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Archive for the ‘cocina’ Category

La luz de los fluorescentes

“En la casa de mi amiga todas las habitaciones tenían tubos fluorescentes y había mucha luz; pero la luz era triste. En el salón había una vitrina iluminada, con escopetas de cartuchos y de perdigones y también había un Winchester americano, como el de las películas de indios y vaqueros de John Wayne, que disparaba balas de verdad;  y al lado, la televisión, grande, siempre encendida a todo volumen; había muchos muebles diferentes en el salón, y en toda la casa. Y, a veces, había mucha gente y un perro hiperactivo medio tonto que no sabía cazar y no paraba de ladrar; y una abuela achacosa que se quejaba mucho a la que no dejaban de reñir. Pero, aunque había mucha luz y mucha gente y mucho ruido, la casa era triste. Y la gente también era triste”. (E.R.E. memorias apócrifas)

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En la casa de mi amiga sólo me calmaba la quietud de la cocina que iluminaban unos fluorescentes, mezclando su claridad tenue con los rayos de sol que se colaban por el patio de luces. En la nevera siempre había tetrabricks de vino tinto del malo y yo me aficioné a su sabor fresquito. Así que un día, “reflexionando” las rodillas delante del fregadero en la iluminada cocina, mirando al techo, me di cuenta de que me gustaban mucho las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes con ventanas por las que entra el sol tenuemente.”

Me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…

“Creo que me gustan las cocinas iluminadas con tubos fluorescentes…  Me parece una luz rigurosa para el trabajo minucioso. Una cascada lumínica, una “bañera” de claridad para poder ver el detalle que acompaña el conjunto del entorno donde encontrar los utensilios e ingredientes necesarios para la tarea diaria. Cuando esa luz se integra con otras luces matizadoras más cálidas como la luz del sol, u otras artificiales que reproducen su naturaleza, el conjunto es armónico y genera sensación de paz. Y facilita el trabajo…” (E.R.E. memorias apócrifas)
Después de leer esta, aparente, urgente reflexión he despertado de la siesta de media tarde. Todo el texto escrito ha podido ser una lectura difusa o una fantasía o una ensoñación, o un anhelo, que se define como deseo vehemente, siempre con “h” intercalada, consonante escurridiza.

Cocina restaurante tubos

 Cocina industrial iluminada con fluorescentes. Cuando la luz es abundante y de calidad el ambiente es armónico. Cuando la calidad de la luz y su cantidad es pobre la salud puede quedar afectada.

Mala luz: desorientación, falta concentración…mala leche

En casa de mi amiga no sabían que la luz artificial mala, de mala calidad -igual que el colesterol malo- influye negativamente en la salud. También en el rendimiento intelectual; y que cuando es insuficiente y la calidad es mala, muy mala, puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, inapetencia sexual, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, y mala leche…” (E.R.E. memorias apócrifas)

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Taller de coches iluminado con tubos fluorescentes.

Alguna vez he visto…

Alguna vez he visto como se trabajaba en algún taller de chapistería y pintura, en cocinas de restaurantes, en talleres de mármol, operando solamente con luz de tubos fluorescentes y he pensado: “¡cuánta pobreza!”; “cuánta mala leche se respira”. He pensado en los trabajadores por las condiciones infra-lumínicas en las que trabajan: “qué pena de luz”; “cuánta tristeza”, he pensado después. Además de ser fluorescente, la luz en aquellos lugares era poca y la atmósfera de los locales muy triste. La calidad de la luz y su cantidad nos afectan a niveles neurológicos y fisiológicos y, sobre todo, causan desánimo y tristeza. Y mala leche.

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Restaurante polpular de la costa mediterránea iluminado con tubos fluorescentes.

No me gusta la luz de los fluorescentes…

Me he dado cuenta de que solo me gusta la luz de los fluorescentes en la cocina de casa. Pero no en la cocina de los restaurantes, porque por lo que he visto puede ser escasa, como el espacio mínimo en el que se trabaja.

