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Archive for the ‘Parques’ Category

CHAMARTÍN LIBRO 2015

Presentación del libro Chamartín. Álbum de fotos 20/ mayo/ 2015

Carlos R. Zapata
Enrique F. Rojo

1. Inició el acto el autor Carlos R. Zapata agradeciendo la presencia del público y presentando a los miembros de la mesa. A continuación hizo referencia a diferentes momentos de la historia de Chamartín, comentando una serie de fotografías que se proyectaron simultáneamente y resaltando el gran número de edificios notables que se derribaron por la escasa sensibilidad institucional y privada para conservar las construcciones históricas, fundamentales para no perder la identidad del espacio urbano.

Foto 1

Presentación del libro “Chamartín …”. De izquierda a derecha Cucho Sánchez, Enrique Rojo, Carlos Rodríguez e Ian Gibson.

2. Seguidamente le pasó la palabra a Enrique F. Rojo, autor del libro, quien citando al arquitecto Enrique Domínguez Uceta que no pudo asistir a la presentación, hizo un breve repaso por algunos de los edificios más representativos del distrito.

En cuanto a la arquitectura más antigua se destacaron el desaparecido Colegio del Recuerdo (1883) proyectado por Francisco de Cubas; el palacete de la Quinta de San Enrique (1860); actualmente perteneciente a la Fundacion ONCE y rebautizado como Palacete de los Duques de Pastrana; el Palacio de las Artes e Industrias (1907), de Fernando Torriente y en la actualidad Museo de Ciencias Naturales y Escuela de Ingenieros Industriales.

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Colegio Virgen del Recuerdo (1883 ).

Los edificios religiosos o de beneficencia son numerosos en Chamartín y se citaron entre otros el Asilo de San Rafael (1912), del que apenas queda una sección; el Asilo de Convalecientes (1912); Asilos Santamarca (1929) y San Ramón y San Antonio (1926); y el Noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús (1931), proyectado por Críspulo Moro Cabeza, en la actualidad con un expediente de derribo aprobado a pesar de encontrarse en perfecto estado.

DAMAS APOSTOLICAS DEL SAGRADO CORAZON-  2015

Noviciado Asilo de las Damas Apostólicas (1931 ).

Por lo que se refiere a lo que Domínguez Unceta ha denominado el “museo de arquitectura moderna de Chamartín“, se hizo mención a las colonias Parque Residencia (1933) y El Viso (1936) de luis Blanco Soler y Rafael Bergamín; la Residencia de Estudiantes (1915), proyectadas en estilo neomudejar por Antonio Flórez Urdapilleta y Francisco Javier de Luque; el Instituto Escuela (1933), en estilo Racionalista, de Carlos Arniches y Martín Domínguez, con la colaboración del ingeniero Eduardo Torroja en el diseño de las marquesinas futuristas del pabellón de párvulos.
Se incluyeron además, las obras de Miguel Fisac en el CSIC como la iglesia del Espíritu Santo (1943, ) el Instituto Nacional de Óptica (1949), o el Instituto de Edafología.

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Instituto Escuela (1933).

Para finalizar la intervención se habló del Estadio de fútbol del Real Madrid (1947) de Muñoz Monasterio y Alemani Soler; el gimnasio del Colegio Maravillas (1962) de Alejadro de la Sota; las Torres Blancas (1968), de Sainz de Oiza; la Estación de Chamartín (1975) de los arquitectos Corrales y Molezún; y finalmente, el Auditorio Nacional de Música (1988) de García de Paredes.

Torres Blancas 1965

Torres Blancas (1965).

3. A continuación intervino Ian Gibson, que hizo un generoso elogio del libro, alabando el contenido y el diseño. “Un libro -dijo-, con un tamaño adecuado para llevar en la mano cuando vas por las calles de Chamartín y poder consultar lo que ves”.
Gibson habló de la Residencia de Estudiantes (1915), de sus alumnos, del espíritu académico, multidisciplinar y tolerante que siempre imperó en el centro y, en definitiva de ese gran espacio de cultura que la Guerra Civil cercenó.

Hizo un alegato en favor de la cultura plural y de la necesidad de recuperar la memoria histórica de los barrios y distritos de las ciudades españolas. Se refirió Gibson a “la España que pudo ser y no fue”  por causa de la lucha fratricida que impidió el desarrollo del potencial cultural español y condujo al retroceso educativo, concluyendo que el desmantelamiento de la Residencia de Estudiantes supuso una gran oportunidad perdida.

José María Hinojosa, Juan Centeno, Federico García Lorca, Emilio Prados y Luis Eaton. Residencia de Estudiantes, Madrid, 1924

De izquierda a derecha: José María Hinojosa, Juan Centeno, Federico García Lorca, Emilio Prados y Luis Eaton. Residencia de Estudiantes, Madrid, en 1924.

4. Siguió Cucho Sánchez que habló de la mítica sala de conciertos Rockola, símbolo del aperturismo en la cultura musical del periodo de la democracia incipiente. Con esta sala situada en al calle del padre Xifré 5, se produjo un cambio en el concepto da salas de concierto, pasándose de la gran sala a la pequeña, con actuaciones más continuadas, artistas de las más variadas procedencias y estilos y con un público mucho más heterogéneo y joven.
Por Rockola pasaron grupos internacionelas de Rock, Pop y Punk con la asistencia de lo más representativo de las culturas artísticas alternativas y de vanguardia.
El cierre de sala y con ello la desaparición de un lugar mítico, se produjo en 1985, probablemente, según sugiere Cucho, por causas políticas e ideológicas.

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Sala Rock-Ola (1981-85 )

5. Aprovechando el contenido musical de la charla anterior intervino José María Guzman (Solera; Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán; Cadillac), que hizo una breve introducción en referencia a su condición de vecino de Chamartín. Acompañado por su guitarra, interpretó tres temas relacionados con el acto, que prologó amenamente, para acabar mencionando la casualidad de celebrarse esa jornada el “día sin música” reivindicación que subscribió. La excepción la hizo por no eludir el compromiso adquirido para la presentación.

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De izquierda a derecha: Cucho Sánchez, Enrique Rojo, Carlos Rodríguez, Ian Gibson y José María Guzmán, con la guitarra, interpretando “Sólo pienso en ti”.

6. Alberto Tellería, de la Asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, intervino en nombre de Vicente Patón, elaborando un rápido viaje sentimental por la memoria del distrito de Chamartín del que también fue vecino, aludiendo a vivencias propias y a otras narradas por vecinos y familiares recogidas por él.

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Dos señoras pasean por Príncipe de Vergara al paso de un rebaño de ovejas (c. 1955)

Unas palabras finales de Carlos y un audiovisual pusieron fin a la presentación que se alargó por algo más de dos horas.

Desde este espacio queremos agradecer a la dirección del Colegio San Ramón y San Antonio  la cesión generosa y desinteresada de sus extraordinarias instalaciones para el acto de presentación del libro.
Nuestra sincera gratitud a Sor Sole y a sus colaboradores y colaboradoras por su amabilidad y disposición.

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Presentación del libro “Chamartín …”.

Foto 3

Presentación del libro “Chamartín …”.

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Arturo Soria desarrolló a partir de 1894 la Ciudad Lineal, proyecto urbanístico innovador pero poco rentable. A la promoción de viviendas se unió la creación de una red de tranvías y un extenso Parque de Diversiones para solaz de los madrileños. La ingente inversión tuvo éxitos efímeros. El Parque acabaría por desaparecer, quedando para la memoria apenas el testimonio documental de archivos y hemerotecas.

La Plaza de Toros y el Gran Teatro

El antecedente del Parque de Diversiones fue una Plaza de Toros. Estaba entre las calles Arturo Soria y López Aranda. El éxito del coso animó a la Compañía Madrileña de Urbanización de Arturo Soria (C.M.U.) a crear un Centro de Diversión que satisficiera no solo las necesidades de ocio de la Ciudad Lineal sino también las de toda la capital.

En 1904 se construyó el Gran Teatro, de 650m2 de planta, en la calle Arturo Soria con Hernández Rubín, con una parada de tranvía a sus puertas. Era de ladrillo revocado y armadura de hierro con ornamentación interior y exterior Modernista. Obra del arquitecto Ricardo Marcos Bauzá, el teatro era multiusos y sirvió indistintamente como circo y sala de conferencias. Tenía patio de butacas y palcos laterales, con aforo para 2.500 espectadores. Rodeándolo se diseñó un jardín para el tránsito del público y su esparcimiento por el complejo. Finalmente, su falta de rentabilidad hizo que se arrendase en 1910 a una sociedad que lo explotó como Casino hasta 1922, a finales de la Restauración Borbónica de Alfonso XIII, año que cerró por orden gubernamental.

Teatro Ciudad Lineal

Teatro y Salón-Restaurant. Al fondo el Frontón. Abajo, durante su construcción.

El Salón-Restaurant

En Abril de 1907 se inauguraba, anejo al Teatro, el Salón-Restaurant. En el acto, al que acudieron más de doscientos comensales, con una numerosa representación de la Prensa madrileña, se alabó la calidad del menú, la prestancia del servicio y las excelencias del local. El restaurante se sumaba al parque junto con el teatro, el frontón, bar, billares y gimnasio al aire libre. Medía 240 m2 y 12 m de altura repartidos en un comedor central con saloncitos laterales independientes, cuyas paredes se adornaban con lienzos al óleo. La cubierta del recinto era acristalada, a la moda de la época, y todo su perímetro contaba con amplias puertas que permitían su apertura en el verano para favorecer que corriera el aire.

El interior del Parque tenía jardines con veredas flanqueadas con plátanos de sombra y plantas de coloridas flores. Poco a poco se incorporaron amenidades como los “tIros de pistola y carabina”, los bolos americanos, el teatro de títeres , el famoso “pim-pam-pum” de tiro al blanco, el tobogán gigante o la increíble “máquina voladora”. En la zona más elevada del Parque había una explanada con mesas y sillas donde se servían todo tipo de bebidas espirituosas y refrescos.

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Patio lateral del Salón-Restaurant alrededor de 1910.

