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Archive for 25/04/07

Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

La cultura progresista del siglo XX siempre tuvo entre sus objetivos un desarrollo armónico de mente y cuerpo y cuando la Segunda República llegó al poder, impulsó las dotaciones deportivas públicas y privadas. En Madrid, se promovieron piscinas para aliviar el calor del verano, ya que las vacaciones en la playa eran inasequibles para la inmensa mayoría de los trabajadores. En el Plan General de 1930 ya se proponía una gran zona deportiva y recreativa a orillas del río Manzanares y, siguiendo sus directrices, se levantó la piscina La Isla, que desapareció tras la Guerra Civil, y la Playa de Madrid -ahora en manos privadas- cuya buena arquitectura no es muy reconocible.

El siglo XX ha aportado nuevas tipologías arquitectónicas, y una de las más curiosas ha sido la de las piscinas públicas. No hay piscinas públicas en el siglo XIX en Madrid. Ha sido el siglo XX el que ha visto cómo la ciudad se iba llenando de piscinas, primero a cielo abierto y luego cubiertas, democratizando los baños, al tiempo que, con el desarrollo de los años 60 y las segundas residencias, empiezabann a abundar las piscinas particulares, en su mayoría con la manida forma de riñón, copiada de la que Alvar Aalto hizo para la Villa Mairea, reproduciendo el contorno ondulado de un lago finlandés.

Piscina-Club Stella

Fue pionera en las piscinas después de la guerra civil, a las orillas de la calle Arturo Soria. Parece que su construcción fue planificada en tiempos de la República, auspiciada por el interés que hubo en aquellos años en promover las actividades deportivas. Pero lo cierto es que hasta después de 1939 no se iniciaron las obras. Según los datos que aporta el Colegio de Arquitectos de Madrid, fue en 1945 y no finalizaron hasta 1947. El responsable de la piscina fue Fermín Moscoso del Prado Torre, aunque más adelante, en 1952, se llavaron a cabo unas reformas a cargo del prolífico Luis Gutiérrez Soto y de su sobrino José Antonio Corrales Gutiérrez.

La piscina club Stella fue inaugurada en 1947 por Manuel Pérez-Vizcaíno Pérez Stella y su esposa. El edificio fue construido imitando la sede de un club cercano al mar, quizá de un barco. El arquitecto Enrique Domínguez Unceta afirmó que su estilo pudo haber estado influido por el Club Naútico de San Sebastián.

La construcción de la M-30 recortó su extensión, pero aún era una de las mejores piscinas de la ciudad, especialmente tras la desaparición de la vecina Piscina Mallorca, en la misma calle Arturo Soria. Fue pionera en el “top less” e incluso tenía una terraza para practicar el nudismo muy cotizada por los amantes de esta alternativa. El edificio está protegido, lo que impide realizar obras que modifiquen su estructura.

Imágen actual de la Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

Tenía varias praderas independientes sobre las que se tumbaban decenas de personas, muchas de ellas clientes de toda la vida que sin salir de Madrid querían tomar unos baños en unas instalaciones que tenían calidad y un cierto encanto en sus porches y terrazas.

Emparentada formalmente con el racionalismo, la piscina Stella, nacida en la cornisa de Ciudad Lineal sobre la vaguada que ahora recorre la M-30, se ha mantenido milagrosamente intacta desde su construcción. Su silueta se asoma al puente que une la calle Arturo Soria y la calle Costa Rica y ofrece su perfil náutico a los conductores que saltan sobre la autopista urbana. Su blanca arquitectura evoca la imagen del puente de mando de un gran transatlántico de los años 30. Sin duda, está influida por el Club Náutico de San Sebastián (1930) de Aizpurúa y Labayen, que está considerado como uno de los edificios pioneros del racionalismo español. Precisamente esta obra de la arquitectura donostiarra habría que ligarla a uno de los proyectos más notables del zaragozano Fernando García Mercadal que, con su Club Naútico, de 1925, iniciaba una linea que más adelante se desarrollaría con profusión. También es pertinente asociarla con la piscina La Isla que diseñara Luis Gutiérrez Soto. Aunque su calidad formal sea menor, su composición es asimilable al racionalismo.

