilidad de la presa del Pontón era más que evidente. Esta circunstancia sirvió al geólogo de Prado para hacer valer la importancia de su especialidad que, por tener poca historia, todavía no había sido suficientemente reconocida, abogando por la necesaria interdisciplinariedad en la ejecución de las obras públicas, hasta entonces prácticamente solo en manos de los ingenieros de caminos.

Solemne inauguración

No obstante las esperadas contingencias ligadas a la presa, pero siempre con el apoyo incondicional de la prensa y de la sociedad madrileña, el 24 de junio de 1858 quedaba inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne desarrollado en las instalaciones del primer depósito asistieron la reina Isabel II , el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba El Museo Universal, el pueblo de Madrid que recibió entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), y compartiendo con alegría la solemnidad del momento, la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya . (El Museo Universal. 15/07/1858, pág. 100)

Acto solemne con motivo de la inauguración del Canal de Isabel II en el Campo de Guardias, en las instalaciones del primer depósito. En la imagen la reina Isabel II junto a Lucio del Valle. (Grabado: El Museo Universal. 15/07/1858)

Finalmente y dado que las filtraciones se mantenían y las pérdidas en la presa eran importantes, en 1860 el canal se prolongó aguas arriba hasta alcanzar el nivel del río y se construyó la presa de Navarejos, para captar las aguas en las épocas de estiaje cuando el nivel del Pontón de la Oliva descendía por las filtraciones. En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros. (Ver Pontón de la Oliva en Wikipedia)

Imagen actual de la presa del Pontón de la Oliva. A lo alto el cerro de la Oliva. Puede observarse en la foto  que la presa  esta embalsando agua y que parte escapa por los aliviaderos. No es algo que suceda habitualmente, ya que el rio Lozoya está regulado aguas arriba principalmente por los embalses  de El Villar y de El Atazar. Sin embargo, en épocas lluviosas, con inviernos y primaveras muy húmedas, estos embalses sueltan tanta agua que la presa del Pontón puede llegar a retener gran cantidad  e incluso llegar a rebosar. (Foto: Wikipedia)

Referencias.-

Saraiva Tiago
Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900
Ayuntamiento de Madrid, 2005

Bonet Correa, Antonio
Madrid y el Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre el coste de las obras del Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas nº 14-14, 1857

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre las filtraciones del Lozoya, cerca del Pontón de la Oliva, y medios empleados para cortarlas.
Imprenta José Cosme de la Peña. Madrid, 1857

La Ilustración nº 32, 35, 37 (Años 1851 y 1858)
Inauguración del Canal de Isabel II , pág. 1
Traida de aguas a Madrid I y II

Museo Universal nº 12 y 13 (Año 1858)
Traida de aguas a Madrid I y II

Giménez Bajo, Oscar
Las obras del Canal de Isabell II en Torrelaguna y su comarca PDF

Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II (Monográfico)

Ortiz, Isidoro
Cuevas y simas de la zona centro
I.O. Madrid, 1997

VV.AA.
Mundo Subterráneo
ENRESA
Madrid, 1994

VV.AA.
Génesis y edad del Cerro de la Oliva y la cueva del Reguerillo (Torrelaguna-Madrid) PDF

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Lagasca con Maldonado_3_SMALL

Lagasca con Maldonado. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Para quien haya pasado por delante de este edificio alguna vez es posible que lo recuerde. No por su especial  factura o por su destacable belleza, pues más bien si destaca es por lo anodino de su estampa: una típica construcción de oficinas y apartamentos de finales de los años setenta. Llamaba la atención al viandante precisamente porque el bloque, que ocupa media manzana, se encontraba cerrado y vacío, presagiando un inminente derribo.

El caso es que si a alguien le gustaba ya solo podrá disfrutar admirándolo en fotos, pués desde hace unos meses está siendo demolido por métodos mecánicos y con gran sigilo.

Lagasca con Maldonado, 2010.

