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Archive for the ‘Colegios’ Category

Tienes fotos antiguas de Chamartín

Seguimos insistiendo desde este BLOG en la idea de no dejar escapar las imágenes de nuestra memoria. No queremos perder el recuerdo del pasado, y las fotografías que retienen el testimonio de lo vivido son el mejor instrumento para no olvidar. Se trata de algo que va más allá de la nostalgia. Y buscamos a sus protagonistas.

Si tienes fotografías de CHAMARTÍN  y/o  de Chamartín de la Rosa y quieres colaborar en un proyecto editorial para recuperar su memoria visual y humana, evocando el pasado del distrito, ponte en contacto con el BLOG.
Tu participación aparecerá reflejada en los pies de foto y en los agradecimientos del libro.

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Parroquia de San Matias 1880

Hortaleza, suena a “fortaleza”, pero su pasado no parece estar ligado a estirpes guerreras. No hay restos medievales, aunque sí el testimonio de antiguos palacetes y quintas de recreo que dieron importancia a la villa y que en más de medio siglo se han desvanecido con su anexión, en 1949, al municipio de Madrid.

La villa de Hortaleza

En 1850 Pascual Madoz situaba la villa de Hortaleza en un alto y en terreno irregular con valles y barrancos, con clima benévolo por los aires serranos que ahí se respiraban y, en general, como buena tierra para la vida y el esparcimiento. Entonces Hortaleza tenía 137 casas de mediana construcción, distribuidas en 12 calles y una plaza. Contaba con 77 vecinos y 373 almas.
Las casas principales pertenecían a la aristocracia. Había Ayuntamiento con cárcel, taberna, carnicería y escuela de niños para 35 alumnos y otra escuela de niñas para 18 alumnas. Una fuente pública y tres más en casas particulares abastecían de agua a los vecinos.
La villa limitaba al norte con Alcobendas, al este con Barajas, al sur con Canillejas y al oeste con Chamartín. Había dehesas con prados y montes, como el de la Moraleja, recorridos por los arroyos de Valdebebas y Abroñigal, tributarios del Jarama y del Manzanares respectivamente. Se cultivaban toda clase de hortalizas y cereales, y se criaba abundante ganado lanar y caprino.

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Casco urbano de la villa de Hortaleza 1870.

Palacio de Buenavista

Hortaleza fue lugar de Quintas. De las más notables fue el Palacio de Buenavista, de los marqueses de Santa Cruz, en tierras limitadas por el Camino Viejo de Madrid o camino de Hortaleza (López de Hoyos), el Camino Nuevo (Mar caspio) y el Arroyo de Rejas. La finca estuvo rodeada de jardines y árboles, con un imponente palacete neoclásico y, según dicen, la frecuentó Fernando VII. Tras las vicisitudes surgidas en 1808 por la presencia de las tropas francesas la propiedad quedó abandonada.
El edificio tenía fachadas de ladrillo y mampostería con zócalos de granito. La huerta-jardín tenía dos fuentes de piedra y un alargado estanque con un dios Baco en el centro. A los lados había cipreses formando una plazuela con escalinata y un templete. Había varias norias para mover el agua hasta las huertas, un pozo de nieves, bodega y un molino de aceite.
En 1840 Isidoro Urzáiz compró la finca, que luego vendería a la marquesa de Branciforte para construir en 1882 el Convento de Nuestra Señora de Loreto (Ursulinas), de estilo neomudéjar. En 1936 el Auxilio Social instaló en la finca el Hogar Clara Eugenia para niñas huérfanas. Actualmente pertenece a la Comunidad de Madrid.

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Silo poliédrico de hormigón de la Huerta de la Salud construido en 1928. En la actualidad, 2014, rehabilitado por el Ayuntamiento de Madrid como dotación cultural, se encuentra sin uso. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

La Huerta de la Salud

La Huerta del Cristo de la Salud, de los duques de Frías, ya aparecía en 1752 en el Catastro de Ensenada. La finca ocupaba los límites de las actuales calles Alcobendas, Mar de Aral, Mar de las Antillas y Mar Negro.
El acceso principal se hacía a través de una puerta monumental de granito. En el dintel aparecía una inscripción de 1749 con un verso del poeta Ovidio: “Gaudia sunt nostro plusquam regalía ruri, urbe homines regnant vivere rure daturi” (aunque los hombres reinan en las ciudades, nuestras mayores alegrías las da la vida del campo).
En 1894 la Huerta de la Salud cambió de manos y se reformó. Se añadieron graneros, establos y un silo. De todo ello quedó constancia en una placa colocada junto a la antigua inscripción. En la actualidad solo se conservan la puerta –modificada- y el silo poliédrico construido en 1928.

San Matias 2013

Parroquia de san Matías, de 1879, en una imagen actual retocada. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

Parroquia de San Matías

La iglesia de San Matías, parroquia desde el siglo XVIII, satisfacía las necesidades espirituales de la villa. El proyecto, del arquitecto Enrique María Repullés, aprovechó los cimientos ya construidos de un proyecto anterior y fue inaugurada el 31 de Mayo de 1879. Es de planta rectangular, levantada en ladrillo, de estilo neomudéjar, con una única torre con campanario que se eleva por encima del presbiterio.
Próximo a la iglesia, se encuentran el cementerio y el Convento de los Padres Paules, creado en 1896 y reedificado en 1934, que ocupa los terrenos de la antigua Quinta del conde de Torrepilares.

ERMITA DE LA SOLEDAD

Ermita de Nª Señora de la Soledad de Hortaleza. Detrás la tapia del viejo cementerio de la Villa. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

*Artículo publicado en el nº 242 de Enero de 2014 de la Revista Plácet.

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“Hotel Rubín”, residencia de la familia Soria, en 1908.

En 1908 Arturo Soria y Mata, creador de la Ciudad Lineal, mandó construir “Villa Rubín”, su residencia familiar. Este singular y desconocido edificio, que  ha sobrevivido al paso del tiempo, nos recuerda con su presencia el importante legado que el polifacético y emprendedor Soria dejó a la historia del urbanismo madrileño.

Arturo Soria, el urbanista

Don Arturo Soria y MataArturo Soria y Mata nació en Madrid en 1844 en el seno de una familia modesta  y desde su juventud manifestó gran afición por las ciencias y la ingeniería. Fue telegrafista y se formó como geómetra, desarrollando su faceta de inventor en esta disciplina con aportaciones como el “teodolito impresor automático” o el “avisador de las crecidas de los ríos”.
Fue también escritor, conferenciante y periodista. Sus reflexiones sobre la especulación urbanística, la falta de vivienda y el higienismo le llevaron a idear en 1882 el proyecto de la Ciudad Lineal madrileña. Para llevarlo a la práctica fundó en 1894,  junto con el arquitecto Mariano Belmás y  Estrada, la Compañía Madrileña de Urbanización (C.M.U.), cuyo objeto era la compraventa de terrenos, la construcción de casas de diferentes tipologías, precios y calidades y el desarrollo de una ciudad lineal vertebrada por un tranvía de circunvalación que pusiese en comunicación la nueva ciudad con los pueblos próximos y con la capital.

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Arturo Soria con sus nietos en el hotel Rubín, probablemente en la parte trasera. La fotografía se tomó en 1912 y es propiedad de Emilio Keller Soria. Se encuentra publicada en el Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

La Ciudad Lineal, el proyecto

La Ciudad Lineal de Arturo Soria llegó a alcanzar cinco kilómetros en terrenos del extrarradio, con casas para todas las clases sociales, como respuesta “antiespeculativa” ante la falta de vivienda. En palabras del propio Soria,  había que evitar la “ambición desenfrenada de los dueños de los solares” que dificultaban construir en los límites de Madrid.
En 1911 vivían en la Ciudad Lineal cerca de 4.000 personas y había  más de 700 casas, con tranvías que facilitaban la movilidad. Muchos vecinos fueron conocidos empresarios  y aristócratas y también personajes célebres de la época como el tenor Miguel Fleta o las actrices y cupletistas “la Chelito” y Raquel Meller.

En 1914 llegó la crisis con la suspensión de pagos de la C.M U. A pesar de la recuperación de la empresa, la filosofía original cambió con los nuevos gestores. Los acontecimientos políticos y sociales que marcaron el siglo XX y el descontrol  urbanístico de los años sesenta y setenta  acabaron  por difuminar lo que restaba del utópico proyecto.  Paradójicamente, el fin de la barriada estuvo marcado por esa misma “ambición desenfrenada” que tanto criticó Soria.

“Villa Rubín”, la casa

“Villa Rubín”, llamada así por Julia Hernández Rubín, esposa de Soria, se encontraba en el nº 9 de la calle principal de la Ciudad Lineal. Construida en una parcela de 4.800 m2, pro un montante de 75.000 ptas, contaba con 15 habitaciones repartidas en tres plantas similares pero independientes a las que se accedía por una escalera interior. Sólo la planta principal tenía entrada por la fachada delantera. Al fallecer Soria en 1920, la familia se mudó y puso la finca en alquiler por 8.000 ptas anuales. En 1925 deciden venderla y un año después Francisco de Borja Patiño, industrial y comerciante la adquiere por 250.000 ptas,  sometiéndola a algunas modificaciones estéticas. Además, le cambia el nombre por el de “Villa Ceres”.

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“Hotel Rubín” en la actualidad. La vivienda de Arturo Soria y familia se encontraba en la Manzana 90 y constaba de tres viviendas repartidas en tres plantas con similar distribución. El acceso era independiente por escaleras exteriores laterales. Sólo la planta baja tenía acceso por el frente central del edificio. En el presente se encuentra numerada con el 124 de la calle de Arturo Soria y es utilizada como Residencia de Menores “Manzanares”, dependiente de la Comunidad de Madrid. (Foto: Enrique Fidel, 2008)

Acabada la guerra civil, la finca se incautó por el Auxilio Social que la llamó Hogar Villa Ceres y la destinó a las actividades humanitarias propias de la organización, acometiendo nuevas reformas que cambiaron por completo su aspecto original. Acabadas las obras se inauguró con el nombre de Hogar Alto de los Leones con capacidad para 120 niños huérfanos de ocho a doce años.

En 1975 la antigua Villa Rubín” cambió de nombre otra vez por el de Residencia para menores Manzanares a cargo de la Diputación provincial. Hoy día el edificio es residencia para menores extranjeros no acompañados con el nombre de Centro de Adaptación Cultural y Social Manzanares dependiente de la Comunidad de Madrid.

(Publicado en el nº 241 de la revista Plácet en diciembre de 2013)

Referencias.-

Maure Rubio, Miguel Angel
La Ciudad Lineal de Arturo Soria
Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.
Madrid, 1991 ISBN 84-7740-048-2

Soria y Mata, Arturo
Tratados de urbanismo y sociedad
Clan Libros
Madrid, 2004

López Díaz, Jesús
La vivienda social en Madrid, 1939-1959.
UNED, Espacio, tiempo y forma, 2002.

Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Enciclopedia Madrid Histórico

Historias Matritenses
Blog con extensa información sobre la Ciudad Lineal

Cruzar el Estrecho a los 15 años (Madrid Diario, 26/11/2010)

Revista Plácet

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6. Chamartin de la Rosa1930
Chamartín o Villa de las Rosas fue aldea realenga y extenso señorío ligado a la Casa del Infantado-Pastrana. En 1808 Napoleón Bonaparte instaló allí su cuartel general y expidió las capitulaciones de Madrid. Su anexión al municipio de la capital en 1948 perfiló su actual fisonomía como distrito del norte madrileño.

Chamartín de la Rosa

La Villa de Chamartín de la Rosa, situada al norte de Madrid, estaba habitada por campesinos, pastores y jornaleros. De origen incierto, parece que en el siglo XIII el lugar ya era conocido con ese nombre. En el siglo XVI, siendo aldea real, Francisco de Garnica Contador Mayor de la Hacienda del Rey adquirió algunas fanegas en Chamartín con coto y bosque, donde construyó una casa rodeada de estanques, fuentes y huertas y a la que el rey Felipe II solía acudir. Años después la propiedad fue adquirida por Don Diego Hurtado de Mendoza, III Duque del Infantado. En 1627 la Corona vendió el realengo a Francisco de Trejo y Monroy, primer señor de Chamartín con el título de Marqués de las Rosas. Luego pasaría a manos de los Marqueses de Almodóvar del Río. En 1679 la adquirió la IV Duquesa del Infantado-Pastrana, uniendo Chamartín a sus posesiones. En 1751 Chamartín tenía 45 vecinos y cerca de cien habitantes que ocupaban 27 casas. Había una taberna-mesón que era también tienda de abacería, bodegón y carnicería. Se cultivaban cereales y explotaba una pequeña cabaña de ganado lanar. En 1851 existían dos calles y el caserío albergaba unas trescientas personas.

En Chamartín no había hospital ni escuela. Tampoco había alumbrado en las calles ni fuente pública y el agua se obtenía del cercano arroyo de “la Alcubilla”. A falta de cementerio los enterramientos se hacían en la iglesia.

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Pueblo de Chamartín en 1932. Al fondo el palacio de Louis Guilhou.

Napoleón en Chamartín

En 1808, Napoleón decidió dirigir personalmente la conquista de Madrid, y tras cruzar Somosierra, llegó a Chamartín el 2 de diciembre de 1808 incautándose del palacio nuevo de los Duques del Infantado- Pastrana donde instaló su cuartel general. Desde allí exigió la rendición de Madrid y expidió numerosos bandos y decretos, entre ellos la abolición de la Inquisición. Firmada la capitulación, el día 21 de diciembre Napoleón dejaba Chamartín y salía de Madrid dejando a su hermano José Bonaparte como regente.

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Plano de Facundo Cañada de 1900, con detalle de Chamartín.

San Miguel y la Quinta de “San Enrique”

La iglesia era la de San Miguel, situada entre los dos palacios de los Duques. De estilo algo indefinido, por las muchas intervenciones sufridas, la traza de su planta de cruz latina y la fábrica de ladrillo sugieren que pudo construirse con anterioridad al siglo XVI. Antes hubo una pequeña ermita, llamada de la Magdalena, situada algo más al norte. En 1848 el banquero francés, Louis Guilhou –administrador de la Compañía General de Crédito en España- se estableció en Chamartín, adquirió numerosas tierras y construyó un palacio ajardinado conocido como Quinta “San Enrique”. Guilhou abrió una tahona y una fábrica de curtidos en la calle Platerías, que se sumaron a dos molinos de chocolate ya existentes. En 1932 se estableció en la Quinta el Colegio Nacional de Ciegos, que con el tiempo se convirtió en sede de la Fundación ONCE.

Antes de que existiera la parroquia de San Miguel hubo una pequeña ermita, llamada la Magdalena, situada algo más al norte de la villa de Chamartín.