Imágen actual de la Piscina Stella (Foto: Enrique Fidel, 2007)

En realidad, la Piscina-Club Stella se inauguró en 1947, tomando como nombre uno de los apellidos del propietario Manuel Pérez-Vizcaíno Pérez-Stella. Según ésto, estaríamos ante un edificio muy posterior a la fecha que se le ha venido atribuyendo hasta el momento, y la obra sería descendiente tardía y solitaria del estilo racionalista que prácticamente desapareció tras la contienda civil. La evidente filiación estética del inmueble y su proximidad a las actividades promovidas durante la República, además del carácter progresista de los habitantes de la Ciudad Lineal en la que se ubica, han otorgado a la piscina Stella un pasado más largo del que en realidad tiene, ya que cumple ahora 60 años de historia, en 2007.

Cuando se construyó ocupaba una superficie mayor que la actual, que incluía terrenos ocupados ahora por la M-30. Sus vistas daban sobre la ancha vaguada que utilizaban los rebaños de ovejas, como la cañada que era, antes de que la ocuparan los coches. No cabe duda de que la sociología del barrio de Ciudad Lineal ha sido determinante en el origen y la conservación de la piscina Stella a lo largo de los años. Se pensó como piscina abierta al público previo pago, no era un club cerrado, era una iniciativa comercial que no tenía competencia oficial. El relativo apartamiento en el que se encontraba Ciudad Lineal respecto al centro, la falta de piscinas públicas en Madrid y la gran distancia a las instalaciones deportivas del Manzanares, hicieron que los vecinos considerasen Stella como una dotación deportiva de su propio barrio y la utilizasen intensamente. Esto ha contribuido al mantenimiento del edificio en un estado muy próximo al original. Es uno de los mejor conservados de toda Ciudad Lineal.


PISCINA STELLA 2007_ByNFotografía en blanco y negro de la Piscina “Stella”, anterior a 2007, poco después de la última reforma de 2005.

 

En el año 2000 un grupo inversor intentó hacerse con la propiedad, pero al conocer las limitaciones que imponía el edificio parece que optaron por retirarse. Se llegó a hablar de que un importante grupo iba a invertir para construir un gimnasio al estilo americano, con grandes salas preparadas para todo tipo de deportes.

Finalmente, parece que los propietarios han estudiado convertir toda la zona en un centro deportivo, con gimnasios y otras instalaciones para poder explotarlo todo el año y no limitar su funcionamiento a los dos meses de verano o a los caprichos del tiempo.

Piscina “Stella”, septiembre de 2010. (FOTO: El País, 2010)

Piscina La Isla

Cuando llega el calor, los madrileños que no pueden salir de la ciudad ocupan las piscinas. No siempre fue así. Se trata de un fenómeno del siglo XX; el Plan General de 1930 tuvo la idea de dotar a la ciudad de dos zonas de baños sobre el Manzanares. Como un barco varado, surgió en una isla del río la más hermosa piscina que Madrid haya tenido nunca. Su vocación marítima se hizo realidad en las aguas del Manzanares y se encarnó en un edificio de formas navales de Gutiérrez Soto. La Guerra Civil destrozó el edificio; su memoria es la de un buque fantasma que permaneció varios años amarrado en el Manzanares.

