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Archive for the ‘Piscinas’ Category

Publico de nuevo esta entrada ya que no aparece en el índice del blog y creo haber borrado por error el original de 28 de Mayo de 2008.

La situación descrita entonces no difiere en casi nada de la actual, razón de peso  por lo que me animo a volverla a publicar. Además la actualidad de los modelos de expansión de Madrid  nacidos del “Boom Inmobiliario” durante esta última década, parece que recobran actualidad con la recuperación del negocio,  que retoma las promociones que se encontraban en suspenso. El problema sigue, por tanto, presente y este artículo trata de encontrar algunas claves.

PAU de Las Tablas, octubre de 2008.

Como ciudadano que observa desde su mínima atalaya cómo se han ido produciendo cambios en su ciudad durante estos últimos diez años más o menos, llevo una temporada larga reflexionando acerca del vertiginoso crecimiento que se ha dado en el área metropolitana en forma de núcleos aislados alrededor de Madrid, todo ello unido al ya relajado “boom” urbanístico” especulador que tanto nos ha espantado.

Sobre este asunto me han interesado especialmente los llamados PAU, o Programas de actuación Urbanística, que han supuesto la ordenación y urbanización de terrenos clasificados como suelo urbanizable no programado para la creación de nuevos barrios. Estos nuevos barrios como los de Las Tablas, Montecarmelo, Sanchinarro, en el Norte, o los PAU de Vallecas o Carabanchel, comenzaron a planificarse a partir de 1997, hasta la actualidad en que prácticamente están acabados. La creación de estos nuevos núcleos, casi ciudades, vienen imponiendo un modelo urbanístico que a todas luces resulta insostenible, desintegrador y poco práctico. Este modelo actual, a decir del sociólogo Luís Cortés , lo desarrolla el sector privado de forma prioritaria y la inversión pública complementa la planificación de las inmobiliarias. La nueva ley del suelo que promovió la Comunidad Autónoma de Madrid, que liberaliza suelo para ponerlo al servicio de la construcción de viviendas, permite el crecimiento sin control y continuado.

“Se privatizan las empresas públicas, lo privado devora lo público, y la propiedad se manifiesta como una forma extensiva de liberalización. Apartando los intereses públicos colectivos, se promueve la planificación privada, acortando los plazos y los costes, y se potencia el mercado del suelo, extendiendo las dimensiones del territorio sujeto de convertirse en privado y productivo económicamente”. (Luís Cortés, “Laboratorio Urbano”) FOTO: Enrique F. Rojo

La tendencia actual consiste en urbanizar en áreas periféricas donde el suelo, en teoría y gracias a la ley del suelo, debería ser más barato, zonificando los usos y las funciones de manera dispersa, procurando que estos usos sean compatibles de acuerdo a los criterios económicos que la planificación ha creido convenientes. Las funciones asignadas al espacio responden a su mejor explotación desde un punto de vista, llamémosle productivo. Esta zonificación de funciones obliga al uso de medios de locomoción usando las redes de comunicación construidas, ya que las distancias suelen ser importantes entre las distintas áreas funcionales. En palabras de Salvador Rueda Palenzuela debido a esto, las redes de movilidad se convierten en el verdadero motor de crecimiento de las nuevas zonas urbanas. Estas condiciones provocan que los nuevos territorios urbanos se conviertan en barrios exclusivamente residenciales, fundamentalmente debido a la separación física de las áreas de especialización, que se extiende a distancias a veces de varios quilómetros.

Las consecuencias del uso masivo del coche para desplazarse en esta ciudad difusa o dispersa, que es como se llama por contraposición a la ciudad compacta, significa la pérdida de la calidad ambiental por causa de la contaminación atmosférica y acústica, y el gasto de tiempo en desplazamientos, además de un mayor uso de recursos y consumo energético. En definitiva, se trata de una pérdida de calidad de vida, algo que tanto decimos buscar. Hay que pensar en la cantidad de recursos utilizados para construir los nuevos accesos a estos barrios-ciudad, incorporaciones, rotondas, salidas y otras fórmulas viarias que permiten canalizar el tráfico continuo que se genera en torno a los nuevos barrios.
(Modelos urbanos y sostenibilidad)

Esquema de “ciudad compacta” (Rueda Palenzuela, S.). En la ciudad compacta la proximidad y la mayor complejidad del sistema permite el ahorro de energía y una mayor facilidad en el intercambio relacional de los elementos que lo componen, maximizando el aprovechamiento de los recursos.

Esquema de “ciudad difusa”. La dispersión de las construcciones en los nuevos barrios imponen la necesidad del uso masivo del transporte privado o público para los desplazamientos, aunque sean para cubrir mínimas necesidades, con el consecuente gasto de energía. Al mismo tiempo, la construcción de redes viarias complejas para permitir los nuevos accesos y la movilidad en estos polígonos residenciales genera ingentes inversiones que, paradójicamente, conducen a crear áreas de congestión de automóviles con alto grado de contaminación ambiental y acústica y con la consiguiente incomodidad, gasto económico, estrés y reducción de la calidad de vida de los vecinos.
“La ciudad difusa se asienta en unos pilares falsos, o dicho de otro modo, insostenibles; se sostiene a base de un creciente uso de recursos y de tiempo, y sería razonable pensar que peligre su continuidad de futuro en el instante preciso en que algunos de los recursos manifiesten su limitación.” (Rueda Palenzuela, S.)

