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Archive for 24/09/12

El paisaje que vemos cuando andamos por ahí de turismo queda impreso en nuestro cerebro y es lo que permanece como memoria de los lugares y lo que se transmite a los futuros visitantes. Resulta, que de viaje por el agro gallego, a veces tan urbanizado y a veces tan poco agro, ha sido habitual encontrar muestras de descuido y de poco interés por conservar el atractivo de lo autóctono, casi siempre bello en origen. Por desgracia, en España  es muy normal toparse con aberraciones urbanísticas y arquitectónicas, y con la desidia de los poderes públicos, que hacen la vista gorda, que se inhiben de intervenir cuando las situación lo requiere y que dejan hacer por lo que han de recibir.

Siempre que voy a Galicia me sorprende la misma visión. Cuando avanzo por las carreteras atravesando poblaciones o cuando las veo a lo lejos siempre hay un elemento común a todas ellas. Una característica que ensombrece el paisaje de la verde Galicia: El feísmo. La arquitectura gallega del último siglo es el resultado historico de un proceso que se inicia en los comienzos de la industrialización y que ha conducido a un urbanismo absolutamente desordenado, arbitrario y descontrolado. Es producto de la pobreza material y de la incultura, y también de la pobreza moral y de la falta de conocimiento histórico.

Existe una manera de obrar en la que todo elemento arquitectónico que huele a añejo, lejos de interpretarse y de adaptarse a la contemporaneidad de modo respetuoso, se suele destruir o se modifica de tal manera que se traviste con unos ropajes que por naturaleza no le pertenecen y lo hacen irreconocible, además de grotesco y feo. (Fotos: La Voz de Galicia)

En Galicia es posible que surja ese desinterés por lo tradicional -salvo en lo folclórico y lo gastronómico- debido a las condiciones de  la  pobreza material y por un sentido clientelista del pueblo que deja deshacer y mal hacer a su antojo al político de turno, en general culturalmente pobre, intelectualmente débil y con nula sensibilidad estética.

En cierta ocasión dijo el escritor Manuel Rivas que habría que cambiar la frase de Castelao que decía : “Os galegos non protestan, emigran”. Ahora -decía Rivas- el gallego ni protesta, ni emigra. No nace.  Los niños gallegos no nacen porque gran parte de la hermosa Galicia se ha convertido en un Museo del Feismo, poblado por ogros y fantasmas.

La verdad es que los fantasmas no solo los ven los niños gallegos, también los que pasamos por allí de vez en cuando y nos asustamos de verdad cada vez que vemos aparecer un monstruo de aquellos en el momento menos esperado.

El feismo gallego aparece tanto en las zonas urbanas como en las rurales y participa de la desidia de las autoridades y habitualmente de su connivencia, viéndose favorecida por episodios de especulación y corrupción. El feismo es también una extensión del ruralismo y de su intento de superación a través de la urbanización mal entendida. Es pobreza de medios, pero también es pobreza intelectual, falta de educación, cultura de trazo grueso. (Foto: La Voz de Galicia)

Ante un asunto tan importante, la Xunta de Galicia ha puesto en marcha una capaña institucional “informativa” que pretende la concienciación de la población en materia de estética urbanística y, digamos, coherencia con la tradición arquitectónica. Lo curioso es que la campaña, iniciada en plena campaña  electoral, ha sido denunciada por el BNG por supuesta vulneración de la Ley Orgánica de Régimen Electoral,  y la Junta Electoral ha solicitado su cese.

Esta  campaña,  realizada por una empresa publicitaria para la Consellería de Medio Ambiente, invita a ver el paisaje como un “valor” que puede definir positivamente el  futuro de quienes lo habitan. De modo que su conservación supone una inversón de cara al  porvenir. De ahí el eslogan : “A Galicia do futuro depende de nós”. La idea es buena y se encuadra dentro de una serie de acciones, recogidas en la Estratexia da Paisaxe Galega, dirigidas a valorar y proteger el paisaje de Galicia, del que forman parte además de los elementos propios de la Naturaleza,  las edificaciones, especialmente las situadas en el medio rural como las viviendas, las explotaciones agrícolas y ganaderas y otro tipo de construcciones.

La iniciativa es, desde luego, acertada y necesaria, al margen del evidente oportunismo al presentarla. Luego habrá que  legislar para que la intención no quede solo en un disfraz para atraer simpatías. Lo extraño es que surja a estas alturas, cuando cada vez hay menos que proteger y cuando ya ha habido modificaciones legislativas procedentes del mismo grupo político que afectan a la  ley de costas,  que favorece el uso abusivo de espacios medioambientales muy sensibles,  para potenciar la la construcción de “recreo” de verano y fin de semana. Habrá que esperar algún tiempo para conocer el final de esta historia, pero es muy probable que, a pesar de todo, la vida siga igual. Creo que lo cantó un gallego “de pro”.

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