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Archive for the ‘agua’ Category

1-Canalillo_Guindalera_1906

El “canalillo” a su paso por la Guindalera, en su linde con la Prosperidad, en 1904.

El “canalillo del sur”, la acequia del este de Madrid  fue, con el “canalillo del norte”, una de las Acequias de Riego que el Canal de Isabel II construyó en 1868 para aprovechar las aguas sobrantes del abastecimiento a la capital.

Agua potable en Madrid

Hasta el siglo XVII, Madrid se abastecía de agua con pozos y con el río Manzanares y arroyos como el Meaques, el Cantarranas o el Abroñigal. Cuando Felipe II instaló la Corte en la Villa en 1561 la ciudad no llegaba a las 15.000 almas. Un siglo después eran más de 48.000, y la demanda de agua obligaba a constantes búsquedas de reservas. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica de ladrillo o piedra soterrados.

Deposito Canal

Depósito elevado del Canal de Isabel II, inaugurado en 1912.

Todavía en 1850 Madrid se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes con que contaba la ciudad, especialmente en verano, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes y definitivas.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77 fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 664 reales fontaneros, más de 25.000 litros en esta medida de la época. El real fontanero equivalía a 2.280 litros por minuto.

Canal de Isabel II

A pesar de que desde el siglo XVIII se realizaron numerosos proyectos para abastecer de agua a Madrid, no fue hasta 1851 cuando se presentó en las Cortes un proyecto para traer las aguas del río Lozoya.

La ejecución de este proyecto, que costó ciento veintisiete millones de reales, supuso la construcción del embalse del Pontón de la Oliva y la canalización del agua hasta el depósito soterrado del antiguo Campo de los Guardias. Lamentablemente, las características de la roca donde se emplazó la presa hicieron que las filtraciones fueran constantes y evidenciaron la inutilidad de la construcción.

Sin embargo, el 24 de junio de 1858 fue inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne, en las instalaciones del primer depósito, asistieron la reina Isabel II, el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba el semanario El Museo Universal, el pueblo de Madrid, que se mostró entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), compartiendo con alegría la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya.
En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros.

Ponton de la Oliva_010

Presa del Pontón de la Oliva. Foto incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford, publicado en 1858,  (BNE).

Acequia de riego del Este

Satisfechas las necesidades de consumo de agua de la población, que se situaron muy por debajo de las expectativas, los ingenieros del Canal calcularon que el agua sobrante, que se vertía al arroyo Cantarranas y desde ahí al Manzanares, podía utilizarse para regar aportando beneficios a la empresa.

Para aprovechar esta agua y posibilitar el riego de las numerosas huertas que había en los aledaños de los Ensanches y las Rondas, se inició en 1868 la construcción de la acequia de riego del Canal de Isabel II o “canalillo” a cargo del ingeniero Juan de Ribera Piferrer, artífice del primer depósito.

La acequia del Este tenía algo más de 16 kilómetros de longitud. Arrancaba desde un depósito repartidor para dividirse en dos ramales, el del Norte de 5 kilómetros de largo y el del Este de 10 kilómetros. Este ramal, construido en ladrillo revestido para limitar la erosión, contaba con tres saltos que salvaban los desniveles más importantes del recorrido y evitaban las grandes pendientes que pudiesen dar velocidad al agua aumentando la erosión del canal.

Canal de riego del este_Gonzalez e Iribas_1906

Sección del plano de  González e Iribas, de 1906.  Se aprecia el sinuoso recorrido del sector oriental del “canalillo” o “acequia de riego del Este”.

Contaba con 10 puentes de paso elevado para el tránsito de peatones, animales y vehículos, 12 tajeas o puentes de menor importancia a modo de acueductos, 10 alcantarillas y 9 sumideros para soterrar el paso de las aguas. Estaba flanqueado por acacias, álamos, moreras, castaños de Indias y negrillos para evitar la evaporación y había caminos en cada sentido con una valla de alambre para evitar accidentes.

Atravesaba la actual AZCA, recorría las inmediaciones del antiguo Hipódromo de la Castellana (hoy ocupado por los Nuevos Ministerios), la Colonia Parque Residencia, Altos del Hipódromo (Residencia de Estudiantes); cruzaba la calle de López de Hoyos, recorría la Guindalera y desembocaba en el arroyo Abroñigal después de pasar por el barrio de la Prosperidad donde se aprovechaba para la elaboración de tejas y ladrillos en los numerosos alfares y tejares que allí había.
En 1961 se decidió su cierre, hasta desaparecer por completo en los años setenta del siglo XX.

2-Canalillo_1959

El “canalillo” a su paso por la glorieta de López de Hoyos en 1959. En 1961 desapareció por completo. (Foto: Fondo Santos Yubero, ARCM)

(Adaptación del artículo publicado en el nº 243 la Revista Plácet, Febrero de 2014)

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Portada segunda edicion 01-12-2012.-piccolajpg

Acaba de salir a la calle la segunda edición de La Prosperidad 1862-2012.
El libro ha tenido una acogida extraordinaria y ha agotado las existencias de la primera edición en el almacén de Temporae-La Librería en algo menos de dos meses, lo cual me satisface enormemente como autor del mismo. Espero que esta segunda edición siga los mismos derroteros.
A pesar de que la campaña de promoción no fue muy intensa, si han sido numerosos los medios ( El País, en una bonita columna de Rafael Fraguas, la revista PLACET, en un artículo de Alfonso Espinosa, la Gaceta Local, en su edición de Madrid Norte, la publicación histórica Madrid Histórico,  el semanario gratuito Gente-Norte, un elegante reportaje en Tele Madrid, etc.) que se han hecho eco de la publicación del libro. Incluso hubo algunos a los que no pude atender por problemas de incompatibilidad de fechas y horarios, muy a mi pesar. Mi agradecimiento a todos ellos por su interés.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos aquellos que se han fijado en el libro. Quienes lo han comprado; aquellos que acudieron a las presentaciones y se acercaron a conocerme y a darme sus opiniones y consejos; aquellos que quisieron que les dedicase el libro y me felicitaron. Hubo quien dijo que le emocionó su lectura, por las evocaciones que le sugirió. Hubo quien echó en falta más cosas y más casas, y mi respuesta fue: “Manda el espacio, manda la editorial y no cabe todo”. Y es verdad.  También manda el tiempo, que casi siempre es escaso.

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Gente Digital. Mención al libro La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

También he de agradecer a los distribuidores por su labor, algunos soberanamente implicados por ser un libro de su barrio. Han sido muchos los vecinos de la Prosperidad que con su publicación se han reencontrado con su barrio, lo cual rinde al autor la emoción de haber ejercido de artífice en la recuperación de su memoria en quienes, siendo parte de su historia, habían perdido el hilo conductor que a él les unía.
Como hacer capítulo de aquellos a los que debo agradecimiento por La Prosperidad 1862-2012 sería repetir lo que ya figura en el apartado de “agradecimientos” del libro, prefiero reproducirlo textualmente:
Han sido muchas las personas que han ayudado a que este trabajo saliera adelante. Desde el anonimato y con el interés de que el proyecto fructificase se sumaron a lo largo de 2012 vecinos de la Prosperidad y algún amigo amante de la historia de Madrid que aportó su valioso consejo y diverso material gráfico. No sería justo dejar de citar algunos nombres: Miguel Rodríguez, Ricardo Márquez, Carlos Moreno García, Benito Aguero, Enós Pastrana, Isabel Blas, Isabel Gea, Julia Alonso, Liliane Salvetat, María Jesús Martínez, Paco Montesinos, Rafael Blasco. Para todos ellos mi agradecimiento. Gracias también a la gerencia de Ballesol Principe de Vergara, a María Jesús de Temporae, y a Elvira Navarro, escritora y también bloguera, por su generosidad y por tan excelente prefacio. Gracias también a aquellos que mostraron su disposición hacia el libro y que, por falta de espacio, no han visto su participación reflejada en el. Si he dejado de nombrar a alguien, le ruego me perdone tan inexcusable olvido”.