El frontón-“kursaal”

Al poco de construirse, el frontón se transformó en teatro. Se denominó “Kursaal” y tenía una capacidad de 3.600 personas, superior a otros teatros madriñeños, con localidades repartidas por toda la cancha, butacas a ambos lados del escenario, localidades económicas en una gran gradería a lo largo del frontón para casi 600 personas, y localidades más baratas de pie. En torno al bar había mesas y sillas para ver el espectáculo y en el primer piso se encontraban las localidades exclusivas, con palcos familiares y un gran palco común para 100 personas. También había una azotea con nueve grandes palcos de lujo. El “Kursaal”, con 11 m de embocadura , decorada en escayola por el escultor Enrique Carrera, tenía 5 m de fondo y un proscenio de 6 x 13 m. Se representaban especialmente óperas, zarzuelas, obras menores y “varietés”. Y también luchas greco-romanas y espectáculos varios. Todo el parque estaba espléndidamente iluminado con focos de arco voltaico, lámparas incandescentes y adornado con plantas, árboles, flores de todos los colores y olores.

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Velódromo-Estadio en 1923 durante un partido del Real Madrid F.C.

 

El Velódromo-Estadio

En 1910 se inauguró un velódromo -primero en Madrid- que ocupaba 2,4 ha, con una capacidad para 20.000 espectadores. Aunque también se utilizaba como pista para exhibiciones aéreas, acabó reconvertido en un estadio polivalente donde se celebrarían pruebas ciclistas, hípicas, partidos de hockey, fútbol, tenis y atletismo. En 1923 el Real Madrid F.C. lo utilizó como campo propio mientras construía el Estadio de Chamartín. En 1926, para aliviar la mala situación económica de la Compañía, el antiguo velódromo fue puesto a la venta. En 1918, ya se había vendido la plaza de toros. En 1932 cerró definitivamente el Centro de Diversiones y se instaló la CEA, empresa cinematográfica que transformaría las instalaciones en platós. Finalmente, en la década de los setenta del siglo XX los Estudios CEA se disuelven y con su desaparición se produce la posterior demolición de todo vestigio del viejo Parque de Diversiones de la Ciudad Lineal dando lugar a lujosos conjuntos residenciales y oficinas.

(Artículo publicado en el ejemplar nº 246 del mes de mayo de 2014 de la Revista Plácet)

Referencias.-

Maure Rubio, Miguel Angel
La Ciudad Lineal de Arturo Soria
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid
Madrid, 1991 ISBN 84-7740-048-2

Sánchez Fernández, David Miguel
Un paseo por la Ciudad Lineal
Ediciones La Librería
Madrid, 2010 ISBN 978-84-9873-098-2

La Ciudad Lineal
Revista de Urbanización (C.M.U.)

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Elefante Pizarro 1873_small

El Elefante Pizarro en el Parque del antiguo Buen Retiro. (Grabado: La Ilustración Española y Americana, 1873).

Hubo en España un elefante que se hizo famoso en el último tercio del siglo XIX por sus lances con toros bravos de lidia de los que solía salir bien parado. Aunque vivía en Madrid -llegó en 1863-, su domador lo trasladaba a las plazas de todo el país para que el público pudiese admirar su habilidad y valor frente a los toros.

Atrapado por una argolla a una de sus patas, “Pizarro” o “Pizarrín“, como se le conocía, alargaba la cadena que le ataba a una estaca clavada en medio de la plaza y repelía como podía los embistes instintivos de la desconcertada res. Famoso fue su combate en 1865, en la antigua plaza de la Puerta de Alcalá contra cinco toros bravos. Este espectáculo se incluía en las tardes de toros a modo de “entremés”, a la vez que servía de reclamo para atraer a un mayor número de espectadores. El gusto por esta “atracción”, suponía un dudoso atavismo que  fue desapareciendo entre las aficiones populares, aunque lentamente, ya que hubo más “Pizarros”.

La anécdota de “Pizarro”

Se cuenta de este elefante una anécdota, que según quién lo haga y dónde se lea, puede aparecer como un hecho curioso y divertido, sin mayor importancia,  o al revés, como un suceso relevante y  grave, que dentro de su dramatismo pudo acabar aún peor. También se dice que, tal vez,  solo se trate de una leyenda y que, en realidad,  nunca ocurrió.

El caso es que el pobre “Pizarro” -según se cuenta- escapó de su triste reclusión una noche y, no sabiendo muy bien dónde ir, se dedicó a destrozar todo cuanto le estorbaba en su camino, para finalizar su evasión frustrada en una tahona en las cercanías de la calle Alcalá.

La anécdota, muy popular y con múltiples referencias en la prensa de la época y en internet, cuenta, sin embargo, con múltiples variaciones que sitúan el punto de partida de la fuga del elefante en sitios diferentes, variando lo que fue ocurriendo durante el periplo, así como la fecha y el momento del día, o la noche, en que esta sucedió. Así, nos encontramos con quien sitúa el inicio de la aventura en la Casa de Fieras del Retiro, alguno habla del coso de Las Ventas, en vez del de  la Puerta de  Alcalá que sería más adecuado, o bien en los jardines de los Campos Elíseos de Madrid.

Anuncio Pizarro

“Boletín de Loterías y Toros”, página 4 (5/9/1865)

El diario democrático La Discusión, el jueves  6 de abril de 1865,  publicaba: “Anteanoche martes 5 de abril á las diez y media de la noche se alarmó el pacífico vecindario que habita en las afueras de la puerta de Alcalá de esta corte. Fué el caso, que el corpulento y feroz elefante , encerrado en la plaza de toros de los Campos Elíseos, incomodado de que sus amos le abandonaran por las noches, rompió las cadenas que le tenían sujeto y, no contento con esta hazaña, se salió de la plaza, rompiendo las vallas, puertas y cerrojos, sin que nada ofreciera resistencia a sus colmillos y trompa“.
Con el ejercicio -añade la crónica- se le despertó el apetito y después de dar unos cuantos paseos por los jardines, rompiendo árboles, faroles y causar algunos destrozos en las plantaciones, con una destreza admirable, emprendió a trompadas con la puerta de salida (…)” -incluyendo la caseta del guarda y al guarda mismo que salió volando por los aires-. “Derribó la puerta de salida y “Pizarrito” ya se encuentra dando feroces rugidos en medio de la carreta de Aragón”.
Despiertan los vecinos, se asustan, se alarman, se echan a la calle y, armados de palos, pistolas y escopetas, tratan de dar alcance al elefante; pero este huye, se mete en la tela, embiste a tres carretas, las destroza, maltrata a algunos bueyes y se dirige a la tahona de San José al olor del pan…”  (La Discusión,6 de abril de 1865)

Esta misma noticia, en iguales términos y publicada el mismo día, aparecía en La Correspondencia de España (6/4/1865 pág 3),  La Época  (6/4/1865 pág 3),  La España  (6/4/1865 pág 4), y  La Esperanza  (6/4/1865 pág 3).

Sin embargo, resulta curioso el relato de  La Ilustración de Madrid  de 28 de febrero de 1871,  en el que se dice que el 4 de octubre de 1863, el Ayuntamiento de Madrid ofrecía asilo al cansado elefante  para que, después de recorrer toda España, pasara allí sus últimos años de vida. Es en esta información donde las fechas y los lugares no “encajan”. Vemos que el episodio de la escapada es posterior y se produce en otro lugar, aunque próximo. Además, sigue publicitándose su participación en  espectáculos taurinos en 1869, cuando se supone que ya no “trabajaba”; y todavía en 1970 realizaba exhibiciones en las plazas de toros, como refleja una nota publicada en el Boletín de Loterías y Toros del 3 de enero de 1870. Probablemente la fecha que aparece en La Ilustración de Madrid esté mal por causa de una errata del periódico, o bien que por la calidad de la copia no se lea bien,  y el año que “Pizarro” se retiró pudiera haber sido entre 1870-1971, coincidiendo con la fecha de la publicación del artículo.

Anuncio Pizarro 1869

Cartel de 1869 en que se ve como el elefante seguía en “activo”. Se lee que todavía iba al trabajo.

En cualquier caso, la figura del elefante, objeto de admiración para unos pocos y motivo de diversión para el público en general,  que acudía al espectáculo seudotaurino de la lucha entre las dos bestias, acabó trascendiendo lo meramente popular y se convirtió en un elemento de chanza e ironía jocosa para lalgunos articulistas de la prensa como La Guirnalda, El Liberal, El Periódico para todos, La Ilustración Ibérica, Madrid Cómico, y muchos más. El Pais, por ejemplo, bromeaba en 1898, recogiendo la anécdota de la tahona, que ya comenzaba a desvirtuarse, diciendo: “El elefante Pizarro, encadenado en el Retiro tuvo un día hambre y, rompiendo las cadenas conquistó a trompadas en una tahona el pan que necesitaba. Moraleja: Los elefantes son más sesudos que los obreros hambrientos”. (El Pais, 22/2/1898, pág. 2)

Por su parte, mucho después, en 1913, cuenta el cronista Carlos Cambronero en La España Moderna, cómo en la primavera de 1865 la empresa que explotaba el parque de diversión denominado  Campos Elíseos llevó un elefante que dominaba algunas habilidades, entre ellas la lucha con otras bestias. Así, se le puso en la plaza de toros a medirse con dos toros bravos, los cuales lo acosaron , sin que este hiciese otra cosa que defenderse, por lo que la lid quedó en empate. El elefante, procedente de Ceilán, también dominaba el castizo arte del descorche de botellas de vino con la posterior ingesta del líquido contenido. Cuentan que en cierta ocasión, no se sabe cómo, el paquidermo se desató de las cadenas que lo sujetaban y paseando libremente por el jardín acertó a pasar delante de la fonda del recinto a la que entró.

Viendo a su disposición tantas botellas de vino expuestas para la clientela, se hizo dueño da las mismas y comenzó a ejercitar su aplaudida habilidad. Tal exceso de botellas de distintos brebajes descorchó y bebió, que el abuso le causó gran desconcierto y malestar -una buena trompa-, y perdiendo su habitual mansedumbre, el animal se dedicó a destrozar cuanto se le puso delante, acabando con la verja de la puerta de entrada, tras lo cual salió a la carretera de Alcalá, y ante el griterío de sorpresa y temor del vecindario, se cobijó en una tahona, llamada de San José aprovechando para ingerir con ansia cuanto panecillo estuvo al alcance de su probóscide, sin que el estupefacto panadero pudiera hacer nada para evitarlo. Finalmente pudo de ser sosegado por el domador, quien logró sujetarlo y llevarlo de vuelta al parque. (Basado en el texto de Carlos Cambronero. La España Moderna, Nº 296, Octubre 1913. Pág. 34 y sig.)

