Panaderías y lecherías del viejo Madrid

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Antigua tahona de San Blas nº 1. (Foto: CCIM, 1982)

Las panaderías y las lecherías abastecieron a la sociedad madrileña de tan nobles básicos productos. La escasez del pan o la subida de su precio originaba a menudo motines y revoluciones ciudadanas, acompañadas de caídas de ministros y de gobiernos, por lo que siempre fue un asunto presente en las agendas de la política de las instituciones.
En tiempos de Carlos III, el conocido motín de «Esquilache» tuvo su origen en el aumento del precio de los alimentos y en especial del pan.
En el «Fuero Viejo» de Madrid , un conjunto de normas escritas para administrar la vida local de la villa medieval de Madrid, concedidas en 1202 por el rey Alfonso VIII de Castilla, ya se establecieron normas relativas al peso de las piezas de pan que vendían los panaderos.

Las panaderías

Desde el siglo XIII fueron numerosas las disposiciones que regulaban al gremio de panaderos en las ordenanzas municipales de la villa de Madrid, especialmente en lo referido al peso, al tamaño y al precio de los panes.
En cuanto a la comercialización de la harina, desde el siglo XVI el Real Pósito de la Villa de Madrid, administraba en régimen de monopolio el suministro del cereal evitando el desabastecimiento e intentando regular los precios. Dejó de prestar servicio a finales del siglo XIX.

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Panadería. (Foto: CCIM, 1982)

Durante el siglo XIX las fluctuaciones del precio del pan en Madrid fueron constantes y la intervención del ayuntamiento y del gobierno no conseguía solucionar el problema del desabastecimiento. A consecuencia de estas crisis eran habituales los desórdenes sociales reclamando pan barato.
En 1802, como consecuencia del alto precio del pan se produjo una revuelta en el Rastro, en la que se incendiaron los puestos dedicados a su venta. Esta misma causa motivó en 1854 un motín de los vecinos de Lavapiés.
Ante la escasez de cereal, panaderos, tahoneros y corredores de grano especulaban, defraudando en el peso y en la calidad del producto. En esta época, además, las nuevas ordenanzas municipales, imbuidas en las corrientes librecambistas, permitieron la libertad de comercio, fabricación y venta del pan sin tasas, lo que no hizo, sino, agravar el problema.

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Panadería en la calle del Olmo nº 5. (Foto: CCIM, 1982)

En los primeros años del siglo XX, para intentar abaratar el precio del pan, hubo intentos de de municipalizar su fabricación de manera que las tahonas municipales ajustasen los precios, evitando el abuso de los tahoneros particulares.

En 1914 se produjo en Madrid la llamada «cuestión del pan». La subida del pan en el verano de ese año  provocó una sonada protesta  de las clases populares que tomó la forma de revueltas callejeras. En el barrio de la Prosperidad, por ejemplo,  algunas tahonas de la calle de López de Hoyos fueron asaltadas por grupos de mujeres y chiquillos , que de paso aprovecharon el momento y marcharon a la plaza exigiendo la rebaja de los precios de patatas y verduras.
Al mismo tiempo, junto con las disposiciones que regulaban la elaboración y venta del pan, se perfilaba la figura de los oficios relacionados con su fabricación, distinguiéndose tres grupos:
1. Tahonero, industrial con fábrica propia dedicado a elaborar pan diariamente, en uno o varios despachos. Muchos de estos vinieron de Francia durante los siglos XVII al XIX y se instalaron en los barrios de Madrid, dedicándose a la elaboración de panes «de boca» o de lujo, de harina e trigo, que con el tiempo sustituyeron al pan de centeno y terminaron por ser aceptados por la sociedad madrileña.
En el siglo XIX también hubo muchos propietarios «indianos» que invirtieron el dinero ganado de la emigración en el negocio, y también gallegos, llegados a Madrid para trabajar, que aprendido el oficio acabaron por tener tahonas en propiedad.
2. Panadero, persona que vende el pan en puestos callejeros o despachos, empleados de tahona.
3. Hornero, tahonero especializado en panes de lujo, que no cocía pan a diario. Muchos suministraban a la Casa Real.

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Panadería, en la calle de la Fe nº 8. (Foto: CCIM, 1982)

En el siglo XVII el pan se vendía en Madrid por piezas, con unos pesos estipulados que podían ser «roscas«, «panecillos«, «alcachofas«, «francesillas«, etc., y eran distribuidas todas las mañanas por los propios tahoneros en los puestos callejeros, establecidos en cajones, situados principalmente en la Puerta del Sol y sus aledaños.
En ese periodo se fundó la Casa de la Panadería para regular el negocio. El edificio forma parte del conjunto de la Plaza Mayor de Madrid. En un principio, sus bajos albergaban la tahona principal de la Villa y el despacho de pan, y desde 1732 se establecieron los despachos del Peso Real y del Fiel Contraste.

