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Archive for 30 octubre 2008

Copyleft y usurpación

Hace unos días, leyendo el diario Público en internet, descubrí que habían utilizado una fotografía para ilustrar un artículo, que me resultaba familiar. Tan familiar, que acabé por darme cuenta de que la foto procedía de este BLOG. Me puse en contacto con el periódico a través de un correo, pero no hubo contestación ni aclaración al respecto.

En el caso de este BLOG, que cede los derechos de uso sin más obligación que citar el origen, no se discute, por tanto, que se haya utilizado la imagen, sino el hecho de no haber citado el origen. Entiendo que cuando se recurre a material gráfico o escrito que no es propio, es obligado hacer referencia a su procedencia. No hacerlo es una usurpación.

Muy mal, Público.

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La Cava Baja es la calle de las posadas históricas de Madrid. “Entre el siglo XV y XIX fueron numerosas las posadas que se localizaban en esta calle: la de Las ánimas, la de Vulcano, la del Pavo Real, la de San José, la del Navío del Gallo, la de San Pedro, la de San Isidro, la de la Soledad, y las del Madroño, del León de Oro y del Portugués. Era tal el trajín de viajeros que las compañías de postas y diligencias decidieron establecer las paradas de sus carruajes en la Cava Baja”. Ya en el siglo XX  fueron despachos de billetes y paradas de autobuses, como el que con destino a San Martín de Valdeiglesias se ubicó junto a esta Posada del Dragón. (Madrid Histórico)

De aquellas Posadas o Mesones que atravesaron el siglo XIX, las más populares fueron la Posada de la Villa, de 1642, en el número 9 (convertida en la actualidad en un restaurante), la Posada del Dragón, la Posada de San Isidro, en el número 6 (hoy apartamentos), la Posada de San Pedro o Mesón del Segoviano (actualmente un restaurante) y la Posada del León de Oro, en el número 12.

Imagen de la Cava Baja en 1934.

Por estos lugares pasaba un número importante de viajeros de toda España, en especial gentes del campo madrileño y los procedentes de los caminos que venían de tierras de Extremadura, Ávila, Segovia, Toledo o Salamanca, campesinos y arrieros que, atravesando el puente de Segovia, se acercaban a la capital en carretas y diligencias para realizar sus negocios y en busca de mejores oportunidades. En estas casas se trataban los precios del trigo y del vino, y se negociaba el valor de las caballerías que en los mercados habrían de feriarse. También se daba de comer y se alojaba al viajero.
Cuando se popularizó la máquina de combustión, las camionetas sustituyeron el tiro animal, las diligencias ganaron velocidad y los viajeros ahorraron tiempo en el transporte, aunque no fueran  todavía épocas de comodidades.

La Posada del Dragón, en la Cava Baja, 14 y 16. “Fue construida como casa de huéspedes en 1868 por el arquitecto Francisco de Cubas, Marqués de Cubas, atendiendo a los postulados arquitectónicos que había en la época para este tipo de establecimientos, de ahí que en la memoria del proyecto se hiciera alusión expresa a que todas las plantas estuvieran divididas en habitaciones, guardando las medidas necesarias de higiene y dotando la planta baja de cuadra y cochera con capacidad para tres coches”. (Madrid Histórico)

La Posada del Dragón, en una foto de 1950,  forma parte de un edificio histórico protegido. Es una corrala del siglo XIX, en cuyo interior se encuentran restos de la muralla árabe y cristiana, una bañera de mármol, un pilón-abrevadero, una escalera de madera…  Existe un proyecto para 2009 que convertirá el edificio en un “hotel-boutique”. El local contiguo, una antigua jabonería “La Antoñita”), será un restaurante.

La Posada del Dragón (Foto: Google Maps, 2008)

La Posada del dragón debe su nombre al mítico dragón que estaba situado en piedra sobre la Puerta de Moros, vino a sumarse a la tradición centenaria que había en la Cava Baja de aposentar a los numerosos  ordinarios que de común llegaban a la ciudad . “Cuando se derribó la Puerta de Moros y se cerró la antigua cava por considerarse peligrosa, al haberse convertido en guarida de ladrones, se construyó sobre ella el Aloli de la Villa, es decir, el depósito de grano. El edificio se quemó y más adelante se edificó una posada a la que se denominó de la Villa, por haber pertenecido su local al Ayuntamiento, lo mismo que la inmediata, denominada del Dragón. Y así fue que a estos mesones o posadas, que fueron pertenecientes a la Villa, se les pusieron sobre la puerta los escudos de armas del municipio, y un león dorado, como emblema de la casa real de Castilla, a otra a la que se llamó del León de Oro“. (Capmani y Montpalau, Origen histórico y etimológico…)

Posada del León de Oro, en el número 12 de la Cava Baja.

POSADA EL LEON DE ORO 1897Posada del León de Oro en 1897.

“La Posada de San Pedro, en la Cava Baja número 30, fue fundada en 1740. En 1921 el escritor Ramón Gómez de la Serna le cambió el nombre por el de Mesón del Segoviano, ya que  su propietario era natural de este lugar. A sus cenas y celebraciones acudían intelectuales y escritores como Azorín, Pérez de Ayala y Gómez de la Serna, además de los inquilinos y viajeros que se hospedaban en sus habitaciones, pues todavía se seguía manteniendo el viejo negocio de la posada con capacidad para 42 inquilinos.” (Madrid Histórico)

El edificio en el que se encontraba el Mesón cuenta con una larga historia de avatares diversos. El más sonado, tal vez, fue el que desembocó en el llamado “caso Tamames“, por hallarse vinculado a él el concejal del Ayuntamiento de Madrid Ramón Tamames. Ocurrió en 1988 cuando una sociedad inmobiliaria participada por éste, compraba el inmueble, que un año después sería declarado por el ayuntamiento en ruina y sus inquilinos desalojados.

“Mesón del Segoviano”. Foto de 1920 realizada por Alfonso.

MESON DEL SEGOVIANO 1952Mesón del Segoviano en 1952.

