Cine Renacimiento (Ferrol, La Coruña)

El cine Renacimiento -«Rena»- de Ferrol, o lo que queda de él, fue una obra temprana del arquitecto Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón, muy ornamentada y de estilo ecléctico, con elementos modernistas, cierto Monumentalismo afrancesado, motivos renacentistas y toques mudéjares. Se inauguró en 1919, en el barrio de la Magdalena.

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El cine RenacimientoRena«- de Ferrol, o lo que queda de él, fue una obra temprana del arquitecto Eduardo Rodríguez-Losada Rebellón, muy ornamentada y de estilo ecléctico, con elementos modernistas, cierto Monumentalismo afrancesado, motivos renacentistas y toques mudéjares.
Este cine, que nacio como teatro, se construyó en el solar dejado en la calle del Sol del barrio de la Magdalena por el Circo Ferrolano o Teatro Romea, cerrado en 1915 y que fue muy popular mientras existió. Al clausurarse, por venta, se derruyó con el propósito de edificar un nuevo teatro, mayor y más lujoso, que pudiese competir con el Teatro Jofre, el principal de Ferrol.

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Teatro Renacimiento, planta y alzado (1919).

La licencia de construcción del nuevo edificio se otorgó en junio de 1917, después de que el Ayuntamiento de la ciudad rechazara el primer proyecto por no adecuarse a las Ordenanzas Municipales. Iniciadas las obras, pronto se añadieron nuevos inconvenientes que fueron retrasándola. Desde la dificultad para obtener hierro para las armaduras de la cubierta a causa de la Primera Guerra Mundial, hasta las denuncias interpuestas por los intereses contrarios a la apertura del nuevo teatro por parte del Santo Hospital de la Caridad -con sede en el edificio ocupado por el actual Centro Torrente Ballester– que pedían su prohibición. El Hospital presionó al Ayuntamiento de Ferrol para impedir la construcción del edificio ya que buena parte de los fondos de su institución provenían de los ingresos en taquilla del Teatro Jofre, único teatro hasta el momento con aforo notable y del que poseía parte. Finalmente, tras la venta del Jofre en 1919 a la empresa Fraga de Vigo, el Renacimiento pudo reanudar sus obras e inaugurarse un año después.

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Teatro Renacimiento de Ferrol. (Foto: M. Vilariño, 1993)

La planta del local no ocupaba en la totalidad del solar sobre el que se construyó. Por imposición de las Ordenanzas Municipales hubo de dejar entre los límites de la construcción y los extremos del solar, unos patios cerrados con verjas de hierro junto a la fachada principal, que permitían la fácil evacuación de la sala en caso de incendio.Tuvo un carácter híbrido entre teatro y sala de variedades, con una planta alargada y estrecha que no era adecuada para la disposición de palcos, de los que solo disponía seis, tres a cada lado de la embocadura, en favor del patio de butacas en la planta baja y del «gallinero» -general- de pequeño tamaño, situado a una altura sobre el vestíbulo. En total, había cabida para 790 espectadores, casi los mismos que en el Jofre.

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Detalle de la fachada principal del «Rena« (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

El teatro poseía una ancha fachada revestida con revoco y azulejería. Y en su interior, un largo vestibulo  decorado también con azulejos sevillanos tricolores (blanco, azul y amarillo) de motivos imperiales, que permitía el acceso a la planta de general y daba paso a la sala. Esta contaba con tres puertas y tres pilastras doradas con capiteles rematados con motivos vegetales, tanto en esta pared como en la opuesta, adornadas con cortinas de terciopelo rojo, que escondían las puertas. Las butacas, tapizadas también en terciopelo rojo, acentuaban la elegancia del teatro. En el techo, pintado de azul y ligeramente abovedado, destacaba un lucernario de vidrio traslúcido rodeado por una amplia moldura circular, que permitía la iluminación cenital, a la vez que la eléctrica.

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Folleto de mano del teatro «Rena» en 1961.

Plan Especial de Protección del barrio de la Magdalena

Según el Plan Especial de Protección y Rehabilitación (Pepri) de Ferrol para el barrio de la Magdalena, iniciado en 2002 y aprobado por la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia en 2007, la Administración se compromete a salvaguardar el espacio arquitectónico e histórico-artístico de la zona, así como la recuperación del uso residencial del casco histórico. Este Plan establece también las características generales arquitectónicas de las nuevas intervenciones que se realicen, las estrategias necesarias para fijar población, así como el mantenimiento de la actividad comercial y su reactivación económica. El Pepri fija las intervenciones idóneas en el barrio, para su mejor conservación y puesta en valor, la organización de  aparcamientos, la accesibilidad, preservación del medio ambiente o el reglamento del tráfico. En su catálogo de edificios protegidos se registran 700 inmuebles y el teatro «Rena» es uno de ellos.

