Fuentes web
Entradas
Comentarios

No hace mucho, se recogió en el blog la iniciativa de un grupo de vecinos de la Guindalera para recoger fotografías antiguas de su barrio.

En esta ocasión el llamamiento se hace a los vecinos del barrio de “la Prospe” con la intención de crear un album fotográfico que recupere la memoria del barrio desde sus orígenes.

Esta iniciativa se enmarca dentro de un proyecto editorial que, a través de  imágenes y textos descriptivos,  permitirá preservar los recuerdos del paisaje y del paisanaje del barrio, evitando su desaparición de la memoria colectiva. 

Para ello se hace imprescindible la colaboración de los vecinos del barrio. Aquellos que lo son desde hace mucho tiempo y siguen siéndolo en la actualidad y aquellos otros que cambiaron de barrio pero que guardan sus mejores recuerdos de él.

Si tienes fotos antiguas del barrio de la Prosperidad o conoces a alguien que pudiera tenerlas y quieres colaborar en este proyecto puedes ponerte en contacto con nosotros en esta dirección de correo o bien a través del blog en el apartado de comentarios. También puedes enviar tus fotos escaneadas a la citada dirección de correo electrónico.

El desarrollo urbano de Avilés representa un caso paradigmático en la evolución histórica de las ciudades españolas periféricas  cuyo mayor crecimiento estuvo unido a los procesos de industrialización del desarrollismo de los años 50 del siglo XX.

En el siglo XIX se construyó en la ría de Avilés la dársena de San Juan de Nieva que permitio la creación de  industrias ligadas al carbón como la fundición de Arnao, o explotaciones como la  Real Compañía Asturiana de Minas en Castrillón, cuya producción se transportaba a través del puerto de Avilés.

El complejo industrial de Avilés se consolidó en los años cincuenta del siglo XX con la instalación en ambas márgenes de la ría homónima de grandes plantas productivas, como la siderúrgica de Ensidesa (1951), que más tarde se llamaría CSI, Aceralia y hoy en día ArcelorMittal, o las pertenecientes a Cristalería Española (1952), a la Empresa Nacional de Aluminio (1958), posteriormente llamada Inespal y más tarde Alcoa, a Asturiana de Zinc (1959), o a la reconvertida Real Compañía Asturiana de Minas, en Arnao, absorbida con el tiempo por la anterior y ambas asentadas en Castrillón. A éstas se le añadieron muy pocas más hasta los últimos años de los ochenta, período en el que, a la crisis de las grandes plantas productivas, le sucedió una notable diversificación del sector industrial, aunque no tan amplia como era de esperar.

Puerto de Avilés, en 1920. (Foto Ayto. Avilés)

Puerto de Avilés, en 1960. (Foto Ayto. Avilés)

La Villa y el Ensanche

La zona más antigua de Avilés -La Villa- se encuentra en una ligera elevación junto a las marismas que se generaban en los márgenes de la ría, lo que permitía su protección frente a la subida de la marea.

Desde época medieval estuvo rodeada por una muralla que se derribó en el siglo XIX. Sin embargo, la existencia de la muralla no impidió el desarrollo de diversos núcleos anejos al centro primitivo, como los arrabales de Rivero y Galiana, desarrollados hacia el suroeste en el siglo XVIII, y el arrabal de marineros y pescadores de Sabugo al norte, frente a la ría, del siglo XIX.
La primera expansión urbana de la era moderna se desarrolló entre los años 1818 y 1894, con el derribo de la citada muralla medieval, que databa del siglo XIII de trazado circular y con un perímetro de 670 metros.
En 1826 se construyó un camino de ronda sobre las marismas, que ya habían sido desecadas, entre la antigua Villa y la ría. A partir de 1868 se acometió el saneamiento y urbanización de las marismas que rodeaban el núcleo urbano.

Puerto de Avilés, en 1970. (Foto Ayto. Avilés)

Después de la demolición de la muralla y la posterior desecación de las marismas, se trazaron nuevas calles que rodeaban el casco primitivo y se produjo una importante expansión de la trama urbana que ocuparía los espacios libres entre El Sabugo y la primitiva ciudad -la Villa-, vinculados al construirse sobre las marismas de Las Aceñas  la Plaza Nueva (actualmente de los Hermanos Orbón) y el parque del Muelle. También se construirían el parque del Retiro, sobre las marismas de Las Meanas, la plaza del Pescado (en la actualidad de Santiago López) y la calle de la Cámara, que uniría la plaza del Ayuntamiento con el barrio de El Sabugo.
Entre 1895 y 1898 se elaboró un Plan de Ensanche con el objetivo de ordenar el crecimiento urbano de la ciudad. Solo se ejecutó la fase que afectaba al sur, que se llevó a cabo con la expropiación de algunos terrenos que permitieron la apertura de las dos nuevas calles de Llano Ponte y Palacio Valdés, y la prolongación de la del Muelle. La expansión hacia el norte no se iniciará hasta 1943, con la construcción del Poblado de Pescadores, continuada más adelante con la construcción de las viviendas para empleados de Cristalería Española.


Puerto de Avilés, en 1980. (Foto Ayto. Avilés)

Periodo del desarrollismo industrial

Sin embargo, la mayor transformación urbanística de Avilés se iniciaría en 1950 con la creación de ENSIDESA.

En una década la población pasó de 21.300 habitantes en 1950 a cerca de 49.000 en 1960, con el consiguiente problema de alojamiento.
La falta de previsión fue total, generándose un caos que obligó a una acelerada improvisación por parte de las autoridades estatales y de la propia ENSIDESA.
Entre 1954 y 1965 el Plan Sindical de la Vivienda levantó los poblados obreros de Francisco Franco o la Texera, José Antonio, La Carriona y La Pedrisca. A través de la iniciativa de cooperativas se construyeron los poblados de San José Artesano, Portuarios y El Pozón. También los promotores privados participaron con la construcción de los barrios obreros de Versalles y la zona de Domingo López, en Villalegre.

Vista aérea de Avilés en 1957.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea de Avilés en 1961.(Foto: Editorial Prensa Asturiana)

A pesar de que los nuevos barrios paliaban la carencia de alojamiento para la población obrera inmigrante, la nula planificación se tradujo en la ausencia de dotaciones y equipamientos urbanos, educativos, sanitarios, deportivos y culturales. Esta situación solo se fue resolviendo con el paso de los años y de manera lenta y parcial. Además, esta situación se agudizaría debido a la mala calidad de los materiales de construcción utilizados y a la desconexión entre los diferentes núcleos con el centro urbano de Avilés a causa de la escasa red de comunicaciones.

En 1975, pasados veinte años del asentamiento de ENSIDESA (actual Aceralia), los efectos de la industria siderúrgica eran ya más que notables en la fisonomía de Avilés y en el entorno de su ría.
Se había generado un nuevo espacio urbano, transformando el viejo casco de la ciudad, agregándose poblados obreros en la periferia y consolidándose los núcleos ya existentes (Villalegre, Miranda, Salinas y Piedras Blancas).

Nuevos barrios obreros y  renovación del caserío antiguo

Como queda dicho, la proliferación de poblados obreros en la periferia rural de Avilés que acogieron los contingentes de población que llegaba a la villa atraida por las expectativas de trabajo fue muy intensa y rápida. Hasta 1970 la población obrera que se estableció en Avilés se fue ubicando en los poblados periféricos que a tal efecto se levantaron. A partir de esa fecha la ocupación se fue orientando hacia el centro urbano, ocupando solares vacíos y edificando viviendas de nueva planta tras el derribo de las antiguas edificaciones ya existentes. Este proceso de densificación del centro histórico, se vio favorecido por las políticas locales de urbanismo que impulsaron las actuaciones privadas de acusado carácter especulativo y propiciaron la desaparición de parte del caserío histórico representativo de Avilés.

Vista de la periferia sur de Avilés en 1972, en la que se sitúan la mayor parte de los poblados obreros creados en la etapa industrial. En primer término (A) el poblado de Las Vegas, detrás el barrio de Villalegre (B), a su izquierda el de La Luz (C), y más al fondo los poblados de La Texera, de 83 bloques 1954-59 (E) y de Versalles (F). En el centro, la colonia Arintero (D).

Barrio de La Luz

El poblado de La Luz, comenzado a construir por iniciativa privada a finales de los 50, y comprado por el Estado al término de su construcción en 1962, consta de 2.056 viviendas que se distribuyeron en régimen de alquiler entre los obreros de ENSIDESA con mayor número de hijos.

Entre 1950 y 1959 una gran masa obrera acudió a estos lares encandilada por el trabajo abundante y seguro que la construcción de ENSIDESA ofrecía.Obreros que, ante la falta de viviendas, se instalaban en barracones adyacentes al lugar de trabajo cuyos espacios compartían alternativamente según, incluso, los turnos laborales. Condiciones duras éstas, difíciles, conocidas por el nombre de “los años calientes”. Cuando un obrero dejaba su hueco en el barracón para acudir al trabajo, otro lo ocupaba para descansar no dejando apenas tiempo ni para la ventilación ni, siquiera, para que el calor humano se enfriara.”
En este contexto socio-económico tenemos, pues, que situar el nacimiento del Barrio de La Luz. A diferencia de los barrios de Villalegre, La Carriona o Llaranes que surgieron a partir de núcleos urbanos o rurales ya existentes, el de La Luz arranca de la nada, es totalmente nuevo, no procede de un asentamiento anterior. Su nacimiento tiene sólo que ver con unas circunstancias que le son características y propias, como las antes apuntadas, o que responden en lo general al aumento de la densidad de población, a la paternidad de los “laboratorios sociales” de ENSIDESA y al asentamiento con claros tintes de segregación laboral de un tipo o clase de mano obrera, no cualificada. ENSIDESA tiene en su haber la mancha de haber tratado a sus trabajadores de manera harto clasificatoria y diferenciada, según se tratase de directivos, técnicos o peones del humo. A nuestro Barrio de La Luz le cupieron los honores últimos.” (Texto: Parroquia de La Luz. Ver referencias al final del artículo)

Barrio de la Luz, 1994. Al fondo La Texera, Versalles y el centro urbano de Avilés. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Barrio de la Luz, 2010. (Foto: Fernando Saiz)

El barrio de La Luz debe entenderse, por tanto, como un proyecto privado netamente especulativo cuyo resultado final nada tuvo que ver con lo inicialmente proyectado y ofertado.
Los modelos urbanísticos para los nuevos barrios obreros estaban definidos en la España de los 50 a través del Instituto Nacional de la Vivienda y de la Obra Sindical del Hogar. Se proponía el bloque exento de doble crujía, liberando el suelo circundante para uso dotacional y viales, siguiendo la inspiración de la ciudad-jardín y del Funcionalismo.

Los orígenes del barrio de La Luz pueden establecerse a partir de las intenciones de un constructor que adquirió unos terrenos para edificar en ellos. Dado que el barrio de Llaranes no podía albergar a todos los trabajadores de la Empresa, dicho contratista, llamado Domingo López Alonso, vecino de León, proyecta construir otro barrio al que denomina “Nuevo Avilés” y al que diseña como un nuevo modelo de villa.
Del primer proyecto de 5.000 viviendas a construir en la ladera Noroeste del Monte de La Luz, sólo se construyen 2.056 que agrupadas en 95 bloques constituyen hoy la configuración del Barrio de La Luz.

Barrio de La Luz, maqueta del proyecto (1958) y las casas en la actualidad, que nada tienen que ver con lo proyectado.

Barrios de Versalles, Los Canapés y Texera en 2000.

ENSIDESA sacó de sus “laboratorios sociales” la idea de construir los barrios en diferentes lugares de Avilés. Realizó una segregación social del espacio urbano. De este modo colocó en Llaranes y La Luz a los obreros, mientras que a los técnicos, peritos e ingenieros los situaba en edificios tales como La Estrella, en el Pozón, y La Residencia de Ingenieros, en la subida de San Cristóbal.”
“Existían cuatro categorías de traba-trabajadores en la Empresa:

1ª – La formada por los directores, técnicos, ingenieros..
2ª – La formada por técnicos de grado medio, como jefes de taller,administrativos,
analistas…
3ª-Obreros cualificados (Oficiales de 1ª y 2ª)
4ª – Personal obrero sin cualificar, como oficiales de 3ª y peones. “
(Web Parroquia de San Pablo de la Luz)

Dos instantáneas de la vida cotidiana en el barrio de La Luz en 1967. (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

Al tiempo que se producía esta densificación en el centro, emergían dos zonas contiguas, que se configuraban como nuevas zonas residenciales: Las Meanas-Quirinal, y Carbayedo Nuevo.
La crisis de la siderurgia de los setenta del siglo XX, que supuso la pérdida de más de 12.000 puestos de trabajo, se vio compensada con el crecimiento del sector terciario, que permitió que pasados veinte años se mantuviera en la ciudad la misma población que al comienzo de la crisis. (85.000 h.)

Poblado de Llaranes

Al amparo de la construcción de ENSIDESA se desencadenó un intenso proceso inmigratorio que supero ampliamente la capacidad de Avilés para acoger a tan amplio volumen de personas.
Debido a la necesidad urgente de viviendas se fueron diseñando en las proximidades de las fábricas diferentes modelos de grupos residenciales para dar alojo a los trabajadores, a través bien de promociones oficiales o privadas. En algunos casos los asentamientos eran tan espontáneos que daban lugar a fenómenos de chabolismo e infravivienda.

Dos  imágenes del poblado de Llaranes. La foto superior muestra las últimas fases de construcción, con la iglesia al fondo todavía sin terminar. La foto inferior, coloreada, muestra el conjunto completamente acabado (1953-1957). (Fotos: Recuerdos de Llaranes)

El primer ejemplo de barrio obrero lo constituye el poblado de Llaranes, en las cercanías de Ensidesa, que se comenzó a construir en 1953 y se concluyó en 1957. Se trata de un conjunto de 1.103 viviendas en un diseño que comprende espacios verdes, deportivos, iglesia, plaza mayor, mercado y servicios varios.

Ensidesa encargó a los arquitectos J. M. Cárdenas Rodríguez y F. Goicoechea Agustí, en 1951, la construcción del poblado central de Llaranes concebido como un pueblo independiente, con escuelas, mercado, estadio deportivo, piscinas, parques, local para espectáculos, hogar sindical y Plaza Mayor.
Cárdenas y Goicoechea firmaron conjuntamente el proyecto en su totalidad. Sin embargo, cabe destacar que la iglesia es obra de Cárdenas mientras que el “colegio de niños” y el parque infantil fueron obra de Goicoechea. El “colegio de niñas”, la Plaza Mayor y el economato entrarían en el grupo de proyectos compartidos.
El proyecto del Mercado, conocido popularmente como El Economato, data de 1956, pero sería el último de los edificios singulares en terminarse. No se inauguraría hasta 1962. Con anterioridad fueron habilitados para ese uso los bajos de la Plaza Mayor, cuyo destino inicial, nunca del todo logrado, fue su uso para el comercio privado.
Se proyectaron diferentes tipos de vivienda dentro de una homogeneidad de conjunto. Los bloques “A” tienen tres plantas y doce viviendas. Los bloques tipo “C” y “D” son los más abundantes en el poblado. Constan de ocho o dieciséis viviendas dispuestas en forma de “U” y pareadas dejando un jardín en medio. Menos abundantes y con sus jardines son las viviendas tipo “H” o de “capataces”. Se trata de viviendas ligeramente mayores que el resto de las del poblado, en bloques de cuatro, dos bajos y dos pisos, y con una fisonomía que les daba un cierto aire de “chalés”.
El aspecto nórdico que le conferían los tejados de pizarra fue fruto de la casualidad. En la idea inicial las cubiertas estaban proyectadas en teja árabe de color rojo. Una oportunidad que surgió para Ensidesa provocó el cambio.

Vista de la plaza desde lo alto de la iglesia (años 50).

El poblado se inauguró el 18 de julio de 1956. En 1959, año en que se termina casi por completo el poblado de Llaranes, finaliza la fase de construcción de Ensidesa.
El responsable de Asuntos Sociales de Ensidesa, en su despacho de la Plaza Mayor, ejerció siempre unas funciones de “alcalde” sobre Llaranes que siempre tendieron a considerar los poblados como una entidad autónoma. Un alcalde, además, con casi todas las prerrogativas de tal, ya que contaba con su propia Guardería Jurada, que era la máxima responsable del orden en los poblados. Orden que se establecía de acuerdo a criterios propios y por normas que el mismo Departamento dictaba.

