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Archive for the ‘Asturias’ Category

Villa Excelsior Postal
1. “Villa Excélsior” es como una aparición cuando, de repente, la ves. Tan imponente, tan solitaria, tan abandonada y tan ruinosa como está. “Villa Excélsior” de Luarca, es el palacete de un indiano exagerado. Mucho más que un palacete indiano al uso. Un capricho millonario desproporcionado al que hoy se le escuchan los estertores últimos de su existencia, porque se cae a pedazos.  Porque no le queda mucho y sucumbirá, a menos que alguien -o algunos- lo remedie de inmediato.

2. La propiedad de “Villa Excélsior” la mandó construir Manuel Méndez de Andés en 1912, nacido en Valdepares.
Manuel había heredado de su tío, también llamado Manuel Méndez, la formidable fortuna que éste había hecho en la Argentina, emigrado en 1858, al establecer una próspera industria de tabacos en el año 1874 llamadaLa Abundancia“.

“La Abundancia” fue el profético nombre que el indiano Méndez de Andés había dado a su exitosa industria. Y los cigarrillos triunfadores se llamaron “Excelsior”, buscados por todos los fumadores iniciados de Buenos Aires  y más allá de la capital -¡qué paradoja!-.

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Manuel Méndez de Andés y Társila Blanco junto con dos de sus hijas. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

3. El sobrino, que había emigrado con la excusa de ayudar a su tio, acabó heredando una vez fallecido éste sin descendencia, un enorme patrimonio que incluía los importantes negocios de ultramar. Manuel Méndez, el sobrino heredero, dueño ya de los derechos y de las propiedades, desde la muerte de su tio en 1897,  en uno de sus retornos a Asturias, ya casado con la, también asturiana, joven de buena familia Tarsila Blanco Abella y ya con hijos, se hizo con unas tierras en Luarca y recurrió al arquitecto de prestigio Manuel del Busto, autor del Casino de Luarca y de otras obras de renombre, y mandó a construir un palacio para él y su familia. Algo más que habitual entre los indianos que regresaban al terruño después de hacer fortuna.

Manuel Mendez de Andes

Manuel Méndez de Andés. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

Tarsila Blanco

Társila Blanco. La foto debió de hacerse en la primera década del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

4. La finca, “Excelsior”, la de Manuel Méndez, el sobrino, no reparó en gastos. El arquitecto fue el mejor; el maestro de obras, “Manolín” de la Castellana, también el mejor. El autor del proyecto, del Busto, destacaba en su momento por sus obras, encasilladas en un estilo llamado técnica y peyorativamente “retórico”, por su eclecticismo, su empaque y por la profusión de elementos decorativos, algo recargados y siempre excesivos.

En 1912, en los alrededores de Valdés, en toda Luarca, “Villa Excélsior” era la más grandiosa, la más llamativa y la más bonita de las villas. Era la villa de moda, a la que toda la burguesía local quería ser invitada. “Villa Excélsior” era, y  todavía sigue siéndolo, un espacio excepcional. Una finca dominada por la arquitectura extraordinaria del palacete y rodeada por exquisitos jardines y por las sólidas construcciones aledañas.

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Familia Méndez de Andés Blanco en los años 30 del siglo XX. Aparecen de izquierda a derecha Tarsila hija, Rosa, Tarsila madre (de pié), Fernando, Manuel y, delante, la pequeña Raquel. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

5. La obra de Manuel del Busto mezcló diferentes elementos historicistas que recordaban a la arquitectura del medioevo, el clasicismo y  el modernismo, interpretándolas como una sola y única, asumiendo los defectos y las exageraciones. Destacan en el edificio, con una planta rectangular de 600m2,  las galerías, balcones, porches, terrazas, cubiertas y, especialmente, las ventanas multiformes, que no atienden a especial tendencia peero que imponen por su grandilocuencia.

En el interior resaltaba la grandiosa escalera de marmol con balaustradas de madera tallada que conducía, como en los grandes palacios del siglo XVIII, a las estancias superiores y de mayor rango. Los corredores decorados en maderas de calidad, los ventanales, las cristaleras policromadas, las forjas exquisitas, daban muestra del poder económico de la familia… Y todavía había más.

“Villa Excélsior”, fue la villa de moda durante la década de 1900 en la comarca de Valdés, en el Villar,  y más allá. Más allá, hacia el oriente, que es donde se encontraba el poder político y social.

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Villa Excésior en 1912, recién construida por la familia Mández de Andés Blanco en el Villar de Luarca.

6. Tanto la arquitectura como el mobiliario interior de la villa buscaron el máximo de lujo y de modernidad. por eso, para la decoración de la mansión se recurrió a decoradores ingleses a la última en tendencias. Muebles de caoba, pianos repartidos por todas las habitaciones, caballerizas de lujo reconvertidas en inmensas cocheras, etc.

En el exterior los jardines superaban con creces a los de cualquier mansión indiana de Asturias,  por lujosa y pretenciosa que ésta hubiera sido.  El jardín tenía caminillos sembrados de begonias, petunias, claveles, pensamientos, dalias, nardos y grandes hortensias multicolores, que acababan en una placita con una fuente adornada por columnatas jónicas y glicinias derramándose. Había, además. repartidas por toda la finca, especies mayores como palmeras de Whasington, cedros del Himalaya, cipreses, plátanos falsos, tilos, falsas acacias y acebos; además de especies frutales como melocotoneros, albaricoques o ciruelos. También arbustos como rododendros de tres colores,  buganvillas, rosales trepadores, jazmines y “trompetas de Virginia”. Un vergel, sin ninguna duda.

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Postal de la primera mitad del siglo XX con imágenes de las “casas de indianos”, construidas en el Villar de Luarca. Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

7. En 1912, Manuel Méndez de Andés, dueño y señor de su nueva posesión. la flamante casa “Villa Excélsior”, vuelve a la Argentina para atender sus negocios. Los viajes se repetirían en lo sucesivo. En “Villa Excélsior” seguían viviendo su mujer y sus seis hijos.

A pesar de sus constantes viajes a América para atender los negocios, éstos cada vez fueron a menos. Seguramente, por la falta de habilidad en su administración, y por la desmesura en el gasto particular, Manuel Méndez de Andés,  fue perdiendo fuelle. Y la a fortuna de este indiano de segunda generación cayó en declive y los negocios, con la Guerra de 1914, se desplomaron. El desastre llegó con su fallecimiento en un accidente marítimo durante una de sus visitas a Asturias desde la Argentina.

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Finales de los años 20 del siglo XX. Familia Méndez de Andés Blanco. De izquierda a derecha:. De pie: Rosa, Tarsila madre (Tarsila Blanco), Tarsila hija, Isabela (hija de una hermana de Tarsila Blanco), Diego Camazón (marido de Esther, muerto en accidente de avioneta en 1931).
Sentados: Fernando, Raquel, Manuel y Esther. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

El dinero no llegaba ya a la villa de Luarca y la falta de atención al edificio durante varias décadas fue marcando su decadencia. Las viejas amistades que tanto disfrutaban de sus veladas en la mansión se fueron distanciando de la familia. Aún así, Marsila, la  viuda de Manuel, el testimonio de aquella grandeza indiana, nunca abandonó sus aires señoriales y, hasta el final, mantuvo consigo a su criada y convocó con timidez a la aristocracia local a sus elegantes fiestas. Eso sí, siempre acompañada de sus cuatro hijas e hijos:  Esther, Raquel, Mª Rosa y Tarsila Manuel y Fernando.