PAU de Las Tablas

Como ejemplo de los barrios desintegradores que se han puesto de moda como fórmula urbanística institucional creo que Las Tablas ejemplifica a la perfección como paradigma todos los males del invento que, por lo demás no es nuevo y ya ha demostrado con creces sus perversiones.

Busco en Wikipedia y encuentro la referencia a Las Tablas: “Un nuevo barrio del Municipio de Madrid que forma parte del distrito de Fuencarral-El Pardo. Este barrio está situado al oeste de la autovía A-1, al este del eje ferroviario Madrid-Norte de España y al sur de la calle Ntr. Sra. de Valverde/Avenida de Fuencarral. El barrio surgió como un Programa de Actuación Urbanística (PAU) a raíz de la elaboración del Plan General de Ordenación Urbana de 1997 del Municipio de Madrid.”

Las Tablas surge posiblemente con vocación de barrio, pero después de más de cuatro años, la ocupación no sobrepasa el 90 por ciento y las dotaciones brillan por su ausencia. Ésto ha llevado a que, a lo largo del último año, vecinos se hayan manifestado en petición de servicios y equipamientos básicos. (FOTO: Enrique F. Rojo)

Este modelo urbanístico que podemos observar en los nuevos barrios de las coronas de Madrid como Las Tablas, San Chinarro o, incluso en otros como el barrio nacido en los alrededores de Méndez Álvaro como consecuencia del vaciado industrial de la zona, por su diseño supone la destrucción de los espacios convivenciales, como son las calles y plazas, la separación de las funciones urbanas, segregando las que no son específicamente residenciales, la reducción del control de los procesos de dominación sobre el espacio y el tiempo cotidiano, al tener que utilizar el coche para casi todo debido a las grandes distancias a las que se encuentra todo, desde la parada del autobús, hasta el super para ir a comprar una lata de atún, o una bombilla, y la debilitación de las relaciones e interacción sociales, por la pérdida de la función convivencial de la calle; son efectos todos ellos que se derivan y se basan en la urbanización y zonificación.

“Asistimos así a un aislamiento de los medios sociales entre sí que supone la disolución de los espacios intermedios. Entre la apropiación-privacidad individual del alojamiento y el conjunto totalizador urbano (la metrópoli) se pierden los espacios de apropiación colectiva y de sociabilidad; con ello se diluyen las relaciones sociales de ciudadanía, la capacidad de control y percepción sobre la ciudad y en definitiva, la capacidad cognitiva sobre el hecho urbano.[…]” (Julio Alguacil Gómez) FOTO: Enrique F. Rojo

Las PAU, en su definición, han de poseer una serie de características como por ejemplo desarrollar los sistemas de comunicación, aprovechar el medio en todo su ámbito, y crear las redes fundamentales de abastecimiento de agua, alcantarillado, teléfonos, energía eléctrica, comunicaciones y demás servicios que se prevean. Casi todos estos mínimos exigidos los cumple el PAU de Las Tablas.

Sólo faltan los relativos a los servicios comunitarios como son guarderías, escuelas, polideportivos, bibliotecas, centro cultural, oficinas de la administración, comisaría de policía, centro de asistencia sanitaria. Casi nada. Según parece, la administración competente asegura que la oferta dotacional se irá produciendo con el tiempo.

Ni instituto, ni centro de salud, ni panadería a la que llegar sin coger el coche. Los vecinos del barrio de Las Tablas han decidido levantarse en armas para exigir al Ayuntamiento de Madrid que instale en alguna de sus manzanas los equipamientos mínimos básicos con los que cuentan otros vecinos de la capital”. Así comenzaba una información de un diario, haciéndose eco de las protestas vecinales.

Otra información añade : “Otra de las grandes reivindicaciones del PAU son las conexiones. El metro de la línea 10 tampoco colma las aspiraciones vecinales, ya que la distancia entre paradas es de las mayores de la región. El metro ligero tampoco tiene fama de supersónico -los vecinos lo llaman “el tren de la bruja” por su lentitud- y sólo una línea de bus llega al corazón del barrio. La estación de Cercanías, a un kilómetro de distancia, está “curiosamente” justo al lado de la nueva ciudad de Telefónica. Los vecinos sospechan que no se diseñó pensando precisamente en las necesidades vecinales”. (El País)

Ni instituto, ni centro de salud, ni panadería a la que llegar sin coger el coche…” (FOTO: Enrique F. Rojo)

En este esquema podemos ver cómo  las conexiones mínimas entre nodos de actividad en  la Ville Radieuse de París diseñada por Le Corbusier en 1933, limitaron la creación de una verdadera red urbana, al quedar muchas conexiones sin interactuar con el resto. Una red organizada de conexiones complejas entre nodos diversos, hace que el sistema funcione y se mantenga vivo. Además, los barrios disfuncionales concentran nodos o núcleos de actividad similares (sólo viviendas o sólo fábricas), mientras que los barrios funcionales están formados por múltiples nodos que se complementan y generan conectividad, especialmente cuando ésta se produce a pié y en trayectos cortos, y no por medio del automóvil y en trayectos largos. ( Ver Salingaros, Nikos A. Teoría de la Red Urbana)

Se trata de un barrio al que podríamos llamar paradigmático respecto del fenómeno de la especialización funcional como área residencial sin capacidad para ejercer otro tipo de actividad integradora.
Se da la curiosa circunstancia de que los pocos locales comerciales que existen, en relación al número de edificios construidos, están vacíos y no parece que haya ningún interés por ocuparlos. Además, la mayoría de los edificios se encuentran cerrados en su perímetro, ocultando en su interior los servicios comunitarios que sustituyen a la calle, plazas y parques como espacios comunes de convivencia, como resultado de una filosofía urbanística desintegradora.