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Antigua tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. Edificio del siglo XVIII en el que hubo una importante tahona que surtía de pan al barrrio de Lavapiés y que se mantuvo hasta los años ochenta del siglo XX. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Tipología panadería

Las panaderías de las que quedan registros descriptivos y gráficos eran todas de finales del siglo XIX y del primer cuarto del XX. Tipológicamente respondían a un patrón probablemente importado de Francia e Inglaterra, que variaba en la calidad de sus elementos ornamentales dependiendo de la localización de los establecimientos.
Como norma general de higiene y limpieza en el interior de las panaderías se estableció  el empleo de pintura al óleo en los techos y parte superior de las paredes, dejándose para el resto el azulejo y la baldosa para el suelo.

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Tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: CCIM, 1982)

El local era de forma regular con un mostrador y un pesebrón siempre de mármol. Las paredes podían tener alguna franja de color pintada o bien esmaltada en el azulejo, formando lacerías o temas florales típicos del Modernismo. Sobre el pesebrón podía haber un espejo y era habitual encontrar un reloj con caja de madera, que podía ser de péndulo, en alguna de las paredes.
El pavimento, por lo general de baldosa hidráulica, presentaba el típico dibujo geométrico de lacería o temas florales con color variado y fondo claro , muy habitual en las construcciones del siglo XIX.

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Panadería. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

En el exterior eran habituales las puertas de madera con cristales, con portalones o postigos también de madera. En la parte superior, encima de la puerta, se colocaba el rótulo pintado, bien sobre madera o sobre cristal, con una denominación genérica como «tahona«, «panadería» o «fábrica de pan«, y raras veces acompañada con alguna identificación propia tipo «Espiga de oro«. Habitualmente no había escaparate. (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

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Lecheria. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

Las lecherías

Aunque en la actualidad la leche se considera un alimento de primera necesidad, no sería hasta el primer o segundo cuarto del siglo XIX que la sociedad madrileña y española en general lo incluyese en su dieta diaria.
En el siglo XVI se inician en España las alusiones legislativas a la venta de leche y productos lácteos, que se resuelven ya en 1616, determinando el lugar donde deben ser vendidos.

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Lecheria. Fachada y pórtico. (Foto: CCIM, 1982)

En Madrid su venta se realizaba en las vaquerías, donde podía haber un número determinado de animales estabulados, o bien se surtían de leche que llegaba de pueblos cercanos. A veces también se vendía leche de cabra o de oveja.
Los animales procedían normalmente del norte de España, o se importaban de Holanda o Suiza. Las condiciones de mantenimiento de estos animales no contaban con ninguna garantía de salubridad, dependiendo de cada establecimiento, por lo que la higiene de la extracción y la calidad de la leche que se vendía directamente al consumidor era siempre una cuestión de azar.
Es probable que el negocio de las vaquerías comenzara en Madrid en el siglo XIX con la llegada de un conjunto de inmigrados procedentes del norte de España o de la antigua Castilla la Vieja, que instalaron el negocio y que siendo rentable se multiplicó por gran número de barrios.

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Lecheria de la calle de Buenavista nº 36. (Foto: CCIM, 1982)

Además de la vaquería, propiamente dicha, existía la lechería, donde exclusivamente se vendía el producto y algunos derivados lácteos como yogures, distribuidos por una central lechera, como Danone o Clesa.
A partir de 1965 las vaquerías desaparecen, pues se prohibe la venta de leche fresca no higienizada. Se mantienen las lecherías, que lentamente pierden sentido con la aparición de los comercios de alimentación general o los supermercados que les hacen una competencia incontestable.

Tipología lechería

La lechería era normalmente de pequeñas dimensiones. Solo aquellos locales que fueron vaquerías disponían de una trastienda de gran tamaño, pués conservaban el espacio de los primitivos establos .
Tenían un mostrador de mármol y muchas contaban también con una mesa, igualmente de mármol, junto a una pared, con sillas, recuerdo del tiempo en que siendo vaquería se podía consumir la leche en el local.
Las paredes estaban dispuestas a semejanza de las de las panaderías, con baldosas blancas en su totalidad o hasta media pared, luego rematadas con pintura al óleo, generalmente de color azul. Algunas veces los techos tenían molduras con motivos florales o geométricos. Excepcionalmente desarrollaban temas relacionados con el neoplateresco madrileño: medallones con bustos en perfil, mezclados con guirnaldas o lacerías pintadas.