Estampa de la piscina La Isla, junto al río Manzanares en la década de los 30 (Autor: Damián Flores)

El cambio del siglo XIX al siglo XX traería el interés por la naturaleza como escenario vinculado a las actividades físicas. El nuevo humanismo de librepensadores y libertarios otorgaba al individuo un nuevo papel en el que cultura y ciencia se daban la mano y el cuidado del cuerpo adquiría una importancia que no había tenido desde los tiempos clásicos. Surgen grupos espontáneos de naturistas, excursionistas, gimnastas, vegetarianos y culturistas, vinculados a ateneos y otras instituciones culturales, que propugnan el cuidado simultáneo de la mente y el cuerpo. Los baños de mar también han ido ganando prestigio en los mismos años, y la aristocracia y la burguesía se desplazan en verano hasta las costas (Santander y San Sebastián) para tomar baños de ola. La pasión por el agua se abre camino, rompiendo las ancestrales barreras de temor y definiendo una nueva relación a través de las actividades al aire libre.

piscina-la-isla_1931_sepiaPiscina La Isla, de Luís Gutiérrez Soto. Foto de 1931, donde se ve la ubicación del recinto, en el centro de la canalización del río Manzanares, en un islote ya existente. En la esquina superior izquierda se puede ver la Estación de Ferrocarril del Norte-Príncipe Pío, en el Paseo de la Florida, 2, c/v Paseo de San Vicente, c/v Paseo del Rey, 1.

Todo este conglomerado de nuevas ideas de salud determinó la aparición de las instalaciones deportivas y de ocio, un fenómeno que no ha dejado de crecer desde entonces, y que todavía no ha tocado techo ahora en el siglo XXI. Entre estas nuevas dotaciones urbanas destacan las piscinas públicas, que pretendían democratizar el baño urbano. Esto adquirió en Madrid un profundo carácter simbólico, que aminoraba la histórica nostalgia que los madrileños sienten por el mar.

El origen de todas las modernizaciones hay que buscarlo en tiempos de la Segunda República. En ningún otro momento había dedicado Madrid tanta atención a su río, aunque el Plan General de 1930 ya contempla un programa de espacios recreativos vinculados al Manzanares, y las primeras serán las piscinas que se realizan rápidamente coincidiendo con la república y el racionalismo. En Madrid encontramos tres pequeñas joyas de la época de especial interés y diferente suerte. La más hermosa, la piscina La Isla, desapareció sin dejar más rastro que el fotográfico y pictórico; otra, la Playa de Madrid, tuvo que travestirse en estilo imperial para sobrevivir tras la Guerra Civil; y la más modesta, laya comentada piscina Stella, se ha mantenido ajena al paso del tiempo, conservando su perfil náutico como un refrescante monumento al racionalismo.

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Piscina La Isla-1931

Piscina La Isla de Luís Gutierrez Soto, 1931 (Plantas baja y principal). Imágenes de las piscinas exterior con bañistas y de la cubierta, en el interior del recinto.

Primero fue La Isla. Era el año 1931 y allí estaba Luis Gutiérrez Soto, autor del formidable edificio del Cine Barceló de Madrid, dispuesto a resolver brillantemente, y con el nuevo lenguaje racionalista, todo encargo que cayera en sus manos, especialmente las instalaciones deportivas, de las que era autor y usuario entusiasta. El se hizo cargo de diseñar y construir la piscina en una isla del río Manzanares, y Madrid consiguió un balneario con imagen marinera que recordaba al Club Náutico de San Sebastián (emblema temprano del racionalismo español -1930- debido a Aizpurúa y Labayen). El proyecto entronca -como señala Carlos Sambricio– con la idea de la Ciudad del Reposo propuesta por el GATCPAC, que en Madrid deriva en la planificación de parte de la zona de El Pardo como área de ocio, fuera del núcleo de la ciudad. En esta zona el río Manzanares se embalsó y se crearon las llamadas playas de Madrid. El edificio de Gutiérrez Soto se concibió como una actuación puntual y singular que daba respuesta con un lenguaje puramente racionalista a las necesidades de ocio que en aquellos momentos demandaba la sociedad popular madrileña -el ocio de las masas-.

