Panaderías y lecherías del viejo Madrid

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Antigua tahona de San Blas nº 1. (Foto: CCIM, 1982)

Las panaderías y las lecherías abastecieron a la sociedad madrileña de tan nobles básicos productos. La escasez del pan o la subida de su precio originaba a menudo motines y revoluciones ciudadanas, acompañadas de caídas de ministros y de gobiernos, por lo que siempre fue un asunto presente en las agendas de la política de las instituciones.
En tiempos de Carlos III, el conocido motín de «Esquilache» tuvo su origen en el aumento del precio de los alimentos y en especial del pan.
En el «Fuero Viejo» de Madrid , un conjunto de normas escritas para administrar la vida local de la villa medieval de Madrid, concedidas en 1202 por el rey Alfonso VIII de Castilla, ya se establecieron normas relativas al peso de las piezas de pan que vendían los panaderos.

Las panaderías

Desde el siglo XIII fueron numerosas las disposiciones que regulaban al gremio de panaderos en las ordenanzas municipales de la villa de Madrid, especialmente en lo referido al peso, al tamaño y al precio de los panes.
En cuanto a la comercialización de la harina, desde el siglo XVI el Real Pósito de la Villa de Madrid, administraba en régimen de monopolio el suministro del cereal evitando el desabastecimiento e intentando regular los precios. Dejó de prestar servicio a finales del siglo XIX.

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Panadería. (Foto: CCIM, 1982)

Durante el siglo XIX las fluctuaciones del precio del pan en Madrid fueron constantes y la intervención del ayuntamiento y del gobierno no conseguía solucionar el problema del desabastecimiento. A consecuencia de estas crisis eran habituales los desórdenes sociales reclamando pan barato.
En 1802, como consecuencia del alto precio del pan se produjo una revuelta en el Rastro, en la que se incendiaron los puestos dedicados a su venta. Esta misma causa motivó en 1854 un motín de los vecinos de Lavapiés.
Ante la escasez de cereal, panaderos, tahoneros y corredores de grano especulaban, defraudando en el peso y en la calidad del producto. En esta época, además, las nuevas ordenanzas municipales, imbuidas en las corrientes librecambistas, permitieron la libertad de comercio, fabricación y venta del pan sin tasas, lo que no hizo, sino, agravar el problema.

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Panadería en la calle del Olmo nº 5. (Foto: CCIM, 1982)

En los primeros años del siglo XX, para intentar abaratar el precio del pan, hubo intentos de de municipalizar su fabricación de manera que las tahonas municipales ajustasen los precios, evitando el abuso de los tahoneros particulares.

En 1914 se produjo en Madrid la llamada «cuestión del pan». La subida del pan en el verano de ese año  provocó una sonada protesta  de las clases populares que tomó la forma de revueltas callejeras. En el barrio de la Prosperidad, por ejemplo,  algunas tahonas de la calle de López de Hoyos fueron asaltadas por grupos de mujeres y chiquillos , que de paso aprovecharon el momento y marcharon a la plaza exigiendo la rebaja de los precios de patatas y verduras.
Al mismo tiempo, junto con las disposiciones que regulaban la elaboración y venta del pan, se perfilaba la figura de los oficios relacionados con su fabricación, distinguiéndose tres grupos:
1. Tahonero, industrial con fábrica propia dedicado a elaborar pan diariamente, en uno o varios despachos. Muchos de estos vinieron de Francia durante los siglos XVII al XIX y se instalaron en los barrios de Madrid, dedicándose a la elaboración de panes «de boca» o de lujo, de harina e trigo, que con el tiempo sustituyeron al pan de centeno y terminaron por ser aceptados por la sociedad madrileña.
En el siglo XIX también hubo muchos propietarios «indianos» que invirtieron el dinero ganado de la emigración en el negocio, y también gallegos, llegados a Madrid para trabajar, que aprendido el oficio acabaron por tener tahonas en propiedad.
2. Panadero, persona que vende el pan en puestos callejeros o despachos, empleados de tahona.
3. Hornero, tahonero especializado en panes de lujo, que no cocía pan a diario. Muchos suministraban a la Casa Real.

