Un autobús en Las Tablas (Madrid)

Llegaron al PAU de Las Tablas en 2008 y desde entonces viven donde pueden. Unos en los descampados que aún quedan en el polígono, otros en los solares que han quedado vacíos donde antes se construía algún edificio. Lo más llamativo del fenómeno lo constituye un destartalado autobús y una una caravana desvencijada en que viven dos familias.
A las 8.45 del 21 de marzo de 2011 ha llegado la policia con un gupo de operarios del Ayuntamiento para demoler el lugar que ha sido su casa durante tres años, donde vivían 14 miembros de dos familias rumanas en Las Tablas, en el norte de Madrid.

Llegaron al PAU de Las Tablas en 2008 y desde entonces viven  donde pueden. Unos en los descampados que aún quedan en el polígono, otros en los solares que han quedado vacíos donde antes se construía algún edificio. Lo más llamativo del fenómeno lo constituye un destartalado autobús y  una una caravana desvencijada en  que viven dos familias.

Son dos familias rumanas con niños que, según parece vivieron antes en una chabola en el poblado de Valdemingómez, donde un incendio la quemó por dos veces.
La razón de que la zona sea un destino recurrente de inmigración pobre procedente de Rumanía es la cercanía de un centro de acogida con casas prefabricadas que se encuentra por el descampado.
El solar junto al que está aparcado el autobús, hace unos días que se ha vallado para que no entre nadie más. Nada más cercar el perímetro, aparecieron tramos abiertos. Dos días después volvió a cerrarse con presencia de policía municipal.

Quieren levantar en este lugar un centro de tratamiento de toxicómanos y parece que a los vecinos de Las Tablas no les gusta la idea.
Mientras tanto, los habitantes del autobús viven hacinados en tan mínimo espacio y entre la porquería que ellos mismos generan. Ahora que han vallado el solar de al lado, todo queda mucho más cercano y con el calor del verano vivir así es ya peligroso para la salud. (EUROPA PRESS)

Están en el PAU de Las Tablas. Mientras se construye lo que queda de las cerca de 15.000 viviendas planificadas, algunos viven con lo mínimo. Sus techos de cartón, contrachapado, o lo que encuentren, les cobijaron del frío y de la lluvia en invierno. Ahora sabemos quiénes son. Viven ahí, junto a las nuevas casas. Son unos vecinos más, aunque nadie los conozca. Es la paradoja de los nuevos habitantes del nuevo barrio. Vivir en un lugar con nombre pero sin identidad, donde nadie se conoce, donde la miseria surge frente a la sacrificada opulencia de los nuevos moradores de un lugar que fue campo abierto, tan abierto como ahora. Las Tablas, un lugar nuevo y extenso, tanto que no resiste la invasión apresurada de los nuevos habitantes a los que aplasta con su ansia de ser barrio. Y el nuevo barrio se queja y sus nuevos vecinos sobreviven de su limosna. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2008)

 

Actualización 21 de marzo de 2011:

Derribo de las últimas chabolas y retirada del autobús

Las dos familias de origen rumano, compuestas por 14 personas entre adultos y niños, fueron  desalojadas el día 21 de marzo de 2011 del autobús y la caravana donde vivían en Las Tablas . (FOTO: El País)

«Hoy a las ocho de la mañana vienen. Llegan para demoler el lugar que ha sido su casa desde hace tres años. No son hogares estándar, uno es un autobús, y el otro una caravana, pero han sido creados con trabajo y amor. En el autobús vive Fran Stan, su esposa Grazieria y ocho de sus hijos. Al lado, en la caravana, está la hija mayor, Persida, que vive con su esposo Ciprián y sus dos hijos, que pronto, en un par de meses, serán tres.
La familia, de origen rumano, lleva desde 2008 en el camino de Fuencarral a Hortaleza, en Las Tablas, al norte de la capital. Se instalaron allí cuando el jefe de Stan, que tenía un negocio de vehículos que él vigilaba, les dio un autobús. Entonces, salieron de la Cañada Real, donde, según Stan, «la vida era muy conflictiva». «Estamos muy bien aquí, ¿qué vamos hacer?», se lamentaba ayer en un castellano perfecto delante del viejo autobús. Todos los niños de la familia que están en edad escolar van al colegio de al lado. Ayer disfrutaron del día casi veraniego correteando y alternando el rumano y el castellano para comunicarse.

La policía les visitó el sábado para decirles que los desalojarían hoy. A finales de 2010 el Ayuntamiento mandó una orden administrativa que requería la salida voluntaria de varias familias rumanas que vivían en chabolas por la zona. Todos se marcharon menos la familia de Stan. «No tenían los papeles para echarnos, así que nos quedamos», explica el padre.

Ahora, el Consistorio tiene los papeles necesarios. El Ayuntamiento les mandó una carta el pasado 10 de marzo en la que hacía referencia a una sentencia del Juzgado número 19 de Madrid y les requería a que procedieran «de forma inmediata al desalojo de personas y enseres». En caso de no salir voluntariamente, se procedería «a la ejecución forzosa por parte de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad».

Dos voluntarios de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, al sur de Madrid, cargaban su coche ayer con las pertenencias de la familia. Victoria, una voluntaria, explicaba que la familia tiene preparada una pequeña chabola «en el campo». Nadie quiere decir dónde está para que las autoridades no los sepan. Solo confirma que «está muy lejos de aquí». Según Victoria, a 50 minutos en transporte publico. Por eso, ella teme que la distancia haga casi imposible que los niños puedan seguir yendo a su colegio. «Va a ser una pena enorme si pierden está oportunidad», dice.