DN-Tele Madrid_Kike

Imagen del reportaje de Luis Azanza / José Dávila en el espacio Madrid Oculto del Diario de la Noche de Tele Madrid, el 4 de octubre de 2012.

Como resumen del libro, mejor que una disección pacata e insignificante encaminada a no desvelar su contenido, bien puede valer una somera entrevista que me hizo Enrique Villalba el 20 de septiembre de 2012, mucho más fructífera y reveladora, en Madrid Diario.  Aunque Enrique también me hizo algunas fotos en el lugar donde tuvo lugar la entrevista, en la Plaza de la Prosperidad, no las publico aquí por la poca justicia que me hacen. A continuación, la entrevista tal y como se publicó en Madrid Diario:

Enrique F. Rojo (Madrid, 1964) es técnico de televisión, bloguero y escritor.
Su primer libro, editado por Temporae, es ‘La Prosperidad. 1862-2012‘, un recorrido en imágenes de este barrio de Chamartín, que cumple 150 años.

¿Porqué escribió este libro?
Es mi barrio. Me he criado aquí y he visto su evolución constante y paulatina. Uno va perdiendo la memoria de cómo han sido las cosas. No eres consciente de los cambios hasta que recapacitas y te das cuenta de cómo ha cambiado la fisonomía del sitio donde has vivido.

Prosperidad hace no mucho era casi todo campo.
Fue una de las primeras periferias de Madrid. Cuando la ciudad comenzaba a agrandarse con el ensanche de Castro, en 1862 comienza a gestarse el germen del barrio. Es cuando comienzan a venderse las primeras parcelas y a construirse las primeras casas bajas.

¿Cómo fue creciendo el barrio?
Cuando el barrio se crea, surge en torno al camino de Hortaleza -actual López de Hoyos-. El barrio se gestó sin ningún tipo de ordenación. Era todo lo contrario a los barrios planificados del ensanche de entonces. Los inmigrantes se fueron estableciendo en función de las parcelas que adquirían, construyendo de forma anárquica y sobre suelo rural. Se puede comprobar en un trazado urbano de calles estrechas y casas bajas. Era un pueblo. Algunas calles eran apenas caminos que hacían las veces de ramal de la vía principal, como la calle Canillas, que llevaba al pueblo del mismo nombre. La plaza de Prosperidad era un descampado que quedó libre y que no se ocupó, hasta que quedó como plaza. Era el lugar que servía de mercado al aire libre hasta que a mediados de los 50 se construyó el mercado municipal de Prosperidad. En 1973 se amplía la línea 4 de Metro y el barrio adquiere otra dinámica.

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Gente Digital. Reportaje del libro “La Prosperidad 1862-2012″ (Ed. Temporae, 2012)

Abundaban los tejares…
Por el barrio pasaba un desagüe, con acueducto incluido, del arroyo Abroñigal que se conocía como el ‘canalillo’. Aprovechando el agua, se establecieron muchos tejares que daban servicio a la construcción del barrio y a las casas del ensanche.

¿Quién vivía en Prosperidad en esa época?
Casi todos eran peones de la construcción, trabajadores no especializados y gente de servicio que iban a trabajar al barrio de Salamanca y el ensanche. Luego se fueron creando villas de veraneo para la gente del barrio de Salamanca, para huir del calor de la concentración de la ciudad. La gente iba en el tranvía a trabajar al centro, aunque, al parecer, no funcionaba muy bien.

¿Cómo vivió el barrio la Guerra Civil?
No he querido entrar en ese tema. Se estableció una checa en una esquina de López de Hoyos. Los pequeños episodios generaron tensiones. En ese momento, la Prosperidad era un barrio de peones y tenía una tradición más de izquierdas. Todavía hay vestigios de la guerra. En el colegio Luis Bello, por ejemplo, hay un refugio antiaéreo y se llegaron a plantear pasadizos hasta la calle Pradillo.

Abundaban los centros de beneficencia…
El suelo era barato y había mucha necesidad. Daban servicio a vecinos del barrio y otros vecinos. Hay que entender que la gente vivía hacinada y sufría muchos problemas y enfermedades, como la tuberculosis. Había otras instituciones, favorecidas por la aristocracia. Por ejemplo, la viuda de Canalejas cedió un hotelito que usaba de casa de vacaciones para hacer un centro femenino. También la Asociación de Amigos de la Enseñanza, que daba servicio a niños y a adultos; y el centro de artistas y escritores, que mantuvo a intelectuales sin recursos como Ciro Bayo.

¿Qué ocurrió en el desarrollismo?
En esa época, todo lo que olía a naftalina se lo cargaban. La Prosperidad perdió ese aspecto de ser un pueblo encajado en una ciudad. El ánimo renovador y la especulación eliminó las viejas construcciones por otras modernas que hoy se consideran nefastas. No obstante, todavía quedan elementos diferenciadores como las casas bajas de neomudéjar y las colonias, que son como islas en plena ciudad.

En el libro afirma que el vecindario se aburguesó.
Está motivado porque todas las construcciones que se hacen nuevas desde los años 60 pretenden tener un mayor estatus. Las casas comenzaron a ser de más categoría. Atrajeron a otro tipo de perfil social, aburguesando el barrio. A cambio, empujó a los antiguos habitantes, que en muchos casos, con el dinero de la expropiación no se podían permitir comprar una casa en la zona. Este proceso se nota sobre todo en los límites del barrio: Clara del Rey, Santa Hortensia, Príncipe de Vergara y Ramón y Cajal.

¿Los vecinos siguen considerando la Prosperidad un pueblo?
Sospecho que cada vez menos. Las generaciones más antiguas desaparecen y los herederos olvidan o emigran. A cambio, se ha incorporado nueva población que ha asumido que es un barrio más, a pesar de que tuvo un pasado con personalidad propia. 
(Enrique Villalba , 20-09-2012 )

Gaceta Local-octubre 2012-2

Página de La Gaceta Local que recoge la publicación del libro “La Prosperidad. 1862-2012.”

Referencias.-

La Prosperidad 1862-2012 Facebook

Temporae Editorial Facebook

La Prosperidad / Temporae Blog

La Prosperidad 1862-2012″, historia de un barrio de la periferia temprana de Madrid/ Entrada Blog sobre el libro

Recuerdos del barrio de la Prosperidad (Madrid)/ Blog Urban Idade

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Gran Vía (Antonio Bellón, Crónica 1934)

Antonio Bellón Uriarte fue un dibujante jienense. Nació en 1904 y vivió en Madrid durante casi toda su vida, hasta 1991 que murió.
Fue testigo de la vida de la capital y dibujó de forma exhaustiva y minuciosa escenas que retrataban la vida de la urbe,  siempre con un toque exagerado y divertido, caricaturizando lo cotidiano.
En esta secuencia de la Gran Vía de Madrid, como en una foto de madrugada, Bellón ilustra un desatado y extraño fin de semana veraniego que podría haber sido como otro cualquiera de este 2012.