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Panadería, en la calle de la Fe nº 8. (Foto: CCIM, 1982)

En el siglo XVII el pan se vendía en Madrid por piezas, con unos pesos estipulados que podían ser «roscas«, «panecillos«, «alcachofas«, «francesillas«, etc., y eran distribuidas todas las mañanas por los propios tahoneros en los puestos callejeros, establecidos en cajones, situados principalmente en la Puerta del Sol y sus aledaños.
En ese periodo se fundó la Casa de la Panadería para regular el negocio. El edificio forma parte del conjunto de la Plaza Mayor de Madrid. En un principio, sus bajos albergaban la tahona principal de la Villa y el despacho de pan, y desde 1732 se establecieron los despachos del Peso Real y del Fiel Contraste.

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Antigua tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. Edificio del siglo XVIII en el que hubo una importante tahona que surtía de pan al barrrio de Lavapiés y que se mantuvo hasta los años ochenta del siglo XX. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Tipología panadería

Las panaderías de las que quedan registros descriptivos y gráficos eran todas de finales del siglo XIX y del primer cuarto del XX. Tipológicamente respondían a un patrón probablemente importado de Francia e Inglaterra, que variaba en la calidad de sus elementos ornamentales dependiendo de la localización de los establecimientos.
Como norma general de higiene y limpieza en el interior de las panaderías se estableció  el empleo de pintura al óleo en los techos y parte superior de las paredes, dejándose para el resto el azulejo y la baldosa para el suelo.

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Tahona y panadería en la calle de Rodas nº 1. En 2008 el estado de abandono del edificio, que amenazaba ruina y los negocios especulativos de los promotores afines al poder municipal determinaron su derribo en 2011. (Foto: CCIM, 1982)

El local era de forma regular con un mostrador y un pesebrón siempre de mármol. Las paredes podían tener alguna franja de color pintada o bien esmaltada en el azulejo, formando lacerías o temas florales típicos del Modernismo. Sobre el pesebrón podía haber un espejo y era habitual encontrar un reloj con caja de madera, que podía ser de péndulo, en alguna de las paredes.
El pavimento, por lo general de baldosa hidráulica, presentaba el típico dibujo geométrico de lacería o temas florales con color variado y fondo claro , muy habitual en las construcciones del siglo XIX.

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Panadería. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

En el exterior eran habituales las puertas de madera con cristales, con portalones o postigos también de madera. En la parte superior, encima de la puerta, se colocaba el rótulo pintado, bien sobre madera o sobre cristal, con una denominación genérica como «tahona«, «panadería» o «fábrica de pan«, y raras veces acompañada con alguna identificación propia tipo «Espiga de oro«. Habitualmente no había escaparate. (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

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Lecheria. Fachada y letrero. (Foto: CCIM, 1982)

Las lecherías

Aunque en la actualidad la leche se considera un alimento de primera necesidad, no sería hasta el primer o segundo cuarto del siglo XIX que la sociedad madrileña y española en general lo incluyese en su dieta diaria.
En el siglo XVI se inician en España las alusiones legislativas a la venta de leche y productos lácteos, que se resuelven ya en 1616, determinando el lugar donde deben ser vendidos.

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Lecheria. Fachada y pórtico. (Foto: CCIM, 1982)

En Madrid su venta se realizaba en las vaquerías, donde podía haber un número determinado de animales estabulados, o bien se surtían de leche que llegaba de pueblos cercanos. A veces también se vendía leche de cabra o de oveja.
Los animales procedían normalmente del norte de España, o se importaban de Holanda o Suiza. Las condiciones de mantenimiento de estos animales no contaban con ninguna garantía de salubridad, dependiendo de cada establecimiento, por lo que la higiene de la extracción y la calidad de la leche que se vendía directamente al consumidor era siempre una cuestión de azar.
Es probable que el negocio de las vaquerías comenzara en Madrid en el siglo XIX con la llegada de un conjunto de inmigrados procedentes del norte de España o de la antigua Castilla la Vieja, que instalaron el negocio y que siendo rentable se multiplicó por gran número de barrios.