Llaranes disponía en esa época de 1324 viviendas y estaba totalmente urbanizado: calles, alcantarillado, iluminación, etc… y con todos los elementos de una vida independiente. El servicio público se hallaba concentrado en la Plaza Mayor, centro del mismo, conteniendo estafetas de Correos y Telégrafos, Central telefónica, Farmacia y una sucursal bancaria. Poseía otros locales que se usaban como economato provisional y que serían ocupados, al menos eso era lo previsto, por distintas ramas del comercio.

El proceso de “privatización” de las viviendas fue complejo. La primera venta efectiva se realizó el 10 de agosto de 1990. A finales de 1993 se había realizado el grueso de la operación.
Además de las viviendas, la Empresa tuvo que transferir al ayuntamiento de Avilés las infraestructuras y suelo común. La cesión se firmó el 29 de marzo de 1995. La red eléctrica se cedió a Hidroeléctrica del Cantábrico y los inquilinos tuvieron que hacerse cargo de los pagos a partir de 1998.”
(De la página web Llaranes C.F.)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1959. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Vista aérea del polígono de viviendas de Llaranes en 1968. (Foto: Editorial Prensa Asturiana)

Futuro urbano Avilés

Avilés se encuentra actualmente en un proceso de renovación urbana que pretende la transformación de los espacios degradados por la industria en las áreas circundantes a la ría. Esta estrategia se plantea como una fórmula que dinamice la ciudad y la proyecte hacia el exterior,  de cara a un realce de su imagen como polo de atracción turística y que mejore la calidad de vida y el bienestar de sus vecinos.
Como ejemplo más visible de este proceso se encuentra el  Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, una referencia mundial, ahora inmerso en una grave crisis motivada por circunstancias políticas e intereses particulares.
La recuperación urbanística y ambiental que se está produciendo en Avilés está renovando los desajustes producidos por la industrialización de los años 50 y la reconversión industrial de los 90 que mermó el empleo y la población, en una urbe gravemente contaminada.
En el proceso de ajuste han surgido nuevos e importantes espacios liberados de su antiguo uso industrial, cuya ubicación al borde de la Ría y en colindancia con el casco urbano demandan un decidido esfuerzo planificador para transformar la ciudad y crear un foco dinamizador de la economía y la cultura”. (Proyecto Isla de la Innovación)

Animación que muestra la construcción del Centro Niemeyer en el Puerto de Avilés (inaugurado el 26 de marzo de 2011), ubicado próximo al centro de la ciudad, sobre la margen derecha de la ría, a 500 metros de la plaza de España y del Ayuntamiento.

Referencias.-

Fernández García, Felipe y Quirós Linares, Francisco
Atlas aéreo de Asturias
Los paisajes del siglo XX

Editorial Prensa Asturiana, S. A.
Oviedo, 2001
VV.AA.
Asturias a través de sus Concejos
Editorial Prensa Asturiana S.A.
Oviedo, 1998

Informe Barrios Vulnerables de Avilés (2001)
Ministerio de Fomento, 2001 (Documento PDF)

Benito Del Pozo, Paz
Discursos, propuestas y acciones sobre la ciudad posindustrial
Universidad de León, 2004 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industrialización y crecimiento urbano en Avilés
Universidad de Oviedo. Dpto. de Historia Contemporánea
ERÍA. Revista Geográfica, nº 1, pp. 151-178. Oviedo, 1980 (Documento PDF)

Morales Matos, Guillermo
Industria y espacio urbano en Avilés
Ed. Silverio Cañada
Gijón, 1982

Guía para entender el urbanismo de Avilés
El Revistín nº Especial (Documento PDF)

Barrio de la Luz (Documento PDF)

Poblado de Llaranes (en Wikipedia)

Barrio de la Luz (enWikipwedia)

Blog Recuerdos de llaranes

Proyecto La Isla de la Innovación: Master Plan (Documento PDF)

Web Centro Niemeyer

Todo sobre Oscar Niemeyer  (El País, 2011)

Matadero Epecuen, obra del arquitecto Salamone, años 30. (Foto: Sebastian Schwalb, en Flickr. 20 de septiembre, 2010.)

Dos arquitectos exhiben obra en dos películas argentinas del  primer  decenio del siglo XXI. El arquitecto más autóctono, aunque era italo-argentino, vivió y trabajó en Argentina. Construyó en apenas cuatro años, entre 1936 y 1940, más de 60 edificios en 25 municipios de la Provincia de Buenos Aires.

Firma de SalomoneEl arquitecto Francisco Salamone era un admirador de Mussolini y trabajó  proyectando edificios públicos en la Pampa húmeda. Construyó municipalidades (ayuntamientos), portales de cementerios y mataderos. También diseñó  plazas, mobiliario urbano y los muebles de interior de los ayuntamientos. De él y de su llamativa y decadente obra habla Mariano Llinás en la película “Historias extraordinarias” (2008), extraña e interminable película de historias narradas. Una película en la que el tiempo pasa despacio y en la que los personajes se disipan dejando su impronta, como la propia obra de Francisco Salamone.

Cartel de la película “Historias extraordinarias” (2008), de Mariano Llinás.

Matadero Matadero Municipal en Guamini, Buenos Aires, obra de Salamone, década de los  30. (Foto: Alcefar, en Flickr, 2010)

Municipalidad de Guamini, provincia de Buenos Aires. Obra de Salamone, década de los  30. (Foto: Sebastian Schwalb, en Flickr. 20 de septiembre, 2010)

Parque diseñado por Salamone.  (Foto: Lombaires, en Flickr, 2009)

La foto muestra el viejo matadero de la ciudad de Azul, construido en estilo Art Deco con otras influencias por el arquitecto Francisco Salamone. ¡Hoy esta semiabandonado y es utilizado para criar abejas! (Foto y texto:  Ostrosky, en Flickr, 2010)

saldungaray II bynCementerio de Saldungaray. (Foto: Suripatagonia, en Flickr, 2010)


Cartel de la película “El hombre de al lado” (2009), de Mariano Cohn y Gastón Duprat.

En otra película, “El hombre de al lado”, de Mariano Cohn, Gastón Duprat (2009), el argumento se inspira y gira en torno a una casa famosa de un arquitecto famoso. La casa Curutchet (1949) es la escusa y el origen de todo en esta historia de diseño, desdén y albañilería.

El edificio, que fue proyectado por Le Corbusier para el cirujano también famoso y adinerado, Pedro Domingo Curutchet,  acabó siendo la única obra construida en América del Sur basada en los planos de Charles Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier.

Casa Curutcher en Buenos Aires.  En 1987 fue declarada monumento nacional y ahora es sede del CAPBA (Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires).  (Foto: Por Adrián Pallol i Moretti en Flickr, 2010)

La película se entretiene mostrándonos las excelencias de la casa, a la que se accede por una rampa que conduce al que fue el consultorio de Curutchet y sus servicios. La  planta baja permite en su  jardín el desarrollo de un árbol que asciende por un espacio expresamente diseñado para ese fin y que concluye en la terraza de la planta superior. Y los huecos crean una continuidad acristalada que se protege en su fachada principal por medio del control de   brise soleil o parasoles regulables, creando una sensación visual abierta al exterior. Tanto cristal y tan poca intimidad es el hilo argumental de la película y por esa razón la casa se erige protagonista absoluta.

Planos de la casa Curutchet (1949), proyectada por Le Corbusier.

Referencias.-

Francisco Salamone, en Wikipedia.

Casa Curutchet.  Wiki Arquitectura
Cine en una casa de película. Clarín.com
Casa Curutchet. Colegio de Arquitectos Provincia de Buenos Aires.

Antonio H. me ha enviado este cartel para que le de difusión. Se trata de una iniciativa interesante para recoger fotos de la Guindalera con la ayuda de los vecinos. Espero que la idea sea un éxito y que haya buena participación. Con todo el material se hará una exposición. Es una manera más de hacer memoria.

Obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Hasta principios del siglo XVII, Madrid, a pesar del rio Manzanares, siempre de escasas aguas,  y de algún que otro arroyuelo, se bastaba para abastecer de agua potable a su población.  Cuando Felipe II decidió instalar la Corte en la Villa y convertirla en capital del reino en 1561, la ciudad  no llegaba a las 15.000 almas.  Traspasado el siglo XVI ya eran más de 48.000, y la creciente demanda de agua obligaba a realizar constantes búsquedas de reservas. Por aquel entonces, el sistema habitual de abastecimiento era la excavación de pozos para acceder a las aguas freáticas del subsuelo y la utilización de los manantiales cercanos. Su distribución o traída hasta las fuentes públicas se hacía por medio de viajes, de reminiscencias musulmanas, que consistían en canales de fábrica (de ladrillo o piedra) soterrados.

En 1850 Madrid todavía se surtía de agua por medio de estos viajes. El crecimiento de la población y la limitada eficacia del sistema, sumado a los pocos aportes de agua con que contaba la ciudad, especialmente durante el estío, hicieron urgente la necesidad de encontrar soluciones eficientes.

A mediados del siglo XIX, la capital contaba con 77  fuentes públicas con 128 caños. Estas eran utilizadas por la población y por 950 aguadores que repartían al día 663,50 “reales fontaneros” de dotación, medida de la época que equivaldría a 2.151 m³. El “real fontanero” equivalía a 3.245 litros en 24 horas, es decir 135 litros a la hora o cien cubas diarias aproximadamente.

Aunque hubo diferentes proyectos para abastecer de agua a Madrid desde mediados del siglo XVIII, no sería hasta 1848 cuando se aprobase un proyecto provisional de abastecimiento con aguas del río Lozoya. Finalmente, en 1851, Bravo Murillo presentó en las Cortes el proyecto de los ingenieros de caminos Juan Rafo y Juan de Ribera para la traída de las aguas a Madrid del río Lozoya. (Ver: Canal de Isabel II en Wikipedia)

Presa del Pontón de la Oliva durante su construcción en 1853.

Preparativos

La elección del lugar para construir la presa y el trazado de la conducción de las aguas estaba condicionada por la distancia y el caudal a transportar. Teniendo en cuenta que era necesario mantener un mínimo de pendiente para que el agua llegase desde el embalse a Madrid hubo que proceder a la nivelación geodésica entre ambos puntos. El lugar elegido en el Pontón de la Oliva pareció lo suficientemente elevado para realizar las conducciones con éxito. Los ingenieros Juan Rafo y Juan Rivera pudieron constatar que entre el Pontón de la Oliva y la Puerta de santa Bárbara, donde se ubicaría la estación de recepción de las aguas, había una diferencia de nivel de 95 pies (26,46 metros). Según publicaba El Museo Universal, después de hechos los estudios, la cuenca del Lozoya, por su proximidad a Madrid y por su capacidad,  hacía del Pontón la ubicación más conveniente.

El presupuesto del Gobierno para la construcción del canal marcaba como mínimo la conducción de 10 reales fontaneros de agua (0,38 m³/sg.), y en vista de la posibilidad de aumentarlo hasta 60 reales fontaneros (2,25 m³/sg.) se supeditaron las dimensiones del canal a dicho volumen. (El Museo Universal, 30/06/1858, págs. 91-92)

Presupuestos y financiación

En relación a la financiación, los presupuestos realizados por los ingenieros calculaban un desembolso de entre sesenta u ochenta millones de reales para la conducción y distribución del agua. Veinticinco serían para la distribución; siete y medio para los acueductos; ocho para la construcción de las minas y la presa; dos y medio para el depósito en Madrid; y el resto para indemnizaciones, imprevistos, y gastos de administración y dirección de las obras.
Para hacer frente a la inversión del Canal de Isabel II se optó por el método de suscripción pública, que se rentabilizaría en forma de dividendos o bien en cuotas de consumo de agua según el capital aportado.
Para romper la desconfianza la Reina Isabel II hizo una primera aportación suscribiendo cuatro millones de reales, a los que hubo de sumar casi dos más de los restantes miembros de la familia real. El Gobierno aportó dos más y el Ayuntamiento dieciséis.

El 13 de septiembre 1851, hablando de la traida de aguas a Madrid, Mesonero Romanos se quejaba en La Ilustración de la falta de suscriptores al proyecto, lo que impedía incrementar el capital para acometer la obra. Desde que esta suscripción se abrió al público, las aportaciones mencionadas, más otras 103 de grandes capitalistas, aristócratas e inversores anónimos, transcurrido un mes, no habían aumentado en más de un millón de reales los ya conseguidos de treinta y cuatro. (La Ilustración nº 35. Madrid, 1851)

Inicio de las obras de la Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Inicio de las obras

Durante el último trimestre de 1851 se fueron ultimando los estudios sobre el trazado de las conducciones, mientras se realizaban las obras previas para preparar los caminos para el acarreo, acopio de materiales y la construcción de los edificios que servirían de alojamiento para los obreros. Hasta febrero de 1852 no comenzarían las primeras excavaciones.

Caserna presidio del Ponton de la Oliva. Había mil quinientos presidiarios trabajando en la obra. (Foto: Charles Clifford, 1853. Fondo BNE)

“El mayor contingente de operarios estaba constituido por mil quinientos presidiarios. Lucio del Valle, uno de los cinco ingenieros de las secciones y que en 1855 se haría cargo de la dirección de las obras, ya había utilizado reclusos en el tajo de la carretera de Cabrillas, desde donde fueron trasladados al Pontón de la Oliva”.
“Tras obtener la autorización del Gobierno para la utilización de los reclusos, el presidio se dividió en cuatro especialidades: taller de herrería, para trabajos relacionados con las herramientas y accesorios de hierro; taller de carpintería, para los utensilios fabricados con madera; taller de espartería y cestería, para la elaboración de espuertas, cuerdas, cestos de mimbre, aguaderas…; taller de guarnicionería y albardería, para la realización y reparación de arreos y atalajes para el material de transporte”. (Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Ayuntamiento de Madrid, 2005. Págs. 106-108)

“Las herramientas y utensilios empleados en la construcción del canal eran los mismos que servían tradicionalmente a canteros, albañiles, zapadores o peones: legonas de pala y gancho, zapapicos de cantera, martillo, , fijas, palaustres, martinillas, macetas y trinchantes de cantero, zaranda de hierro, serretones, cadenas de compuerta, maromas de esparto, madejas de tomiza y de filete, tiros y apretadores de cáñamo, ovillos y madejas de bramante, albardas, cinchas, ataharres, yugo, frontales, serones, esportones, cubierta de albarda, aguaderas, criba de esparto, espuertas hoceras y terreras, cabo de pleita, barriles, atalaje completo para carros, sarrieta y cerraduras, etc.” ( Texto: Saraiva,  Tiago. Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900. Grabado: Arte de albañilería. Juan de Villanueva. Edición  Pedro Zengotita Vengoa. Madrid 1866.)

Colocación de la primera piedra

“El 11 del mes corriente a las tres y media de la tarde S. M. El Rey, en representación de nuestra querida Reina, salió de su Real Palacio con dirección del Pontón de la Oliva, acompañado de varios señores ministros y altos personajes de su real servidumbre. Pocos días antes el camino de Madrid a Torrelaguna, que dista de la corte nueve leguas, se hallaba en tan mal estado que no podía pasarse sin peligro del carruaje por muchos parajes. Y el de Torrelaguna al Pontón de la Oliva, que se halla a dos leguas cortas de distancia de esta última villa, no era transitable en coche más que en un reducido espacio, y esto con bastante incomodidad.
Pués bien, merced a la actividad de los Directores e Ingenieros de la obra del canal de Isabel II, S. M. El Rey pudo correr las once leguas en menos de cinco horas, y solo tuvo que apearse medio cuarto de hora antes de llegar al Pontón de la Oliva“.