Stan y su mujer llegaron a España desde Rumanía en 2001. En octubre de 2011 hará 10 años que se empadronaron y, según ellos, tendrán «derecho a pedir una casa». Hasta entonces, necesitarán ayuda de los servicios sociales para conseguir un techo digno, pero no creen que puedan ayudarles a buscar la estabilidad que necesitan.

En Las Tablas la familia tiene agua y luz. Pero no de forma convencional. Un empalme casero les conecta al alumbrado público, y el agua corriente la sacan de una toma de agua en la calle. La llevan en cubos al lavabo y la ducha que tiene instalados en el autobús.

A unos 150 metros, en el bajo de un bloque de pisos nuevos está el bar El Rincón de las Tablas. El dueño, José Manuel Martín, lleva cuatro años aquí y afirma que la familia del autobús «no causa problemas».

Un coche de la policía pasa y Stan lo señala: «Mira, los agentes que nos dijeron que nos tenemos que ir». Pero no cree que sea su responsabilidad. «La culpa la tienen los del juzgado que ni se ha pasado a ver la realidad».

Stan lo tiene claro: «No nos queremos ir. Mis hijos están bien aquí. No quieren perder su cole». Pero parece que la «ejecución forzosa» del desalojo está ya en marcha y que cuando usted lea este artículo las dos pequeñas casas, el autobús y la caravana, habrán sido demolidos». (DAVID R. NELSON – Madrid. EL PAÍS – 21-03-2011)

Con dos empujones de la pala de la excavadora, la caravana quedó aplastada. (Foto: El País)

«A las 8.45 han llegado para demoler el lugar que ha sido su casa durante tres años, un autobús y una caravana en la que vivían 14 miembros de dos familias rumanas en una calle de Las Tablas, en el norte de Madrid. Son unos cinco agentes de la Policía Municipal de Madrid, una grúa, una excavadora, el Samur y responsables de Urbanismo del Ayuntamiento. Tres horas después, los dos vehículos han sido reducidos a chatarra por las palas de la excavadora.
El Ayuntamiento ha confirmado que ha ordenado la destrucción de ambas infraviviendas porque se trata de un «asentimiento ilegal». Al desguace de sus viviendas han asistido los padres y los niños pequeños, ya que los mayores están escolarizados en un centro escolar de la zona y ya se habían ido a clase cuando ha comenzado el desalojo. Para facilitar la operación de derribo, loa agentes han cortado el camino de Fuencarral a Hotaleza. En el autobús vivían Fran Stan, su esposa Grazieria y ocho de sus hijos. Al lado, en la caravana, la hija mayor, Persida, con su esposo Ciprián y sus dos hijos, que pronto, en un par de meses, serán tres.

La familia, de origen rumano, llevaba asentada desde 2008 en el camino de Fuencarral a Hortaleza. Se instalaron allí cuando el jefe de Stan, que tenía un negocio de vehículos que él vigilaba, les dio el autobús que convirtió en su vivienda y que ya no existe. Entonces, salieron de la Cañada Real, donde, según Stan, «la vida era muy conflictiva».

En Las Tablas, lograron agua y luz. Un empalme casero les conecta al alumbrado público, y el agua corriente la sacaban de una toma de agua en la calle. Hasta que la policía les visitó el sábado para decirles que los desalojarían hoy. «Estamos muy bien aquí, ¿qué vamos hacer?», se lamentaba ayer en un castellano perfecto delante del viejo autobús.

A finales de 2010 el Ayuntamiento mandó una orden administrativa que requería la salida voluntaria de varias familias rumanas que vivían en chabolas por la zona. Todos se marcharon menos la familia de Stan. «No tenían los papeles para echarnos, así que nos quedamos», explica el padre.

Pero el Consistorio ya tiene los papeles necesarios. El Ayuntamiento les mandó una carta el pasado 10 de marzo en la que hacía referencia a una sentencia del Juzgado número 19 de Madrid y les requería a que procedieran «de forma inmediata al desalojo de personas y enseres». En caso de no salir voluntariamente, se procedería «a la ejecución forzosa por parte de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad», como finalmente ha sucedido.

El Samur Social ha llevado ya a las familias a unos campamentos donde van a alojarse esta noche, una a San Roque y otra Valdelatas, donde al parecer podrán quedarse unos meses. Stan y su mujer llegaron a España desde Rumanía en 2001. En octubre de 2011 hará 10 años que se empadronaron y, según ellos, tendrán «derecho a pedir una casa».» (DAVID R. NELSON – Madrid
ELPAIS.com – España – 21-03-2011
)

Más información:
Hogares destinados al desguace (El País, 22/3/2011)

7 opiniones en “Un autobús en Las Tablas (Madrid)”

    1. Hola Elvira,
      ¡Qué suerte, en Mojacar! Yo estoy en este páramo estepario que es Madrid. Pero en medio del secarral puedo traer a la memoria el olor de la brisa marina y ya me reconforta. De momento es lo único que puedo hacer.
      Las fotos del autobús las encontré «buceando». Aunque paso a diario por delante del bús, desde que llegó, nunca he sido capaz de hacer alguna foto. Ya cuando hice la de las barracas, en 2008, se montó un pequeño revuelo, creo que con razón, y tuve que acelerar el paso. Así que he tenido que recurrir a imágenes hechas por personal acreditado…
      Un beso y disfruta.

  1. Finálmente el Ayuntamiento de Madrid decidió que el autobús no era un buen lugar para que viviesen estas dos familias numerosas.
    Ahora, estos viajeros sin destino cierto tendrán que inventar otra manera de arreglàrselas. Seguro que el Ayuntamiento no hará demasiados esfuerzos, y será un recomienzo.
    Futuro incierto. Una lástima.

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