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Archive for the ‘Colonias’ Category

Pintor Moreno Carbonero 30_2014_Google Maps

Edificio derribado, calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (© Google Maps, 2014)

Parece que el verano es una buena época para derribar edificios en Madrid. Esta afirmación  se repite cada año por estas fechas.  La acción demoledora prefiere que haya pocos testigos y por eso prefiere el verano para actuar.
En esta ocasión la piqueta se ha encargado de derribar un grupo de construcciones populares de los barrios de La Guindalera y de la Prosperidad.

Aunque no eran  importantes arquitectónicamente y por ello no poseían protección alguna, si tenían el valor de ser ejemplos representativos del pasado de ambos barrios y de las tipologías propias de una época. Algo especialmente notable si pensamos en la desaparición acelerada de los elementos arquitectónicos que sufre el antiguo tejido urbano de las primitivas periferias.

Pintor Moreno Carbonero, 30

Edificio derribado, calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo; 2008)

Edificio en La Guindalera

El edificio de La Guindalera tenía dos alturas con planta baja y contaba con un jardín delantero y patio posterior. Su construcción, sobre un solar de 465 con una superficie de 523 m² se puede circunscribir a las primeras décadas del pasado siglo XX. Era una construcción calificada para uso industrial, aunque su tipología cercana al estilo regionalista sugiere más que fuera una vivienda unifamiliar modificada en su uso a posteriori. Junto a esta casa, con el número 32, se encontraba otra, de finales del siglo XIX y derribada en 2006, representativa de las humildes construcciones terreras autoconstruidas que conformaron el barrio en sus orígenes.

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Solar en la calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015

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Solar en la calle Pintor Moreno Carbonero, 30. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

Hotelito en la Prosperidad

La casa de la Prosperidad era uno de los escasos ejemplos que van quedando en el barrio de “hotelitos” anteriores a los años 50 del siglo XX, originariamente aislados de las diferentes colonias que constituyeron la Ciudad Jardín. Se encontraba en Mantuano nº 20 y se derribó durante el mes de agosto. Construido en 1924, contaba con dos plantas de 121   y 120  respectivamente, construidas en un solar de 208   que permitía la existencia de un pequeño patio anterior y otro posterior de mayor tamaño.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la renovación del parque residencial de los barrios de las antiguas periferias madrileñas es imparable y está modificando de manera irreversible sus características fisonomías. Apenas quedan ejemplos que nos recuerden su pasado y nos acerquen a sus orígenes.

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“Hotelito” de la calle Mantuano, 20 derribado en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

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“Solar de la calle Mantuano, 20 en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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“Solar de la calle Mantuano, 20 en 2015. (Foto: Enrique F. Rojo, 2015)

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Colonia Socialista

Colonia Socialista o Ciudad Jardín, calle Alhelies (1919/1920).

A finales de la primera década del siglo XX surge en Madrid un estilo nuevo de urbanización inspirado en la Ciudad Jardín inglesa de Ebenezer Howard y en la Ciudad Lineal de Arturo Soria. El modelo se desarrolló principalmente en terrenos de Chamartín de la Rosa donde se crearon “colonias” de viviendas unifamiliares que dieron a la zona un peculiar carácter. Hoy día, estas colonias históricas, que gozan de protección urbanística, mantienen todo su encanto original convertidas en auténticas islas dentro de la vorágine de la gran urbe.

Colonias de “casas baratas”

La Ciudad Jardín Madrileña se levantó en unos terrenos situados en el antiguo término municipal de Chamartín de la Rosa por la empresa Fomento de la Propiedad, sociedad urbanizadora catalana instalada en Madrid hacia 1915 que realizó diferentes promociones directas o mediante la venta de terrenos a otras cooperativas o promotoras. Fomento de la Propiedad compró al duque de Pastrana unas 250 hectáreas de suelo comprendidos entre el Ventorro del Chaleco (entonces en la Prosperidad), el paseo de la Ciudad Lineal (Arturo Soria) y el límite de Chamartín de la Rosa (Ramón y Cajal).
Las colonias se construyeron como núcleos aislados y discontinuos, ya que sus promotores en muchos casos fueron distintos. Todas las promociones se acogieron a las sucesivas leyes de casas baratas e iban dirigidas a clases medias trabajadoras y a empleados públicos. Arquitectónicamente hubo varias tipologías de viviendas (pareadas, adosadas en hileras y aisladas), basadas por lo general en estilos regionalistas, con el uso de enfoscados en la fachada, aparejos de ladrillo visto con motivos sencillos y canecillos de madera bajo cubiertas de teja a una, a dos, tres, cuatro o más aguas.

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Colonia Unión Eléctrica Madrileña, calle Primera (1920/ 1927).

Colonia Socialista o Ciudad Jardín

Fue la primera colonia de las proyectadas en la Ciudad Jardín Alfonso XIII. Al amparo de la Ley de Casas Baratas de 1911, la Cooperativa Obrera para la Adquisición de Casas la promovió en 1919 por iniciativa de Pablo Iglesias y Jaime Vera para los afiliados a la Casa del Pueblo. La Cooperativa, integrada por 116 personas, compró los terrenos a Fomento de la Propiedad aportando cuotas mensuales de cuatro pesetas y de dos pesetas dependiendo del tamaño de las casas. El precio final de las viviendas grandes (120m2) fue de 19.000 pesetas y de 12.000 pesetas, las pequeñas (90m2). En ambos modelos la distribución era semejante, variando únicamente las dimensiones. En la planta baja se situaban un comedor, cocina, dos habitaciones y vestíbulo; en la planta segunda había cuatro dormitorios y un trastero. El Cuarto de baño se situaba en el exterior, al lado de la cocina. La colonia la formaban 118 viviendas adosadas en hilera, formando grupos de cuatro, cinco o más casas y estaba delimitada por la recién trazada calle de Alfonso XIII, Narcisos (E. Howard), Alhelíes (Pablo Iglesias), Celindas, Santoninas y Jacintos.

Aneja a la colonia Socialista, en 1926 se construyó la colonia Bosque y Mina o colonia de Fomento de la Propiedad, formalmente semejante. De ese mismo periodo es la colonia Unión Eléctrica Madrileña (U.E.M.), promovida por Valentín Ruíz Senén, director gerente de la U.E.M., para empleados de la compañía que se acogió a la Ley de Casas Baratas de 1921. Constaba de viviendas unifamiliares aisladas, con jardín a cuatro fachadas y se proyectó en una tipología homogénea.

