Instituto "Santamarca", un derribo anunciado

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(Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Han tirado el «Santamarca» (Calle Puerto Rico, 34-36), un Instituto de Enseñanza Superior (IES) devaluado y denostado por muchos. Pero también bajo la égida de sus defensores, unos cuantos profesores y padres de alumnos disconformes con las explicaciones oficiales y con la corriente demoledora.
Este verano, en el mes de octubre, comenzaron las obras de demolición del edificio, para construir el nuevo IES Santamarca, que se prevé que entre en funcionamiento en septiembre de 2009. Aunque quizás, dados los retrasos, lo haga en condiciones de provisionalidad. Ya se verá.

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De momento, este curso, los alumnos matriculados se han trasladado al antiguo IES San Mateo, situado en la calle de la Beneficencia, en el barrio de Malasaña, en una ocupación no exenta de polémica.

El nuevo IES Santamarca, dicen, contará para 2008-2009 con 12 unidades de Secundaria y 5 grupos de Bachillerato. La organización del centro se mantendría con los mismos grupos que hasta el momento conformaban los 430 alumnos con los que contaba en 2006, y con la misma plantilla de profesores.

«El nuevo instituto tendrá una superficie construida de 6.727 metros cuadrados y albergará, junto a las aulas polivalentes para ESO y Bachillerato, taller de tecnología, aulas de música, dramática y audio; aulas de informática, de plástica y visual; 12 laboratorios, biblioteca, gimnasio, 12 seminarios y zona de servicios de administración y espacios comunes». La Comunidad de Madrid, según se dice, invertirá 6,5 millones de euros, en una obra que tendrá dos fases. El nuevo edificio estará adaptado a las normativas vigentes en materia de seguridad, eliminación de barreras arquitectónicas y protección contra incendios.

Un viejo edificio de los sesenta

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Según el ex director del centro y todavía profesor, José Montes, en el curso 2007-2008, el edificio tenía deficiencias hace años y se había ido poniendo parches que no eran una solución definitiva.
El claustro de profesores también mostró su apoyo a los planes de la Consejería de Educación, aunque solicitaron la garantía de que el nuevo Santamarca mantuviera su titularidad y gestión pública.

Jesús Valverde, viceconsejero de Organización Educativa de la Comunidad de Madrid , afirmaba que el Santamarca  tienía defectos estructurales desde su construcción en los años 60. Y que la única solución era hacerlo otra vez.

ies-santamarca_18-nov_2008_05_small«El nuevo Instituto de Enseñanza Secundaria de Santamarca, en el madrileño distrito de Chamartín, entrará en funcionamiento el próximo curso, con 840 plazas para alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y de Bachillerato, según informó hoy el vicepresidente primero y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno.


Así, el Ejecutivo autonómico adjudicó hoy las obras de este equipamiento, en el que se invertirán 4,76 millones de euros y que deberían comenzar una vez concluyan los trabajos de demolición del actual edificio.
El centro tendrá una superficie construida de 6.727 metros cuadrados y albergará, junto a las aulas polivalentes para ESO y Bachillerato, un taller de tecnología, aulas de música, una dramática y de audio, aulas de informática, de plástica y visual; doce laboratorios, biblioteca, gimnasio, doce seminarios y una zona de servicios de administración y espacios comunes.
El proyecto de construcción de las nuevas instalaciones se realizará en dos fases que se ejecutarán simultáneamente. Está previsto que las obras estén concluidas para el inicio del curso 2009-10, momento en el que los alumnos podrán reincorporarse al Instituto.
La puesta en marcha del nuevo Instituto permitirá ampliar la oferta educativa del centro hasta un total de 840 plazas –600 de ESO y 240 de Bachillerato–, de acuerdo con las previsiones de crecimiento de la demanda para el distrito en la etapa de educación Secundaria.
Además, el nuevo edificio estará adaptado a las normativas vigentes en materia de seguridad, eliminación de barreras arquitectónicas y protección contra incendios.
Durante el periodo de duración de las obras de demolición del centro actual y la construcción del nuevo Instituto, las actividades lectivas del IES Santamarca, con 460 alumnos matriculados, se impartirán en las instalaciones del antiguo IES San Mateo, que tiene una capacidad para 650 alumnos y está situado en la calle Beneficencia.
Asimismo, la Consejería de Educación habilitará un servicio de transporte escolar gratuito para los alumnos mientras se reincorporan a su centro
. (Europa Press, Madrid 6 Noviembre, 2008)

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Fases de demolición del IES Santamarca, en Chamartín. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Nuevo Instituto

El nuevo centro comenzará a construirse en el mes de diciembre de 2008, pués la demolición acabó en la semana del 24 al 30 de noviembre.

