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Archive for 18/10/08

Génesis de un proyecto inacabado

Los antecedentes
Ya desde mediados del siglo XIX algunos políticos, pensadores y urbanistas como Fernández de los Ríos, Jovellanos o Mariano Albo reclamaron para Madrid su expansión mucho más allá de los márgenes de la antigua cerca de Felipe IV , derribada en 1868. A decir de éstos, el necesario ensanche, al aumentar el número de viviendas y habitaciones haría bajar el precio de las casas y posadas del centro de la ciudad. Y es que el problema de la falta de suelo para construir, y la cada vez mayor demanda de alojamientos estaba propiciando la especulación y el abuso por parte de los propietarios.

A pesar del derribo de la cerca, que encorsetaba el casco urbano de Madrid, el Plan Castro, aprobado en 1860, no pudo evitar la anarquía en la expansión de la ciudad, que crecía sin apenas control municipal. Además, las ideas higienistas y racionalistas originales que contemplaban un crecimiento ordenado, regulando las alturas de las construcciones y planificando áreas de esparcimiento, chocaron con la reticencia de los habitantes del nuevo Madrid de separarse del centro. La vieja ciudad seguía ejerciendo su fuerza centrípeta.

Chale en Ciudad Lineal_1900

“Villa Sotera”, casa situada en la calle Vizconde de los asilos, 5 (manzana 89). La foto antigua es de 1918 y la actual de 2008.

Vivienda en la calle del General Aranaz. Un ejemplo de recuperación de un “hotel” de lujo (2008). (FOTO: Enrique Fidel)

Con el fin de hacer más atractiva el área destinada al ensanche, en 1864, Cánovas del Castillo eliminó los argumentos reguladores restrictivos del Plan Castro y dejo el proyecto huérfano y sin guía que lo dirigiese. El ensanche se convirtió en un espacio predominante de clase media, debido a la reticencia de la burguesía a abandonar el centro, caracterizado por cierta anarquía constructiva y dotado de abigarradas viviendas de escasa categoría y peores materiales.
Por su parte el extrarradio también crecía sin orden ni concierto. A los suburbios “históricos”, como Prosperidad, Cuatro Caminos o la Guindalera, en donde el ambiente semirrural y la vivienda autoconstruida eran la tónica dominante, se les modificó la calificación del suelo, convirtiéndose de zonas rurales agrícolas en zonas urbanas, dispuestas para parcelar y vender sus terrenos. De ahí surgió, con posterioridad, la necesidad de conectar esta periferia, cada vez más habitada, con el centro, por medio de medios de transporte. Este argumento, esgrimido por Fernández de los Ríos, serviría, a su vez, como un reclamo para estimular la construcción de casas económicas en estos lugares aprovechando el menor precio del suelo, situación que aprovecharía la clase trabajadora que llegaba del entorno rural, cuyas condiciones económicas le impedían vivir más proxima al centro urbano.

Modelos de casas para obreros, 1908.

Estas casas para obreros en Ciudad Lineal, aunque se encuadran en las tipologías habituales de estas viviendas, parece ser que fueron construidas al margen de las parcelaciones de la C.M.U. (Calle Eusebio Martínez Barona, 2008).

Aunque la iniciativa privada, en forma de promotoras de carácter social de caridad como la Constructora Benéfica (1872), fundada por Concepción Arenal, o cooperativas como la Constructora Mutua (1881), fundada por Mariano Belmás realizaron algunas promociones en el extrarradio norte de Madrid, sin embargo, nada de ésto se llevó a cabo por la administración o con su ayuda; es más, los arrabales sí crecieron a su antojo, sin regulación alguna y de un modo desordenado, para descalabro de los encargados de organizar, en años posteriores, el caos generado por el crecimiento anárquico.

El Proyecto de arturo Soria
Esta fue la situación y las ideas que recogió Arturo Soria y que tres lustros después puso en práctica.
Para Soria, el precio del suelo y la escasez de viviendas para obreros, junto con la escasa higiene de éstas era, por tanto, el principal problema que aquejaba a Madrid en el aspecto urbanístico y social. Este asunto obligaba a plantearse todo lo relacionado a cómo organizar una ciudad que crecía en número de habitantes, que veía aumentar su industria y que andaba escasa en dotaciones residenciales.
En el debate de cómo reorganizar Madrid participaron teóricos, políticos y constructores, sin que se llegase a nada que clarificara el panorama.