Se da la curiosa circunstancia de que los pocos locales comerciales que existen, en relación al número de edificios construidos, están vacíos y no parece que haya ningún interés por ocuparlos. (FOTO: Enrique F.Rojo)

En estos nuevos barrios, la población se encierra en sus viviendas y se convierte en una “ciudad introvertida” y “autista”, sin comercio de proximidad, en donde las distancias son largas y todo queda a desmano, sin espacios públicos cercanos donde establecer lazos de convivencia e interaccionar socialmente. De hecho, los espacios comunes de las promociones de viviendas se convierten en el espacio del que los vecinos se apropian para relacionarse, agudizándose la introversión del modelo como hecho relevante.
Así, nos encontramos con una nueva ciudad en la que gozamos de máxima libertad de movimientos, pero también de máxima despersonalización y pérdida de referencias, frente al modelo del barrio del centro urbano, el vecindario-aldea, muy homogeneo y con un control social que puede interferir en los aspectos personales.

“El ideal urbano hablaría de un espacio capaz de soportar y sostener unas estructuras inmobiliarias, ocupacionales y demográficas diversas, que generase oportunidades participativas en las distintas redes sociales y asociaciones, con una escala urbana capaz de mantener la capacidad cognitiva sobre todo el ámbito urbano, que sea accesible andando, que establezca una red de equipamientos y servicios colectivos dimensionados y distribuidos adecuadamente para facilitar la fluidez de los servicios y la accesibilidad a los mismos […]” (Julio Alguacil Gómez)

La calle como espacio público de convivencia, como quedó dicho, se sustituye en Las Tablas por los pasillos de los Centros Comerciales, grandes mercados impersonales que concentran la actividad masiva de consumo y ocio (en su vertiente consumista) . El espacio privado del centro comercial suplanta al espacio público abierto como lugar de convivencia. Se produce, por tanto el binomio zona residencial versus zona comercial como dos áreas totalmente diferenciadas por sus características funcionales.

“La vida ciudadana en el barrio precisa de una accesibilidad peatonal y de corta distancia a los centros de trabajo, enseñanza, compras y gestiones, ya que la presencia de esas actividades refuerza la permanencia en el ámbito e impide los desplazamientos innecesarios y no deseados, y en definitiva minimiza el tiempo de transporte, reduce el tráfico motorizado, dificulta la existencia de zonas muertas del barrio en horas determinadas y anima la vida ciudadana […]” Julio Alguacil Gómez) FOTO: Enrique F. Rojo

Surge entonces una duda que da que pensar. No sabemos si la función de los mega Centros Comerciales de proveer a los nuevos barrios surge como elemento causal y necesario a la gigantesca demanda, producto del número elevado de habitantes y como consecuencia de la falta de esa función dentro del barrio o, si por el contrario, el diseño del barrio y sus carencias ya descritas, responden a un objetivo previamente marcado: hacer rentables o muy rentables los Centros Comerciales. Sólo un dato, en Madrid, la Comunidad con más Centros Comerciales de España, a cada 1000 habitantes le corresponden 441 metros cuadrados de centro comercial, frente a los 263 de la media nacional (Fuente: El País).
¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Referencias.-

Las tablas
Actuaciones singulares

Modelos de simulación Urbana

Ciudades para un futuro más sostenible

Carreras de coches en Las Tablas

Un autobús en Las Tablas

Accidente de tráfico en Las Tablas

VIDEO

Costes ambientales de los modelos urbanos dispersos

VIDEO: Siguen construyendo en Las Tablas

Salingaros, Nikos A.   Teoría de la Red Urbana (PDF)

Rueda Palenzuela, Salvador
Modelos urbanos y sostenibilidad (PDF)

Acercamiento al diagnóstico del urbanismo de Madrid

Comunidad PAU (El País, sábado 30 de octubre de 2010)

La precariedad del exceso (Blog Salud Pública y algo más).

Derrribo de chabolas en Las Tablas (El País, 5/ 11/2010)

Teoría de la Red Urbana (en Urban Idade)

PAU: hay que reducir calles y reconvertir espacios inútiles. (El País, 6/05/2013)

Las Tablas, 700 pisos más. (El País, 27/02/2014)

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En un solar irregular, caracterizado por un rotundo desnivel de más de 12 metros entre las calles Guadalquivir y Joaquín Costa, había de construirse un polideportivo conforme a la idea descrita por los propietarios del Colegio Maravillas.
El encargo primero de realizar el gimnasio en el complicado solar desnivelado y de planta trapezoidal, anejo al colegio, le fue hecho al arquitecto Alfredo Ramón-Laca Primo, cuyo proyecto recibió el visto bueno de la propiedad y fue aprobado por el Ayuntamiento en Abril de 1959. En la memoria del proyecto -según recoge Miguel Angel Baldellou en un trabajo sobre de la Sota- Ramón-Laca ya desarrollaba la idea de aprovechar la cubierta del gimnasio para ampliar la rasante del colegio en la calle Guadalquivir, agrandando el patio de juegos descubierto. La construcción se inició en este mismo año, pero por algún motivo la obra se paralizó y el colegio encarga un nuevo proyecto a Alejandro de la Sota.
Así las cosas, la nueva propuesta mantenía el semisótano bajo la rasante de la calle Joaquín Costa y la idea del patio de recreo sobre la cubierta del edificio deportivo. En lo demás, las diferencias frente al conjunto de ideas convencionales del proyecto inicial, hicieron que el nuevo proyecto de la Sota supusiese una ruptura radical con aquel otro.
Lo que hace de esta obra “de autor” un trabajo digno de interés y estudio son las soluciones dadas al problema inicial planteado por las características del solar, aplicándolas a las exigencias del encargo. A esto hay que sumar las aportaciones que el arquitecto hizo más allá de los requisitos de la propiedad y a la cual, una vez planteados y ejecutados, satisfizo pues cumplió con las expectativas ofrecidas.