Según dijo la consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar,  el motivo de la demolición  fue la necesidad de modernizar sus instalaciones y adaptarlo a la normativa vigente en materia de eliminación de barreras arquitectónicas y protección contra incendios, ya que el inmueble tenía más de 50 años (en realidad bastante menos) . «Es un Instituto que se había quedado muy anticuado en sus instalaciones, por lo que se ha optado por construir uno desde cero, sobre todo porque es más barato, más fiable y de justicia para las familias y profesionales que reclamaban una reforma integral«, subrayó la consejera.

Otros casos

ies-isabel-la-catolicaEsta actuación se suma a la corriente última por parte de la Comunidad de Madrid, o bien del Ayuntamiento, aunque con intereses diversos,  de acometer el derribo de determinados centros escolares en zonas en las que aún habiendo demanda de plazas, prima la utilización del suelo en actividades que generen plusvalías o permitan la aplicación de planes urbanísticos, sustituyendo los edificios abatidos por nuevos centros, que se desplazarían a zonas donde el suelo fuese más barato. Fue el caso del IES Isabel la Católica, uno de los más antiguos y grandes de Madrid, nacido de la mano de la Institución Libre de Enseñanza y una de las señas de identidad de la educación madrileña junto con el Instituto Ramiro de Maeztu o la Residencia de Estudiantes, que se encuentra en el nuevo eje Prado-Recoletos planificado por el Ayuntamiento de Madrid. En este caso, la Comunidad no suscribió el traslado del Instituto. Finalmente, después de un largo periodo de protestas e incertidumbres, el complejo escolar recibió el «indulto» municipal, salvándose de la demolición (2006).

Más actual, pero en la misma línea, aunque esta vez por parte de la Comunidad de Madrid, la ampliación del metro madrileño ha planteado el derribo del IES Mirasierra en el distrito de Fuencarral-El Pardo. En esta ocasión el Ayuntamiento no ha planteado ninguna objeción al respecto.

ies-mirasierraIES Mirasierra en el distrito Fuencarral-El Pardo (2008)


Actualización (1/02/2009)

No se derribará ningún edificio del IES Mirasierra (El Mundo)
El IES Mirasierra evita el derribo (ABC)

Salvemos el Frontón "Beti-Jai" (Madrid)

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Beti-Jai representa un doloroso episodio para quienes conocen los problemas de conservación del patrimonio arquitectónico de Madrid. Era uno de los frontones que abrían sus puertas en la capital a finales del siglo XIX, donde existía una gran afición por el deporte de la pelota y por las apuestas que se cruzaban en los partidos.

Por diversas y afortunadas circunstancias, el edificio del frontón ha superado todos los periodos de vandalismos bélicos, políticos y especuladores que han castigado el patrimonio arquitectónico de la ciudad desde que esta rara pieza se construyera hace 104 años.»  (LEER más)

 

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Nuestro amigo IGOR González ha puesto en funcionamiento una Plataforma que llama la atención de la desidia de nuestros responsables municipales y reivindica la rehabilitación del FRONTÓN «BETI-JAI» antes de que se caiga hecho pedazos.

Hay en estos momentos una CAMPAÑA DE RECOGIDA DE FIRMAS, por si de algo sirviese, como ciudadanos, manifestar nuestras inquietudes arquitectónico-histórico-deportivas, en consonancia con las ambiciones olímpicas de los municipes madrileños. Esperemos que esta iniciativa obtenga resultados importantes y que haya alguien que disponga su rehabilitación y restablezca el uso primitivo de este bello y ahora decadente y arruinado edificio.


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Video del Frontón «Beti Jai»,  grabado en 1996 por TVE.