Lo notable del caso fue que al iniciarse las obras de remodelación del edificio se descubrió la existencia (por otra parte, ya documentada por textos y referencias del siglo XIX y anteriores) de un paño de muralla medieval, junto a otros restros de probable origen musulmán. De este modo, lo que comenzó siendo una típica maniobra especulativa a cargo de profesionales del malabarismo mercantil, se convirtió en un proyecto de excavación y recuperación de un vestigio histórico de gran interés para la historia de la ciudad. El Plan General de Urbanismo de Madrid de 1987 obligaba a excavar totalmente los solares que entrasen dentro de la zona 3 de máxima protección arqueológica, en la que la Cava Baja, 30 se encontraba y además, obligaba a conservar in situ los restos arquitectónicos que apareciesen y a pagar, las empresas implicadas, las excavaciones de urgencia.  (Ver más en elpais.com)

Cava Baja, 35. Mesón del Segoviano en fotografía, al parecer,  de 1960.

Referencias.-
Arqueología y modelos de ciudad

Semanario Pintoresco español (1836-1857). Calles y casas de Madrid. PDF
Cervantes Virtual

Capmani y Montpalau, Antonio
Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid

Ediciones Guillermo Blázquez
Madrid, 1986

Mesonero Romanos, Ramón de
El antiguo Madrid
Asociación de Libreros de Lance de Madrid
Madrid, 1990

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Génesis de un proyecto inacabado

Los antecedentes
Ya desde mediados del siglo XIX algunos políticos, pensadores y urbanistas como Fernández de los Ríos, Jovellanos o Mariano Albo reclamaron para Madrid su expansión mucho más allá de los márgenes de la antigua cerca de Felipe IV , derribada en 1868. A decir de éstos, el necesario ensanche, al aumentar el número de viviendas y habitaciones haría bajar el precio de las casas y posadas del centro de la ciudad. Y es que el problema de la falta de suelo para construir, y la cada vez mayor demanda de alojamientos estaba propiciando la especulación y el abuso por parte de los propietarios.

A pesar del derribo de la cerca, que encorsetaba el casco urbano de Madrid, el Plan Castro, aprobado en 1860, no pudo evitar la anarquía en la expansión de la ciudad, que crecía sin apenas control municipal. Además, las ideas higienistas y racionalistas originales que contemplaban un crecimiento ordenado, regulando las alturas de las construcciones y planificando áreas de esparcimiento, chocaron con la reticencia de los habitantes del nuevo Madrid de separarse del centro. La vieja ciudad seguía ejerciendo su fuerza centrípeta.

Chale en Ciudad Lineal_1900

“Villa Sotera”, casa situada en la calle Vizconde de los asilos, 5 (manzana 89). La foto antigua es de 1918 y la actual de 2008.

Vivienda en la calle del General Aranaz. Un ejemplo de recuperación de un “hotel” de lujo (2008). (FOTO: Enrique Fidel)

Con el fin de hacer más atractiva el área destinada al ensanche, en 1864, Cánovas del Castillo eliminó los argumentos reguladores restrictivos del Plan Castro y dejo el proyecto huérfano y sin guía que lo dirigiese. El ensanche se convirtió en un espacio predominante de clase media, debido a la reticencia de la burguesía a abandonar el centro, caracterizado por cierta anarquía constructiva y dotado de abigarradas viviendas de escasa categoría y peores materiales.
Por su parte el extrarradio también crecía sin orden ni concierto. A los suburbios “históricos”, como Prosperidad, Cuatro Caminos o la Guindalera, en donde el ambiente semirrural y la vivienda autoconstruida eran la tónica dominante, se les modificó la calificación del suelo, convirtiéndose de zonas rurales agrícolas en zonas urbanas, dispuestas para parcelar y vender sus terrenos. De ahí surgió, con posterioridad, la necesidad de conectar esta periferia, cada vez más habitada, con el centro, por medio de medios de transporte. Este argumento, esgrimido por Fernández de los Ríos, serviría, a su vez, como un reclamo para estimular la construcción de casas económicas en estos lugares aprovechando el menor precio del suelo, situación que aprovecharía la clase trabajadora que llegaba del entorno rural, cuyas condiciones económicas le impedían vivir más proxima al centro urbano.

Modelos de casas para obreros, 1908.

Estas casas para obreros en Ciudad Lineal, aunque se encuadran en las tipologías habituales de estas viviendas, parece ser que fueron construidas al margen de las parcelaciones de la C.M.U. (Calle Eusebio Martínez Barona, 2008).

Aunque la iniciativa privada, en forma de promotoras de carácter social de caridad como la Constructora Benéfica (1872), fundada por Concepción Arenal, o cooperativas como la Constructora Mutua (1881), fundada por Mariano Belmás realizaron algunas promociones en el extrarradio norte de Madrid, sin embargo, nada de ésto se llevó a cabo por la administración o con su ayuda; es más, los arrabales sí crecieron a su antojo, sin regulación alguna y de un modo desordenado, para descalabro de los encargados de organizar, en años posteriores, el caos generado por el crecimiento anárquico.

El Proyecto de arturo Soria
Esta fue la situación y las ideas que recogió Arturo Soria y que tres lustros después puso en práctica.
Para Soria, el precio del suelo y la escasez de viviendas para obreros, junto con la escasa higiene de éstas era, por tanto, el principal problema que aquejaba a Madrid en el aspecto urbanístico y social. Este asunto obligaba a plantearse todo lo relacionado a cómo organizar una ciudad que crecía en número de habitantes, que veía aumentar su industria y que andaba escasa en dotaciones residenciales.
En el debate de cómo reorganizar Madrid participaron teóricos, políticos y constructores, sin que se llegase a nada que clarificara el panorama.

Ante esta  falta de soluciones, Soria piensa que es posible crear una nueva ciudad en la que los principios higienistas, la racionalidad arquitectónica y la economía sean la clave, evitando así costosas y complicadas reformas urbanas interiores. Su propuesta, que fue publicando a lo largo del último tercio del siglo XIX, intentaba corregir el gran problema de hacinamiento e insalubridad que castigaba al naciente proletariado madrileño. A las populares casas de corredor se sumaban los sotabancos, que eran habitaciones de tamaño ínfimo, mal ventiladas y sin iluminación natural, que se levantaban en los edificios del centro urbano, superando la altura permitida, por lo que se retranqueaban respecto de la fachada, de modo que oficialmente no existían. A pesar de las duras condiciones de habitabilidad, gran parte de los obreros prefería vivir en el centro urbano antes que en la periferia.

