Antiguo CAFÉ de FORNOS (Madrid)

Fornos se llamó a un desaparecido local que hubo en Madrid, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros.
En aquel lugar, a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, se daba cita lo más elegante e interesante del Madrid del momento. Aristócratas, dramaturgos, actores, críticos, tenores y toreros. Algún político y madrileños en general llenaban su salón y sus reservados céntricos, símbolo de una capital que vivía en su provincianismo y respiraba aires nuevos de pretendida modernidad en un periodo en el que la cerca vieja se deshacía para ensanchar los límites capitalinos más allá de Chamberí.
Allá por el año 1885, en el Teatro Español de la plaza de Santa Ana, los actores Manuel Catalina, Julián Romea y Matilde Díez (ésta con con una calle que lleva su nombre en el barrio de Prosperidad), y también  Donato Jiménez, representaban los dramas del laureado y discutido José de Echegaray.

Arriba, dibujo del Café de Fornos por Cecilio Pla en El Globo, de Alfredo Vicenti y foto de la tertulia literaria.

La Puerta del Sol era entonces una gran plaza, semejante a la que hoy conocemos, en la que la luz nocturna la daba el gas de sus faroles de forja, los tranvías eran de tracción animal y había paradas de coches simones, antiguos taxis tirados por caballos o mulas. Madrid se movía al ritmo lento de la incipiente industrialización y la población crecía con prisa, producto de la inmigración interior.
En el café de Fornos había «peñas» formadas por la parroquia habitual y, del mismo modo que en otros cafés, se discutía el tema del día o el que estuviera de moda, en las tertulias del Fornos, las conversaciones se repetían y solían recaer en los mismos asuntos: política, bodas reales, corridas de toros (Espartero, Frascuelo, Lagartijo, Guerrita), el tiempo, literatura, sucesos, o alguna obra de teatro. En el piso entresuelo del café de Fornos, en uno de sus reservados, tenía lugar la tertulia de La Farmacia”, pués en ella, como en botica, se daba de todo. En ésta participaban políticos, hombres de negocios, banqueros, artistas de todo género, médicos, pintores, periodistas, literatos, dramaturgos y toreros (miembros relevantes de la élite social de la época). Por allí pasó también la famosa Mata-Hari.

Café de Fornos, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros, en fotografía del año 1908.

El café de Fornos se abrió en unas casas construidas sobre el solar del antiguo convento de las monjas Vallecas o de Nuestra Señora de la Piedad, que estuvo en la referida calle de Alcalá con Peligros. El negocio lo montaron los hijos de Pepe Fornos, dueño del café Europeo situado en la calle Sevilla con el callejón de los Gitanos (calle de Arlabán), con el especial ahinco del mayor de sus hijos,  Manolo Fornos, quien trasladó la filosofía del negocio paterno a la altura de la suntuosodad y el lujo que el momento y la potencial clientela requería. Tiempo después, Manolo, una noche, agazapado en uno de los reservados del café, se descerrajó un tiro en la cabeza que acabo con su vida.
Estaba, el Fornos, decorado con vistosas pinturas murales, tapices y alfombras, y dotado de amplios y cómodos divanes, estatuas de bronce que sostenían las lámparas de gas, y también de relojes de dos esferas que pendían del techo. Poseía además un gran restaurante, de enorme comedor, con entrada independiente por la calle de Alcalá, cuya cocina no desmerecía la categoría del establecimiento. Las sobremesas daban lugar a multitud de tertulias de personajes ilustres en las que se comentaban los éxitos de la actriz María Tubáu o las fiestas palaciegas de Fernán Núñez en su casa de la calle de Santa Isabel, o de Higinia Balaguer y de todos los implicados en el crimen de la calle de Fuencarral.

