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Archive for the ‘Nueva York’ Category

Lewis Mamford libro
En 1938 la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje de ocho páginas titulado Metropolis. Lewis Mumdford´s book scraps today’s city, plans a new and saner U.S.
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e trata de un resumen comentado del libro del sociólogo y urbanista  Lewis Mumford The Culture of Cities, “La cultura de las ciudades, publicado por vez primera por la editorial Harcourt el 14 de abril de 1938, donde el autor repasa la evolución de la ciudad.

LEWIS MUMFORDMr

Lewis Mumford

Lewis Mumford (1895-1990)

En 1938 Lewis Mumford era un intelectual norteamericano que rozaba la cincuentena. Sus reflexiones filosóficas ligadas a la sociologia y al urbanismo le habían granjeado una posición de prestigio en el Olimpo internacional de los pensadores. Como crítico de arquitectura y urbanismo ya había escrito numerosos libros y artículos; La historia de las utopías, de 1922 y Sticks and Stones, de 1924 le dieron fama inmediata en la generación coetánea de los arquitectos europeos revolucionarios (Gropius, Mendelsohn, etc).

La cultura de las ciudades (1938)

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Revista LIFE. Número del 23 de mayo de 1938 donde se publico el reportaje “Metropolis” sobre Mumford.

El libro de Mumford, La cultura de las ciudades, analiza los orígenes de la ciudad y la civilización moderna indicando lo que consideraba errores y proponiendo alternativas. Este planteamiento lo retomaría, mucho más desarrollado, en su obra posterior, de 1961,  La ciudad y la historia. En este otro libro, considerado su trabajo más importante, se expone desde una interpretación global el origen y la naturaleza histórica de la ciudad, explicando los procesos urbanos y el desarrollo de la urbanización.
Mumford no aceptaba que el destino de la ciudad fuera el caos urbano que se vivía, la expansión descontrolada de los suburbios y la desintegración social, sino -según esboza en el libro- que éste se debía a un orden (debía ser objeto de un orden…)  que integrase las instalaciones (construcciones) técnicas -arquitectónicas e industriales- con las necesidades biológicas y las normas sociales.

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El precio de la densidad en la construcción: hacinamiento y suciedad; a pesar de la buena voluntad de los moradores que hacían la colada, como se ve en la foto. La altísima densidad de las viviendas a principios del siglo XX generó importantes problemas de salud pública. Nueva York, 1900. (Foto: Archivo Shorpy)

En el primer tercio del siglo XX en Norteamérica había una necesidad urgente acumulada de construir casas baratas para alojar a las corrientes migratorias que acudían sin parar a las ciudades. Esta necesidad se resolvió con la participación de los inversores privados y de la administración pública a través de programas de subvenciones, en una combinación que supuso, hasta 1938 -fecha de la publicación del artículo de LIFE– el mayor “boom” urbanístico conocido.

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Plano antiguo de la ciudad fortificada de Naarden, en Holanda. “Nadie gana a los holandeses en la construcción de ciudades“, afirmaba Lewis Mumford. Esta urbe del siglo XVI representa para Mumford el paradigma de la ciudad ordenada con zonas verdes, en contraposición con el abigarramiento caótico de la ciudad industrial moderna de principios del XX.

En el año 1938 en Estados Unidos la Metropolitan Life Insurance invertía 35 millones de dolares para la construcción de casas baratas para alojar a 50.000 personas en Bronx y en New York City. Ese mismo año la U.S. Housing Administration aportaba 255 millones de dólares para subvencionar los realojos. Suma que se añadía a las desorbitadas partidas que formaban parte de los presupuestos para realojar a los más de diez millones de personas que vivían en infraviviendas en los suburbios.
El auge inmobiliario que cambió el aspecto de las ciudades al inicio del siglo XX modicó la arquitectura pero también la base social. El auge del pasado dejó como herencia el horror urbano del presente.

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1938, la revista gráfica LIFE publicaba un reportaje titulado “Metropolis”, sobre el libro del sociólogo y urbanista Lewis Mumdford La cultura de las ciudades. La imagen muestra una página del reportaje. Mumford califica las realizaciones urbanísticas  históricas  y las fotos de arriba ilustran ejemplos de lo que éste consideraba como malas (BAD) prácticas.  Arriba del todo: viviendas unifamiliares del barrio periférico de Jamaica en Long Island en Nueva York, en 1938. Para el autor, se trata de polígonos residenciales que derrochan recursos excesivos en viales de comunicación y que carecen de espacios de esparcimiento. En medio: un barrio de Inglaterra, Preston, una ciudad situada en el condado de Lancashire en Manchester, dedicada a la manufactura de textil del algodón. La estructura urbana monótona se alineaba con el objeto del trabajo obrero que eran las fábricas colindantes. Era tanta la opresión,  que como broma se decía en la época: “Drink is the quickest way of getting out of Manchester“. La foto de abajo: Manhattan, Nueva York. Decía Mumford en el libro, que a pesar del fragor de la actividad y de las luces nocturnas de Manhattan que dibujaban una imagen esplendorosa, la urbe alojaba a una población que habitaba a duras penas, en condiciones de salubridad y bienestar deplorables, comparables a las de las zonas rurales más depauperadas de EE.UU. (Foto: LIFE, 1938)

La evolución de la ciudad

Para Mumford la evolución de la ciudad del siglo XVI (Amberes, como modelo…) y de la ciudad racionalista posterior, derivó en los siguientes siglos en la urbe industrializada rodeada de suburbios en los siglos XIX y XX, siempre escasa de alojamientos, con barrios hacinados, mal construidos y con pésimos servicios. La superciudad (megalópolis)  dejaba de lado a las periferias superpobladas.

Amberes Plaza

Grabado antiguo de la Plaza Mayor o Plaza del Mercado (Grote Markt) de Amberes, Bélgica.

Dice Mumford en el libro, que el esporádico resplandor de las celebraciones en la plaza del mercado de Amberes en el siglo XVI había degenerado en la deslumbrante metralleta de ocio y espectáculo de Broadway en Manhattan; y  los suburbios del siglo XIX se habían sustituido simplemente por suburbios del siglo XX.

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Vista aérea oblicua de la isla de Manhattan (Nueva York) en 1933. (Foto: Archivo Shorpy)

Lewis Mumford pone de ejemplo en su libro Metropolis el crecimento incontrolado de la isla de Manhattan en Nueva York que desde 1910 inició un ascenso enorme que se detuvo y descendió a partir de la década de los años 30 del siglo XX, en parte porque la población se disgregó ocupando nuevas zonas del extrarradio y también por los controles de inmigración y de natalidad que redujeron la tendencia.