Calle Justo Martínez (2007)

Calle Hermanos de Pablo, 13. La casa pertenecía a la familia de Rafaela Rodríguez Guzón, casada con el alemán Wilhelm Damm. Sobrinos: Evaristo, Armando, Teresa y Mario Rodríguez Navarro. FOTO: Mario Rodríguez Caster ,1920. La encontramos en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Casa tipo A (1905)

Casa tipo C (1905)

Contrario a la planificación ortogonal, Soria se proponía una ciudad lineal, en donde una calle principal –susceptible de extenderse sin límite, en función de las necesidades- sirviese de eje de comunicación y entorno a la cual unas pocas calles paralelas y otras perpendiculares enlazasen las viviendas con ésta. La ciudad lineal se situaría fuera del contorno urbano, donde el suelo era mucho más barato. Las viviendas serían unifamiliares, con su porción de jardín, y las tipologías dependerían del precio de las mismas. En las palabras de Soria, se trataba de “ruralizar la vida urbana y de urbanizar el campo”.

Su concepción era una alternativa a la inacción pública y daba cabida a todas las clases sociales. “Es menester –dice Soria en sus escritos- que cada familia tenga su hogar completamente separado de los demás; un pedazo de terreno, por pequeño que sea, exclusivamente suyo, su parte de sol y de aire. Vivan juntos el palacio del poderoso, adornado de magníficos jardines, y la cabaña del pobre, provista de modesta corraliza y ensalzada con útiles plantas y perfumadas flores; pero no vivan superpuestos. Ni sótano, ni buhardilla, ni aglomeración de miserias que en las modernas construcciones benéficas se juntan y procrean nuevas miserias.

Proyecto de casa de lujo, (1902).

Modelo de casa de lujo (1902).

Mariano Belmás Estrada (Madrid, 1850-1916)
Belmás se mantuvo desde un principio muy próximo al ideario de Arturo Soria. Coincidía también en el criterio de que el obrero debería tener acceso a una vivienda unifamiliar e higiénica, y prefería el barrio en el que cohabitarán diferentes clases sociales frente a la estratificación zonal. Por este motivo, se convirtió en socio fundador de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.) y profundizó en el estudio de tipologías y métodos de construcción económicos con el fin de abaratar los costes de la vivienda, los cuales aplicaría en la Ciudad Lineal, convirtiéndose en el arquitecto más importante del proyecto. Más adelante, debido a una disparidad de pareceres con Soria, Belmás dejó la C.M.U, aunque ocasionalmente participó en algún proyecto.
Mariano Belmás, estudioso de las tipologías arquitectónicas, se preocupaba de distribuir las viviendas de tal forma que, a pesar de trabajar con superficies mínimas, todas las habitaciones tuvieran luz directa y ventilación. A tal fin, en planta baja situaba cocina y comedor y en planta alta los dormitorios, guardando total independencia; al conjunto le añadía un patio pequeño ajardinado, junto a la planta inferior.
Realiza tres tipos de casas iguales en las que sólo variaba el número de habitaciones. En la planta baja situaba una sala de 12 m2 y 3 m de altura libre, con cocina y un patio de 8,50 m2 con retrete y un pequeño trastero. Y en el primer piso los dormitorios y un ropero. Si la vivienda unifamiliar requería mayor abaratamiento, las adosaba, reduciendo fachadas, reduciendo patio y disminuyendo su superficie
…” (Miguel Angel Maure Rubio, pág. 51)

Dos imágenes de “Villa Fleta”, que perteneció al tenor aragonés Miguel Fleta. La primera es de 1926, y la de abajo tomada en 1985,  ya en estado de abandono y poco antes de que fuese demolida para construir apartamentos de lujo.

La Ciudad Lineal
La idea de la Ciudad Lineal surge en 1882. Para que el proyecto de Soria saliera adelante, lo primero que debía hacer era encontrar suelo barato donde construir. El único lugar posible era hacia la periferia Norte, donde además se encontraba la mayor parte de los suburbios obreros. A mayor distancia del centro de Madrid, menor era el valor de los terrenos. Sin embargo, tampoco resultaba sencillo, ya que muchos terrenos estaban en manos de especuladores que retenían el suelo aguardando la lógica del crecimiento urbano hacia el norte y la consiguiente revalorización del suelo. En este sentido reflexionaba Soria: “Todos los solares de los alrededores de Madrid están comprados con una finalidad agiotista. Nadie piensa construir, sino en que suban de precio para revender, en anticiparse a las necesidades de la población para explotarla cuando carezca de viviendas…” (Arturo Soria, 1883)

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Vivienda de clase media en la calle Prensa nº 3. Se aprecia en la foto el absoluto estado de abandono del edificio (2008). (FOTO: Enrique Fidel)

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“Hotel Rubín”, residencia de la familia Soria, en 1908.

hotel-rubin_arturo-soria_2009_smallHotel Rubín” en la actualidad. La vivienda de Arturo Soria y familia se encontraba en la Manzana 90 y constaba de tres viviendas repartidas en tres plantas con similar distribución. El acceso era independiente por escaleras exteriores laterales. Sólo la planta baja tenía acceso por el frente central del edificio. En el presente se encuentra numerada con el 124 de la calle de Arturo Soria y es utilizada como Residencia de Menores “Manzanares”, dependiente de la Comunidad de Madrid. (Foto: Enrique Fidel, 2008)

A raiz de esta dificultad, Soria se plantea “saltar por encima de toda esa charca de codicias y edificar más allá...” De este modo, la solución al problema de la urbanización de la ciudad de Soria se encontraría en la creación de un sistema de transporte capaz de hacer efectiva la movilidad de personas y mercancías desde la nueva ciudad del extrarradio al centro urbano.
La construcción de un tren-tranvía de circunvalación que rodease el perímetro de Madrid, junto con la urbanización de los aledaños por donde discurriese la vía, a ambos lados, así como la industrialización, colonización agrícola y repoblación, constituían de modo resumido la idea global de Arturo Soria para su ciudad.