Parece que en este texto pueden caber algunas dudas en cuanto a su absoluta verosimilitud. Aunque lo probable es que el episodio de la huida responda al suceso tan como se inició,  el asunto del vino y del descorche de botellas puede ser más un recurso cómico del autor que quiso parangonar la escapada del gigante con las aventuras etílicas de algunos vecinos de la Villa.

No queda nada claro si el animal finalmente se sosegó al ver a su domador y regresó en calma a su encierro; si se enfrentó a los guardias hasta quedar exhausto; si hubo necesidad de drogarlo para reducir su fuerza; o si volvió él solo -sabida es la memoria del elefante para recordar el camino de vuelta a casa-, una vez calmó su hambre y su sed. En cualquier caso, la situación, más que de broma debió de ser tremenda.

Neron 1898

El gusto por esta “atracción” fue desapareciendo entre las aficiones populares, aunque lentamente, ya que hubo más “Pizarros”… Cartel del espectáculo de lucha entre el elefante “Nerón” y el toro “Sombrerito” , 1898. .

La muerte del elefante “Pizarro”

El 8 de julio de 1873,  la Ilustración Española y Americana publicaba: “Ha fallecido, la semana pasada, el monstruoso paquidermo que, desde hace algunos años, vegetaba tristemente en el jardín zoológico del Parque de Madrid. “Pizarro”, que tenía 58 años, era oriundo de Ceylan y viajó por diferentes naciones de América, atravesó el Atlántico y vino a parar a Francia y a España, siempre conducido por su hábil domador y propietario el norteamericano Mr. Eduardo Miller.”

Narra la crónica el episodio de la huida y su asalto a la tahona, del que sin abundar en detalles, dice que una vez saciado su apetito se dirigió de vuelta al recinto como si nada hubiera pasado.

Finalmente  -añade el cronista-“comprole el ayuntamiento de esta capital para el jardín zoológico del Parque de Madrid, y allí ha permanecido pocos años, encadenado, consumiéndose lentamente, siendo objeto de terror para los niños y de curiosidad para los forasteros”. Y acaba el artículo con una exhortación al Gabinete de Historia Natural (creado en 1776) para que se hiciese cargo de la conservación naturalizada del animal, aún entendiendo la dificultad por no haber medios para costearlo. (Ilustración española y americana, 8 de julio de 1873. Págs. 3 y 4)

Curiósamente el periódico Caras y Caretas de Buenos Aires, en 1914 en un artículo sobre el miedo cerval que los elefantes sienten por los ratones, hacía una breve alusión a “Pizarro”, asegurando que la causa de su muerte se debió a que un ratón le entró por la trompa atáscándosela…”. En fin, una leyenda más. ( Caras y Caretas, 17/1/1914. Pág. 18)

El caso es que sus huesos parece que se dejaron en el interior de uno de los estanques del Parque del Retiro dispuestos a macerarse para luego pasar al Gabinete de Historia Natural. Así lo aseguraba el Diario Oficial de Avisos de Madrid, si bien no añadía mayor información,  ni dejaba constancia de que los restos hubieran sido finalmente entregados al citado Gabinete de Historia.   (Diario Oficial de Avisos de Madrid el 17/7/1873 , pág. 4)

José Fernández Bremón, aseguraba un año después en el El Imparcial, en 1874,  que los huesos estaban enterrados en el Parque: “Hoy la osamenta de Pizarro yace bajo tierra. No se ha escrito su necrológica; la voz pública murmura sobre las causas de su muerte. Se habla de asesinato. Yo no acuso a nadie. Los sabios venideros que escarben el Retiro, cuando tropiecen con los huesos de Pizarro asegurarán que tal vez se criaban elefantes en Madrid en el periodo oscuro de la república española.” (El Imparcial, 8/6/1874. Página 4, Hemeroteca BNE)
Es más, el diario El Globo, el 10 de junio de 1875, acerca de la instalación en Madrid de la Protectora de Animales, menciona también que los huesos de Pizarro se encontraban enterrados en el Parque de la Villa. (El Globo, 10 de junio de 1875, Hemeroteca BNE).

Queda por conocer si en algún momento fueron desenterrados y  destinados a ser conservados.

Los elefantes del Museo de Ciencias Naturales

Actualmente en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, heredero del Gabinete de Historia Natural, hay dos elefantes naturalizados. Se trata de un elefante indio (Elephas indicus), que se colocaron en una peana el esqueleto y, en otra, el ejemplar naturalizado con la piel; y de un elefante africano (Loxodonta Africana), actualmente en el vestíbulo de entrada al museo. Del esqueleto y de la piel de “Pizarro” nada se sabe. Salvo lo ya contado más arriba.

El elefante indio, procedente de Malasia,  llegó a Madrid en 1773, regalo del gobernador de Filipinas al rey Carlos III. Embarcado vivo desde Manila, viajó por mar hasta Cádiz. De allí a pie hasta el Real Sitio de San Ildefonso pasando en su itinerario por Córdoba, Valdepeñas, Ocaña, Aranjuez, Carabanchel y Aravaca, a razón de tres leguas castellanas por jornada que sumaron 42 días de viaje. De San Ildefonso lo trasladaron a El Escorial y de allí a Aranjuez, donde llegó a primeros de noviembre. En aquel lugar tuvo su residencia definitiva en la “Casa de Vacas”, en un corral para él acondicionado. Seguramente por lo inapropiado de los cuidados, el clima y la alimentación, el elefante murió el 17 de noviembre de 1777.

Elefante indio (“Elephas indicus”), actualmente en el MNCN.

Y queriendo Carlos III que se le disacase, se solicitó al naturalista Juan Bautista Bru que dispusiera lo necesario para emprender el trabajo de disección y conservación del animal cuanto antes. Entre el 21 de noviembre de 1777 y el 28 de febrero de 1778, Bru trabajó con los restos del animal que dejó listos para su exposición en el Real Gabinete de Historia Natural, que había sido inaugurado en 1776. El coste total de la desecación del elefante asiático ascendió a 14.137 reales con 20 maravedís. (FUENTE: Sánchez Espinosa, Gabriel. Un episodio en la percepción cultural dieciochesca de lo exótico: La llegada del elefante a Madrid en 1773. Goya 295-296, 2003. Páginas. 269-286.)

En cuanto al elefante africano (Loxodonta Africana),  fue donado por Jacobo Stuart y Falcó, duque de Berwick y de Alba, padre de la actual duquesa y patrono del Museo en sus inicios, trás una expedición a África. El animal fue abatido en Stern Jack, Nilo Blanco, Sudán, el 22 de marzo de 1913.
En realidad, al elefante, una vez muerto, le arrancaron los colmillos, que pasaron a engrosar la colección particular de trofeos del duque, y se le quitó la piel que luego se donó al Museo de Ciencias Naturales.
Previamente, los guías y ojeadores del safari clavaron sus lanzas en el animal muerto, que según se cuenta es la costumbre de estas gentes y el cuero del elefante quedó agujereado y rasgado en numerosas zonas.
Así, la piel mal cortada y en piezas fue enfardada y embarcó para España con destino al Museo. Ahí permanecieron los más de 600 kilos de la piel del paquidermo, arrinconados en los sótanos del edificio. El fardo se desenvolvió el 5 de noviembre de 1923 y nadie quiso o supo hacer nada con él. Por aquella época Luis Benedito era el  Escultor Taxidermista del Museo y a él se le encargó la tarea de darle forma de elefante al fardo de piel reseca y cuarteada con el que se encontró.

El elefante africano en la entrada del MNCN de Madrid fotografiado en 2011 . (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Benedito construyó un armazón de 3.450 kg utilizando madera, malla metálica, escayola, el trozo de cráneo del elefante y unos ojos de cristal. A continuación, modelada en escayola a tamaño natural la figura del elefante, se recubriría por completo con la piel ya curtida y preparada para ser encolada, ajustando cuidadósamente cada pieza, pliegues y arrugas, y sujetándola con alfileres ( 77.000) hasta que la cola secara por completo.
En abril de 1928, la figura quedó lista para que la piel se colocase. Después solo haría falta que las colas y resinas endureciesen, dar algunos retoques finales y ya sería posible su traslado al Museo para su exposición. En la primavera de 1932 el elefante africano hacía su último viaje por el Paseo de Recoletos y por la Castellana con destino a los Altos del Hipódromo ante la atónita mirada de los transeuntes, esta vez ya como el elefante que había sido. El coste total de la naturalización fue de 9.834 pesetas. (Más datos en el artículo “El elefante del Museo de Ciencias Naturales“, en Urban Idade)

Referencias.-

La Discusión,  (6/4/ 1865) en la Hemeroteca BNE

La Ilustración de Madrid  (28/2/1871), en la Biblioteca Virtual de Madrid

Campos Elíseos de Madrid
  (Urban Idade)

Luchas de toros con otros animales
Francisco López Izquierdo
ABC Hemeroteca (22/05/1962)

El elefante del Museo de Ciencias Naturales (Urban Idade)

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Portada segunda edicion 01-12-2012.-piccolajpg

Acaba de salir a la calle la segunda edición de La Prosperidad 1862-2012.
El libro ha tenido una acogida extraordinaria y ha agotado las existencias de la primera edición en el almacén de Temporae-La Librería en algo menos de dos meses, lo cual me satisface enormemente como autor del mismo. Espero que esta segunda edición siga los mismos derroteros.
A pesar de que la campaña de promoción no fue muy intensa, si han sido numerosos los medios ( El País, en una bonita columna de Rafael Fraguas, la revista PLACET, en un artículo de Alfonso Espinosa, la Gaceta Local, en su edición de Madrid Norte, la publicación histórica Madrid Histórico,  el semanario gratuito Gente-Norte, un elegante reportaje en Tele Madrid, etc.) que se han hecho eco de la publicación del libro. Incluso hubo algunos a los que no pude atender por problemas de incompatibilidad de fechas y horarios, muy a mi pesar. Mi agradecimiento a todos ellos por su interés.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos aquellos que se han fijado en el libro. Quienes lo han comprado; aquellos que acudieron a las presentaciones y se acercaron a conocerme y a darme sus opiniones y consejos; aquellos que quisieron que les dedicase el libro y me felicitaron. Hubo quien dijo que le emocionó su lectura, por las evocaciones que le sugirió. Hubo quien echó en falta más cosas y más casas, y mi respuesta fue: “Manda el espacio, manda la editorial y no cabe todo”. Y es verdad.  También manda el tiempo, que casi siempre es escaso.