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Esther Méndez de Andés Blanco en Villa Excelsior. Años 20-30 del siglo XX. (Foto: (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior“, Zanobbi, 2011)

8. La mayor parte de la descendencia de Manuel Méndez de Andés y de su esposa Marsila -hijos, nietos- se mantuvo ligada a la comarca de Valdés , lo que no evitó que trás la ruina  y muerte del indiano la propiedad se diseminase de tal modo que los nuevos propietarios no fueran capaces de hacer frente a los gastos inherentes al mantenimiento y dejasen la propiedad sumida en el abandono. Y del abandono a la ruina hay solo un paso. Y si nadie lo remedia el paso es corto y fulgurante. Incluso podría no dejar rastro si el edificio desaparece, pues la memoria también se desvanece velózmente.

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Uno de los salones de Villa Excélsior, amueblado con lujo a la moda de los primeros años del siglo XX. La foto, probáblemente sea de los años setenta del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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La misma salita de la fotografía de arriba. Ha perdido totalmente el forjado del piso. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Uno de los salones principales de Villa Excélsior, donde destaca la elegante mesa de billar. La foto, probáblemente sea de los años setenta del siglo XX. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

9. Villa Excélsior en 1984, por Maruja Torres

Maruja Torres escribió en 1984 -hace dos días- un estupendo reportaje que llamó “Locura de indianos” y que publicó El País Semanal -entonces sin tilde-. El Bolg de ZenobbiEl jardín de Villa Excélsior,  en el que se basa casi toda esta entrada, lo recuperó y lo publicó en 2011. Transcribo aquí la parte del texto referida a la casa y a la su entonces única habitante Esther Méndez de Andés Blanco.

“…Y hay casas tremendamente alicaídas, como Villa Excélsior, en Barcellina, Luarca, en donde alguien vive aún, como un vaho aliento del ayer perdido. Esther Méndez de Andés, que tiene 83 (¿?) años y un rostro de facciones finas en el que destacan sus ojos todavía adolescentes, está sola en la casa familiar. Viste una bata de boatiné a la que el mucho uso ha sacado bolitas peludas y calza zapatillas de paño azul a modo de chancletas. En su cuello se mueve un insecto torpón, sin duda procedente del jardín en el que ha estado trabajando con unas tijeras de podar. El inmenso jardín de Villa Excélsior fue ejemplar en su tiempo –“obra de Múgica”, dice ella, con orgullo-, pero ahora es una selva desencadenada en donde las palmeras, algunas traídas del Sáhara, otras de América, conviven con los sicomoros, sequoias, magnolios y un mar de hiedras y desordenados matojos. Hay hasta un cedro del Líbano, porque el padre de doña Esther, don Manuel, quiso que su palacio asturiano tuviera de todo y por lo grande.”

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Villa Excélsior en 1984. Foto perteneciente al reportaje “Locura de indianos” firmado por Maruja Torres y publicado por El país Semanal.

Doña Esther convive ahora con los restos de la magnificencia, retratos de sus antepasados, divanes Chesterfield que muestran los fuelles bajo las cerraduras, y el retrato de un caballo, Asturiano, que perteneció a la cuadra de su padre y ganó el Gran Premio de Buenos Aires. La mesa de billar –inexcusable en cualquier mansión indiana que se preciara- está cubierta por un gran sudario, y desde alguna parte de la casa llega el goteo de una cisterna rota. Doña Esther nos advierte que no abramos las ventanas para las fotos, porque los postigos y las persianas no funcionan, se nos quedarían en las manos”. Así, con luz eléctrica en pleno mediodía, doña Esther pasa vivaz revista a una existencia en la que hubo fiestas suntuosas, dinero y pasión: fábricas de cigarrillos –precisamente, Excélsior- en Argentina, donde ella nació; puesta de largo en el casino de Luarca; matrimonio con un apuesto juez; viudez prematura al estrellarse la avioneta en que él viajaba, y un lento envejecer sin hijos en el que hasta pasó por la bomba de la cafetería California de Madrid, salvándose por los pelos tras permanecer unos días en coma”.

“…doña Esther pasa vivaz revista a una existencia en la que hubo fiestas suntuosas, dinero y pasión: fábricas de cigarrillos en Argentina, donde ella nació; puesta de largo en el casino de Luarca; matrimonio con un apuesto juez; viudez prematura al estrellarse la avioneta en que él viajaba, y un lento envejecer sin hijos…”

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Villa Excélsior en 1984. Foto del reportaje “Locura de indianos” firmado por Maruja Torres, publicado por El país Semanal. A la izquierda, sentada, Esther Méndez de Andés Blanco, la última habitante de la mansión de Valdés. En el centro, la mesa de billar.

A veces se siente sola, pese a los recuerdos, en este enorme palacio acastillado digno de Jane Eyre o Rebeca, en el que únicamente funcionan, más mal que bien, algunas habitaciones. Y tiene frio en invierno. Sin embargo, doña Esther se arregla todas las tardes primorosamente, y los vecinos la ven hacer a pie el buen kilómetro que la separa del casino, en donde una vez bailara el vals, y que ahora le proporciona unas horas de distracción jugando al bingo. De cuando en cuando va a Madrid, en lo que ella llama mi casa, un hostal de la calle de la Libertad, cerca del cual, una noche, un tipo de le acercó ofreciéndole heroína. Nada escandalizada, superviviente, doña Esther le sonrió con sus ojos cándidos y le dijo: “Pues mire, yo no uso, no tengo dinero, pero le deseo mucha suerte en su negocio”. Los cinco hermanos de la señora no quieren que la casa salga en los periódicos, por miedo a Hacienda, y ella insiste en que quede constancia de que Villa Excélsior es una pura ruina, al tiempo que nos despide dulcemente, todavía con las tijeras de podar en la mano y el insecto torpón en el cuello…” (“Locura de Indianos”, Maruja Torres, El País, 1984.  Ver Blog “El Jardín de Villa Excélsior“)

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Villa Excélsior en 2013. (Foto: Enrique F. Rojo)

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Imagen aérea de Villa Excélsior, 2012. (Foto: http://www.futurhobby.com / A. Díaz)

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Villa Excélsior, 2011. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Cocina de Villa Excélsior. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Uno de los salones de Villa Excélsior, totalmente destrozado y saqueado en 2011. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Losa hidráulica en una de las estancias de Villa Excélsior, en 2011. Las plantitas que asoman entre las llagas se apropian de las flores del diseño del suelo y las hacen suyas. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Villa Excélsior. Aspecto del salón principal, despojado de todo su mobiliario, salvo de la mesa de billar, en el centro. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