emilio_keller_soria_1908Arturo Soria y Mata y familia, en su residencia de la Ciudad Lineal. La foto es de 1908 y pertenece al archivo familiar de Emilio Keller Soria. Está publicada en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

emilio_keller_1912_nietosArturo Soria con sus nietos en el hotel Rubín, probablemente en la parte trasera. La fotografía se tomó en 1912 y es propiedad de Emilio Keller Soria. Se encuentra publicada en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Pretendía, Soria,  con su proyecto residencial crear una alternativa planificada al desorden generado por la implantación espontánea de barriadas caóticas a lo largo de las líneas de tranvías, que crecían sin ningún tipo de infraestructuras, reproduciendo las condiciones de insalubridad y falta de higiene.
Por otra parte, Soria no participaba de la idea extendida en la época de que la alternativa a las viviendas antihigiénicas del centro de la ciudad en las que habitaban los obreros, y la denigrante división social horizontal en los edificios, se resolvía con la construcción de barrios exclusivamente para obreros, en los que éstos vivirían más integrados por ser todos de la misma condición. Insiste Soria en la idea de que pobres y ricos han de estar juntos, si bien no atados a una misma escalera y superpuestos en razón de su riqueza. “No se quitarán –dice Soria- unos a otros, como en las grandes ciudades, laluz, el sol y el aire, y por consiguiente la salud y la vida.”

Curiosamente, en los años cuarenta, se reavivó esta misma polémica, si bien desde una diferente perspectiva. La idea de no segregar a la población obrera  de los ricos en distintas barriadas, fue defendida por Pedro Muguruza, responsable de la Dirección General de Arquitectura y Director de los Servicios Técnicos de Falange. Finalmente, la solución al debate se la dió la aprobación de la Ley de Ordenación Urbana de Madrid, el conocido Plan Bidagor (1941_1946), cuyas líneas generales seguían, al menos en teoría, la idea de superación clasista del decálogo falangista. En la práctica y paradójicamente, el diseño propuesto desarrolló las ideas expuestas en el Plan Zuazo-Jansen de 1929-30 (justo antes de la Segunda República), que disgregaba el Ensanche burgués del extrarradio obrero a través de anillos verdes de separación. (Sobre este  asunto ver López Díaz, Jesus: La vivienda social en Madrid, 1939-1959.)

El ferrocarril y la C.M.U.
El proyecto de ferrocarril de circunvalación diseñado por Soria fue presentado al Ministerio de Fomento en febrero de 1892 y aceptado el 6 de agosto del mismo año.
El ferrocarril partía de un kiosko situado en el Salón del Prado, cerca del Jardín Botánico, accedía por un túnel de 1.500 metros bajo el Parque de El Retiro a los ramales de Canillas, Hortaleza y Fuencarral; y de Vicálvaro, Vallecas, Villaverde, Carabanchel y Pozuelo. Quedaba pendiente el proyecto de unión entre Fuencarral y Pozuelo, que cerraba el anillo de circunvalación.

Para hacer efectiva la realización del proyecto era necesario acudir a una empresa que lo ejecutase; o bien, crearla. Así nació, en 1894, la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.), en la que Soria aunaba las funciones de urbanista autor de la idea, con las de empresario ejecutor de la misma. Esto nos lleva a entender la difícil situación que esta dicotomía generaba, pués sabida es la obsesión de los empresarios de la construcción por salvar las limitaciones de la planificación urbanística en aras de un mayor beneficio empresarial.
La C.M.U. se constituyó el 3 de marzo de 1894, como compañía anónima por acciones, formada por Arturo Soria y Mata (accionista mayoritario y presidente), Eduardo de Santa Ana y Camaleño, Mariano Belmás y Estrada, Manuel Meneses y Miguel, y Felipe López Valdemoro y Aranda. Entre sus principales objetivos estaba la compra-venta de terrenos y fincas; la construcción, venta y arrendamiento de edificios; abastecimiento de aguas, su conducción y distribución; compra-venta de material fijo y móvil de ferrocarriles; establecimiento y explotación de ciudades lineales que favorezcan el desarrollo de la urbanización en los terrenos de la compañía; y explotar el ferrocarril de circunvalación.

Dos imágenes del Centro de Diversiones de la Ciudad Lineal situada en la manzana 89. El edificio más importante fue el teatro que se comenzó a construir en 1904  en un del arquitecto Ricardo Marcos Bausá. Su inauguración fue en el verano de 1906. Tenía una capacidad para 2.500 personas y su decoración interior y exterior era de estilo Modernista.

Desarrollo del Proyecto
Con los trabajos de explanación de la calle central y la plantación del arbolado, se concretaba la primera parte del proyecto que comprendía un tramo de aproximadamente 5 Km. entre la carretera de Aragón y el Pinar de Chamartín, al este de la ciudad, en una divisoria de cuencas elevada y bien ventilada. El ferrocarril previsto quedó reducido a un tranvía, inicialmente de tracción animal y luego de vapor. “Con la inauguración de la línea del tranvía de la C.M.U. entre Chamartín y Cuatro Caminos se consiguía enlazar la ciudad lineal con Madrid. De nuevo, en 1899 otra línea de tranvía conectaba por el este la ciudad lineal con Ventas y, por último, en 1904 se completaba el tendido del tranvía de la C.M.U. entre un extremo y otro, consiguiendo reducir a una hora el tiempo que se tardaba en salvar la distancia que había entre Ventas y Chamartín. En 1909 se electrificó el conjunto de la línea” .
En 1911 la Ciudad Lineal contaba con una población de 4.000 habitantes distribuidos en cerca de 700 viviendas, y funcionaban con normalidad un teatro, un velódromo y un frontón. Sin embargo, después de la muerte de Arturo Soria y Mata en 1920, la C.M.U. entró en un periodo de progresiva decadencia económica que dio lugar a la alteración y banalización de la idea original” (Enciclopedia Madrid histórico).

villa-concha_ciudad-jardin_manzana-98Hotel llamado “Villa Concha”, en la manzana 98 de Ciudad Jardín.

Calle de Arturo Soria, 1960.

Referencias.-

Maure Rubio, Miguel Angel
La Ciudad Lineal de Arturo Soria
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Madrid, 1991 ISBN 84-7740-048-2

Soria y Mata, Arturo
Tratados de urbanismo y sociedad
Clan Libros
Madrid, 2004

López Díaz, Jesús
La vivienda social en Madrid, 1939-1959.
UNED, Espacio, tiempo y forma, 2002.

Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Enciclopedia Madrid Histórico

Historias Matritenses
Blog con extensa información sobre la Ciudad Lineal

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Fornos se llamó a un desaparecido local que hubo en Madrid, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros.
En aquel lugar, a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, se daba cita lo más elegante e interesante del Madrid del momento. Aristócratas, dramaturgos, actores, críticos, tenores y toreros. Algún político y madrileños en general llenaban su salón y sus reservados céntricos, símbolo de una capital que vivía en su provincianismo y respiraba aires nuevos de pretendida modernidad en un periodo en el que la cerca vieja se deshacía para ensanchar los límites capitalinos más allá de Chamberí.
Allá por el año 1885, en el Teatro Español de la plaza de Santa Ana, los actores Manuel Catalina, Julián Romea y Matilde Díez (ésta con con una calle que lleva su nombre en el barrio de Prosperidad), y también  Donato Jiménez, representaban los dramas del laureado y discutido José de Echegaray.

Arriba, dibujo del Café de Fornos por Cecilio Pla en El Globo, de Alfredo Vicenti y foto de la tertulia literaria.

La Puerta del Sol era entonces una gran plaza, semejante a la que hoy conocemos, en la que la luz nocturna la daba el gas de sus faroles de forja, los tranvías eran de tracción animal y había paradas de coches simones, antiguos taxis tirados por caballos o mulas. Madrid se movía al ritmo lento de la incipiente industrialización y la población crecía con prisa, producto de la inmigración interior.
En el café de Fornos había “peñas” formadas por la parroquia habitual y, del mismo modo que en otros cafés, se discutía el tema del día o el que estuviera de moda, en las tertulias del Fornos, las conversaciones se repetían y solían recaer en los mismos asuntos: política, bodas reales, corridas de toros (Espartero, Frascuelo, Lagartijo, Guerrita), el tiempo, literatura, sucesos, o alguna obra de teatro. En el piso entresuelo del café de Fornos, en uno de sus reservados, tenía lugar la tertulia de La Farmacia”, pués en ella, como en botica, se daba de todo. En ésta participaban políticos, hombres de negocios, banqueros, artistas de todo género, médicos, pintores, periodistas, literatos, dramaturgos y toreros (miembros relevantes de la élite social de la época). Por allí pasó también la famosa Mata-Hari.

Café de Fornos, situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros, en fotografía del año 1908.

El café de Fornos se abrió en unas casas construidas sobre el solar del antiguo convento de las monjas Vallecas o de Nuestra Señora de la Piedad, que estuvo en la referida calle de Alcalá con Peligros. El negocio lo montaron los hijos de Pepe Fornos, dueño del café Europeo situado en la calle Sevilla con el callejón de los Gitanos (calle de Arlabán), con el especial ahinco del mayor de sus hijos,  Manolo Fornos, quien trasladó la filosofía del negocio paterno a la altura de la suntuosodad y el lujo que el momento y la potencial clientela requería. Tiempo después, Manolo, una noche, agazapado en uno de los reservados del café, se descerrajó un tiro en la cabeza que acabo con su vida.
Estaba, el Fornos, decorado con vistosas pinturas murales, tapices y alfombras, y dotado de amplios y cómodos divanes, estatuas de bronce que sostenían las lámparas de gas, y también de relojes de dos esferas que pendían del techo. Poseía además un gran restaurante, de enorme comedor, con entrada independiente por la calle de Alcalá, cuya cocina no desmerecía la categoría del establecimiento. Las sobremesas daban lugar a multitud de tertulias de personajes ilustres en las que se comentaban los éxitos de la actriz María Tubáu o las fiestas palaciegas de Fernán Núñez en su casa de la calle de Santa Isabel, o de Higinia Balaguer y de todos los implicados en el crimen de la calle de Fuencarral.

A propósito de este suceso, la rea Balaguer, trás un polémico juicio,  fue ahorcada en la llamada Plaza de la Justicia, junto a las tapias de la carcel Modelo, en pública ejecución, al aire libre y como testigos los barrios de Argüelles y Pozas. Este crimen, consumado en la persona de Luciana Borcino, madre de José Vázquez Varela (Varelita) , señorito chulo y conquistador y de pocos escrúpulos, fue el resultado de una folletinesca historia de intrigas y engaños, que acabó con la criada Higinia Balaguer en el patíbulo, sin que quedara clara su culpa.
En aquel momento los escaparates de las librerías mostraban las novedades editoriales de mano de los escritores de moda: Valera, Alarcón, Pereda y Galdós. También se iniciaba la construcción de las primeras casas del barrio de Argüelles y se levantaba el Cuartel de la Montaña.

Recorte de prensa de 1988, narrando el suceso que tuvo lugar en la calle madrileña de Fuencarral número 109, el día 1 de Julio.

Años antes del suceso de la calle Fuencarral, en 1886,  se producía un sonado ciclón o huracán, que abatió más de quinientos  árboles del jardín botánico, según recogía la prensa de la época,  y que conmovió a la ciudadanía, en especial a la que se encontraba transitando por las calles, que hubo de correr e refugiarse en las casas próximas y en los cuarteles, como el de la Montaña o el de San Gil. El terrible ciclón causo daños de consideración en el arbolado municipal y en algunos edificios de la parte alta de la población, y produjo  algunos muertos y heridos, al ser lanzados contra el suelo por el ímpetu y la furia del huracanado viento, algunos de los cuales fueron socorridos en el botiquín de urgencia del Fornos.
También por aquella época desaparecían los jardines del Buen Retiro, que tantos momentos de diversión dieron a quién sabe cuántos madrileños, luego ocupado su solar por el soberbio palacio de comunicaciones de Palacios y Otamendi (hoy Ayuntamiento de Madrid); y la piqueta demoledora abatía sañudamente el hospital de la Latina, en la calle Toledo.