Al llegar S. M., una música militar tocó la marcha real y se oyeron al mismo tiempo disparos de barrenos para arrancar piedra que imitaban perfectamente el ruido de los cañonazos.
Se procedió en seguida al acto solemne de la colocación de la primera piedra de donde han de derivarse las aguas del canal de Isabel II“.
El acta original de la ceremonia comenzaba así: “En el Pontón de la Oliva, distrito municipal de Uceda, partido judicial de Tamajón, provincia de Guadalajara, en nombre de S. M. La Reina de España Doña Isabel II, S. M. El Rey, su augusto Esposo, colocó la primera piedra de la presa, de donde ha de derivarse el canal que debe abastecer de aguas potables y de riego a Madrid y sus cercanías…”  (La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Acto de colocación de la primera piedra en el Pontón de la Oliva. Once leguas (70 kilómetros) separaban el Palacio Real de Madrid del Pontón de la Oliva en tierras de Torrelaguna. Por un despejado y bien dispuesto camino, el rey consorte, Francisco de Asís de Borbón, las recorría el 11 de agosto de 1851 para asistir a la colocación de la primera piedra de las obras del futuro Canal de Isabel II que llevaría el agua corriente a la capital. Como exigía el protocolo para tan histórico acto, el presidente del Consejo de Ministros, Bravo Murillo, entrego al rey un cofre, a modo de cápsula del tiempo, en el que se introdujeron un ejemplar de la Constitución y varias monedas de oro, plata y cobre, que después este enterró en el lugar elegido.  “Allí, donde pocos días antes no se veían más que rocas escarpadas en un terreno árido, donde había reinado un profundo silencio, a no escucharse la crriente del río, se veía ese día un lugar de placer, porque por una parte la munificencia de S. M. El Rey había dispuesto que a sus expensas se pusiesen cómodas y vistosas tiendas de campaña, y por otra un gentío inmenso quitaba de todo punto a aquel sitio el triste y severo aspecto que antes presentaba”(La Ilustración nº 35.  30/08/1851)

Filtraciones

Sin embargo, las características del emplazamiento, que inicialmente se valoraron como idóneas, acabaron por mostrarse incompatibles para su función de retener el agua de la presa debido a continuas filtraciones.
Ya en 1855, con las obras prácticamente acabadas, para intentar poner remedio a este grave imprevisto, el consejo de administración del Canal decidió nombrar al ingeniero Lucio del Valle responsable de la dirección técnica de las obras.

Puesto manos a la obra, del Valle acometió una serie de intervenciones encaminadas a obstruir los orificios de entrada y las grietas del vaso de la presa por donde escapaba el agua. Se emplearon miles de sacos de arcilla depositados en la base, que quedarían mezclados con guijarros, arena y cantos rodados arrastrados por el propio rio. Aunque en un primer momento las pérdidas disminuyeron, el remedio se reveló insuficiente.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Como se había observado que las filtraciones se producían por diferentes puntos del suelo de la presa y que la salida del agua siempre se presentaba en la misma zona, a la derecha del cauce del río, la siguiente idea de Lucio del Valle fue intentar obstruir la salida del agua. Para acometer esta tarea  fue necesario desaguar la presa con la construcción de una zanja, primero, y de una mina de desagüe más grande, después. A través de galerías realizadas partiendo de las estrechas grietas que se encontraron, los obreros accedieron a taponar con mortero hidráulico todas las fisuras que detectaban. Así hasta toparse con un enorme agujero por el que se perdía una gran masa de agua. Se intentó taponar y se consiguió en parte, aunque el resultado acabó finalmente en fracaso, pues las filtraciones continuaban y el agua siempre acababa por encontrar una salida.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Polémicas

La polémica surgió entonces de la mano del ingeniero de minas y geólogo  Casiano de Prado, el cual desde el principio de la obra, en un informe elaborado en 1851 a petición de Bravo Murillo, criticó el emplazamiento de la presa.  Casiano de Prado informaba de las características del terreno sobre el que se iba a construir el embalse describiéndolo como formado de “calizas cavernosas atravesadas por conductos irregulares” que podrían dar lugar a filtraciones abundantes. Más adelante también criticaría el procedimiento utilizado para evitarlas.

Presa del Pontón de la Oliva. Fotografía incluida en el álbum Vistas de la presa y demás obras del Canal de Isabel II de Charles Clifford (1819-1863), publicado en 1858 (BNE).

Casiano de Prado como estudioso de la geología madrileña era conocedor del lugar y sabía de la existencia de numerosas cavidades cavernosas en los alrededores. De hecho, en 1864 en su Descripción física y geológica de la provincia de Madrid recogería la presencia en el lugar de una importante cueva que se dio en llamar del  “Reguerillo”,  y que en la actualidad está considerada como el ejemplo más notable de fenómenos kársticos en la Comunidad de Madrid. Por tanto, parece lógico pensar que en 1851, cuando hace el informe sobre el terreno, ya tuviera noticía de la misma.

Lamentablemente el proyecto, que había costado ciento veintisiete millones de reales en lugar de los ochentamil previstos, estaba ya acabado y el problema de la inutilidad de la presa del Pontón era más que evidente. Esta circunstancia sirvió al geólogo de Prado para hacer valer la importancia de su especialidad que, por tener poca historia, todavía no había sido suficientemente reconocida, abogando por la necesaria interdisciplinariedad en la ejecución de las obras públicas, hasta entonces prácticamente solo en manos de los ingenieros de caminos.

Solemne inauguración

No obstante las esperadas contingencias ligadas a la presa, pero siempre con el apoyo incondicional de la prensa y de la sociedad madrileña, el 24 de junio de 1858 quedaba inaugurado el primer sistema de conducción de aguas del Canal de Isabel II, Pontón de la Oliva incluido. Al acto solemne desarrollado en las instalaciones del primer depósito asistieron la reina Isabel II , el Consejo de Ministros en pleno y, como publicaba El Museo Universal, el pueblo de Madrid que recibió entusiasta, apiñado en el Campo de Guardias (en torno a la actual calle de Bravo Murillo), y compartiendo con alegría la solemnidad del momento, la llegada a la ciudad de las aguas del rio Lozoya . (El Museo Universal. 15/07/1858, pág. 100)

Acto solemne con motivo de la inauguración del Canal de Isabel II en el Campo de Guardias, en las instalaciones del primer depósito. En la imagen la reina Isabel II junto a Lucio del Valle. (Grabado: El Museo Universal. 15/07/1858)

Finalmente y dado que las filtraciones se mantenían y las pérdidas en la presa eran importantes, en 1860 el canal se prolongó aguas arriba hasta alcanzar el nivel del río y se construyó la presa de Navarejos, para captar las aguas en las épocas de estiaje cuando el nivel del Pontón de la Oliva descendía por las filtraciones. En 1882 la presa del Pontón de la Oliva fue sustituida definitivamente por el embalse de El Villar, a 22 kilómetros. (Ver Pontón de la Oliva en Wikipedia)

Imagen actual de la presa del Pontón de la Oliva. A lo alto el cerro de la Oliva. Puede observarse en la foto  que la presa  esta embalsando agua y que parte escapa por los aliviaderos. No es algo que suceda habitualmente, ya que el rio Lozoya está regulado aguas arriba principalmente por los embalses  de El Villar y de El Atazar. Sin embargo, en épocas lluviosas, con inviernos y primaveras muy húmedas, estos embalses sueltan tanta agua que la presa del Pontón puede llegar a retener gran cantidad  e incluso llegar a rebosar. (Foto: Wikipedia)

Referencias.-

Saraiva Tiago
Ciencia y Ciudad. Madrid y Lisboa, 1851-1900
Ayuntamiento de Madrid, 2005

Bonet Correa, Antonio
Madrid y el Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre el coste de las obras del Canal de Isabel II
Revista de Obras Públicas nº 14-14, 1857

Valle Arana, Lucio del
Memoria sobre las filtraciones del Lozoya, cerca del Pontón de la Oliva, y medios empleados para cortarlas.
Imprenta José Cosme de la Peña. Madrid, 1857

La Ilustración nº 32, 35, 37 (Años 1851 y 1858)
Inauguración del Canal de Isabel II , pág. 1
Traida de aguas a Madrid I y II

Museo Universal nº 12 y 13 (Año 1858)
Traida de aguas a Madrid I y II

Giménez Bajo, Oscar
Las obras del Canal de Isabell II en Torrelaguna y su comarca PDF

Revista de Obras Públicas
2001 / Número 3414: Homenaje al Canal de Isabel II (Monográfico)

Ortiz, Isidoro
Cuevas y simas de la zona centro
I.O. Madrid, 1997

VV.AA.
Mundo Subterráneo
ENRESA
Madrid, 1994

VV.AA.
Génesis y edad del Cerro de la Oliva y la cueva del Reguerillo (Torrelaguna-Madrid) PDF

Para quien haya pasado por delante de este edificio alguna vez es posible que lo recuerde. No por su especial  factura o por su destacable belleza, pues más bien si destaca es por lo anodino de su estampa: una típica construcción de oficinas y apartamentos de finales de los años setenta. Llamaba la atención al viandante precisamente porque el bloque, que ocupa media manzana, se encontraba cerrado y vacío, presagiando un inminente derribo.

El caso es que si a alguien le gustaba ya solo podrá disfrutar admirándolo en fotos, pués desde hace unos meses está siendo demolido por métodos mecánicos y con gran sigilo.

El bloque tiene entrada por las calles Juan Bravo, Lagasca y Maldonado, en el corazón del conocido y cotizado barrio de Salamanca. O mejor dicho, tenía. A estas alturas es posible que ya no quede nada de él. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Lo curioso del caso es que el derribo responde a un pomposo proyecto de viviendas exclusivas para millonarios de esos a los que les excita poseer pisitos repartidos por las capitales del mundo.

Parece ser, según cuentan algunos medios especializados en cuestiones inmobiliarias, que el edificio que se levante albergará los pisos más caros y lujosos de Madrid. Entendiendo por lujo todo aquello que a un millonario se le pueda antojar, por muy extravagante que resulte, sabiendo que, por definición, los millonarios son todos muy antojadizos y exigentes.

Imágenes de la demolición de los edificios Juan Bravo 3B y 3C en noviembre de 2011. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

 La historia de este proyecto de lujo asiático es la que sigue: Hace cuatro años la inmobiliaria Eurosazor compró por 131 millones de euros los dos edificios contiguos y gemelos, conocidos como Juan Bravo 3B y 3C. Primero compró a Repsol en 2007 el número 3B por 65 millones (un total de 8.300 metros cuadrados de superficie y 90 plazas de aparcamiento).  Ese mismo año, pero algo después, adquirió a Mutua Madrileña el número 3C,  por 66 millones de euros.

El proyecto se  encargó al estudio del arquitecto Rafael de La Hoz, autor de la sede de Telefónica en Las Tablas (Madrid), pero la “crisis del ladrillo” hizo que todo quedara suspendido hasta 2010, fecha en la que se retomó y se hicieron efectivas las gestiones de derribo y los permisos correspondientes. Para ello Eurosazor había constituido en diciembre de 2006 la sociedad Inmobiliaria Juan Bravo 3 (con el 50% del capital) para gestionar el proyecto.  El inmueble cursó la apertura de expediente para el cambio de uso y demolición en Gerencia de urbanismo de Madrid con fecha de 27 de julio de 2011.
En los números 3B y 3C de Juan Bravo, se construirán 60 pisos inspirados, al menos en cuanto a su componete de exclusividad, en el complejo londinense One Hyde Park, y en la torre Chateau Libertador, de  Buenos Aires. Para la comercialización de la multimillonaria promoción, que funcionará en régimen de propiedad de condominio, la empresa Gilmar Consulting Inmobiliario también participa en la sociedad. Las viviendas, muchas de las cuales ya están vendidas, tendrán de dos a cuatro dormitorios y una superficie mínima de 150 metros cuadrados útiles y zona de servicio, y se venderán a partir de 2,5 millones de euros. Es decir, a  más de 16.000 euros el m2. La superficie total del proyecto será de  19.400 m2. (Ver Expansión, 08.06.2011)

Viviendas en la calle Juan Bravo 3 , según el proyecto de Rafael de la Hoz.

“EL BEBE”

Sabido es que las palabras escritas en MAYÚSCULAS también se acentúan, aunque no siempre se haga. Así nos lo recuerda la RAE, que nunca ha dictado norma alguna en sentido contrario: “Las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla según las reglas de acentuación gráfica del español, tanto si se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se trata únicamente de la mayúscula inicial.”

El comercio de la foto muestra en su añoso rótulo de cristal sobre fondo negro el nombre del negocio en letras mayúsculas y sin tildes. Como está cerrado y se desconoce qué género trabaja, por su nombre cabría pensar que se tratase de un despacho de bebidas espirituosas y vinos de la tierra, cuyo reclamo al anunciarnos que “ÉL BEBE” -tal vez el propietario o el conjunto de los parroquianos en un cliente ideal particularizados- nos convida a entrar para hacer lo mismo. Como al lema no lo acompaña nada del tipo “vinos, cervezas, licores, aguardientes”, o algún dibujito relacionado con la especialidad de local como racimillos de uvas, copas burbujeantes o toneles, parece sensato descartar la suposición planteada para buscar otra opción más plausible.

Por fortuna ya sabíamos desde el principio que la tienda del escueto rótulo es una mercería, seguramente surtida en artículos para niños de pecho, por lo que huelga lo anteriormente expuesto. (Es que había que hacer la chanza, pues esa era la intención de estas líneas).

De lo dicho queda claro que el  rótulo de letras mayúsculas debería haber llevado un acento ortográfico pintado sobre la última “E” del título, de manera que “EL BEBÉ” fuese lo que leyésemos e Ipso facto supiéramos de qué especie de negocio se trataba.

No hacerlo así, como se ha visto, puede llevar a equívocos de comprensión e interpretación entre hablantes y también entre lectores, que seguro que más de un transeúnte habrá querido mitigar el sofoco de su marcha entrando en la mercería con el ánimo de echarse al coleto un  reconstituyente chato de Valdepeñas.
La tienda se encuentra en Madrid, en la calle Castelló, 110.

Mis recuerdos

Creo que no tengo mucha memoria, porque a pesar de llevar viviendo en el mismo barrio desde la infancia, me falta la capacidad para recordar con exactitud cómo era cuando empecé a conocerlo. No llego a saber qué edificios y lugares había por los alrededores antes de que la voracidad especulativa acabase con su vieja y abigarrada estampa. Lo que si me parece recordar, cuando camino por sus calles estrechas, es haberlas visto salpicadas de casitas antiguas de una planta que se alternaban con edificios de pisos, también antiguos. Luego me queda la sensación de que desde mediados o finales de los setenta los derribos y las nuevas construcciones eran una escena cotidiana. Sin embargo, cuando veo fotos del barrio de esas fechas, soy incapaz de recordar los edificios que ya no existen o los antiguos espacios que fueron transformados o eliminados.

Viejo edificio en la Calle de Antoio Zapata nº 7. Un auténtico “superviviente”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Haciendo memoria
Quiero hacer memoria del viejo barrio de la Prosperidad. Y en este recorrido nostálgico voy a utilizar recuerdos ajenos de lectores  del Blog, de memoria más ágil que la mía, que han ido dejando en algunas entradas.   Ángel  y Carlos, que además me ha enviado unas fotos,  emocionan con sus poéticas evocaciones. Muchas de las imágenes que ilustran estos recuerdos fueron  publicadas también en diferentes posts, y otras las he tomado en préstamo a Isabel Gea, vecina del barrio durante un  tiempo, que retrató algunos edificios que formaron parte del entorno de la Prospe  y que han ido desapareciendo poco a poco.

Edificio de 1927 en la calle de Canillas nº 7 y detalle de la fachada. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Mis recuerdos del barrio de la Prosperidad comienzan con la calle de López de Hoyos,  calle larga y en algún tramo sinuosa y estrecha. Esta calle nace junto al Paseo de la Castellana, en unión con la calle Pinar, muy cerca de la Residencia de Estudiantes y del Museo de Ciencias Naturales.  Antiguamente fue el camino que conducía al pequeño pueblo de Hortaleza y en 1905  cambió su nombre por el del preceptor de Miguel de Cervantes que ahora lleva. López de Hoyos  es para mí una calle evocadora, aunque de recuerdos vagos, dado mi carácter olvidadizo. Desde muy pequeño he vivido en las proximidades de la calle General Mola (Príncipe de Vergara) cuando todavía acababa en Francisco Silvela, muy cerca de la glorieta de López de Hoyos. Esta rotonda, que hasta 1980 se llamó de Ruiz de Alda, por el aviador famoso del Plus Ultra, marcaba la frontera de una zona que espacialmente ya no me pertenecía, pues yo vivía más arriba, junto al parque de Berlín (1967). Sin embargo, cruzando por López de Hoyos, junto a los descampados de la futura prolongación de General Mola se llegaba al entramado de calles estrechas de la Prosperidad, al norte del eje principal, que era más mi territorio, pues al otro lado de la calle también comenzaba a desorientarme. López de Hoyos era y es la calle más comercial del barrio y ahí se encontraban el mercado, los comercios más importantes y, por supuesto,  los cines. Curiósamente, en los últimos años, parte del comercio ha abandonado la vieja calle comercial y se ha mudado a la calle Suero de Quiñones, mucho más modesta en dimensiones pero que le quiere tomar el relevo en actividad comercial y trasiego de gente.