A propósito de este suceso, la rea Balaguer, trás un polémico juicio,  fue ahorcada en la llamada Plaza de la Justicia, junto a las tapias de la carcel Modelo, en pública ejecución, al aire libre y como testigos los barrios de Argüelles y Pozas. Este crimen, consumado en la persona de Luciana Borcino, madre de José Vázquez Varela (Varelita) , señorito chulo y conquistador y de pocos escrúpulos, fue el resultado de una folletinesca historia de intrigas y engaños, que acabó con la criada Higinia Balaguer en el patíbulo, sin que quedara clara su culpa.
En aquel momento los escaparates de las librerías mostraban las novedades editoriales de mano de los escritores de moda: Valera, Alarcón, Pereda y Galdós. También se iniciaba la construcción de las primeras casas del barrio de Argüelles y se levantaba el Cuartel de la Montaña.

Recorte de prensa de 1988, narrando el suceso que tuvo lugar en la calle madrileña de Fuencarral número 109, el día 1 de Julio.

Años antes del suceso de la calle Fuencarral, en 1886,  se producía un sonado ciclón o huracán, que abatió más de quinientos  árboles del jardín botánico, según recogía la prensa de la época,  y que conmovió a la ciudadanía, en especial a la que se encontraba transitando por las calles, que hubo de correr e refugiarse en las casas próximas y en los cuarteles, como el de la Montaña o el de San Gil. El terrible ciclón causo daños de consideración en el arbolado municipal y en algunos edificios de la parte alta de la población, y produjo  algunos muertos y heridos, al ser lanzados contra el suelo por el ímpetu y la furia del huracanado viento, algunos de los cuales fueron socorridos en el botiquín de urgencia del Fornos.
También por aquella época desaparecían los jardines del Buen Retiro, que tantos momentos de diversión dieron a quién sabe cuántos madrileños, luego ocupado su solar por el soberbio palacio de comunicaciones de Palacios y Otamendi (hoy Ayuntamiento de Madrid); y la piqueta demoledora abatía sañudamente el hospital de la Latina, en la calle Toledo.

Emilio Carrère escribió del Fornos: ”Fornos significaba sesenta años de vida madrileña. El Madrid de Alfonso XII y el de la Regencia. Y la juventud del postrer Borbón. Las ventanas de este café fueron ojos y oidos para la actualidad callejera. Los antiguos espejos eran como largas y misteriosas galerías por donde se fueron alejando los hombres y las mujeres más interesantes de su época. Se los veía con el triunfo de sus risas, de sus glorias y de su juventud. Después, los espejos de Fornos se los iban tragando poco a poco… hasta que desaparecían definitivamente en las Sacramentales del otro lado del Manzanares.” (El Madrid de Fornos, página 39)

A propósito del cierre definitivo del Café de Fornos , Alfredo Vicenti escribía en 1908 una crónica titulada «¿Se cierra Fornos?«:
«Hace tiempo circularon por Madrid rumores de que Fornos, el popularísimo café, iba a ser clausurado para siempre, porque la dueña de la finca necesitaba el local para restablecer en él sus cocheras y sus cuadras. Ayer se acentuó el rumor, dándose como inminente el lanzamiento, y la noticia produjo en todo Madrid penosa impresion, porque el café de la calle Alcalá, esquina a la de Peligros, que lleva de existencia cerca de cuarenta años, y entre cuyos muros se han incubado dos generaciones literarias, es algo tradicional no sólo para la villa y corte, sino para toda España.
Su nombre es familiar en todas las provincias, y cuantos vienen a Madrid pasan por él; seguros de encontrar algún conocido, pues no hay región que no cuenta allí con su correspondiente tertulia.[…]
Las reuniones de madrugada en las mesas próximas al mostrador, son ya históricas, porque han desfilado por ellas hombres consagrados en la política, en las letras y en las artes.
Alguna vez fue Fornos teatro de escenas trágicas, que contribuyeron a fomentar su fama.
Por todas estas razones es un café insustituible, y la noticia de su clausura ha producido en Madrid la tristeza de la pérdida de algo propio.
[…]

En esta esquina de la calle de Alcalá con la calle Peligros, se ubicaba el Café Restaurant de Fornos. El edificio se demolió para construir el Banco Vitalicio de España. La foto es del año 1930, en pleno derribo. La foto muestra el mismo lugar desde otra perspectiva. Se trata de la calle Peligros, enseñando el chaflán que fue el acceso al Fornos. Los carteles que tapan la obra anunciaban  salones de té, automóviles y los Almacenes Simeón, situados en la Plaza del Angel, número 8, haciendo esquina con la Plaza de santa Ana.