1927 aerial photo centred on Spode's pottery factory, Stoke

Foto aérea de la fábrica de cerámicas Spode en Stoke-on-Trent (Inglaterra), en 1927. Los hornos de la factoría se alternaban con las viviendas de los obreros, conviviendo con los residuos de la combustión que contaminaban el ambiente. Se trata de una forma de urbanización deficiente e insalubre habitual en el ciudades industriales de finales del siglo XIX y principios  del XX. Para Mumford es un ejemplo de lo que se debe considerar una mala planificación.

New Hall Lane Mill Complex, Preston

Otro ejemplo de diseño deficiente de la ciudad. Complejos textiles de New Hall Lane en Preston (Inglaterra). Fábricas y depósitos de gas junto con los grupos interminables de casas obreras. Solamente fabricas y casas, sin espacios para solazarse y distancias infinitas para acceder a los servicios.

En Manhattan, el aumento en la construcción de rascacielos incrementó la densidad poblacional, los problemas de tráfico y la sobrevaloración de las viviendas. La mayor y más atractiva oferta se producía en las nuevas periferias. Estos modelos podían ser del todo inadecuados, hasta de lo más interesante, como las PWA Harlem Houses, que ejemplizaron cómo hacer un tipo de viviendas, que sin estar en el campo, gozaban de los beneficios del entorno rural.

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Radburn, New Jersey (EE.UU.), 1928. Un ejemplo interesante de planificación urbana eficiente. En plena expansión de la cultura del automovil, en esta pequeña urbe se proyecta la separación radical del espacio peatonal respecto al rodado, agrupando al primero en un tranquilo conjunto de callejones en los que se encuentran las manzanas de viviendas, formando una unidad completa con parque, piscina y escuela, y con zona verde en torno a los bloques.

Concluye Mumford su libro afirmando que las ciudades históricamente propiciadas por el feudalismo, las monarquías y el capitalismo se han concebido, no como espacios para vivir de acuerdo a planes racionales, sino como recursos temporales. La culminación de esta tendencia es la metrópolis sobredimensionada , la superciudad, que ha de acabar muriendo por cansancio o demolida por su insalubridad y liberada del hacinamiento.

Referencias.-

Lewis Mumford (Wikipedia)

Lewis Mumford and the Ecological Region: The Politics of Planning
Escrito por Mark Luccarelli

The Culture of Cities
Escrito por Lewis Mumford

Lewis Mumford, el último humanista (El Diario,21/05/2015)

A Brief Biography of Lewis Mumford (1895-1990)/ Eugene Halton

Lewis Mumford: “La ciudad en la historia” (“Urbanismo, Territorio y Paisaje”, Blog de José Fariña)

Hanley Canal Quarter Masterplan, Stoke-on-Trent (ERZ Proyects)

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Jacob August Riis nacido en Dinamarca en 1849 y emigrado a Estados Unidos con 21 años,  fue pionero de la fotografía y está considerado como un precursor de las técnicas modernas.  La fotografía que encabeza esta entrada, oficialmente ” 59 Mulberry Street“, pero más conocida como “nido de rateros“,  la logró Riis al hacer posar ante la cámara a vecinos y habituales de este  suburbio  de Nueva York, popular por ser lugar frecuentado por vagos, maleantes y gentes de mal vivir.

En realidad la intención de Riis, como fotoperiodista, fue buscar una imagen sensacionalista que alertase a la sociedad americana de las injusticias laborales y sociales que pedían reformas urgentes. Esta fotografía apareció en el libro de Riis, de 1890, “How the other half lives” (Cómo vive la otra mitad), en el que la intensidad documental de su fotoperiodismo se unía a la conseguida técnica de reproducción de las imágenes de “trama de medios tonos”.  Probablemente la foto debió de colorearla a mano algún ayudante de Riis con la intención de conseguir un impacto mayor entre los lectores. En la actualidad la foto se expone en el Museo de la ciudad de Nueva York.

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Manhattan friday night_2007

Afortunadamente la edad tadavía no me ha robado la capacidad de sorprenderme, y no es que sea muy mayor. Me ocurre con asuntos de lo más variado. Me asombro incluso con simplezas previsibles, de las que aún después de vistas sigo ingenuamente dudando de su realidad.

En verdad, hay situaciones que ya sabemos, por haberlas leido, oido o visto en los medios de prensa o en la mucha literatura que hay de todo y acerca de todo, pero cuando somos testigos de lo sabido la reacción muchas veces es imprevisible y se tiñe de incredulidad, aunque lo tengamos delante. Y así sucede realmente, que dudamos de lo que estamos viendo delante de nuestros ojos, aunque sea una nimiedad previsible.
A mí me sorprende el fenómeno juvenil del botellón, por ejemplo. No porque no me parezca algo lógico. No deja de ser una respuesta normal en una sociedad como la nuestra, la española, la occidental-meridional, que siempre ha rendido culto a Baco y al placer del relajo nocturno. Somos, los españoles en general, disciplinados y poco originales a la hora de gastar o malgastar el tiempo libre. Tal vez sea una cuestión de posibles, toda vez que los ricos siempre disponen de mayores recursos imaginativos para el despilfarro, tanto en la dimensión temporal, la cuarta, como en la material, si es que existe.

Lo cierto, es que las lides de algunos infantes y otros ya sin tanta reverencia, por hacer prevalecer la borrachera infame al aire libre como un derecho natural o adquirido, es igual, me hiere internamente. No alcanzo a comprender las razones de tanta tontería. Finalmente, unos lo hacen por exceso y otros por defecto. La insensatez no se puede justificar en ninguno de los casos.

Lo que fielmente nos retrata a todos, ricos y pobres, feos y guapos, es el comportamiento, que es común, a pesar de nuestra capacidad de gasto. Lo veo aquí, debajo de mi casa, en el parque, en la plaza, en el extrarradio y en el centro de la ciudad.

Lo que me llamó la atención y me sorprendió, conociendo ya que lo que veía no era nada raro, fue lo que ahora es objeto de este comentario. La imagen, la foto,  que ilustra todo lo dicho: Una limousine para jovenzuelos que quieren pasar el “finde” cómodos y borrachos. Y que, luego, el chofer los lleve a casa sanos y salvos. Ya vomitarán al día siguiente en sus retretes de lujo. La foto está tomada en un barrio elegante de Manhattan, en el entorno de Broadway, y los protagonistas… No hay más que verlos.