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Fachada principal en la calle del Sol,  en la actualidad (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)
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Fachada principal en la calle del Sol,  en la actualidad  (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

Por esta razón, el edificio, que hasta entonces se encontraba completamente desprotegido, y  había sufrido varios incendios sospechosos tras su clausura, -el último en 1991, que lo dejó completamente en ruinas, a excepción de las fachadas que todavía se mantienen en pie- goza ahora de la máxima protección y por lo tanto debe ser rehabilitado.

Ante este Plan, la promotora Muiños Arias, S. L., propietaria del edificio y del solar, que pretendía demoler las fachadas del «Rena» y construir un edificio de tres plantas con veinte viviendas, interpuso en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Ferrol un doble recurso contra el Ayuntamiento y contra la Xunta de Galicia (Patrimonio), por entender que el antiguo cine no se encontraba dentro de la zona centro protegida, pues en el planeamiento original se señalaba la calle del Sol como límite norte perimetral del área protegida, pero no estaba claro si era en ambos alzados o lados de la calle, o solo la acera sur.

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Teatro «Rena», 2007 (Foto: La Voz de Galicia)

Por su parte, la Dirección Xeral de Patrimonio ya había rechazado en marzo del 2007 la petición del promotor indicando que solo se puedían realizar obras en el interior del teatro siempre que se mantuviese la estructura y los volúmenes del edificio.  (La Voz de Galicia, 22/06/2010)

Finalmente, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Ferrol  declaró en una sentencia de 2010 que el Renacimiento se encuentra dentro del perímetro de protección de la Magdalena y que  al ser un edifico protegido, dentro del conjunto histórico del barrio, declarado por Decreto 28/1984 e igualmente incorporado al Plan General de Ferrol, no es susceptible de ser demolido para edificar en su solar. (La Voz de Galicia, 24/09/2010)

Referencias.-

Castelo Álvarez, Bernardo
Ferrol: Morfología urbana y arquitectura civil, 1900-1940
Universidade da Coruña
A Coruña, 2000

Sánchez García, Jesús Ángel
Fernández Fernández, Carlos M.
Teatro Jofre de Ferrol a través de la documentación
del Hostpital de la Caridad (PDF)
Anuario Brigantino

Urban Idade

 

Mis recuerdos

Creo que no tengo mucha memoria, porque a pesar de llevar viviendo en el mismo barrio desde la infancia, me falta la capacidad para recordar con exactitud cómo era cuando empecé a conocerlo. No llego a saber qué edificios y lugares había por los alrededores antes de que la voracidad especulativa acabase con su vieja y abigarrada estampa. Lo que si me parece recordar, cuando camino por sus calles estrechas, es haberlas visto salpicadas de casitas antiguas de una planta que se alternaban con edificios de pisos, también antiguos. Luego me queda la sensación de que desde mediados o finales de los setenta los derribos y las nuevas construcciones eran una escena cotidiana. Sin embargo, cuando veo fotos del barrio de esas fechas, soy incapaz de recordar los edificios que ya no existen o los antiguos espacios que fueron transformados o eliminados.

Haciendo memoria

Quiero…

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Madrid a pie de calle

En el libro Madrid a pie de calle, editado conjuntamente por Ediciones La Librería y Temporae, en el tiempo detenido de las fotos de Urech vemos escenas de contenido claramente periodístico y algunas más personales, también más íntimas, todas tomando el pulso a la ciudad con sabiduría y gusto estético.

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Libro de Ediciones La Librería-Temporae, titulado Madrid a pie de calle , que reúne cerca de 200 imágenes del archivo particular de uno de los reporteros gráficos más destacados de su generación: Manuel Urech. Fotoperiodista del desaparecido diario Madrid  durante treinta años (además de haber trabajado para ABC, la agencia EFE o la revista Semana), Urech fue captando el bullir de la urbe en sus innumerables incursiones periodísticas, dejándonos una crónica visual que conjuga el espíritu de un reportero y la mirada del artista. La mayor parte de las 200 fotografías del libro son de los años 1945 y 1955. Una mínima muestra del legado del fotógrafo ve ahora la luz en este libro cuyo autor es Miguel Ángel Urech Ribera, uno de sus hijos y custodio del archivo durante los últimos 27 años.

Madrid a pie de calle, un libro de fotografías de Madrid. Imágenes en blanco y negro del Madrid de las décadas de 1940-1960. Un Madrid rural, todavía a medio hacer y todavía medio deshecho, donde se adivinan leves aires de modernidad y se intuye que la urbe se esfuerza por crecer y superarse, mirando de reojo a Europa como horizonte.
El tiempo pasa y la foto recoge el instante y detiene el tiempo para que podamos ser testigos de cómo se vivía y de cómo éramos.