Creo que la fecha de la desaparición del Fornos se circunscribe a 1910. Antonio Velázquez Zazo en su libro El Madrid del Fornos, escribe en 1945: “Ya se había cerrado el café de Fornos. Se cerró cuando la Exposición de la Infancia, en el Retiro; cuando el homenaje a Ricardo de la Vega, en el Teatro de Apolo, con motivo de la Fiesta del sainete; cuando la inauguración del Puente de la Princesa ; cuando llegó el tranvía a la Ciudad Lineal…” “Se cerró Fornos cuando se quemó el Teatro de la Zarzuela, (…) y tembló la tierra de Madrid, pués entonces se produjo un terremoto.”
En efecto, según el libro de Velázquez Zazo, un año antes a su homenaje moría Ricardo de la Vega (Madrid, 1839 – 1909), dramaturgo, hijo de Ventura de la Vega y, autor del libreto de la Verbena de la Paloma. El 6 de noviembre de 1909 el Teatro de la Zarzuela fue prácticamente destruido por un incendio. Y en 1910 moría el autor del libreto de la zarzuela La Gran Vía, Felipe Pérez y González (Sevilla, 15 de mayo de 1854 – Madrid, 16 de marzo de 1910).
Todos estos hechos fueron paralelos al cierre de el café de Fornos según relata el autor citado.
En 1909 se electrificaba el tranvía Cuatro Caminos_Chamartín_Ciudad Lineal de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.) de Arturo Soria y Mata. En cuanto al terremoto citado, se trata del localizado en 1909 en Benavente, que también afectó a Lisboa y se dejó sentir en Madrid.

El antiguo local del Fornos se trocó en una sala de Juego que se instaló en el entresuelo. Y en la planta baja se instauró el espectáculo de las señoritas tiradoras. Sin embargo, como aferrada a la tradición de aquella casa, de la que le costaba no poco trabajo desprenderse, perduraba la tertulia de Valle Inclán, trasladada al cercano café de la Montaña.; pero el público de siempre, el respetable, el habitual de Fornos, en vista de la general transformación de cosas y personas, se iba poco a poco, mansamente, alejando hacia los colmados y bares que llenaban las calles escondidas del centro de Madrid.
Después hubo allí un cabaret; más tarde otro café moderno: Riesgo. Y en el esquinazo tan populoso y tan madrileño, construida la nueva y elevada finca del Banco Vitalicio.
” (Antonio Velázquez Zazo , El Madrid del Fornos).

Según el artículo dedicado al Café de Fornos en Wikipedia, después del suicidio del responsable del local, Manolo Fornos, sus «hermanos procuraron mantener el negocio a flote durante cuatro años más, pero al final el 26 de agosto de 1908 cerró definitivamente«. Posteriormente, -dice el citado artículo- en mayo de 1909 volvió a abrirse de nuevo con el nombre de Gran Café y como dueño Marcelino Raba de la Torre. Se reanudaría el negocio con las tertulias y las fiestas en los bajos, para desaparecer en 1918 y reaparecer como  cabaret con mesas de juego, con el nombre de Fornos Palace. El edificio lo adquirió la sociedad Banco Vitalicio en 1923, que decidió derribar el edificio para construir su nueva sede en 1933.

En esta foto, anterior a 1930 y posterior a1923, se observa como, ya en los prolegómenos del derribo del edificio que albergó al Fornos,  las antiguas dependencias del Café estaban ocupadas por  las oficinas del Banco Vitalicio Español.

Referencias.