El bloque tiene entrada por las calles Juan Bravo, Lagasca y Maldonado, en el corazón del conocido y cotizado barrio de Salamanca. O mejor dicho, tenía. A estas alturas es posible que ya no quede nada de él. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Lo curioso del caso es que el derribo responde a un pomposo proyecto de viviendas exclusivas para millonarios de esos a los que les excita poseer pisitos repartidos por las capitales del mundo.

Parece ser, según cuentan algunos medios especializados en cuestiones inmobiliarias, que el edificio que se levante albergará los pisos más caros y lujosos de Madrid. Entendiendo por lujo todo aquello que a un millonario se le pueda antojar, por muy extravagante que resulte, sabiendo que, por definición, los millonarios son todos muy antojadizos y exigentes.

Imágenes de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011.

Imágenes de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011. (Fotos 1 y 2: Enrique F. Rojo, 2011)

 La historia de este proyecto de lujo asiático es la que sigue: Hace cuatro años la inmobiliaria Eurosazor compró por 131 millones de euros los dos edificios contiguos y gemelos, conocidos como Juan Bravo 3B y 3C. Primero compró a Repsol en 2007 el número 3B por 65 millones (un total de 8.300 metros cuadrados de superficie y 90 plazas de aparcamiento).  Ese mismo año, pero algo después, adquirió a Mutua Madrileña el número 3C,  por 66 millones de euros.

El proyecto se  encargó al estudio del arquitecto Rafael de La Hoz, autor de la sede de Telefónica en Las Tablas (Madrid), pero la “crisis del ladrillo” hizo que todo quedara suspendido hasta 2010, fecha en la que se retomó y se hicieron efectivas las gestiones de derribo y los permisos correspondientes. Para ello Eurosazor había constituido en diciembre de 2006 la sociedad Inmobiliaria Juan Bravo 3 (con el 50% del capital) para gestionar el proyecto.  El inmueble cursó la apertura de expediente para el cambio de uso y demolición en Gerencia de urbanismo de Madrid con fecha de 27 de julio de 2011.
En los números 3B y 3C de Juan Bravo, se construirán 60 pisos inspirados, al menos en cuanto a su componete de exclusividad, en el complejo londinense One Hyde Park, y en la torre Chateau Libertador, de  Buenos Aires. Para la comercialización de la multimillonaria promoción, que funcionará en régimen de propiedad de condominio, la empresa Gilmar Consulting Inmobiliario también participa en la sociedad. Las viviendas, muchas de las cuales ya están vendidas, tendrán de dos a cuatro dormitorios y una superficie mínima de 150 metros cuadrados útiles y zona de servicio, y se venderán a partir de 2,5 millones de euros. Es decir, a  más de 16.000 euros el m2. La superficie total del proyecto será de  19.400 m2. (Ver Expansión, 08/06/2011)

Viviendas en la calle Juan Bravo 3 , según el proyecto de Rafael de la Hoz.

Infografía de las viviendas en la calle Juan Bravo 3 , según el proyecto de Rafael de la Hoz.

Actualización 2017

Las obras de Juan Bravo Plaza (Juan Bravo 3), aunque arrancaron a finales de 2011, se detuvieron a mediados de 2012.
Eurosazor Activos SL (Inmobiliaria Juan Bravo 3) de la familia Ortiz,  solicitó el concurso voluntario de acreedores el 6 de mayo de 2013 ante el Juzgado Mercantil número 5 de Madrid. (Ver El Mundo, 27/05/2013)

Nueva promoción, aún más ambiciosa

La construcción del proyecto se retomó en 2015 por Lar España y Pimco, aunque con numerosas variaciones. El nuevo edificio, con una superficie de 26.203 metros cuadrados construidos y rediseñado por Rafael de la Hoz, albergará 44 viviendas, 16 menos que las planeadas por Eurosazor. Distribuidas en ocho plantas y cinco diferentes tipologías y con una superficie que oscila entre los 330 y los 700 metros cuadrados, el precio medio de estas viviendas asciende a 4,8 millones de euros. (Ver Expansión, 06/04/2017)

