Arquitecturas perdidas (VII): Palacio del Duque de Lerma

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En la calle ancha de San Bernardo, en la manzana entre la calle de la Luna y la calle de la Estrella, en el número 28, se encontraba el palacio del Duque de Denia, después de Lerma, donde prestó servicio como paje Don Rodrigo Calderón. El palacio fue residencia de los duques de la Conquista a principios del siglo XX. En los años 50, en pleno franquismo, los bajos estaban ocupados por comercios, entre ellos «Ayala y Vivanco, almacén de curtidos y calzados de lujo», y en las plantas superiores había un Centro de Estudios de la Delegación Provincial de Excautivos de FET y de las JONS y de la Comisión Liquidadora de Responsabilidades Políticas. Todos estos episodios formarán parte de la historia negra de este palacio que ya no existe.

«Subíais por la vieja calle de los Convalecientes, que luego, merced también a la piedad del mismo Bernardino Obregón, se llamó Ancha de San Bernardo, y pasabais el mismo convento de Bernardos, y el de Portaceli, y la casa que fue de Don Rodrigo Calderón… «(El Palacio Trágico de Pedro de Répide)

«El número 28, dando esquina a la calle de la Luna, es una casa de hondo recuerdo en la historia, ya no de Madrid, si no de España. Es el palacio del duque de la Conquista, quien lo posee como descendiente de D. Gabriel de Peralta, que levantó esa mansión para vincularla a su mayorazgo. En ella vivió D. Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias, y allí, donde su orgullo ofendió a tantos, tuvo su última prisión, de donde salió para el suplicio y ejecución el 21 de octubre de 1621″. (Las calles de Madrid de Pedro de Répide, 1925)

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En este lugar se encontraba el caserón de los duques de Lerma hasta mediados del siglo XX que fue derribado para construir un edificio moderno y más acorde con los tiempos de prosperidad que se vivían.

La vida de D. Rodrigo Calderón fue un camino de venturas y prosperidades que le llevó a la tragedia. Fue paje del duque de Lerma y al alcanzar éste favor real y convertirse en privado de Felipe III, Calderón alcanzó todo tipo de honores. Cuando en 1618 el duque de Lerma perdió el favor real, sus enemigos políticos se cebaron en su paje, hasta el punto de perseguirlo por la comisión de múltiples delitos y condenarlo a muerte. Durante la prisión previa a la ejecución de la condena, D. Rodrigo Calderón estuvo recluido en la que fuera su casa en la calle San Bernardo durante cerca de un año, custodiado por nada menos que dieciocho hombres al mando del caballero de Santiago don Manuel de Hinojosa, que constituían su guardia permanente. Murió D. Rodrigo Calderón, después de perder todos sus bienes, incluido el palacio de la calle San Bernardo, y de haber sufrido tormento en situación del todo irregular, por degüello en la Plaza Mayor de Madrid el 21 de octubre de 1621, trás la muerte del rey Felipe III y perder toda protección.
«Jueves, 21 de octubre de 1621 años, día de Santa Úrsula y las once mil vírgenes, degollaron en esta corte a don Rodrigo Calderón, que esté en el cielo, marqués de Sieteiglesias, uno de los mayores privados que tuvo el Duque de Lerma. Fue secretario del señor rey Felipe Tercero y capitán de la guarda tudesca. Fue uno de los que justamente se puede decir gobernaba la república y monarquía por ser tan grande su poder. Murió degollado en un cadalso que hicieron para este efecto en medio de la Plaza. El cual no le adornaron de lutos ningunos, no embargante que por la mañana tuvieron puesto tan solamente en la silla en que había de sentarse que era de madera tosca de lo mismo que era el cadalso. El cual le sacaron de sus mismas casas donde vivía, que había sido su prisión de más de dos años y medio».