Ante esta  falta de soluciones, Soria piensa que es posible crear una nueva ciudad en la que los principios higienistas, la racionalidad arquitectónica y la economía sean la clave, evitando así costosas y complicadas reformas urbanas interiores. Su propuesta, que fue publicando a lo largo del último tercio del siglo XIX, intentaba corregir el gran problema de hacinamiento e insalubridad que castigaba al naciente proletariado madrileño. A las populares casas de corredor se sumaban los sotabancos, que eran habitaciones de tamaño ínfimo, mal ventiladas y sin iluminación natural, que se levantaban en los edificios del centro urbano, superando la altura permitida, por lo que se retranqueaban respecto de la fachada, de modo que oficialmente no existían. A pesar de las duras condiciones de habitabilidad, gran parte de los obreros prefería vivir en el centro urbano antes que en la periferia.

Calle Justo Martínez (2007)

Calle Hermanos de Pablo, 13. La casa pertenecía a la familia de Rafaela Rodríguez Guzón, casada con el alemán Wilhelm Damm. Sobrinos: Evaristo, Armando, Teresa y Mario Rodríguez Navarro. FOTO: Mario Rodríguez Caster ,1920. La encontramos en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Casa tipo A (1905)

Casa tipo C (1905)

Contrario a la planificación ortogonal, Soria se proponía una ciudad lineal, en donde una calle principal –susceptible de extenderse sin límite, en función de las necesidades- sirviese de eje de comunicación y entorno a la cual unas pocas calles paralelas y otras perpendiculares enlazasen las viviendas con ésta. La ciudad lineal se situaría fuera del contorno urbano, donde el suelo era mucho más barato. Las viviendas serían unifamiliares, con su porción de jardín, y las tipologías dependerían del precio de las mismas. En las palabras de Soria, se trataba de “ruralizar la vida urbana y de urbanizar el campo”.

Su concepción era una alternativa a la inacción pública y daba cabida a todas las clases sociales. “Es menester –dice Soria en sus escritos- que cada familia tenga su hogar completamente separado de los demás; un pedazo de terreno, por pequeño que sea, exclusivamente suyo, su parte de sol y de aire. Vivan juntos el palacio del poderoso, adornado de magníficos jardines, y la cabaña del pobre, provista de modesta corraliza y ensalzada con útiles plantas y perfumadas flores; pero no vivan superpuestos. Ni sótano, ni buhardilla, ni aglomeración de miserias que en las modernas construcciones benéficas se juntan y procrean nuevas miserias.

Proyecto de casa de lujo, (1902).

Modelo de casa de lujo (1902).

Mariano Belmás Estrada (Madrid, 1850-1916)
Belmás se mantuvo desde un principio muy próximo al ideario de Arturo Soria. Coincidía también en el criterio de que el obrero debería tener acceso a una vivienda unifamiliar e higiénica, y prefería el barrio en el que cohabitarán diferentes clases sociales frente a la estratificación zonal. Por este motivo, se convirtió en socio fundador de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.) y profundizó en el estudio de tipologías y métodos de construcción económicos con el fin de abaratar los costes de la vivienda, los cuales aplicaría en la Ciudad Lineal, convirtiéndose en el arquitecto más importante del proyecto. Más adelante, debido a una disparidad de pareceres con Soria, Belmás dejó la C.M.U, aunque ocasionalmente participó en algún proyecto.
Mariano Belmás, estudioso de las tipologías arquitectónicas, se preocupaba de distribuir las viviendas de tal forma que, a pesar de trabajar con superficies mínimas, todas las habitaciones tuvieran luz directa y ventilación. A tal fin, en planta baja situaba cocina y comedor y en planta alta los dormitorios, guardando total independencia; al conjunto le añadía un patio pequeño ajardinado, junto a la planta inferior.
Realiza tres tipos de casas iguales en las que sólo variaba el número de habitaciones. En la planta baja situaba una sala de 12 m2 y 3 m de altura libre, con cocina y un patio de 8,50 m2 con retrete y un pequeño trastero. Y en el primer piso los dormitorios y un ropero. Si la vivienda unifamiliar requería mayor abaratamiento, las adosaba, reduciendo fachadas, reduciendo patio y disminuyendo su superficie
…” (Miguel Angel Maure Rubio, pág. 51)

Dos imágenes de “Villa Fleta”, que perteneció al tenor aragonés Miguel Fleta. La primera es de 1926, y la de abajo tomada en 1985,  ya en estado de abandono y poco antes de que fuese demolida para construir apartamentos de lujo.