Promoción Lagasca 99

Promoción Lagasca 99. Infografía del proyecto con vista de la fachada de la calle Lagasca (Imagen: Lagasca 99)

Según Colliers International Spain, la empresa que lleva a cabo la comercialización del proyecto, “la promoción ha suscitado un amplio interés tanto a nivel nacional como internacional debido a sus especiales características”. Hasta la fecha, más de la mitad de los propietarios de las viviendas son clientes internacionales, fundamentalmente venezolanos, mexicanos y colombianos. 
Esta promoción de lujo se ha convertido en el proyecto más caro de Madrid tras vender un piso de 700 metros cuadrados por la friolera de 14 millones de euros. (Ver Libre Mercado, 15/04/2017)

Complejo de viviendas "Lagasca 99". desde Juan Bravo con Claudio Coello, en septiembre de 2017.

Estado de construcción del complejo de viviendas “Lagasca 99”. desde Juan Bravo con Claudio Coello, en septiembre de 2017. (Foto: Enrique F. Rojo, 2017).

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Dibujo de Juanjo Sáez publicado en el nº 291 (enero 2011) de la revista musical Rockdelux.

Hojeando Rockdelux me detengo en la página 97 delante de una  ilustración de Juanjo Sáez. La referencia es un grupo de Madrid llamado Ornamento y delito. El nombre hace alusión al arquitecto austriaco Adolf Loos (1870-1933), precursor del racionalismo que defendió la desornamentación y la ruptura con el historicismo vigente hasta el momento.

Villa Müller, en Praga (Adolf Loos, 1930).

Loos postulaba a principios del siglo XX la necesidad de  despojar a los objetos de todo aquello que no cumpliera función alguna en ellos, llegando así a la esencia misma de su uso para poder apreciar su verdadera belleza.

Desconozco la razón por la que el grupo eligió este nombre, aunque escuchando la música que hacen podría intuirse que la ausencia de adornos,  la crudeza y contundencia de su sonido justifican la elección. En YouTube se puede ver el video de la canción Madrid a la que se refiere Sáez en su ilustración.

Dice la letra de Madrid: “Hay un murmullo en medio del desierto: es Madrid”. Sin detenerme mucho a pensar, el tema -canción e ilustración-me trae  a la cabeza historias pasadas de pobreza y desarraigo cuyo motor era la necesidad y la esperanza de mejorar. Historias no tan lejanas en el tiempo de un Madrid que todavía sigue atrayendo población y que cada vez es más periférica.

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A través de la fotografía que encabeza esta entrada vamos a hacer un recorrido por un tramo de la calle Doctor Esquerdo. Casi todo lo que aparece en esta foto de 1925 sigue estando en su sitio y los solares vacios, por supuesto, ya no lo están. Donde vemos la plaza de toros se emplaza el Palacio de los Deportes y en torno a este, todas las manzanas las ocupan edificios de viviendas y el edificio de El Corte Inglés. Sólo delante del Palacio se mantiene libre de todo estorbo la explanada de la Plaza de Salvador Dalí.

Plaza de Dalí, frente al Palacio de los Deportes (Foto: Pepi Escandell).

Prestando servicio todavía la vieja plaza de toros de la calle de Alcalá,  en 1873 se decidió sustituirla  por una nueva  que se construiría en unos terrenos  del lugar de  la Fuente del Berro, justo donde se aprecia en la imagen. El proyecto lo realizaron los arquitectos Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra, en estilo neomudéjar dotándola de un ruedo de 60 metros de diámetro y un aforo para 14.867 espectadores. Se inauguró el 4 septiembre de 1874 y se demolió en 1934, ya construida  la Monumental de las Ventas. D elante de la puerta principal de la plaza de toros había un amplio paseo  que se encontraba con la calle de Alcalá, denominada Avenida de Felipe II y que ahora finaliza en la Plaza de Salvador Dalí, a las puertas del Palacio de los Deportes.