Cine López de Hoyos-2007Antiguo Cine López de Hoyos. Cesó en su actividad como cine en los ochenta del XX y pasó a dedicarse durante más de una década a ofrecer banquetes de bodas, comuniones, bautizos y celebraciones del género. Trás permanecer cerrado algún tiempo, en los primeros años del siglo XXI vio renacer su espíritu de gran nave con una nueva dedicación ligada a las nuevas modas sociales.  Holiday Gym se llama ahora. (FOTO: Enrique F. Rojo,2007)

Los cines del barrio

En la zona de López de Hoyos los cines mas populares eran el “López de Hoyos”, con ofertas de 2,50 ptas. los jueves y el Covadonga” a 2,00 ptas. Algunos cahavales se divertían poniendo monedas de 5 y de 10 céntimos en los railes del tranvía y otros hacían lo mismo pero con cables de cobre de las obras, para después vender lo que quedaba al chamarilero de la calle Gabriel Lobo. Luego se iban al cine Covadonga los jueves por 2 “pelas” con cincuenta, sesión doble con derecho a Nodo. Todo ello a la altura del nº 60 de López de Hoyos y la vía del “Tranca” nº 40, apelativo del tranvía en la Prosperidad,  -Quevedo a Ciudad Jardín-. Vendiendo papel en el chamarilero de Luís Vives también se podían sacar unas pesetas. (Ruper y Tinín).

Cine RoyalAntiguo Cine Royal, en la calle de López de Hoyos de Madrid. En los años 80 del siglo XX cesó en su actividad para convertirse en una sala de bingo y en discoteca. En la actualidad, en 2011 y desde 2006, se encuentra clausurado por orden municipal. (Foto: Enrique F. Rojo)

Más adelante, la apertura del  cine “Marvi”, en la calle Cartagena casi esquina Avenida de America, desbancó a los que salpicaban López de Hoyos. La novedad. Este cine fue en los 60 el  más “moderno”  de la Guindalera y la Prosperidad.  Tenía programas dobles y  competia con el “Oraa”, con el “Silvela“,  con el “Lopez de Hoyos” y con el “Covadonga” (Ángel Alda). El cine, construido por los arquitectos Felipe Heredero y Carlos Sobrini en 1958, se mantuvo hasta 1980 y luego comenzó a funcionar como bingo -Sala América- hasta el año 2008  que cerró definitivamente. En los bajos del cine Marvi estaba la sala de fiestas “El Cisne Negro”. Luego hubo otros cines por la zona como el resucitado “Morasol”, en Pradillo, y el “Royal”, en López de Hoyos, actualmente cerrado y abandonado.

Calle Cartagena-87-2007 Cine Marvi cuando ya no lo era , en la calle Cartagena -la Guindalera lindando con la Prosperidad-.(Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Cine Covadonga (1951). El 1 de marzo de 1991, el cine Covadonga, situado en el 161 de la calle de López de Hoyos, quedaba prácticamente destruido a causa de un extraño incendio, cuyo origen no pudo ser precisado en su momento por los bomberos del Ayuntamiento. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Un poco de historia

Para entender y contextualizar mejor este album nostálgico será bueno hacerlo con el apoyo de un poco de historia.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX algunas fincas y huertas en la Prosperidad y en la Guindalera cercanas al arroyo Abroñigal, se estaban parcelando para la venta, aprovechando que la continua llegada de gentes del campo a la capital en busca de trabajo generaban una importante demanda de terrenos para construir . Las viviendas que se iban levantando, normalmente a cargo de  maestros de obra o autoconstruidas por sus propietarios, solían ser de una sola planta, de aspecto semirrural y factura tosca a base de materiales económicos. Disponían, a modo de ejemplo, de cocina, sala, gabinete y dos dormitorios. Ocupaban parcelas rectangulares, con pequeño jardín a la entrada y patio trasero. En otros casos la fachada estaba en línea de calle o camino y el jardín o huerta se situaba en las traseras de la casa. Su estilo era muy sobrio, con fachadas de ladrillo y revoco y sin concesiones artísticas, y normalmente se trataba de casas aisladas o pareadas.

Colonia Mahou-1985Vivienda de la colonia Mahou en 1985. La colonia, surgida en 1928, estaba en el sector suroriental de la Prosperidad, zona del “canalillo”, también conocida como Sector 20  y estaba compuesta por  106 casas de una sola altura y factura sencilla y económica, destinadas a ser adquiridas por jornaleros y obreros de escaso nivel de ingresos. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30) las propiedades fueron expropiadas y derribadas entre los años 70 y 80.

El periodista y político del siglo XIX  Angel Fernández de los Ríos en su obra de 1876Guía de Madrid, se refiería al arrabal de la Prosperidad como un escaso conjunto de 19 casas nacido en 1868 en torno al antiguo camino de Hortaleza y que se había desarrollado en los últimos años en medio del más deplorable desorden de rasantes y alineaciones.  En 1888 reunía 166 edificios, 3/4 partes de ellos casas terrenas, con un elevado número de corrales o patios de vecindad en condiciones de salubridad deficientes (Díez de Baldeón, 1985.).

El 5 de enero de 1890 el periódico El Día publicaba una nota que da idea de la situación socioeconómica del barrio: “Ayer, en el barrio de la Prosperidad, fueron repartidas ante el donante, Sr. marqués de Sierra Bullones, 50 chalecos de Bayona, 50 mantones y 150 mantas; socorriéndose con estos objetos a 27 familias de la Guindalera, 14 del barrio del Carmen y unas 50 de la Prosperidad. Además envió, con destino al hospital allí establecido por los señores Soto y Avilés, garbanzos, judías, arroz, tocino y una cesta con botellas de vino generoso”.

Nota en la que se detallan los gastos de asistencia a enfermos por el Hospital Provisional de Prosperidad, situado en la calle Cartagena, de 31 de Diciembre de 1889 a 30 de Enero de 1890 en que se cerró.

La imprenta del hospicio de la calle Fuencarral editó en 1890 una Memoria escrita por Alberto Aguilera y Velasco, Gobernador civil de Madrid,  en la que daba cuenta de los “socorros y donativos realizados durante la epidemia de gripe de 1889-90″, haciendo referencia al mencionado hospital:  “Durante la epidemia -dice la Memoria- se proporcionó alimento á 62.000 pobres, realizando esta piadosa distribución por su propia mano, las caritativas señoras que componen la Junta del Sagrado Corazón de Jesús. Aparte de esto inauguráronse, merced á la iniciativa particular, hospitales provisionales en los barrios extremos de Madrid, donde la población proletaria alcanza mayores cifras de existencia, siendo el primero en instalarse el de la Prosperidad, debido a la activísima gestión de los conocidos industriales Sres. Soto y Aviles, quienes no descansaron hasta ver realizada su caritativa empresa, poniendo en su realización la suma de inteligencia, de constancia y de desinterés que tan abundantemente les caracteriza. Su generosa iniciativa obtuvo bien pronto el poderoso concurso de los Sres. Montero Ríos, Cánovas del Castillo, Ducazcal, Rodríguez (D. Manuel) y Marqués de Sierra Bullones, alcanzando entre todos y con los espontáneos é inteligentes servicios de los médicos Sres. Massip y Rodríguez (D. Carlos) instalar una enfermería modelo, en la que encontraron gratuita y celosa asistencia todos los enfermos pobres del barrio de la Prosperidad, quienes seguramente recordarán siempre el gran beneficio que deben á la diligente caridad de sus conciudadanos”.

Edificio de viviendas en la calle de García Luna, 11. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En la Memoria de 1914 para el Ayuntamiento de Madrid sobre la vivienda insalubre, César Chicote incluía a la Prosperidad entre los barrios “muy insalubres”, al alcanzar algo más de un 33 por mil de mortalidad, valor equivalente a la media de la ciudad en 1900, cuando para 1914 esta era ya de 24’5, con tendencia a seguir disminuyendo. La tuberculosis era la principal causa de decesos en la población y su propagación se debía a la densidad y especialmente al hacinamiento por falta de espacio, relacionado en general con las casas de corredor y las de patio. Además, hay que tener en cuenta que este tipo de casas solo solía disponer de una fuente para todos los vecinos y de un retrete por planta. En la Prosperidad se apuntaba el dato de mortalidad a causa de la tuberculosis de 2’79 por mil, algo por encima del 1’97 por mil de media del distrito de Buenavista -al que pertenecía la Prosperidad-, pero bastante por debajo del 4’58 por mil de la Arganzuela o del 4’97 por mil del barrio de Calatrava en la Latina. Estos datos intermedios, probáblemente fueran resultado de la escasa profusión de las casas de corredor -normalmente producto de motivaciones especulativas y que en estas zonas periféricas casi no se justificaban, ya que el precio de los terrenos y de las propias viviendas estaba por debajo de la media de la ciudad- y también de la abundancia de casas bajas con patio o jardín que en cierto modo impedían el hacinamiento.

Sergio Tomé Fernández explica  en un trabajo sobre el barrio de la Prosperidad, que en las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente pervivían, a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil, distribuidos una parte de forma dispersa por las calles del barrio, y otra parte agrupada a lo largo de López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano.

Edificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3.  (Foto:  Carlos Viñas), en Flikr-2011)

Detalle del mismo dificio de 1925 en la calle Malcampo nº 3. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Con el tiempo,  antes del fin de siglo XIX fue llegando el agua corriente a la Prosperidad (1894) y el transporte urbano (1893),coincidiendo con la apertura de la calle Cartagena que  la unía con el barrio de La Guindalera y que se convirtió en una calle de carácter algo más señorial y elegante que López de Hoyos. De 2.087 habitantes y 394 edificios que se contaban en 1900, se saltó a 502 construcciones y algunas industrias en 1905.

Plano de  Facundo Cañada López, de 1900. Se distingue el trazado viario del barrio, con López de Hoyos como eje este-oeste, y el caserío abigarrado en contraste con la existencia de villas con patio y jardín. En la zona nororiental, junto a los nuevos trazados, se  observa una especie de parque público con bastante arbolado, junto a las calles Nierember y Gil y Baus, que en el plano se rotula como Nuevo Parque y su límite norte lo marcaba latodavía  inconclusa calle de Pradillo,  junto al Asilo de Santamarca. Aneja a este  parque se situaban las cocheras del tranvía que hacía el recorrido Diego de León-Guindalera-Prosperidad (en las actuales calles Sánchez Pacheco y Javier Ferrero), que no tardó en cerrarse.

Barriada de casas bajas, corralas y alfares

En la importante cartografía de 1900 realizada por Facundo Cañada López, se puede acotar fácilmente el perímetro del asentamiento original del barrio y su trama, compuesta por siete calles paralelas y doce transversales a López de Hoyos, con simetría entre ambos lados de la vía principal. Por encima de García Luna, que era la última calle delineada paralela a López de Hoyos  hacia el norte, aparecen en el mapa tres calles más semiparalelas y cuatro más perpendiculares  que en el futuro acabarían por integrarse en las ya existentes Marcenado, Eugenio Salazar, Mantuano y Vinaroz. Había notables diferencias de tipología en las construcciones, dándose grupos de  casas exentas con jardín, villas y quintas como Villa Clara, Villa Aurora, Villa Rosa, Villa Carmen, Villa Castelo, Villa Manrique, Villa Merecedes, Quinta Concepción,etc.  en la parte más cercana al Ensanche (entre Cartagena y Francisco Silvela) y en el extremo norte del barrio (por encima de la calle Luis Vives), junto con casas de corredor abiertas a uno o dos patios en las calles interiores, con mayor aprovechamiento del espacio.

Edificio de 1926 situado en la calle de López de Hoyos. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Lopez de Hoyos-139-2007En cuanto a los patios de vecindad y casas de corredor, todavía ejemplos vivos, en López de Hoyos, el edificio del nº 139 -quizá el más notable y mejor conservado- . También existen otros de tipología similar, aunque más  modestos, en las calles Luis Cabrera, Santa Hortensia, Luis Vives y Vinaroz. Esta foto corresponde a la casa de corredor de López de Hoyos 139, antiguamente llamada por los vecinos la “casa grande”, que se rehabilitó en 1992. Su estructura actual “resulta del ensanchamiento de un primer edificio, construido en 1883. Éste constaba solo de planta baja y estaba compuesto de dos o tres viviendas en hileras, entre las cuales una era ocupada por el propietario. En etapas ulteriores, se ensanchó horizontalmente el edificio existente, se le añadieron dos plantas, y se construyeron otros tres cuerpos de edificio, de dos plantas, divididas en doce viviendas cada una, alrededor del patio”. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Todavía hay quien recuerda como hasta finales de  los sesenta, todavía había alguna familia que iba a pasar parte del verano a casa de una tía o abuela que vivía en Prosperidad. Estas casas, tan apropiadas para el veraneo, eran frescas y cómodas como casas de campo, pues tenían jardín y patio con pozo. Según parece, había bastantes de ese estilo en el barrio, que se alternaban con otras de pisos con corredor, cuyo patio interior  daba acceso a las viviendas bajas.

De aquellas casas bajas y de las corralas ya no queda prácticamente ni rastro. Algunos de los pocos testimonios de casitas bajas con jardín a la entrada y patio que todavía quedan en pie se pueden ver todavía en la calle Luís Cabrera nº14 , en la calle Juan Bautista de Toledo nº16, en la calle de Zabaleta nº31, en la calle Padre Jesús  Ordóñez  nº8, en la calle de Vinaroz  nº40,  en la calle de Mantuano nº20, y lo largo de la calle de Anastasio Aroca donde hay un conjunto amplio bien conservado.

En la calle Malcampo,  aunque ya en estado de ruina por el abandono, se encontraba hasta 2007 una casa baja con patio y jardin que  fue derribada  para construir un bloque de viviendas.  Tanto la promotora, Jaycar CB, como el constructor, Arquion C. S.L., registrados en Galicia, edificaron en 2009 el nuevo bloque,  sin que hasta la fecha, según parece,  se hayan puesto a la venta  las viviendas, por propia iniciativa del  promotor -como se puede leer en el cartel de licitación de la obra-. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Vivienda unifamiliar en la calle Mantuano nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Vivienda unifamiliar en la calle de Vinaroz nº 40. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Santa Hortensia 12-1-2007Casa de corredor del barrio de Prosperidad, en Santa Hortensia nº 12. Foto de la fachada principal. La casa de vecinos de finales del siglo XIX, adoptaba a menudo la forma de una casa de corredor o corrala. Es un edificio, donde la viviendas, generalmente pequeñas y oscuras, dan a un patio central; se circula en las plantas – en el caso de que haya – por corredores que dan la vuelta al patio . Son viviendas de alquiler, destinadas a las clases populares. Al contrario de la casa baja, ésta es un modelo arquitectural común a los barrios populares del casco y los arrabales de la periferia, como el barrio de la Prosperidad. En este sentido, su aparición es una manifestación de la creciente integración del extrarradio al mercado inmobiliario de la ciudad.  (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Patio Interior de la casa de corredor en Santa Hortensia nº 12. (Foto: Charlotte Vorms, 2001)

Por su parte, los edificios de más categoría  situaron su fachada en la vía principal de López de Hoyos, con alternancia en el uso de ladrillo visto en estilo neomudejar y modelos más preciosistas con acabados de reboco y cierto alarde decorativo en cornisas y balcones a base de molduras. Excepcionalmente, hay ejemplos de edificios con cierta pretensión en calles interiores, como es el de la foto que se incluye en el texto, en la calle de Malcampo nº 9. También tuvo gran presencia la autoconstrucción debida en parte a los maestros de obras y albañiles, que se repartía especialmente por las calles interiores. El asilo de Cartagena de las Hermanitas de los Pobres, el de Santamarca o el colegio de Santa Matilde, del primer tercio del siglo XX, se fueron situando en los alrrededores  producto de generosas donaciones de píos caudales aristocráticos, y dotaron al barrio de ciertos recursos de beneficencia. Finalmente, es de destacar el gran número de alfares y te tejares que se encontraban repartidos por todo el suburbio.

Santa Matilde-L-Hoyos 166-2007Parroquia de Santa Matilde, en la calle de López de Hoyos de Madrid. El edificio es del último tercio del siglo XIX.

Calle Mantuano-C.C. Nicolas Salmeron-07

Centro Cultural y CEP "Nicolás Salmerón"

En 1933,  durante la Segunda República, se añadían a la oferta educativa las Escuelas Nicolás Salmerón.  El sistema pedagógico utilizado en el centro era especialmente vanguardista en la época y su nivel tan alto que llegó a ser conocido como el Coloso de Chamartín. También es de este periodo el Colegio Isidro Almazán, actual C.P. Luís Bello, en la calle de Luís cabrera nº 66, y el C.E.I.P. Padre Poveda, en la calle Luís Larrainza.  Acabada la guerra civil y trás un periodo incierto, se convirtió en la Escuela de Mandos “José Antonio”. En su azotea se cantaba a diario, a las 9 de la mañana, el “Cara al sol”, himno que daba comienzo a la jornada académica. Con la llegada de la Democracia el local pasó a ser una delegación del INEF (Instituto Nacional de Educación Física) y más adelante quedó abandonado y fue ocupado por diferentes grupos con ambiciones más o menos culturales y artísticas. Pedro Almodovar rodó en su interior y alrrededores su primer largometraje “Pepi, Luci, Bum…” A partir de 1979, la Corporación municipal democrática, salida de las urnas, se hizo cargo del edificio y decidió rehabilitarlo. En su reconstrucción se gastaron más de 160 millones de pesetas (un millón de Euros) y en la actualidad es Colegio público del Ayuntamiento y uno de los Centros Culturales más importantes de la capital.