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Villa Excélsior en 2011. Una de las estancias de la planta baja desprovista del forjado del piso, del enfoscado de las paredes y con el cielo raso de cañizo destrozado. (Foto: “El Jardín de Villa Excélsior”, Zanobbi, 2011)

Referencias.-

El jardín de Villa Excélsior (Web monográfica sobre la casa, ampliamente documentada que incluye muchos datos, videos y fotografías de diferentes épocas. Imprescindible)

Villa excélsior de Luarca, palacete indiano de una belleza singular“.
Reportaje de Noviembre de 2008 publicado en la Voz de Occidente y firmado por David Piñeiro Fuentes. (Se puede leer en la Web “El Jardín de Villa Excélsior“, que lo ha escaneado)

Video histórico de la casa en Youtube

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I Festival de Cine y Arquitectura de Avilés

Entre los días 16 y el 20 de Julio de este año se va a celebrar la pimera edición del Festival Internacional de Cine y Arquitectura de Avilés que se llevará a cabo en el Centro Niemeyer.

En el certamen, cuya organización corre a cargo de  la productora Dímelo a Mí, se proyectarán películas de ficción y documentales centradas en cuestiones urbanas y arquitectura.

Ojoconico.org se encarga de la programación de la sección de Arquitecturas Filmadas que se exhibirán desde el miércoles 17 hasta el sábado 20 a las 19.30 en el cine del Centro Niemeyer. Las proyecciones irán precedidas de una conferencia y después  habrá un debate sobre las cuestiones presentadas por el documental. Para ello,  se pretende contar con la presencia varios de los realizadores de los documentales. El acceso a las películas de esta sección será abierto y gratuito.
Además de todas las proyecciones, durante los días del festival también habrá actuaciones y conciertos (ver programación).

Referencias.-

Desarrollo urbano de Avilés (en Urban Idade)
Arquitectura y cine en Argentina: Le Corbusier y Salamone (en Urban Idade)

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La Asturiana era una taberna que ocupaba un bajo en el número 23 de la calle de  Vinaroz, en el barrio de la Prosperidad. En la fachada del local había un rótulo pintado a pulso cuyo título decía “Taberna La Asturiana”, con un hórreo dibujado en un extremo. Así no quedaban dudas de la procedencia de los dueños. Al entrar en el bar tenías la sensación de estar en una taberna de aldea. Por dentro todo era sobrio, sombrío y pobretón. La iluminación de tubos fluorescentes, como en una cocina de la época, era también tristísima. El suelo de aburrido y frío terrazo tenía un aspecto gastado y siempre sucio, aunque lo fregasen. Las paredes, algún día blancas, se veían amarillentas, casi marrones, impregnadas del alquitrán de los cigarrillos que fumaba la clientela. Igual que las botellas que había sobre los anaqueles detrás de la barra, marrones y con una añeja capa espesa de polvo, grasa y nicotina.

El bar lo atendía una pareja de mediana edad que con el paso del tiempo nunca dejó de mantener el mismo aspecto de mediana edad, aunque fueran envejeciendo. Se llamaban, Antonio y Cecilia y vivían en la Prosperidad, en un edificio moderno de los años 70 muy cerca de López de Hoyos. Creo recordar que eran de algún lugar de los alrededores de Salas, la puerta del Occidente de Asturias, según Wikipedia.
Antonio, que tabajaba como fontanero, se mostraba siempre serio, desconfiado y algo socarrón. A veces se desprendía cierto sarcasmo en sus lacónicas frases que siempre tenían una marcada entonación asturiana y una ironía indescifrable que desconcertaba.
Al igual que la taberna, Antonio tenía aspecto rudo de aldeano. Especialmente por su vestimenta que se componía siempre de pantalón de pana marrón y camisa de cuadros de franela tipo leñador, formando un conjunto muy rústico que evocaba su origen asturiano. Su mujer, Cecilia, cuando estaba en el bar siempre se ponía un mandilón con bolsillos, a cuadros azules con fondo blanco o al revés,  de esos que llevan las señoras mayores en los pueblos del norte de España.

La Asturiana recreación 2018

Cuando entrabas en la taberna, cuando franqueabas la puerta de aluminio gris  del local,  parecía que habías atravesado una barrera espacio-temporal, y de estar en una calle de la Prosperidad madrileña aparecías de golpe y porrazo en un lugar cualquiera del agro asturiano. Curiosa sensación, cada vez más difícil de experimentar. (Foto/Montaje: Enrique F. Rojo, 2018)

Los parroquianos de La Asturiana eran peculiares. Había gente mayor, la mayoría. Tal vez jubilados a los que les debían de echar de casa sus mujeres para que no molestasen mientras ellas limpiaban o hacían la comida y les mandaban a que se entretuviesen dando paseitos y dándole de comer a las palomas. Podían pasar media mañana en el Nicolás Salmerón, centro de mayores de referencia para esta generación, jugando al tute, al mus o al dominó. Pero luego, a eso del mediodía, lo que hacían era gastar el resto de la mañana y la pensión bebiendo un vino tras otro. También había gente más joven, algunos habituales, de borrachera diaria y ya con problemas serios de adicción al alcohol. Los fines de semana se juntaban todos y la combinación resultaba chocante. También había otros clientes, menos fieles, de sábados por la tarde, que llenaban el pequeño bar fumando, bebiendo cerveza y charloteando a gritos con los conocidos. La tele, cuando se encendía, se ponía a todo trapo. Antonio siempre fue duro de oido. También iba a menudo por allí su hijo Fermín, simpático y pragmático, que ayudaba a sus padres con gran tesón. Fermín acabó siendo el encargado de “confraternizar” con la clientela más joven que acudía a La Asturiana los fines de semana con ánimo festivo.

En "La Asturiana", el vino se trasegaba de unos bidones pásticos a las frascas de vidrio grueso, que se iban vaciando mientras llenaban un vaso tras otro. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

En “La Asturiana”, el vino se trasegaba de unos bidones pásticos a las frascas de vidrio grueso, que se iban vaciando mientras llenaban un vaso tras otro. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

El vino que se servía, era a granel, del barato barato, y se trasegaba de unos bidones de plástico grandes en los que llegaba del camión de reparto, a botellas de cristal o a frascas que iban a parar a los vasos cortos de duralex en los que se consumía con avidez por la sedienta, aburrida y tristona clientela.
También se especializo la Asturiana en la venta de cervezas de litro El Águila, cuando todavía venían cerradas con chapa y se abrían con abridor o en el canto de la mesa o de la barra, a hurtadillas. Y después fueron pioneros en la distribución del nuevo cierre a rosca cuando todavía era una novedad en Madrid, incluso en las grandes superficies. Vendían las litronas por cientos al día, especialmente los fines de semana. Y cuando había fiestas en el barrio, seguramente llegaran al millar.
Para quien gustase de la sidra natural con certificación de origen de Asturias, también la había. La traían los veranos a la vuelta de vacaciones. Tenían café de puchero por las tardes, porque la maquina de expreso solo la encendían para el desayuno. Y para hambrientos, hacían una fabada Litoral exquisita recién sacada de la lata.