El problema real, lo que me asusta,  son los papás. En este caso daddy and mummy.  ¿Qué les parecerá la idea? Bueno, pués parece, a todas luces, que están contentos, ya que la pasta no creo que la ganen sus retoños en la High School o en la University, haciendo labores sociales. El dinerito para el cumpleaños etílico o el quinceaños o dieciochoaños o lo que sea en el lujoso automóvil lo habrán puesto los padres. Penoso.

Los precios son interesantes. Por menos de mil dólares se puede alquilar un lujoso coche extralargo (Cadillac, Rolls Royce, Hummer, Lincoln, Mercedes) con chofer y neveras llenas de bebidas y refrescos con burbujas durante diez horas.

Oferta una web dedicada a estos menesteres los automóviles para celebraciones: “¡Quinceañera celebre su Quince años con estilo llegando en una limusina privada! Cuando usted reserva una limosina con nosotros, hacemos todo lo posible para hacer su día aún más especial. Nuestros chóferes son amistosos y profesionales, le llevaran con seguridad y estilo hacia lugares para tomar fotos y hacia su recepción. Todas nuestras limusinas se equipan con LCD TV’s y DVDs. Muchas de nuestras limusinas vienen equipadas de la iluminación óptica de  fibra y  luz laser. Proveemos agua, soda y hielo en todos nuestros servicios. Reserve su H2 Jet Hummer o la Cadillac Escalade Puerta Jet para su día especial“.

Espero que la imagen de la limousine neoyorquina no se repita en Madrid, aunque algún ejemplo parangonable ya conocí, por lo que tampoco sería de extrañar que se pusiera de moda entre los pijos ricos. Espero que la inteligencia de los padres venza a la de los hijos, al menos mientras estos sean parvos púberes con escasas nociones de la realidad o con limitadas representaciones del mundo, que es lo mismo. Aunque, a veces la tortilla se vire a favor de los hijos, mucho más inteligentes que sus progenitores. Ese es otro tema.

Espero que esto de las salidas nocturnas en limousine sólo sea una estupidez de niños estúpidos auspiciada por padres estúpidos y que esta estupidez sea sólo estupidez de paso y que no se asiente. Aunque no sé, como digo…, pijos y ricos hay cada vez más, al margen de las crisis.

NOTA: La foto que ilustra este comentario se tomó en Manhattan (Nueva York) en Junio de 2007, en los alrededores de la avenida de Broadway en Upper West Side. (Foto: Enrique Fidel Rojo, 2007)

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MANHATTAN HOTEL LINCOLN 05

Traigo al blog  un edificio neoyorquino. En apariencia uno más. Y lo es, en efecto. Sin embargo, su historia sirve de muestra de una especie ya extinguida en la práctica. Ejemplifica un fenómeno socio-urbano nacido a finales de la década de los sesenta en algunas de las grandes ciudades de los Estados Unidos como San Francisco, Seattle, Chicago o Nueva York.

En el último tercio del siglo XX en los Estados Unidos,  las clases medias iniciaron un proceso de abandono del centro urbano como área residencial hacia las periferias, lo que produjo que  muchos edificios quedasen vacíos. Muchos de estos edificios más tarde se readaptarían como Habitaciones de Ocupación Individual (SRO).  La mayoría se edificó entre finales del siglo XIX y principios del XX y exhiben el estilo arquitectónico típico del momento.

La reocupación de estas viviendas del centro urbano se entendió como una opción viable de dotar de techo a la población sin recursos, especialmente a los pobres y homeless que deambulaban por las calles de Manhattan. También tenían cabida estudiantes o trabajadores de paso, inquilinos solteros y viudas con pocos medios económicos, y también otros habitantes de la ciudad  que  no precisaban de espacios amplios, ni de comodidades o de grandes infraestructuras para vivir. Esta circunstancia hizo de estos edificios  una fórmula de acceso  a alquileres económicos, especialmente en áreas donde todavía la gentrificación y el alto precio del suelo no dificultaban  su acceso.

2466829865_50f21481bcHotel Sant George, en Los Angeles, edificio construido en 1905 y renovado en 2004 como SRO por The Skid Row Housing Trust. (FOTO de  8perf by Flickr)

Los alquileres se podían pagar integramente  o bien con ayudas de  organizaciones benéficas y/o programas federales o estatales que podían hacerse cargo de una parte , incentivando a los propietarios de los edificios para que acogieran al mayor número posible de inquilinos sin recursos y personas sin hogar. En algunos casos hubo edificios dedicados a SRO que se reformaron por completo gracias a las rebajas tributarias que les etorgó el Estado a condición de que acogieran en sus instalaciones a inquilinos de  rentas bajas y también a grupos sociales desfavorecidos específicos, como  sintecho, enfermos mentales, alcohólicos o enfermos de SIDA, etc.

Dependiendo de la sensibilidad de los propietarios del edificio y de su estado, los SRO podían pasar de ser auténticos depósitos de mugre a parecerse mínimamente a un hotel. Algunos tenían el aspecto de residencias y otros eran auténticos heteles-celda, en los que las habitaciones originales se reducían al máximo con láminas de acero o de “pladur” que ni siquiera llegaban a la altura del techo. Para evitar que los inquilinos se colaran a las otras habitaciones por el espacio entre las divisiones y el techo era habitual colocar mallas metálicas, lo que daba aún un aspecto más carcelario. (Fuente: Wikipedia)

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El antiguo Hotel Lincoln Square de Manhattan (Nueva York) situado en pleno Upper West Side en la calle 75, ahora Apartamentos Lincoln, fue conocido como un SRO (Single Room Occupancy) o Habitaciones de Ocupación Individual. Por lo general sus cuartos estaban ocupados por uno o dos inquilinos que compartían uno o dos cuartos unidos, con o sin cuarto de baño, pudiendo compartir baños comunes con otros inquilinos del edificio. Aunque lo habitual en este tipo de arriendos es que se compartiesen cocina y cuartos de baño, si bien algunos también  poseían  una mini cocina sin separación alguna del dormitorio, pués todo era uno. La fórmula de este establecimiento fue su funcionamiento como  hotel  -de ahí su nombre, que vemos en el letrero que todavía exhibe-, si bien  en origen los SRO se alquilaban con carácter de residencias de larga duración como si de apartamentos se tratase. (De hecho, en la mayoría de los directorios telefónicos de NY-Manhattan  el edificio continúa figurando como Hotel Lincoln Sq.)   La política de los actuales propietarios del edificio, que lo compraron con inquilinos,  se basa en su “acoso y derribo”, con la intención de renovar por completo el inmueble y reconvertirlo en  apartamentos de lujo. En esta zona el precio del suelo es elevado y el inquilinato escaso, razón por la que  sus ocupantes, de escasa capacidad económica, dificultan los planes especulativos que originaron su compra a los anteriores arrendatarios.