La Ciudad Lineal
La idea de la Ciudad Lineal surge en 1882. Para que el proyecto de Soria saliera adelante, lo primero que debía hacer era encontrar suelo barato donde construir. El único lugar posible era hacia la periferia Norte, donde además se encontraba la mayor parte de los suburbios obreros. A mayor distancia del centro de Madrid, menor era el valor de los terrenos. Sin embargo, tampoco resultaba sencillo, ya que muchos terrenos estaban en manos de especuladores que retenían el suelo aguardando la lógica del crecimiento urbano hacia el norte y la consiguiente revalorización del suelo. En este sentido reflexionaba Soria: “Todos los solares de los alrededores de Madrid están comprados con una finalidad agiotista. Nadie piensa construir, sino en que suban de precio para revender, en anticiparse a las necesidades de la población para explotarla cuando carezca de viviendas…” (Arturo Soria, 1883)

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Vivienda de clase media en la calle Prensa nº 3. Se aprecia en la foto el absoluto estado de abandono del edificio (2008). (FOTO: Enrique Fidel)

Hotelito_Ciudad Lineal_1900

“Hotel Rubín”, residencia de la familia Soria, en 1908.

hotel-rubin_arturo-soria_2009_smallHotel Rubín” en la actualidad. La vivienda de Arturo Soria y familia se encontraba en la Manzana 90 y constaba de tres viviendas repartidas en tres plantas con similar distribución. El acceso era independiente por escaleras exteriores laterales. Sólo la planta baja tenía acceso por el frente central del edificio. En el presente se encuentra numerada con el 124 de la calle de Arturo Soria y es utilizada como Residencia de Menores “Manzanares”, dependiente de la Comunidad de Madrid. (Foto: Enrique Fidel, 2008)

A raiz de esta dificultad, Soria se plantea “saltar por encima de toda esa charca de codicias y edificar más allá...” De este modo, la solución al problema de la urbanización de la ciudad de Soria se encontraría en la creación de un sistema de transporte capaz de hacer efectiva la movilidad de personas y mercancías desde la nueva ciudad del extrarradio al centro urbano.
La construcción de un tren-tranvía de circunvalación que rodease el perímetro de Madrid, junto con la urbanización de los aledaños por donde discurriese la vía, a ambos lados, así como la industrialización, colonización agrícola y repoblación, constituían de modo resumido la idea global de Arturo Soria para su ciudad.

emilio_keller_soria_1908Arturo Soria y Mata y familia, en su residencia de la Ciudad Lineal. La foto es de 1908 y pertenece al archivo familiar de Emilio Keller Soria. Está publicada en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

emilio_keller_1912_nietosArturo Soria con sus nietos en el hotel Rubín, probablemente en la parte trasera. La fotografía se tomó en 1912 y es propiedad de Emilio Keller Soria. Se encuentra publicada en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Pretendía, Soria,  con su proyecto residencial crear una alternativa planificada al desorden generado por la implantación espontánea de barriadas caóticas a lo largo de las líneas de tranvías, que crecían sin ningún tipo de infraestructuras, reproduciendo las condiciones de insalubridad y falta de higiene.
Por otra parte, Soria no participaba de la idea extendida en la época de que la alternativa a las viviendas antihigiénicas del centro de la ciudad en las que habitaban los obreros, y la denigrante división social horizontal en los edificios, se resolvía con la construcción de barrios exclusivamente para obreros, en los que éstos vivirían más integrados por ser todos de la misma condición. Insiste Soria en la idea de que pobres y ricos han de estar juntos, si bien no atados a una misma escalera y superpuestos en razón de su riqueza. “No se quitarán –dice Soria- unos a otros, como en las grandes ciudades, laluz, el sol y el aire, y por consiguiente la salud y la vida.”