Cartel Pinchu

El pinchu que aquí vos damos ye un obsequiu del PATRÓN…”

En una de las paredes del bar había un cartelito con un texto que decía: El pinchu que aquí vos damos ye un obsequiu del PATRÓN si protestes lu quitamos nun seas tú protestón, que pa poder ponelu cuéstanos casi un riñón. Non mires tantu el tamañu mira solo la atención. Non te olvides, ye un regalu y non una OBLIGACIÓN . Por supuesto, era pura socarronería, porque no daban pincho y lo único que había de comer eran pipas de Tarancón, patatas fritas “Santa Teresa” -de una fábrica de patatas fritas de la calle Canillas 35-, huevos duros, y la mencionada fabada Litoral, que había que pagar como una consumición más.

Cuando Fermín se casó y marchó a vivir fuera de Madrid, Antonio y Cecilia mantuvieron la taberna abierta unos cuantos años más hasta que decidieron que era hora de jubilarse. Debió de cerrar en 1997 o 1998.
La fachada se modificó y la puerta se transformó en ventana, convirtiéndose el local en vivienda. En la actualidad quien no conociera el bar, difícilmente podrá encontrar su ubicación ya que no queda el más mínimo rastro de su existencia.

(Extraido de “Recuerdos de la Prosperidad“)

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El desarrollo urbano de Avilés representa un caso paradigmático en la evolución histórica de las ciudades españolas periféricas  cuyo mayor crecimiento estuvo unido a los procesos de industrialización del desarrollismo de los años 50 del siglo XX.

En el siglo XIX se construyó en la ría de Avilés la dársena de San Juan de Nieva que permitio la creación de  industrias ligadas al carbón como la fundición de Arnao, o explotaciones como la  Real Compañía Asturiana de Minas en Castrillón, cuya producción se transportaba a través del puerto de Avilés.

El complejo industrial de Avilés se consolidó en los años cincuenta del siglo XX con la instalación en ambas márgenes de la ría homónima de grandes plantas productivas, como la siderúrgica de Ensidesa (1951), que más tarde se llamaría CSI, Aceralia y hoy en día ArcelorMittal, o las pertenecientes a Cristalería Española (1952), a la Empresa Nacional de Aluminio (1958), posteriormente llamada Inespal y más tarde Alcoa, a Asturiana de Zinc (1959), o a la reconvertida Real Compañía Asturiana de Minas, en Arnao, absorbida con el tiempo por la anterior y ambas asentadas en Castrillón. A éstas se le añadieron muy pocas más hasta los últimos años de los ochenta, período en el que, a la crisis de las grandes plantas productivas, le sucedió una notable diversificación del sector industrial, aunque no tan amplia como era de esperar.

 

Puerto de Avilés, en 1920. (Foto Ayto. Avilés)

Puerto de Avilés, en 1960. (Foto Ayto. Avilés)

La Villa y el Ensanche

La zona más antigua de Avilés -La Villa– se encuentra en una ligera elevación junto a las marismas que se generaban en los márgenes de la ría, lo que permitía su protección frente a la subida de la marea.

Desde época medieval estuvo rodeada por una muralla que se derribó en el siglo XIX. Sin embargo, la existencia de la muralla no impidió el desarrollo de diversos núcleos anejos al centro primitivo, como los arrabales de Rivero y Galiana, desarrollados hacia el suroeste en el siglo XVIII, y el arrabal de marineros y pescadores de Sabugo al norte, frente a la ría, del siglo XIX.
La primera expansión urbana de la era moderna se desarrolló entre los años 1818 y 1894, con el derribo de la citada muralla medieval, que databa del siglo XIII de trazado circular y con un perímetro de 670 metros.
En 1826 se construyó un camino de ronda sobre las marismas, que ya habían sido desecadas, entre la antigua Villa y la ría. A partir de 1868 se acometió el saneamiento y urbanización de las marismas que rodeaban el núcleo urbano.

Puerto de Avilés, en 1970. (Foto Ayto. Avilés)

Mujer con una niña en Avilés en el año 1953.

Después de la demolición de la muralla y la posterior desecación de las marismas, se trazaron nuevas calles que rodeaban el casco primitivo y se produjo una importante expansión de la trama urbana que ocuparía los espacios libres entre El Sabugo y la primitiva ciudad -la Villa-, vinculados al construirse sobre las marismas de Las Aceñas  la Plaza Nueva (actualmente de los Hermanos Orbón) y el parque del Muelle. También se construirían el parque del Retiro, sobre las marismas de Las Meanas, la plaza del Pescado (en la actualidad de Santiago López) y la calle de la Cámara, que uniría la plaza del Ayuntamiento con el barrio de El Sabugo.
Entre 1895 y 1898 se elaboró un Plan de Ensanche con el objetivo de ordenar el crecimiento urbano de la ciudad. Solo se ejecutó la fase que afectaba al sur, que se llevó a cabo con la expropiación de algunos terrenos que permitieron la apertura de las dos nuevas calles de Llano Ponte y Palacio Valdés, y la prolongación de la del Muelle. La expansión hacia el norte no se iniciará hasta 1943, con la construcción del Poblado de Pescadores, continuada más adelante con la construcción de las viviendas para empleados de Cristalería Española.


Puerto de Avilés, en 1980. (Foto Ayto. Avilés)

Periodo del desarrollismo industrial

Sin embargo, la mayor transformación urbanística de Avilés se iniciaría en 1950 con la creación de ENSIDESA.

En una década la población pasó de 21.300 habitantes en 1950 a cerca de 49.000 en 1960, con el consiguiente problema de alojamiento.
La falta de previsión fue total, generándose un caos que obligó a una acelerada improvisación por parte de las autoridades estatales y de la propia ENSIDESA.
Entre 1954 y 1965 el Plan Sindical de la Vivienda levantó los poblados obreros de Francisco Franco o la Texera, José Antonio, La Carriona y La Pedrisca. A través de la iniciativa de cooperativas se construyeron los poblados de San José Artesano, Portuarios y El Pozón. También los promotores privados participaron con la construcción de los barrios obreros de Versalles y la zona de Domingo López, en Villalegre.

Vista aérea de Avilés en 1957.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea de Avilés en 1961.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

A pesar de que los nuevos barrios paliaban la carencia de alojamiento para la población obrera inmigrante, la nula planificación se tradujo en la ausencia de dotaciones y equipamientos urbanos, educativos, sanitarios, deportivos y culturales. Esta situación solo se fue resolviendo con el paso de los años y de manera lenta y parcial. Además, esta situación se agudizaría debido a la mala calidad de los materiales de construcción utilizados y a la desconexión entre los diferentes núcleos con el centro urbano de Avilés a causa de la escasa red de comunicaciones.