FOTO: Enrique F.-2007

AMSTERDAM AVENUE Y ANTIGUO HOTEL LINCOLN SQUAREEn muchos casos estos edificios se construyeron en los alrededores de los distritos de negocios de Nueva York, o en  áreas residenciales céntricas, como es el caso de este hotel, muy cerca del Lincoln Center. La foto está tomadas en el cruce de la Avenida Amsterdam  con calle 74 ,  en el centro el antiguo SRO, Hotel Lincoln Square.

(Foto: Enrique F.- 2007)


UPPER WEST SIDE Y SAN REMO APARTAMENTS

Panorama del Upper West Side de Manhattan mirando hacia el Este, en dirección a Central Park. La foto está tomada desde una de las habitaciones de los Apartamentos Lincoln (Antiguo SRO Lincoln Square). Se aprecian las azoteas de las “row houses” de las calles 75th y 74th, casas adosadas en línea, de finales de 1800, edificadas para las clases trabajadoras de la época y también llamadas “brownstones“, por el color habitual de la piedra utilizada en su edificación, generalmente arenisca. Al fondo se ve el edificio de San Remo Apartaments, de 1930. El San Remo se construyó en piedra caliza y ladrillo siguiendo un estilo ecléctico “art-decó-neo-clásico” que incorpora numerosos elementos decorativos, especialmete en las dos torres que se yerguen sobre la base principal y que se coronan con sendos pináculos.
Este edificio de apartamentos de lujo en el entorno de Central Park forma parte de un grupo de cuatro de semejante factura que se construyeron en los años treinta del siglo XX siguiendo la moda imperante. En el han vivido personajes famosos como Diane Keaton o Dustin Hoffman, o como Rita Hyworth, que ocupó uno de sus 125 apartamentos hasta su muerte en 1987. En la actualidad viven en el edificio el actor Steve Martin, el director de cine Steven Spielberg y el cantante de U2 Bono, entre otras celebridades del mundo del espectáculo.
En lo alto, a la derecha, se adivina el edificio Dakota, mundialmente conocido por ser la última morada de John Lennon. En la actualidad su mujer Yoko Ono sigue viviendo allí.     (FOTO: Enrique F.- 2007)

SRO en la actualidad

Debido a que el valor del suelo se ha incrementado notablemente, en la actualidad resulta rentable la rehabilitación de estos edificios, lo que se traduce en que, una vez reformados, a los inquilinos que todavía habitaban en ellos se les obliga a hacer frente a los nuevos alquileres, siempre infinítamente más altos. Esto, definitivamente, es como una orden de desalojo, lo que explica el visible aumento de “sin techo” en las calles de las ciudades Norteamericanas y en concreto en Nueva York, desde principios de los años 80.

La transformación de estos edificios ha supuesto un largo proceso de reconversión vía “gentrificación” o recualificación socioespacial, en el que  los propietarios de los inmuebles han usado todos los medios posibles, principalmente el hostigamiento y el acoso a los inquilinos para que los abandonasen. A veces, la Administración ha impedido estas situaciones presionando a su vez a los propietarios e impidiendo demoliciones o cambios de actividad a partir de una legislación restrictiva que regulase las transformaciones. Y en otros casos se ha llegado a acuerdos económicos entre propietarios e inquilinos, facilitando el vaciado del inmueble para su posterior readaptación en apartamentos de lujo, cada vez más reclamados por las nuevas clases medias urbanas que persiguen el centro de Manhattan como zona residencial emergente trás la “conquista” de los barrios periféricos.  En cualquier caso, para su reconversión se obliga a los propietarios a la obtención de un certificado de “No Hostigamiento”.

2408667190_1319995175Antiguo “Spring Apartment Hotel“, en Seattle, edificio construido en 1923   y que funcionó como SRO hasta 1992, fecha en que fue reconvertido en Hotel Vintage Park. (FOTO: machupichu, 2008 by Flickr)

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¿Qué es en edificio SRO?

Una unidad en un edificio SRO, por sus siglas en inglés (Single Room Occupancy), consta de uno o dos cuartos que no
tienen cocina o baño dentro del apartamento. También se los denomina “Clase B”. Hay cinco
clases de edificios identificados como SRO.
Clase “A” – Casas De Una Familia
Son cuartos alquilados en edificios construídos como casas de una familia
y  convertidos más tarde en casa de huéspedes.
Clase “B” – Hotel
Estos fueron hoteles construídos como edificios de cuartos individuales con
clasificación de hotel. Son utilizados como residencias permanentes a largo
plazo con unidades de cocina y baño compartidas.
Sección 248 SRO –
Estos son edificios clase “A” convertidos a SRO ya que la puerta de entrada
del apartamento ha sido cerrada y cada unidad individual comparte la cocina y
el baño.
Clase “A” SRO –
Estas son unidades individuales en un apartamento clase “A” donde los
residentes comparten la cocina y el baño.
SRO Ilegal –
Un SRO convertido ilegalmente es una conversión a unidades tipo B que no
están reflejadas en el Certificado de Ocupación y por lo tanto no están
aprobadas por el Departamento de Edificios. También puede incluír una o más
unidades tipo B en un edificio clase A.

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Referencias.-

Single Room Occupancy – SRO (Wikipedia)

Merrifield, Andy. Dialectical Urbanism: Social Struggles in the Capitalist City. New York: Monthly Review Press, 2002.
(Chapter 6, scrutinizes what has been happening to Single-Room-Occupancy (SRO) tenants as many neighbourhoods in the city become gentrified as the city reinvents itself as a post-industrial, financial services and tourist-destination metropolitan centre.)