Curiosamente, en los años cuarenta, se reavivó esta misma polémica, si bien desde una diferente perspectiva. La idea de no segregar a la población obrera  de los ricos en distintas barriadas, fue defendida por Pedro Muguruza, responsable de la Dirección General de Arquitectura y Director de los Servicios Técnicos de Falange. Finalmente, la solución al debate se la dió la aprobación de la Ley de Ordenación Urbana de Madrid, el conocido Plan Bidagor (1941_1946), cuyas líneas generales seguían, al menos en teoría, la idea de superación clasista del decálogo falangista. En la práctica y paradójicamente, el diseño propuesto desarrolló las ideas expuestas en el Plan Zuazo-Jansen de 1929-30 (justo antes de la Segunda República), que disgregaba el Ensanche burgués del extrarradio obrero a través de anillos verdes de separación. (Sobre este  asunto ver López Díaz, Jesus: La vivienda social en Madrid, 1939-1959.)

El ferrocarril y la C.M.U.
El proyecto de ferrocarril de circunvalación diseñado por Soria fue presentado al Ministerio de Fomento en febrero de 1892 y aceptado el 6 de agosto del mismo año.
El ferrocarril partía de un kiosko situado en el Salón del Prado, cerca del Jardín Botánico, accedía por un túnel de 1.500 metros bajo el Parque de El Retiro a los ramales de Canillas, Hortaleza y Fuencarral; y de Vicálvaro, Vallecas, Villaverde, Carabanchel y Pozuelo. Quedaba pendiente el proyecto de unión entre Fuencarral y Pozuelo, que cerraba el anillo de circunvalación.

Para hacer efectiva la realización del proyecto era necesario acudir a una empresa que lo ejecutase; o bien, crearla. Así nació, en 1894, la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.), en la que Soria aunaba las funciones de urbanista autor de la idea, con las de empresario ejecutor de la misma. Esto nos lleva a entender la difícil situación que esta dicotomía generaba, pués sabida es la obsesión de los empresarios de la construcción por salvar las limitaciones de la planificación urbanística en aras de un mayor beneficio empresarial.
La C.M.U. se constituyó el 3 de marzo de 1894, como compañía anónima por acciones, formada por Arturo Soria y Mata (accionista mayoritario y presidente), Eduardo de Santa Ana y Camaleño, Mariano Belmás y Estrada, Manuel Meneses y Miguel, y Felipe López Valdemoro y Aranda. Entre sus principales objetivos estaba la compra-venta de terrenos y fincas; la construcción, venta y arrendamiento de edificios; abastecimiento de aguas, su conducción y distribución; compra-venta de material fijo y móvil de ferrocarriles; establecimiento y explotación de ciudades lineales que favorezcan el desarrollo de la urbanización en los terrenos de la compañía; y explotar el ferrocarril de circunvalación.

Dos imágenes del Centro de Diversiones de la Ciudad Lineal situada en la manzana 89. El edificio más importante fue el teatro que se comenzó a construir en 1904  en un del arquitecto Ricardo Marcos Bausá. Su inauguración fue en el verano de 1906. Tenía una capacidad para 2.500 personas y su decoración interior y exterior era de estilo Modernista.

Desarrollo del Proyecto
Con los trabajos de explanación de la calle central y la plantación del arbolado, se concretaba la primera parte del proyecto que comprendía un tramo de aproximadamente 5 Km. entre la carretera de Aragón y el Pinar de Chamartín, al este de la ciudad, en una divisoria de cuencas elevada y bien ventilada. El ferrocarril previsto quedó reducido a un tranvía, inicialmente de tracción animal y luego de vapor. “Con la inauguración de la línea del tranvía de la C.M.U. entre Chamartín y Cuatro Caminos se consiguía enlazar la ciudad lineal con Madrid. De nuevo, en 1899 otra línea de tranvía conectaba por el este la ciudad lineal con Ventas y, por último, en 1904 se completaba el tendido del tranvía de la C.M.U. entre un extremo y otro, consiguiendo reducir a una hora el tiempo que se tardaba en salvar la distancia que había entre Ventas y Chamartín. En 1909 se electrificó el conjunto de la línea” .
En 1911 la Ciudad Lineal contaba con una población de 4.000 habitantes distribuidos en cerca de 700 viviendas, y funcionaban con normalidad un teatro, un velódromo y un frontón. Sin embargo, después de la muerte de Arturo Soria y Mata en 1920, la C.M.U. entró en un periodo de progresiva decadencia económica que dio lugar a la alteración y banalización de la idea original” (Enciclopedia Madrid histórico).

villa-concha_ciudad-jardin_manzana-98Hotel llamado “Villa Concha”, en la manzana 98 de Ciudad Jardín.