 

Recuerdos de la Guindalera

Acerca de «La última casa obrera de la Guindalera«, en la calle Eraso 32, frente a Conde de Vilches y haciendo esquina con Amorós, Carlos Moreno nos ha mandado a URBAN IDADES un bonito relato de recuerdos de la niñez. Se trata de unas afectivas memorias de su infancia en la Guindalera, primero, y después en Prosperidad.  Le ha causado una gran sorpresa, según dice, encontrar en el BLOG datos y fotos de la Guindalera. Nos cuenta que «vive desde el año 81 en Asturias, pues su madre era asturiana, pero nació en la Guindalera, 1957, trasladándose algunos años después a Prosperidad».

Con su pernmiso, me permito copiar estos recuerdos, casi literarios, que nos pueden traer a la memoria algún pasaje de «El Mundo», de JuanJo Millás. Me parece que merece la pena leerlas, por la sencillez de la narración y por su poder evocador. Nos cuenta Carlos:

«Casualmente creo reconocer -en la fotografía- mi propia casa, en la que nací, que estaba en la calle Eraso, número 56, si no recuerdo mal. Si no estoy equivocado, creo que se trata de la puerta del centro de las tres que se ven en la foto, la de las casas de planta baja demolidas en el 2008, (según se cuenta en el blog). La numeración que se puede ver (número 32 la puerta de la derecha) no coincide con mis recuerdos, pero es posible que yo esté equivocado. En todo caso coincide la numeración par.

En la puerta a la derecha de la imagen vivía otra familia a la que estábamos muy unidos. La madre se llamaba Amparo, morena de pelo y de tez, y el marido creo que se llamaba Ángel, pelirrojo y pecoso. Tenían una hija, Amparito, delgada como el padre pero atezada como la madre, con quien jugábamos de críos. Amparo fue la madrina de mi hermano Juan. No estoy muy seguro de si era en la puerta hacia la izquierda o en la siguiente donde vivía una señora mayor a la que en casa llamábamos “la mujer de los perros”, porque tenía recogidos no sé cuántos chuchos callejeros.

calle-eraso-32_solar_2008La fotografía primera (2007) -en la calle de Eraso- se corresponde con la tipología más elemental de vivienda obrera de la periferia madrileña, si bien en la casa de la foto las tres puertas y la ausencia de ventanas hace pensar que éstas hubieran sido eliminadas y substituidas por las primeras, quien sabe si con el fin de hacer tres casas de una. Al final, las fotos más actuales -2008- nos muestran el resultado de la lógica de los tiempos, que se impuso, de modo que la vieja casa ha dado lugar a un solar en el que el furor constructivo hará de las suyas. Algunos se embolsarán unos cuantos miles de euros y todos tan contentos. Ahí queda el testimonio de un barrio de cuyo pasado ya nadie quiere acordarse.

Esto ya no se ve en la foto, pero más hacia la izquierda vivían unos parientes de mi padre, en otra casa de planta baja, pero más amplia. Y más hacia la izquierda todavía, en dirección hacia el parque que todos conocíamos como “de la Perona”, había una vaquería, cuya dueña también era asturiana. Ella tuvo uno de los primeros televisores del barrio, y allí acudíamos todos los chiquillos a ver Rintintín en blanco y negro, sentados en el suelo. Recuerdo que el televisor era un mueble enorme de madera, como una cómoda, con unas puertas que al abrirse dejaban ver la pantalla.

Y eso duró hasta que un mal día la vaquería sufrió un incendio. Tengo grabada una escena surrealista: mientras los camiones de bomberos apagaban el fuego y el público se congregaba para ver el espectáculo, las vacas frisonas deambulaban libremente por la calle.

calle-eraso-32Eran casas para inmigrantes de otras partes de la Península, porque en aquel tiempo no había otros. ¿Gente humilde? Sí, desde luego, no te quepa duda. En mi casa coincidían ambas premisas, mi madre inmigrante y mi padre un obrero que trabajaba en la fábrica de J. G. Girod, en la calle Porvenir. Y humildes a más no poder. Mi abuela Romana, viuda, vivía en esa casa con mi padre Eusebio, uno de los derrotados en la guerra civil. Mi tío Fernando, hermano mayor de mi padre, estaba por aquel entonces en la cárcel, y el otro tío, el hermano más pequeño, Ángel, estaba enterrado en algún lugar de Normandía, en Francia. Aunque de todo esto nunca se hablaba en casa y yo tardé muchos, pero muchos años, en enterarme.