Aparecen todos los personajes posibles de aquella época tan moderna y tan parecida a la actual. Coinciden todos, los madrugadores, los  diurnos, los noctámbulos y los taciturnos que buscaban en la madrugada la alegría oculta entre las sombras de lo sórdido y de lo prohibido.

Abarrotando la calzada y las aceras transitan todos los imaginables e inimaginables personajes de una fantástica instantánea.
La perspectiva de la viñeta que aquí se publica nos enseña el edificio Carrión al fondo y siguiendo la rasante de la avenida, con las farolas de doble lágrima en medio de la calle casi en primer plano, el edificio La Adriática (1928), el cine Avenida (1928), el Palacio de la Música (1928) y, por último, a la izquierda, el edificio de viviendas y oficinas en el que se encontraba el hotel Regente (1926). Luego, mucha gente distinta y variopinta, coincidiendo todos a la vez.

Marineros y marineras trasnochadoras que dilatan la juerga hasta el amanecer; ciclistas madrugadores a toda manteca por la Gran Vía; excursionistas en busca de la cañada real que les lleve a la Castellana, rumbo a Chamartín o a Colmenar;  esquiadores despistados con su equipo de invierno rumbo a la sierra; paletos impresionados, chacina en ristre;  familias de  paso, con hijos pequeños,  en procura de la fresca en cualquier parque; vendedores de churros recién hechos; ladrones de churros calentitos; turistas agotados, de recogida, subidos en los autobuses dispuestos a tal fin, (algunos cargados en carros de traperos); parejas de guardias, fusil cargado,  pensando en sus cosas; motoristas arrasando y atronando con sus potentes máquinas; cazadores armados a la caza de gatos o  palomas;  lecheros aburridos de tanta vaca urbana y tanta mala gaita; serenos con las llaves y el chuzo a cuestas;  músicos inspirados y otros de comparsa, animados también; accidentados heridos, con el coche empotrado en una farola, igualmente de fiesta; baldeadores municipales enchufando con la manga a unos soldados que alegremente se duchan sin ropa en mitad de la calle; putas sumisas; alegres señoritas embriagadas;  damas también embriagadas y también alegres;  caballeros contentillos;  borrachos abrazados a una farola para no caerse; rufianes trabajando la  alegría de los demás;  niños que venden la prensa; risueños colgados de las farolas; pescadores con sus cañas, cestos y cebos, destino a la cuenca alta del Manzanares o rumbo al Henares o al Jarama o al Alberche o al intermitente Perales que también trae peces. Mucha gente y mucha alegría en este verano de 1934, hace 78 años. Podría haber sido como este de 2012. O mejor dicho, al revés.

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El agua es un bien escaso y se derrocha. El agua es un bien público y se paga a precio de saldo, a sabiendas de que su gestión resulta cara y de que su distribución no es siempre equitativa. Por eso se derrocha. Pero en época de crisis el agua pública resulta cara en exceso. Por eso se privatiza. Para que la pague directamente quien la use. Y para que de lo público se cree riqueza privada.
Las aguas públicas cuando manan libremente y no se cobran acaban siendo un bien cuestionable que estimula su explotación rentable. Por eso se envasa y se vende en bares y supermercados. Por eso se convierte en un bien objeto de negocio. Por eso se eliminan las fuentes públicas en la ciudad.
En Madrid, de las 4.000 fuentes públicas que había en los ochenta del siglo XX, en 2012 sólo quedan 1.843. De estas, solo funcionan dos tercios, unas 1.200. Muchas se han condenado y no prestan servicio. Algunas estaban en zonas en las que se realizaban actividades deportivas o que tenían mucha afluencia de gente y, aún así, se eliminaron. En general, puede ser que se hiciera valer la directiva municipal de racionalización de suministro de agua potable. Esta situación acaba siendo desconcertante para el ciudadano madrileño que, acostumbrado al acceso libre a las abundantes fuentes de agua potable repartidas por la ciudad, ahora se sorprende por lo difícil que resulta hallar un surtidor que funcione. También es cierto que era normal ver como la fuente pública se utilizaba como lavadero de coches, especialmente de vehículos de servicio público urbano. O cómo el deficiente servicio de mantenimiento de las fuentes propiciaba el derroche del preciado líquido que escapaba hacia las alcantarillas sin control.

La fuente pública de la foto está en una esquina del barrio de Salamanca de Madrid. Es de 1876, es decir del periodo en que el barrio se construía integrado en el proyecto de Ensanche de Carlos María de Castro. La fuente de hierro y el vaso de granito se han conservado, y se ve como se ha procurado integrar la fuente en el nuevo solado de la acera sin estridencias innecesarias.

Sin duda esta fuente pública es un testimonio impresionante de la historia del barrio y de la historia de Madrid. Descubrirla es todo una sorpresa. En especial si se piensa en los antecedentes. Entonces surge la pregunta de cuántas como esta y anteriores a esta han desaparecido sin el más mínimo atisbo de remordimientos y sin que nadie se diera cuenta.

ADENDA (23/06/ 12)._

Al hilo de lo referido en esta entrada de verano he recibido algunas notas que añaden información a lo comentado.
La fuente se encuentra en la calle Maldonado esquina a Claudio Coello. A través de Vicente Patón, Igor me remite un mensaje de Alberto, con un añadido de Jesús,  que nos refiere que el tipo de fuente de la foto, que antaño era muy común, en realidad está incompleta. Y es verdad que al ver el centro, de donde sale el caño, se adivina que falta algo.  Para estar completa se echa de menos una cabeza de león que iba atornillada con dos vástagos por detrás. Se puede ver en la foto que añado. A medida que se abandonaron y se condenaron, fueron robándolas, hasta que también eliminaron el resto. Como decía, el expolio institucional ha sido más que flagrante y a escondidas.

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Obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Hasta principios del siglo XVII, Madrid, a pesar del rio Manzanares, siempre de escasas aguas,  y de algún que otro arroyuelo, se bastaba para abastecer de agua potable a su población.  Cuando Felipe II decidió instalar la Corte en la Villa y convertirla en capital del reino en 1561, la ciudad  no llegaba a las 15.000 almas.  Traspasado el siglo XVII ya eran más de 48.000, y la creciente demanda de agua obligaba a realizar constantes búsquedas de reservas. Por aquel entonces, el sistema habitual de abastecimiento era la excavación de pozos para acceder a las aguas freáticas del subsuelo y la utilización de los manantiales cercanos. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica (de ladrillo o piedra) soterrados.

En 1850 Madrid todavía se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes de agua con que contaba la ciudad, especialmente durante el estío, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77  fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 663,50 “reales fontaneros” de dotación, medida de la época que equivaldría a 2.151 m³. El “real fontanero” equivalía a 3.245 litros en 24 horas, es decir 135 litros a la hora o cien cubas diarias aproximadamente.

Aunque hubo diferentes proyectos para abastecer de agua a Madrid desde mediados del siglo XVIII, no sería hasta 1848 cuando se aprobase un proyecto provisional de abastecimiento con aguas del río Lozoya. Finalmente, en 1851, Bravo Murillo presentó en las Cortes el proyecto de los ingenieros de caminos Juan Rafo y Juan de Ribera para la traída de las aguas a Madrid del río Lozoya. (Ver: Canal de Isabel II en Wikipedia)

Presa del Pontón de la Oliva durante su construcción en 1853.