En 1975, pasados veinte años del asentamiento de ENSIDESA (actual Aceralia), los efectos de la industria siderúrgica eran ya más que notables en la fisonomía de Avilés y en el entorno de su ría.
Se había generado un nuevo espacio urbano, transformando el viejo casco de la ciudad, agregándose poblados obreros en la periferia y consolidándose los núcleos ya existentes (Villalegre, Miranda, Salinas y Piedras Blancas).

Nuevos barrios obreros y  renovación del caserío antiguo

Como queda dicho, la proliferación de poblados obreros en la periferia rural de Avilés que acogieron los contingentes de población que llegaba a la villa atraida por las expectativas de trabajo fue muy intensa y rápida. Hasta 1970 la población obrera que se estableció en Avilés se fue ubicando en los poblados periféricos que a tal efecto se levantaron. A partir de esa fecha la ocupación se fue orientando hacia el centro urbano, ocupando solares vacíos y edificando viviendas de nueva planta tras el derribo de las antiguas edificaciones ya existentes. Este proceso de densificación del centro histórico, se vio favorecido por las políticas locales de urbanismo que impulsaron las actuaciones privadas de acusado carácter especulativo y propiciaron la desaparición de parte del caserío histórico representativo de Avilés.

Vista de la periferia sur de Avilés en 1972, en la que se sitúan la mayor parte de los poblados obreros creados en la etapa industrial. En primer término (A) el poblado de Las Vegas, detrás el barrio de Villalegre (B), a su izquierda el de La Luz (C), y más al fondo los poblados de La Texera, de 83 bloques 1954-59 (E) y de Versalles (F). En el centro, la colonia Arintero (D).

Barrio de La Luz

El poblado de La Luz, comenzado a construir por iniciativa privada a finales de los 50, y comprado por el Estado al término de su construcción en 1962, consta de 2.056 viviendas que se distribuyeron en régimen de alquiler entre los obreros de ENSIDESA con mayor número de hijos.

Entre 1950 y 1959 una gran masa obrera acudió a estos lares encandilada por el trabajo abundante y seguro que la construcción de ENSIDESA ofrecía.Obreros que, ante la falta de viviendas, se instalaban en barracones adyacentes al lugar de trabajo cuyos espacios compartían alternativamente según, incluso, los turnos laborales. Condiciones duras éstas, difíciles, conocidas por el nombre de “los años calientes”. Cuando un obrero dejaba su hueco en el barracón para acudir al trabajo, otro lo ocupaba para descansar no dejando apenas tiempo ni para la ventilación ni, siquiera, para que el calor humano se enfriara.”
En este contexto socio-económico tenemos, pues, que situar el nacimiento del Barrio de La Luz. A diferencia de los barrios de Villalegre, La Carriona o Llaranes que surgieron a partir de núcleos urbanos o rurales ya existentes, el de La Luz arranca de la nada, es totalmente nuevo, no procede de un asentamiento anterior. Su nacimiento tiene sólo que ver con unas circunstancias que le son características y propias, como las antes apuntadas, o que responden en lo general al aumento de la densidad de población, a la paternidad de los “laboratorios sociales” de ENSIDESA y al asentamiento con claros tintes de segregación laboral de un tipo o clase de mano obrera, no cualificada. ENSIDESA tiene en su haber la mancha de haber tratado a sus trabajadores de manera harto clasificatoria y diferenciada, según se tratase de directivos, técnicos o peones del humo. A nuestro Barrio de La Luz le cupieron los honores últimos.” (Texto: Parroquia de La Luz. Ver referencias al final del artículo)

Barrio de la Luz, 1994. Al fondo La Texera, Versalles y el centro urbano de Avilés. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Barrio de la Luz, 2010. (Foto: Fernando Saiz)

El barrio de La Luz debe entenderse, por tanto, como un proyecto privado netamente especulativo cuyo resultado final nada tuvo que ver con lo inicialmente proyectado y ofertado.
Los modelos urbanísticos para los nuevos barrios obreros estaban definidos en la España de los 50 a través del Instituto Nacional de la Vivienda y de la Obra Sindical del Hogar. Se proponía el bloque exento de doble crujía, liberando el suelo circundante para uso dotacional y viales, siguiendo la inspiración de la ciudad-jardín y del Funcionalismo.

Los orígenes del barrio de La Luz pueden establecerse a partir de las intenciones de un constructor que adquirió unos terrenos para edificar en ellos. Dado que el barrio de Llaranes no podía albergar a todos los trabajadores de la Empresa, dicho contratista, llamado Domingo López Alonso, vecino de León, proyecta construir otro barrio al que denomina “Nuevo Avilés” y al que diseña como un nuevo modelo de villa.
Del primer proyecto de 5.000 viviendas a construir en la ladera Noroeste del Monte de La Luz, sólo se construyen 2.056 que agrupadas en 95 bloques constituyen hoy la configuración del Barrio de La Luz.

Barrio de La Luz, maqueta del proyecto (1958) y las casas en la actualidad, que nada tienen que ver con lo proyectado.

Barrios de Versalles, Los Canapés y Texera en 2000.

ENSIDESA sacó de sus “laboratorios sociales” la idea de construir los barrios en diferentes lugares de Avilés. Realizó una segregación social del espacio urbano. De este modo colocó en Llaranes y La Luz a los obreros, mientras que a los técnicos, peritos e ingenieros los situaba en edificios tales como La Estrella, en el Pozón, y La Residencia de Ingenieros, en la subida de San Cristóbal.”
“Existían cuatro categorías de traba-trabajadores en la Empresa:

1ª – La formada por los directores, técnicos, ingenieros..
2ª – La formada por técnicos de grado medio, como jefes de taller,administrativos,
analistas…
3ª-Obreros cualificados (Oficiales de 1ª y 2ª)
4ª – Personal obrero sin cualificar, como oficiales de 3ª y peones. “
(Web Parroquia de San Pablo de la Luz)

Dos instantáneas de la vida cotidiana en el barrio de La Luz en 1967. (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

Al tiempo que se producía esta densificación en el centro, emergían dos zonas contiguas, que se configuraban como nuevas zonas residenciales: Las Meanas-Quirinal, y Carbayedo Nuevo.
La crisis de la siderurgia de los setenta del siglo XX, que supuso la pérdida de más de 12.000 puestos de trabajo, se vio compensada con el crecimiento del sector terciario, que permitió que pasados veinte años se mantuviera en la ciudad la misma población que al comienzo de la crisis. (85.000 h.)

Poblado de Llaranes

Al amparo de la construcción de ENSIDESA se desencadenó un intenso proceso inmigratorio que supero ampliamente la capacidad de Avilés para acoger a tan amplio volumen de personas.
Debido a la necesidad urgente de viviendas se fueron diseñando en las proximidades de las fábricas diferentes modelos de grupos residenciales para dar alojo a los trabajadores, a través bien de promociones oficiales o privadas. En algunos casos los asentamientos eran tan espontáneos que daban lugar a fenómenos de chabolismo e infravivienda.