Emilio Carrère escribió del Fornos: ”Fornos significaba sesenta años de vida madrileña. El Madrid de Alfonso XII y el de la Regencia. Y la juventud del postrer Borbón. Las ventanas de este café fueron ojos y oidos para la actualidad callejera. Los antiguos espejos eran como largas y misteriosas galerías por donde se fueron alejando los hombres y las mujeres más interesantes de su época. Se los veía con el triunfo de sus risas, de sus glorias y de su juventud. Después, los espejos de Fornos se los iban tragando poco a poco… hasta que desaparecían definitivamente en las Sacramentales del otro lado del Manzanares.” (El Madrid de Fornos, página 39)

A propósito del cierre definitivo del Café de Fornos , Alfredo Vicenti escribía en 1908 una crónica titulada “¿Se cierra Fornos?“:
Hace tiempo circularon por Madrid rumores de que Fornos, el popularísimo café, iba a ser clausurado para siempre, porque la dueña de la finca necesitaba el local para restablecer en él sus cocheras y sus cuadras. Ayer se acentuó el rumor, dándose como inminente el lanzamiento, y la noticia produjo en todo Madrid penosa impresion, porque el café de la calle Alcalá, esquina a la de Peligros, que lleva de existencia cerca de cuarenta años, y entre cuyos muros se han incubado dos generaciones literarias, es algo tradicional no sólo para la villa y corte, sino para toda España.
Su nombre es familiar en todas las provincias, y cuantos vienen a Madrid pasan por él; seguros de encontrar algún conocido, pues no hay región que no cuenta allí con su correspondiente tertulia.[…]
Las reuniones de madrugada en las mesas próximas al mostrador, son ya históricas, porque han desfilado por ellas hombres consagrados en la política, en las letras y en las artes.
Alguna vez fue Fornos teatro de escenas trágicas, que contribuyeron a fomentar su fama.
Por todas estas razones es un café insustituible, y la noticia de su clausura ha producido en Madrid la tristeza de la pérdida de algo propio.
[…]

En esta esquina de la calle de Alcalá con la calle Peligros, se ubicaba el Café Restaurant de Fornos. El edificio se demolió para construir el Banco Vitalicio de España. La foto es del año 1930, en pleno derribo. La foto muestra el mismo lugar desde otra perspectiva. Se trata de la calle Peligros, enseñando el chaflán que fue el acceso al Fornos. Los carteles que tapan la obra anunciaban  salones de té, automóviles y los Almacenes Simeón, situados en la Plaza del Angel, número 8, haciendo esquina con la Plaza de santa Ana.

Creo que la fecha de la desaparición del Fornos se circunscribe a 1910. Antonio Velázquez Zazo en su libro El Madrid del Fornos, escribe en 1945: “Ya se había cerrado el café de Fornos. Se cerró cuando la Exposición de la Infancia, en el Retiro; cuando el homenaje a Ricardo de la Vega, en el Teatro de Apolo, con motivo de la Fiesta del sainete; cuando la inauguración del Puente de la Princesa ; cuando llegó el tranvía a la Ciudad Lineal…” “Se cerró Fornos cuando se quemó el Teatro de la Zarzuela, (…) y tembló la tierra de Madrid, pués entonces se produjo un terremoto.”
En efecto, según el libro de Velázquez Zazo, un año antes a su homenaje moría Ricardo de la Vega (Madrid, 1839 – 1909), dramaturgo, hijo de Ventura de la Vega y, autor del libreto de la Verbena de la Paloma. El 6 de noviembre de 1909 el Teatro de la Zarzuela fue prácticamente destruido por un incendio. Y en 1910 moría el autor del libreto de la zarzuela La Gran Vía, Felipe Pérez y González (Sevilla, 15 de mayo de 1854 – Madrid, 16 de marzo de 1910).
Todos estos hechos fueron paralelos al cierre de el café de Fornos según relata el autor citado.
En 1909 se electrificaba el tranvía Cuatro Caminos_Chamartín_Ciudad Lineal de la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.) de Arturo Soria y Mata. En cuanto al terremoto citado, se trata del localizado en 1909 en Benavente, que también afectó a Lisboa y se dejó sentir en Madrid.

El antiguo local del Fornos se trocó en una sala de Juego que se instaló en el entresuelo. Y en la planta baja se instauró el espectáculo de las señoritas tiradoras. Sin embargo, como aferrada a la tradición de aquella casa, de la que le costaba no poco trabajo desprenderse, perduraba la tertulia de Valle Inclán, trasladada al cercano café de la Montaña.; pero el público de siempre, el respetable, el habitual de Fornos, en vista de la general transformación de cosas y personas, se iba poco a poco, mansamente, alejando hacia los colmados y bares que llenaban las calles escondidas del centro de Madrid.
Después hubo allí un cabaret; más tarde otro café moderno: Riesgo. Y en el esquinazo tan populoso y tan madrileño, construida la nueva y elevada finca del Banco Vitalicio.
” (Antonio Velázquez Zazo , El Madrid del Fornos).

Según el artículo dedicado al Café de Fornos en Wikipedia, después del suicidio del responsable del local, Manolo Fornos, sus “hermanos procuraron mantener el negocio a flote durante cuatro años más, pero al final el 26 de agosto de 1908 cerró definitivamente“. Posteriormente, -dice el citado artículo- en mayo de 1909 volvió a abrirse de nuevo con el nombre de Gran Café y como dueño Marcelino Raba de la Torre. Se reanudaría el negocio con las tertulias y las fiestas en los bajos, para desaparecer en 1918 y reaparecer como  cabaret con mesas de juego, con el nombre de Fornos Palace. El edificio lo adquirió la sociedad Banco Vitalicio en 1923, que decidió derribar el edificio para construir su nueva sede en 1933.

En esta foto, anterior a 1930 y posterior a1923, se observa como, ya en los prolegómenos del derribo del edificio que albergó al Fornos,  las antiguas dependencias del Café estaban ocupadas por  las oficinas del Banco Vitalicio Español.

Referencias.

Alfredo Vicenti
Taller de ediciones
Fornos, cita y trasnoche en el viejo Madrid

Velasco Zazo, Antonio
El Madrid de Fornos
Retrato de una época

Librería General Victoriano Suárez
Madrid, 1945

Pallol Trigueros , Rubén
Chamberí. El primer desarrollo del ensanche norte madrileño.
Cuadernos de Historia Contemporánea-UCM, 2004.         

