El “Madrid Moderno” (La Guindalera)
11 Abril, 2008 por Enrique Fidel
Encontrarse sin previo aviso con las ya escasas viviendas que componían el Madrid Moderno original sorprende. Haciendo la obligada abstracción situacional, el viaje en el tiempo se produce irremediablemente y nos situamos en otro mundo, producto de otra época y de otras gentes. En este lugar el tiempo parece haberse detenido -haciendo la obligada abstracción- y las casitas que tenemos a nuestro alrededor nos ensimisman por su singularidad y por su anacronía. En estos tiempos que corren en los que lo efímero manda, maravilla el estímulo que pueden producir ejemplos de la vida de hace más de un siglo, en la perdurabilidad casi milagrosa de un puñado de viejas casas que se resisten a desaparecer.
El MADRID MODERNO se encuentra delimitado por las calles CARDENAL BELLUGA c/v C/ ROMA c/v Av TOREROS c/v C/ CARTAGENA c/v C/ FRANCISCO NAVACERRADA c/v C/ CAMPANAR c/v C/ RUIZ PERELLO, en el barrio de La Guindalera.
Su construcción, entre 1890-1892, constó de una 1ª Fase de viviendas unifamiliares neomudéjares en las c/ Castelar, Roma y Cardenal Belluga, debidas a Julián Marín.
Trás los problemas de la promoción con el Ayuntamiento, la legalización estuvo a cargo del maestro de obras Mauricio Martínez Calonge en 1894, que continuó la 2º fase de viviendas de estilo neomudejar en las referidas calles, a partir de esa fecha y hasta 1901.
Finalmente se produjo una 3ª Fase viviendas de estilo modernistas en la c/ Roma, a cargo de, entre otros, Valentín Roca Carbonell, de 1905 a 1906.
Dentro del antiguo barrio de la Carretera de Aragón o de la Plaza de Toros (en referencia a la antigua Plaza situada donde ahora se encuentra el Palacio de los Deportes de la Comunidad), a la izquierda de la Carretera de Aragón (actual calle de Alcalá), y junto a la actual Plaza de Toros de las Ventas, que sustituyó a la anterior en 1930, se comenzó a construir en 1890 una colonia de viviendas unifamiliares cuyo promotor llamó Madrid Moderno. La iniciativa del arquitecto Julián Marín, propietario de los terrenos fue secundada por el promotor Manuel Santos Pineda, quien trás los numerosos problemas que tuvo con el Ayuntamiento vendió los sesenta y dos hoteles construidos a Francisco Navacerrada Sánchez.
Al parecer, la relación de amistad de Santos Pinela con el Partido Liberal en el poder, al que perteneció, le permitió comenzar la construcción sin tener todavía las preceptivas licencias. El cambio de gobierno que dió paso a los Conservadores supuso que el Ayuntamiento de Madrid le negase las licencias y le paralizase las obras. Después de dos años de recursos administrativos, Santos Pinela vendió la colonia construida al contratista Navacerrada. Éste se hizo cargo de las deudas y, una vez que legalizo la urbanización, entregó las nuevas obras al maestro Martínez Calonge para que finalizase el proyecto.
Todas las casas se agrupaban en hileras que, en la primera fase de Julián Marín, remataba las casas en esquina con torreones circulares de estilo neomudejar, de parecida factura a las de la Casa de las Bolas, entre las calles Alcalá y Goya, obra del mismo Marín. Las casas tenían dos niveles y sótano, con un patio interior. Sus fachadas estaban retranqueadas con respecto a la calle, lo que permitía un mínimo jardín previo a la entrada. La única parte que se encontraba a nivel de la acera era una especie de mirador o “galería” de madera acristalada, que protegía el acceso a modo de soportal apoyado en dos clumnas de hierro torneado. Las fachadas eran de ladrillo visto bicolor con azulejos como detalles decorativos.
Más tarde, las siguientes casas que se realizaron, efectuadas por diferentes arquitectos, añadieron más detalles decorativos y modificaron el primitivo estilo, si bien mantuvieron los miradores por encima de la puerta de ingreso a las viviendas.
3ª Fase de viviendas del Madrid Moderno de estilo modernistas en la calle Roma, a cargo de, entre otros, Valentín Roca Carbonell, de 1905 a 1906.
Se puede decir que no hubo unanimidad de criterios a la hora de valorar la promoción urbanística que supuso el Madrid Moderno. El periodista Juan Valero de Tornos (España en fin de siglo, Madrid,1899) dijo de ella en 1894 que se trataba de una barriada “de preciosas casitas, habitadas por numerosas personas, que por un módico precio habían llegado a ser propietarios de sus casas, rodeadas de jardín y formando uno de los puntos más bellos del ensanche.”