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Lechería, Cascorro 17. Esta lechería tradicional en la zona de el Rastro constituye un ejemplo del modelo establecimiento de este tipo del Madrid tradicional de inicios del siglo XX, con con molduras,  guirnaldas y lacerías decorando las paredes. (Foto: CCIM, 1982)

En alguna de las paredes, detrás del mostrador era habitual que se colocara un gran espejo con marco de madera, con motivos diversos, que servía de elemento decorativo, ampliando el espacio, y como sistema de control de la clientela mientras el vendedor se daba la vuelta para elegir el producto solicitado. También era característico de las lecherías un pequeño lavabo, seguramente de la época de las vaquerías.
El acceso al local, cuya fachada podía recubrirse de marmol, se reducía a una puerta de madera acristalada, preferentemente de color verde.
Normalmente carecían de escaparates y el rótulo que anunciaba el local se podía pintar en madera o en cristal. Cuando la portada era de mármol las letras eran de latón dorado.
Algunas lecherías dilataron su existencia ampliando el negocio de los lácteos con el despacho de pan, en la época de las barras llamadas «pistolas«, que se fue extinguiendo a lo largo de la década de los setenta del siglo XX hasta desaparecer.
(Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

NOTA: De los negocios dedicados a panadería, despacho de pan o lechería que habían iniciado su actividad a principios del siglo XX  o incluso antes, ninguno cruzó  la frontera del siglo XXI.

A continuación sigue una escueta lista  de negocios que funcionaban en 1982. Ninguno de ellos existe en la actualidad. Aunque las lecherias  desaparecieron mucho antes, por razones evidentes ya mencionadas en el texto anterior, muchas tahonas se mantuvieron activas, vendiendo el pan a panaderías de barrios y también despachando directamente. La moda de los panes congelados y de las franquicias panaderas acabaron con el vetusto negocio. Curiosamente, en 2020, el negocio del pan tradicional, no sólo recupera las viejas fórmulas sino que ha generado una moda de consumo. Es posible que estemos en el renacimiento del arte panadero y de los establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de pan. Ahora, eso sí, mucho más sofisticados y también mucho más caro.   (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

Carlos Arniches 19 DERRIBADO
Buenavista 36,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Blas 1, REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Fé 8,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Arganzuela 21,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Olmo 5,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Mira el sol 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Rodas 1 DERRIBADO
Cañizares 3,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Carlos 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Ave María 41,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cascorro 17,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cardenal Silíceo 3 DERRIBADO

Referencias.-

Establecimientos tradicionales madrileños (Cuaderno III)
Edición Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rojo F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ediciones
Madrid, 2012 (5ª edición, 2019)

Librería médica Nicolás Moya. Calle de Carretas, 29 (Madrid)

La Librería Nicolás Moya es un establecimiento fundado, por Nicolás Moya, en 1862. Está situado en la calle Carretas, 29, muy cerca de la Puerta del Sol y de la Plaza Jacinto Benavente. En aquellos años estaban surgiendo, por ejemplo, las barriadas de la Prosperidad o la Guindalera, barrios paradigmáticos de la nueva periferia madrileña, surgida a partir del Ensanche de Carlos María de Castro de 1860.

«Pequeñeces importantes».

Vamos a hacer antítesis de términos con significados en apariencia opuestos pero que pueden ser complementarios .
Según la RAE, pequeñeces son : «cosas de poco momento y de leve importancia«, pero llegan a ser  importantes  si son : «convenientes o interesantes, o de mucha entidad o consecuencia«.

A partir de esta entrada veremos algunas pequeñeces importantes. Espacios urbanos, construcciones, edificaciones, comercios, bares, que tuvieron interés en la vida de la ciudad. En su momento, de exigua importancia, insuficiente para destacar,  pero, con el tiempo interesantes y,  más allá, consideradas de gran valor. La mayoría ya no existen y algunos sobreviven adaptados a los nuevos tiempos. Su valor lo testimonian las imágenes actuales y otras anteriores de cuando aquellas pequeñeces eran actuales.
La fotografía aporta el valor testimonial de la importancia de aquellos lugares aparentemente pequeños que ahora podemos calificar definitivamente como importantes.

Librería médica Nicolás Moya. Calle Carretas, 29_1980
Librería médica Nicolás Moya. Calle Carretas, 29 (1982).