Preparativos

La elección del lugar para construir la presa y el trazado de la conducción de las aguas estaba condicionada por la distancia y el caudal a transportar. Teniendo en cuenta que era necesario mantener un mínimo de pendiente para que el agua llegase desde el embalse a Madrid hubo que proceder a la nivelación geodésica entre ambos puntos. El lugar elegido en el Pontón de la Oliva pareció lo suficientemente elevado para realizar las conducciones con éxito. Los ingenieros Juan Rafo y Juan Rivera pudieron constatar que entre el Pontón de la Oliva y la Puerta de santa Bárbara, donde se ubicaría la estación de recepción de las aguas, había una diferencia de nivel de 95 pies (26,46 metros). Según publicaba El Museo Universal, después de hechos los estudios, la cuenca del Lozoya, por su proximidad a Madrid y por su capacidad,  hacía del Pontón la ubicación más conveniente.

El presupuesto del Gobierno para la construcción del canal marcaba como mínimo la conducción de 10 reales fontaneros de agua (0,38 m³/sg.), y en vista de la posibilidad de aumentarlo hasta 60 reales fontaneros (2,25 m³/sg.) se supeditaron las dimensiones del canal a dicho volumen. (El Museo Universal, 30/06/1858, págs. 91-92)

Presupuestos y financiación

En relación a la financiación, los presupuestos realizados por los ingenieros calculaban un desembolso de entre sesenta u ochenta millones de reales para la conducción y distribución del agua. Veinticinco serían para la distribución; siete y medio para los acueductos; ocho para la construcción de las minas y la presa; dos y medio para el depósito en Madrid; y el resto para indemnizaciones, imprevistos, y gastos de administración y dirección de las obras.
Para hacer frente a la inversión del Canal de Isabel II se optó por el método de suscripción pública, que se rentabilizaría en forma de dividendos o bien en cuotas de consumo de agua según el capital aportado.
Para romper la desconfianza la Reina Isabel II hizo una primera aportación suscribiendo cuatro millones de reales, a los que hubo de sumar casi dos más de los restantes miembros de la familia real. El Gobierno aportó dos más y el Ayuntamiento dieciséis.

El 13 de septiembre 1851, hablando de la traida de aguas a Madrid, Mesonero Romanos se quejaba en La Ilustración de la falta de suscriptores al proyecto, lo que impedía incrementar el capital para acometer la obra. Desde que esta suscripción se abrió al público, las aportaciones mencionadas, más otras 103 de grandes capitalistas, aristócratas e inversores anónimos, transcurrido un mes, no habían aumentado en más de un millón de reales los ya conseguidos de treinta y cuatro. (La Ilustración nº 35. Madrid, 1851)

Inicio de las obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Inicio de las obras

Durante el último trimestre de 1851 se fueron ultimando los estudios sobre el trazado de las conducciones, mientras se realizaban las obras previas para preparar los caminos para el acarreo, acopio de materiales y la construcción de los edificios que servirían de alojamiento para los obreros. Hasta febrero de 1852 no comenzarían las primeras excavaciones.

Caserna presidio del Ponton de la Oliva. Había mil quinientos presidiarios trabajando en la obra. (Foto: Charles Clifford, 1853. Fondo BNE)

“El mayor contingente de operarios estaba constituido por mil quinientos presidiarios. Lucio del Valle, uno de los cinco ingenieros de las secciones y que en 1855 se haría cargo de la dirección de las obras, ya había utilizado reclusos en el tajo de la carretera de Cabrillas, desde donde fueron trasladados al Pontón de la Oliva”.
“Tras obtener la autorización del Gobierno para la utilización de los reclusos, el presidio se dividió en cuatro especialidades: taller de herrería, para trabajos relacionados con las herramientas y accesorios de hierro; taller de carpintería, para los utensilios fabricados con madera; taller de espartería y cestería, para la elaboración de espuertas, cuerdas, cestos de mimbre, aguaderas…; taller de guarnicionería y albardería, para la realización y reparación de arreos y atalajes para el material de transporte”. (Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Ayuntamiento de Madrid, 2005. Págs. 106-108)

“Las herramientas y utensilios empleados en la construcción del canal eran los mismos que servían tradicionalmente a canteros, albañiles, zapadores o peones: legonas de pala y gancho, zapapicos de cantera, martillo, , fijas, palaustres, martinillas, macetas y trinchantes de cantero, zaranda de hierro, serretones, cadenas de compuerta, maromas de esparto, madejas de tomiza y de filete, tiros y apretadores de cáñamo, ovillos y madejas de bramante, albardas, cinchas, ataharres, yugo, frontales, serones, esportones, cubierta de albarda, aguaderas, criba de esparto, espuertas hoceras y terreras, cabo de pleita, barriles, atalaje completo para carros, sarrieta y cerraduras, etc.” ( Texto: Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Grabado: Arte de albañilería. Juan de Villanueva. Edición  Pedro Zengotita Vengoa. Madrid 1866.)

Colocación de la primera piedra

“El 11 del mes corriente a las tres y media de la tarde S. M. El Rey, en representación de nuestra querida Reina, salió de su Real Palacio con dirección del Pontón de la Oliva, acompañado de varios señores ministros y altos personajes de su real servidumbre. Pocos días antes el camino de Madrid a Torrelaguna, que dista de la corte nueve leguas, se hallaba en tan mal estado que no podía pasarse sin peligro del carruaje por muchos parajes. Y el de Torrelaguna al Pontón de la Oliva, que se halla a dos leguas cortas de distancia de esta última villa, no era transitable en coche más que en un reducido espacio, y esto con bastante incomodidad.
Pués bien, merced a la actividad de los Directores e Ingenieros de la obra del canal de Isabel II, S. M. El Rey pudo correr las once leguas en menos de cinco horas, y solo tuvo que apearse medio cuarto de hora antes de llegar al Pontón de la Oliva“.

Al llegar S. M., una música militar tocó la marcha real y se oyeron al mismo tiempo disparos de barrenos para arrancar piedra que imitaban perfectamente el ruido de los cañonazos.
Se procedió en seguida al acto solemne de la colocación de la primera piedra de donde han de derivarse las aguas del canal de Isabel II“.
El acta original de la ceremonia comenzaba así: “En el Pontón de la Oliva, distrito municipal de Uceda, partido judicial de Tamajón, provincia de Guadalajara, en nombre de S. M. La Reina de España Doña Isabel II, S. M. El Rey, su augusto Esposo, colocó la primera piedra de la presa, de donde ha de derivarse el canal que debe abastecer de aguas potables y de riego a Madrid y sus cercanías…”  (La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Acto de colocación de la primera piedra en el Pontón de la Oliva. Once leguas (70 kilómetros) separaban el Palacio Real de Madrid del Pontón de la Oliva en tierras de Torrelaguna. Por un despejado y bien dispuesto camino, el rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, las recorría el 11 de agosto de 1851 para asistir a la colocación de la primera piedra de las obras del futuro Canal de Isabel II que llevaría el agua corriente a la capital. Como exigía el protocolo para tan histórico acto, el presidente del Consejo de Ministros, Bravo Murillo, entrego al rey un cofre, a modo de cápsula del tiempo, en el que se introdujeron un ejemplar de la Constitución y varias monedas de oro, plata y cobre, que después este enterró en el lugar elegido.  “Allí, donde pocos días antes no se veían más que rocas escarpadas en un terreno árido, donde había reinado un profundo silencio, a no escucharse la crriente del río, se veía ese día un lugar de placer, porque por una parte la munificencia de S. M. El Rey había dispuesto que a sus expensas se pusiesen cómodas y vistosas tiendas de campaña, y por otra un gentío inmenso quitaba de todo punto a aquel sitio el triste y severo aspecto que antes presentaba”(La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Filtraciones

Sin embargo, las características del emplazamiento, que inicialmente se valoraron como idóneas, acabaron por mostrarse incompatibles para su función de retener el agua de la presa debido a continuas filtraciones.
Ya en 1855, con las obras prácticamente acabadas, para intentar poner remedio a este grave imprevisto, el consejo de administración del Canal decidió nombrar al ingeniero Lucio del Valle responsable de la dirección técnica de las obras.