Dos  imágenes del poblado de Llaranes. La foto superior muestra las últimas fases de construcción, con la iglesia al fondo todavía sin terminar. La foto inferior, coloreada, muestra el conjunto completamente acabado (1953-1957). (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

El primer ejemplo de barrio obrero lo constituye el poblado de Llaranes, en las cercanías de Ensidesa, que se comenzó a construir en 1953 y se concluyó en 1957. Se trata de un conjunto de 1.103 viviendas en un diseño que comprende espacios verdes, deportivos, iglesia, plaza mayor, mercado y servicios varios.

Ensidesa encargó a los arquitectos J. M. Cárdenas Rodríguez y F. Goicoechea Agustí, en 1951, la construcción del poblado central de Llaranes concebido como un pueblo independiente, con escuelas, mercado, estadio deportivo, piscinas, parques, local para espectáculos, hogar sindical y Plaza Mayor.
Cárdenas y Goicoechea firmaron conjuntamente el proyecto en su totalidad. Sin embargo, cabe destacar que la iglesia es obra de Cárdenas mientras que el “colegio de niños” y el parque infantil fueron obra de Goicoechea. El “colegio de niñas”, la Plaza Mayor y el economato entrarían en el grupo de proyectos compartidos.
El proyecto del Mercado, conocido popularmente como El Economato, data de 1956, pero sería el último de los edificios singulares en terminarse. No se inauguraría hasta 1962. Con anterioridad fueron habilitados para ese uso los bajos de la Plaza Mayor, cuyo destino inicial, nunca del todo logrado, fue su uso para el comercio privado.
Se proyectaron diferentes tipos de vivienda dentro de una homogeneidad de conjunto. Los bloques “A” tienen tres plantas y doce viviendas. Los bloques tipo “C” y “D” son los más abundantes en el poblado. Constan de ocho o dieciséis viviendas dispuestas en forma de “U” y pareadas dejando un jardín en medio. Menos abundantes y con sus jardines son las viviendas tipo “H” o de “capataces”. Se trata de viviendas ligeramente mayores que el resto de las del poblado, en bloques de cuatro, dos bajos y dos pisos, y con una fisonomía que les daba un cierto aire de “chalés”.
El aspecto nórdico que le conferían los tejados de pizarra fue fruto de la casualidad. En la idea inicial las cubiertas estaban proyectadas en teja árabe de color rojo. Una oportunidad que surgió para Ensidesa provocó el cambio.

Vista de la plaza desde lo alto de la iglesia (años 50).

El poblado se inauguró el 18 de julio de 1956. En 1959, año en que se termina casi por completo el poblado de Llaranes, finaliza la fase de construcción de Ensidesa.
El responsable de Asuntos Sociales de Ensidesa, en su despacho de la Plaza Mayor, ejerció siempre unas funciones de “alcalde” sobre Llaranes que siempre tendieron a considerar los poblados como una entidad autónoma. Un alcalde, además, con casi todas las prerrogativas de tal, ya que contaba con su propia Guardería Jurada, que era la máxima responsable del orden en los poblados. Orden que se establecía de acuerdo a criterios propios y por normas que el mismo Departamento dictaba.

Llaranes disponía en esa época de 1324 viviendas y estaba totalmente urbanizado: calles, alcantarillado, iluminación, etc… y con todos los elementos de una vida independiente. El servicio público se hallaba concentrado en la Plaza Mayor, centro del mismo, conteniendo estafetas de Correos y Telégrafos, Central telefónica, Farmacia y una sucursal bancaria. Poseía otros locales que se usaban como economato provisional y que serían ocupados, al menos eso era lo previsto, por distintas ramas del comercio.

El proceso de “privatización” de las viviendas fue complejo. La primera venta efectiva se realizó el 10 de agosto de 1990. A finales de 1993 se había realizado el grueso de la operación.
Además de las viviendas, la Empresa tuvo que transferir al ayuntamiento de Avilés las infraestructuras y suelo común. La cesión se firmó el 29 de marzo de 1995. La red eléctrica se cedió a Hidroeléctrica del Cantábrico y los inquilinos tuvieron que hacerse cargo de los pagos a partir de 1998.”
(De la página web Llaranes C.F.)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1959. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1968. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Futuro urbano Avilés

Avilés se encuentra actualmente en un proceso de renovación urbana que pretende la transformación de los espacios degradados por la industria en las áreas circundantes a la ría. Esta estrategia se plantea como una fórmula que dinamice la ciudad y la proyecte hacia el exterior,  de cara a un realce de su imagen como polo de atracción turística y que mejore la calidad de vida y el bienestar de sus vecinos.
Como ejemplo más visible de este proceso se encuentra el  Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, una referencia mundial, ahora inmerso en una grave crisis motivada por circunstancias políticas e intereses particulares.
La recuperación urbanística y ambiental que se está produciendo en Avilés está renovando los desajustes producidos por la industrialización de los años 50 y la reconversión industrial de los 90 que mermó el empleo y la población, en una urbe gravemente contaminada.
En el proceso de ajuste han surgido nuevos e importantes espacios liberados de su antiguo uso industrial, cuya ubicación al borde de la Ría y en colindancia con el casco urbano demandan un decidido esfuerzo planificador para transformar la ciudad y crear un foco dinamizador de la economía y la cultura”. (Proyecto Isla de la Innovación)

Animación que muestra la construcción del Centro Niemeyer en el Puerto de Avilés (inaugurado el 26 de marzo de 2011), ubicado próximo al centro de la ciudad, sobre la margen derecha de la ría, a 500 metros de la plaza de España y del Ayuntamiento.

Referencias.-

Fernández García, Felipe y Quirós Linares, Francisco
Atlas aéreo de Asturias
Los paisajes del siglo XX

Editorial Prensa Asturiana, S. A.
Oviedo, 2001
VV.AA.
Asturias a través de sus Concejos
Editorial Prensa Asturiana S.A.
Oviedo, 1998

Informe Barrios Vulnerables de Avilés (2001)
Ministerio de Fomento, 2001 (Documento PDF)

Benito Del Pozo, Paz
Discursos, propuestas y acciones sobre la ciudad posindustrial
Universidad de León, 2004 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industrialización y crecimiento urbano en Avilés
Universidad de Oviedo. Dpto. de Historia Contemporánea
ERÍA. Revista Geográfica, nº 1, pp. 151-178. Oviedo, 1980 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industria y espacio urbano en Avilés
Ed. Silverio Cañada
Gijón, 1982

Guía para entender el urbanismo de Avilés
El Revistín nº Especial (Documento PDF)

Barrio de la Luz (Documento PDF)

Poblado de Llaranes (en Wikipedia)

Barrio de la Luz (enWikipwedia)

Blog Recuerdos de llaranes

Proyecto La Isla de la Innovación: Master Plan (Documento PDF)

Web Centro Niemeyer

Todo sobre Oscar Niemeyer  (El País, 2011)

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Calle de Alcalá

Leyendo el diario El País, edición cibernética, en la sección Yo Periodista, un lector-colaborador remite la foto que encabeza estas notas y protesta por la falta de estética del conjunto que se ve. Ciertamente hay algo que “chirría” en la imagen, algo feo.