Librería médica Nicolás Moya

La Librería Nicolás Moya es un emblemático establecimiento fundado, por Nicolás Moya, en 1862. Está situado en la calle Carretas, 29, muy cerca de la Puerta del Sol y de la Plaza Jacinto Benavente. Por situarnos temporalmente, en aquellos años estaban surgiendo, por ejemplo, barriadas como la Prosperidad o la Guindalera, barrios paradigmáticos de la nueva periferia madrileña, en una ciudad que disparaba su crecimiento, surgida a partir del Ensanche de Carlos María de Castro de 1860.

Originariamente la librería se especializaría en la venta de libros de Medicina, aunque con el paso de los años fue ampliando las áreas científicas o profesionales, como la Veterinaria, ganadería y agricultura, o la náutica.

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Librería médica Nicolás Moya. Calle Carretas, 29  en Madrid. (Foto: El mochilero gráfico, 2015)

Inaugurada en octubre de 1862 por el señor Nicolás Moya, abrió con la intención de vender solo libros médicos.  Pero Nicolás Moya quiso ampliar el espectro y añadió volúmenes de otras ciencias que se alimentaban en las tertulias de eruditos que acudían a su trastienda. Uno de sus más asiduos visitantes fue el Premio Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal Fue precisamente Nicolás Moya quien editó y publicó toda su obra.

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Librería Nicolás Moya, en el número 29 de la calle de Carretas. En el escaparate anuncian la liquidación de sus fondos por «cese de actividad». (Foto: ULY MARTIN, El País, 2019)

NOTA (21/01/2019): La librería Moya, ante la imposibilidad de seguir vendiendo libros por falta de clientes, ha anunciado la «liquidación total por cese de actividad».

Referencias.-

Esta es la historia de la librería más antigua de Madrid (Revista GQ, 11 /mayo/2015)

Librería médica Nicolás Moya. Calle Carretas, 29 (El mochilero gráfico, 18 abril, 2015)

Librería Nicolás Moya, páginas de ciencia centenaria (Expansión, 7 de marzo de 2018)

VV. AA.
Establecimientos tradicionales madrileños. Cuaderno III
Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rojo Escobar, Enrique F.
La prosperidad. 1862-2012
Temporae Ediciones
Madrid, 2012

La librería Nicolás Moya echa el cierre (El País, 21/Enero/2019)

 

Cine Callao de Ferrol (1935)

Construido en 1935, el cine Callao de Ferrol fue un moderno cinematógrafo, polivalente, que podía albergar representaciones teatrales y espectáculos diversos.

Cine Callao (1935)

Construido en 1935, el cine Callao de Ferrol fue un moderno cinematógrafo, polivalente, que podía albergar representaciones teatrales y espectáculos diversos. Constaba de sótano, plantas baja y primera dedicadas a cine, y terraza que se utilizaba para proyecciones y para bailes y festivales al aire libre cuando el inestable verano ferrolano lo permitía.

Cine Callao
Cine Callao de Ferrol, alzado. El cine tenía capacidad para 1.000 espectadores repartidos en «21 filas de 24 butacas cada una, 13 palcos, anfiteatro y grada».

Ferrol-Cine CallaoEl Cine Callao de Ferrol, edificio de gran singularidad, especialmente dentro de la producción del arquitecto municipal Rodolfo Ucha Piñeiro, posiblemente se inspirase en los diseños racionalistas del madrileño Luis Gutiérrez Soto, que ya había proyectado varios cines en la capital española (Callao, Europa y Barceló).

Su aspecto, de deliberado carácter Art Déco, constituyó uno de los edificios más efectistas de la ciudad cumpliendo su función de servir de reclamo para el espectáculo que siempre albergaban sus paredes. Para ello, la torre-faro a modo de alminar o minarete, destacaba en el skyline y llamaba al pagano disfrute del séptimo arte. Este reclamo simbolizaba también la torre del faro que proyecta una luz, en este caso la del proyector, que abría la ciudad al resto del mundo con sus películas, las cuales transladaban el mundo en imágenes a los espectadores.

El Cine Callao representó -en palabras del profesor  de historia del arte Bernardo Castelo Álvarez – «el emblema más genuino del cosmopolitismo de Ferrol del momento, al integrarse dentro de la corriente general de construcción de grandes cinematógrafos que, tanto en España como en los restantes paises europeos y, muy especialmente, en Norteamérica se erigían en las ciudades para acoger, pero también para simbolizar, al gran espectáculo popular contemporáneo que era el cine«.