4-Colonia Prosperidad

Colonia Prosperidad, calle Cabeza Reina (1926/1935).

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Colonia Prosperidad, Ciudad-Jardín Alfonso XIII (1926/1935). Foto Enrique F. Rojo, 2012

Colonias Primo de Rivera y Prosperidad

Estas colonias, de tipologías diferentes, se construyeron en pleno periodo de la dictadura de Primo de Rivera, acogiéndose a la 3ª Ley de Casas Baratas. La colonia Primo de Rivera, realizada entre 1925 y 1930, para funcionarios y policías municipales, se situó en el eje de la calle Ramón y Cajal, en ambas aceras y a lo largo de calles paralelas a la principal. Se realizaron 272 viviendas, casi todas agrupadas en hileras, con jardín en las dos fachadas, así como también algunos hoteles unifamiliares aislados rodeados por un jardín mínimo.
La Colonia Prosperidad fue promovida entre 1926 y 1935 por la Compañía Anónima de Casas Baratas en terrenos próximos a los de la Colonia Primo de Rivera en el eje de la calle Ramón y Cajal, limitando con el Colegio Santa Marca y la citada colonia, con la que se integra. Su estructura es ortogonal con manzanas rectangulares, con un eje principal de acceso –la calle Luis Larrainza- y una plaza central. A esta estructura se superpone una red de calles peatonales de menor dimensión. Las viviendas, en un total de 244, se sitúan en hilera de una y dos plantas, con porche, pequeños jardines delanteros y patio trasero, en parcelas de pequeño tamaño.
Otras colonias de la Ciudad Jardín, contemporáneas a las citadas, son la Albéniz o de los Músicos, la Imperial, Jardín de la Rosa y Jardín Municipal, todas ellas en el entorno de las calles Ramón y Cajal y Alfonso XIII, en el distrito de Chamartín.  (Artículo publicado en la  Revista PLÁCET, Nº 245 , Abril 2014.)

Referencias.-

Unión Eléctrica Madrileña (Ver artículo, Arroyo Ilera, Alfonso, UAM,2009)

Revista PLÄCET, Nº 245 (Abril 2014)

Rojo Escobar, Enrique F./ R. Zapata, Carlos
Chamartín. Álbum de Fotos
Temporae, Ed.
Madrid, 2015

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CHAMARTÍN LIBRO 2015

Presentación del libro Chamartín. Álbum de fotos 20/ mayo/ 2015

Carlos R. Zapata
Enrique F. Rojo

1. Inició el acto el autor Carlos R. Zapata agradeciendo la presencia del público y presentando a los miembros de la mesa. A continuación hizo referencia a diferentes momentos de la historia de Chamartín, comentando una serie de fotografías que se proyectaron simultáneamente y resaltando el gran número de edificios notables que se derribaron por la escasa sensibilidad institucional y privada para conservar las construcciones históricas, fundamentales para no perder la identidad del espacio urbano.

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Presentación del libro “Chamartín …”. De izquierda a derecha Cucho Sánchez, Enrique Rojo, Carlos Rodríguez e Ian Gibson.

2. Seguidamente le pasó la palabra a Enrique F. Rojo, autor del libro, quien citando al arquitecto Enrique Domínguez Uceta que no pudo asistir a la presentación, hizo un breve repaso por algunos de los edificios más representativos del distrito.

En cuanto a la arquitectura más antigua se destacaron el desaparecido Colegio del Recuerdo (1883) proyectado por Francisco de Cubas; el palacete de la Quinta de San Enrique (1860); actualmente perteneciente a la Fundacion ONCE y rebautizado como Palacete de los Duques de Pastrana; el Palacio de las Artes e Industrias (1907), de Fernando Torriente y en la actualidad Museo de Ciencias Naturales y Escuela de Ingenieros Industriales.

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Colegio Virgen del Recuerdo (1883 ).

Los edificios religiosos o de beneficencia son numerosos en Chamartín y se citaron entre otros el Asilo de San Rafael (1912), del que apenas queda una sección; el Asilo de Convalecientes (1912); Asilos Santamarca (1929) y San Ramón y San Antonio (1926); y el Noviciado de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús (1931), proyectado por Críspulo Moro Cabeza, en la actualidad con un expediente de derribo aprobado a pesar de encontrarse en perfecto estado.

DAMAS APOSTOLICAS DEL SAGRADO CORAZON-  2015

Noviciado Asilo de las Damas Apostólicas (1931 ).

Por lo que se refiere a lo que Domínguez Unceta ha denominado el “museo de arquitectura moderna de Chamartín“, se hizo mención a las colonias Parque Residencia (1933) y El Viso (1936) de luis Blanco Soler y Rafael Bergamín; la Residencia de Estudiantes (1915), proyectadas en estilo neomudejar por Antonio Flórez Urdapilleta y Francisco Javier de Luque; el Instituto Escuela (1933), en estilo Racionalista, de Carlos Arniches y Martín Domínguez, con la colaboración del ingeniero Eduardo Torroja en el diseño de las marquesinas futuristas del pabellón de párvulos.
Se incluyeron además, las obras de Miguel Fisac en el CSIC como la iglesia del Espíritu Santo (1943, ) el Instituto Nacional de Óptica (1949), o el Instituto de Edafología.

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Instituto Escuela (1933).

Para finalizar la intervención se habló del Estadio de fútbol del Real Madrid (1947) de Muñoz Monasterio y Alemani Soler; el gimnasio del Colegio Maravillas (1962) de Alejadro de la Sota; las Torres Blancas (1968), de Sainz de Oiza; la Estación de Chamartín (1975) de los arquitectos Corrales y Molezún; y finalmente, el Auditorio Nacional de Música (1988) de García de Paredes.

Torres Blancas 1965

Torres Blancas (1965).

3. A continuación intervino Ian Gibson, que hizo un generoso elogio del libro, alabando el contenido y el diseño. “Un libro -dijo-, con un tamaño adecuado para llevar en la mano cuando vas por las calles de Chamartín y poder consultar lo que ves”.
Gibson habló de la Residencia de Estudiantes (1915), de sus alumnos, del espíritu académico, multidisciplinar y tolerante que siempre imperó en el centro y, en definitiva de ese gran espacio de cultura que la Guerra Civil cercenó.