Calle de Arturo Soria, 1960.

Referencias.-

Maure Rubio, Miguel Angel
La Ciudad Lineal de Arturo Soria
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Madrid, 1991 ISBN 84-7740-048-2

Soria y Mata, Arturo
Tratados de urbanismo y sociedad
Clan Libros
Madrid, 2004

López Díaz, Jesús
La vivienda social en Madrid, 1939-1959.
UNED, Espacio, tiempo y forma, 2002.

Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Enciclopedia Madrid Histórico

Historias Matritenses
Blog con extensa información sobre la Ciudad Lineal

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Fornos se llamó a un desaparecido local que hubo en Madrid, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros.
En aquel lugar, a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, se daba cita lo más elegante e interesante del Madrid del momento. Aristócratas, dramaturgos, actores, críticos, tenores y toreros. Algún político y madrileños en general llenaban su salón y sus reservados céntricos, símbolo de una capital que vivía en su provincianismo y respiraba aires nuevos de pretendida modernidad en un periodo en el que la cerca vieja se deshacía para ensanchar los límites capitalinos más allá de Chamberí.
Allá por el año 1885, en el Teatro Español de la plaza de Santa Ana, los actores Manuel Catalina, Julián Romea y Matilde Díez (ésta con con una calle que lleva su nombre en el barrio de Prosperidad), y también  Donato Jiménez, representaban los dramas del laureado y discutido José de Echegaray.

Arriba, dibujo del Café de Fornos por Cecilio Pla en El Globo, de Alfredo Vicenti y foto de la tertulia literaria.

La Puerta del Sol era entonces una gran plaza, semejante a la que hoy conocemos, en la que la luz nocturna la daba el gas de sus faroles de forja, los tranvías eran de tracción animal y había paradas de coches simones, antiguos taxis tirados por caballos o mulas. Madrid se movía al ritmo lento de la incipiente industrialización y la población crecía con prisa, producto de la inmigración interior.
En el café de Fornos había “peñas” formadas por la parroquia habitual y, del mismo modo que en otros cafés, se discutía el tema del día o el que estuviera de moda, en las tertulias del Fornos, las conversaciones se repetían y solían recaer en los mismos asuntos: política, bodas reales, corridas de toros (Espartero, Frascuelo, Lagartijo, Guerrita), el tiempo, literatura, sucesos, o alguna obra de teatro. En el piso entresuelo del café de Fornos, en uno de sus reservados, tenía lugar la tertulia de La Farmacia”, pués en ella, como en botica, se daba de todo. En ésta participaban políticos, hombres de negocios, banqueros, artistas de todo género, médicos, pintores, periodistas, literatos, dramaturgos y toreros (miembros relevantes de la élite social de la época). Por allí pasó también la famosa Mata-Hari.

Café de Fornos, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros, en fotografía del año 1908.

El café de Fornos se abrió en unas casas construidas sobre el solar del antiguo convento de las monjas Vallecas o de Nuestra Señora de la Piedad, que estuvo en la referida calle de Alcalá con Peligros. El negocio lo montaron los hijos de Pepe Fornos, dueño del café Europeo situado en la calle Sevilla con el callejón de los Gitanos (calle de Arlabán), con el especial ahinco del mayor de sus hijos,  Manolo Fornos, quien trasladó la filosofía del negocio paterno a la altura de la suntuosodad y el lujo que el momento y la potencial clientela requería. Tiempo después, Manolo, una noche, agazapado en uno de los reservados del café, se descerrajó un tiro en la cabeza que acabo con su vida.
Estaba, el Fornos, decorado con vistosas pinturas murales, tapices y alfombras, y dotado de amplios y cómodos divanes, estatuas de bronce que sostenían las lámparas de gas, y también de relojes de dos esferas que pendían del techo. Poseía además un gran restaurante, de enorme comedor, con entrada independiente por la calle de Alcalá, cuya cocina no desmerecía la categoría del establecimiento. Las sobremesas daban lugar a multitud de tertulias de personajes ilustres en las que se comentaban los éxitos de la actriz María Tubáu o las fiestas palaciegas de Fernán Núñez en su casa de la calle de Santa Isabel, o de Higinia Balaguer y de todos los implicados en el crimen de la calle de Fuencarral.

