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Archive for 26 mayo 2011

Cuando las calles y el espacio público urbano se convierten en ocasionales galerías de exposiciones de arte efímero, la ciudad adquiere una función nueva. Más allá de servir como mero soporte de información que capte la atención del ciudadano, el arte urbano dota de valor estético, o quizá lo redescubre, al espacio en el que se exhibe, dignificando lo que por descuido o intencionadamente se deja degradar,  formando parte, como un elemento más, del propio objeto artístico.

La intención primera del artista que trabaja en la calle es la de convertir los espacios cotidianos, muchos de ellos ruinas urbanas, espacios que pasan desapercibidos o que miramos con desdén, en lugares nuevos y dotados de interés en su nueva dimensión dignificada.
El espacio público urbano alcanza su nueva dimensión a través de estas obras nacidas para desaparecer, cuyo destino es casi siempre el de los lienzos de los muros o las paredes en ruina que les sirven de soporte. Es una representación simbólica de lo perecedero como tendencia reinante en el mundo actual. Pero también constituyen una llamada de atención al ciudadano y, para el artista una manera de darse a conocer a través de canales transgresores y a veces ilegales.
En esta breve exposición de arte urbano nos regocijaremos con la presencia de tres artistas urbanos, alguno de los cuales ya ha dejado la impronta de su paso por Madrid.

“María”, mural de Jorge Rodríguez Gerada realizado en 2004 en la pared medianera de un edificio derribado en Barcelona. (Foto: Creativity Fuse, 2004)

Jorge Rodríguez Gerada es un cubano  nacido en 1966 cuya formación se ha desarrollado en los EE.UU. En la serie “Identidades”, iniciada en España en 2002, elabora sobre paredes de edificios inmensos retratos a carboncillo de personajes anónimos de las ciudades en las que hace los trabajos. Ha realizado, como casi todos los artistas de arte urbano, incursiones en la culture jamming, corriente contracultural que interviene en los espacios públicos urbanos ironizando y caricaturizando las expresiones culturales hegemónicas dominantes y las más comerciales.

“Antonio”, mural en carboncillo de Jorge Rodríguez Gerada realizado en 2005 en una pared medianera de un edificio derribado de Madrid. (Foto: Creativity Fuse, 2005)

Raquel y María”, mural en carboncillo de  Jorge Rodríguez Gerada realizado en 2006 en una pared medianera de la calle Fuencarral de Madrid. (Foto: Creativity Fuse, 2006)

Mural realizado por Louis Lambert (3TTMan) en 2009 en la calle de San Bernardo de Madrid.

Louis Lambert  nació en Lille (Francia) en 1978 y  llegó a Madrid en 2001, tras haber recorrido medio mundo dejando su arte por las paredes. 3TTman desarrolla su propio estilo, que él llama “pop-trash”, caracterizado por el uso de colores llamativos y composiciones caóticas. Sus soportes son paredes o muros a punto de ser derribados, lo que acentúa el carácter de arte efímero de sus obras.

Mural de Trois Tête man (3TTMan) realizado en la calle San Bernardo de Madrid (2010).

Cara de mujer, Alexandre Farto. (Foto: por cleopatra69, en Flickr, 2010)

Alexandre Farto alias “Vhils” realiza obras en  muros y en paredes desconchadas perdidas de  las ciudades que visita. Nacido en 1987 en Lisboa (Portugal) y residente en Londres,  es un artista urbano que comenzó haciendo graffiti tradicional y que ha evolucionado hacia realizaciones elaboradas dibujando rostros sobre muros y paredes de ladrillo en descomposición sobre las que erosiona las capas hasta lograr el resultado buscado. Todavía no ha realizdo ninguna obra en España.

street art London - VhilsCara de Hombre, Alexandre Farto. (Foto: por Kriebel, en Flickr, 2009)

Street Art in London feat. Alexandre FartoEn una calle de Londres, Alexandre Farto. (Foto: por Manon Aubel, en Flickr, 2010)

alexandre farto aka vhilsRostro en una vieja pared, Alexandre Farto. (Foto: por Gozilah52, en Flickr, 2009)

El rostro de la calle, terminado!Cara en un muro de Cali (Colombia), Alexandre Farto. (Foto: por Gráfica Mestiza, en Flickr, 2010).