Hizo un alegato en favor de la cultura plural y de la necesidad de recuperar la memoria histórica de los barrios y distritos de las ciudades españolas. Se refirió Gibson a “la España que pudo ser y no fue”  por causa de la lucha fratricida que impidió el desarrollo del potencial cultural español y condujo al retroceso educativo, concluyendo que el desmantelamiento de la Residencia de Estudiantes supuso una gran oportunidad perdida.

José María Hinojosa, Juan Centeno, Federico García Lorca, Emilio Prados y Luis Eaton. Residencia de Estudiantes, Madrid, 1924

De izquierda a derecha: José María Hinojosa, Juan Centeno, Federico García Lorca, Emilio Prados y Luis Eaton. Residencia de Estudiantes, Madrid, en 1924.

4. Siguió Cucho Sánchez que habló de la mítica sala de conciertos Rockola, símbolo del aperturismo en la cultura musical del periodo de la democracia incipiente. Con esta sala situada en al calle del padre Xifré 5, se produjo un cambio en el concepto da salas de concierto, pasándose de la gran sala a la pequeña, con actuaciones más continuadas, artistas de las más variadas procedencias y estilos y con un público mucho más heterogéneo y joven.
Por Rockola pasaron grupos internacionelas de Rock, Pop y Punk con la asistencia de lo más representativo de las culturas artísticas alternativas y de vanguardia.
El cierre de sala y con ello la desaparición de un lugar mítico, se produjo en 1985, probablemente, según sugiere Cucho, por causas políticas e ideológicas.

Rock Ola

Sala Rock-Ola (1981-85 )

5. Aprovechando el contenido musical de la charla anterior intervino José María Guzman (Solera; Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán; Cadillac), que hizo una breve introducción en referencia a su condición de vecino de Chamartín. Acompañado por su guitarra, interpretó tres temas relacionados con el acto, que prologó amenamente, para acabar mencionando la casualidad de celebrarse esa jornada el “día sin música” reivindicación que subscribió. La excepción la hizo por no eludir el compromiso adquirido para la presentación.

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De izquierda a derecha: Cucho Sánchez, Enrique Rojo, Carlos Rodríguez, Ian Gibson y José María Guzmán, con la guitarra, interpretando “Sólo pienso en ti”.

6. Alberto Tellería, de la Asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, intervino en nombre de Vicente Patón, elaborando un rápido viaje sentimental por la memoria del distrito de Chamartín del que también fue vecino, aludiendo a vivencias propias y a otras narradas por vecinos y familiares recogidas por él.

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Dos señoras pasean por Príncipe de Vergara al paso de un rebaño de ovejas (c. 1955)

Unas palabras finales de Carlos y un audiovisual pusieron fin a la presentación que se alargó por algo más de dos horas.

Desde este espacio queremos agradecer a la dirección del Colegio San Ramón y San Antonio  la cesión generosa y desinteresada de sus extraordinarias instalaciones para el acto de presentación del libro.
Nuestra sincera gratitud a Sor Sole y a sus colaboradores y colaboradoras por su amabilidad y disposición.

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Presentación del libro “Chamartín …”.

Foto 3

Presentación del libro “Chamartín …”.

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Tienes fotos antiguas de Chamartín

Seguimos insistiendo desde este BLOG en la idea de no dejar escapar las imágenes de nuestra memoria. No queremos perder el recuerdo del pasado, y las fotografías que retienen el testimonio de lo vivido son el mejor instrumento para no olvidar. Se trata de algo que va más allá de la nostalgia. Y buscamos a sus protagonistas.

Si tienes fotografías de CHAMARTÍN  y/o  de Chamartín de la Rosa y quieres colaborar en un proyecto editorial para recuperar su memoria visual y humana, evocando el pasado del distrito, ponte en contacto con el BLOG.
Tu participación aparecerá reflejada en los pies de foto y en los agradecimientos del libro.

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1-Canalillo_Guindalera_1906

El “canalillo” a su paso por la Guindalera, en su linde con la Prosperidad, en 1904.

El “canalillo del sur”, la acequia del este de Madrid  fue, con el “canalillo del norte”, una de las Acequias de Riego que el Canal de Isabel II construyó en 1868 para aprovechar las aguas sobrantes del abastecimiento a la capital.

Agua potable en Madrid

Hasta el siglo XVII, Madrid se abastecía de agua con pozos y con el río Manzanares y arroyos como el Meaques, el Cantarranas o el Abroñigal. Cuando Felipe II instaló la Corte en la Villa en 1561 la ciudad no llegaba a las 15.000 almas. Un siglo después eran más de 48.000, y la demanda de agua obligaba a constantes búsquedas de reservas. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica de ladrillo o piedra soterrados.

Deposito Canal

Depósito elevado del Canal de Isabel II, inaugurado en 1912.

Todavía en 1850 Madrid se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes con que contaba la ciudad, especialmente en verano, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes y definitivas.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77 fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 664 reales fontaneros, más de 25.000 litros en esta medida de la época. El real fontanero equivalía a 2.280 litros por minuto.

Canal de Isabel II

A pesar de que desde el siglo XVIII se realizaron numerosos proyectos para abastecer de agua a Madrid, no fue hasta 1851 cuando se presentó en las Cortes un proyecto para traer las aguas del río Lozoya.

La ejecución de este proyecto, que costó ciento veintisiete millones de reales, supuso la construcción del embalse del Pontón de la Oliva y la canalización del agua hasta el depósito soterrado del antiguo Campo de los Guardias. Lamentablemente, las características de la roca donde se emplazó la presa hicieron que las filtraciones fueran constantes y evidenciaron la inutilidad de la construcción.

Sin embargo, el 24 de junio de 1858 fue inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne, en las instalaciones del primer depósito, asistieron la reina Isabel II, el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba el semanario El Museo Universal, el pueblo de Madrid, que se mostró entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), compartiendo con alegría la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya.
En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros.

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Presa del Pontón de la Oliva. Foto incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford, publicado en 1858,  (BNE).

Acequia de riego del Este

Satisfechas las necesidades de consumo de agua de la población, que se situaron muy por debajo de las expectativas, los ingenieros del Canal calcularon que el agua sobrante, que se vertía al arroyo Cantarranas y desde ahí al Manzanares, podía utilizarse para regar aportando beneficios a la empresa.