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Palacio de Louis Guilhou, propiedad de Fundación O.N.C.E. (Foto: Enrique F. Rojo, 2013)

De palacios a colegios

En 1859 el XI Duque de Pastrana cedía el “palacio nuevo” a las religiosas del Sagrado Corazón para crear un colegio. En el centro, con noviciado, se educó la “buena sociedad” del momento y fue considerado uno de los mejores colegios femeninos para la burguesía madrileña. En 1931 un incendio destruyó el antiguo palacio. En 1974 un nuevo edificio dio albergue a la actual institución. El colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, se constituyó en 1879 por cesión de “El Recuerdo” a la Compañía de Jesús. La finca de los Duques conservaba el “palacio viejo” con sus frondosos jardines, huerta y fuentes. Pero debido a su mal estado, en 1883 se construyó un nuevo edificio, obra del Marqués de Cubas, que con el tiempo también se derribó, dando paso a nuevas y más modernas instalaciones. El Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, conocido como los Jesuitas de Chamartín, ha sido considerado como uno de los más importantes centros escolares de Madrid en el siglo XX. (Artículo publicado en Plácet,  Nov/ 2013)

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Chamartín de la Rosa en 1905. Tranvía de vapor de la C.M.U. y, al fondo, el palacio de los duques de Pastrana.

Referencias.-

Revista Plácet (Noviembre , 2013) PDF
Distrito de Chamartín de la Rosa (Blog URBAN IDADE)

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Trabajos de derribo de la antigua sede de Gerencia de Urbanismo. (Foto: Enrique F. Rojo, diciembre 2013)

Hace unas semanas comenzó la demolición de la antigua sede de Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid situada en el distrito de Chamartín, que ocupa una supermanzana entre las calles Guatemala, Paraguay, Puerto Rico y Alfonso XIII, uno de los solares más cotizados puestos a la venta por el Consistorio.

Este hecho no tendría mayor relevancia, conocida la complacencia con la que el Ayuntamiento de Madrid se está dando en estos últimos tiempos a la enajenación del patrimonio municipal, de no ser por lo excepcional de la operación y por la insólita procedencia de los promotores.

Gerencia urbanismo

Edificio de Gerencia de Urbanismo, en la calle Guatemala 13. (Foto: Luis Sevillano, El País 1/08/2012)

Este verano, de acuerdo con el “Plan de Gestión Patrimonial”, aprobado en 2012 para ingresar  fondos a las arcas municipales por la vía de urgencia, la propiedad en cuestión  se adjudicó , según la fórmula  anunciada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM),  a la “oferta más ventajosa para los intereses municipales“. Y esta fue  la de una cooperativa de padres de alumnos de los colegios privados Santa Catalina de Sena y Sagrado Corazón, situados enfrente y al lado respectivamente -la única oferta, por cierto-, que lograron ampliar sus iniciales expectativas para crecer rápidamente con nuevos socios, ajenos ya a los centros, hasta un total de 205 que serán los adjudicatarios de las viviendas.

Los cooperativistas pagarán por el solar 65 millones de euros frente a los 75  que inicialmente había previsto Alberto Ruiz-Gallardón en 2012 cuando se dio luz verde a la operación.
Como garantía para hacer viable el negocio existe ya el compromiso de la cadena de supermercados Mercadona para ocupar parte de los bajos comerciales del edificio.

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Antigua sede de Gerencia de Urbanismo en plena demolición, desde la esquina de la calle Puerto Rico con Guatemala. (Foto: Enrique F. Rojo, diciembre 2013)

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Antigua sede de Gerencia de Urbanismo, detalle de la demolición. (Foto: Enrique F. Rojo, diciembre, 2013)

El inmueble que se ha comenzado a demoler ocupa una parcela de 14.190 metros cuadrados sobre los que se podrán desarrollar 32.000 metros cuadrados edificables en una nueva parcela edificable de 9.190 metros cuadrados, en el que se pretenden construir unas 200 viviendas con superficies desde los 50 m2 –1 dormitorio-, hasta más de 200 m2 y 5 dormitorios, en cuatro bloques de 7 y 14 alturas, a razón de 3.365 euros más IVA por metro construido, y contarán con piscina y pista de pádel, aparte de un gran garaje y trasteros. El resto de la superficie acogerá una zona verde de uso público de 4.500 metros cuadrados, un eje arbolado y 500 metros cuadrados de nuevo viario.

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Construcción de la “Estación de Trolebuses” en 1951. La imagen se orienta hacia el sureste y nos permite ver la colonia Unión Eléctrica, en segundo término, y detrás, en el centro,  se adivina la torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en la calle de Ramón y Cajal, junto con la línea de casas de la colonia Primo de Rivera. (Foto: CEDEX)

El viejo edificio de Gerencia de Urbanismo, obra de 1951 del arquitecto Ignacio Fiter Clavé, en colaboración con el ingeniero Carlos Fernández Casado y la participación de la constructora Huarte y Cía,   se construyó como nave donde guardar los trolebuses y más tarde se utilizó como depósito para los vehículos retirados por la grúa municipal. Era un laberinto de interminables pasillos y salas, con vericuetos en los que era fácil desorientarse, con algunas zonas cerradas por la falta de matenimiento. En 2001 hubo un proyecto de remodelación, que nunca llegó a realizarse, que incluía añadir una planta más y la colocación de un muro de vidrio rematado por una marquesina gigante, con un presupuesto de 3.500 millones de pesetas, 21 millones de euros actuales.

El complejo de la “Estación de Trolebuses” constituía una sólida estructura de acero y hormigón armado con fachadas de ladrillo visto, organizadas según un riguroso orden vertical de huecos, con zócalos y cornisas de granito para los encuentros inferior y superior. De planta rectangular, con un enorme patio central para las cocheras, se distribuía perimetralmante a través de las viviendas de los trabajadores y de las oficinas administrativas. La entrada a las cocheras se hacía desde la calle Alfonso XIII y el acceso a las oficinas desde el número 13 de la calle Guatemala.

La estrategia compositiva “militar” del inmueble, su eficacia, su programa híbrido ligado a cuestiones de movilidad urbana (cocheras, viviendas, oficinas), o la sencillez de la construcción en ladrillo frente la representativa portada de granito en el acceso rodado (para los trolebuses), configuran una muestra muy particular del Patrimonio Urbano y Arquitectónico de Madrid, una edificación que, si bien no aparece como una “joya” en las guías de arquitectura de la ciudad, sí presenta un interés muy especial a nivel histórico, urbano y cultural”. (Blog MADC Texts, 2012)

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Infografía del proyecto de viviendas que la Sociedad Cooperativa Madrileña EAI 310 construirá en el solar del antiguo edificio de Gerencia de Urbanismo.

Referencias.-

Plan Parcial que detalla los nuevos parámetros urbanísticos del solar del número 13 de la calle Guatemala. (Ayuntamiento de Madrid, 26/04/2012)

La gran subasta de propiedad municipal (El País, 1/08/2012)

Impactos urbanos después de la burbuja (Blog MADC Texts, 2012)

Una cooperativa comprará la antigua sede de Urbanismo para hacer pisos. (El País, 24/06/2013)

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Mateo Inurria Escuela gratuita

Calle Mateo Inurria, antigua Escuela gratuita de Chamartín, derribada en el verano de 2013.

Como ya se ha comentado en este blog, parece que el verano es una época propicia para el derribo de edificios, al menos en Madrid. En verano, como se produce un éxodo importante, las acciones son más discretas y pasan desapercibidas.
En esta ocasión, el mes de septiembre nos ha sorprendido con el derribo de un edificio poco conocido, lo que no le restaba, a mi juicio,  valor histórico, además de una singularidad arquitectónica resaltable.

Se trata de la escuela gratuita o pabellón para niños pobres del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, que se encontraba en la calle Mateo Inurria, a la altura del número 37. Esta construcción, fechada en 1927, fue proyectada por Manuel Cárdenas y Pastor, en fábrica de ladrillo, con gran sencillez volumétrica y compositiva, con la realización de aparejos que recuerdan al neomudejar madrileño, para entonces ya en desuso.

Tenía en origen una superficie de 585 m2  y una sola altura con fachada a la calle y patio de recreo en la trasera. Tenía dos puertas laterales en la fachada principal desde las que se accedía a las aulas, con una capacidad para 200 niños. Además, disponía de cuatro dormitorios independientes para maestros. Había sido construido por los jesuitas del Recuerdo para que asistiesen los hijos de gentes humildes y recibieran una educación confesional afin al ideario de la orden. Muy cerca, anejo al colegio del Sagrado Corazón existe un edificio contemporáneo con una fachada de similar factura en el número 4 de la avenida de Burgos, seguramente  de Cárdenas, -aunque se ha revocado y no muestra los aparejos de ladrillo- que en la actualidad desempeña la función de pequeña residencia de ancianos con el nombre de Santa Filipina.

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Fachada de la antigua Escuela gratuita de Chamartín, derribada en el verano de 2013. (Foto: Google Maps, 2012)

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Solar del lugar en el que se encontraba la antigua Escuela gratuita de Chamartín, en la calle Mateo Inurria, derribada en el verano de 2013, (Foto: Enrique F. Rojo, 2013)

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Imagen de la nueva construcción con fecha de 21 de febrero de 2014, vista desde la calle Mateo Inurria. (Foto: Enrique F. Rojo, 2014)

En noviembre de 1932 el gobierno de la Segunda República se había incautado del conjunto escolar -al disolver la compañía en España-, y este edificio,  fue rebautizado como escuelas graduadas Francisco Ferrer. El  colegio pasó a a ser administrado por el ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, al que  pertenecía la barriada de Tetuán de las Victorias, y en él se construyó una cantina escolar en la que, de noviembre a abril, los niños seleccionados entre aquellos más necesitados o hijos de padres parados, recibían instrucción y la comida del mediodía. En algún momento del siglo XX, y casi seguro que antes de 1936, se añadió una altura más, de igual traza a la planta inferior, aunque guarnecidos los muros, doblándose, por tanto, su volumen y su capacidad. Y así se podía ver hasta antes de su derribo.

Al parecer, el derribo forma parte del proyecto de supermegacolegio aprobado en 2009 por el Ayuntamiento de Madrid y por el que se interesó personalmente el entonces alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, ex alumno del centro.

En el lugar ocupado por  la la escuela gratuita derribada se construirán dos nuevos inmuebles donde se ubicarán el edificio de preescolar y otro de aulas que ocuparán una superficie de 10.200 metros cuadrados, con una altura de tres plantas más ático

Planta antigua Escuela gratuita de Chamartín, derribada en el verano de 2013, de M. Cárdenas, 1927.

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Alzado de la antigua Escuela gratuita de Chamartín, derribada en el verano de 2013, de M. Cárdenas, 1927.

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Situación de la Escuela gratuita de Chamartín, derribada en el verano de 2013, de M. Cárdenas, 1927.

Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo

El Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, de los padres jesuitas, se constituyó en 1879 a partir de la cesión por parte de los duques del Infantado de la finca “El Recuerdo”, en donde se encontraba el llamado “palacio viejo” en el entonces pueblo de Chamartín, a la Compañía de Jesús. La finca conservaba este antiguo caserón de la casa del Infantado y los frondosos jardines que la rodeaban.
El nuevo colegio, obra de Francisco de Cubas (marqués e Cubas) y de Francisco Rabanal, se inauguró en 1883, al considerar que el “palacio viejo” se encontraba en mal estado y no reunía las condiciones necesarias para ejercer las actividades académicas. En 1920 se inauguró la casa de ejercicios espirituales, obra del arquitecto Modesto López Otero. El edificio estaba inspirado en la casa-torre de Ignacio de Loyola, en Azpeitia  y es de estilo neogótico-mudéjar.

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Fachada del Colegio de Chamartín y jardines. (Foto: Andrés Fabert, 1925)

En la actualidad sólo queda en pie la casa de ejercicios espirituales, pues el “palacio viejo”,  el colegio nuevo y, ahora,  la escuela gratuita, fueron demolidos para dar paso a instalaciones modernas, sin atender a otro tipo de razones o criterios que pudieran haber justificado su conservación.
El Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, conocido como los Jesuitas de Chamartín, ha sido considerado como uno de los más importantes centros escolares de Madrid en el siglo XX.

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Antigua Casa de Ejercicios, de M. López Otero, 1920.

La foto muestra una vista aérea de la finca “El Recuerdo” .  A la izquierda se puede ver lo que quedaba de los jardines y el nuevo colegio, de 1920. En el centro aparece el el NUEVO EDIFICIO que sustituyó al “palacio viejo”, en estado semirruinoso y ya inservible como centro educativo, que posteriormente sería derribado.

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Estas dos tomas, de 1949, dan una idea del aspecto de las antiguas fincas de los duques del Infantado. La de la izquierda corresponde a las antiguas instalaciones del Colegio Sagrado Corazón en el “Palacio Nuevo”, y detrás se adivinan los edificios del Colegio del Recuerdo. Por la perspectiva de la toma, la foto probablemente se hiciera a la altura de lo que hoy son las instalaciones de Policía Nacional en la Avenida de Pio XII, en el viejo pinar, al borde de la M-30. La segunda foto muestra una panorámica aérea del conjunto de las dos fincas. En primer término el Colegio Sagrado Corazón y detrás el Colegio del Recuerdo.


Referencias.-

Lasso de la Vega Zamora, Miguel
Quintas de Recreo (Libro I)
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 2006

Baldeón García, Alicia de
López Marsa, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 1985

La Libertad (diario)
30/ noviembre/ 1932

Distrito de Chamartín de la Rosa  (Urban Idade)

Arquitecto Manuel Cárdenas Pastor   PDF

Arquitecto MODESTO LÓPEZ OTERO  PDF

El Ayuntamiento da luz verde al macrocolegio jesuita de Chamartín (Madrid Diario.es, 23/06/2009)

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Presencia de una ausencia, de Pablo Serrano. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

PRESENTACIÓN EN EL CENTRO CULTURAL “NICOLÁS SALMERÓN” DE MADRID

Con motivo de la inauguración en el Centro Cultural Nicolás Salmerón de Madrid de una exposición antológica de los últimos treinta años de carrera del escultor Pablo Serrano, en la tarde-noche del lunes 25 de febrero de 1985 se realizó en el patio del Centro, sobre una pieza donada por el artista,  el acto simbólico de la “quema del objeto”. (ABC, 26/02/1985)
Mientras de fondo sonaba el “Aleluya” de Haendel, en el interior de la obra, denominada por su autor “de la presencia de una ausencia“, se quemaba un cubo de cartón que al consumirse descubría la presencia simbólica del objeto quemado en el espacio vacio surgido.

En esta obra el centro, el interior, cobra protagonismo. Una forma, un objeto destinado a ser destruido. La construcción del vacío que se genera a consecuencia de la destrucción de ese objeto mediante el fuego. La quema como acto conceptual. La destrucción produce un nuevo objeto artístico. La quema (destrucción) conduce al vacío (construcción). Lo que permanece, para Serrano, es la presencia de una ausencia.