Por desgracia, el edificio fue víctima de la ambición especulativa y del interés inmobiliario, alimentado por la ignorancia y por el desdén hacia la historia mostrado por las autoridades locales, que no solo nada hicieron por impedir su demolición, sino que más bien lo facilitaron. Se derribó en 1976 para construir oficinas y una sucursal bancaria, en un edificio de dudoso gusto, infame aunque muy de su época, que rompió por completo con la armonía de la calle y de la ciudad.

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Cine Callao, dibujo a mano alzada de Rodolfo Ucha Piñeiro (1935).
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Planos planta del Cine Callao de Ferrol (1935).

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Plaza de Callao, en Ferrol. Este edificio ocupa el lugar donde estuvo el cine Callao, derribado en 1976. (Foto: Google Maps©2017 Google)

Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula

El 22 de febrero de 1912 se creó la “Fundación Hospital de San Francisco de Paula” para asistencia sanitaria gratuita a jornaleros pobres y enfermos, residentes en Madrid o en sus arrabales.
El hospital de jornaleros se inauguró en 1916. Su fundadora fue Dña. Dolores Romero y Arano, viuda de Curiel.
El 23 de septiembre de 1986 se inaugura el edificio restaurado como Consejería de Política Territorial de la Comunidad Autónoma de Madrid, posteriormente dedicado a alojar dependencias para la Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras.
En el año 1997 el conjunto fue incluido en el catálogo de edificios protegidos con el grado de protección especial en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (PGOUM).

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Madrid, Hospital obrero
Hospital de Jornaleros, 1930.

Fundación Hospital de San Francisco de Paula

El 22 de febrero de 1912 se creó la “Fundación Hospital de San Francisco de Paula” para asistencia sanitaria gratuita a jornaleros pobres y enfermos, residentes en Madrid o en sus arrabales.
El hospital se inauguró en 1916, aunque hasta el 17 de noviembre de 1917 no obtuvo la autorización gubernativa para entrar en funcionamiento. Su fundadora Dña. Dolores Romero y Arano, viuda de Curiel, cedió la administración a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y más adelante a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul. El precio de la obra fue de cuatro millones de pesetas a los que se hubo de sumar otros cinco millones más para su mantenimiento, todos ellos aportados en donación por la filantrópica fundadora, Dolores Romero y Arano.

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Hospital de Jornaleros, vista oriental.

Hospital de jornaleros de Maudes, el edificio

En 1908 el arquitecto Antonio Palacios Ramilo recibía el encargo de la construcción del edificio que se emplazaría en Cuatro Caminos, uno de los suburbios más poblados de Madrid. Junto a él participaría el también arquitecto Joaquín Otamendi Machimbarrena, ambos ligados profesionalmente a otros importantes proyectos comunes realizados en la capital. En 1916, acabada la obra fue Premio del Ayuntamiento.

El Hospital de Jornaleros, de 13.891 m² de superficie, es un interesante ejemplo de arquitectura preindustrial de estilo ecléctico, con elementos historicistas medievalistas y modernistas de secesión vienesa.
A diferencia de lo habitual para este tipo de instituciones, que era el uso del ladrillo recocho como material principal, su construcción se realizó enteramente en granito de Colmenar con gran profusión en el uso de azulejos cerámicos tanto en el interior como en las fachadas donde se intercala superpuesta a la piedra.

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Hospital de Jornaleros. Alzado fachada principal norte, 1990.

El hospital, que ocupa una manzana entera del Plan Castro del Ensanche, se organiza según un esquema típico en este tipo de edificios en la época: cuatro naves en cruz, con un patio central octogonal y una galería que la rodea, en lugar de la capilla habitual. En este caso, la iglesia se situó en un extremo con entrada por la fachada principal que da al norte en el antiguo paseo de Ronda, hoy Raimundo Fernández Villaverde.
El proyecto contemplaba grandes ventanales para las salas por donde entraba la luz sin obstáculos y se favorecía la ventilación, al tiempo que su diseño en cruz minimizaba los desplazamientos por el edificio.

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Planta sótano, nuevo acceso principal, 2000.

Las salas y pabellones

Aparte de la iglesia, el hospital estaba dotado, con entrada por la fachada sur, de un pabellón médico de tres alturas para los servicios de consulta pública, las dependencias administrativas, despachos, habitaciones particulares del director facultativo, laboratorios, almacenes, cocina y depósitos varios que se repartían por las diferentes plantas.
Las salas de enfermería, parte fundamental del edificio, se situaban en los pabellones que formaban las aspas y que desembocaban en el gran patio central. En estos cuatro amplios pabellones con capacidad para 200 camas distribuidas en dos plantas, se internaba a los enfermos y en sus extremos se situaron los comedores, los servicios higiénicos y almacenes.