Puesto manos a la obra, del Valle acometió una serie de intervenciones encaminadas a obstruir los orificios de entrada y las grietas del vaso de la presa por donde escapaba el agua. Se emplearon miles de sacos de arcilla depositados en la base, que quedarían mezclados con guijarros, arena y cantos rodados arrastrados por el propio rio. Aunque en un primer momento las pérdidas disminuyeron, el remedio se reveló insuficiente.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Como se había observado que las filtraciones se producían por diferentes puntos del suelo de la presa y que la salida del agua siempre se presentaba en la misma zona, a la derecha del cauce del río, la siguiente idea de Lucio del Valle fue intentar obstruir la salida del agua. Para acometer esta tarea  fue necesario desaguar la presa con la construcción de una zanja, primero, y de una mina de desagüe más grande, después. A través de galerías realizadas partiendo de las estrechas grietas que se encontraron, los obreros accedieron a taponar con mortero hidráulico todas las fisuras que detectaban. Así hasta toparse con un enorme agujero por el que se perdía una gran masa de agua. Se intentó taponar y se consiguió en parte, aunque el resultado acabó finalmente en fracaso, pues las filtraciones continuaban y el agua siempre acababa por encontrar una salida.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Polémicas

La polémica surgió entonces de la mano del ingeniero de minas y geólogo  Casiano de Prado, el cual desde el principio de la obra, en un informe elaborado en 1851 a petición de Bravo Murillo, criticó el emplazamiento de la presa.  Casiano de Prado informaba de las características del terreno sobre el que se iba a construir el embalse describiéndolo como formado de “calizas cavernosas atravesadas por conductos irregulares” que podrían dar lugar a filtraciones abundantes. Más adelante también criticaría el procedimiento utilizado para evitarlas.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Casiano de Prado como estudioso de la geología madrileña era conocedor del lugar y sabía de la existencia de numerosas cavidades cavernosas en los alrededores. De hecho, en 1864 en su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid recogería la presencia en el lugar de una importante cueva que se dio en llamar del  “Reguerillo” o del “Requesillo”,  y que en la actualidad está considerada como el ejemplo más notable de fenómenos kársticos en la Comunidad de Madrid. Por tanto, parece lógico pensar que en 1851, cuando hace el informe sobre el terreno, ya tuviera noticía de la misma.

Lamentablemente el proyecto, que había costado ciento veintisiete millones de reales en lugar de los ochentamil previstos, estaba ya acabado y el problema de la inutilidad de la presa del Pontón era más que evidente. Esta circunstancia sirvió al geólogo de Prado para hacer valer la importancia de su especialidad que, por tener poca historia, todavía no había sido suficientemente reconocida, abogando por la necesaria interdisciplinariedad en la ejecución de las obras públicas, hasta entonces prácticamente solo en manos de los ingenieros de caminos.

Solemne inauguración

No obstante las esperadas contingencias ligadas a la presa, pero siempre con el apoyo incondicional de la prensa y de la sociedad madrileña, el 24 de junio de 1858 quedaba inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne desarrollado en las instalaciones del primer depósito asistieron la reina Isabel II , el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba El Museo Universal, el pueblo de Madrid que recibió entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), y compartiendo con alegría la solemnidad del momento, la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya . (El Museo Universal. 15/07/1858, pág. 100)

Acto solemne con motivo de la inauguración del Canal de Isabel II en el Campo de Guardias, en las instalaciones del primer depósito. En la imagen la reina Isabel II junto a Lucio del Valle. (Grabado: El Museo Universal. 15/07/1858)

Finalmente y dado que las filtraciones se mantenían y las pérdidas en la presa eran importantes, en 1860 el canal se prolongó aguas arriba hasta alcanzar el nivel del río y se construyó la presa de Navarejos, para captar las aguas en las épocas de estiaje cuando el nivel del Pontón de la Oliva descendía por las filtraciones. En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros. (Ver Pontón de la Oliva en Wikipedia)

Imagen actual de la presa del Pontón de la Oliva. A lo alto el cerro de la Oliva. Puede observarse en la foto  que la presa  esta embalsando agua y que parte escapa por los aliviaderos. No es algo que suceda habitualmente, ya que el rio Lozoya está regulado aguas arriba principalmente por los embalses  de El Villar y de El Atazar. Sin embargo, en épocas lluviosas, con inviernos y primaveras muy húmedas, estos embalses sueltan tanta agua que la presa del Pontón puede llegar a retener gran cantidad  e incluso llegar a rebosar. (Foto: Wikipedia)

Referencias.-

Saraiva Tiago
Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900
Ayuntamiento de Madrid, 2005

Bonet Correa, Antonio
Madrid y el Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre el coste de las obras del Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas nº 14-14, 1857

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre las filtraciones del Lozoya, cerca del Pontón de la Oliva, y medios empleados para cortarlas.
Imprenta José Cosme de la Peña. Madrid, 1857

La Ilustración nº 32, 35, 37 (Años 1851 y 1858)
Inauguración del Canal de Isabel II , pág. 1
Traida de aguas a Madrid I y II

Museo Universal nº 12 y 13 (Año 1858)
Traida de aguas a Madrid I y II

Giménez Bajo, Oscar
Las obras del Canal de Isabell II en Torrelaguna y su comarca PDF

Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II (Monográfico)

Ortiz, Isidoro
Cuevas y simas de la zona centro
I.O. Madrid, 1997

VV.AA.
Mundo Subterráneo
ENRESA
Madrid, 1994

VV.AA.
Génesis y edad del Cerro de la Oliva y la cueva del Reguerillo (Torrelaguna-Madrid) PDF

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BCN-Gaudí-Park Güell from myLapse on Vimeo.

A toda prisa se mueven los visitantes por el parque Güell de Barcelona. Vienen de cualquier lugar y están por todas partes. Aprovechando el aluvión hay quien vende fetiches de la visita y hay quien ofrece su arte o sus habilidades al precio que le quieran pagar.
Una foto: un recuerdo inolvidable. El resumen de cada día son miles de fotos en los mismos lugares. Los mismos gestos, las mismas posturas.
El parque fue un gran proyecto urbanístico de 1922 para la clase adinerada, la clase que por definición goza siempre de los grandes proyectos urbanísticos. Y sirvió para que Gaudí se explayase en dar rienda suelta a su expresiva creatividad plástica.
El fracaso del proyecto original permitió que de urbanización de lujo pasase a ser parque-museo para uso y disfrute de todas las clases sociales. Por eso es el parque más conocido de Barcelona y además es Patrimonio de la Humanidad. Por eso los visitantes se agolpan por las veredas del parque o en algún lugar con especial encanto, disfrutando de la original obra y fotografiando sin parar. Lo malo es que a veces de tanta foto y de tanto trepar por las piezas, el parque-museo se resiente. Por eso hasta el dragón o lagarto de la escalinata de entrada ha encontrado a sus benefactores que vigilan sin decaimiento el programa de las visitas menos gratas. Además, han elaborado unas normas. Mandar aconsejando. Muy inteligente.
Los días pasan y la noche oscurece el parque. Los visitantes se retiran y el parque cierra sus puertas. El día sucede a la noche y nuevos visitantes abren las puertas del parque. Así cada día, la misma rutina.  Las mismas fotos. Todo deprisa.