Albúm de fotografías de SRO Lauren Cesalzmann (Flickr)

Single-Room-Occupancy Housing May Be Demolished, Court Rules (The New York Times, 1989)

Urban Gentrification (Wikipedia)

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HARING PISA-2009_SMALLFOTO: Enrique Fidel, 2009

En una visita a Pisa, ciudad que tiene peor fama de lo que se merece, cerca de la Piazza Emanuelle II, sorprende el colorista mural del artista neoyorquino Keith Haring (1958-1990) en una de las fachadas laterales del convento de San Antonio Abad, titulado “Tuttomondo”. El trabajo lo realizó el dibujante en 1989, un año antes de morir y se considera su última obra pública. Por eso el Ayuntamiento de Pisa lo cuida con especial atención. Haring pasó de ser un grafitero que ensuciaba las descuidadas paredes del metro de Nueva York,  a figurar como uno de los más originales artistas del arte urbano contemporáneo. Su prematura desaparición lo ha mitificado y en Pisa luce con esplendor la obra suburbial de este artista de megalópolis,  plasmada en la pared de un edificio religioso de una ciudad antigua y recoleta cuyo arte urbano románico, gótico o renacentista aparece de improviso en cualquier esquina.

haring4Al parecer, Haring quiso reflejar en su mural la paz y la solidaridad humana desde su particular forma de ver el mundo. La obra está compuesta por treinta figuras dispuestas a lo largo de 180 m² de pared. Entre los personajes aparecen el hombre tijera que simboliza la solidaridad entre los hombres/mujeres contra el mal/los malos, la maternidad, un personaje paloma símbolo de la paz, el hombre junto con un delfín, símbolizando la unión del humano con la Naturaleza. Si nos fijamos, hay otros elementos de más difícil identificación. De ellos el más notable, para mí, es el personaje con cabeza de televisión.

De este sujeto no sabría decir yo si Haring lo definiría en su momento como un aventajado entre la muchedumbre que nos vendría a traer profecías de bien acerca del revolucionario medio, o por el contrario como un diabólico ser portador de malos augurios, como más bien podría decirse que se viene demostrando que es la televisión de los últimos tiempos.

Me inclino más por lo segundo. Y segúramente Haring debió de pensar en la fuerza envilecedora de la tele, capaz de embrutecer como efecto perverso, por encima de su potencial enriquecedor y formativo.

Moira Orfei

Como remate, la fotografía contiene una pequeña trampa. Se ha insertado en la pantalla el rostro de la circense estrella italiana Moira Orfei, mito de los cincuenta-sesenta almidonado y amojamado, idolatrada por el colectivo gay, cuyo circo recorre las plazas de Italia mostrando las virtudes del “mayor espectáculo del mundo“, tan marginal ya, al menos en su concepción más primitiva.  Se trata de una especie de Manolita Chen a la italiana, sin querer desmerecer ni a una ni a otra por la comparación.

El caso es que la tele de hoy, tanto la española como la italiana, de la que participamos activamente con los subproductos que nos ofrece Telecinco,”made in Italy”, por poner un ejemplo,  (ver audiencias), escupe contenidos con un rostro semejante al de esta vedet: casposos,  trasnochados, y feos.  Y además, casualmente, son productoras con predominio de miembros del colectivo gay las que desrrollan con epecial dedicación este tipo de programas. Así que la tele de hoy se ha colado en el mural de Haring. La peor televisión, desde luego. Seguramente él ya se lo imaginó y por eso dejó el espacio en blanco para que alguien llenara la pantalla del televisor con la imagen más indicada en cada momento. El momento de ahora podría ser esta mujer. También podríamos haber puesto el “rostro” de Belén Esteban, otro icono circense.
Si alguien no sabe quién es, mejor. Es otra que trabaja en el circo, simplemente.

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Carteles de anuncio del Circo de Moira Orfei y del Teatro Circo de Manolita Chen.

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“Bicis” estacionadas en una plaza de Pamplona (Foto: Enrique F.  Rojo, 2009) 

Ahora que llega el buen tiempo, es decir el tiempo soleado y más cálido, parece que salir en bicicleta a la calle no da mucho miedo y que debería asumirse con total normalidad. Aunque sea el fin de  semana y como actividad de ocio. Sin embargo la realidad es muy distinta. En las grandes ciudades como Madrid sacar la bici del trastero  puede suponer un riesgo. Es una idea generalizada, y el temor que suscita es real. La escasa conciencia ciudadana que tenemos los españoles en el uso del velocípedo como medio habitual de transporte urbano se contrapone con lo asumido que tenemos movernos en coche, a pesar de las tremendas dificultades de tráfico, lo caro que sale y lo incómodo que acaba siendo casi siempre. No acabamos de entender que un instrumento que ha de facilitarnos la vida sea un foco de problemas y lo entendemos dentro de la normalidad.

Cuando un ciudadano se mueve por Madrid en su bicicleta  la mayoría de los conductores y transeuntes lo miran como si de un lunático incáuto se tratase. Todavía la legislación de trafico al respecto es pacata, restrictiva, ambivalente e indefinida. Por este motivo los ciclistas urbanos conducen en tierra de nadie, como si, efectivamente,  de selenitas osados se tratase.

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Bicicleta en “Canal Street”, Manhattan , Nueva York. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2008).

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Bici, en una calle de Florencia (FOTO: Enrique F. Rojo, 2009).

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Bici en una calleja de Rodas. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2009)

Cito a Madrid porque es la ciudad en la que vivo, pero en la mayoría de las ciudades españolas la situación es parecida. A pesar de las iniciativas municipales por dotar de áreas “ciclables” en la ciudad, lo cierto es que el uso urbano de la bicicleta en España sigue siendo una odisea plagada de peligros. La falta de respeto por el ciclista por parte de los conductores de coches, que entra ya en el terreno de la escasa educación cívica ciudadana, las dificultades de las redes viarias, los problemas de la orografía, y el poco respeto por lo ajeno, son alguno de los “peros” que suscita el uso de la bicicleta en la ciudad. Desde atropellos y discusiones, hasta robos de parte de la máquina (bomba, sillín, rastrales, etc), e incluso de su totalidad (también muy habitual), pasando incluso por accidentes provocados por no se sabe qué especie de prepotencia o manía megalómana por demostrar qué vehículo es más potente, veloz y agresivo.

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Bicicleta en una calle de Pisa, Italia. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

Hay paises, mejor ciudades,  en las que la conciencia ciclista es más amable y en las que las administraciones contemplan este vehículo como uno más, incluyéndolo en el desarrollo de las calles y en las ampliaciones urbanas. Por estos lares, los ejemplos parecidos son más bien escasos y casi siempre anecdóticos.