Siguiendo con la fotografñia, justo frente a la fachada sur del coso se aprecia un solar que fue el campo de fútbol utilizado por la recién creada Sociedad Madrid Foot-Ball Club, actual Real Madrid Club de Fútbol, desde 1902 hasta 1912, fecha esta última en la que  se inauguró un nuevo campo en la cercana calle O’Donnell.  Pero no solamente estuvo este campo. Si nos fijamos, lindando con la calle Doctor Esquerdo, en frente del Asilo de las Hermanitas de los Pobres, se puede apreciar que había otro.

Vemos una imagen de unos incidentes en el campo futbol que estaba lindando con la calle Doctor Esquerdo, en frente del Asilo de las Hermanitas de los Pobres, en  1925.  Al fondo la casa de las abejas.

Desde la perspectiva aérea que nos ofrece la imagen, destacan en primer término las casitas de la Colonia Fuente del Berro o Colonia Iturbe I, barriada de viviendas higiénicas de la Sociedad Propiedad Cooperativa, proyectadas en 1925 -año en que se tomó la fotografía- por el arquitecto Enrique Pfitz López.  También se puede ver el edificio de 1919 conocido como la Casa de las Abejas, proyectado por Secundino Zuazo Ugalde.

La calle del Doctor Esquerdo, que recuerda la figura del médico y político alicantino del siglo XIX, forma parte del que fue antiguo foso que rodeaba Madrid y que en los albores del siglo XX se urbanizó y pasó a llamarse Paseo de Ronda. Nace en  la Plaza de Manuel Becerra, atravesando las vías principales  O’Donnell, Avenida del Mediterráneo y la Avenida de la Ciudad de Barcelona, donde finaliza para denominarse en su recorrido último calle de Pedro Bosch. Este  tramo del  Paseo de Ronda mostraba en las primeras décadas del siglo XX, agrupados a un lado y al otro de la calle, algunos edificios importantes de  construcción reciente que pertenecían a instituciones benéficas y religiosas. Se encontraban allí el asilo para ancianos de San Luís Gonzaga, atendido por las Hermanitas de los Pobres, el Colegio de la Concepción para sordomudas y ciegas, regido por las Terciarias de San Francisco; también la iglesia del Sagrado Corazón y la sucursal de la Inclusa y Colegio de la Paz. Ocupando cuatro manzanas, entre Doctor Castelo e Ibiza, se hallaban instalados varios pabellones de el Hospital de San Juan de Dios, con consulta pública y un Museo Anatómico y Patológico. También se encontraban en las inmediaciones de Doctor Esquerdo la Escuela de Matronas y Casa de Salud de Santa Cristina y el Instituto Provincial de Puericultura.

A continuación repasaremos algunos de estos edificios, ofreciendo una descripción somera de su presencia en el entorno de Doctor Esquerdo en los primeros años del siglo XX.  Alguna de estas construcciones ya no existe y la mayoría han sufrido rehabilitaciones y reformas, obligadas todas, pues el tiempo con su paso siempre deja huella y hay que restituirles su esplendor para asegurar su permanencia . Este repaso quedará dividido en dos entregas, ya que al ser algo extenso parece preferible repartir el contenido para así no cansar al lector que se aventure a rebuscar entre los legajos de este blog.


El Asilo para ancianos y ancianas de San Luís Gonzaga

"Mi Casa", de las Hermanitas de los Pobres, en 1925.