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Bar de Madrid iluminado por fluorescentes.

… en un bar o en un restaurante, por ejemplo

Alguna vez he estado en un bar iluminado con tubos fluorescente y me ha disgustado. Luz demasiado blanca, anodina, insustancial, fastidiosa.
No me gusta la luz de los tubos fluorescentes en los bares. Menos aún en los restaurantes. Me parece la luz ideal para estropear cualquier momento que aspire a ser agradable. Vilipendia un buen filete o una buena ensalada. O un buen postre. Es desconcertante para el ocio. Es luz que demotiva, aburrida y triste. En un restaurante, el fluorescente resulta ofensivo para el comensal que quiera disfrutar del acto íntimo de comer con gozo y sin interrupción en un ambiente relajado, desmereciendo la calidad de lo ingerido y hasta la de su digestión siguiente.

La luz blanca del fluorescente asusta a la parroquia. Vale para echar la partida de cartas o de dominó. Hasta para sorber el chupito mágico que te conduce por sus efluvios alcohólicos a cualquier parque temático idílico. Sólo los desprevenidos se engañan ante esta luz. El fluorescente está fuera de razón, de sentido y  de toda conveniencia. Es todo un despropósito.

Al margen de la partida y de los chupitos. ¡Nunca más los  fluorescentes en el comedor de un restaurante!

BAR pueblo

Antiguo bar del amigo de mi amiga, ya desmantelado. Los fluorescentes del techo no se ven.

El bar del amigo de mi amiga

Un amigo de mi amiga tenía un bar y se empecinaba en mantener las luces fluorescentes blancas en el techo. Por baratura, principalmente. Era un bar de pueblo. Según Wikipedia, un pueblo de  13.110 hab. (2017). Así que un pueblo grande.
El bar era sencillo, de unos 70 m2, con una barra simple, las paredes tapizadas a media altura con listones de pino machimbrados con un barniz claro envejecido o avejentado por los años; el resto estaba pintado en un ocre agradable y poco más. El suelo era de terrazo rojizo gastado y las sillas y las mesas eran también de pino barnizado. El bar era normal y casi acogedor. Pero la luz clara de los fluorescentes blanquecinos nunca me gustó. Tampoco en la cocina, que era muy pequeña.

Restaurante nuevo luz leds

Este local se parece mucho al nuevo lugar de trabajo del amigo de mi amiga. A lo mejor es el mismo.

Creo que las tapas que ponía el amigo  de mi amiga, con todo su esfuerzo por agradar se diluían a diario en la nada a causa de la anodina luz del bar. Aunque le hablé del tema,  no me entendió y tampoco me atendió. Como no soy su amigo, solo soy el amigo de su amiga, no quise insistir. Al final, el bar tuvo que cerrar porque no tenía clientes. Los que tenía eran viejos parroquianos de chateo barato que bebían mucho y veían poco, y tampoco sabían nada de luces. Y el amigo de mi amiga se fue al paro.
Ahora trabaja de camarero en un bar-restaurante muy cerca de su antiguo negocio. El dueño es un empresario avisado, -más que “prudente, discreto o sagaz”- que se ha adaptado, antes que tarde, a las modas que vienen y ya están. Tiene un local cómodo para la clientela, que despacha todo lo que ahora se busca en un bar moderno y está mucho mejor iluminado que los clásicos del pueblo, sin luz blanca. Han desaparecido los fluorescentes. Los ha cambiado por modernos LEDs.