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Bici en una calle de Florencia, Italia. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

Buscando soluciones a al caos circulatorio urbano, a la contaminación atmosférica y acústica, y al estrés ciudadano, tal vez potenciar la bicicleta fuera una de ellas y, quizás, de las más eficientes. No es descabellado pensar que una ciudad progrese mejor a golpe de pedal que pisando el acelerador.  Todo se andará.

Referencias.-

Ciudad en Bicicleta (Blog)

Al trabajo, mejor en autobús o en bicicleta (El País)

Un ciclista urbano (Blog)

BICICLETA.ES

BICI CRITICA

Bici Plegable (Ciclismo urbano)

CON BICI

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Brownstones en Manhattan. (Foto cargada el 11 de enero, 2009
por Tin-can Telephone)

Se trata de viviendas del siglo XIX-XX, a modo de adosados, de dimensiones reducidas (80-90 m2), pensadas para la población trabajadora. Su denominación, “brownstone“, se refiere al material, arenisca roja, que le daba un tono marrón característico. Luego se aplicó a  la tipología: escalerita de entrada, vivienda de dos plantas en hilera con sótano, etc. En Manhattan, por ejemplo, en el Upper West Side, en torno a las calles 70th.-80th., actualmente existen numerosas hileras de estas casas. De hecho, algo más abajo, se rodó en 1961 West Side Story, en una zona que se demolió y que en la actualidad está ocupada por el Lincoln Center.

En Madrid es imposible encontrar un, o unos edificios similares a los “brownstones” de Manhattan, Greenwich Village,  Brooklin o Harlem. También existe la misma tipología en otros lugares de EE.UU., Chicago, por ejemplo.
En Madrid, lo más parecido, se me ocurre que pueda ser el conocido como “Madrid Moderno“, si bien su estilo, aunque del mismo periodo, es modernista, en unos casos y neo-mudejar, en otros, en una fórmula más hispana.


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Hilera de Brownstones en Manhattan, en Upper West Side.  (Foto cargada en Flickr el 26 de agosto, 2007
por three_big_fish)


brownstone_02Brownstones en Manhattan. (Foto cargada el 11 de enero, 2009
por Tin-can Telephone)

UPPER WEST SIDE BROWNSTONES 75 TH Grupo de “brownstones” en la calle 75 de Upper West Side en Manhattan, viviendas de principios del siglo XX realizadas en piedra arenisca y/o ladrillo. Se construyeron para la clase trabajadora y tenían la consideración de casas baratas. Todo lo contrario a lo que ocurre en la actualidad, pués este barrio de la parte Oeste Norte de Manhattan es un barrio residencial de nivel alto.  (FOTO: Enrique Fidel , en Junio de 2007, by Flickr)

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MANHATTAN PAJARITO NEOYORQUINO

pajarito

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Las eras de Edward I. Koch, David N. Dinkins, Giuliani y Bloomberg, los sucesivos y últimos alcaldes de la ciudad de Nueva York desde finales de los 70 hasta la actualidad, no han conseguido romper con el gran problema de la falta de vivienda. En Nueva York -fundamentalmente en Manhattan–  apenas queda espacio para vivir. Y cada día son más y más los que llegan. La especulación es uno más de los innumerables negocios que se deciden en la gran urbe.
Se considera “sintecho” o persona sin hogar a quien no tiene acceso durante el periodo de referencia a un alojamiento que cumpla unos criterios mínimos de habitabilidad, consensuados, tanto si el alojamiento es en régimen de propiedad o de alquiler, o bien si es ocupado gratuitamente con permiso del propietario o bajo contrato u otro tipo de acuerdo. En estas circunstancias, se ven obligados a dormir temporalmente en la calle o en edificios sin condiciones de habitabilidad, o en alojamientos de emergencia proporcionados por asociaciones o instituciones de carácter social, o en pensiones o casas de huéspedes o en alojamientos colectivos de larga estancia proporcionados por instituciones públicas.


En 2004, el departamente de servicios para personas sin techo daba la cifra de 38.000 personas que se veían obligadas a hacer uso de los servicios de ayuda del departamento. Cerca de 1.500 personas más se acogían a las ayudas de organizaciones religiosas. Del total, se calculaba que más de 16.000 eran menores de 18 años, lo que suponía un 43 por ciento de los acogidos. De éstos, un 43 por ciento eran niños.
Estas cifras suponían un incremento de más de un 30 por ciento con respecto al año 2002. Las cifras registradas no incluían a aquellos que no se acogían a las ayudas institucionales, aún viviendo en la calle. Al contrario de los datos negativos de Nueva York, las autoridades norteamericanas proporcionan informaciones que apuntan en sentido contrario en el resto del país. Mientras que la media de solicitudes de ayuda de alimento y vivienda de familias con niños en Estados Unidos era de un 40 por ciento, la media en la ciudad de Nueva York apuntaba a más de un 50 por ciento. Para 2007 los datos aportados por el Ayuntamiento de Nueva York son : 34.000 “sin techo”, de los cuales 14.000 son niños.

Desempleo y precio de la vivienda
En Nueva York la tasa de desempleo se sitúa en un 6% y el sueldo medio ronda los 30.000 euros al año, si bien hay sueldos de más de 90.000 euros y también los hay por debajo de los 20.000 euros. Teniendo en cuenta que en Manhattan un apartamento de un dormitorio (35 m2) puede valer unos 500.000 euros y alquilarlo entre 1500 y 3000 euros al mes, es más que evidente que el acceso a la vivienda es ciertamente difícil.
Hay que considerar que, debido a la falta de suelo edificable en la isla de Manhattan, la vivienda nueva disponible por año no supera el 4% , lo que se traduce en un ávido furor especulativo que acaba por hacer casi imposible la adquisición en propiedad de una casa donde habitar. Esto se traduce en un espectacular y especulativo dato: Nueva York ha perdido en los últimos diez años más de medio millón de viviendas de renta media.
Existen viviendas de renta controlada y pisos subvencionados por el Gobierno Municipal. Las primeras han generado las más variadas e imaginativas artimañas para conseguir expulsar a los inquilinos y acogerse a las nuevas normas, auténticamente leoninas para el inquilino. Las viviendas públicas han dado muestras de ser insuficientes y, en ocasiones, de ínfima calidad, sino infraviviendas en muchos de los casos.
Los informes oficiales afirman que el incremento del número de “sin techo” en Nueva York responde al aumento de la tasa de paro y al incremento del precio de la vivienda.
Durante estos últimos años, el gobierno municipal ha trasladado a miles de familias desamparadas a apartamentos subsidiados que presentaban condiciones evidentes de inhabitabilidad, algunas de las cuales incluso ponían en peligro la salud de sus moradores, como podían ser humedades en las que proliferaban los hongos perniciosos, rotura de paramentos y tabiques, rotura de forjados y techos, instalaciones rotas o inadecuadas, inodoros rotos e inservibles, ventanas sin cristales, etc. (ver VIDEO)