Para aprovechar esta agua y posibilitar el riego de las numerosas huertas que había en los aledaños de los Ensanches y las Rondas, se inició en 1868 la construcción de la acequia de riego del Canal de Isabel II o “canalillo” a cargo del ingeniero Juan de Ribera Piferrer, artífice del primer depósito.

La acequia del Este tenía algo más de 16 kilómetros de longitud. Arrancaba desde un depósito repartidor para dividirse en dos ramales, el del Norte de 5 kilómetros de largo y el del Este de 10 kilómetros. Este ramal, construido en ladrillo revestido para limitar la erosión, contaba con tres saltos que salvaban los desniveles más importantes del recorrido y evitaban las grandes pendientes que pudiesen dar velocidad al agua aumentando la erosión del canal.

Canal de riego del este_Gonzalez e Iribas_1906

Sección del plano de  González e Iribas, de 1906.  Se aprecia el sinuoso recorrido del sector oriental del “canalillo” o “acequia de riego del Este”.

Contaba con 10 puentes de paso elevado para el tránsito de peatones, animales y vehículos, 12 tajeas o puentes de menor importancia a modo de acueductos, 10 alcantarillas y 9 sumideros para soterrar el paso de las aguas. Estaba flanqueado por acacias, álamos, moreras, castaños de Indias y negrillos para evitar la evaporación y había caminos en cada sentido con una valla de alambre para evitar accidentes.

Atravesaba la actual AZCA, recorría las inmediaciones del antiguo Hipódromo de la Castellana (hoy ocupado por los Nuevos Ministerios), la Colonia Parque Residencia, Altos del Hipódromo (Residencia de Estudiantes); cruzaba la calle de López de Hoyos, recorría la Guindalera y desembocaba en el arroyo Abroñigal después de pasar por el barrio de la Prosperidad donde se aprovechaba para la elaboración de tejas y ladrillos en los numerosos alfares y tejares que allí había.
En 1961 se decidió su cierre, hasta desaparecer por completo en los años setenta del siglo XX.

2-Canalillo_1959

El “canalillo” a su paso por la glorieta de López de Hoyos en 1959. En 1961 desapareció por completo. (Foto: Fondo Santos Yubero, ARCM)

(Adaptación del artículo publicado en el nº 243 la Revista Plácet, Febrero de 2014)

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01-EL VISO 1933
La Colonia El Viso, nacida como Cooperativa de Casas Económicas al amparo de la Ley de Casas Baratas de 1925 para obreros y funcionarios, ha cumplido este año su 80 aniversario. Nunca fue habitada por la población a la que en teoría iba destinada y acabó siendo, por su situación, diseño y cualidades, un conjunto residencial de lujo ocupado por profesionales de clase media-alta e intelectuales.
Su singularidad arquitectónica y su ubicación, en una de las zonas más elevadas de Madrid, hicieron que en 1977 se iniciara el trámite para su protección como Bien de Interés Cultural (BIC) como Colonia Histórica y en la actualidad constituye una de los barrios residenciales más cotizados y de mayor prestigio de la capital.

Orígenes de la Colonia “El Viso”

Los orígenes de la Cooperativa de Casas Económicas “El Viso” se remonta al año 1933. El promotor-constructor Gregorio Iturbe, propietario de numerosos terrenos al norte del Segundo Ensanche de Madrid, en la zona conocida como Altos del Hipódromo, había construido entre 1926 y 1933 las Colonias de la “Prensa y Bellas Artes”, “Iturbe IV” y “Parque Residencia”, las tres acogidas a la Ley de Casas Baratas de 1925. Su éxito fue tal que en 1933 emprendió la tarea de edificar una nueva promoción de “hotelitos” en unos terrenos que lindaban con la Colonia “Iturbe IV”. La colonia se llamaría “El Viso”, por sus espectaculares vistas a la Sierra de Guadarrama, privilegio que con el paso del tiempo se ha perdido por completo.

02-El Viso

El Viso. (Foto: Enrique F. Rojo)

El autor del proyecto, también responsable de la citada Colonia “Parque Residencia”, fue el arquitecto Rafael Bergamín Gutiérrez -hermano del escritor de la generación del 27, José Bergamín-, y contó con la colaboración de los arquitectos Luís Blanco-Soler y de Luis Felipe Vivanco.
La Colonia se enmarcaba dentro de un estilo nuevo de urbanización de la ciudad nacido en el siglo XX: la Ciudad Jardín, que aglutinaba un conjunto de ideas características propias de la última centuria de aquel siglo y que se desarrollaron a lo largo de éste. Entre ellas destacaban el concepto de la Ciudad Jardín inglesa, la contribución más temprana, y tal vez más significativa, que planteaba modelos de vivienda colectiva desplazados del centro de la ciudad a la periferia más próxima. Más abierta al campo y mucho más salubre.

Un proyecto rentable y una legislación contradictoria

El proyecto de la Colonia “El Viso” al formar parte de una Cooperativa acogida a la Ley de Casas Económicas, quedaba exenta del pago de impuestos durante quince años, además de recibir del Instituto Nacional de Previsión una subvención del 60 por 100 sobre el valor de las parcelas y de la construcción, amortizable a veinte años en cómodas cuotas mensuales.
Curiosamente, la mencionada Ley de Casas Baratas de 1925 se había redactado para facilitar el acceso a la vivienda de obreros y funcionarios y, sin embargo, estas ventajas obraron en favor tanto del promotor como de la avezada burguesía compradora que supo aprovechar la oportunidad. Lo que puso de manifiesto la poca utilidad y el contrasentido de la norma.

Tan bien funcionó la promoción, que antes de iniciadas las obras ya estaban vendidas todas las casas. Con el propósito de aumentar el negocio, Iturbe forzó las ordenanzas municipales y aprovechó el máximo de edificabilidad permitido, aumentando considerablemente la densidad del proyecto. En los 85.000 m2 de terreno que disponía, de las 130 viviendas previstas acabó construyendo 242, casi el doble.