Conclusión

Mi amiga hace tiempo que vive en una casa con tubos fluorescentes solo en la cocina, y los quiere quitar. En un arresto de modernización, en el resto de su casa han sustituido las antiguas bombillas y ahora todo lo ilumina la tecnología LED”.
A mí, los fluorescentes siguen gustándome y disgustándome en la medida ya declarada. La mayoría de nosotros despide sin conmiseración al neón de los fríos fluorescentes en el conjunto de los espacios públicos. Y también en las cocinas. El sentir popular se vuelca a favor de las nuevas tecnologías de la luz. En este asunto hay que ser popular o popularista, que es lo mismo en términos comerciales, y mirar a lo práctico. Viva la revolución lumínica. ¡Viva el led! O lo que venga…

Referencias.-

Luminaria fluorescente (Wikipedia)

Efectos de la luz artificial sobre la salud (WEB Green Facts)

Iluminación fluorescente y salud (Informe Greenpeace)

Textos Urban Idade (E.R.E. Memorias apócrifas 2007-2018 )

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Cocina economica Coruña_papel_viejo

La Cocina Económica de A Coruña se fundó en 1886 en una vieja instalación panadera del centro histórico, y actualmente es la institución benéfica más antigua de Galicia. En 1888, Teodoro Baró, quien fuera Gobernador Civil de esa provincia y en el momento Director General de Beneficencia y Sanidad, estableció la creación de la Cocina Económica de A Coruña. Su Reglamento establecía en el artículo primero que aquel establecimiento, como todos los de su nombre, tendría por objeto proporcionar a la clase pobre alimento sano, barato y nutritivo por un precio módico. En el artúculo 4º se decía que “Podrán en este concepto suministrarse almuerzos de sopa o cascarilla y raciones al medio día y noche de pan, caldo, potaje, bacalao, guisado, callos, etc.” En los artículos 7º y 8º se indicaba que las raciones se comprarían con bonos talonarios que podrían adquirirse en el local y que costarían cada bono cinco, diez y quince céntimos de peseta según sea la ración de pan, caldo, bacalao, callos o carne guisada.

En los años veinte del siglo XX don Antonio Lens expuso la necesidad de dotar de edificio propio a la Cocina Económica porque los tiempos lo exigían. Las instalaciones inauguradas cuarenta años antes resultaban obsoletas y fue entonces cuando se propuso a la Junta la adquisición de la casa número 10 de la calle de Cordelería, y 53 de la calle Juan Canalejo, donde actualmente tiene su sede la Cocina, que estaba en venta. Al año siguiente, 1925, el inmueble fue adquirido por 35.000 pesetas de las de hace 80 años, cantidad que pagó el propio presidente de la Cocina, don Antonio Lens, de su peculio particular. Aquel mismo año la Cocina Económica fue clasificada como Entidad Benéfica Particular.

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Cocina Económica, fachada en calle Juan Canalejo. (Foto: A. Manteiga, 2011)

Un día cualquiera frente a la puerta de la Cocina Económica de A Coruña. Un grupo numeroso de gente variopinta con aspecto de “necesitados” hace cola y espera para poder entrar en el recinto. Además de comida, esta institución ofrece lo que ellos denominan el Servicio Integral de Aseo, destinado a la gente “sin techo” que no puede ver cubiertas sus necesidades básicas de higiene personal, que incluye duchas y lavandería. Este comedor social, además de ser el más antiguo de los existentes en Galicia, es el único en España de sus características. En la actualidad, cada día, unas 600 personas utilizan sus instalaciones. También ofrecen 80 raciones de desayuno gratuito.

En la cocina, de media, se cuecen diariamente 70 kg de pasta y 10 sacos de patatas, además de un buen número de kilos de carne, pescado y verduras para un total de 170 raciones. El menú -que al comedor le sale por unos tres euros y por el que se cobran seis céntimos- es poco imaginativo, pero cubre las necesidades.
Para la cena se sirve lo sobrante en el almuerzo o bocadillos. Además del comedor general, que da comida a los más necesitados, la Cocina Económica dispone de un comedor para ancianos con escasos medios con capacidad para unas 25 personas.