Referencias.-

Del Corral, José
Casas madrileñas desaparecidas
Sílex ediciones
Madrid, 2004

Madrid Visto y sentido por Pedro de Répide
Ediciones La Librería
Madrid, 2002

Pedro de Répide
Las Calles de Madrid
Ediciones La Librería
Madrid, 1995

Imágenes del Madrid antiguo
Ediciones La Librería
Madrid, 2001

Anales de Madrid de un platero del siglo XVII

Artesanos (Fundación española de historia moderna y CSIC)

La última casa obrera de la Guindalera

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A principios del siglo XX la calle Eraso en el barrio de la Guindalera nacía como hoy en Francisco Silvela y moría en el campo. Hoy lo hace en la calle Camilo José Cela, que ya no es campo y que se dirige a la M-30. Hace más de cien años, que es el tiempo que tenía la casa derribada de la foto, la Guindalera era un suburbio madrileño que junto con la vecina Prosperidad, daba cobijo de manera desordenada a la inmigración campesina del interior de la Península. Debido a la escasez de viviendas y a su elevado precio en el centro de la ciudad, los inmigrantes y obreros madrileños optaron por asentarse en la periferia urbana, viviendo en áreas relativamente alejadas del centro y con un estilo de vida más cercano al pueblo que a la ciudad. A partir de 1860 algunas fincas de secano y huertas en la Guindalera y la Prosperidad regadas por el arroyo Abroñigal, comenzaron a parcelarse en una iniciativa de los propietarios de clara proyección especulativa. Las viviendas que se construían, levantadas por maestros de obras o autoconstruidas, eran por lo general de una sola planta y de aspecto semirrural. Constaban, a modo de ejemplo, de cocina, sala, gabinete y dos dormitorios. Ocupaban parcelas rectangulares, con pequeño jardín a la entrada y patio trasero. En otros casos la fachada estaba en línea de calle o camino y el jardín o huerta se situaba en las traseras de la casa. Su estilo era sobrio, con fachadas de ladrillo y reboco y sin concesiones artísticas.

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Los ejemplos de la fotografía (2007) -en la calle de Eraso- y del plano (1881) se corresponde con la tipología más elemental de vivienda obrera de la periferia madrileña, si bien en la casa de la foto las tres puertas y la ausencia de ventanas hace pensar que éstas hubieran sido eliminadas y substituidas por las primeras, quien sabe si con el fin de hacer tres casas de una. Al final, la foto más actual -2008- nos muestra el resultado de la lógica de los tiempos, que se impuso, de modo que la vieja casa ha dado lugar a un solar en el que el furor constructivo hará de las suyas. Algunos se embolsarán unos cuantos miles de euros y todos tan contentos. Ahí queda el testimonio de un barrio de cuyo pasado ya nadie quiere acordarse.

Es de resaltar el detalle de conservar el letrero con el número de la calle, el 32, que se ha adosado al muro de ladrillo. No sabemos si se trata de una iniciativa particular del albañil que lavantó la pared, en una muestra de celo profesional, o si por contra, se trata de una indicación proveniente de más alta jerarquía encaminada a ahorrar material, pués al fin y al cabo el muro acabará en un vertedero de inertes. El letrero seguro que es de hierro esmaltado, muy de la época y muy modesto.

Documento visual del Barrio de Pozas de Madrid

El barrio de Pozas de Madrid dió rostro e imagen a un tramo de dos calles principales de la ciudad: la calle Princesa y la calle Alberto Aguilera, rúa esta última de bulevares de los que se estilaban en la época, hasta que fueron abatidos el 11 de febrero de 1972, hace 36 años, el barrio; y los bulevares mucho antes, en los años 60.

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Distintas fases del barrio. De la plena normalidad a la decadencia. Después la expropiación y la demolición.

El barrio de Pozas de Madrid dió rostro e imagen a un tramo de dos calles principales de la ciudad: la calle Princesa y la calle Alberto Aguilera, rúa esta última de bulevares de los que se estilaban en la época, hasta que fueron abatidos el 11 de febrero de 1972, hace 36 años, el barrio; y los bulevares mucho antes, en los años 60 (por el entonces alcalde de Madrid Conde de Mayalde), por cuestiones de mera especulación y de «progreso» mal entendido. Defectillos de los alcaldes y sus camarillas, poco cultivados, de mucha ambición y ninguna sensibilidad. El resto de los bulevares de Madrid los destruiría otro alcalde ilustrado: Carlos Arias Navarro, responsable también de la demolición del Mercado de Olavide. Luego vendrían otros.