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Presencia de una ausencia, de Pablo Serrano. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

El espíritu (…) también en esta materia  pertenece  a cada individuo; él es tiempo ilimitado. Tenemos consciencia de los espacios. Creemos en tiempo y espacio limitado. Nos hacemos, nos continuamos (tiempo y espacio ilimitado). Realizamos otro objeto extendiendo al infinito las características de él. Tomamos un cuerpo de materia si hacemos desaparecer el primer objeto y nos quedamos otro espacio / PRESENCIA DE UNA AUSENCIA /”. (Pablo Serrano)

Esta “quema del objeto nocturna” ya la realizó Serrano en 1980 en la exposición antológica celebrada en la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, y en la plaza de España de Alcañiz (Teruel) en 1981, donde la obra, similar a la madrileña, se acabó por situar frente a la fachada del Hospital de Alcañiz, en la calle del doctor Joaquín Repollés .

OBSESIÓN ARTÍSTICA DE SERRANO

Lo curioso de esta obra, como una constante en la carrera de Serrano -también hay otra pieza similar en Andorra (Teruel)-, y a la que dedicó una investigación casi obsesiva, es el escaso interés que parece que ha despertado entre sus propietarios. La o las piezas en cuestión fueron donadas por Serrano a los ayuntamientos que ahora las poseen y, por lo general sirvieron para representar el mencionado rito de destrucción-creación a través del fuego. “Tomar el fuego o darse al fuego, destruir o consumirse; tal es el giro psicológico que transforma todos los valores. Por el fuego todo cambia. El fuego es interno o externo; el externo es mecánico, corruptor y destructor; el interno es espermático, engendrador, madurador” -decía Serrano.

PLACA JARDINES 2012-small

Ayuntamiento de Madrid. Jardines del Centro Municipal de Mayores “Nicolás Salmerón”. Inaugurados el 17 de Febrero de 1995 por el Excmo. Alcalde de Madrid D. José Mª Álvarez del Manzano López del Hierro“. (Foto: Enrique F. Rojo, 2012)

DESINTERÉS DE LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS

Las esculturas como la de Madrid o Alcañiz fueron ubicadas en espacios acordes al carácter de la obra y con el tiempo se trasladaron a otros lugares. Ahora se encuentran  en medio de zonas de paso, sin interés o medio escondidas. En el caso de la que se situó en Madrid, en el patio del Centro Cultural Nicolás Salmerón, en 1995 se reubicó en una especie de parque fuera del recinto original. Este parque, cerrado con una verja y con aspecto de un jardín privado, fue inaugurado el 17 de febrero de 1995 por el entonces alcalde Jose Mª Álvarez del Manzano, con el fin de servir de zona verde para las personas que acudían al Centro de MayoresNicolás Salmerón”. Durante 13 años sólo se utilizó para algún campeonato de petanca y, desde 2008, aproximadamente, hasta mediados de 2012 sólo se abría por el personal de Parques y Jardines para su mantenimiento, escaso por otra parte.

Puerta y candado_2011

Detalle del cierre del parque en 2011.

Así, la escultura ha permanecido olvidada, en medio del parque, abandonada y, por periodos,  devorada por la maleza. En la actualidad el parque se abre en el horario en que se mantiene abierto el Centro de Mayores. Parte del ajardinamiento se ha desmantelado y se mantiene un vallado de obra junto a material de albañilería en estado de abandono total. Ya sea por ser poco conocido y quizá también por su ubicación en umbría, este espacio verde con obra de arte incluida a penas tiene visitantes. Solamente lo frecuentan los gatos, que han hecho del lugar un refugio, y algunos perros  con sus dueños.

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Acaba de salir a la calle la segunda edición de La Prosperidad 1862-2012.
El libro ha tenido una acogida extraordinaria y ha agotado las existencias de la primera edición en el almacén de Temporae-La Librería en algo menos de dos meses, lo cual me satisface enormemente como autor del mismo. Espero que esta segunda edición siga los mismos derroteros.
A pesar de que la campaña de promoción no fue muy intensa, si han sido numerosos los medios ( El País, en una bonita columna de Rafael Fraguas, la revista PLACET, en un artículo de Alfonso Espinosa, la Gaceta Local, en su edición de Madrid Norte, la publicación histórica Madrid Histórico,  el semanario gratuito Gente-Norte, un elegante reportaje en Tele Madrid, etc.) que se han hecho eco de la publicación del libro. Incluso hubo algunos a los que no pude atender por problemas de incompatibilidad de fechas y horarios, muy a mi pesar. Mi agradecimiento a todos ellos por su interés.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos aquellos que se han fijado en el libro. Quienes lo han comprado; aquellos que acudieron a las presentaciones y se acercaron a conocerme y a darme sus opiniones y consejos; aquellos que quisieron que les dedicase el libro y me felicitaron. Hubo quien dijo que le emocionó su lectura, por las evocaciones que le sugirió. Hubo quien echó en falta más cosas y más casas, y mi respuesta fue: “Manda el espacio, manda la editorial y no cabe todo”. Y es verdad.  También manda el tiempo, que casi siempre es escaso.

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Gente Digital. Mención al libro La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

También he de agradecer a los distribuidores por su labor, algunos soberanamente implicados por ser un libro de su barrio. Han sido muchos los vecinos de la Prosperidad que con su publicación se han reencontrado con su barrio, lo cual rinde al autor la emoción de haber ejercido de artífice en la recuperación de su memoria en quienes, siendo parte de su historia, habían perdido el hilo conductor que a él les unía.
Como hacer capítulo de aquellos a los que debo agradecimiento por La Prosperidad 1862-2012 sería repetir lo que ya figura en el apartado de “agradecimientos” del libro, prefiero reproducirlo textualmente:
Han sido muchas las personas que han ayudado a que este trabajo saliera adelante. Desde el anonimato y con el interés de que el proyecto fructificase se sumaron a lo largo de 2012 vecinos de la Prosperidad y algún amigo amante de la historia de Madrid que aportó su valioso consejo y diverso material gráfico. No sería justo dejar de citar algunos nombres: Miguel Rodríguez, Ricardo Márquez, Carlos Moreno García, Benito Aguero, Enós Pastrana, Isabel Blas, Isabel Gea, Julia Alonso, Liliane Salvetat, María Jesús Martínez, Paco Montesinos, Rafael Blasco. Para todos ellos mi agradecimiento. Gracias también a la gerencia de Ballesol Principe de Vergara, a María Jesús de Temporae, y a Elvira Navarro, escritora y también bloguera, por su generosidad y por tan excelente prefacio. Gracias también a aquellos que mostraron su disposición hacia el libro y que, por falta de espacio, no han visto su participación reflejada en el. Si he dejado de nombrar a alguien, le ruego me perdone tan inexcusable olvido”.

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Imagen del reportaje de Luis Azanza / José Dávila en el espacio Madrid Oculto del Diario de la Noche de Tele Madrid, el 4 de octubre de 2012.

Como resumen del libro, mejor que una disección pacata e insignificante encaminada a no desvelar su contenido, bien puede valer una somera entrevista que me hizo Enrique Villalba el 20 de septiembre de 2012, mucho más fructífera y reveladora, en Madrid Diario.  Aunque Enrique también me hizo algunas fotos en el lugar donde tuvo lugar la entrevista, en la Plaza de la Prosperidad, no las publico aquí por la poca justicia que me hacen. A continuación, la entrevista tal y como se publicó en Madrid Diario:

Enrique F. Rojo (Madrid, 1964) es técnico de televisión, bloguero y escritor.
Su primer libro, editado por Temporae, es ‘La Prosperidad. 1862-2012‘, un recorrido en imágenes de este barrio de Chamartín, que cumple 150 años.

¿Porqué escribió este libro?
Es mi barrio. Me he criado aquí y he visto su evolución constante y paulatina. Uno va perdiendo la memoria de cómo han sido las cosas. No eres consciente de los cambios hasta que recapacitas y te das cuenta de cómo ha cambiado la fisonomía del sitio donde has vivido.

Prosperidad hace no mucho era casi todo campo.
Fue una de las primeras periferias de Madrid. Cuando la ciudad comenzaba a agrandarse con el ensanche de Castro, en 1862 comienza a gestarse el germen del barrio. Es cuando comienzan a venderse las primeras parcelas y a construirse las primeras casas bajas.

¿Cómo fue creciendo el barrio?
Cuando el barrio se crea, surge en torno al camino de Hortaleza -actual López de Hoyos-. El barrio se gestó sin ningún tipo de ordenación. Era todo lo contrario a los barrios planificados del ensanche de entonces. Los inmigrantes se fueron estableciendo en función de las parcelas que adquirían, construyendo de forma anárquica y sobre suelo rural. Se puede comprobar en un trazado urbano de calles estrechas y casas bajas. Era un pueblo. Algunas calles eran apenas caminos que hacían las veces de ramal de la vía principal, como la calle Canillas, que llevaba al pueblo del mismo nombre. La plaza de Prosperidad era un descampado que quedó libre y que no se ocupó, hasta que quedó como plaza. Era el lugar que servía de mercado al aire libre hasta que a mediados de los 50 se construyó el mercado municipal de Prosperidad. En 1973 se amplía la línea 4 de Metro y el barrio adquiere otra dinámica.

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Gente Digital. Reportaje del libro “La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

Abundaban los tejares…
Por el barrio pasaba un desagüe, con acueducto incluido, del arroyo Abroñigal que se conocía como el ‘canalillo’. Aprovechando el agua, se establecieron muchos tejares que daban servicio a la construcción del barrio y a las casas del ensanche.

¿Quién vivía en Prosperidad en esa época?
Casi todos eran peones de la construcción, trabajadores no especializados y gente de servicio que iban a trabajar al barrio de Salamanca y el ensanche. Luego se fueron creando villas de veraneo para la gente del barrio de Salamanca, para huir del calor de la concentración de la ciudad. La gente iba en el tranvía a trabajar al centro, aunque, al parecer, no funcionaba muy bien.

¿Cómo vivió el barrio la Guerra Civil?
No he querido entrar en ese tema. Se estableció una checa en una esquina de López de Hoyos. Los pequeños episodios generaron tensiones. En ese momento, la Prosperidad era un barrio de peones y tenía una tradición más de izquierdas. Todavía hay vestigios de la guerra. En el colegio Luis Bello, por ejemplo, hay un refugio antiaéreo y se llegaron a plantear pasadizos hasta la calle Pradillo.

Abundaban los centros de beneficencia…
El suelo era barato y había mucha necesidad. Daban servicio a vecinos del barrio y otros vecinos. Hay que entender que la gente vivía hacinada y sufría muchos problemas y enfermedades, como la tuberculosis. Había otras instituciones, favorecidas por la aristocracia. Por ejemplo, la viuda de Canalejas cedió un hotelito que usaba de casa de vacaciones para hacer un centro femenino. También la Asociación de Amigos de la Enseñanza, que daba servicio a niños y a adultos; y el centro de artistas y escritores, que mantuvo a intelectuales sin recursos como Ciro Bayo.

¿Qué ocurrió en el desarrollismo?
En esa época, todo lo que olía a naftalina se lo cargaban. La Prosperidad perdió ese aspecto de ser un pueblo encajado en una ciudad. El ánimo renovador y la especulación eliminó las viejas construcciones por otras modernas que hoy se consideran nefastas. No obstante, todavía quedan elementos diferenciadores como las casas bajas de neomudéjar y las colonias, que son como islas en plena ciudad.

En el libro afirma que el vecindario se aburguesó.
Está motivado porque todas las construcciones que se hacen nuevas desde los años 60 pretenden tener un mayor estatus. Las casas comenzaron a ser de más categoría. Atrajeron a otro tipo de perfil social, aburguesando el barrio. A cambio, empujó a los antiguos habitantes, que en muchos casos, con el dinero de la expropiación no se podían permitir comprar una casa en la zona. Este proceso se nota sobre todo en los límites del barrio: Clara del Rey, Santa Hortensia, Príncipe de Vergara y Ramón y Cajal.

¿Los vecinos siguen considerando la Prosperidad un pueblo?
Sospecho que cada vez menos. Las generaciones más antiguas desaparecen y los herederos olvidan o emigran. A cambio, se ha incorporado nueva población que ha asumido que es un barrio más, a pesar de que tuvo un pasado con personalidad propia. 
(Enrique Villalba , 20-09-2012 )

Gaceta Local-octubre 2012-2

Página de La Gaceta Local que recoge la publicación del libro “La Prosperidad. 1862-2012.”

Referencias.-

La Prosperidad 1862-2012 Facebook

Temporae Editorial Facebook

La Prosperidad / Temporae Blog

La Prosperidad 1862-2012″, historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid/ Entrada Blog sobre el libro

Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Madrid)/ Blog Urban Idade

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Mis recuerdos

Creo que no tengo mucha memoria, porque a pesar de llevar viviendo en el mismo barrio desde la infancia, me falta la capacidad para recordar con exactitud cómo era cuando empecé a conocerlo. No llego a saber qué edificios y lugares había por los alrededores antes de que la voracidad especulativa acabase con su vieja y abigarrada estampa. Lo que si me parece recordar, cuando camino por sus calles estrechas, es haberlas visto salpicadas de casitas antiguas de una planta que se alternaban con edificios de pisos, también antiguos. Luego me queda la sensación de que desde mediados o finales de los setenta los derribos y las nuevas construcciones eran una escena cotidiana. Sin embargo, cuando veo fotos del barrio de esas fechas, soy incapaz de recordar los edificios que ya no existen o los antiguos espacios que fueron transformados o eliminados.

Viejo edificio en la Calle de Antoio Zapata nº 7. Un auténtico “superviviente”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Haciendo memoria
Quiero hacer memoria del viejo barrio de la Prosperidad. Y en este recorrido nostálgico voy a utilizar recuerdos ajenos de lectores  del Blog, de memoria más ágil que la mía, que han ido dejando en algunas entradas.   Ángel  y Carlos, que además me ha enviado unas fotos,  emocionan con sus poéticas evocaciones. Muchas de las imágenes que ilustran estos recuerdos fueron  publicadas también en diferentes posts, y otras las he tomado en préstamo a Isabel Gea, vecina del barrio durante un  tiempo, que retrató algunos edificios que formaron parte del entorno de la Prospe  y que han ido desapareciendo poco a poco.

