Los «Sintecho» en Nueva York

Las eras de Edward I. Koch, David N. Dinkins, Giuliani y Bloomberg, los sucesivos y últimos alcaldes de la ciudad de Nueva York desde finales de los 70 hasta la actualidad, no han conseguido romper con el gran problema de la falta de vivienda. En Nueva York -fundamentalmente en Manhattan–  apenas queda espacio para vivir. Y cada día son más y más los que llegan. La especulación es uno más de los innumerables negocios que se deciden en la gran urbe.
Se considera «sintecho» o persona sin hogar a quien no tiene acceso durante el periodo de referencia a un alojamiento que cumpla unos criterios mínimos de habitabilidad, consensuados, tanto si el alojamiento es en régimen de propiedad o de alquiler, o bien si es ocupado gratuitamente con permiso del propietario o bajo contrato u otro tipo de acuerdo. En estas circunstancias, se ven obligados a dormir temporalmente en la calle o en edificios sin condiciones de habitabilidad, o en alojamientos de emergencia proporcionados por asociaciones o instituciones de carácter social, o en pensiones o casas de huéspedes o en alojamientos colectivos de larga estancia proporcionados por instituciones públicas.


En 2004, el departamente de servicios para personas sin techo daba la cifra de 38.000 personas que se veían obligadas a hacer uso de los servicios de ayuda del departamento. Cerca de 1.500 personas más se acogían a las ayudas de organizaciones religiosas. Del total, se calculaba que más de 16.000 eran menores de 18 años, lo que suponía un 43 por ciento de los acogidos. De éstos, un 43 por ciento eran niños.
Estas cifras suponían un incremento de más de un 30 por ciento con respecto al año 2002. Las cifras registradas no incluían a aquellos que no se acogían a las ayudas institucionales, aún viviendo en la calle. Al contrario de los datos negativos de Nueva York, las autoridades norteamericanas proporcionan informaciones que apuntan en sentido contrario en el resto del país. Mientras que la media de solicitudes de ayuda de alimento y vivienda de familias con niños en Estados Unidos era de un 40 por ciento, la media en la ciudad de Nueva York apuntaba a más de un 50 por ciento. Para 2007 los datos aportados por el Ayuntamiento de Nueva York son : 34.000 «sin techo», de los cuales 14.000 son niños.

Desempleo y precio de la vivienda
En Nueva York la tasa de desempleo se sitúa en un 6% y el sueldo medio ronda los 30.000 euros al año, si bien hay sueldos de más de 90.000 euros y también los hay por debajo de los 20.000 euros. Teniendo en cuenta que en Manhattan un apartamento de un dormitorio (35 m2) puede valer unos 500.000 euros y alquilarlo entre 1500 y 3000 euros al mes, es más que evidente que el acceso a la vivienda es ciertamente difícil.
Hay que considerar que, debido a la falta de suelo edificable en la isla de Manhattan, la vivienda nueva disponible por año no supera el 4% , lo que se traduce en un ávido furor especulativo que acaba por hacer casi imposible la adquisición en propiedad de una casa donde habitar. Esto se traduce en un espectacular y especulativo dato: Nueva York ha perdido en los últimos diez años más de medio millón de viviendas de renta media.
Existen viviendas de renta controlada y pisos subvencionados por el Gobierno Municipal. Las primeras han generado las más variadas e imaginativas artimañas para conseguir expulsar a los inquilinos y acogerse a las nuevas normas, auténticamente leoninas para el inquilino. Las viviendas públicas han dado muestras de ser insuficientes y, en ocasiones, de ínfima calidad, sino infraviviendas en muchos de los casos.
Los informes oficiales afirman que el incremento del número de «sin techo» en Nueva York responde al aumento de la tasa de paro y al incremento del precio de la vivienda.
Durante estos últimos años, el gobierno municipal ha trasladado a miles de familias desamparadas a apartamentos subsidiados que presentaban condiciones evidentes de inhabitabilidad, algunas de las cuales incluso ponían en peligro la salud de sus moradores, como podían ser humedades en las que proliferaban los hongos perniciosos, rotura de paramentos y tabiques, rotura de forjados y techos, instalaciones rotas o inadecuadas, inodoros rotos e inservibles, ventanas sin cristales, etc. (ver VIDEO)