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Lecheria de la calle de Buenavista nº 36. (Foto: CCIM, 1982)

Además de la vaquería, propiamente dicha, existía la lechería, donde exclusivamente se vendía el producto y algunos derivados lácteos como yogures, distribuidos por una central lechera, como Danone o Clesa.
A partir de 1965 las vaquerías desaparecen, pues se prohibe la venta de leche fresca no higienizada. Se mantienen las lecherías, que lentamente pierden sentido con la aparición de los comercios de alimentación general o los supermercados que les hacen una competencia incontestable.

Tipología lechería

La lechería era normalmente de pequeñas dimensiones. Solo aquellos locales que fueron vaquerías disponían de una trastienda de gran tamaño, pués conservaban el espacio de los primitivos establos .
Tenían un mostrador de mármol y muchas contaban también con una mesa, igualmente de mármol, junto a una pared, con sillas, recuerdo del tiempo en que siendo vaquería se podía consumir la leche en el local.
Las paredes estaban dispuestas a semejanza de las de las panaderías, con baldosas blancas en su totalidad o hasta media pared, luego rematadas con pintura al óleo, generalmente de color azul. Algunas veces los techos tenían molduras con motivos florales o geométricos. Excepcionalmente desarrollaban temas relacionados con el neoplateresco madrileño: medallones con bustos en perfil, mezclados con guirnaldas o lacerías pintadas.

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Lechería, Cascorro 17. Esta lechería tradicional en la zona de el Rastro constituye un ejemplo del modelo establecimiento de este tipo del Madrid tradicional de inicios del siglo XX, con con molduras,  guirnaldas y lacerías decorando las paredes. (Foto: CCIM, 1982)

En alguna de las paredes, detrás del mostrador era habitual que se colocara un gran espejo con marco de madera, con motivos diversos, que servía de elemento decorativo, ampliando el espacio, y como sistema de control de la clientela mientras el vendedor se daba la vuelta para elegir el producto solicitado. También era característico de las lecherías un pequeño lavabo, seguramente de la época de las vaquerías.
El acceso al local, cuya fachada podía recubrirse de marmol, se reducía a una puerta de madera acristalada, preferentemente de color verde.
Normalmente carecían de escaparates y el rótulo que anunciaba el local se podía pintar en madera o en cristal. Cuando la portada era de mármol las letras eran de latón dorado.
Algunas lecherías dilataron su existencia ampliando el negocio de los lácteos con el despacho de pan, en la época de las barras llamadas «pistolas«, que se fue extinguiendo a lo largo de la década de los setenta del siglo XX hasta desaparecer.
(Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

NOTA: De los negocios dedicados a panadería, despacho de pan o lechería que habían iniciado su actividad a principios del siglo XX  o incluso antes, ninguno cruzó  la frontera del siglo XXI.

A continuación sigue una escueta lista  de negocios que funcionaban en 1982. Ninguno de ellos existe en la actualidad. Aunque las lecherias  desaparecieron mucho antes, por razones evidentes ya mencionadas en el texto anterior, muchas tahonas se mantuvieron activas, vendiendo el pan a panaderías de barrios y también despachando directamente. La moda de los panes congelados y de las franquicias panaderas acabaron con el vetusto negocio. Curiosamente, en 2020, el negocio del pan tradicional, no sólo recupera las viejas fórmulas sino que ha generado una moda de consumo. Es posible que estemos en el renacimiento del arte panadero y de los establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de pan. Ahora, eso sí, mucho más sofisticados y también mucho más caro.   (Ver: Ana María Gimeno, Panaderías y lecherías en Establecimientos tradicionales madrileños, Cuaderno III)