Edificio de 1927 en la calle de Canillas nº 7 y detalle de la fachada. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Mis recuerdos del barrio de la Prosperidad comienzan con la calle de López de Hoyos,  calle larga y en algún tramo sinuosa y estrecha. Esta calle nace junto al Paseo de la Castellana, en unión con la calle Pinar, muy cerca de la Residencia de Estudiantes y del Museo de Ciencias Naturales.  Antiguamente fue el camino que conducía al pequeño pueblo de Hortaleza y en 1905  cambió su nombre por el del preceptor de Miguel de Cervantes que ahora lleva. López de Hoyos  es para mí una calle evocadora, aunque de recuerdos vagos, dado mi carácter olvidadizo. Desde muy pequeño he vivido en las proximidades de la calle General Mola (Príncipe de Vergara) cuando todavía acababa en Francisco Silvela, muy cerca de la glorieta de López de Hoyos. Esta rotonda, que hasta 1980 se llamó de Ruiz de Alda, por el aviador famoso del Plus Ultra, marcaba la frontera de una zona que espacialmente ya no me pertenecía, pues yo vivía más arriba, junto al parque de Berlín (1967). Sin embargo, cruzando por López de Hoyos, junto a los descampados de la futura prolongación de General Mola se llegaba al entramado de calles estrechas de la Prosperidad, al norte del eje principal, que era más mi territorio, pues al otro lado de la calle también comenzaba a desorientarme. López de Hoyos era y es la calle más comercial del barrio y ahí se encontraban el mercado, los comercios más importantes y, por supuesto,  los cines. Curiósamente, en los últimos años, parte del comercio ha abandonado la vieja calle comercial y se ha mudado a la calle Suero de Quiñones, mucho más modesta en dimensiones pero que le quiere tomar el relevo en actividad comercial y trasiego de gente.

Cine López de Hoyos-2007Antiguo Cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine en los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones, bautizos y celebraciones del género. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva dedicación ligada a las nuevas modas sociales.  Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo,2007)

Los cines del barrio

En la zona de López de Hoyos los cines mas populares eran el “López de Hoyos”, con ofertas de 2,50 ptas. los jueves y el Covadonga” a 2,00 ptas. Algunos cahavales se divertían poniendo monedas de 5 y de 10 céntimos en los railes del tranvía y otros hacían lo mismo pero con cables de cobre de las obras, para después vender lo que quedaba al chamarilero de la calle Gabriel Lobo. Luego se iban al cine Covadonga los jueves por 2 “pelas” con cincuenta, sesión doble con derecho a Nodo. Todo ello a la altura del nº 60 de López de Hoyos y la vía del “Tranca” nº 40, apelativo del tranvía en la Prosperidad,  -Quevedo a Ciudad Jardín-. Vendiendo papel en el chamarilero de Luís Vives también se podían sacar unas pesetas. (Ruper y Tinín).

Cine RoyalAntiguo Cine Royal, en la calle de López de Hoyos de Madrid. En los años 80 del siglo XX cesó en su actividad para convertirse en una sala de bingo y en discoteca. En la actualidad, en 2011 y desde 2006, se encuentra clausurado por orden municipal. (Foto: Enrique F. Rojo)

Más adelante, la apertura del  cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. La novedad. Este cine fue en los 60 el  más “moderno”  de la Guindalera y la Prosperidad.  Tenía programas dobles y  competia con el “Oraa”, con el “Silvela“,  con el “Lopez de Hoyos” y con el “Covadonga” (Ángel Alda). El cine, construido por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini en 1958, se mantuvo hasta 1980 y luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008  que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”. Luego hubo otros cines por la zona como el resucitado “Morasol”, en Pradillo, y el “Royal”, en López de Hoyos, actualmente cerrado y abandonado.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi cuando ya no lo era , en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Cine Covadonga (1951). El 1 de marzo de 1991, el cine Covadonga, situado en el 161 de la calle de López de Hoyos, quedaba prácticamente destruido a causa de un extraño incendio, cuyo origen no pudo ser precisado en su momento por los bomberos del Ayuntamiento. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Un poco de historia

Para entender y contextualizar mejor este album nostálgico será bueno hacerlo con el apoyo de un poco de historia.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX algunas fincas y huertas en la Prosperidad y en la Guindalera cercanas al arroyo Abroñigal, se estaban parcelando para la venta, aprovechando que la continua llegada de gentes del campo a la capital en busca de trabajo generaban una importante demanda de terrenos para construir . Las viviendas que se iban levantando, normalmente a cargo de  maestros de obra o autoconstruidas por sus propietarios, solían ser de una sola planta, de aspecto semirrural y factura tosca a base de materiales económicos. Disponían, a modo de ejemplo, de cocina, sala, gabinete y dos dormitorios. Ocupaban parcelas rectangulares, con pequeño jardín a la entrada y patio trasero. En otros casos la fachada estaba en línea de calle o camino y el jardín o huerta se situaba en las traseras de la casa. Su estilo era muy sobrio, con fachadas de ladrillo y revoco y sin concesiones artísticas, y normalmente se trataba de casas aisladas o pareadas.

Colonia Mahou-1985Vivienda de la colonia Mahou en 1985. La colonia, surgida en 1928, estaba en el sector suroriental de la Prosperidad, zona del “canalillo”, también conocida como Sector 20  y estaba compuesta por  106 casas de una sola altura y factura sencilla y económica, destinadas a ser adquiridas por jornaleros y obreros de escaso nivel de ingresos. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) las propiedades fueron expropiadas y derribadas entre los años 70 y 80.

El periodista y político del siglo XIX  Angel Fernández de los Ríos en su obra de 1876Guía de Madrid, se refiería al arrabal de la Prosperidad como un escaso conjunto de 19 casas nacido en 1868 en torno al antiguo camino de Hortaleza y que se había desarrollado en los últimos años en medio del más deplorable desorden de rasantes y alineaciones.  En 1888 reunía 166 edificios, 3/4 partes de ellos casas terrenas, con un elevado número de corrales o patios de vecindad en condiciones de salubridad deficientes (Díez de Baldeón, 1985.).

El 5 de enero de 1890 el periódico El Día publicaba una nota que da idea de la situación socioeconómica del barrio: “Ayer, en el barrio de la Prosperidad, fueron repartidas ante el donante, Sr. marqués de Sierra Bullones, 50 chalecos de Bayona, 50 mantones y 150 mantas; socorriéndose con estos objetos a 27 familias de la Guindalera, 14 del barrio del Carmen y unas 50 de la Prosperidad. Además envió, con destino al hospital allí establecido por los señores Soto y Avilés, garbanzos, judías, arroz, tocino y una cesta con botellas de vino generoso”.

Nota en la que se detallan los gastos de asistencia a enfermos por el Hospital Provisional de Prosperidad, situado en la calle Cartagena, de 31 de Diciembre de 1889 a 30 de Enero de 1890 en que se cerró.

La imprenta del hospicio de la calle Fuencarral editó en 1890 una Memoria escrita por Alberto Aguilera y Velasco, Gobernador civil de Madrid,  en la que daba cuenta de los “socorros y donativos realizados durante la epidemia de gripe de 1889-90″, haciendo referencia al mencionado hospital:  “Durante la epidemia -dice la Memoria- se proporcionó alimento á 62.000 pobres, realizando esta piadosa distribución por su propia mano, las caritativas señoras que componen la Junta del Sagrado Corazón de Jesús. Aparte de esto inauguráronse, merced á la iniciativa particular, hospitales provisionales en los barrios extremos de Madrid, donde la población proletaria alcanza mayores cifras de existencia, siendo el primero en instalarse el de la Prosperidad, debido a la activísima gestión de los conocidos industriales Sres. Soto y Aviles, quienes no descansaron hasta ver realizada su caritativa empresa, poniendo en su realización la suma de inteligencia, de constancia y de desinterés que tan abundantemente les caracteriza. Su generosa iniciativa obtuvo bien pronto el poderoso concurso de los Sres. Montero Ríos, Cánovas del Castillo, Ducazcal, Rodríguez (D. Manuel) y Marqués de Sierra Bullones, alcanzando entre todos y con los espontáneos é inteligentes servicios de los médicos Sres. Massip y Rodríguez (D. Carlos) instalar una enfermería modelo, en la que encontraron gratuita y celosa asistencia todos los enfermos pobres del barrio de la Prosperidad, quienes seguramente recordarán siempre el gran beneficio que deben á la diligente caridad de sus conciudadanos”.

Edificio de viviendas en la calle de García Luna, 11. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En la Memoria de 1914 para el Ayuntamiento de Madrid sobre la vivienda insalubre, César Chicote incluía a la Prosperidad entre los barrios “muy insalubres”, al alcanzar algo más de un 33 por mil de mortalidad, valor equivalente a la media de la ciudad en 1900, cuando para 1914 esta era ya de 24’5, con tendencia a seguir disminuyendo. La tuberculosis era la principal causa de decesos en la población y su propagación se debía a la densidad y especialmente al hacinamiento por falta de espacio, relacionado en general con las casas de corredor y las de patio. Además, hay que tener en cuenta que este tipo de casas solo solía disponer de una fuente para todos los vecinos y de un retrete por planta. En la Prosperidad se apuntaba el dato de mortalidad a causa de la tuberculosis de 2’79 por mil, algo por encima del 1’97 por mil de media del distrito de Buenavista -al que pertenecía la Prosperidad-, pero bastante por debajo del 4’58 por mil de la Arganzuela o del 4’97 por mil del barrio de Calatrava en la Latina. Estos datos intermedios, probáblemente fueran resultado de la escasa profusión de las casas de corredor -normalmente producto de motivaciones especulativas y que en estas zonas periféricas casi no se justificaban, ya que el precio de los terrenos y de las propias viviendas estaba por debajo de la media de la ciudad- y también de la abundancia de casas bajas con patio o jardín que en cierto modo impedían el hacinamiento.

Sergio Tomé Fernández explica  en un trabajo sobre el barrio de la Prosperidad, que en las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente pervivían, a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil, distribuidos una parte de forma dispersa por las calles del barrio, y otra parte agrupada a lo largo de López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano.

Edificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3.  (Foto:  Carlos Viñas), en Flikr-2011)

Detalle del mismo dificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Con el tiempo,  antes del fin de siglo XIX fue llegando el agua corriente a la Prosperidad (1894) y el transporte urbano (1893),coincidiendo con la apertura de la calle Cartagena que  la unía con el barrio de La Guindalera y que se convirtió en una calle de carácter algo más señorial y elegante que López de Hoyos. De 2.087 habitantes y 394 edificios que se contaban en 1900, se saltó a 502 construcciones y algunas industrias en 1905.

Plano de  Facundo Cañada López, de 1900. Se distingue el trazado viario del barrio, con López de Hoyos como eje este-oeste, y el caserío abigarrado en contraste con la existencia de villas con patio y jardín. En la zona nororiental, junto a los nuevos trazados, se  observa una especie de parque público con bastante arbolado, junto a las calles Nierember y Gil y Baus, que en el plano se rotula como Nuevo Parque y su límite norte lo marcaba latodavía  inconclusa calle de Pradillo,  junto al Asilo de Santamarca. Aneja a este  parque se situaban las cocheras del tranvía que hacía el recorrido Diego de León-Guindalera-Prosperidad (en las actuales calles Sánchez Pacheco y Javier Ferrero), que no tardó en cerrarse.

Barriada de casas bajas, corralas y alfares

En la importante cartografía de 1900 realizada por Facundo Cañada López, se puede acotar fácilmente el perímetro del asentamiento original del barrio y su trama, compuesta por siete calles paralelas y doce transversales a López de Hoyos, con simetría entre ambos lados de la vía principal. Por encima de García Luna, que era la última calle delineada paralela a López de Hoyos  hacia el norte, aparecen en el mapa tres calles más semiparalelas y cuatro más perpendiculares  que en el futuro acabarían por integrarse en las ya existentes Marcenado, Eugenio Salazar, Mantuano y Vinaroz. Había notables diferencias de tipología en las construcciones, dándose grupos de  casas exentas con jardín, villas y quintas como Villa Clara, Villa Aurora, Villa Rosa, Villa Carmen, Villa Castelo, Villa Manrique, Villa Merecedes, Quinta Concepción,etc.  en la parte más cercana al Ensanche (entre Cartagena y Francisco Silvela) y en el extremo norte del barrio (por encima de la calle Luis Vives), junto con casas de corredor abiertas a uno o dos patios en las calles interiores, con mayor aprovechamiento del espacio.

Edificio de 1926 situado en la calle de López de Hoyos. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Lopez de Hoyos-139-2007En cuanto a los patios de vecindad y casas de corredor, todavía ejemplos vivos, en López de Hoyos, el edificio del nº 139 -quizá el más notable y mejor conservado- . También existen otros de tipología similar, aunque más  modestos, en las calles Luis Cabrera, Santa Hortensia, Luis Vives y Vinaroz. Esta foto corresponde a la casa de corredor de López de Hoyos 139, antiguamente llamada por los vecinos la “casa grande”, que se rehabilitó en 1992. Su estructura actual “resulta del ensanchamiento de un primer edificio, construido en 1883. Éste constaba solo de planta baja y estaba compuesto de dos o tres viviendas en hileras, entre las cuales una era ocupada por el propietario. En etapas ulteriores, se ensanchó horizontalmente el edificio existente, se le añadieron dos plantas, y se construyeron otros tres cuerpos de edificio, de dos plantas, divididas en doce viviendas cada una, alrededor del patio”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Todavía hay quien recuerda como hasta finales de  los sesenta, todavía había alguna familia que iba a pasar parte del verano a casa de una tía o abuela que vivía en Prosperidad. Estas casas, tan apropiadas para el veraneo, eran frescas y cómodas como casas de campo, pues tenían jardín y patio con pozo. Según parece, había bastantes de ese estilo en el barrio, que se alternaban con otras de pisos con corredor, cuyo patio interior  daba acceso a las viviendas bajas.

De aquellas casas bajas y de las corralas ya no queda prácticamente ni rastro. Algunos de los pocos testimonios de casitas bajas con jardín a la entrada y patio que todavía quedan en pie se pueden ver todavía en la calle Luís Cabrera nº14 , en la calle Juan Bautista de Toledo nº16, en la calle de Zabaleta nº31, en la calle Padre Jesús  Ordóñez  nº8, en la calle de Vinaroz  nº40,  en la calle de Mantuano nº20, y lo largo de la calle de Anastasio Aroca donde hay un conjunto amplio bien conservado.

En la calle Malcampo,  aunque ya en estado de ruina por el abandono, se encontraba hasta 2007 una casa baja con patio y jardin que  fue derribada  para construir un bloque de viviendas.  Tanto la promotora, Jaycar CB, como el constructor, Arquion C. S.L., registrados en Galicia, edificaron en 2009 el nuevo bloque,  sin que hasta la fecha, según parece,  se hayan puesto a la venta  las viviendas, por propia iniciativa del  promotor -como se puede leer en el cartel de licitación de la obra-. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Vivienda unifamiliar en la calle Mantuano nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Vivienda unifamiliar en la calle de Vinaroz nº 40. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Esta casa de Vinaroz, 40 (antes 48), pertenecía a la Cooperativa española de casas baratas “Pablo Iglesias” y poseía una placa en su fachada cuya historia nos cuenta Victoria San Jose, su propietaria: “Yo nací en esa casa en el año 1945 y desde que recuerdo, en la fachada, había una plancha de madera a la altura del primer piso que ponía “Villa Mari”. Mis abuelos y mis padres vivían allí desde el año 1939. Antes habían vivido en Mantuano y antes en Malcampo y en Lopez de Hoyos. Mi abuelo era el jefe de telégrafos de la Prosperidad. Mi hermana y yo pedíamos a mi abuela que quitase la plancha, porque al ser de madera estaba vieja y despintada, pero ella siempre decía que la placa de madera se quedaba donde estaba y además se ponía muy nerviosa y no quería ni hablar del asunto.  En el año 1983 murió mi abuela y un día de mucha lluvia, una vecina le dijo a mi padre que la placa se estaba cayendo y que debajo se veía a “un tío con barbas”. Mi padre se subió en una escalera, quitó la madera y debajo apareció la placa de bronce que recuerda textualmentee “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”.  En ese momento entendimos por que mi abuela no quería que, en tiempos de Franco, se pudiese ver a Pablo Iglesias en nuestra fachada, por mucho que a nosotros nos hubiera gustado. Como curiosidad  diré que bajo la palabra “construído” se puede ver el agujero de un tiro de bala…….”