Sin embargo, el escritor y crítico literario José Martínez Ruiz “Azorín” (La Voluntad, Barcelona, 1962) comentó acerca de las casas: ”A la izquierda de la Plaza de Toros, los diminutos hoteles del Madrid Moderno, en pintarrajeado conjunto de muros chafarrinados en viras rojas y amarillentas, balaustradas con jarrones, cristales azules y verdes, cupulillas, sórdidas ventanas, techumbres encarnadas y negras…, todo chillón, pequeño, presuntuoso, procaz, frágil, de un mal gusto agresivo, de una vanidad cacareante, propia de un pueblo de tenderos y burócratas”.
En la misma línea, el arquitecto Luís María Cabello Lapiedra –autor del Palacio de la Moncloa, el Palacio del Marqués de Carralbo, etc.-, dijo (en Resumen de Arquitectura, nº3 de Marzo, 1901) de Madrid Moderno que su pomposo nombre aparecía a la puerta de la Corte con sus casas mezquinas, aparatosas, mal construidas, en que la gente vive hacinada y sin higiene, y con cuya construcción de fincas, se había explotado la buena fe de los vecinos de Madrid.
Al respecto de la calle Castelar, donde se encuentra la primera fase de casas de la promoción, el cronista Pedro de Répide escribía en 1925:
“La Calle Castelar es la primera calle de la barriada de hotelitos, denominada Madrid Moderno, construida en 1890 por Don Santos Pinela y el arquitecto Don Julián Marín. Antiguo republicano aquél, quiso honrar el nombre del famoso orador –denominando Castelar a la calle-, a cuyo lado había militado en política. La designación fue particular, sin recayese ni haya recaido sobre ella acuerdo municipal.
Los hotelitos de esta calle, construidos según un patrón uniforme, revelador de un estilo un tanto chocarrero del arquitecto Marín, fueron muy útiles para mejorar la cuestión de la vivienda, pues vendiéndose a precios hoy día irrisorios, cincomil y diezmil pesetas, daban a cada familia una residencia amplia y desahogada. De no haberse limitado a cuatro calles aquella barriada, sino haberse extendido grandemente, el vecindario madrileño habría ido conociendo las ventajas de la casa independiente sobre el antipático sistema de las fincas alquiladas por pisos. A pesar de lo que se ha elevado el precio de la construcción, sería conveniente edificar nuevos barrios de esa clase de viviendas en los terrenos libres que quedan en lugares como entre la calle Francisco Silvela y el límite; desde la Avenida de Menéndez Pelayo al nuevo Paseo del Abroñigal; aledaños de los caminos de Chamartín; Cerro del Pimiento y ambos ñados de los primeros tramos del Paseo de Ronda; entre la Bajada del Vado y la calle de Ataúlfo: Con la ventaja de que en estos dilatados espacios se construirían los hotelitos aislados, pués el gran inconveniente de los de Madrid Moderno es el de ser medianeros.”
Postal de 1900 donde se ve el aspecto original del Madrid Moderno con uno de los torreones de la esquina en la calle Castelar en primer término.
En la actualidad el Madrid Moderno ha dejado de existir como tal. En la nefasta década de los setenta y más adelante también, la fuerte presión especulativa y la ausencia de protección sobre la singularidad de estos edificios permitió su demolición para construir impersonales bloques de viviendas y, en el mejor de los casos su transformación, añadiendo nuevas alturas o modificando totalmente su estructura interior. Sólo en contados casos se rehabilitó con buen criterio. En la actualidad hay tres viviendas que se encuentran es estado de abandono, deteriorándose y cayéndose a pedazos.
Referencias.-
Arquitectura y clases sociales en el Madrid del siglo XIX
Díez de Baldeón García, Clementina
Siglo XXI Editores
Madrid, 1986
Las Calles de Madrid
Pedro de Répide
Ediciones La Librería
Madrid, 1999
Arquitectura de Madrid.
Tomo II: Ensanches
Fundación COAM
Madrid, 2003















Gracias por evocar con un nuevo artículo otro intento de hacer Madrid más habitable, como el que guió la construcción del “Madrid Moderno”. Aún hoy, pese a todas las alteraciones y abandonos, pasear por entre sus calles es un verdadero lujo para el viandante; cuál no será vivir entre las paredes de uno de esos simpáticos hotelitos con cierta disculpable,inofensiva y entrañable cursilería como de antigua tía solterona…
Pués es verdad que es agradable pasar por las calles Roma o Castelar. Las casas son tan peculiares que le dejan a uno ligéramente desubicado. Incluso el Parque de Eva Duarte, creo que se llama, no parece de Madrid. Es una de las sorpresas que esconde esta ciudad, tan anodina, a veces, pero tan imprevisible las más de las ocasiones.