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Parque Urbanizado Metropolitano o Colonia Metropolitana

Dentro de las promociones de la C.U.M, el Parque Metropolitano dedicó una parte a la construcción de viviendas aisladas de carácter unifamiliar. La construcción corrió a cargo de los propietarios de las parcelas, lo que significó la ausencia de una unidad de estilo, si bien se mantuvo una tipología más o menos similar. Los arquitectos encargados de proyectar los “hotelitos” fueron muchos y el estilo elegido variado según el gusto de sus dueños.
La vivienda tipo, es decir la que más se prodigó fue la de dos plantas con torreón,  de 200 metros cuadrados de superficie, jardín alrededor y estilo regionalista, destacando un conjunto homogéneo de “casas vascas”, si bien se puede hablar de un eclecticismo como la norma general. Los arquitectos, además de los hermanos JuliánJoaquín Otamendi Machimbarrena, fueron Amós Salvador Carreras, José Monasterio Arrillaga, José Salcedo, Casto Fernández-Shaw Iturralde, Eduardo Sánchez Eznarriaga,  Luís, Sainz de los Terreros Gómez, Luís Vidal Tuasón, Manuel Mendoza y Sáez de Argandoña, Jesús Carrasco-Muñoz Encina, Secundino Zuazo Ugalde, y Teodoro de Anasagasti Algán.

En la actualidad, el parque urbanizado se encuentra bastante desfigurado ya que ha perdido su fisonomía original. La mayor parte de las casas que sobreviven han sido muy modificadas tanto en especto como en uso. Los volúmenes se han alterado y en muchos casos se dedican a clínicas, residencias universitarias o a colegios.

Dentro de las tipologías regionalistas destacó un modelo de “casa vasca”, sin duda impuesto por los hermanos Otamendi.

Frente al parque urbanizado, la C.U.M. también construiría el Estadio Metropolitano, proyecto del arquitecto José Mª Castell, inaugurado en 1923. En esta foto aérea se aprecia el estadio y más al sur las primeras casa del parque.

Stadium del Metropolitano

El 13 de mayo de 1923 se inauguraba el Stadium Metropolitano, que trás la Guerra Civil, en 1943,  se reinauguraría de nuevo con algunas transformaciones.  En 1954 se inauguraron los nuevos graderíos culminando la primera fase de ampliación y reforma del Estadio.
Las obras se realizaron en un tiempo récord: del 23 de mayo al 18 de septiembre. El nivel del terreno de juego se rebajó cuatro metros y medio, se plantó un nuevo césped, se construyó un flamante graderío en torno al terreno de juego con doce filas de asiento y se elevó la tribuna de la lateral de los socios. En la segunda etapa de la reforma, entre 1954-1956, se construyó un graderío superior en la tribuna de lateral de los socios y un nuevo fondo. Ya se superaban los 60.000 espectadores.
El 18 de mayo de 1966, comenzó la demolición del Estadio del Metropolitano para la construcción de diversos edificios por parte de la propietaria de los terrenos, la inmobiliaria Vista Hermosa. Hoy en día, el lugar donde se levantaba el Metropolitano se halla ubicado entre las calles Juan XXIII, Beatriz de Bobadilla, Santiago Rusiñol y la avenida de la Moncloa, cerca de la estación “Metropolitano”. (Texto Fernando Sánchez, Historia del Metropolitano“)

Estadio Metropolitano en 1939.  Se puede ver el estado en el que se encontraba después de la Guerra Civil, habiendo perdido ya la pista de atletismo que rodeaba al campo en su diseño original.

Vista aérea actual de la zona en la que se aprecia el Parque Urbanizado y la ubicación original del Stadium, entre la plaza de la Ciudad de Viena, las calles Beatriz de Bobadilla, Santiago Rusiñol y el Paseo de Juan XXIII. Arriba a la izquierda se encuentra el acueducto de Amaniel, que conducía el agua del Canal de Isabell II a los depósitos 1º y 2º de Bravo Murillo y Santa Engracia, a su paso por el Paseo de la Dirección, tramo que actualmente recibe el nombre de Avenida de Pablo Iglesias. (FOTO: Google Maps, 2007)

Plano de los terrenos propiedad de la Compañía Urbanizadora Metropolitana en  1943 desde la Glorieta de Cuatro Caminos hasta el límite con los Campos de la Moncloa,  y situación del estadio.

Acueducto de Amaniel en la continuación del Paseo de la Dirección, en la actualidad calle Pablo Iglesias. La foto es de Charles Clifford, probablemente de 1857, recién construida la conducción.

Acueducto de Amaniel en la calle Pablo Iglesias. (FOTO: Enrique F.- 2010)

Hermanos Otamendi Machimbarrena, propietarios de la C.U.M. y arquitectos de la mayor parte proyectos de la Compañía.

Referencias.-

Historia del Metropolitano

Hemeroteca ABC, Inauguración del Stadium Metropolitano

Hemeroteca ABC, Demolición del Stadium Metropolitano (24/5/1966)

Stadium Metropolitano, en “Historias matritenses” (Blog)

Arquitectura de Madrid. Ensanches

Fundación COAM
Madrid, 2003

Guía del urbanismo. Madrid, siglo XX
Gerencia Municipal de Urbanismo. Ayuntamiento de Madrid
Madrid, 2004

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Ahora que que hay menos movimiento de coches y también menos ruido en la ciudad, parece que apetece más pasear y descubrir sitios nuevos. A pesar del calor,  hace unos días cogí la bicicleta y aparecí sin proponérmelo en un parque semiurbano en la periferia sur de Madrid. Ya lo había visto muchas veces a lo lejos, desde el coche, pero nunca se me había ocurrido ir ex profeso. El parque se llama Parque Lineal del Manzanares y forma parte de la primera fase de un espacio todavía mayor, aunque aun en estado  de proyecto. Depende del Ayuntamiento de Madrid y está formado por 97,3 hectáreas de suelo regenerado.  El proyecto es obra del estudio de arquitectos Ricardo Bofill y se inauguró en 2003.

La Atalaya, montaña de escombros recorrida por senderos que ascienden a su cumbre  y coronada por la Dama del Manzanares. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

El parque se encuentra en el tramo que va del Nudo Sur de la M-30 hasta el Nudo Supersur de la M-40, y se reparte entre los distritos de Usera y Puente de Vallecas, lindando con el barrio de San Fermín. Antes, por los alrededores de  este lugar estuvo el poblado chabolista de Torregrosa, según parece especialmente siniestro y patético.

