Peatones y ciclistas: obligados a convivir.

A pesar de que la normativa de tráfico en España ya define con claridad la parcela de cada uno, con sus derechos y obligaciones, no está demás hacer un alto en el camino para reflexioner acerca de aquellas conductas que incomodan la convivencia entre ciclistas, automovilistas y peatones, llegando incluso a exponer a las personas a graves accidentes.

 

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Una bicicleta se apoya en la fachada de un edificio en Florencia. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2014)

Bicicletas y sol

Como todos los años con la llegada del tiempo soleado y más seco las bicicletas se dejan ver con más asiduidad en las ciudades españolas. En realidad se trata de una tendencia en aumento desde hace algunos años. Y así lo vengo contando en el  blog. Cada vez se ven más bicicletas circulando por las calles. En el caso de Madrid, donde vivo, es muy evidente. Es posible que se trate de una moda, puede que sea la «crisis», pero el hecho es que se ven muchas bicis, por lo que a lo mejor la moda se asienta en sana costumbre.

 

En 2013 se vendieron en España más de un millón de bicicletas, 250.000 más que en 2010.

 

También, cada día se abren nuevos negocios relacionados con las bicicletas y el catálogo de modelos y estilos es asombroso. En 2013 se vendieron en España más de un millón de bicicletas, 250.000 más que en 2010. Con estos datos se puede pensar que el auge de las bicicletas puede ser más que una moda pasajera.

Ciclismo urbano

Como los ciclistas urbanos han aparecido casi de improviso se ha generado un singular conflicto con los peatones que se ha sumado al que ya se daba con los conductores de automóviles.
Diariamente se dan casos de encontronazos entre ciclistas, automovilistas y peatones: conductores que acosan y ponen en peligro a los ciclistas, insultos cruzados; ciclistas que no respetan los semáforos o que intimidan a los peatones subidos en las aceras; puertas de coches que se abren sin considerar el paso de una bici, etc.

Ante este repentino auge de la bici en su uso urbano y de cara a solucionar las guerras entre ciudadanos, las administraciones públicas se han visto obligadas a intervenir, legislando y dotando de un mínimo de infraestructuras a los núcleos urbanos para facilitar el uso de la bicicleta y delimitar espacios.

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Bicicleta urbana en una calle de Pisa. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2014)

Conflictos ciudadanos

Sin embargo, últimamente una de las situaciones que mayor polémica genera es la relación entre ciclistas y peatones. Uno de los principales desencuentros se produce por el uso de las aceras para circular con la bicicleta. El artículo 39 ter de la Ordenanza de Movilidad del Ayuntamiento de Madrid  explicita la prohibición de circulación de bicicletas en aceras y demás zonas peatonales. El asunto es claro, pero es habitual ver ciclistas en las aceras, algunos ignorando por completo el impacto que producen y comportándose sin un mínimo de sentido cívico.

También es cierto que muchos tramos de los  carriles bici o de los anillos ciclistas, como es el caso de Madrid, en ocasiones se diluyen en las aceras, desapareciendo. La sorpresa a veces se soluciona pintando los adoquines del mismo color que el carril ciclista. Desde luego, una mala solución, contradictoria además con la normativa que prohibe circular por las aceras, lo que genera un contrasentido y cierto despiste.

Por su parte, los ciclistas también chocan con el desdén y el rechazo de muchos ciudadanos a la hora de utilizar los carriles bici, frecuentemente invadidos por peatones que pasean sin respetar la prioridad marcada y que exigen para ellos la titularidad absoluta del espacio.

 

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Bicicletas en Piazza Farnese de Roma. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2014)

Tratado de Paz

Hace algunos meses la revista digital SLATE  publicaba un reportaje recogiendo esta guerra silenciosa pero incómoda entre peatones y ciclistas, conflicto que ya se produce en los Estados Unidos y en algunos paises de Europa desde hace más de una década.

 

Los conflictos de tráfico que, hasta hace poco tiempo eran exclusivos entre  los automovilistas, se han desplazado al ámbito de las bicicletas urbanas involucrando también a los peatones.

 

A pesar de que la normativa de tráfico en España define ya con claridad la parcela de cada uno, con sus derechos y obligaciones, no está demás hacer un alto en el camino para reflexioner acerca de aquellas conductas que incomodan la convivencia entre ciclistas, automovilistas  y peatones, llegando incluso a exponer a las personas a graves accidentes.