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Gente Digital. Mención al libro La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

También he de agradecer a los distribuidores por su labor, algunos soberanamente implicados por ser un libro de su barrio. Han sido muchos los vecinos de la Prosperidad que con su publicación se han reencontrado con su barrio, lo cual rinde al autor la emoción de haber ejercido de artífice en la recuperación de su memoria en quienes, siendo parte de su historia, habían perdido el hilo conductor que a él les unía.
Como hacer capítulo de aquellos a los que debo agradecimiento por La Prosperidad 1862-2012 sería repetir lo que ya figura en el apartado de “agradecimientos” del libro, prefiero reproducirlo textualmente:
Han sido muchas las personas que han ayudado a que este trabajo saliera adelante. Desde el anonimato y con el interés de que el proyecto fructificase se sumaron a lo largo de 2012 vecinos de la Prosperidad y algún amigo amante de la historia de Madrid que aportó su valioso consejo y diverso material gráfico. No sería justo dejar de citar algunos nombres: Miguel Rodríguez, Ricardo Márquez, Carlos Moreno García, Benito Aguero, Enós Pastrana, Isabel Blas, Isabel Gea, Julia Alonso, Liliane Salvetat, María Jesús Martínez, Paco Montesinos, Rafael Blasco. Para todos ellos mi agradecimiento. Gracias también a la gerencia de Ballesol Principe de Vergara, a María Jesús de Temporae, y a Elvira Navarro, escritora y también bloguera, por su generosidad y por tan excelente prefacio. Gracias también a aquellos que mostraron su disposición hacia el libro y que, por falta de espacio, no han visto su participación reflejada en el. Si he dejado de nombrar a alguien, le ruego me perdone tan inexcusable olvido”.

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Imagen del reportaje de Luis Azanza / José Dávila en el espacio Madrid Oculto del Diario de la Noche de Tele Madrid, el 4 de octubre de 2012.

Como resumen del libro, mejor que una disección pacata e insignificante encaminada a no desvelar su contenido, bien puede valer una somera entrevista que me hizo Enrique Villalba el 20 de septiembre de 2012, mucho más fructífera y reveladora, en Madrid Diario.  Aunque Enrique también me hizo algunas fotos en el lugar donde tuvo lugar la entrevista, en la Plaza de la Prosperidad, no las publico aquí por la poca justicia que me hacen. A continuación, la entrevista tal y como se publicó en Madrid Diario:

Enrique F. Rojo (Madrid, 1964) es técnico de televisión, bloguero y escritor.
Su primer libro, editado por Temporae, es ‘La Prosperidad. 1862-2012‘, un recorrido en imágenes de este barrio de Chamartín, que cumple 150 años.

¿Porqué escribió este libro?
Es mi barrio. Me he criado aquí y he visto su evolución constante y paulatina. Uno va perdiendo la memoria de cómo han sido las cosas. No eres consciente de los cambios hasta que recapacitas y te das cuenta de cómo ha cambiado la fisonomía del sitio donde has vivido.

Prosperidad hace no mucho era casi todo campo.
Fue una de las primeras periferias de Madrid. Cuando la ciudad comenzaba a agrandarse con el ensanche de Castro, en 1862 comienza a gestarse el germen del barrio. Es cuando comienzan a venderse las primeras parcelas y a construirse las primeras casas bajas.

¿Cómo fue creciendo el barrio?
Cuando el barrio se crea, surge en torno al camino de Hortaleza -actual López de Hoyos-. El barrio se gestó sin ningún tipo de ordenación. Era todo lo contrario a los barrios planificados del ensanche de entonces. Los inmigrantes se fueron estableciendo en función de las parcelas que adquirían, construyendo de forma anárquica y sobre suelo rural. Se puede comprobar en un trazado urbano de calles estrechas y casas bajas. Era un pueblo. Algunas calles eran apenas caminos que hacían las veces de ramal de la vía principal, como la calle Canillas, que llevaba al pueblo del mismo nombre. La plaza de Prosperidad era un descampado que quedó libre y que no se ocupó, hasta que quedó como plaza. Era el lugar que servía de mercado al aire libre hasta que a mediados de los 50 se construyó el mercado municipal de Prosperidad. En 1973 se amplía la línea 4 de Metro y el barrio adquiere otra dinámica.

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Gente Digital. Reportaje del libro “La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

Abundaban los tejares…
Por el barrio pasaba un desagüe, con acueducto incluido, del arroyo Abroñigal que se conocía como el ‘canalillo’. Aprovechando el agua, se establecieron muchos tejares que daban servicio a la construcción del barrio y a las casas del ensanche.

¿Quién vivía en Prosperidad en esa época?
Casi todos eran peones de la construcción, trabajadores no especializados y gente de servicio que iban a trabajar al barrio de Salamanca y el ensanche. Luego se fueron creando villas de veraneo para la gente del barrio de Salamanca, para huir del calor de la concentración de la ciudad. La gente iba en el tranvía a trabajar al centro, aunque, al parecer, no funcionaba muy bien.

¿Cómo vivió el barrio la Guerra Civil?
No he querido entrar en ese tema. Se estableció una checa en una esquina de López de Hoyos. Los pequeños episodios generaron tensiones. En ese momento, la Prosperidad era un barrio de peones y tenía una tradición más de izquierdas. Todavía hay vestigios de la guerra. En el colegio Luis Bello, por ejemplo, hay un refugio antiaéreo y se llegaron a plantear pasadizos hasta la calle Pradillo.

Abundaban los centros de beneficencia…
El suelo era barato y había mucha necesidad. Daban servicio a vecinos del barrio y otros vecinos. Hay que entender que la gente vivía hacinada y sufría muchos problemas y enfermedades, como la tuberculosis. Había otras instituciones, favorecidas por la aristocracia. Por ejemplo, la viuda de Canalejas cedió un hotelito que usaba de casa de vacaciones para hacer un centro femenino. También la Asociación de Amigos de la Enseñanza, que daba servicio a niños y a adultos; y el centro de artistas y escritores, que mantuvo a intelectuales sin recursos como Ciro Bayo.

¿Qué ocurrió en el desarrollismo?
En esa época, todo lo que olía a naftalina se lo cargaban. La Prosperidad perdió ese aspecto de ser un pueblo encajado en una ciudad. El ánimo renovador y la especulación eliminó las viejas construcciones por otras modernas que hoy se consideran nefastas. No obstante, todavía quedan elementos diferenciadores como las casas bajas de neomudéjar y las colonias, que son como islas en plena ciudad.

En el libro afirma que el vecindario se aburguesó.
Está motivado porque todas las construcciones que se hacen nuevas desde los años 60 pretenden tener un mayor estatus. Las casas comenzaron a ser de más categoría. Atrajeron a otro tipo de perfil social, aburguesando el barrio. A cambio, empujó a los antiguos habitantes, que en muchos casos, con el dinero de la expropiación no se podían permitir comprar una casa en la zona. Este proceso se nota sobre todo en los límites del barrio: Clara del Rey, Santa Hortensia, Príncipe de Vergara y Ramón y Cajal.

¿Los vecinos siguen considerando la Prosperidad un pueblo?
Sospecho que cada vez menos. Las generaciones más antiguas desaparecen y los herederos olvidan o emigran. A cambio, se ha incorporado nueva población que ha asumido que es un barrio más, a pesar de que tuvo un pasado con personalidad propia. 
(Enrique Villalba , 20-09-2012 )

Gaceta Local-octubre 2012-2

Página de La Gaceta Local que recoge la publicación del libro “La Prosperidad. 1862-2012.”

Referencias.-

La Prosperidad 1862-2012 Facebook

Temporae Editorial Facebook

La Prosperidad / Temporae Blog

La Prosperidad 1862-2012″, historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid/ Entrada Blog sobre el libro

Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Madrid)/ Blog Urban Idade

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Yo iba a la Casa de Fieras de El Retiro con mi padre los sábados por la mañana. Atravesábamos el paseo de coches desde Alcalá y nos deteníamos delante de los dos pilares de acceso al recinto. Había una taquilla y la entrada costaba 3 pesetas. Entonces yo tenía tres o cuatro años y no pagaba. Siempre se veían por los alrededores a unos guardas de parques que vestían un uniforme de una rígida tela gris que era como de fieltro grueso y con unos botoncillos dorados en los puños. La casaca la adornaban con una  banda roja y los pantalones se aseguraban con un ancho cinturón de cuero negro que ajustaban con una hebilla grande también de color dorado. Supongo que también llevaban gorra, que siempre imponía carácter y, en este caso, autoridad. Estos guardas que, en general eran displicentes, groseros, toscos y mal encarados, tenían un pito que hacían sonar para advertir a los ciudadanos de las infracciones que cometían. En aquella época, a finales de los sesenta, era bastante sencillo infringir las normas, y los guardas pitaban a menudo y se regocijaban con cada soplido. Multaban por correr, por cantar, por pisar el cesped, o por jugar con el balón, por ejemplo. Eran ellos los que controlaban el orden del zoo, en unos tiempos de fiereza social, donde los humanos más asilvestrados vivían fuera de las jaulas y se comportaban como animales con sus congéneres.

Galería de jaulas de los felinos en la Casa de Fieras, 1930.

Casa de Fieras de El Retiro.  (Foto: Hauser y Ment, 1923)

Casa de Fieras de El Retiro, 1930.

La casa de las fieras en 1930. (Foto:  Jean LAURENT)

Del viejo zoo recuerdo las jaulas de los felinos. Había leones y tigres. Las jaulas eran como expositores diminutos situados en línea, para que los visitantes pudieran ver a las fieras a escasos metros. Los animales tenían un espacio mínimo para moverse dentro de su habitáculo. No se me olvida cómo se movían de un lado a otro de manera automática, compulsiva, enajenados y con la mirada perdida. Daban mucha lástima.Sello Casa de Fieras 1840

Sello con la Real Casa de Fieras como motivo (c. 1840)

La sensación que más me caló de la Casa de Fieras fue el olor penetrante que salía de las jaulas de los tigres. Un olor fortísimo, acre y muy desagradable. Recuerdo que los miraba, no sé ya si era a los tigres o a los leones o a ambos, y ellos deambulaban indiferentes mirando a ningún sitio, seguramente muy tristes. Tal vez fueran los tres tristes tigres del trabalenguas. Aún así, me daban miedo. Miedo y mucha lástima.

