El curso favorable de las cosas o la Prosperidad

Lo que  sigue más abajo es el inicio de un bonito y generoso texto que nos ha regalado Elvira Navarro desde su blog Periferia. Navarro recorre desde su mirada aguda el contenido de un librito llamado La Prosperidad, 1862-2012, que ha tenido su origen en este blog, bosquejando sus páginas con palabras amables y, desde aquí, creemos que justas. Modestia aparte.
Gracias Elvira por tu gesto para el curso favorable de las cosas o la Prosperidad.

«La prosperidad es el curso favorable de las cosas; la buena suerte o éxito en lo que se emprende, sucede u ocurre. Esto según la RAE.

La Prosperidad es un barrio de Madrid «del distrito de Chamartín, situado en la zona noreste de la ciudad de Madrid, y colindante con el distrito de Salamanca. Se ubica entre la calle Príncipe de Vergara, la Avenida de América, la M-30 y Sánchez Pacheco, y es atravesada por la calle López de Hoyos, siendo esta última una de las calles más largas de la ciudad y destacada por su gran actividad comercial», según nuestra abuela Wikipedia, y digo «abuela» porque la Wiki es un poco como las yayas de antaño, que siempre te solucionaban algo. La patata del calcetín, el vestido dado de sí, la tartera con migas o bizcocho».

Seguir leyendo

Casa de Fieras de El Retiro (1770-1972)

Cuando Carlos III hizo levantar el parque de animales en los jardines del Palacio del Buen Retiro, allá por Atocha, no hizo sino poner los cimientos de los futuros parques zoológicos en España. En realidad se trataba de una moda y también de un capricho aristocrático por lo exótico, en especial en lo referente a la fauna y a las especies raras y desconocidas.

Yo iba a la Casa de Fieras de El Retiro con mi padre los sábados por la mañana. Atravesábamos el paseo de coches desde Alcalá y nos deteníamos delante de los dos pilares de acceso al recinto. Había una taquilla y la entrada costaba 3 pesetas. Entonces yo tenía tres o cuatro años y no pagaba. Siempre se veían por los alrededores a unos guardas de parques que vestían un uniforme de una rígida tela gris que era como de fieltro grueso y con unos botoncillos dorados en los puños. La casaca la adornaban con una  banda roja y los pantalones se aseguraban con un ancho cinturón de cuero negro que ajustaban con una hebilla grande también de color dorado. Supongo que también llevaban gorra, que siempre imponía carácter y, en este caso, autoridad. Estos guardas que, en general eran displicentes, groseros, toscos y mal encarados, tenían un pito que hacían sonar para advertir a los ciudadanos de las infracciones que cometían. En aquella época, a finales de los sesenta, era bastante sencillo infringir las normas, y los guardas pitaban a menudo y se regocijaban con cada soplido. Multaban por correr, por cantar, por pisar el cesped, o por jugar con el balón, por ejemplo. Eran ellos los que controlaban el orden del zoo, en unos tiempos de fiereza social, donde los humanos más asilvestrados vivían fuera de las jaulas y se comportaban como animales con sus congéneres.

Galería de jaulas de los felinos en la Casa de Fieras, 1930.

Casa de Fieras de El Retiro.  (Foto: Hauser y Ment, 1923)

Casa de Fieras de El Retiro, 1930.

La casa de las fieras en 1930. (Foto:  Jean LAURENT)

Del viejo zoo recuerdo las jaulas de los felinos. Había leones y tigres. Las jaulas eran como expositores diminutos situados en línea, para que los visitantes pudieran ver a las fieras a escasos metros. Los animales tenían un espacio mínimo para moverse dentro de su habitáculo. No se me olvida cómo se movían de un lado a otro de manera automática, compulsiva, enajenados y con la mirada perdida. Daban mucha lástima.Sello Casa de Fieras 1840

Sello con la Real Casa de Fieras como motivo (c. 1840)

La sensación que más me caló de la Casa de Fieras fue el olor penetrante que salía de las jaulas de los tigres. Un olor fortísimo, acre y muy desagradable. Recuerdo que los miraba, no sé ya si era a los tigres o a los leones o a ambos, y ellos deambulaban indiferentes mirando a ningún sitio, seguramente muy tristes. Tal vez fueran los tres tristes tigres del trabalenguas. Aún así, me daban miedo. Miedo y mucha lástima.