En esas casas no teníamos agua corriente. Teníamos que ir a buscarla a una fuente que estaba en la siguiente esquina de la calle, hacia la derecha de la imagen. En aquellos crudos inviernos de la época, aquella fuente a veces se congelaba, y los vecinos tenían que encender fuego alrededor para calentarla y poder sacar el agua.

Recuerdo que Soledad, mi madre, me contaba cómo en una ocasión, queriendo coger agua, acabó peleándose con unos gitanos que querían dar de beber a su burro. Éste quería meter el hocico en el cubo de mi madre, y la gresca saltó cuando ella reprochó a los gitanos que no lo impidiesen. Allí se enzarzaron a voces, y, posiblemente alterado por ellas, un mono que éstos traían se tiró al pelo de mi madre, hasta que se lo pudo quitar de encima.

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Bar en el distrito de Salamanca (1957). FOTO: Antonio Rodríguez. Archivo Fotos Comunidad de Madrid.

Más allá de la fuente, recuerdo que había como un cierre de la calle, donde se encontraba una taberna. Allí me llevaba mi padre a tomar “manzanilla”, en un vaso diminuto. De aquel tabernero, cuyo nombre no recuerdo, se decía que hacía aumentar la graduación alcohólica de las bebidas echando dentro de los recipientes monedas de cobre. Y más allá todavía, siguiendo por la misma dirección, se llegaba hasta “el canalillo”, a donde, contaviniendo las órdenes de mi madre, yo iba a “pescar”, porque efectivamente había algún tipo de pez, como del tamaño de un boquerón los más grandes.

En esa misma dirección, pero en la acera contraria, casi enfrente de mi casa, había una fábrica de artículos de plástico, tales como jaboneras y cosas así. En casa éramos tan pobres, siempre con el dinero escaso, que, como otras familias del barrio, traíamos los artículos de esa fábrica tal como salían de los moldes, para eliminar con un cuchillo bien afilado las rebabas, y así aumentar los ingresos.

Al fondo de mi casa había un pequeño patio, que a mí, supongo que por mi edad, no me parecía tan pequeño, pero creo que en realidad debía de ser diminuto, quizás un par o tres de metros cuadrados. Allí de vez en cuando aparecía alguna lagartija con la que yo me quedaba embelesado. Pero donde más jugábamos era obviamente en la calle, donde el tráfico era nulo. Claro, ¿quién iba a tener coche en aquella barriada?
En casa no teníamos cocina eléctrica ni de gas, sino una de carbón. En aquel horno mi madre asaba boniatos, una delicia para mi paladar en aquellos horribles años.
En parte porque la casa era demasiado pequeña para una abuela y un matrimonio con tres hijos, y posiblemente porque entre mi abuela y madre no debía de haber mucha química, acabamos marchándonos a Prosperidad, a la calle Constancia 44, más tarde 52, concretamente a lo que mucho tiempo después supe que se trataba de una “ciudadela”, las 4 viviendas que fueron de los obreros de una antigua tejera, más la que debió de ser la del capataz, todas ellas agrupadas en torno a un patio central. La del capataz la única con un váter propio, las demás con uno comunal, una especie de caseta con una puerta de madera y una ventana para ventilación, y en el suelo, una taza turca. Viviendas asimismo muy humildes, pero un pequeño progreso: al menos teníamos agua dentro de casa. Todavía conservo alguna foto dentro de ese patio.

En fin, no sé por qué cuento todo esto, debe ser el poder evocador de esa imagen de más arriba. Mis disculpas por el tostón y muchas gracias por colgar esas imágenes en la red.»