04-EL VISO-Calle Sil-Chamartín

El Viso. (Foto: Enrique F. Rojo)

Colonia pionera y experimental

Había cuatro modelos distintos dependiendo de su superficie, que podía oscilar entre los 150 y los 200 m2, en 300m2 de parcela. Las casas constaban de tres plantas: semisótano, baja y planta alta, donde se ubicaban los dormitorios. En algunos modelos había una altura más para la terraza y un dormitorio o estudio. Las viviendas contaban con vestíbulo, hall, salón, salita, despacho, office, 4 o 5 dormitorios, dos baños, cocina, despensa, trastero, cuarto de plancha, cuarto de caldera, garaje, carbonera, lavadero y terraza. Además, disponían de todos los adelantos modernos en las instalaciones de electricidad, fontanería y calefacción.

Todas las casas tenían teléfono y acometida de fuerza para neveras, cocina eléctrica y agua caliente para los baños, constituyendo estos servicios el primer ensayo que se hacía en Madrid de electrificación doméstica para mostrar la competitividad de la electricidad frente al carbón, de consumo dominante en la época.

Formalmente en “El Viso”, al igual que en la colonia “Parque Residencia”, de características similares, se ejecutó una arquitectura pionera en Madrid, muy influida por las corrientes de vanguardia que se estaban desarrollando en la Europa –Alemania, Holanda- de los años 20 y 30, y en especial por la obra del vienés Adolf Loos, y que destacaba por su simplicidad, con volúmenes cúbicos, formas prismáticas, fachadas enfoscadas y pintadas, cubiertas planas, barandillas en tubo de hierro, ventanas horizontales alargadas, en algunos casos con elementos que sugerían inspiración náutica y, en resumen –como diría el propio Rafael Bergamín– , “una arquitectura un poco seca”.

La apariencia exterior destacaba por la ausencia de adornos innecesarios y se daba preferencia a los aspectos prácticos en el interior y a las instalaciones. En realidad, esta solución formal, sabidas ya las influencias, no buscaba un nuevo estilo, sino soluciones arquitectónicas basadas en la economía y en el sentido común.

03-El Viso

El Viso. (Foto: Enrique F. Rojo)

“El Viso” en la actualidad

En la actualidad “El Viso”, administrativamente, da nombre a un barrio más amplio en el distrito de Chamartín, delimitado por el Paseo de la Castellana y las calles María de Molina, Príncipe de Vergara y Concha Espina. Además de “El Viso”, el barrio incluye las otras Colonias históricas ya mencionadas así como la Colonia “Cruz del Rayo”, entre Príncipe de Vergara y Rodríguez Marín, todas ellas contemporáneas y ejecutadas por el mismo promotor y propietario de los terrenos.
La Colonia “El Viso tiene la calle de Serrano como eje articulador y se encuentra delimitada por las calles Dr. Arce, Rodríguez Marín, Cinca, Segre, Darro, Serrano, Castellana y Vitrubio, muy cerca del Paseo de la Castellana. Por su situación, en el ya considerado centro de Madrid, constituye una de las zonas residenciales más codiciadas de esta primitiva periferia madrileña

Según los expertos en bienes inmuebles “El Viso” representa un oasis residencial exclusivo en el que sólo unos elegidos se pueden permitir vivir.

En esta emblemática colonia del período racionalista madrileño han vivido importantes intelectuales y políticos como Ortega y Gasset, Rafael Sánchez Mazas o Salvador de Madariaga. Y más recientemente personajes famosos como el exministro Miguel Boyer e Isabel Preysler, la exmodelo Mar Flores, Ana Aznar o el futbolista Xabi Alonso. También la Infanta Elena y Jaime de Marichalar han frecuentado la Colonia, donde se encontraba el colegio de sus hijos.
Resulta paradójico que estas casas, construidas bajo la denominación de “económicas”, se hayan convertido con el tiempo en uno de los barrios más caros y selectos de Madrid.

Solo un dato: la renta media per cápita de “El Viso” dobla a la de los barrios colindantes del distrito de Chamartín, el cual a su vez, registra una de las más elevadas de Madrid, muy por encima de los valores medios del municipio.

Referencias.-

Rojo Escobar, Enrique F.
“Colonia “El Viso”, de barrio obrero a zona residencial exclusiva”
(Artículo publicado en la revista Plácet de Octubre, 2013)

Rojo Escobar, Enrique F./ Carlos R. Zapata
Chamartín. Álbum de fotos
Temporae, Ed.
Madrid, 2015
(Artículo publicado en el monográfico sobre Chamartín de Temporae Ediciones)

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Villa Excelsior Postal
1. “Villa Excélsior” es como una aparición cuando, de repente, la ves. Tan imponente, tan solitaria, tan abandonada y tan ruinosa como está. “Villa Excélsior” de Luarca, es el palacete de un indiano exagerado. Mucho más que un palacete indiano al uso. Un capricho millonario desproporcionado al que hoy se le escuchan los estertores últimos de su existencia, porque se cae a pedazos.  Porque no le queda mucho y sucumbirá, a menos que alguien -o algunos- lo remedie de inmediato.

2. La propiedad de “Villa Excélsior” la mandó construir Manuel Méndez de Andés en 1912, nacido en Valdepares.
Manuel había heredado de su tío, también llamado Manuel Méndez, la formidable fortuna que éste había hecho en la Argentina, emigrado en 1858, al establecer una próspera industria de tabacos en el año 1874 llamadaLa Abundancia“.

“La Abundancia” fue el profético nombre que el indiano Méndez de Andés había dado a su exitosa industria. Y los cigarrillos triunfadores se llamaron “Excelsior”, buscados por todos los fumadores iniciados de Buenos Aires  y más allá de la capital -¡qué paradoja!-.

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Manuel Méndez de Andés y Társila Blanco junto con dos de sus hijas. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

3. El sobrino, que había emigrado con la excusa de ayudar a su tio, acabó heredando una vez fallecido éste sin descendencia, un enorme patrimonio que incluía los importantes negocios de ultramar. Manuel Méndez, el sobrino heredero, dueño ya de los derechos y de las propiedades, desde la muerte de su tio en 1897,  en uno de sus retornos a Asturias, ya casado con la, también asturiana, joven de buena familia Tarsila Blanco Abella y ya con hijos, se hizo con unas tierras en Luarca y recurrió al arquitecto de prestigio Manuel del Busto, autor del Casino de Luarca y de otras obras de renombre, y mandó a construir un palacio para él y su familia. Algo más que habitual entre los indianos que regresaban al terruño después de hacer fortuna.