A propósito de este suceso, la rea Balaguer, trás un polémico juicio,  fue ahorcada en la llamada Plaza de la Justicia, junto a las tapias de la carcel Modelo, en pública ejecución, al aire libre y como testigos los barrios de Argüelles y Pozas. Este crimen, consumado en la persona de Luciana Borcino, madre de José Vázquez Varela (Varelita) , señorito chulo y conquistador y de pocos escrúpulos, fue el resultado de una folletinesca historia de intrigas y engaños, que acabó con la criada Higinia Balaguer en el patíbulo, sin que quedara clara su culpa.
En aquel momento los escaparates de las librerías mostraban las novedades editoriales de mano de los escritores de moda: Valera, Alarcón, Pereda y Galdós. También se iniciaba la construcción de las primeras casas del barrio de Argüelles y se levantaba el Cuartel de la Montaña.

Recorte de prensa de 1988, narrando el suceso que tuvo lugar en la calle madrileña de Fuencarral número 109, el día 1 de Julio.

Años antes del suceso de la calle Fuencarral, en 1886,  se producía un sonado ciclón o huracán, que abatió más de quinientos  árboles del jardín botánico, según recogía la prensa de la época,  y que conmovió a la ciudadanía, en especial a la que se encontraba transitando por las calles, que hubo de correr e refugiarse en las casas próximas y en los cuarteles, como el de la Montaña o el de San Gil. El terrible ciclón causo daños de consideración en el arbolado municipal y en algunos edificios de la parte alta de la población, y produjo  algunos muertos y heridos, al ser lanzados contra el suelo por el ímpetu y la furia del huracanado viento, algunos de los cuales fueron socorridos en el botiquín de urgencia del Fornos.
También por aquella época desaparecían los jardines del Buen Retiro, que tantos momentos de diversión dieron a quién sabe cuántos madrileños, luego ocupado su solar por el soberbio palacio de comunicaciones de Palacios y Otamendi (hoy Ayuntamiento de Madrid); y la piqueta demoledora abatía sañudamente el hospital de la Latina, en la calle Toledo.

Emilio Carrère escribió del Fornos: ”Fornos significaba sesenta años de vida madrileña. El Madrid de Alfonso XII y el de la Regencia. Y la juventud del postrer Borbón. Las ventanas de este café fueron ojos y oidos para la actualidad callejera. Los antiguos espejos eran como largas y misteriosas galerías por donde se fueron alejando los hombres y las mujeres más interesantes de su época. Se los veía con el triunfo de sus risas, de sus glorias y de su juventud. Después, los espejos de Fornos se los iban tragando poco a poco… hasta que desaparecían definitivamente en las Sacramentales del otro lado del Manzanares.” (El Madrid de Fornos, página 39)

A propósito del cierre definitivo del Café de Fornos , Alfredo Vicenti escribía en 1908 una crónica titulada “¿Se cierra Fornos?“:
Hace tiempo circularon por Madrid rumores de que Fornos, el popularísimo café, iba a ser clausurado para siempre, porque la dueña de la finca necesitaba el local para restablecer en él sus cocheras y sus cuadras. Ayer se acentuó el rumor, dándose como inminente el lanzamiento, y la noticia produjo en todo Madrid penosa impresion, porque el café de la calle Alcalá, esquina a la de Peligros, que lleva de existencia cerca de cuarenta años, y entre cuyos muros se han incubado dos generaciones literarias, es algo tradicional no sólo para la villa y corte, sino para toda España.
Su nombre es familiar en todas las provincias, y cuantos vienen a Madrid pasan por él; seguros de encontrar algún conocido, pues no hay región que no cuenta allí con su correspondiente tertulia.[…]
Las reuniones de madrugada en las mesas próximas al mostrador, son ya históricas, porque han desfilado por ellas hombres consagrados en la política, en las letras y en las artes.
Alguna vez fue Fornos teatro de escenas trágicas, que contribuyeron a fomentar su fama.
Por todas estas razones es un café insustituible, y la noticia de su clausura ha producido en Madrid la tristeza de la pérdida de algo propio.
[…]

En esta esquina de la calle de Alcalá con la calle Peligros, se ubicaba el Café Restaurant de Fornos. El edificio se demolió para construir el Banco Vitalicio de España. La foto es del año 1930, en pleno derribo. La foto muestra el mismo lugar desde otra perspectiva. Se trata de la calle Peligros, enseñando el chaflán que fue el acceso al Fornos. Los carteles que tapan la obra anunciaban  salones de té, automóviles y los Almacenes Simeón, situados en la Plaza del Angel, número 8, haciendo esquina con la Plaza de santa Ana.