Carlos Moreno (Asturias)

Arqueología Urbana de Madrid: Calle de Alcalá 27, en 1869.

calle-virgen-de-los-peligros-con-alcala_1930-smallA la izquierda, la antigua Alcalá nº 27 (hoy número 21) con la calle Peligros en la esquina del edificio a demoler en donde se situó el Café de Fornos. Actualmente el número 23 de Alcalá , que fue el antiguo número 29, c/v. a la calle Peligros, que se correspondía con el edificio que vemos a  la derecha («Wagons-Lits-Cook-Coches») y fue la antigua clínica de La Unión y el Fénix Español, actualmente Hotel Petit Palace “Alcalá Torre”, diseñado por Modesto López Otero (1929) y que sustituyó al anterior de 3 plantas,  junto a las Calatravas,  era el palacete del marqués de la Torrecilla, cuya planta baja fue una biblioteca y un museo de pinturas.


A partir de una consulta a este BLOG, en este capítulo vamos a hacer un poco de «arqueología urbana».
La constante transformación de las ciudades define su evolución y resume su concepción como ente vivo en constante desarrollo. Por estos cambios entendemos que la ciudad está viva y que sus modificaciones forman parte de su ciclo vital.
Hace unos días Jesús Pérez, escribió al blog preguntando qué había en la calle Alcalá, número 27 en el año 1869. Todo un reto.
Nos decía que investiga acerca de una persona que ostenta el curioso privilegio de ser el “único enterrado de pié en España”, cuya tumba se encuentra en Alfaro (La Rioja), y en la que la lápida exhibe una inscripción con el siguiente escueto texto : “MADRID  ESPARZA  ALCALÁ, 27
Añade Jesús en su nota : “¿Había un taller de lápidas y panteones en dicho lugar? Sería para nota que también existiese una fotografía”. (La expresión utilizada nos hace pensar en su dedicación a la docencia).
Hemos hecho un poco de arqueología urbana, cotejando imágenes, pocas y algunos textos, tampoco muchos. También ha sido necesario echarle un poquito de imaginación al asunto.

El actual número 27 de la calle de Alcalá está junto a la Iglesia de las Calatravas, que tiene el número 25. Es un edificio cuya planta baja pertenece a la Confederación Española de Cajas de Ahorros. El edificio debe de ser de finales del XIX o principios del XX. Pero, como bien afirma Pablo Herrero “en Madrid la numeración ha cambiado muchísimo (comparativamente, por ejemplo, con ciudades como Barcelona), por lo que resulta muy difícil saber algo como lo que pregunta Jesús , máxime en una calle como la de Alcalá, cuyo caserío ha variado mucho también en ese primer tramo. De hecho, el dato que voluntariosamente aporta Ramón” -si bien con una ligera inexactitud- “no sirve, toda vez que las Calatravas ya estaban allí bastante antes de 1869 y que gran parte de la manzana anterior se ha alterado mucho desde entonces”. Esta información, no obstante, incorpora una ligera idea sobre su ubicación.
El actual número 19 de Alcalá lo lleva el Hotel Regina, que en 1920 ya existía, con la misma numeración actual, aunque en el anterior edificio, que nada tiene que ver con el que hoy podemos ver.
En la otra esquina, en lo que creemos que era el número 27 de Alcalá, se encontraba el Café de Fornos donde, como ya se dijo en otro momento, el público habitual se sentaba en sus mesas de mármol para tomar chocolate o café traido diréctamente de Colombia, fumar unos cigarrillos, charlar o leer El Heraldo, La Correspondencia , El Imparcial , o La Ilustración Española y Americana , entre otras publicaciones de la época.

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Panorámica de la calle de Alcalá en 1920 (Archivo fotográfico del Centro Nacional de Arte Reina Sofía). Foto de A. Sánchez García (Alfonso).

En la fotografía podemos ver de izquierda a derecha, es decir, dirección oeste-este, a la izquierda del todo, un local que muestra el número 17 que no sabemos lo que es, pero que ofrece una pista fundamental. Junto a él, con el 19 de Alcalá, la entrada con puerta y dos ventanales al Hotel Regina, cuyo letrero vemos a lo largo de la balconada de la segunda planta del edificio. En al referido portal, Café y Restaurante del hotel, vemos la terraza dispuesta sobre la amplia acera. Da la casualidad de que en la actualidad, como quedó dicho,  sigue existiendo un Hotel Regina en la Calle de Alcalá en el número 19 de la numeración moderna.