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Residencia de Estudiantes-Pabellon 1-calle Pinar-04-2007

“Pabellones Gemelos” de la Residencia de Estudiantes, de 1913. (FOTO: Enrique Fidel Rojo)

El esquema funcionalista que plantea Antonio Flórez Urdapilleta en sus construcciones escolares, le lleva a proyectar los edificios de manera que las aulas reciban la luz solar procedente del norte y las galerías la luz del sur. Los materiales de construcción fueron los típicos en las construcciones económicas: ladrillo para los muros, madera y teja para las cubiertas, hierro para los dinteles y piedra de granito para los zócalos y repisas de las ventanas.
Con la excepción de la nave conocida como el “transatlántico” (laboratorios) de la Residencia de Estudiantes, en los colegíos proyectados por Flórez Urdapilleta desaparecen casi por completo las referencias historicistas neomudéjares, descargándose las construcciones de elementos superfluos y dando paso al concepto racionalista en arquitectura, el cual analiza las necesidades de “dentro para fuera” y nunca al revés.

Pabellón “Transatlántico” de la Residencia de Estudiantes (1914), en los Altos del Hipódromo.

Grupo Escolar Menéndez Pelayo (1923-1929) FOTO: Enrique Fidel

grupo-escolar-menendez-pelayo_1930_smallFoto de 1930 del Grupo Escolar Menéndez Pelayo, (1923-1929)

Detalle de las ventanas del Grupo Escolar Jaime Vera (1923-1929) , anteriormente General Zumalacárregui. (FOTO: Enrique Fidel Rojo)

grupo-jaime-vera_1929_smallGrupo Jaime Vera, en 1929. Detalle de una de las galerías utilizada como aula de educación física.


Antonio Flórez Urdapilleta está vinculado a las construcciones escolares desde los años 20 hasta la Guerra Civil pués, no en vano, dirigió el Departamento de Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública de la II República Española, el cual ejecutaba sus trabajos en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid dentro del plan estatal que diseñó la construcción de seis grupos escolares de nueva planta: Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, Concepción Arenal, Pérez Galdós y Pardo Bazán, de similares características entre ellos.  La aplicación de un conjunto de principios de clara racionalidad constructiva,  con dinteles de hierro calado visto, grandes ventanales que proporcionan una extraordinaria luminosidad a las aulas, elegantes pilastras de ladrillo que sugieren solidez en el edificio, sencillez en los volúmenes y un gran sentido higienista y funcional, marcaron una forma nueva de ver la arquitectura escolar en España.

De los edificios proyectados por Antonio Flórez se conservan los ya citados grupos escolares y los Pabellones Gemelos y el Pabellón de Laboratorios o Transatlántico (1913) , de la Residencia de Estudiantes, en la calle Pinar, en la llamada por Juan Ramón Jiménez “Colina de los Chopos“.

“Pabellones Gemelos” de la Residencia de Estudiantes (1913). (FOTO: Enrique F. Rojo)

Afirma el arquitecto Enrique Domínguez Uceta que  “en Antonio Flórez primó lo conceptual sobre lo formal. Sus escuelas son idóneas en su funcionamiento, pero excesivamente planas en su resolución formal. Su intención es renovadora, pero sus formas tienen una base clásica en el manejo de volúmenes y en la incorporación de elementos de la arquitectura tradicional que resta rotundidad a sus propuestas y divide a los críticos. Más reformador que vanguardista, no cabe duda de que su obra se sometió a las condiciones de la realidad, ya que recayó en sus manos la responsabilidad de levantar cientos de escuelas en todo el país a través de la Oficina Técnica de Construcciones Escolares“.

grupo-escolar-cervantes_aula_a-florez_small

Aula del Grupo Escolar Cervantes, que se inauguró el 15 de enero de 1918, aunque las condiciones de funcionamiento básico no se produjeron hasta 1921. “Este grupo escolar, enclavado en Cuatro Caminos, tenía los fines generales de las Escuelas Graduadas de la época y los especiales de:

1.- Servir de práctica para el ensayo de nuevos procedimientos pedagógicos.

2.- Llevar la acción educativa de la escuela a las familias de los niños alumnos.

3.- Práctica de los cursos de perfeccionamiento de maestros, del Museo Pedagógico, de la Junta de Ampliación de Estudios y de la Cátedra de Pedagogía Superior.

4.- Hacer extensiva esta experiencia a otras escuelas públicas. Fruto de ello se crean escuelas , que dirigidas por antiguis maestros del Cervantes, funcionan con los mismos principios (Colegio Príncipe de Asturias, Colegio Pablo Iglesias, Colegio Nicolás Salmerón y Colegio Alfredo Calderón)”. (Acción Educativa)

Grupo Escolar Cervantes (FOTO: Enrique Fidel Rojo)

El empleo de estructura metálica -en los edificios escolares– permite grandes espacios interiores sin soportes intermedios y perforar las fachadas con grandes huecos acristalados; las aulas reciben luz unilateral, la mejor, tanto para los pedagogos como para los arquitectos racionalistas, y se persigue que las clases tengan el mayor contacto con el exterior”. (Aida Anguiano de Miguel)

Las galerías, desde las que se accede, generalmente, a tres aulas, son muy amplias para facilitar la salida de las clases, pero también para ser utilizadas como gimnasio o lugar de juegos cuando el tiempo no permite realizar estas actividades al aire libre”. (Aida Anguiano de Miguel)

“El tipo de escuela de Flórez es funcional en cuanto la amplitud espacial incide en una menor agresividad de los niños y jóvenes, como han constatado pedagogos y psicólogos. Asimismo, la mayor superficie de cubicación hace más higiénicos los espacios, ya que el aire viciado se desplaza hacia el techo donde puede ventilarse abriendo los cristales de la parte superior de las ventanas; los campos de juegos estaban ajardinados y se habían plantado árboles de hoja caduca para que el sol bañara este espacio así como las galerías en invierno y los árboles proporcionaran sombra en los meses de calor”. (Aida Anguiano de Miguel)

Antonio Flórez Urdapilleta, formado en la Institución Libre de Enseñanza, eligió su oficio motivado por su padre, que también fue arquitecto, y durante el ejercicio de su profesión como arquitecto y de su actividad docente enseñando la materia, se mantuvo próximo al ideario de la ILE. “Desde 1915 fue arquitecto conservador del Teatro Real de Madrid. En 1919 fue nombrado consejero de Instrucción Pública y un año más tarde arquitecto jefe de la recién creada Oficina Técnica de Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, donde realizó una extraordinaria y fecunda labor en el ámbito de la arquitectura escolar que se vio truncada por la guerra civil”.En 1937 es destituido de todos sus cargos por el gobierno de la República. Al finalizar la guerra civil es separado de su cargo de arquitecto jefe de Construcciones Escolares por el gobierno del general Franco. Desde entonces toda su actividad profesional queda reducida a la docencia en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid”.