Manuel Mendez de Andes

Manuel Méndez de Andés. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

Tarsila Blanco

Társila Blanco. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

4. La finca, “Excelsior”, la de Manuel Méndez, el sobrino, no reparó en gastos. El arquitecto fue el mejor; el maestro de obras, “Manolín” de la Castellana, también el mejor. El autor del proyecto, del Busto, destacaba en su momento por sus obras, encasilladas en un estilo llamado técnica y peyorativamente “retórico”, por su eclecticismo, su empaque y por la profusión de elementos decorativos, algo recargados y siempre excesivos.

En 1912, en los alrededores de Valdés, en toda Luarca, “Villa Excélsior” era la más grandiosa, la más llamativa y la más bonita de las villas. Era la villa de moda, a la que toda la burguesía local quería ser invitada. “Villa Excélsior” era, y  todavía sigue siéndolo, un espacio excepcional. Una finca dominada por la arquitectura extraordinaria del palacete y rodeada por exquisitos jardines y por las sólidas construcciones aledañas.

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Familia Méndez de Andés Blanco en los años 30 del siglo XX. Aparecen de izquierda a derecha Tarsila hija, Rosa, Tarsila madre (de pié), Fernando, Manuel y, delante, la pequeña Raquel. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

5. La obra de Manuel del Busto mezcló diferentes elementos historicistas que recordaban a la arquitectura del medioevo, el clasicismo y  el modernismo, interpretándolas como una sola y única, asumiendo los defectos y las exageraciones. Destacan en el edificio, con una planta rectangular de 600m2,  las galerías, balcones, porches, terrazas, cubiertas y, especialmente, las ventanas multiformes, que no atienden a especial tendencia peero que imponen por su grandilocuencia.

En el interior resaltaba la grandiosa escalera de marmol con balaustradas de madera tallada que conducía, como en los grandes palacios del siglo XVIII, a las estancias superiores y de mayor rango. Los corredores decorados en maderas de calidad, los ventanales, las cristaleras policromadas, las forjas exquisitas, daban muestra del poder económico de la familia… Y todavía había más.

“Villa Excélsior”, fue la villa de moda durante la década de 1900 en la comarca de Valdés, en el Villar,  y más allá. Más allá, hacia el oriente, que es donde se encontraba el poder político y social.

Villa Excelsior 1912

Villa Excésior en 1912, recién construida por la familia Mández de Andés Blanco en el Villar de Luarca.

6. Tanto la arquitectura como el mobiliario interior de la villa buscaron el máximo de lujo y de modernidad. por eso, para la decoración de la mansión se recurrió a decoradores ingleses a la última en tendencias. Muebles de caoba, pianos repartidos por todas las habitaciones, caballerizas de lujo reconvertidas en inmensas cocheras, etc.

En el exterior los jardines superaban con creces a los de cualquier mansión indiana de Asturias,  por lujosa y pretenciosa que ésta hubiera sido.  El jardín tenía caminillos sembrados de begonias, petunias, claveles, pensamientos, dalias, nardos y grandes hortensias multicolores, que acababan en una placita con una fuente adornada por columnatas jónicas y glicinias derramándose. Había, además. repartidas por toda la finca, especies mayores como palmeras de Whasington, cedros del Himalaya, cipreses, plátanos falsos, tilos, falsas acacias y acebos; además de especies frutales como melocotoneros, albaricoques o ciruelos. También arbustos como rododendros de tres colores,  buganvillas, rosales trepadores, jazmines y “trompetas de Virginia”. Un vergel, sin ninguna duda.

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Postal de la primera mitad del siglo XX con imágenes de las “casas de indianos”, construidas en el Villar de Luarca. Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

7. En 1912, Manuel Méndez de Andés, dueño y señor de su nueva posesión. la flamante casa “Villa Excélsior”, vuelve a la Argentina para atender sus negocios. Los viajes se repetirían en lo sucesivo. En “Villa Excélsior” seguían viviendo su mujer y sus seis hijos.

A pesar de sus constantes viajes a América para atender los negocios, éstos cada vez fueron a menos. Seguramente, por la falta de habilidad en su administración, y por la desmesura en el gasto particular, Manuel Méndez de Andés,  fue perdiendo fuelle. Y la a fortuna de este indiano de segunda generación cayó en declive y los negocios, con la Guerra de 1914, se desplomaron. El desastre llegó con su fallecimiento en un accidente marítimo durante una de sus visitas a Asturias desde la Argentina.

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Finales de los años 20 del siglo XX. Familia Méndez de Andés Blanco. De izquierda a derecha:. De pie: Rosa, Tarsila madre (Tarsila Blanco), Tarsila hija, Isabela (hija de una hermana de Tarsila Blanco), Diego Camazón (marido de Esther, muerto en accidente de avioneta en 1931).
Sentados: Fernando, Raquel, Manuel y Esther. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

El dinero no llegaba ya a la villa de Luarca y la falta de atención al edificio durante varias décadas fue marcando su decadencia. Las viejas amistades que tanto disfrutaban de sus veladas en la mansión se fueron distanciando de la familia. Aún así, Marsila, la  viuda de Manuel, el testimonio de aquella grandeza indiana, nunca abandonó sus aires señoriales y, hasta el final, mantuvo consigo a su criada y convocó con timidez a la aristocracia local a sus elegantes fiestas. Eso sí, siempre acompañada de sus cuatro hijas e hijos:  Esther, Raquel, Mª Rosa y Tarsila Manuel y Fernando.

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Esther Méndez de Andés Blanco en Villa Excelsior. Años 20-30 del siglo XX. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

8. La mayor parte de la descendencia de Manuel Méndez de Andés y de su esposa Marsila -hijos, nietos- se mantuvo ligada a la comarca de Valdés , lo que no evitó que trás la ruina  y muerte del indiano la propiedad se diseminase de tal modo que los nuevos propietarios no fueran capaces de hacer frente a los gastos inherentes al mantenimiento y dejasen la propiedad sumida en el abandono. Y del abandono a la ruina hay solo un paso. Y si nadie lo remedia el paso es corto y fulgurante. Incluso podría no dejar rastro si el edificio desaparece, pues la memoria también se desvanece velózmente.