Familia posando en la Casa de Fieras. (Foto: Kallmeyer y Gautier, 1930)

Pajarera, años 50.

Elefanta «Julia» en 1965.

También había osos pardos, un oso polar blanco con una ducha de agua fría en su jaula, una jirafa, rapaces, unos chimpacés enfermos que fumaban con ansiedad las colillas que les arrojaban algunos visitantes, intelectualmente menos dotados que los simios. Aún escucho las estentóreas risotadas de  estos infelices al ver a los monos chupetear los pitillos o los puros encendidos. Sin duda tenían adicción al tabaco y eso hacía que flipasen con los regalos. Había un elefante -tal vez Julia– al que el cuidador le daba trozos de zanahoria según la propinilla de cinco o diez céntimos que el público le ofrecía. El elefante o la elefanta, se llevaba la zanahoria a la boca cogiéndola con la trompa y el cuidador los durillos, que guardaba en el bolsillo después de mirarlos y que, al cabo del día, debían de ser cuantiosos. Hubo una hipopótama que consiguió dar a luz una cría que fue la sensación del parque. Esto debió de ser a principios de los setenta, muy cerca de la clausura de la Casa de Fieras.  El día que se abrió el zoo de la Casa de Campo lo celebramos. Nos pareció un avance social tan importante como la democracia que, aunque todavía estaba por llegar, era inminente y traía ya aires de libertad para todos, incluidos los animales de la Casa de Fieras. Y, desde luego, lo fuimos a conocer en cuanto pudimos. Y lo celebramos.

Jaula del oso pardo, años 40-50.

Oso polar en su jaula circular con osera y ducha, años 60.

Historia de la Casa de Fieras

Cuando Carlos III hizo levantar el parque de animales en los jardines del Palacio del Buen Retiro, allá por Atocha, no hizo sino poner los cimientos de los futuros parques zoológicos en España. En realidad se trataba de una moda y también de un capricho aristocrático por lo exótico, en especial en lo referente a la fauna y a las especies raras y desconocidas.

Sobre la historia de la Casa de Fieras se puede leer en la Wikipedia: «Con Fernando VII, en 1830, se ampliaron y mejoraron las instalaciones, que se trasladaron a los alrededores de la Puerta de Sainz de Baranda. Se realizaron las obras de la Casa de Fieras, pasando a llamarse Gabinete Real de Ciencias Naturales. De esta fecha es «La Leonera», edificio de dos plantas. En la inferior se estaban las jaulas para varios tigres, una pantera, dos hienas, un chacal, y en la superior se habilitaron estancias para la familia real y sus huéspedes, donde también se encontraban animales disecados como parte de la decoración. También se dispusieron algunas otras jaulas y fosos para animales en las proximidades, como el kiosco de los monos, la elefantera, la osera y otras jaulas que habitaban pavos reales blancos de Japón, llamas peruanas y gacelas africanas. En la esquina entre las actuales Puerta de Madrid y Puerta de O’Donnell se levantó una montaña artificial, conocida como la Montaña de los Gatos, Montaña Rusa o Montaña de los Osos, por ser estos los animales que allí se encontraban. El funcionamiento y la labor de los operarios se realizaba a través del Reglamento de 1816 y la manutención de la Casa de Fieras corría a cargo del Bolsillo Secreto de Su Majestad, partida económica que disfrutaban y distribuían los monarcas a su antojo. Isabel II amplió el recinto, dotándolo de un segundo patio para los herbívoros y comprando animales en Marsella, entre ellos una pareja de elefantes, cuya hembra murió pocos meses después y, cuya jaula ocupó la elefanta «Pizarro», procedente de un circo» (Texto: Wikipedia)

Elefanta «Julia», años 60.

Foso de los osos en la Casa de Fieras, 1958.

En 1868 el Parque del Retiro se abrió al público y el ayuntamiento asumió la función de cuidarlo, vigilarlo y mantenerlo, incluyendo la Casa de Fieras. En 1884 el vandalismo del publico y los gastos de mantenimiento (unas 50.000 ptas anuales y unos ingresos por taquilla de 1.900 pts), obligaron a subastar muchos animales y, finalmente su explotación se cedió a un empresario circense, Luis Cavannes que se hizo cargo de las instalaciones desde 1895 hasta 1918.