El Asilo para ancianos y ancianas de San Luís Gonzaga, cuyos terrenos se adquirieron en 1907,  se inauguró el martes 21 de junio de 1910, en el Paseo de Ronda junto a la desembocadura de la calle de O’Donnell. La fundación de este Asilo se debió a una disposición testamentaria de los primeros condes  de Torreanaz, don Luís de la Torre y de la Hoz y doña Trinidad García-Sancho e Ibarrondo, que dejaron su fortuna para la realización de obras pías y de beneficencia. El centro disponía de amplios espacios, bien ventilados y grandes condiciones higiénicas con capacidad para 400 personas. El coste de la obra se cifró en 1.500.000 pesetas. Según cuenta la crónica, a tan magno acontecimiento acudieron las fuerzas vivas de la capital, ocupando el lugar de honor SS. MM. y AA. RR. don Alfonso y doña Victoria, doña María Cristina, los infantes don Fernando y doña María Teresa y los infantes Don Carlos y doña Luisa de Orleans. Otros que no se perdieron la inauguración fueron la duquesa de San Carlos y el duque de Santo Mauro, que llegaron al lugar en un milord. El marqués de Aguilar de Campoo, que ejerció de testamentario, y demás albaceas recibieron al obispo de Madrid-Alcalá, al alcalde de Madrid Sr. Francos Rodríguez, al gobernador civil, Sr. Requejo y al presidente del Senado general Azcárraga. El obispo cantó un solemne Tedéum seguido de una Salve y, a continuación,  reyes y sequito recorrieron las instalaciones, que fueron elogiadas con gran entusiasmo por la excelente ejecución de la obra. (Ver crónica: ABC, miércoles 22-06-1910, pág. 9)

El edificio, del arquitecto Ricardo García Guereta,  se corresponde con la tipología prototípica de edificio de fines benéficos situado en el extrarradio, exento y rodeado de jardines. Tiene planta simétrica en H, más un cuerpo central, perpendicular al ala intermedia y que sirve como acceso y vestíbulo de distribución, acabando en la iglesia. A ambos lados se encuentran los pabellones de hombres y mujeres, de planta rectangular y tres niveles. Las fachadas son de ladrillo en estilo neomudéjar, tan utilizado en este tipo de establecimientos . En la actualidad recibe el nombre de Residencia para personas Mayores de las Hermanitas de los Pobres, “Mi Casa”.

Visión aérea de Google Earth, 2009, con los edificios en 3D.


Casa de Salud y Escuela de Matronas de Santa Cristina

Alzado principal. Luís de Landecho, 1904

La antigua Casa de Salud y Escuela de Matronas de Santa Cristina, obra de Luís Landecho y Jordán de Urríes fue construido entre 1904 y 1924 y se encuentra en la calle O’Donnell con fachadas en Maestro Vives y Duque de Sesto. Para su autor: “El fin primordial que había de satisfacer es el de dar instrucción a las matronas, así en la asistencia a los partos como en los cuidados primeros que necesitan los recién nacidos; para ello es necesario que, al menos por algún tiempo, vivan las matronas en el edificio… Sobre estas bases se ha trazado el edificio, calculándose su capacidad sobre un promedio de mil partos anuales y doce matronas en pensión“. Landecho organiza el edificio mediante cuatro pabellones formando cuadrilátero en torno a un patio central. Los núcleos de comunicación vertical ocupan los vértices y el centro de los pabellones de acceso y capilla. Presenta dos crujías: la exterior alberga las diferentes dependencias, la otra a patio desarrolla las circulaciones. Desarrolla una separación funcional por plantas, por pabellones o conjuntamente según las necesidades. Las fachadas combinan piedra y ladrillo representando la pervivencia de las corrientes historicistas y medievalistas. En el periodo 1936-39 se construye un refugio subterráneo. Tras la Guerra Civil se acometen obras de reparación y a finales de esa década se eleva una cuarta planta sobre algunas zonas, acondicionándose parte del espacio bajocubierta del ala sur. Diversas obras de reforma y ampliación en las décadas de 1950 y 1970, y en 1982, nuevas obras de reforma interior para adecuación a las necesidades hospitalarias. En 1987 se transfiere al Insalud y en 1990 se realiza su estudio histórico y arquitectónico a fin de planificar su adaptación a nuevos requerimientos funcionales. En 1994 se inician obras de ampliación, sobre un solar situado al otro lado de Maestro Vives junto al Ambulatorio, y de reordenación del edificio original, conectándose ambos mediante una galería subterránea bajo la calle. (Texto de la Guía de Arquitectura de Madrid del COAM,  Madrid, 2003)

Edificio de la antigua Escuela de Matronas y Casa de Salud Santa Cristina, en 1916. En la actualidad el edificio pertenece al Hospital Universitario Santa Cristina.