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Planta baja, mirando al sur, dibujo de 2000.

 

En las fachadas este y oeste se situaron dos pabellones independientes. El primero de ellos, de una sola planta y sótano, rodeado de un patio, estaba dedicado a los enfermos infecciosos en régimen de aislamiento con capacidad para 12 camas. Albergaba también el depósito de cadáveres, la sala de autopsias y una pequeña sala para velatorios. El acceso al edificio central se podía realizar por un largo corredor subterráneo, lo que confería discrecionalidad en el traslado de los cadáveres. Al mismo tiempo, disponía de un acceso por la calle Alenza que igualmente obraba en este sentido.

El otro pabellón, de una planta y simétrico al anterior, estaba dedicado a sala de operaciones, enfermería y consulta pública, con una entrada por la calle de Treviño, con sala de espera, cuartos de baño y sala de consulta.

La Guerra Civil

Durante la Guerra Civil fue hospital de sangre, de manera que la mayor parte de los internos eran heridos de guerra, es decir, soldados heridos en el frente.
Nada más comenzar la guerra, en el verano de 1936, el hospital atendió a los heridos en los enfrentamientos, tanto sublevados como soldados y milicianos que defendían el gobierno republicano.

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Hospital de Maudes. Consulta de odontología, 1936. (Foto: Baldomero hijo /AGA, 1936)

En julio de 1937 el Socorro Rojo Internacional (S.R.I.) se incautó del hospital ayudado por el Quinto Regimiento de las Milicias Populares, fuerzas de milicianos que defendían el gobierno constitucional, muchos de ellos vecinos de la barriada de Cuatro Caminos.
Según parece, después de la incautación, la propietaria del hospital, Dña. Dolores Romero y Arano, accedió a entregar el centro para el nuevo uso. Sin perder su original filosofía fundacional, el antiguo hospital de jornaleros pasó a formar parte de la red de “hospitales de sangre” creada como engranaje del sistema sanitario del gobierno republicano especialmente dedicada a los heridos de la guerra civil. El antiguo hospital obrero se refundó como Hospital de Milicias del S. R. I.

Hospital de Urgencias de Madrid (1939-1964)

Nada más acabada la guerra civil el ejército planteó la necesidad de establecer en el centro de Madrid un hospital militar de urgencia especializado en atender a los heridos, afectados y enfermos en la guerra con secuelas en el periodo de posguerra.
El 7 de abril de 1939 –el último parte de la guerra civil española lo firmó el general Francisco Franco el 1 de abril de 1939-, después de entrar en Madrid el ejército sublevado, se ocupó el hospital de Maudes, en ese momento denominado Hospital nº 5 de Especialidades, incorporándose nuevos equipos quirúrgicos. Se amplió su capacidad a 300 camas, reservándose 50 para oficiales, y se modificó el nombre por el de Hospital Militar de Urgencias.

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Hospital de Maudes. Sala de enfermería durante la Guerra Civil. (Foto: Baldomero hijo /AGA, 1936)

 

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Hospital de Maudes. Sala de enfermería durante la Guerra Civil. (Foto: Baldomero hijo/AGA, 1936)

 

Edificio abandonado

Durante el periodo de guerra el edificio mantuvo su carácter original sin perder su funcionalidad. Es de suponer que durante la utilización de las instalaciones por las milicias populares estuvo en pleno funcionamiento pues en la ocupación por las fuerzas rebeles se testimonia que el centro estaba en perfecto estado. Más aún, durante los bombardeos del frente en el sector occidental de Madrid, a pesar de que algunos edificios de la avenida de Reina Victoria sufrieron algún tipo de daño, el hospital parece ser que resulto indemne.

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Galería del hospital abandonada. Desde 1964 el edificio quedó abandonado, vacío, sin protección y expuesto al expolio.

Durante los años 40, 50 y 60 del siglo pasado se realizan diferentes obras de mantenimiento, al tiempo que se decide mantener el nombre del hospital como Hospital Militar de Especialidades. No obstante, los gastos parece que siempre se observaron con cierto recato, ya que formalmente el edificio no era del Ejército y en algún momento habría que devolverlo a su Fundación propietaria.

En diciembre de 1964 el Ejército devolvió el Hospital a la Fundación. En Maudes solo permanecieron algunas de las hermanas de las Hijas de la Caridad, que desde entonces estuvieron atendiendo el local hasta 1968.
Desde esa fecha hasta la compra por la Comunidad de Madrid el edificio quedó abandonado, vacío, sin protección y expuesto al expolio, como así ocurrió.