Cuesta trabajo pensar que sea Madrid capital, tan moderna y obsesivamente elegante. Según el autor de la foto, que se llama Jesús González, se trata de los “alrededores de la calle de Alcalá, en un radio algo superior a un kilómetro de la Peineta, corazón de la Ciudad Olímpica”.

Pués es verdad que el edificio puntiagudo que tanto incomoda a Jesús no resulta especialmente bonito o, cuanto menos, acorde con los edificios vecinos. Llama la atención el tejado a dos aguas, tan poco habitual en regiones semisecas como es Madrid: ¿un capricho del constructor?  Aparte,  la sensación es de que se alterna el edificio nuevo, estetica y funcionalmente cuestionable,  con antiguas naves industriales, en una zona de paulatina reclasificación del suelo urbano, como es ésta en la que se hizo foto, sin un plan urbanístico definido, más bien caprichoso. Pués es de extrañar que el resto de los edificios que se vayan construyendo, según se produzca el vaciado industrial, sean de la misma guisa. Tremendo papel el del Area de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, especializado en cobrar diezmos y embargarse.

En cualquier caso, la solución dada a la torre es bastante fea, al margen del futuro urbanístico de la zona, como digo,  y de las posibilidades-condicionantes  que tuviera el arquitecto/os que firmó o firmarón el proyecto.

A propósito de este asunto enlazo por similitud  y de manera genérica con el feismo español, tradición postindustrial, desarrollado en especial en áreas costeras y más en concreto en Galicia.

feismo

El feismo gallego, haciendo ya la mención específica, es todo un ejemplo para aprender lo que en arquitectura y urbanismo no se debe hacer nunca. Aunque, por lo que se aprecia en la foto, algunos arquitectos ignoran sin prejuicio alguno este paradigma denigrante . O tal vez formen parte del submundo “feista” y su obra sea expresión de un modo especial de concebir la arquitectura.

El feismo habla, en el caso que tenemos entre manos, de falta de homogeneidad en los estilos arquitectónicos, de ausencia de regularidad en las alturas y de incoherencias estéticas.

El feísmo arquitectónico, urbanístico o paisajístico suele aplicarse a aquellas construcciones u obras que degradan de alguna manera, estéticamente y visualmente el entorno en el que se sitúan.
Se trata, en cualquier caso, de una percepción subjetiva en materia urbanística, de ecología humana y medioambiental,  paisajística y social. Y según parece,  la Comunidad Gallega está epecializada en este tipo de desatinos dentro de España y posiblemente de Europa, terminando el fenómeno en las lindes de Asturias, León y Portugal.
edificio-titanicSegún lo visto, y por comparación,  el feismo gallego, alarga sus tentáculos y abraza a Madrid. A lo mejor es la crisis de la construcción que ciñe los cerebros y aprieta los bolsillos de los promotores. Sea lo que fuere, pués no es cuestión de especular  también, por aburrimiento más que por ansia emprendedora, suena la alarma y habrá que estar pendiente de lo que esta tendencia nos depare en el futuro cercano. No vaya a ser que la arquitectura residencial de Madrid acabe siendo una obra de saldo y que el problema de la vivienda se resuelva con la megaoferta de construcciones de baja calidad que sirvan a la demanda especulativa de los tiburones del dinero fácil, ansiosos de plusvalías baratas que a su vez  fomenten la baja calidad de edificios y que condicionen la solidez del entramado urbanístico de Madrid. Demasiado complicado para este BLOG.

Referencias.-

Feismo en Galicia
Feismo en A Coruña: Rascacielos
Feismo en Galicia (La Voz de Galicia)

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En un artículo anterior se citó a Mantequerías Leonesas, un comercio que en los años veinte del pasado siglo se encontraba en expansión y gozaba de gran prestigio entre los madrileños. En el articulo referido se hacía un recorrido por la Calle de Alcalá tratando de localizar un local en el número 27 y acabando por llegar al Café de Fornos.

mantequerias-leonesas1El paseo nos hacía detenernos en el número 21 de Alcalá, donde se encontraba la tienda central de Mantequerías Leonesas. Este local permanecería en el lugar hasta el derribo del edificio, aproximadamente en 1930. Posteriormente  la cadena abriría más centros en la capital hasta su ya conocido final, en 1995 en que suspendió pagos.

La lectura del artículo por parte de un amigo llamado Víctor del Reguero, hizo que nos comentase su interés por el asunto de las Mantequerías y de su presencia en Madrid. Es más, está preparando un libro cuya publicación se espera para el mes de Junio, en el que entre otros temas, nos aproxima a la fundación de este comercio leonés. Como quiera que el tema tiene  interés por tratarse de una cadena de comercios muy presente en la vida madrileña de los dos últimos tercios del siglo XX,  y dado su carácter inovador en un modelo de tienda de alimentación que estableció un determinado estilo de consumo -que aún hoy perdura-, he considerado oportuno dar luz a este pequeño apunte con la colaboración imprescindible de Victor, quien nos presta un capítulo de su trabajo titulado ‘Juan y Ventura Alvarado. La época que doró la manteca’, cuyo texto aquí se reproduce:

“LA LACEANIEGA, ‘MAGIE BEURRE’

En la segunda mitad del siglo XIX, apenas se consumía manteca en Madrid. Aunque no existen datos, el catálogo de la primera Exposición Agrícola celebrada en la capital, en 1857, resulta suficientemente revelador. Al lado de dos centenares de muestras de vino, lana, hortalizas, trigo, frutas y miel enviadas desde todas las provincias del país, únicamente había media docena de muestras de manteca; cuatro de manteca cocida, provenientes de Lugo, Orense y Mahón, y dos de manteca fresca, una de Liébana y otra elaborada a imitación de la de Flandes, presentada por un expositor de Orense.
Pero poco a poco el ambiente de aquella ciudad creciente sustituyó el chocolate convencional por la media tostada con café con leche, por lo que, ante la demanda, se crearían en pocos años fábricas de manteca en la franja norte de León, Asturias y Cantabria, siendo la excepción otra industria del ramo que pondría en funcionamiento el Marqués de la Romana en Extremadura. De idéntica forma, los quesos —hasta entonces importados de Suiza, Holanda y Francia— comenzaron a elaborarse en diversas provincias, diversificando un mercado hasta entonces enquistado en el queso duro de oveja del Maestrazgo de Calatrava, los típicos de La Mancha y Burgos o el de tetilla gallego.

marcelino-rubio-con-sus-hijos-cesar-y-rafael-cesar-izda-seria-continuador-del-negocioMarcelino Rubio con  sus hijos, César y Rafael.