Familia posando en la Casa de Fieras. (Foto: Kallmeyer y Gautier, 1930)

Pajarera, años 50.

Elefanta “Julia” en 1965.

También había osos pardos, un oso polar blanco con una ducha de agua fría en su jaula, una jirafa, rapaces, unos chimpacés enfermos que fumaban con ansiedad las colillas que les arrojaban algunos visitantes, intelectualmente menos dotados que los simios. Aún escucho las estentóreas risotadas de  estos infelices al ver a los monos chupetear los pitillos o los puros encendidos. Sin duda tenían adicción al tabaco y eso hacía que flipasen con los regalos. Había un elefante -tal vez Julia– al que el cuidador le daba trozos de zanahoria según la propinilla de cinco o diez céntimos que el público le ofrecía. El elefante o la elefanta, se llevaba la zanahoria a la boca cogiéndola con la trompa y el cuidador los durillos, que guardaba en el bolsillo después de mirarlos y que, al cabo del día, debían de ser cuantiosos. Hubo una hipopótama que consiguió dar a luz una cría que fue la sensación del parque. Esto debió de ser a principios de los setenta, muy cerca de la clausura de la Casa de Fieras.  El día que se abrió el zoo de la Casa de Campo lo celebramos. Nos pareció un avance social tan importante como la democracia que, aunque todavía estaba por llegar, era inminente y traía ya aires de libertad para todos, incluidos los animales de la Casa de Fieras. Y, desde luego, lo fuimos a conocer en cuanto pudimos. Y lo celebramos.

Jaula del oso pardo, años 40-50.

Oso polar en su jaula circular con osera y ducha, años 60.

Historia de la Casa de Fieras

Cuando Carlos III hizo levantar el parque de animales en los jardines del Palacio del Buen Retiro, allá por Atocha, no hizo sino poner los cimientos de los futuros parques zoológicos en España. En realidad se trataba de una moda y también de un capricho aristocrático por lo exótico, en especial en lo referente a la fauna y a las especies raras y desconocidas.

Sobre la historia de la Casa de Fieras se puede leer en la Wikipedia: “Con Fernando VII, en 1830, se ampliaron y mejoraron las instalaciones, que se trasladaron a los alrededores de la Puerta de Sainz de Baranda. Se realizaron las obras de la Casa de Fieras, pasando a llamarse Gabinete Real de Ciencias Naturales. De esta fecha es «La Leonera», edificio de dos plantas. En la inferior se estaban las jaulas para varios tigres, una pantera, dos hienas, un chacal, y en la superior se habilitaron estancias para la familia real y sus huéspedes, donde también se encontraban animales disecados como parte de la decoración. También se dispusieron algunas otras jaulas y fosos para animales en las proximidades, como el kiosco de los monos, la elefantera, la osera y otras jaulas que habitaban pavos reales blancos de Japón, llamas peruanas y gacelas africanas. En la esquina entre las actuales Puerta de Madrid y Puerta de O’Donnell se levantó una montaña artificial, conocida como la Montaña de los Gatos, Montaña Rusa o Montaña de los Osos, por ser estos los animales que allí se encontraban. El funcionamiento y la labor de los operarios se realizaba a través del Reglamento de 1816 y la manutención de la Casa de Fieras corría a cargo del Bolsillo Secreto de Su Majestad, partida económica que disfrutaban y distribuían los monarcas a su antojo. Isabel II amplió el recinto, dotándolo de un segundo patio para los herbívoros y comprando animales en Marsella, entre ellos una pareja de elefantes, cuya hembra murió pocos meses después y, cuya jaula ocupó la elefanta «Pizarro», procedente de un circo” (Texto: Wikipedia)

Elefanta “Julia”, años 60.

Foso de los osos en la Casa de Fieras, 1958.

En 1868 el Parque del Retiro se abrió al público y el ayuntamiento asumió la función de cuidarlo, vigilarlo y mantenerlo, incluyendo la Casa de Fieras. En 1884 el vandalismo del publico y los gastos de mantenimiento (unas 50.000 ptas anuales y unos ingresos por taquilla de 1.900 pts), obligaron a subastar muchos animales y, finalmente su explotación se cedió a un empresario circense, Luis Cavannes que se hizo cargo de las instalaciones desde 1895 hasta 1918.

El 31 de Diciembre de 1918, el Ayuntamiento ordenó la incautación del Parque Zoológico de El Retiro, por denuncia del contrato con la familia Cavannes, que a pesar de la muerte de Luigi, el patriarca del clán,  continuo con su explotación a través de su hijo José Cavannes.

Niños observando a una cebra, años 50.

Posando delante de las jaulas de los felino, años 40-50.

La llegada de Cecilio Rodríguez, Jardinero Mayor del Ayuntamiento y que asumió la dirección de la Casa de Fieras, imprimió a la zona una nueva impronta, transformando el parque en un jardín español, al estilo del Parque de Maria Luisa de Sevilla (1914) y realizando mejoras de interés en el parque. Durante la II Guerra mundial el parque recibió animales evacuados de distintos zoológicos de capitales europeas, sobre todo de Berlín, cuyo zoo dirigió el doctor Lutz Heck. Al Parque llegarían animales procedente del Zoo de Munich, nuevos osos, tigres y leones, incluso un jaguar negro, y una maravillosa colección de primates, junto a otras aportaciones particulares; se instaló una clínica veterinaria y comienzó un periodo de éxito para el recinto, que llegó a tener mas de millón y medio de visitas en el año 1967. (Fuente: Wikipedia)

En 1972, cerró sus puertas la antigua Casa de Fieras del Parque de El Retiro, desmantelándose muchas de sus instalaciones, y se abrió el nuevo Zoo de la Casa de Campo.

Biblioteca en el Parque zoológico del Retiro, en 1930.

Rehabilitación como biblioteca pública

Después de muchos años planteándose darle un uso cultural y con el antecedente de las casetas de libros que hubo situadas dentro del zoo , un proyecto de 2004, hecho público el año 2005 por el Ayuntamiento de Madrid pretendió transformar las antiguas instalaciones de la Casa de Fieras, que ya funcionaban como sede de la Junta Municipal de Retiro, en biblioteca pública. Se pretendió que estuviera especializada en parques y jardines históricos y serviría de apoyo a la Feria del Libro. La futura biblioteca, cuya construcción se inició en 2007, habría de tener  acceso autónomo desde la avenida de Menéndez Pelayo para poder mantenerse al margen de la apertura o cierre del parque de El Retiro.

En el año 2011, la biblioteca de la Casa de Fieras cambiaba su proyecto inicial. El foso de los monos que pensaba adaptarse como sala de lectura se dejaría intacto y se construiría una estructura junto a la leonera para los  espacios de lectura. La reforma tendría que haber concluido en septiembre de 2011 con un costo de 7,1 millones de euros, un 18 por ciento más de lo previsto inicialmente. Sin embargo, la crisis dilató su ejecución. Primero, a abril de 2008. Luego, a 2009, con un límite de finalización de obras fijado en septiembre de 2011. Finalmente, la biblioteca se finalizó en 2012, completándose la instalación de mobiliario y materiales varios a lo largo del año. Según autoridades del Ayuntamiento, la inauguración se producirá en algún momento del principio de 2013, sin que se haya determinado una fecha concreta.

Cartel informativo de la rehabilitación de la Casa de Fieras como biblioteca. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Estado de las obras de rehabilitación en 2008. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

En principio, la Casa de Fieras conserva la estructura original de las leoneras. Este edificio de 1830,  de dos alturas, mantiene su planta y se le han renovado el techo con una cubierta estanca de zinc con aislamiento de madera, aluminio y poliuretano, con cámaras de aire que ventilan el forjado y las tejas. Han conservado la estructura de madera original que soporta el techo y han restaurado los paramentos de ladrillo. Las cerámicas originales se han restaurado  y restituido con reproducciones las desaparecidas. En la planta baja, la zona sur, donde se encontraba la galería de jaulas de los felinos, se ha reinterpretado, encajando en los espacios cubículos de cristal a modo de salas de estudio con vistas al parque, los cuales, con las luces apagadas, reflejarán el parque. El edificio contará con una superficie total de 3.794 metros cuadrados, con capacidad para unos 16.000 volúmenes.

Fotografías de la antigua Casa de Fieras en 2008. Las obras habían comenzado apenas un año antes y ya se percibía cierta lentitud en su ejecución. Estos espacios se conservan por su carácter testimonial. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2008)

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Este antiguo hospital fue Casa de Caridad para niños lisiados y raquíticos, dirigido por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, y con el tiempo acabó convirtiéndose en clínica pediátrica de cirugía osteo-articular, con servicios de medicina y cirugía general.
El edificio, de ladrillo en estilo neomudejar, obra de Ignacio de Aldama Elorz, fue inaugurado el 6 de marzo de 1912 con la asistencia de S. M. la Reina Doña Victoria Eugenia y la Infanta Isabel en unos terrenos pertenecientes a las Cuarenta Fanegas, situados en un altozano en la carretera de Chamartín, frente a las quintas y pinares de Maudes. En la actualidad este lugar ocupa una manzana entre las calles Concha Espina, Serrano y Paseo de la Habana.
El terreno fue donado por Dña. María de los Dolores Romero y Arano y medía 400.000 pies cuadrados, (37.200 m2 / 37,2 Ha) que al precio del suelo en la zona en 1909 , el montante de la donación podría evaluarse en torno a 160.000 pesetas.

El arquitecto Ignacio de Aldama Elorz en 1912 (Foto: Kaulak).

El presupuesto para la construcción del edificio ascendió a 600.000 pesetas, de las cuales la mitad se recaudó a través de donativos y suscripciones de familias acomodadas, y la otra mitad por medio de créditos.
El Asilo inició su andadura con cincuenta camas que ocuparon niños raquíticos, escrofulosos,  o con parálisis infantil (poliomielitis). En 1917 se construyó un nuevo pabellón que permitió aumentar a 150 las camas.

Hospital-Asilo para niños escrofulosos de San Rafael. Fachada principal, con la futura Avda. de la Habana, abajo.

En conjunto contaba con las naves propias del hospital, más una iglesia en el eje central. La fachada principal , que miraba al actual Paseo de la Habana, tenía dos pabellones que se desarrollaban en sus extremos de forma paralela a la nave de la iglesia. El pabellón con fachada al noreste, ampliado en 1917, se alargaba hasta encontrarse en el centro con otro cuerpo, desarrollado en una nueva ampliación en 1925, hasta quedar en paralelo con el pabellón suroccidental,  que dejaba  un patio amplio,  rectangular y casi cerrado.