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Hospital de Jornaleros, gran patio central  antes de su rehabilitación, 1984.

La restauración y la rehabilitación

En 1964 el patronato de la Fundación obtuvo del Ejército una indemnización millonaria, a la vez que en 1979 obtuvo la protección como bien cultural y arquitectónico (BIC) catalogándose como “edificio o conjunto arquitectónico a conservar”.

La Comunidad Autónoma de Madrid compró el edificio el día 3 de julio de 1984. Se modificaron los estatutos de la Fundación, cambiando sus fines, la dedicación del edificio para otras actividades y su enajenación.

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Hospital de Jornaleros antes de su reuperación. Antiguo acceso por la calle Maudes, 1984.

Previamente se habían vivido en torno al futuro del edificio un conjunto de manifestaciones por parte de asociaciones vecinales como “El Organillo” o “Cuatro Caminos-Tetuán”, en una campaña cuyo lema “Salvad Mudes”, seguramente evitó que la construcción desapareciera por gracia de los intereses especulativos.

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Hospital de Jornaleros. Excavación y cimentación en los nuevos sótanos.
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Hospital de Jornaleros. Construcción de los forjados en los nuevos sótanos.

En 1984 se aprobó la rehabilitación del edificio por un total de 439.200.000 pesetas (2.639.645 €). El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Fernando de Castro y Andrés Perea, quienes realizaron una recuperación conservadora del edificio readaptándolo a los nuevos usos administrativos.
En el nivel estructural se actuó según el criterio de mera reparación, restaurando los elementos deteriorados y añadiendo algunos que originalmente se remataron de manera inconclusa por lo ajustado del presupuesto.

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Antiguo pabellón de aislamiento con fachada a la calle de Alenza. La fuente estaba originalmente en el primitivo acceso de Maudes (Foto: Enrique F. Rojo, 2015).
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Hospital de Jornaleros. Gran patio central (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)
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Hospital de Jornaleros, escalera interior (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

En la rehabilitación se resolvieron necesidades requeridas por la nueva función pública del edificio, facilitándose elementos como la accesibilidad o la del ambiente. Para ello, la entrada original de la calle de Maudes se modificó, eliminando el primer tramo de la escalera original y sustituyéndolo por una puerta acristalada. De este modo el acceso se realiza actualmente al nivel de la calle por una nueva planta inferior en cuyo centro se sitúa un lucernario en el lugar donde antes había una fuente.
Entre las necesidades del nuevo uso estaba la de adecuar espacios para archivos y almacenes, lo que se consiguió excavando nuevos espacios debajo de las alas y del patio.
En total esas excavaciones supusieron 1.700  de nueva superficie construida que se añadieron a los 11.687  m² que ya tenía el edificio sin contar con la iglesia y sus dependencias.

Hospital de Maudes Fachada interior y mosaico
Hospital de Maudes. Fachada interior con friso de azulejos del ceramista Daniel Zuloaga.
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Hospital de Jornaleros. Detalle de azulejos sevillanos en el interior del edificio.
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Hospital de Jornaleros. Detalle de azulejos sevillanos en el interior del edificio.
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Hospital de Jornaleros. Detalle de azulejos sevillanos en el interior del edificio.

El 23 de septiembre de 1986 se inaugura el edificio restaurado como Consejería de Política Territorial de la Comunidad Autónoma de Madrid, posteriormente dedicado a alojar dependencias para la Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras.

  Desde el año 1997 el conjunto está incluido en el catálogo de edificios protegidos con el grado de protección especial Norma zonal 1, grado 5 en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid (PGOUM).

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Antiguo Hospital de Jornaleros, ahora Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid. (Foto: Enrique F. Rojo, 2016)

 

Referencias.-

Ciudad Jiménez, Agustina
El hospital de Maudes
La adaptación de un edificio a través de la historia:
De hospital de jornaleros a monumento histórico-artístico
Secretaría General Técnica
Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes
2001, Comunidad de Madrid

VV.AA.
Un monumento recuperado
La rehabilitación del Hospital de Jornaleros de Maudes
Consejería de Política Territorial
1990, Comunidad Autónoma de Madrid

Revista La Ilustración Artística nº 1.801, página 439 (Barcelona 3 de julio de 1916)
Hemeroteca Digital BNE

La Construcción Moderna nº16, páginas 125-26 (Madrid 30 de agosto de 1912)
Hemeroteca Digital BNE

Wikipedia, artículo Hospital de Maudes

Antonio Palacios, el arquitecto que imaginó el centro de Madrid (El País, 25/05/2016)

El hospital de Maudes cumple 100 años (Rafael Fraguas, El País 27/05/2016)

Arquitectura de Madrid
Artículo Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula
Fundación Arquitectura COAM

Salón Moderno, antiguo cine de la Prosperidad (Madrid)

Antiguo Salón Moderno, luego cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine a finales de los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones y bautizos. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva propuesta ligada a las nuevas modas sociales. Holiday Gym se llama ahora.