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Uno de los salones de Villa Excélsior, amueblado con lujo a la moda de los primeros años del siglo XX. La foto, probáblemente sea de los años setenta del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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La misma salita de la fotografía de arriba. Ha perdido totalmente el forjado del piso. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Uno de los salones principales de Villa Excélsior, donde destaca la elegante mesa de billar. La foto, probáblemente sea de los años setenta del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

9. Villa Excélsior en 1984, por Maruja Torres

Maruja Torres escribió en 1984 -hace dos días- un estupendo reportaje que llamó “Locura de indianos” y que publicó El País Semanal -entonces sin tilde-. El Bolg de ZenobbiEl jardín de Villa Excélsior,  en el que se basa casi toda esta entrada, lo recuperó y lo publicó en 2011. Transcribo aquí la parte del texto referida a la casa y a la su entonces única habitante Esther Méndez de Andés Blanco.

“…Y hay casas tremendamente alicaídas, como Villa Excélsior, en Barcellina, Luarca, en donde alguien vive aún, como un vaho aliento del ayer perdido. Esther Méndez de Andés, que tiene 83 (¿?) años y un rostro de facciones finas en el que destacan sus ojos todavía adolescentes, está sola en la casa familiar. Viste una bata de boatiné a la que el mucho uso ha sacado bolitas peludas y calza zapatillas de paño azul a modo de chancletas. En su cuello se mueve un insecto torpón, sin duda procedente del jardín en el que ha estado trabajando con unas tijeras de podar. El inmenso jardín de Villa Excélsior fue ejemplar en su tiempo –“obra de Múgica”, dice ella, con orgullo-, pero ahora es una selva desencadenada en donde las palmeras, algunas traídas del Sáhara, otras de América, conviven con los sicomoros, sequoias, magnolios y un mar de hiedras y desordenados matojos. Hay hasta un cedro del Líbano, porque el padre de doña Esther, don Manuel, quiso que su palacio asturiano tuviera de todo y por lo grande.”

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Villa Excélsior en 1984. Foto perteneciente al reportaje “Locura de indianos” firmado por Maruja Torres y publicado por El país Semanal.

Doña Esther convive ahora con los restos de la magnificencia, retratos de sus antepasados, divanes Chesterfield que muestran los fuelles bajo las cerraduras, y el retrato de un caballo, Asturiano, que perteneció a la cuadra de su padre y ganó el Gran Premio de Buenos Aires. La mesa de billar –inexcusable en cualquier mansión indiana que se preciara- está cubierta por un gran sudario, y desde alguna parte de la casa llega el goteo de una cisterna rota. Doña Esther nos advierte que no abramos las ventanas para las fotos, porque los postigos y las persianas no funcionan, se nos quedarían en las manos”. Así, con luz eléctrica en pleno mediodía, doña Esther pasa vivaz revista a una existencia en la que hubo fiestas suntuosas, dinero y pasión: fábricas de cigarrillos –precisamente, Excélsior- en Argentina, donde ella nació; puesta de largo en el casino de Luarca; matrimonio con un apuesto juez; viudez prematura al estrellarse la avioneta en que él viajaba, y un lento envejecer sin hijos en el que hasta pasó por la bomba de la cafetería California de Madrid, salvándose por los pelos tras permanecer unos días en coma”.

“…doña Esther pasa vivaz revista a una existencia en la que hubo fiestas suntuosas, dinero y pasión: fábricas de cigarrillos en Argentina, donde ella nació; puesta de largo en el casino de Luarca; matrimonio con un apuesto juez; viudez prematura al estrellarse la avioneta en que él viajaba, y un lento envejecer sin hijos…”

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Villa Excélsior en 1984. Foto del reportaje “Locura de indianos” firmado por Maruja Torres, publicado por El país Semanal. A la izquierda, sentada, Esther Méndez de Andés Blanco, la última habitante de la mansión de Valdés. En el centro, la mesa de billar.

A veces se siente sola, pese a los recuerdos, en este enorme palacio acastillado digno de Jane Eyre o Rebeca, en el que únicamente funcionan, más mal que bien, algunas habitaciones. Y tiene frio en invierno. Sin embargo, doña Esther se arregla todas las tardes primorosamente, y los vecinos la ven hacer a pie el buen kilómetro que la separa del casino, en donde una vez bailara el vals, y que ahora le proporciona unas horas de distracción jugando al bingo. De cuando en cuando va a Madrid, en lo que ella llama mi casa, un hostal de la calle de la Libertad, cerca del cual, una noche, un tipo de le acercó ofreciéndole heroína. Nada escandalizada, superviviente, doña Esther le sonrió con sus ojos cándidos y le dijo: “Pues mire, yo no uso, no tengo dinero, pero le deseo mucha suerte en su negocio”. Los cinco hermanos de la señora no quieren que la casa salga en los periódicos, por miedo a Hacienda, y ella insiste en que quede constancia de que Villa Excélsior es una pura ruina, al tiempo que nos despide dulcemente, todavía con las tijeras de podar en la mano y el insecto torpón en el cuello…” (“Locura de Indianos”, Maruja Torres, El País, 1984.  Ver Blog “El Jardín de Villa Excélsior“)

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Villa Excélsior en 2007. (Foto: Enrique F. Rojo)

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Imagen aérea de Villa Excélsior, 2012. (Foto: http://www.futurhobby.com / A. Díaz)

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Villa Excélsior, 2011. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Cocina de Villa Excélsior. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Uno de los salones de Villa Excélsior, totalmente destrozado y saqueado en 2011. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Losa hidráulica en una de las estancias de Villa Excélsior, en 2011. Las plantitas que asoman entre las llagas se apropian de las flores del diseño del suelo y las hacen suyas. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Villa Excélsior. Aspecto del salón principal, despojado de todo su mobiliario, salvo de la mesa de billar, en el centro. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Villa Excélsior en 2011. Una de las estancias de la planta baja desprovista del forjado del piso, del enfoscado de las paredes y con el cielo raso de cañizo destrozado. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

Referencias.-

El jardín de Villa Excélsior (Web monográfica sobre la casa, ampliamente documentada que incluye muchos datos, videos y fotografías de diferentes épocas. Imprescindible)

Villa excélsior de Luarca, palacete indiano de una belleza singular“.
Reportaje de Noviembre de 2008 publicado en la Voz de Occidente y firmado por David Piñeiro Fuentes. (Se puede leer en la Web “El Jardín de Villa Excélsior“, que lo ha escaneado)

Video histórico de la casa en Youtube

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Colonia Mahou-1985

Orígenes de la Colonia Mahou

La Colonia Mahou surgió en 1928 en el barrio de la Prosperidad, de la compra de unos terrenos por parte de una familia de apellido Mahou. Se estableció una cooperativa y se parcelaron los terrenos a razón de unidades de 150 metros cuadrados cada una. Se construyeron 106 casas de una sola altura y factura sencilla y económica, destinadas a ser adquiridas por jornaleros y obreros de escaso nivel de ingresos.