Planes de ayuda
En la actualidad el alcalde Bloomberg ha puesto en acción un plan de actuación urgente para ayudar a los «sin techo» que intenta corregir las irregularidades detectadas con el anterior Plan (“Housing Stability Plus”). Según parece, el plan da un plazo de dos años a las familias sin medios para acceder a una vivienda para que alcancen estos medios. Evidentemente esta situación no llega a darse, por lo que acaban de nuevo en la calle u ocupando algún edificio abandonado. En Nueva York el mercado de trabajo no permite que aquellos que trabajan por los sueldos más bajos puedan llegar a promocionar su nivel laboral y adquisitivo. En la mayoría de los casos, las familias acogidas a los planes del Ayuntamiento están compuestas por una mujer con unos o más hijos. Si la mujer no está en paro, puede llegar a ganar alrededor de 6 euros la hora. Para pagarse una vivienda en alquiler -en el extrarradio- debería dedicar más de tres veces lo que el neoyorquino medio a la vivienda, ya que su sueldo está tres veces por debajo de la media. Es la pescadilla que se muerde la cola.
El problema fundamental radica en que el mercado de trabajo es muy rígido y permite el acceso por abajo en un espectro horizontal amplio, especialmente en el sectro servicio y en áreas no cualificadas; sin embargo el ascenso hacia arriba es muy complicado, lo cual reproduce sine die el mismo esquema estructural. Del mismo modo, el mercado de la vivienda queda restringido a un nivel medio-alto de ingresos, impidiendo a los niveles bajos su acceso.

Los otros «sintecho»
Otro aspecto de la población «sintecho» en Nueva York lo representan los enfermos mentales, los toxicómanos y los alcohólicos. A lo largo de 2006 se hizo un estudio a cargo del Departamento de de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York, que recogió datos de más de 100.000 personas adultas que entre 2001 y 2003 hicieron uso de los servicios municipales de beneficencia. El estudio halló en una razón de 1 a 7 la mayor incidencia de infecciones del VIH o/y enfermedades derivadas del padecimiento del síndrome de la población estudiada con respecto a la población de Nueva York. Del mismo modo, se halló relevancia significativa, superior a la de los casos de la población media de la ciudad, en los asiduos a los servicios sociales que presentaban cuadros de alcoholismo y adicción a alguna otra droga y el fallecimiento por afecciones cardiacas.

Otro aspecto de la población «sintecho» en Nueva York lo representan los enfermos mentales, los toxicómanos y los alcohólicos.


Buscando el número exacto

Todos los años, a principios de Marzo, más de dos mil voluntarios salen a las calles cada noche durante algunas semanas para contar a los «sintecho». El propósito es saber cúantos desamparados viven al raso en Nueva York y planificar el número de camas necesario para que todo aquel que lo solicite tenga acceso a un refugio temporal. Sin embargo, se ha criticado duramente el sistema de recuento, que no contempla a aquellos que duermen en los cajeros de los bancos, en los edificios abandonados y en otros lugares escondidos y que pueden suponer cerca de una cuarta parte del total.
Los datos de enero de 2007 daban una cifra de 3.755 personas durmiendo en las calles de Nueva York. Algunos especialistas, calculan que la cifra puede sobrepasar las 4.000 personas, pues se discute el método de medición utilizado. Entre los sistemas de medición está el de los «falsos sintecho», la mayoría estudiantes que, disfrazados de «homeless» se mezclan con ellos para identificarlos y contarlos. De esta manera, divididos en equipos, los suplantadores se unen a los vagabundos, identifican las zonas en las que duermen, y a posteriori aportan información a los investigadores. Todo por 75 dólares la noche.

Homeless y falsos homeless comparten espacio en las galerías del metro de Nueva York. Los voluntarios toman nota y remiten la información a los servicios administrativos.

Ventanas de Manhattan (Antonio Muñoz Molina)
¿Dónde encontrarían refugio esa noche los mendigos y los vagabundos de las calles de Manhattan, las bag ladies que se arrastraban por las aceras cargando grandes bolsas de basura llanas de harapos y desperdicios o empujándolas en carritos de la compra…? Pedían limosna agresivamente con sus vasos de plástico o permanecían inmóviles contra una pared, mostrando un cartón en el que habían escrito los pormenores de su infortunio, el motivo de la desgracia que los había arrojado a las calles. Caminaban a lentas zancadas como sonámbulos, sin mirar a nadie, atentos sólo a escarbar en los desperdicios que rebosaban de las papeleras, y entrre los que abundaban restos de comida basura…