 

 

Club Naútico de San Sebastián de Aizpurua y Labayen, 1930

Si la piscina La Isla era de iniciativa privada, inmediatamente aparece otro empeño público similar, aguas arriba del río: la Playa de Madrid (1932-1934), primera playa artificial de España, para la que se construye un embalse en el Manzanares. Manuel Muñoz Monasterio diseña los edificios en el estilo racionalista de aquella modernidad. Si La Isla era elitista, la Playa era popular, pero ambas fueron destruidas durante la Guerra Civil y se voló la presa. Aunque la Playa de Madrid corrió mejor suerte, ya que fue reconstruida por el mismo autor en 1947, camuflando su estilo internacional con los tejados de pizarra y pináculos que imponía el retrógrado nacionalista triunfante.

Dibujo del Cine Barceló, de Gutiérrez Soto (Autor: Damián Flores)

Si la piscina La Isla desapareció y la Playa de Madrid sobrevivió camuflada como club elitista en estilo imperial, otra iniciativa privada de los años 30 se ha mantenido como solitario emblema de la estética racionalista: la piscina Stella, que ha seguido abierta, en funcionamiento, y ha conservado una intacta imagen náutica asomada al río de coches de la M-30. Quizá debe su supervivencia al temperamento moderno, deportivo e higienista de los habitantes de la Ciudad Lineal, que escogieron aquella zona para estar en contacto con la naturaleza y mantuvieron en uso uno de los mejores espacios de la arquitectura de ocio de la capital.

En tiempos más cercanos irían apareciendo otras piscinas de menor valor arquitectónico, al tiempo que se generalizaba su uso entre los madrileños. A ello contribuyó el famoso Parque Sindical, más conocido popularmente como “la charca del obrero”, de la que se dijo en su momento que era la mayor piscina de Europa, de uso masivo durante los calurosos meses de verano, incorporada a la memoria colectiva de millones de niños madrileños de posguerra. Otras piscinas municipales ocupaban lugares privilegiados, como la Casa de Campo, otras surgían cerca del río, y diversas instituciones, como las universitarias, construyeron sus propios espacios para el baño al aire libre, convirtiendo éstos en un derecho accesible que hoy sería irrenunciable. (Texto publicado en Archi-texturas)

Gran Piscina “El Lago”, carretera de El Pardo, 37, en frente al Puente de los Franceses. “La piscina El Lago estaba situada al final de la Av. de Valladolid, en el solar que hoy ocupa el Hospital de La Moncloa, junto a la via del tren en el Puente de los Franceses.
Yo iba allí a bañarme en el verano en los años setenta, hasta que la cerraron, creo que en 1983.
El ambiente que se respiraba en esta piscina era bueno y sobre todo muy familiar, también solían ir algunos estudiantes, parejas, la gente de los ballets de televisión y los teatros, así como algunos actores de los denominados secundarios. Todos ellos le daban un aire muy liberal, adelantándose a su tiempo, y donde todas las mujeres hacían topless y todo el mundo iba en tanga (incluidos los hombres), siempre de una forma sana y natural, pero que en aquella época llamaba la atención porque era cuando empezaba a verse en España alguna que otra persona extranjera con este destape, las primeras que lo hacían, y sólo en las playas más turísticas….”
(Comentario de Andi a la entrada, VER COMENTARIOS)

Referencias.-

Sambricio, Carlos

Madrid, Vivienda y Urbanismo, 1900-1960

Akal Arquitectura

Madrid, 2004

Dieguez Patao, Sofía

La Generación del 25. Primera arquitectura moderna en Madrid

Ediciones Cátedra

Madrid,1997

Piscina Stella_Ciudad Lineal

(en Historias Matritenses Blog)

Piscina Stella, “Un buque varado en la M-30” (El País, 2010)

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Colonia San Cristobal_2008_04