Quienes lo conocieron cuentan que Torregrosa  era un importante punto de venta de droga al que acudían “yonquis” de todo tipo para comprar sus destructivas dosis de placer. Formó parte del cinturón  de asentamientos marginales del sur-sureste como fueron La Celsa, La Rosilla, El Salobral, Las Barranquillas y algún otro, cuyos moradores dedicaban sus vidas a tareas de economía marginal y a veces también ilegal. Por suerte todo aquello desapareció, sus habitantes fueron realojados en viviendas de dignidad estándar, y el suelo que quedó libre se ha utilizado para reconstruir y ampliar los barrios y también para dotar de espacios verdes allá donde era una necesidad impuesta por su escasez en relación a la densidad poblacional. Según la Web Parque Lineal, el parque ha satisfecho la demanda vecinal de áreas verdes de proximidad reclamada desde hacía tiempo, aunque llama la atención por los frecuentes episodios de vandalismo  –incendios, especialmente en verano, pintadas y graffitis, carreras de motos-,  que superan el servicio de vigilancia con que cuenta el parque . Según esta Web, serían necesarias campañas de sensibilización y concienciación ambiental en el parque con  escolares y especialmente con  adolescentes, para hacerles comprender el valor ecológico del área que se está creando.

“Las Aves del Parque Lineal del Manzanares”. Este cartel nos informa de las aves que podemos encontrarnos en la ribera del río. Algunas de ellas son migratorias, por lo que verlas dependera de la época del año en que vayamos.

En la Fase 2, parece que está previsto el desmantelamiento de la depuradora de La China,que se encuentra al lado del parque y que lo desluce un poco. También lo está la “Caja Mágica“, espacio gigantesco para el tenis  de Dominique Perrault , que formaba parte del proyecto del alcalde Ruiz Gallardón para las Olimpiadas de 2012 primero y luego de 2016. En este caso, la enorme estructura rectangular destaca por su tamaño y desconcierta un poco ya que su aspecto de nave industrial no induce a pensar de lo que en realidad alberga la construcción.  A pesar de que se trata de una instalación deportiva de primer orden, el vecindario recela de su presencia, quizá por no tener costumbre ni aspiración de que el barrio pueda ser centro de atención colectivo por la celebración de actos de relieve, y con certeza  celebra más la presencia de un megacentro comercial y/o  de ocio,  de esos que con tanta profusión se dan por la periferia madrileña y tan buena acogida tienen.

El parque tiene  forma alargada, ya que se desarrolla a ambos márgenes del río Manzanares que pasa por ahí  exangüe y breve, como un suspiro. Por tanto, los caminos y senderos que llevan a los diferentes lugares se sirven de varios puentes, que destacan por ser  de diseño vanguardista en acero y madera. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

Gracias a que hay bastantes árboles que dan sombra  y a que el agua está presente en todo momento, el recorrido en una mañana  calurosa de verano puede resultar de lo más agradable. Podemos pasear por el  paseo de los Sentidos y subir a La Atalaya: una montaña de escombros modelada y coronada por la Dama del Manzanares, desde donde se  pueden otear el barrio de San Fermín, el centro de Madrid a lo lejos y se adivina la trayectoria del Manzanares entrando en el parque que, desde aquí se contempla en toda su extensión. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2010)

  • Dirección
    CALLE MEZQUITA, (Entre la Calle Embajadores, Calle Mezquita, Camino de Perales y M-30)
    28041 MADRID
    Distrito: USERA
    Barrio: SAN FERMIN

Referencias.-

Asociación Cultural del Grupo de Investigadores del Parque Lineal (ACGIPL)
FOTOS del Parque Lineal del Manzanares

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Se trata de un depósito en altura situado sobre una torre de piedras, ladrillos y hierro.  El edificio, construido por  los ingenieros Luís Moya Ydígoras y Ramón Aguinaga, destaca por su singularidad constructiva y por la éstética elegida en su resolución. La torre es de forma poliédrica, de doce lados y arriba del todo se encuentra el depósito. Su alzado está compuesto por doce contrafuertes radiales de sección escalonada que la sustentan y ayudan a soportar el enorme peso que tenía cuando el vaso estaba lleno de agua. El agua que se albergaba en el depósito principal en el suelo, se elevaba mediante bombas hasta los 32 metros del depósito elevado y, según  el principio de los vasos comunicantes, las nuevas construcciones del Ensanche de Madrid, como  las del barrio de Salamanca, Chamberí o Cuatro Caminos de más de cinco plantas o situadas  a mayor altura que el depósito de Santa Engracia,  podían ver llegar el agua hasta el último piso sin problema alguno, en una demostración de progreso tecnológico y social, al menos para determinadas clases que disfrutaron de los avances de la ingeniería.

Sección del depósito elevado del Canal de Isabel II, inaugurado en 1912 en la calle de Santa Engracia.

En 1952 el depósito dejó de tener utilidad y pasó a ser depósito de documentos del Canal.  Después de un cuidado y respetuoso trabajo de rehabilitación y adaptación a su nuevo uso por los arquitectos Alau Maza y Lopera Arazola, en 1986 se decidió convertirlo en  sala de exposición fotográfica.


Referencias.-

Depósito elevado del Canal de Isabel II (El Mundo)

Bonet Correa, Antonio
El depósito elevado del Canal de Isabel II en Madrid, arquitéctura técnica y ciudad.
Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
Primer Semestre 1987 nº 64

Bonet Correa, Antonio
DEPOSITOS DE MADRID
REVISTA DE OBRAS PÚBLICAS

Obras de restauración del Depósito elevado del Canal de Isabel II en Santa Engracia

Primer depósito elevado Canal Isabel II de Madrid (El País)

Arquitectura de Madrid. Ensanches
Fundación COAM
Madrid, 2003

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Dharavi: Ricos pobres

El suburbio de Dharavi, en Bombay creció en el pasado desmesuradamente por la indiferencia de las sucesivas administraciones y se ha mantenido , en especial,  debido a su importancia en la economía real de la ciudad. En este gran espacio urbano en el que las viviendas autoconstruidas marcan la tipología habitual junto con edificios de pisos de dudosa calidad y mal conservados,  se concentra una cantidad ingente de talleres de producción artesanal o más o menos industrial, alrededor de 15.000, que produce grandes beneficios en el mercado internacional y crean gran riqueza para algunos propietarios locales y para algunas multinacionales que acuden al lugar para negociar precios competitivos y hacer sus encargos. Entre ellas las más conocidas. No hace falta citar marcas.

El volumen de ventas anual estimado que se genera en el barrio oscila entre los 650 millones y los mil millones de dólares. Las mercancías llegan a todo el mundo y los encargos vienen de lugares tan remotos para ellos como Suecia, por poner un ejemplo. Tampoco hace falta dar nombres.

Dharavi se encuentra situado entre las dos líneas principales de ferrocarril de Bombay y al norte limita con el río Mithi, que desemboca en el mar Arábigo, lo que hace que en la época de lluvias -los monzones- su drenaje sea especialmente complicado y que se inunde fácilmente, con las consecuencias dramáticas imaginables.

Uno de los accesos al suburbio de Dharavi, uno de los mayores de Asia en el que vive cerca de un millón de personas. (Foto: Wikipedia, 2008,  freely licensed by Commons)

Rehabilitación-demolición del suburbio de Dharavi

Desde 2006 las autoridades de Bombay, amparadas por el Tribunal Supremo de la India, están procediendo a la enajenación del espacio ocupado por la población del suburbio para poner en marcha un plan que pretende rehabilitar la zona y crear una ciudad de referencia mundial repleta de centros comerciales y servicios ligados al consumo y al ocio. El presupuesto inicialmente aprobado para el rediseño urbano de Dharavi ronda los 2.300 millones de dólares.