Niños enfermos y responsables del Asilo delante de la puerta de la capilla, en la fachada principal. (Foto: Kaulak)

En estos dos pabellones alargados se dispusieron los dormitorios, clínica, farmacia, gabinetes hidroterápicos y las galerías que se usaban como lugar de recreo los días lluviosos y/o desapacibles. Delante de la fachada principal del Asilo se encontraban los jardines, sembrados de árboles de sombra y arbustos ornamentales. En el sector nororiental de los terrenos del complejo, limitando con la calle Infanta María Teresa, se dispusieron con el tiempo unos huertos con caminos flanqueados por árboles.
El 27 de junio de 1952 se creaba en el Hospital-Asilo de San Rafael la primera Escuela Oficial de Ayudantes Técnicos Sanitarios Masculinos y en el año 1959, una Escuela de Fisioterapeutas.

Diferentes imágenes de las instalaciones repartidas por los diferentes pabellones del Hospital. Se pueden ver el comedor unos dormitorios y un aula de estudio. (Fotos: Kaulak)

Del complejo hospitalario que se fue construyendo desde  1909  hasta la última ampliación en 1950, solamente sobreviven el pabellón largo que estaba situado paralelo a la fachada principal, al sur de la capilla, correspondiente a la  ampliación de 1925 y el otro pabellón  más corto paralelo a la misma.  El resto fue demolido a principios de los años setenta y en su lugar se erigieron edificios  modernos y más acordes a la labor hospitalaria. Del huerto tampoco se conserva practicamente nada, ya que la mayor parte de su extensión se vendió y ahora está ocupada por bloques de viviendas. Del primitivo jardín que presidía la fachada principal, hoy en día permanece una masa arbórea que muy probáblemente corresponda a la original y que, por lo tanto, sea en esta fechas centenaria y su conservación debería estar amparada por las ordenanzas de protección de zonas verdes del Ayuntamiento de Madrid.

Imagen aérea del complejo del Asilo-Hospital de San Rafael en 1965. Limitándolo, a la izquierda (Norte) , fachada principal y jardines, el Paseo de la Habana;  al noroeste, el huerto,  la calle Infanta Mª Teresa;  a la derecha (Sur) la calle Serrano y abajo (Oeste) la calle Concha Espina, con los terrenos ocupados por grupos de viviendas.

Cerca de ladrillo y antiguo acceso al Hospital de San Rafael en el Paseo de la Habana. Desde aquí se divisan los restos del jardín primitivo y detrás las instalaciones de la década de los setenta del siglo XX.  (Foto: Google Maps, 2008)

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(Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En Orcasitas, en el interior del parque de Pradolongo hay una ruina que destaca por su inesperada presencia y por su lamentable estado. Los más viejos de la zona la conocen por  la iglesia rota. Durante la Guerra Civil sufrió desperfectos  y en estos momentos se cae de lo mal conservada que está.

La iglesia se llama Maris Stella y se construyó entre 1920 y 1930 por un arquitecto cuya identidad se desconoce. Antes de que existiese el parque de Pradolongo, inaugurado en 1983,  esta zona frente a Meseta de Orcasitas, entre las carreteras de Toledo y Andalucía, detrás de la clínica 12 de Octubre, fue el germen del barrio de Orcasitas.

Sus pobladores, llegados de Castilla-La Mancha y de Extremadura, ante la ausencia de viviendas, fueron ocupando el campo y construyendo ahí sus elementales moradas.  Muchos trabajaban en las incipientes industrias cercanas de Villaverde o  se trasladaban a Madrid para ejercer sus ocupaciones.

Cúpula de pizarra, con cimborrio y en lo alto un gallo de la iglesia de Maris Stella. (Foto: E. F. Rojo, 2011)

Al parecer, la iglesia, que tiene una superficie de 238 metros cuadrados y es propiedad del Ayuntamiento de Madrid,  pudo ser una ermita mandada a construir por los propietarios de los terrenos,  de apellido Orcasitas. Su consagarción   como iglesia de culto la recibió en los años 60, después de ser remodelada y consolidada, tras las heridas de la guerra civil. El edificio es de arquitectura simple de ladrillo, con cubierta de teja y en el centro una cúpula de pizarra, con cimborrio y en lo alto un gallo. Con la remodelación de los barrios de Usera, la desaparición de las chabolas que la circundaban y la construcción del parque, en los años 80 del siglo XX,  la iglesia se abandonó.  (Ver web de la AV  de Orcasitas)

En enero de 2011, después de alguna disposición anterior,  el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobaba una modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Madrid para permitir la rehabilitación de la iglesia de Maris Stella, incluyéndola en el Catálogo de Edificios Protegidos de Madrid,  aunque sin fecha cierta para su ejecución. El edificio podría destinarse a uso de equipamiento público, con fines culturales o deportivos.

De momento, la presencia de furtivos moradores de aspecto tan decadente como la propia iglesia hacen que su interior cobre vida.  Al tiempo, en una relación simbiótica, sus muros conceden abrigo e intimidad, apagando el silencio y amplificando el vocerío que sus estancias vacías dejan escapar de vez en cuando.

Un vecino pasea junto al estanque del Parque de Pradolongo (Usera), frente a las ruinas de la iglesia de Maris Stella. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

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BCN-Gaudí-Park Güell from myLapse on Vimeo.

A toda prisa se mueven los visitantes por el parque Güell de Barcelona. Vienen de cualquier lugar y están por todas partes. Aprovechando el aluvión hay quien vende fetiches de la visita y hay quien ofrece su arte o sus habilidades al precio que le quieran pagar.
Una foto: un recuerdo inolvidable. El resumen de cada día son miles de fotos en los mismos lugares. Los mismos gestos, las mismas posturas.
El parque fue un gran proyecto urbanístico de 1922 para la clase adinerada, la clase que por definición goza siempre de los grandes proyectos urbanísticos. Y sirvió para que Gaudí se explayase en dar rienda suelta a su expresiva creatividad plástica.
El fracaso del proyecto original permitió que de urbanización de lujo pasase a ser parque-museo para uso y disfrute de todas las clases sociales. Por eso es el parque más conocido de Barcelona y además es Patrimonio de la Humanidad. Por eso los visitantes se agolpan por las veredas del parque o en algún lugar con especial encanto, disfrutando de la original obra y fotografiando sin parar. Lo malo es que a veces de tanta foto y de tanto trepar por las piezas, el parque-museo se resiente. Por eso hasta el dragón o lagarto de la escalinata de entrada ha encontrado a sus benefactores que vigilan sin decaimiento el programa de las visitas menos gratas. Además, han elaborado unas normas. Mandar aconsejando. Muy inteligente.
Los días pasan y la noche oscurece el parque. Los visitantes se retiran y el parque cierra sus puertas. El día sucede a la noche y nuevos visitantes abren las puertas del parque. Así cada día, la misma rutina.  Las mismas fotos. Todo deprisa.

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“Vivo en una gran ciudad en la que todo es grande. Las calles son grandes y largas. Los edificios son grandes y altos. Todo es grande. Las distancias, el horizonte, el cielo. Hasta la gente es grande y alta en esta ciudad en la que vivo.”  (Ernesto H. Bernal, “Desde mi atalaya“, 2011)

Un día, temprano, salí de casa. La mañana era como tantas en esta época del año. Para empezar, oscura, algo fría y algo húmeda. Pero era más silenciosa de lo habitual. Era domingo y los domingos son siempre más callados. Los domingos la gente nos levantamos más tarde y hacemos cosas distintas a las del resto de la semana. Dormimos más, tal vez descansamos mejor y, a veces, madrugamos mucho para hacer algo excepcional. O a lo mejor nos levantamos antes para oir el silencio y respirar mejor durante lo que dura el corto amanecer, descubriendo sensaciones que habíamos olvidado.

Amanecer temprano

Ese día decidí levantarme temprano y salí a la calle con el el canto de los mirlos del parque. Salí con la intención de verlos y oirlos en su hábito diario. Y viendo a los pájaros me dí cuenta de que madrugar es como nacer cada día, como renacer después del sueño, aunque ese renacer cotidiano acabe a veces por ser aburrido, perdiendo así su excepcionalidad. Estoy convencido de que madrugar es difícil para todo el mundo, incluso para los pájaros. Por eso canturrean nada más despertarse, como para convencerse de que siguen vivos tras el sueño y para quitarse la sensación de legañosa monotonía.  Entre los humanos, al que madruga Dios le ayuda, dicen. Y a lo mejor es verdad, porque  madrugando se  consigue  ir un poco a contracorriente, pués mientras todavía unos duermen, el madrugador ya marcha despejado a conquistar el mundo, canturreando y contento por llegar el primero. Una especie de adalid insomne.

Mañana de domingo

Esa mañana especial de domingo el sol jugaba al escondite entre las nubes y corría una agradable brisa de aire casi frío. Había una tenue bruma que desdibujaba el horizonte. Para quien se conoce de memoria los horizontes de su ciudad la bruma es un elemento que enriquece la vista porque añade matices. Esa mañana de bruma era perfecta para ser una mañana especial de domingo. Una mañana diferente, aún más por ser domingo. Desdibujada, callada, casi fría, muy de mañana, triste y alegre al mismo tiempo.

Mercado de flores en Amsterdam (aunque podría ser París), del BlogFlores y Palabras“.

El Mercadillo

El mercadillo, situado en la Place du Marche,  estaba hasta arriba de puestos. Los olores, que intuían sabores, de las pescaderías, verdulerías y las charcuterías ya destacaban sobre los llamativos colores de los puestos de plantas y flores, más luminosos, igual de sensuales, pero más  espirituales y alegres. Todavía era pronto y casi no había gente. Eran cerca de la nueve y media, más o menos. A esa hora algunos puestos acababan de instalarse.

Había puestos de ropa y de artesanías varias que se arreglaban en poco rato y, normalmente, llegaban los últimos y montaban sin demasiada prisa.
Cuando llegué, di unas cuantas vueltas y me fijé en un puesto pequeño que había en el extremo sur de la plaza. Tenía muchos muñequitos de lana rellenos. También jerseis y chaquetas de punto y ganchillo, pañuelos, chales y abalorios entre clásicos y jipis.