El Plan Especial

Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) las propiedades fueron expropiadas entre los años 70 y 80 y en la actualidad no queda ningún vestigio de la antigua colonia, no así de su vecina la Colonia Ibarrondo, de la que todavía sobrevive algo.

La Colonia Mahou se encontraba situada junto a la calle de Corazón de María, en la confluencia de la Avenida de América con la M-30. A finales de 1976 vivían en ella 60 familias a las que se instó a desalojar sus viviendas a causa de las actuaciones de la Junta de Compensación del Sector Prosperidad- Zona del Canalillo. Esta Junta desarrolló y urbanizó el Polígono 20 de la Avenida de la Paz (M-30), que contaba con una superficie de 32 hectáreas y en las que se tenía previsto construir 3.188 viviendas de gran lujo sobre terrenos baldíos y los que ocupaba la Colonia, construida en 1928.

Vista aérea de lo que quedaba de  la “Colonia Mahou” en 1975. (Foto: NomeCalles– CAM)

Area de la antigua “Colonia Mahou” y terrenos aledaños que quedó fectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) y cuyas propiedades fueron expropiadas entre los años 70 y 80. La fotografía aérea de 2009 muestra el resultado de la intervención y la nueva ordenación residencial del barrio proyectado. (FOTO: Google Maps-2009)

La Junta de Compensación

La Junta de Compensación estaba compuesta por la Inmobiliaria Bilbao, con el 44 por 100 de los terrenos, y el 56 por ciento restante compuesto por otros propietarios:  constructoras y grandes empresas (Banco de Bilbao, Banco Urquijo, Siemens, Cuzco y Fábrega Constructora, Alarfe, Perlofil, Seda de Barcelona entre otros, que sumaban un total del 93 por 100) y por particulares, el  7 por 100 restante, que pertenecía a los dueños de las casas de la colonia.

Teniendo en cuenta que el precio medio oficial  del metro cuadrado en la época y en esta zona era de entre 40.000 y 50.000 pesetas (calculando siempre por debajo de los valores reales), los beneficios estimados de la operación, una vez descontados costes de construcción y gastos financieros,  podía ser de más de 7.000 millones de pesetas (43 millones de Euros actuales que, haciendo un sencillo cálculo, en 1978 y según los precios actuales podrían haber supuesto más de   400 millones de Euros, imaginando que  en este periodo transcurrido los precios de los solares en el norte de Madrid se han incrementado como mínimo diez veces). Así que el negocio estaba garantizado.

Frente a estas expectativas de beneficios tan gigantes, los propietarios “indirectamente” expropiados recibían 150.000 pesetas de indemnización y 4.000 pesetas por metro cuadrado de su casa o bien, al connsiderárseles  parte de la Junta, podían hacer uso de su condición aportando las cantidades monetarias correspondientes, que rondaban los 4 millones de pesetas y entrar en el negocio como parte promotora. Pero, puesto que los propietarios de la Colonia eran obreros con ingresos por debajo de las 300.000 pesetas al año, su condición de miembros de la Junta no pasaba de ser una burla.  Ante las reticencias de los vecinos que prolongaban el desahucio y forzaban las condiciones de expropiación encubierta, los poderosos promotores  no dudaron en hacer uso de las habituales prácticas de presión y hostigamiento para obligar a las familias a ceder a las condiciones que les ofrecían.

Expropiaciones

Finalmente, después de diferentes reuniones entre promotores, Ayuntamiento de Madrid y COPLACO (Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid), las condiciones se ampliaron con la oferta de viviendas para los expropiados en promociones de nueva planta en Alcalá de Henares, bien lejos del lugar de conflicto y del centro de Madrid.  (ABC- Martes 21 de marzo de 1978, pág. 25)

En 1985 seguían viviendo en la colonia 16 familias en unas condiciones deplorables, amenazados, acosados y siendo objeto de sabotajes como rotura de tuberías, desaparición de luminarias, corte de calles, etc.  (ABC -viernes, 26 de julio de 1985,  pág. 30). En noviembre de 1987 todavía quedaban más de una treintena de propietarios en sus viejas casas que se negaban a ser expulsados, no admitiendo las condiciones ofrecidas por la Gerencia Municipal de Urbanismo, que era en ese momento la encargada de llevar a buen fin el proyecto. Según parece, el convenio no se estaba cumpliendo en los términos estipulados y los vecinos que aún no se habían ido reclamaban la vivienda de realojo ofrecida y cantidades más acordes a la revalorización del suelo. El asunto estaba en manos del Tribunal Supremo y por esto, aunque el Ayuntamiento de Madrid había intentado desalojar con medios policiales a los vecinos,  estos desalojos siempre tuvieron que paralizarse ante la falta de una sentencia firme que lo permitiese. También habían llegado las alegaciones vecinales al despacho del Defensor del Pueblo, en aquel entonces, el señor Ruiz-Giménez, quien al parecer rechazó su intervención por no ser de su competencia el caso. (ABC- 13 de diciembre de 1987, pág. 58 )

Final de la historia

El final de la historia, como no podría haber sido de otra manera, es el que ya todos sabemos. La humilde barriada obrera, en su última etapa absolutamente marginal, desapareció en su totalidad y las nuevas construcciones de carácter residencial de lujo, ejecutadas con aparente buena factura y gusto más que aceptable, dieron paso a un nuevo barrio más moderno, más ordenado y más racional. También más denso, pero más elegante y acogedor. Los nuevos edificios residenciales, rodeados de zonas verdes pronto hicieron olvidar el cercano pasado de la Colonia Mahou y de la lucha de sus últimos moradores. Sirva este recordatorio para refrescar la memoria de la historia reciente de los barrios olvidados y, aún más, desconocidos, de este Madrid hiperactivo que se reinventa constantemente y crece sin parar, a las órdenes de sesudos estadistas que planifican, y de las leyes de mercado, que imponen su poder.

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