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Cocina Económica de A Coruña. (Foto:La Voz de Galicia, 2013)

La larga e interminable crisis que vivimos en España ha aumentado la marginación social -eso que llamamos exclusión social- y es numerosa la población que acude a los escasos centros de beneficencia que hay por el país. Desde familias enteras que tienen que dejar de comprar alimento para pagar la hipoteca y no perder la casa, parados sin cobertura, muchos inmigrantes, gente joven que no encuentra empleo o que lo perdió, hasta los habituales “sin hogar” que frecuentan habitualmente las instituciones benéficas y que, hasta no hace mucho, eran sus usuarios exclusivos. Unas 300 raciones se destinan a personas con vivienda pero sin medios, que se las llevan a sus casas. Tristemente, 127 años después de su fundación, esta institución continúa siendo más útil que nunca y, con toda seguridad, imprescindible, visto el devenir de los acontecimientos. Aunque todavía algunos insistan en hacernos creer que “en España las cosas van bien“. Será para ellos.

Referencias.-

Cocina Económica de Ferrol (en Urban Idades)

Web de La Cocina Económica de A Coruña

Cocina Económica de A Coruña (El Mundo.es, 2011/05/01)

Cocina Económica de A Coruña (El Ideal Gallego, 2013/02/06)ç

Reglamento Cocina Económica de La Coruña, 1888 (Galiciana, PDF)

Información TVE Cocina Económica de A Coruña, 09-may-2011 (VIDEO)

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Recetario secreto


GLI ARANCINI DI MONTALBANO


Se trata de croquetas o albóndigas de arroz rellenas y fritas, más o menos grandes, en forma de naranja. Se pueden hacer con rellenos variados. En este caso me voy a referir a las de carne , guisantes y queso. Al comisario Montalbano le maravillan estas croquetas. Particularmente los de la señora Adelina, vecina y asistenta del comisario que tenía dos hijos delincuentes que no hacían más que entrar y salir de la cárcel. Para la noche de un 31 de Diciembre a Montalbano, invitado a cenar, se le hacía la boca agua pensando en la tierna y tibia redondez del manjar elaborado por Adelina, pero sólo de pensar en sus hijos, sospechosos de un atraco, y en sus obligaciones de policía responsable se le aguaba la boca de más y perdía el apetito.
El personaje creado por Andrea Camilleri es un erudito gastrónomo, purista, exigente y de fino paladar. He aquí, en tres versiones, uno de los plátos típicos de Sicilia y uno de los preferidos de Montalbano. ¡Buen provecho!


Arancini de Sicilia

Receta nº 1
Ingredientes –
350 grs. de arroz (para risotto), 1,2 litros de caldo, sal, 2 huevos, azafrán en hebra, 2 cucharadas de queso rallado tipo sardo. 100 grs. de guisantes frescos hervidos al ‘dente’, 350 cc. de salsa boloñesa, 1 litro aceitede oliva, cantidad necesaria de harina, 6 huevos batidos, cantidad necesaria de pan rallado.

Preparación – Cocinar el arroz como si fuera un risotto’ con un litro y más de caldo disponible salando a gusto y sumando el azafrán disuelto en un poquito de agua tibia. Debe quedar bien sequito. Incorporar entonces 2 huevos batidos y dos abundantes cucharadas de queso rallado. Dejar enfriar completamente sobre una mesada limpia y aceitada desparramándolo con una cuchara de madera.

Para preparar una salsa boloñesa, haga un fondo con dos cucharada de aceite de oliva, una cebolla cortada, una zanahoria pequeña rallada, una rama de apio pequeña cortada, una hoja de laurel. Sofreír todo y agregar la carne picada; cocinar unos minutos mezclando para que la carne no quede agrumada. Agregar medio litro de pulpa de tomate triturada y un toque de vino tinto o blanco. Salpimentar a gusto. Cocinar a fuego lento hasta lograr una consistencia mas bien densa.
Preparar el relleno los guisantes hervidos con los 35 cl. de salsa boloñesa. Dejar enfriar. Con el arroz, ayudándose con las palmas de las manos, formar pelotitas del tamaño de una naranja chica, ahuecarlas y introducir una cucharada de relleno. Cerrar con un poco más de arroz. Pasar por harina, huevos batidos y el pan rallado. Freír la cantidad que se va a comer, en abundante aceite caliente hasta dorar. Peden comerse caliente o tibias, nunca frías. Las que sobran crudas pueden guardarse en el congelador por un corto período o en la nevera para un consumo rápido. La variante con queso, puede contener un relleno compuesto de mozzarella y jamón, roquefort, etc.