Colonia San Cristóbal en el Paseo de la Castellana de Madrid

En 1948 se proyecta la prolongación de la Avenida del Generalísimo y surge la Colonia San Cristóbal (1948-1949), resultado de la colaboración entre el Patronato Municipal de la Vivienda y la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, que por aquel entonces instalaba las cocheras de sus autobuses justo en frente de las casas. Con el objetivo de facilitar viviendas asequibles a los empleados de la Empresa EMT, se encarga el proyecto al arquitecto Secundino Zuazo (urbanista comprometido con la República y luego uno de los autores del modelo arquitectónico del primer franquismo, a pesar de haber soportado un largo exilio como castigo a su republicanismo) , que utiliza la bóveda tabicada y el ladrillo en este curioso conjunto de casas baratas de los años 40.
La Colonia se encuentra delimitada por el Paseo de la Castellana desde el número 290, la calle Manuel Caldeiro, la calle Viejas y la calle de Mauricio Legendre, donde se sitúan las cocheras de la EMT de Madrid. Se compone de 25 bloques repartidos en tres filas de seis, ocho y once edificios respectivamente,   cuya característica visual más notable son las arcadas que presiden todas las fachadas anteriores. Entre las filas se reservó espacio suficiente para que fuera posible dedicarlo a zona ajardinada, lo que le dió a este conjunto cierto recogimiento, y un aspecto abierto y agradable en relación con el tráfico de la Castellana y el trasiego de autobuses de la calle Mauricio Legendre.

Colonia San Cristóbal(1948-1949), resultado de la colaboración entre el Patronato Municipal de la Vivienda y la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT), que por aquel entonces instalaba las cocheras de sus autobuses justo en frente de las casas. En las fotos de arriba se aprecia una larga fila de autobuses aparcados en un solar, delante de la colonia. Esta última Imagen es la de varias familias vecinas durante los primeros años de existencia de la Colonia

Imagen de los años 50 de las “ochocientas“, viviendas para trabajadores de la E.M.T. de Madrid, recién construidas un poco más allá del final del Paseo de la Castellana. (La foto la manda Pedro, lector del blog)

Esta otra imagen debe de ser los años sesenta y ya se aprecia la urbanización creciente de la zona. (Foto aportada, por Pedro, lector del blog)

Asociación de Vecinos San Cristóbal

El 27 de septiembre de 1977 se constituyó la Asociación de Vecinos San Cristóbal cuyas acciones reivindicativas en defensa de su barrio a finales de los años 80, fueron recogidas por la prensa de la época. Así, por ejemplo, forzaron a la inmobiliaria DARSA a rebajar el precio de unos pisos que se querían vender a precios de mercado libre cuando se habían construido con subvenciones oficiales. También se enfrentaron al grupo kuwaití KIO, al Banco Central y a los Albertos, con la intención de paralizar el polémico proyecto de construcción de las dos torres de 27 plantas en la plaza de Castilla, conocidas como torres KIO.
Cuando, en 1988, llegaron a la asociación los primeros rumores de que en los dos solares que bordeaban la plaza de Castilla se querían construir dos enormes torres y un hotel de lujo, los vecinos se extrañaron y defendieron tozudamente las irregularidades jurídicas que permitían la edificabilidad de la zona, solicitando la construcción de equipamientos colectivos. Movilizaron al barrio para obligar a paralizar el proyecto, pero finalmente éste siguió adelante. En 2007 otros proyectos más agresivos se desarrollan junto a la colonia y de nuevo vence Goliat frente a David, aunque la leyenda bíblica diga lo contrario.

Con el paso de los años el grupo de San Cristóbal ha quedado fagocitado por un área en creciente expansión urbana de “gran altura” -con las nuevas torres “Madrid-Arena”-, que lo empequeñecen y por un galimatías de carreteras que se despliegan amenazadoramente frente a él. Corren nuevos tiempos.