Carlos Arniches 19 DERRIBADO
Buenavista 36,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Blas 1, REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Fé 8,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Arganzuela 21,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Olmo 5,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Mira el sol 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Rodas 1 DERRIBADO
Cañizares 3,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
San Carlos 4,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Ave María 41,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cascorro 17,  REFORMA Y CAMBIO DE NEGOCIO
Cardenal Silíceo 3 DERRIBADO

Referencias.-

Establecimientos tradicionales madrileños (Cuaderno III)
Edición Cámara de Comercio e Industria de Madrid
Madrid, 1982

Rojo F. Enrique
La Prosperidad, 1862-2012
Temporae Ediciones
Madrid, 2012 (5ª edición, 2019)

«Casa García-Mastral», calle de Raimundo Fdez. Villaverde nº 67 (Madrid, 1925)

En torno a 1920 el matrimonio García-Mastral, Pascuala y Enrique, ella procedente de Longares, en Zaragoza, y él de Madrid, después de haber adquirido una modesta parcela en los terrenos denominados de «García Montero» en el término municipal de Chamartín de la Rosa, junto a la Ronda del ensanche, y casi enfrente del hipódromo de la Castellana, comenzó la construcción de la casa, que hasta su derribo, sería su casa familiar.

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Casa García-Mastral en Raimundo Fernández Villaverde nº 67 (1968). Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro de igual factura. La simetría de la fachada original mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos cada uno para acceso y escaparates.

En torno a 1920 el matrimonio García-Mastral, Pascuala y Enrique, ella procedente de Longares, en Zaragoza, y él de Madrid, después de haber adquirido una modesta parcela en los terrenos denominados de «García Montero» en el término municipal de Chamartín de la Rosa, junto a la Ronda del ensanche, y casi enfrente del hipódromo de la Castellana, comenzó la construcción de la casa, que hasta su derribo, sería su casa familiar.

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Sección del plano de Facundo Cañada de 1902. Se observa el tramo de la ronda del Ensanche o paseo de Ronda a la altura del hipódromo de la Castellana. En amarillo se muestra el lugar donde en 1925 se construyó la casa García-Mastral.

Construcción de la casa

Pudo ser una soleada mañana de junio de 1925. Enrique había sido joyero y emigró a Ginebra para trabajar como electricista en obras de edificios. Ahí aprendió el oficio de maestro albañil y, por su inquietud, su futuro oficio de relojero. Aquella mañana se encontró con su cuadrilla, algunos emigrantes, recién llegados como él y colegas de la construcción.

El terreno estaba situado al final de la calle de Modesto Lafuente, rodeado de quintas, como Villa Covadonga, algún tejar y huertas, como la de la tía Juliana, que aprovechaban el paso de la acequia del este para fabricar ladrillos y regar. Casi enfrente se encontraba el taller de precisión de artillería (derribado en 2017) y más lejos, hacia Cuatro Caminos, el hospital de jornaleros, el Grupo Escolar Cervantes y la Iglesia de Nª Señora de los Ángeles, en la calle de Bravo Murillo.

Plano parcelario 1947
Sección del plano parcelario de 1947 del Ayuntamiento de Madrid. La casa García-Mastral pasó de tener el número 15 de Raimundo Fernández Villaverde al 57 y más adelante, según se urbanizaba a ambos lados de la calle, el número 67. En color azul el «canalillo, flanqueado por filas de árboles.

Enrique levantó con su cuadrilla un edificio de 20 metros de fachada mirando a la Ronda (a la altura de la actual Raimundo Fernández Villaverde nº65), con casi 12 metros de fondo. El estilo de la casa era neomudéjar bastante sobrio, muy de moda a principios del siglo XX especialmente en construcciones religiosas, escolares y muy habitual en las viviendas populares madrileñas.

La casa se hizo de ladrillo visto recocho, comprado en alguno de los tejares de la zona. Tenía planta baja y dos alturas con siete ventanas balconadas con forja de hierro, todas iguales. La simetría de la fachada mostraba la planta que daba a la calle con la entrada al portal en el centro y en los laterales dos bajos comerciales con tres huecos para acceso y escaparate.