Planes de ayuda
En la actualidad el alcalde Bloomberg ha puesto en acción un plan de actuación urgente para ayudar a los “sin techo” que intenta corregir las irregularidades detectadas con el anterior Plan (“Housing Stability Plus”). Según parece, el plan da un plazo de dos años a las familias sin medios para acceder a una vivienda para que alcancen estos medios. Evidentemente esta situación no llega a darse, por lo que acaban de nuevo en la calle u ocupando algún edificio abandonado. En Nueva York el mercado de trabajo no permite que aquellos que trabajan por los sueldos más bajos puedan llegar a promocionar su nivel laboral y adquisitivo. En la mayoría de los casos, las familias acogidas a los planes del Ayuntamiento están compuestas por una mujer con unos o más hijos. Si la mujer no está en paro, puede llegar a ganar alrededor de 6 euros la hora. Para pagarse una vivienda en alquiler -en el extrarradio- debería dedicar más de tres veces lo que el neoyorquino medio a la vivienda, ya que su sueldo está tres veces por debajo de la media. Es la pescadilla que se muerde la cola.
El problema fundamental radica en que el mercado de trabajo es muy rígido y permite el acceso por abajo en un espectro horizontal amplio, especialmente en el sectro servicio y en áreas no cualificadas; sin embargo el ascenso hacia arriba es muy complicado, lo cual reproduce sine die el mismo esquema estructural. Del mismo modo, el mercado de la vivienda queda restringido a un nivel medio-alto de ingresos, impidiendo a los niveles bajos su acceso.

Los otros “sintecho”
Otro aspecto de la población “sintecho” en Nueva York lo representan los enfermos mentales, los toxicómanos y los alcohólicos. A lo largo de 2006 se hizo un estudio a cargo del Departamento de de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York, que recogió datos de más de 100.000 personas adultas que entre 2001 y 2003 hicieron uso de los servicios municipales de beneficencia. El estudio halló en una razón de 1 a 7 la mayor incidencia de infecciones del VIH o/y enfermedades derivadas del padecimiento del síndrome de la población estudiada con respecto a la población de Nueva York. Del mismo modo, se halló relevancia significativa, superior a la de los casos de la población media de la ciudad, en los asiduos a los servicios sociales que presentaban cuadros de alcoholismo y adicción a alguna otra droga y el fallecimiento por afecciones cardiacas.

Otro aspecto de la población “sintecho” en Nueva York lo representan los enfermos mentales, los toxicómanos y los alcohólicos.


Buscando el número exacto

Todos los años, a principios de Marzo, más de dos mil voluntarios salen a las calles cada noche durante algunas semanas para contar a los “sintecho”. El propósito es saber cúantos desamparados viven al raso en Nueva York y planificar el número de camas necesario para que todo aquel que lo solicite tenga acceso a un refugio temporal. Sin embargo, se ha criticado duramente el sistema de recuento, que no contempla a aquellos que duermen en los cajeros de los bancos, en los edificios abandonados y en otros lugares escondidos y que pueden suponer cerca de una cuarta parte del total.
Los datos de enero de 2007 daban una cifra de 3.755 personas durmiendo en las calles de Nueva York. Algunos especialistas, calculan que la cifra puede sobrepasar las 4.000 personas, pues se discute el método de medición utilizado. Entre los sistemas de medición está el de los “falsos sintecho”, la mayoría estudiantes que, disfrazados de “homeless” se mezclan con ellos para identificarlos y contarlos. De esta manera, divididos en equipos, los suplantadores se unen a los vagabundos, identifican las zonas en las que duermen, y a posteriori aportan información a los investigadores. Todo por 75 dólares la noche.

Homeless y falsos homeless comparten espacio en las galerías del metro de Nueva York. Los voluntarios toman nota y remiten la información a los servicios administrativos.

Ventanas de Manhattan (Antonio Muñoz Molina)
¿Dónde encontrarían refugio esa noche los mendigos y los vagabundos de las calles de Manhattan, las bag ladies que se arrastraban por las aceras cargando grandes bolsas de basura llanas de harapos y desperdicios o empujándolas en carritos de la compra…? Pedían limosna agresivamente con sus vasos de plástico o permanecían inmóviles contra una pared, mostrando un cartón en el que habían escrito los pormenores de su infortunio, el motivo de la desgracia que los había arrojado a las calles. Caminaban a lentas zancadas como sonámbulos, sin mirar a nadie, atentos sólo a escarbar en los desperdicios que rebosaban de las papeleras, y entrre los que abundaban restos de comida basura…

Los envolvía un hedor tan denso, tan apelmazado como sus pelambres y ropajes, una pestilencia de orines, de mierda, de putrefacción y alcantarilla que evolvía el estómago… Tenían las caras rojas de alcohol y de frío, con pupas y llagas bajo los manchurrones de mugre. Eran de todas las edades, viejos decrépitos o adolescentes con las caras infectadas de granos, hombres o mujeres, blancos o negros, gigantes de barbas pelirrojas, morados de alcohol y chorreando orines mientras caminaban…

Acumulan latas de refrescos vacías, por cada una de las cuales les darán un centavo y al cargarlas a la espalda o en los carritos de supermercado que empujan por las aceras van difundiendo un tintineo ligero de metal que es como el sonido de las campanillas con el que anunciaban su presencia los leprosos medievales. (págs. 32 a 34)

Los medigos: traperos de miseria, acaparadores de basura, desertores de los hospitales psiquiátricos y los albergues municipales, gente que dio un traspié en la vida, se quedó tirada y ya no ha sido capaz de levantarse de ese nivel inferior de existencia que es la acera en la que establecen su reino y desde la que miran hacia arriba a quienes pasan atareados y urgentes junto a ellos. (pág. 177)

A Javier le llamaba la atención que hubiera tantos desperdicios en el suelo, vasos de papel, recipientes y restos de comida rápida sobre todo, rebosando las papeleras, despidiendo olores dulzones. Alguna vez, entre las bolsas y los cartones, Javier advertía un movimiento, y temía que fuera una rata, pero solía ser un homeless que se revolvía en el mal sueño de la borrachera o de la enfermedad mental. (pág. 299)

Comida basura y basura comida para los que nada tienen que perder, salvo el hambre..  (FOTO: Enrique Fidel).