Construcción del barrio de Pozas

Su promotor fue Angel de las Pozas, que también fue el constructor del Cuartel de la Montaña. El barrio que llevó su nombre se empezó a construir en 1860 y fue «realizado para dignificar a la clase obrera de Madrid de una manera metropolizadora«, dando fin a las insalubres construcciones de vecindad que en el periodo eran habituales. El barrio estaba constituido por 21 edificios levantados por el arquitecto Cirilo Urribarri. Aunque lo conocemos como «barrio», en realidad se trataba de una promoción urbanística que abarcaba una amplia manzana en forma de triángulo equilátero con un tamaño reducido en relación al distrito de Argüelles en el que se encontraba. «Este barrio  tenía dos calles (Solares y Hermosa), un pasaje (Valdecilla) y una diminuta plaza (Transmiera) con un árbol en el centro. Su situación en el espacio triangular comprendido entre las calles de Princesa, Alberto Aguilera y Serrano Jover era envidiable en la actualidad, no así cuando se construyó pues estaba fuera de la puerta de San Bernardino.»  (Madripedia)

Barrio de Pozas. Fotografía aérea oblícua de 1943.

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Fotografías aéreas del barrio de Pozas. En blanco y negro, de 1956 y, aunque difusa, nos deja entrever -marcada en amarillo- el diseño original del barrio. En el cateto de la izquierda -calle Princesa- se adivina la serie de viviendas desde Serrano Jover hasta la calle Alberto Aguilera. Los otros lados del triángulo se advierten con menos cleridad. En la foto aérea en color, de 2006, -también marcada en amarillo- vemos como el área ya nada tiene que ver lo anterior. (Fuente: NomeCalles/ Google Maps)

En las fotos que a continuación vamos a ver nos encontraremos con diferentes puntos de vista del barrio. En primer lugar una visión elevada de la Calle Princesa con las casas que formaban Pozas. Hermosa foto de 1900, en la que el barrio se encuentra en pleno apogeo. En otra foto igualmente aérea de 1950, vemos la calle Alberto Aguilera con su bulevar y sus arbolitos, y las casas de Pozas desde uno de sus límites en la actual calle de Serrano Jover hasta la esquina con Princesa. En otra, de 1931, vemos la confluencia de la calle Alberto Aguilera con Princesa y atisbamos la esquina achaflanada de una de las casas del barrio, con sus tres plantas y balconadas con vistas a Princesa. Finalmente, en una toma de 1950 vemos posar a tabernero y algunos feligreses de Las Cuatro Puertas, rinconcito en la calle Princesa donde dar un respiro para remojar el gaznate y conversar un poco si se tercia.

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Aquí vemos con total claridad cómo eran las casas del barrio de Pozas. La imagen es de 1900 y nos muestra la calle Princesa en un día festivo con mucho personal paseando, en bicicleta, a pié, en calesa, en solitario, acompañados… En el centro de la calzada se ven las dos líneas de railes del tranvía. Y al fondo la Moncloa y la Cárcel Modelo que no se ven.
 
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Tranvía número 22. Cabeceras en Embajadores y en Moncloa. A pesar de ello, señala Pozas. Sin duda, la influencia del barrio era grande. La foto corresponde al final de línea en Moncloa, frente a la Carcel Modelo, a la izquierda, que no se ve. En ese lugar, en la actualudad, se encuentra el Ministerio del Aire, diseñado por Luís Gutiérrez Soto.
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En esta instantánea de 1931, tomada desde la Glorieta de Argüelles, en la intersección de la calle Alberto Aguilera con la calle Princesa, vemos en primer término, a la izquierda, la estatua del constitucionalista Agustín Argüelles , y a la derecha el esquinazo de los bloques de viviendas del barrio de Pozas. Tres plantas, ventanas amplias, balcones y buhardillas.
 