El campo de juegos en el techo, la cancha casi bajo el suelo y las aulas colgadas en el aire. El croquis de la sección dibujado por Alejandro de la Sota sugiere libertad de movimientos en todo el volumen ideado: deportistas, estudiantes, luz y aire se mueven sin obstaculos y en armonía.

La diferencia de cotas entre las dos calles a las que daba el solar y que obligaba a encajar el volumen de una manera poco convencional, condicionó todo el proyecto.
Para empezar era necesario crear un espacio iluminado y ventilado. También era preciso que la fachada a la calle Joaquín Costa, entonces Paseo de Ronda y calle principal con abundante tráfico, tuviese la condición de no permitir el paso de los ruidos que distrajesen la atención de los alumnos, por lo que la iluminación debería provenir desde lo alto del edificio. La altura permitía aprovechar el espacio en tres alturas que mezclasen los usos propiamente deportivos como cancha, gimnasio y piscina con otros de tipo académico como aulas.
La respuesta dada por de la Sota al problema de cómo cubrir el gimnasio sin soportes intermedios fue el uso de  cerchas, en el interior de cuyos cantos se incluiría un aulario retranqueado, que no tocaba la fachada y que cerrado con cristaleras dejaba pasar la luz al gimnasio y al mismo tiempo la recibía en su interior.

La ventilación se resolvió con entradas de aire en la parte baja a ras de suelo junto a la fachada que una vez caliente salía al exterior por las aberturas ideadas en la parte superior en unas rejillas en el patio del colegio, por lo que la renovación de aire es constante.

En el interior del gimnasio, unas cerchas parabólicas invertidas, envuelven un espacio para la practica del deporte tan decididamente vibrante como tecnológicamente avanzado para su época.

“Hay un tratamiento del diseño, así como un uso de materiales tecnológicamente avanzado, muy de acuerdo con la finalidad de la construcción y su uso, con un excelente tratamiento cromático y de las texturas. Se trata de una obra de plena madurez del arquitecto, revolucionaria en cuanto a las soluciones innovadoras, que en su momento representó un hito en la arquitectura española por su austeridad y sincretismo, así como por su extraordinaria utilización de pilares y cerchas metálicas vistas, en acertada combinación con la fábrica de ladrillo visto (…), y el cerramiento de vidrio, con los miradores en que se rematan las aulas y el plano inclinado con que resuelve el lucernario que ilumina el gimnasio…” (Arquitectura de Madrid. Tomo III, página 405)

“Alejandro de la Sota inventó una sección para el nuevo edificio en la que un sencillo esquema estructural resolvía todos los condicionantes del proyecto: un pilar en fachada y otro cerca del terreno en los que apoyaría una viga triangulada de gran canto con el cordón superior recto y el inferior curvo, que parece colgado del primero. Este conjunto se repite cada seis metros. Bajo las vigas se ubica el gimnasio, que aprovecha la mayor altura de los extremos para situar la entrada de la luz desde el sur, y la grada de espectadores en el lado norte.”

(Enrique Domíngez Uceta -El Mundo, 1998)

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Gimnasio del Colegio Maravillas, Madrid (1960-62) de Alejandro de la Sota

Detrás las razones de la calidad de la arquitectura española contemporánea ha sido reconocida la influencia de Alejandro de la Sota quien, más o menos directamente, ha sido maestro de toda una generación cuyos consolidados éxitos se extienden desde las contaminaciones lingüísticas de Rafael Moneo hasta el laconismo de Josep Llinas. En el complejo de la obra de  la Sota, el Gimnasio del Colegio Maravillas de Madrid asume la encarnación paradigmática de su enseñanza. A lo largo de la calle de Joaquín Costa, vía transversal del gran eje del Paseo de la Castellana, este edificio se configura como un compacto volumen adosado a la base, con un desnivel de 12 metros, al ya existente Colegio Maravillas, del que ocupa el espacio del patio, anteriormente definido como un talud de unión con el nivel de la calle. La dificultad particular de la situación fue asumida en el célebre esbozo de la solución del proyecto que, según el programa propuesto, es capaz de coordinar la distribución no sólo del gimnasio, más también de una piscina, de un conjunto de aulas y de un campo para juegos al aire libre. El edificio consta de una serie de espacios que, superpuestos unos sobre los otros, absorben y confieren forma a la totalidad del desnivel del terreno dando lugar a una estructura de sólo una fachada. En el piso inferior, casi enterrado, se encuentra la piscina y al nivel de la calle el volumen principal del gimnasio, cuya organización estructural determina totalmente el carácter del edificio.

Con una extensión de 20 metros, siete vigas reticulares tipo “puente” -cerchas-  en acero, apoyadas sobre finos pilares también de acero, se suceden transversalmente en intervalos de 5,6 metros liberando el espacio interno de la cancha; las mismas vigas constituyen los límites de ámbito lateral de una serie de espacios calcados en sección sobre su propio perfil; aquí se encuentran situadas las aulas, en las que la “panza” de las cerchas es justamente asumida como perfil y anfiteatro. La cubierta se encuentra al final del nivel de la base del edificio del colegio, dotándolo de nuevo del patio que se le había sustraido, que queda al aire libre. Sobre una de las cabeceras transversales del nuevo volumen realizado se añadió el bloque de los espacios de servicio y de unión entre los diferentes niveles.