Los envolvía un hedor tan denso, tan apelmazado como sus pelambres y ropajes, una pestilencia de orines, de mierda, de putrefacción y alcantarilla que evolvía el estómago… Tenían las caras rojas de alcohol y de frío, con pupas y llagas bajo los manchurrones de mugre. Eran de todas las edades, viejos decrépitos o adolescentes con las caras infectadas de granos, hombres o mujeres, blancos o negros, gigantes de barbas pelirrojas, morados de alcohol y chorreando orines mientras caminaban…

Acumulan latas de refrescos vacías, por cada una de las cuales les darán un centavo y al cargarlas a la espalda o en los carritos de supermercado que empujan por las aceras van difundiendo un tintineo ligero de metal que es como el sonido de las campanillas con el que anunciaban su presencia los leprosos medievales. (págs. 32 a 34)

Los medigos: traperos de miseria, acaparadores de basura, desertores de los hospitales psiquiátricos y los albergues municipales, gente que dio un traspié en la vida, se quedó tirada y ya no ha sido capaz de levantarse de ese nivel inferior de existencia que es la acera en la que establecen su reino y desde la que miran hacia arriba a quienes pasan atareados y urgentes junto a ellos. (pág. 177)

A Javier le llamaba la atención que hubiera tantos desperdicios en el suelo, vasos de papel, recipientes y restos de comida rápida sobre todo, rebosando las papeleras, despidiendo olores dulzones. Alguna vez, entre las bolsas y los cartones, Javier advertía un movimiento, y temía que fuera una rata, pero solía ser un homeless que se revolvía en el mal sueño de la borrachera o de la enfermedad mental. (pág. 299)

Comida basura y basura comida para los que nada tienen que perder, salvo el hambre..  (FOTO: Enrique Fidel).

Ventanas de Manhattan
Muñoz Molina, Antonio
Editorial Seix Barral Barcelona, 2004

Referencias.-
Web Coalición para los sin techo en NYC
Informe sobre el estado de salud de los sin techo en NYC
Nearly half of New York City’s homeless are children
Homeless Families At Risk
Charts Detailing the Homeless Shelter Population in New York City (pdf)
History of Modern Homelessness in New York City (pdf)
Aspectos y datos de los «Sin Techo» en Nueva York (inglés)
Una noche con los «sintecho» (inglés)
Faults Found in Apartments for Homeless Families (New York Times, July 2009)

Bernardo Giner de los Ríos, arquitecto de colegios

La arquitectura escolar en España tuvo su mayor auge durante los años 20, cuando existía una Oficina Técnica encargada de la construcción de escuelas al cargo de Antonio Flórez Urdapilleta y guiada por Manuel Bartolomé Cossío. En Madrid, a partir de 1929, se hicieron populares las escuelas de «Patronato», construidas a lo largo de la II República por el director de la Sección de Construcciones Escolares del Ayuntamiento de Madrid, Bernardo Giner de los Ríos.
El arquitecto Giner de los Ríos, fue pionero junto con Flórez Urdapilleta, en la construcción de edificios escolares funcionalistas, inspirados en la filosofía educativa y en el «higienismo» de la Institución Libre de Enseñanza.
En Madrid son muchos los colegios que llevan el sello de Bernardo Giner de los Ríos. Muchos de estos Grupos Escolares, como el Menéndez Pelayo, el Calvo Sotelo, Nuestra Señora de la Almudena o el Pardo Bazán, se levantaron en estrecha colaboración entre Flórez Urdapilleta y Giner de los Ríos. La mayoría se construyó entre 1930 y 1933. En la actualidad, casi todos estos edificios prestan servicio como colegios públicos del Ayuntamiento de Madrid o de la Comunidad, y algunos han sido remodelados para dar servicio como centros culturales de barrio.