La primera transformación del viejo arrabal

En la  posguerra  la ingente inmigración a Madrid hizo que la población del barrio creciese vertiginósamente y ello se nota en el aumento de construcciones y en su tipología, adaptada a las condiciones socioeconómicas de los recien llegados. En 1955,  la urbanización al norte de López de Hoyos llega ya al antiguo parque de la terminal del tranvía y la finca del conde de Polentinos, entre Sánchez Pacheco y Pradillo, en un proceso basado en la agregación de parcelaciones particulares, que origina  calles estrechas -8 metros o menos-, diferencia en el tamaño de las manzanas, gran cantidad de parcelas diseminadas de tamaños muy diversos,  y ausencia de espacios libres de carácter público,  provocando la pérdida de continuidad de las calles y cierta anarquía en su trazado.

Casa en la calle Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)Casa en Pérez Ayuso, 5. (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

En 1949 se creo el mercado de abastos de Prosperidad con el fin de dar servicio a la cada vez mayor población del barrio, lo que estimuló la apertura de pequeños comercios de todo tipo en su entorno y a lo largo de la calle López de Hoyos, complementando así el conjunto de bienes ofertados. Por su parte, la pequeña industria y los talleres se concentraron primordialmente en la zona nororiental  limitado por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. Con el paso del tiempo esta zona industrial se va poblando y se especializa en en sectores como el farmaceútico, con cierta tradición en la Prosperidad, artes gráficas, medios audiovisuales y tecnologías de vanguardia. También proliferaron los talleres mecánicos, que encontraron un rentable espacio de negocio con la llegada de nuevos pobladores con un nivel adquisitivo elevado que podían poseer más de un vehículo por familia.
Como expone  Sergio Tomé Fernández,  en la década de 1970 se abriría el periodo de  transformación del antiguo suburbio de una manera especialmente intensa. La apertura de la prolongación de General Mola (Príncipe de Vergara), la inauguración  en 1972 de la línea 4 de metro (Diego de León- Alfonso XIII),  y  la creación de la M-30,  supusieron un aumento formidable de la accesibilidad del barrio y su acercamiento al centro de Madrid, cada vez más próximo debido al propio crecimiento urbano de la capital hacia las antiguas periferias. También habría que incluir la apertura del tramo de la línea 9 de metro (Pavones-Herrera Oria) en diciembre de 1983, con estaciones en Avenida de América, Cruz del Rayo y Concha Espina, recorriendo bajo tierra el trazado de la prolongación de General Mola.

Lopez de Hoyos-110-112-2007López de Hoyos 110-112. Los dos edificios son construcciones de la primera época. En los años 60-70,  en la misma acera y algo más abajo,  antes de llegar a la actual calle de Príncipe de Vergara y lindando con una fábrica de cristal, se encontraba el Cuartel de la policía “Pilar de Zaragoza”. Y tambíén muy cerca, Casa Vara, esquina a Gabriel Lobo, lugar donde se reunían los “grises” (Titín). (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Las nuevas construcciones en la Avenida de América, al sur y en Príncipe de Vergara, al oeste, delimitan el viejo caserío de  la Prosperidad y ejercen su influencia al atraer nueva población a la zona, con un perfil socioeconómico también nuevo. Se produce, en especial a partir de mediados los 80,  una revalorización del suelo que se traduce en la veloz ocupación de los solares vacíos y en el derribo de gran parte de las construcciones antiguas, levantándose  nuevos edificios que, aunque corrigen los problemas de alineación, superan en altura las viviendas originales, provocando cierta sensación de ahogo en las estrechas calles del barrio.  En este periodo las demoliciones se ejecutan casi contemporáneamente por todas partes, empezndo por los talleres o pequeñas fábricas y continuando por las casas bajas con patio o jardín, cuyo derribo permitía aumentar notablemente la intensidad del uso del suelo y, por consiguiente la densidad residencial.

Calle Matilde Díez nº 30, en la Prosperidad. “Dado el raquitismo de la mayor parte de los solares, fue habitual demoler inmuebles contigüos para fundir sus fincas, lo cual dio lugar a una concentración catastral espontánea. Paralelamente, y a fin de dar mayor altura a las construcciones de nueva planta, se rectificó la alineación de más de una docena de calles. En algunos casos, la importancia de las operaciones urbanísticas desarrolladas permitió ensanchar tramos o ejes completos, que jerarquizan el viario y el espacio, pero en muchas otras arterias las casas antiguas quedan como martillos salientes, por oposición a los edificios nuevos retranqueados. Ese perfil irregular de los frentes de manzana, y las rupturas de escala provocadas por la irrupción de volúmenes edificatorios desmesurados, forman desde entonces parte de las señas de identidad del barrio”. (Sergio Tomé Fernández, en Vivienda y clase: la Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual, 2003/ Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Dos viviendas en la calle Luís Cabrera nº 14. Estas modestas casitas tienen un pequeño jardín delante y un patio trasero. Las nuevas edificaciones se alinearon al nivel de las tapias. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Otro ejemplo, en la calle Juan Bautista de Toledo, 16. En este caso sin jardín delantero ni trasero. Esta casa, junto con la contigua que es más moderna se encuentran muy desalineadas con respecto a los edificios más modernos. El retranqueado y achaflanado obligatorio para una nueva construcción hacen que resulte un solar exiguo. Es posible que este sea el motivo por el que todavía no se hayan derribado ambas casas. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

En  cuanto a la dinámica demográfica, 1971 la Prosperidad rondaba los 36.000 habitantes. En 1978 eran ya  38.500, y en 1983 la cifra bajó a 37.900. Este leve descenso pudo deberse al notable descenso de la natalidad, que afectaba a todo el estado español en general, y también a la disminución de la llegada de nuevos vecinos. A pesar de que seguía aumentando la capacidad de alojamiento gracias a los nuevos edificios que se levantaban, muchos de ellos permanecían vacíos y no se compensaban  las pérdidas poblacionales producto de los decesos de una población envejecida y  por la salida del barrio de las generaciones jóvenes que buscaban alojamiento en las nuevas periferias, más económicas.

Dos fotos, de 1999 la casa y 1990 los gatos de la derecha, que se corresponde a una casa terrera en la calle Antonio Zapata (Prosperidad). Las casas de este tipo, que se corresponde con las más antiguas,  fueron las primeras en derribarse.

“Elitización” del barrio

Por otra parte, el deterioro del parque inmobiliario y el envejecimiento de la población originaria propició a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX el desarrollo de un proceso de “regeneración” que se tradujo en un encarecimiento generalizado, perceptible tanto en el ámbito inmobiliario como en el del consumo asociado a la “bolsa de la compra”.  Pero también la elitización del barrio, con su perverso poder de segregación de clase,  se hizo presente  a través de la presión inmobiliaria, primero de forma selectiva a favor de los espacios que limitaban el barrio (Clara del Rey, Alfonso XIII, Príncipe de Vergara y avenida de América), después ya más uniformemente hasta cobrar cierta homogeneidad en el precio del suelo y de la vivienda. Así que, por una parte los promotores -empresas o particulares ligados a la propiedad-  hacían lo posible por especular derribando viejas casas y construyendo nuevas viviendas por lo general de cierto lujo, que atraían al barrio a una población joven de clase media con importantes recursos económicos; y por otra parte, las construcciones antiguas  una vez vacías por deceso de sus propietarios o antiguos inquilinos se alquilaban, muchas veces en mal estado de conservación, a familias de inmigarntes extranjeros, por lo general procedentes de República Dominicana y en menor medida de Ecuador, China, Marruecos y Rumanía, a precios altos no acordes al tamaño y a  la categoría de los inmuebles. De manera que el barrio pasa en poco tiempo a alojar a los vecinos de toda la vida, a los nuevos que ocupan las viviendas más recientes y que poseen un nivel adquisitivo superior, y a los inmigrantes, que se movían en niveles de renta inferiores, por debajo de la media.

Edificio, ya desaparecido, en el núm. 86 de López de Hoyos,  cuyo bajo albergaba una persianería. (Foto: Isabel Gea, 1984)

Calle de Luís Vives c/v a General Zabala. En la actualidad la casa no existe.(Foto: Isabel Gea, 1994)

Recuerdo 1: “El Ultramarinos del señor Glicerio” (por Ángel Alda)
“De niño mi madre me mandaba bajar al ultramarinos del señor Glicerio, en Francisco Silvela 108, la “casa de cartón”. Chaquetiila y camisa blanca, corbata de color indefinible, mandil de rayas grisáceas. Libreta para apuntar la deuda de cada vecino. Se pagaba a final de mes o cuando se podía. Balanzas, guillotina para el bacalao, papel de estraza. Aceite por cuartillos, azúcar por libras, onzas de chocolate. Medidas de otros tiempos. Sacos de legumbres, lentejas que había que revisar por la noche sobre el hule de la mesa para eliminar piedras y otros seres invitados, antes de ponerlas en remojo.
Embutidos colgados de largas perchas. Botes apilados y alineados con todo tipo de caramelos a granel. Cajas abiertas con arenques. Latas redondas y grandes de escabeche.
Los supermercados llegaron mas tarde. El primero que conocí se llamaba Hungaria, en la esquina de Bejar con Francisco Silvela. Decían que el dueño era Puskas. Aquello fue la revolución. Comercios en los que tú mismo te servías.
Allí empezó la ruina del comercio tradicional. Del ultramarino, pero también de la carnicería de barrio, de la frutería. Cayeron una detrás de otra la frutería de la señora Aurelia, la lechería del padre de mi amigo Gonzalo, la casquería- quien sabe hoy día que era una casquería-. La carnicería de los gordos Panizo de la Avenida de América.
Hoy las calles del centro y de muchos barrios se llenan de tiendas de chinos. Parece que solo el aguante de los orientales, el trabajo en familia y las muchas horas de apertura permite el sostenimiento de las tiendas de barrio. Todo el espacio se puebla de tiendas franquiciadas, de establecimientos de hostelería, parece que son los únicos que se salvan del cambio en los paisajes urbanos.
Por si acaso el proceso no fuese lo suficientemente agresivo, las autoridades lo alientan mas si cabe mediante procesos de liberación de horarios, así lo llaman, liberación, que paradoja.
Aquello que distinguía los centros urbanos de las áreas residenciales metropolitanas: la existencia del pequeño comercio, hoy está en trance de extinción. Parece como si el fenómeno de los mall, de los hiper, de las grandes agrupaciones comerciales ejerciese un poder de atracción magnético y succionador de las viejas estructuras comerciales urbanas. Desaparecen los cines tanto como los ultramarinos. Y ya nuestra memoria no da para recordar los nombres de tantas desapariciones”. (Angel de Olavide)

Foto del Paso elevado de la calle de López de Hoyos. Este paso superior, que cruza Príncipe de Vergara y López de Hoyos, a la altura de la Glorieta del mismo nombre, fue construido en 1969 por Dragados y Construcciones, S.A. El “scalextric” parte de la Avenida de América, a lo largo de las calles Francisco Silvela y Joaquín Costa, hasta prácticamente el cruce con el final de la calle Velázquez. El acceso a la prolongación de Príncipe de Vergara , que alcanza el cruce con la calle de López de Hoyos no se concluyó hasta que no se hubo abierto ésta, en fecha posterior a la construcción del paso elevado. La apertura de la prolongación supuso el derribo del edificio de viviendas que hacía esquina con la nueva vía, si bien la nueva vía no le afectaba en su trazado, y de su anejo medianero, que eran los números 106 y 108, respectivamente, de la calle Francisco Silvela. Este último, el 106, se debió de tirar hacia principios de los noventa. En su solar se edificó una torre de oficinas siguiendo la nueva alineación. Ángel, que vivió en una de esas casas, cuenta que “la casa del 106 era practicamente igual que el actual 104, con la diferencia que el 104 fue vendida a sus inquilinos en los años 50 y pudo recibir mantenimiento mientras que la del 106 se mantuvo en alquiler y estaba ya muy deteriorada hasta su derribo. Son viviendas, salvo las que tienen el patio de luces exteriores y los pisos mas altos, muy oscuras y de unos 40 metros cuadrados. Popularmente se las llamaba casas de cartón”. Isabel Gea recuerda que de las dos casas gemelas, en la que sobrevivió, o sea, la de la derecha -el 104- vivía José del Corral.

paso-elevado-prolongacion-gm_ppv_02smallEl mismo paso elevado de la calle de López de Hoyos. En la imagen se pueden ver los dos edificios que fueron derribados y el que aún se conserva. De los tres edificios, el 108 de Francisco Silvela fue el último en edificarse y el primero en derribarse. Como la prolongación de Príncipe de Vergara arranca a finales de los 60, el edificio debió de existir unos 25 años antes de que lo tiraran. El orden de construcción fue 106, 104 y 108. Y el de derribo 108 y 106.

Vieja casa en prosperidad  (2007) Vivienda de principios del siglo XX en la Prosperidad. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Colonia Ibarrondo-Vaquería-2007Antigua “Granja Castilla”, vaquería situada en la calle López de Hoyos, en un punto donde el antiguo camino de Hortaleza hacía un giro brusco hacia el norte. Esta Granja se encontraba próxima a los solares ocupados por la Colonia Ibarrondo, compueta por huertas y melonares pertenecientes a los condes e Villapadierna. Fueron vendidos a los señores de Ibarrondo y Lezcano, quienes a su vez los vendieron ya parcelados. En el área se establecieron campesinos inmigrantes en Madrid, que montaron talleres, vaquerías y merenderos junto a sus viviendas, lo que hizo conocida a la zona como lugar de esparcimiento para los madrileños que frecuentaban la zona durante los fines de semana. Afectada por el Plan Especial de la Avenida de La Paz (M-30), fue destruida gran parte de la colonia y en la actualidad sólo se mantienen en pie esta antigua vaquería en la calle de López de Hoyos, que es utilizada por sus propietarios como taller de arte, y alguna casa más muy cerca ya de la citada M-30. (FOTO: Enrique F. Rojo, 2007)

Desaparición del tejido industrial

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

El vaciado industrial consecuencia de la progresiva desaparición del tejido industrial y la renovación posterior del uso de estos nuevos espacios urbanos, está generando la transformación física y social del barrio, lo que también afecta a las relaciones sociales, entre vecinos, por cuanto atraen a nuevos residentes con carácterísticas socioeconómicas diferentes.  En realidad, se trata de una tendencia  generalizada en Madrid, que expulsa  la industria del interior de la ciudad hacia la periferia y el extrarradio en áreas diseñadas exclusivamente para desarrollar la actividad fabril o industrial –polígonos industriales-, al tiempo que  dificulta la permanencia de aquellas industrias que por sus características encajaban bien en zonas que admitían usos distintos al estríctamente industrial. En el caso de esta mínima zona industrial de la Prosperidad, las empresas han convivido sin conflicto con las áreas residenciales, fundamentalmente por el tipo de actividad no invasiva que venían desarrollando. En cualquier caso, motivado por condicionantes especulativos, la norma viene siendo desde los últimos veinte años la de liberar suelo, muy rentable económicamente, modificando su uso de industrial a residencial. (Ver Desindustrialización y transformación urbana).

Entre las empresas o talleres que constituían la malla industrial dispersa de la Prosperidad  hasta el último tercio del siglo XX se encontraban los Laboratorios Galján-Productos farmaceúticos Nacionales S.A. en López de Hoyos 69, junto al antiguo cine López de Hoyos (1920), que fue  derribado en 1968 y que dejó un solar de 609 m2., en el que se construyó un edificio de viviendas; Orfebrería y cubiertos S.A., en Luís Vives, 11. Se derribó en 1981 dejando un solar de 533 m2. dedicado a viviendas.  En García Luna, 12, se encontraba Manufacturas médicas, S.A., derribado en 1982, dejando un solar de 347 m2. para viviendas. En en Vinaroz nº 16 estaba Productos Químicos y farmaceúticos Abelló (1925), derribado en 1976 se levantaron sobre un solar de 8.188 m2,  330 viviendas que ocupan un total de 35.0226 m2.