Un saludo.
En su día se llamaba (yo así lo recuerdo de mi infancia), “de Eva Perón”, y creo que lo inauguró la susodicha en una de esas visitas de los mandatarios de los pocos países que apoyaban al régimen. Lo malo es la adyacente y espantosa parroquia de Ntra. Sra. de Covadonga, auténtica birria en arquitectura religiosa donde las haya. Hasta los propios parroquianos deben ser tan conscientes de la fealdad de su templo que hace poco una chica de ese barrio, al decirme que ayudaba en diferentes actividades de esa parroquia, se sintió obligada a añadir la coletilla: “… ¡la más fea de Madrid!”.
Pues resulta, Enrique y Pablo, que mis padres se casaron en la iglesia de Covadonga - muy de mañana para no pagar, las buenas horas quedaban reservadas para los pudientes parroquianos. Totalmente de acuerdo con esa descripción del templo que hace Pablo.
Vivieron, antes de tenerme a mi, su primer hijo, en la calle Francisco Navacerrada, que por lo que se ve fue el contratista del barrio, tal como relatas Enrique, en otra de tus formidables catas “arqueológicas” de nuestro Madrid.
Conocí bien los interiores de algunas casas de la época. Recuerdo a mi compañero de pupitre del grupo escolar General Mola, Celada de apellido y posiblemente de nombre Javier, que vivía en una de esas casas con jardinillo delantero. Y con una especie de sótanillo que constituia el objeto de nuestros juegos infantiles. Jugabamos al refugio antiaereo, cual niños de Londres o Berlin.
El parque de la Perona, asi lo conociamos era nuestro parque favorito.
La casa de baños de la Avenida de los Toreros, hoy creo que centro cultural. Allí ibamos mi hermano y yo a aliviarnos de las estrecheces de una casa donde convivian tres grupos familiares.
Voy poco por allí en los últimos años pero todavía recuerdo con admiración un edificio modernista en la esquina de la Avenida con Fco Silvela, con esas curvas tan parecidas al edificio de la escuela de Señoritas del que algunas veces hemos hablado.
Un abrazo para los dos
Angel
Hola Angel. Hola Pablo. Muy interesantes vuestros comentarios, como es habitual.
Pablo, el edificio al que aludes que hace esquina con Francisco Silvela, es obra del prolífico y camaleónico Luís Gutiérrez Soto, responsable de los cines Europa, Barceló o Callao -exquisitos donde los haya- y también del inquietante Ministerio del Aire, en Moncloa. Se trata de la casa conocida como Casa Cuna Nuestra Señora de las Mercedes, de 1934 y, por tanto posterior a los cines racionalistas. La Casa se puede adscribir a la corriente racionalista que entonces practicaba Gutiérrez Soto. A partir de 1939 su estilo derivaría hacia otros derroteros.
Un Saludo.
Hola amigos!
Lo primero de todo agradecer a Enrique este artículo sobre el “Madrid Moderno”. Para mi ha sido una autentica sorpresa porque llevo meses y meses recuperando información sobre Julián Marín. Me he recorrido miles de páginas, archivos digitalizados, bibliotecas y hemerotecas buscando información sobre él. Se que donó 10.000 metros cuadrados para la Fundación Caldeiro. Que colaboró estrechamente con su amigo Alberto Aguilera en la construcciíon del Asilo de Santa Cristina de la Moncloa inaugurado en 1895. Que ya por entonces llevaba construidas en Madrid más de 60 obras. Que a su cargo estaban más de 500 personas y que por sus manos pasaron más de 10 millones de pesetas de esa época. Quisiera saber qué eduficios de estilo neomudejar y modernistas construyó porque deben quedar en pie unos cuantos, entre ellos la “Casa de las Bolas” en Alcalá ( fijaros bien en los adornos y compararlos con los del Madrid Moderno). La Avenida de los Toreros llevaba su nombre y su mujer, Rafaela Bonilla, todavía se conserva. Fue una persona muy comprometida con los más desfavorecidos dedicando mucho dinero y tiempoa causas nobles y así lo atestiguan varios artículos en la prensa de la época.
Muchas gracias Enrique y saludos a todos.
Estaré por aquí cerca
Blanca
Gracias Blanca por participar en este Blog con tu comentario. Los datos que aportas son interesantes y complementan valiosamente lo ya dicho.
Te insto desde aquí a que no pierdas ripio y participes siempre que quieras en este espacio que es de todos.
Un saludo,
Enrique