VhilsAlexandre Farto en Stolen Space, Londres. (Foto: por Dr Case, en Flickr, 2008)

Vhils @ CansFestival II - LondonAlexandre Farto en el Festival de Cans, Londres. (Foto: por Kriebel, en Flickr, 2008)

Referencias.-

Página Web de Alexandre Farto

Grupo FlicKr “Vhils”-Alexandre Farto

YBites Blog. Arte Urbano

Página Web de Jorge Rodríguez Gerada

Página Web de Louis Lambert (3TTMan)

Creativy Fuse: Retratos de J. Rodríguez Gerada

Arte Urbano en Madrid (El País, 16/01/ 2011

Arte Urbano en Malasaña (El País, 18/07/2007)

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Foto: Enrique F. Rojo, 2011

En mayo de 1964 la constructora VOL, S.A. presentaba en los medios de comunicación el inicio de las obras del nuevo conjunto residencial Parque Vol, “único en Madrid por su calidad, características y emplazamiento”, según decía  la publicidad. El proyecto, en el cual destacaba la torre Pryca, estuvo a cargo de los arquitectos L. Gutiérrez Soto y M. García Benito.

El conjunto de edificios se encuentra en la confluencia de las calles de Velázquez y López de Hoyos, con vuelta a la calle Oquendo, ocupando una manzana triangular en una zona de baja densidad. La pieza que más destaca es la llamada en su momento Torre Pryca, de once pisos de altura, que se apoya sobre una estructura horizontal que siempre ha servido como centro comercial, pues en su origen se creó para albergar a la cadena de supermercados que le dio su nombre y en la actualidad alberga las instalaciones de otra cadena. Este local, de gran amplitud,  posee una marquesina volada en chaflán que avanza hacia la calle Velázquez,  dando cierta sensación de ingravidez gracias a la columna en V que sustenta su frente, realización que en su época resultó muy  llamativa por la novedad de su composición, pero que hoy en día causa menos admiración.

Imagen en blanco y negro de la maqueta del conjunto “Parque Vol” con la “Torre Pryca” y el centro comercial en su base. (Imagen: ABC, 1964)

Una imagen de 1964, año en que se  inauguró el supermercado, mientras continuaban las obras de construcción del conjunto. Y otra, abajo, del mismo lugar en el año 2010.

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“Vivo en una gran ciudad en la que todo es grande. Las calles son grandes y largas. Los edificios son grandes y altos. Todo es grande. Las distancias, el horizonte, el cielo. Hasta la gente es grande y alta en esta ciudad en la que vivo.”  (Ernesto H. Bernal, “Desde mi atalaya“, 2011)

Un día, temprano, salí de casa. La mañana era como tantas en esta época del año. Para empezar, oscura, algo fría y algo húmeda. Pero era más silenciosa de lo habitual. Era domingo y los domingos son siempre más callados. Los domingos la gente nos levantamos más tarde y hacemos cosas distintas a las del resto de la semana. Dormimos más, tal vez descansamos mejor y, a veces, madrugamos mucho para hacer algo excepcional. O a lo mejor nos levantamos antes para oir el silencio y respirar mejor durante lo que dura el corto amanecer, descubriendo sensaciones que habíamos olvidado.

Amanecer temprano

Ese día decidí levantarme temprano y salí a la calle con el el canto de los mirlos del parque. Salí con la intención de verlos y oirlos en su hábito diario. Y viendo a los pájaros me dí cuenta de que madrugar es como nacer cada día, como renacer después del sueño, aunque ese renacer cotidiano acabe a veces por ser aburrido, perdiendo así su excepcionalidad. Estoy convencido de que madrugar es difícil para todo el mundo, incluso para los pájaros. Por eso canturrean nada más despertarse, como para convencerse de que siguen vivos tras el sueño y para quitarse la sensación de legañosa monotonía.  Entre los humanos, al que madruga Dios le ayuda, dicen. Y a lo mejor es verdad, porque  madrugando se  consigue  ir un poco a contracorriente, pués mientras todavía unos duermen, el madrugador ya marcha despejado a conquistar el mundo, canturreando y contento por llegar el primero. Una especie de adalid insomne.