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Conductor con su impecable taxi fotografiado por Manuel Urech, hacia 1945.-Urech

En el libro Madrid a pie de calle, editado conjuntamente por Ediciones La Librería y Temporae, en el tiempo detenido de las fotos de Urech vemos escenas de contenido claramente periodístico y algunas más personales, también más íntimas, todas tomando el pulso a la ciudad con sabiduría y gusto estético. Aparecen escenas cotidianas: barriadas miserables habitadas por gentes con pocos medios, sin agua y sin luz en sus casas; rebaños de ovejas, carros tirados por burros o mulos, un calesero despistado que guía su vehículo en pleno paseo de Recoletos entre coches; vendedores ambulantes que acuden a la capital para ofrecer su modesto género: botijos, sombreros, sandías, limones, galletas, verduras. Pero también hallamos tranvías eléctricos, un moderno y espacioso Metro, automóviles utilitarios último modelo, carreras de motos en el Retiro, aviones a reacción, grandes avenidas y un colosal campo de foot-ball con gran explanada para parking, situado en la más representativa de las avenidas de la capital. Como se ve, en el terreno del transporte, aún convivían sin mucha dificultad la tracción animal con la mecánica, de manera que el olor a los vapores del heno y la gasolina ya procesada se mezclaban en algunos puntos de la ciudad y se convertían en una sensación más de la vida cotidiana.

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Estación de servicio Petróleos Porto Pi, en la calle Alberto Aguilera con Vallehermoso, diseñada en 1927 por Casto Fernández Shaw.-Urech

Hay una foto que nos muestra una mujer subida en una novedosa Lambretta, esa motocicleta «scooter» que todavía levanta pasiones hoy en día, y algo más atrás se ve a un joven con un paquete en una de sus manos que mira como asombrado -entre sorpresa y espanto-, no se sabe muy bien si a la mujer –por mujer o por motorista- o al fotógrafo, es decir a Urech, o a lo mejor a ambos. A la derecha de la foto, tomada en la calle Maldonado, ya repleta de edificios de modernas viviendas, hay unas casetas de madera –que podrían ser de obras- y unos carros también de madera –que podrían ser de mudanzas- ; entre lo rural y lo urbano. En algún lugar leí a Juan José Millás decir que la Vespa, la hermana mayor de la Lambretta, era una moto con aspiraciones burguesas, la moto que la gente se compraba para salir de la clase social en la que había caído. Poseía dos ruedas pero aspiraba a cuatro, por lo que representaba excelentemente a un país con vocación de clase media.

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¿Sorpresa o envidia? El joven mira y la mujer posa con gozo montada en una Lambretta. La foto está tomada en la calle Maldonado, en 1955.-Urech
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La plaza de Callao desde Preciados en 1957. En el centro de la foto, junto al Palacio de la Prensa, el cine Actualidades que ocupaba los bajos del hotel Nueva York, derribado a principios de 1960.-Urech

Madrid fue en esas dos décadas de los 40-60 del siglo XX, como lo ha sido hasta no hace muchos años –en un paréntesis causado por la «pertinaz crisis»-, una ciudad de obras incesantes, donde se derribaban edificios y se construían otros más grandes y más altos, donde se abrían calles nuevas y desaparecían otras más pequeñas; donde las autoridades se inventaban nuevos barrios en lugares aislados, construidos por inmobiliarias que con el tiempo se hacían poderosas. También fue ciudad milagrera, con sus misas al aire libre, sus romerías y sus procesiones de peineta, mantilla y rosario entre las manos y sus penitentes rogando por sus mandas en plena calle. Fue ciudad de militares, con mucho uniforme y mucho desfile. Tampoco han cambiado mucho las cosas desde que Urech hiciera esas fotografías. En el plano social, quiero decir.

Pero Madrid también se divertía y Urech  nos lo muestra en sus instantáneas. Los madrileños iban a los toros y al circo. Acudían en masa a ver jugar a su equipo de foot-ball. En verano se bañaban en las piscinas de moda, y en el Manzanares. Y también iban al teatro y al cine, al contrario que ahora que nos basta para estar entretenidos con la televisión, las tablets y los smartphones.

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Bañistas en el rio Manzanares junto al puente de los Franceses en 1946.-Urech

En las elegantes fotos de Manuel Urech nos encontramos con arquitecturas arrinconadas unas, y otras desaparecidas, que nos hacen pensar en el poco valor que le damos los madrileños a las construcciones que flanquean las calles de nuestra ciudad ; viejas modas en el vestir, estéticas trasnochadas coronadas con peinados imposibles y complementos casi olvidados; cándidos hábitos de ocio ajenos al actual consumismo desmedido como única manera de llenar el tiempo libre; antiguos trastos de uso cotidiano, ahora piezas de museo o de coleccionista. Poses de tosco exhibicionismo popular y altivas miradas de la burguesía más respetable.

Para muchos se trataría de fotografías que contienen historias que nos resultan más o menos familiares por haberlas escuchado o leído. A otros muchos les hará recordar. Para todos éstas imágenes, como narraciones, pasarán a ocupar un lugar en nuestra memoria, como si de lejanas evocaciones se tratara.