Alfredo Vicenti
Taller de ediciones
Fornos, cita y trasnoche en el viejo Madrid

Velasco Zazo, Antonio
El Madrid de Fornos
Retrato de una época

Librería General Victoriano Suárez
Madrid, 1945

Pallol Trigueros , Rubén
Chamberí. El primer desarrollo del ensanche norte madrileño.
Cuadernos de Historia Contemporánea-UCM, 2004.         

20 opiniones en “Antiguo CAFÉ de FORNOS (Madrid)”

  1. Eran famosas sus tertulias, y muy especialmente las constituidas alrededor del mundo del toro. El abuelo materno de mi madre, típico señorito malagueño de finales del siglo XIX y acomodado rentista, tenía allí la suya, y a través de ella llegó a apoderar al diestro Ricardo Martínez, más conocido como El Yeclano, por proceder de tan hermosa localidad murciana.
    Gracias por traer a la memoria el viejo Fornos; puede servir de consolación —todo lo magra que se quiera— el hecho de que locales que siguen cumpliendo la misma función de «agregación social»,como un Starbuck y el bonito restaurante Root, de la cadena Vips, ocupen en la actualidad parte del terreno del antiguo café.

  2. Pues es verdad: esa esquina es ahora un Starbucks. ¡Qué ironía! Una cadena de cafeterías-basura americanas que intentan -y no consiguen- recrear el ambiente de un café europeo, ocupa el local de un auténtico viejo café. Conozco una esquina de la Gran Vía que fue una cafetería de cierto prestigio y esmerada decoración (Fuima). Ahora es un banco. Y a su lado, una antigua oficina bancaria se ha transformado en otro falso café (Café y Té, por más señas).

  3. Estoy de acuerdo, Alfredo, con que se trata en todo caso de «falsos cafés». Pero permite que te diga mi opinión: prefiero que, ya que desaparecen, ocupe su lugar otro establecimiento de carácter «social» como los son un bar o un restaurante, que un banco o similares. De hecho, en los años 60 y 70 fueron los bancos los que hicieron su agosto comprando antiguos cafés para convertirlos en sucursales bancarias. Recuerdo, por ejemplo, el que ocupaba gran parte de la curiosa manzana casi triangular en que tuvo Lorca su última morada madrileña (Alcalá-Narváez-Felipe II). No recuerdo cómo se llamaba: sé que llegué todavía a tiempo, en mi infancia, de subirme (ayudado) a sus elevados sillones de terciopelo acompañando a mi abuelo, que por allí vivía.
    Citas el Fuyma, y ese tuve la suerte de vivirlo más veces, hasta su desaparición no hace demasiados años. Era un local fantástico, donde también se comía muy bien, como solía pasar en los antiguos cafés. Recuerdo que tenía una entrada también por Miguel Moya, que daba al restaurante, cuyas ventanas eran del tipo llamado «de guillotina». Camareros veteranos, pulcramente uniformados, constituían su personal. Y su terraza en la Gran Vía multiplicaba el encanto del local. ¡Lástima de un Madrid ido para siempre!

  4. Estupendo articulo , solo puedo añadir como coleccionista que soy de fichas de casinos, circulos etc antiguos de españa que a principios del siglo XX el cafe fornos utilizaba una serie de fichas de valor de 10 centimos para quizas consumir en el local y tambien puede que exista la posibilidad de que realizaran juego a escondidas aunque de esto no tengo pruebas si en cambio tengo fichas de otros cafes que por su valor si hicieron juego como por ejemplo el conocido cafe llamado «fornos palace» en madrid o cafe imperial.Bueno esto lo dejo como anecdotico pues os sorprenderia lo que se puede aprender con este tipo de coleccion y los muchos casinos y circulos que habia en esa epoca.

    Saludos

    P.d si quereis mas info podeis escribirme a: enviameemilios (arroba) hotmail.com

  5. Enhorabuena Fidel; a raiz de leer la maravillosa descripción de la Calle de Alcalá, nos surge una pregunta a este grupo de amantes de Madrid.
    ¿ Existieron entonces dos palacios de la Torrecilla al mismo tiempo?.
    No se sabe el auntor del de la Calle de Peligros?, ni del dueño que le mando hacer????