Placa CECBPI_ Vinaroz 40

Placa de bronce que estuvo situada en la fachada de la casa de Vinaroz, 40, que recuerda textualmente: “Edificio construído por la Cooperativa española de casas baratas Pablo Iglesias”. Esta cooperativa la fundó UGT en 1926.

Santa Hortensia 12-1-2007Casa de corredor del barrio de Prosperidad, en Santa Hortensia nº 12. Foto de la fachada principal. La casa de vecinos de finales del siglo XIX, adoptaba a menudo la forma de una casa de corredor o corrala. Es un edificio, donde la viviendas, generalmente pequeñas y oscuras, dan a un patio central; se circula en las plantas – en el caso de que haya – por corredores que dan la vuelta al patio . Son viviendas de alquiler, destinadas a las clases populares. Al contrario de la casa baja, ésta es un modelo arquitectural común a los barrios populares del casco y los arrabales de la periferia, como el barrio de la Prosperidad. En este sentido, su aparición es una manifestación de la creciente integración del extrarradio al mercado inmobiliario de la ciudad.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Patio Interior de la casa de corredor en Santa Hortensia nº 12. (Foto: Charlotte Vorms, 2001)

Por su parte, los edificios de más categoría  situaron su fachada en la vía principal de López de Hoyos, con alternancia en el uso de ladrillo visto en estilo neomudejar y modelos más preciosistas con acabados de reboco y cierto alarde decorativo en cornisas y balcones a base de molduras. Excepcionalmente, hay ejemplos de edificios con cierta pretensión en calles interiores, como es el de la foto que se incluye en el texto, en la calle de Malcampo nº 9. También tuvo gran presencia la autoconstrucción debida en parte a los maestros de obras y albañiles, que se repartía especialmente por las calles interiores. El asilo de Cartagena de las Hermanitas de los Pobres, el de Santamarca o el colegio de Santa Matilde, del primer tercio del siglo XX, se fueron situando en los alrrededores  producto de generosas donaciones de píos caudales aristocráticos, y dotaron al barrio de ciertos recursos de beneficencia. Finalmente, es de destacar el gran número de alfares y te tejares que se encontraban repartidos por todo el suburbio.

Santa Matilde-L-Hoyos 166-2007

Parroquia de Santa Matilde, en López de Hoyos. El edificio es del último tercio del siglo XIX. (Foto: Enrique F. Rojo)

Calle Mantuano-C.C. Nicolas Salmeron-07

Centro Cultural y CEP “Nicolás Salmerón”

En 1933,  durante la Segunda República, se añadían a la oferta educativa las Escuelas Nicolás Salmerón.  El sistema pedagógico utilizado en el centro era especialmente vanguardista en la época y su nivel tan alto que llegó a ser conocido como el Coloso de Chamartín. También es de este periodo el Colegio Isidro Almazán, actual C.P. Luís Bello, en la calle de Luís cabrera nº 66, y el C.E.I.P. Padre Poveda, en la calle Luís Larrainza.  Acabada la guerra civil y trás un periodo incierto, se convirtió en la Escuela de Mandos “José Antonio”. En su azotea se cantaba a diario, a las 9 de la mañana, el “Cara al sol”, himno que daba comienzo a la jornada académica. Con la llegada de la Democracia el local pasó a ser una delegación del INEF (Instituto Nacional de Educación Física) y más adelante quedó abandonado y fue ocupado por diferentes grupos con ambiciones más o menos culturales y artísticas. Pedro Almodovar rodó en su interior y alrrededores su primer largometraje “Pepi, Luci, Bum…” A partir de 1979, la Corporación municipal democrática, salida de las urnas, se hizo cargo del edificio y decidió rehabilitarlo. En su reconstrucción se gastaron más de 160 millones de pesetas (un millón de Euros) y en la actualidad es Colegio público del Ayuntamiento y uno de los Centros Culturales más importantes de la capital.

La primera transformación del viejo arrabal

En la  posguerra  la ingente inmigración a Madrid hizo que la población del barrio creciese vertiginósamente y ello se nota en el aumento de construcciones y en su tipología, adaptada a las condiciones socioeconómicas de los recien llegados. En 1955,  la urbanización al norte de López de Hoyos llega ya al antiguo parque de la terminal del tranvía y la finca del conde de Polentinos, entre Sánchez Pacheco y Pradillo, en un proceso basado en la agregación de parcelaciones particulares, que origina  calles estrechas -8 metros o menos-, diferencia en el tamaño de las manzanas, gran cantidad de parcelas diseminadas de tamaños muy diversos,  y ausencia de espacios libres de carácter público,  provocando la pérdida de continuidad de las calles y cierta anarquía en su trazado.

Casa en la calle Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Casa en Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

En 1949 se creo el mercado de abastos de Prosperidad con el fin de dar servicio a la cada vez mayor población del barrio, lo que estimuló la apertura de pequeños comercios de todo tipo en su entorno y a lo largo de la calle López de Hoyos, complementando así el conjunto de bienes ofertados. Por su parte, la pequeña industria y los talleres se concentraron primordialmente en la zona nororiental  limitado por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. Con el paso del tiempo esta zona industrial se va poblando y se especializa en en sectores como el farmaceútico, con cierta tradición en la Prosperidad, artes gráficas, medios audiovisuales y tecnologías de vanguardia. También proliferaron los talleres mecánicos, que encontraron un rentable espacio de negocio con la llegada de nuevos pobladores con un nivel adquisitivo elevado que podían poseer más de un vehículo por familia.
Como expone  Sergio Tomé Fernández,  en la década de 1970 se abriría el periodo de  transformación del antiguo suburbio de una manera especialmente intensa. La apertura de la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara), la inauguración  en 1972 de la línea 4 de metro (Diego de León- Alfonso XIII),  y  la creación de la M-30,  supusieron un aumento formidable de la accesibilidad del barrio y su acercamiento al centro de Madrid, cada vez más próximo debido al propio crecimiento urbano de la capital hacia las antiguas periferias. También habría que incluir la apertura del tramo de la línea 9 de metro (Pavones-Herrera Oria) en diciembre de 1983, con estaciones en Avenida de América, Cruz del Rayo y Concha Espina, recorriendo bajo tierra el trazado de la prolongación de General Mola.

Lopez de Hoyos-110-112-2007López de Hoyos 110-112. Los dos edificios son construcciones de la primera época. En los años 60-70,  en la misma acera y algo más abajo,  antes de llegar a la actual calle de Príncipe de Vergara y lindando con una fábrica de cristal, se encontraba el Cuartel de la policía “Pilar de Zaragoza”. Y tambíén muy cerca, Casa Vara, esquina a Gabriel Lobo, lugar donde se reunían los “grises” (Titín). (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las nuevas construcciones en la Avenida de América, al sur y en Príncipe de Vergara, al oeste, delimitan el viejo caserío de  la Prosperidad y ejercen su influencia al atraer nueva población a la zona, con un perfil socioeconómico también nuevo. Se produce, en especial a partir de mediados los 80,  una revalorización del suelo que se traduce en la veloz ocupación de los solares vacíos y en el derribo de gran parte de las construcciones antiguas, levantándose  nuevos edificios que, aunque corrigen los problemas de alineación, superan en altura las viviendas originales, provocando cierta sensación de ahogo en las estrechas calles del barrio.  En este periodo las demoliciones se ejecutan casi contemporáneamente por todas partes, empezndo por los talleres o pequeñas fábricas y continuando por las casas bajas con patio o jardín, cuyo derribo permitía aumentar notablemente la intensidad del uso del suelo y, por consiguiente la densidad residencial.

Calle Matilde Díez nº 30, en la Prosperidad. “Dado el raquitismo de la mayor parte de los solares, fue habitual demoler inmuebles contigüos para fundir sus fincas, lo cual dio lugar a una concentración catastral espontánea. Paralelamente, y a fin de dar mayor altura a las construcciones de nueva planta, se rectificó la alineación de más de una docena de calles. En algunos casos, la importancia de las operaciones urbanísticas desarrolladas permitió ensanchar tramos o ejes completos, que jerarquizan el viario y el espacio, pero en muchas otras arterias las casas antiguas quedan como martillos salientes, por oposición a los edificios nuevos retranqueados. Ese perfil irregular de los frentes de manzana, y las rupturas de escala provocadas por la irrupción de volúmenes edificatorios desmesurados, forman desde entonces parte de las señas de identidad del barrio”. (Sergio Tomé Fernández, en Vivienda y clase: la Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual, 2003/ Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Dos viviendas en la calle Luís Cabrera nº 14. Estas modestas casitas tienen un pequeño jardín delante y un patio trasero. Las nuevas edificaciones se alinearon al nivel de las tapias. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Otro ejemplo, en la calle Juan Bautista de Toledo, 16. En este caso sin jardín delantero ni trasero. Esta casa, junto con la contigua que es más moderna se encuentran muy desalineadas con respecto a los edificios más modernos. El retranqueado y achaflanado obligatorio para una nueva construcción hacen que resulte un solar exiguo. Es posible que este sea el motivo por el que todavía no se hayan derribado ambas casas. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En  cuanto a la dinámica demográfica, 1971 la Prosperidad rondaba los 36.000 habitantes. En 1978 eran ya  38.500, y en 1983 la cifra bajó a 37.900. Este leve descenso pudo deberse al notable descenso de la natalidad, que afectaba a todo el estado español en general, y también a la disminución de la llegada de nuevos vecinos. A pesar de que seguía aumentando la capacidad de alojamiento gracias a los nuevos edificios que se levantaban, muchos de ellos permanecían vacíos y no se compensaban  las pérdidas poblacionales producto de los decesos de una población envejecida y  por la salida del barrio de las generaciones jóvenes que buscaban alojamiento en las nuevas periferias, más económicas.

Dos fotos, de 1999 la casa y 1990 los gatos de la derecha, que se corresponde a una casa terrera en la calle Antonio Zapata (Prosperidad). Las casas de este tipo, que se corresponde con las más antiguas, fueron las primeras en derribarse.

“Elitización” del barrio

Por otra parte, el deterioro del parque inmobiliario y el envejecimiento de la población originaria propició a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX el desarrollo de un proceso de “regeneración” que se tradujo en un encarecimiento generalizado, perceptible tanto en el ámbito inmobiliario como en el del consumo asociado a la “bolsa de la compra”.  Pero también la elitización del barrio, con su perverso poder de segregación de clase,  se hizo presente  a través de la presión inmobiliaria, primero de forma selectiva a favor de los espacios que limitaban el barrio (Clara del Rey, Alfonso XIII, Príncipe de Vergara y avenida de América), después ya más uniformemente hasta cobrar cierta homogeneidad en el precio del suelo y de la vivienda. Así que, por una parte los promotores -empresas o particulares ligados a la propiedad-  hacían lo posible por especular derribando viejas casas y construyendo nuevas viviendas por lo general de cierto lujo, que atraían al barrio a una población joven de clase media con importantes recursos económicos; y por otra parte, las construcciones antiguas  una vez vacías por deceso de sus propietarios o antiguos inquilinos se alquilaban, muchas veces en mal estado de conservación, a familias de inmigarntes extranjeros, por lo general procedentes de República Dominicana y en menor medida de Ecuador, China, Marruecos y Rumanía, a precios altos no acordes al tamaño y a  la categoría de los inmuebles. De manera que el barrio pasa en poco tiempo a alojar a los vecinos de toda la vida, a los nuevos que ocupan las viviendas más recientes y que poseen un nivel adquisitivo superior, y a los inmigrantes, que se movían en niveles de renta inferiores, por debajo de la media.

Edificio, ya desaparecido, en el núm. 86 de López de Hoyos, cuyo bajo albergaba una persianería. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Calle de Luís Vives c/v a General Zabala. En la actualidad la casa no existe.(Foto: Isabel Gea, 1994)

 

Recuerdo 1: “El Ultramarinos del señor Glicerio” (por Ángel Alda)
“De niño mi madre me mandaba bajar al ultramarinos del señor Glicerio, en Francisco Silvela 108, la “casa de cartón”. Chaquetiila y camisa blanca, corbata de color indefinible, mandil de rayas grisáceas. Libreta para apuntar la deuda de cada vecino. Se pagaba a final de mes o cuando se podía. Balanzas, guillotina para el bacalao, papel de estraza. Aceite por cuartillos, azúcar por libras, onzas de chocolate. Medidas de otros tiempos. Sacos de legumbres, lentejas que había que revisar por la noche sobre el hule de la mesa para eliminar piedras y otros seres invitados, antes de ponerlas en remojo.
Embutidos colgados de largas perchas. Botes apilados y alineados con todo tipo de caramelos a granel. Cajas abiertas con arenques. Latas redondas y grandes de escabeche.
Los supermercados llegaron mas tarde. El primero que conocí se llamaba Hungaria, en la esquina de Bejar con Francisco Silvela. Decían que el dueño era Puskas. Aquello fue la revolución. Comercios en los que tú mismo te servías.
Allí empezó la ruina del comercio tradicional. Del ultramarino, pero también de la carnicería de barrio, de la frutería. Cayeron una detrás de otra la frutería de la señora Aurelia, la lechería del padre de mi amigo Gonzalo, la casquería- quien sabe hoy día que era una casquería-. La carnicería de los gordos Panizo de la Avenida de América.
Hoy las calles del centro y de muchos barrios se llenan de tiendas de chinos. Parece que solo el aguante de los orientales, el trabajo en familia y las muchas horas de apertura permite el sostenimiento de las tiendas de barrio. Todo el espacio se puebla de tiendas franquiciadas, de establecimientos de hostelería, parece que son los únicos que se salvan del cambio en los paisajes urbanos.
Por si acaso el proceso no fuese lo suficientemente agresivo, las autoridades lo alientan mas si cabe mediante procesos de liberación de horarios, así lo llaman, liberación, que paradoja.
Aquello que distinguía los centros urbanos de las áreas residenciales metropolitanas: la existencia del pequeño comercio, hoy está en trance de extinción. Parece como si el fenómeno de los mall, de los hiper, de las grandes agrupaciones comerciales ejerciese un poder de atracción magnético y succionador de las viejas estructuras comerciales urbanas. Desaparecen los cines tanto como los ultramarinos. Y ya nuestra memoria no da para recordar los nombres de tantas

desapariciones”. (Angel de Olavide)

Foto del Paso elevado de la calle de López de Hoyos. Este paso superior, que cruza Príncipe de Vergara y López de Hoyos, a la altura de la Glorieta del mismo nombre, fue construido en 1969 por Dragados y Construcciones, S.A. El

scalextric” parte de la Avenida de América, a lo largo de las calles Francisco Silvela y Joaquín Costa, hasta prácticamente el cruce con el final de la calle Velázquez. El acceso a la prolongación de Príncipe de Vergara , que alcanza el cruce con la calle de López de Hoyos no se concluyó hasta que no se hubo abierto ésta, en fecha posterior a la construcción del paso elevado. La apertura de la prolongación supuso el derribo del edificio de viviendas que hacía esquina con la nueva vía, si bien la nueva vía no le afectaba en su trazado, y de su anejo medianero, que eran los números 106 y 108, respectivamente, de la calle Francisco Silvela. Este último, el 106, se debió de tirar hacia principios de los noventa. En su solar se edificó una torre de oficinas siguiendo la nueva alineación. Ángel, que vivió en una de esas casas, cuenta que “la casa del 106 era practicamente igual que el actual 104, con la diferencia que el 104 fue vendida a sus inquilinos en los años 50 y pudo recibir mantenimiento mientras que la del 106 se mantuvo en alquiler y estaba ya muy deteriorada hasta su derribo. Son viviendas, salvo las que tienen el patio de luces exteriores y los pisos mas altos, muy oscuras y de unos 40 metros cuadrados. Popularmente se las llamaba casas de cartón”. Isabel Gea recuerda que de las dos casas gemelas, en la que sobrevivió, o sea, la de la derecha -el 104- vivía José del Corral.