Grupo Escolar Menéndez Pelayo, arriba  y Colegio Jaime Vera , abajo.
(FOTOS: Enrique Fidel Rojo)


Referencias._

Biografía Antonio Flórez Urdapilleta
Residencia-CSIC

Aida Anguiano de Miguel
Iconografías en la arquitectura madrileña

Enrique Domínguez Unceta
LA MIRADA DEL ARQUITECTO (El Mundo)
La utopía escolar de Antonio Flórez

Salvador Guerrero
Arquitectura y arquitectos
en la Residencia de Estudiantes

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El Palacio del Marqués de Ustáriz (actual Palacio del Conde de Villagonzalo), ocupa media manzana entre las calles Mejía Lequerica, San Mateo y Serrano Anguita. Se trata de un caserón poco conocido que, sin embargo, puede presumir de ser de las pocas casas palacio del siglo XVIII que han sobrevivido al ímpetu demoledor de la piqueta. Ya sabemos que demoler edificios antiguos ha sido siempre parte obsesiva del ánimo modernizador de los munícipes madrileños, y de sus acólitos colaboradores.

Según el catálogo de Arquitectura de Madrid, publicado por el COAM, el edificio perteneció a D. Casimiro de Ustariz Suárez de Loreda, marqués de Ustáriz,  si bien otras fuentes aseguran que el marqués de Ustáriz  fue D. Casimiro Manuel de Uztáriz y Azuara, hijo de Gerónimo de Uztáriz y Hermiága y María de Azuara y Van Sasseguen. Fue Secretario de Estado y Guerra en 1748. A la muerte del marqués, la propiedad pasó a los condes de Villagonzalo. El edificio se reformó a finales del siglo XIX y poseía en su interior vistosos salones, amplias estancias y una interesante escalera neoclásica, si bien en la actualidad presenta el aspecto que muestran las fotos de abajo. El palacio, que ha sido dotado de una nueva cubierta, que a su vez ha sido cubierta por un vistoso plástico azul, parece que está siendo consolidado para dotarlo de uso, pués hacía muchos años que permanecía desocupado y en un triste estado de conservación.

 

Palacio del Marqués de Ustáriz en 2009 (FOTOS: Enrique F. Rojo)

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Actualización (26/03/2010)

En la actualidad, marzo de 2010, el palacio se encuentra en proceso de rehabilitación, si bien la intervención es lenta y sin resultados que a primera vista resulten notables. Esta casi reconstrucción del edificio se suma a las intervenciones que el Ayuntamiento de Madrid está desarrollando en la zona, como son la rehabilitación del Museo Municipal (antiguo Hospicio de San Fernando), y el derribo y edificación de nueva planta del Mercado de la calle Barceló, así como la peatonalización de la calle de Fuencarral.

Actualización 19/03/2013)

En el verano de 2011 se demolieron las caballerizas del palacio, así como lo que quedaba de los jardines. En estos había más de una docena de cipreses con más de cien años, y un castaño de Indias de flores rosas también centenario. Había, además, otras especies hasta completar más de veinte ejemplares de distinto valor botánico.

Derribo caballerizas Ustariz

Demolición del edificio que albergaba las caballerizas del palacio de Villagonzalo (Foto: Foro Urbanity, 2011)

Referencias.-

VV.AA.
Arquitectura de Madrid (Tomo I)
Fundación COAM
Madrid, 2003

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El Ayuntamiento de Madrid, o mejor su alcalde, atolondrado con tanto proyecto megalómano y tanto gasto municipal, se ha olvidado de su muralla árabe, el monumento histórico más antiguo de la ciudad. Al fin y al cabo -pensará-, tan solo es una ruina, y las ruinas son sinónimo de decadencia y de pasado, adecuadas para nostálgicos y románticos algo miopes.
Al municipio madrileño le sale caro hacer realidad su vanidosa ansia de modernidad. Con las anteojeras puestas y mirando solo de frente, se olvida de la piedra vieja, por antigua, y se afana por perder su historia, confundida entre la ruina y el escombro.
Hace tiempo que muchos ciudadanos, desde su iniciativa particular o como colectivos asociados, y también algunos medios de información, están denunciado la degradación sistemática que sufre el patrimonio histórico de nuestra ciudad (y más en concreto la muralla), sin que los organismos con competencias en la materia se sientan con voluntad suficiente para actuar.
(VER ENLACES: 1; 2; 3; 4; 5; 6)

Recientemente, el periódico El país publicó un reportaje en el que se hablaba de la penosa realidad de los restos de la muralla árabe en el parque del Emir Mohamed I, junto a la Catedral de la Almudena. Según el citado trabajo, entre el lienzo de la muralla y sus cimientos (que es lo poco que queda de este importante vestigio), duermen a diario numerosos indigentes, que utilizan el monumento para guardar sus “enseres” y depositar  basuras.

Restos de la muralla árabe situada en el parque del Emir Mohamed I.  Las tres fotografías están tomadas en setiembre de 2008. 

(FOTOS: Enrique Fidel, 2008)

A continuación copio parte del referido reportaje de El País, que podrá leerse completamente accediendo al enlace.
Los turistas que bajan por la cuesta de la Vega para ver la cripta de la catedral de la Almudena no entienden nada. Se asoman a la barandilla que da al parque del Emir Mohamed I, cerrado a cal y canto desde hace años, y ven las ruinas de la antigua muralla islámica de Mayrit. Éstas no están protegidas con cristales como las de las calles adyacentes a Mayor, ni iluminadas. Entre los arcos de piedra descubren atónitos las cajas de cartón de los indigentes que se refugian allí cada noche y que durante el día dejan empaquetadas sus escasas pertenencias. Ni un cartel, ni una señal, nada que explique qué son aquellos vestigios del pasado, catalogados como Monumento Histórico Artístico por decreto desde el 15 de enero de 1954, pero abandonados a su suerte por las administraciones hoy y desde hace años pese a las reiteradas y periódicas denuncias de vecinos y de la oposición municipal“. (El País.com)

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