En el interior del gimnasio, a lo largo del perfil de cara a la tierra, en el estrecho espacio entre éste y la línea de pilares, se han colocado las gradas de una pequeña tribuna; en el lado opuesto, bajo la línea de los pilares con el límite de la calle, el volumen del edificio se define como envoltura aplicada sobre la estructura portante a través de dos fajas superpuestas: el plano interrumpido por una pared de fajas de ladrillo visto en la parte inferior y una sucesión de diferentes superficies vidriadas en lo alto. La articulación de esta última viene determinada, ya por razones de iluminación y de ventilación natural en el espacio del gimnasio, aulas y anfiteatro, ya por motivos de manifestación de la consistencia de la estructura que se encuentra detrás. Esta manifestación es, sin embargo, parcial en la faja inferior. Realmente, observando el detalle constructivo, se advierte que el muro de ladrillo funciona como una pantalla avanzada respecto a la estructura, cuyos intercolumnios están en el interior ocultos por un muro de ladrillos huecos enfoscados aunque sin cubrir la cabeza de las columnas. De tal tratamiento se evidencia cómo al tejido externo en ladrillo visto se le asigna un particular papel de conexión del edificio en la continuidad del desarrollo de la fachada edificada a lo largo de la calle. Al mismo tiempo, la autonomía de la construcción queda demostrada por medio del uso de materiales diferentes en la parte superior, como permanece siempe legible en el espacio interno. En esta parte, la pared externa en ladrillo visto y la interna enfoscada no tocan directamente el suelo por la interposición de una faja continua de ventanas de ventilación.
Según la técnica adoptada por vez primera entre 1925-38 por Mies van der Rohe, en sus casas de ladrillo visto del periodo europeo, la suspensión de las paredes, para permitir la colocación de amplias fajas de ventanas, se realiza con la introducción de perfiles en “L” que las soportan en la base del desarrollo de la pared. Tanto es así, que en esta estructura los perfiles son fácilmente soldados al esqueleto estructural en acero y en cierto modo constituyen una eficaz retícula que, en términos de sistemas constructivos, es similar a la de los soportes de las superficies vidriadas. En este edificio todos los detalles constructivos, claramente expuestos, desarrollan con inmediatez la lógica de la fabricación en acero, en la cual, con una coherente solución constructiva, el ladrillo adquiere un valor de enriquecimiento de la composición.
La referencia  de la Sota a la obra de van der Mies puede ser, por tanto, similar a la solución en detalle a los principios generales de un modo de hacer arquitectura, aquel que evita la repetición de formas predeterminadas.
Por lo demás, el mito de la Sota entro los arquitectos españoles se nutre también del hecho de que van der Mies reconoció la relación de la forma de hacer de de la Sota con la suya, cuando en una visita al Gimnasio del Maravillas lo definió como una arquitectura que él habría querido proyectar.
El aprovechamiento espacial de un esqueleto estructural determinado por la simple condición a una necesidad práctica, por una parte, y la creación de una piel de cobertura igualmente sencilla y barata, además de original, por la otra, definen el cristalino carácter de la obra, que emerge con fuerza del contraste entre la composición del volumen exterior y la mayor elocuencia del espacio interior, donde se percibe la complejidad funcional del encargo”.
Y como Alejandro de la Sota sintéticamente ha explicado acerca de este trabajo:
“Los temas simplifican y nos ofrecen posibilidades. La arquitectura no requiere que recurramos a ella; aparecerá por sí sola”

Texto: Vicenzo Riso
Traducción: Enrique F.

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Fotografía del Gimnasio del Colegio Maravillas proyectado por de la Sota. A su derecha -no se ve en la imagen-  se situa la ampliación del mismo que data de  1998.  (Foto EPDLP)

La existencia de otro espacio similar al empleado por Sota para su gimnasio, al otro lado de la iglesia del colegio, siempre fue una tentación para continuar la ampliación. Era un proyecto casi inevitable que se ha hecho realidad en estos días (1998). Con el nuevo curso se inaugura la nueva ampliación del Colegio Maravillas realizada por los arquitectos Gonzalo Polo Arias y Fernando Meléndez Andrade. Su proyecto apenas guarda relación con la obra maestra de Sota. La nueva ampliación presenta, como la anterior, su volumen enterrado bajo el patio de juegos del lado este, y establece varios elementos de acceso y enlace con el viejo gimnasio, pero el resto de la disposición e, incluso, de la estructura -hormigón armado-, apenas tienen nada que ver con la obra previa. Hay un eco de Sota en la iluminación y en el uso de colores cálidos en el interior. Una traslúcida biblioteca al sur llena de luz el espacio común central y las aulas y salas son recorridas por suaves luces veladas. Donde más ha cambiado de carácter el edificio ha sido en su alzado a la calle de Joaquín Costa, en el que se ha prolongado la fachada del gimnasio a lo largo de un derribado cuerpo previo y de la nueva ampliación. Lo que antes era un pequeño alzado discreto y contenido ahora es una gran estructura formal que sigue, con mimética elegancia, el lenguaje de Sota en el gimnasio, pero introduce un fuerte cambio de escala y ritmos que hace irreconocible lo original dentro del conjunto.” (E. Domíngez Uceta– 1998 )