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El mismo paso elevado de la calle de López de Hoyos. En la imagen se pueden ver los dos edificios que fueron derribados y el que aún se conserva. De los tres edificios, el 108 de Francisco Silvela fue el último en edificarse y el primero en derribarse. Como la prolongación de Príncipe de Vergara arranca a finales de los 60, el edificio debió de existir unos 25 años antes de que lo tiraran. El orden de construcción fue 106, 104 y 108. Y el de derribo 108 y 106.

Vieja casa en prosperidad  (2007)

Vivienda de principios del siglo XX en la Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Colonia Ibarrondo-Vaquería-2007Antigua “Granja Castilla”, vaquería situada en la calle López de Hoyos, en un punto donde el antiguo camino de Hortaleza hacía un giro brusco hacia el norte. Esta Granja se encontraba próxima a los solares ocupados por la Colonia Ibarrondo, compueta por huertas y melonares pertenecientes a los condes e Villapadierna. Fueron vendidos a los señores de Ibarrondo y Lezcano, quienes a su vez los vendieron ya parcelados. En el área se establecieron campesinos inmigrantes en Madrid, que montaron talleres, vaquerías y merenderos junto a sus viviendas, lo que hizo conocida a la zona como lugar de esparcimiento para los madrileños que frecuentaban la zona durante los fines de semana. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30), fue destruida gran parte de la colonia y en la actualidad sólo se mantienen en pie esta antigua vaquería en la calle de López de Hoyos, que es utilizada por sus propietarios como taller de arte, y alguna casa más muy cerca ya de la citada M-30. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Desaparición del tejido industrial

El vaciado industrial consecuencia de la progresiva desaparición del tejido industrial y la renovación posterior del uso de estos nuevos espacios urbanos, está generando la transformación física y social del barrio, lo que también afecta a las

relaciones sociales, entre vecinos, por cuanto atraen a nuevos residentes con carácterísticas socioeconómicas diferentes.  En realidad, se trata de una tendencia  generalizada en Madrid, que expulsa  la industria del interior de la ciudad hacia la periferia y el extrarradio en áreas diseñadas exclusivamente para desarrollar la actividad fabril o industrial –polígonos industriales-, al tiempo que  dificulta la permanencia de aquellas industrias que por sus características encajaban bien en zonas que admitían usos distintos al estríctamente industrial. En el caso de esta mínima zona industrial de la Prosperidad, las empresas han convivido sin conflicto con las áreas residenciales, fundamentalmente por el tipo de actividad no invasiva que venían desarrollando. En cualquier caso, motivado por condicionantes especulativos, la norma viene siendo desde los últimos veinte años la de liberar suelo, muy rentable económicamente, modificando su uso de industrial a residencial. (Ver Desindustrialización y transformación urbana).

Entre las empresas o talleres que constituían la malla industrial dispersa de la Prosperidad  hasta el último tercio del siglo XX se encontraban los Laboratorios Galján-Productos farmaceúticos Nacionales S.A. en López de Hoyos 69, junto al antiguo cine López de Hoyos (1920), que fue  derribado en 1968 y que dejó un solar de 609 m2., en el que se construyó un edificio de viviendas; Orfebrería y cubiertos S.A., en Luís Vives, 11. Se derribó en 1981 dejando un solar de 533 m2. dedicado a viviendas.  En García Luna, 12, se encontraba Manufacturas médicas, S.A., derribado en 1982, dejando un solar de 347 m2. para viviendas. En en Vinaroz nº 16 estaba Productos Químicos y farmaceúticos

Abelló (1925), derribado en 1976 se levantaron sobre un solar de 8.188 m2,  330 viviendas que ocupan un total de 35.0226 m2.

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Entre las  industrias desaparecidas o trasladadas en tiempos más recientes, que también han liberado suelo para construir viviendas, se encuentran las ubicadas en la referida zona nororiental, limitada por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. En la calle López de Hoyos 153, en 1994 por traslado de la fábrica de lácteos Danone a Tres Cantos, se derribó el edificio que ocupaba para la construcción de viviendas. Almacén de Tabacalera Española, situado en Sánchez Pacheco 3, derribado en los años 90 y con el solar sin uso hasta el momento. En 2004, Laboratorios Normon, Nieremberg nº 10, deja sus instalaciones por traslado a una nueva sede en Tres Cantos. Se esta procediendo a su transformación en viviendas. Timbrados y Papeles, S.L., en la calle Sánchez Pacheco, derribado el edificio en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Microelectrónica Española, calle Pradillo nº 36, abandona su sede y tras su venta se procede a la demolición en septiembre de 2011, presumiblemente para edificar viviendas de lujo. También el diario El Mundo, en la calle Pradillo, bandonó su antigua sede por traslado y hasta el momento el edificio se encuentra vacío. Además de estas empresas, se pueden encontrar algunos edificios más en los que la actividad es escasa o nula y presumíblemente acaben por derribarse

con el consiguiente cambio de calificación de los solares resultantes.

Antigua fábrica de lácteos Danone en la calle de López de Hoyos 153. El edificio se derribó en el año 1994 dejando su lugar a un edificio de viviendas.

 

Calle Lopez Hoyos 1975

Calle de López de Hoyos en 1975, con las aceras estrechas y sin arboles. A la derecha, casas bajas con patio desalineadas que estrechan la calzada. Se ven los autobuses azules de la epoca, de las líneas 9 y 73. A la izquierda, al fondo de la imagen, la fabrica de DANONE. A continuacion, aunque no se ve, estaba el cine Covadonga, muy popular en la época. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1975)

Timbrados y Papeles, S.L., derribado en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Estaba situado en la calle Sánchez Pacheco, junto al edificio del los antiguos Laboratorios Davur, 1958. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Microelectrónica Española, calle Pradillo 36, derribado en septiembre de 2011. (Foto: Enrique F. Rojo )

Etapa final en la transformación del barrio

Sobrepasada ya la primera década del siglo XXI el barrio de la  Prosperidad parece estar en la fase final de su transformación, comenzada a mediados de los 70. “En las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente perviven, según recuento efectuado a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil. La distribución física de esos elementos heredados es dispersa, puesto que solamente forman conjunto en la calle López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano. Hay agrupaciones secundarias en ejes inmediatos a aquella vía, General Zabala y Malcampo, así como una representación significativa en las calles Luis Cabrera, Juan Bautista de Toledo y Mantuano”. (Sergio Tomé Fernández. Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual).

La acción destructiva  ejercida sobre ellos seguía siendo intensa durante el primer lustro del siglo XXI, si bien la crisis de la construcción y la subsiguiente crisis económica ha ralentizado el proceso hasta casi paralizarlo. En los últimos años se asiste a ejemplos de  derribos con preservación de fachadas, como es el caso actual del edificio en López de Hoyos con vuelta a Juan Bautista de Toledo cuya fase de ejecución se encuentra de momento detenida, habiéndose procedido solo al derribo y al apuntalamiento de los muros de fachada; el edificio de Luís Cabrera 26, al que se le ha añadido una altura; o la reconversión en lofts del edificio de Quintiliano 6 con vuelta a Luís Cabrera. Este tipo de iniciativa tuvo un antecedente en antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres en Cartagena con vuelta a López de Hoyos, cuyas ruinas se recuperaron para levantar un centro residencial de la tercera edad de alto nivel, actualmente en funcionamiento.

Patio Interior viviendas en Luís Vives 13. (Foto: Charlotte Vorms, 2000)

Edificio de la calle Luís Vives nº 13. Fachada y patio interior. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

En los últimos años se asiste a la ejecución de derribos con preservación de fachadas, como es el caso de este edificio enla calle Luís Cabrera nº 26, al que se le ha añadido un piso. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)


Ricardo y su mujer Alita eran los responsables el de la ferretería LACAZETTE, que estaba en el edificio situado en López de Hoyos 112, esquina con Juan Bautista de Toledo 1, muy conocida en el barrio de la Prosperidad. Conchita Rueda, hija de ambos, aunque ya no vive en Madrid  recuerda el comercio de sus padres y su antiguo barrio. Este edificio “está situado en la calle de López de Hoyos esquina a Juan Bautista de Toledo. Fue construido hacia 1920 y era conocido por Lacazette, nombre que se correspondía con la ferretería que allí estaba desde tiempo inmemorial”. (Foto: Isabel Gea, 1984)

“Lacazette cerró y el edificio estuvo abandonado unos años hasta que fue restaurado en 1987 siendo ocupado por un salón de juegos recreativos llamado Metropolitano”. (Isabel Gea, 1987).

Lopez de Hoyos-89-2-2007Una vez cerrado el negocio de juegos recreativos y de azar, el edificio permaneció cerrado y en estado de abandono durante muchos años. Debió de ser en 2006 cuando colgaron un cartelón vertical que caía por la esquina. Todo hacía presagiar una restauración que nunca llegó. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

El edificio se vació por dentro en 2010 y dejaron solo las fachadas, que se encuentran apuntaladas. De momento, en octubre de 2011,  no han hecho nada más, ni se ha colocado ningún cartel que anuncie el proyecto que hay para el edificio, aunque imagino que harán viviendas lujosas para economías desahogadas, que es lo habitual. El barrio se ha ido transformando poco a poco, aunque sigue manteniendo el mismo aire de siempre, tal vez algo alicaido. El mercado de Prosperidad, por ejemplo, a la espera de su remodelación está semivacío, con muy pocos puestos abiertos y muy pocos clientes. A pesar de existir un proyecto para remodelarlo, parece que la crisis económica está retrasando su ejecución. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

Frente a Lacazette estaba el Cine “López de Hoyos” y más abajo estaba “El Arca de Noe”, allí había de todo. Una curiosidad: como los tranvias circulaban pegados a las aceras, para permitir la fácil subida y bajada de viajeros, los vehiculos aparcaban en el centro de la calle. Entonces la calle López de Hoyos tenía tres carriles; despues la ensancharon (León Sanz). Frente al Cine Lopez de Hoyos,  se encontraba la la taberna Casa Emilio , también habia un cuartelillo de la Guardia Civil en la calle Cardenal Siliceo. En esa zona, a lo largo de la calle, estaban también Almacenes Arias, el Cine “Covadonga”, Bar “La Estecha”, “Pasteleria Mauro”, “Cafeteria Dos Pasos”, “Drogueria Hidalgo”…, algunos de los negocios que ya no existen (Chi). Algo más abajo, hacia Alfonso XIII y en la acera del mercado,  había una camiseria “Pintado”, más abajo todavía una papelería y librería, luego “La Ostrería”, y luego en un esquinazo, en un local con poca fachada no se si habilitaron una biblioteca pública. En los años 58 al 66 la acera de los pares era un lio, al estar las casas nuevas retranqueadas para ensanchar la calle, y las viejas más salientes. A lo que había que sumar el inteso tráfico, primero de tranvias, autobuses, coches y camiones. Luego quitaron los tranvias, y asfaltaron la calle con brea, dejando debajo los railes tranviarios, que todavía continúan ahí (León).

Conjunto de viviendas en la calle Constancia 44, más tarde 52, en la Prosperidad  (Dibujo: Carlos Moreno).

Recuerdo 2: Mi casa en “la Prospe” (por Carlos Moreno)

De niño viví en la Prosperidad, en la calle Constancia 44, más tarde 52, concretamente en lo que mucho tiempo después supe que se trataba de una “ciudadela”, las 4 viviendas que fueron de los obreros de una antigua tejera, más la que debió de ser la del capataz, todas ellas agrupadas en torno a un patio central. La del capataz la única con un váter propio, las demás con uno comunal, una especie de caseta con una puerta de madera y una ventana para ventilación, y en el suelo, una taza turca. Viviendas asimismo muy humildes, pero un pequeño progreso respecto a mi antigua casa en la Guindalera: al menos teníamos agua dentro de casa”.

La primera vivienda, la que aparece señalada como principal, era más grande que las otras y tenía un WC propio, por lo que deduzco que en su día debió ser la del dueño del taller o bien la del capataz. Las otras eran todas diminutas, más o menos de igual tamaño. En el centro del patio interior había una tapa de alcantarilla (“el pozo”) y una rejilla de sumidero. Mi casa sería la 2, justo la de la esquina superior izquierda. En el edificio de dos plantas de la imagen anterior coloreada vivía el que durante muchos años fue mi mejor amigo, y compañero en el colegio“Isidro Almazán”, actual “Luís Bello”, cuyo nombre era Juan Carlos, pero no recuerdo el apellido. Era hijo único y vivía con sus dos padres y su abuelo, que era quien regentaba una carpintería instalada en la planta baja, donde también trabajaba el hermano de éste. El padre de Juan Carlos trabajaba en el Parque Móvil de los Ministerios, no sé si como mecánico, y la madre se dedicaba exclusivamente a tareas domésticas. Su nivel de vida era ligeramente más alto que el nuestro.

Croquis aproximado de lo que era la ciudadela, posiblemente del taller alfarero” (Dibujo: Carlos Moreno).