Aprovechando unos arbolillos próximos, la chica que atendía el puesto había colgado en las ramas unas perchas con blusas y pañuelos.
Al pasar vi que una de las perchas estaba en el suelo. Miré y me di cuenta de que era del puesto que tenía delante. Lo recogí y se lo entregué a la chica. En el momento no me hizo mucho caso, pues atendía a una señora madrugadora como yo,  que parecía estar muy interesada en algo del puesto.

Breve confusión de miradas

Cuando me miró y me dio las gracias, de un modo cordial, que yo interpreté automático, aunque con un gesto muy expresivo, sentí una sensación que se  prendió instantáneamente a la altura del corazón. Parecía algo mayor que yo, pero encantadoramente juvenil. Todavía recuerdo la mirada clara de aquella mujer. Supuse que era  una artista. Es decir,  una artesana, una artista, que producía y vendía lo que hacía. Y todo era muy hermoso.  Durante  unos segundos ensoñé, imaginé y fantaseé.

Durante esos fugaces  instantes de confusión, perdido entre el cruce de miradas, aturdido por tanta belleza, la llegada de un inesperado tropel de gente que salía de un parquin situado delante del puesto y los gritos de una señora mayor que quería ver no sé qué abalorio, hicieron que desviásemos los ojos y que cada uno volviese a lo suyo. Y así fue. Cada uno continuó haciendo lo que momentos antes había suspendido. Como si ese paréntesis en el que el tiempo había disminuido su marcha no hubiese existido.

Seguí andando y acabé fijándome en algo tan prosaíco como los filet mignon de porc (solomillos de cerdo) de una carnicería del mercadillo. Estaban de oferta a muy buen precio. Eran más de las doce del mediodía. Y los europeos almorzamos temprano. Tenía que darme prisa.

Vuelta a la realidad

A veces la realidad, despiadadamente práctica, se enfrenta a las necesidades ocultas del espíritu,  incluso a las más escondidas como las carnales, siempre irracionales. Y lo hace de una manera directa, tremendamente cruel, e innecesariamente evidente.

Luego, pensando en aquella  artesana,  me sentí amorosamente desafecto. Creo ahora, que mi desconocida compañera en el cruce de miradas seguirá haciendo ganchillo y cosiendo muñequitos sin acordarse lo más mínimo del episodio.  Seguramente ni advirtió mi presencia y su sonrisa fue un acto reflejo. Sólo fue una mínima atención para agradecer el gesto amable de un desconocido. Un mínimo esfuerzo mecánico, aséptico, con los ojos cerrados, como el despertar cada mañana.
Dulce ensueño de una mañana de mercadillo.

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Baile en los Campos Elíseos, 1865.

Madrid en el siglo XIX
Después de la muerte de Fernando VII, los dos últimos tercios del siglo XIX se caracterizaron por una constante inestabilidad política, pero al mismo tiempo fueron testigos de la modernización del país y del desarrollo de una industria tímida, más notable en las capitales de la periferia.
Madrid, como capital del Estado, poseía una amplia población compuesta por burgueses, comerciantes de todo tipo, terratenientes, nobles y una ingente población de inmigrantes con escasos recursos, muchos de ellos sin trabajo.
Los rentistas y burócratas difícilmente se cansaban por lo escaso de sus ocupaciones, al igual que los pequeños comerciantes que pasaban el tiempo apoyados en el mostrador de su negocio. Y aunque el Madrid de Isabel II era una ciudad con poca actividad económica, si tenía gran afición por el ocio y  la diversión, en especial porque si algo le sobraba a la población era tiempo libre.
Ya en 1834 la sociedad española experimentaba ese impulso renovador de los nuevos tiempos políticos y sociales que se vivían y lo cierto es que las costumbres también experimentaban cambios. Fue entonces cuando la capital comenzó a contar con jardines públicos para solaz de sus habitantes en las noches de estío. Estos fueron el Tívoli, las Delicias y el Apolo. El primero estaba donde ahora se encuentra el Hotel Ritz, lugar donde allá por 1885 se halló el Circo Hipódromo y adonde después se trasladó el teatro de Maravillas que acabó por llamarse Tívoli también. El jardín de las Delicias se encontraba en Recoletos, por donde más adelante se levantó el primer Circo de Price. Y el Apolo, que estaba en lo alto de la calle de Fuencarral, entre la calle del Divino Pastor y la calle que se llamó de Peninsular, más tarde de Malasaña.

Interior de la Salón de Conciertos y bailes de Los Campos Elíseos de Madrid. Ilustración de Severini publicada el 16 de julio de 1865 en el número 29 de “Museo Universal”.


Los Campos Elíseos
Siguiendo la estela de lugares de ocio ya existentes en París, Burdeos o Barcelona, y continuando la moda de los espacios de “socialización” ya citados en el Paseo del Prado como los jardines del Paraíso o los del Elíseo Madrileño (más adelante se construirían los del Buen Retiro, en la antigua huerta de San Juan, hoy Ayuntamiento de Madrid, y alguno más superado el ensanche), el promotor catalán José Casadesús encargó al arquitecto Lucas María Palacios y Rodríguez (Castropol, 1819) la elaboración del proyecto de unos jardines de recreo, los Campos Elíseos. La sociedad creada para tal fin contó con un capital de ocho millones y medio de reales en acciones. El Ayuntamiento de Madrid autorizó la obra, si bien con carácter provisional, pues el ensanche de Castro se encontraba en pleno desarrollo y la urbanización de la ampliación oriental de la ciudad promovida por el marqués de Salamanca se habría de ejecutar en breve.

Baile en los Campos Eliseos. (Botella, R.)

En 1864, en unos terrenos a la izquierda de la carretera de Aragón, poco más allá de la plaza de toros, se construyeron los jardines de los Campos Elíseos, bosque improvisado en el que se levantó un magnífico teatro que se llamó “Rossini”, un original y elegante salón de conciertos capaz para dos mil personal. Y además se levantó una pequeña plaza de toros para los amantes de esta actividad. Por una ría navegaban barcas y un vapor modelo. Había una amplia explanada utilizada para fuegos de artificio, gimnasia y ejercicios de tiro. Para poder asistir a los jardines todo el año, se abrieron abonos a 12 duros por persona. Estos abonos, lo mismo que el pago de entrada general, daban solo derecho a pasear y disfrutar de los espectáculos y diversiones al aire libre. Para disfrutar de las otras atracciones habría de abonarse una pequeña cantidad.

Inauguración de los Campos Elíseos
Los Campos Elíseos se extendían por las actuales calles de Alcalá, Velázquez, Goya y Castelló. Para la inauguración, el 18 de junio de 1864, los habitantes de Madrid, que apenas tenían diversiones en las tórridas noches de verano más allá de los Círcos Príncipe Alfonso y Price, acudieron en masa al acto. El sitio era amplio, pero como fue creado con gran prisa, carecía de lo indispensable en todo jardín. Las plantas, flores y árboles aún no disponían del tamaño suficiente como para hacer fronda y dar alivio y frescor a los visitantes, si bien la temperatura en la noche era agradable en este lugar.

El teatro  “Rossini”  era muy grande,  decorado con buen gusto, en cuyo escenario se dieron representaciones de ópera,  para lo cual se contrató una compañía de instrumentistas y cantantes cuyo director de orquesta fue el maestro  Asenjo Barbieri. La butaca valía  26  reales  y  la entrada general  2 reales. El teatro, aunque fresco y bien alumbrado, por defectos de diseño, tenía mala visibilidad, especialmente en los laterales, y carecía de condiciones acústicas. Las butacas eran cómodas, de rejilla. (Grabado Teatro Rossini, El Periódico Ilustrado, 1865.)

En la inauguración, se estrenó el baile “Gisela o Las Willis”, baile fantastico en dos actos obra de Theophile Gautier ,que fue todo un éxito. El jueves 25 de junio de 1864, santos de San Guillermo confesor y Santa Orosía, virgen y martir, se daba la primera representación de ópera en el teatro de los Campos Elíseos para la presentación de la compañía de ópera con la obra Guillermo Tell de Rossini, dirigida por el maestro Francisco Asenjo Barbieri, con la Garelli, que se hizo aplaudir con profusión. El resto de la compañía cumplió más que sobradamente. Y el domingo 28, se celebró el primer concierto al aire libre con orquesta, coros y banda militar bajo la batuta del propio Barbieri.
La sala era amplia y de planta rectangular, con cuatro pisos de altura. En las tres primeras plantas se repartían los palcos. Los antepalcos tenían capacidad para cinco o seis personas cómodamente distribuidas. El techo estaba pintado con gusto exquisito y elegante sencillez. Y el escenario, aunque no tan espacioso como la sala, tenía buenas dimensiones. Poseía cuatro lucernas a gas, de fino gusto, colgadas cerca de los ángulos y en la parte interior de éstos había bustos que representaban personajes célebres, así como en las explanadas del piso principal que miraba al jardín. Sobre el telón que escondía la embocadura y completamente fuera se leía el nombre del inmortal Rossini, a quien dicen que se le pidió permiso para llamar al teatro con su nombre y que acepto el honor gustósamente.
A pesar de las carencias ya comentadas, este teatro llegó a competir, tanto en precio como en espectáculos con el mismísimo Teatro Real, al que suplía en la temporada de verano.
También era agradable el salón de conciertos, en forma de tienda de campaña, cuya orquesta compuesta por 70 profesores y 100 voces de ambos sexo, interpretaba celebradas piezas conocidas por todos.

Vista de la ría de los Campos Eliseos de Madrid. Ilustración publicada en el número 24 de “Museo Universal” el 26 de Junio de 1864.

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         La Violeta, Madrid, 17/ 04/ 1864.