Edificio industrial en desuso Calle Pradillo (Foto: Enrique F. Rojo, 2010)

Entre las  industrias desaparecidas o trasladadas en tiempos más recientes, que también han liberado suelo para construir viviendas, se encuentran las ubicadas en la referida zona nororiental, limitada por las calles Pradillo al norte, Nieremberg al oeste, Gustavo Fernández Balbuena al este y López de Hoyos al sur. En la calle López de Hoyos 153, en 1994 por traslado de la fábrica de lácteos Danone a Tres Cantos, se derribó el edificio que ocupaba para la construcción de viviendas. Almacén de Tabacalera Española, situado en Sánchez Pacheco 3, derribado en los años 90 y con el solar sin uso hasta el momento. En 2004,  Laboratorios Normon, Nieremberg nº 10, deja sus instalaciones por traslado a una nueva sede en Tres Cantos. Se esta procediendo a su transformación en viviendas. Timbrados y Papeles, S.L., en la calle Sánchez Pacheco, derribado el edificio en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Microelectrónica Española, calle Pradillo nº 36, abandona su sede y tras su venta se procede a la demolición en septiembre de 2011, presumiblemente para edificar viviendas de lujo. También el diario El Mundo, en la calle Pradillo, bandonó su antigua sede por traslado y hasta el momento el edificio se encuentra vacío. Además de estas empresas, se pueden encontrar algunos edificios más en los que la actividad es escasa o nula y presumíblemente acaben por derribarse con el consiguiente cambio de calificación de los solares resultantes.

Antigua fábrica de lácteos Danone  en la calle de López de Hoyos 153. El edificio se derribó en el año 1994 dejando su lugar a un edificio de viviendas.

Timbrados y Papeles, S.L., derribado en 2008 y actualmente en fase de construcción un edificio de viviendas. Estaba situado en la calle Sánchez Pacheco, junto al edificio del los antiguos Laboratorios Davur, 1958. (Foto: Enrique F. Rojo, 2008)

Microelectrónica Española, calle Pradillo 36,  derribado en septiembre de 2011. (Foto: Enrique F. )

Etapa final en la transformación del barrio

Patio Interior viviendas en Luís Vives 13. (Foto: Charlotte Vorms, 2000)

Sobrepasada ya la primera década del siglo XXI el barrio de la  Prosperidad parece estar en la fase final de su transformación, comenzada a mediados de los 70. “En las cincuenta y seis manzanas de casas correspondientes a la extensión original del suburbio únicamente perviven, según recuento efectuado a comienzos del 2003, setenta y ocho edificios de primera generación, anteriores a la Guerra Civil. La distribución física de esos elementos heredados es dispersa, puesto que solamente forman conjunto en la calle López de Hoyos, donde se conserva parcialmente el antiguo frente urbano. Hay agrupaciones secundarias en ejes inmediatos a aquella vía, General Zabala y Malcampo, así como una representación significativa en las calles Luis Cabrera, Juan Bautista de Toledo y Mantuano”. (Sergio Tomé Fernández. Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual).

La acción destructiva  ejercida sobre ellos seguía siendo intensa durante el primer lustro del siglo XXI, si bien la crisis de la construcción y la subsiguiente crisis económica ha ralentizado el proceso hasta casi paralizarlo. En los últimos años se asiste a ejemplos de  derribos con preservación de fachadas, como es el caso actual del edificio en López de Hoyos con vuelta a Juan Bautista de Toledo cuya fase de ejecución se encuentra de momento detenida, habiéndose procedido solo al derribo y al apuntalamiento de los muros de fachada; el edificio de Luís Cabrera 26, al que se le ha añadido una altura; o la reconversión en lofts del edificio de Quintiliano 6 con vuelta a Luís Cabrera. Este tipo de iniciativa tuvo un antecedente en antiguo Asilo de las Hermanitas de los Pobres en Cartagena con vuelta a López de Hoyos, cuyas ruinas se recuperaron para levantar un centro residencial de la tercera edad de alto nivel, actualmente en funcionamiento.

Edificio de la calle Luís Vives nº 13. Fachada y patio interior. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

En los últimos años se asiste a la ejecución de derribos con preservación de fachadas, como es el caso de este edificio enla calle Luís Cabrera nº 26, al que se le ha añadido un piso. (Foto: Enrique F. Rojo, 2011)

Ricardo y su mujer Alita eran los responsables el de la ferretería LACAZETTE, que estaba en el edificio situado en López de Hoyos 112, esquina con Juan Bautista de Toledo 1, muy conocida en el barrio de la Prosperidad. Conchita Rueda, hija de ambos, aunque ya no vive en Madrid  recuerda el comercio de sus padres y su antiguo barrio. Este edificio “está situado en la calle de López de Hoyos esquina a Juan Bautista de Toledo. Fue construido hacia 1920 y era conocido por Lacazette, nombre que se correspondía con la ferretería que allí estaba desde tiempo inmemorial”. (Foto: Isabel Gea, 1984)

“Lacazette cerró y el edificio estuvo abandonado unos años hasta que fue restaurado en 1987 siendo ocupado por un salón de juegos recreativos llamado Metropolitano”. (Isabel Gea, 1987).

Lopez de Hoyos-89-2-2007Una vez cerrado el negocio de juegos recreativos y de azar, el edificio permaneció cerrado y en estado de abandono durante muchos años. Debió de ser en 2006 cuando colgaron un cartelón vertical que caía por la esquina. Todo hacía presagiar una restauración que nunca llegó. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

El edificio se vació por dentro en 2010 y dejaron solo las fachadas, que se encuentran apuntaladas. De momento, en octubre de 2011,  no han hecho nada más, ni se ha colocado ningún cartel que anuncie el proyecto que hay para el edificio, aunque imagino que harán viviendas lujosas para economías desahogadas, que es lo habitual. El barrio se ha ido transformando poco a poco, aunque sigue manteniendo el mismo aire de siempre, tal vez algo alicaido. El mercado de Prosperidad, por ejemplo, a la espera de su remodelación está semivacío, con muy pocos puestos abiertos y muy pocos clientes. A pesar de existir un proyecto para remodelarlo, parece que la crisis económica está retrasando su ejecución. (Fotos: Enrique F. Rojo, 2011)

Frente a Lacazette estaba el Cine “López de Hoyos” y más abajo estaba “El Arca de Noe”, allí había de todo. Una curiosidad: como los tranvias circulaban pegados a las aceras, para permitir la fácil subida y bajada de viajeros, los vehiculos aparcaban en el centro de la calle. Entonces la calle López de Hoyos tenía tres carriles; despues la ensancharon (León Sanz). Frente al Cine Lopez de Hoyos,  se encontraba la la taberna Casa Emilio , también habia un cuartelillo de la Guardia Civil en la calle Cardenal Siliceo. En esa zona, a lo largo de la calle, estaban también Almacenes Arias, el Cine “Covadonga”, Bar “La Estecha”, “Pasteleria Mauro”, “Cafeteria Dos Pasos”, “Drogueria Hidalgo”…, algunos de los negocios que ya no existen (Chi). Algo más abajo, hacia Alfonso XIII y en la acera del mercado,  había una camiseria “Pintado”, más abajo todavía una papelería y librería, luego “La Ostrería”, y luego en un esquinazo, en un local con poca fachada no se si habilitaron una biblioteca pública. En los años 58 al 66 la acera de los pares era un lio, al estar las casas nuevas retranqueadas para ensanchar la calle, y las viejas más salientes. A lo que había que sumar el inteso tráfico, primero de tranvias, autobuses, coches y camiones. Luego quitaron los tranvias, y asfaltaron la calle con brea, dejando debajo los railes tranviarios, que todavía continúan ahí (León).

Conjunto de viviendas en la calle Constancia 44, más tarde 52, en la Prosperidad  (Dibujo: Carlos Moreno).

Recuerdo 2: Mi casa en “la Prospe” (por Carlos Moreno)

De niño viví en la Prosperidad, en la calle Constancia 44, más tarde 52, concretamente en lo que mucho tiempo después supe que se trataba de una “ciudadela”, las 4 viviendas que fueron de los obreros de una antigua tejera, más la que debió de ser la del capataz, todas ellas agrupadas en torno a un patio central. La del capataz la única con un váter propio, las demás con uno comunal, una especie de caseta con una puerta de madera y una ventana para ventilación, y en el suelo, una taza turca. Viviendas asimismo muy humildes, pero un pequeño progreso respecto a mi antigua casa en la Guindalera: al menos teníamos agua dentro de casa”.

La primera vivienda, la que aparece señalada como principal, era más grande que las otras y tenía un WC propio, por lo que deduzco que en su día debió ser la del dueño del taller o bien la del capataz. Las otras eran todas diminutas, más o menos de igual tamaño. En el centro del patio interior había una tapa de alcantarilla (“el pozo”) y una rejilla de sumidero. Mi casa sería la 2, justo la de la esquina superior izquierda. En el edificio de dos plantas de la imagen anterior coloreada vivía el que durante muchos años fue mi mejor amigo, y compañero en el colegio“Isidro Almazán”, actual “Luís Bello”, cuyo nombre era Juan Carlos, pero no recuerdo el apellido. Era hijo único y vivía con sus dos padres y su abuelo, que era quien regentaba una carpintería instalada en la planta baja, donde también trabajaba el hermano de éste. El padre de Juan Carlos trabajaba en el Parque Móvil de los Ministerios, no sé si como mecánico, y la madre se dedicaba exclusivamente a tareas domésticas. Su nivel de vida era ligeramente más alto que el nuestro.

Croquis aproximado de lo que era la ciudadela, posiblemente del taller alfarero” (Dibujo: Carlos Moreno).

En el número 44 (creo recordar que en algún momento hubo un cambio de numeración en la calle) había 5 viviendas. En la principal vivía una señora de cierta edad con dos hijos varones adultos pero jóvenes. En la vivienda 1 vivía un matrimonio con sus hijos: el padre, albañil de Ávila (tenía un hermano en la Policía Armada), su mujer, extemeña; una hija llamada Guadalupe; un hijo llamado Demetrio, ella adolescente y él joven; también una abuela, siempre vestida de negro y con unos pendientes negros y redondos, similares a los que se pueden ver en las fotos de La Pasionaria, de hecho su rostro no se parecía al de ella, pero sí su aspecto general.

En la vivienda 3 vivía un matrimonio muy anciano: la señora Juana, muy obesa y también con moño, como la abuela anterior; y su marido, el señor Rafael, antiguo carpintero ebanista que aún conservaba algunas herramientas en aquel lugar oscuro. Recuerdo que siempre llevaba pantalones de pana sujetos con una correa de cuero, o bien un peto. Y ambos siempre con alpargatas o zapatillas.

En la vivienda 4 vivía otro matrimonio, pero de nivel económico mayor que los anteriores. Él se llamaba Eusebio y era tranviario, hasta que se jubiló. Su mujer era una señora de pelo blanco y aspecto muy agradable cuyo nombre no recuerdo. Tenían hijos ya independientes.

Aquí se me puede ver a mí en el patio interior de la ciudadela. En el suelo se ve el registro de la alcantarilla. Al fondo a la derecha aparece el servicio con dos ventanucos. El de la izquierda es el comunal, y el de la derecha pertenece a la casa principal. Al otro lado de la tapia, el taller alfarero. A la derecha de la imagen se entrevé el pasillo que permitía la salida al patio exterior y a la calle.

Aquí se nos puede ver a mi madre y a mí, posiblemente por la parte alta del barrio, hacia la calle Canillas.

Y por último estaba la vivienda 2, que era en la que vivía mi familia, mi padre, mi madre, mis dos hermanos y yo. Verdaderamente muy poco espacio para tanta gente. En el dormitorio más cercano a la puerta de entrada dormía mi hermana, ya adulta. En el segundo dormitorio había una cama grande y otra plegable. En la grande mis padres, y en la plegable mi hermano y yo, todavía niños. La habitación de mi hermana poseía una ventana que daba al patio, la otra tenía otra que daba al solar de la parte trasera, donde se podían ver grandes tinajas enteras y fragmentos de ellas, así como algunas tejas apiladas, pero no recuerdo que hubiera actividad alguna, simplemente cuando el taller alfarero cesó su actividad allí debió de quedar todo aquel material. Al mismo solar daba la ventana, tan pequeña como la anterior, de la cocina, que contaba con un fregadero de piedra (“la pila”) y una cocina de carbón. En el comedor había una mesa, unas cuantas sillas y un aparador. En una repisa, una radio. Con el tiempo compramos nuestro primer televisor, un Vanguard que vendía un vendedor a domicilio, ofreciendo toda clase de facilidades de pago en cómodas letras. Recuerdo que eso fue en el año 64, porque se podía ver a Franco con aquello de “25 años de paz”.

Aquí debía yo tener como 7 años, por el traje de primera comunión. La imagen está tomada en el mismo pasillo de antes, pero no desde fuera sino desde dentro de él. Lo que se ve al fondo es la vivienda 3, la del matrimonio mayor. En todas las fotos se puede ver cómo los vecinos intentábamos darle un poco de alegría a aquellas tristes casas con muchas plantas con flores, en el suelo y en las ventanas.

En el suelo, justo debajo de la mesa del comedor, había una trampilla que se podía levantar. Para mí fue durante mucho tiempo un lugar misterioso e inquietante. Las pocas veces que ví a mi padre abrirla y descender por una escalera de madera, apenas me atrevía a mirar. Pasados los años, ya con más edad, me atreví a descender para ver qué había: muchos trastos y un banco de zapatero, una ocupación ocasional de mi padre nada más terminar la Guerra Civil, no estaban los tiempos como para comprar zapatos. Recuerdo que por las noches sentíamos ruidos como de rascar: eran las ratas, que también andaban de vez en cuando por el patio, salidas de la alcantarilla. Todas las ventanas del conjunto tenían alambreras, y los repechos cubiertos por una chapa de zinc. Cuando la carga de la parte inferior de la pared externa se desprendía o agrietaba, era mi propio padre quien preparaba cemento y lo aplicaba con una llana para repararla, bajo mi atenta mirada. Él trabajaba en la fábrica de relojes J.G. Girod, en la calle Porvenir, creo que perteneciente a La Guindalera. Recuerdo que durante mucho tiempo mi madre acudía a esa fábrica a llevarle la comida con una tartera, acompañándola yo en alguna ocasión. Y también recuerdo a mi padre ataviado en época de frío con un chaquetón de cuero oscuro que pesaba una tonelada. En el horno de aquella cocina de carbón era donde mi madre asaba boniatos.

Esta otra foto vendrá a ser más o menos de la misma época. Está tomada justo delante de la puerta de mi casa, en Constancia 44. A mis pies se puede ver la sombra que proyectaban tanto el edificio donde vivía mi amigo Juan Carlos como la verja que cerraba el patio exterior respecto a la calle. En la acera de enfrente se pueden ver otros edificios. Era muy típico que la gente saliera a las aceras con sus sillas y conversara con los vecinos. En el extremo de esa misma acera, hacia la izquierda de la imagen, haciendo esquina con Juan Bautista de Toledo, existía una taberna, a la que recuerdo que en cierta ocasión llegó un equipo de cine: la película decían que se titulaba “El otro árbol de Guernica”. También se puede ver la sombra de uno de los árboles de la calle, que daban unas flores que los críos decíamos (y poníamos en práctica) que se podían comer: las llamábamos “pan y quesillo”. También había algunos algarrobos, con aquellas extrañas cosas oscuras colgando, dentro de las cuales había unas pequeñas semillas negras y algo pringoso parecido al cabello de ángel.

El conjunto lo completaba un servicio comunal, para todos los vecinos salvo para la casa principal, que contaba con el suyo propio. En alguna de las fotos se pueden ver los dos ventanucos juntos. Tenía una taza turca, un pequeño lavamanos una cisterna con cadena y una puerta de madera pintada de gris. Entre este WC y la vivienda 4 había una pequeña tapia, a cuyo otro lado estaba el taller alfarero que no sé si era el mismo de la parte posterior.

Calle de Constancia, barrio de Prosperidad (antiguo distrito de Buenavista), 1914.

Recuerdo 3: Sobre el “canalillo” (por León Sanz)

En principio el ramal del Este del Canal de Isabel II, terminaba justo antes de cruzar la calle de López de Hoyos, después de cruzar la calle Azcona y Marqés de Monteagudo. Antes de su final tenía varios rebosaderos, tres o cuatro, por los que salía el agua cuando llevaba mucho caudal o cuando había poco consumo. Estos rebosaderos consistian en un rebaje de la pared del lado Este, podían ser unos diez o doce centimetros,lo que permitía salir el agua en dirección al Arroyo Abroñigal, que discurría a un nivel inferior, y era aprovechada para regar las huertas que había en las inmediaciones.
Arturo Soria batalló con el Canal de Isabel II para conseguir que se prolongase el Canal hasta las inmediaciones de la parte de atrás de la fabrica de Pan de Viena “La Luna”. Al final lo consiguió la CMU, y además logró aumentar el caudal que tenía contratado con el Canal, que servía para suministrar agua a la Ciudad Lineal, a través de la casa de máquinas.