Referencias.-

VV.A.
Arquitectura de Madrid, siglo XX
Fundación Antonio Camuñas
Editado por Tanais Ediciones, S.A.
Madrid, 1999

Baldellou, Miguel Ángel
Alejandro de la Sota
Serie: Arquitectos en Madrid
Ayuntamiento de Madrid, 2006

Vicenzo Riso
Palestra del Collegio Maravillas, Madrid (1960-1962) PDF
WWW.laterizio.it

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Ensanches
Edita Fundación COAM
Madrid, 2003

Introspección Magistral
J. M. FERNANDEZ ISLA
El Mundo, 2006

El Gimnasio es una catedral
El País, 2009

Fundación Alejandro de la Sota

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Referencias.-

Las tablas
Actuaciones singulares

Modelos de simulación Urbana

Ciudades para un futuro más sostenible

Carreras de coches en Las Tablas

Un autobús en Las Tablas

Accidente de tráfico en Las Tablas

VIDEO

Costes ambientales de los modelos urbanos dispersos

VIDEO: Siguen construyendo en Las Tablas

Rueda Palenzuela, Salvador
Modelos urbanos y sostenibilidad (PDF)

Acercamiento al diagnóstico del urbanismo de Madrid

Comunidad PAU (El País, sábado 30 de octubre de 2010)

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Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

La cultura progresista del siglo XX siempre tuvo entre sus objetivos un desarrollo armónico de mente y cuerpo y cuando la Segunda República llegó al poder, impulsó las dotaciones deportivas públicas y privadas. En Madrid, se promovieron piscinas para aliviar el calor del verano, ya que las vacaciones en la playa eran inasequibles para la inmensa mayoría de los trabajadores. En el Plan General de 1930 ya se proponía una gran zona deportiva y recreativa a orillas del río Manzanares y, siguiendo sus directrices, se levantó la piscina La Isla, que desapareció tras la Guerra Civil, y la Playa de Madrid -ahora en manos privadas- cuya buena arquitectura no es muy reconocible.

El siglo XX ha aportado nuevas tipologías arquitectónicas, y una de las más curiosas ha sido la de las piscinas públicas. No hay piscinas públicas en el siglo XIX en Madrid. Ha sido el siglo XX el que ha visto cómo la ciudad se iba llenando de piscinas, primero a cielo abierto y luego cubiertas, democratizando los baños, al tiempo que, con el desarrollo de los años 60 y las segundas residencias, empiezabann a abundar las piscinas particulares, en su mayoría con la manida forma de riñón, copiada de la que Alvar Aalto hizo para la Villa Mairea, reproduciendo el contorno ondulado de un lago finlandés.

Piscina-Club Stella

Fue pionera en las piscinas después de la guerra civil, a las orillas de la calle Arturo Soria. Parece que su construcción fue planificada en tiempos de la República, auspiciada por el interés que hubo en aquellos años en promover las actividades deportivas. Pero lo cierto es que hasta después de 1939 no se iniciaron las obras. Según los datos que aporta el Colegio de Arquitectos de Madrid, fue en 1945 y no finalizaron hasta 1947. El responsable de la piscina fue Fermín Moscoso del Prado Torre, aunque más adelante, en 1952, se llavaron a cabo unas reformas a cargo del prolífico Luis Gutiérrez Soto y de su sobrino José Antonio Corrales Gutiérrez.

La piscina club Stella fue inaugurada en 1947 por Manuel Pérez-Vizcaíno Pérez Stella y su esposa. El edificio fue construido imitando la sede de un club cercano al mar, quizá de un barco. El arquitecto Enrique Domínguez Unceta afirmó que su estilo pudo haber estado influido por el Club Naútico de San Sebastián.

La construcción de la M-30 recortó su extensión, pero aún era una de las mejores piscinas de la ciudad, especialmente tras la desaparición de la vecina Piscina Mallorca, en la misma calle Arturo Soria. Fue pionera en el “top less” e incluso tenía una terraza para practicar el nudismo muy cotizada por los amantes de esta alternativa. El edificio está protegido, lo que impide realizar obras que modifiquen su estructura.

Imágen actual de la Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

Tenía varias praderas independientes sobre las que se tumbaban decenas de personas, muchas de ellas clientes de toda la vida que sin salir de Madrid querían tomar unos baños en unas instalaciones que tenían calidad y un cierto encanto en sus porches y terrazas.

Emparentada formalmente con el racionalismo, la piscina Stella, nacida en la cornisa de Ciudad Lineal sobre la vaguada que ahora recorre la M-30, se ha mantenido milagrosamente intacta desde su construcción. Su silueta se asoma al puente que une la calle Arturo Soria y la calle Costa Rica y ofrece su perfil náutico a los conductores que saltan sobre la autopista urbana. Su blanca arquitectura evoca la imagen del puente de mando de un gran transatlántico de los años 30. Sin duda, está influida por el Club Náutico de San Sebastián (1930) de Aizpurúa y Labayen, que está considerado como uno de los edificios pioneros del racionalismo español. Precisamente esta obra de la arquitectura donostiarra habría que ligarla a uno de los proyectos más notables del zaragozano Fernando García Mercadal que, con su Club Naútico, de 1925, iniciaba una linea que más adelante se desarrollaría con profusión. También es pertinente asociarla con la piscina La Isla que diseñara Luis Gutiérrez Soto. Aunque su calidad formal sea menor, su composición es asimilable al racionalismo.