“Hoy podemos dar algunas noticias acerca de los Campos Elíseos: se abrirán definitivamente el 1.° de junio. Las funciones se inaugurarán con una de convite con que obsequian los dueños del local á las primeras autoridades de la provincia, á sus amigos y á la prensa. En el teatro habrá cuarenta v cinco palcos plateas ó igual número de palcos bajos: las demas localidades se espenderán por asientos en el patio: no habrá butacas, sino sillas do caoba, con asientos de rejilla. Alternará con la compañía de ópera otra de baile: las representaciones líricas se inaugurarán con la ópera Guillermo Tell; las coreográficas con el baile La Gissella, para cuyos espectáculos se están pintando las decoraciones. Los primeros bailarines, que ya están contratados, son la Sra. Bossi y el Sr. Dervine. Los fuegos artificiales estarán dirigidos por un célebre profesor parisién. Al lado del local destinado para café se está construyendo un estenso salón para colocar las mesas de billar. Habrá una máquina de las que conoce el pueblo con el nombre del Tío Vivo, con cincuenta y seis caballos, seis elegantes coches y varios columpios giratorios. El alumbrado del teatro será de gas; ya están colocadas cuatro arañas con 126 luces cada una, y el resto hasta 700 se distribuirán por el local en magníficos candelabros. Ademas de las luces necesarias, habrá en los jardines diez mil faroles de papel y tela, de diversos colores. Varias barquillas tripuladas por bateleras vestidas á la veneciana, y dos vapores, uno de hélice y otro de ruedas, surcarán la ria. Oportunamente anunciaremos el personal de las compañías de ópera y ecuestre que han de actuar en los Campos Elíseos.”

Otras instalaciones
Además, el parque contaba con otros entretenimientos y diversiones como la plaza de toros, aprovechada de una antigua plaza de becerros que funcionaba desde principios de 1860 y que tras ser denunciada por deficiencias estructurales, se demolió en 1874 para hacer un nuevo coso diseñado por el arquitecto José Asensio Berdiguer que la hizo de treinta y dos metros de radio, muros de fábrica y pies derechos de madera con sus zapatas. La plaza desaparecería hacia 1881, siendo junto con el templete descrito por  Pedro de Répide en La Esfera y que se reproduce más abajo,  las últimas construcciones que sobrevivieron de estos Campos Elíseos.
La montaña rusa construida de mampostería y maderos, de vertiginosas pendientes, rodeaba el coso y hacía las delicias de los jóvenes. También tenía Casa de baños, Tiro de pistola y de palomas, Sala de billar, Columpios, Balanza, Cosmorama, Fonda, Café y Ría con vapor de ruedas y cinco falúas.
La entrada a los jardines costaba 2 reales hasta las cinco de la tarde y 4 desde esta hora en adelante. Había un servicio, al parecer escaso, de ómnibus desde la Puerta del Sol hasta los Campos, a real por asiento.

Casa de Baños en las instalaciones de los Campos Eliseos de Madrid. Ilustración publicada en el número 24 de “Museo Universal” el 26 de Junio de 1864.

La Fonda o restaurante tenía gabinetes aislados, con el nombre de cada una de las provincias de España. Según se cuenta en crónicas de la época, en los primeros días la fonda dejaba mucho que desear, pues a partir de las diez de la noche no solía quedar más que cerveza y limonada.
No obstante, El Imparcial el 29 de junio de 1870,  hacía mención en su sección de espectáculos, a los méritos ganados con el tiempo en los servicios de restaurante y café con precios, calidad y atención tan excelentes como en los mejores establecimientos de la capital. También encomiaba los espectáculos del teatro Rossini y las actuaciones que se hacían en los jardines del parque para entretenimiento del público.

Un poco más arriba de la fonda, subiendo por dos escalinatas que partían de la explanada “polivalente” se encontraba la Casa de Baños. A la entrada de este establecimiento había un salón de descanso con el techo pintado con aguadas. Los cuartos de las pilas daban a un jardincillo triangular. Más adelante se encontraba un salón circular con palcos junto al arco de la circunferencia, que servía para el baile.

El divertido caso del elefante asiático

Contaba el cronista Carlos Cambronero en La España Moderna, que en la primavera de 1865 la empresa llevó al parque un elefante que dominaba algunas habilidades, entre ellas la lucha con otras bestias. Así, se le puso en la plaza de toros a medirse con dos toros bravos, los cuales lo acosaron , sin que este hiciese otra cosa que defenderse, por lo que la lid quedó en empate. El elefante, procedente de Ceilán, también dominaba el castizo arte del descorche de botellas de vino con la posterior ingesta del líquido contenido. Cuentan que en cierta ocasión, no se sabe cómo, el paquidermo se desató de las cadenas que lo sujetaban y paseando libremente por el jardín acertó a pasar delante de la fonda del recinto a la que entró.

Viendo a su disposición tantas botellas de vino  expuestas para la clientela, se hizo dueño da las mismas y comenzó a ejercitar su aplaudida habilidad. Tal exceso de botellas de distintos brebajes descorchó y bebió, que el abuso le causó gran desconcierto y malestar -una buena trompa-, y  perdiendo su habitual mansedumbre,  el animal se dedicó a destrozar cuanto se le puso delante, acabando con la verja de la puerta de entrada, tras lo cual salió a la carretera de Alcalá, y ante el griterío de sorpresa y temor del vecindario, se cobijó en una tahona, llamada de San José aprovechando para  ingerir con ansia  cuanto panecillo estuvo al alcance de su probóscide, sin que el estupefacto panadero pudiera hacer nada para evitarlo. Finalmente pudo de ser sosegado por el domador, quien logró sujetarlo y llevarlo de vuelta al parque. (Adapatación del texto de Carlos Cambronero. La España Moderna, Nº 296, Octubre 1913. Pág. 34 y sig.)

Equilibrista ascendiendo por la Montaña en espiral en la antigua plaza de toros de Madrid. (FOTO: J. Laurent, 1857)

Equilibrista ascendiendo por la Montaña en espiral en la antigua plaza de toros de Madrid. (FOTO: J. Laurent, 1857)

Últimos años del parque
Pasados tres años de su inauguración, en 1867, el empresario y músico Joaquín Gaztambide que ya había arrendado la plaza de toros para dar 40 funciones de toretes, alquiló el parque de atracciones durante el verano, programando actuaciones de la banda militar dirigida por Julio Mateos en la gran plaza que había delante del teatro, amenizándolo con ascensos en globo Montgolfier y fuegos de artificio a la noche. Se destinó, además, un espacio para bailes campestres con entrada de 2 reales billete de pago aparte. Para ello contrató a la orquesta Vilamala, auna compañía mímico-veneciana, dirigida por los hermanos Lorenzo y Antonio Chiarini, uno como maschera dell’Arlechino y el otro como maschera del Pierrot, representando numerosas piezas teatrales. También se animaba al público a participar en el juego de la cucaña, con premios de veinte reales. Los hermanos Onofri ejecutaban en el interior del teatro arriesgados ejercicios gimnásticos en el aire utilizando anillas suspendidas, escaleras y trapecios. Y el gimnasta Mr. Ethardo ascendía y descendía de pie sobre una gran esfera la montaña espiral en un diabólico ejercicio de equilibrio.
Para hacer más atractivo el programa, Gaztambide llamó a Barbieri para que diese una serie de conciertos en la conocida como “tienda de campaña”, a la que acudio mucha gente pasando muy buenos ratos.
En 1968 la compañía de ópera del Teatro Rossini inauguró su temporada el día 10 de junio con Don Bucéfalo, de Cagnoni. Sin embargo, se suspendieron las funciones en julio para sustituirlas por pequeñas representaciones de piezas declamadas o bailadas, que marcaban el creciente desinterés por lo que en los Campos se hacía. La Revolución de Septiembre de 1868 agudizó aún más la situación.
Aún así, el parque de recreo siguió funcionando, cada vez con menos interés para los madrileños, hasta finales de 1880, fecha en la que expiraba el periodo máximo de contrato de 15 años, y bajo la presión del nuevo barrio de Salamanca que se extendía lentamente hacia el Este de la capital.

El templete de los Campos Elíseos: “A la derecha de la entrada a la calle de Velázquez, recogido dentro de la verja de un hotel, quedaba en 1915 el resto de un frondoso jardín de altos y copudos árboles, entre los cuales destacaba la presencia de un elegante templete helénico. Esta construcción existía ya antes de que se abriese la calle, justo al lado de donde estuvo el viejo Horno de San José que tapaba su acceso y mucho antes de que existiese el propio barrio de Salamanca. Formaba parte este templete del gran parque de los Campos Elíseos”.
(Pedro de Répide en La Esfera, nº 99, 20 de noviembre de 1915. Pág. 7)

Pero cayeron las tapias de Madrid en 1869. El barrio de Salamanca creció con rapidez enorme, y la misma plaza de toros inmediata a la Puerta de Alcalá, tuvo que resignarse a sucumbir mientras se alzaba en sitio entonces lejano el nuevo coso, y los Campos Elíseos, los únicos jardines de esa índole que ha habido en Madrid, dignos de una gran capital, decayeron hasta desaparecer, cuando su copioso arbolado, desarrollado con una profundidad y una fuerza extraordinarias, había convertido al vergel en un bosque hermosísimo.
Había comenzado la época de los jardines del Buen Retiro, nombre que se dio a aquella parte del antiguo Real Sitio que se llamaba huerta del Rey o de San Juan. La corte de Don Amadeo de Saboya comenzó a ponerlos de moda. Las piezas bufas y las revistas políticas atraían el público a su teatrillo (…)
Y murieron los Campos Elíseos. Recuerdo de una época de ansiedades, de impulsos nuevos, de conmoción violenta en nuestra historia. Como vestigio de aquellos jardines, ahí queda ese pedazo de ellos, librado ya de una completa desaparición l quedar acotado dentro del recinto de una casa particular. Ese alcor que corona un templete griego de aquellos tiempos de parodia helénica en que retozaban no sólo juguetonas, sino también demoledoras, las notas alegres y crueles de los can-canes de Offembach.” (Pedro de Répide,  La Esfera, nº99 , pág. 7,   20/11/1915).

Referencias.-

El Periódico Ilustrado, 1865.

Escenas Contemporáneas
Revista Biográfica Tomo I.
Madrid, 1861

El Imparcial, 1 de agosto de 1868

La Violeta. Revista Hispano-Americana, nº 79
5 de junio de 1864

Almanaque musical para 1865. Capellanes, 10. Imprenta de josé Mª Ducazal, Plaza de Isabel II, nº 6. 1865

Biblioteca Digital Hispanica (BNE)

La Esfera, nº 99, 20 de noviembre de 1915

La España Moderna, Nº 296, Octubre 1913

Revista “Museo Universal“, 26 de Junio de 1864

La Ilustración Española y Americana, 1864-66.

VV.AA.
Madrid. Historia de una capital.
Alianza Editorial. Madrid, 1995

VV.AA.
El Ensanche de Madrid. Historia de una capital
Editorial Complutense
Madrid, 2008

Sánchez Menchero, M. (2009). Cinco cuadros al fresco. Los jardines de recreo en Madrid (1860-1890). Culturales, 141-168.

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