En el número 44 (creo recordar que en algún momento hubo un cambio de numeración en la calle) había 5 viviendas. En la principal vivía una señora de cierta edad con dos hijos varones adultos pero jóvenes. En la vivienda 1 vivía un matrimonio con sus hijos: el padre, albañil de Ávila (tenía un hermano en la Policía Armada), su mujer, extemeña; una hija llamada Guadalupe; un hijo llamado Demetrio, ella adolescente y él joven; también una abuela, siempre vestida de negro y con unos pendientes negros y redondos, similares a los que se pueden ver en las fotos de La Pasionaria, de hecho su rostro no se parecía al de ella, pero sí su aspecto general.

En la vivienda 3 vivía un matrimonio muy anciano: la señora Juana, muy obesa y también con moño, como la abuela anterior; y su marido, el señor Rafael, antiguo carpintero ebanista que aún conservaba algunas herramientas en aquel lugar oscuro. Recuerdo que siempre llevaba pantalones de pana sujetos con una correa de cuero, o bien un peto. Y ambos siempre con alpargatas o zapatillas.

En la vivienda 4 vivía otro matrimonio, pero de nivel económico mayor que los anteriores. Él se llamaba Eusebio y era tranviario, hasta que se jubiló. Su mujer era una señora de pelo blanco y aspecto muy agradable cuyo nombre no recuerdo. Tenían hijos ya independientes.

Aquí se me puede ver a mí en el patio interior de la ciudadela. En el suelo se ve el registro de la alcantarilla. Al fondo a la derecha aparece el servicio con dos ventanucos. El de la izquierda es el comunal, y el de la derecha pertenece a la casa principal. Al otro lado de la tapia, el taller alfarero. A la derecha de la imagen se entrevé el pasillo que permitía la salida al patio exterior y a la calle.

Aquí se nos puede ver a mi madre y a mí, posiblemente por la parte alta del barrio, hacia la calle Canillas.

Y por último estaba la vivienda 2, que era en la que vivía mi familia, mi padre, mi madre, mis dos hermanos y yo. Verdaderamente muy poco espacio para tanta gente. En el dormitorio más cercano a la puerta de entrada dormía mi hermana, ya adulta. En el segundo dormitorio había una cama grande y otra plegable. En la grande mis padres, y en la plegable mi hermano y yo, todavía niños. La habitación de mi hermana poseía una ventana que daba al patio, la otra tenía otra que daba al solar de la parte trasera, donde se podían ver grandes tinajas enteras y fragmentos de ellas, así como algunas tejas apiladas, pero no recuerdo que hubiera actividad alguna, simplemente cuando el taller alfarero cesó su actividad allí debió de quedar todo aquel material. Al mismo solar daba la ventana, tan pequeña como la anterior, de la cocina, que contaba con un fregadero de piedra (“la pila”) y una cocina de carbón. En el comedor había una mesa, unas cuantas sillas y un aparador. En una repisa, una radio. Con el tiempo compramos nuestro primer televisor, un Vanguard que vendía un vendedor a domicilio, ofreciendo toda clase de facilidades de pago en cómodas letras. Recuerdo que eso fue en el año 64, porque se podía ver a Franco con aquello de “25 años de paz”.

Aquí debía yo tener como 7 años, por el traje de primera comunión. La imagen está tomada en el mismo pasillo de antes, pero no desde fuera sino desde dentro de él. Lo que se ve al fondo es la vivienda 3, la del matrimonio mayor. En todas las fotos se puede ver cómo los vecinos intentábamos darle un poco de alegría a aquellas tristes casas con muchas plantas con flores, en el suelo y en las ventanas.

En el suelo, justo debajo de la mesa del comedor, había una trampilla que se podía levantar. Para mí fue durante mucho tiempo un lugar misterioso e inquietante. Las pocas veces que ví a mi padre abrirla y descender por una escalera de madera, apenas me atrevía a mirar. Pasados los años, ya con más edad, me atreví a descender para ver qué había: muchos trastos y un banco de zapatero, una ocupación ocasional de mi padre nada más terminar la Guerra Civil, no estaban los tiempos como para comprar zapatos. Recuerdo que por las noches sentíamos ruidos como de rascar: eran las ratas, que también andaban de vez en cuando por el patio, salidas de la alcantarilla. Todas las ventanas del conjunto tenían alambreras, y los repechos cubiertos por una chapa de zinc. Cuando la carga de la parte inferior de la pared externa se desprendía o agrietaba, era mi propio padre quien preparaba cemento y lo aplicaba con una llana para repararla, bajo mi atenta mirada. Él trabajaba en la fábrica de relojes J.G. Girod, en la calle Porvenir, creo que perteneciente a La Guindalera. Recuerdo que durante mucho tiempo mi madre acudía a esa fábrica a llevarle la comida con una tartera, acompañándola yo en alguna ocasión. Y también recuerdo a mi padre ataviado en época de frío con un chaquetón de cuero oscuro que pesaba una tonelada. En el horno de aquella cocina de carbón era donde mi madre asaba boniatos.

Esta otra foto vendrá a ser más o menos de la misma época. Está tomada justo delante de la puerta de mi casa, en Constancia 44. A mis pies se puede ver la sombra que proyectaban tanto el edificio donde vivía mi amigo Juan Carlos como la verja que cerraba el patio exterior respecto a la calle. En la acera de enfrente se pueden ver otros edificios. Era muy típico que la gente saliera a las aceras con sus sillas y conversara con los vecinos. En el extremo de esa misma acera, hacia la izquierda de la imagen, haciendo esquina con Juan Bautista de Toledo, existía una taberna, a la que recuerdo que en cierta ocasión llegó un equipo de cine: la película decían que se titulaba “El otro árbol de Guernica”. También se puede ver la sombra de uno de los árboles de la calle, que daban unas flores que los críos decíamos (y poníamos en práctica) que se podían comer: las llamábamos “pan y quesillo”. También había algunos algarrobos, con aquellas extrañas cosas oscuras colgando, dentro de las cuales había unas pequeñas semillas negras y algo pringoso parecido al cabello de ángel.

El conjunto lo completaba un servicio comunal, para todos los vecinos salvo para la casa principal, que contaba con el suyo propio. En alguna de las fotos se pueden ver los dos ventanucos juntos. Tenía una taza turca, un pequeño lavamanos una cisterna con cadena y una puerta de madera pintada de gris. Entre este WC y la vivienda 4 había una pequeña tapia, a cuyo otro lado estaba el taller alfarero que no sé si era el mismo de la parte posterior.

Calle de Constancia, barrio de Prosperidad (antiguo distrito de Buenavista), 1914.

Recuerdo 3: Sobre el “canalillo” (por León Sanz)

En principio el ramal del Este del Canal de Isabel II, terminaba justo antes de cruzar la calle de López de Hoyos, después de cruzar la calle Azcona y Marqés de Monteagudo. Antes de su final tenía varios rebosaderos, tres o cuatro, por los que salía el agua cuando llevaba mucho caudal o cuando había poco consumo. Estos rebosaderos consistian en un rebaje de la pared del lado Este, podían ser unos diez o doce centimetros,lo que permitía salir el agua en dirección al Arroyo Abroñigal, que discurría a un nivel inferior, y era aprovechada para regar las huertas que había en las inmediaciones.
Arturo Soria batalló con el Canal de Isabel II para conseguir que se prolongase el Canal hasta las inmediaciones de la parte de atrás de la fabrica de Pan de Viena “La Luna”. Al final lo consiguió la CMU, y además logró aumentar el caudal que tenía contratado con el Canal, que servía para suministrar agua a la Ciudad Lineal, a través de la casa de máquinas.

A la altura del Parral, es decir en la Gindalera antes de cruzar la Avenida de América tenía una sección en forma de trapecio. Podía tener unos 90 centimetros la base superior y 75 la inferior, la altura podía ser de unos 40 centimetros.
Para controlar la velocidad había unas pequeñas presas de madera móviles, que se subían o bajaban por un torniquete, según el caudal. En esta zona las paredes estaban recubiertas de cemento liso, y era frecuente ver unos insectos que se conocían como aclara-aguas o patinadores que se delizaban sobre la superficie del agua.
Este tramo solía estar vallado con alambres de espino. (León Sanz)

Plaza Sagrado Corazón de Jesús 1

plaza-sag_corazon-de-jesus_maravillas_1979_03Plaza Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid (La Prosperidad) -Antigua Plaza Moret-. tres imágenes del mismo edificio: foto antigua, del primer tercio del siglo XX; imagen actual de la casa; y captura de la película MARAVILLAS (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980).  Detrás del muro habría un hotelito con patio y jardín. Y enfrente, un edificio de tres alturas más bajo, que podemos ver en la fotografía de abajo.  El descampado ya no existe, pués fue ocupado por la actual Junta de Distrito de Chamartín. La zona más verde, en el centro, es actualmente un parquecito con zona infantil y terrazas para los bares de la zona.

“Este edificio se encontraba en la calle de Gabriel Lobo nº 42, cuando esta cruzaba en diagonal la calle del Príncipe de Vergara. Con su derribo desapareció el último tramo de Gabriel Lobo”. (Isabel Gea Ortigas, 1981)

En el espacio libre dejado por el bloque derribado rápidamente se comenzó a construir. En su solar se levantó la nueva Junta Municipal de Chamartín y el Centro Sociocultural Juvenil “Luís Gonzaga”. En frente, uno de los edificios que se proyectaron ocuparía el número 133 de Príncipe de Vergara. Recuerdo que  cuando el bloque se encontraba ya en su fase final, con todos los pisos construidos, una mañana de tormenta que seguía a una noche de vientos furiosos y abundante lluvia, la grua de la obra se desplomó sobre la calle matando a una persona. El País lo contaba así: “De todos los accidentes que el viento provocó en la ciudad, el más importante sin duda fue el que tuvo como escenario la calle del Príncipe cle Vergara. En el número 133 de la citada calle, cerca de su cruce con la calle de López de Hoyos, se está construyendo un edificio de viviendas de lujo denominado Pronor- 2. Poco antes del mediodía, una de las grúas utilizadas en la construcción, de aproximadamente treinta metros de altura, se desplomó por acción del viento y fue a caer sobre la calzada, hasta apoyarse en el edificio situado al otro lado, en el número 130, donde tiene su sede una entidad aseguradora. En su caída aplastó un coche que estaba estacionado y otro que circulaba por la calle. En el interior del segundo de los vehículos citados se encontraba Carlos Villacastín Ayuso, de 33 años, padre de cinco, hijos e ingeniero de Profesión, quien resultó muerto en el acto. Era cuñado del vicerrector de la Universidad Complutense, Salvador Rivas. Los bomberos, que acudieron al lugar dotados con una potente grúa, tardaron algo más de una hora en conseguir retirar el armazón de la grúa desplomada para rescatar el cadáver de Carlos Villacastín.”. (El País, 31/12/1981)

“Calle López de Hoyos, en el número 35, semiesquina a la glorieta de igual nombre había una casa de viviendas en cuyo local de la derecha, estaba el restaurante Vara, muy conocido entre los vecinos de “la Prospe”. El edificio se hallaba por debajo de la cota de la calzada por lo que había que bajar unos pocos escalones para acceder a él. El edificio fue derribado en noviembre de 1990″. (Texto y foto: Isabel Gea Ortigas, 1984).

En esta fotografía de la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos) en 1945 se puede ver el mismo edificio de la foto de arriba (el primero por la derecha). En esta época los niños jugaban al fútbol en el campo de las monjas, la antigua prolongación de General Mola, en “la Guinda”, en el “Campo de Los Alemanes”, que estaba enfrente del Club Santiago y era muy concurrido por clase trabajadora, pues en la parte sur del campo existían una serie de casas corrales,  que se construyeron ilegalmente al terminar la guerra civil. Los moradores de estas casas tenían animales, cerdos, gallinas para la subsistencia y realizaban la matanza del cerdo… (Titín). También eran motivo de juego los baños  en el “canalillo” del Canal de Isabel II. “El canalillo del Sur, después conocido como del Este, tenía 12.930 metros e iba desde Nuevos Ministerios hacía la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos), Barrio de la Guindalera y por último a la Prosperidad, a la altura del barrio de Ibarrondo, para desaguar en el arroyo Abroñigal” (Ver Artículo de Ricardo en  H. M).  Las verbenas se celebraban en Francisco Silvela y  se organizaban por la Virgen del Pilar con carreras de ciclismo hasta Joaquín Costa.  Los viajes para ir al centro de Madrid se hacían en el tranvía 40 hasta Ciudad Jardín. El 17 de Febrero de 1.962 fue el último día de circulación del tranvía 40 Quevedo (Cardenal Cisneros)-Ciudad Jardín (Alfonso XIII esquina a Av. Aster). (Titín)

glorieta-de-lopez-de-hoyos_2008_smallTramo final del Paso elevado, sobre la Glorieta de López de Hoyos. Algunos edificios como el que hace esquina en la foto, el cercano Sanatorio de San Francisco de Asís, o el modesto edificio de viviendas de la foto de abajo, en los aledaños de Principe de Vergara y de la Glorieta, datan de los años veinte y son, por tanto, supervivientes en la actual configuración de la zona, iniciada en los años cincuenta. (FOTO: E. Fidel, 2008)

Recuerdo 4: “Juegos de un niño de barrio del Madrid de 1955 a 1965″ (por Ángel de Olavide)

“Éramos los primeros niños con una dieta razonable, pocos años hace que ha desaparecido la cartilla de racionamiento. Nos daban leche en los colegios. Leche que mandaban los americanos. Recuerdo unas botellitas con la boca ancha cubierta con aluminio. El Vitacal, un sucedáneo de chocolate que contenía calcio, que permitía el escatológico lema aquel de “chaval toma vitacal que el culo te huele mal” formaba parte de la dieta callejera de entonces; era junto con los caramelos Saci, el paloluz y los polos de agua las chuches de entonces. También fuimos los primeros niños que tomábamos yogures de la marca Danone por supuesto. Y hasta jamón de york. Pero en cuanto a juegos me temo que éramos absolutamente dependientes de la creatividad de las escuchimizadas generaciones anteriores”.

“Los niños del barrio de la Prosperidad de aquellos años era difícil que fuesen propietarios de una bici. Si acaso un triciclo. Canicas, peonzas, camiones o coches de lata.

Si nuestros padres o hermanos mayores jugaban al pídola, nosotros lo hacíamos al dola. El dola era posiblemente el juego deportivo mas practicado en aquellos años. Un chico hacía de burro y por encima de su cuerpo doblado saltaban los demás practicando toda suerte de golpes siguiendo las instrucciones de la “madre”. El lique, la taba, el doble lique, la culada, etc. Eran golpes con el pie en el trasero del burro o caídas sobre el cuerpo del pobre burro. Según se alargaba el juego el salto sobre el burro había que practicarlo desde mas lejos lo que provocaba que de salto en salto cada vez hubiera mas burros que saltadores. Había algunas variantes. A veces los burros se fijaban sobre la pared y el ejercicio consistía en acumularse saltadores uno encima del otro. Otras veces el salto había que practicarlo sobre un grupo de burros mas o menos largo. Recuerdo algún pareado con el que se acompañaba el juego. A la una anda la mula, a las dos anda el reloj, a las cuatro salto, a las cinco brinco…y así.