Foto aérea 1967
Foto aérea de 1967 de la zona de Raimundo Fdez Villaverde. (Foto: NomeCalles, CAM)

Junto a la fachada oeste pasaba, haciendo una curva, la acequia de riego del este, conocida como el «canalillo«, que siguiendo esa dirección se abastecía de las aguas sobrantes del Canal de Isabel II. Tenía algo más de un metro de ancho y metro y medio de profundidad, y con el tiempo se fue soterrando hasta hacerlo desaparecer por completo en la década de los sesenta del siglo XX, quedando normalmente por encima un camino que seguía su recorrido y delataba su presencia.

Enrique García, alquiló parte del edificio y los locales, reservando  el primer piso para residir con su famila, que para entonces en 1927 se componía, además de él, de su mujer Pascuala y de su primera hija Encarna. Años más tarde nacería Gloria.

Padres Gloria y Encarna-1932
Pascuala Mastral y Enrique García de la Serna con su hija Encarna de cinco años paseando por el paseo de Ronda en los alrededores de su casa en el invierno de 1932.

Transformación del barrio

En noviembre de 1917 se había aprobado la nueva denominación del tramo del paseo de Ronda que iba desde el paseo de la Castellana hasta la glorieta de Cuatro Caminos, por lo que la casa, que estaba ya en Raimundo Fernández Villaverde, tuvo diferentes numeraciones según se iba urbanizando la calle a ambos lados: 15, 57 y 67.

En la década de los 30 del siglo XX casi enfrente de la casa de los García-Mastral se construía la colonia de casas de la Cooperativa de la Asociación  General de Ayudantes y Auxiliares de los Cuerpos de Ingenieros Civiles y Arquitectos del Estado, conocida como Colonia Maudes, por encontrarse junto al camino que conducía al caserío de Maudes en Chamartín de la Rosa.

Seguramente Enrique conoció a Manuel Cerrada y a los hermanos Borrella, miembros de la Cooperativa que construyó la colonia, que por aquella época andaban de arriba abajo liados con las obras. También pudo haber conocido a Fernando Sánchez Viloria y al doctor Álvaro Bobillo,  todos  miembros de la Sociedad Cooperativa constructora, y este último durante un tiempo médico del barrio. Todos tuvieron una calle con su nombre, hasta que se derribó la colonia y se rehizo el callejero.

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Casa García-Mastral en Raimundo Fdez. Villaverde, 67. La calle tenía dos calzadas dobles para cada sentido separadas por un ancho paseo con dos filas de árboles en los laterales. En la foto se ven circulando dos taxis Seat 1500, y aparcados junto a la casa un Renault Gordini 600, una furgoneta Ebro-Fadisa de 1966 y un Citroën 2 cv. de 1963. El edificio de pisos más próximo es el actual número 61 de la calle.

La zona iba adquiriendo poco a poco un aspecto muy distinto al que había conocido la familia cuando llegó. Además de los hotelitos de la colonia Maudes que se comenzaron a levantar en 1931, en 1933 se derribaba el hipódromo de la Castellana para iniciar la construcción de los Nuevos Ministerios. También se edificó en 1940 el Colegio Patrocinio de San José, en el nº 59 de la calle y al que se accedía a través de un portón junto a la casa García-Mastral.

Construcción de AZCA 1973
Construcción de AZCA 1973. (Foto: Blog Historias Matritenses)

AZCA y el final del antiguo barrio

El conjunto AZCA  (Asociación Mixta de Compensación de la Manzana A de la Zona Comercial de la Avenida del Generalísimo -paseo de la Castellana-), surgió en los planes de ordenación del ensanche de Madrid de 1946. Antes hubo otros proyectos, que fueron modificándose hasta que en 1954 la Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid convocó un concurso  cuyo proyecto ganador, inspirado en los anteriores,  originó el Plan Parcial de 1957, definitivamente aprobado en 1964 y ejecutado al final de esa década.