A la altura del Parral, es decir en la Gindalera antes de cruzar la Avenida de América tenía una sección en forma de trapecio. Podía tener unos 90 centimetros la base superior y 75 la inferior, la altura podía ser de unos 40 centimetros.
Para controlar la velocidad había unas pequeñas presas de madera móviles, que se subían o bajaban por un torniquete, según el caudal. En esta zona las paredes estaban recubiertas de cemento liso, y era frecuente ver unos insectos que se conocían como aclara-aguas o patinadores que se delizaban sobre la superficie del agua.
Este tramo solía estar vallado con alambres de espino. (León Sanz)

Plaza Sagrado Corazón de Jesús 1

plaza-sag_corazon-de-jesus_maravillas_1979_03Plaza Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid (La Prosperidad) -Antigua Plaza Moret-. tres imágenes del mismo edificio: foto antigua, del primer tercio del siglo XX; imagen actual de la casa; y captura de la película MARAVILLAS (Manuel Gutiérrez Aragón, 1980).  El edificio que estaría junto al descampado, detrás del muro lo vemos en la fotografía de bajo.  El descampado ya no existe, pués fue ocupado por la actual Junta de Distrito de Chamartín. La zona más verde, en el centro, es actualmente un parquecito con zona infantil y terrazas para los bares de la zona.

“Este edificio se encontraba en la calle de Gabriel Lobo nº 42, cuando esta cruzaba en diagonal la calle del Príncipe de Vergara. Con su derribo desapareció el último tramo de Gabriel Lobo”. (Isabel Gea Ortigas, 1981)

En el espacio libre dejado por el bloque derribado rápidamente se comenzó a construir. En su solar se levantó la nueva Junta Municipal de Chamartín y el Centro Sociocultural Juvenil “Luís Gonzaga”. En frente, uno de los edificios que se proyectaron ocuparía el número 133 de Príncipe de Vergara. Recuerdo que  cuando el bloque se encontraba ya en su fase final, con todos los pisos construidos, una mañana de tormenta que seguía a una noche de vientos furiosos y abundante lluvia, la grua de la obra se desplomó sobre la calle matando a una persona. El País lo contaba así: “De todos los accidentes que el viento provocó en la ciudad, el más importante sin duda fue el que tuvo como escenario la calle del Príncipe cle Vergara. En el número 133 de la citada calle, cerca de su cruce con la calle de López de Hoyos, se está construyendo un edificio de viviendas de lujo denominado Pronor- 2. Poco antes del mediodía, una de las grúas utilizadas en la construcción, de aproximadamente treinta metros de altura, se desplomó por acción del viento y fue a caer sobre la calzada, hasta apoyarse en el edificio situado al otro lado, en el número 130, donde tiene su sede una entidad aseguradora. En su caída aplastó un coche que estaba estacionado y otro que circulaba por la calle. En el interior del segundo de los vehículos citados se encontraba Carlos Villacastín Ayuso, de 33 años, padre de cinco, hijos e ingeniero de Profesión, quien resultó muerto en el acto. Era cuñado del vicerrector de la Universidad Complutense, Salvador Rivas. Los bomberos, que acudieron al lugar dotados con una potente grúa, tardaron algo más de una hora en conseguir retirar el armazón de la grúa desplomada para rescatar el cadáver de Carlos Villacastín.”. (El País, 31/12/1981)

“Calle López de Hoyos, en el número 35, semiesquina a la glorieta de igual nombre había una casa de viviendas en cuyo local de la derecha, estaba el restaurante Vara, muy conocido entre los vecinos de “la Prospe”. El edificio se hallaba por debajo de la cota de la calzada por lo que había que bajar unos pocos escalones para acceder a él. El edificio fue derribado en noviembre de 1990″. (Texto y foto: Isabel Gea Ortigas, 1984).

En esta fotografía de la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos) en 1945 se puede ver el mismo edificio de la foto de arriba (el primero por la derecha). En esta época los niños jugaban al fútbol en el campo de las monjas, la antigua prolongación de General Mola, en “la Guinda”, en el “Campo de Los Alemanes”, que estaba enfrente del Club Santiago y era muy concurrido por clase trabajadora, pues en la parte sur del campo existían una serie de casas corrales,  que se construyeron ilegalmente al terminar la guerra civil. Los moradores de estas casas tenían animales, cerdos, gallinas para la subsistencia y realizaban la matanza del cerdo… (Titín). También eran motivo de juego los baños  en el “canalillo” del Canal de Isabel II. “El canalillo del Sur, después conocido como del Este, tenía 12.930 metros e iba desde Nuevos Ministerios hacía la Glorieta de Ruiz de Alda (López de Hoyos), Barrio de la Guindalera y por último a la Prosperidad, a la altura del barrio de Ibarrondo, para desaguar en el arroyo Abroñigal” (Ver Artículo de Ricardo en  H. M).  Las verbenas se celebraban en Francisco Silvela y  se organizaban por la Virgen del Pilar con carreras de ciclismo hasta Joaquín Costa.  Los viajes para ir al centro de Madrid se hacían en el tranvía 40 hasta Ciudad Jardín. El 17 de Febrero de 1.962 fue el último día de circulación del tranvía 40 Quevedo (Cardenal Cisneros)-Ciudad Jardín (Alfonso XIII esquina a Av. Aster). (Titín)

glorieta-de-lopez-de-hoyos_2008_smallTramo final del Paso elevado, sobre la Glorieta de López de Hoyos. Algunos edificios como el que hace esquina en la foto, el cercano Sanatorio de San Francisco de Asís, o el modesto edificio de viviendas de la foto de abajo, en los aledaños de Principe de Vergara y de la Glorieta, datan de los años veinte y son, por tanto, supervivientes en la actual configuración de la zona, iniciada en los años cincuenta. (FOTO: E. Fidel, 2008)

Recuerdo 4: “Juegos de un niño de barrio del Madrid de 1955 a 1965″ (por Ángel de Olavide)

“Éramos los primeros niños con una dieta razonable, pocos años hace que ha desaparecido la cartilla de racionamiento. Nos daban leche en los colegios. Leche que mandaban los americanos. Recuerdo unas botellitas con la boca ancha cubierta con aluminio. El Vitacal, un sucedáneo de chocolate que contenía calcio, que permitía el escatológico lema aquel de “chaval toma vitacal que el culo te huele mal” formaba parte de la dieta callejera de entonces; era junto con los caramelos Saci, el paloluz y los polos de agua las chuches de entonces. También fuimos los primeros niños que tomábamos yogures de la marca Danone por supuesto. Y hasta jamón de york. Pero en cuanto a juegos me temo que éramos absolutamente dependientes de la creatividad de las escuchimizadas generaciones anteriores”.

“Los niños del barrio de la Prosperidad de aquellos años era difícil que fuesen propietarios de una bici. Si acaso un triciclo. Canicas, peonzas, camiones o coches de lata.

Si nuestros padres o hermanos mayores jugaban al pídola, nosotros lo hacíamos al dola. El dola era posiblemente el juego deportivo mas practicado en aquellos años. Un chico hacía de burro y por encima de su cuerpo doblado saltaban los demás practicando toda suerte de golpes siguiendo las instrucciones de la “madre”. El lique, la taba, el doble lique, la culada, etc. Eran golpes con el pie en el trasero del burro o caídas sobre el cuerpo del pobre burro. Según se alargaba el juego el salto sobre el burro había que practicarlo desde mas lejos lo que provocaba que de salto en salto cada vez hubiera mas burros que saltadores. Había algunas variantes. A veces los burros se fijaban sobre la pared y el ejercicio consistía en acumularse saltadores uno encima del otro. Otras veces el salto había que practicarlo sobre un grupo de burros mas o menos largo. Recuerdo algún pareado con el que se acompañaba el juego. A la una anda la mula, a las dos anda el reloj, a las cuatro salto, a las cinco brinco…y así.

Si el dola era un juego practicado en exclusiva por los varones, tengan ustedes en cuenta que los colegios de entonces no eran mixtos, existía un juego que se practicaba por niños y niñas. Era el juego del pañuelo. Los equipos se formaban por jefes de fila que elegían por turno, previamente definido por el viejo procedimiento de echar pasos, aquello de oro, plata, monta y cabe. En el centro un niño mantenía un pañuelo en el brazo extendido. Desde cada uno de los lados y a una distancia de unos veinte metros mas o menos, saltaban los competidores de turno. El asunto consistía en arrebatar el pañuelo y llevárselo a tu campo sin que el adversario pudiera tocarte. No solo era cuestión de velocidad. También de la picardía de amagar y provocar que el contrario entrara en tu campo sin que tu hubieras tomado el pañuelo, cosa que descalificaba.

El “tú la ligas” era una versión de los antiguos juegos de alcance y contacto. La cosa consistía en evitar que nadie te tocase antes de llegar a tu refugio. Si eras alcanzado te convertías en cazador. No tiene mucho que explicar. Creo que en versiones mas o menos brutas sigue siendo practicado por niños de todos los países y todas las edades.

Los cromos. Creo que fuimos la primera generación en coleccionar cromos. De futbolistas, de ciclistas, poco mas. Pero no solo la cosa consistía en coleccionar las estampas. También en ganarlas por el procedimiento de levantarlas con el vuelo de la mano y ser capaces de darlos la vuelta. El golpe de la mano en el suelo, la concavidad que eras capaz de formar, el efecto que lograbas determinaba que fueses capaz de mejorar tu colección o de perderla. Por supuesto que existía el intercambio de cromos, en los patios de los colegios, en la calle, en cualquier sitio y lugar. Era como jugar a la bolsa, un bahamontes podía costar tres timoneres, un puskas cuatro Vavás.

La peonza. Echarlas a rodar. Recogerlas con la mano. Pintarlas de colores. Caparlas. Mojar la cuerda. Enhebrar la cuerda en las monedas de real para formar el tope. ¿O tengo que dar mas detalles?

Las chapas. Complejo juego que consistía en montar circuitos en la arena o en el pavimento, con sus cunetas de tierra o señales de tiza, sus puertos, curvas y rectas de meta. Había que prepararse las chapas. Tenían que ser planas, bien pulidas en el granito de los alcorques. En el fondo se colocaban recortadas fotos de los ciclistas del momento o banderas nacionales. Luego una tapa de cristal bien troquelada y un fino cerco de masilla para sellarlas. Por supuesto que tenías que tener habilidades digitales- de las de antes de los ordenadores por supuesto- y capacidades de lograr efectos para superar las curvas mejor que tus competidores. O sea, que tenías que reunir las facultades de un ingeniero de caminos, canales y puertos mas las de hábil diseñador y un eficaz juego de muñecas y de dedos. Era el juego rey del bulevar de General Mola, hoy Príncipe de Vergara. Una versión menos común consistía en simular partidos de futbol. En ese caso las chapas llevaban fotos de futbolistas.

Las canicas y el guá. Todo consistía en meter la bola en un agujero- el guá- y desde allí poder tocar otras bolas y volver al guá. Había bolas de barro, de cristal y de acero. En el juego se ganaban o se perdían bolas. No recuerdo el valor de cada bola, creo que las de acero valían tres veces mas que las de barro. A ver si algún colega de aquella generación se acuerda.

El clavo. En épocas de lluvias se jugaba sobre el suelo húmedo a clavar sobre espacios previamente dibujados un clavo, destornillador o lima sobre el suelo. El juego consistía en ir ocupando cuadros. El juego tenia sus peligros y aun recuerdo como a un niño de la Colonia del Pilar le sacaron un ojo un aciago día. Mucho mas peligroso que todos los juegos de armas virtuales actuales.

Creo que algún niño jugaba al aro. Pero aquello de los aros nos parecía cosa de niños un tanto cursis. Puede que viese por entonces algún yo-yo y por supuesto diábolos. También se practicaban malabares con las pelotas de goma que te regalaban en Segarra al comprar zapatos. Parece que perroflautas han existido en todas las épocas. El circo no goes to the town. Esto de los circos ambulantes era mas bien cosa de los pueblos o de las ciudades pequeñas. A Madrid solo llegaban compañías como el Circo Ruso o el Americano y te tenían que llevar al circo. No recuerdo cabalgatas circenses por el barrio. Si acaso algún grupo de gitanos con la cabra y la trompeta. Deplorable espectáculo.

La taba. También se jugaba a la taba. No soy capaz de recordar como se llamaban las cuatro posturas del juego ni la jerarquía que tenían. Si creo que a la taba jugaban los niños mas golfos. Los que sin duda años mas tarde dedicarían buena parte de sus ingresos a los dados y a las cartas.

Policías y ladrones. El rey de la montaña. Juegos que aprovechaban la topografía urbana de aquellos años. Solares gigantescos sobre lo que después sería la prolongación de General Mola desde Francisco Silvela hasta la actual Plaza de Cataluña. Vaquerías abandonadas. Refugios antiaéreos de la guerra civil todavía sin clausurar. Los diversos juegos del escondite.

Y por supuesto los juegos náuticos. Por aquel barrio pasaba en superficie el famoso Canalillo. Y la “manga riega que aquí no llega”. No creo que necesite dar muchas explicaciones. O si?

Una curiosidad de aquel barrio y de aquellos años. Por los años 53, 54 y 55 llegaron los americanos de EEUU a Madrid. Una de las casas que se levantaron entonces, justo en la esquina de Príncipe de Vergara, antes Mola, con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a personal de la base de Torrejón. Debía de ser antes de que esas personas se mudasen al Encinar de los Reyes donde construyeron una especie de réplica de los típicos barrios de chalets americanos con sus jardincillos sin cerramientos. El caso es que con la proverbial simpatía de los sobrinos del Tío Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al béisbol. Regalaban camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal herramienta entre nuestras manos. Picher y cacher eran palabras normales en nuestro diario acontecer. Creo que durante unos meses jugabamos mas al beisbol que al futbol.” (Blog de Angel Alda, El Angel de Olavide)

Edificio en la calle Anastasio Aroca nº 20. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Recuerdo 5: Un paseo por “la Prospe” (por Moncho Alpuente)
Una iglesia y un mercado pugnan por dar a esta plaza entidad de plaza mayor, centro neurálgico de un barrio que siempre ha sabido afrontar con buen humor su irónica denominación, que los vecinos abrevian por la vía de lo castizo hasta dejarla en Prospe, La Prospe, con las dos pes explotando en los labios como truenos. Esta paradoja nominal acució el ingenio y fomentó la rebeldía ante el Ayuntamiento, y el diccionario de la Academia del niño prosperitano Juan José Millás, que buscó en las páginas del grueso libro la definición correspondiente al barrio en el que moraba y, al no ver por ninguna parte el bienestar y el curso venturoso de las cosas que figuraban como sinónimos de Prosperidad, aprendió a desconfiar de las promesas de los adultos y de sus presuntos conocimientos.
La Prosperidad pillaba cerca del barrio, lo circundaba en los chalés de El Viso y de la Ciudad Jardín, en los últimos bloques del barrio de Salamanca y en las últimas villas y quintas de Chamartín. La Prospe nacía como barrio mestizo en la frontera de la ciudad, sobre los terrenos de un polígono industrial cuya mejor industria sería, con el tiempo, aprovechar el terreno para edificar nuevos edificios de viviendas”.

“Esta plaza mayor de la Prosperidad parece más antigua de lo que es, de puro desgastada por el uso abusivo que hacen de ella las palomas, los niños y los jubilados que enhebran su eterna partida de naipes, ajenos al trasiego de las amas de casa que vuelven de la plaza cargadas de bolsas de plástico.

Los niños que crecieron en “La Prospe”, y con la Prospe, en los años sesenta y setenta, fueron exploradores y pioneros de los innúmeros descampados de la zona, territorio híbrido entre el campo que huía y la ciudad invasora que prosperaba para cegar sus campos de juegos con cal y canto, hormigón y ladrillo. El Gran Wyoming, guía nativo criado en La Prosperidad, recuerda los felices días del Ateneo Politécnico, una academia privada reconvertida en centro de actividades culturales, lúdicas y festivas por voluntad de su propietario, cuyo edificio cobijó actuaciones musicales de grupos de casa, locales de ensayo y una popular guardería. La oposición de dos de los hijos del mecenas generó a mediados de los setenta una batalla legal y campal que terminó como suelen terminar las buenas acciones cuando hay por me dio terrenos para especular”.