Plano de Ibañez Ibero, de 1872. Resaltados en naranja el barrio de Pozas y la iglesia del Buen Suceso. Vemos como  Argüelles todavía se encontraba muy poco desarrollado.
Esta foto muestra la calle Princesa y el Paseo de  Areneros. A la izquierda las fachadas de Pozas y a la derecha el Buen Suceso. La imagen debe de ser contemporanea  al  plano de Ibañez Ibero.
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Aquí vemos en vista picada una fotografía notable de 1950. La calle Alberto Aguilera -con sus bulevares-, al fondo Princesa y a la izquierda las casas de Pozas. Se advierte la fuerte inclinación de las cubiertas, lo que hace suponer la existencia de numerosas buhardillas o, tal vez, sotabancos habitados.
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Taberna «Las Cuatro Puertas», bar del barrio de Pozas en la calle Princesa. La foto es de 1950. En la imagen aparecen Lauro Olmo, segundo por la izquierda, y  Satur Fernández , copropietario este último de la Taberna Las Cuatro Puertas del pasaje de Valdecilla 14.  Comenta satur: «Aparezco a la izquierda , con mi bigotillo de la época. A la derecha del todo mi hermano Rufino Fernández , que era el que más horas se ha comido poniendo chatos de Valdepeñas . Mi madre Manolita y mi abuela Esperanza  trabajaban en la cocina. Esos callos y ese lacón parece que todavía los huelo». (Ver Comentarios)

Pasaje de Valdecilla c/v. calle Alberto Aguilera, 1968.  Vemos el bar  «Las Cuatro Puertas», probablemente cerrado. (FOTO del Blog La Druida)

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Calle de Pozas, que iba desde la calle Espiritu Santo a la calle del Pez.
Barrio de Pozas 1972
Demolición del barrio de Pozas, en 1970.
Barrio de Pozas demolicion 1970
Demolición del barrio de Pozas, en 1970. (Foto: EFE)
POZAS DESALOJO OLMO-REVISTA TRINFO-19-02-1972
Desalojo del Barrio de Pozas: «Un desalojo en busca de autor«, acerca de los últimos vecinos en aceptar el desalojo, el escritor Lauro Olmo y su familia. (Revista Triunfo, 19/02/1972)
El Mundo Lauro Olmo 1994
Página del diario El Mundo del 20/06/1994. «Muere la conciencia de los descamisados», nota acerca del fallecimiento de Lauro Olmo a los 72 años el 19 de junio de 1994.

Referencias.-

Nostalgias del barrio de Pozas
El desahucio más sonado
Biografía Lauro Olmo

¿Especulación con el CP Palacio Valdés?

El anuncio de las obras de reforma en el Colegio Público Palacio Valdés de Madrid hizo saltar la alarma entre los padres de alumnos. No se fían de la Administración Autónoma. La sospecha de que tal vez se trate del primer paso de una operación especulativa, dada su proximidad a la recién inagurada Caixa Forum y por estar en el perímetro de la llamada milla de oro cultural, ha llevado a padres y alumnos a encerrarse para exigir un compromiso claro y sin ambigüedades.
La Comunidad de Madrid ha dado ya una respuesta vinculante. A pesar de las peticiones de los padres, la Administración asegura que los alumnos volverán a sus aulas una vez se finalicen las obras, que podrán durar más de ocho meses y las cuales «no son discutibles
Los padres critican la falta de «transparencia informativa y la arbitrariedad de la Comunidad de Madrid en el modo como se está llevando el asunto, pero sobre todo recelan de la maniobra de la Consejería de Educación. No extraña esta reacción. Es el resultado lógico del lado maquiavélico e intrigante que proyectan la política y  sus protagonistas, especialmente en estos últimos años. Si hubiera mayor transparencia y menos engaños probablemente nada de ésto estaría pasando. Y luego dicen…
Esperemos que todo siga su curso y para el curso que viene –válgame la redundancia– los niños vuelvan al Paseo del Prado 38 con sus aulas nuevas y el colegio reluciente.