Mañana de domingo

Esa mañana especial de domingo el sol jugaba al escondite entre las nubes y corría una agradable brisa de aire casi frío. Había una tenue bruma que desdibujaba el horizonte. Para quien se conoce de memoria los horizontes de su ciudad la bruma es un elemento que enriquece la vista porque añade matices. Esa mañana de bruma era perfecta para ser una mañana especial de domingo. Una mañana diferente, aún más por ser domingo. Desdibujada, callada, casi fría, muy de mañana, triste y alegre al mismo tiempo.

Mercado de flores en Amsterdam (aunque podría ser París), del BlogFlores y Palabras“.

El Mercadillo

El mercadillo, situado en la Place du Marche,  estaba hasta arriba de puestos. Los olores, que intuían sabores, de las pescaderías, verdulerías y las charcuterías ya destacaban sobre los llamativos colores de los puestos de plantas y flores, más luminosos, igual de sensuales, pero más  espirituales y alegres. Todavía era pronto y casi no había gente. Eran cerca de la nueve y media, más o menos. A esa hora algunos puestos acababan de instalarse.

Había puestos de ropa y de artesanías varias que se arreglaban en poco rato y, normalmente, llegaban los últimos y montaban sin demasiada prisa.
Cuando llegué, di unas cuantas vueltas y me fijé en un puesto pequeño que había en el extremo sur de la plaza. Tenía muchos muñequitos de lana rellenos. También jerseis y chaquetas de punto y ganchillo, pañuelos, chales y abalorios entre clásicos y jipis.

Aprovechando unos arbolillos próximos, la chica que atendía el puesto había colgado en las ramas unas perchas con blusas y pañuelos.
Al pasar vi que una de las perchas estaba en el suelo. Miré y me di cuenta de que era del puesto que tenía delante. Lo recogí y se lo entregué a la chica. En el momento no me hizo mucho caso, pues atendía a una señora madrugadora como yo,  que parecía estar muy interesada en algo del puesto.

Breve confusión de miradas

Cuando me miró y me dio las gracias, de un modo cordial, que yo interpreté automático, aunque con un gesto muy expresivo, sentí una sensación que se  prendió instantáneamente a la altura del corazón. Parecía algo mayor que yo, pero encantadoramente juvenil. Todavía recuerdo la mirada clara de aquella mujer. Supuse que era  una artista. Es decir,  una artesana, una artista, que producía y vendía lo que hacía. Y todo era muy hermoso.  Durante  unos segundos ensoñé, imaginé y fantaseé.

Durante esos fugaces  instantes de confusión, perdido entre el cruce de miradas, aturdido por tanta belleza, la llegada de un inesperado tropel de gente que salía de un parquin situado delante del puesto y los gritos de una señora mayor que quería ver no sé qué abalorio, hicieron que desviásemos los ojos y que cada uno volviese a lo suyo. Y así fue. Cada uno continuó haciendo lo que momentos antes había suspendido. Como si ese paréntesis en el que el tiempo había disminuido su marcha no hubiese existido.

Seguí andando y acabé fijándome en algo tan prosaíco como los filet mignon de porc (solomillos de cerdo) de una carnicería del mercadillo. Estaban de oferta a muy buen precio. Eran más de las doce del mediodía. Y los europeos almorzamos temprano. Tenía que darme prisa.

Vuelta a la realidad

A veces la realidad, despiadadamente práctica, se enfrenta a las necesidades ocultas del espíritu,  incluso a las más escondidas como las carnales, siempre irracionales. Y lo hace de una manera directa, tremendamente cruel, e innecesariamente evidente.

Luego, pensando en aquella  artesana,  me sentí amorosamente desafecto. Creo ahora, que mi desconocida compañera en el cruce de miradas seguirá haciendo ganchillo y cosiendo muñequitos sin acordarse lo más mínimo del episodio.  Seguramente ni advirtió mi presencia y su sonrisa fue un acto reflejo. Sólo fue una mínima atención para agradecer el gesto amable de un desconocido. Un mínimo esfuerzo mecánico, aséptico, con los ojos cerrados, como el despertar cada mañana.
Dulce ensueño de una mañana de mercadillo.

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