La propuesta de SLATE fue elaborar un decálogo, un Tratado de Paz,  a partir de la información aportada por dos colaboradores domiciliados en Manhattan (Nueva York), uno de ellos usuario del transporte público y peatón habitual y el otro ciclista urbano que acude diariamente a su trabajo con la bici.

Las conclusiones se pueden sintetizar en tres máximas: «estar atento«, «ceder el paso cuando corresponda» y «comportarse con civismo«, conceptos que muchos no logran interiorizar, seguramente porque desconocen su existencia. Es una cuestión de educación.

Las cinco reglas para peatones y ciclistas, aplicables en todo el mundo,  son las que muestra el cuadro:

 

PEACE TREATY - TRATADO DE PAZ

 

Referencias.-

Bicicletas urbanas I (Urban Idade)
Bicicletas urbanas II (Urban Idade)
The Pedestrian–Cyclist Armistice (Revista SLATE)

4 opiniones en “Peatones y ciclistas: obligados a convivir.”

  1. Das en el clavo en muchas cosas. No conocía el tratado de paz de Slate y es muy interesante, aunque como ciclista tengo mucho conflicto con el punto 5… Desde antes de leer este blog y el tratado.

    Si quiero usar la bici, tengo que meterla en el tren cada mañana. Me causa muchas más molestias esto que los 20kms de la vuelta.Muchas veces dejo la bici en casa por que me da pereza la aventura del cercanías por la mañana. No puedo hacer la ida pedaleando por que no tengo ducha aquí. Durante una temporada estuve apuntado al gimnasio de al lado de la oficina, y me duchaba ahí. Al final, tardaba tanto tiempo en todo el proceso que resultaba inviable.

    El cercanías de Madrid tiene algunos trenes, no todos, «adaptados» a la bici. En el mejor de los casos, te pones en el pasillo que hay al lado del baño, y no molestas mucho. En otro, se supone que hay que colgarlo de unos ganchos. SI no lo has visto nunca, es este:

    No sé quien ha pensado en esa solución, pero es francamente peligroso subir y bajar la bici de ahí con el tren en marcha y gente alrededor. Y me encuentro con una altísima frecuencia con peatones sentados en esos asientos… a los que normalmente me falta prestancia de ánimo para levantar. Me suelo quedar por ahí cerca. Nunca he visto a nadie subir ahí la bici.
    Por último están los vagones que no están adaptados. Es un coñazo. No te queda otra que quedarte en medio del pasillo, Molestas muchísimo, sobre todo cuando viene gente con carritos o maletas.

    Este es mi conflicto: por un lado, está permitido que suba la bici al cercanías a la hora a la que lo hago y donde lo hago. De hecho los de seguridad me abren a veces la puerta. Tengo tanto derecho a hacerlo como alguien que lleva muchas maletas o un carrito de un bebé. No rompo ninguna ley y no realizo ninguna actividad peligrosa. No es como saltarse un semáforo o no respetar un ceda.

    Por otro es muy molesto, para mi y para todo el mundo: las zonas asignadas para la bici no son adecuadas y a veces no existen, ante lo cual molestas una barbaridad (con el ascensor no es tanto trauma: si hay alguien delante mío le dejo pasar sin molestarle y cojo el siguiente). La gente no lo pone fácil tampoco. Por algún motivo me encuentro gente más maleducada cuando llevo la bici que cuando he tenido que llevar maletas.

    En fin.

    Enhorabuena por el blog. Te sigo desde hace tiempo (creo que es mi primer comentario) y me gusta mucho.
    Un saludo!

  2. De momento quien incumple todas las normativas son los ciclistas. Van por las aceras avasallando al personal o en el carril bus a su velocidad habitual entorpeciendo un servicio publico. Lo peor es que presumen de ecologistas, menuda plaga.

  3. Hola. Tampoco es que el Ayuntamiento ayude. Que fácil lo tenían con el Madrid Río, y la que han liado.
    Un solo lugar, por el que pasear y pedalear, y aunque se ha limitado la velocidad, lo cierto es que hay muchos ciclistas, que se piensan que están solos y van a mucha velocidad, no respetando la prioridad de los caminantes.
    Que fácil hubiera sido, separar las dos actividades!

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