Ventanas de Manhattan
Muñoz Molina, Antonio
Editorial Seix Barral Barcelona, 2004

Referencias.-
Web Coalición para los sin techo en NYC
Informe sobre el estado de salud de los sin techo en NYC
Nearly half of New York City’s homeless are children
Homeless Families At Risk
Charts Detailing the Homeless Shelter Population in New York City (pdf)
History of Modern Homelessness in New York City (pdf)
Aspectos y datos de los “Sin Techo” en Nueva York (inglés)
Una noche con los “sintecho” (inglés)
Faults Found in Apartments for Homeless Families (New York Times, July 2009)

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El Bronx está situado al Noroeste de la ciudad de Nueva York, por encima de Manhattan. El “South Bronx” o Bronx Sur es el área del distrito de El Bronx más cercano a Manhattan y durante los años 70 y 80 sufrió un continuo proceso de degradación y decadencia que -ayudado por el cine y la televisión- acabó por darle la imagen temible y la mala fama que hoy todos conocemos. El barrio, multiétnico, pobre y superpoblado, fue víctima del segregacionismo racial y de la injusticia, y fue la expresión más amarga de la pobreza, la marginación y la desigualdad social. El deterioro del distrito se inició en los años 40 en los barrios más cercanos al río Harlem, Mott Haven y Melrose, extendiéndose en los 70 a Hunts Point, Morrisania y Highbridge.

Pero este proceso no fue espontáneo. Para que ocurriese tuvieron que aliarse un conjunto de elementos muy agresivos y fuertemente condicionantes. De entrada, la población blanca que vivía en los barrios de el Bronx, que era mayoritariamente judia, se marchó con la llegada masiva de hispanos y negros antillanos y de los estados del Sur de EE.UU. Esto fue así por simple racismo y también influidos por una práctica ilegal pero muy difundida entre los agentes inmobiliarios que consistía en convencer a los propietarios de que los precios de sus casas bajarían con la llegada de “los nuevos vecinos”, por lo que vendían con prisa y a la baja, con el consiguiente negocio especulativo para las inmobiliarias. Por su parte, los propietarios de los edificios -nuevos o antiguos- comenzaron a despreocuparse por sus propiedades, a las que ya no podían sacar los réditos deseados y éstas se deterioraban por falta de mentenimiento.

Más de dos décadas después de aquellos años turbulentos, el Bronx se repone e intenta levantar cabeza. Los viejos y deteriorados edificios fueron demolidos y sustituidos por nuevas construcciones.

Al mismo tiempo, las autoridades municipales dejaron de invertir en los barrios más desfavorecidos, debido a la crisis económica que vivía el país en el periodo. En una actitud, mezcla de segregación racial y de conservadurismo económico, los inversores privados, los bancos y las aseguradoras evitaron al máximo el contacto con los habitantes y con los barrios del Bronx Sur, lo que se tradujo en una falta de actividad absoluta. Las redes urbanas quedaron rotas por completo: faltaba un sistema de transporte eficiente que acercase el barrio a la ciudad, convirtiéndolo en un mismo espacio urbano; la trama de relaciones vecinales también estaba fraccionada; el barrio era un “ghetto” incomunicado y cortocircuitado estructuralmente. A eso hay que añadir el desempleo y la falta de expectativas de sus habitantes. El grado máximo de locura llegó cuando muchos propietarios de los edificios de viviendas decidieron que les salía más rentable quemar las casas y cobrar el seguro que seguir manteniéndolas. Así llegó el Infierno al Bronx. Los incendios comenzaron en Harlem y avanzaron por todo Bronx Sur. La población pobre y miserable se realojaba en los edificios maltrechos y el caos se apropió del distrito. El Ayuntamiento de Nueva York, en aquel entonces escaso en medios dejaba que las casas ardieran, más preocupado con lo que pasara en los barrios ricos. El cénit de la decadencia urbana del Bronx lo marcaron las drogas y en concreto la heroina y el “crack”. El barrio se convirtió en un supermercado de la droga y en refugio de drogadictos. Así, la delincuencia, el miedo y la inseguridad fueron el rostro del día a día en el Bronx.

Imágenes del South Bronx de los 80 y algunas casas de la época que todavía sobreviven en 2007

Después de más de dos décadas después de aquellos años turbulentos, el Bronx se repone e intenta levantar cabeza. Trás el derribo de las barriadas enfermas y el desarrollo de planes institucionales de reconstrucción y realojo, la normalidad ha vuelto al distrito y surgen iniciativas emprendedoras que se proponen impulsar el desarrollo económico local.

El Bronx, en proceso de recuperación todavía, dice adiós a sus problemas como suburbio deprimido y dice hola alSoBro“. En la actualidad se ha acuñado el término SoBro (“South Bronx”), a modo de “marca”, mimetizándose con el de SoHo, “South of Houston Street” (al sur de la calle Houston) y en referencia a la zona del mismo nombre de la ciudad de Londres, haciendo como una especie de conjuro que borre los estigmas del pasado reciente.

Sin embargo, este renacer económico aparente, puede traer consigo un proceso de “aburguesamiento” o gentrificación, según el cual, si las zonas rahabilitadas adquieren cierto nivel de prestigio y de calidad de vida, atraeeran a la burguesía urbana del centro de la ciudad (Manhattan, -cuya vivienda alcanza precios imposibles-) y ésta poco a poco irá desplazando a la población que ya habita en la zona, que no podrá hacer frente al progresivo encarecimiento del barrio (como ocurrió en el SoHo, o en Williamsburg).
La historia del Bronx no es única y es el resultado de un proceso sociopolítico y socioeconómico. El Reino Unido vivió una experiencia parecida en la década de los 70-80, en la que se vieron afectadas ciudades como Glasgow en Escocia, Birmingham, Manchester, Liverpool, Newcastle, y el Este de Londres , en Inglaterra.

Nuevas viviendas en Melrose Commons (South Bronx). Se han construido más de 3000 casas, la mayoría unifamilires, para una población que ronda los 8000 habitantes en el barrio. También se han edificado bloques de pisos, pero todavía conviven los nuevos barrios con zonas que todavía no han sido saneadas.

Referencias.-

Gentrificación e inmigración
Juan Freire: Nómadas
El País
Fotos
Fotos2

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