1. Colegio Menendez Pelayo, 1922 2. CP José Calvo Sotelo, 1931 3. CP Pardo Bazán, 1922
4. CP Miguel de Unamuno, 1931 5. CP Vázquez de Mella, 1930 6. CP Fernando el Católico, 1929 7. CP Amador de los Ríos, 1931 8. CP Emilio Castelar, 1931 9. CP Palacio Valdés, 1933
10. CP Legado Crespo, 1933 11. CP N.S. Almudena, 1931

Una de las obras más emblemáticas de Bernardo Giner de los Ríos es el pabellón de párvulos de la Institución Libre de Enseñanza, de 1917, en la calle Martínez Campos nº 17 de Madrid, levantado junto al pabellón McPherson de Joaquín Kramer Arnaiz, de 1908. El edificio tiene elementos de la arquitectura tradicional española con influencias mudéjares, y se mantiene en pie, a pesar de un inadecuado mantenimiento. Sin embargo, se encuentra en inminente peligro, ya que se quiere ampliar las instalaciones de la Fundación y sólo es posible hacerlo derribando los pabellones antiguos. La polémica está candente en estas fechas veraniegas y son varias las voces que se levantan en defensa de la conservación de estas construcciones. Lo curioso es que es la propia Fundación la principal interesada en el derribo. A ver que pasa.

Pabellón de párvulos de la Institución Libre de Enseñanza, de 1917, en la calle Martínez Campos nº 17 de Madrid, levantado junto al pabellón «McPherson» de Joaquín Kramer Arnaiz, de 1908.

NOTA POSDATA: En Julio de 2008, la Fundación Giner de los Ríos ejecutó el derribo del Pabellón de Parvulos.

(VER toda la información)

CP «Padre Poveda», 1933

CP y Centro Cultural «Nicolás Salmerón», 1931

Referencias.-
Francisco Ramón Alonso García
De la Arquitectura Escolar a la del Conocimiento

Página WEB en defensa de los edificios de la Institución Libre de Enseñanza

Una historia del Bronx

El Bronx está situado al Noroeste de la ciudad de Nueva York, por encima de Manhattan. El «South Bronx» o Bronx Sur es el área del distrito de El Bronx más cercano a Manhattan y durante los años 70 y 80 sufrió un continuo proceso de degradación y decadencia que -ayudado por el cine y la televisión- acabó por darle la imagen temible y la mala fama que hoy todos conocemos. El barrio, multiétnico, pobre y superpoblado, fue víctima del segregacionismo racial y de la injusticia, y fue la expresión más amarga de la pobreza, la marginación y la desigualdad social. El deterioro del distrito se inició en los años 40 en los barrios más cercanos al río Harlem, Mott Haven y Melrose, extendiéndose en los 70 a Hunts Point, Morrisania y Highbridge.

Pero este proceso no fue espontáneo. Para que ocurriese tuvieron que aliarse un conjunto de elementos muy agresivos y fuertemente condicionantes. De entrada, la población blanca que vivía en los barrios de el Bronx, que era mayoritariamente judia, se marchó con la llegada masiva de hispanos y negros antillanos y de los estados del Sur de EE.UU. Esto fue así por simple racismo y también influidos por una práctica ilegal pero muy difundida entre los agentes inmobiliarios que consistía en convencer a los propietarios de que los precios de sus casas bajarían con la llegada de «los nuevos vecinos», por lo que vendían con prisa y a la baja, con el consiguiente negocio especulativo para las inmobiliarias. Por su parte, los propietarios de los edificios -nuevos o antiguos- comenzaron a despreocuparse por sus propiedades, a las que ya no podían sacar los réditos deseados y éstas se deterioraban por falta de mentenimiento.

Más de dos décadas después de aquellos años turbulentos, el Bronx se repone e intenta levantar cabeza. Los viejos y deteriorados edificios fueron demolidos y sustituidos por nuevas construcciones.

Al mismo tiempo, las autoridades municipales dejaron de invertir en los barrios más desfavorecidos, debido a la crisis económica que vivía el país en el periodo. En una actitud, mezcla de segregación racial y de conservadurismo económico, los inversores privados, los bancos y las aseguradoras evitaron al máximo el contacto con los habitantes y con los barrios del Bronx Sur, lo que se tradujo en una falta de actividad absoluta. Las redes urbanas quedaron rotas por completo: faltaba un sistema de transporte eficiente que acercase el barrio a la ciudad, convirtiéndolo en un mismo espacio urbano; la trama de relaciones vecinales también estaba fraccionada; el barrio era un «ghetto» incomunicado y cortocircuitado estructuralmente. A eso hay que añadir el desempleo y la falta de expectativas de sus habitantes. El grado máximo de locura llegó cuando muchos propietarios de los edificios de viviendas decidieron que les salía más rentable quemar las casas y cobrar el seguro que seguir manteniéndolas. Así llegó el Infierno al Bronx. Los incendios comenzaron en Harlem y avanzaron por todo Bronx Sur. La población pobre y miserable se realojaba en los edificios maltrechos y el caos se apropió del distrito. El Ayuntamiento de Nueva York, en aquel entonces escaso en medios dejaba que las casas ardieran, más preocupado con lo que pasara en los barrios ricos. El cénit de la decadencia urbana del Bronx lo marcaron las drogas y en concreto la heroina y el «crack». El barrio se convirtió en un supermercado de la droga y en refugio de drogadictos. Así, la delincuencia, el miedo y la inseguridad fueron el rostro del día a día en el Bronx.

