Silvela, “perro policía” de Madrid (1902)

Hablamos hoy de un suceso ocurrido en Madrid en 1902. Los protagonistas son, como siempre, victima, autor y las autoridades que descubrieron el misterio del crimen. Todavía, hace algo más de cien años, los llamados medios de comunicación apenas interferían en las investigaciones y el vulgo lector mínimamente reclamaba información de aquello que no le afectaba.

Silvela-Perro policia_1902

Hablamos hoy de un suceso ocurrido en Madrid en 1902. Los protagonistas son, como siempre, victima, autor y las autoridades que descubrieron el misterio del crimen. Todavía, hace algo más de cien años, los llamados medios de comunicación apenas interferían en las investigaciones y el vulgo lector mínimamente reclamaba información de aquello que no le afectaba.

Avanzó el protagonismo del suceso un perro al que se consideró héroe por haber “detenido” al autor de un asesinato. El perro atenazó en sus mandíbulas al culpable y lo retuvo hasta que las autoridades lo arrestaron.

Al parecer, un individuo había descerrajado varios tiros a un compañero por un asunto desconocido causándole la muerte . El suceso tuvo lugar en el cementerio de San Martín, -acaso un duelo, por entonces ya prohibidos-.
Fue por casualidad que el perro de un guarda del “canalillo norte”, Antonio Payol, que también vigilaba el cementerio, diera con el asesino y, entre ladridos y gestos de amenaza, enseñándole los dientes, consiguiera tirarlo al suelo.

Según contaba el guarda, “Silvela”, que así se llamaba el perro, era mezcla de mastín y perdiguero y hasta los quince meses, antes de haberlo acogido él, perteneció a un policía urbano que le enseño algunas conductas policiacas.

Madrid era en la época una ciudad que escasamente superaba el medio millón de habitantes, repartidos entre el viejo núcleo urbano, los ensanches y los suburbios, cuya masa social no leía la prensa, ni sabía de los sucesos del extrarradio.
Sin embargo, revistas ilustradas, como “Alrededor del mundo”, que recogió esta noticia del “perro policía”, gozaron de una gran popularidad entre todo tipo de público por su carácter costumbrista. Trataron temas de contenido general, aunque también se ocuparon de temas artísticos y curiosidades, realizando reportajes sobre lugares, pueblos, tradiciones, expediciones, aventuras, etc.

Con los años, esta publicación de periodicidad semanal, que se publicó desde 1899 a 1930, incorporó mejoras tanto en el diseño gráfico como en su tipografía, añadiendo a las tradicionales ilustraciones las novedosas fotografías. Un antecedente, entre otras, de la prensa ligera del siglo XX y XXI.