Arancini siciliani

Receta nº 2
Ingredienti
400 grammi di riso (anche del risotto bianco)
150 grammi di carne trita di vitello
1/2 pomodoro pelato
100 grammi di piselli sgusciati
75 grammi di caciocavallo fresco
100 grammi di burro
6 uova
1/2 cipolla
sale e pepe q.b.
300 grammi di pangrattato
olio per friggere


Preparazione
Lessare il riso tenendolo al dente (in realtà, è meglio avere a disposizione del risotto), quando si è raffreddato unire 3 uova e metà burro. A parte, lessare i piselli, scolarli e rosolarli nel burro rimasto; a parte, soffriggere la cipolla tritata, aggiungere la carne, sale e pepe, il pomodoro pelato e lasciar cuocere a fuoco basso, coprendo con un coperchio. A cottura avvenuta, unire al composto di piselli e preparare gli arancini veri e propri. Si forma una palla di riso, si riempie con l’impasto di carne e piselli e un pezzetto di formaggio, poi si chiude. In un piatto si sbattono le altre 3 uova e vi si fanno passare gli arancini, poi si impanano con il pangrattato e si friggono nell’olio. Quando sono ben dorati si ritirano e si lasciano asciugare sulla carta. Volendo farli più leggeri, si può evitare di passarli nell’uovo, impanandoli solo con il pangrattato.

Montalbano e gli arancini di Adelina.

A continuación la misma receta en otra versión: la aportada por el propio comisario Montalbano, es decir la receta de “gli arancini” de Adelina”. Esta vez el arroz no llevará azafrán (“senza zaffirano, pì carità”- dice Montalbano)- y se mezclará con una bechamel. La carne será picada a mano (“nenti frullatore, pì carità di Dio”- repite Montalbano), mixta de ternera y cerdo, aderezada con perejil, apio y albahaca, a la que se le puede añadir salchichón en trocitos. Esta receta no lleva queso.


Gesù, gli arancini di Adelina! Li aveva assaggiati solo una volta: un ricordo che sicuramente gli era trasùto nel Dna, nel patrimonio genetico. Adelina ci metteva due jornate sane sane a pripararli. Ne sapeva, a memoria, la ricetta: Il giorno avanti si fa un aggrassato di vitellone e di maiale in parti uguali che deve còciri a foco lentissimo per ore e ore con cipolla, pummadoro, sedano, prezzemolo e basilico. Il giorno appresso si prìpara un risotto, quello che chiamano alla milanisa (senza zaffirano, pi carità!), lo si versa sopra a una tavola, ci si impastano le ova e lo si fa rifriddàre. Intanto si còcino i pisellini, si fa una besciamella, si riducono a pezzettini gna poco di fette di salame e si fa tutta una composta con la carne aggrassata, triturata a mano con la mezzaluna (nenti frullatore, pì carità di Dio!). Il suco della carne s’ammisca col risotto. A questo punto si piglia tanticchia di risotto, s’assistema nel palmo d’una mano fatta a conca, ci si mette dentro quanto un cucchiaio di composta e si copre con dell’altro riso a formare una bella palla. Ogni palla la si fa rotolare nella farina, poi si passa nel bianco d’ovo e nel pane grattato. Doppo, tutti gli arancini s’infilano in una padeddra d’oglio bollente e si fanno friggere fino a quando pigliano un colore d’oro vecchio. Si lasciano scolare sulla carta”.

(Da: “Gli arancini di Montalbano” di Andrea Camilleri. Pág. 329. Mondadori. Milano, 1999)

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