Imágen actual de la Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

En realidad, la Piscina-Club Stella se inauguró en 1947, tomando como nombre uno de los apellidos del propietario Manuel Pérez-Vizcaíno Pérez-Stella. Según ésto, estaríamos ante un edificio muy posterior a la fecha que se le ha venido atribuyendo hasta el momento, y la obra sería descendiente tardía y solitaria del estilo racionalista que prácticamente desapareció tras la contienda civil. La evidente filiación estética del inmueble y su proximidad a las actividades promovidas durante la República, además del carácter progresista de los habitantes de la Ciudad Lineal en la que se ubica, han otorgado a la piscina Stella un pasado más largo del que en realidad tiene, ya que cumple ahora 60 años de historia, en 2007.

Cuando se construyó ocupaba una superficie mayor que la actual, que incluía terrenos ocupados ahora por la M-30. Sus vistas daban sobre la ancha vaguada que utilizaban los rebaños de ovejas, como la cañada que era, antes de que la ocuparan los coches. No cabe duda de que la sociología del barrio de Ciudad Lineal ha sido determinante en el origen y la conservación de la piscina Stella a lo largo de los años. Se pensó como piscina abierta al público previo pago, no era un club cerrado, era una iniciativa comercial que no tenía competencia oficial. El relativo apartamiento en el que se encontraba Ciudad Lineal respecto al centro, la falta de piscinas públicas en Madrid y la gran distancia a las instalaciones deportivas del Manzanares, hicieron que los vecinos considerasen Stella como una dotación deportiva de su propio barrio y la utilizasen intensamente. Esto ha contribuido al mantenimiento del edificio en un estado muy próximo al original. Es uno de los mejor conservados de toda Ciudad Lineal.


PISCINA STELLA 2007_ByNFotografía en blanco y negro de la Piscina “Stella”, anterior a 2007, poco después de la última reforma de 2005.

 

En el año 2000 un grupo inversor intentó hacerse con la propiedad, pero al conocer las limitaciones que imponía el edificio parece que optaron por retirarse. Se llegó a hablar de que un importante grupo iba a invertir para construir un gimnasio al estilo americano, con grandes salas preparadas para todo tipo de deportes.

Finalmente, parece que los propietarios han estudiado convertir toda la zona en un centro deportivo, con gimnasios y otras instalaciones para poder explotarlo todo el año y no limitar su funcionamiento a los dos meses de verano o a los caprichos del tiempo.

Piscina “Stella”, septiembre de 2010. (FOTO: El País, 2010)

Piscina La Isla

Cuando llega el calor, los madrileños que no pueden salir de la ciudad ocupan las piscinas. No siempre fue así. Se trata de un fenómeno del siglo XX; el Plan General de 1930 tuvo la idea de dotar a la ciudad de dos zonas de baños sobre el Manzanares. Como un barco varado, surgió en una isla del río la más hermosa piscina que Madrid haya tenido nunca. Su vocación marítima se hizo realidad en las aguas del Manzanares y se encarnó en un edificio de formas navales de Gutiérrez Soto. La Guerra Civil destrozó el edificio; su memoria es la de un buque fantasma que permaneció varios años amarrado en el Manzanares.

Estampa de la piscina La Isla, junto al río Manzanares en la década de los 30 (Autor: Damián Flores)

El cambio del siglo XIX al siglo XX traería el interés por la naturaleza como escenario vinculado a las actividades físicas. El nuevo humanismo de librepensadores y libertarios otorgaba al individuo un nuevo papel en el que cultura y ciencia se daban la mano y el cuidado del cuerpo adquiría una importancia que no había tenido desde los tiempos clásicos. Surgen grupos espontáneos de naturistas, excursionistas, gimnastas, vegetarianos y culturistas, vinculados a ateneos y otras instituciones culturales, que propugnan el cuidado simultáneo de la mente y el cuerpo. Los baños de mar también han ido ganando prestigio en los mismos años, y la aristocracia y la burguesía se desplazan en verano hasta las costas (Santander y San Sebastián) para tomar baños de ola. La pasión por el agua se abre camino, rompiendo las ancestrales barreras de temor y definiendo una nueva relación a través de las actividades al aire libre.

piscina-la-isla_1931_sepiaPiscina La Isla, de Luís Gutiérrez Soto. Foto de 1931, donde se ve la ubicación del recinto, en el centro de la canalización del río Manzanares, en un islote ya existente. En la esquina superior izquierda se puede ver la Estación de Ferrocarril del Norte-Príncipe Pío, en el Paseo de la Florida, 2, c/v Paseo de San Vicente, c/v Paseo del Rey, 1.

Todo este conglomerado de nuevas ideas de salud determinó la aparición de las instalaciones deportivas y de ocio, un fenómeno que no ha dejado de crecer desde entonces, y que todavía no ha tocado techo ahora en el siglo XXI. Entre estas nuevas dotaciones urbanas destacan las piscinas públicas, que pretendían democratizar el baño urbano. Esto adquirió en Madrid un profundo carácter simbólico, que aminoraba la histórica nostalgia que los madrileños sienten por el mar.

El origen de todas las modernizaciones hay que buscarlo en tiempos de la Segunda República. En ningún otro momento había dedicado Madrid tanta atención a su río, aunque el Plan General de 1930 ya contempla un programa de espacios recreativos vinculados al Manzanares, y las primeras serán las piscinas que se realizan rápidamente coincidiendo con la república y el racionalismo. En Madrid encontramos tres pequeñas joyas de la época de especial interés y diferente suerte. La más hermosa, la piscina La Isla, desapareció sin dejar más rastro que el fotográfico y pictórico; otra, la Playa de Madrid, tuvo que travestirse en estilo imperial para sobrevivir tras la Guerra Civil; y la más modesta, laya comentada piscina Stella, se ha mantenido ajena al paso del tiempo, conservando su perfil náutico como un refrescante monumento al racionalismo.