Imágenes del South Bronx de los 80 y algunas casas de la época que todavía sobreviven en 2007

Después de más de dos décadas después de aquellos años turbulentos, el Bronx se repone e intenta levantar cabeza. Trás el derribo de las barriadas enfermas y el desarrollo de planes institucionales de reconstrucción y realojo, la normalidad ha vuelto al distrito y surgen iniciativas emprendedoras que se proponen impulsar el desarrollo económico local.

El Bronx, en proceso de recuperación todavía, dice adiós a sus problemas como suburbio deprimido y dice hola al «SoBro«. En la actualidad se ha acuñado el término SoBro South Bronx»), a modo de «marca», mimetizándose con el de SoHo, “South of Houston Street” (al sur de la calle Houston) y en referencia a la zona del mismo nombre de la ciudad de Londres, haciendo como una especie de conjuro que borre los estigmas del pasado reciente.

Sin embargo, este renacer económico aparente, puede traer consigo un proceso de «aburguesamiento» o gentrificación, según el cual, si las zonas rahabilitadas adquieren cierto nivel de prestigio y de calidad de vida, atraeeran a la burguesía urbana del centro de la ciudad (Manhattan, -cuya vivienda alcanza precios imposibles-) y ésta poco a poco irá desplazando a la población que ya habita en la zona, que no podrá hacer frente al progresivo encarecimiento del barrio (como ocurrió en el SoHo, o en Williamsburg).
La historia del Bronx no es única y es el resultado de un proceso sociopolítico y socioeconómico. El Reino Unido vivió una experiencia parecida en la década de los 70-80, en la que se vieron afectadas ciudades como Glasgow en Escocia, Birmingham, Manchester, Liverpool, Newcastle, y el Este de Londres , en Inglaterra.

Nuevas viviendas en Melrose Commons (South Bronx). Se han construido más de 3000 casas, la mayoría unifamilires, para una población que ronda los 8000 habitantes en el barrio. También se han edificado bloques de pisos, pero todavía conviven los nuevos barrios con zonas que todavía no han sido saneadas.

Referencias.-

Gentrificación e inmigración
Juan Freire: Nómadas
El País
Fotos
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Un artista en Nueva York

El sábado 2 de Junio de este año paseaba por Columbus Avenue en la parte Oeste del Norte de Manhattan, en Nueva York. En la plaza del Lincoln Center -donde estuvieron los «brownstones» que inspiraron la pélicula West Side Story de Robert Wise – había una pequeña feria de artistas artesanos. Todos los creadores sorprendían por su alto nivel. Había de todo y, digamos, para todos. Extensa diversidad de productos, de estilos y de materiales. Para todos los gustos.


Mercado de artesanía en Lincoln Center

Del conjunto me interesó especialmente un pintor de Tanzania que vendía originales y reproducciones de sus trabajos. Bajo un toldo, a muchos grados farenheit a la sombra, Hussein nos explicaba y nos vendía sus trabajos. De 150 a 300 dólares los originales. Treinta dólares las copias.


Cuadros de Hussein Saidi

El estilo de Hussein Saidi consiste en mezclar los temas tradicionales africanos de Tanzania con la estética moderna occidental, utilizando elementos naturales como hojas, cortezas, pétalos con pinturas acrílicas. De impronta llamativa, sus elaborados «collages«, realizados con piezas de procedencia humilde y callada, se convierten en comunicativos cuadros que exploran y expresan el espíritu humano y los sentimientos y reacciones de las personas ante situaciones de violencia, soledad y contradicción vital. La música y la danza componen el equilibrio expresivo de algunos cuadros a los que sólo queda poder oir cómo suenan, de lo vívidos que son . Colores cálidos y mucho movimiento. Un simpático artista en Nueva York.