AZCA se planteó como una supermanzana en el ensanche norte de la Castellana destinada a albergar viviendas en altura, viales subterráneos para la circulación de vehículos, enlace ferroviario, paseos peatonales, edificios comerciales y de oficinas y hasta un Teatro de la Ópera que nunca llegó a construirse.
Para poder desarrollar el proyecto se creó una Asociación Mixta de Compensación, controlada por el Ministerio de la Vivienda, que intervino en la negociación de las expropiaciones.

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Página publicitaria interior del diario ABC publicado el domingo 16 de noviembre de 1969 anunciando la inauguración del nuevo «centro comercial de El Corte Inglés de Generalísimo», en Raimundo Fernández Villaverde núm. 79. (ABC, 16/11/1969)

Los propietarios de la zona, obligados a vender, poco a poco fueron cediendo y el suelo liberado quedó en manos de importantes promotoras de la construcción, entidades financieras y grandes propietarios del sector servicios.
A finales de 1968 se inició la urbanización de la supermanzana, así como el comienzo de la edificación del primer solar del conjunto, perteneciente a El Corte Inglés, al lado de la casa de la familia García-Mastral. Ese mismo año, el colegio Patrocinio de San José abandonó sus instalaciones y con la indemnización construyó otro centro en las afueras.

Afectada por la influencia en la zona del Plan de Ordenación Urbana, la colonia Maudes se comenzó a demoler en 1976 y desapareció totalmente en 1978. Su solar lo ocupó un conjunto de modernos y lujosos edificios de viviendas denominados Géminis I y Géminis II.

Precisamente durante esta década de los setenta se concluyeron definitivamente las negociaciones con las últimas propiedades que todavía no habían eceptado los términos de las expropiaciones y aún mantenían litigios con el Ministerio de la Vivienda.

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Casa Garcia-Mastral, 1968. (Foto: Blog Historias Matritenses)

Fue el caso de la familia García-Mastral que en 1973 aceptó los términos del Ministerio y entregó su casa. Es probable que la derribaran ese mismo año, o en 1974. En su lugar se construyó una de las torres más emblemáticas de Madrid, no solo por la complejidad del proyecto, sino por el suceso que significó su final:  la torre Windsor.

En la actualidad, tras la demolición de la torre Windsor debido al incendio que sufrió, se levantó una nueva torre, la torre Titania, ligada al complejo comercial de El Corte Inglés, que ocupa el mismo número 65 de la calle, el antiguo 67 de la casa García-Mastral.

Calle Raimundo Fernandez con Orense_colegio Patrocinio San José 1968
Calle Raimundo Fernandez con Orense. Al fondo se ve la colonia Maudes y en el centro de la foto el colegio Patrocinio San José. (Foto, circa 1968)
Raimundo Fdez Villaverde Google 2013
Raimundo Fdez. Villaverde a la altura del edificio «torre Titania«, que ocupa el lugar donde estuvo la «torre Windsor» y con anterioridad la casa García-Mastral. (Foto:  © Google Maps, 2013)

Referencias.-

Colegio Patrocinio de San José (Blog Historias Matritenses, 2011)

Hospital de jornaleros San Francisco de Paula (Blog Urban Idade, 2016)

AZCA (Wikipedia)

Torre Windsor (Wikipedia)

Colonia Maudes de Ayudantes de Ingeniería (Blog Historias Matritenses, 2008)

VV.AA.
Arquitectura de Madrid. Ensanches
Fundación COAM
Madrid, 2003

Rojo Escobar, Enrique
Rodríguez Zapata, Carlos
Chamartín. Album de fotos
Temporae Ediciones
Madrid, 2015

Hemeroteca ABC

Casa Emilio, la Prosperidad “Pequeñeces…” (IV)

“Pequeñeces importantes” (IV)

“Pequeñeces importantes”. Según la RAE, pequeñeces son: “cosas de poco momento y de leve importancia“, pero si llegan a ser importantes son: “convenientes o interesantes, o de mucha entidad o consecuencia“. Es decir, merecen la pena.