    Gracias y Felices Reyes

  6. Hola Rosa,
    Pués según parece, hubo dos palacetes, el de Alcalá y el de Peligros, que pertenecieron a dos marqueses de la Torrecilla diferentes. Del más antiguo se conservan la portada y del segundo sólo el recuerdo. En cuanto al autor y otros datos del edificio, tengo que decirte que no lo sé, pero imagino que algún dato al respecto se podrá encontrar consultando el archivo pertinente. Lo siento.
    Saludos y Gracias,
    Enrique.

  7. Respondiendo en parte a Daniel, según información de que dispongo, efectivamente en Fornos, y más en concreto en su piso superior, había reservados para jugar. Debo esta información a un escrito anónimo mecanografiado de dos páginas sobre cafés de Madrid. Ha aparecido entre los papeles de mi abuelo, y tal vez pronto lo dé a conocer en mi bitácora.
    Un saludo muy cordial.

  8. en respuesta a «eldoctorhache»:

    Si tienes informacion sobre juego en cafes , estaria interesado en la medida de lo posible me lo pudieras facilitar aunque sea solo la parte que habla sobre el juego , si me escribes a enviameemilios(arroba)hotmail.com quizas podamos compartir informacion de interes para los dos.

    un saludo

  9. Recojo el comentario de Gloria:

    «¡Pero qué maravilla, qué joya de sitio! Andaba buscando por la red… ¿qué es lo que andaba buscando?… y me topé con el Fornos, y de ahí a la Modelo (cuyas fotos tantos años he pasado buscando), y de ahí al asombro y a mi gratitud. Me quito el sombrero ante su trabajo, caballero.

    Un saludo admirado,
    G.»

    Un saludo, Gloria y gracias.

  10. Porque todo lo antiguo en madrid desaparece?con el encanto que tiene todo lo antiguo(cafes , teatros calles todo) en paris incluso en barcelona se conserva o al menos se intenta conservar, cafe fornos deberia estar hoy en dia como el gijon o el comercial, es una pena.

  11. Ayer participé en una visita cultural organizada por Carpetania Madrid ( http://www.carpetaniamadrid.com ) llamada «Misterios y secretos de Madrid – Las Historias olvidadas», y que considero altamente recomendable para los amantes de Madrid (tienen cantidad de diferentes y también muy interesantes visitas) y en ella hablaron de una curiosa historia desarrollada en el café Fornos, la del perro Paco. Este animal, vagabundo y bohemio, estaba siempre a la puerta del cafe, y un día de 1879 el Marqués de Bogaralla se encariñó con el y se le ocurrió invitarle a comer al café, alli le bautizón con champán con el nombre de Francisco y a partir de entonces se puso de moda el invitar al perro a comer, siendo este un gesto comentado por la sociedad y prensa de la epoca, que relataba quienes eran los «privilegiados» en invitarlo. El perro acompañaba a los que le invitaban a sus casas, pero nunca quiso vivir con nadie, prefiriendo la vida bohemia que tenía, de modo que se puso de moda el dicho «eres mas listo que el perro Paco». Sus dias terminaron por culpa de su afición a los toros, acudia siempre que había corridas en la cercana plaza de Alcala. y un dia, al ladrar una mala faena de un torero foráneo que no conocía su historia, recibió una estocada de éste, que tuvo que ser protegido de linchamiento, y tras una larga agonía, seguida por la prensa mediante «partes médicos» diarios, murió con gran consternación de los que le conocian.
    Buscando el emplazamiento del café he encontrado este blog y aprovecho para contar esta, creo que bonita, historia.
    Gracias por la oportunidad y saludos.

  12. El marqués era de Bogaraya, con y griega, o como quieran llamarla ahora, y la historia del perro Paco es famosísima, y sabida de cuantos cultivan la memoria de Madrid. Gracias por traerla nuevamente a la memoria.

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