Tal fue la demanda de manteca, en España y fuera de ella, que en los albores del siglo no fueron pocas las fábricas que tomaron como costumbre mezclar la manteca con la margarina para producir mayor cantidad. Varios congresos —los más destacados en París y Bruselas— se ocuparían de tomar medidas para evitar la adulteración de la manteca, con actuaciones en este sentido de varios gobiernos. España, país de la indolencia, de la desaprensión y del abandono administrativo como escribiera José Rivas Llanos, de Palacios del Sil, no lo haría, por lo que comenzaron a importarse a ésta las peores y menos puras mantecas de Europa. El diputado leonés Gumersindo de Azcárate ya había presentado un proyecto de ley en las Cortes respeto al tema —precisamente tras pedírselo Juan Alvarado—, con la petición de elaborar una ley que prohibiera la mezcla de manteca y margarina, pero sus intentos cayeron en saco roto. Las factorías españolas comenzarían así a mezclar también manteca con margarina, lo que acarreó no pocos problemas y un malestar en el público durante un tiempo, a pesar de que buena parte de la sociedad —las economías menos pudientes— lo vio también como una posibilidad de adquirir un producto que no estaba al alcance de cualquiera.

La renovación láctea que impulsaron los hermanos Alvarado fue aprovechada por numerosos mozos del país que, formados en sus aulas, decidieron dedicarse al negocio mantequero en aquellos años. Especialmente destacado entre los alumnos de la escuela fue Marcelino Rubio Rodríguez, natural de Villager de Laciana y fundador de la fábrica La Laceaniega. Rubio conseguiría, en la Exposición Universal e Internacional de Bruselas, en 1910, una medalla de oro para la manteca de su sello, dentro de la categoría de productos agrícolas alimentarios de origen animal. Artífice del éxito del joven empresario fue su hermano José Rubio —que falleció muy joven, en 1919—, más conocido como Pepe París por la admiración que profesaba hacia la capital francesa, a la que viajó en numerosas ocasiones, como lo hizo a Londres y Nueva York.
La fábrica de Villager de Laciana hacía las veces de cooperativa para todo el Valle y a ella llevaban la leche casi todos los ganaderos de los pueblos próximos, a los que La Laceaniega compraba el producto para elaborar con él su preciada manteca. Cada cliente tiene su número que figura en tarros de cristal y en los que se deposita una pequeña cantidad del sustancioso líquido —leche—, para más tarde abonar al vendedor el importe de su mercancía con arreglo a la calidad de manteca, que allí se busca con una exquisitez analítica de laboratorio, decía ‘El Templario’ en 1926.

exposicion-de-mantequerias-en-un-congreso-agricola-en-madrid-19301

Exposición de Mantequerías, en un Congreso Agrícola en Madrid (1930)

La firma abrió su primer establecimiento en Madrid (La Laceaniega) en la calle Nicolás María Rivero —actual calle de Cedaceros— pero, en 1920, al ocupar sus locales el Banco de Vizcaya según una publicación de la época, Mantequerías Leonesas, que así se llamó desde entonces, se trasladó a la cercana calle Alcalá, instalándose en un amplio establecimiento, decorado con elegancia y buen gusto. Allí se vendía entonces la manteca que se elaboraba en Laciana, muy bien presentada, en cajas de hojalata de todas formas y tamaños. La firma alcanzaría pronto gran éxito y llegaría a tener más de treinta establecimientos en todo el país.
Afamada en su tiempo fue la
Leche Condensada Los Mellizos, fabricada en Villager de Laciana, posiblemente la primera de este tipo que se elaboró en España. El novedoso producto —que no era otra cosa que leche de vaca a la que se extraía el agua y se le agregaba azúcar, espesando y dulcificando el líquido— había sido inventado apenas cincuenta años antes, en 1856, por un norteamericano, que lo comercializó en aquel tiempo a través de la New York Condensed Milk Company. La guerra civil estadounidense extendería y daría fama a la leche condensada porque el gobierno pediría ingentes cantidades para las tropas y, gracias a la publicidad que alcanzó en aquel momento, llegaría a Suiza. Marcelino Rubio, en su fábrica de Villager de Laciana, ya comercializaba la Leche Condensada Los Mellizos en 1900 y decía de ella en los envases que se trataba de la marca más rica en crema, siendo indiscutible este hecho por ser de todos sabido que las leches de vaca de las montañas de León son las que poseen la máxima abundancia en crema. No sería hasta 1910 cuando se comenzaría a comercializar en la factoría de La Penilla —Cantabria— La Lechera, de Nestlé, que ha llegado a nuestros días. Pero para entonces, Los Mellizos ya era un alimento de insuperable valor, único en su género para la alimentación de los niños y para usos culinarios.
Un relato sobre las mantequerías del Valle no podría olvidarse de las lecherías que se instalaron casi todos los pueblos de la comarca para la producción de manteca en sistema cooperativo. Destacada fue
La Popular de Sosas de Laciana, cuya construcción fue realizada en 1917 y cuya actividad finalizó cuatro décadas después. Hoy se encuentra restaurada por el programa de Campos de Trabajo, al igual que la de la cooperativa La Armonía de Rabanal de Arriba. La Popular de Sosas de Laciana fue la única lechería hidráulica de España, utilizando como fuerza motriz el agua de un río cercano, llevada a través de una presa y aprovechando un desnivel, para mover el rodezno —rueda hidráulica— que transmitía, a través de un árbol de levas, la fuerza a las distintas máquinas.
Ingente trabajo e interesante historia que resumió
Víctor de la Serna a mediados del pasado siglo, al relatar cómo las mantequerías de Laciana, las más bonitas de la Península, eran esas donde te dejas hasta las pestañas para satisfacer esa manía (más que glotonería, te lo reconozco) de conocer todo lo que es exquisito, y por lo que vas a purgar una temporadita.”

Del libro ‘Juan y Ventura Alvarado. La época que doró la manteca
Víctor del Reguero. Piélago del Moro Ediciones.

Publicidad de Mantequerías Leonesas publicado en el diario El Sol en 1925.

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Hacer equilibrios en la cuerda floja es lo que saben hacer muy bien los dos jóvenes de la foto. No son trapecistas y su trabajo no se desarrolla bajo la carpa de circo. Son obreros de la construcción, de esos que encabezan las listas de siniestralidad laboral en España. Estos dos equilibristas se “jugaban el tipo” en Pola de Somiedo, en Asturias bajo el justiciero sol de Agosto. Seguramente, no sufrirán ningún percance y acabarán el edificio en el que trabajan y no se sumarán a los más de 8.600 accidentados de la construcción que, en lo que va de 2007, suma ya el principado de Asturias. A lo mejor no utilizan el material de protección porque no quieren; quizás no lo tengan. Tal vez lo pidieran y les contestaran: “No subas si no quieres. Ya subirá otro… Y mañana no vengas…”. Es un suponer.
Cada mañana, miles de obreros como los de la foto se exponen a peligros como éstos sin la más mínima medida de seguridad que evite un accidente. Algunos de ellos ya no vuelven más al “tajo” porque se accidentan y mueren.

Lo peor de esta situación es que al final, cuando unos falten, llegarán otros que harán su trabajo subidos al tejado haciendo equilibrios como si fueran trapecistas sin red.

Es la realidad de un inestable sector que ostenta el vergonzoso record de siniestralidad laboral en España y en el que la seguridad laboral de los trabajadores está siempre en la cuerda floja por partida doble.

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