Album de fotos


Imágenes de la inauguración y entrega de las viviendas del grupo de las “ochocientas” en el Paseo de la Castellana. Este conjunto fue el resultado de la colaboración entre el Patronato Municipal de la Vivienda y la Empresa Municipal de Transportes de Madrid. Según datos que aportan Carlos Mínguez y Pepe Contreras  (VER COMENTARIOS), antiguos habitantes de la Colonia, la Colonia San Cristobal fue inagurada el 24 de Marzo de 1954, vendiéndose al I.V.I.M.A. el 24 de Mayo de 1.954 al  precio de 53.125.081 pesetas y 57 centimos.
Finalmente, el año 1989, el I.V.I.M.A. vende la Colonia San Cristobal a los arrendatarios que hasta el momento la ocupaban.
(Fotos cedidas por Eugenio Cardador)

Fiestas de San Cristóbal, con las viviendas al fondo. Año de 1965, aproximadamente.

Misa en la calle oficiada por el Padre Benito, en la Colonia de San Cristóbal, en 1970.

Celebración de la Primera Comunión de niños de la Colonia, en los años setenta.

Cursillo en la piscina de la Colonia San Cristóbal (años 60).

Imagen de las “ochocientas” con un tranvía que pasa frente a ellas.

Serie de imágenes de la Zona Deportiva de EMT. La fecha aproximada de las fotos  es entre 1963  y  1965. La foto del equipo de fútbol es anterior, de los años 1954 ó 1955 aproximadamente, según Eugenio Cardador, que envía las fotos.

Enseguida empezé a jugar al futbol con dos persona que trabajaban en el campo “de abajo” donde hoy están las cocheras, eran Macias y Molowny, no sé si viven, ¡que partidos!.
Jugue hasta los 22 años, que me fui a la mili, ya en el campo actual. Eramos todos amigos, cuando teniamos que jugar “fuera”, un camión de la EMT con toldo nos llevaba,
¡que lujo!, al campo que ibamos nos miraban con envidia !” (Yesús. Ver comentarios)
(Fotos cedidas por Eugenio Cardador)

Puestos del Mercado de la Colonia San Cristóbal, años sesenta. (Foto cedida por Marian Cediel)

Esta foto es la entrega de un premio al capitán del equipo de Baloncesto “Félix” el huevero del Mercado, por una de las autoridades de la época “el Cura o Padre Don Benito”. Al fondo a la derecha del Padre Don Benito se ve al que fue antiguo Presidente de la Asociación Sr. Mínguez. (FOTO: E. Cardador)

Esta foto es la del Maestro Siles y su rondalla que estaba compuesto de chavales del Barrio, la fecha como dice la foto 19/03/1957. (FOTO: E. Cardador)

Equipo de fútbol de la EMT en 1963.

Primera Comunión, en los años 60, celebrada en la calle ya que no había iglesia en la Colonia.

Grupo de “veteranos” de la Colonia de San Cristóbal en una actividad lúdica conjunta en 1986. (Fotografías cedidas por Elena Mínguez)

Grupo de vecinos de la Colonia en los años 60. (Foto enviada por Victoria B. L.)

Maruchi, Rosi y Vicki, niñas de la Colonia, años 70. (Foto enviada por Victoria B. L.)

Vicki y Amador, niños de la Colonia, años 60. (Foto enviada por Victoria B. L.)

Vecinos de la Colonia San Cristóbal en un viaje comunitario en 1956. (FOTO: Elena Mínguez)

Asociación de Vecinos de San Cristóbal exhibiendo una placa conmemorativa. (FOTO: Elena Mínguez)

Album de fotos en  FACEBOOK


Referencias.-

Plan Bidagor 1941-1946
Plan General de Ordenación de Madrid
Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes,
Comunidad de Madrid, 2003

Sambricio, Carlos
Madrid, Vivienda y Urbanismo 1900-1960
Akal Arquitectura
Madrid, 2004

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