Antiguo Cine Moderno en López de Hoyos
Antiguo Salón Moderno, luego cine López de Hoyos. Cuando cerró se convirtió en un salón de bodas y banquetes. Hoy es un gimnasio. (Foto: Blog Eloy Peña Rico)

El Salón

El antiguo Salón Moderno, López de Hoyos nº 71, se inauguró en 1924 a partir de un proyecto de 1921 del arquitecto Luis Mosteiro Canas. Contaba con 9 filas de 26 butacas de preferencia y 22 filas de 28 butacas de general, separadas por barandas de fundición, además de 5 palcos.
En 1933 el precio de la primera sesión, a las cuatro y media, era de 50 céntimos, y de una peseta las sesiones vespertina y de noche. Además de la función de cinematógrafo, el Salón Moderno también se utilizaba para la celebración de actos públicos de asociaciones vecinales y benéficas, y como sala de baile, especialmente en Carnavales. Como el baile de máscaras que tuvo lugar el 17 de febrero de 1934, con orquesta desde las 10 de la noche hasta la madrugada, al precio de 2 pesetas los caballeros. Las señoras entraban gratis.

Antes del cine: un almacén de maderas

Maderas Parrondo
Maderas y carbones Parrondo (c. 1920).

En el solar que ocupa el edificio hubo anteriormente un almacén de maderas y carbones construido seguramente a finales del siglo XIX o inicios del XX, y que debió de surtir de material a las nuevas construcciones de la incipiente barriada de la Prosperidad y de leña y carbón a los vecinos que ya habitaban el suburbio. Casualmente, se encontraba justo en frente de la recién construida residencia religiosa del Sagrado Corazón y de Villa Casilda, primera vivienda de un conjunto de hotelitos que se agruparon creando una singular y elegante manzana, cuyo vestigio es precisamente esta casa, la única que no se ha derribado.

Cine López de Hoyos

En torno a 1953 el cine Moderno desaparece y un año después abre con el nuevo nombre de cine López de Hoyos, con un total de 1291 localidades, funcionando como cine de barrio de sesión continua desde las 5 de la tarde.

General Zabala 1920
«Villa Casilda», en frente al primitivo almacén de maderas, construida entre 1893 y 1894.

En 1987, debido a la grave crisis que afectó a las salas de exhibiciones cinematográficas en toda España, el cine causó baja en el Registro de Empresas Cinematográficas, aunque hacía ya algunos años que había cerrado y el local se encontraba sin actividad.

Cambio de actividad

Hasta 1990, aproximadamente, no volvió a utilizarse el recinto, esta vez como salón de bodas y bautizos por parte del grupo Lady Ana. Se realizarían obras de reforma para adaptar el cine a su nuevo uso, eliminando mobiliario, suelos y tabicados ya inservibles. Se mantuvieron algunos elementos, como la fachada, marquesina y la escalera principal de mármol, protegidos por ley dada la singularidad y el interés del edificio.

Cine López de Hoyos, 2007
Antiguo Salón Moderno, luego cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine a finales de los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones y bautizos. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva propuesta ligada a las nuevas modas sociales. Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007

En 2001, tras el cierre del salón de bodas, se realizó una nueva reforma para convertir el antiguo cine en un mega-gimnasio de la cadena Holiday Gym, actividad que todavía se sigue realizando.

Como curiosidad, el salón de bodas cerró el local de López de Hoyos 71, aunque mantuvo otro más pequeño en la calle Mantuano nº 4, que también acabaría cerrando. En ambos locales se puede ver grabada en la fachada un gran logotipo de la empresa en elegante y artificiosa tipografía con las letras L y A encerradas en una especie de escudo, lo que a veces causa entre aquellos que desconocen la historia del edificio cierta perplejidad.

Cerillas como recordatorio de una boda en Lady Ana, c. 1993.
Cerillas como  recordatorio de una boda  en Lady Ana, c. 1993.

Referencias.-

F. Rojo, Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ed.
Madrid, 2012

VV.AA.
Arquitectura de Madrid
Fundación COAM
Madrid, 2003

Una manzana singular de la Prosperidad
(Blog Urban Idade)