Casa Emilio, López de Hoyos, en la Prosperidad (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)
Casa Emilio, López de Hoyos, en la Prosperidad (Foto: Enrique F. Rojo, 2019)

Casa Emilio, “Pequeñeces…” (IV)

Casa Emilio, casa fundada en 1947. En López de Hoyos nº 98. Tiene fama de cañas bien tiradas. Dos generaciones dando nombre a la Prosperidad, en el distrito de Chamartín. Aunque austeros y de trato serio, son «encantadores» a decir de los vecinos. Y a decir de mi amigo Juan Diego, que sube regularmente a la Prospe a «cañear», arrastrando a la familia y amigos.

Los responsables del local han conseguido que acudan al barrio gente de otros barrios de la capital para disfrutar de sus boquerones en vinagre, estupendos vermuts, mejillones en conserva, anchoas, patatas fritas, y de la cerveza fresca y rica que sirven.

Para los del barrio de siempre, Casa Emilio está  en frente del cine Moderno, que luego cambió de nombre y se llamó cine López de Hoyos; y luego dejo de ser cine y fue  posteriormente cambiado de nombre para ser un salon de bodas, bautizos y otros banquetes, y finalmente y hasta el momento un inmenso gimnasio. Es lo que se ha visto desde las puertas de Casa Emilio, mirando por encima de López de Hoyos desde 1947. Y algunas cosas más, que se callan porque ya no toca. Toda una institución de Chamartín en el barrio de la Prosperidad. Y de Madrid.

Cervezas Casa Emilio
Cervezas Casa Emilio. La foto es de Carlos Rodríguez Zapata, publicada en el libro de 2015 «Chamartín. Album de fotos». (Temporae Ediciones).

Referencias.-

«Recuerdos del barrio de la Prosperidad»  Recuerdos de la Prosperidad  (Blog «Urban Idade»)

Pequeñeces  (Blog Urban Idade)

Crónica urgente «Presentación Chamartín. Album de fotos» (Blog Urban idade)

¿Es mi barrio habitable?

Ciudad Verde
¿Es mi barrio habitable? La ciudad verde.

¿Qué hace que un espacio resulte atractivo?

No todos los espacios públicos de las urbes, mayores o menores, resultan igual de atractivos. Hay lugares poco acogedores que crean malestar entre sus habitantes; y otros que son ejemplo de bienestar y de convivencia.
Los espacios públicos son excelentes cuando atraen la celebración de actividades públicas de todo tipo, en las que se producen intercambios sociales y económicos; cuando en ellos quedan los amigos para verse y las culturas se mezclan; cuando la calle es el acceso amable, libre de barreras arquitectónicas, de ruidos, de contaminación y de vehículos a motor, para llegar caminando a los servicios públicos (bibliotecas, polideportivos, escuelas) donde interactuamos los ciudadanos, entre nosotros y con la Administración. Cuando estos espacios funcionan bien, se convierten en escenario de nuestra vida pública. (Ver: What Makes a Successful Place? PPS, 2018.)

¿Por qué unos espacios tienen éxito y otros no?

En las ciudades, o en los barrios, para ser habitables, tiene que primar la calidad del  espacio público.
Según un estudio de la organización sin ánimo de lucro  PPS (Project for Public Spaces) existen cuatro características comunes en los espacios públicos funcionales de éxito: son accesibles y la gente puede realizar cualquier actividad; son agradables y visualmente atractivos; y por último, invitan a la sociabilidad (donde encontrarse con los amigos y, por ejemplo, adonde llevar a quienes visitan la ciudad).