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Piscina La Isla-1931

Piscina La Isla de Luís Gutierrez Soto, 1931 (Plantas baja y principal). Imágenes de las piscinas exterior con bañistas y de la cubierta, en el interior del recinto.

Primero fue La Isla. Era el año 1931 y allí estaba Luis Gutiérrez Soto, autor del formidable edificio del Cine Barceló de Madrid, dispuesto a resolver brillantemente, y con el nuevo lenguaje racionalista, todo encargo que cayera en sus manos, especialmente las instalaciones deportivas, de las que era autor y usuario entusiasta. El se hizo cargo de diseñar y construir la piscina en una isla del río Manzanares, y Madrid consiguió un balneario con imagen marinera que recordaba al Club Náutico de San Sebastián (emblema temprano del racionalismo español -1930- debido a Aizpurúa y Labayen). El proyecto entronca -como señala Carlos Sambricio– con la idea de la Ciudad del Reposo propuesta por el GATCPAC, que en Madrid deriva en la planificación de parte de la zona de El Pardo como área de ocio, fuera del núcleo de la ciudad. En esta zona el río Manzanares se embalsó y se crearon las llamadas playas de Madrid. El edificio de Gutiérrez Soto se concibió como una actuación puntual y singular que daba respuesta con un lenguaje puramente racionalista a las necesidades de ocio que en aquellos momentos demandaba la sociedad popular madrileña -el ocio de las masas-.

 

 

Club Naútico de San Sebastián de Aizpurua y Labayen, 1930

Si la piscina La Isla era de iniciativa privada, inmediatamente aparece otro empeño público similar, aguas arriba del río: la Playa de Madrid (1932-1934), primera playa artificial de España, para la que se construye un embalse en el Manzanares. Manuel Muñoz Monasterio diseña los edificios en el estilo racionalista de aquella modernidad. Si La Isla era elitista, la Playa era popular, pero ambas fueron destruidas durante la Guerra Civil y se voló la presa. Aunque la Playa de Madrid corrió mejor suerte, ya que fue reconstruida por el mismo autor en 1947, camuflando su estilo internacional con los tejados de pizarra y pináculos que imponía el retrógrado nacionalista triunfante.

Dibujo del Cine Barceló, de Gutiérrez Soto (Autor: Damián Flores)

Si la piscina La Isla desapareció y la Playa de Madrid sobrevivió camuflada como club elitista en estilo imperial, otra iniciativa privada de los años 30 se ha mantenido como solitario emblema de la estética racionalista: la piscina Stella, que ha seguido abierta, en funcionamiento, y ha conservado una intacta imagen náutica asomada al río de coches de la M-30. Quizá debe su supervivencia al temperamento moderno, deportivo e higienista de los habitantes de la Ciudad Lineal, que escogieron aquella zona para estar en contacto con la naturaleza y mantuvieron en uso uno de los mejores espacios de la arquitectura de ocio de la capital.

En tiempos más cercanos irían apareciendo otras piscinas de menor valor arquitectónico, al tiempo que se generalizaba su uso entre los madrileños. A ello contribuyó el famoso Parque Sindical, más conocido popularmente como “la charca del obrero”, de la que se dijo en su momento que era la mayor piscina de Europa, de uso masivo durante los calurosos meses de verano, incorporada a la memoria colectiva de millones de niños madrileños de posguerra. Otras piscinas municipales ocupaban lugares privilegiados, como la Casa de Campo, otras surgían cerca del río, y diversas instituciones, como las universitarias, construyeron sus propios espacios para el baño al aire libre, convirtiendo éstos en un derecho accesible que hoy sería irrenunciable. (Texto publicado en Archi-texturas)

Gran Piscina “El Lago”, carretera de El Pardo, 37, en frente al Puente de los Franceses. “La piscina El Lago estaba situada al final de la Av. de Valladolid, en el solar que hoy ocupa el Hospital de La Moncloa, junto a la via del tren en el Puente de los Franceses.
Yo iba allí a bañarme en el verano en los años setenta, hasta que la cerraron, creo que en 1983.
El ambiente que se respiraba en esta piscina era bueno y sobre todo muy familiar, también solían ir algunos estudiantes, parejas, la gente de los ballets de televisión y los teatros, así como algunos actores de los denominados secundarios. Todos ellos le daban un aire muy liberal, adelantándose a su tiempo, y donde todas las mujeres hacían topless y todo el mundo iba en tanga (incluidos los hombres), siempre de una forma sana y natural, pero que en aquella época llamaba la atención porque era cuando empezaba a verse en España alguna que otra persona extranjera con este destape, las primeras que lo hacían, y sólo en las playas más turísticas….”
(Comentario de Andi a la entrada, VER COMENTARIOS)

Referencias.-

Sambricio, Carlos

Madrid, Vivienda y Urbanismo, 1900-1960

Akal Arquitectura

Madrid, 2004

Dieguez Patao, Sofía

La Generación del 25. Primera arquitectura moderna en Madrid

Ediciones Cátedra

Madrid,1997

Piscina Stella_Ciudad Lineal

(en Historias Matritenses Blog)

Piscina Stella, “Un buque varado en la M-30” (El País, 2010)

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