El 31 de Diciembre de 1918, el Ayuntamiento ordenó la incautación del Parque Zoológico de El Retiro, por denuncia del contrato con la familia Cavannes, que a pesar de la muerte de Luigi, el patriarca del clán,  continuo con su explotación a través de su hijo José Cavannes.

Niños observando a una cebra, años 50.

Posando delante de las jaulas de los felino, años 40-50.

La llegada de Cecilio Rodríguez, Jardinero Mayor del Ayuntamiento y que asumió la dirección de la Casa de Fieras, imprimió a la zona una nueva impronta, transformando el parque en un jardín español, al estilo del Parque de Maria Luisa de Sevilla (1914) y realizando mejoras de interés en el parque. Durante la II Guerra mundial el parque recibió animales evacuados de distintos zoológicos de capitales europeas, sobre todo de Berlín, cuyo zoo dirigió el doctor Lutz Heck. Al Parque llegarían animales procedente del Zoo de Munich, nuevos osos, tigres y leones, incluso un jaguar negro, y una maravillosa colección de primates, junto a otras aportaciones particulares; se instaló una clínica veterinaria y comienzó un periodo de éxito para el recinto, que llegó a tener mas de millón y medio de visitas en el año 1967. (Fuente: Wikipedia)

En 1972, cerró sus puertas la antigua Casa de Fieras del Parque de El Retiro, desmantelándose muchas de sus instalaciones, y se abrió el nuevo Zoo de la Casa de Campo.

Biblioteca en el Parque zoológico del Retiro, en 1930.

Rehabilitación como biblioteca pública

Después de muchos años planteándose darle un uso cultural y con el antecedente de las casetas de libros que hubo situadas dentro del zoo , un proyecto de 2004, hecho público el año 2005 por el Ayuntamiento de Madrid pretendió transformar las antiguas instalaciones de la Casa de Fieras, que ya funcionaban como sede de la Junta Municipal de Retiro, en biblioteca pública. Se pretendió que estuviera especializada en parques y jardines históricos y serviría de apoyo a la Feria del Libro. La futura biblioteca, cuya construcción se inició en 2007, habría de tener  acceso autónomo desde la avenida de Menéndez Pelayo para poder mantenerse al margen de la apertura o cierre del parque de El Retiro.

En el año 2011, la biblioteca de la Casa de Fieras cambiaba su proyecto inicial. El foso de los monos que pensaba adaptarse como sala de lectura se dejaría intacto y se construiría una estructura junto a la leonera para los  espacios de lectura. La reforma tendría que haber concluido en septiembre de 2011 con un costo de 7,1 millones de euros, un 18 por ciento más de lo previsto inicialmente. Sin embargo, la crisis dilató su ejecución. Primero, a abril de 2008. Luego, a 2009, con un límite de finalización de obras fijado en septiembre de 2011. Finalmente, la biblioteca se finalizó en 2012, completándose la instalación de mobiliario y materiales varios a lo largo del año. Según autoridades del Ayuntamiento, la inauguración se producirá en algún momento del principio de 2013, sin que se haya determinado una fecha concreta.

Cartel informativo de la rehabilitación de la Casa de Fieras como biblioteca. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Estado de las obras de rehabilitación en 2008. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

En principio, la Casa de Fieras conserva la estructura original de las leoneras. Este edificio de 1830,  de dos alturas, mantiene su planta y se le han renovado el techo con una cubierta estanca de zinc con aislamiento de madera, aluminio y poliuretano, con cámaras de aire que ventilan el forjado y las tejas. Han conservado la estructura de madera original que soporta el techo y han restaurado los paramentos de ladrillo. Las cerámicas originales se han restaurado  y restituido con reproducciones las desaparecidas. En la planta baja, la zona sur, donde se encontraba la galería de jaulas de los felinos, se ha reinterpretado, encajando en los espacios cubículos de cristal a modo de salas de estudio con vistas al parque, los cuales, con las luces apagadas, reflejarán el parque. El edificio contará con una superficie total de 3.794 metros cuadrados, con capacidad para unos 16.000 volúmenes.

Fotografías de la antigua Casa de Fieras en 2008. Las obras habían comenzado apenas un año antes y ya se percibía cierta lentitud en su ejecución. Estos espacios se conservan por su carácter testimonial. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2008)