Creo que la fecha de la desaparición del Fornos se circunscribe a 1910. Antonio Velázquez Zazo en su libro El Madrid del Fornos, escribe en 1945: “Ya se había cerrado el café de Fornos. Se cerró cuando la Exposición de la Infancia, en el Retiro; cuando el homenaje a Ricardo de la Vega, en el Teatro de Apolo, con motivo de la Fiesta del sainete; cuando la inauguración del Puente de la Princesa ; cuando llegó el tranvía a la Ciudad Lineal…” “Se cerró Fornos cuando se quemó el Teatro de la Zarzuela, (…) y tembló la tierra de Madrid, pués entonces se produjo un terremoto.”
En efecto, según el libro de Velázquez Zazo, un año antes a su homenaje moría Ricardo de la Vega (Madrid, 1839 – 1909), dramaturgo, hijo de Ventura de la Vega y, autor del libreto de la Verbena de la Paloma. El 6 de noviembre de 1909 el Teatro de la Zarzuela fue prácticamente destruido por un incendio. Y en 1910 moría el autor del libreto de la zarzuela La Gran Vía, Felipe Pérez y González (Sevilla, 15 de mayo de 1854 – Madrid, 16 de marzo de 1910).
Todos estos hechos fueron paralelos al cierre de el café de Fornos según relata el autor citado.
En 1909 se electrificaba el tranvía Cuatro Caminos_Chamartín_Ciudad Lineal de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.) de Arturo Soria y Mata. En cuanto al terremoto citado, se trata del localizado en 1909 en Benavente, que también afectó a Lisboa y se dejó sentir en Madrid.

El antiguo local del Fornos se trocó en una sala de Juego que se instaló en el entresuelo. Y en la planta baja se instauró el espectáculo de las señoritas tiradoras. Sin embargo, como aferrada a la tradición de aquella casa, de la que le costaba no poco trabajo desprenderse, perduraba la tertulia de Valle Inclán, trasladada al cercano café de la Montaña.; pero el público de siempre, el respetable, el habitual de Fornos, en vista de la general transformación de cosas y personas, se iba poco a poco, mansamente, alejando hacia los colmados y bares que llenaban las calles escondidas del centro de Madrid.
Después hubo allí un cabaret; más tarde otro café moderno: Riesgo. Y en el esquinazo tan populoso y tan madrileño, construida la nueva y elevada finca del Banco Vitalicio.
” (Antonio Velázquez Zazo , El Madrid del Fornos).

Según el artículo dedicado al Café de Fornos en Wikipedia, después del suicidio del responsable del local, Manolo Fornos, sus “hermanos procuraron mantener el negocio a flote durante cuatro años más, pero al final el 26 de agosto de 1908 cerró definitivamente“. Posteriormente, -dice el citado artículo- en mayo de 1909 volvió a abrirse de nuevo con el nombre de Gran Café y como dueño Marcelino Raba de la Torre. Se reanudaría el negocio con las tertulias y las fiestas en los bajos, para desaparecer en 1918 y reaparecer como  cabaret con mesas de juego, con el nombre de Fornos Palace. El edificio lo adquirió la sociedad Banco Vitalicio en 1923, que decidió derribar el edificio para construir su nueva sede en 1933.

En esta foto, anterior a 1930 y posterior a1923, se observa como, ya en los prolegómenos del derribo del edificio que albergó al Fornos,  las antiguas dependencias del Café estaban ocupadas por  las oficinas del Banco Vitalicio Español.

Referencias.

Alfredo Vicenti
Taller de ediciones
Fornos, cita y trasnoche en el viejo Madrid

Velasco Zazo, Antonio
El Madrid de Fornos
Retrato de una época

Librería General Victoriano Suárez
Madrid, 1945

Pallol Trigueros , Rubén
Chamberí. El primer desarrollo del ensanche norte madrileño.
Cuadernos de Historia Contemporánea-UCM, 2004.         

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