La ciudad habitable, así como el barrio o la calle habitable tienen una densidad media o baja, poseen espacios verdes, son transitables o «paseables», priman al peatón frente al vehículo privado -impulsando el transporte público y el uso de bicicletas, patinetas, etc.-, abriendo calles peatonales que antes fueron exclusivas del coche; combinan el uso residencial con el comercial, potenciando el comercio de proximidad y evitando la elitización residencial; gestionan el agua y los residuos de manera eficiente. Y, sobre todo, priorizan la seguridad, la igualdad y la libertad de sus vecinos.

Para facilitar el análisis de cualquier espacio urbano y concluir si es bueno o es malo, PPS ha elaborado una sencilla herramienta en forma de diagrama. (Ver: What Makes a Successful Place? PPS, 2018.)

¿Cómo utilizar el gráfico?

El centro del diagrama circular representa un lugar específico de cualquier agregado urbano: un barrio, una calle, una plaza, un parque, etc. Se puede hacer una valoración de un espacio conocido en virtud de cuatro criterios situados en los cuadrantes coloreados del segundo círculo. El anillo siguiente muestra un grupo de aspectos intuitivos, subjetivos o cualitativos para valorar el espacio, (como amigable, cómodo o seguro, etc). El anillo exterior marca aspectos objetivos o cuantitativos que se pueden medir estadísticamente, (como datos de delincuencia o niveles de renta, etc).

Que hace que un lugar resulte atractivo
Herramienta en forma de diagrama elaborada por PPS -Project for Public Spaces-. (Ver: What Makes a Successful Place? , PPS, 2018.)      Adaptación del gráfco: URBAN IDADE

Referencias.-

What Makes a Successful Place? (Project for Public Spaces (PPS), 2018.

Hacia una calle más habitable: nuevas tecnologías y movilidad sostenible
Blog Master Nuevas tecnologías y movilidad sostenible.
Miguel Mayorga Cárdenas 10 Octubre, 2018
Universitat Oberta de Catalunya

Urbanismo y Sostenibilidad Urbana
Ministerio de Fomento. Gobierno de España

Reparto Modal
¿Cómo nos movemos en España? PDF
Observatorio de la Movilidad Metropolitana (OMM)
Congreso Nacional del Medioambiente(CONAMA), 2014.

El negocio viejo de mi abuelo

Mi abuelo tenía un negocio viejo que vendía llaves, grifos y tuberías desde mucho antes del siglo XXI. También vendía gutapercha y cables de cobre; y pez y minio en bote, y para sellar las tuberías de plomo estopa de cáñamo. Y más cosas. Todo un negocio viejo antes del siglo XXI.

Fontanería Urban IdadeBB

Mi abuelo tenía un negocio viejo en el que vendía llaves, grifos, racors, codos, empalmes y tuberías de todo tipo desde mucho antes del siglo XXI. También vendía gutapercha, enchufes e interruptores y cables de cobre ; y pez y minio en botes negros, y para sellar las tuberías de plomo estopa de cáñamo enrollable. Y más cosas. Todo un negocio viejo, rentable antes del siglo XXI.

En el número 46 de la calle del Ventisco de la capital se estableció en 1927 mi abuelo, el fundador del negocio. Lo llamó Urban Idade porque le gustó el regusto arcaico del nombre y porque le pareció que le daba empaque un letrero que sonaba a latín.

En España, en el siglo pasado -tal vez hoy también- se vivía muy atento a la imagen que sugería el siempre contundente cartelón de un comercio, cuyos matices aseguraban calidad y buen servicio. En realidad, Urban Idade nunca fue una empresa pionera; siempre fue un pequeño comercio familiar con poca proyección.

La fontanería se llamó Urban Idade, en castellano, aunque sonara a latín. Un nombre imposible para una fontanería que pretendía ser universal en una ciudad como la nuestra, que siendo la capital, era como un pueblo grande sin pretensiones. Por eso, el tiempo impuso la razón del idioma o el idioma impuso su razón en el tiempo y el viejo negocio imposible de fontanería de mi abuelo tuvo que reconvertirse en blog universal sobre  las redes urbanas, algo parecido a la fontanería; y también dificil de leer: URBAN IDADE.