Bernardo Giner de los Ríos (I)

Bernardo Giner de los R�os

 

Llevo un tiempo recopilando imágenes e información de los centros escolares en los que participó en Madrid el arquitecto Bernardo Giner de los Ríos. Su presencia en el Madrid de la última República, un paraiso, en comparación con infierno que años después le tocaría padecer a casi todos los españoles, se reflejó en la realización de un gran número de edificios escolares, uno de las prioridades del gobierno del bienio reformista de la II República española. Bernardo Giner de los Ríos desempeñó el cargo de Ministro de Trabajo, Ministro de Obras Públicas y Ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, cargo éste último que ejerció hasta el final de la guerra Civil, exiliándose en México, donde vivió hasta su muerte en 1970. Previamente, sin embargo, entre 1929 y 1933, al cargo de la Sección de Construcciones Escolares del Ayuntamiento de Madrid, había dirigido la construcción de hasta una veintena de colegios por todo Madrid. El empeño de Giner de los Ríos supuso una especial concepción de la arquitectura escolar, racionalista y funcional.

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Colegio Público «Nicolás Salmerón»

 

«En la época de la República, y antes de la República, hubo una arquitectura escolar psicosociológica; no se llamaba así, pero era eso. Los arquitectos -uno de ellos era Antonio Florez Urdapilleta, y otro era Bernardo Giner de los Ríos-se preocuparon de en qué medida la arquitectura escolar influía en el comportamiento de los alumnos y los profesores. Eso hoy se sabe quizás con más detalle que entonces, pero parece que los gobernantes lo han olvidado. Eso es una de las reivindicaciones de un Colegio, que naturalmente implica todo este código deontológico, una seriedad, un prestigio, etcétera«. (José Luís Pinillos)

Buscando y rebuscando en internet, que no lo es todo, pero es todo a lo que tengo acceso de momento, encontré un BLOG que ma ha maravillado. El blog es de Alejandro Aura y en él dedica un poema a Bernardo Giner de los Ríos titulado El Abrigo. De momento, este apunte y el sentido poema de Alejandro. Más adelante intentaré glosar la figura del arquitecto, si soy capaz de encontrar datos suyos.

EL ABRIGO

Bernardo Giner de los Ríos me regaló el abrigo con el que un tío suyo
salió al exilio,
un abrigo negro de paño español, largo y pesado,
al que le debieron haber caído nieves y lluvias de los Pirineos;
decía que era demasiado grande para él,
que aquí no hacía tanto frío y que a mí, por delgado y alto,
me iba mejor.
Lo usé muchos años en inviernos improbables
y luego lo volví abrigo teatral.
La prenda se fue tornando sutil hasta que se metió
al otro lado de mi piel.
Tengo ese calor guardado para siempre;
ese siempre pequeño que es la vida.

Bernardo Giner de los Ríos llegó a la ventanilla
que atiende una señorita espigada y fragante cuyos grandes ojos
lo envolvieron, su largo cuello lo pasmó,
los sensuales hombros suyos lo atarantaron tanto
que se puso a cantar como un santo nuevo que acaba de descubrir
cómo oración y blasfemia van a dar siempre al centro del corazón
de esa montaña eterna que los antiguos llamaban Dios.

Vale decir que esa señorita es la tristeza;
luego se hizo ligero y leve.
Descanse en paz Bernardo Giner de los Ríos, cálido amigo
que me regaló un abrigo y que se murió.

**POSDATA**

Después de publicar esta nota le hice saber a Alejandro Aura que me había apropiado de su poema «El abrigo«.
Hoy, domingo 1 de Julio, he leido un correo en el que dice lo siguente:

«Quisiera aclarar que mi Bernardo no es el arquitecto sino un Bernardo de la siguiente generación; alguien a quien conocí en los años sesenta en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y que pertenecía al grupo de los hijos del exilio. Al terminar su carrera se incorporó, a principios de los setenta, como editor con su tío Joaquín Díez-Canedo en la editorial Joaquín Mortiz, que fueron los años en que yo lo traté; más tarde comenzó a buscar su reincorporación al improbable pasado español que en algún momento buscaron todos los hijos del exilio; allí le perdí la pista hasta que supe de su infortunada y prematura muerte».

Con esta aclaración de Alejandro se deshace la confusión que por mi falsa asociación he ayudado a crear en quien haya leido el articulito. Pido disculpas por el error. Gracias Alejandro y bienvenido a este espacio para compartir.