Asilo de San José y Colegio de la Paz

Residencia para Personas Mayores La Paz (1903)

El Asilo de San José se crea en el Paseo de Ronda, ahora Doctor Esquerdo,  en 1903 como centro asistencial para niños y comoinclusa. La construcción corrió a cargo de Luís María Argenty Herrera, e incluía un pabellón con fachada a Doctor Castelo para clases externas. En 1926 se trasladó a las instalaciones el ya existente colegio de la Paz para lo cual se añadieron nuevos pabellones que miraban a la calle O’Donell. En 1989 el edificio principal se remodeló para su uso como residencia de ancianos y en 2002 se demolieron los pabellones menos representativos para dar paso a una nueva edificación de carácter administrativo. El edificio, a pesar de ser el resultado de la anexión de diferentes construcciones de épocas distintas, mantiene unidad de estilo al utilizar el ladrillo como material para las fachadas,  sin abusar de elementos decorativos. En 1925 se da por concluida la construcción de la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, obra de Joaquín Kramer Arnaiz, templo anexo a la inclusa costeada por Adolfo Bayo y Bayo, senador vitalicio por Madrid que, al fallecer en 1907, no pudo ver concluida su obra pía.

El antiguo Asilo de San José y Colegio de la Paz, del arquitecto  Luís María Argenty Herrera, es en la actualidad Residencia para personas mayores “La Paz”.


Hospital de San Juan de Dios

Hospital San Juan de Dios. Instituto Microbiológico, en 1897.

Ehospital de San Juan de Dios para enfermedades contagiosas y venéreas se encontraba situado sobre una supermanzana  entre las calles Ibiza, Doctor Esquerdo, Doctor Castelo y Maiquez y se terminó de construir en 1895, con un coste de cuatro millones doscientas mil pesetas.  El proyecto corrió a cargo del arquitecto D. Eduardo Frenández y Rodríguez, responsable también del Hospital de la Marina de Ferrol. Su esquema, que seguía estrictamente el sistema Tollet, consistía en un sistema de pequeños pabellones aislados que reducían el hacinamiento y facilitaban su continua ventilación mediante bóvedas ojivales que favorecían la extracción de aire viciado, respondiendo a las últimas tendencias en lo que arquitectura hospitalaria se refiere. Los mejores hospitales europeos de la época respondían a esta tipología. El hospital de San Juan de Dios hizo el complejo número veintiuno que con arreglo a este sistema se construía en Europa. Tenía una capacidad de 800 camas.  Se derribó durante la década de 1960 para construir  el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, antigua Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco, obra del equipo dirigido por el arquitecto Martín José Marcide Odriozola. (Más datos en el Blog Historia y Genealogía)

Entrada al Hospital San Juan de Dios y vista de los pabellones.(FOTO: Museo Olavide)

Hospital de San Juan de Dios en 1897. La foto muestra los pabellones de enfermos, la galería cubierta y el edificio de servicios generales.

(Continúa…) VER 2ª Parte

Referencias.-

De Répide, Pedro
Las calles de Madrid
Ediciones La Librería
Madrid, 2005

Arquitectura de Madrid
Fundación COAM
Madrid, 2003

La Ilustración Española y Americana (Publicación Periódica ilustrada)

La Construcción Moderna (Revista quincenal de arquitectura, ingeniería e higiene urbana)

Museo Olavide

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