Este barrio está en el centro del distrito financiero de Bombay lo que hace que su suelo sea uno de los más caros y cotizados del mundo.
En 2008 comenzó el derribo de viviendas “ilegales” en el sector del suburbio denominado Ganpat Patil, en en que vivían más de 10.000 personas, las cuales fueron desalojadas, ante las protestas de los vecinos, por medio de los intempestivos métodos habituales en la India en situaciones similares: a porrazos.

Dharavi padece severos problemas de salud pública, entre ellos la escasez de aseos en los hogares. Según estadísticas de 2007,  sólo existía un cuarto de baño por cada 1.500 personas residentes en el barrio.  El río Mahim se utiliza para sustituir la presencia de los aseos en la tarea del baño y el alivio de las necesidades fisiológicas, lo que produce continuos problemas de salud pública. También existen grandes carencias en el suministro de agua potable.
(Foto: Flickr by Marcus Fornell, 2007)


Crisis  inmobiliaria e industrial

El proyecto de reforma de Dharavi está dirigido por Mukesh Mehta, de MM Constructions, empresa radicada en Nueva York. Según el proyecto, la intención de esta titánica actuación transformará 174 hectáreas de las 223 que forman el suburbio, en una deslumbrante ciudad llena de parques, rascacielos, centros comerciales y espacios que aporten calidad de vida y generen negocio. El modelo de este proyecto se basa en el desarrollado en la ciudad china de Shanghài.
Para compensar el derribo de sus casas, los promotores ofrecían a cambio un piso con agua corriente y sanitarios. La mayoría preferían quedarse, ya que su medio de vida estaba en su barrio. Los talleres donde trabajaban y los puestos donde vendían sus productos, estaban ahí. El mismo lugar donde obtenían las 6.000 toneladas de basura que Bombay produce al día y que les daba un recurso necesario para vivir.

Sin embargo, la crisis mundial de estos últimos años está ralentizando esta intervención urbanística basada en modelos de los años 90, ya que algunas de las constructoras unidas al proyecto,  han quebrado o no han podido hacerse cargo de sus obligaciones. Además, la caida en las ventas de las pequeñas industrias de Dharavi en más de un 50 por ciento y las nuevas condiciones del mercado, está generando una migración inversa de sus habitantes hacia sus localidades de origen, en una cifra que se estima que supera ya las 100.000 personas.

Crecimiento desmesurado

En cualquier caso, parece que se hace necesaria una intervención seria que controle el crecimiento incontrolado de este tipo de suburbios que se prodigan en toda Asia, y que en el caso de India encuentra réplicas tanto en la misma ciudad de Bombay como en el resto de las grandes ciudades del país, e incluso en algunas de la vecina Pakistán. En este ejemplo de Dharavi las autoridades públicas escudándose en la ilegalidad de los asentamientos reniegan de las ayudas y de la dotación de servicios públicos a los habitantes, que carecen de escuelas, hospitales y en general de cualquier centro social estatal.

Imagen de una zona de  Dharavi. El suburbio de chabolas ocupa una gran extensión de Bombay  y sus residentes  temen por el futuro de su hogar y de su trabajo. (Foto:  Flickr, 2007  by Adrian Fisk)


Pobreza, necesidad y reciclaje

Curiosamente en este aparentemente miserable barrio de chabolas, la pequeña industria del reciclaje de materiales de deshecho está contribuyendo a la prosperidad de una economía “verde” en India, que nacida de la necesidad de aprovechar todo lo aprovechable parece definir pautas de comportamiento en algunos países occidentales sensibles en este asunto que copian fórmulas. Más del 80 por ciento de los plásticos que van a la basura en Bombay se reciclan en este lugar, ocupando a más de 10.000 personas, muchas de ellos niños. También Dharavi es una especie de referente para la sociología urbana y el urbanismo social, pues la espontaneidad en la creación de la trama urbana ha generado al tiempo un sistema de relaciones sociales complejo y muy completo en el que la participación y la división funcional del trabajo contribuye al buen funcionamiento del sistema.
Todo esto apunta a las fallas y a las desmesuras en la explotación de los recursos materiales y humanos del actual sistema económico mundial. Primar la acumulación de bienes en pocas manos a costa del trabajo y de la explotación laboral favorece la creación y desarrollo de la población que vive y trabaja en suburbios en pésimas condiciones de habitabilidad.

Dos niños de Dharavi sentados en el muro de su casa. El agua que transcurre bajo las piedras de los cimientos está muy contaminada ya que procede de los colectores del suburbio, que vierten directamente en este canal. (Foto:  Flickr, 2007  by Adrian Fisk)

Chabolismo, fotografía etnográfica, antropología social  y cine

En Dharavi vivían cerca de un millón de personas –cada vez menos-.  De un total de 20 millones de habitantes que tiene Bombay, incluyendo su alfoz urbano, alrededor de 10 millones vive en suburbios de infravivienda, de los cuales Dharavi es el mayor. En India viven más de mil millones de personas, trescientos de los cuales habitan en ciudades.

De estos, 65 millones lo hacen en suburbios de chabolas, sin contar con los millones que viven en edificios que están por debajo de los estándares mínimos de habitabilidad, en lo que llamamos chabolismo vertical.

Para nosotros, occidentales acostumbrados a otros usos, esto de la vida al margen de los estándares resulta tan llamativo, ajenos a esta realidad, que numerosas agencias de viajes orgnizan rutas turísticas por la barriada de chabolas para regocijo de los inquietos visitantes, a quienes se les  garantiza que se impregnarán del espíritu del lugar. Los turistas podrán hacer fotos y clasificarlas. Luego ésto dará pié a jugosas veladas entre amigos.

Y mientras los turistas en busca de lo exótico se dejan llevar por los avezados guías, la antropología social tampoco se quiere quedar atrás y algunos profesores  como Franco La Cecla, reniegan de las modas de cocineros, diseñadores y arquitectos superstars,  y descubre  la eficacia de la división social del trabajo, desde la ortodoxia de la sociología que planteó Émile Durkheim, en la red social generada en el suburbio de Bombay.

Tambien el cine se ha hecho eco de este paisaje y de la tremenda y difícil realidad de estos hidúes que viven temerosos atados a su presente y temerosos de su futuro, en manos de los políticos.

Futuro incierto o difícil

El futuro de este barrio, “slum”, poblado, suburbio o como se lo quiera llamar, es un  futuro incierto para sus pobladores y más que evidente para quienes gestionan la ciudad. Los políticos tienen claro que lo deseable es acabar con este espacio feo e indeseable y reorganizar el espacio público de modo rentable. Según los medios que miran de reojo el proyecto de reforma, para los poderes públicos lo prioritario es el desalojo frente al realojo. La urdimbre de las redes sociales y económicas que existen en el barrio se romperá con su desaparición. Aunque los moradores del suburbio rehagan su vida en barrios nuevos en las nuevas periferias -desestructurados- y lleguen a poseer viviendas de mayor calidad, rehacer nuevamente la estructura con la que contaban puede ser una tarea complicada. De hecho, en sistemas que poseen una estructura altamente especializada, su disolución provoca una situación de desconcierto de compleja solución, especialmente cuando los poderes públicos se desligan del problema a la espera de que los grupos sociales  se auto-regulen de forma espontánea. Como parece que puede ser el caso, conocida la ideología presente de la élite política del país.

(Foto: Flickr by Marcus Fornell, 2007)

Referencias.-

Galería fotografica en Flickr Dharavi Slum (Bombay)

Artículo: “The reality of life in Mumbai’s Dharavi slum”, 2009

Página Web sobre Dharavi: Dharavi.org

VIDEO 1

VIDEO 2

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