“Tras el desalojo policial del politécnico, los ocupantes que aún no habían estrenado la “ka” hicieron lo propio con los locales de la antigua Escuela de Mandos José Antonio, de la calle de Mantuano, desmantelada tras la muerte del supremo y superlativo mandatario del régimen (F. Franco). El nuevo centro cultural se convirtió, más que mediados los años setenta, en un vivero de actividades en el que germinaron los más desmandados talentos musicales de lo que empezaba a llamarse, “movida madrileña”.
Después del “movimiento”, la “movida”, el edificio que había albergado a los candidatos a profesores de Educación Física y Formación del Espíritu Nacional, terror de aulas y patios colegiales, se transformó en un nuevo ateneo artístico y libertario, sin exclusiones, donde convivieron durante un tiempo un gimnasio de artes marciales y una sala de exposiciones,El Saco, en la que jóvenes creadores y diseñadores expusieron sin rubor sus obras primerizas, esculturas con materiales reciclados entre el dada y el arte povera, el pop art y el agit prop (agitación y propaganda). Uno de los animadores de aquellos momentos iniciales e iniciáticos fue Fernando Márquez, El Zurdo, con sus fanzines y su primer grupo,Kaka de Luxe, en el que militaban Alaska y Carlos Berlanga. También pararon por allí Los Zombis de Bernardo Bonnezzi, y los obreros especializados del Aviador Dro, y Servando Carballar, que tenía las oficinas de su sello discográfico independiente unas calles más allá, en pleno corazón de La Prospe.

Recorte del diario ABC de 12/11/1976, acerca del derribo del “Ateneo Politécnico”.

Antes de que abriera sus puertas el Rock-Ola, santuario de la ”movida” en la cercana calle de Padre Xifré, junto a las Torres Blancas, en los mismos locales habían figurado otras discotecas de moda, como el primitivo Nica’s, donde hizo sus pinitos como cantante pop Camilo Sesto, al frente de Los Botines, antes de soltarse la melena como baladista meloso. La proximidad de estos antros de modernidad debió suscitar las inquietudes musicales de los jóvenes prosperitanos que se plasmaron a mediados de los años setenta con La Romántica Banda Local y más tarde con “Paracelso”, el grupo de Wyoming (Chechu Monzón) y Reverendo (Ángel Muñoz), ganadores de uno de los primeros concursos de rock organizados por un Ayuntamiento que parecía dispuesto a firmar una tregua con las nuevas hornadas provocadoras e irritantes que eclosionaban por doquier. Otro de los grupos criados en La Prospe fue Los Güevos Duros embrión también de nuevas formaciones de barriada.
La gran vía de Prosperidad es la avenida de López de Hoyos, dedicada al catedrático, presbítero y cronista don Juan López de Hoyos, que fue maestro de Cervantes y autor de la Declaración de armas de Madrid. Entre las calles que cruzan esta arteria principal, la de Eugenio Salazar destaca por su acogedora infraestructura de bares entrañables y disco-bares más ruidosos, pero no menos hospitalarios, entre los que sobrevive El Garage Hermético, dedicado a la memoria gráfica del dibujante Moebius. Algunos nativos recuerdan también bares con menos pretensiones, como Casa Leo o El Chopo que les acogieron en momentos difíciles, cuando tenían dificultades para sufragar a escote las cañas consumidas y habían de rebuscar en sus fláccidos bolsillos.
Como un transatlántico varado en el asfalto, el nuevo Auditorio Nacional de Madrid ocupa una vasta extensión en el confín de “La Prospe”, dando un barniz clásico a las inquietudes musicales de los jóvenes creadores locales. En este solar hurtado a las excursiones infantiles vio el niño Wyoming pernoctar grandes rebaños de ovejas que animaban las noches de los vecinos con sus musicales balidos.
De vez en cuando, la sufrida plaza mayor de La Prosperidad ha de soportar sobre su maltratado pavimento las botas militares de un rebaño, más bien camada, de furibundos ultraderechistas convocados por el capo Ynestrillas cuando sale de presidio, pero los prosperitanos, de insumisa estirpe, ignoran las provocaciones de estos espurios discípulos de aquellos mandos de la Escuela de Mandos “José Antonio”, sobre cuya sede edificaron en su día un efímero emporio lúdico, cultural y libertario.”
Moncho Alpuente El País-1998.

Referencias.-

Avenida de América de Madrid

Concesión Tranvía Prosperidad Guindalera  1905
Documento PDF (Memoria de Madrid)

Díez de Baldeón, Alicia
López Marsá, Flora
Historia de Chamartín de la Rosa
Ayuntamiento de Madrid, 1985

Fernández de los Ríos, A.
Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero.
Edición facsímil de la original de 1876.
Ediciones La Librería. Madrid, 2002.

Pardo Abad, Carlos J.
Vaciado industrial y nuevo paisaje urbano en Madrid.
Ediciones La Librería Madrid, 2004

Tomé Fernández, Sergio
Vivienda y clase: La Prosperidad, el suburbio histórico en el Madrid actual.
Departamento de Geografía. Universidad de Oviedo
Scripta Nova REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona, 2003

Chicote, César
La vivienda insalubre en Madrid (Memoria)
Imprenta Municipal
Madrid, 1914

Charlotte Vorms
La urbanización marginal del extrarradio de Madrid: una respuesta espontánea al problema de la vivienda.
El caso de La Prosperidad (1860-1930)

Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales.
Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146

En busca de la prosperidad” (El País, 03/01/2005)

Blog El Ángel de Olavide

Blog Historias Matritenses

Exposición conmemorativa del Centenario, de la Ley de Casas Baratas; una norma que, para la vivienda en España, marcó para siempre la primigenia línea de salida y constituye la piedra fundacional de un proceso constructivo de mejora y bienestar social al que todavía consideramos totalmente vivo y abierto. Por otra parte, un patrimonio que hasta ahora no ha sido demasiado conocido siendo como es un bien común y de primer orden para todos nosotros en su aspecto cultural, artístico e histórico.

Los antecedentes de la Ley de Casas Baratas y de la intervención del estado en materia de vivienda se remontan a la real Orden de 9 de septiembre de 1853 del ministro Egaña, ordenando que se construyesen en Madrid y Barcelona “casas para pobres” y se tasaran los alquileres, aunque el primer gran paso lo daría la creación en 1883 de la Comisión de Reformas Sociales, que transformada en 1903 en el Instituto de Reformas Sociales, efectuó en 1906 la primera propuesta para otorgar subvenciones y exenciones fiscales a las sociedades constructoras de alojamientos urbanos “populares”.
La piedra angular de la legislación sobre las Casas Baratas se puso en 1907 con la Preparación de las bases para un Proyecto de Ley de Casas Baratas, obra casi personal de Adolfo González Posada que convenció a distintos parlamentarios vinculados al reformismo de Canalejas. Fue el conde de Sagasta, don Fernando Merino, ministro de la Gobernación, quien logró su aprobación el 12 de junio de 1011, después de dos largos años de debate.

Casa de corredor en la calle de Ercilla nº 12 de Madrid, en 1910.

La segunda Ley, propuesta por el ministro de Trabajo, Carlos Canal y Migolla, el 10 de diciembre de 1921, intentó ser más ambiciosa y precisa que su antecesora, mejorando las condiciones de los préstamos y aumentando los presupuestos, si bien sus resultados tampoco fueron los deseados.
Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera se redactaron nuevas medidads legislativas que ampliaron el proyecto dando como resultado la conocida como tercera Ley de Casas Baratas, elaborada por Eduardo Aunós Pérez.
La nueva Ley contó con grandes inversiones estatales en forma de ayudas fijas y estableció los tipos de viviendas beneficiadas en cinco niveles económicos: “Casas Ultrabaratas o Populares”, “Casas Baratas”, “Casas Económicas” para clase media, “Casas para Funcionarios” en Madrid y Barcelona, y “Casas para Militares”.

Madrid. Edificio de la calle Tenerife con Juan Pantoja, construido en 1921 por la Constructora Benéfica. Este grupo de 20 casas baratas levantado en la calle Tenerife (barriada de Cuatro Caminos) se inauguró el 17  de marzo de 1922 y su construcción estuvo a cargo de la “Constructora Benéfica” con arreglo a la Ley de Casas Baratas de 1922 y a través de un legado que con tal objeto dejó en su testamento la marquesa de la Coquilla. Las casas originariamente eran de doble planta, en dos hileras cerradas por los extremos laterales que formaban un patio interior, y estaban dotadas de agua corriente y luz eléctrica, reuniendo cuantas condiciones higiénicas exigía el reglamento al objeto de la aplicación de la mencionada ley. Tanto las viviendas, como las dos escuelas construidas como anexos de la pequeña barriada fueron proyectadas y dirigidas por el arquitecto Ignacio Aldama y Elorz. Estos últimos edificios fueron derribados a principios del siglo XXI. (Información recogida de La Construcción Moderna nº 6,  30 de Marzo de 1922).La foto es de 1929.

Al amparo de la Ley de Casas Baratas se acogieron los Ayuntamientos, personas particulares, empresas constructoras como “Fomento de la Propiedad”, “Edificaciones Económicas”, “Asociación General de la Construcción”, etc. Pero especialmente activas fueron las cooperativas de Casas Baratas, que fueron las que acabaron por identificarse con el proyecto, acaparándolo y convirtiéndose en sus principales beneficiarias y gestoras, lo que llevó también a que entidades públicas locales y sociedades constructoras adoptasen este sistema o lo imitasen.

Ramon y Cajal-3-2007 Vivienda de la Colonia Primo de Rivera, para funcionarios y policías municipales( 1925/30 ), situada en la calle Ramón y Cajal nº 14 de Madrid.  Esta Colonia se dispuso en el eje de la calle Ramón y Cajal, en las dos aceras y a lo largo de calles paralelas a la principal. Se realizaron 272 viviendas, en la mayor parte de los casos agrupadas en hileras, con jardín a dos fachadas. También algunos pequeños hoteles unifamiliares aislados rodeados de un mínimo jardín. Su perímetro lo forma un trapecio y se articula en torno a una calle central y a otra transversal algo más pequeña. Eran viviendas unifamiliares y de tamaño medio reducido. En la actualidad la mayor parte de estas Colonias del distrito de Chamartín se conservan. (Foto: Enrique F. Rojo, 2007)

Coincidiendo con la crisis de 1929, que afectó especialmente a la construcción, salió a la luz el mal uso que se había hecho de las ayudas estatales y el sistema de Casas Baratas quedó en entredicho. En 1931, la Segunda República creó el Patronato de Política Social Inmobiliaria, que no consiguió articular soluciones válidas al respecto. Finalmente, la Guerra Civil acabó por enterrarlo todo.

La “Colonia El Viso“  de Madrid, construida por la Cooperativa de Casas Económicas,  fue proyectada por el arquitecto Rafael Bergamín en el año 1934. Se entiende como continuación de la “Colonia Parque Residencia” (situada un poco más abajo en la parte interna de las rondas) proyectada unos años antes por este mismo arquitecto y Luis Blanco Soler. Esta emblemática colonia del período racionalista madrileño, que fue habitada por profesionales e intelectuales relevantes de la época (Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, etc.) la forman un conjunto de casas unifamiliares agrupadas formando hileras de dos, tres o incluso ocho viviendas, todas ellas proyectadas según unos estándares comunes, que dan una identidad propia a la totalidad de la actuación.
__________________________

La exposición se puede ver en Madrid del 15 de septiembre al 13 de noviembre de 2011  en la Sala “José Luís Sert”, en las Arquerías de Nuevos Ministerios.

Madrid contaminado

Madrid desde la Sierra (Foto Enrique F. 8/9/2011)

Los malos humos siguen velando el aire que respiramos en Madrid. Cada bocanada de aire sabe y huele a veneno. Pero como ya estamos acostumbrados parece no importarnos.  Nadie dice ni hace nada. La contaminación no está en los preocupantes niveles de hace seis meses, pero el apego del ciudadano a su coche y el poco interés que pone el Ayuntamiento para frenar esta situación hacen muy posible que estos se repitan. Como ocurre varias veces todos los años desde hace bastante tiempo. Además, falta todavía que la ciudad alcance plena actividad.

Y es que, según nos cuentan en la prensa, una “conclusión de un estudio de la European Environmental Bureau (EEB), que agrupa a 140 organizaciones ecologistas, y que ha recopilado las medidas puestas en marcha en 17 ciudades europeas para mejorar la calidad del aire, Madrid aparece en el puesto número 13 y se la considera suspendida”.
El estudio no aprueba a Madrid por no haber dispuesto medidas efectivas para disminuir la contaminación. A modo de ejemplo la foto que encabeza esta entrada del blog: Madrid desde La Pedriza, con un horizonte bastante negro. También, los datos de dos mediciones a las 12 de la noche de ayer. Los niveles no son de escándalo pero son altos, sabiendo que los niveles legales fijados por la UE para el Dióxido de Nitrógeno están 40 µg/m³ de media. Por último, un informe de las mediciones de los últimos días de las estaciones de Ramón y Cajal y Barrio del Pilar  dos de las  que más contaminación registran.

La organización Ecologistas en Acción alerta de la peligrosa superación de los niveles de dióxido de nitrógeno y ozono en varias estaciones de la capital y de la Comunidad. Malos aires estos que corren.

Datos en μg/m3. En rojo, superaciones de 200 μg/m3

La Directiva permite solo 18 superaciones/año de concentración de 200 μg/m3 de NO2 en una hora. Ya hay cinco estaciones, de las 24 de la red municipal, que rebasan esa cifra: Elíptica (42); C. Caminos (21); Ramón y Cajal (39); Bº Pilar(32); Ens. Vallecas (22). Fuente: Ecologistas en Acción.

AVDA. RAMON Y CAJAL (9/09/2011, 00:00 h.)

Contaminantes                                 Valores
Mónoxido de Nitrogeno                  43.59 µg/m³
Dióxido de Nitrógeno                     87.92 µg/m³
Óxidos de Nitrogeno Totales       131.51 µg/m³
Tolueno                                               8.28 µg/m³
Benzeno                                              2.16 µg/m³
Etil Benceno                                       1.7 µg/m³
Precipitacion                                      0.0 l/m²

BARRIO DEL PILAR (9/09/2011, 00:00 h.)

Contaminantes                                Valores
Mónoxido de Nitrogeno                41.37 µg/m³
Dióxido de Nitrógeno                   74.28 µg/m³
Óxidos de Nitrogeno Totales     115.64 µg/m³
Ozono                                              56.06 µg/m³
Precipitacion                                   0.0 l/m²
Mónoxido de Carbono                  0.45 mg/m³

Fuente Ayuntamiento de Madrid, 2011
________________________________________________________________________________________

LECTURAS HORARIAS DIA 9 DE SEPTIEMBRE DE 2011.
PROVINCIA: 28. MADRID.
MUNICIPIO: 79. MADRID.
ESTACION: 11. AVDA. RAMON Y CAJAL

Leyenda
——-
S006. AÑO
S007. MES
S008. DIA
S009. HORA
M001. DIOXIDO DE AZUFRE (µg/m3)
M006. MONOXIDO DE CARBONO (mg/m3)
M008. DIOXIDO DE NITROGENO (µg/m3)
M010. PARTICULAS EN SUSPENSION

M012.OXIDOS DE NITROGENO TOTALES (µg/m3)
M014. OZONO (µg/m3)
M020. TOLUENO (µg/m3)
M030. BENCENO (µg/m3)
M083. TEMPERATURA MEDIA (ºC)

ESTACION: 11. AVDA. RAMON Y CAJAL

 S006   S007   S008   S009   M008   M012   M020   M030
                                µg/m3  µg/m3  µg/m3  µg/m3
   ------ ------ ------ ------ ------ ------ ------ ------

    2011      9      7     22    256    476   9.98   3.86
    2011      9      7     23    309    704  25.91   6.54
    2011      9      7     24    195    352  27.16   6.31  

                 Máximo    309    704  27.16   6.54
                 Mínimo      5      5   1.98   0.13
               Promedio     50     69   5.52   1.50
__________________________________ 
Fuente Ayuntamiento de Madrid, 2011

NOTA POSTDATA: El martes 13 por la noche, las estaciones de medición de Ramón y Cajal y de Escuelas Aguirre registraron a las 22.00 y a las 23.00  278  y  272  microgramos/m³,  y  238  y  217  microgramos/m³ la segunda . Un poco antes, a las nueve de la noche, la estación de Ramón y Cajal había registrado  385  microgramos/m³. (Informa El País, 14/09/2011)

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 94 seguidores