A continuación, el acceso y escaparate de “Mantequerías Leonesas”, con el número 21 de la calle. Le sigue el portal de lo que podría ser el acceso al Hotel Pilar, cuyo reclamo figura a continuación de el del Hotel Regina. Si continuamos, en el mismo edificio, en el número 23, se encontraba el Café Bar Monopol, con puerta de acceso y escaparate.
Otro dato, en 1869, en el nº 23 de la calle de Alcalá se encontraban las oficinas de LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA, fundada ese mismo año, cuyo acceso podría ser a través del portal anejo a los accesos al Café Monopol, a la derecha del todo.
Actualmente el Número 23 de la calle de Alcalá c/v. a la calle Peligros, le corresponde a la antigua clínica de La Unión y el Fénix Español, actualmente Hotel Petit Palace “Alcalá Torre”, edificio de Modesto López Otero (1929) que sustituyó al anterior de 3 plantas, en la esquina derecha de la calle Peligros, junto a las Calatravas, que era el palacete del marqués de la Torrecilla, cuya planta baja fue una biblioteca y un museo de pinturas y que llevaba el número 29 de Alcalá.

Junto a este edificio se ve la Iglesia de las Calatravas, despojada del convento que le fue anejo, con su fachada medio barroca, de ladrillo recocho y piedra de Colmenar, con ventanas enrejadas en forma de balconcillos y su color rojizo característico que la hace inconfundible, salvo con la cercana Iglesia de San José, en la división de la Gran Vía. El número 21 actual c/v. a la calle Peligros corresponde al edificio Vitalicio, sede del Grupo Generali en España, obra de Eusebio Bona Puig 1932-1935 y Luis Mosteiro Canas. En este lugar se encontraba el Café de Fornos, en un edificio construido en torno a 1862-64, tras el derribo del Convento de las monjas Bernardas de Vallecas, y que debió de llevar el 27 de la calle de Alcalá en la antigua numeración.
El Café de Fornos se inauguró en el edificio que se construyó sobre el antiguo solar del Convento de las Bernardas de Vallecas, construido en el lugar por orden del Cardenal Siliceo, en el siglo XVI.

Ya en el siglo XIX, con la desamortización de Madoz, el edificio se desaloja y va envejeciendo. Mientras tanto fue usado como local de instrucción de quintos y milicianos, colegio electoral, museo filarmónico, bolsa de comercio, teatro lírico, colegio de enseñanza y almacén de plomos. ( El antiguo Madrid, Mesonero Romanos, Ramón. Págs. 241-243).

Su derribo, que debió de acontecer en la década de los sesenta del siglo XIX, significó la apertura y ensanche de las calles de Sevilla y Peligros.

cela-y-la-colmenaPués bien, trás del cotejo de las diferentes fuentes,incluidas fotografías, aparte de la publicada en esta entrada, y haciendo un ejercicio de imaginación literaria, en una especie de remedo de La Colmena,  de C. J. Cela, hemos llegado a una curiosa conclusión, o mejor, a una aventurada hipótesis: La lápida, origen de este viaje en el tiempo, pudiera haber pertenecido al Café de Fornos, como encimera de las mesas, cambiando el órden de la mencionada novela. Pudiera ser que al cerrar el Fornos, por la demolición del edificio, el mobiliario acabara en diferentes destinos, uno de los cuales podría haber sido el que ha suscitado la consulta de Jesús Pérez. Tal vez, la dirección que aparece en el mármol (Alcalá, 27) fuese grabada por los marmolistas como indicación del destino para el que fue cortada la pieza. Y tal vez «Esparza» fuera el marmolista. Al cambiar de uso, la losa mantuvo la inscripción y, tal vez se le añadiese alguna nueva. El Fornos desaparece en torno a 1930, y en torno también a esta fecha debería de haber llegado la losa a Alfaro.

De cualquier manera, esta osadía con poca base no es más que un vano ejercicio de aproximación a un episodio del que apenas disponemos de datos. Podría haber sido así, o quizás no. Se trata simplemente de una mera especulación, y si me apuran, de un inocente divertimento, que ojalá, por una cuestión romántica, no anduviera del todo desencaminado. Por lo demás, si a Jesús le ha aportado algo de luz para su asunto, «prueba conseguida, …y con nota.»