Si el dola era un juego practicado en exclusiva por los varones, tengan ustedes en cuenta que los colegios de entonces no eran mixtos, existía un juego que se practicaba por niños y niñas. Era el juego del pañuelo. Los equipos se formaban por jefes de fila que elegían por turno, previamente definido por el viejo procedimiento de echar pasos, aquello de oro, plata, monta y cabe. En el centro un niño mantenía un pañuelo en el brazo extendido. Desde cada uno de los lados y a una distancia de unos veinte metros mas o menos, saltaban los competidores de turno. El asunto consistía en arrebatar el pañuelo y llevárselo a tu campo sin que el adversario pudiera tocarte. No solo era cuestión de velocidad. También de la picardía de amagar y provocar que el contrario entrara en tu campo sin que tu hubieras tomado el pañuelo, cosa que descalificaba.

El “tú la ligas” era una versión de los antiguos juegos de alcance y contacto. La cosa consistía en evitar que nadie te tocase antes de llegar a tu refugio. Si eras alcanzado te convertías en cazador. No tiene mucho que explicar. Creo que en versiones mas o menos brutas sigue siendo practicado por niños de todos los países y todas las edades.

Los cromos. Creo que fuimos la primera generación en coleccionar cromos. De futbolistas, de ciclistas, poco mas. Pero no solo la cosa consistía en coleccionar las estampas. También en ganarlas por el procedimiento de levantarlas con el vuelo de la mano y ser capaces de darlos la vuelta. El golpe de la mano en el suelo, la concavidad que eras capaz de formar, el efecto que lograbas determinaba que fueses capaz de mejorar tu colección o de perderla. Por supuesto que existía el intercambio de cromos, en los patios de los colegios, en la calle, en cualquier sitio y lugar. Era como jugar a la bolsa, un bahamontes podía costar tres timoneres, un puskas cuatro Vavás.

La peonza. Echarlas a rodar. Recogerlas con la mano. Pintarlas de colores. Caparlas. Mojar la cuerda. Enhebrar la cuerda en las monedas de real para formar el tope. ¿O tengo que dar mas detalles?

Las chapas. Complejo juego que consistía en montar circuitos en la arena o en el pavimento, con sus cunetas de tierra o señales de tiza, sus puertos, curvas y rectas de meta. Había que prepararse las chapas. Tenían que ser planas, bien pulidas en el granito de los alcorques. En el fondo se colocaban recortadas fotos de los ciclistas del momento o banderas nacionales. Luego una tapa de cristal bien troquelada y un fino cerco de masilla para sellarlas. Por supuesto que tenías que tener habilidades digitales- de las de antes de los ordenadores por supuesto- y capacidades de lograr efectos para superar las curvas mejor que tus competidores. O sea, que tenías que reunir las facultades de un ingeniero de caminos, canales y puertos mas las de hábil diseñador y un eficaz juego de muñecas y de dedos. Era el juego rey del bulevar de General Mola, hoy Príncipe de Vergara. Una versión menos común consistía en simular partidos de futbol. En ese caso las chapas llevaban fotos de futbolistas.

Las canicas y el guá. Todo consistía en meter la bola en un agujero- el guá- y desde allí poder tocar otras bolas y volver al guá. Había bolas de barro, de cristal y de acero. En el juego se ganaban o se perdían bolas. No recuerdo el valor de cada bola, creo que las de acero valían tres veces mas que las de barro. A ver si algún colega de aquella generación se acuerda.

El clavo. En épocas de lluvias se jugaba sobre el suelo húmedo a clavar sobre espacios previamente dibujados un clavo, destornillador o lima sobre el suelo. El juego consistía en ir ocupando cuadros. El juego tenia sus peligros y aun recuerdo como a un niño de la Colonia del Pilar le sacaron un ojo un aciago día. Mucho mas peligroso que todos los juegos de armas virtuales actuales.

Creo que algún niño jugaba al aro. Pero aquello de los aros nos parecía cosa de niños un tanto cursis. Puede que viese por entonces algún yo-yo y por supuesto diábolos. También se practicaban malabares con las pelotas de goma que te regalaban en Segarra al comprar zapatos. Parece que perroflautas han existido en todas las épocas. El circo no goes to the town. Esto de los circos ambulantes era mas bien cosa de los pueblos o de las ciudades pequeñas. A Madrid solo llegaban compañías como el Circo Ruso o el Americano y te tenían que llevar al circo. No recuerdo cabalgatas circenses por el barrio. Si acaso algún grupo de gitanos con la cabra y la trompeta. Deplorable espectáculo.

La taba. También se jugaba a la taba. No soy capaz de recordar como se llamaban las cuatro posturas del juego ni la jerarquía que tenían. Si creo que a la taba jugaban los niños mas golfos. Los que sin duda años mas tarde dedicarían buena parte de sus ingresos a los dados y a las cartas.

Policías y ladrones. El rey de la montaña. Juegos que aprovechaban la topografía urbana de aquellos años. Solares gigantescos sobre lo que después sería la prolongación de General Mola desde Francisco Silvela hasta la actual Plaza de Cataluña. Vaquerías abandonadas. Refugios antiaéreos de la guerra civil todavía sin clausurar. Los diversos juegos del escondite.

Y por supuesto los juegos náuticos. Por aquel barrio pasaba en superficie el famoso Canalillo. Y la “manga riega que aquí no llega”. No creo que necesite dar muchas explicaciones. O si?

Una curiosidad de aquel barrio y de aquellos años. Por los años 53, 54 y 55 llegaron los americanos de EEUU a Madrid. Una de las casas que se levantaron entonces, justo en la esquina de Príncipe de Vergara, antes Mola, con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a personal de la base de Torrejón. Debía de ser antes de que esas personas se mudasen al Encinar de los Reyes donde construyeron una especie de réplica de los típicos barrios de chalets americanos con sus jardincillos sin cerramientos. El caso es que con la proverbial simpatía de los sobrinos del Tío Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al béisbol. Regalaban camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal herramienta entre nuestras manos. Picher y cacher eran palabras normales en nuestro diario acontecer. Creo que durante unos meses jugabamos mas al beisbol que al futbol.” (Blog de Angel Alda, El Angel de Olavide)

Alumnos del colegio del padre Amalio, de nombre “Virgen de Madrid”, en la calle de Eugenio Salazar, casi llegando a López de Hoyos. La foto está tomada desde la terraza, mirando al este, en 1964. (Foto: Benito Aguero de Pablos)

Edificio en la calle Anastasio Aroca nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Recuerdo 5: Un paseo por “la Prospe” (por Moncho Alpuente)
Una iglesia y un mercado pugnan por dar a esta plaza entidad de plaza mayor, centro neurálgico de un barrio que siempre ha sabido afrontar con buen humor su irónica denominación, que los vecinos abrevian por la vía de lo castizo hasta dejarla en Prospe, La Prospe, con las dos pes explotando en los labios como truenos. Esta paradoja nominal acució el ingenio y fomentó la rebeldía ante el Ayuntamiento, y el diccionario de la Academia del niño prosperitano Juan José Millás, que buscó en las páginas del grueso libro la definición correspondiente al barrio en el que moraba y, al no ver por ninguna parte el bienestar y el curso venturoso de las cosas que figuraban como sinónimos de Prosperidad, aprendió a desconfiar de las promesas de los adultos y de sus presuntos conocimientos.
La Prosperidad pillaba cerca del barrio, lo circundaba en los chalés de El Viso y de la Ciudad Jardín, en los últimos bloques del barrio de Salamanca y en las últimas villas y quintas de Chamartín. La Prospe nacía como barrio mestizo en la frontera de la ciudad, sobre los terrenos de un polígono industrial cuya mejor industria sería, con el tiempo, aprovechar el terreno para edificar nuevos edificios de viviendas”.

“Esta plaza mayor de la Prosperidad parece más antigua de lo que es, de puro desgastada por el uso abusivo que hacen de ella las palomas, los niños y los jubilados que enhebran su eterna partida de naipes, ajenos al trasiego de las amas de casa que vuelven de la plaza cargadas de bolsas de plástico.

Los niños que crecieron en “La Prospe”, y con la Prospe, en los años sesenta y setenta, fueron exploradores y pioneros de los innúmeros descampados de la zona, territorio híbrido entre el campo que huía y la ciudad invasora que prosperaba para cegar sus campos de juegos con cal y canto, hormigón y ladrillo. El Gran Wyoming, guía nativo criado en La Prosperidad, recuerda los felices días del Ateneo Politécnico, una academia privada reconvertida en centro de actividades culturales, lúdicas y festivas por voluntad de su propietario, cuyo edificio cobijó actuaciones musicales de grupos de casa, locales de ensayo y una popular guardería. La oposición de dos de los hijos del mecenas generó a mediados de los setenta una batalla legal y campal que terminó como suelen terminar las buenas acciones cuando hay por me dio terrenos para especular”.

“Tras el desalojo policial del politécnico, los ocupantes que aún no habían estrenado la “ka” hicieron lo propio con los locales de la antigua Escuela de Mandos José Antonio, de la calle de Mantuano, desmantelada tras la muerte del supremo y superlativo mandatario del régimen (F. Franco). El nuevo centro cultural se convirtió, más que mediados los años setenta, en un vivero de actividades en el que germinaron los más desmandados talentos musicales de lo que empezaba a llamarse, “movida madrileña”.
Después del “movimiento”, la “movida”, el edificio que había albergado a los candidatos a profesores de Educación Física y Formación del Espíritu Nacional, terror de aulas y patios colegiales, se transformó en un nuevo ateneo artístico y libertario, sin exclusiones, donde convivieron durante un tiempo un gimnasio de artes marciales y una sala de exposiciones,El Saco, en la que jóvenes creadores y diseñadores expusieron sin rubor sus obras primerizas, esculturas con materiales reciclados entre el dada y el arte povera, el pop art y el agit prop (agitación y propaganda). Uno de los animadores de aquellos momentos iniciales e iniciáticos fue Fernando Márquez, El Zurdo, con sus fanzines y su primer grupo,Kaka de Luxe, en el que militaban Alaska y Carlos Berlanga. También pararon por allí Los Zombis de Bernardo Bonnezzi, y los obreros especializados del Aviador Dro, y Servando Carballar, que tenía las oficinas de su sello discográfico independiente unas calles más allá, en pleno corazón de La Prospe.

Recorte del diario ABC de 12/11/1976, acerca del derribo del “Ateneo Politécnico”.


Antes de que abriera sus puertas el Rock-Ola, santuario de la ”movida” en la cercana calle de Padre Xifré, junto a las Torres Blancas, en los mismos locales habían figurado otras discotecas de moda, como el primitivo Nica’s, donde hizo sus pinitos como cantante pop Camilo Sesto, al frente de Los Botines, antes de soltarse la melena como baladista meloso. La proximidad de estos antros de modernidad debió suscitar las inquietudes musicales de los jóvenes prosperitanos que se plasmaron a mediados de los años setenta con La Romántica Banda Local y más tarde con “Paracelso”, el grupo de Wyoming (Chechu Monzón) y Reverendo (Ángel Muñoz), ganadores de uno de los primeros concursos de rock organizados por un Ayuntamiento que parecía dispuesto a firmar una tregua con las nuevas hornadas provocadoras e irritantes que eclosionaban por doquier. Otro de los grupos criados en La Prospe fue Los Güevos Duros embrión también de nuevas formaciones de barriada.
La gran vía de Prosperidad es la avenida de López de Hoyos, dedicada al catedrático, presbítero y cronista don Juan López de Hoyos, que fue maestro de Cervantes y autor de la Declaración de armas de Madrid. Entre las calles que cruzan esta arteria principal, la de Eugenio Salazar destaca por su acogedora infraestructura de bares entrañables y disco-bares más ruidosos, pero no menos hospitalarios, entre los que sobrevive El Garage Hermético, dedicado a la memoria gráfica del dibujante Moebius. Algunos nativos recuerdan también bares con menos pretensiones, como Casa Leo o El Chopo que les acogieron en momentos difíciles, cuando tenían dificultades para sufragar a escote las cañas consumidas y habían de rebuscar en sus fláccidos bolsillos.
Como un transatlántico varado en el asfalto, el nuevo Auditorio Nacional de Madrid ocupa una vasta extensión en el confín de “La Prospe”, dando un barniz clásico a las inquietudes musicales de los jóvenes creadores locales. En este solar hurtado a las excursiones infantiles vio el niño Wyoming pernoctar grandes rebaños de ovejas que animaban las noches de los vecinos con sus musicales balidos.
De vez en cuando, la sufrida plaza mayor de La Prosperidad ha de soportar sobre su maltratado pavimento las botas militares de un rebaño, más bien camada, de furibundos ultraderechistas convocados por el capo Ynestrillas cuando sale de presidio, pero los prosperitanos, de insumisa estirpe, ignoran las provocaciones de estos espurios discípulos de aquellos mandos de la Escuela de Mandos “José Antonio”, sobre cuya sede edificaron en su día un efímero emporio lúdico, cultural y libertario.”
Moncho Alpuente El País-1998.

Calle Suero Quiñones1976

Calle Suero de Quiñones en 1976. Se celebraban en la calle los primeros Carnavales de la “Transición” tras su prohibición en la Dictadura. Los edificios que se ven al fondo están en la calle López de Hoyos. (Foto: Enrique Amézquita Mangas, 1976)

Referencias.-

Avenida de América de Madrid

Concesión Tranvía Prosperidad Guindalera  1905
Documento PDF (Memoria de Madrid)

Díez de Baldeón, Alicia
López Marsá, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid, 1985

Fernández de los Ríos, A.
Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero.
Edición facsímil de la original de 1876.
Ediciones La Librería. Madrid, 2002.

Pardo Abad, Carlos J.
Vaciado industrial y nuevo paisaje urbano en Madrid.
Ediciones La Librería Madrid, 2004

Tomé Fernández, Sergio
Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual.
Departamento de Geografía. Universidad de Oviedo
Scripta Nova REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona, 2003

Chicote, César
La vivienda insalubre en Madrid (Memoria)
Imprenta Municipal
Madrid, 1914

Charlotte Vorms
La urbanización marginal del extrarradio de Madrid: una respuesta espontánea al problema de la vivienda.
El caso de La Prosperidad (1860-1930)

Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales.
Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146

La Prosperidad 1862-2012/ Facebook  fimages

En busca de la prosperidad” (El País, 03/01/2005)

Blog El Ángel de Olavide

Blog Historias Matritenses

Densidad solidaria  (Rafael Fraguas De Pablo. El País, 28/09/2012)

“La Prospe” cumple 150 años  (ABC, 26/01/201)

“La Prospe” vista desde la azotea de Enrique F. Rojo (Gente Digital, Septiembre, 2012)

“La Prosperidad se aburguesó desde los años 60″ (Madrid Diario, 20/09/2012)

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